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Lecciones de una sucesión pactada PDF Imprimir E-mail
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Miércoles, 28 de Marzo de 2018 13:59

Unidas por el tráfico de esclavos y, más tarde, por la geopolítica, Angola y Cuba viven hoy un momento de cercanía más allá de los vínculos culturales. (14ymedio)

Por YOANI SÁNCHEZ.-

Unidas por el tráfico de esclavos y, más tarde, por la geopolítica, Angola y Cuba viven hoy un momento de cercanía más allá de los vínculos culturales o de los pactos militares. Ambos países transitan por un proceso de sucesión del liderazgo histórico que en el caso de Luanda está rompiendo con más de un pronóstico.

Cuando el pasado año la nación petrolera inició un nuevo capítulo de su historia y José Eduardo Dos Santos dejó la presidencia después de casi cuatro décadas, todo apuntaba a que el traspaso de poder era una maniobra para prolongar el status quo y mantener a la familia del expresidente a buen recaudo.

Joao Lourenço, quien había ocupado el cargo como ministro de Defensa, fue elegido para suceder al hombre cuyo rostro sigue estando en los billetes y que la propaganda oficial rodeó de un exaltado culto a la personalidad. JLO, como también se conoce a Lourenço, era visto como un continuador, un títere que Dos Santos manejaría de cerca.

 

Lourenço era visto como un continuador, un títere que Dos Santos manejaría de cerca. Sin embargo, poco después de tomar el poder, JLO comenzó a desmantelar la extensa telaraña de negocios familiares de su antecesor

Entre los 27 millones de habitantes del país africano, muchos nacieron o crecieron bajo la sombra del todavía líder del Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA). Sin embargo, poco después de tomar el poder, JLO comenzó a desmantelar la extensa telaraña de negocios familiares de su antecesor. Una de las primeras piezas en caer fue Isabel Dos Santos, a quien la revista Forbes considera la mujer más rica de África con una fortuna personal que ronda los 4.500 millones de dólares.

Isabel había sido nombrada en junio de 2016 jefa de la petrolera estatal Sonangol, que mueve más del 90% de las exportaciones de crudo del país. En diciembre pasado Lourenço la relevó de su cargo, poco después de haberlo hecho también con los jefes de las secretarías militares, que se ocupan de la seguridad y la información del Estado.

El golpe alcanzó a otros dos hermanos, José Paulino y Welwitschia, que tenían bajo su control las más importantes cadenas de televisión. El presidente, que durante su investidura había derrochado elogios hacia el padre de estos hábiles empresarios, tardó unas pocas semanas en llevarse por delante a sus hijos.

Hace pocos días le ha tocado el turno a José Filomeno Dos Santos, exresponsable del Fondo Soberano angoleño, que posee activos por más de 5.000 millones de dólares. El hijo del anterior hombre fuerte del país ha sido acusado por la Justicia de defraudar 500 millones al Banco Central y se le ha prohibido salir de Angola.

Sacar a los Dos Santos de esos cargos no solo permite a JLO colocar en ellos a miembros más confiables de su administración, sino que representa un mazazo contra la red de nepotismo que alimentó su predecesor. Ese menoscabo económico se traduce en pérdida de poder en un país que, según el Índice de Transparencia Internacional se ubica en el puesto 164 de un total de 176 en cuanto a la percepción de sus ciudadanos sobre la corrupción.

Con sus ricos yacimientos petroleros, Angola sigue siendo una nación de profundos contrastes sociales, golpeada por la inflación y donde los sobornos o los robos al patrimonio público constituyen la principal fuente de entrada económica de muchos funcionarios y empresarios.

 

De la experiencia angoleña puede Castro ir extrayendo dos lecciones: los títeres pueden cortarse los hilos y proteger a un clan familiar es tarea difícil cuando no se tiene todo el poder

José Eduardo Dos Santos, que tenía fama de ser un "Maquiavelo africano", es ahora un anciano enfermo, incapaz de oponerse a su sucesor, que se ha alejado del guion del traspaso del poder y amenaza con llevar a sus hijos a los tribunales.

La mesa está servida para que la diatriba histórica caiga sobre su figura y la oposición -a la que mantuvo a raya a golpe de represión- empiece a aprovechar las grietas en la cúpula. Aunque el anciano patriarca se quedó con la dirección del MPLA, ha tenido que convocar un congreso extraordinario donde es muy probable que se elija nuevo líder.

Es difícil resistir a la tentación de extrapolar esos acontecimientos a la situación que se vive ahora en Cuba con la sucesión de Raúl Castro, el viejo aliado que llevó a morir a miles de hombres a tierras africanas para que el MPLA pudiera tomar el poder en 1975. La planificación cuidadosa del cambio generacional, que se concretará en Cuba a partir del 19 de abril, tampoco es una garantía contra los disgustos.

De la experiencia angoleña puede Castro ir extrayendo dos lecciones: los títeres pueden cortarse los hilos y proteger a un clan familiar es tarea difícil cuando no se tiene todo el poder.

14 Y MEDIO

Última actualización el Domingo, 01 de Abril de 2018 03:00
 
¿Por qué los choferes del transporte urbano están “desertando”? PDF Imprimir E-mail
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Martes, 27 de Marzo de 2018 13:17

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Por Pablo González.- 

Los medios oficiales reconocieron recientemente la escasez de transporte urbano que existe en la capital. “El problema actual no es la falta de ómnibus, como pudiera pensarse, sino la inusitada partida de choferes”, explicó Juan Julián Caballero Martínez, director general de la Empresa Provincial de Transporte de La Habana a medios digitales como Cubadebate y Granma.

Aunque el Gobierno reconoce el éxodo masivo de este sector estatal, no da razones del repentino abandono de estos profesionales y señala que el hecho “merece una indagación más a fondo.”

Un equipo de CubaNet entrevistó varios choferes de ómnibus que operan en rutas del transporte urbano en la capital cubana.

Alberto Díaz, quien ha sido chofer de diversos recorridos por más de diez años, quiere abandonar su puesto desde que le informaron las nuevas indicaciones en cuanto a cantidad de viajes y recaudación a entregar.

“El trabajo se puso malo y se va a poner peor. Nos van a controlar los viajes con más rigor y va a subir el monto que tenemos que entregar. Ahora tengo que recaudar diariamente 600 pesos en tres viajes y me quedo con lo que sobra, pero dentro de poco van a reducir los viajes a dos y tendré que depositar más de 800 pesos. Ya en algunas terminales han aplicado el nuevo procedimiento, por eso la gente está desertando”, explica.

Al preguntarle por su salario mensual, responde que “no alcanza para vivir, ni siquiera los primeros cinco días del mes”.

Con el objetivo de compensar la falta de choferes, la Empresa Provincial de Transporte (EPT) pretende incorporar personal de otras provincias, desde Matanzas hasta Guantánamo.

Según datos oficiales el déficit de la entidad cabecera en La Habana es de 86 choferes, pero el problema se ha generalizado en toda la capital.

“El transporte urbano está crítico. Todos los días es una odisea para llegar a tiempo al trabajo. Principalmente en la mañana. Los jefes exigen puntualidad; pero claro, todos ellos tienen carros estatales y no pasan necesidad de transporte”, dijo Gisela González, trabajadora de economía del sector estatal.

Caballero Martínez dijo además a medios oficialistas que con la llegada de choferes de otras provincias “se aliviará la situación en las terminales con más afectaciones por esta causa: Alamar, San Agustín, Guanabacoa y Diezmero, y permitirá aumentar en 500 viajes y 700 000 los pasajeros transportados”.

Otro chofer que no quiso ser identificado por temor de ser sancionado nos explicó que las terminales pasarán a ser cooperativas: “Uno de los cambios incluirá depositar alrededor de 800 pesos a principio de mes. Si dejamos de alcanzar la cuota diaria nos descontarán de ese dinero. Además, quieren ponernos GPS para tener más control sobre nosotros. Si nos empiezan a vigilar así nadie va querer trabajar porque se acaba ‘la lucha’”, dijo, refiriéndose a la forma de obtener beneficios por vías ilegales.

CUBANET

Última actualización el Domingo, 01 de Abril de 2018 03:18
 
Las coartadas de la familia Castro PDF Imprimir E-mail
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Sábado, 24 de Marzo de 2018 01:24

Por MIGUEL SALES.- 

Las medidas populistas que el Gobierno cubano puso en marcha de inmediato tras la victoria revolucionaria de 1959 tenían por objeto preparar el terreno para la implantación de un régimen de partido único, concentración de recursos en manos del Estado y política exterior antiestadounidense. Después de todo, esas eran las premisas de la liberación nacional y el desarrollo acelerado que figuraban en la vulgata tercermundista, inspirada en el marxismo-leninismo.

Era preciso concentrar el poder en manos de los representantes genuinos del "pueblo" (categoría de la que a priori quedaban excluidos quienes no compartieran la ideología de los vencedores), estatizar la riqueza y los medios de producción, invertir las alianzas internacionales para romper los lazos de subordinación establecidos con EEUU y el capital extranjero, y modificar los términos de intercambio para lograr un "comercio justo". Esa estrategia se ejecutaría, naturalmente, bajo la preclara e indiscutida orientación del caudillo victorioso, que guiaría a las masas hacia la auténtica y definitiva liberación nacional.

En años posteriores la propaganda gubernamental explotaría el victimismo y presentaría la preparación del régimen totalitario como un conjunto de medidas defensivas que el régimen fue improvisando en respuesta a la agresión estadounidense. Según esta versión, la revolución de 1959 era democrática y nacionalista, y solo trataba de restablecer las libertades constitucionales atropelladas por Batista en 1952 y proteger los intereses de la población ante la voracidad de los monopolios yanquis.

Estas buenas intenciones del inicio se torcieron por la reacción del imperialismo, que se empeñó en destruir la revolución y terminó por echar a Castro en los brazos de la Unión Soviética. Pero quien conozca los testimonios de los contemporáneos —desde Elena Mederos, Rufo López Fresquet o Manuel Ray, que fueron ministros del primer gabinete revolucionario, hasta observadores extranjeros como el periodista Tad Szulc o el historiador Hugh Thomas— y observe la secuencia de lo ocurrido entre 1959 y 1962, comprobará que la implantación del comunismo en Cuba obedeció a un esquema minuciosamente preparado antes del triunfo del 1 de enero y que empezó a aplicarse en cuanto los centros del poder político y militar quedaron en manos de Castro y sus más cercanos colaboradores.

Oculto tras el caos vital y la logorrea del Máximo Líder, que divertían a los periodistas y seducían a las masas, operaba un equipo discreto y disciplinado de comisarios encargado de eliminar a los opositores políticos, confiscar los medios de producción, someter a los sindicatos, dominar la Universidad, controlar los medios de comunicación y anular a las demás entidades de la sociedad civil.

La aplicación en Cuba de los postulados del marxismo-leninismo se tradujo, como era previsible, en la ruptura con Washington y la creación de un Estado policial y una sociedad militarizada. Las clases altas y medias no se dejaron expropiar y deportar mansamente, por lo que fue preciso multiplicar las cárceles y los paredones de fusilamiento por toda la Isla. Poco después de la imposición del modelo socialista, miles de cubanos de a pie que, seducidos por el discurso populista, habían aplaudido las medidas iniciales del régimen, empezaron a huir del país por cualquier medio. Y 60 años más tarde sus hijos y nietos siguen haciéndolo.

Cuba arrastra todavía la resaca de aquellas primeras decisiones, que rompieron la convivencia, desgarraron el tejido social, trastornaron el aparato productivo y anularon derechos y libertades fundamentales de la población. Esas consecuencias afectan profundamente la vida del país y obstaculizan el desarrollo de su economía, por lo que el Gobierno trata de paliarlas, pero como no va a la raíz del problema se limita a aplicar remedios y arbitrios superficiales. De ahí que las reformas y los decretos que se suceden apenas tengan efectos marginales sobre las condiciones en las que malvive hoy la mayoría de los cubanos.

A mínimos de subsistencia

La estatización de los medios de producción y las leyes que redujeron drásticamente la libertad económica en el decenio de 1960 provocaron el rápido empobrecimiento del país. El Gobierno justificó la caída del nivel de vida con el argumento de que era necesario redoblar la defensa ante el enemigo imperialista, financiar los planes que extenderían la enseñanza y la atención médica a toda la Isla y mejorar la infraestructura, que sería la base del desarrollo posterior.

Cuando, al cabo de unos años, se comprobó que la productividad seguía disminuyendo y que la cartilla de racionamiento y las colas habían venido para quedarse, en lugar de cambiar la política se cambió el relato: ya no se trataba de alcanzar la prosperidad y el desarrollo fulminantes que el socialismo había prometido, sino de vivir austeramente y "crear riqueza con la conciencia", es decir, trabajar mucho, consumir lo menos posible y marchar con el fusil al hombro los fines de semana.

A lo largo de 30 años los subsidios soviéticos garantizaron el mínimo de subsistencia necesario para aplicar esta política y el Gobierno gestionó la pobreza con la garantía de escuelas y hospitales "gratuitos" y de acceso general. Con la desaparición de la URSS en 1991 el PIB cubano se contrajo a la mitad y todavía hoy, 27 años después, no ha recuperado los niveles modestísimos que tenía en la década de 1980, a pesar de la providencial aparición de Hugo Chávez como patrocinador bis del castrismo a finales del siglo XX. Las "vidrieras" del sistema —educación, salud pública, deportes— se desmoronaron rápidamente y la estampida migratoria se multiplicó hasta superar todos los índices precedentes.

En el contexto actual, el nuevo deterioro de las relaciones con EEUU y la crisis que atraviesa Venezuela auguran un porvenir aún más incierto para la Isla, en caso de que los sucesores de Raúl Castro decidan mantener el rumbo presente.

Cuando se examinan las líneas de fuerza que determinarán la evolución del país en el futuro próximo —emigración/demografía, remesas del extranjero, productividad agraria e industrial, perspectivas del transporte, la energía y la vivienda, composición del comercio exterior, tendencias del sector turístico— resulta obvio que la única vía posible para salir de la espiral de empobrecimiento vigente hoy consiste en someter al Estado a una cura de adelgazamiento y mejorar las relaciones con sus vecinos inmediatos, tanto del norte como del sur. Pero a fin de reducir las competencias y la burocracia estatales habría que transferir a la sociedad civil un volumen mucho mayor de actividad económica y abrir el país a la inversión y la innovación tecnológica extranjeras, lo que significaría ampliar el ámbito de derechos y libertades individuales, mediante la reforma de las leyes. Esto solo podría llevarse a cabo si el Partido Comunista de Cuba estuviera dispuesto a ceder parte del poder que hoy detenta en solitario.

La disyuntiva entre controlar o producir —dicho de otro modo, la necesidad de sacrificar una parte del monopolio político en aras del bienestar económico— está lejos de ser novedosa. Tarde o temprano, casi todos los regímenes marxistas han tenido que enfrentarse a ella. La respuesta ha variado, en función de la cultura, las características de la economía, las condiciones geográficas del país, sus vínculos con la población exiliada y el grado de desarrollo alcanzado antes de la implantación del socialismo. Es una ecuación con muchas variables, que admite diversas soluciones.

En Cuba, las respuestas estarán condicionadas sobre todo por dos factores externos: la política migratoria de Washington y la salud del Gobierno de Nicolás Maduro. En eso han venido a parar la "liberación nacional" y la "defensa de la soberanía", coartadas de la represión y la pobreza que desde 1959 ha empleado sin descanso el régimen cuartelario de la familia Castro.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Jueves, 29 de Marzo de 2018 17:00
 
Learn English, la utopía del futuro presidente cubano PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Miércoles, 28 de Marzo de 2018 14:37

Por el Doctor Alberto Roteta Dorado.-

Analizo la problemática de la pésima calidad de la educación en el contexto cubano, algo que comenzó en los años iniciales de la llamada revolución, en los que al propio tiempo que se emprendía la campaña de la alfabetización – con fines más propagandísticos y con intereses muy particulares del incipiente castrismo para ganarse a las masas iletradas y obtener su apoyo en sus futuras fechorías– se sustituía a los verdaderos pedagogos titulares con que contaba la nación por los improvisados “maestros revolucionarios” que iniciaron el proceso de politización de la enseñanza guiados por los líderes políticos


Learn English, la utopía del futuro presidente cubano

Por el Doctor Alberto Roteta Dorado.

Santa Cruz de Tenerife. España.- Acaba de celebrarse este lunes 26 de marzo, en La Habana, la reunión de balance de los objetivos del año 2017 del Ministerio de Educación Superior, MES, tenida que contó con la presencia del primer vicepresidente cubano Miguel Díaz-Canel, quien según las suposiciones de unos y las especulaciones de otros podría en breve ser el sucesor de Raúl Castro.

Díaz-Canel fue ministro de Educación Superior entre los años 2009 y 2012, antes de que pasara a ocupar su puesto actual como primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministro, siendo el primer líder de la llamada revolución cubana que ocupara dicho cargo sin ser de los tradicionales octogenarios de la generación “histórica” de los comunistas cubanos.

Este ha sido, sin dudas, uno de los elementos de mayor peso a la hora de ponernos a especular – y lo pongo en plural porque me incluyo entre los autores que en algún momento nos hemos referido al polémico tema de la sucesión, la posible transición, las pseudoelecciones, los escogidos, o como se le quiera decir al próximo desenlace de la dictadura castrista– acerca de quién ocupará el puesto de presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba, lo que equivale a ser el presidente del país y que el dictador Fidel Castro con semejante nombre quiso envolver entre la rimbombancia y la ridiculez.

Pero no es justamente a las razones por las que Díaz-Canel pudiera ser el sucesor del poder en tan solo unos días a lo que quiero referirme, sino a dos puntos de sus observaciones durante el balance del Ministerio de Educación Superior, aunque como es de suponer no podemos dejar de adentrarnos en el tema de la sucesión si de Díaz-Canel se trata.

“El dominio de una lengua, además de la nativa, es hoy requisito en el mundo moderno, y Cuba no puede quedar atrás”, expresó el dirigente comunista, y este es el tema que abordaré en un primer escrito, dejando para otra ocasión lo referente al funcionamiento del Observatorio Social Universitario, proyecto cuya finalidad es vigilar la actividad “subversiva” dirigida a los jóvenes y que ocupara parte de la intervención del ministro.

Esto visto a la ligera pudiera parecer insignificante toda vez que no se trata de nada novedoso, y que como bien ha precisado, es una tendencia en el mundo entero la enseñanza de otra lengua además de la propia del país.

No obstante, tratándose de Cuba, y conociendo la crisis por la que atraviesa su sistema educacional como consecuencia del caos sociopolítico de la nación, la afirmación del otrora ministro del MES resulta una verdadera utopía, por cuanto, antes de promover la necesidad del aprendizaje del idioma inglés – algo que además no es nada nuevo en el sistema de enseñanza en Cuba– deberá priorizarse la enseñanza de la lengua materna, lo que al parecer se ha descuidado sobremanera durante las últimas décadas y que puede ser comprobado si analizamos la expresión oral y la manera de escribir de los cubanos de las últimas generaciones, incluyendo los graduados universitarios – no porque los considere elegidos, sino porque esto presupone un mayor nivel educacional–.

Consúltese los sendos comentarios llenos de incoherencias y con garrafales errores ortográficos, y lo que pretenden compartir a través de las redes sociales, tan de moda por estos tiempos, o presten atención a las conversaciones de los jóvenes cubanos para que se tenga una visión precisa que justifique mi hipótesis.

Este mal educacional no es un fenómeno exclusivo de Cuba, sino que se extiende por gran parte del mundo actual y que ha podido ser comprobado por quien redacta este artículo en varios países de América, incluyendo los Estados Unidos, en los que los educandos de nivel medio y de enseñanza preuniversitaria son incapaces de ubicar en un planisferio los continentes, desconocen la existencia de muchos países de Europa y no tienen idea acerca del idioma que se utiliza en varias naciones, por solo citar algunos ejemplos.

Pero como me estoy refiriendo a un hecho concreto de Cuba me limito a analizar la problemática de la pésima calidad de la educación en el contexto cubano, algo que comenzó en los años iniciales de la llamada revolución, en los que al propio tiempo que se emprendía la campaña de la alfabetización – con fines más propagandísticos y con intereses muy particulares del incipiente castrismo para ganarse a las masas iletradas y obtener su apoyo en sus futuras fechorías– se sustituía a los verdaderos pedagogos titulares con que contaba la nación por los improvisados “maestros revolucionarios” que iniciaron el proceso de politización de la enseñanza guiados por los líderes políticos.

Años más tarde, en 1972, en medio de una crisis por el déficit de maestros, aunque en sí se dijo que fue producto de la gran cantidad de educandos que concluía la enseñanza primaria, se creó el Destacamento Pedagógico Manuel Ascunce Domenech, con lo que no solo se garantizaba la “enseñanza”, sino el proceso de adoctrinamiento político, por cuanto el destacamento significó una tarea de vanguardia para la juventud cubana, con un profundo contenido político y de compromiso con la obra de la Revolución”, según los cánones oficialistas de la isla.

Ya para estos tiempos resultaba patente la diferencia entre los maestros tradicionales que quedaron insertados en la enseñanza y los jóvenes improvisados, en su mayoría militantes de la juventud comunista, los que comenzaron a invadir con su vulgaridad, su indecencia y su mala preparación el proceso educacional cubano.

La concepción del buen maestro cambiaría al ocupar el protagonismo la “actitud revolucionaria” del docente en la medida en que se desplazaba y se relegaba a un segundo plano sus conocimientos y sus aptitudes para enseñar.

Así las cosas,  y entre una crisis tras otra, fue necesario el proyecto de formación de maestros emergentes, algo que nacía justo con el comienzo del siglo XXI. Ya para estos tiempos el régimen admitió otras razones bien distantes al crecimiento vertiginoso de las matrículas escolares. Ahora, además de incriminar – como es habitual– al “bloqueo imperialista” había que señalar la dura situación ante el reciente derrumbe del campo socialista y los estragos del llamado período especial, aunque las fuentes oficialistas hacen mención a la desmotivación vocacional por las carreras pedagógicas.

Como es lógico estos jóvenes que fueron formados por profesores improvisados durante su enseñanza primaria y secundaria, y que ahora en solo unos meses se convertían en maestros no resolvía absolutamente nada, excepto la imagen pública ante la idea de que existen maestros que garantizan la enseñanza primaria en el país, aunque dichos maestros no sepan escribir, carezcan de capacidad expresiva, jamás leyeron las grandes obras de la literatura universal, no sepan las capitales de los países más importantes ni el idioma utilizado en ellos; pero además en el aspecto político –ese que tanto les interesa a los comunistas cubanos de las altas esferas–  desconocen los símbolos patrios, no son capaces de escribir correctamente la letra del himno nacional cubano, ignoran quien fue Celia Sánchez, Aidé Santamaría, Melba Hernández, Carlos Rafael Rodríguez, Osvaldo Dorticós o Armado Hart a pesar de sus fuertes vínculos con el régimen cubano.

Así que ante esta idea del futuro presidente de Cuba sobre la necesidad de Learn English como en cualquier nación del mundo, donde además de la lengua nacional se aprende otra, creo que lo mejor será dejarlo como una opción futura y priorizar una campaña emergente de neoalfabetización que pueda enmendar el actual engendro comunista.

 
Cifras oficiales esconden el destino de $383 millones en inversiones del Puerto del Mariel PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 18 de Marzo de 2018 03:17

Por José Alberto Gutiérrez.- 

El costo real del Puerto del Mariel, ejecutado por la constructora Odebrecht y en gran parte financiado por Brasil, es el principal enigma por resolver cuando se busca transparencia en los negocios realizados entre la constructora y el régimen cubano.

Primera etapa en la construcción del Puerto del Mariel.

El blindaje de los pactos para sacar adelante ese proyecto pareciera resistir al tiempo. Sin embargo, a medida que la investigación Lava Jato destapa la megatrama de corrupción internacional protagonizada por el gigante de la construcción brasileña, más elementos dejan entrever que las cifras oficiales esconden más de lo que dicen.

Última actualización el Martes, 27 de Marzo de 2018 14:03
 
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