Celebrada en la Habana misa en homenaje a Oswado Payá y Harold Cepero con la presencia de Rosa María

Alrededor de una decena de activistas fueron detenidos en La Habana en la ...

Brasil: Lula da Silva, condenado a 9 anos y 6 meses de carcel, es citado a un nuevo juicio en otro c

El juez a cargo de la causa Lava Jato en Brasil, Sérgio Moro, ...

Venezuela: Tres muertos y varios heridos, saldo de la represión a paro cívico contra Maduro

Las víctimas fueron identificadas como Robert Lugo, Ronney Tejera y Andrés Uzcátegui. Al...

Almagro denuncia ante Senado de EEUU el "colapso de la democracia" en Venezuela

El secretario general de la OEA alertó a los senadores de que el...

Brasil vai debater a suspensão de Venezuela do Mercosul

O presidente Michel Temer passa a sexta-feira na 50ª Reunião do Conselho ...

Artigos: Cuba
LA CONTRAREVOLUCION Y TRUMP PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Jueves, 15 de Junio de 2017 10:52

Por Santiago Cardenas.-

El presidente Trump es --por la rapidez  y la extensión de sus propuestas y hechos-- un revolucionario. El calificativo tiene  diferentes acepciones : peyorativas en muchos lugares del tercer mundo latino, pero mas agradables  y sensatas  para los angloparlantes. Quien dudas tenga,  debe  revisar desprejuiciadamente el dicurso de  su toma de posesión . En él , el presidente  evitó  el término revolucionario , por razones obvias , para sustituirlo en tres ocasiones , por el de  "movimiento " ; su movimiento de claras tendencias radicales.

Movimiento o  no ; lo cierto es que cada revolución engendra por "ley de la  vida " y la lucha de contrarios una contrarevolución. Es la dialéctica. Lo común a la misma, a decir  de los expertos -  Robespierre,  Lenin o el Che Guevara,- no es el dinero, ni la posición social de los contrarevolucionarios sino la pérdida  del poder. Los EEUU de América no  han sido la excepción . Aquí los desplazados , muy resentidos por cierto,  constituyen un arco iris  de posibilidades que van desde la prensa liberal en primer lugar, hasta  los afiliados  "ideólogicos" al partido demócrata social, pasando por  minorías analfabetas pero vociferantes, muy activas y visibles.

Los contras estadounidenses son  huérfanons ideológicos, que no pueden enfrentar las tímidas medidas económicas socialistas de Trump que hasta ahora no ha propuesto ni una sola solución  capitalista a los grandes problemas del país. El reemplazo del Obamacare por el Trumpcare es  antológico  (la consulta privada es la expresión clara y contundente  del liberalismo ). Entonces ,  economía aparte,la guerra civil a la que asitimos  solamente puede desplazarse  a la  Filosofía Política o a la Filosofia  Cultural. La política ya  fué decidida en las elecciones,  a pesar de los insistentes reclamos de los contrarevolucionarios por la ilegalidad de las mismas . Pero , ya  no habrá marcha atrás .

A la contra  solo le queda el campo de batalla de la Filosofía Cultural que es donde hasta ahora se ha movido con aciertos. Ésta es la filosofía decisiva , porque en definitiva  es la que mueve las decisones importantes que toma el pueblo y su gobierno y  la que proyecta  al país en su futuro. Pero, hay contradicciones evidentes en los contrarevolucionarios .Al manifestarse en contra de la globalización  -- que actualmente equivale a la "derecha  de antes " -- le están dando la razón y apoyando , tal vez sin querer o por ignorancia, a la revolución de Trump, que tiene como leit motiv  el nacionalismo a ultranza . America first. Este  lema  se explica por sí mismo.

La contrarevolución  estadouunidense no puede cortar su cordón umbilical ni desligarse  de su nacimiento  a mediados del siglo XIX , cuando la ilustración de los padres fundadores, la libertad de Locke y  los derechos individuales  comenzaron a ser minados, subvertidos , por la llamada contra -ilustración   en un proceso lento , pero perceptible ,  a todo lo largo  del siglo de la borrachera  socialista que llegó hasta nuestros días.  A  eso asitimos en la prensa diaria y en  los campuses universitarios. El nacional socialismo democrático , la revolución de Trump , es  retada  día a día ,hora a hora , minuto a minuto, por la contrarevolución   estadounidense : compleja, paradójica, impía  y  educadamente intolerante.

DR SANTIAGO CARDENAS

 
Populismo a la cubana: conquistas, amenazas y liderazgo PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Martes, 06 de Junio de 2017 10:17

El joven Fidel se codeó desde muy temprano con figuras que tenían más de comportamiento gansteril que de ejercicio transparente de la autoridad.

Por Yoani Sánchez.- 

El líder habla por horas en la tribuna, su dedo índice emplaza a un enemigo invisible. Una marea humana aplaude cuando la entonación de alguna frase lo exige y mira embelesada al barbudo orador. Por décadas esos actos públicos se repitieron en la Plaza de la Revolución de La Habana y dieron forma al rostro del populismo revolucionario.

Sin embargo, las extensas alocuciones de Fidel Castro constituían solo la parte más visible de su estilo de gobernar. Eran los momentos del hipnotismo colectivo, salpicados de promesas y anuncios de un futuro luminoso que le permitieron establecer un vínculo estrecho con la población, azuzar los odios de clases y extender su creciente poder.

Castro ha sido el producto más acabado del populismo y del nacionalismo cubanos. Males que hunden sus raíces en la historia nacional y cuyo mejor caldo de cultivo fue la etapa republicana (1902-1958). Aquellos vientos trajeron el huracán en que se convirtió un joven nacido en la oriental localidad de Birán, que se graduó como abogado y llegó a ostentar el grado militar de Comandante en Jefe.

El marco político en que se formó Castro estaba lejos de ser un ejemplo democrático. Muchos de los líderes de esa Cuba convulsa de la primera mitad del siglo XX no destacaban por presentar plataformas programáticas a sus electores. La práctica común consistía en intercambiar influencias para obtener votos, amén de otras desviaciones como robar urnas o cometer fraude.

A diferencia del populismo republicano cuyo propósito era la conquista del favor electoral, el populismo revolucionario tuvo como meta abolir las estructuras democráticas

El joven jurista se codeó desde muy temprano con figuras que tenían más de comportamiento gansteril que de ejercicio transparente de la autoridad. Asumió rápidamente muchos de esos ingredientes de la demagogia que años después le serían de mucha utilidad a la hora de someter a toda una nación.

A diferencia del populismo republicano cuyo propósito era la conquista del favor electoral, el populismo revolucionario tuvo como meta abolir las estructuras democráticas. A partir de enero de 1959 el entramado cívico fue sistemáticamente desmantelado y las leyes quedaron relegadas frente a la desmesurada voluntad de un hombre.

Para alcanzar ese sueño de control, el Máximo Líder persuadió a los ciudadanos de que podrían disfrutar de un elevado grado de seguridad si renunciaban a determinadas "libertades burguesas", entre ellas la posibilidad de elegir a los gobernantes y contar con la alternancia en el poder.

El denominado Programa del Moncada esbozado en La Historia me absolverá es un concentrado de estas promesas al estilo de un Robin Hood tropical. El panfleto fue presentado como alegato de autodefensa de Fidel Castro durante el juicio en que se le encausó por el ataque armado a la principal fortaleza militar de Santiago de Cuba en julio de 1953.

Hasta ese momento, aquel hombre era prácticamente desconocido como figura política. El arrojo que caracterizó la acción lo envolvió en un aura de heroico idealismo que lo colocó como líder de la alternativa revolucionaria frente a la dictadura de Fulgencio Batista.

Dos años después, su entrada triunfal a la capital y su carismática presencia lo convirtieron en el beneficiario de un cheque en blanco de crédito político avalado por la mayoría de la población

En el texto, donde describió los problemas que padecía el país, nunca advirtió que para solucionarlos sería preciso confiscar propiedades. Se limitó a detallar lo necesario de una reforma agraria que eliminara el latifundio y repartiera tierras a los campesinos. Eran propuestas que le ganaron rápidas simpatías entre los más pobres.

Al salir de prisión, Castro estaba convencido de que la única forma de derrocar la dictadura era por la fuerza. Organizó una expedición y abrió un frente guerrillero en las montañas de la región oriental de la Isla. Dos años después, su entrada triunfal a la capital y su carismática presencia lo convirtieron en el beneficiario de un cheque en blanco de crédito político avalado por la mayoría de la población.

La primera artimaña populista del nuevo régimen fue presentarse como democrático y negar cualquier tendencia que pudiera identificarlo con la doctrina comunista. Al mismo tiempo que se mostraba como propiciador de la libertad, expropiaba los periódicos, las estaciones de radio y los canales de televisión.

Asestó un golpe mortal a la sociedad civil al instaurar una red de "organizaciones de masas" para agrupar a vecinos, mujeres, campesinos, obreros y estudiantes. Las nuevas entidades tenían en sus estatutos una cláusula de fidelidad a la Revolución y se comportan –hasta la actualidad– como poleas de transmisión desde el poder hacia la población.

La nueva situación trajo un poderoso aparato de represión interna y un nutrido ejército para disuadir de cualquier amenaza militar externa

Las primeras leyes revolucionarias, como la Reforma Agraria, la rebaja de alquileres, la Reforma Urbana y la confiscación de propiedades constituyeron un reordenamiento radical de la posesión de las riquezas. En muy breve tiempo el Estado despojó de sus bienes a las clases altas y se convirtió en omnipropietario.

Con el enorme caudal atesorado, el nuevo poder hizo millonarias inversiones de beneficio social que sirvieron para lograr "la acumulación original del prestigio".

El sistema socialista proclamado en abril de 1961 pregonó desde sus inicios el carácter irreversible de las medidas tomadas. Mantener las conquistas alcanzadas requería de la implantación de un sistema de terror respaldado por una estructura legal que imposibilitara a los antiguos propietarios recuperar lo confiscado.

La nueva situación trajo un poderoso aparato de represión interna y un nutrido ejército para disuadir de cualquier amenaza militar externa. Los barrotes más importantes de la jaula en la que quedaron atrapados millones de cubanos se erigieron en esos primeros años.

Al binomio de una conquista irrenunciable y de un líder indiscutible se le sumó la amenaza de un enemigo externo para completar la santísima trinidad del populismo revolucionario.

Las conquistas

Las principales conquistas en aquellos años iniciales se enfocaron en la educación, la salud y la seguridad social. El centralismo económico permitió a la nueva elite gobernante establecer amplias gratuidades y repartir subsidios o privilegios a cambio de fidelidad ideológica.

Como todo populismo que llega al poder, el Gobierno necesitaba además moldear conciencias, imponer su propia versión de la historia y sacar de los laboratorios docentes un individuo que aplaudiera mucho y cuestionara poco.

En 1960 la Isla era uno de los países con más baja proporción de analfabetos en América Latina, no obstante el Gobierno convocó a miles de jóvenes hacia zonas intrincadas para enseñar a leer y escribir. La participación en esa iniciativa fue considerada un mérito revolucionario y se vistió con tintes heroicos.

El texto de la cartilla para enseñar las primeras letras era abiertamente propagandístico y los alfabetizadores se comportaban como unos comisarios políticos que al leer la frase "El sol sale por el Este" debían agregar como explicación "y del Este viene la ayuda que nos brindan los países socialistas".

Al concluir el proceso se inició un plan masivo de becas bajo métodos castrenses, que consistían en alejar a los estudiantes de la influencia de la familia. Comenzó también la formación masiva de maestros, se construyeron miles de escuelas en zonas rurales y los centros docentes bajo gestión privada pasaron al inventario del Ministerio de Educación.

El hecho de que no quedara en la Isla un solo niño sin ir a la escuela se convirtió en un paradigma deslumbrante que no dejaba ver las sombras

De aquel reordenamiento debía salir el "hombre nuevo", sin "rezagos pequeñoburgueses". Un individuo que no había conocido la explotación de un patrón, no había pagado por sexo en un burdel ni había ejercido la libertad.

El hecho de que no quedara en la Isla un solo niño sin ir a la escuela se convirtió en un paradigma deslumbrante que no dejaba ver las sombras. Hasta el día de hoy el mito de la educación cubana es esgrimido por los defensores del sistema para justificar todos los excesos represivos del último medio siglo.

El monopolio estatal convirtió el sistema de educación en una herramienta de adoctrinamiento político y la familia fue relegada a un papel de mera cuidadora de los hijos. La profesión de maestro se banalizó en grados extremos y los costos para mantener este gigantesco aparato se volvieron insostenibles.

Muchas de las conquistas que se pusieron en práctica eran inviables en el contexto de la economía nacional. Pero los agradecidos beneficiarios no tenían la oportunidad de conocer el elevado costo que estas campañas significaban para la nación. El país se sumió en una inexorable descapitalización y en el deterioro de su infraestructura.

Los medios informativos en manos del Partido Comunista ayudaron por décadas a tapar tales excesos. Pero con la desintegración de la Unión Soviética y el fin de los cuantiosos subsidios que el Kremlin enviaba a la Isla, los cubanos se dieron de bruces con su propia realidad. Muchas de aquellas supuestas ventajas se esfumaron o entraron en crisis.

El máximo líder

Uno de los rasgos distintivos del populismo es la presencia de un líder a quien se le tributa una total confianza. Fidel Castro logró convertir esa fe ciega en obediencia y culto a la personalidad.

La homologación del líder con la Revolución y de ésta con la Patria extendió la idea de que un opositor al Comandante en Jefe era un "anticubano". Sus aduladores lo catalogaban de genio pero en sus prolongados discursos resulta difícil encontrar un núcleo teórico del que pueda extraerse un aporte conceptual.

En la oratoria del Máximo Líder jugaba un papel preponderante su carácter histriónico, la cadencia de su voz y la forma de gesticular. Fidel Castro se convirtió en el primer político mediático de la historia nacional.

El voluntarismo fue quizás el rasgo esencial de su personalidad y la marca de su prolongado mandato. Lograr los objetivos al precio que fuera necesario, no rendirse ante ninguna adversidad y considerar cada derrota como un aprendizaje que conduciría a la victoria le valieron para conquistar una legión de fidelistas. Su empecinamiento tuvo todos los visos de un espíritu deportivo incapaz de reconocer las derrotas.

Los plazos para obtener el futuro luminoso prometido por la Revolución se podían postergar una y otra vez gracias al crédito político de Castro, en apariencia inagotable. La exigencia al pueblo de ajustarse los cinturones para alcanza el bienestar se convirtió en una cíclica estratagema política para comprar tiempo.

Hubo promesas un tanto abstractas al estilo de que habría pan con libertad y otras más precisas, como que el país produciría tanta leche que ni siquiera triplicándose la población podría consumirla toda. En la Isla se fundaría el zoológico más grande del mundo o se podrían construir el socialismo y el comunismo al mismo tiempo.

En diciembre de 1986, cuando ya habían pasado 28 años de intentos fallidos, Fidel Castro tuvo la audacia —o el desparpajo— de proclamar ante la Asamblea Nacional el más demagógico de todos sus lemas: "¡Ahora sí vamos a construir el socialismo!"

El enemigo

Los regímenes populistas suelen necesitar de cierto grado de crispación, de permanente beligerancia, para mantener encendida la llama emocional. Para eso nada mejor que la existencia de un enemigo externo. Aún mejor si es poderoso y hace alianzas con los adversarios políticos del patio.

Desde que estaba en la Sierra Maestra comandando su ejército guerrillero, Fidel Castro determinó quién sería ese enemigo. En una carta fechada en junio de 1958 escribió: "Cuando esta guerra se acabe, empezará para mí una guerra mucho más larga y grande; la guerra que voy a echar contra ellos [los americanos]. Me doy cuenta que ese va a ser mi destino verdadero."

Entre el mes de abril y finales de octubre de 1960 se produjo una escalada de enfrentamientos entre Washington y La Habana. La expropiación de grandes extensiones de tierra en manos de compañías estadounidenses, la suspensión de la cuota azucarera de la que gozaba la Isla, la nacionalización de las empresas norteamericanas radicadas en Cuba y el inicio del embargo a las mercancías procedentes del Norte, son algunos de los más importantes.

En ese mismo lapso de tiempo el viceprimer ministro soviético Anastas Mikoyan visitó La Habana, se restablecieron las relaciones diplomáticas con la URSS y Fidel Castro se entrevistó en Nueva York con Nikita Jruschov, quien llegó a decir en una entrevista: "Yo no sé si Castro es comunista, pero sí que yo soy fidelista".

A los ojos del pueblo la estatura de Fidel Castro se elevaba y comenzaba a tener ribetes de líder mundial. La exacerbación del nacionalismo, otra característica de los populistas, llegó a su máxima expresión cuando Cuba empezó a ser mostrada como el pequeño David enfrentado al gigante Goliat.

La exacerbación del nacionalismo, otra característica de los populistas, llegó a su máxima expresión cuando Cuba empezó a ser mostrada como el pequeño David enfrentado al gigante Goliat

La arrogancia revolucionaria, impulsada por la convicción de que el sistema aplicado en Cuba debía extenderse a todo el continente, hizo creer a muchos que fomentar la Revolución más allá de las fronteras era no solamente un deber, sino un derecho amparado por una verdad científica.

La raíz populista de este pensamiento "liberador de pueblos" llevó a decenas de miles de soldados cubanos a combatir en Argelia, Siria, Etiopía y Angola como parte de los intereses geopolíticos que tenía en África la Unión Soviética, aunque envuelto en el ropaje del desinteresado internacionalismo revolucionario con otros pueblos con los que supuestamente se tenía una deuda histórica.

El enemigo no era ya solamente "el imperialismo norteamericano" sino que se sumaban los racistas sudafricanos, los colonialistas europeos y cuanto elemento apareciera en el tablero internacional que pudiera convertirse en una amenaza a la Revolución.

Convencidos, como el jesuita Ignacio de Loyola, de que "en una plaza sitiada la disidencia es traición", cada acto de oposición interna se ha identificado con una acción para contribuir con ese enemigo y para la propaganda oficial todo disidente se merece ser calificado de "mercenario".

Sin embargo, el comienzo del deshielo diplomático entre Cuba y Estados Unidos a finales de 2014 ha hecho tambalearse la tesis de un permanente peligro de invasión. La muerte de Fidel Castro, la declinación de las fuerzas de izquierda en América Latina y la anunciada retirada del poder de Raúl Castro para febrero de 2018 hacen languidecer lo que queda del populismo revolucionario.

Por otro lado, los más jóvenes tienen una percepción menos agradecida y más crítica sobre aquellas conquistas en el terreno de la educación y la salud que en su día fueron presentadas como una dádiva generosa del sistema.

La muerte de Fidel Castro, la declinación de las fuerzas de izquierda en América Latina y la anunciada retirada del poder de Raúl Castro para febrero de 2018 hacen languidecer lo que queda del populismo revolucionario

La reaparición de notables diferencias sociales surgidas a partir de la impostergable aceptación de las reglas del mercado y del crecimiento del "sector no estatal" de la economía —las autoridades se resisten a llamarlo "sector privado— han vuelto irrepetibles los lemas del igualitarismo ramplón propugnado por el discurso ideológico que justificaba el anquilosado sistema de racionamiento de productos alimenticios.

Restaurantes de alta cocina y hoteles de cuatro o cinco estrellas, otrora de uso exclusivo para turistas, están hoy al alcance de una nueva clase. Ni siquiera se ha vuelto a hablar de la eliminación de la explotación del hombre por el hombre, bandera esencial del socialismo marxista-leninista.

La convicción extensamente compartida de que el país no tiene solución es uno de los resortes que más ha impulsado la emigración en los últimos años. Pero esa falta de ilusión por el futuro, combinada con una férrea represión, también limita la labor de la oposición.

El sistema que una vez vivió del entusiasmo se sostiene ahora en virtud del desgano. La llamada generación histórica no llega a una docena de octogenarios en vías de jubilación y a los nuevos retoños se les nota más inclinación al empresariado que a las tribunas. Los nietos de aquellos populistas tienen hoy más talento para el mercadeo que para las consignas.

14 Y MEDIO

_____________________________________________________________________

Nota de la Redacción: Este texto es parte del libro colectivo El Estallido del Populismo, que se presenta este martes en la Casa de América, en Madrid. Los coautores son, entre otros, Álvaro Vargas Llosa, Carlos Alberto Montaner, Mauricio Rojas, Roberto Ampuero y Cayetana Álvarez de Toledo.

Última actualización el Domingo, 11 de Junio de 2017 12:43
 
Los diez rasgos populistas de la Revolución cubana PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Sábado, 10 de Junio de 2017 12:06

Por Carlos Alberto Montaner.-

¿Se puede calificar de populista a la Revolución cubana? Se puede y debe hacerse. Enseguida lo veremos.

En diciembre 19 del 2016 The Economist admitía que la palabra populismo significaba muchas cosas. Servía para caracterizar a Donald Trump, presidente de Estados Unidos, al comunista español Pablo Iglesias, líder de Podemos, al violento presidente filipino Rodrigo Duterte, inductor de las ejecuciones de cientos de personas acusadas de narcotráfico, o incluso a Evo Morales, presidente de Bolivia y portavoz de los cocaleros de su país, lo que lo hubiera convertido en víctima de Duterte si hubiera sido filipino.

Esas aparentes contradicciones no deben sorprendernos. El populismo no es exactamente una ideología, sino un método para alcanzar el poder y mantenerse en él.

La palabra populismo servía para casi todo. El vocablo, dotado de una sorprendente elasticidad semántica, había evolucionado notablemente desde que fue acuñado en Estados Unidos

El populismo le sirve a la derecha y a la izquierda, a ciertos conservadores y a los comunistas. Incluso, pueden recurrir a él formaciones democráticas dispuestas a ganar y perder elecciones, como sucede con el peronismo argentino o el PRI mexicano, u otras, como el chavismo venezolano, que lo utilizan para alcanzar el poder y, una vez encumbrados, se afianzan contra todo derecho en la poltrona presidencial y arman verdaderas dictaduras.

En todo caso, la palabra populismo servía para casi todo. El vocablo, dotado de una sorprendente elasticidad semántica, había evolucionado notablemente desde que fue acuñado en Estados Unidos en la última década del siglo XIX para designar a un sector rural del Partido Demócrata adversario de los más refinados republicanos, entonces calificados de elitistas alejados de la realidad del pueblo agrícola norteamericano. En esa época, como ocurría en el resto del planeta, más de la mitad de la población norteamericana obtenía su sustento de tareas relacionadas con el campo.

Pero más que sustituir esa acepción de la palabra –el rechazo a las élites– , se le fueron agregando otras características, sin que desapareciera el desprecio por los intelectuales, por las personas adineradas, los núcleos cercanos al poder, y todo aquel que se desviara del culto por el "pueblo verdadero".

De alguna manera, ese viejo rencor hincaba sus raíces en la Revolución francesa y la devoción popular por los sans-culottes, aquellos jacobinos radicales que odiaban hasta la manera de vestir de nobles y burgueses enfundados en unos ajustados bombachos de seda –los culottes– y pusieron de moda el áspero pantalón de los trabajadores.

Aunque no se llamara populismo, ésa fue la actitud de Stalin cuando recetó e impuso el "realismo socialista" –una fórmula ajena y refractaria a cualquier vanguardia– para proteger la esencia nacionalista del pueblo ruso, lo que lo llevó a calificar de estúpida la ópera Macbeth de Dmitri Shostakóvich porque estaba, decía, infestada de cosmopolitismo.

Lo verdaderamente revolucionario y de izquierda era lo que conectara con la esencia campesina y viril del pueblo ruso.

En ese sentido, en Estados Unidos eran populistas los que se burlaban de los eggheads que rodeaban al presidente John F. Kennedy. O en Camboya los matarifes empleados por Pol-Pot para asesinar o reeducar a millones de estudiantes y maestros procedentes de las ciudades.

La Revolución Cubana también tiene algo de ese salvaje primitivismo anti-establishment

Incluso, fueron populistas los patriotas maoístas que perseguían a los sospechosos de mil desviacionismos, incluidos los que utilizaban gafas para subrayar su superioridad intelectual en la China de Mao durante la Revolución Cultural. (Hasta eso, utilizar lentes, llegó a ser considerado un síntoma de decadencia durante el espasmo maoísta-populista de la Revolución Cultural china).

La Revolución Cubana también tiene algo de ese salvaje primitivismo anti-establishment. Durante décadas fue desechada la corbata burguesa y el trato respetuoso de usted. Lo revolucionario eran la guayabera o la camisa varonil, la ropa de mezclilla de los obreros, la palabra compañero o compañera para dirigirse al otro, porque se había desterrado del lenguaje y de las apariencias todo lo que pudiera calificarse de elitista.

Lo revolucionario, lo propio del "hombre nuevo", algo que los niños aprendían muy pronto en la escuela, era a ser como el Che, una persona que proclamaba como una virtud la falta de aseo.

Es decir, la Revolución prefería a los niños desaliñados, desinteresados de los signos materiales, refractario a las colonias y a los desodorantes, porque un verdadero macho no necesita de esos aditamentos feminoides. La "gente verdadera", que eran los revolucionarios, no sucumbían a esos comportamientos ultraurbanos y pequeñoburgueses de la "gente falsa".

Los diez rasgos universales del populismo

Tal vez uno de los mejores acercamientos al tema, uno de los intentos más certeros de definir de qué estamos hablando cuando mencionamos la palabra populismo, es el del profesor de Princeton Jan-Werner Müller en su breve libro What is populism, publicado en el 2016 por la University of Pennsylvania Press de Filadelfia.

En esencia, se mantiene la definición original de quienes desprecian a las élites corrompidas por la dolce vita de inspiración occidental, pero se agregan otros diez factores como:

1. El exclusivismo: sólo "nosotros" somos los auténticos representante del pueblo. Los "otros" son los enemigos del pueblo. Los "otros", por lo tanto, son unos seres marginales que no son sujetos de derecho.

2. El caudillismo: se cultiva el aprecio por un líder que es el gran intérprete de la voluntad popular. Alguien que trasciende a las instituciones y cuya palabra se convierte en el dogma sagrado de la patria (Mussolini, Perón, Fidel Castro, Juan Velasco Alvarado, Hugo Chávez).

3. El adanismo: la historia comienza con ellos. El pasado es una sucesión de fracasos, desencuentros y puras traiciones. La historia de la patria se inicia con el movimiento populista que ha llegado al poder para reivindicar a los pobres y desposeídos tras siglos de gobiernos entreguistas, unas veces vendidos a la burguesía local y otras a los imperialistas extranjeros.

4. El nacionalismo: una creencia que conduce al proteccionismo o a dos reacciones aparentemente contrarias. El aislacionismo para no mezclarnos con los impuros o el intervencionismo para esparcir nuestro sistema superior de organizarnos.

5. El estatismo: es la acción planificada del Estado y nunca el crecimiento espontáneo y libre de los empresarios lo que colmará las necesidades del pueblo amado, pero necesariamente pasivo.

6. El clientelismo: concebido para generar millones de estómagos agradecidos que le deben todo al gobernante que les da de comer y acaban por constituir su base de apoyo.

7. La centralización de todos los poderes: El caudillo controla el sistema judicial y el legislativo. La separación de poderes y el llamado check and balances son ignorados.

8. El control y manipulación de los agentes económicos, comenzando por el banco nacional o de emisión, que se vuelve una máquina de imprimir billetes al dictado de la presidencia.

9. El doble lenguaje: La semántica se transforma en un campo de batalla y las palabras adquieren una significación diferente. "Libertad" se convierte en obediencia, "lealtad" en sumisión. Patria, nación y caudillo se confunden en el mismo vocablo y se denomina "traición" cualquier discrepancia.

10. La desaparición de cualquier vestigio de "cordialidad cívica". Se utiliza un lenguaje de odio que preludia la agresión. El enemigo es siempre un gusano, un vendepatria, una persona entregada a los peores intereses.

La Revolución cubana encaja perfectamente en ese esquema

El marxismo-leninismo admite estos rasgos populistas sin grandes contradicciones. De alguna manera, la pretensión marxista de haber descubierto las leyes que gobiernan la Historia es una perfecta coartada pseudocientífica para que afloren los síntomas.

Exclusivismo

La revolución cubana es exclusivista. "Fuera de la Revolución, nada", dijo Fidel en 1961 en su discurso Palabras a los intelectuales. Y enseguida apostrofó: "dentro de la revolución, todo". Sus líderes no tienen el menor remordimiento cuando advierten que "la universidad es sólo para los revolucionarios". O cuando cancelan y persiguen toda opción política que no sea la que ellos preconizan. O cuando alientan a las turbas a que persigan y les griten a los desafectos o a los gays que "se vayan", porque los cubanos no tienen derecho a vivir en el país si no suscriben la visión oficial definida por la Revolución o si no tienen la inclinación sexual de los "verdaderos cubanos". Todo el que no es revolucionario es "escoria". Es despreciable y, por lo tanto, extirpable.

En Cuba ni siquiera ha sido posible inscribir verdaderas ONGs extraoficiales (y la oposición lo ha tratado) porque el Gobierno ha estabulado a la sociedad en varias instituciones exclusivas – Comités de Defensa, Federación de Mujeres Cubanas, Confederación de Trabajadores Cubanos, Federación de Estudiantes, etc. --, presididas por el Partido Comunista y su ala juvenil. Ya lo dijo Fidel: "fuera de la Revolución, nada" y "a los enemigos, ni un tantico así".

Caudillismo

El caudillismo es y ha sido la seña de identidad más evidente de la Revolución cubana. Fidel Castro, desde 1959 hasta su forzado retiro en el 2006 debido a una grave enfermedad, hizo lo que le dio la gana con la sociedad cubana. A partir de ese momento, se transformó en la inspiración de su hermano Raúl, escogido por él para sucederlo en el trono, algo que oficialmente ocurrió en el 2008, pero que en realidad no culminó hasta el 25 de noviembre de 2016, cuando Fidel, finalmente, murió tras 90 años de una vida agitada.

Fidel, con la permanente complicidad de Raúl, lo hizo todo de manera inconsulta: desde cambiar el sistema económico del país introduciendo el comunismo, lo que implicó la desbandada de los empresarios y el empobrecimiento de la sociedad, hasta convertir la nación en un nuevo satélite de la URSS, sacando a los cubanos de su hábitat cultural latinoamericano. Ejerciendo su omnímoda voluntad, llevó a los cubanos a pelear en interminables guerras africanas, mientras desarrollaba decenas de "focos" revolucionarios, como el que le costó la vida al Che Guevara en Bolivia en 1967. Fidel, y luego Raúl, no sólo han sido los caudillos. Han sido los amos de una plantación de verdaderos esclavos.

Adanismo

El adanismo ha sido parte esencial del discurso de la Revolución cubana. El sustantivo proviene de Adán, el primer hombre sobre la tierra según el mito bíblico. Nunca hubo verdaderos cubanos, gallardos e independientes, hasta que triunfó la Revolución. Ahí comenzó la verdadera historia de la patria y de los patriotas.

Entre José Martí, muerto en 1895 combatiendo a los españoles, y Fidel Castro, Máximo Líder de la Revolución desde 1959, hay un total vacío histórico. Para subrayar esos nexos, Fidel Castro dio órdenes de que a su muerte lo sepultaran junto a Martí. Así se hizo en noviembre de 2016.

En ese fantástico relato adánico, la Revolución es la única heredera de los mambises independentistas que se enfrentaron a los españoles. La república fundada en 1902 no existe. Fue una pseudorepública fantasmal subordinada a los yanquis, descalificada por la Enmienda Platt que autorizaba la intervención de Washington en caso de que se interrumpiera el curso democrático. (La Enmienda Platt fue derogada en 1934, pero ese dato no obsta para que una de las frecuentes acusaciones a la oposición sea la de plattista).

Los ataques a la pseudorepública se llevaban a cabo en todos los frentes, incluido el del entretenimiento. Uno de los programas más populares de la televisión cubana se titulaba San Nicolás del Peladero, emitido semanalmente por la televisión entre los años 60 y 80 del siglo pasado. Era un pueblo imaginario de la Cuba prerrevolucionaria, gobernado por un alcalde del Partido Liberal, tramposo y deshonesto, pero los conservadores no le iban a la zaga. El propósito era caricaturizar la época y burlarse de la República. Era reforzar en el pueblo la idea de que la historia real y gloriosa del país independiente comenzó en 1959.

Nacionalismo

Fidel Castro y sus cómplices nunca se molestaron en explicar cómo se podía hacer una revolución comunista en Cuba sin renunciar al nacionalismo, pero igual sucedía en la URSS, donde se cultivaban sin tregua ni pausa las raíces de la madre patria Rusia aunque ello fuera profundamente antimarxista.

El nacionalismo, pues, proclamado con fiereza, ha sido una de las señas de identidad de la Revolución cubana, y muy especialmente desde la desaparición de la URSS. Sólo que el nacionalismo conduce inevitablemente al proteccionismo en el terreno económico, aunque en el político el régimen cubano, mientras protesta airado contra cualquier acción o crítica sobre o contra la Revolución, invariablemente calificada como "injerencista", al mismo tiempo proclama su derecho a inmiscuirse en los asuntos de cualquier país mientras repite la consigna de que "el deber de cualquier revolucionario es hacer la revolución".

Estatismo

Hay un estatismo económico, que es el más difundido, que supone, contra toda experiencia, que le corresponde al Estado crear y preservar las riquezas. Ahí se inscriben las expresiones "soberanía alimentaria", control de las "empresas estratégicas", las "nacionalizaciones" (que son, realmente, estatizaciones), o el fin de la plusvalía, como quería Marx, por medio de la transferencia al sector público de las actividades privadas.

La Cuba comunista, como nadie disputa, ha sucumbido a esos planteamientos estatistas al extremo de haber sido la sociedad más estatizada del perímetro soviético, especialmente desde que en 1967 decretó la confiscación de casi 60.000 microempresas (todas las que había) en lo que llamó la Ofensiva revolucionaria. Pero acaso eso, con ser radicalmente injusto y empobrecedor, no es lo más grave. Al fin y al cabo, el populista es casi siempre estatista, especialmente si se coloca a la izquierda del espectro político.

Lo más pernicioso es el razonamiento, fundado en la expresión "razón de Estado", acuñada por Maquiavelo, quien le llamara Arte dello Stato (Discursos sobre la primera década de Tito Livio), que comienza por admitir que a la patria se le sirve "con ignominia o con gloria", lo que lleva a los gobernantes populistas a cometer cualquier crimen o violación de la ley amparándose sin recato en el patriotismo. La revolución es un Jordán que limpia cualquier exceso.

Esa coartada, esa "razón de Estado", les sirve a los gobernantes populistas para cometer toda clase de crímenes. No dicen, como Maquiavelo, que lo primordial es proteger al Estado, sino algo muy parecido porque la idea de revolución se ha confundido, a propósito, con la de nación, caudillo, y pueblo.

En Cuba todo se justifica con proteger a la Revolución, sinónimo de Estado. Y ese todo incluye desde encarcelar a decenas de miles de ciudadanos, como el Comandante Huber Matos, hasta asesinar a Oswaldo Payá o a decenas de personas que huían a bordo de una vieja embarcación llamada 13 de marzo, en la que viajaban numerosos niños. Para ellos son gajes del oficio, peccata minuta que se redimirá en el futuro radiante que les espera a los cubanos cuando llegue el comunismo.

Clientelismo

Fidel Castro, lector de Mussolini e imitador de su discípulo Perón, sabía que lo primero que debe hacer un gobernante populista es crearse una base de apoyo popular asignando privilegios a sabiendas de que a medio plazo eso significará la ruina del conjunto de la sociedad.

En 1959 comenzó por congelar y reducir arbitrariamente el costo de los alquileres y de los teléfonos y electricidad en un 50%, al tiempo que decretaba una reforma agraria que transfería a los campesinos en usufructo (no en propiedad) una parte sustancial de las tierras.

Esto le ganó, provisionalmente, el aplauso entusiasta de millones de cubanos (que era lo que perseguía), aunque destruyó súbitamente la construcción de viviendas y paralizó las inversiones en mantenimiento y expansión, tanto de la telefonía como de las redes eléctricas y de la conducción de agua potable, lo que luego sería una catástrofe para la casi totalidad de la sociedad. (Lo de "casi" es porque la nomenklatura, acaso el 1% de la población, suele estar a salvo de estas carencias tercermundistas).

Fue entonces, a partir del primer reclutamiento clientelista, cuando en cientos de miles de viviendas los cubanos agradecidos comenzaron por colocar en sus hogares letreros que decían "Fidel, esta es tu casa", a los que luego agregaron otro más obsequioso que demostraba que le habían entregado al caudillo cualquier indicio de juicio crítico: "Si Fidel es comunista, que me pongan en la lista".

En todo caso, esa primera fase sería provisional, en la medida en que se creaba el verdadero sostén de la dictadura: los servicios de inteligencia, para lo que tuvo abundante ayuda soviética. En 1965 ya la contrainteligencia controlaba totalmente a la sociedad cubana, dedicada a desfilar bovinamente en todas las manifestaciones, mientras la inteligencia se dedicaba a fomentar los focos revolucionarios en medio planeta.

El clientelismo revolucionario, por supuesto, no se consagró solamente a los cubanos. Los extranjeros útiles como caja de resonancia (Sartre, García Márquez, por ejemplo), o por los cargos que desempeñaban (el chileno Salvador Allende, el mexicano López Portillo, entre cientos de casos) eran cortejados y ensalzados en una labor de reclutamiento tan costosa como eficaz a la que le asignaban decenas de millones de dólares todos los años. A su manera, también eran estómagos o egos agradecidos.

Centralización de poderes

En Cuba no existe el menor vestigio de separación de poderes. Durante los primeros años de la Revolución el Consejo de Ministro, cuyo factótum era Fidel, se ocupaba de legislar al tiempo que despedían a los jueces independientes y nombraban a "compañeros revolucionarios" en esos cargos.

Los comunistas no creen en la separación de poderes. Los cubanos le llaman a la Asamblea Nacional del Poder Popular, el Parlamento de la nación, los niños cantores de La Habana. Se trata de un coro afinado y obsecuente que jamás ha discutido una ley o hecho una proposición crítica.

Son convocados dos veces al año por periodos muy breves para refrendar las decisiones del Ejecutivo, que hoy son, claro está, las de Raúl, como hasta su muerte fueron las del Comandante. De acuerdo con la famosa frase mexicana atribuida al líder sindical oficialista Fidel Velázquez con relación al PRI: "el que se mueve no sale en la foto".

El Poder Judicial es, igualmente, una correa de transmisión de la autoridad central. Si el pleito tiene algún componente ideológico, la sentencia se estudia y genera en la policía política. Incluso, cuando se trata de un delito común, pero el autor es un revolucionario o un desafecto connotado, esa circunstancia se toma en cuenta.

Cuando el comandante Universo Sánchez, un líder histórico de la Revolución, asesinó a un vecino por un pleito personal, la condena fue mínima, dados los antecedentes políticos del delincuente. En Cuba todos son iguales ante la ley ... menos los héroes revolucionarios o los opositores.

Control económico

En Cuba no hay el menor factor económico aislado de las órdenes de la cúpula dirigente. Como no existe el mercado, el Gobierno decide el salario y el precio de las cosas y servicios. Y como el Banco Central o Nacional es un apéndice del Ministerio de Economía, sin la menor independencia, ahí se fija arbitrariamente el valor de la moneda, el monto de los intereses o la cantidad de papel moneda que se imprime.

Por otra parte, las empresas extranjeras que operan en el país, siempre asociadas al Gobierno, tienen que reclutar a sus trabajadores por medio de una entidad oficial que les cobra en dólares, pero paga los salarios en pesos, confiscando a los trabajadores hasta el 95% de lo que obtienen.

Asimismo, el país posee dos monedas: el CUC y el peso corriente y moliente. El peso convertible o CUC, equivalente al dólar americano, es canjeado a 24 pesos por CUC, lo que quiere decir que los trabajadores cubanos perciben un salario promedio mensual de 20 dólares, el más bajo de América Latina, Haití incluido. A esto se agrega un elemento terrible: el 90% de los bienes o servicios que los cubanos aprecian sólo se pueden adquirir en CUC.

Doble lenguaje

La utilización del doble lenguaje está en la raíz misma de la Revolución. Eso quiere decir que la palabra justicia en una sociedad como la cubana quiere decir el derecho del "pueblo combatiente" a aplastar como si fuera una alimaña a cualquier compatriota que se atreva a criticar a la Revolución.

Quiere decir recurrir a los eufemismos más descarados. La "libreta de racionamiento" pasará a llamarse "libreta de abastecimientos". Los campesinos enfrentados al régimen serán denominados "bandidos". Durante el prolongado periodo de falta de combustible que detuvo a los pocos tractores y obligó al Gobierno a volver a la carreta tirada por bueyes se calificó como "el regreso a las gloriosas tradiciones agrícolas".

Pero ese doble lenguaje a veces se convierte en mentiras puras y duras, como las que se vierten en las estadísticas oficiales para tratar de maquillar el desastre económico introducido por el castrismo.

Fin de cualquier signo de "cordialidad cívica"

El concepto de "cordialidad cívica" es consustancial a la democracia. Consiste en respetar a quien tiene ideas diferentes a las nuestras. En Cuba la noción de cordialidad cívica es tabú.

En un régimen como el cubano no existe (ni puede existir) una oposición respetable. Y no la hay para poder negarle el derecho a utilizar cualquier tribuna o para evitar cualquier forma de negociación con la oposición. ¿Cómo tratar con personas tan singularmente malvadas? Ése es el propósito de desacreditarlas.

Todos los disidentes son vendepatrias y gusanos al servicio del imperialismo yanqui. Cualquier grupo de personas que desee agruparse para defender una idea diferente a las que el gobierno preconiza oficialmente, inmediatamente es vilipendiado y ofendido.

En Cuba, además, la ofensa personal es parte del primer círculo represivo. La mayor parte de las personas rehuye el enfrentamiento verbal, y mucho más si éste constituye el preludio a la agresión, como suele suceder antes de los actos de repudio, verdaderos pogromos organizados por la policía política contra los opositores.

Colofón

Reitero lo dicho. No puede haber la menor duda. La dictadura cubana encaja perfectamente en el molde del populismo de izquierda. Basta repasar esas diez categorías. Lo comunista no quita lo populista.

14 Y MEDIO

_________________________________________________________________

Nota de la Redacción: Este texto es parte del libro colectivo El Estallido del Populismo, que se presentó el pasado martes en la Casa de América, en Madrid. Los coautores son, entre otros, Álvaro Vargas Llosa, Yoani Sánchez, Mauricio Rojas, Roberto Ampuero y Cayetana Álvarez de Toledo.

 
El Castrochavismo en Venezuela PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Lunes, 05 de Junio de 2017 10:08

Fernando Londoño Hoyos.- 

"Lo que pasa en Venezuela tenía que llegar y llegó, así sea que todavía falte lo peor. Por desgracia.

El Castrochavismo será recordado como autor de un milagro económico a la inversa, de los que se registran tan pocos en el devenir de los pueblos. Convertir en país miserable al más rico de América no es hazaña de todos los días. Habiendo tanta pobreza en tantas partes, en pocas tiene que pelear la gente, a dentelladas, por una bolsa de leche, por una libra de harina o por un pedazo de carne.

Convertir en despojos una de las más organizadas, pujantes y serias empresas petroleras del mundo no es cualquier tontería. Llevar a la insolvencia una nación ante las líneas aéreas, los proveedores comerciales y los que suministran material quirúrgico y hospitalario no es cosa que se vea cualquier día. Y arruinar el campo y la industria, el comercio y los servicios, la generación eléctrica, la ingeniería, la banca y las comunicaciones es tarea muy dura, cuando se recuerda que la sufre el país que tiene las mayores reservas petroleras del mundo.

En esa frenética carrera hacia el desastre, el gobierno Castrochavista tuvo que proceder a la eliminación paulatina de todas las libertades, al sacrificio del pensamiento y la conciencia, a la ruina de las instituciones, del periodismo, de los partidos, de la universidad, de los gremios, de los sindicatos. Pues todo se ha cumplido tras el designio implacable de los ancianos inspiradores del sistema, Fidel y Raúl Castro, que una vez más han demostrado su audacia, su carencia total de consideración y respeto por los valores más caros de la especie humana, pero también su falta absoluta de talento. Llevar a Venezuela a la ruina total es matar su propia fuente de subsistencia. Y es lo que han hecho, moviendo los resortes del fanatismo más imbécil, de los odios más cerriles, de los desquites más torpes. Nicolás Maduro tiene poca inteligencia y un pobre tacto político que exhibe en cualquiera de sus discursos. Pero al fin de cuentas es un pobre rehén de los intereses inconfesables de la clase corrupta que ha llevado a Venezuela a su perdición. Si ese títere fuera libre, hasta de sus menguadas condiciones de estadista pudiera esperarse algún acto de rectificación, algún gesto de apaciguamiento, alguna voluntad de comprender el desastre y de corregirlo. Pero Maduro es el primer esclavo de las pasiones atroces que dominan en Venezuela. Los saqueadores de esa gran nación no están dispuestos a que nadie ensaye el menor examen de su conducta. En los antros del delito se pierde todo, empezando por el pudor.

El régimen de Venezuela se va a caer, porque se tiene que caer. No podría subsistir sino amordazando totalmente al pueblo, imponiendo cartillas de racionamiento, levantando un paredón, como el del Che Guevara en La Cabaña. Y no están dadas las condiciones para que el mundo soporte estas afrentas. Con una Cuba le basta a América.

El pueblo está en las calles, dispuesto a hacerse matar. Y lo están matando. La juventud estudiantil, que sabe cerrados los caminos del porvenir, le apuesta a cualquier cosa, menos al continuismo cobarde. Los empresarios lo perdieron todo hace rato. No tienen cuentas para hacer. Y los paniaguados del sistema ven con horror que el sistema ya no tiene mercados para comprar sus conciencias."



Si estás de acuerdo con éste excelente documento del Dr. Fernando Londoño, escrito en el periódico el Tiempo de Bogotá, dale compartir.  El objetivo es que lo lean la mayor cantidad de Venezolanos y ciudadanos del mundo.

 
Venezuela fallida PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 26 de Marzo de 2017 12:40

Resultado de imagem para venezuela esta falida

Por CARLOS ALBERTO MONTANER.- 

El asunto es más grave. El régimen chavista de Nicolás Maduro, sin duda, ha violado todos los incisos de la Carta Democrática Interamericana de la OEA y merece ser sancionado, pero suspender a Venezuela de la Organización de los Estados Americanos es poca cosa y, tal vez, llega muy tarde. El daño que ha sufrido esa sociedad ha sido muy profundo.

Peor que tratar de convertir a Venezuela en otra Cuba, es haberla transformado en otro Congo, un país caótico y desorganizado, dominado por jefecillos locales que viven a punta de cuchillo. Venezuela, además de ser un Estado forajido que agrede a los demás, es un Estado fallido que incumple sus propias leyes e ignora sus instituciones, del que ha desaparecido el principio de autoridad, la capacidad de reprimir se ha atomizado en mil centros violentos, y el aparato estatal no responde a las órdenes de quienes, supuestamente, mandan.

Peor que tratar de convertir a Venezuela en otra Cuba, es haberla transformado en otro Congo, un país caótico y desorganizado

Maduro, un señor que dice tonterías y baila salsa, dirige precariamente uno de esos centros. “Por ahora” es el más poderoso, pero sólo provisionalmente. Está a su alcance encarcelar a Leopoldo López o a Antonio Ledezma, porque la oposición actúa dentro de unos esquemas republicanos pacíficos y predecibles, pero Maduro no puede controlar a los miles de venezolanos de rompe y rasga, los malandros a los que el chavismo armó y les dio patente de corso para que desvalijaran y aterrorizaran a lo que llaman “la burguesía”, es decir, las personas empeñadas en tener una vida decente y normal.

Es la anomia total. La absoluta falta de principios, valores y normas civilizadas. Aunque quisiera, que no es el caso, Maduro tampoco puede impedir la producción y tráfico de estupefacientes. Esa, desde la perspectiva chavista, es solo una zona más de enriquecimiento. El narcotráfico apenas es una variante del delito. Lo practican muchos generales coludidos con los capos de la droga, e incluso sus propios parientes más cercanos, como sucede con sus narcosobrinos. Hay unos ladrones de cuello blanco que roban en PDVSA. Otros crean empresas de maletín para intermediar en las compras del Estado o reciben cuantiosas coimas de compañías como Odebrecht. En el fondo, son iguales.

¿Cómo llamarlos al orden si el chavismo ha sido una inmensa máquina dedicada a delinquir? El desalmado que mata a una muchacha para robarle un teléfono celular siente que lo que él hace no es peor que aprovecharse de las relaciones personales para obtener dólares a precios preferentes y enriquecerse por medio de cambios tramposos. Cada uno rebaña lo que puede y como puede. El perraje, que es impresentable, usa la navaja o la pistola para extorsionar o matar a cualquiera y huir de la escena del crimen a bordo de una moto. El bandido sofisticado utiliza un bolígrafo de oro, tiene cuenta en un paraíso fiscal, y se prepara para abandonar Venezuela en su propia avioneta tan pronto el barco comience a hundirse. Uno y otro se hermanan en la impunidad y en el desprecio por el país en que nacieron.

Raúl Castro está dispuesto a pelear hasta el último venezolano y ordenará a Maduro que resista y se atrinchere en el discurso antiimperialista

¿Qué más puede ocurrir en Venezuela? Dada la infinita incapacidad del régimen y la creciente pérdida de autoridad, puede suceder cualquier cosa. Ya está sucediendo. El default y la consecuente desaparición del crédito para importar alimentos están a las puertas. Como resultado de ello, es previsible una hambruna que mate a miles de venezolanos o los deje en puro hueso y pellejo. La ausencia prolongada de electricidad y agua potable no es descartable. Tampoco la aparición de unas infecciones monstruosas e incontrolables. Seguirá, in crescendo, la desesperante hiperinflación que va agregándoles ceros a los precios y puede llegar a cifras incalculables, como sucedió en Alemania en los años veinte del siglo pasado o en la década de los ochenta en países andinos del vecindario como Perú, Bolivia y Ecuador.

¿Cómo se le pone fin a esta pesadilla? Es difícil creer que Maduro se acoja al sentido común y busque una solución colegiada junto a la oposición, que es la infinita mayoría del país. Raúl Castro le ordenará que resista y se atrinchere en el discurso antiimperialista. Raúl está dispuesto a pelear hasta el último venezolano. Todo lo que le interesa a La Habana es continuar con el ordeño de la vaca lechera. No veo a Nicolás Maduro perdiendo unas elecciones y colocándole la banda presidencial a Henrique Capriles, a María Corina Machado, y mucho menos a Leopoldo López.

Se cumplirá, sin embargo, un dictum propio de estas situaciones: mientras más dure, y mientras mayor sea la destrucción de los fundamentos nacionales, más dolorosa y sangrienta será la cura.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Viernes, 31 de Marzo de 2017 13:35
 
«InicioPrev12345678910PróximoFin»

Página 9 de 276