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Notícias: Latinoamérica Democrática
ENTREVISTA: Del Diario español El País, con la presidenta brasileña Dilma Rousseff PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Martes, 20 de Noviembre de 2012 15:15

“Yo no creo que el problema de Europa sea su modelo de Estado de bienestar. El problema es que se han aplicado soluciones inadecuadas para la crisis y el resultado es un empobrecimiento de las clases medias. A este paso se producirá una recesión generalizada”.

Me hubiera gustado comenzar la conversación por hablar de su pasado político, que transcurrió entre responsabilidades logísticas en la guerrilla armada, o preguntarle antes que nada por los desafíos que Brasil afronta, pero ella ha entrado en la sala como un torbellino dispuesta a despedazar las claves de la crisis europea, que amenaza con impactar en el desarrollo de los países emergentes. “Nosotros ya hemos vivido esto. El Fondo Monetario Internacional nos impuso un proceso que llamaron de ajuste, ahora lo dicen austeridad. Había que cortar todos los gastos, los corrientes y los de inversión. Aseguraban que así llegaríamos a un alto grado de eficiencia, los salarios bajarían y se adecuarían los impuestos. Ese modelo llevó a la quiebra de casi toda Latinoamérica en los años ochenta. Las políticas de ajuste por sí mismas no resuelven nada si no hay inversión, estímulos al crecimiento. Y si todo el mundo restringe gastos a la vez, la inversión no llegará”. Lo dice con convicción, alzando las manos en expresivo gesto que indica el camino a seguir, es todo su cuerpo el que protesta por lo que está pasando al otro lado del Atlántico y pienso que si no existiera ya en la Historia una Dama de Hierro quizá alguien se habría atrevido a sugerir este apodo para ella. La prensa internacional considera a Dilma Rousseff, 36ª presidente de la República Federativa del Brasil, una de las tres mujeres más poderosas del mundo, junto con Angela Merkel y la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton. A Clinton le quedan dos meses en el cargo, con lo que el triunvirato puede verse pronto reducido a un duelo de titanes. ¿Le ha dicho ya a la canciller alemana cuáles son sus puntos de vista sobre la política que ella está imponiendo en Europa? “Se lo he dicho en todas las reuniones del G-20. Europa pasa por algo que ya conocimos en América Latina. Hay una crisis fiscal, una crisis de competitividad y una crisis bancaria. Y las recetas que se están aplicando llevarán a una recesión brutal. Sin inversión será imposible salir de la crisis. Por supuesto hay que pagar las deudas, la consolidación fiscal es necesaria, pero se precisa tiempo para que los países lo hagan en condiciones sociales menos graves. No solo por una cuestión ética, sino también por exigencias propiamente económicas. El euro es un proyecto inacabado y si Europa quiere resolver sus problemas tiene que completarlo, mediante la supervisión y la unión bancaria. En realidad el euro no es una moneda única hoy. El mercado distingue entre el euro español, el euro italiano, francés, griego o alemán. El BCE tiene que ser el prestamista de ultimo recurso, pero no solo: hace falta que exista un mercado de títulos, un mercado de deuda, como en el resto de los países. La moneda única europea es una de las mayores conquistas de la Humanidad, precisamente en un continente tan castigado por las guerras y las disputas internas. Se trata de un fenómeno económico, social, cultural y político que significa un avance formidable, pero de momento está incompleto. No puede seguir así si queremos vencer a la crisis. Es el tiempo de construir los consensos, y para ello es importante que exista un liderazgo”.

Las políticas de ajuste no resuelven nada, si no hay también inversión

No es precisamente liderazgo lo que falta en Brasil. Las encuestas atribuyen a Dilma Rousseff más de un 70% de popularidad, porcentaje aún mayor del que gozaba su predecesor en el cargo y mentor en su carrera política, Lula da Silva. La continuidad básica de una política económica que dura ya casi dos décadas (desde que Fernando Henrique Cardoso emprendiera su amplio programa de modernización) ha convertido a Brasil en la quinta economía del mundo y hoy es un interlocutor imprescindible en cualquier escenario internacional. La llegada de Lula a la presidencia supuso todo un terremoto. Las clases bajas experimentaron un sentimiento de autoestima como nunca habían tenido hasta entonces al ver que un obrero ocupaba la presidencia de la República. Era todo un símbolo de la nueva política de inclusión social que anunciaba ya el proyecto estrella de Rousseff: hacer de Brasil un país de clases medias, no solo en lo que se refiere a los estándares de vida, sino sobre todo en lo que concierne al nivel educativo de la población.

Dilma no tiene el carisma de Lula, pero brilla por sí misma por su eficacia y su convicción política. Se incorporó al PT, el partido del Gobierno, años más tarde de su fundación, tras haber militado en el socialismo de Lionel Brizola y, antes, en dos organizaciones marxistas que promovían la lucha armada. Detenida y torturada por la dictadura militar, fue encarcelada durante tres años, y esa experiencia personal supone un plus de credibilidad a los ojos de todos los demócratas. Le comento que yo tuve oportunidad de vivir Mayo del 68 en París y soy uno de los huérfanos de aquella revolución. Los jóvenes españoles de la época seguíamos con admiración los procesos latinoamericanos, iluminados entonces por la esperanza más tarde frustrada del castrismo. Cuatro décadas después, muchos líderes de aquellos movimientos ocupan posiciones de poder en la economía, la política y la cultura y son objeto de protestas similares a las que ellos encabezaron. ¿Mereció la pena todo aquello?

“Necesariamente la gente evoluciona. Yo en diciembre de 1968 no andaba en política ni me había incorporado a la clandestinidad. Entonces sucedió lo que se conoce en Brasil como el golpe dentro del golpe: un endurecimiento de la dictadura militar. A partir de ese hecho, cualquiera de mi generación que tuviera la más mínima voluntad democrática era violentamente perseguido. De modo que desde mi punto de vista personal sí valió la pena, y mucho. Una parte de la juventud tuvo el gesto generoso de pensar que era su obligación luchar por su país, incluso incurriendo en algunos errores. Puede que aquellos métodos no condujeran a nada, no tuvieran futuro y constituyeran una visión equivocada sobre la salida de la dictadura. Pero en la gente anidaba un sentimiento de urgencia, creían que en Brasil no podría haber una reforma democrática, también por su visión pesimista sobre los dirigentes del país. Con los años he comprobado nuestro exceso de ingenuidad y romanticismo y nuestra falta de comprensión de la realidad. No percibíamos que esta era mucho más compleja, que podía haber diferentes soluciones de futuro. Mi estancia en la cárcel me ayudó a entender que el régimen militar no sobreviviría, porque no podía detener, torturar y matar a toda la juventud. El país había comenzado a transformarse y exigía un cambio. Enseguida comenzó la complejidad de la transición. A mí me detuvieron en 1970 y la apertura empezó en 1974, con el presidente Geisel. Se trataba de una apertura controlada, ‘lenta, gradual y segura’ en el idioma oficial; no era todavía la democracia, pero las condiciones habían cambiado. Entre 1970 y 1974 transcurrió la etapa más negra de la dictadura. Luego resultó evidente que no había solución a los problemas económicos y sociales sin democracia. Tal vez lo que diferencia a mi país de otros de América Latina es que nosotros tuvimos una fe sin restricciones en el valor de la democracia. Eso hizo que el proceso resultara menos duro”.

Se necesita tiempo para la consolidación fiscal en condiciones sociales menos graves

Sin embargo, la democracia está perdiendo prestigio en Occidente, le digo, sobre todo por su aparente incapacidad para responder a la crisis, para reformar el capitalismo. Existe en cambio una cierta admiración por el mandarinato chino, dada su eficacia en gestionar el crecimiento.

“Tal vez la mejor cosa de China es que sabe definir sus metas. No creo que nadie tenga que imitar a ningún país, pero se puede aprender de sus mejores prácticas. Yo, por ejemplo, pretendo hacer un plan a medio plazo. Para saber dónde quiero llegar tengo que iluminar también el presente, definir cuál debe ser mi tasa de inversión si quiero doblar la renta per capita de Brasil, y en cuanto tiempo. Tal vez podamos hacerlo en 12 o 15 años, mediante una política adecuada de inversión pública y privada… Naturalmente que se trata de proyecciones, luego la realidad es muchas veces diferente, pero si te marcas una meta lo importante es acercarte lo más posible a ella. Cuando la consigues del todo es porque la meta estaba mal definida”.

Esta cultura del esfuerzo desdice de los tópicos del Brasil de samba y carnaval que tanto daño han hecho a la imagen del país, de igual modo que en nuestro caso abundan las diatribas de los nórdicos contra los perezosos europeos del sur y los clichés de fiesta y siesta se imponen a la hora de caricaturizar a los españoles. “Eso de que en la zona euro los nórdicos trabajan mucho, gastan poco y son muy competitivos mientras los del sur son perezosos, se endeudan de más, gastan sin control y no contribuyen al euro, es una historia mal contada. Los países más avanzados de Europa se han beneficiado de un mercado de 600 millones de personas y de una zona monetaria única, con lo que mantuvieron tasas de cambio inferiores a las que les hubiera correspondido por sus superávits”. Rousseff maneja de memoria las cifras, los porcentajes y las magnitudes, conoce el lenguaje de los mercados y argumenta en su mismo idioma. Una cualidad extraña entre los políticos del momento, que se entregan en manos de tecnócratas y aplican las recetas de los expertos. Estos señalan por su parte que el crecimiento de Brasil se ha moderado y muchas voces alertan del contagio de la crisis en los países emergentes.

El euro es un proyecto inacabado: en realidad no es una moneda única

“La recesión europea está alargando los plazos para una mayor recuperación de las economías que no tienen problemas fiscales ni financieros, están en crecimiento positivo y practican políticas anticíclicas, como Brasil. Estamos haciendo de todo para impulsar de nuevo nuestro crecimiento, hemos reducido los costos de capital, los del trabajo también, y bajado muchos impuestos para impulsar el consumo”. ¿Es este un modelo a seguir? ¿Podríamos decir que responde a un estándar replicable por un cierto tipo de izquierda en América Latina? “Lejos de mí proponer ningún tipo de modelo, pero lo que en nuestro caso operó como elemento transformador fue comprobar cuando llegamos al Gobierno que había, ¿cómo decirlo?, determinados falsos dilemas, idénticos a los que hoy enfrenta Europa. Disyuntivas como controlar la inflación o impulsar el desarrollo, reducir el gasto público o invertir, desarrollar primero el país para luego distribuir rentas, luchar solo contra la pobreza o entrar de un salto en la economía del conocimiento, optar entre el mercado externo y el consumo interno. A mi ver, todas estas cosas deben abordarse simultáneamente. Distribuir renta, por ejemplo, es una exigencia moral, pero también una premisa para el crecimiento. De ahí la importancia de la política económica”.

En comentarios como este se basan los que atribuyen a Dilma ejercer un pragmatismo desideologizado. A mí no me lo parece. Creo más bien que su popularidad radica en el triunfo de la política, en el reconocimiento de que son las decisiones políticas las que determinan el devenir de la economía, los mercados incluidos. También en su capacidad de decidir, que ha hecho que la tilden de autoritaria.

Con mi estancia en la cárcel comprendí que el régimen militar desaparecería

“El trípode en el que hemos apoyado nuestra acción es bien simple: cuentas públicas austeras, inflación bajo control y acumulación de reservas en divisas para proteger nuestra moneda de la especulación, lo que fortalece nuestro sector externo. Pero al mismo tiempo nos pusimos a construir un mercado interno, sobre todo combatiendo un déficit habitacional formidable. Bajamos además los tipos de interés para evitar las inversiones extranjeras directas especulativas. Creamos así instrumentos de crédito que facilitaran el acceso a la vivienda a los poseedores de rentas medias y bajas. Vamos a entregar un millón de casas nuevas y vamos a contratar dos millones más. Hay quien dice que con esta política en Brasil se va a formar una burbuja, pero no corremos ningún riesgo al respecto”. ¿Ninguno? ¿No será que la gente no ve la burbuja cuando está dentro de ella? “Ningún riesgo. Estamos muy lejos de nada semejante. Ni siquiera tenemos un buchito de agua en el que pueda formarse una pompa de jabón”.

Pese al optimismo de esta narración, Brasil enfrenta serios problemas que impiden un crecimiento más rápido y equilibrado. El milagro de su economía se basa fundamentalmente en la exportación de materias primas, agroalimentarias y minerales. El país tiene deficiencias importantes en infraestructuras y suministro de energía, que la propia Dilma, como ministra del ramo durante el Gobierno de Lula, comenzó a paliar con su programa Luz para Todos. Los proyectos que tratan de dar respuesta a estas carencias, como las presas hidráulicas en el Amazonas, convocan la oposición de los ambientalistas y las tribus indígenas, apoyados en sus reivindicaciones por famosos como Sting o Sigourney Weaver. Otros países de la región, singularmente Perú, se han topado con similares obstáculos a la hora de explotar yacimientos auríferos, lo que demora enormemente los proyectos. “La única manera de abordar este tema es realizar audiencias públicas, tantas cuantas sean necesarias. Hicimos hasta 25 para las presas de San Antonio y Jirau. Pero organizar un diálogo no significa pasarse un siglo discutiendo. Los ciudadanos tienen que aceptar lo que es razonable, exigir que las empresas privadas cumplan con sus compromisos y, finalmente, asumir que llega un momento en que el propio debate se acaba. En las represas que he citado llegamos a debatir cómo y cuándo un pez podía pasar de un lado al otro del río. Además, después de ese proceso, quedan los recursos ante el ministerio público. De manera que cuando una presa comienza a construirse se han sorteado todas las barreras imaginables. Aquí no existe otra forma de hacer las cosas”.

Semejantes audiencias pueden durar hasta un año o año y medio, e incluso más, por culpa de la muy exigente y rígida burocracia brasileña, con lo que los viajeros extranjeros que llegan por estas fechas al país se sorprenden del retraso evidente en la construcción de infraestructuras necesarias para la celebración de la Copa del Mundo de Fútbol en 2014 y los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro en 2016. La escasez y poca funcionalidad de los aeropuertos, la deficiente red de carreteras, la debilidad de la oferta hotelera, y el propio retraso en la construcción de instalaciones deportivas saltan a la vista. El Gobierno asegura no obstante que no hay que preocuparse: dos estadios nuevos van a inaugurarse el próximo diciembre en Fortaleza y Belo Horizonte, y este mismo mes se privatizará la gestión de algunos aeropuertos. Por lo demás, prepara licitaciones para la construcción de nuevas vías férreas, puertos y carreteras. “En este sector las empresas españolas son muy competitivas. OHL fue aquí una de las grandes pioneras en hacer autopistas, y a precios bien asequibles. A la Cumbre Iberoamericana de Cádiz voy a viajar con un grupo de inversores privados con los que eventualmente puedan asociarse los españoles y vamos a presentar un plan sobre inversiones disponibles en el área de infraestructuras”.

El trípode en el que hemos apoyado nuestra acción es simple: cuentas austeras, inflación baja y reservas en divisas

El otro gran desafío es la educación, en un país con más de un 10% de analfabetos funcionales entre la población por encima de los 15 años. “En mi proyecto de hacer de Brasil un país de clases medias, tengo que enfrentar simultáneamente la lucha contra la pobreza y garantizar padrones educativos similares a los del primer mundo. Todos los niños de Brasil van a tener un nivel mínimo de lectura y escritura y manejar operaciones matemáticas hasta determinado año. Después es preciso que tengan una educación a tiempo integral para que puedan ingresar en la escuela con un cierto nivel, de modo que estoy hablando de guarderías. No tengo dinero para financiar un plan así para todo el mundo, pero sí para la población más pobre. Para la clase media ya existen guarderías de buena calidad. Guarderías y preescolar: eso construye el futuro. Además nos inspiramos en algunos modelos alemanes, y nos estamos asociando con nuestra querida señora Merkel para establecer programas de enseñanza técnica profesional como alternativa a la universidad. En esta trabajamos por una universidad pública de excelencia, contratando profesores visitantes de nivel mundial. Hemos aprobado una ley que establece que el 50% de las becas para las universidades públicas sea para los alumnos de la escuela pública y para los de rentas más bajas y los negros. Porque ahora todos los alumnos de la enseñanza privada van a la universidad pública también”.

Infraestructuras y educación: un programa que recuerda como ningún otro a la escuela y despensa del regeneracionismo español. Pero también industria (“Brasil no puede ser un país de servicios”), desarrollo tecnológico, potenciación del sector automovilístico y sus empresas auxiliares, desarrollo siderúrgico y agroalimentario. Lleva dos años en el poder y dentro de dos podrá presentarse para un segundo mandato. ¿En seis años va a poder hacer todas esas cosas? “¿En cuántos años dice? No sé. Voy a dejar una buena contribución a ese programa. Lula estuvo dos legislaturas y me transmitió un gran legado. Yo pretendo hacer lo mismo con quien me suceda. Si van a ser cuatro u ocho años solo el pueblo brasileño lo sabe”.

Y en ese periodo, junto a las transformaciones económicas, ¿cambiará también el sistema político? ¿Cuál es el futuro de la democracia brasileña? Lula dijo que habían conseguido que Brasil fuera un país previsible. “No solo eso, nuestra democracia es también muy rica en términos de debate. Estamos acostumbrados a discutir en torno a una mesa, es todo un hábito entre nosotros. A Bill Clinton eso le llamó la atención. La democracia brasileña está acostumbrada a dialogar. En algunos países puede causar extrañeza o pavor que la presidente de la República converse con las centrales sindicales. Para nosotros es de lo más normal. A veces estamos de acuerdo y a veces no”. ¿Por qué no enseña eso a los españoles?, le pregunto. “Cada uno tiene su sistema, ¿no? Pero países complejos como los nuestros exigen diálogo y participación. La experiencia dicta que es bueno plantar cara a los conflictos”.

La mejor cosa que vemos en China es que sabe definir sus metas

Hablamos de los medios de comunicación, de las dificultades que los nuevos sistemas de opinión pública, las redes sociales, generan a quienes ocupan el poder. “Siempre he dicho que la prensa brasileña comete excesos, pero los prefiero al silencio de la dictadura. De cualquier manera en este país ya no existe algo que era tradicional entre nosotros: un formador de la opinión. Desde hace 10 años tomamos las decisiones políticas en función de lo que beneficia a los brasileños, no por preconceptos ideológicos o de cualquier otro tipo. El pueblo no se deja manipular en absoluto”. Después me recuerda que no tuvo el apoyo de la prensa ni los grandes medios durante la campaña presidencial, pero sin embargo logró un 56% de los votos en las elecciones.

Celebramos la entrevista el pasado lunes 12 de noviembre, el mismo día que fueron hechas públicas las penas de cárcel por corrupción contra José Dirceu, fundador junto con Lula del PT, primer jefe de Gabinete del anterior presidente, sustituido en el cargo precisamente por Dilma cuando se vio obligado a dimitir por el escándalo del llamado caso mensalao. Conocí la sentencia a la salida de mi encuentro con Rousseff, por lo que es más que probable que ella la conociera cuando hablaba conmigo. El juicio, en el que Dirceu asegura haber sido condenado sin pruebas, estuvo trufado de intereses políticos y de una abrumadora campaña mediática en contra de los acusados, cuyo objetivo indudable era salpicar la figura del propio Lula da Silva. “Pocos Gobiernos han hecho tanto por el control del gasto público como el del presidente Lula. Entonces abrimos el Portal de Transparencia, con todas las cuentas públicas al alcance de quien quiera consultarlas. También hicimos una Ley de Acceso a la Información que obliga a divulgar los salarios de los dirigentes. Estoy radicalmente a favor de combatir la corrupción, no solo por una cuestión ética, sino por un criterio político. Hablo ahora de la corrupción de los Gobiernos, no la de otro tipo como la de las empresas, que también existe. Un Gobierno es 10.000 veces más eficiente cuanto más controla, más fiscaliza y más impide. No hay términos medios en este aspecto, ni componendas de ninguna clase, lo que en Brasil se llama medio embarazos. Ha habido diversos procedimientos jurídicos en este terreno y como presidente de la República no puedo manifestarme sobre las decisiones del Tribunal Supremo Federal. Acato sus sentencias, no las discuto. Lo que no significa que nadie en este mundo de Dios esté por encima de los errores y las pasiones humanas”.

Las pasiones humanas y las políticas, le apunto.

“Tal vez estas sean de las mayores. Pertenecemos a una generación que ha vivido intensamente. Como me dijo el presidente Mujica de Uruguay: ‘Nuestra generación luchó mucho y vaya burradas que cometimos, ¿eh, Dilma?’ [El actual presidente uruguayo participó también en la guerrilla armada contra la dictadura de su país].

Es un hombre muy divertido. Siguió diciéndome que él había tenido la época de la política, la de la pasión, la de esto y aquello, la época del Gobierno…

—Pero cuando me convertí en presidente yo estaba en la época de las flores— añadió, porque él planta flores”.

Luego se levanta, entre tímida y divertida. Me tiende la mano y me dice a modo de despedida: “Esa es también mi época, estoy en la de las flores”.

Tomado de EL PAÍS; MADRID; ESPAÑA

 
Brasil: Rousseff dice en Cádiz que “la confianza no se construye solamente con sacrificios” PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 18 de Noviembre de 2012 11:33

CÁDIZ,17/11/2012.-EFE/ J.J.Guillén/POOL

La confianza en la economía de un país “no se construye solamente con los sacrificios” de sus ciudadanos, resaltó hoy la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, quien consideró que la austeridad tiene “sus límites”.

En su discurso en la sesión plenaria de la XXII Cumbre Iberoamericana, que se celebró en Cádiz (España), Rousseff se refirió a las políticas de austeridad y disciplina fiscal europeas como forma para salir de la crisis económica.

La presidenta comenzó su discurso en la reunión, presidida por el rey Juan Carlos, con unas palabras de solidaridad con Guatemala, Cuba y Haití tras los recientes devastadores desastres naturales.

La presidenta abordó la crisis económica, de la que opinó que para superarla “hace falta que la estrategia adoptada demuestre resultados concretos para las personas, presente un horizonte de esperanza y no solo perspectiva de más años de sufrimiento”.

“Brasil viene defendiendo, no solo en el G20, que la consolidación fiscal exagerada y simultánea en todos los países no es la mejor respuesta a la crisis mundial, y puede incluso agravarla llevando a una mayor recesión”, señaló.

“La crisis financiera, que hoy afecta a Europa, golpea de forma particular a la Península Ibérica”, afirmó al considerar que es compleja la tarea de España y Portugal, pero que cuentan con sociedades creativas y capacidad de superación.

Recordó que su país también se vio afectado por la crisis debido a la reducción de los mercados internacionales, ante lo que ha tomado medidas de estímulo económico “sin comprometer la prudencia fiscal” y ha ampliado las inversiones públicas y privadas en infraestructura.

“No es solo Brasil, sino toda América Latina muestra de dinamismo económico, de vigor democrático, de mayor equidad social, gracias a las políticas que privilegian el crecimiento económico como la inclusión social”, afirmó.

Consideró que la necesidad de mejorar la competitividad es el actual desafío que afronta su país y Latinoamérica, y en ese capitulo España y Portugal pueden contribuir a desarrollar las infraestructura.

En la última década, 40 millones de brasileños salieron de la pobreza, dijo Roussef, quien, por otro lado abogó por un “mundo plural en el que el multilateralísmo será el gran instrumento de cooperación”, razón por la que Brasil desea profundizar en su integración regional.

En este contexto, Rousseff dijo que después de Mercosur y Unasur, la Comunidad de Estados Latino-Americanos y Caribeños (CELAC) tiene, con 33 países, una “perspectiva más amplia.”

Tomado de INFOLATAM

Última actualización el Domingo, 18 de Noviembre de 2012 11:44
 
Por qué EE.UU. y Brasil intentarán tener una relación bilateral más productiva PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Viernes, 16 de Noviembre de 2012 10:54

Dilma Rousseff criticó el proteccionismo de EE.UU.

La creciente presencia de multinacionales brasileñas en Estados Unidos, complementando a las tradicionalmente importantes inversiones norteamericanas en Brasil, ha producido una vía con dos direcciones donde los intereses comunes son más visibles y que presiona a ambos gobiernos a reconocer los beneficios de trabajar juntos o el riesgo de pagar un precio político por no hacerlo.

Como principal motor de las relaciones entre Estados Unidos y Brasil para los próximos años, han surgido retos similares e intereses económicos convergentes. Barack Obama, reelegido presidente, y Dilma Rousseff, a mitad de su mandato, enfrentan enormes desafíos. Ambos necesitan mejorar significativamente el desempeño económico de sus países a la vez que enfrentan mayores obstáculos políticos internos y un adverso panorama económico internacional. En ambos países, mantener un crecimiento sostenido requerirá inversiones en infraestructura, educación e innovación más que consumo. Sus respuestas ante estos asuntos determinarán el éxito o el fracaso de sus administraciones. Además afectará la relación bilateral de ambos países y su posición global y regional.

El presidente Obama, tras cuatro años de una anémica recuperación económica y con una victoria, el pasado 6 de noviembre, sin un claro mandato político, tiene que encontrar la senda del crecimiento económico que reduzca el desempleo mientras evita los escollos de una situación financiera y fiscal frágil, lo que, sin un buen manejo, podría hacer caer fácilmente a Estados Unidos y al mundo de vuelta a la recesión.

Asimismo, el desafío de la presidenta Rousseff es revertir la tendencia a la baja del crecimiento económico que marcó sus primeros dos años de gobierno, a la vez que continúa impulsando la inclusión de los pobres brasileños en la clase media. Ya ha empezado ha trabajar en esto. En meses recientes, Rousseff anunció una serie de ambiciosas y a veces contradictorias inciativas para mejorar radicalmente la deficiente infraestructura y la productividad industrial del país. La implementación de tales medidas ha sido perjudicada, sin embargo, por la pobre capacidad de administración y las consideraciones ideológicas que son inherentes al Partido de los Trabajadores al que pertenece la presidenta.

El Ejecutivo brasileño aún necesita abordar reformas largamente dilatadas, en primer lugar y principalmente en política fiscal, que hoy en día incrementa dramáticamente el coste de hacer negocios en Brasil. Éste junto a otros cuellos de botella han reducido su productividad doméstica y su competitividad internacional. Si éstos no se solucionan, continuarán socavando los sólidos objetivos del gobierno y podrían probablemente, comprometer la futura prosperidad y relevancia del Brasil en un mundo en rápida transformación.

El Mundial del 21014 y las Olimpiadas de 2016, que tendrán lugar en Brasil, y la necesidad del país de continuar atrayendo billones de dólares de inversión extranjera, ofrecen amplias oportunidades para establecer unas relaciones más cercanas y productivas con el Gobierno estadounidense y su sector privado. Estados Unidos, hasta hace poco el principal socio comercial de Brasil, posición que ha ocupado China desde el 2009, se ha mantenido, no obstante, como la principal fuente de tecnología e inversión extranjera directa y como el mayor destino para exportaciones brasileñas de productos manufacturados con valor añadido pese a la pérdida de cuota de mercado. Disputas comerciales sin resolver y nuevas fricciones causadas por la flexibilización monetaria en los Estados Unidos, unidos a un creciente proteccionismo en Brasil plantean limitaciones para la expansión del comercio bilateral, que se ha duplicado en los últimos diez años, llegando a US$75 mil millones al final del 2011.

Ambos gobiernos, además del sector privado, han reconocido la importancia de establecer compromisos constructivos entre las dos potencias políticas y económicas de las Américas. Después de un periodo de distanciamiento causado por las diferencias en política exterior al final del gobierno de Lula da Silva, Washington y Brasilia se reenamoraron justo antes de la asunción de Rousseff en enero de 2011. Desde entonces, las dos capitales han impulsado varias inciativas mundiales e intensificado la frecuencia de sus encuentros de alto y medio nivel.

Aunque anteriormente las conversaciones entre dirigentes políticos brasileños y estadounidenses podrían haber estado limitadas a unas pocas áreas de interés, ahora se está haciendo un planteamiento global. Se han establecido mecanismos para una cooperación ministerial regular y procesos de consulta para varios temas candentes como comercio, finanzas y defensa; para los propios del siglo XXI como la cyber-seguridad, la transparencia, la innovación en ciencia y tecnología,  y hasta para temas que afectan directamente al ciudadano promedio, como la educación y las políticas sociales. Los intercambios entre particulares están en crecimiento, estrechando y expandiendo redes, particularmente en educación e investigación científica. Vistos por los escépticos como una cortina de humo que no sustituye a acuerdos concretos en temas importantes como el comercio  y la tributación, el rápido crecimiento a lo largo y ancho del diálogo bilateral y los esfuerzos de los gobiernos brasileño y norteamericano para mantener las puertas abiertas para una relación más productiva y consecuente, sugieren, como mínimo, que ambos saben que se necesitan mutuamente, y son conscientes del beneficio de trabajar unidos y del riesgo de pagar un precio político de no hacerlo.

La aparición de Brasil como un importante actor internacional y su surgimiento como la sexta mayor economía del mundo, han introducido nuevos factores en la relación Brasil-Estados Unidos que autoridades y burócratas en Washington y Brasilia no pueden permitirse ignorar. Además de ser un país en el que operan numerosas multinacionales de Estados Unidos y Europa, hay también ahora docenas de multinacionales controladas por brasileños que han expandido fuertemente sus operaciones a lo largo del mundo, en particular, en los Estados Unidos. Algunas ocupan posiciones sustanciales como inversores en mercados clave como carne, cerveza, aviación regional e industrias de acero especial. La creciente presencia de compañías brasileñas en Estados Unidos ofrece una nueva perspectiva para temas como la negociación de un tratado tributario sobre el que ambos países llevan décadas de conversaciones.

Lo que alguna vez fue tema de interés sólo para compañías de EE.UU. en Brasil es ahora también un tópico en la agenda de las firmas brasileñas que operan hoy en los Estados Unidos. Participantes en el encuentro anual del Brazil-U.S. Business Council, celebrado el pasado mes en Brasilia, señalaron que la presión política generada por la nueva realidad de las multinacionales brasileñas en Estados Unidos ha producido las condiciones para la aprobación en el Congreso brasileño de un acuerdo bilateral  de intercambio de información tributaria que es visto como el primer paso para un tratado de doble tributación.

Brasil y Estados Unidos también han estado unidos en desafíos globales, con el beneficio de la habilidad de Brasil para manejar el softpower y su reciente estatus en los foros multilaterales. La Open Government Initiative (OGI) que Brasil y los Estados Unidos lanzaron el año pasado, ha atraído a cerca de cuarenta países comprometidos a promover la transparencia, la lucha contra la corrupción y el aprovechamiento de las nuevas tecnologías para hacer los gobiernos más transparentes, eficientes y responsables.

Como lo sugieren el desarrollo en tributación y el progreso hecho con la OGI, el avance gradual es el ingrediente crucial en los esfuerzos para avanzar en la relación entre EE.UU. y Brasil.

Probablemente este acercamiento tenga su mayor provecho en el comercio. Habiendo rechazado el Area de Libre Comercio para las Americas por temor a que la industria brasileña se viese amenazada por competidores americanos, Brasil ahora enfrenta un temor similar frente a China. Esto ha causado que el sector industrial brasileño vea de mejor forma la idea de tratados de libre comercio que preserven sus mercados regionales frente a la competencia china. Cómo construir y avanzar en esta idea es uno de los desafíos que tienen nortemericanos y brasileños en los meses y años por venir.

Respecto a otro tema similar, el interés de EE.UU. en la Alianza Trans-Pacífico -la cual intenta promover un mayor comercio y lazos de inversión entre las naciones del Pacífico de Norte y Sudamérica con la parte más económicamente activa de Asia-, debería avanzar de forma que impulse la participación de Brasil y aleje la percepción sostenida por algunos círculos expertos de Washington, de que ésto podría usarse para de alguna forma aislar y crear dificultades a Brasil.  El problema con este cálculo es que Brasil es la nación latinoamericana con la que más interés hay en mantener relaciones por parte de los países de Asia-Pacífico, por su tamaño y posición como la sexta mayor economía, abundancia de recursos muy demandados por otras naciones emergentes, potencial de crecimiento y tradición de pragmatismo.

En el lado positivo, bajo la administración de Obama Estados Unidos han reconocido cada vez más el crecimiento del peso y relevancia de Brasil en una región donde Estados Unidos fue alguna vez la potencia hegemónica y donde hoy Brasil enfrenta nuevos retos para crecer en sus intereses y principios, y para afirmar su liderazgo. Perseguir una estrategia de colaboración antes que de competición es la decisión más sabia para ambos países.

Por Paulo Sotero

Tomado de INFOLATAM

 
Santos rechazó el fallo de La Haya y dijo que planea apelarlo PDF Imprimir E-mail
Escrito por Tomado de INFOBAE   
Martes, 20 de Noviembre de 2012 08:34

El presidente de Colombia criticó la sentencia del diferendo limítrofe con Nicaragua. "La Corte cometió errores gravesDefenderemos nuestros derechos”, subrayó

 

En cadena nacional, Juan Manuel Santos aseguró que la Corte Internacional de La Haya “cometió errores graves” al realizar la delimitación de la frontera marítima en el fallo por una disputa con Nicaragua que se prolongó durante 30 años.

“Equivocadamente, en lugar de limitarse a trazar la línea en el área regulada por el tratado Esguerra-Bárcenas, resolvió extender dicha línea al norte y al sur del archipiélago. (…) No estamos de acuerdo con que la Corte se haya salido del ámbito cobijado por el tratado, que ella misma había declarado válido y vigente”, sostuvo.

“Esto significa una reducción de los derechos de jurisdicción de Colombia sobre áreas marítimas”, se quejó Santos, mientras que su par nicaragüense, Daniel Ortega, celebró la sentencia como triunfo de su país.

El mandatario, quien rechazó enfáticamente los aspectos sobre delimitación marítima de la decisión del tribunal, no descartó que Colombia apele la resolución. "No vamos a descartar ningún recurso o mecanismo que nos conceda el derecho internacional para defender nuestros derechos”, afirmó.

”La Corte ha incurrido, en este tema, en serias equivocaciones. A mí me eligieron, ante todo, para defender y hacer cumplir la Constitución de Colombia. Ese fue mi juramento”, subrayó.

Santos se comprometió con los ciudadanos a obrar “respetando las normas jurídicas -como ha sido la tradición del país-, pero también defendiendo con firmeza y determinación los derechos de todos los colombianos”.

Escuche el mensaje completo del presidente colombiano aquí.

 
México: un 85 % a favor de que Peña Nieto continúe lucha antidrogas PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Sábado, 17 de Noviembre de 2012 11:16

peña nieto

Un 85 % de los mexicanos es partidario de que el presidente electo de México, Enrique Peña Nieto, continúe con la lucha contra el narcotráfico independientemente de si la puede ganar o no, reveló una encuesta publicada por el diario El Universal.

Además, el sondeo revela que un 64 % de los consultados estuvo de acuerdo en que ya se debe debatir en México la posibilidad de legalizar o no la marihuana.

Un 62 % de los consultados se mostró crítico con la actitud de Estados Unidos contra el consumo de drogas y la venta de armas a los grupos criminales que operan en México, frente a un 30 % que opina lo contrario y a un 8 % que no quiso o no supo qué contestar.

Según el estudio, un 62 % cree que la despenalización de la marihuana en algunos estados de EE.UU. tanto con fines recreativos como médicos “perjudica a México” frente a un 20 % que opina que es benéfico para este país.

La encuesta, realizada después de que los estados estadounidenses de Washington y Colorado aprobaran el 6 de noviembre pasado la legalización de la marihuana con fines recreativos, también analiza la posible legalización de esa droga en este país.

El 42 % de los consultados sostuvo que si se despenaliza el uso de la marihuana en EE.UU., se debería hacer lo mismo en México, frente a un 54 % que opina que esa droga no se debería despenalizar.

Estos porcentajes cambian ligeramente en el caso de una propuesta de legalización del consumo independientemente de la situación en EE.UU., con el 39 % que dijo estar a favor y un 57 % que se pronunció en contra.

Los que están de acuerdo con una posible despenalización de la marihuana en México citan como principal razón una disminución del narcotráfico (33 %), la reducción de la violencia (15 %) y el control del consumo (13 %).

En el extremo contrario están los que rechazan la legalización, de los cuales el 40 % cree que aumentaría el consumo de drogas, un 13 % alega que el uso de la marihuana perjudica la salud y el 10 % sostiene que más consumo “aumentaría la violencia”.

Ante la hipótesis de si una posible legalización de la marihuana ayudaría a resolver el problema del narcotráfico en México, el 50 % cree que no, pero un 47 % piensa que sí.

Finalmente, la percepción de que el Gobierno federal “va ganando” la lucha contra el narcotráfico” en México aumentó en los últimos años, al pasar del 23 % en mayo de 2008 al 34 % este mes.

Los que opinan que son los criminales quienes llevan ventaja en la “guerra” contra las drogas pasaron del 56 % en mayo de 2008 a un 51 % este mes.

La encuesta se realizó los días 10 y 11 de noviembre vía telefónica entre 800 ciudadanos, tiene un índice de confianza del 95 % y un margen de error de más-menos 3,5 puntos porcentuales.

Tomado de IFOLATAM

 
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