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Artigos: Mundo
"Populismo" elegida palabra del año 2016 PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Viernes, 30 de Diciembre de 2016 16:04


Por Fundéu BBVA

Por cuarto año consecutivo, la Fundéu BBVA ha dado a conocer su palabra del año, elegida entre aquellos términos que han marcado la actualidad informativa de 2016 y tienen, además, interés desde el punto de vista lingüístico.

Tras elegir "escrache" en 2013, "selfi" en 2014 y "refugiado" en 2015, el equipo de la Fundación ha optado en esta ocasión por "populismo", una palabra originalmente neutra, pero que se ha ido cargando de connotaciones hasta convertirse en un arma en el debate político.

Con la victoria de Donald Trump en EEUU, el fracaso de las políticas de la Coalición de la Izquierda Radical Syriza en Grecia, la crisis por la que pasa Podemos en España y la amenazante victoria del Frente Nacional de Marine Le Pen en Francia la elección de "populismo" como palabra del año está más que justificada, ya que engloba tanto a la derecha como a la izquierda. "Parecía claro que en un año tan político como este, con acontecimientos de importancia global como el 'brexit', la victoria electoral de Donald Trump y los diferentes procesos electorales y plebiscitarios en América y España, la palabra del año de Fundéu tenía que venir de ese ámbito", ha explicado el coordinador general de la Fundación, Javier Lascuráin.

De hecho, varias de las doce candidatas que se anunciaron hace unos días estaban relacionadas con la política: 'sorpaso', 'abstenciocracia', 'posverdad' y la ganadora, "populismo".

"Finalmente nos hemos decidido por 'populismo', que ya lleva algún tiempo en el centro del debate político y que desde el punto de vista lingüístico está viviendo un proceso de ampliación y cambio de significado, cargándose de connotaciones a menudo negativas", señala Lascuráin.

Esa evolución, "que no es nueva pero que posiblemente se ha acelerado en los últimos tiempos" parte de un uso neutro de las palabras "populismo" y "populista" que tuvieron durante un tiempo significados próximos a "popular".

"A lo largo de los últimos meses hemos recibido muchas consultas sobre el significado real de 'populismo', ya que parece evidente que el uso que se le da en los medios y en el debate político va más allá de la simple defensa de los intereses populares que mencionan, con distintos matices, la mayoría de los diccionarios", añade. "Ese es uno de sus sentidos, aunque seguramente el que menos se use en la actualidad. También hay quienes prefieren definirlo como la tendencia política que pretende devolver el poder a las masas populares frente a las élites".

No obstante, en los medios de comunicación parece estar imponiéndose una visión negativa del término, que suele aplicarse "a políticos de todas las ideologías pero que tienen en común la apelación emotiva al ciudadano y la oferta de soluciones simples a problemas complejos", explica el coordinador de la Fundéu BBVA.

El interés de esa evolución, de ese proceso que algunos lingüistas denominan relexicalización y que "está ocurriendo cada día ante nuestros ojos en los medios de comunicación", es lo que ha propiciado la elección de "populismo".

Antes de dar a conocer la decisión final, la Fundación publicó una lista de doce palabras finalistas en la que, además de las palabras del ámbito de la política figuraban otras como "youtubero", la adaptación propuesta del anglicismo "youtuber", y "ningufonear", una alternativa al inglés "phubbing" que se usa para definir la actitud de quien solo presta atención a su dispositivo móvil mientras desatiende a quien tiene delante.

Otras de las presentes en la lista comparten el hecho de que sus significados se han ido ampliando a través del uso que hacen de ellas los hablantes, como "bizarro", "cuñadismo" y "vendehumos". Completaban la lista términos como "LGTBfobia", "papilomavirus" y "videoarbitraje".

LIBERTAD DIGITAL

 
Escupitajo a la literatura (El Nobel a Bob Dylan) PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 16 de Octubre de 2016 18:52

Por FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ

Sé que llego tarde, pues fue el pasado jueves cuando una pandilla de dinosaurios borrachuzos otorgó el Nobel de literatura a un escritor novel. Tan novel que nunca ha escrito nada fuera de unas letrillas para canciones tan cursis como un epitalamio de almanaque para chicuelas góticas y tan insulsas como su autor y sus arpegios de laringe de gato. Sí, llego tarde y cuanto se puede decir ya está dicho, pero, aun así, hay hechos tan escandalosos que no llevan fecha de caducidad. También de Hitler o de Stalin se ha escrito cuanto cabía escribir, y con todo y con eso seguimos condenándolos. Ocioso es aclarar que no equiparo a los aguardentosos mariachis de Estocolmo, patria querida, ni al mediocre guitarrista que tiene un montón de hijos y quizá haya plantado un árbol, pero que jamás ha escrito un libro, con ninguno de los dos monstruos citados. Se trata sólo de una hipérbole pedagógica. Los carcamales de la Academia sueca han incurrido en un grave insulto a la literatura y en una no menos grave falta de respeto hacia quienes de verdad, con mejor o peor fortuna, la ejercen. No es la primera vez que el jurado del Nobel hace lo que aquí denuncio, pero nunca habían llegado tan lejos. Ni siquiera cuando dieron el premio al cómico Dario Fo, que escritor de verdad no era, pero que al menos había escrito payasadas, astracanadas, diálogos y monólogos que ni pintiparados para el Club de la Comedia. Vargas Llosa y todos sus iguales vivos deberían devolver la titularidad del premio, aunque no el cheque que lo acompaña. Año tras año esos borrachines, que a nadie representan, dan su caprichoso espaldarazo a escritores segundones, tercerones, cuarterones y, por lo general, desconocidos (con razón), pero con algún que otro título de dudosa importancia en su historial. Año tras año se olvidan de los buenos escritores (Murakami, Roth, Auster, Ian McEwan, Martin Amis o, en otros tiempos, Proust,Borges, Graham Greene y Mishima), con alguna que otra rara excepción, pues equivocarse siempre es imposible, como la de Vargas Llosa, por volver a citar sólo al que ya he citado. Con Bob Dylan se entra al trapo del mundo de hoy, cuyos mimbres son la frivolidad, la superficialidad, la espectacularidad, el infantilismo y, por supuesto, el relativismo. Acábese ya esta farsa y envíese a los diplodocus del Nobel la colección de la Pleiade traducida al sueco. Pero... ¿Sabrán leer?

 
La política del desprecio PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 24 de Enero de 2016 13:43

Por Arthur Brooks.-

Los españoles están perplejos ante el ascenso de Donald Trump en la política estadounidense. Las explicaciones que ofrecen los medios de comunicación españoles suelen centrarse en el supuesto racismo o la estupidez de los conservadores norteamericanos. Es una interpretación incorrecta. El trumpismo es fruto de un desprecio creciente surgido en la dinámica política de EE UU.

El 3 de noviembre de 2004, a la mañana siguiente de la reelección de George W. Bush, recibí un correo electrónico que circulaba por las universidades, incluida en la que yo daba clase en aquella época. El mensaje contenía un mapa que señalaba las circunscripciones en las que había ganado Bush y en las que se había impuesto John Kerry, y comparaba los niveles educativos en esas zonas. Los lugares donde ganó Bush tenían un nivel medio de educación más bajo que en lo que ganó Kerry. El comentario que acompañaba a este dato, en tono despectivo, lo interpretaba como prueba de que los votantes de Bush eran unos tontos incultos.

Desde el punto de vista académico, la conclusión era increíblemente endeble. Pero lo que más me asombró fue ver el desprecio, nada disimulado, de muchos miembros de la élite progresista hacia una gran masa de personas normales y corrientes, trabajadoras.

. Su miembro más destacado, el expresidente Bill Clinton, no era una persona desdeñosa; es más, tenía las raíces proletarias que tanto despreciaban mis colegas. Pero ya se estaba fraguando una guerra.

La política del desprecio

Estalló en 2008, cuando el candidatoBarack Obama —un izquierdista sin ambages, como muchos de mis colegas universitarios— pronunció una frase, hoy famosa, en un acto para recaudar fondos entre millonarios de San Francisco (la ciudad más de izquierdas de Estados Unidos). ¿Por qué la clase trabajadora se inclinaba a la derecha? “Están resentidos”, explicó, y “se aferran a las armas, o a la religión, o a la antipatía hacia personas que son distintas, o se vuelven en contra de los inmigrantes, o del comercio, para justificar sus frustraciones”.

No tengo ni idea de cuál era la intención de Obama, pero recuerdo con claridad que todo el mundo lo interpretó como un insulto a quienes estaban pasándolo mal económicamente. En años sucesivos hubo muchos más casos. En 2012, el presidente se burló en tono desdeñoso de la ideología conservadora (de nuevo en un acto con millonarios en San Francisco): “Si caes enfermo, arréglatelas como puedas. Si no puedes pagar la universidad, arréglatelas como puedas. Si no te gusta que una empresa esté contaminando tu aire o el aire que respira tu hijo, arréglatelas como puedas”.

Podría citar muchos otros ejemplos en los que el presidente tacha a los conservadores y la clase trabajadora de retrógrados, estúpidos e insensibles. Le pregunto al lector español: si usted fuera (como yo) una persona de opiniones moderadamente conservadoras, ¿qué sentiría ante esas palabras? ¿Eso facilitaría hacer progresos en política o lo haría más difícil?

Hay muchos ejemplos en los que el presidente ha tachado a los conservadores de retrógrados e insensibles

Existe un enorme volumen de investigaciones psicológicas sobre el desprecio y concluyen que es una fuerza completamente destructiva. En palabras del filósofo del siglo XIX Arthur Schopenhauer: “El auténtico desprecio… es la convicción absoluta de que el otro no vale nada”.

Desprecio no es lo mismo que ira. En una serie de experimentos cuyos resultados se publicaron en 2007 en el Journal of Personality and Social Psychology, dos psicólogos descubrieron que la ira se caracteriza por respuestas agresivas inmediatas, pero que hay reconciliación a largo plazo. Por el contrario, el desprecio se caracteriza por el rechazo y la exclusión social a corto y a largo plazo. El desprecio es totalmente destructivo, y su objetivo es la hostilidad permanente.

La presidencia de Obama ha llevado a primer plano la política del desprecio. Él no es el único culpable: otros muchos han seguido su ejemplo. Los republicanos han hecho todo tipo de declaraciones irresponsables y despectivas contra Obama y los demócratas. Pero la responsabilidad es sobre todo del presidente, porque es el líder y es quien marca el debate nacional. Es él quien debe utilizar un tono que permita un progreso democrático consensuado, no la destrucción política total. No lo ha hecho, y eso ha debilitado a nuestra nación.

El trumpismo es la consecuencia actual de esa política del desprecio. La candidatura de Trump surgió como reacción al desdén de los progresistas hacia los ciudadanos de a pie que solo aspiran a ganarse la vida en una situación económica complicada. Ahora, por lo visto, muchos creen haber encontrado en Donald Trump a un paladín capaz de contraatacar. Pero él mismo se ha convertido en un genio del desprecio, capaz de burlarse magistralmente de cualquiera que no esté de acuerdo con él.

No tengo ni idea de si Trump va a ganar las primarias republicanas. Como católico, me es imposible apoyar sus crueles insultos. Como economista, creo que sus propuestas están profundamente equivocadas. Pero como persona dotada de sentido común, puedo entender su popularidad después de siete años de desprecio del presidente Obama hacia tantos de mis conciudadanos.

Arthur Brooks es presidente del American Enterprise Institute.

Última actualización el Domingo, 24 de Enero de 2016 13:50
 
Una guerra de civilizaciones PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Viernes, 20 de Noviembre de 2015 13:37

Por Jorge Hernandez Fonseca.-

No es momento de recriminar a nadie, sino de actuar proactivamente contra aquellos que nos han impuesto una guerra de conquista que nunca hemos promovido, pero que tenemos que abrazar.

 

Una guerra de civilizaciones

Jorge Hernández Fonseca

14 Noviembre de 2014

 

Los sangrientos atentados terroristas del pasado viernes 13 en Paris, Francia, cuya autoría ha sido reconocida por el Ejército Islámico, nos llevan de la mano a un análisis obligado.

 

En primer lugar, es importante reconocer que estamos ante un enemigo con una cultura radicalmente diferente a nuestra cultura occidental. En este sentido, la guerra declarada por el “Estado Islámico” contra “Occidente” puede categorizarse como un enfrentamiento entre dos civilizaciones muy diferentes: la civilización occidental, erigida sobre el cristianismo como hilo conductor y la civilización islámica, erigida sobre normas asociadas a esa religión.

 

No se trata de una guerra religiosa estrictamente hablando, pero si se trata de una guerra entre el sector más extremista de la cultura islámica --por un lado-- y la cultura cristiana en general, (incluyendo todos los sectores cristianos, extremistas o no). Hay que considerar que los extremistas islámicos (centrados en el Estado Islámico ahora, aunque antes eran dirigidos por AlQaeda) han declarado la guerra, no a un estado, sino a todo Occidente en general.

 

Lo sucedido en París el pasado viernes 13 pasará a ser para Francia lo que significó el 11 de Septiembre para los Estados Unidos. En ese sentido y a pesar de lo temprano que todavía resulta para un análisis más profundo, es innegable que --ni Europa ni EUA-- pueden postergar el momento de hacerle la guerra formal al Estado Islámico, de manera que hijos de la civilización occidental no mueran más en un café parisino o en un estadio de futbol --y si fuera el caso-- den su vida de manera directa en el campo de batalla foráneo contra los terroristas.

 

Tanto EUA como Europa deben poner fin al debate sobre la disyuntiva entre cortar libertades dentro de sus países --en función de la seguridad-- debido a la amenaza del ejército islámico, con vistas a garantizar la correspondiente seguridad social. La guerra debe ser llevada directamente en territorio de los terroristas, aunque lógicamente, las medidas de seguridad deben ser reforzadas, pero en todo caso –y a partir de ahora-- jerarquizando colocar el campo de las acciones de guerra en el lugar que radican los causantes de esta invasión expansionista.

 

Hay que decir que el Estado Islámico ha declarado la guerra a Occidente como forma de conquista de su supuesto califato. Reclama una expansión mundial, que incluye territorios en Europa y Asia y muy probablemente en América, con aseveraciones que tienen que ver peligrosamente con la religión que profesan. Es por esa razón, que los dignatarios islámicos que nada tienen que ver con estas pretensiones expansionistas, deberían pronunciarse claramente ante sus fieles condenando estas pretensiones, con vistas a deslindar los campos.

 

Ya Rusia sufrió un duro golpe, que ahora se repite dolorosamente en Francia. Occidente no puede postergar mucho más la entrada directa en una guerra de defensa, que hace ya mucho tiempo podría haberse definido aplastando al Estado Islámico en sus inicios, que a diferencia de AlQaeda tiene territorio definido y se expande como un cáncer por el norte de África.

 

No es momento de recriminar a nadie, sino de actuar proactivamente contra aquellos que nos han impuesto una guerra de conquista que nunca hemos promovido, pero que tenemos que abrazar.

 

 

Artículos de este autor pueden ser encontrados en http://www.cubalibredigital.com

Última actualización el Viernes, 20 de Noviembre de 2015 13:38
 
Confía, pero verifica PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 18 de Octubre de 2015 11:12

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Por Carlos Alberto Montaner.- 

Acaso el único concepto de la cultura rusa que seducía a Ronald Reagan era ese viejo proverbio: "Confía, pero verifica". El presidente norteamericano no se hacía demasiadas ilusiones con la naturaleza humana. La disposición a engañar, hacer trampas o a aprovecharnos de la indefensión del otro es una triste constante en la historia de nuestra especie.

Acabamos de verlo en el fraude cometido por el fabricante de automóviles Volkswagen. Sus ingenieros crearon un ingenioso programa de computadora para burlar las disposiciones oficiales norteamericanas de protección del medioambiente. Algunos de sus autos contaminaban hasta 40 veces más de lo permitido. No les importaba envenenar la atmósfera con tal de ganar más dinero.

Pero la historia universal de la infamia posee mil ejemplos: desde el gigante Enron, que maquillaba sus libros de contabilidad, hasta la despreciable anécdota del laboratorio Turing, cuyo principal accionista es un joven inescrupuloso llamado Martin Shkreli.

El personaje compró los derechos de una medicina contra la toxoplasmosis, una enfermedad parasitaria que puede ser letal, transmitida a los humanos por las heces de los gatos, especialmente devastadora en los enfermos de sida porque carecen de mecanismos defensivos naturales, y poco después multiplicó por 55 el costo de las pastillas: de US$ 13,50 a $750, impidiendo a muchos enfermos que pudieran curarse.

Shkreli se escudó en el argumento legal. Lo que hacía no violaba ninguna ley y estaba protegido por el derecho de propiedad. Lo hacía porque podía hacerlo. Era cierto. No se trataba de un delito. Era una canallada. Tampoco debe serlo violar el cadáver de la abuela, pero no deja de ser repugnante.

De alguna forma, el razonamiento era el mismo esgrimido por los esclavistas hasta el siglo XIX. Los esclavos eran una propiedad y el Estado no podía vulnerar ese derecho. Hasta que los legisladores entendieron que sí había límites y era preciso establecerlos. Una persona no puede poseer a otra persona, como no puede comprar los derechos sobre el oxígeno o sobre la luz solar.

Lo que parece no tener límites es la defensa de los intereses económicos. Los religiosos en EEUU e Inglaterra invocaban pasajes de La Biblia con el objeto de justificar la esclavitud. Aseguraban que los negros descendían de Cam, hermano de Sem y de Jafet, supuestamente condenado por Noé, el padre, a servir de esclavos de los blancos.

Había razones fundadas en la ética. La esclavitud, decían, era una forma eficaz de educar a los africanos en el cristianismo y la civilización occidental. Vivían mejor —aseguraban— en los barracones y al alcance del látigo de los mayorales que en la barbarie de su continente feroz y atrasado, permanentemente acosados por las fieras, las enfermedades o el maltrato de las tribus enemigas.

Los más sabichosos se escudaban en la seudociencia: los africanos eran inferiores, subhumanos. Ya Aristóteles advirtió sobre la existencia de seres concebidos para servir: los "esclavos por naturaleza". Era la teoría racial que acabaría por engendrar el nazismo. Un diplomático francés, Joseph Arthur de Gobineau lo había escrito a mediados del siglo XIX en una obra que tuvo una nefasta influencia: Ensayo sobre las desigualdades de las razas humanas.

¿Cómo se lucha contra las trampas, las falsificaciones, los engaños de las empresas, las mentiras de los políticos y funcionarios que representan al Estado, los fraudes de las personas que no pagan sus impuesto, o los free riders que se las arreglan para que otros incautos les paguen sus cuentas, muchas veces sin advertirlo?

Obviamente, con reglas claras y generales de obligatorio cumplimiento para todos, administradas por instituciones vigilantes fuera del alcance de la mano peluda de los poderosos, de manera que puedan preservar su capacidad de acción.

Por eso es importante que existan contralorías, auditores y agencias autónomas que examinen la distancia que existe entre el compromiso contraído y la realidad. Por eso es vital que se castigue la ilegalidad y se distinga al comportamiento decoroso, hasta que ese sistema de premios y castigos se transforme e interiorice como valores compartidos.

Ya en el Código de Hammurabi, 2.000 años antes de Cristo, se establecía la necesidad de pesas y medidas para evitar los fraudes de los comerciantes. "Si los hombres fueran ángeles —escribió James Madison— no haría falta ningún gobierno". Pero no somos ángeles.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Miércoles, 21 de Octubre de 2015 11:51
 
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