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Cuba


El mercado negro 'también está pelao': hay que tener dólares para comer en La Habana PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Viernes, 31 de Julio de 2020 23:59

Anaqueles vacíos en la TRD de 26 y 15, en La Habana, el 27 de julio.

Por JORGE ENRIQUE RODRÍGUEZ.- 

Después de caminar todo el barrio Arletis Castro logró encontrar un "sobrecito" de café Hola al precio de 25 pesos. Solo un mes atrás ese mismo sobre costaba en el mercado negro 15 pesos. A través de la libreta de racionamiento, por donde se distribuye mensualmente, cuesta cuatro pesos.

"Tengo albañiles reparándome la casa y hacerles el almuerzo me sale casi más caro que la reparación misma porque no hay nada en las tiendas en CUC y el mercado negro está 'pelao'", comentó Castro, vecina del consejo popular Los Sitios.

En las tiendas en CUC de La Habana no hay café de ninguna variedad. También están desabastecidas de alimentos y otros productos básicos desde semanas antes de las aperturas de más de 70 establecimientos en el país surtidos con todo tipo de mercancías, pero exclusivamente para quienes tengan una tarjeta magnética asociada a una cuenta en Moneda Libremente Convertible.

"Que la red de revendedores apenas tenga como oferta condimentos y productos de aseo importados es proporcional al desabastecimiento de las tiendas en CUC, donde el panorama son estantes vacíos y la desaparición de las colas ante sus puertas", comentó Castro.

La consecuencia es una subida drástica de precios en el mercado negro. Un tubo de pasta de dientes cuesta actualmente entre cinco y ocho CUC. Los llamados "cuadritos de condimentos" —de tomate, costillitas de res y sazón completo— también escasean. Los precios de estos condimentos han subido cinco pesos (CUP) al menos 20 cada unidad.

"Los cuadritos ya era imposible encontrarlos en las tiendas desde hace bastante tiempo porque son un producto acaparado casi exclusivo por quienes nos dedicamos a la reventa. En los almacenes de ninguna tienda en La Habana hay", aseguró Daniel, quien en los alrededores de La Palma, donde tiene su pequeño negocio, revende estos condimentos a un CUC en medio de la protesta de los clientes.

Uno de ellos, al parecer habitual, preguntó a Daniel por leche en polvo y puré de tomate. "Vete a las tiendas en dólares que allí sí hay de todo", le respondieron varios de los allí aglomerados.

Tony siempre tenía surtido hasta hace un mes en su negocio de reventa de aceite, pollo, perritos calientes y café, gracias a su conexión en varios almacenes de tiendas comercializadoras en CUC.

"Pero desde dos semanas antes de abrir las tiendas en dólares mis contactos me dijeron que estirara la mercadería porque no estaba entrando nada y no había noticias de cuándo abastecerían. Las pocas tiendas que están surtiendo no pueden hacer movimientos raros porque tienen la vigilancia redoblada", dijo Tony, quien aseguró que la misma situación es en toda La Habana.

Afirmó haber tenido acceso visual a media docena de almacenes de tiendas en CUC. "No hay ni frazadas de piso".

"Llevo años en este giro y ni en las peores épocas había visto cosa igual. Desde que abrieron las tiendas en dólares el negocio de la reventa cayó en picado. Fui a tantear las mercancías en dólares, pero no da negocio porque son demasiado caras", puntualizó Tony.

Un recorrido por barriadas habaneras y por el circuito de revendedores que las atraviesa permitió comprobar que el mercado negro experimenta igual desabastecimiento que la llamada red de tiendas recaudadoras de divisas (TRD) o en CUC.

"Lo que se conoce como mercado negro está sostenido por los revendedores —entre estos los actualmente conocidos como 'coleros'—, o por quienes estamos conectados directamente con la gente de los almacenes en las tiendas", explicó Malena, quien se dedica a revender alimentos y artículos de aseo desde hace años por la zona de Cuatro Caminos.

"Pero al estar desabastecidas las tiendas en CUC y sus almacenes eso repercute en el mercado negro. Ahora mismo solo se está viviendo de lo poquito que llega a través de la red de coleros y, como en las tiendas no hay nada, pues aquí, en nuestras 'mesas', la escasez es la misma", añadió Malena.

Los habaneros temen a que continúe el aumento desproporcionado de los precios en el mercado negro como resultado del desabastecimiento que impera en las tiendas de las que la mayoría de los cubanos, sin acceso a los establecimientos con ventas exclusivas en dólares, dependen para surtir su despensa familiar.

"Aunque parezca inaudito, los cubanos de a pie dependemos de un mercado negro generado mayormente por la corrupción, no por los revendedores que ahora el Gobierno denomina coleros y a quienes pretende responsabilizar de la crisis", apuntó Elisa Estévez Barrientos.

"Los coleros o revendedores sostienen a una pequeña zona en los barrios, no a un municipio entero ni a parte del sector privado, como quieren hacer creer en los medios de prensa del Estado. Este hecho lo corrobora que ese mercado negro está ahora mismo tocando fondo producto del desabastecimiento de las tiendas donde los cubanos que no recibimos remesas compramos", concluyó Estévez Barrientos.

El Gobierno negó haber guardado alimentos y otros productos para la apertura de las bien surtidas tiendas en Moneda Libremente Convertible. Ana María Ortega Tamayo, directora general de las Tiendas Caribe, una cadena de los militares cubanos, aseguró que muchos artículos llegaron al país 48 horas antes de que abrieran los establecimientos y fueron trasladados en ese tiempo incluso a las provincias.

La explicación no ha convencido a muchos cubanos, fundamentalmente porque implica un nivel de eficiencia desacostumbrado en la gestión del Gobierno.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Domingo, 02 de Agosto de 2020 20:10
 
Rumbo a la hambruna: el equivocado orden de las medidas económicas en Cuba PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Jueves, 30 de Julio de 2020 04:23

Martí, calesero.

Por DIMAS CASTELLANOS.- 

El Gobierno se debate en una insalvable contradicción: superar la crisis en que está sumido el país y sostener el modelo que la generó; hundido en la insolvencia financiera, sin suficiente inversión extranjera, sin acceso a los mercados de capital y en medio de la reducción de ingresos por turismo, remesas y alquiler de profesionales.

En marzo de 2020, Miguel-Díaz-Canel dijo: "Los problemas financieros del país se agravan, los problemas de disponibilidad de divisas se agravan y nosotros estamos enfrentando esta situación con las enormes limitaciones que nos impone el bloqueo... Van a existir colas porque no tenemos el aseguramiento para resolver los problemas de desabastecimiento".

Por su parte, el ministro de Economía, Alejandro Gil, planteó: "se requiere más planificación, más control de las medidas, más rigor en su cumplimiento y más disciplina en los actores económicos". Y en la reunión del Consejo de Ministros del mes de mayo, reconoció: "no se puede distribuir una riqueza que no se ha creado".

Más tarde, el 16 de julio, Miguel Díaz-Canel planteó que la situación era desafiante, que no se podía seguir haciendo lo mismo, y anunció un paquete de medidas postergadas durante años, sin explicar por qué se postergaron. En consecuencia, anunció una "estrategia". Si con ese término se designa un conjunto de acciones encaminadas hacia un fin, y ese fin es sacar al país de la crisis, las medidas anunciadas no califican como tales, pues parten de un postulado falso.

Cualquier estrategia dirigida a superar la crisis cubana tiene que partir del punto donde se torció el rumbo anunciado en 1959, cuando en lugar de lo prometido —elecciones inmediatas, restitución de la Constitución de 1940 y un programa que aumentaría notablemente la producción agrícola, que duplicaría la capacidad de consumo de la población campesina y que borraría su pavorosa cifra de desempleo crónico, logrando para el pueblo "un nivel de vida superior al de cualquier otra nación"—, se tomó el rumbo del totalitarismo.

La ineficiencia productiva, el desabastecimiento progresivo y la importación de alimentos y artículos producibles en el país, son efectos de ese modelo totalitario, caracterizado por la falta de libertad de los productores, los precios topados, la represión contra la iniciativa privada y los intermediarios; en definitiva, de una economía prisionera de la política y la ideología.

Camuflar la crisis cubana con la generada por la pandemia del covid-19 a nivel mundial, significa eludir el origen de la verdadera causa: la estatización de la propiedad sobre los medios de producción, la eliminación de la institucionalidad existente, el secuestro de las libertades ciudadanas y la concentración del poder en un Partido y en una persona. Por tanto, la salida de ese estado tiene que comenzar por precisar, al margen de la ideología y de intereses partidistas, cuál es la verdadera causa.

Cuba necesita de un crecimiento rápido en la esfera productiva

Durante décadas, desde la sociedad civil hemos venido clamando por una reforma de la propiedad, por la creación de pequeñas y medianas empresas, porque los cubanos puedan ser empresarios, por dotar a los productores de personalidad jurídica, etc.; es decir, por la esfera de la producción. Sin embargo, las medidas han comenzado por la esfera de la circulación: eliminar el absurdo gravamen del 10% al dólar para facilitar la venta a los cubanos "ricos", con lo que se repite un camino fracasado y se institucionalizan las diferencias sociales; y por la venta mediante tarjetas magnéticas, que constituyen un paso atrás en relación a medidas similares implantadas hace casi 30 años, con la diferencia de que son más limitadas aún, pues ahora no basta con poseer dólares para comprar en efectivo. Es decir, un orden contrario a los objetivos declarados.

Aunque tardías, limitadas e insuficientes, el valor de las medidas anunciadas radica en el reconocimiento de una crisis que se aproxima inexorablemente a la hambruna.

Al comenzar por la circulación (comercialización de aseo, alimentos y ferretería), una buena parte de lo que se recaude irá a manos de los proveedores. Algo similar a lo que le ocurrió a España con el oro y la plata que sacó de las Américas, que por falta de una infraestructura interna, siguió camino hacia otros países europeos de mayor desarrollo.

A fines de 2019, ante la insolvencia financiera y habituado al parasitismo, el Gobierno puso el ojo en las remesas familiares. Comenzó a vender equipos electrodomésticos en moneda libremente convertible, mediante tarjetas magnéticas, para controlar las divisas que enviaban los familiares desde el exterior, sin que el resultado mejorara la deprimida producción nacional.

Cuba necesita de un crecimiento rápido en la esfera productiva, comenzando por la agricultura, para aliviar el desabastecimiento, satisfacer la demanda nacional, sustituir importaciones y ahorrar parte de los casi 800 millones de dólares que se invierten anualmente en la compra de alimentos y otros artículos producibles en el país.

Hacer, no solo decir

En 2007, Raúl Castro reconoció que las deficiencias, errores y actitudes burocráticas se reflejaban en los campos infectados de marabú. Para revertir esa situación se dictaron varios decretos-leyes sin obtener los resultados esperados. El común denominador de esas legislaciones es la ausencia de una reforma de la propiedad, de pequeñas y medianas empresas, de personalidad jurídica de los productores y de trabas como el monopolio de Acopio, una institución burocrática que impone al productor lo que debe producir, la cantidad, el precio, y obliga a entregar la mayor parte al Estado. Seis años después, en mayo de 2013, Marino Murillo Jorge, entonces vicepresidente del Consejo de Estado, dijo: "las medidas que durante décadas se han puesto en práctica en la forma de gestionar la tierra no han conducido al necesario aumento de la producción".

Hay que añadir que las medidas puestas en práctica entre 2013 y 2020 tampoco dieron resultados. Se impone pues, hacer las cosas de otra manera, no solo enunciarlo.

La recuperación tras la Guerra de Independencia, un ejemplo

El éxito o el fracaso de las transformaciones sociales guarda relación con la existencia o no de libertades. Antes de 1959 la economía cubana, aunque con marcadas diferencias sociales, era una de las más fuertes de la región. Hoy decrece, las diferencias sociales aumentan, los valores se pierden, y el Estado se hunde en la incapacidad y la insolvencia financiera. Por tanto, se alza como necesidad ineludible la restitución de los derechos y libertades refrendados en la Constitución de 1940, adaptados a la época de las novísimas tecnologías de la información y las comunicaciones.

Solo así, tanto en la política como en la economía o la cultura, los cubanos podrán devenir agentes activos.

Se necesita la promulgación de una nueva ley de inversiones que contemple a los cubanos; la formación de pequeñas y medianas empresas en todos los sectores productivos y de servicios; la entrega o venta de la tierra en usufructo a propiedad de los productores; el fomento de cooperativas y no de asociaciones de usufructuarios dependientes del Estado; la erradicación del listado de actividades permitidas a los trabajadores por cuenta propia; la eliminación de los monopolios estatales de acopio, y de exportación e importación, viva expresión de la naturaleza totalitaria del Estado cubano.

La superación de las ruinas provocadas a fines del siglo XIX por la Guerra de Independencia, muestra que la actual situación de desastre se puede superar. Aquella guerra destruyó entre el 80 y el 90 % de la agricultura y la industria, se perdieron más de 300.000 habitantes (uno de cada cinco personas), y una parte considerable de la clase empresarial cubana desapareció. Para aquilatar la recuperación basta el ejemplo del ganado vacuno, que de las 120.000 cabezas que sobrevivieron, ya en 1903 había 1.223.613.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Domingo, 02 de Agosto de 2020 00:27
 
Mal enfoque para el desarrollo local en Cuba: igual a más ineficiencia e injusticia PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Miércoles, 29 de Julio de 2020 00:05

Por ELÍAS AMOR.- 

Probablemente, la política de desarrollo territorial centrada en el municipio para impulsar la economía nacional sea uno de los errores conceptuales más destacados de la acción de Gobierno de los comunistas cubanos. También se podría entender como un empeño voluntarista e ideológico carente de justificación.

Miguel Díaz-Canel y su ministro de economía, Alejandro Gil.

O quizás no sea un error, ni una carga ideológica de profundidad, sino algo buscado y coherente con el modelo económico que existe en el país. En cualquier caso, sus efectos permiten constatar su ineficiencia, injusticia y los malos resultados que produce a medio y largo plazo. Precisamente, en la última reunión del Consejo de Ministros este asunto del desarrollo local fue tratado por Miguel Díaz-Canel, cuando insistió "en la necesidad de fortalecer el trabajo en los municipios, porque todo lo que hagamos tiene que tener una articulación en ellos".

Última actualización el Sábado, 08 de Agosto de 2020 00:04
 
El día más triste de la historia de Cuba PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 26 de Julio de 2020 19:48

cuba 26 julio cuartel moncada fidel castro asalto

Por ORLANDO FREIRE SANTANA.- 

Por supuesto que el grupo musical Moncada, como su nombre lo indica, entona loas al asalto al cuartel Moncada llevado a cabo por Fidel Castro y un grupo de sus seguidores el 26 de julio de 1953. En una de sus últimas interpretaciones se incluye un estribillo que dice “el 26 es el día más alegre de la Historia”.

Una acción que ahora la propaganda castrista considera como “el día de la rebeldía nacional”, como el inicio de la lucha que llevó a Fidel Castro al poder, y que consagra la fecha como un día festivo en el país, fue en su momento criticada y repudiada por toda la sociedad cubana.

La opinión casi unánime fue que se trató de un ataque aventurero de un grupo de locos, apenas sin posibilidad de lograr el éxito militar, y que provocó un inútil y doloroso derramamiento de sangre. Incluso la acción fidelista recibió la desaprobación de los comunistas cubanos agrupados en el Partido Socialista Popular. Una agrupación política que aconsejaba el actuar de las masas y la clase obrera, y no la intervención de un grupo de asalto sin un programa político bien definido.

El referido carácter aventurero del asalto al cuartel Moncada se manifiesta, entre otros elementos, en el hecho de que ninguno de los jóvenes que seguían a Castro conocían el tipo de acción en la que iban a participar. Únicamente lo supieron el día anterior al asalto, cuando llegaron a la granjita Siboney, que era el sitio de concentración para el ataque.

En el libro Cien horas con Fidel, el mandamás cubano, al reafirmarle al periodista Ignacio Ramonet que ninguno de sus seguidores sabía a lo que iban, apuntó que “Ellos estaban educados en la idea de que no lo sabrían, y serían movilizados. Varias veces fueron movilizados para otras cosas”.

De lo anterior se infiere que la tropa con que contaba Castro estaba formada en buena medida por jóvenes fanatizados, provenientes mayoritariamente de la Juventud Ortodoxa, y que habían sucumbido a la hábil labor proselitista del futuro hombre fuerte de Cuba.

Por otra parte, resalta la irresponsabilidad de haber acometido una acción de tal magnitud sin calcular su utilidad real, o haber previsto qué pasaría en caso de que hubiese tenido éxito el ataque. Al menos eso es lo que se desprende de otra de las respuestas que Castro le brindó a Ramonet: “Si triunfamos en el Moncada, habríamos triunfado demasiado temprano”. Aquí Castro deja entrever que en 1953 su revolución no hubiese tenido las mismas probabilidades de sobrevivencia que en 1959.

Siempre me ha parecido chocante que la prensa castrista exalte tanto los nombres de los asaltantes caídos en la acción, pero nunca repare en las vidas perdidas de los soldados de la guarnición, en su mayoría tan jóvenes como los atacantes, y víctimas de un voluntarismo militarista impopular en ese momento.

Ahora se dice que la inmensa mayoría de los asaltantes fueron asesinados por el ejército de Batista. Pero vale la pena preguntarnos qué harían ahora los militares cubanos si un grupo de hombres armados atacan una unidad militar de grandes proporciones. Por supuesto que nadie querría estar en el pellejo de esos hipotéticos hombres armados.

Otro daño infligido a la patria a raíz del asalto al Moncada fue la declaración de Fidel Castro de que José Martí había sido el autor intelectual de esa acción. Son varias las generaciones de cubanos que han crecido al amparo de esa falacia, repetida hasta la saciedad por todos los medios de difusión. Y, lamentablemente, no son pocos los jóvenes de nuestro país que nada quieran saber de alguien que supuestamente habría contribuido a forjar este presente tan sombrío.

Y comoquiera que no comulgamos con el estribillo del grupo Moncada, aspiramos a que el 26 de julio, ciertamente el día más triste de la historia para los cubanos, pierda algún día su festividad en el almanaque de nuestra nación.

CUBANET

Última actualización el Jueves, 06 de Agosto de 2020 04:33
 
Rebelión en la hacienda PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Viernes, 24 de Julio de 2020 23:58

Manos de esclavo.

Por FRANCISCO ALMAGRO DOMÍNGUEZ.- 

Imaginemos, no cuesta mucho trabajo, que hemos retrocedido al siglo XIX y estamos en una plantación azucarera. Según nos cuenta Manuel Moreno Fraginals en esa joya llamada El Ingenio, complejo económico social cubano del azúcar (Editorial Crítica, S.L, Barcelona 2001), el ingenio era todo un sistema socioeconómico. Convivían allí esclavos de distintos oficios: unos dedicados al corte y las labores del ingenio. Otros trabajaban en la casa-hacienda.

Nos cuenta ese hombre erudito, ocurrente y simpático que fue Moreno, de la diferenciación de esclavos según labores y posición respecto al señor. A medida que los negros estaban más cerca de los amos, sus privilegios eran mayores en comparación al resto. Otro nivel de vida era la del mayoral y sus ayudantes, los especialistas de azúcar y del trapiche, los encargados del ganado vacuno y equino, dentro de los límites de la propiedad.

Un esclavo bueno, como una bestia, era caro. Por eso su alimentación, salud y cierta instrucción básica para que aprendiera las voces de mando en castellano se llevaban una parte considerable del presupuesto. La firma de los mejores médicos de la Isla está asentada en los libros de los ingenios. Los dueños no podían darse el lujo de perder a sus esclavos o de que quedaran lisiados. La alimentación de un esclavo era asunto serio: varias libras de carnes o pescado salado al día, viandas y frutas.

Imaginemos, como sucedió entonces, que los esclavos maltratados comienzan a boicotear la producción, a romper y esconder los instrumentos, y cuando no pueden más, escapan monte adentro, se apalencan. Detrás dejan hijos y mujeres, pues no deben arriesgarlos por la crueldad y sagacidad de los rancheadores, y porque la vida en el palenque —lo cuenta el cimarrón Esteban Montejo en la novela-testimonio escrita por Miguel Barnet— es muy dura. Aun así, los palenques fueron comunidades muy productivas, quizás el más famoso por su resistencia y cantidad de cimarrones fue el brasileño Palenque de los Palmares.

Imaginemos, no es mucho pedir, que, entre el cimarronaje, la huelga de brazos caídos e instrumentos rotos, la hacienda va a la quiebra. Lo primero que hará el amo será reducir las cuotas de alimentación. El mayoral tendrá la orden de aplacar el disenso a fuerza de cepo y bichoebuey.

El descontento seguirá, porque la producción continuará cayendo, y los esclavos desafiarán a los rancheadores y sus perros, estos últimos también mal alimentados. Los cautivos de la plantación oyen rumores que vienen del palenque. Es duro allí, dicen, pero esto no es vida. En sus mentes el monte es el Paraíso.  Necesitan soñar en las noches en el barracón con los cuentos de un Juan Candela, pues como dice un personaje de Onelio Jorge, eso es lo único que nadie les puede quitar.

Un día, para más desgracia, la plantación es atacada por una plaga. Puede ser fiebre amarilla, cólera, paludismo. Y como todavía nuestro gran Carlos Juan Finlay no ha tenido suerte en demostrar que un pequeño vector es el asesino por encargo, comienzan a morir y a enfermar los que producen el azúcar que en el mundo endulza el café y el té.

Y en todo este desastre perfecto, alguien aconseja al amo cambiar las reglas del juego. Si hasta ese instante la hacienda perseguía y castigaba a los cimarrones, ahora serán bienvenidos pues son los únicos que producen. Los esclavos huidos podrán traer a sus familias calabazas, cerdos salvajes, gallinas y aves del monte, hierbas curativas.  La única condición será que, de nuevo, sea el mayoral quien corte el bacalao.

Imaginemos, no será difícil, que en una reunión en el palenque unos cimarrones protestan. Eso es un chantaje, dicen. Los amos quieren aprovecharse de lo logrado en libertad por los perseguidos, los ninguneados.  Y otros cimarrones dirán que no van a permitir que sus familiares mueran de hambre y enfermedad: hay que bajar la cabeza y regresar a la hacienda porque la vida de los suyos está primero que cualquier resentimiento. De esa manera, el palenque que sobrevivió al frío, el embate de los rancheadores y a las estaciones de lluvias y de seca, queda infelizmente dividido.

Para recibir a los esclavos dominados por los sentimientos, el amo enterró rápidamente a los muertos. Los enfermos fueron confinados a un barracón lejano. El mayoral recibirá con una mano los regalos del palenque, y los distribuirá como desee; con la otra mano enseña el látigo, y lo hace sonar a cada rato, como pidiendo cuero nuevo.

En la hacienda también habrá quien ha perdido toda esperanza. Su única fantasía es poder escapar, y como esos cimarrones, un día traer comida y medicina silvestre a sus familias. Lo que no saben los esclavos soñadores de la hacienda es el precio que pagan quienes los ayudan: en la dureza del monte no hay mayoral que los alimente ni médico gratis que los cure. Todo depende de ellos mismos.

Lo que tampoco sabe el amo, y menosprecia el mayoral con el estómago lleno, es que un día cualquiera, sin que nadie lo sepa con certeza, no podrán controlar el hambre de espíritu y la libertad de los cautivos. Se preguntarán ambos, expulsados al camino o antes de ser colgados en una guásima, por qué los esclavos han sido tan ingratos con ellos si les han dado dos libras de arroz adicionales, una libra de pollo y media de embutido.

Imaginemos, sin ningún esfuerzo, donde podría suceder esa historia en el siglo XXI.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Sábado, 08 de Agosto de 2020 00:48
 
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