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Artigos: Mundo
El Califato y la Globalización del Terror PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Viernes, 12 de Septiembre de 2014 13:42

Por Pedro Corzo.-


Las acciones terroristas que desarrolla el Estado Islámico en Siria e Irak, y la capacidad que tienen de extenderle a otras regiones y países con el concurso de militantes de diferentes latitudes, demuestran que el proceso de globalización del terror se encuentra en su momento culminante.

En el siglo XX las ideologías totalitarias fueron las principales amenazas a los valores más trascendentes de nuestra civilización.

El nazismo, fascismo y comunismo trataron de imponer modelos políticos contrarios a la naturaleza humana y para hacerlo recurrieron a la violencia extrema, practicaron el terrorismo y la subversión llevando muerte y desolación.

El nazifacismo provocó la segunda guerra mundial con una secuela de sangre y dolor sin precedentes. El comunismo soviético-chino y los que siguieron sus huellas, según cálculos modestos, causaron a la humanidad al menos la muerte de cien millones de personas.

En la pasada centuria también hubo muestras de terrorismo político y religiosos. Grupos en diferentes países, arguyendo distintos argumentos, hicieron uso de la fuerza extrema causando la muerte de miles de personas.

En la historia están los crímenes de la Facción del Ejercito Rojo alemán, las Brigadas Rojas italianas, la violencia del IRA como también están los numerosos asesinatos de los Tupamaros uruguayos, Los Montoneros argentinos, Sendero Luminoso peruano y los siempre presentes de las guerrillas colombianas de las FARC y el ELN.

 

 

 

En este periodo también se reactivaron organizaciones árabes que estaban inspiradas en un fiero nacionalismo aderezado con valoraciones ideológicas y religiosas. Estas agrupaciones realizaron decenas de actos de terror. El asesinato de deportistas israelíes en las Olimpiadas de Munich, 1972. La voladura del vuelo 103 de Pan Am en Lokerbie, Escocia en 1988, ejecutado por el gobierno libio de Muamar Khadafi.

 

En Argentina, inspirados en el terrorismo religioso se produjeron atentados contra la embajada de Israel en Buenos Aires, 1992, y la voladura de una mutual judía, AMIA, dos años después.

 

Ambos hechos debieron alertar que el terrorismo islámico había hecho acto de presencia en America Latina, algo que en cierta medida se reafirmaba con el primer atentado terrorista contra las Torres Gemelas de Nueva York, hechos que debieron ser apreciados como una muestra de la amenaza global del terrorismo islámico.

 

El 11 de septiembre del 2001 el mundo cambió. Los ataques de ese día auguraban el presente. La violencia extrema e indiscriminada, inspirada en el extremismo islámico, envolvía una nueva impronta.

 

El terrorismo islamita seguía con su carácter devoto pero se internacionalizaba. Sus ejecutores eran de diferentes países, porque la organización que gestó el crimen, Al Qaeda, había sido capaz de crear franquicias para cometes asesinatos en su nombre.

 

El terrorismo se globalizó, no solo el islámico, al extremo que las organizaciones terroristas intercambian armas, experiencias, recursos y zonas de adiestramiento, como si fuesen estados constituidos cumpliendo obligaciones internacionales.

 

 

Hasta el presente es el Medio Oriente el espacio donde con más frecuencia y fuerza se manifiesta el terrorismo musulmán, pero es de espera que se extienda al resto del mundo como ha manifestado el líder del estado islámico Abu Bakr al Baghdadi, quien se autonombra Califa y descendiente de Mahoma.

 

Baghadadi, iraquí por nacimiento, abandonó Al Qaeda por ser más extremista que el grupo que lo acogía, se ha propuesto crear un califato asentado en tres continentes, Asia, África y Europa. Sus tácticas brutales y despiadadas lo han convertido en el símbolo que inspira a muchos de los que creen que la violencia extrema es el camino más apropiado para llegar a cualquier parte, con la singularidad que ha ganado adeptos en muchos países no islámicos que pueden convertirse en máquinas de matar en cualquier momento.

La transnacionalizacion del terror es el principal reto que enfrentan las democracias en el siglo XXI. El enemigo tiene rostro pero lo cambia con frecuencia. El enemigo puede comerciar y hasta recibir una ayuda humanitaria de nuestra parte en el mismo momento que se está preparando para destruirnos. El enemigo no comparte nuestra moral ni sufre crisis ética. El enemigo esta frente a nosotros y no lo vemos. Es capaz de mimetizarte, ser uno de nosotros hasta que logre nuestra extinción.

Los nazis intentaron destruir el judaísmo, y el comunismo se propuso acabar con las formas de vida de Occidente. El nazismo y el comunismo, este último una especie de religión, se extendieron por el mundo pero sus proyectos fracasaron.

 

Ejemplos de los muchos episodios en la historia de la humanidad en que grupos de iluminados han intentado imponer sus conceptos a través de la fuerza y el terror, lo que sucede en esta ocasión, es qué aunque no logren la victoria, el resultado puede ser devastador, por el posible acceso a las armas de destrucción masiva.


 
¿Y SI DESAPARECIERA EL DÓLAR? PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Sábado, 23 de Agosto de 2014 13:04

Por Alain de Benoist –El Manifiesto.-

Durante mucho tiempo el dólar ha sido la moneda del mundo dominante. Parece, sin embargo, que esta supremacía se ve amenazada. ¿Se está convirtiendo el dólar en un tigre de papel?

Todo el mundo sabe que Estados Unidos se benefician sumamente del hecho de que su moneda nacional sea también la unidad de cuenta utilizada como moneda internacional de transacciones y de reserva. Es este “privilegio exorbitante”, como dijo el ex presidente francés Giscard d’Estaing, lo que ha permitido hacer financiar su deuda por países extranjeros obligados a acumular reservas de títulos denominados en dólares para comerciar con los demás (empezando por los “petrodólares” que les permiten comprar petróleo), exportando de tal modo su inflación y obteniendo un montón de bienes a un coste artificialmente bajo por el mero hecho de su capacidad para imprimir cantidades casi ilimitadas de papel moneda. Ahora bien, es esta supremacía la que ahora se ve amenazada.

En la Cumbre de Fortaleza, celebrada los pasados 15 y 16 de julio, el grupo de los BRIC (Brasil, Rusia, India, China, América Latina y Africa del Sur, es decir, el 42,6 por ciento de la población mundial) decidió crear un Banco de desarrollo y un Fondo de estabilización de las reservas monetarias que cumplirán las mismas funciones que el Banco Mundial y el FMI, dos instituciones ampliamente dominadas por los Estados Unidos desde su creación. El nuevo banco, con un capital inicial de 100.000 millones de dólares, tendrá su sede en la capital económica de China —Shanghai— y usará tan sólo monedas de países emergentes. Es el acuerdo financiero multilateral más importante firmado desde 1945. El dólar así ve de tal modo corroído su monopolio, mientras que el Banco Mundial y el FMI pierden una parte de sus medios exclusivos de presión.

Otro acontecimiento destacable: la firma, en mayo, de  un gran acuerdo sobre el suministro de gas ruso a Beijing por un importe de 400.000 millones de dólares. Este acuerdo energético, establecido para un período de treinta años del que no se conocen todas las cláusulas, se negociará en renminbis (yuanes) o en rublos, no en dólares. Por lo demás, ya se habían ido multiplicando en los últimos años los pagos recíprocos en divisas nacionales, los cuales desbancan al dólar. El acuerdo Rusia-China, al tiempo que confirma la voluntad de Vladimir Putin  de acercarse aún más estrechamente a China para responder a la ofensiva lanzada contra él por Estados Unidos, marca un paso decisivo en esta dirección. Otros clientes de Gazprom ya han pasado del dólar al euro. Rusos y chinos han decidido monetariamente dar la espalda a Estados Unidos.

Para el poeta norteamericano Ezra Pound, la creación de la Fed (Reserva Federal), el pasado siglo, es un poco el robo del siglo. ¿Es un poco exagerado?

Se trata de una metáfora. Lo que se debe recordar sobre todo es que la Reserva Federal, creada oficialmente el 23 de diciembre de 1913 bajo la Presidencia de Woodrow Wilson, es un sindicato de bancos privados que tiene sus orígenes en una reunión que, tres años antes, habían celebrado un grupo de banqueros de inversión. Paul Warburg fue su primer presidente. Todo esto es recordado abundantemente en los libros de Antony Sutton y Eustace Mullins. Como el dólar es el estándar del valor monetario en el sistema bancario, la Reserva Federal se ha convertido de hecho el Banco Central del sistema monetario mundial. Crea dinero de la nada y se lo presta contra remuneración al gobierno norteamericano. Cuanto más importantes son los déficits, más se enriquece. Ahora bien, la deuda estadounidense, que sólo era 909.000 millones de dólares en 1980, ¡es ahora de 17.650 millones de dólares!

El poder de una nación depende en gran medida de su moneda. La del dólar es cada vez más virtual, como consecuencia de la constante impresión de billetes y de la astronómica deuda pública. ¿Podría su eventual caída acarrear la de los Estados Unidos?

Hace ya muchos años que un cierto número de países, empezando por China y Rusia, deseaban establecer un nuevo sistema financiero internacional que dejara de estar basado en el dólar. Los últimos acontecimientos perturban claramente el “nuevo orden mundial” nacido de los acuerdos de Bretton Woods el 22 de julio de 1944, que impusieron el dominio del “consenso de Washington”, es decir, la hegemonía del dólar en las transacciones internacionales (hegemonía aún más reforzada después de la decisión de Nixon de desvincular el dólar del oro en 1971). Al mismo tiempo que afectaría a todos los países que tienen sus reservas de divisas extranjeras en dólares, la caída de la moneda norteamericana debilitaría considerablemente a Estados Unidos. Si los países del mundo dejan de utilizar el dólar en sus transacciones, el nivel de vida de los norteamericanos incluso podría derrumbarse de un día a otro.

Así pues, la nueva arquitectura global de un emergente mundo multipolar ya no tendrá su centro de gravedad en el dólar. Como lo han declarado los líderes chinos, ello equivale a “desamericanizar” el mundo. es todo el sentido político y geopolítico de la “desdolarización” en curso. Después de una hegemonía del dólar que ha durado 70 años (tantos como la Unión Soviética), estamos ante un hecho histórico decisivo que permite comparar la caída del muro del dólar a la del muro de Berlín. Seguro, sin embargo, que pasará desapercibida ante los ojos de quienes sólo se interesan por las anécdotas de la politiquería…

NUEVO ACCIÓN

 
Salvar a los yazidis PDF Imprimir E-mail
Escrito por Tomado de INFOBAE   
Jueves, 21 de Agosto de 2014 13:35

Por Carlos Alberto Montaner.-

Setecientas mil personas, los yazidis, corren el riesgo de ser asesinadas. Los criminales militantes del Estado Islámico –esa entidad sanguinolenta que ha surgido súbitamente en el Medio Oriente—ya ha matado a unos cuantos centenares. No han sido más porque huyeron y se escondieron. Los liquidan  y a veces violan a las mujeres antes de degollarlas.

La persecución se afinca en una horrenda tradición medieval todavía vigente dentro de una buena parte del islamismo árabe: rechazan toda expresión del pluralismo religioso. Los yazidis tienen otro Dios y otras creencias muy antiguas, así que está en marcha su exterminio. No hay más Dios que Alá ni más profeta que Mahoma. Al que crea o diga algo diferente, literalmente, le arrancan la cabeza. Con los cristianos, calificados como nazarenos, tienen la extraña cortesía de crucificarlos antes de matarlos.

Los yazidis son kurdos, pero la inmensa mayoría de sus compatriotas profesan el islamismo y se hacen de la vista gorda cuando los masacran los fanáticos empeñados en revivir el Califato. El Peshmerga, el ejército kurdo, no los quiere. La población los acusa, falsamente, de adorar al demonio. Mientras los kurdos claman por su derecho al autogobierno, le niegan la sal y el agua a los yazidi, una minoría dentro de la minoría.

El presidente Obama ha hecho bien en tratar de amparar a los yazidis. Toda nación seria y compasiva tiene “la responsabilidad de proteger”, como establece el departamento de la ONU dedicado a la prevención del genocidio. Es un derecho nuevo que cristalizó abonado por la sangre copiosa de las víctimas ruandesas  cuando los hutus aniquilaron a un millón de tutsis a mediados de la década de los noventa. Es verdad que Estados Unidos no puede proteger a todo el mundo todo el tiempo, pero sí puede y debe, cuando es factible, impedir estas obscenas carnicerías.

Los yazidis, lógicamente, están tratando de emigrar a donde los acojan. Escapan para salvar sus vidas. Se sienten, supongo, como los judíos alemanes tras las Leyes de Núremberg dictadas por Hitler en 1935. Era cuestión de tiempo que los asesinaran. Tenían que irse, comprar visas hacia cualquier parte, adquirir pasajes a precio de oro. Era obvio que la pesadilla nazi terminaría en el Holocausto.

Bastaba leer los papeles de Hitler para confirmarlo.

Los yazidis saben lo que les espera y están tratando de emigrar a Estados Unidos, Canadá y Europa. Nadie habla de América Latina. ¿Por qué? Si los latinoamericanos fueran, realmente, solidarios y tolerantes, deberían extenderles visas de residencia a muchas familias yazidis.

Al fin y al cabo, casi todos los grupos de inmigrantes asentados en América Latina han sido benéficos para el país que les abrió los brazos. Y no sólo se trata de los españoles y portugueses, parientes cercanos fácilmente asimilables, sino de los japoneses, chinos, libaneses, sirios y judíos que llegaron a América Latina en un número considerable, sin saber el idioma y devotos, además, de dioses y ritos ajenos a la tradición nacional, lo que no impidió que crearan considerables riquezas con su trabajo intenso e innumerables familias mixtas.

¿Es tan difícil que cada país latinoamericano se proponga salvar a unos cuantos millares de familias yazidis? Como los gobiernos no suelen ser buenos samaritanos, quienes tienen que organizar esa labor de rescate son los miembros de la sociedad civil. Désele el visto bueno y pídasele colaboración a las iglesias, a las logias masónicas y a los clubes cívicos, para que contribuyan a salvar a los yazidis, y mostrarán sus mejores instintos.

Los cubanos podemos entender mejor que nadie esta “responsabilidad de proteger” por una razón mala y otra buena.

La mala sucedió en 1939 cuando el gobierno de La Habana rechazó el barco Saint Louis que traía a bordo 936 judíos que habían pagado por sus visas para poder escapar del horror nazi. El gobierno no los dejó desembarcar y debieron regresar a Europa. Pocos meses después estalló la Segunda Guerra y una buena parte de esas personas que los cubanos no quisieron proteger murieron en la cámara de gas. Vergüenza eterna.

La buena ocurrió veinte años más tarde, cuando se instauró un régimen estalinista en Cuba y comenzó un éxodo que no ha cesado hasta hoy. Estados Unidos ha acogido y protegido a casi dos millones de refugiados cubanos. Sumados sus descendientes, la cifra debe andar por los cuatro o cinco. A otra escala, pero generosamente, también lo hicieron la Venezuela democrática prechavista, España y Costa Rica. Fue en esta terrible circunstancia cuando muchos cubanos aprendimos lo que vale una mano amiga cuando se cierran todas las puertas.

 
La beligerancia de Hamas sabotea cualquier solución pacífica PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Lunes, 28 de Julio de 2014 10:06

Por: George Chaya.-

No hubo nunca ningún eslogan más poderoso y exitoso en la propaganda del radicalismo durante el siglo XX y lo que va del XXI como la frase: “El fin de la ocupación”.

Estas cinco palabras no solo han logrado revertir la derrota árabe de la guerra de 1967, sino que han sido el disparador del estado de confrontación permanente en el conflicto palestino-israelí en ámbitos tan disimiles como encontrados donde los medios de prensa, la opinión pública y hasta los organismos internacionales han sido objeto de su influencia. Todo ello ha tenido lugar, con la salvedad y el ocultamiento, de que nunca antes se utilizó tal eslogan en referencia a la ocupación que ejerció Jordania -como ocupante árabe- entre 1948 y 1967 de lo que los palestinos reclaman desde la victoria israelí de la Guerra de los Seis Días.

Si algo ha hecho bien la maquinaria de propaganda opositora a la creación y el reconocimiento del Estado israelí ha sido la utilización y el rédito del eslogan, aunque ello no ocurrió jamás de forma inversa en referencia a Jordania. Nada de esto se escuchó en 1937 cuando la Comisión Peel emitió su informe, ni en 1947 cuando Naciones Unidas recomendó la partición de Palestina Occidental en un Estado árabe y otro judío. Tampoco sucedió entre 1948-1964, en aquellos años no tuvo lugar ninguna objeción o reclamo de grupo étnico alguno sobre ese territorio que cualquier pueblo árabe podría haber reclamado y obtenido para sí a través de una rápida decisión de la Liga Árabe después de que ese territorio había sido étnicamente limpiado de judíos que habían vivido allí antes de 1948.

Lo cierto es que los palestinos irrumpieron en la comunidad internacional en 1964 y ello ocurrió cuando se promulgó la Carta de la OLP cuyo artículo 1º indica: “Palestina es la patria del pueblo palestino árabe; es parte indivisible de la nación árabe, y del mismo modo, el pueblo palestino es parte integral de la nación árabe”. El artículo 5º de la Carta señala: “Los palestinos son nacionales árabes que hasta 1947, residían en Palestina independientemente de si fueron desalojados de la misma o si se hubieran quedado allí, y toda persona nacida después de esa fecha de un padre palestino dentro o fuera de Palestina es también considerada un palestino”.

Diez años más tarde, el 13 de noviembre de 1974, el líder de la recién creada entidad, Yasser Arafat, dijo ante la Asamblea General de Naciones Unidas que la OLP había ganado su legitimidad debido a su sacrificio y al liderazgo dedicado a la lucha por la liberación de su tierra. Arafat sostuvo que su organización fue elegida por las masas palestinas para liderar esa lucha y esta legitimidad que menciono el líder de la OLP se vio luego fortalecida por el apoyo de los demás países árabes, y fue consagrada durante la Conferencia árabe de aquel mismo año la cual ratifico el derecho y liderazgo de la OLP como el único representante del pueblo palestino para establecer un Estado nacional e independiente en todos los territorios palestinos liberados en el futuro.

Sin embargo, desde el 2011, la legitimidad, la función y el liderazgo de la OLP está sometida a interrogantes por su disputa y continuos choques con el movimiento de resistencia islámico palestino Hamas, que ha impugnado toda acción política de la OLP y ha rechazado cada opción de reconciliación entre las dos agrupaciones. En la actualidad, se disputan la representación de los palestinos en lo que configura un conflicto interno que ya lleva diez años y no parece que vaya a resolverse dadas las distancias en los objetivos políticos y estratégicos en el liderazgo de ambos grupos.

En consecuencia, los esfuerzos para alcanzar a una solución pacífica al conflicto palestino-israelí han sido obstaculizados siempre internamente, ya por la beligerancia de Hamas como por la negativa de la OLP a reunirse y llevar adelante negociaciones directas con Israel. Esto nunca ha sucedido en los últimos años, pero incluso si llegara a ocurrir mañana, la perspectiva de cualquier éxito sería extremadamente improbable dada la debilidad actual de la OLP y del gobierno de Mahmud Abbas frente a su contraparte interna de Hamas, que ha prometido continuar la lucha armada hasta expulsar a cada judío de la tierra que denominan ocupada.

La pregunta que pocos se efectúan en los organismos internacionales es: ¿qué dice o hace Jordania dentro de esta situación de crisis extendida? La respuesta la ha dado el propio secretario de asuntos regionales del Reino Hachemita al informar que Jordania abandonó toda pretensión sobre Judea y Samaria (Cisjordania) y Jerusalén Oriental en 1988, y es claro que no ha mostrado desde ese año ningún interés por estos asuntos que considera ajenos a los intereses del Reino.

Lo concreto es que estos males y esta distorsión de la realidad histórica implican en el fracaso de las Naciones Unidas en reconocer los siguientes e irrefutables hechos, a saber:

a) Que las disposiciones del artículo 80 de la Carta de las Naciones Unidas reservan al pueblo judío el derecho a constituir un Estado nacional judío que incluye Judea, Samaria y Jerusalén Oriental de conformidad con las disposiciones establecidas en el artículo 6° del Mandato para Palestina.

b) que las Resoluciones 242 y 338 del Consejo de Seguridad de la ONU siguen siendo las únicas herramientas jurídicas internacionalmente exigibles y aceptadas para resolver el conflicto entre palestinos e israelíes.

El fracaso de la ONU en trabajar sobre estos principios básicos del derecho internacional y sobre su implementación, respeto y observancia ha demostrado todos estos años ser el principal obstáculo para resolver el conflicto entre judíos y árabes. El propio Yasser Arafat declaró ante las Naciones Unidas el 13 de diciembre de 1988: “Nuestra gente no quiere ningún derecho que no tenga y que no sea compatible con las leyes y la legalidad internacional”, y agregó: “Los palestinos no pretendemos libertades que invadan las libertades de los demás, ni deseamos ningún destino que niegue el destino de otros pueblos y personas”.

Sin embargo, desde entonces, cediendo a la presión de la Liga árabe y la Organización de la Conferencia Islámica, el mencionado organismo ha sucumbido a un sinfín de resoluciones de la Asamblea General que han sepultado cualquier tipo de leyes y fundamentalmente a la legalidad internacional.

En consecuencia, lo que debería hacer Naciones Unidas es resucitar, debatir y aplicar el derecho internacional en el marco de la legalidad perdida. Esto configurará la única posibilidad de poner fin al conflicto palestino-israelí y, cuanto antes se inicie este proceso, más posibilidades habrá de que regrese la cordura al Oriente Medio.

 
Obama atrapado en la crisis de los niños migrantes PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Jueves, 17 de Julio de 2014 13:30

Por Maria Teresa Romero.-

El drama de casi 60 miles menores que han huido de México, Honduras, Guatemala y El Salvador en busca de una visa humanitaria que les permita residir en Estados Unidos, ha provocado que la atención del presidente Barack Obama se vuelva, al menos por un rato, a América Latina y se desprenda de lo que sucede en Irak, Irán, Afganistán, Siria, Egipto, Palestina, Israel y demás conflictivos países del Medio Oriente.

(Especial Infolatam).- El problema del tráfico de niños que ingresan solos e ilegalmente especialmente desde Centroamérica a la frontera sur de EE.UU, no es nuevo. Al menos desde 2013 está sucediendo en forma significativa, sea para reunirse con sus padres ya en territorio estadounidense,  para huir de la violencia en sus respectivos países, o a causa del control y manipulación que sobre ellos ejercen  los cárteles de la droga. Pero es ahora, cuando la prensa y los medios de comunicación en general estadounidenses difunden como nunca antes el problema y hacen que se convierta en un tema de dimensión nacional e internacional, que el presidente Obama lo califica de “crisis humanitaria” y se aboca realmente a su solución.

Así, además de tomar medidas inmediatas tales como el desarrollo de encuentros diplomáticos con los presidentes de los países involucrados, la puesta en marcha de una campaña en español sobre los riesgos de cruzar la frontera y la apertura de nuevos centros de albergues para los niños, la administración Obama ha solicitado  al Congreso de su país la extensión de sus capacidades para  la aprobación de normas tendentes a acelerar la deportación de los niños procedentes de Centroamérica –como sucede con el proceso de deportación de niños que migran desde México-; la aprobación de un financiamiento de emergencia por más 3.700 millones de dólares para frenar la actual crisis, cuidando  más adecuadamente a los niños detenidos  y reforzando la seguridad en las áreas limítrofes; y el aumento de las penas para los responsables del tráfico ilegal de  los inmigrantes. Obama ha planteado enviar de regreso a sus respectivos países a unos  45 mil niños.

No obstante, estas medidas para cambiar la política de deportaciones, que se darían bajo acción ejecutiva, han causado un pandemonio en la política estadounidense, un debate nacional sin precedentes en el tema y un adelanto de  la campaña electoral entre los partidos Demócrata y Republicano  para las elecciones legislativas del próximo noviembre.

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Barack Obama está atrapado y sin salida visible en este tema tan sensible para la sociedad y la política estadounidense

Por una parte, la Cámara de Representantes de mayoría de legisladores pertenecientes al partido Republicano, la misma que se opone a la reforma migratoria de Obama y le pide más y más rápidas deportaciones,  no quiere ahora que el Presidente tome acciones ejecutivas. El Presidente de esa Cámara Baja, John Boehner, amenazó a Obama con demandarle por abuso de poder y  “unilateralista”, y la ex gobernadora de Alaska, Sarah Palin, opinó que se debe impugnarlo por su actuación en torno a la crisis migratoria.

Los legisladores republicanos –sin pruebas mediantes-  acusan a la administración Obama de permitir el ingreso de los niños centroamericanos a los Estados Unidos con el supuesto objetivo de presionar al Congreso a que apruebe de una vez por todas la reforma a la ley de inmigración.

Por otro lado, al  menos 30 legisladores demócratas y un buen grupo de aliados  activistas sociales piden a Obama no sólo que utilice su autoridad ejecutiva para frenar las deportaciones de ciertos inmigrantes indocumentados, sino que también disponga una Orden Ejecutiva que permita que 11 millones de indocumentados obtengan un permiso de trabajo. El senador Bob Menéndez, demócrata, cubano de Nueva Jersey, aliado y defensor del presidente se ha referido a las deportaciones como “una barbaridad y una tragedia”.

Mientras tanto, continúan las manifestaciones pro y contra  inmigrantes en el país, aunque las protestas aún no son masivas y las autoridades no han tenido problemas para controlarlas.

Barack Obama está atrapado y sin salida visible en este tema tan sensible para la sociedad y la política estadounidense, al punto que en medio de la crisis humanitaria por el incremento de niños migrantes, el Presidente admitió el fracaso de la reforma migratoria, su principal oferta en sus dos campañas para presidente. Y por más que ahora ponga atención al tema de la crisis humanitaria, su popularidad continúa en baja. En siete estados actualmente representados por senadores demócratas, las encuestas indican que hay poco apoyo a una reforma migratoria que legalice a indocumentados y un alto rechazo a Obama.

Ahora cabe esperar a ver si la crisis tendrá efecto en las elecciones de este próximo 4 de noviembre de 2014 por 33 de los 100 escaños en el Senado de los Estados Unidos.  Según varios analistas norteamericanos, éste y otros asuntos bien podrían revertir el control demócrata de la Cámara del Senado, lo que daría a la oposición republicana el dominio de todo el Congreso cara a las presidenciales de 2016.

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