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Artigos: Mundo
Los BRICS en busca de una gobernanza económica alternativa PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Miércoles, 16 de Julio de 2014 10:17

Por Federico Steinberg.-

Lo que comenzó como un acrónimo simpático inventado por Jim O´Neill cuando era economista jefe de Goldman Sachs en 2001 para referirse a Brasil, Rusia, India y China (BRIC), los países no-OCDE más pujantes en aquella época, ha terminado por transformarse en un selecto club de potencias que quieren cambiar la gobernanza económica global. Así, estos días, en Fortaleza, Brasil, tendrá lugar la VI cumbre BRICS (a los cuatro originarios se les ha unido Sudáfrica), lo que constata que las reuniones de este grupo tan heterogéneo de países ya se han consolidado.

Y lo que intentarán conseguir es fácil de decir y difícil de instrumentalizar: buscan aumentar su influencia en el modo en el que se fijan las reglas del juego de la globalización, bien modificando los equilibrios de poder en las estructuras ya existentes, como el G-20, el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial o la Organización Mundial del Comercio (OMC), bien creando otras instituciones paralelas en las que los países avanzados no tengan influencia.

Desde Occidente es fácil criticar al grupo de los BRICS diciendo que es un constructo sui generis con pocas cosas en común cuyo único punto de unión es su descontento con el actual orden económico internacional, que se apoya en las instituciones creadas tras la Segunda Guerra Mundial bajo liderazgo estadounidense y que se ha adaptado poco a los nuevos tiempos de multipolaridad económica y declive relativo de Occidente. Y, si bien es cierto que en el grupo de los BRICS conviven democracias, autocracias y dictaduras; economías exportadoras de commodities con otras que devoran materias primas y energía; y potencias que aspiran a tener influencia global algún día con otras que bastante tienen con cuidar sus patios traseros; lo cierto es que representa el 40% de la población mundial y un cuarto de su PIB y que, si avanzan con iniciativas concretas, podrían empezar a lograr algunos cambios.

De momento, y con buen criterio, los BRICS han empezado por la cooperación económica, que es donde tienen una mayor sintonía. Es un área en la que se sienten cada vez más frustrados. Primero, porque en el G-20, donde por fin tienen voz (no sucedía así en el G-7/8), no ven que sus demandas se traduzcan en grandes avances, en especial en lo relativo a la coordinación monetaria internacional y las guerras de divisas, que tienen mucho que ver con el papel hegemónico que el dólar sigue jugando en el sistema monetario internacional (recordemos que el G-20, tras un periodo de protagonismo en 2008-2010, cuando sus acuerdos salvaron al mundo de una segunda Gran Recesión, lleva varios años sumido en la irrelevancia). Y, segundo, porque el Congreso estadounidense está bloqueando un acuerdo alcanzado en 2010 en el seno del propio G-20 para darle a los BRICS (y a otros emergentes) más voz en el FMI.

Es por ello que han propuesto crear dos instituciones nuevas que rivalicen con las de Bretton Woods (el FMI y el Banco Mundial): se trata de un Banco de Desarrollo y de un Fondo de Reservas común, cada uno dotado con 100.000 millones de dólares. El primero tendría como objetivo financiar proyectos, sobre todo infraestructuras, ya estos países necesitan llevar a cabo enormes inversiones públicas para poder sostener su potencial de crecimiento en los próximos años (sobre todo India, Brasil y Sudáfrica). El segundo serviría para proveer de liquidez a quienes tuvieran que enfrentarse a crisis financieras; es decir, aspiraría a sustituir al FMI, que tiene bastante “mala prensa” en las potencias emergentes desde sus actuaciones en la crisis asiática de 1997. Se trata, por tanto, de estructuras alternativas de financiación que no cuenten con la intromisión de los países ricos a la hora de tomar sus decisiones.

Se trata, sin duda, de una iniciativa que puede tener un impacto importante. Sin embargo, hay muchos interrogantes por resolver. Primero, habrá que ver si efectivamente se desembolsará el capital y si la estructura de gobernanza de ambos fondos puede ser pactada, algo que no será sencillo dado que China es mucho más potente y solvente que el resto de los BRICS (recordemos que iniciativas similares de cooperación monetaria y financiare como el Banco del Sur o el acuerdo de Chang Mai de momento no se han mostrado muy efectivos). Y segundo, habrá que ver si otros países emergentes recurren a estos fondos, en caso de que se acuerde que puedan hacerlo si se enfrentan a crisis financieras, optando así por dar la espalda al FMI, lo que tendría implicaciones geopolíticas de primer orden.

Por otra parte, esta iniciativa podría servir también para desatascar la reforma del FMI, algo que es necesario para adaptar la institución a los retos del siglo XXI.

En todo caso, los países avanzados harían bien en hacer un esfuerzo para encontrar un encaje adecuado para las potencias emergentes en las instituciones ya existentes. La consolidación de estructuras paralelas solo contribuirá a hacer más difícil la cooperación económica internacional y la gobernanza de la globalización, precisamente cuando ésta es más necesaria para gestionar los cambios en los equilibrios de poder que se están produciendo en la economía mundial por el auge de los BRICS.
Federico Steinberg

INFOLATAM

 
EL KURDISTAN Y EL CALIFATO PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Martes, 08 de Julio de 2014 14:35

THIERRYMEYSSAM

Por, Thierry Meyssan *

En pocas semanas están materializándose dos entidades a las que muy pocos concedían alguna posibilidad de concretarse: el Kurdistán y el Califato. Los acontecimientos están confirmando el análisis de Thierry Meyssan. Ambas entidades actúan estimuladas por Washington. Los hechos más recientes así lo demuestran.

Posted on July 8, 2014 by

Desde el momento de la caída de Mosul escribí que la actual guerra en Irak no podía verse como una acción del EIIL sino como una ofensiva combinada de los yihadistas y del gobierno local kurdo tendiente poner en aplicación el plan estadounidense de rediseño del país [1]. Fui el único en expresar ese juicio y esa visión de las cosas iba en contra de la corriente. Tres semanas más tarde, la justeza de ese análisis se ha hecho evidente.

La creación del Kurdistán

El 20 de junio, Israel compraba al gobierno local kurdo el petróleo robado en Kirkuk, ignorando el aviso internacional que el gobierno federal iraquí había emitido al respecto [2]. El tránsito del petróleo fue facilitado por el EIIL –que controla el oleoducto utilizado– y por Turquía, país que permitió el embarque del crudo en un tanquero en el puerto turco de Ceyhan.

PARAILUSTRARARTDETHIERRYMEYSSAN El 25 de junio, los partidos políticos kurdos de Irak dejaban de lado sus divergencias y formaban un gobierno local de unión. Hasta aquel momento habían estado divididos en dos grandes coaliciones, una coalición proturca y proisraelí encabezada por el Partido Democrático del Kurdistán (PDK) de los Barzani y otra proiraní y prosiria, dirigida por la Unión Patriótica del Kurdistán (UPK) de los Talabani. La unión de ambas facciones no habría sido posible sin un acuerdo previo entre Tel Aviv, Washington y Teherán.

Mendi Safadi, un político druso que sirve de enlace entre Israel y los Contras que operan en Siria, transmitía a Reuven Rivlin una carta del Partido Kurdo de Izquierda en Siria felicitándolo por su designación por el parlamento israelí como próximo presidente de Israel y exhortándolo a que respalde la creación de un Kurdistán independiente, que abarcaría parte de Irak y una porción de territorio sirio.

Los días 26 y 27 de junio, el ministro británico de Relaciones Exteriores William Hague visitaba Bagdad y Erbil. Conforme a lo previsto, llamó al primer ministro iraquí Nuri al-Maliki a formar un gobierno inclusivo, aunque sabía que ese llamado no sería escuchado. La exhortación –puramente formal– fue recibida con sorna en la prensa londinense, que estima que el consejo de Hague llegaba «un poquito tarde» [3]. El jefe de la diplomacia británica conversó después con Masud Barzani sobre la futura independencia del Kurdistán. Como a menudo sucede, el paso de los británicos es un momento decisivo.

El 29 de junio, el primer ministro israelí Benyamin Netanyahu rompió el tabú en Tel Aviv al anunciar, en un discurso pronunciado en el Instituto de Estudios para la Seguridad Nacional, que Israel respalda la creación de un Estado kurdo independiente. Pero se abstuvo prudentemente de precisar las fronteras, que siempre pueden evolucionar con el tiempo [4].

El 3 de julio, el presidente del gobierno local del Kurdistán, Masud Barzani, llamaba el parlamento local a organizar un referéndum de autodeterminación. No sorprendió a nadie que la Casa Blanca respondiera públicamente reiterando su apoyo a «un Irak democrático, pluralista y unido» mientras que, por otro lado, el vicepresidente Joe Biden recibía en privado al jefe de la oficina del señor Barzani, Fuad Hussein, para preparar el referéndum.

No parece que el PDK –mayoritario en Irak pero minoritario en Siria– sea capaz de organizar el referéndum simultáneamente en Irak y en Siria. Washington tendrá por consiguiente que conformarse con un Kurdistán separado del actual Irak y posponer sus planes de partición para Siria y Turquía. Por el momento, lo que está haciendo es multiplicar los mensajes apaciguadores en dirección de Damasco –está comunicándose nuevamente con el gobierno sirio– y de Ankara, que sin embargo no creen ni una palabra proveniente de Estados Unidos.

Lo que todo el mundo se pregunta es cuál sería la política exterior del nuevo Estado. Hasta el momento, los Barzani habían logrado crear un oasis de prosperidad, pero lo habían alineado con la política de Israel. Mantener esa línea sería modificar por completo la correlación estratégica en toda la región.

El espectro del Califato

Mientras tanto, el EIIL –rebautizado EI o Emirato Islámico– ha proclamado el Califato. En un extenso texto, lleno de lirismo y de constantes citaciones del Corán, anuncia que después de haber logrado imponer la sharia en el amplio territorio que controla en Siria e Irak su conclusión es que ha llegado la era del Califato. Anuncia que ha elegido como Califa a su jefe, Abu Bakr al-Bagdadi, y que todo creyente, donde quiera que se encuentre, debe obediencia a este Califa [5]. No se ha divulgado ninguna foto del nuevo jefe de Estado y nadie sabe a ciencia cierta si al-Bagdadi existe realmente o si el nombre del «califa Ibrahim» es algo así como el “coco” o el mítico “hombre del saco”.

Por otro lado, si bien la toma de la región norte de Irak tuvo una buena acogida en una parte del mundo musulmán lo más probable es que la pretensión de gobernar todo ese mundo en su conjunto concite reacciones menos favorables.

Al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) expresó su respaldo «a los héroes del Emirato Islámico» mientras que al-Qaeda en la Península Arábiga (AQPA) envió a ese grupo sus mejores deseos de éxito y victorias. Los demás grupos afiliados a al-Qaeda, como Boko Haram en Nigeria y los Shabaab en Somalia, también deberían sumarse próximamente a ese respaldo. Estaríamos asistiendo así a una mutación de al-Qaeda, que pasaría de la clasificación de red terrorista internacional a la categoría de Estado no reconocido.

En todo caso, el EI (ex EIIL) prosigue su avance, pero lo hace con prudencia. Sabe que puede combatir dentro de ciertos límites y trata de no interferir en los intereses de Washington y de sus aliados, aun cuando se trata de aliados circunstanciales. Por ejemplo, en Samarra el EI se abstuvo cuidadosamente de atacar los mausoleos de los imanes chiitas para no provocar a Irán.

Y ya se hacen oír en Washington numerosas voces que confirman el rediseño de Irak. Entre ellas se halla la de Michael Hayden, ex director de la NSA y de la CIA, quien dio a Fox News el siguiente veredicto: «Con la conquista por parte de los insurgentes de la mayor parte del territorio sunnita, Irak ya deja prácticamente de existir. La partición es inevitable.» Sus declaraciones vienen acompañadas de llamados a la intervención.

Por su parte, James Jeffrey, ex consejero de George Bush y posteriormente embajador de Barack Obama en Irak, comentó: «[Los yihadistas] nunca se han detenido, ni siquiera cuando yo estaba allá, en 2010 y 2011. Fueron totalmente derrotados y perdieron su población. Los perseguíamos y no lograron recuperarse. No hay manera de hacerlos entrar en razones, no hay cómo contenerlos, no se puede hacer otra cosa que matarlos.»

La prensa atlantista interpreta las posiciones expresadas en esas declaraciones como un debate entre partidarios de la división de Irak y defensores de la unidad del país mediante el uso de la fuerza. En realidad, el programa de Washington no puede ser más claro: dejar primeramente que los yihadistas dividan Irak (y quizás Arabia Saudita) para aplastarlos después, cuando hayan hecho el trabajo sucio.

Es con esa intención que el presidente Obama emprende consulta tras consulta y sigue dando largas al asunto, por el mayor tiempo posible. En franca violación de los acuerdos de defensa existentes entre Irak y Estados Unidos, Barack Obama envió solamente 800 hombres, de los que sólo 300 servirán de consejeros a las fuerzas armadas iraquíes. Los demás se dedicarán a garantizar la protección de la embajada de Estados Unidos. Al-Watan (Siria)

*Intelectual francés, presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Sus análisis sobre política exterior se publican en la prensa árabe, latinoamericana y rusa. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).

[1] «Washington reactiva su proyecto de división de lIrak»; «Yihadismo e industria petrolera»; «EIIL: Después de Irak, ¿quién será el próximo blanco?», por Thierry Meyssan, Al-Watan, Red Voltaire, 16, 23 y 30 de junio de 2014.

[2] “Israel accepts first delivery of disputed Kurdish pipeline oil”, por Julia Payne, Reuters, 20 de junio de 2014.

[3] «William Hague flies in to Baghdad with an appeal for unity – but it’s a bit late for that», por Patrick Cockburn, The Independent, 26 de junio de 2014.

[4] «Address by PM Netanyahu at the Institute for National Security Studies», PM’s Office, 29 de junio de 2014.

[5] «Proclamation du Califat», Réseau Voltaire, 1º de julio de 2014.

NUEVO ACCIÓN

 
Obama entre el sheriff y el predicador PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Lunes, 23 de Junio de 2014 12:02

Por CARLOS ALBERTOMONTANER.-

Barack Obama llegó a la Casa Blanca decidido a terminar con el injerencismo norteamericano. Se largaría de Irak y de Afganistán. Cerraría la cárcel de Guantánamo. Ignoraría el espasmo imperial de Putin o los exabruptos de Chávez y sus cómplices del Socialismo del Siglo XXI. Su divisa era “ mind your own business’’, ocúpate de tus propios asuntos.

Seguramente, le parecía ingenua la pretensión de George W. Bush de sembrar la democracia en el Medio Oriente. ¿Con cuáles demócratas? Obama formaba parte de esa extensa zona de la sociedad norteamericana que no comparte la idea de que Estados Unidos es un país excepcional, sino otra nación más, con intereses, virtudes y defectos, como les dijo a los mandatarios latinoamericanos cuando se reunió con ellos en Trinidad-Tobago, advirtiéndoles que los dejaba a la buena de Dios.

Hace pocas fechas, sin embargo, Obama anunció que desplazaba de nuevo 300 consejeros militares a Irak ante el embate de los yihadistas suníes contra el gobierno chiita de Maliki. Washington, a su pesar, no puede lavarse las manos e ignorar lo que allí sucede. Obama no va a desplegar tropas de infantería, pero sí expertos en la búsqueda de inteligencia para utilizar la aviación y los drones no tripulados en contra de estas tropas de ultrarradicales.

Los presidentes norteamericanos no tienen cómo ni dónde esconderse. A veces tienen que actuar como el sheriff del pueblo, y, a veces, como el predicador. La excepcionalidad del país no viene dada por un designio divino, sino por algo mucho menos misterioso: su tamaño, peso económico, militar, científico, demográfico, y su sentido de la responsabilidad.

Es muy sencillo: si, durante la Segunda Guerra, Estados Unidos hubiera sido, realmente, neutral, no habría habido Pearl Harbor (los japoneses atacan por el boycott norteamericano al petróleo), y Adolfo Hitler y sus aliados habrían controlado buena parte del planeta, al menos por un tiempo.

Si, tras el fin de ese conflicto, Harry Truman no hubiera montado la estrategia de contención, la URSS habría ganado la Guerra Fría, no se hubiera desintegrado, y todo el mundo, incluido Estados Unidos, hubiese pagado un alto precio por el aislacionismo americano. La pesadilla marxista-leninista continuaría vigente.

Incluso, la inhibición americana a veces genera consecuencias inesperadas y terribles. El 25 de julio de 1990 Saddam Hussein convocó a su palacio a la embajadora norteamericana April Glaspie para hacerle una pregunta clave: qué haría Estados Unidos si Irak invadía a Kuwait.

En esa época las relaciones entre Bagdad y Washington eran razonablemente buenas. Estados Unidos le había proporcionado armas y ayuda a Hussein durante la larga guerra que el país sostuvo contra el Irán de los ayatolas.

La embajadora, que sabía que Irak había trasladado cien mil soldados a la frontera con Kuwait, le respondió que, de acuerdo con sus instrucciones, ése era un asunto entre dos naciones árabes limítrofes que no involucraba a su nación. Hussein pensó que Estados Unidos estaba autorizando la invasión y una semana más tarde dio la orden de ataque.

Craso error. El 16 de enero de 1991, Estados Unidos, al frente de una coalición de 34 países, espoleados por Arabia Saudita, que se sentía en peligro, lanzó la Primera Guerra del Golfo, recuperó Kuwait y destruyó el aparato militar de Saddam Hussein.

Sólo que esa guerra sería el prólogo de una segunda, desatada en marzo del 2003, encaminada a encontrar armas de destrucción masiva, que nunca aparecieron, y a derrocar a un tirano que no era, por otra parte, cómplice de los terroristas de Al Qaeda.

¿En qué va a parar esta renovada (aunque limitada) presencia de soldados norteamericanos en Bagdad? Obama las utilizará para lanzar operaciones comandos o dirigir drones contra los enemigos, porque se ha aficionado a ese tipo de acciones, pero todo puede salirse de sus manos.

Por estas fechas, hace 100 años, comenzó la terrible Primera Guerra Mundial, y nadie puede explicar con total certeza por qué el asesinato de un oscuro príncipe austriaco en Sarajevo provocó la mayor matanza que había conocido la historia.

Cuando terminó el conflicto llegó el momento de los predicadores. Surgió la Liga de las Naciones, pero hicieron las paces de tal manera que dos décadas más tarde comenzó la Segunda Guerra. Entonces aparecieron los sheriffs a poner orden.

Es un cuento que nunca se acaba.

Periodista y escritor. Su último libro es Otra vez adiós.
EL NUEVO HERALD

 
El derecho a decidir PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Sábado, 31 de Mayo de 2014 21:28

Por Pedro Corzo.-

En Estados Unidos y quizás en otros países, hay quienes con frecuencia acusan de intolerantes a aquellas personas, entidades o gobiernos que en defensa de sus convicciones y valores, rechazan a quienes pretenden imponer principios, creencias y gustos, contrarios a sus inclinaciones naturales.

Son muchas las ocasiones en que los derechos de unos entran en confrontación con los de otros, y esto no siempre sucede en asuntos transcendentales como las creencias religiosas o los conceptos ideológicos, ocurre también cuando la música del vecino se escapa de sus paredes o cuando el estacionamiento está ocupado por un vehículo extraño.

Pero es interesante apreciar que la mayoría de las personas son más propensas a confrontar esos abusos, que rechazar enérgicamente las intromisiones intangibles que pueden alterar los fundamentos sobre los cuales se desenvuelve su existencia.

Con frecuencia se reacciona enérgicamente ante situaciones de menor cuantía, pero las más de las veces se es indiferente o negligente ante circunstancias que pueden alterar de forma definitiva los conceptos más fundamentales  y la calidad de vida.

Cierto que la convivencia y el respeto empiezan por aceptar el espacio físico y ético del otro, sin que ninguna de las partes atente contra la otra individualidad, pero la realidad es que tampoco se debe aceptar la imposición de normas  y valores que no se comparten.

Es un derecho inalienable pensar y actuar de acuerdo a las propias convicciones,  siempre y cuando, parafraseando a Benito Juárez, se respeten los derechos del prójimo.

La defensa de los valores y creencias no es en ningún modo intolerancia, sin embargo la intransigencia si hace acto de presencia cuando un sector pretende imponer una religión, pensamiento o tipo de conducta determinada, a aquellos que no comparten sus convicciones o costumbres.

Lamentablemente muchas personas por actuar en el marco de lo que algunos denominan políticamente correcto evitan o rechazan oponerse a lo que le disgusta. Callan o se abstienen, según el caso, sin percatarse que sus derechos son marginados y la agresividad de la otra parte reduce cada vez más las oportunidades de actuar en base a sus propias normas de conducta,  cultura o creencias religiosas.

Es un deber ser consecuente con las propias convicciones, aunque eso genere críticas entre aquellos que piensan de manera diferente. Defender los derechos,  las opiniones que se tenga,  es obligación de todo ciudadano aunque se encuentre sometido a un régimen autoritario,  porque de no hacerlo, su espacio vital será cada vez más reducido.

En las sociedades donde existe un control político estricto es muy difícil disentir. Rechazar la intromisión del estado o sus representantes en los aspectos en los que el individuo es soberano, puede implicar represalias de parte de las autoridades, pero aun así se debe hacer, porque las alternativas son perder la identidad y vivir en una doble moral.

Defender la identidad no significa estar contra la diversidad u oponerse a lo diferente, sino estar a favor de los valores que componen los propios referentes existenciales y anteponerlos a los ajenos, lo que no significa exclusión o veto de lo foráneo.

Los progresos en las comunicaciones y el transporte, la intensificación del comercio mundial, o para ser más preciso, la globalización, son condiciones que favorecen la relación entre lo "diferente", pero también los conflictos, por lo que los factores extremistas de cualesquiera de las partes en contacto, tienden a promover situaciones que afectan la estabilidad de una familia, de la comunidad nacional y hasta mundial.

Personalidades tan contrapuestas en cultura e ideologías como el presidente de Rusia, Vladimir Putin y John Howard,  quien fuera Primer Ministro de Australia, coinciden en defender los valores y tradiciones de sus respectivas naciones sin temor a críticas o demandas públicas. Por ejemplo el mandatario ruso expresó, “todos los países deben tener fortaleza militar, tecnológica y económica, pero no obstante lo principal que determinara el éxito es la calidad de los ciudadanos, la calidad de la sociedad, su fortaleza intelectual, espiritual y moral”.

Howard, dijo, “Aceptamos sus creencias y sin preguntar por qué. Todo lo que pedimos es que Usted acepte las nuestras, y viva en armonía y disfrute en paz con nosotros.”

Lo más constructivos es enfatizar las creencias y valores que conforman la identidad personal o nacional, sin que eso signifique xenofobia. Por otra parte también hay que estar dispuesto a asimilar lo exótico, mientras sea provechoso y útil para los paradigmas sobre los que se fundamenta la conducta y las aspiraciones del individuo y la sociedad a la que pertenece.

Defender las propias convicciones e intereses no es victimizar a las minorías,  tampoco lo es rechazar el proselitismo que estas puedan practicar, simplemente es el derecho de pensar y actuar libremente sin temer a coacciones de cualquier género o procedencia.

 
La primavera de la Iglesia PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 27 de Abril de 2014 11:35

Por Juan José Tamayo.-

Pocos días después de la elección de Francisco comenzaron las comparaciones del papa argentino con Benedicto XVI y Juan XXIII: con el primero, destacando las diferencias; con el segundo, los parecidos, que han vuelto a manifestarse con motivo de la canonización de Juan XXIII y de Juan Pablo II el próximo 27 de abril. Se refieren a la cálida y espontánea corriente de comunicación de ambos con el público. La campechanía de Juan XXIII rompía con el hieratismo de su predecesor Pío XII. La sencillez de Francisco contrasta con el gusto por el protocolo de Benedicto XVI.

El parecido se aprecia también en la avanzada edad en el momento de la elección papal de ambos: 77 años, que, no obstante, se disimulan por la vitalidad, la creatividad y los gestos llenos de humanidad poco acordes con los títulos que ostentan: sumo pontífice de la Iglesia universal, vicario de Cristo, santo padre, sucesor del príncipe de los apóstoles, soberano del Estado de la ciudad del Vaticano, etcétera. A ello hay que sumar su permanente capacidad de sorpresa. En la Navidad de 1958, Juan XXIII, recién elegido papa, visitó el Hospital del Niño Jesús para niños con poliomielitis y la cárcel Regina Coeli, junto al Tíber, donde abrazó a un preso condenado por asesinato que antes le había preguntado si había perdón para él. Se reunió con un grupo de personas discapacitadas y con otro grupo de chicos de un orfanato. Luego se encontró con el arzobispo de Canterbury, Geoffrey F. Fissher, y recibió a Rada Kruchev, hija del presidente de la URSS, y a su esposo.

Francisco no ha dejado de sorprender desde que abandonó su Buenos Aires querido y fue elegido papa con gestos significativos: renuncia a vivir en el Vaticano; cese de obispos por llevar una vida escandalosamente antievangélica; auditoría externa para investigar la corrupción del Banco Vaticano; disponibilidad a revisar la normativa sobre la exclusión de la comunión eucarística a los católicos divorciados y vueltos a casar; viaje a Lampedusa y grito indignado de “¡Vergüenza!” como denuncia por los cientos de inmigrantes muertos y desaparecidos ante la indiferencia de Europa; respeto a las diversas identidades sexuales, etcétera. Recientemente nos ha vuelto a sorprender al celebrar el día del “Amor fraterno” en un centro de personas discapacitadas de diferentes continentes, religiones, culturas y etnias, donde se ha arrodillado y lavado los pies a 12 de ellas. El ejemplo no es baladí: queda fijado primero en la retina, luego en la mente y debe traducirse en una práctica compasiva y solidaria, si no quiere convertirse en rutina.

Bergoglio es igualmente consciente de estar viviendo un tiempo nuevo

Pero, a mi juicio, las semejanzas entre Juan XXIII y Francisco van más allá de su talante y de sus gestos. La sintonía se manifiesta en su espíritu reformador del cristianismo con la mirada puesta en el Evangelio desde la opción por el mundo de la exclusión y el compromiso por la liberación de los empobrecidos. Juan XXIII y Francisco coinciden en la necesidad de construir una “Iglesia de los pobres”. El papa Roncalli fue el primero en utilizar esta expresión en un mensaje radiofónico el 11 de setiembre de 1962: “De cara a los países subdesarrollados, la Iglesia se presenta como es y quiere ser: la Iglesia de todos, y, particularmente, la Iglesia de los pobres”. La idea apenas tuvo eco en el aula conciliar, pero se hizo realidad en las decenas de miles de comunidades eclesiales de base que surgieron en América Latina y otros continentes, y en la teología de la liberación, que la convirtió en santo y seña del cristianismo liberador.

Francisco expresó el mismo deseo en una rueda de prensa multitudinaria con periodistas que habían seguido el cónclave, a quienes contó algunas interioridades del mismo. Cuando hubo logrado los dos tercios de los votos, el cardenal Claudio Humes, arzobispo emérito de São Pâulo, le abrazó, le besó y le dijo: “No te olvides de los pobres”. Tras esta confesión y en un arranque de sinceridad, les dijo a los periodistas: “¡Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres!”. Adquiría así públicamente un compromiso que le obligaba a hacer realidad aquel deseo. ¿Lo hará?

Juan XXIII era consciente de que la humanidad estaba viviendo un cambio de era y la Iglesia católica no podía volver a perder el tren de la historia, sino que debía caminar al ritmo de los tiempos. Era necesario poner en marcha un proceso de transformación de la Iglesia universal en sintonía con las transformaciones que se sucedían en la esfera internacional. Francisco es igualmente consciente de estar viviendo un tiempo nuevo, lo que le exige dejar atrás los últimos 40 años de involución eclesial que pesan como una losa y activar una nueva primavera en la Iglesia en sintonía con las primaveras que vive hoy el mundo: la primavera árabe, el movimiento de los indignados, los Foros Sociales Mundiales, etcétera. Bergoglio tiene un compromiso con la historia que no puede eludir: ¡primavera eclesial, ya! ¿Lo cumplirá?

EL PAÍS; ESPAÑA

Juan José Tamayo es director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones de la Universidad Carlos III de Madrid, y autor de Invitación a la utopía (Trotta, 2102) y Cincuenta intelectuales para una conciencia crítica (Fragmenta, 2013).

 
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