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Artigos: Mundo
Hay que parar a Putin en Ucrania para evitar un conflicto internacional PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 02 de Marzo de 2014 14:33

EDITORIAL de EL MUNDO. MADRID. ESPAÑA.-

VLADIMIR PUTIN ha respondido a la llamada de auxilio del depuesto presidente ucraniano, Victor Yanukovich, y la más reciente del primer ministro de Crimea, Serguei Axionov, invadiendo sutilmente la península y procurándose el permiso de la Duma para continuar la ocupación. El Gobierno de Ucrania está listo para combatir y ha decretado la máxima alerta. La irrupción militar rusa en la península de Crimea y la amenaza de seguir adelante con su ataque a Ucrania no sólo vulnera los acuerdos bilaterales entre Moscú y Kiev, sino que sitúa a un país con graves tensiones étnicas al borde de un enfrentamiento civil que podría prender un conflicto regional en la frontera de Europa.

El Consejo de Seguridad de la ONU decidió reunirse ayer de emergencia para abordar el conflicto, pero poco puede esperarse de una institución de la que Rusia, como miembro permanente, tiene derecho a veto. En cualquier caso, la comunidad internacional debe pararle los pies a Putin y evitar una guerra.

No lo tendrá fácil, dada la política de hechos consumados del Kremlin. De hecho, más de 6.000 soldados y 30 blindados rusos han entrado en la península como policía del nuevo Gobierno de la República autónoma de Crimea, que ayer decidió adelantar su referéndum de autodeterminación. Además, soldados rusos camuflados han fijado posiciones en torno al Parlamento, han tomado una base militar ucraniana en Sebastopol y se han hecho con el control de las antenas de radio y televisión. Fiel a su estilo -y tal como alertó en estas páginas el pasado miércoles el ex campeón de ajedrez y opositor ruso Garry Kasparov-, el presidente ruso ha decidido vengarse de Occidente tras su fracaso político en Kiev, donde nacionalistas radicales e indignados filoeuropeos acabaron con el Gobierno del cleptócrata Yanukovich. Está por ver cuál es la intención última del presidente ruso, pero su apuesta bélica sigue el guión escrito en los prolegómenos de la guerra entre Rusia y Georgia de 2008, cuando Moscú ordenó la ocupación de Abjasia y Osetia del Sur con el pretexto de asistir a sus hermanos separatistas. También ahora el Kremlin acusa a las autoridades de Kiev de violar los derechos de los rusoparlantes y dará la nacionalidad rusa a quienes prueben su origen eslavo.

El caso de Ucrania es distinto al de Georgia porque ni siquiera en la Península de Crimea, con el 60% de población rusa y un 15% de indígenas tártaros proclives a Kiev, ha existido un movimiento independentista fuerte:el 71% de la población se siente ucraniana. Pero todo indica que Putin ha decidido estimular por la vía de las armas la independencia de las zonas orientales filorusas, como Crimea o la ciudad de Donetsk -feudo de Yanukovich-, bien para anexionarse estas regiones o bien para crear repúblicas satélite bajo su control.

Ambas opciones son inaceptables y suponen un atentado contra la unidad territorial de un país que es aliado de la OTAN. Las potencias de la UE, con Alemania a la cabeza, han manifestado su profunda preocupación por la militarización del conflicto, pero no parece que la diplomacia europea haga desistir a Putin de su sueño imperial. EEUU ya ha advertido a Rusia que la intervención militar «tendrá un coste». La UE debe alinearse con EEUU para disuadir a Rusia. Lo más razonable sería acelerar la convocatoria de unas elecciones tuteladas por la ONU y abordar también la salvaguarda y protección de las regiones rusófonas sin menoscabo de la unidad territorial de Ucrania.

Tomado de EL MUNDO; MADRID; ESPAÑA

 
Polvorín multiétnico PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 02 de Marzo de 2014 14:40

Por YULIA TYSCHENKO.-

Ucrania se encuentra en Crimea al borde de un conflicto militar como el que hay en Osetia del Sur. La península de Crimea, que goza de autonomía en el Estado de Ucrania, presenta una complicada situación étnica y política. Dio sus votos a Yanukovich en su condición de "candidato pro ruso", aunque la población se sintió enseguida decepcionada con él por la corrupción y por la eliminación de políticos locales pro rusos. No obstante, llevó a cabo una política lingüística y cultural que contó con la aprobación mayoritaria en la península.

La diversidad racial, lingüística, religiosa y cultural de Crimea, así como su larga y complicada historia de conflictos convierten potencialmente esta región en una zona propensa a los conflictos interétnicos. Además, se aprecia una desconfianza considerable entre los tártaros de Crimea, que fueron deportados de la península hasta el último hombre por Stalin en 1944, y los rusos.

Crimea es la única región de Ucrania en la que la etnia rusa constituye una mayoría, del 60%, en la que los ucranianos representan una minoría dentro de la minoría y los tártaros de Crimea, la población indígena de la península, supone el 15% de la población total. Todo ello en conjunto implica que, desde los tiempos de los primeros intentos separatistas de Crimea, a mediados de los años 90, los tártaros hayan insistido en la unidad de Crimea con Ucrania, apoyado la integridad territorial del país y cooperado políticamente con las fuerzas democráticas. En la actual situación de punto muerto, los dirigentes políticos de los Tártaros de Crimea han apoyado al Maidan, mientras que los dirigentes políticos autonómicos adoptaban una actitud de cautela ante los acontecimientos de Kiev.

La situación en Crimea es tensa y esta tensión está activamente alimentada por Rusia, que está en condiciones de alentar un conflicto armado entre los grupos étnicos de la península. Organizaciones internacionales, países garantes de la integridad territorial de Ucrania deben intervenir en el conflicto con el fin de evitar víctimas y una escalada incontrolada de la violencia.

Tomado de EL MUNDO; MADRID; ESPAÑA

 
¿Puede sobrevivir el capitalismo? PDF Imprimir E-mail
Escrito por Tomado de INFOBAE   
Domingo, 02 de Marzo de 2014 14:13

 

Joseph Schumpeter en su Capitalismo, socialismo y democracia contesta a la pregunta formulada en el título de esta nota con un rotundo “no, no creo que pueda”. Por su parte, Benjamin Rogge en Can Capitalism Survive? también es pesimista respecto al futuro de este sistema y Ludwig von Mises, en La mentalidad anticapitalista, detalla los motivos de los generalizados perjuicios contra ese orden social y, por último, para aludir a la bibliografía más relevante en la materia, dos ensayos largos, uno de Robert Nozick titulado “Why Do Intellectuals Oppose Capitalism?” y otro de Friedrich Hayek titulado “The Intellectuals and Socialism”, que desde ángulos distintos centran su atención en la aversión al capitalismo por parte de muchos de los intelectuales.

Es por cierto un tema complejo pero antes de encararlo telegráficamente, señalo que me parece más preciso y ajustado a lo que se intenta describir, destacar que le expresión “liberalismo” es más apropiada que la de “capitalismo”. Esto nos parece así porque el primer término abarca múltiples aspectos de la condición humana, mientras que el segundo aparece como circunscripto a lo crematístico (además de ser una palabra acuñada por Marx). Esta objeción es en cierto sentido refutada por Michael Novak quien deriva la expresión de caput, es decir, de mente, de creatividad.

De cualquier manera, el hilo argumental por el que surge el pesimismo no significa derrotismo puesto que como escribe Schumpeter en la obra citada, “la información de que un barco se está hundiendo no es derrotista. Tan solo puede ser derrotista el espíritu con que se reciba esta información: la tripulación puede cruzarse de brazos y dejarse ahogar […] Si los hombres se limitan a negar sin más la información, aunque esté escrupulosamente comprobada, entonces es que son evasionistas […] La prognosis no implica nada acerca de la deseabilidad del curso de los acontecimientos que se predicen. Si un médico predice que su paciente morirá en breve, ello no quiere decir que lo desee”.

Pero, ¿en que se basa buena parte de los estudios más o menos pesimistas respecto al futuro de la sociedad abierta? En una combinación de factores que tomados en conjunto pueden resumirse con algunos retoques en los siguientes ocho puntos cruciales.

Primero, en las faenas de intelectuales que no conciben que la sociedad abierta descansa en ordenes espontáneos en los que el conocimiento disperso y fraccionado es coordinado y sustentado en procesos en los que los respectivos intereses particulares confluyen en sumas positivas, en un contexto donde son respetados marcos institucionales a su vez basados en el derecho de cada cual. Rechazan procedimientos en los que los planificadores no participen activamente en la manipulación de recursos de terceros.

Segundo, ese tipo de intelectuales muchas veces también sustentados en la pura envidia y el desprecio por la competencia en el mercado laboral, no aceptan que empresarios que consideran incultos “solo capaces de producir hamburguesas y similares”, obtengan ingresos mayores que los que ellos perciben.

Tercero, estos intelectuales encuentran apoyo firme en los burócratas puesto que la aceptación de sus ideas les conferirá mayor poder y facultades para intervenir en vidas y haciendas ajenas, a contracorriente de la eficiente asignación de los siempre escasos factores productivos.

Cuarto, esos intelectuales proceden a incursionar en colegios y universidades privadas y estatales y en instituciones internacionales financiadas por gobiernos donde difunden sus ideas estatistas, lo cual expande la aversión contra el capitalismo que sostienen se basa en “la explotación”, en “prácticas monopólicas” o en la mera “suerte”.

Quinto, paradójicamente los barquinazos producidos por el estatismo son endosados por los referidos intelectuales al capitalismo.

Sexto, los empresarios tienden a seguir el conocido dicho de “mind your own business” con lo que no se ocupan de defender sus empresas frente a los mencionados embates, a lo que se agrega que las más de las veces no sabrían como hacerlo puesto que sus talentos no abarcan esas actividades a pesar de que son el soporte de su misma existencia (no solo eso sino que muchas veces demuestran no tener la menor idea de cómo funciona el sistema en el que operan, para no decir nada de los prebendarios o antiempresarios que, aliados al poder, abiertamente rematan todo vestigio de competencia). Más aún, es frecuente que el común de los empresarios procedan con complejo de culpa por lo que inventan figuras como la llamada “responsabilidad social del empresario” (la mejor crítica que he leído sobre este invento es la de Milton Friedman) al efecto de “devolver a la comunidad” lo que el medio estima “les han quitado”. También sucede en ámbitos intervencionistas que a medida que las fauces estatales avanzan, las llamadas empresas privadas en la práctica dejan de serlo debido a las numerosas regulaciones, con lo que la gente termina por sostener que los servicios comerciales privados son tan deficientes como los gubernamentales, lo cual es cierto puesto que resulta que el personal se convierte de hecho en burócrata con los consecuentes cambios drásticos de incentivos, conclusiones aquellas sobre la mala atención que aceleran el desgraciado proceso que comentamos. Por ejemplo, banqueros que se convierten en dependientes de la banca central (y cuando se llega al extremo de la confiscación de depósitos no asumen su responsabilidad sino que se escudan tras el aparato estatal).

Como una nota al pie a este sexto punto, es pertinente recordar que Juan Bautista Alberdi dedica treinta y siete capítulos del octavo tomo de sus obras completas al formidable empresario William Wheelwright, donde consigna sus coincidencias con Herbert Spencer (de su obra Exceso de legislación) en la tarea bienhechora y grandiosa de los empresarios en un clima de libertad donde naturalmente queda excluido el fraude, la fuerza y la cópula hedionda con el poder. En este sentido, destaca que en las calles y plazas públicas, en lugar de colocar nombres de reyes, gobernantes y guerreros que habitualmente ponen palos en la rueda, deberían instalarse los de empresarios ya que a ellos se debe la luz, la calefacción, la telefonía, las comunicaciones aéreas, terrestres y marítimas, la prensa, las maquinarias agrícolas, los fertilizantes, la medicina, la alimentación y, en una interminable lista, buena parte de lo que dispone la civilización.

Séptimo, la degradación de la democracia en una máquina infame convertida -a través de alianzas y coaliciones- en un apoyo logístico de proporciones mayúsculas para atropellar derechos individuales, en dirección radicalmente opuesta a la concepción de los Giovanni Sartori de nuestros tiempos.

Y octavo, dentro del grupo de intelectuales a los que aludimos no solo se destacan profesores universitarios, ensayistas y profesionales varios sino que sobresalen muchos pintores, sacerdotes, escultores, cineastas, poetas, escritores de ficción y equivalentes que como no han abordado el significado ético, económico y jurídico más elemental del liberalismo se pronuncian enfáticamente por principios socialistas que dañan severamente a los mismos que dicen proteger.

Sin embargo, el apuntado pesimismo puede contrarrestarse por la perspectiva de que los referidos intelectuales sean más que compensados por otros de fuste que -aun enfrentados a los gobiernos, a empresarios irresponsables y a gente indolente y anestesiada- sean capaces de explicar las ventajas de una sociedad abierta, especialmente para los que menos tienen. Incluso capaces de mostrar a empresarios la conveniencia de financiar tareas que no solo preservarán sus emprendimientos sino que resguardará la cooperación social sobre los pilares del respeto recíproco.

Si la antedicha tendencia no se corta se estará en medio de una tenebrosa operación pinza: por un lado, intelectuales resentidos que apuntan a la demolición del capitalismo y, por otro, frente a empresarios con una complacencia suicida en un contexto donde hay demasiadas personas distraídas que miran para otro lado como si fueran ajenas al problema. Por mi parte, como he dicho antes, en esta materia no soy ni pesimista ni optimista, soy escéptico porque tengo mis dudas de que en general se perciba el problema antes que sea tarde, en lugar de percatarse que todos los que queremos vivir en libertad debemos dedicar diariamente algún tiempo a estudiar y difundir sus fundamentos. De todos modos, me infunden renovadas esperanzas cuando constato nuevos grupos -especialmente de jóvenes- que se instalan para trabajar en distintos campos en pos de la libertad.

Este es el llamado de muchos intelectuales de valía tales como Hayek en el ensayo antes citado, al escribir que “necesitamos líderes intelectuales que estén preparados para resistir los halagos del poder y su influencia, que estén dispuestos a trabajar por un ideal, no importa lo alejado que puedan ser las perspectivas de su realización. Tiene que haber hombres que estén dispuestos a mantener principios y pelear por su completa ejecución aunque ésta sea remota”.

Este reclamo urgente de Hayek, desde luego incluye la necesidad de trabajar las neuronas para ponerle bridas al Leviatán e imaginar límites adicionales al poder y no esperar que pueda revertirse la situación con mecanismos institucionales que han demostrado su palmaria ineficiencia para garantizar los derechos de todos. Si el intelectual la juega de político en busca de componendas, nunca se logrará el objetivo puesto que él mismo habrá contribuido a bloquear el camino al ocultar las metas de la sociedad abierta. El político negocia según sea el espacio que generan los intelectuales en una u otra dirección. En otro orden de cosas, cualquiera sea la tradición de pensamiento a la que adhiera un intelectual, si no traiciona su rol y es una persona íntegra será motivo de respeto por su coherencia. En cambio, el oportunista es en última instancia repudiado desde todos los flancos.

 
El Inútil Encanto del Antinorteamericanismo PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 08 de Diciembre de 2013 14:49

Por JESUS HERNANDEZ CUELLAR.-

Si usted presta atención a las controversias políticas y llegó a Estados Unidos procedente de América Latina, sin duda alguna, usted ha sido testigo de un fuerte sentimiento antinorteamericano que parece respirarse mucho más allá del Hemisferio Occidental. No sólo ahora, sino desde tiempos inmemoriales.

Las primeras críticas al estilo de vida de Estados Unidos, a la presunta rapacidad de los poderes políticos estadounidenses, y a la supuesta ignorancia de la sociedad norteamericana no se produjeron por la ya casi olvidada guerra de Vietnam, ni por la invasión de Irak.

Según James W. Ceaser, profesor de ciencias políticas de la Universidad de Virginia, el sentimiento antinorteamericano fue engendrado por intelectuales europeos durante los últimos 200 años.

Ceaser asegura que en medio de una discusión política, el ensayista y padre fundador de Estados Unidos, Alexander Hamilton (1755-1804), que escribía con el seudónimo de Publius, hace dos siglos hizo el siguiente comentario: "Hombres admirados como profundos filósofos afirmaron gravemente que todos los seres vivos, y los seres humanos junto con ellos, se degeneraban en América y que hasta los perros dejaban de ladrar después de respirar nuestra atmósfera." Esto apareció publicado en The Federalist Papers, una serie de ensayos de varios autores, entre ellos Hamilton, que defendían la Constitución de Estados Unidos, cuando ésta todavía no había sido aprobada.

Más tarde, el poeta alemán Nikolaus Lenau enriqueció ese sentimiento con esta expresión: "El americano no sabe nada; no busca nada sino dinero; no tiene ideas." Esa árida noción del ciudadano de Estados Unidos ha prevalecido hasta hoy en las mentes de mucha gente.

Estas interpretaciones fueron reforzadas por el poeta romántico Heinrick Heine con la bárbara expresión de que Estados Unidos era “una gigantesca prisión de la libertad” donde “la más vasta de las tiranías, la de las masas, ejerce su cruda autoridad.”

A comienzos del siglo XXI, en su libro Aprés L'Empire (Después del Imperio), el francés Emmanuel Todd subraya que "hay una sola amenaza a la estabilidad global en el mundo de hoy: la de Estados Unidos que ha pasado de protector a depredador." Poco dicen para Todd las amenazas del extremismo islámico con sus coches bomba estallando en cualquier rincón del planeta, y los chantajes nucleares de Irán y Corea del Norte.

La enorme influencia de los intelectuales europeos en el pensamiento político de todo el mundo, hizo el resto.

El cine de Hollywood de los últimos 30 años, con sus escenas de crímenes violentos, policías corruptos, sexo exagerado y lenguaje obsceno, se encargó de ayudar a divulgar la imagen de un Estados Unidos analfabeto y carente de valores, que resulta ajena a la mayoría de los estadounidenses y está concebida así para recibir los beneficios de la taquilla, sobre todo en el extranjero.

Por supuesto, la política exterior de Estados Unidos no siempre -- algunos piensan que nunca -- ha ayudado mucho a conjurar el inútil encanto del antinorteamericanismo, ni siquiera en los días difíciles de la Guerra Fría, cuando el mundo experimentó el peligro de convertirse en una gran Siberia.

Ciertas Verdades

Pero en Europa también hay críticas hacia quienes solo parecen tener una visión apocalíptica de Estados Unidos. El analista y escritor francés Jean François Revel dice que "si usted elimina el antiamericanismo, no queda nada del pensamiento político francés, ni en la Izquierda ni en la Derecha." Lo mismo es válido para el pensamiento político alemán o el ruso.

Muchos creen que esa actitud de los intelectuales europeos es parte de un viejo resentimiento. Europa no podía aceptar en los siglos XVIII, XIX y XX, que una nación fundada por disidentes que huyeron de dogmas religiosos y antiguas fórmulas de convivencia, pudiese independizarse de Gran Bretaña y despegar hasta convertirse en pocos años en el país más próspero y poderoso del planeta.

Por otra parte, las críticas europeas al expansionismo norteamericano, por ejemplo, a la guerra con México (1846-1848), o a la toma de Cuba y Puerto Rico (1898) tuvieron que ver más con el rechazo a una fórmula de desarrollo competitivo que con principios progresistas.

Es decir, el legendario "imperio donde jamás se pone el sol", escenario del más grande genocidio que haya conocido el mundo, con millones de indígenas exterminados, ya no pertenecía a Europa. Había quedado bajo la esfera de influencia de Estados Unidos, pero sin soldados patrullando sus calles ni amos castigando a las multitudes de esclavos a golpes de látigo.

Tampoco era agradable para el lado oscuro del pensamiento político europeo, un Estados Unidos joven y musculoso, que a un costo de 400 mil muertos y 400 mil millones de dólares, liberó a Europa de su mayor amenaza moderna: la destrucción causada por el nazi-fascismo alemán de Adolfo Hitler. Un Estados Unidos que, además, reconstruyó Europa piedra por piedra después de la Segunda Guerra Mundial. ¿Buscaba petróleo?

Mitos y Realidades

La afirmación del poeta Lenau de que el norteamericano "no sabe nada" y "no tiene ideas", no parece compatible hoy día con los experimentos científicos que se hacen en la NASA y en más de cuatro mil universidades norteamericanas, que dicho sea de paso, tienen una matrícula de casi 16 millones de estudiantes.

De ahí surgen las decenas de premios Nobel de Estados Unidos en las categorías científicas, los nuevos medicamentos sintéticos, los instrumentos quirúrgicos de rayos gama, las cirugías robóticas y la fórmulas de ingeniería que cambiaron el curso de la tecnología y la calidad de vida del ser humano de hoy.

Asimismo, es muy posible que el popularísimo cine de Hollywood oculte un lado bastante desconocido de Estados Unidos: los 600 teatros profesionales que escenifican un número significativo de obras teatrales en todo el país.

Nada se habla de que las artes sin fines de lucro aportan a la economía de Estados Unidos 37 mil millones de dólares al año, además de su extraordinaria contribución cultural y espiritual.

Sin duda alguna, los pensadores políticos europeos actuales pasan por alto esas cifras, y olvidan analizar el impacto que han tenido en la sociedad norteamericana las 117.664 bibliotecas que hay aquí.

Tampoco hablan mucho estos pensadores del desarrollo de la aviación comercial, la exploración espacial, las comunicaciones vía satélite y la invención de Internet, la telefonía inteligente y las redes sociales, que Estados Unidos ha aportado al mundo y todos ellos usan para lanzar a la hoguera, día tras día, al coloso americano, con una retórica pseudointelectual que abruma a la mayoría.

Mientras tanto, una gran masa trabajadora de América Latina hizo caso omiso de las palabras de los antinorteamericanos que hablan en nombre del pueblo sin pedirle permiso al pueblo, y emigró a Estados Unidos.

Aquí esos trabajadores se integraron a una nación dentro de otra nación, es decir, a la comunidad hispanoestadounidense compuesta por 53 millones de personas, con un poder adquisitivo que supera la cifra de 1.2 billones de dólares al año. Y desde ella, mantienen a flote las frágiles economías latinoamericanas con sus envíos de ayuda familiar, por un promedio anual de 47 mil millones de dólares.

Y todo esto mientras el World University Ranking 2012-2013 de Thomson Reuters, informa que de las 20 mejores universidades del mundo, 15 son de Estados Unidos y la primera de América Latina, la Universidad de Sao Paulo, Brasil, aparece en el puesto 158. Sería útil para muchos sectores, sobre todo latinoamericanos, estudiar si la obsesión antinorteamericana, junto a los altos niveles de corrupción, son causas básicas del retraso de la región en materia de desarrollo, mientras Asia cabalga a todo galope hacia el Primer Mundo, a donde ya llegaron varios de sus jinetes más avanzados.

Estados Unidos ha lidiado con su críticos más acertados y con los más desacertados a lo largo de toda su historia. No será diferente en el futuro cercano, y nada garantiza que sea de otra manera el día en que la joven nación del norte, se vea obligada a ceder su posición a otra u otras potencias. Por cierto, ¿tiene usted en mente algun sustituto para Estados Unidos?

Jesus Hernandez Cuellar

(Hernández Cuéllar es director y editor de Contacto Magazine, revista que fundó en julio de 1994 en Los Angeles, California. Desde 1981 ha trabajado en todo tipo de medios: agencias de prensa, diarios, radio, televisión, semanarios, internet, revistas y redes sociales. Fue redactor de la agencia EFE en Cuba, Costa Rica y Estados Unidos, así como editor metropolitano del diario La Opinión de Los Angeles, California, e instructor de periodismo de la Universidad de California en Los Angeles, UCLA --- Biografía).
 
La Iglesia en manos de Francisco PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Lunes, 11 de Noviembre de 2013 11:52

Por Carlos Alberto Montaner.-

El papa Francisco va a revolucionar al catolicismo. Ya está en eso. La encuesta ordenada desde el Vaticano para averiguar qué es lo que creen los seglares sobre algunos temas sociales –el matrimonio gay y la adopción, los anticonceptivos, el divorcio y la comunión, las uniones de hecho, y así hasta 39 cuestiones—es una jugada maestra para desarmar al ala conservadora de la jerarquía eclesiástica enquistada en la estructura de la Iglesia.

Durante siglos, Roma se ha servido de las autoridades y de la palabra de los papas y dignidades de la Iglesia para dictar e imponer las normas morales. La institución sospechaba de la capacidad de los simples creyentes para establecer juicios de orden ético, al extremo de prohibir durante siglos la lectura de la Biblia sin autorización del cura o el obispo. Ahora, Francisco va a preguntarles su opinión a los católicos de a pie, probablemente para fortalecer sus propias opiniones, y acaso para demostrar que la Iglesia son todos, fundidos en lo que los católicos llaman el “cuerpo místico de Cristo”. Jesús es la cabeza. El resto son todos los cristianos bautizados.

Jorge Mario Bergoglio, un monarca electo dotado con enormes poderes, podía haberse aprovechado de la condición de infalibilidad que le atribuyen a los papas desde el Concilio Vaticano I de 1870, pero no ha querido hablar ex cathedra, proclamar nuevos dogmas e imponer su voluntad. Su estilo no es ése. Por sus declaraciones (“quién soy yo para juzgar…”), y por su rechazo al boato y a los lujos, demuestra una humildad natural que ha cautivado a creyentes y no creyentes. Es un papa rompedor, pero, al mismo tiempo, parece ser un constructor de consensos.

Su carácter revolucionario no quiere decir, por supuesto, que es uno de esos religiosos conquistados por la visión marxista de la Teología de la Liberación o por la deriva chavista de este disparate ideológico. Es demasiado listo para caer en ese burdo error. Probablemente, su larga experiencia dentro del populismo peronista lo ha vacunado contra esta fatal manera de afrontar las tareas de gobierno y de entender las relaciones entre el Estado y la sociedad.

Fue todo un síntoma que se atreviera a recibir en privado al líder opositor venezolano Henrique Capriles, encuentro que casi todos los gobernantes latinoamericanos han declinado cobardemente, y que en un acto anterior hiciera colocar estratégica y públicamente a Berta Soler, una cubana “dama de blanco” de la oposición democrática para darle su bendición, mensaje que no debería pasar inadvertido al sector pusilánime de la jerarquía religiosa cubana.

¿A dónde va a llegar la revolución de Bergoglio en el Vaticano? Probablemente, muy lejos. Estos procesos de cambio se sabe cuándo y cómo comienzan, pero no cuándo y cómo terminan. La iglesia católica tiene que discutir muchos temas pendientes. Uno de ellos es el papel de la mujer dentro de la Institución.

La Iglesia hereda la vieja tradición misógina del Medio Oriente, donde la mujer vivía segregada y en un segundo plano, pero no hay nada en el cristianismo que realmente impida que puedan ser ordenadas sacerdotes, ascender a obispos, cardenales y, si se tercia, a papisas. ¿Por qué no? Si algo hizo crecer al cristianismo dentro del mundo romano fue, precisamente, su carácter inclusivo y universal. Allí cabían todos: hombres, mujeres, esclavos, libertos, niños, ancianos, blancos y negros. “Católico” quiere decir universal.

Otro tema que sacude a la Iglesia es el del celibato. ¿Por qué a un Dios misericordioso que quiere a su grey le va a complacer que los sacerdotes se priven de amar carnal y humanamente? ¿No se casaron los curas durante el primer milenio de la Iglesia? ¿Acaso “crecer y multiplicarse” no es la conducta normal de la especie? ¿No entenderían mucho mejor los problemas de las parejas y de las familias quienes tienen esa experiencia? ¿No habría menos casos de pederastia entre los religiosos si tuvieran acceso legítimo a personas del sexo opuesto?

Hace siglos, otros cristianos, con Lutero a la cabeza, un fraile agustino, emprendieron una profunda reforma religiosa. Estas son buenas preguntas para un próximo cuestionario. Pero la indagación clave acaso sea ésta: ¿le ha llegado la hora al catolicismo?

 
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