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Artigos: Mundo
La beligerancia de Hamas sabotea cualquier solución pacífica PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Lunes, 28 de Julio de 2014 10:06

Por: George Chaya.-

No hubo nunca ningún eslogan más poderoso y exitoso en la propaganda del radicalismo durante el siglo XX y lo que va del XXI como la frase: “El fin de la ocupación”.

Estas cinco palabras no solo han logrado revertir la derrota árabe de la guerra de 1967, sino que han sido el disparador del estado de confrontación permanente en el conflicto palestino-israelí en ámbitos tan disimiles como encontrados donde los medios de prensa, la opinión pública y hasta los organismos internacionales han sido objeto de su influencia. Todo ello ha tenido lugar, con la salvedad y el ocultamiento, de que nunca antes se utilizó tal eslogan en referencia a la ocupación que ejerció Jordania -como ocupante árabe- entre 1948 y 1967 de lo que los palestinos reclaman desde la victoria israelí de la Guerra de los Seis Días.

Si algo ha hecho bien la maquinaria de propaganda opositora a la creación y el reconocimiento del Estado israelí ha sido la utilización y el rédito del eslogan, aunque ello no ocurrió jamás de forma inversa en referencia a Jordania. Nada de esto se escuchó en 1937 cuando la Comisión Peel emitió su informe, ni en 1947 cuando Naciones Unidas recomendó la partición de Palestina Occidental en un Estado árabe y otro judío. Tampoco sucedió entre 1948-1964, en aquellos años no tuvo lugar ninguna objeción o reclamo de grupo étnico alguno sobre ese territorio que cualquier pueblo árabe podría haber reclamado y obtenido para sí a través de una rápida decisión de la Liga Árabe después de que ese territorio había sido étnicamente limpiado de judíos que habían vivido allí antes de 1948.

Lo cierto es que los palestinos irrumpieron en la comunidad internacional en 1964 y ello ocurrió cuando se promulgó la Carta de la OLP cuyo artículo 1º indica: “Palestina es la patria del pueblo palestino árabe; es parte indivisible de la nación árabe, y del mismo modo, el pueblo palestino es parte integral de la nación árabe”. El artículo 5º de la Carta señala: “Los palestinos son nacionales árabes que hasta 1947, residían en Palestina independientemente de si fueron desalojados de la misma o si se hubieran quedado allí, y toda persona nacida después de esa fecha de un padre palestino dentro o fuera de Palestina es también considerada un palestino”.

Diez años más tarde, el 13 de noviembre de 1974, el líder de la recién creada entidad, Yasser Arafat, dijo ante la Asamblea General de Naciones Unidas que la OLP había ganado su legitimidad debido a su sacrificio y al liderazgo dedicado a la lucha por la liberación de su tierra. Arafat sostuvo que su organización fue elegida por las masas palestinas para liderar esa lucha y esta legitimidad que menciono el líder de la OLP se vio luego fortalecida por el apoyo de los demás países árabes, y fue consagrada durante la Conferencia árabe de aquel mismo año la cual ratifico el derecho y liderazgo de la OLP como el único representante del pueblo palestino para establecer un Estado nacional e independiente en todos los territorios palestinos liberados en el futuro.

Sin embargo, desde el 2011, la legitimidad, la función y el liderazgo de la OLP está sometida a interrogantes por su disputa y continuos choques con el movimiento de resistencia islámico palestino Hamas, que ha impugnado toda acción política de la OLP y ha rechazado cada opción de reconciliación entre las dos agrupaciones. En la actualidad, se disputan la representación de los palestinos en lo que configura un conflicto interno que ya lleva diez años y no parece que vaya a resolverse dadas las distancias en los objetivos políticos y estratégicos en el liderazgo de ambos grupos.

En consecuencia, los esfuerzos para alcanzar a una solución pacífica al conflicto palestino-israelí han sido obstaculizados siempre internamente, ya por la beligerancia de Hamas como por la negativa de la OLP a reunirse y llevar adelante negociaciones directas con Israel. Esto nunca ha sucedido en los últimos años, pero incluso si llegara a ocurrir mañana, la perspectiva de cualquier éxito sería extremadamente improbable dada la debilidad actual de la OLP y del gobierno de Mahmud Abbas frente a su contraparte interna de Hamas, que ha prometido continuar la lucha armada hasta expulsar a cada judío de la tierra que denominan ocupada.

La pregunta que pocos se efectúan en los organismos internacionales es: ¿qué dice o hace Jordania dentro de esta situación de crisis extendida? La respuesta la ha dado el propio secretario de asuntos regionales del Reino Hachemita al informar que Jordania abandonó toda pretensión sobre Judea y Samaria (Cisjordania) y Jerusalén Oriental en 1988, y es claro que no ha mostrado desde ese año ningún interés por estos asuntos que considera ajenos a los intereses del Reino.

Lo concreto es que estos males y esta distorsión de la realidad histórica implican en el fracaso de las Naciones Unidas en reconocer los siguientes e irrefutables hechos, a saber:

a) Que las disposiciones del artículo 80 de la Carta de las Naciones Unidas reservan al pueblo judío el derecho a constituir un Estado nacional judío que incluye Judea, Samaria y Jerusalén Oriental de conformidad con las disposiciones establecidas en el artículo 6° del Mandato para Palestina.

b) que las Resoluciones 242 y 338 del Consejo de Seguridad de la ONU siguen siendo las únicas herramientas jurídicas internacionalmente exigibles y aceptadas para resolver el conflicto entre palestinos e israelíes.

El fracaso de la ONU en trabajar sobre estos principios básicos del derecho internacional y sobre su implementación, respeto y observancia ha demostrado todos estos años ser el principal obstáculo para resolver el conflicto entre judíos y árabes. El propio Yasser Arafat declaró ante las Naciones Unidas el 13 de diciembre de 1988: “Nuestra gente no quiere ningún derecho que no tenga y que no sea compatible con las leyes y la legalidad internacional”, y agregó: “Los palestinos no pretendemos libertades que invadan las libertades de los demás, ni deseamos ningún destino que niegue el destino de otros pueblos y personas”.

Sin embargo, desde entonces, cediendo a la presión de la Liga árabe y la Organización de la Conferencia Islámica, el mencionado organismo ha sucumbido a un sinfín de resoluciones de la Asamblea General que han sepultado cualquier tipo de leyes y fundamentalmente a la legalidad internacional.

En consecuencia, lo que debería hacer Naciones Unidas es resucitar, debatir y aplicar el derecho internacional en el marco de la legalidad perdida. Esto configurará la única posibilidad de poner fin al conflicto palestino-israelí y, cuanto antes se inicie este proceso, más posibilidades habrá de que regrese la cordura al Oriente Medio.

 
Obama atrapado en la crisis de los niños migrantes PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Jueves, 17 de Julio de 2014 13:30

Por Maria Teresa Romero.-

El drama de casi 60 miles menores que han huido de México, Honduras, Guatemala y El Salvador en busca de una visa humanitaria que les permita residir en Estados Unidos, ha provocado que la atención del presidente Barack Obama se vuelva, al menos por un rato, a América Latina y se desprenda de lo que sucede en Irak, Irán, Afganistán, Siria, Egipto, Palestina, Israel y demás conflictivos países del Medio Oriente.

(Especial Infolatam).- El problema del tráfico de niños que ingresan solos e ilegalmente especialmente desde Centroamérica a la frontera sur de EE.UU, no es nuevo. Al menos desde 2013 está sucediendo en forma significativa, sea para reunirse con sus padres ya en territorio estadounidense,  para huir de la violencia en sus respectivos países, o a causa del control y manipulación que sobre ellos ejercen  los cárteles de la droga. Pero es ahora, cuando la prensa y los medios de comunicación en general estadounidenses difunden como nunca antes el problema y hacen que se convierta en un tema de dimensión nacional e internacional, que el presidente Obama lo califica de “crisis humanitaria” y se aboca realmente a su solución.

Así, además de tomar medidas inmediatas tales como el desarrollo de encuentros diplomáticos con los presidentes de los países involucrados, la puesta en marcha de una campaña en español sobre los riesgos de cruzar la frontera y la apertura de nuevos centros de albergues para los niños, la administración Obama ha solicitado  al Congreso de su país la extensión de sus capacidades para  la aprobación de normas tendentes a acelerar la deportación de los niños procedentes de Centroamérica –como sucede con el proceso de deportación de niños que migran desde México-; la aprobación de un financiamiento de emergencia por más 3.700 millones de dólares para frenar la actual crisis, cuidando  más adecuadamente a los niños detenidos  y reforzando la seguridad en las áreas limítrofes; y el aumento de las penas para los responsables del tráfico ilegal de  los inmigrantes. Obama ha planteado enviar de regreso a sus respectivos países a unos  45 mil niños.

No obstante, estas medidas para cambiar la política de deportaciones, que se darían bajo acción ejecutiva, han causado un pandemonio en la política estadounidense, un debate nacional sin precedentes en el tema y un adelanto de  la campaña electoral entre los partidos Demócrata y Republicano  para las elecciones legislativas del próximo noviembre.

obama

Barack Obama está atrapado y sin salida visible en este tema tan sensible para la sociedad y la política estadounidense

Por una parte, la Cámara de Representantes de mayoría de legisladores pertenecientes al partido Republicano, la misma que se opone a la reforma migratoria de Obama y le pide más y más rápidas deportaciones,  no quiere ahora que el Presidente tome acciones ejecutivas. El Presidente de esa Cámara Baja, John Boehner, amenazó a Obama con demandarle por abuso de poder y  “unilateralista”, y la ex gobernadora de Alaska, Sarah Palin, opinó que se debe impugnarlo por su actuación en torno a la crisis migratoria.

Los legisladores republicanos –sin pruebas mediantes-  acusan a la administración Obama de permitir el ingreso de los niños centroamericanos a los Estados Unidos con el supuesto objetivo de presionar al Congreso a que apruebe de una vez por todas la reforma a la ley de inmigración.

Por otro lado, al  menos 30 legisladores demócratas y un buen grupo de aliados  activistas sociales piden a Obama no sólo que utilice su autoridad ejecutiva para frenar las deportaciones de ciertos inmigrantes indocumentados, sino que también disponga una Orden Ejecutiva que permita que 11 millones de indocumentados obtengan un permiso de trabajo. El senador Bob Menéndez, demócrata, cubano de Nueva Jersey, aliado y defensor del presidente se ha referido a las deportaciones como “una barbaridad y una tragedia”.

Mientras tanto, continúan las manifestaciones pro y contra  inmigrantes en el país, aunque las protestas aún no son masivas y las autoridades no han tenido problemas para controlarlas.

Barack Obama está atrapado y sin salida visible en este tema tan sensible para la sociedad y la política estadounidense, al punto que en medio de la crisis humanitaria por el incremento de niños migrantes, el Presidente admitió el fracaso de la reforma migratoria, su principal oferta en sus dos campañas para presidente. Y por más que ahora ponga atención al tema de la crisis humanitaria, su popularidad continúa en baja. En siete estados actualmente representados por senadores demócratas, las encuestas indican que hay poco apoyo a una reforma migratoria que legalice a indocumentados y un alto rechazo a Obama.

Ahora cabe esperar a ver si la crisis tendrá efecto en las elecciones de este próximo 4 de noviembre de 2014 por 33 de los 100 escaños en el Senado de los Estados Unidos.  Según varios analistas norteamericanos, éste y otros asuntos bien podrían revertir el control demócrata de la Cámara del Senado, lo que daría a la oposición republicana el dominio de todo el Congreso cara a las presidenciales de 2016.

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Los BRICS en busca de una gobernanza económica alternativa PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Miércoles, 16 de Julio de 2014 10:17

Por Federico Steinberg.-

Lo que comenzó como un acrónimo simpático inventado por Jim O´Neill cuando era economista jefe de Goldman Sachs en 2001 para referirse a Brasil, Rusia, India y China (BRIC), los países no-OCDE más pujantes en aquella época, ha terminado por transformarse en un selecto club de potencias que quieren cambiar la gobernanza económica global. Así, estos días, en Fortaleza, Brasil, tendrá lugar la VI cumbre BRICS (a los cuatro originarios se les ha unido Sudáfrica), lo que constata que las reuniones de este grupo tan heterogéneo de países ya se han consolidado.

Y lo que intentarán conseguir es fácil de decir y difícil de instrumentalizar: buscan aumentar su influencia en el modo en el que se fijan las reglas del juego de la globalización, bien modificando los equilibrios de poder en las estructuras ya existentes, como el G-20, el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial o la Organización Mundial del Comercio (OMC), bien creando otras instituciones paralelas en las que los países avanzados no tengan influencia.

Desde Occidente es fácil criticar al grupo de los BRICS diciendo que es un constructo sui generis con pocas cosas en común cuyo único punto de unión es su descontento con el actual orden económico internacional, que se apoya en las instituciones creadas tras la Segunda Guerra Mundial bajo liderazgo estadounidense y que se ha adaptado poco a los nuevos tiempos de multipolaridad económica y declive relativo de Occidente. Y, si bien es cierto que en el grupo de los BRICS conviven democracias, autocracias y dictaduras; economías exportadoras de commodities con otras que devoran materias primas y energía; y potencias que aspiran a tener influencia global algún día con otras que bastante tienen con cuidar sus patios traseros; lo cierto es que representa el 40% de la población mundial y un cuarto de su PIB y que, si avanzan con iniciativas concretas, podrían empezar a lograr algunos cambios.

De momento, y con buen criterio, los BRICS han empezado por la cooperación económica, que es donde tienen una mayor sintonía. Es un área en la que se sienten cada vez más frustrados. Primero, porque en el G-20, donde por fin tienen voz (no sucedía así en el G-7/8), no ven que sus demandas se traduzcan en grandes avances, en especial en lo relativo a la coordinación monetaria internacional y las guerras de divisas, que tienen mucho que ver con el papel hegemónico que el dólar sigue jugando en el sistema monetario internacional (recordemos que el G-20, tras un periodo de protagonismo en 2008-2010, cuando sus acuerdos salvaron al mundo de una segunda Gran Recesión, lleva varios años sumido en la irrelevancia). Y, segundo, porque el Congreso estadounidense está bloqueando un acuerdo alcanzado en 2010 en el seno del propio G-20 para darle a los BRICS (y a otros emergentes) más voz en el FMI.

Es por ello que han propuesto crear dos instituciones nuevas que rivalicen con las de Bretton Woods (el FMI y el Banco Mundial): se trata de un Banco de Desarrollo y de un Fondo de Reservas común, cada uno dotado con 100.000 millones de dólares. El primero tendría como objetivo financiar proyectos, sobre todo infraestructuras, ya estos países necesitan llevar a cabo enormes inversiones públicas para poder sostener su potencial de crecimiento en los próximos años (sobre todo India, Brasil y Sudáfrica). El segundo serviría para proveer de liquidez a quienes tuvieran que enfrentarse a crisis financieras; es decir, aspiraría a sustituir al FMI, que tiene bastante “mala prensa” en las potencias emergentes desde sus actuaciones en la crisis asiática de 1997. Se trata, por tanto, de estructuras alternativas de financiación que no cuenten con la intromisión de los países ricos a la hora de tomar sus decisiones.

Se trata, sin duda, de una iniciativa que puede tener un impacto importante. Sin embargo, hay muchos interrogantes por resolver. Primero, habrá que ver si efectivamente se desembolsará el capital y si la estructura de gobernanza de ambos fondos puede ser pactada, algo que no será sencillo dado que China es mucho más potente y solvente que el resto de los BRICS (recordemos que iniciativas similares de cooperación monetaria y financiare como el Banco del Sur o el acuerdo de Chang Mai de momento no se han mostrado muy efectivos). Y segundo, habrá que ver si otros países emergentes recurren a estos fondos, en caso de que se acuerde que puedan hacerlo si se enfrentan a crisis financieras, optando así por dar la espalda al FMI, lo que tendría implicaciones geopolíticas de primer orden.

Por otra parte, esta iniciativa podría servir también para desatascar la reforma del FMI, algo que es necesario para adaptar la institución a los retos del siglo XXI.

En todo caso, los países avanzados harían bien en hacer un esfuerzo para encontrar un encaje adecuado para las potencias emergentes en las instituciones ya existentes. La consolidación de estructuras paralelas solo contribuirá a hacer más difícil la cooperación económica internacional y la gobernanza de la globalización, precisamente cuando ésta es más necesaria para gestionar los cambios en los equilibrios de poder que se están produciendo en la economía mundial por el auge de los BRICS.
Federico Steinberg

INFOLATAM

 
EL KURDISTAN Y EL CALIFATO PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Martes, 08 de Julio de 2014 14:35

THIERRYMEYSSAM

Por, Thierry Meyssan *

En pocas semanas están materializándose dos entidades a las que muy pocos concedían alguna posibilidad de concretarse: el Kurdistán y el Califato. Los acontecimientos están confirmando el análisis de Thierry Meyssan. Ambas entidades actúan estimuladas por Washington. Los hechos más recientes así lo demuestran.

Posted on July 8, 2014 by

Desde el momento de la caída de Mosul escribí que la actual guerra en Irak no podía verse como una acción del EIIL sino como una ofensiva combinada de los yihadistas y del gobierno local kurdo tendiente poner en aplicación el plan estadounidense de rediseño del país [1]. Fui el único en expresar ese juicio y esa visión de las cosas iba en contra de la corriente. Tres semanas más tarde, la justeza de ese análisis se ha hecho evidente.

La creación del Kurdistán

El 20 de junio, Israel compraba al gobierno local kurdo el petróleo robado en Kirkuk, ignorando el aviso internacional que el gobierno federal iraquí había emitido al respecto [2]. El tránsito del petróleo fue facilitado por el EIIL –que controla el oleoducto utilizado– y por Turquía, país que permitió el embarque del crudo en un tanquero en el puerto turco de Ceyhan.

PARAILUSTRARARTDETHIERRYMEYSSAN El 25 de junio, los partidos políticos kurdos de Irak dejaban de lado sus divergencias y formaban un gobierno local de unión. Hasta aquel momento habían estado divididos en dos grandes coaliciones, una coalición proturca y proisraelí encabezada por el Partido Democrático del Kurdistán (PDK) de los Barzani y otra proiraní y prosiria, dirigida por la Unión Patriótica del Kurdistán (UPK) de los Talabani. La unión de ambas facciones no habría sido posible sin un acuerdo previo entre Tel Aviv, Washington y Teherán.

Mendi Safadi, un político druso que sirve de enlace entre Israel y los Contras que operan en Siria, transmitía a Reuven Rivlin una carta del Partido Kurdo de Izquierda en Siria felicitándolo por su designación por el parlamento israelí como próximo presidente de Israel y exhortándolo a que respalde la creación de un Kurdistán independiente, que abarcaría parte de Irak y una porción de territorio sirio.

Los días 26 y 27 de junio, el ministro británico de Relaciones Exteriores William Hague visitaba Bagdad y Erbil. Conforme a lo previsto, llamó al primer ministro iraquí Nuri al-Maliki a formar un gobierno inclusivo, aunque sabía que ese llamado no sería escuchado. La exhortación –puramente formal– fue recibida con sorna en la prensa londinense, que estima que el consejo de Hague llegaba «un poquito tarde» [3]. El jefe de la diplomacia británica conversó después con Masud Barzani sobre la futura independencia del Kurdistán. Como a menudo sucede, el paso de los británicos es un momento decisivo.

El 29 de junio, el primer ministro israelí Benyamin Netanyahu rompió el tabú en Tel Aviv al anunciar, en un discurso pronunciado en el Instituto de Estudios para la Seguridad Nacional, que Israel respalda la creación de un Estado kurdo independiente. Pero se abstuvo prudentemente de precisar las fronteras, que siempre pueden evolucionar con el tiempo [4].

El 3 de julio, el presidente del gobierno local del Kurdistán, Masud Barzani, llamaba el parlamento local a organizar un referéndum de autodeterminación. No sorprendió a nadie que la Casa Blanca respondiera públicamente reiterando su apoyo a «un Irak democrático, pluralista y unido» mientras que, por otro lado, el vicepresidente Joe Biden recibía en privado al jefe de la oficina del señor Barzani, Fuad Hussein, para preparar el referéndum.

No parece que el PDK –mayoritario en Irak pero minoritario en Siria– sea capaz de organizar el referéndum simultáneamente en Irak y en Siria. Washington tendrá por consiguiente que conformarse con un Kurdistán separado del actual Irak y posponer sus planes de partición para Siria y Turquía. Por el momento, lo que está haciendo es multiplicar los mensajes apaciguadores en dirección de Damasco –está comunicándose nuevamente con el gobierno sirio– y de Ankara, que sin embargo no creen ni una palabra proveniente de Estados Unidos.

Lo que todo el mundo se pregunta es cuál sería la política exterior del nuevo Estado. Hasta el momento, los Barzani habían logrado crear un oasis de prosperidad, pero lo habían alineado con la política de Israel. Mantener esa línea sería modificar por completo la correlación estratégica en toda la región.

El espectro del Califato

Mientras tanto, el EIIL –rebautizado EI o Emirato Islámico– ha proclamado el Califato. En un extenso texto, lleno de lirismo y de constantes citaciones del Corán, anuncia que después de haber logrado imponer la sharia en el amplio territorio que controla en Siria e Irak su conclusión es que ha llegado la era del Califato. Anuncia que ha elegido como Califa a su jefe, Abu Bakr al-Bagdadi, y que todo creyente, donde quiera que se encuentre, debe obediencia a este Califa [5]. No se ha divulgado ninguna foto del nuevo jefe de Estado y nadie sabe a ciencia cierta si al-Bagdadi existe realmente o si el nombre del «califa Ibrahim» es algo así como el “coco” o el mítico “hombre del saco”.

Por otro lado, si bien la toma de la región norte de Irak tuvo una buena acogida en una parte del mundo musulmán lo más probable es que la pretensión de gobernar todo ese mundo en su conjunto concite reacciones menos favorables.

Al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) expresó su respaldo «a los héroes del Emirato Islámico» mientras que al-Qaeda en la Península Arábiga (AQPA) envió a ese grupo sus mejores deseos de éxito y victorias. Los demás grupos afiliados a al-Qaeda, como Boko Haram en Nigeria y los Shabaab en Somalia, también deberían sumarse próximamente a ese respaldo. Estaríamos asistiendo así a una mutación de al-Qaeda, que pasaría de la clasificación de red terrorista internacional a la categoría de Estado no reconocido.

En todo caso, el EI (ex EIIL) prosigue su avance, pero lo hace con prudencia. Sabe que puede combatir dentro de ciertos límites y trata de no interferir en los intereses de Washington y de sus aliados, aun cuando se trata de aliados circunstanciales. Por ejemplo, en Samarra el EI se abstuvo cuidadosamente de atacar los mausoleos de los imanes chiitas para no provocar a Irán.

Y ya se hacen oír en Washington numerosas voces que confirman el rediseño de Irak. Entre ellas se halla la de Michael Hayden, ex director de la NSA y de la CIA, quien dio a Fox News el siguiente veredicto: «Con la conquista por parte de los insurgentes de la mayor parte del territorio sunnita, Irak ya deja prácticamente de existir. La partición es inevitable.» Sus declaraciones vienen acompañadas de llamados a la intervención.

Por su parte, James Jeffrey, ex consejero de George Bush y posteriormente embajador de Barack Obama en Irak, comentó: «[Los yihadistas] nunca se han detenido, ni siquiera cuando yo estaba allá, en 2010 y 2011. Fueron totalmente derrotados y perdieron su población. Los perseguíamos y no lograron recuperarse. No hay manera de hacerlos entrar en razones, no hay cómo contenerlos, no se puede hacer otra cosa que matarlos.»

La prensa atlantista interpreta las posiciones expresadas en esas declaraciones como un debate entre partidarios de la división de Irak y defensores de la unidad del país mediante el uso de la fuerza. En realidad, el programa de Washington no puede ser más claro: dejar primeramente que los yihadistas dividan Irak (y quizás Arabia Saudita) para aplastarlos después, cuando hayan hecho el trabajo sucio.

Es con esa intención que el presidente Obama emprende consulta tras consulta y sigue dando largas al asunto, por el mayor tiempo posible. En franca violación de los acuerdos de defensa existentes entre Irak y Estados Unidos, Barack Obama envió solamente 800 hombres, de los que sólo 300 servirán de consejeros a las fuerzas armadas iraquíes. Los demás se dedicarán a garantizar la protección de la embajada de Estados Unidos. Al-Watan (Siria)

*Intelectual francés, presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Sus análisis sobre política exterior se publican en la prensa árabe, latinoamericana y rusa. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).

[1] «Washington reactiva su proyecto de división de lIrak»; «Yihadismo e industria petrolera»; «EIIL: Después de Irak, ¿quién será el próximo blanco?», por Thierry Meyssan, Al-Watan, Red Voltaire, 16, 23 y 30 de junio de 2014.

[2] “Israel accepts first delivery of disputed Kurdish pipeline oil”, por Julia Payne, Reuters, 20 de junio de 2014.

[3] «William Hague flies in to Baghdad with an appeal for unity – but it’s a bit late for that», por Patrick Cockburn, The Independent, 26 de junio de 2014.

[4] «Address by PM Netanyahu at the Institute for National Security Studies», PM’s Office, 29 de junio de 2014.

[5] «Proclamation du Califat», Réseau Voltaire, 1º de julio de 2014.

NUEVO ACCIÓN

 
Obama entre el sheriff y el predicador PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Lunes, 23 de Junio de 2014 12:02

Por CARLOS ALBERTOMONTANER.-

Barack Obama llegó a la Casa Blanca decidido a terminar con el injerencismo norteamericano. Se largaría de Irak y de Afganistán. Cerraría la cárcel de Guantánamo. Ignoraría el espasmo imperial de Putin o los exabruptos de Chávez y sus cómplices del Socialismo del Siglo XXI. Su divisa era “ mind your own business’’, ocúpate de tus propios asuntos.

Seguramente, le parecía ingenua la pretensión de George W. Bush de sembrar la democracia en el Medio Oriente. ¿Con cuáles demócratas? Obama formaba parte de esa extensa zona de la sociedad norteamericana que no comparte la idea de que Estados Unidos es un país excepcional, sino otra nación más, con intereses, virtudes y defectos, como les dijo a los mandatarios latinoamericanos cuando se reunió con ellos en Trinidad-Tobago, advirtiéndoles que los dejaba a la buena de Dios.

Hace pocas fechas, sin embargo, Obama anunció que desplazaba de nuevo 300 consejeros militares a Irak ante el embate de los yihadistas suníes contra el gobierno chiita de Maliki. Washington, a su pesar, no puede lavarse las manos e ignorar lo que allí sucede. Obama no va a desplegar tropas de infantería, pero sí expertos en la búsqueda de inteligencia para utilizar la aviación y los drones no tripulados en contra de estas tropas de ultrarradicales.

Los presidentes norteamericanos no tienen cómo ni dónde esconderse. A veces tienen que actuar como el sheriff del pueblo, y, a veces, como el predicador. La excepcionalidad del país no viene dada por un designio divino, sino por algo mucho menos misterioso: su tamaño, peso económico, militar, científico, demográfico, y su sentido de la responsabilidad.

Es muy sencillo: si, durante la Segunda Guerra, Estados Unidos hubiera sido, realmente, neutral, no habría habido Pearl Harbor (los japoneses atacan por el boycott norteamericano al petróleo), y Adolfo Hitler y sus aliados habrían controlado buena parte del planeta, al menos por un tiempo.

Si, tras el fin de ese conflicto, Harry Truman no hubiera montado la estrategia de contención, la URSS habría ganado la Guerra Fría, no se hubiera desintegrado, y todo el mundo, incluido Estados Unidos, hubiese pagado un alto precio por el aislacionismo americano. La pesadilla marxista-leninista continuaría vigente.

Incluso, la inhibición americana a veces genera consecuencias inesperadas y terribles. El 25 de julio de 1990 Saddam Hussein convocó a su palacio a la embajadora norteamericana April Glaspie para hacerle una pregunta clave: qué haría Estados Unidos si Irak invadía a Kuwait.

En esa época las relaciones entre Bagdad y Washington eran razonablemente buenas. Estados Unidos le había proporcionado armas y ayuda a Hussein durante la larga guerra que el país sostuvo contra el Irán de los ayatolas.

La embajadora, que sabía que Irak había trasladado cien mil soldados a la frontera con Kuwait, le respondió que, de acuerdo con sus instrucciones, ése era un asunto entre dos naciones árabes limítrofes que no involucraba a su nación. Hussein pensó que Estados Unidos estaba autorizando la invasión y una semana más tarde dio la orden de ataque.

Craso error. El 16 de enero de 1991, Estados Unidos, al frente de una coalición de 34 países, espoleados por Arabia Saudita, que se sentía en peligro, lanzó la Primera Guerra del Golfo, recuperó Kuwait y destruyó el aparato militar de Saddam Hussein.

Sólo que esa guerra sería el prólogo de una segunda, desatada en marzo del 2003, encaminada a encontrar armas de destrucción masiva, que nunca aparecieron, y a derrocar a un tirano que no era, por otra parte, cómplice de los terroristas de Al Qaeda.

¿En qué va a parar esta renovada (aunque limitada) presencia de soldados norteamericanos en Bagdad? Obama las utilizará para lanzar operaciones comandos o dirigir drones contra los enemigos, porque se ha aficionado a ese tipo de acciones, pero todo puede salirse de sus manos.

Por estas fechas, hace 100 años, comenzó la terrible Primera Guerra Mundial, y nadie puede explicar con total certeza por qué el asesinato de un oscuro príncipe austriaco en Sarajevo provocó la mayor matanza que había conocido la historia.

Cuando terminó el conflicto llegó el momento de los predicadores. Surgió la Liga de las Naciones, pero hicieron las paces de tal manera que dos décadas más tarde comenzó la Segunda Guerra. Entonces aparecieron los sheriffs a poner orden.

Es un cuento que nunca se acaba.

Periodista y escritor. Su último libro es Otra vez adiós.
EL NUEVO HERALD

 
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