La dictadura castrista prohíbe a Berta Soler salir de Cuba

El Gobierno ha impedido este martes salir del país a Berta Soler, ...

OEA aprueba celebrar su Asamblea en Ciudad de México entre el 19 y 21 junio

La Organización de Estados Americanos (OEA) aprobó hoy por consenso celebrar su ...

El chavismo pide al Supremo anular el apoyo del Parlamento a la Carta Democrática

El bloque parlamentario del chavismo solicitó el miércoles al Tribunal Supremo de ...

El ministro de Defensa vincula el ataque en Londres al ‘terrorismo islamista’

El ministro británico de Defensa, Michael Fallon, dijo el jueves que el ...

Senado chileno apoia proposta de suspensão da Venezuela na OEA

O senado do Chile apoiou nesta quarta-feira a proposta de suspender a Ve...

Artigos: Mundo
La Libertad, el brazo Derecho del Desarrollo PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Viernes, 18 de Septiembre de 2015 12:59

Por Erik Nogueiras.-

Uno de los temas que comúnmente ha sido base de amplios debates en las últimas décadas y tal vez en los últimos siglos, es el desarrollo evidentemente superior que hoy manifiestan las naciones cuyos orígenes tienen raíces en la cultura Anglo Germánica, sobre las comunidades Hispanas y sus descendientes, del cual me considero parte. Recientemente tuve la oportunidad de leer ciertos enfoques, muy válidos, donde los autores mencionaban el surgimiento del Protestantismo en Alemania como posible punto de partida, versus el sostenimiento de las prohibiciones Clericales en Roma durante la misma época, así como un número importante de ingredientes culturales y hechos históricos como principales componentes de lo que hoy es plataforma real de nuestras vidas. Probablemente la solución está en el buen análisis de los elementos que conformaron y conforman nuestra tradición, junto a la adquisición de una conciencia crítica que nos permita preguntarnos: Que hicimos mal? Como podemos revertir este escenario?  Se podría acortar la distancia? Coincido en que no se trata de un aspecto o un evento aislado, sino el concurso de múltiples factores culturales. Fue entonces la Reforma quien diferenció a los  Anglo Germanos del menos avanzado mundo Hispano parlante?  Es un excelente punto, pero a mi juicio, hay un componente, que ha escoltado siempre al Desarrollo y a “La Riqueza de la Naciones”, como titulara Adam Smith su magistral obra, El Libre pensamiento, La Libertad.

El protestantismo si bien no fue el punto de partida original, marcó un momento significativo, luego de muchos siglos de oscuridad, incluso dentro del dogma eclesiástico, comenzaba un grupo a separarse  conceptual y prácticamente sobre una mayoría jerárquica convenientemente entronizada que pretendía

sacar provecho de la Fe. Para muchos, el inicio de una Rebeldía que nacía casi en paralelo con el Renacimiento, como antesala de lo que fue poco después La Ilustración con Locke, Hume, Rousseau, de ahí hasta la Acumulación Originaria de Capital, la consolidación del Libre Mercado y más adelante la máquina de vapor, el ferrocarril  y el mundo moderno que hoy todos conocemos. Los valores de la cultura grecolatina y la contemplación libre de la naturaleza regresaban al rescate de Europa y el mundo Occidental.  Primero Lutero y luego Calvino, entre otros, se habían atrevido al enfrentamiento. La invención de la Imprenta a fines del siglo XV, acompañó la cruzada. Alemania, Holanda,  el norte de Francia y el norte de Italia fueron los principales exponentes de este retorno del individuo al cuestionamiento y el análisis. Un Retorno para el Despegue.  Por el contrario, España, Portugal, el resto de Italia, particularmente Roma, y la América hispana, recién conquistada, continuaron defendiendo su irrefutable ideología, no dispuestos a perder cuotas de Poder a cambio del new-wave y la tolerancia de pensamiento. El famoso aforismo: “Trabajar para el Inglés” (originalmente: trabajar para el Holandés) honraba el momento histórico. Se había creado una zanja entre dos tesis: La Idea única, irrefutable contra La Idea por comprobar.  Estos son los hechos, busquemos las pruebas para apoyarlos, dijeron los unos. Estas son las pruebas,  veremos a que hechos nos llevan, dijeron los otros.

Si hacemos un breve recorrido cronológico vemos por ejemplo, que en  La Democracia Griega se logró un estadío sorprendente de desarrollo político e intelectual, y aunque la  Religiosidad era parte indiscutible de la Sociedad creada en las Polis, quien cuestionaba o aportaba nuevas ideas no era condenado, por el contrario existía un espacio libre para la crítica, la inventiva y el análisis.

Roma, en su etapa más fructífera, La Republica, los últimos 2 siglos antes del nacimiento del Cristianismo, y los primeros 2 del Impero fue testigo de grandes avances: acueductos, puentes, embalses, ingeniería militar, minería, metalurgia, nunca hasta ese entonces, la humanidad experimentó tal auge desde el punto de vista tecnológico. A su vez, la corriente intelectual, cuya base había sido heredada de la conquistada Grecia,  si bien no tuvo lo fuerza que en el mundo helénico, no quedó atrás. Destacando entre ellos dramaturgos, poetas y por sobre todo Historiadores. De nuevo encontramos que no existía, al menos en la etapa que refiero, una ideología que sometiera al individuo.

Por el Contrario, la Edad Media y Oscura, muestra un estanco desconcertante. Aunque en esta etapa destaca la labor por varios siglos que efectuara la Iglesia en términos de Educación sobre mayorías que habían quedado intelectualmente vacías tras la caída de los Cesares de Occidente. Más comenzaba un período donde el Saber quedaba confinado a la doctrina de los distinguidos. Todo parecía estar investigado y escrito. Nada por desarrollar. Parecía como si Otros venían de vuelta por nosotros.

Con la Reforma, y entonces al origen del debate, luego de 10 o 12 siglos de incuestionable cosmogonía y seguimiento de un manual de instrucciones único, la avaricia de los elegidos pasa de límites y termina sufriendo un golpe nunca antes pensado como comentábamos anteriormente. Poco después, empezaron a afianzarse Estados como Alemania e Inglaterra con el primer Bill of Rights, y ya en el siglo XVIII, las ideas de la Libertad como puntal de la escala de valores dentro de una sociedad alcanzarían su consolidación y más alto desarrollo con el surgimiento de la nación Americana.

Llegando a nuestros tiempos, mientras La Europa Anglo Germana, Los Estados Unidos, y nuevos pueblos en Asia, con un pasado Británico Norteamericano en común,  Japón, Singapur y Hong Kong, por citar algunos, daban sus primeros pasos  dentro de la maquinaria del Capitalismo, impulsados por la Revoluciones Industriales, surgía entonces un nuevo dogma, EL Colectivismo. Engendrado por “ilustres” ingenieros sociales, encabezados por Marx, dispuestos a salvar las Mayorías del siglo XIX, y puesto en práctica desde comienzos del siglo XX. Este fenómeno, con la excepción temporal de la mal llamada RDA, encontró eco pero muy pocas posibilidades de proliferar en el expandido hemisferio Anglo Germánico, pero si  en Latinoamérica, como hemos padecido muchos y hoy en día ha ganado renovada fuerza en España y otras regiones.

Ya no solo se trataba de vedar el pensar diferente o hacerte memorizar el pasado sino que esta nueva fuerza llegaba por mas, ellos, llenos de certezas, reclaman ser los mejores al  interpretan el presente y saben absolutamente que se debe hacer para alcanzar a ese futuro necesario. Otra vez, el individuo es relegado al aprendizaje de una ideología. Estos intelectuales de Izquierda poseían la arrogancia, la Fatal como la denominó Hayek, de ser superiores intelectualmente a la compleja sociedad moderna, en todos los órdenes. Una nueva etapa de estanco e involución cercaba de nuevo las naciones que siguieron este terrible equivoco. Naciones como la extinta Unión Soviética y Cuba, donde las Mayorías prefirieron que nuevos "héroes" les colocasen todo a la mano antes de razonar que la solución para prosperar esta en uno mismo, en tu propia voluntad e inventiva y en vivir en una sociedad que premie al que se esfuerza. Una vez más La Libertad quedaba presa de los intransigentes.

Siempre que la humanidad y el pensamiento se han inmovilizado dentro una ideología rígida, liderada por unos pocos, mensajeros de una verdad única, detiene su evolución, su progreso e incluso sufre retrocesos que luego cuestan siglos reponer. El mundo Hispano tal vez solo este inferiormente organizado, tal vez necesitemos un Bill of Rights, y apremie establecer verdaderas Democracias, pero los que si la Historia demuestra es que La Libertad, en toda su extensión, podría sino revertir al menos acortar considerablemente la distancia.

Erick Nogueira

B.A Economic, Havana 2005

Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

 
El peso de la religión en la cultura PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Viernes, 18 de Septiembre de 2015 13:11

Por Guillermo Lousteau.-
(A propósito del intercambio entre César Vidal y Carlos Alberto Montaner)

César Vidal y Carlos Alberto Montaner son dos amigos, intelectuales a los que admiro profundamente. Y diría que en la casi totalidad de los temas, estarían básicamente de acuerdo.
Sin embargo, por problema de matices, ambos han discrepado en un tema en el cual estoy también profundamente interesado: el rol de la cultura en el desarrollo de los pueblos. De hecho, uno de los cursos que dicté en la Florida International University, "Comparative Political Culture", tenía como objetivo la comparación entre la cultura anglosajona, propia de los Estados Unidos y la predominante en la América de habla hispana.
La importancia de la cultura para el desarrollo de la economía es ya un valor aceptado sin reservas. A través del tiempo, se han intentado diversas explicaciones sobre la disparidad entre el éxito de las sociedades, incluyendo factores como la geografía y el clima. Pero, finalmente ha prevalecidol consideración de la cultura como el elemento decisivo y primordial de esa diferencia.
Lawrence Harrison y Samuel Huntington lideraron un grupo de trabajo y un ciclo de reuniones - a partir de Culture Matters, una recopilación de trabajos sobre el tema- que se dedicó, precisamente, a fomentar desde Harvard los estudios sobre el rol de la cultura en la marcha de muchos países, que excedían al marco americano. Carlos Alberto participó activamente en ese programa.
Previamente, sobre los años 60, Mac Clelland, en The Achieving Society, había sostenido que era posible prever el éxito económico de una sociedad, analizando las canciones de cuna y los cuentos infantiles, porque reflejaban principios culturales relevantes para establecer el tipo de sociedad a la que pertenecían y como los principios inculcados tempranamente juegan y condicionan las conductas posteriores.
Vidal y Montaner no tienen ningún reparo en sostener esta tesis de explicación cultural, ya que ambos tienen una preocupación muy acentuada sobre las causas del subdesarrollo latinoamericano.
Su diferencia radica en el rol que las creencias religiosas tienen en la formación de esa cultura.

El intercambio comenzó con un artículo de Carlos Alberto, como una reflexión sobre el estado en que se encuentran los países al sur del Río Grande. Bajo el título de "Es la cultura, querido Carlos Alberto", César sintetiza los argumentos exhaustivamente desarrollados en su magnífico trabajo "La herencia del cristianismo. Dos siglos milenios de legado". Resume allí, básicamente, los efectos que las diferentes ideas de la Reforma y la Contrarreforma han generado en los países bajo sus respectivas órbitas de influencia. El nudo central del trabajo de César consiste menos en determinar las ideas originales que diferencian a ambas concepciones (la de la Reforma y la Contrarreforma, sino en mostrar los efectos que esas ideas han provocado en los desarrollos de esas sociedades.
El análisis es demoledor y como es lógico, incomoda a los católicos, en general. Estas exposiciones de César Vidal sobre el tema suelen generar enorme interés y hasta entusiasmo en personas menos comprometidas con la Iglesia Católica. Sin embargo, algunas personas creen percibir  una especie de obsesión con referencia a las consecuencias negativas de la Contrarreforma por parte de César.
Por su parte, Carlos Alberto cree, y lo manifiesta en su respuesta, que el problema religioso no es el mayor ingrediente en la conformación de una cultura, y que sería, al menos, exagerado, poner el acento en esa influencia.
Tomo partido por la tesis de César. Creo que, efectivamente, el peso de las ideas religiosas es decisiva en la concepción cultural, interpretando por cultura un conjunto de valores compartidos.
Ya Ortega había diferenciado entre creencias e ideas. Sostenía que las creencias están generalmente ocultas y subyacentes, y que permanecen en forma inconsciente en cada persona. Las ideas, por el contrario, son explicitadas y conscientes, y suelen ser sometidas a la discusión y el intercambio. Las creencias más fuertemente arraigadas y decisivas provienen de nuestra infancia, y principalmente, sus fuentes principales son generadas en la religión, la escuela y los ejemplos familiares. Por esas características, condicionan decisivamente nuestras acciones futuras, la mayoría de las veces en forma inadvertida
La erudita exposición de César en su artículo tiene a mostrar las diferencias entre el desarrollo de los países reformistas con relación al de aquellos donde los católicos era predominantes. No estoy seguro que el punto de partida de su tesis parta de la hipótesis de Max Weber, a quien no admira precisamente,  cosa que queda muy clara en el libro mencionado.
Pero, si es que puedo terciar, las mías sí parten de Weber y de su análisis del calvinismo, distinto en esta materia de las ideas de Lutero. Calvino sostenía que nada de lo que el hombre hiciera podría decidir sobre su salvación, sino que ésta estaba predestinada. El problema era, entonces, cómo saber quién estaba salvado y quién condenado. Como dice Montaner, "la búsqueda del enriquecimiento como una señal de salvación" era la respuesta. De esa manera, el calvinismo fomentaba y defendía el éxito personal en materia económica, y percibía al pobre como condenado. Esta propuesta, de por sí, era capaz de moldear a una sociedad, contraponiéndolo a la consideración católica negativa sobre los exitosos económicamente, y su condena a los ricos a quienes les estaba cerrado el paraíso y la companía de Jesucristo.

Para poder completar el ideario calvinista, que iba a forjar a la sociedad norteamericana, ese éxito económico no eximía del trabajo. No se trataba de tener dinero, sino de haberlo ganado personalmente y seguir trabajando "para mayor gloria de Dios". Por lo tanto, eran sumamente valorados el trabajo personal y las austeridad y, especialmente, el calvinismo, según Weber, puso un acento muy especial, en "la vocación", es decir en el llamado personal hacia el trabajo.
De esta conformación, surge dos elementos, entre otros, que han sido importantes en la sociedad colonial de los EEUU: la baja consideración de la herencia, casi inexistente y su predisposición a las donaciones, junto con la austeridad de las clases más ricas, aunque su marcha posterior pueda haberse modificado.
Creo que el origen de las disputas teológicas de la Reforma no son decisivas a la hora de considerar las consecuencias que ella ha provocado. Ese arranque y motivación inicial ha devenido en algo mucho más relevante para el análisis que nos preocupa.
Es obvio que una concepción como la calvinista infundida en sus fieles no puede sino dar lugar a una sociedad muy distinta, con referencia al trabajo y su significado.
José Ignacio García Hamilton, un católico devoto, no tuvo reparos en atribuirle a las enseñanzas de la Iglesia Católica -si bien conjuntamente con las de la Corona española- los males principales que condicionan a las sociedades de la América Latina, con relación a la preocupación al éxito económico y a los valores democráticos. En este tema, por ejemplo, el derecho a  la interpretación personal de la Biblia, descartando la interposición excluyente de los sacerdotes, ha sido fundamental en la creación de una sociedad menos jerarquizada.
Es posible que las creencias religiosas con el tiempo pasen a ser menos notorias; pero la conducta que ellas han originado permanecen como hábitos, como ha señalado, por ejemplo, Daniel Bell, especialmente en su "Contradicciones culturales del capitalismo"
No siempre esta diferente concepción de la ida ha sido vista como negativa para las sociedades católicas. Posiblemente, la obra más paradigmática de esta contraposición entre ambas culturas -la hispana católica y la anglosajona- sea un libro entusiastamente recibido y de gran éxito, de principios del siglo XX en el Rio de la Plata: el "Ariel" del uruguayo José Enrique Rodó. Allí se ensalza el desinterés católico por la vida material contra el interés económico y esa tesis aparece como una muestra temprana de un antiamericanismo, sólo que esta vez no proviene de la izquierda, sino de los sectores hispanos y católicos.

 
It's the culture, dear César, but not exactly the religion PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Viernes, 18 de Septiembre de 2015 13:13

By Carlos Alberto Montaner *.-

The big topic being debated in Latin America continues to be why people of Iberian culture -- and I include the Brazilians -- score so poorly when the level and quality of their lives are compared with those of their English-speaking neighbors to the north.
My admired friend César Vidal -- wise and prolific like few others -- attributes a substantial part of the development of the world's most prosperous countries to the Protestant Reform ("It's the culture, dear Carlos Alberto.") He affirms, and this must be true, that by the end of the 20th Century 90 percent of all Nobel Prize winners were Protestants or Jews.
I agree with César that the secret of the inequality in the intensity of development lies in the culture, but, although religion is part of it, I suspect that the differences in the economic and social performance of nations go on different tracks, although I admit that the adherence to the truth, the condemnation of theft and certain habits of moderation preached by the Protestants are clearly related to economic success.
Guided by anthropologist Estuardo Zapeta, I verified this in Guatemala with the indigenous Cachikeles. Half of the ethnic group had converted to Protestantism in one of its evangelical variants that called for the rejection of alcohol and better work habits. By a large margin, those who had remained Catholic did a lot better.
In some way, César adheres to Max Weber's theory as published in 1905 in The Ethics of Protestantism and the Spirit of Capitalism. César's ideas can be read in the website of the Inter-American Institute for Democracy. Weber's ideas are based -- fundamentally though not solely -- on an examination of Calvinism and its cult of asceticism, austerity and the search for enrichment as a sign of salvation.

However, as we know, what we call Protestantism has a theological origin: the revolt against Pope Leo X over his sale of indulgences intended to reduce or eliminate the years in purgatory.

The Pope, a refined Medici, wanted to build St. Peter's Basilica and needed a large sum of money, so he started peddling the possibility of speeding up the journey to heaven. He organized a sort of marketing campaign, assigning his finest prelates to handle the business.

Disgusted by the ridiculous swindle (which wasn't new to the Church), Martin Luther, very much within scholastic tradition, published his 95 theses to "dispute" the Papal practice and, above all, to question the control of the not-so-Holy Father over purgatory, that stage (today no longer in Catholicism) where souls were punished for the sins committed in life before they could enter heaven. Thesis 82, for example, asked a logical question: If the Pope has dominion over purgatory, why doesn't he empty it once and for all?

Practically all arguments between Rome and Protestantism are based on theological grounds -- Mary's virginity, predestination vis-à-vis free will, the number of sacraments, the authority of the Bible, relations between the believers and God, the role of the saints, baptism and the Trinity.

Everything goes back to opinions about religious beliefs, including the very important issue of clerical celibacy. Almost no one in Protestantism says that Catholicism leads to poverty or backwardness; they see it as a deviation from Jesus' preachings.

It is true that the part of Europe that was dominated by the Spanish Counter-Reformation and remained faithful to the Pope dropped back in relation to the Anglo-German North, but who can deny the drive of southern Germany, tenaciously Catholic, or France, a subject of the Pope and a great power in Europe during the 17th, 18th and almost all of the 19th Century?

It is also true that Spain repudiated manual labor and the instruments of credit until the reign of Charles III in the second half of the 18th Century, but that behavior was based on the vision subscribed by the Greco-Roman pagan world that Christianity inevitably picked up. It can be found in Plato and Aristotle and in the behavior of the Roman ruling class. Manual labor was something for slaves and plebeians.

Perhaps the best proof that Christianity has a lesser weight in development must be sought in the eastern societies, which did not deal with the Reformation or the Counter-Reformation yet managed to situate themselves on the top of the world. I'm thinking of Japan, South Korea or Taiwan.

That's why I found the testimony of Yokoi Kenji, a Colombian-Japanese who knows both worlds, very valuable. It's easy to find him in YouTube. To him, the key to the success of Japan is in discipline and perseverance. From which we can deduce that the relative failure of Colombia (or all of Ibero-America) is caused by the opposite.

There are many more cultural elements, dear César, but you're on the right track.



*CAM is a journalist and writer. His latest book is the novel A Time for Scoundrels.

 
ES LA CULTURA, QUERIDO CARLOS ALBERTO PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Sábado, 05 de Septiembre de 2015 12:45

Por César Vidal.-

Carlos Alberto Montaner realizó hace apenas unos días una inteligente reflexión sobre el estado en que se encuentran las naciones situadas al sur del río Grande.  Prescindiendo de la evolución diversa de las ideologías y de innegables balances, lo cierto es que la frustración, la corrupción y otras lacras son menos peligrosas siguen caracterizándolas a día de hoy.  La pregunta que se plantea de manera obligatoria al examinar ese panorama es cuál es la razón de esa evolución peculiar. Hace ya unos años, esa misma cuestión también sacada a colación por Carlos Alberto Montaner provocó por mi parte la redacción de una serie titulada Por qué somos diferentes que, paso a paso y ampliada, estoy volviendo a publicar bajo los auspicios de este instituto. Sin embargo, de manera más breve, me gustaría adelantar ahora la respuesta a esas preguntas punzantes y necesarias que formulaba Montaner.   A mi juicio, no es la raza, no es el clima, no es la riqueza - o la pobreza - lo que convierte en diferentes a las naciones situadas a uno y otro lado del río Grande o, si se desea también, al norte y al sur de Europa.  La causa es la diferente cultura.  Al referirme a ella no señalo obviamente lo que es común - el internet, los teléfonos celulares, los automóviles... - sino a lo que es peculiar y distinto.  Me explico.

Mientras que la cultura de Estados Unidos y el Canadá - como la de Suecia, Finlandia, Noruega, Holanda, Gran Bretaña o Dinamarca - hunde sus raíces en la Reforma protestante del siglo XVI y en los valores recuperados por ésta, la de Hispanoamérica - como la de España, Portugal o Italia - fue moldeada por la Contrarreforma católica.  Las consecuencias son obvias para cualquiera que conozca la Historia.  Permítaseme, sin ánimo de ser exhaustivos, dar algunos ejemplos.

En la cultura nacida de la Reforma, el trabajo es visto como algo extraordinariamente positivo - Dios se lo encomendó a Adán antes de la Caída - mientras que en la de la Contrarreforma, por el contrario, es un castigo de Dios impuesto tras el pecado de nuestros primeros padres.

En la cultura nacida de la Reforma, el mundo financiero fue contemplado de manera positiva mientras que en la de la Contrarreforma, hasta bien avanzado el siglo XVI, siguieron existiendo condenas canónicas contra el préstamo a interés.  Para España resultó fatal porque su imperio careció de instrumentos financieros necesarios mientras que sus pequeños enemigos - Inglaterra, Holanda, Dinamarca... - contaban con los mismos y los opusieron con extraordinaria pericia.  Una de las razones por las que Francia se acabó imponiendo sobre España como potencia hegemónica a mediados del siglo XVII fue precisamente que no tuvo reparo en contratar a los capacitados banqueros protestantes a diferencia de la monarquía hispánica.

En la cultura nacida de la Reforma, la educación es un valor fundamental - a inicios del siglo XVI ya se crearon las primeras escuelas públicas y obligatorias de la Historia en reductos protestantes como Ginebra o Escocia - ya que sin saber leer y escribir es imposible estudiar la Biblia.  En la de la Contrarreforma, por el contrario, se podía ser santo - o conquistador - y, a la vez, analfabeto.  De hecho, no hubo leyes educativas hasta bien avanzado el siglo XIX - incluso el XX - y, generalmente, por impulso liberal y con encarnizada resistencia de la iglesia católica.  No deja de ser revelador que los Peregrinos del Mayflower contaran así con un índice de alfabetización de cerca del ochenta por ciento de los varones y del sesenta de las mujeres mientras que todavía a inicios del siglo XIX, en España e Hispanoamérica no superaba el diez por ciento.  Como consecuencia relacionada, la Reforma dio lugar a la revolución científica mientras Galileo, Pascal o Descartes - científicos procedentes de naciones católicas - se convertían en exiliados, reclusos o sospechosos.  A finales del siglo XX, en torno al noventa por ciento de los Premios Nobel serios - descarto el de literatura y el de la paz - eran protestantes o judíos - la otra gran cultura escrita - lo que no deja, nuevamente, de ser revelador.

En la cultura nacida de la Reforma, el principio de legalidad se impuso de manera rápida ya que el texto legal por antonomasia - la Biblia - se situaba por encima de papas y monarcas.  A decir verdad, a él tenían que someterse y a partir de él se los juzgaba.  Por el contrario, en la cultura de la Contrarreforma, determinadas instancias políticas y religiosas se supieron desde el principio situadas por encima del principio de legalidad.

En la cultura de la Reforma, el hurto y la mentira se convirtieron en pecados tan graves como el asesinato o el adulterio puesto que aparecían en el mismo Decálogo.  Por el contrario, en la de la Contrarreforma, no pasaron de ser pecados veniales lo que explica no poco el desprecio hacia la propiedad privada de nuestras naciones y la omnipresente corrupción por la que, generalmente, no se responde.

En la cultura de la Reforma, la separación de poderes se impuso hasta consumarse en la constitución de Estados Unidos porque se partía de la base de que el ser humano, como individuo y especie, está caído y a menos que se evitara la acumulación de poderes se caería en la tiranía.  Por el contrario, en la de la Contrarreforma, se consideró que determinados poderes absolutos - por ejemplo, el papal o el de los reyes sometidos a él - no sólo eran peligrosos sino más que deseables.

Finalmente, a lo anterior se sumó en el caso español una visión de la vida política no caracterizada por la noción de accountability - ni siquiera existe una traducción directa para esa palabra - y el concepto de civil servant sino por el de conquista y reparto de despojos.  El que llega al poder busca fundamentalmente conquistar - a veces incluso con buenas intenciones - y entregar una parte del botín a sus mesnadas.  Es algo que ya el propio Colón señaló en sus cartas a los reyes en relación con su segundo viaje y que perdura hasta el día de hoy: se busca conquistar y enriquecerse y no colonizar.  Alguno podrá decir que el destino de los indígenas fue tan aciago o más al norte que al sur.  Sin entrar en esa cuestión, no deja de resultar significativo que en Estados Unidos - no en el Canadá, sin embargo - se pudiera expulsar a los indígenas de sus tierras para colonizarlas y trabajarlas. Por el contrario, al sur del continente, los indígenas quedaban anejos a las tierras como siervos - las infames encomiendas - con la intención de que trabajaran para los conquistadores y la iglesia católica evitando que éstos a su vez se entregaran a una actividad tan infame - así lo fue legalmente hasta finales del siglo XVIII durante el reinado de Carlos III - como el trabajo.
Permítaseme al respecto citar una anécdota.  En 1962, Hollywood realizó una superproducción titulada How the West was Won.  En ella se describía magníficamente toda una filosofía de los Estados Unidos tomando como base su marcha hacia el oeste.  Los llegados a estas tierras buscaban colonizar y avanzaban en torno al núcleo familiar.  Por supuesto, aceptaban de buen grado todo tipo de avances tecnológicos - los barcos de río, el telégrafo, el ferrocarril... - y aunque en su camino se cruzaran obstáculos como la guerra civil finalmente llegaban a construir una sociedad basada en la ley y el orden.   La visión es, ciertamente, muy distinta a la de los españoles en Hispanoamérica y quizá lo más grave es que sigue resultando en buena medida incomprensible tanto para ellos como para sus descendientes.  Prueba de ello es que, en España, la película se tituló La conquista del oeste porque mis compatriotas no podían entender aquello de la colonización familiar y la supremacía de la ley, pero sí comprendían - y les gustaba - el concepto de conquista.

Cuando se reflexionan en estos aspectos que acabo de señalar - meras pinceladas - se comprende que la raíz de nuestros males está en la diferente cultura.  Ahora bien, esa situación no es ni irreversible ni irreparable.  Tampoco implica realizar tabla rasa con medio milenio de pasado.  Más bien se trata de seguir el viejo consejo paulino de "examinad todo y retened lo bueno".  De hecho, podemos mantener nuestra maravillosa lengua española; conservar la cumbia, el tango y el fandango; recrearnos en la lectura de Cervantes, la novela picaresca, Lezama Lima, Julio Cortázar o García Márquez; disfrutar del arte expresado a uno y otro lado del Atlántico y A LA VEZ, desprendernos de manera resuelta de aquellos aspectos que han lastrado trágicamente la vida de nuestras naciones.  Sin duda, será una tarea ardua educar a nuestros pueblos para que repudien la mentira y se la hagan pagar a los políticos; para que adopten una visión del trabajo bien hecho y no meramente de compromiso; para que respeten la propiedad privada y no se dejen desviar por los mensajes irrespetuosos y amenazantes hacia la misma tanto si proceden de Castro, Maduro o el papa Francisco; para que instauren una verdadera separación de poderes con independencia judicial; para que comprendan los beneficios de la supremacía de la ley; para que asuman la magnífica idea del "muro de separación" entre la iglesia y el estado defendido por los Padres fundadores de Estados Unidos o para que desarrollen una visión educativa mejor que las experimentadas hasta ahora.   Cuando se llegue a ese punto - no será tarea breve ni fácil - las naciones situadas al sur del río Grande experimentarán un salto político, social, económico y cultural como no han disfrutado hasta la fecha.   Porque, al final, no es la raza, la lengua o la riqueza.  Es la cultura, queridos amigos.

Interamerican Institute for Democracy

 
Francisco, la pobreza de los pobres y la riqueza de los ricos PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Sábado, 11 de Julio de 2015 11:33

Resultado de imagem para papa francisco

Por Jorge Hernández Fonseca.-

El Papa Francisco disfruta de un merecido prestigio ganado en su lucha por modernizar una Iglesia anclada en la antigüedad y que resiste la modernización que imponen los tiempos, sin perder su esencia de fe. Es por esto la sorpresa al constatar cómo "de un plumazo", Francisco nos retrotrae al período medieval de tomar partido sobre postulados científicos todavía en debate, corriendo otra vez el riesgo de la Iglesia escuchar la frase libertadora "pero se mueve".


Francisco, la pobreza de los pobres y la riqueza de los ricos

Jorge Hernández Fonseca

28 de Junio de 2015

El Papa Francisco, en su condición de Jefe de la Iglesia Católica, acaba de publicar una nueva y controvertida encíclica --"Laudato Si"-- sobre asuntos en los que la ciencia juega un papel mayor que la religión: La preservación del Medio Ambiente. Como que la Iglesia "somos todos los bautizados" --y en esa condición me siento parte de la Iglesia que actualmente dirige el Papa Francisco-- quiero dar mis puntos de vista respecto a formas y contenidos de la encíclica.

 

En primer lugar un asunto de forma: independientemente de la reconocida "infalibilidad del Papa" --y como la misma sólo se aplica a asuntos de corte religioso-- esta encíclica sólo debe entenderse como un punto de vista más, y no como un asunto doctrinal que haya que abrazar. Es una verdadera lástima, porque una encíclica debe (como mínimo) tener un sentido moral a seguir por los católicos y esta encíclica no es precisamente ese caso.

 

En segundo lugar un asunto de contenido: el Papa en su encíclica aborda los problemas del Medio Ambiente relacionándolos con aspectos de corte social y asociándolos a causas económicas. El razonamiento general de "Laudato Si" --en la especialidad medioambiental-- nos lleva de la mano a la conocida "Teoría de la Dependencia", formulada a mediados del Siglo XX por intelectuales agrupados en la Comisión Económica para América Latina, CEPAL, como un diagnóstico de los problemas socio-económicos de los "países pobres". En síntesis, esa teoría expresaba que "la pobreza de los países pobres era causada por la riqueza de los países ricos".

 

El expresidente brasileño Fernando Henrique Cardoso fue uno de los más destacados formuladores de semejante teoría, que posteriormente fue difundida en el conocido libro "Las venas abiertas de América Latina", de Eduardo Galiano. Tanto Cardoso, como posteriormente Galiano, se autocriticaron y reconocieron la falsedad de semejante teoría, enterrándola.

 

En tercer lugar, la peligrosa incursión de la iglesia Católica en el terreno científico-tecnológico mediante una encíclica papal, pudiera re-editar la histórica discusión de Galileo Galillei ante falsos dogmas establecidos voluntaristamente por autoridades religiosas, sobre temas que no le competen. Sobre estos temas las Iglesias, como otras Instituciones, tienen la opción de opinar, pero nunca desde posiciones tan altas como una encíclica papal, que para todos los católicos son entendidas como fuentes de sabiduría moral y fe, no siendo este el caso de "Laudato Si".

 

Fernando Henrique Cardoso y Eduardo Galiano reconocieron que "la pobreza de los países pobres no se debe a la riqueza de los países ricos". Ahora surge en "Laudato Si" un postulado similar: "los problemas ambientales de los países pobres son causados por los países ricos" en un juego de similitudes de dudosa aceptación hoy en día para los entendidos en problemas socio económicos, como también para una buena parte de los especialistas medioambientales.

 

El Papa Francisco disfruta de un merecido prestigio ganado en su lucha por modernizar una Iglesia anclada en la antigüedad y que resiste la modernización que imponen los tiempos, sin perder su esencia de fe. Es por esto la sorpresa al constatar cómo "de un plumazo", Francisco nos retrotrae al período medieval de tomar partido sobre postulados científicos todavía en debate, corriendo otra vez el riesgo de la Iglesia escuchar la frase libertadora "pero se mueve".

 

 

Artículos de este autor pueden ser encontrados en http://www.cubalibredigital.com

 
«InicioPrev12345678910PróximoFin»

Página 3 de 43