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Cuba


¿Dónde está Clandestinos? PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Sábado, 08 de Febrero de 2020 21:04

Desde el 30 de enero, Clandestinos no ha vuelto a usar sus redes sociales para llamar a sus seguidores a "actuar contra la dictadura cubana". Justo ese día, las cuentas de Facebook y Twitter del grupo incógnito publicaron la foto de un cartel colgado, presuntamente, en el puente de Calabazar, en La Habana.

Ilustración inspirada en Clandestinos.

"La Patria nos contempla orgullosa... los Clandestinos vamos a sacar a esta dictadura de Cuba. Seguimos el manual y las acciones", tuiteó el grupo esa vez, y enseguida recordó: "Somos muchos y estamos en todas partes". Apenas un día después, el 31 de enero, el grupo compartió una imagen de José Daniel Ferrer, el líder de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), detenido desde el 1 de octubre de 2019 y acusado por el régimen del supuesto delito de "lesiones". Como es habitual, en la publicación Clandestinos incluyó las etiquetas #FreeFerrer, LlegóLaHora y #ElCambioesYa. Desde entonces ninguna otra noticia sobre el grupo se ha publicado. Tampoco los medios oficiales han ofrecido más información sobre los ciudadanos detenidos y acusados de ser parte de la agrupación.

Última actualización el Sábado, 15 de Febrero de 2020 02:22
 
A todos ustedes, por el derrumbe PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Sábado, 08 de Febrero de 2020 21:00

Eduardo del Llano

Por ANDRÉS REYNALDO.- 

mí, ustedes ya me acabaron las ganas de comprender. Novelistas, pintores, cantantes con residencia en la Isla, perseguidos y censurados en la exacta medida que les permite apelar a la credibilidad cuando omiten y disimulan la causa única de la persecución y la censura.

Yo entiendo que tengan miedo. Porque yo tuve miedo. Yo entiendo que no se rebelen. Porque yo no me rebelé. Yo entiendo que no quieran irse de Cuba. Porque irse duele más, mucho más, de lo que uno puede imaginar antes de irse. Yo entiendo que no entiendan lo que es vivir en libertad. Porque la experiencia de la libertad es tan profunda, caleidoscópica, regenerativa y peligrosa, como es de uniforme, castradora y conformista la experiencia de la servidumbre.

Otra cosa es quedarme como si nada cuando los veo lavándole la cara a la dictadura. Como ahora veo al cineasta Eduardo del Llano dándole agua y jabón a la condena que se ha levantado desde el exilio tras la muerte de tres niñas aplastadas por un derrumbe en La Habana Vieja. Un enjuague mezquino, que comienza por exigir a los exiliados que tengamos la misma disposición condenatoria cuando ocurre un derrumbe en Nueva York.

En esto, lo admito, me asalta la vergüenza ajena frente a la reducción infantil de una persona adulta. Como si no estuviera claro que un derrumbe en Nueva York es una infrecuente tragedia local y un derrumbe en Cuba es otro capítulo de una larga tragedia nacional. Con esa torcida lógica de un derrumbe por otro se busca mitigar el punto de escándalo que afecta a la dictadura: la indefensión del ciudadano frente al  continuado y cínico abandono de unas autoridades ilegítimas e impunes.

Todavía no se ha asentado el polvo del hipotético derrumbe neoyorquino cuando las víctimas ya están llorando su indignación en los noticieros, sus abogados ya están en el papeleo de las demandas, los dueños del inmueble ya están identificados como consumados villanos y las autoridades ya están bajo el asedio de la opinión pública. Porque aquí la irresponsabilidad paga su precio moral, político y económico. En menos de lo que canta Silvio.

Luego, viene el habitual libreto contra el exilio. Que si somos intolerantes, que si al enfrentar la dictadura nos parecemos a la dictadura, si tenemos en la cabeza un puto chicle, si para criticar a Cuba hay que vivir en Cuba. Entonces, ¿cuál sería nuestro papel? ¿Asegurar las remesas? ¿Aplaudir a los artistas que horas antes estaban montados en la Tribuna Antimperialista? ¿Dejarnos jinetear al descaro? ¿Mordernos la lengua frente al culipandeo, la ambigüedad y, en obvias circunstancias, el colaboracionismo de todos ustedes?

Pues no. Por mucho que recuerdo el miedo que tuve. Por mucho que les envidio poder caminar por las calles donde todavía camino en sueños. Por mucho que considero el trabajo que pasan para comerse algo parecido al bisté que a nosotros se nos echa a perder en el refri, sobrepasados por la oferta y distraídos en la demanda. Por mucho que lamento verlos tan huérfanos, tan triviales, tan atrapados en sus compensatorias poses, tan pacotilleros, en tan mal estado de piel, dientes y encías, tan cutres.

Porque ustedes son el patético testimonio de cómo una dictadura totalitaria degrada hasta la parodia el talento, el lenguaje, la razón de un país, dejándolo en el puro hueso de la mediocridad. En ustedes, el castrismo ha forjado una casta de pomposos energúmenos y vedetes mediáticas con una cultura de remiendos (dos retazos de Hemingway, tres de García Márquez, muchos botoncitos de idiosincrasia y ni una puntada de sustancia) para exhibirlos como el "sector independiente" que confirma, en tramitada antítesis, la narrativa oficialista.

Miami, además, debían entrar todos de puntillas y con las chancletas en la mano, no sea que estén durmiendo los señores, y no con esa aura de arrogancia que les queda muy fuera de carácter a filósofos embriagados por un cóctel de prólogos, poetas (¡coño, cómo hay poetas!) incapaces de diferenciar un soneto de una tostadora, pintores que ocultan en una estridente improvisación la falta de oficio para ser figurativos y la falta de seso para ser abstractos, actrices y actores salidos de una escuela de pedregosa dicción y ampulosa gestualidad que diluye a cualquier personaje en el molde del asere del barrio, novelistas con una prosa derivativa, espesa y municipal, sin gracia ni tensión, que juegan con la cadena el juego que le conviene al mono.

Porque Miami es la que paga la cuenta. La espléndida Cuba del otro lado del mar donde a ustedes, a todos ustedes, se les ha recibido siempre con generosidad y respeto, como si fueran lo que no son.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Domingo, 16 de Febrero de 2020 01:28
 
Sangre sobre el yeso PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Miércoles, 05 de Febrero de 2020 00:53

Fidel Castro y, de fondo, un retrato de José Martí.

Por CAMILO LORET DE MOLA.- 

¡El que no brinque es gusano! ¡El que no manche a Martí es cómplice!

Hay discursos que por opuestos terminan pareciéndose.

Algunos cubanos del exilio están tan desesperados porque pase algo en el terruño que cualquier ruido les parece una orquesta. Y cuando alguien les intenta rebatir comienzan a exigir pruebas de fe, como si disentir fuera un recurso exclusivo de enemigos, infiltrados o tontos útiles.

El cuasi fenómeno de Clandestinos es la manzana del momento, hay quienes se desesperan por seguir soplando para mantener inflado este globo y por encontrar un sentido al mal pintar o embarrar que los supuestos activistas desataron contra los bustos martianos.

Y en la pasión por descubrir enemigos pierden la perspectiva de que solo están ante un fuego fatuo, un fenómeno de temporada que nunca llegará a ser el espejo de Borges, por aquello de repetirse, aclaro, no por la cópula.

El argumento de Clandestinos no sirve ni siquiera para parodiar los himnos revolucionarios: no tienen marcha, mucho menos ideal.

Se equivoca quien cree que La Habana sobreactúa porque tiene miedo. La exagerada reacción del régimen ante cuatro botellazos de pintura es el reflejo de lo cómodo que les quedó el escenario: gracias a Clandestinos pueden desviar la atención a otra parte, en momentos en que la crisis económica y el descontento social quitan el sueño a los captores, y de paso engrasan la máquina para difamar a toda la oposición, con los manidos argumentos de mercenarios, chusma y anticubanos.

Hay quienes en su euforia llegan a clasificar a Clandestinos como el inicio del capítulo final de la pesadilla cubana. Como si se tratara del bosque de Birnam que avanza dispuesto a engullirse el castillo de los Castros. Vale recordarles que, en la memorable y corta obra de Shakespeare, el bosque andante era una ilusión óptica, solo soldados con camuflaje, no una predicción cumplida.

Esta vez no son ramas de árboles las que intentan asustar a los Macbeth del Caribe, solo sangre de puerco y no hay brujas con conjuros para que los dictadores tiemblen.

Que mejor ejemplo que el fiasco del 28 de enero pasado cuando un supuesto vocero de Clandestinos llamó en las redes sociales a protagonizar actos violentos en la Isla que incluían desde lanzar pinturas hasta tomar estaciones de radio. Una convocatoria absurda que no pasó del llamamiento apócrifo.

La algazara de Clandestinos tampoco es una legítima intención de divorciar a Martí de Fidel, o del marxismo, o de lo que fuera. Los ejecutores de la profanación no tienen otro objetivo que llamar la atención.

De paso, no existe ese maridaje entre Martí y Fidel a pesar de todos los esfuerzos del régimen. Una táctica que no es nada nueva en el prontuario cubano y que nunca le ha funcionado a quienes han pretendido adueñarse de la impronta martiana.

Martí los ha sobrevivido a todos, desde Gerardo Machado que llegó a asegurar que gobernaba en su nombre, pasando por el sueño de mármol y la carga para matar bribones de Rubén Martínez Villena, o los esfuerzos de Fulgencio Batista.

Martí sobrevivirá a este terrible periodo que nos ocupa, sobrevivirá a Clandestinos y a nosotros mismos. Seguirá impoluto, como símbolo de la cubanía, como virtud de una nación que se levantará, sin dudas, de este pantano en que la pretenden hundir.

Pero aun con este seguro desenlace hay que alzar la voz contra quien agrede la figura del Apóstol para castigar el mal desempeño del dictador.

Es como si la victoria de los Aliados en la Segunda Guerra Mundial se celebrara destruyendo los discos y las partituras de Richard Wagner porque Hitler adoraba su música.

Martí no es de Fidel, nunca lo ha sido, aunque pretendan secuestrarlo con miles de marchas encendidas. Tirar sangre a sus imágenes es como darle la razón a quien no la tiene, como renunciar a lo que nos corresponde por derecho.

Eso sí, Clandestinos ha conseguido reavivar el debate. Argumentar con lógica es una practica que debemos cultivar y no dejar que se pierda en medio de la pelea a gritos e improperios que la discusión de estos temas provoca en muchos de los espacios de las redes sociales.

Aunque no comparta mucho de lo que defienden Miguel CossíoAndrés Reynaldo en los artículos publicados en este diario, le doy siempre la bienvenida a sus escritos, que nos obligan a revisarnos, a pensar antes de hablar. Porque insisto, el acto de discrepar tiene su propia chaqueta, no se viste con las ropas del enemigo.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Martes, 11 de Febrero de 2020 01:25
 
¿Es Martí el opio del pueblo? PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 02 de Febrero de 2020 23:52

José Martí en un muro de Caracas, junto a Chávez, Bolívar, Castro y Guevara.

Por MIGUEL COSSÍO.- 

La historia ideológica del castrismo se repite casi siempre como tragedia y algunas veces como comedia. Una ojeada a las ediciones de Granma de estos días bastará de muestra: "Martí vuelve, como de un baño de luz". El despliegue defensivo lanzado hacia "su" Martí, en respuesta a la aparición de Clandestinos en la escena cubana, confirma lo anterior.

Es conocida la frase, atribuida erróneamente a Marx, de que la religión es el opio del pueblo. En el caso de Cuba, cabría preguntarse si Martí ha devenido en una especie de opio para los cubanos. Durante el siglo XX la filosofía marxista sirvió de opio para más de una treintena de pueblos, incluido el cubano, el país del socialismo del nunca jamás, donde ni siquiera hoy el aparato oficial habla más de Marx y menos aún de la construcción de algún tipo de socialismo del siglo XXI.

Cada uno de los regímenes totalitarios edificados bajo el patrón del socialismo real tuvo, al menos en el espíritu ideológico, un componente marxista: la lucha de clases, el colectivismo, el centralismo económico, las expropiaciones…; y un componente leninista: el Partido. Cada uno con sus variantes políticas: la Unión Soviética y sus satélites con el marxismo-leninismo; China con el maoísmo; Corea del Norte con la idea Juche; Siria e Iraq con el Baaz árabe socialista, por citar algunos. El "capital" común de todos esos modelos sociales fue la represión de las libertades y la desaparición absoluta del individuo.

Al amparo del telón histórico del mundo bipolar, Fidel Castro construyó una trinidad ideológica tan estrambótica como singular, que le sirvió de base de sustentación de poder, y que fue armando, según corrían las circunstancias, como una suerte de Lego ideológico. Su revolución era única, gustaba decir: martiana-marxista-leninista. Mientras que para la colorimetría política era tan verde como las palmas.

La caída del bloque prosoviético, la extinción del Estado fundado por Lenin y el fin de la ideología marxista trajeron una autocorrección al discurso de Castro: "ahora sí los cubanos iban a construir el socialismo", con Fidel y Martí o con Martí y Fidel. La entelequia en cuanto al orden de los factores no alteraría el producto.

El resultado es conocido. Todavía estando vivo Fidel Castro y más aún después de muerto, el "fidelismo" dejó de ser fuente de sustentación ideológica y el "raulismo" nunca lo fue. Pero todo sistema autoritario o totalitario, que pretende la perpetuidad de sus elites, enfrenta un problema real: cómo renovar la maquinaria de campo en materia de propaganda. El ejemplo más claro lo tenemos en la Rusia de Vladimir Putin, quien no solo ha removido cada adoquín político de la Plaza Roja para mantenerse en el poder más allá del 2024, sino que ha forjado una alianza con la Iglesia Ortodoxa y rescatado el pasado zarista, al punto de vestir a los soldados de la guardia de honor del Kremlin con uniformes al estilo de la época del zar.

Al castrismo le pasa lo mismo con Martí y con el asunto de la soberanía nacional, este otro opio conceptual que todavía obnubila a algunos en el mundo. Si se mira detenidamente, la globalización de los derechos humanos trajo consigo la cesión de espacios de soberanía, como fue entendida esta hasta el siglo XX.

Martí era un demócrata, que vivió, quizás, los mejores años de su existencia en EEUU, donde escribió sus famosas Escenas norteamericanas. Un escritor liberal romántico, un humanista, un político con un profundo sentido ético. Un hombre de su tiempo, no del nuestro; y, como tal, debe valorársele, en el contexto histórico que le tocó. No en las pipas de opio político con las que el régimen atiborra a los cubanos.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Domingo, 09 de Febrero de 2020 01:08
 
Clandestinos: manchando vamos hacia un ideal PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 02 de Febrero de 2020 00:59

Marlon Brando como Vitto Corleone, en 'El Padrino', y sangre al estilo de Clandestinos.

Por ANDRÉS REYNALDO.- 

Vale suponer que las acciones del grupo Clandestinos se agotarán, al menos, por falta de materiales. Un Estado capaz de controlar la posesión de pintura roja (o verde o carmelita o azul) y la recolección casera de la sangre de puerco, le lleva un buen tramo de ventaja a sus enemigos.

No obstante, la iniciativa ha servido, aún sirve, para marcar la fundamental línea de flotación ideológica de la dictadura: la entelequia martiano-castrista, que justifica la imposición revolucionaria de 1959 por la imposición revolucionaria de 1895. No es poca cosa. Los Castro, sin Martí, son la familia Corleone.

Como suele ocurrir, la dictadura ha visto el peligro con mirada más aguzada que la oposición. Una oposición que, en su mayoría, simplifica a Martí con triviales, apresurados y autocompensatorios tópicos; legado del pensamiento martiano. Mucha palma, muchos pinos nuevos, mucha estrella que ilumina y mata. Pero inestable la sustancia, preocupante (incluso desde una perspectiva clínica) la excesiva intromisión del yo en la causa pública.

En la respuesta oficial, digamos, en la "orientación" que ha sido bajada para tratar el asunto, salta a la vista la mala conciencia por una manipulación histórica imposible de sostener en un libre debate. Los voceros bajo consigna, tanto en la Isla como en Miami, enfrentan insalvables dificultades. Primero, el tabú de Fidel. La defensa del elemento cristalizador de la entelequia exige la inconveniente exposición de su expediente acusatorio. Eso obliga a reducir al mínimo la mención del elemento cristalizador.

Luego, es menester cuidarse de no mostrar a Martí como lo que fue, un romántico y liberal del siglo XIX, a fin de mantener su perfil en los parámetros del  castrismo y, sobre todo, del poscastrismo. Para ocultar la realidad de Fidel hay que ocultar la realidad de Martí.

Merece repetirlo: no tenemos que bajar a Martí de su pedestal. Pero urge inscribir en el pedestal las anotaciones pertinentes. En principio, la abrumadora y en ocasiones hasta oportunista desproporción entre el romántico y el liberal. Dicho sea en  beneficio de su permanencia, debemos desarmar la provinciana construcción de su "apostolado" y verlo en el claroscuro propio de toda existencia humana, como corresponde a un pueblo en busca de su madurez. A un pueblo que ha alcanzado en la entelequia martiano-castrista el suicida clímax de su inmadurez.

No pasemos por alto el contraste entre el volumen de la respuesta de la dictadura y el limitado espectro de las acciones conocidas hasta ahora. Al fin y al cabo, el testimonio ofrecido por autoridades y activistas de Clandestinos da fe, apenas, de una decena de bustos e imágenes tratadas y ni una decena de detenidos. Uno tiende a creer, tal como afirman algunos, que la iniciativa se está reproduciendo de manera espontánea. A esa acción anónima y prudente le falta la comprobación de la cámara.

Paradójicamente, esa carencia multiplica su potencial subversivo. Fuenteovejuna, Raúl. Solo la "quinta policía del mundo" puede llevar la cuenta.

Defensores de la entelequia en Miami se han apresurado a condenar cualquier elaboración intelectual sobre Clandestinos. Casi con las mismas palabras de los voceros oficiales y echando mano a los eufemismos y abstracciones del diccionario de la neolengua de la dictadura. Atención, críticos literarios: una ocasión para observar en la viva variedad de las ramas la inequívoca raíz común de la novelística del culipandeo y la ensayística del embaraje.

Clandestinos, también, ha recibido descalificaciones por parte de legítimos opositores. Esto corrobora la necesidad del debate. En otra medida, contribuye a reforzar la pluralidad de nuestro discurso político. Nadie debe callarse por temor a ser divisivo. A nuestra historia le sobran errores, canalladas y tragedias en nombre de la unidad.

He aquí la debilidad de las dictaduras. Un busto embadurnado de sangre de puerco, una frase colgada de un puente, adquieren la dimensión de un acto de guerra. Lo hemos visto más de una vez. Llega un punto en que la perversa lógica impuesta al oprimido se revierte contra la lógica del opresor.

Así, en una impredecible circunstancia, aparecen manchas que limpian.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Viernes, 07 de Febrero de 2020 21:20
 
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