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Artigos: Mundo
La política del desprecio PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 24 de Enero de 2016 13:43

Por Arthur Brooks.-

Los españoles están perplejos ante el ascenso de Donald Trump en la política estadounidense. Las explicaciones que ofrecen los medios de comunicación españoles suelen centrarse en el supuesto racismo o la estupidez de los conservadores norteamericanos. Es una interpretación incorrecta. El trumpismo es fruto de un desprecio creciente surgido en la dinámica política de EE UU.

El 3 de noviembre de 2004, a la mañana siguiente de la reelección de George W. Bush, recibí un correo electrónico que circulaba por las universidades, incluida en la que yo daba clase en aquella época. El mensaje contenía un mapa que señalaba las circunscripciones en las que había ganado Bush y en las que se había impuesto John Kerry, y comparaba los niveles educativos en esas zonas. Los lugares donde ganó Bush tenían un nivel medio de educación más bajo que en lo que ganó Kerry. El comentario que acompañaba a este dato, en tono despectivo, lo interpretaba como prueba de que los votantes de Bush eran unos tontos incultos.

Desde el punto de vista académico, la conclusión era increíblemente endeble. Pero lo que más me asombró fue ver el desprecio, nada disimulado, de muchos miembros de la élite progresista hacia una gran masa de personas normales y corrientes, trabajadoras.

. Su miembro más destacado, el expresidente Bill Clinton, no era una persona desdeñosa; es más, tenía las raíces proletarias que tanto despreciaban mis colegas. Pero ya se estaba fraguando una guerra.

La política del desprecio

Estalló en 2008, cuando el candidatoBarack Obama —un izquierdista sin ambages, como muchos de mis colegas universitarios— pronunció una frase, hoy famosa, en un acto para recaudar fondos entre millonarios de San Francisco (la ciudad más de izquierdas de Estados Unidos). ¿Por qué la clase trabajadora se inclinaba a la derecha? “Están resentidos”, explicó, y “se aferran a las armas, o a la religión, o a la antipatía hacia personas que son distintas, o se vuelven en contra de los inmigrantes, o del comercio, para justificar sus frustraciones”.

No tengo ni idea de cuál era la intención de Obama, pero recuerdo con claridad que todo el mundo lo interpretó como un insulto a quienes estaban pasándolo mal económicamente. En años sucesivos hubo muchos más casos. En 2012, el presidente se burló en tono desdeñoso de la ideología conservadora (de nuevo en un acto con millonarios en San Francisco): “Si caes enfermo, arréglatelas como puedas. Si no puedes pagar la universidad, arréglatelas como puedas. Si no te gusta que una empresa esté contaminando tu aire o el aire que respira tu hijo, arréglatelas como puedas”.

Podría citar muchos otros ejemplos en los que el presidente tacha a los conservadores y la clase trabajadora de retrógrados, estúpidos e insensibles. Le pregunto al lector español: si usted fuera (como yo) una persona de opiniones moderadamente conservadoras, ¿qué sentiría ante esas palabras? ¿Eso facilitaría hacer progresos en política o lo haría más difícil?

Hay muchos ejemplos en los que el presidente ha tachado a los conservadores de retrógrados e insensibles

Existe un enorme volumen de investigaciones psicológicas sobre el desprecio y concluyen que es una fuerza completamente destructiva. En palabras del filósofo del siglo XIX Arthur Schopenhauer: “El auténtico desprecio… es la convicción absoluta de que el otro no vale nada”.

Desprecio no es lo mismo que ira. En una serie de experimentos cuyos resultados se publicaron en 2007 en el Journal of Personality and Social Psychology, dos psicólogos descubrieron que la ira se caracteriza por respuestas agresivas inmediatas, pero que hay reconciliación a largo plazo. Por el contrario, el desprecio se caracteriza por el rechazo y la exclusión social a corto y a largo plazo. El desprecio es totalmente destructivo, y su objetivo es la hostilidad permanente.

La presidencia de Obama ha llevado a primer plano la política del desprecio. Él no es el único culpable: otros muchos han seguido su ejemplo. Los republicanos han hecho todo tipo de declaraciones irresponsables y despectivas contra Obama y los demócratas. Pero la responsabilidad es sobre todo del presidente, porque es el líder y es quien marca el debate nacional. Es él quien debe utilizar un tono que permita un progreso democrático consensuado, no la destrucción política total. No lo ha hecho, y eso ha debilitado a nuestra nación.

El trumpismo es la consecuencia actual de esa política del desprecio. La candidatura de Trump surgió como reacción al desdén de los progresistas hacia los ciudadanos de a pie que solo aspiran a ganarse la vida en una situación económica complicada. Ahora, por lo visto, muchos creen haber encontrado en Donald Trump a un paladín capaz de contraatacar. Pero él mismo se ha convertido en un genio del desprecio, capaz de burlarse magistralmente de cualquiera que no esté de acuerdo con él.

No tengo ni idea de si Trump va a ganar las primarias republicanas. Como católico, me es imposible apoyar sus crueles insultos. Como economista, creo que sus propuestas están profundamente equivocadas. Pero como persona dotada de sentido común, puedo entender su popularidad después de siete años de desprecio del presidente Obama hacia tantos de mis conciudadanos.

Arthur Brooks es presidente del American Enterprise Institute.

Última actualización el Domingo, 24 de Enero de 2016 13:50
 
Una guerra de civilizaciones PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Viernes, 20 de Noviembre de 2015 13:37

Por Jorge Hernandez Fonseca.-

No es momento de recriminar a nadie, sino de actuar proactivamente contra aquellos que nos han impuesto una guerra de conquista que nunca hemos promovido, pero que tenemos que abrazar.

 

Una guerra de civilizaciones

Jorge Hernández Fonseca

14 Noviembre de 2014

 

Los sangrientos atentados terroristas del pasado viernes 13 en Paris, Francia, cuya autoría ha sido reconocida por el Ejército Islámico, nos llevan de la mano a un análisis obligado.

 

En primer lugar, es importante reconocer que estamos ante un enemigo con una cultura radicalmente diferente a nuestra cultura occidental. En este sentido, la guerra declarada por el “Estado Islámico” contra “Occidente” puede categorizarse como un enfrentamiento entre dos civilizaciones muy diferentes: la civilización occidental, erigida sobre el cristianismo como hilo conductor y la civilización islámica, erigida sobre normas asociadas a esa religión.

 

No se trata de una guerra religiosa estrictamente hablando, pero si se trata de una guerra entre el sector más extremista de la cultura islámica --por un lado-- y la cultura cristiana en general, (incluyendo todos los sectores cristianos, extremistas o no). Hay que considerar que los extremistas islámicos (centrados en el Estado Islámico ahora, aunque antes eran dirigidos por AlQaeda) han declarado la guerra, no a un estado, sino a todo Occidente en general.

 

Lo sucedido en París el pasado viernes 13 pasará a ser para Francia lo que significó el 11 de Septiembre para los Estados Unidos. En ese sentido y a pesar de lo temprano que todavía resulta para un análisis más profundo, es innegable que --ni Europa ni EUA-- pueden postergar el momento de hacerle la guerra formal al Estado Islámico, de manera que hijos de la civilización occidental no mueran más en un café parisino o en un estadio de futbol --y si fuera el caso-- den su vida de manera directa en el campo de batalla foráneo contra los terroristas.

 

Tanto EUA como Europa deben poner fin al debate sobre la disyuntiva entre cortar libertades dentro de sus países --en función de la seguridad-- debido a la amenaza del ejército islámico, con vistas a garantizar la correspondiente seguridad social. La guerra debe ser llevada directamente en territorio de los terroristas, aunque lógicamente, las medidas de seguridad deben ser reforzadas, pero en todo caso –y a partir de ahora-- jerarquizando colocar el campo de las acciones de guerra en el lugar que radican los causantes de esta invasión expansionista.

 

Hay que decir que el Estado Islámico ha declarado la guerra a Occidente como forma de conquista de su supuesto califato. Reclama una expansión mundial, que incluye territorios en Europa y Asia y muy probablemente en América, con aseveraciones que tienen que ver peligrosamente con la religión que profesan. Es por esa razón, que los dignatarios islámicos que nada tienen que ver con estas pretensiones expansionistas, deberían pronunciarse claramente ante sus fieles condenando estas pretensiones, con vistas a deslindar los campos.

 

Ya Rusia sufrió un duro golpe, que ahora se repite dolorosamente en Francia. Occidente no puede postergar mucho más la entrada directa en una guerra de defensa, que hace ya mucho tiempo podría haberse definido aplastando al Estado Islámico en sus inicios, que a diferencia de AlQaeda tiene territorio definido y se expande como un cáncer por el norte de África.

 

No es momento de recriminar a nadie, sino de actuar proactivamente contra aquellos que nos han impuesto una guerra de conquista que nunca hemos promovido, pero que tenemos que abrazar.

 

 

Artículos de este autor pueden ser encontrados en http://www.cubalibredigital.com

Última actualización el Viernes, 20 de Noviembre de 2015 13:38
 
Confía, pero verifica PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 18 de Octubre de 2015 11:12

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Por Carlos Alberto Montaner.- 

Acaso el único concepto de la cultura rusa que seducía a Ronald Reagan era ese viejo proverbio: "Confía, pero verifica". El presidente norteamericano no se hacía demasiadas ilusiones con la naturaleza humana. La disposición a engañar, hacer trampas o a aprovecharnos de la indefensión del otro es una triste constante en la historia de nuestra especie.

Acabamos de verlo en el fraude cometido por el fabricante de automóviles Volkswagen. Sus ingenieros crearon un ingenioso programa de computadora para burlar las disposiciones oficiales norteamericanas de protección del medioambiente. Algunos de sus autos contaminaban hasta 40 veces más de lo permitido. No les importaba envenenar la atmósfera con tal de ganar más dinero.

Pero la historia universal de la infamia posee mil ejemplos: desde el gigante Enron, que maquillaba sus libros de contabilidad, hasta la despreciable anécdota del laboratorio Turing, cuyo principal accionista es un joven inescrupuloso llamado Martin Shkreli.

El personaje compró los derechos de una medicina contra la toxoplasmosis, una enfermedad parasitaria que puede ser letal, transmitida a los humanos por las heces de los gatos, especialmente devastadora en los enfermos de sida porque carecen de mecanismos defensivos naturales, y poco después multiplicó por 55 el costo de las pastillas: de US$ 13,50 a $750, impidiendo a muchos enfermos que pudieran curarse.

Shkreli se escudó en el argumento legal. Lo que hacía no violaba ninguna ley y estaba protegido por el derecho de propiedad. Lo hacía porque podía hacerlo. Era cierto. No se trataba de un delito. Era una canallada. Tampoco debe serlo violar el cadáver de la abuela, pero no deja de ser repugnante.

De alguna forma, el razonamiento era el mismo esgrimido por los esclavistas hasta el siglo XIX. Los esclavos eran una propiedad y el Estado no podía vulnerar ese derecho. Hasta que los legisladores entendieron que sí había límites y era preciso establecerlos. Una persona no puede poseer a otra persona, como no puede comprar los derechos sobre el oxígeno o sobre la luz solar.

Lo que parece no tener límites es la defensa de los intereses económicos. Los religiosos en EEUU e Inglaterra invocaban pasajes de La Biblia con el objeto de justificar la esclavitud. Aseguraban que los negros descendían de Cam, hermano de Sem y de Jafet, supuestamente condenado por Noé, el padre, a servir de esclavos de los blancos.

Había razones fundadas en la ética. La esclavitud, decían, era una forma eficaz de educar a los africanos en el cristianismo y la civilización occidental. Vivían mejor —aseguraban— en los barracones y al alcance del látigo de los mayorales que en la barbarie de su continente feroz y atrasado, permanentemente acosados por las fieras, las enfermedades o el maltrato de las tribus enemigas.

Los más sabichosos se escudaban en la seudociencia: los africanos eran inferiores, subhumanos. Ya Aristóteles advirtió sobre la existencia de seres concebidos para servir: los "esclavos por naturaleza". Era la teoría racial que acabaría por engendrar el nazismo. Un diplomático francés, Joseph Arthur de Gobineau lo había escrito a mediados del siglo XIX en una obra que tuvo una nefasta influencia: Ensayo sobre las desigualdades de las razas humanas.

¿Cómo se lucha contra las trampas, las falsificaciones, los engaños de las empresas, las mentiras de los políticos y funcionarios que representan al Estado, los fraudes de las personas que no pagan sus impuesto, o los free riders que se las arreglan para que otros incautos les paguen sus cuentas, muchas veces sin advertirlo?

Obviamente, con reglas claras y generales de obligatorio cumplimiento para todos, administradas por instituciones vigilantes fuera del alcance de la mano peluda de los poderosos, de manera que puedan preservar su capacidad de acción.

Por eso es importante que existan contralorías, auditores y agencias autónomas que examinen la distancia que existe entre el compromiso contraído y la realidad. Por eso es vital que se castigue la ilegalidad y se distinga al comportamiento decoroso, hasta que ese sistema de premios y castigos se transforme e interiorice como valores compartidos.

Ya en el Código de Hammurabi, 2.000 años antes de Cristo, se establecía la necesidad de pesas y medidas para evitar los fraudes de los comerciantes. "Si los hombres fueran ángeles —escribió James Madison— no haría falta ningún gobierno". Pero no somos ángeles.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Miércoles, 21 de Octubre de 2015 11:51
 
Las armas de la Democracia PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Lunes, 05 de Octubre de 2015 12:02

 

Por Erick Nogueira.-


Cuando en 1789 James Madison presento un grupo de Enmiendas a la Casa de Representantes,


proponiendo insertar unos Derechos específicos dentro de la Constitución de Los Estados Unidos, parte


de los cuales conformaron poco después lo que conocemos como el Bill of Rights,  se creaban las bases


de una Sociedad Democrática. Norteamérica, naciente país independiente entonces, en donde crecía un


capitalismo con gran fuerza pero aun primitivo, aseguraba, muy acertadamente, que el Individuo y no


un grupo sectario, o de Poder, disfrutase de los derechos necesarios para la búsqueda del Felicidad y la


procuración de la  existencia. La Libertad de Expresión, de Religión, de Asociación entre otros, los cuales


serán  siempre los puntales de una Sociedad Libre, quedaron oportunamente incorporados para


consolidar La Ley Suprema. En particular, el Derecho a tener y portar armas, era una necesidad vital.


Además de surgir en reacción a las restricciones que venía imponiendo el Imperio Británico sobre sus


colonias, y como parte del movimiento de independencia, era el Oeste propiamente, el embrionario


sistema jurídico se mostraba aún insuficiente para acotar los conflictos humanos y la lucha Leviathánica


del hombre por el hombre.


Han transcurrido más de dos siglos  y para satisfacción póstuma de los Padres Fundadores, y de muchos


de los que hoy aquí residimos, Estados Unidos  es la nación más prospera del Planeta. Al margen del


universo de los indicadores económicos, de los cuales podríamos extraer múltiples y disimiles análisis, es


consenso general que desde principios del siglo XX aquellos que deciden emigrar, apuntan su brújula


hacia este gran País.  Más no es perfecto, determinados aspectos son mejor llevados en regiones como


Escandinavia y el Canadá, por citar algunas. Pero a mi juicio, hay  elemento que ha recibido justa critica


desde entonces y se ha agudizado en las últimas décadas, o peor,  en los últimos años, la violencia. Hace


pocos días otro terrible tiroteo masivo tuvo lugar en Oregón. Como si un grupo de Padres, ya no


fundadores, pero si habitantes de esta gran nación, se hubiesen puesto de acuerdo para enviar a sus


hijos el día equivocado a la escuela. Horrible suceso. Urge actuar. Donde radica el error? Es prevenible?


Como podemos continuar defendiendo nuestra Democracia, tan necesaria, sin estar expuestos a que un


día sea alguno de nosotros, que también somos todos, quien reciba la espantosa noticia.


La posesión irrestricta de armas, y lamentablemente, en muchos casos armas de asalto, no es garantía


del sostenimiento de una Democracia, más un falso mito. Las Democracias, no están sostenidas porque


el  Pueblo tenga armas, las Democracias se apoyan en las Instituciones que han sido creadas para


estructurarlas, en el respeto a la Constitución que en el caso del mundo libre, es el respaldo


fundamental al individuo y sus derechos,  en los propios mecanismos de elección de los cargos públicos,


en las transacciones Económicas con base en el derecho a la Propiedad, en la Tradición que va


transfiriendo valores de una Generación a otra, por el simple hecho de que realmente funciona. Todos


son ingredientes de un Orden que automáticamente repele cualquier inicio de fisura, rechaza toda


propuesta que pretenda desapoderar a un Congreso o Parlamento e intente promover al Poder algún


candidato caudillista, extremo populista o creyente de un linaje superior. Este Orden ha protegido al


mundo libre por varios siglos y es pretensión de todos, quienes concebimos la Libertad en la cima de la


escala de valores, que continúe haciéndolo.


En el mundo hay países que ostentan diferente variantes de Democracia y la tenencia de armamento


por parte del individuo común es restringida, altamente controlada y en algunos casos prohibida. Léase,


la Gran Bretaña, o por ejemplo Australia, en donde se implementaron estrictas medidas tras la masacre


de Port Arthur en 1996 y el Gobierno logró sacar de circulación más de un quinto de todo el armamento


existente fuera del ejército, o el caso de Japón, donde un policía solo puede portar su arma durante las


horas de servicio activo. Es evidente, aunque la lógica individual lo contradiga,  que la presencia de un


arma en cada casa no es garantía para no estar expuestos a una tragedia, las cuales generalmente


ocurren en nuestra ausencia. Es  aún más evidente, la lógica histórica así lo indica, que la tenencia


“irrestricta” de armas no es tampoco determinante para evitar que una  Democracia ceda y un Déspota


se apodere de una Sociedad Libre.


Los Tiranos no llegan por la fuerza, nunca ganarían entonces, sino, disfrazados de redentores de  males,


con los bolsillos llenos de carisma para las mayorías. A menudo, ocurre en  Sociedades que ya han


sufrido un quiebre de su Orden Constitucional. La Tiranía es un proceso posterior, que el Dictador va


alcanzando en medio de la confusión, el acorrale de la información, la tergiversación de la verdad y


finalmente la fuerza en nombre de lo que El cree que el pueblo desea. Una vez detectada, solo una


minoría sale a enfrentarla, podemos decir lo contrario hoy, pero el resto, armado o no, históricamente


queda a la espera.  Port otra parte, el Opresor tampoco puede ametrallar a un pueblo entero, los


necesita, vive de ellos. No son las armas, a quienes El teme,  sino a la repulsión y al rechazo masivo.


Los Caudillos no fusilan en público, no enfrentaría con tanques a su propio pueblo, a menos que sea


opción final y desesperada, por lo general necesitan permanecer en el Poder por la vía del consenso


sobre una mayoría engañada. Hitler, no consta que haya ametrallado a alemanes en Berlín, al menos no


en plena calle para imponer su nefasta locura. Stalin mandó Los Tanques Soviético a Praga en el 68’,


pero le hubiese costado mucho más decidir soltarlos en Moscú, sabemos que prefería eliminar a los


enemigos cercanos en Purgas ocultas. Castro se vio en peligro en el “Maleconazo” del 94  y escogió


presentarse acorazado por sus guarda-cuerpoenteros, en vez de enviar Katyushas a Galiano. De hecho, y


no creo sea secreto, que una verdadera movilización popular, gigante, pacifica, y replicada, sería


posiblemente la  acertada fórmula de éxito para alcanzar una Cuba Libre y para ello resultaría mucho


más efectivo lograr una Unión verdadera y no precisamente acumular pistolas o granadas antitanques.


Tampoco podemos registrar masacres masiva, o públicas, o ambas, por parte de Dictadores de Derecha


como Trujillo en la Republica Dominicana y Pinochet en Chile. Examinando la Historia, El Fouché,


devenido falso Jacobino, también a conveniencia, vestido del “Metrallero de Lyon” (mitrailleur de Lyon),


es por suerte,  un caso bastante aislado en la era moderna. Luego entonces, es Estados Unidos la


excepción? Será este lugar que nos ha acogido a todos, lugar en el cual vivimos hoy con orgullo muchos,


donde para defendernos de un Dictador tenemos que procurar que cada ciudadano porte un arma, o un


tanque y si es posible de asalto? No lo Creo.


En Cuba, por ejemplo, justo después del 59, los alzados se refugiaron en el Escambray, con armas, y con


el derecho a la libre elección que les asistía para deponer al naciente Régimen , fuera una u otra la razón


que los motivaba,  fueron derrotados. Acaso Castro  tenía un ejército particular o utilizó el ejército de


Congreso alguno para aplastar a los “bandidos”? Todos sabemos que No. Utilizó al mismo pueblo, la


parte que ignorantemente creía en EL.  A esa porción, y lamentablemente no eran pocos, les habían


tergiversado la verdad y lo peor, creían que la solución a los males de un Estado o territorio  está en


manos de un iluminado. El Pueblo sumido en la Barbarie y la excesiva credibilidad en ídolos, lideres, e


ideas rígidas. Pueblo, cuya capacidad de observación le estaba siendo extirpada.


Nosotros, los cubanos, en su mayoría, vivimos años en el Totalitarismo, conseguimos emigrar para ser


libres, para muchos, por primera vez, pero a veces parece que nos quedan residuos, que el daño no


estaba solo en el falso discurso, o el crimen cometido sobre aquel que decidió enfrentarse, sino también


sobre el modo con que realizamos el análisis,  removamos ese lastre de raíz. Coincidir con un Partido


Político, en Democracia, no significa que estemos ciegamente de acuerdo con todo lo que de ahí


proviene. Simpatizar, en Democracia, con un conjunto básico de ideas destinadas a mejorar un país


Libre, y evitar que retroceda, no implica relegar de la razón.  Seamos Republicanos o Demócratas,


ejerzamos el derecho a escoger, seamos libres, pero nunca irracionales.


En estos días, en el mismo país que mucho admiramos, por la fortaleza de su Economía, por su


grandiosa Constitución, por ser escenario verdadero de la igualdad de oportunidades, es a su vez teatro


de tragedias sin sentido y más recientemente, con una frecuencia espantosa. El individuo, por derecho,


posee armas, así fue instituido desde el principio, en defensa de la existencia. La razón asistió


oportunamente para proveer al hombre de un medio como resguardo de lo primordial, estar vivo. Pero


no se supone que lo que una vez fue aprobado para protegernos, hoy se vuelva cada vez más en nuestra


contra. Es evidente, que No es en defensa de la Democracia para lo que están siendo utilizadas esas


artefactos letales,  hoy protagonistas de masacres acometidas por locos, con entrañas de asesinos, o


viceversa, y que lamentablemente continúan. Puede que la solución este en enmendar hoy lo que una


vez pareció incuestionable. Puede sea factible, que se apruebe una Ley que prohíba la venta de armas


de asalto, y similares, donde solo quede lugar para pequeñas y restringidas a individuos rigurosamente


evaluados. Algunos propondrían incluso,  eliminar el derecho de portarlas. Apoyo que la mayoría decida.


Acción hay que tomar. Es el turno de América. Es inconmensurable el dolor que deben sentir los


familiares de las víctimas. Muy probable no encontremos modo alguno de imaginarlo. Educar mejor,


magnifico, pero lleva tiempo. A cuantas tragedias estamos de ese momento. Sin contar con que los


trastornos psíquicos están llamados a concurrir siempre. Tenemos que hacer en Pro del bien común,


incluso cuando tales medidas no representen lo que personalmente preferimos. No olvidemos que lo


primario es  Existir, y procurar que existan nuestros hijos. Sin ellos, sin nosotros mismos, de que nos


sirve la  Democracia.

Última actualización el Lunes, 05 de Octubre de 2015 12:08
 
Dos refutaciones a la doctrina Obama PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Sábado, 17 de Octubre de 2015 20:40

Por Rafael Rojas.-

En la última semana, los dos principales periódicos de Nueva York, The Wall Street Journal y The New York Times, han publicado sendos artículos que cuestionan la política exterior emprendida por el presidente Barack Obama, en el tramo final de su mandato. Desde el primer diario, el importante historiador británico Niall Ferguson, estudioso del imperio inglés y del sistema financiero mundial, reitera la idea de que Obama deja un mundo más peligroso que el que recibió y augura el peor desenlace al entendimiento con Rusia en la cuestión siria. En el Times, Roger Cohen dice algo parecido, aunque reconoce la audacia de Obama en el acuerdo nuclear con Irán y el restablecimiento de relaciones con Cuba.

Las críticas de ambos estudiosos de las relaciones internacionales parten de una premisa correcta sobre la nueva política exterior de Washington. Obama no está tratando, únicamente, de revertir la estrategia internacional de su antecesor, George W. Bush, sino la del presidente que marcó la pauta diplomática de Estados Unidos en la última década de la Guerra Fría: Ronald Reagan. Desde el inspirado discurso en El Cairo, en 2009, hasta el más reciente mensaje ante la Asamblea General de la ONU, Ferguson observa una búsqueda de equilibrios en el Medio Oriente y un manejo de las fricciones con Rusia y China, que intentan abandonar algunas claves de la política exterior heredada de Henry Kissinger, durante la era bipolar.

Ferguson, biógrafo de Kissinger, piensa que ese cambio en la política exterior no será exitoso y que la próxima administración, sea demócrata o republicana, la abandonará bajo la presión de los conflictos. También piensa que el mal diseño y la mala ejecución de la doctrina Obama no tiene tanto que ver con el presidente como con el grupo de asesores en la materia que lo rodea, empezando por el secretario John Kerry, donde predominan abogados, carentes de experiencia diplomática. Siguiendo a Kissinger, quien rechazaba la intervención de los abogados en política exterior, Ferguson concluye que el próximo presidente o presidenta deberá llevar un nuevo capital intelectual a la Casa Blanca, que restablezca la supremacía del interés nacional.

Roger Cohen, desde el New York Times, concede más a la política exterior de Obama, pero es igualmente crítico. A su juicio, el concepto básico de esa doctrina es restraint o contención, por lo que no piensa que haya tal discontinuidad con la tradición realista o neorrealista de la diplomacia de la Guerra Fría. Tampoco piensa que la retirada de las tropas de Irak y toda la estrategia hacia el Medio Oriente carezca de sentido. Pero sostiene que el trazado y la conducción de la política hacia Afganistán, Libia y Siria de la Casa Blanca, han sido “ambivalentes” y han permitido que Xi Jinping y China y, sobre todo, Vladimir Putin y Rusia, saquen ventaja de la “debilidad” o de la “imagen de debilidad e incoherencia” que ha proyectado Obama.

Cohen asegura que la decisión de poner fin a las guerras de la administración Bush era correcta, pero que debió ejecutarse con mayor gradualismo. También observa que la falta de firmeza ante Putin ha acentuado las distancias con una Europa que vive, además, un creciente escenario de fricción interna. El “costo de la Doctrina Obama”, concluye, “ha sido muy alto”, especialmente en Siria, donde un conflicto bélico a tres bandas —Assad, los rebeldes e Isis—, ha obligado a un pacto con Rusia que malogra el objetivo de la contención. Puede que las críticas a Obama tengan mucho que ver con el nuevo ambiente electoral, pero lo cierto es que ya ocupan el centro editorial de los grandes medios en Estados Unidos.

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