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Semana Santa en Caracas PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Jueves, 13 de Abril de 2017 12:23

Por IBSEN MARTÍNEZ .-

“En política, una semana es un tiempo muy largo”.

La frase, comúnmente atribuida al líder laborista y dos veces primer ministro británico Harold Wilson fue evocada oportunamente el pasado 7 de abril por Francisco Quico Toro, editor ejecutivo de Caracas Chronicles.

En efecto, la manera como en Venezuela se han despeñado graníticas moles de arbitrariedad y desprecio a la ley que parecían inconmovibles, otorga razón al líder inglés. Apenas semanas atrás, Nicolás Maduro podía ufanarse de haber capeado la ola de multitudinarias manifestaciones de protesta promovida por la Mesa de Unidad Democrática (MUD) en octubre pasado, encaminada a forzar la convocatoria a un referéndum revocatorio.

Pareció entonces que dos estrategias opositoras que en 2014 habían demostrado ser irreconciliables, confluían al fin en los últimos meses de 2016, así no fuese concertadamente entre ellas, para poner a Maduro contra la pared y obligarlo a él y al partido mayoritario de la proterva coalición de cacos y narcogenerales que lo apoya, a dejar el poder. El movimiento de pinzas que en un extremo tenía a multitudinarias manifestaciones callejeras, y en el otro, al para muchos exasperante forcejeo de la dirigencia democrática y constitucionalista con un Gobierno de forajidos, fracasó cuando la MUD pareció caer en una celada.

La añagaza con que Maduro logró detener la ofensiva civilista y democrática fue promover un “diálogo” apadrinado por el Vaticano y por trapisondistas internacionales de la talla de Ernesto Samper, José Luis Rodríguez Zapatero y un tercero, un político quisqueyano que ni sé cómo se llama. (Me pasa con el descafeinado expresidente de República Dominicana lo mismo que a Jerry Seinfeld cuando le toca nombrar a los tres tenores y dice: Domingo, Pavarotti y “el otro tipo”).

Pese a algunos comunicados aclaratorios de su escrupuloso papel mediador, nunca estuvo claro para la gran masa opositora venezolana de qué lado estaba el Vaticano.

Y aun sin presumir entreguista mala fe en la dirigencia demócrata, el efecto neto que tuvo el inconducente “diálogo” fue un recrudecer de los reflejos antipolíticos de los opositores de a pie.

Cundió entre la gente, no solo el desánimo, sino la indignación al ver cómo el cantinflérico y siempre mendaz Maduro hurtaba el cuerpo a las elecciones regionales que debieron realizarse en diciembre pasado y a las condiciones que puso la oposición para “dialogar”. Estas eran, entre otras, la libertad de todos los presos políticos, abrir un canal internacional de ayuda humanitaria y una fecha en 2016 para el referéndum. Al mismo tiempo, el Gobierno seguía encarcelando dirigentes de los partidos democráticos. La MUD cayó es un descrédito del que, llegó a temerse, no saldría nunca más. El año terminó sin que la promesa de “salir de Maduro ante de seis meses”, hecha en enero pasado por el entonces presidente de la Asamblea Nacional, se cumpliese.

Así estaba la pizarra de anotaciones del partido cuando, envalentonado y dispuesto a patear el tablero y propinarle el proverbial definitivo palo a la lámpara, Maduro obtuvo de su obsecuente Tribunal Supremo una sentencia que disolvía de facto la Asamblea y lo investía con todas las potestades de un dictador. De la noche a la mañana, la resuelta reacción de la MUD, la indoblegable protesta callejera en la que todos los dirigentes democráticos, sin excepción, se han jugado valientemente el pellejo cada día junto a los batalladores manifestantes, ha deparado a Maduro un volte-face de la Fortuna.

Esta Semana Santa ha comenzado su camino al Calvario. La tiranía chavista está decidida a perpetuarse a sangre y fuego y lo está demostrando, pero, irremediablemente para ella, tiene ya sus días contados.

EL PAIS; ESPANHA

@ibsenmartinez

 
Ecuador añade preocupación a la izquierda sudamericana PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Viernes, 31 de Marzo de 2017 13:43

Por NELSON FERNÁNDEZ SALVIDIO.-

¿Liberal o socialista? Los ecuatorianos ya no tienen una carta amplia con propuestas de diverso tono y matices, ahora es como cuando los pasajeros de un avión deben decidir en poco tiempo ante la pregunta de la azafata: ¿pollo o pasta?.

La decisión no es tan sencilla y de alguna manera, no involucra solamente a Ecuador, porque las opciones implican una continuidad político-ideológico en uno de los países que fue fundamental en el eje “progresista” y alineado al “socialismo bolivariano” impulsado por Hugo Chávez, o un quiebre drástico de tendencia y la inclinación a un gobierno de corte liberal.

Al terminar el feriado de Carnaval, los candidatos presidenciales de Ecuador retomarán la campaña electoral hacia el balotaje del 2 de abril.

Curiosamente uno de los candidatos lleva por nombre el apellido del líder de la revolución bolchevique y símbolo del comunismo, y el otro, inició su vida laboral en la bolsa de valores y llegó a ser banquero, esencia máxima del capitalismo. Lenin Moreno es el candidato del oficialismo, el “Movimiento Alianza PAIS – Patria Altiva I Soberana” y en las elecciones primarias obtuvo 39,36% de los votos, muy cerca de ganar en primera vuelta.

Guillermo Lasso es el principal candidato de la oposición, desde su “Movimiento CREO- Creando Oportunidades” y consiguió 28,1% de los votantes. Para el camino a la segunda vuelta, Lasso tiene el apoyo de la que fue tercera en esa votación, la candidata del Partido Social Cristiano, Cynthia Viteri, que consiguió 16,32%.

Moreno ya sabe lo que es dar vuelta una elección, porque cuando Correa llegó a la Presidencia, él era su candidato a vice, y aunque en primera ronda quedaron segundos con 22,8%, detrás de la fórmula Álvaro Noboa-Vicente Taiano con 26,8%, luego revirtieron el resultado y ganaron por 56,7% a 43,3%.

Eso pone más nervioso ahora a Lenin Moreno porque sabe que no arranca necesariamente como favorito, sino que la experiencia muestra que es una carrera nueva. Y en este caso, el movimiento de Correa parte perdiendo la condición de favorito.

Rafael Correa y Lenin Moreno asumieron el 15 de enero de 2007 y desde entonces han estado en el gobierno. En 2009, Correa ganó en primera vuelta con 52% y en 2013 lo hizo por mayor diferencia, con 57,2%. O sea que crecieron fuerte en 2007-09, y lo siguieron haciendo en 2010-13, pero retrocedieron hacia este 2017.

La preocupación de la izquierda ecuatoriana también se reproduce en el resto del continente a movimientos que integraron una “ola progresista” que se ido retrayendo con un efecto de caída de fichas de dominó.

En Argentina, la sorpresa de cambio se dio el 22 de noviembre de 2015 cuando la fórmula Mauricio Macri-Gabriela Michetti de “Cambiemos” (alianza de centro-derecha liderada por el “Pro”-Propuesta Republicana), derrotó a la del oficialismo, Daniel Scioli-Carlos Zannini (Frente para la Victoria), por 51,3% a 48,7%. Eso marcó una dura derrota para la fracción de izquierda radical del peronismo que gobernaba desde 2003.

En Venezuela, el chavismo sufrió un revés en las urnas el 6 de diciembre de 2015, cuando en las elecciones parlamentarias para renovación de su Poder Legislativo de 167 escaños, triunfó la “Mesa de la Unidad Democrática”, una mega alianza opositora de liberales, progresistas, democristianos, socialdemócratas, socialistas democráticos, centristas y conservadores, que obtuvo 45.2%, frente al oficialista “Gran Polo Patriótico Simón Bolívar” que tuvo 40.9%. La relación quedó con 112 bancas para la oposición y 55 para el oficialismo, chavismo representado por Nicolás Maduro.

moreno lasso el comercio

Al terminar el feriado de Carnaval, los candidatos presidenciales de Ecuador retomarán la campaña electoral hacia el balotaje del 2 de abril.

En Bolivia, el 21 de febrero de 2016, el presidente Evo Morales perdió el referéndum constitucional para lograr una nueva reelección en 2020 y tener un cuarto mandato. El “No” logró 51,3% de los votos, mientras el “Sí” obtuvo 48,7%. Luego Morales ha insistido en buscar una vuelta para ser reelegido, lo que según sondeos es rechazado por 64% de los bolivianos.

En Perú, el final de un gobierno que había asomado como nueva izquierda, mostró que la mayoría se inclinaba a opciones de derecha. En las elecciones del 10 de abril de 2016, la candidata de izquierda, Verónika Mendoza del “Frente Amplio”, quedó en tercer lugar y sólo con 18,7%. Pedro Pablo Kuczynski (Peruanos Por el Kambio) ganó la presidencia frente a Keiko Fujimori (Fuerza Popular). Ollanta Humala había sido elegido por una coalición de socialistas y comunistas, y su mandato no tuvo continuidad.

En Brasil, tras la destitución de Dilma Rousseff, el 31 de agosto, el Partido de los Trabajadores (PT) dejó en evidencia su desgaste; lo que se vio el 2 de octubre de 2016, en las primeras elecciones después de esa crisis política. En San Pablo, el alcalde Fernando Haddad –que había sido ministro de Rousseff- tuvo baja votación (16%) y perdió la reelección. En Río de Janeiro, el PT no presentó candidato y apoyó a la postulante del Partido Comunista, Jandira Feghali, que tuvo apenas 3,3% de los votos.

En Chile y en Uruguay, los gobiernos de izquierda están con la peor aprobación de gestión, en el marco de una preocupación popular por el deterioro de la economía. El gobierno de Michele Bachelet está enredado en cuestiones internas y la carrera por el liderazgo.

En tanto, Tabaré Vázquez sufre el desgaste del Frente Amplio que a fin de 2016 perdió la mayoría propia en el Parlamento, por la disidencia de un diputado que se declaró en rebeldía y acompañó a la oposición en denuncias por supuesta corrupción en el gobierno de José “Pepe” Mujica.

Con ese contexto sudamericano, la elección de Ecuador tiene otro significado. Una derrota de Lenin Moreno pondría fin de un ciclo, y reafirmaría la nueva “ola” regional. Pero aunque el postulante oficialista gane, el resultado ya mostró un retroceso electoral del partido que gobierna hace una década.

La política no es aritmética, pero la suma de caudal electoral del segundo y la tercera de la primera vuelta, agrega nervios al candidato oficialista y eso incide en el ánimo y las estrategias. Es una elección muy importante.

Infolatam

 
Venezuela en un callejón sin salida, mientras crece la asfixia a la ciudadania PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Viernes, 10 de Marzo de 2017 11:27

nicolas maduro

Por MARIA TERESA ROMERO.- 

Mientras la comunidad internacional deshoja la margarita a ver cómo presiona  y sanciona en forma colectiva y más efectiva al cada vez más autoritario régimen venezolano,  y mientras la oposición democrática no termina de unirse en una estrategia común para lograr encarrilarlo hacia la vía democrática y electoral, ese gobierno de Nicolás Maduro, atrincherado en el poder y la corrupción, se empeña en asfixiar aún más de lo que está a la sociedad civil venezolana.

(Infolatam).- Uno no se explica por qué tanto ensañamiento gubernamental, ya que la mayoría  de los venezolanos, desesperada ante la situación general, golpeada por el hampa y la delincuencia,  el alto costo de la vida y la escasez de alimentos y medicinas,  defraudada de la dirigencia política opositora (la MUD, a partir del fallido diálogo auspiciado por el Vaticano, ha caído 10 puntos en las encuestas y ahora tiene 13 puntos de diferencia frente al partido oficialista PSUV), así como del alto mando militar que roba, viola los derechos humanos y hace caso omiso a la constitución y las leyes, se encuentra sumida en la inercia y el fatalismo, bajo un  estado de miedo y frustración generalizado.

Sin embargo, el régimen continúa no sólo reprimiendo cualquier manifestación de protesta cívica, y persiguiendo y encarcelando  a los principales dirigentes políticos, estudiantiles,  sociales, sindicales y empresariales, sino también acosando al ciudadano común en su propia casa donde se ve cada vez más recluido por falta de trabajo y por la inseguridad reinante.

La más reciente forma de hostigar y someter a la sociedad venezolana ha sido el aumento de 1000% de las tarifas para el disfrute de la televisión por cable y el internet, que se habían convertido en el escape de los venezolanos ante las constantes e interminables “cadenas” impuestas por el gobierno a través de la radio y televisión nacional controlada por ellos para hacer propaganda de su gestión. Se trata, sin duda, de una nueva medida desproporcionada por parte de CONATEL, el órgano encargado de supervisar las telecomunicaciones en Venezuela, así como de regular las tarifas de los prestadores de servicio de televisión por suscripción que hacen vida en el país.

En los últimos años la población venezolana, incluso la de pocos recursos económicos, logró acceder a los canales de televisión alterna, sea por satélite o cable, lo que  le permitió conocer un mundo distinto al proyectado en los canales de televisión regentados y manipulados por el gobierno, al punto que para 2016 la penetración de la televisión paga en Venezuela alcanzó al 70 por ciento. Esto quiere decir que siete de cada diez venezolanos podían escaparse del mensaje propagandístico del gobierno, lo cual fue posible porque el canon de pago para tener TV internacional se mantuvo en niveles estables y accesibles, si bien hay que reconocer que con los altos índices de inflación en el país y la constante depreciación del bolívar, las llamadas cableras se vieron en aprietos para cubrir sus costos y mantener un servicio de calidad.

Pero la jugada del gobierno – que ya abiertamente ha bloqueado algunos canales que le son molestos, como CNN en español, Televisión Azteca o NT24 de Colombia- en su afán por obligar a los venezolanos a escuchar sus mensajes politizados, aprobó en forma inconsulta aumentos para la televisión paga que van desde 600 al 1000 por ciento a partir de este mes de marzo, por lo que una gran cantidad de subscriptores ha comenzado a retirar el servicio, priorizando otros gastos vitales como alimentos, lo que le viene como anillo al dedo al gobierno en sus planes de dominación de la población.

Es de recordar que desde que  Nicolás Maduro llegó a la presidencia en abril de 2013, aumentó de 7 a 16 las emisoras nacionales bajo el control gubernamental al tiempo que incrementó el parque de radios comunitarias y alternativas financiadas por el Estado, avanzando así en el control de la sociedad venezolana en general. Según investigadores de la comunicación en Venezuela, entre 2014 y 2016 CONATEL bloqueó más de 1600 páginas web que contenían información política incómoda al gobierno. A ello cabe sumar  los más de 20 diarios que bajo la gestión de Maduro han debido cerrar por falta de papel periódico cuya entrega es  controlada por el gobierno nacional.

Ante este nuevo cerco y asfixia gubernamental a la sociedad venezolana, surge de nuevo la pregunta de una posible e inminente explosión social en el país. Ciertamente desde hace tiempo están dadas las condiciones para un fuerte estallido popular, en particular desde el pasado diciembre de 2016 luego que el gobierno cerró las puertas al revocatorio presidencial que los venezolanos veían como una válvula de escape, pacífica y democrática, a la crisis.

No obstante, sin un liderazgo opositor unido que sirva de vanguardia y motor organizativo  y  sin  algún tipo de apoyo militar, es poco probable que se dé un estallido popular generalizado y contundente, capaz de hacer cambiar al gobierno de rumbo. Lo más probable es que continúen aumentando las  protestas y saqueos espontáneos aislados, en diversas regiones del país, y sin  mucha participación social; es decir, que suceda una especie de nuevo “Caracazo” como el sucedido el 27 y 28 de febrero de 1989 que, al igual que aquél, terminaría sofocado por las fuerzas militares y policiales del Estado. Mientras tanto, aumenta a diario el volumen de emigrantes venezolanos a cualquier parte del mundo porque, como bien dijo uno,   “Cualquier sitio es mejor que Venezuela”.

Última actualización el Viernes, 31 de Marzo de 2017 13:39
 
Venezuela frente al 2017: ¿Normalización o transición? PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Viernes, 30 de Diciembre de 2016 16:19

Por ASDRUBAL OLIVEROS

Llegamos al cierre de 2016 y la situación económica en Venezuela está cantada: un país con una grave crisis económica y social, además de una situación política compleja. Este año estimamos que la contracción de la economía venezolana se ubique en 11,3 %, y ya son doce (12) trimestres consecutivos de contracción, un ciclo bastante largo. En tres años la economía venezolana se ha reducido 20,4 % y el PIB per cápita (en dólares) acumula una contracción de 56,8 % para el mismo período. Venezuela, como lo hemos dicho antes, vive una depresión. Además, en un hecho poco usual en la historia económica moderna, nuestro país parece estar frente a un choque de oferta y también un choque de demanda operando ambos al mismo tiempo.

En materia de inflación estimamos que la tasa para 2016 se ubique en torno a 511 %. Es importante destacar que a pesar de que la inflación fue alta en la primera mitad del año desaceleró un poco en el segundo semestre. Por supuesto, estamos lejos de una solución al grave problema inflacionario que tenemos, pero de alguna forma, el Ejecutivo logra contener el desbordamiento de la variable hacia un escenario clásico de hiperinflación.

En el frente externo, el Ejecutivo ha logrado surfear el déficit en la balanza de pagos. Al inicio de 2016, manteniendo los mismos niveles de importación de 2015 y con una elevada concentración de pagos en el servicio de la deuda, el Ejecutivo se enfrentaba a un déficit externo cercano a US$ 40.000 millones. Sin embargo, el Estado tras recortar en 45 % las importaciones, ejecutar una operación de canje de deuda de Pdvsa, renegociar con China y Rusia, comprometer el oro de las reservas internacionales, entre otras acciones; logró reducir el déficit a US$ 14 millardos, y cerrando un año más. El costo pagado es alto: Venezuela culmina 2016 con una posición líquida en activos externos bastante baja (menos de US$ 3.000 millones), con una situación social comprometida, un aparato productivo semi paralizado y una recesión profunda. En economía no hay almuerzo gratis.

En materia petrolera, la situación es preocupante. Este factor ha encendido las alarmas este año. La producción petrolera ha caído en promedio 257.000 b/d en base interanual. El circuito refinador tiene fallas importantes. Si bien Pdvsa, logró cumplir con sus compromisos de deuda financiera y logró sacar adelante un canje parcial de los vencimientos 2016 – 2017, no pudo lograr acuerdos satisfactorios con contratistas y proveedores que permitan evitar la contracción de producción y más aún, recuperar los niveles perdidos. Este elemento será un factor clave a seguir de cara a 2017.

Tras doce trimestres de contracción y exceso de regulaciones (que llevan años) el sector privado parece quedarse sin gasolina. La capacidad ociosa en la mayoría de los sectores supera el 50 %, y la contracción ha sido superior a dos dígitos en este año que está por finalizar. En la mayoría de los sectores, productos del choque de demanda, las ventas se han contraído y el efecto de la devaluación e inflación ha minado el patrimonio de las empresas que operan en Venezuela. El sector privado venezolano se ha reducido, no solo en tamaño por empresa sino en número de compañías por industrias; lo que plantea desafíos empresariales y de políticas públicas en el mediano y largo plazo.

El 2017 plantea importantes desafíos para Venezuela, no solo en el frente económico sino también en los frentes político e institucional. Los cartuchos del Ejecutivo para postergar los ajustes económicos parecen acabarse, pues ya no hay fondos en divisas al que apelar, las importaciones se han reducido a un umbral peligroso y el financiamiento externo parece haberse cerrado. La esperanza está en un alza del precio petrolero, pero el modelo chavista necesita que la cesta petrolera venezolana esté por encima de US$ 60/bl y eso hoy luce como un escenario muy improbable.

CARACAS (VENEZUELA), 06/12/2016.- EFE/PALACIO DE MIRAFLORES / SOLO USO EDITORIAL/NO VENTAS

“El presidente Maduro no solo se va a enfrentar a las demandas de cambio que han venido principalmente del país no chavista sino que también va a tener que lidiar con las presiones para el cambio desde su propio movimiento”.

Por otro lado, el Ejecutivo Nacional entra en una nueva etapa a partir del 10 de enero de 2017: su salida del poder no implica ir a un proceso electoral y eso va a mover el tablero en el chavismo. Así, el presidente Maduro no solo se va a enfrentar a las demandas de cambio que han venido principalmente del país no chavista sino que también va a tener que lidiar con las presiones para el cambio desde su propio movimiento.

El cambio político para 2017 sigue siendo una posibilidad real. Sin embargo, conviene precisar cómo puede darse este proceso, especialmente a raíz del inicio del proceso de diálogo entre gobierno y oposición bajo el auspicio de actores internacionales. Es evidente que el chavismo busca aprovechar el dialogo para acometer un proceso de normalización institucional en el país. Lo que pareciera estar detrás es: a cambio de algunas concesiones (liberación de presos políticos, nuevos rectores en el CNE, entre otros) aspira a que la oposición renuncie a su demanda de una salida electoral en el corto plazo. Está por verse.

En el ínterin lo que puede suceder es que la situación interna tanto del chavismo como de la oposición, así como la profundidad de la crisis lleven a un escenario de transición controlada por el chavismo que prescinda del presidente Maduro y que introduzca algunos cambios en lo económico, a saber: más pragmatismo en lo petrolero, legalización de un mercado paralelo de divisas y flexibilización del control de precios. Una transición menos traumática para el chavismo y que evite que el país entre en una profunda crisis de gobernabilidad, que sigue siendo un riesgo latente. Como ya es costumbre en Venezuela desde hace algunos años, Venezuela pinta ser un año interesante. Demasiado interesante.

En materia de premisas económicas para 2017 y en un escenario de “estatus quo” estimamos que la economía venezolana tenga un crecimiento cercano a cero. Estimamos que las exportaciones crezcan 15,6 % y las importaciones apenan 0,4 % en base interanual. La inflación puede ubicarse en torno a 850 %. En resumen: 2017 se parece mucho a 2016 pero con un deterioro que no se detiene, pues la única forma que la economía pueda retomar la senda de recuperación será a través de reformas estructurales y esto luce lejos (por ahora).

(Infolatam)

 
No hubo golpe en Brasil, pero sí lo hay en Venezuela PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Viernes, 09 de Septiembre de 2016 10:34

Por ANDRES OPPENHEIMER.-

“Contrariamente a lo que están diciendo el ex precandidato demócrata Bernie Sanders y sus amigos de la vieja izquierda, la destitución de la ex presidenta de Brasil Dilma Rousseff no fue un golpe de Estado. Lo que es un golpe de Estado -y uno que ellos están ignorando- es la ruptura del Estado de Derecho por parte del régimen de Venezuela.

(La Nación. Argentina)-. Rousseff, que fue formalmente expulsada de la presidencia tras un juicio político en el Congreso, fue destituida por manipular el presupuesto nacional para hacer que las finanzas del país se vieran mejor durante su campaña de reelección de 2014.

Sanders dijo que “el polémico proceso de juicio político se parece más a un golpe de Estado” y que “el esfuerzo para destituir a la presidenta Rousseff no es un juicio legal, sino más bien político. Estados Unidos no puede quedarse en silencio”.

Pero ¿fue realmente un golpe de Estado lo que pasó en Brasil, o incluso un “golpe blando”? Según la mayoría de las definiciones, un golpe implica una acción militar u otra forma de tomar el poder que quiebre el Estado de Derecho. El diccionario de Merriam-Webster dice que un golpe de Estado es “un intento súbito por un pequeño grupo de personas para asumir el control del gobierno, generalmente a través de la violencia”.

Lo que pasó con Rousseff no cae bajo ninguna definición de un golpe, ni remotamente. Por el contrario, el proceso de juicio político de Rousseff siguió todos los pasos judiciales y legislativos exigidos por la Constitución de Brasil, incluyendo el derecho de la ex presidenta a defenderse públicamente.

Como me dijo en una entrevista esta semana el ex presidente de Brasil Fernando Henrique Cardoso, el arquitecto de la recuperación económica de Brasil en la década de 1990: “No hubo ningún golpe. La Constitución brasileña es muy clara en cuanto a que si el presidente desobedece las reglas presupuestarias sufragando gastos sin previa autorización del Congreso, está cometiendo un crimen de responsabilidad”.

Asimismo, José Miguel Vivanco, director para las Américas de Human Rights Watch, afirma: “Nunca hemos caracterizado lo que ocurrió como un golpe de Estado ni lo vamos a hacer”.

Incluso hay varios politólogos para quienes el juicio político a Rousseff fue una señal de madurez democrática.

“Un juicio político es saludable porque es el equivalente a un voto de no confianza en un sistema parlamentario”, escribió el politólogo John Polga-Hecimovich en LatinAmericagoesglobal.org.

Bernie, permítame explicarle lo que es un golpe de Estado: un golpe de Estado es lo que hizo el dictador chileno Augusto Pinochet en 1973; lo que hizo la dictadura argentina en 1976; lo que intentó hacer el teniente coronel venezolano Hugo Chávez en 1992; lo que intentaron hacer contra Chávez en 2002, y el quiebre del Estado de Derecho que está realizando ahora Nicolás Maduro.

El presidente venezolano, que ganó una elección controvertida en 2013, amplió ilegalmente el Tribunal Supremo de Justicia nombrando a más de una docena de jueces chavistas para tenerlo bajo su control en 2015 y luego usó el Tribunal para invalidar las leyes aprobadas por la Asamblea Nacional, de mayoría opositora.

Asimismo, Maduro encarceló a líderes de la oposición como Leopoldo López y ahora está recurriendo a tecnicismos para negarle a la oposición su derecho constitucional a recolectar cuatro millones de firmas necesarias para convocar un referendo revocatorio.

Mi opinión: quienes llaman a lo que sucedió en Brasil un “golpe” están mirando al país equivocado. En lugar de indignarse con el proceso constitucional que tuvo lugar en Brasil, deberían indignarse contra el proceso inconstitucional que está teniendo lugar en Venezuela.

No debe haber un doble rasero en materia de golpes (seguramente habré cometido muchos errores en mi carrera periodística, pero uno de mis orgullos es haberme opuesto siempre a los golpes de Estado, ya fueran de derecha o de izquierda, incluyendo el de 2002 contra Chávez).

Lo que pasó en Brasil no fue un golpe. Lo que está pasando en Venezuela sí lo es, aunque esté ocurriendo en cámara lenta”.

INFOLATAM

 
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