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Artigos: Mundo
Las armas de la Democracia PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Lunes, 05 de Octubre de 2015 12:02

 

Por Erick Nogueira.-


Cuando en 1789 James Madison presento un grupo de Enmiendas a la Casa de Representantes,


proponiendo insertar unos Derechos específicos dentro de la Constitución de Los Estados Unidos, parte


de los cuales conformaron poco después lo que conocemos como el Bill of Rights,  se creaban las bases


de una Sociedad Democrática. Norteamérica, naciente país independiente entonces, en donde crecía un


capitalismo con gran fuerza pero aun primitivo, aseguraba, muy acertadamente, que el Individuo y no


un grupo sectario, o de Poder, disfrutase de los derechos necesarios para la búsqueda del Felicidad y la


procuración de la  existencia. La Libertad de Expresión, de Religión, de Asociación entre otros, los cuales


serán  siempre los puntales de una Sociedad Libre, quedaron oportunamente incorporados para


consolidar La Ley Suprema. En particular, el Derecho a tener y portar armas, era una necesidad vital.


Además de surgir en reacción a las restricciones que venía imponiendo el Imperio Británico sobre sus


colonias, y como parte del movimiento de independencia, era el Oeste propiamente, el embrionario


sistema jurídico se mostraba aún insuficiente para acotar los conflictos humanos y la lucha Leviathánica


del hombre por el hombre.


Han transcurrido más de dos siglos  y para satisfacción póstuma de los Padres Fundadores, y de muchos


de los que hoy aquí residimos, Estados Unidos  es la nación más prospera del Planeta. Al margen del


universo de los indicadores económicos, de los cuales podríamos extraer múltiples y disimiles análisis, es


consenso general que desde principios del siglo XX aquellos que deciden emigrar, apuntan su brújula


hacia este gran País.  Más no es perfecto, determinados aspectos son mejor llevados en regiones como


Escandinavia y el Canadá, por citar algunas. Pero a mi juicio, hay  elemento que ha recibido justa critica


desde entonces y se ha agudizado en las últimas décadas, o peor,  en los últimos años, la violencia. Hace


pocos días otro terrible tiroteo masivo tuvo lugar en Oregón. Como si un grupo de Padres, ya no


fundadores, pero si habitantes de esta gran nación, se hubiesen puesto de acuerdo para enviar a sus


hijos el día equivocado a la escuela. Horrible suceso. Urge actuar. Donde radica el error? Es prevenible?


Como podemos continuar defendiendo nuestra Democracia, tan necesaria, sin estar expuestos a que un


día sea alguno de nosotros, que también somos todos, quien reciba la espantosa noticia.


La posesión irrestricta de armas, y lamentablemente, en muchos casos armas de asalto, no es garantía


del sostenimiento de una Democracia, más un falso mito. Las Democracias, no están sostenidas porque


el  Pueblo tenga armas, las Democracias se apoyan en las Instituciones que han sido creadas para


estructurarlas, en el respeto a la Constitución que en el caso del mundo libre, es el respaldo


fundamental al individuo y sus derechos,  en los propios mecanismos de elección de los cargos públicos,


en las transacciones Económicas con base en el derecho a la Propiedad, en la Tradición que va


transfiriendo valores de una Generación a otra, por el simple hecho de que realmente funciona. Todos


son ingredientes de un Orden que automáticamente repele cualquier inicio de fisura, rechaza toda


propuesta que pretenda desapoderar a un Congreso o Parlamento e intente promover al Poder algún


candidato caudillista, extremo populista o creyente de un linaje superior. Este Orden ha protegido al


mundo libre por varios siglos y es pretensión de todos, quienes concebimos la Libertad en la cima de la


escala de valores, que continúe haciéndolo.


En el mundo hay países que ostentan diferente variantes de Democracia y la tenencia de armamento


por parte del individuo común es restringida, altamente controlada y en algunos casos prohibida. Léase,


la Gran Bretaña, o por ejemplo Australia, en donde se implementaron estrictas medidas tras la masacre


de Port Arthur en 1996 y el Gobierno logró sacar de circulación más de un quinto de todo el armamento


existente fuera del ejército, o el caso de Japón, donde un policía solo puede portar su arma durante las


horas de servicio activo. Es evidente, aunque la lógica individual lo contradiga,  que la presencia de un


arma en cada casa no es garantía para no estar expuestos a una tragedia, las cuales generalmente


ocurren en nuestra ausencia. Es  aún más evidente, la lógica histórica así lo indica, que la tenencia


“irrestricta” de armas no es tampoco determinante para evitar que una  Democracia ceda y un Déspota


se apodere de una Sociedad Libre.


Los Tiranos no llegan por la fuerza, nunca ganarían entonces, sino, disfrazados de redentores de  males,


con los bolsillos llenos de carisma para las mayorías. A menudo, ocurre en  Sociedades que ya han


sufrido un quiebre de su Orden Constitucional. La Tiranía es un proceso posterior, que el Dictador va


alcanzando en medio de la confusión, el acorrale de la información, la tergiversación de la verdad y


finalmente la fuerza en nombre de lo que El cree que el pueblo desea. Una vez detectada, solo una


minoría sale a enfrentarla, podemos decir lo contrario hoy, pero el resto, armado o no, históricamente


queda a la espera.  Port otra parte, el Opresor tampoco puede ametrallar a un pueblo entero, los


necesita, vive de ellos. No son las armas, a quienes El teme,  sino a la repulsión y al rechazo masivo.


Los Caudillos no fusilan en público, no enfrentaría con tanques a su propio pueblo, a menos que sea


opción final y desesperada, por lo general necesitan permanecer en el Poder por la vía del consenso


sobre una mayoría engañada. Hitler, no consta que haya ametrallado a alemanes en Berlín, al menos no


en plena calle para imponer su nefasta locura. Stalin mandó Los Tanques Soviético a Praga en el 68’,


pero le hubiese costado mucho más decidir soltarlos en Moscú, sabemos que prefería eliminar a los


enemigos cercanos en Purgas ocultas. Castro se vio en peligro en el “Maleconazo” del 94  y escogió


presentarse acorazado por sus guarda-cuerpoenteros, en vez de enviar Katyushas a Galiano. De hecho, y


no creo sea secreto, que una verdadera movilización popular, gigante, pacifica, y replicada, sería


posiblemente la  acertada fórmula de éxito para alcanzar una Cuba Libre y para ello resultaría mucho


más efectivo lograr una Unión verdadera y no precisamente acumular pistolas o granadas antitanques.


Tampoco podemos registrar masacres masiva, o públicas, o ambas, por parte de Dictadores de Derecha


como Trujillo en la Republica Dominicana y Pinochet en Chile. Examinando la Historia, El Fouché,


devenido falso Jacobino, también a conveniencia, vestido del “Metrallero de Lyon” (mitrailleur de Lyon),


es por suerte,  un caso bastante aislado en la era moderna. Luego entonces, es Estados Unidos la


excepción? Será este lugar que nos ha acogido a todos, lugar en el cual vivimos hoy con orgullo muchos,


donde para defendernos de un Dictador tenemos que procurar que cada ciudadano porte un arma, o un


tanque y si es posible de asalto? No lo Creo.


En Cuba, por ejemplo, justo después del 59, los alzados se refugiaron en el Escambray, con armas, y con


el derecho a la libre elección que les asistía para deponer al naciente Régimen , fuera una u otra la razón


que los motivaba,  fueron derrotados. Acaso Castro  tenía un ejército particular o utilizó el ejército de


Congreso alguno para aplastar a los “bandidos”? Todos sabemos que No. Utilizó al mismo pueblo, la


parte que ignorantemente creía en EL.  A esa porción, y lamentablemente no eran pocos, les habían


tergiversado la verdad y lo peor, creían que la solución a los males de un Estado o territorio  está en


manos de un iluminado. El Pueblo sumido en la Barbarie y la excesiva credibilidad en ídolos, lideres, e


ideas rígidas. Pueblo, cuya capacidad de observación le estaba siendo extirpada.


Nosotros, los cubanos, en su mayoría, vivimos años en el Totalitarismo, conseguimos emigrar para ser


libres, para muchos, por primera vez, pero a veces parece que nos quedan residuos, que el daño no


estaba solo en el falso discurso, o el crimen cometido sobre aquel que decidió enfrentarse, sino también


sobre el modo con que realizamos el análisis,  removamos ese lastre de raíz. Coincidir con un Partido


Político, en Democracia, no significa que estemos ciegamente de acuerdo con todo lo que de ahí


proviene. Simpatizar, en Democracia, con un conjunto básico de ideas destinadas a mejorar un país


Libre, y evitar que retroceda, no implica relegar de la razón.  Seamos Republicanos o Demócratas,


ejerzamos el derecho a escoger, seamos libres, pero nunca irracionales.


En estos días, en el mismo país que mucho admiramos, por la fortaleza de su Economía, por su


grandiosa Constitución, por ser escenario verdadero de la igualdad de oportunidades, es a su vez teatro


de tragedias sin sentido y más recientemente, con una frecuencia espantosa. El individuo, por derecho,


posee armas, así fue instituido desde el principio, en defensa de la existencia. La razón asistió


oportunamente para proveer al hombre de un medio como resguardo de lo primordial, estar vivo. Pero


no se supone que lo que una vez fue aprobado para protegernos, hoy se vuelva cada vez más en nuestra


contra. Es evidente, que No es en defensa de la Democracia para lo que están siendo utilizadas esas


artefactos letales,  hoy protagonistas de masacres acometidas por locos, con entrañas de asesinos, o


viceversa, y que lamentablemente continúan. Puede que la solución este en enmendar hoy lo que una


vez pareció incuestionable. Puede sea factible, que se apruebe una Ley que prohíba la venta de armas


de asalto, y similares, donde solo quede lugar para pequeñas y restringidas a individuos rigurosamente


evaluados. Algunos propondrían incluso,  eliminar el derecho de portarlas. Apoyo que la mayoría decida.


Acción hay que tomar. Es el turno de América. Es inconmensurable el dolor que deben sentir los


familiares de las víctimas. Muy probable no encontremos modo alguno de imaginarlo. Educar mejor,


magnifico, pero lleva tiempo. A cuantas tragedias estamos de ese momento. Sin contar con que los


trastornos psíquicos están llamados a concurrir siempre. Tenemos que hacer en Pro del bien común,


incluso cuando tales medidas no representen lo que personalmente preferimos. No olvidemos que lo


primario es  Existir, y procurar que existan nuestros hijos. Sin ellos, sin nosotros mismos, de que nos


sirve la  Democracia.

Última actualización el Lunes, 05 de Octubre de 2015 12:08
 
Dos refutaciones a la doctrina Obama PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Sábado, 17 de Octubre de 2015 20:40

Por Rafael Rojas.-

En la última semana, los dos principales periódicos de Nueva York, The Wall Street Journal y The New York Times, han publicado sendos artículos que cuestionan la política exterior emprendida por el presidente Barack Obama, en el tramo final de su mandato. Desde el primer diario, el importante historiador británico Niall Ferguson, estudioso del imperio inglés y del sistema financiero mundial, reitera la idea de que Obama deja un mundo más peligroso que el que recibió y augura el peor desenlace al entendimiento con Rusia en la cuestión siria. En el Times, Roger Cohen dice algo parecido, aunque reconoce la audacia de Obama en el acuerdo nuclear con Irán y el restablecimiento de relaciones con Cuba.

Las críticas de ambos estudiosos de las relaciones internacionales parten de una premisa correcta sobre la nueva política exterior de Washington. Obama no está tratando, únicamente, de revertir la estrategia internacional de su antecesor, George W. Bush, sino la del presidente que marcó la pauta diplomática de Estados Unidos en la última década de la Guerra Fría: Ronald Reagan. Desde el inspirado discurso en El Cairo, en 2009, hasta el más reciente mensaje ante la Asamblea General de la ONU, Ferguson observa una búsqueda de equilibrios en el Medio Oriente y un manejo de las fricciones con Rusia y China, que intentan abandonar algunas claves de la política exterior heredada de Henry Kissinger, durante la era bipolar.

Ferguson, biógrafo de Kissinger, piensa que ese cambio en la política exterior no será exitoso y que la próxima administración, sea demócrata o republicana, la abandonará bajo la presión de los conflictos. También piensa que el mal diseño y la mala ejecución de la doctrina Obama no tiene tanto que ver con el presidente como con el grupo de asesores en la materia que lo rodea, empezando por el secretario John Kerry, donde predominan abogados, carentes de experiencia diplomática. Siguiendo a Kissinger, quien rechazaba la intervención de los abogados en política exterior, Ferguson concluye que el próximo presidente o presidenta deberá llevar un nuevo capital intelectual a la Casa Blanca, que restablezca la supremacía del interés nacional.

Roger Cohen, desde el New York Times, concede más a la política exterior de Obama, pero es igualmente crítico. A su juicio, el concepto básico de esa doctrina es restraint o contención, por lo que no piensa que haya tal discontinuidad con la tradición realista o neorrealista de la diplomacia de la Guerra Fría. Tampoco piensa que la retirada de las tropas de Irak y toda la estrategia hacia el Medio Oriente carezca de sentido. Pero sostiene que el trazado y la conducción de la política hacia Afganistán, Libia y Siria de la Casa Blanca, han sido “ambivalentes” y han permitido que Xi Jinping y China y, sobre todo, Vladimir Putin y Rusia, saquen ventaja de la “debilidad” o de la “imagen de debilidad e incoherencia” que ha proyectado Obama.

Cohen asegura que la decisión de poner fin a las guerras de la administración Bush era correcta, pero que debió ejecutarse con mayor gradualismo. También observa que la falta de firmeza ante Putin ha acentuado las distancias con una Europa que vive, además, un creciente escenario de fricción interna. El “costo de la Doctrina Obama”, concluye, “ha sido muy alto”, especialmente en Siria, donde un conflicto bélico a tres bandas —Assad, los rebeldes e Isis—, ha obligado a un pacto con Rusia que malogra el objetivo de la contención. Puede que las críticas a Obama tengan mucho que ver con el nuevo ambiente electoral, pero lo cierto es que ya ocupan el centro editorial de los grandes medios en Estados Unidos.

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La Libertad, el brazo Derecho del Desarrollo PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Viernes, 18 de Septiembre de 2015 12:59

Por Erik Nogueiras.-

Uno de los temas que comúnmente ha sido base de amplios debates en las últimas décadas y tal vez en los últimos siglos, es el desarrollo evidentemente superior que hoy manifiestan las naciones cuyos orígenes tienen raíces en la cultura Anglo Germánica, sobre las comunidades Hispanas y sus descendientes, del cual me considero parte. Recientemente tuve la oportunidad de leer ciertos enfoques, muy válidos, donde los autores mencionaban el surgimiento del Protestantismo en Alemania como posible punto de partida, versus el sostenimiento de las prohibiciones Clericales en Roma durante la misma época, así como un número importante de ingredientes culturales y hechos históricos como principales componentes de lo que hoy es plataforma real de nuestras vidas. Probablemente la solución está en el buen análisis de los elementos que conformaron y conforman nuestra tradición, junto a la adquisición de una conciencia crítica que nos permita preguntarnos: Que hicimos mal? Como podemos revertir este escenario?  Se podría acortar la distancia? Coincido en que no se trata de un aspecto o un evento aislado, sino el concurso de múltiples factores culturales. Fue entonces la Reforma quien diferenció a los  Anglo Germanos del menos avanzado mundo Hispano parlante?  Es un excelente punto, pero a mi juicio, hay un componente, que ha escoltado siempre al Desarrollo y a “La Riqueza de la Naciones”, como titulara Adam Smith su magistral obra, El Libre pensamiento, La Libertad.

El protestantismo si bien no fue el punto de partida original, marcó un momento significativo, luego de muchos siglos de oscuridad, incluso dentro del dogma eclesiástico, comenzaba un grupo a separarse  conceptual y prácticamente sobre una mayoría jerárquica convenientemente entronizada que pretendía

sacar provecho de la Fe. Para muchos, el inicio de una Rebeldía que nacía casi en paralelo con el Renacimiento, como antesala de lo que fue poco después La Ilustración con Locke, Hume, Rousseau, de ahí hasta la Acumulación Originaria de Capital, la consolidación del Libre Mercado y más adelante la máquina de vapor, el ferrocarril  y el mundo moderno que hoy todos conocemos. Los valores de la cultura grecolatina y la contemplación libre de la naturaleza regresaban al rescate de Europa y el mundo Occidental.  Primero Lutero y luego Calvino, entre otros, se habían atrevido al enfrentamiento. La invención de la Imprenta a fines del siglo XV, acompañó la cruzada. Alemania, Holanda,  el norte de Francia y el norte de Italia fueron los principales exponentes de este retorno del individuo al cuestionamiento y el análisis. Un Retorno para el Despegue.  Por el contrario, España, Portugal, el resto de Italia, particularmente Roma, y la América hispana, recién conquistada, continuaron defendiendo su irrefutable ideología, no dispuestos a perder cuotas de Poder a cambio del new-wave y la tolerancia de pensamiento. El famoso aforismo: “Trabajar para el Inglés” (originalmente: trabajar para el Holandés) honraba el momento histórico. Se había creado una zanja entre dos tesis: La Idea única, irrefutable contra La Idea por comprobar.  Estos son los hechos, busquemos las pruebas para apoyarlos, dijeron los unos. Estas son las pruebas,  veremos a que hechos nos llevan, dijeron los otros.

Si hacemos un breve recorrido cronológico vemos por ejemplo, que en  La Democracia Griega se logró un estadío sorprendente de desarrollo político e intelectual, y aunque la  Religiosidad era parte indiscutible de la Sociedad creada en las Polis, quien cuestionaba o aportaba nuevas ideas no era condenado, por el contrario existía un espacio libre para la crítica, la inventiva y el análisis.

Roma, en su etapa más fructífera, La Republica, los últimos 2 siglos antes del nacimiento del Cristianismo, y los primeros 2 del Impero fue testigo de grandes avances: acueductos, puentes, embalses, ingeniería militar, minería, metalurgia, nunca hasta ese entonces, la humanidad experimentó tal auge desde el punto de vista tecnológico. A su vez, la corriente intelectual, cuya base había sido heredada de la conquistada Grecia,  si bien no tuvo lo fuerza que en el mundo helénico, no quedó atrás. Destacando entre ellos dramaturgos, poetas y por sobre todo Historiadores. De nuevo encontramos que no existía, al menos en la etapa que refiero, una ideología que sometiera al individuo.

Por el Contrario, la Edad Media y Oscura, muestra un estanco desconcertante. Aunque en esta etapa destaca la labor por varios siglos que efectuara la Iglesia en términos de Educación sobre mayorías que habían quedado intelectualmente vacías tras la caída de los Cesares de Occidente. Más comenzaba un período donde el Saber quedaba confinado a la doctrina de los distinguidos. Todo parecía estar investigado y escrito. Nada por desarrollar. Parecía como si Otros venían de vuelta por nosotros.

Con la Reforma, y entonces al origen del debate, luego de 10 o 12 siglos de incuestionable cosmogonía y seguimiento de un manual de instrucciones único, la avaricia de los elegidos pasa de límites y termina sufriendo un golpe nunca antes pensado como comentábamos anteriormente. Poco después, empezaron a afianzarse Estados como Alemania e Inglaterra con el primer Bill of Rights, y ya en el siglo XVIII, las ideas de la Libertad como puntal de la escala de valores dentro de una sociedad alcanzarían su consolidación y más alto desarrollo con el surgimiento de la nación Americana.

Llegando a nuestros tiempos, mientras La Europa Anglo Germana, Los Estados Unidos, y nuevos pueblos en Asia, con un pasado Británico Norteamericano en común,  Japón, Singapur y Hong Kong, por citar algunos, daban sus primeros pasos  dentro de la maquinaria del Capitalismo, impulsados por la Revoluciones Industriales, surgía entonces un nuevo dogma, EL Colectivismo. Engendrado por “ilustres” ingenieros sociales, encabezados por Marx, dispuestos a salvar las Mayorías del siglo XIX, y puesto en práctica desde comienzos del siglo XX. Este fenómeno, con la excepción temporal de la mal llamada RDA, encontró eco pero muy pocas posibilidades de proliferar en el expandido hemisferio Anglo Germánico, pero si  en Latinoamérica, como hemos padecido muchos y hoy en día ha ganado renovada fuerza en España y otras regiones.

Ya no solo se trataba de vedar el pensar diferente o hacerte memorizar el pasado sino que esta nueva fuerza llegaba por mas, ellos, llenos de certezas, reclaman ser los mejores al  interpretan el presente y saben absolutamente que se debe hacer para alcanzar a ese futuro necesario. Otra vez, el individuo es relegado al aprendizaje de una ideología. Estos intelectuales de Izquierda poseían la arrogancia, la Fatal como la denominó Hayek, de ser superiores intelectualmente a la compleja sociedad moderna, en todos los órdenes. Una nueva etapa de estanco e involución cercaba de nuevo las naciones que siguieron este terrible equivoco. Naciones como la extinta Unión Soviética y Cuba, donde las Mayorías prefirieron que nuevos "héroes" les colocasen todo a la mano antes de razonar que la solución para prosperar esta en uno mismo, en tu propia voluntad e inventiva y en vivir en una sociedad que premie al que se esfuerza. Una vez más La Libertad quedaba presa de los intransigentes.

Siempre que la humanidad y el pensamiento se han inmovilizado dentro una ideología rígida, liderada por unos pocos, mensajeros de una verdad única, detiene su evolución, su progreso e incluso sufre retrocesos que luego cuestan siglos reponer. El mundo Hispano tal vez solo este inferiormente organizado, tal vez necesitemos un Bill of Rights, y apremie establecer verdaderas Democracias, pero los que si la Historia demuestra es que La Libertad, en toda su extensión, podría sino revertir al menos acortar considerablemente la distancia.

Erick Nogueira

B.A Economic, Havana 2005

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El peso de la religión en la cultura PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Viernes, 18 de Septiembre de 2015 13:11

Por Guillermo Lousteau.-
(A propósito del intercambio entre César Vidal y Carlos Alberto Montaner)

César Vidal y Carlos Alberto Montaner son dos amigos, intelectuales a los que admiro profundamente. Y diría que en la casi totalidad de los temas, estarían básicamente de acuerdo.
Sin embargo, por problema de matices, ambos han discrepado en un tema en el cual estoy también profundamente interesado: el rol de la cultura en el desarrollo de los pueblos. De hecho, uno de los cursos que dicté en la Florida International University, "Comparative Political Culture", tenía como objetivo la comparación entre la cultura anglosajona, propia de los Estados Unidos y la predominante en la América de habla hispana.
La importancia de la cultura para el desarrollo de la economía es ya un valor aceptado sin reservas. A través del tiempo, se han intentado diversas explicaciones sobre la disparidad entre el éxito de las sociedades, incluyendo factores como la geografía y el clima. Pero, finalmente ha prevalecidol consideración de la cultura como el elemento decisivo y primordial de esa diferencia.
Lawrence Harrison y Samuel Huntington lideraron un grupo de trabajo y un ciclo de reuniones - a partir de Culture Matters, una recopilación de trabajos sobre el tema- que se dedicó, precisamente, a fomentar desde Harvard los estudios sobre el rol de la cultura en la marcha de muchos países, que excedían al marco americano. Carlos Alberto participó activamente en ese programa.
Previamente, sobre los años 60, Mac Clelland, en The Achieving Society, había sostenido que era posible prever el éxito económico de una sociedad, analizando las canciones de cuna y los cuentos infantiles, porque reflejaban principios culturales relevantes para establecer el tipo de sociedad a la que pertenecían y como los principios inculcados tempranamente juegan y condicionan las conductas posteriores.
Vidal y Montaner no tienen ningún reparo en sostener esta tesis de explicación cultural, ya que ambos tienen una preocupación muy acentuada sobre las causas del subdesarrollo latinoamericano.
Su diferencia radica en el rol que las creencias religiosas tienen en la formación de esa cultura.

El intercambio comenzó con un artículo de Carlos Alberto, como una reflexión sobre el estado en que se encuentran los países al sur del Río Grande. Bajo el título de "Es la cultura, querido Carlos Alberto", César sintetiza los argumentos exhaustivamente desarrollados en su magnífico trabajo "La herencia del cristianismo. Dos siglos milenios de legado". Resume allí, básicamente, los efectos que las diferentes ideas de la Reforma y la Contrarreforma han generado en los países bajo sus respectivas órbitas de influencia. El nudo central del trabajo de César consiste menos en determinar las ideas originales que diferencian a ambas concepciones (la de la Reforma y la Contrarreforma, sino en mostrar los efectos que esas ideas han provocado en los desarrollos de esas sociedades.
El análisis es demoledor y como es lógico, incomoda a los católicos, en general. Estas exposiciones de César Vidal sobre el tema suelen generar enorme interés y hasta entusiasmo en personas menos comprometidas con la Iglesia Católica. Sin embargo, algunas personas creen percibir  una especie de obsesión con referencia a las consecuencias negativas de la Contrarreforma por parte de César.
Por su parte, Carlos Alberto cree, y lo manifiesta en su respuesta, que el problema religioso no es el mayor ingrediente en la conformación de una cultura, y que sería, al menos, exagerado, poner el acento en esa influencia.
Tomo partido por la tesis de César. Creo que, efectivamente, el peso de las ideas religiosas es decisiva en la concepción cultural, interpretando por cultura un conjunto de valores compartidos.
Ya Ortega había diferenciado entre creencias e ideas. Sostenía que las creencias están generalmente ocultas y subyacentes, y que permanecen en forma inconsciente en cada persona. Las ideas, por el contrario, son explicitadas y conscientes, y suelen ser sometidas a la discusión y el intercambio. Las creencias más fuertemente arraigadas y decisivas provienen de nuestra infancia, y principalmente, sus fuentes principales son generadas en la religión, la escuela y los ejemplos familiares. Por esas características, condicionan decisivamente nuestras acciones futuras, la mayoría de las veces en forma inadvertida
La erudita exposición de César en su artículo tiene a mostrar las diferencias entre el desarrollo de los países reformistas con relación al de aquellos donde los católicos era predominantes. No estoy seguro que el punto de partida de su tesis parta de la hipótesis de Max Weber, a quien no admira precisamente,  cosa que queda muy clara en el libro mencionado.
Pero, si es que puedo terciar, las mías sí parten de Weber y de su análisis del calvinismo, distinto en esta materia de las ideas de Lutero. Calvino sostenía que nada de lo que el hombre hiciera podría decidir sobre su salvación, sino que ésta estaba predestinada. El problema era, entonces, cómo saber quién estaba salvado y quién condenado. Como dice Montaner, "la búsqueda del enriquecimiento como una señal de salvación" era la respuesta. De esa manera, el calvinismo fomentaba y defendía el éxito personal en materia económica, y percibía al pobre como condenado. Esta propuesta, de por sí, era capaz de moldear a una sociedad, contraponiéndolo a la consideración católica negativa sobre los exitosos económicamente, y su condena a los ricos a quienes les estaba cerrado el paraíso y la companía de Jesucristo.

Para poder completar el ideario calvinista, que iba a forjar a la sociedad norteamericana, ese éxito económico no eximía del trabajo. No se trataba de tener dinero, sino de haberlo ganado personalmente y seguir trabajando "para mayor gloria de Dios". Por lo tanto, eran sumamente valorados el trabajo personal y las austeridad y, especialmente, el calvinismo, según Weber, puso un acento muy especial, en "la vocación", es decir en el llamado personal hacia el trabajo.
De esta conformación, surge dos elementos, entre otros, que han sido importantes en la sociedad colonial de los EEUU: la baja consideración de la herencia, casi inexistente y su predisposición a las donaciones, junto con la austeridad de las clases más ricas, aunque su marcha posterior pueda haberse modificado.
Creo que el origen de las disputas teológicas de la Reforma no son decisivas a la hora de considerar las consecuencias que ella ha provocado. Ese arranque y motivación inicial ha devenido en algo mucho más relevante para el análisis que nos preocupa.
Es obvio que una concepción como la calvinista infundida en sus fieles no puede sino dar lugar a una sociedad muy distinta, con referencia al trabajo y su significado.
José Ignacio García Hamilton, un católico devoto, no tuvo reparos en atribuirle a las enseñanzas de la Iglesia Católica -si bien conjuntamente con las de la Corona española- los males principales que condicionan a las sociedades de la América Latina, con relación a la preocupación al éxito económico y a los valores democráticos. En este tema, por ejemplo, el derecho a  la interpretación personal de la Biblia, descartando la interposición excluyente de los sacerdotes, ha sido fundamental en la creación de una sociedad menos jerarquizada.
Es posible que las creencias religiosas con el tiempo pasen a ser menos notorias; pero la conducta que ellas han originado permanecen como hábitos, como ha señalado, por ejemplo, Daniel Bell, especialmente en su "Contradicciones culturales del capitalismo"
No siempre esta diferente concepción de la ida ha sido vista como negativa para las sociedades católicas. Posiblemente, la obra más paradigmática de esta contraposición entre ambas culturas -la hispana católica y la anglosajona- sea un libro entusiastamente recibido y de gran éxito, de principios del siglo XX en el Rio de la Plata: el "Ariel" del uruguayo José Enrique Rodó. Allí se ensalza el desinterés católico por la vida material contra el interés económico y esa tesis aparece como una muestra temprana de un antiamericanismo, sólo que esta vez no proviene de la izquierda, sino de los sectores hispanos y católicos.

 
It's the culture, dear César, but not exactly the religion PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Viernes, 18 de Septiembre de 2015 13:13

By Carlos Alberto Montaner *.-

The big topic being debated in Latin America continues to be why people of Iberian culture -- and I include the Brazilians -- score so poorly when the level and quality of their lives are compared with those of their English-speaking neighbors to the north.
My admired friend César Vidal -- wise and prolific like few others -- attributes a substantial part of the development of the world's most prosperous countries to the Protestant Reform ("It's the culture, dear Carlos Alberto.") He affirms, and this must be true, that by the end of the 20th Century 90 percent of all Nobel Prize winners were Protestants or Jews.
I agree with César that the secret of the inequality in the intensity of development lies in the culture, but, although religion is part of it, I suspect that the differences in the economic and social performance of nations go on different tracks, although I admit that the adherence to the truth, the condemnation of theft and certain habits of moderation preached by the Protestants are clearly related to economic success.
Guided by anthropologist Estuardo Zapeta, I verified this in Guatemala with the indigenous Cachikeles. Half of the ethnic group had converted to Protestantism in one of its evangelical variants that called for the rejection of alcohol and better work habits. By a large margin, those who had remained Catholic did a lot better.
In some way, César adheres to Max Weber's theory as published in 1905 in The Ethics of Protestantism and the Spirit of Capitalism. César's ideas can be read in the website of the Inter-American Institute for Democracy. Weber's ideas are based -- fundamentally though not solely -- on an examination of Calvinism and its cult of asceticism, austerity and the search for enrichment as a sign of salvation.

However, as we know, what we call Protestantism has a theological origin: the revolt against Pope Leo X over his sale of indulgences intended to reduce or eliminate the years in purgatory.

The Pope, a refined Medici, wanted to build St. Peter's Basilica and needed a large sum of money, so he started peddling the possibility of speeding up the journey to heaven. He organized a sort of marketing campaign, assigning his finest prelates to handle the business.

Disgusted by the ridiculous swindle (which wasn't new to the Church), Martin Luther, very much within scholastic tradition, published his 95 theses to "dispute" the Papal practice and, above all, to question the control of the not-so-Holy Father over purgatory, that stage (today no longer in Catholicism) where souls were punished for the sins committed in life before they could enter heaven. Thesis 82, for example, asked a logical question: If the Pope has dominion over purgatory, why doesn't he empty it once and for all?

Practically all arguments between Rome and Protestantism are based on theological grounds -- Mary's virginity, predestination vis-à-vis free will, the number of sacraments, the authority of the Bible, relations between the believers and God, the role of the saints, baptism and the Trinity.

Everything goes back to opinions about religious beliefs, including the very important issue of clerical celibacy. Almost no one in Protestantism says that Catholicism leads to poverty or backwardness; they see it as a deviation from Jesus' preachings.

It is true that the part of Europe that was dominated by the Spanish Counter-Reformation and remained faithful to the Pope dropped back in relation to the Anglo-German North, but who can deny the drive of southern Germany, tenaciously Catholic, or France, a subject of the Pope and a great power in Europe during the 17th, 18th and almost all of the 19th Century?

It is also true that Spain repudiated manual labor and the instruments of credit until the reign of Charles III in the second half of the 18th Century, but that behavior was based on the vision subscribed by the Greco-Roman pagan world that Christianity inevitably picked up. It can be found in Plato and Aristotle and in the behavior of the Roman ruling class. Manual labor was something for slaves and plebeians.

Perhaps the best proof that Christianity has a lesser weight in development must be sought in the eastern societies, which did not deal with the Reformation or the Counter-Reformation yet managed to situate themselves on the top of the world. I'm thinking of Japan, South Korea or Taiwan.

That's why I found the testimony of Yokoi Kenji, a Colombian-Japanese who knows both worlds, very valuable. It's easy to find him in YouTube. To him, the key to the success of Japan is in discipline and perseverance. From which we can deduce that the relative failure of Colombia (or all of Ibero-America) is caused by the opposite.

There are many more cultural elements, dear César, but you're on the right track.



*CAM is a journalist and writer. His latest book is the novel A Time for Scoundrels.

 
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