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Artigos: Cuba
La nueva Constitución cubana, un instrumento de legitimación del régimen PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 12 de Agosto de 2018 05:22

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Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.- 

En los años iniciales de la llamada revolución cubana el dictador Fidel Castro utilizó para su conveniencia la premisa socialista respecto a la disposición de los medios de producción, los que pasaron a ser de un día para otro propiedad del estado, y no del pueblo en su utópica modalidad de dictadura del proletariado como diseñaron los ideólogos del marxismo en sus fantasías especulativas respecto a modos y medios de producción, proletarios y burgueses, propiedades privadas y colectivas, entre otras polaridades que determinan la ideología comunista.


La nueva Constitución cubana, un instrumento de legitimación del régimen.

Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.

Santa Cruz de Tenerife. España.-  Hay ciertos temas que merecen ser retomados aunque a los lectores les resulte reiterativo, algo que puede ser superado siempre que el retorno al tema en cuestión se haga desde una perspectiva renovadora y con nuevos elementos capaces de motivarles en la lectura y el análisis de lo que al final resulta ser un nuevo escrito.

De modo que volver a abordar el controversial asunto de la “nueva” Constitución cubana sea un reto, no solo por la idea de parecer recurrente, sino porque muchos han continuado presentando sus análisis – no siempre con la profundidad que temas como estos merecen y porque dejados llevar por un facilismo extremo caen en el pseudoanálisis– acerca de la nueva Carta Magna de Cuba, sin que olvidemos que en la brevedad de unos pocos párrafos se nos queda casi siempre demasiado por decir, de manera particular cuando se trata de asuntos de esta naturaleza, los que por su connotación merecen ser tratados con una mayor extensión que nos permita abarcar algunos de los puntos que han suscitado mayor interés entre aquellos que se motivan por estos temas.

Ya traté en un escrito publicado hace poco en este medio la errónea idea de que Cuba pudiera distanciarse del sendero comunista por el simple hecho de que fuera suprimida la palabra comunismo del nuevo documento considerado proyecto de Constitución. Nada más absurdo que hacernos creer que esto se pudiera concretar en los próximos años en una nación dominada por la peor dictadura del hemisferio occidental. Dejemos bien precisado de una vez y por siempre que en Cuba no existe ningún estado de carácter transicional como substratum preparatorio para ciertos cambios trascendentes que algunos esperan, y que lamentablemente, continuarán esperando por un buen tiempo.

Ahora con más elementos objetivos en nuestro poder, toda vez que se ha hecho público el proyecto de Constitución en su totalidad, podemos continuar defendiendo la hipótesis que sostuve hace solo unas semanas cuando se publicó mi escrito: No es una nueva Constitución lo que necesitan los cubanos, sino un nuevo sistema sociopolítico, en el que defendí la idea de que en Cuba   no habrá cambios pues no es una nueva Constitución lo que se necesita, sino un nuevo sistema sociopolítico capaz de renovarla en todo sentido y apartarla definitivamente del socialismo.

En la Introducción al análisis del Proyecto de Constitución de la República durante la consulta popular, precediendo a sus varios capítulos y múltiples artículos, ya se deja muy bien precisado que en la mayor de las Antillas el socialismo se mantendrá, aunque ahora muy a su manera y bien distante de lo que idearon Marx y Engels, y por qué no, también de los modelos comunistas de la desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS, y de los países de la Europa Central y Oriental en los que se impuso dicho sistema social y modelo económico, los que antaño el régimen cubano consideró como paradigmas dignos a imitar.

En esta introducción se afirma: “El proyecto reafirma el carácter socialista de nuestro sistema político, económico y social, así como el papel rector del Partido Comunista de Cuba”, con lo que no queda lugar para la duda respecto a ciertos posibles cambios que algunos pretendieron ver de manera anticipada, y hasta se atrevieron a comentar sobre lo que solo era el ápice de un gran iceberg, con lo que únicamente contribuyeron a hacer especulaciones carentes de sentido pues faltaban fundamentos sólidos más allá de la buena imaginación de los que confundieron expresiones y términos, amén de haberse apoderado muy tempranamente de la trascendental desaparición del término comunismo, lo que ha sido solo esto, es decir, la supresión de un término conceptual, por cuanto, como se afirma en la citada introducción, se “reafirma el carácter socialista” del sistema imperante en Cuba.

Ya se sabe que en la isla no quedan ni remanentes de un socialismo que jamás lo fue en su verdadero sentido, tal como lo concibieron como imagen ideal arquetípica los fundadores de esta doctrina, aunque en el orden práctico jamás fructificó en ninguna parte del mundo – como tampoco lograron concretarse como acto aquellos intentos socialistas que precedieron a Marx, incluida la disparatada comunidad icariana de Cabet en tierras estadounidenses–.

En los años iniciales de la llamada revolución cubana el dictador Fidel Castro utilizó para su conveniencia la premisa socialista respecto a la disposición de los medios de producción, los que pasaron a ser de un día para otro propiedad del estado, y no del pueblo en su utópica modalidad de dictadura del proletariado como diseñaron los ideólogos del marxismo en sus fantasías especulativas respecto a modos y medios de producción, proletarios y burgueses, propiedades privadas y colectivas, entre otras polaridades que determinan la ideología comunista.

Pero de haberse apropiado de los bienes ajenos a ponerlos a disposición del “pueblo trabajador” – slogan que sustituyó un tanto al ya gastado término proletariado que con tanta insistencia utilizó Marx en sus experimentos “progresistas”– hay una gran brecha, tan extensa que en la Cuba de Fidel Castro (porque llegó a ser el dueño absoluto de la nación) las concepciones socialistas adquirieron matices tan sui generis que resulta extremadamente difícil poder definir si alguna vez existió ese socialismo por el que aun están luchando para hacerlo “próspero” y “sostenible”, acudiendo a la caduca terminología de los viejos comunistas cubanos.

Detengámonos ahora, retomando la aburrida Introducción al Proyecto de Constitución, en la idea que le sigue a la concepción respecto a la reafirmación del socialismo: “Es incorporado el concepto de Estado socialista de derecho, a fin de reforzar la institucionalidad y el imperio de la ley, dentro de ello la supremacía de la Constitución. Dejando para otra ocasión la definición y caracterización de un “Estado socialista de derecho”, esta jerigonza significa esencialmente que con la Constitución todas las directrices, disposiciones y acciones del régimen cubano quedan amparadas con un respaldo jurídico toda vez que el documento será legitimado y contará con el respaldo popular – ya se sabe que por una causa u otra, bajo presión, amenazas, para no señalarse o no comprometerse, por conveniencia, y en última instancia, y solo una exigua minoría, por convicción, el “proletariado” apoyará esta nueva fechoría–, siendo este el principal objetivo del lanzamiento de dicho proyecto en unas circunstancias como las actuales, tal vez las más difíciles dentro del contexto económico, social y político de Cuba; aunque muchos no lo logren percibir de esta manera.

Pero el régimen comunista de Cuba necesita justificar aquellos cambios que en realidad lo apartan de una línea política que se dispersa entre el concepto filosófico del no límite y la ficción seductora del engaño, esto es, se es o no se es, y de los estados intermedios jamás ha fructificado nada perdurable. No puede replantearse la idea de un socialismo modificado o adaptado a nuevos contextos. Se es socialista o no, aunque sea solo desde el punto de vista teórico.

En el artículo 21 del llamado proyecto de Constitución se precisa: “Se reconocen las formas de propiedad siguientes: 89. a) socialista de todo el pueblo: en la que el Estado actúa en representación y beneficio de este como propietario. 90. b) cooperativa: la sustentada en el trabajo colectivo de sus socios propietarios y en el ejercicio efectivo de los principios del cooperativismo. 91. c) mixta: la formada por la combinación de dos o más formas de propiedad. 92. d) de las organizaciones políticas, de masas y sociales: la que ejercen estos sujetos sobre sus bienes. 93. e) privada: la que se ejerce sobre determinados medios de producción, de conformidad con lo establecido. 94. f) personal: la que se ejerce sobre los bienes que sin constituir medios de producción contribuyen a la satisfacción de las necesidades materiales y espirituales de su titular”.

Con lo que las concepciones marxistas socialistas respecto a la eliminación de la propiedad privada sobre los medios de producción van quedando a un lado para abrirse a nuevas modalidades dentro del orden económico. No obstante, en medio de esta compleja diversidad se imponen ciertas normativas que de modo muy explícito quedan bien precisadas en la introducción a la que he estado haciendo referencia: “El sistema económico que se refleja mantiene como principios esenciales la propiedad socialista de todo el pueblo sobre los medios fundamentales y la planificación, a lo que se añade el reconocimiento del papel del mercado y de nuevas formas de propiedad no estatal, incluida la privada”, esto último inadmisible por la alta jerarquía comunista cubana hasta hace unos pocos años cuando recién se estrenaba Raúl Castro en el poder y bajo su mandato tuvieron lugar ciertos reajustes necesarios, los que, más que una apertura económica, fueron un paliativo a la enorme crisis de la economía cubana, de la que jamás han logrado salir a pesar del ya gastado slogan de la “actualización” del “nuevo” modelo económico cubano impulsado por Raúl Castro.

Así las cosas, el panfleto que en breve será sometido a “consulta” no es más que un instrumento mediante el cual el decadente régimen busca a toda costa una legitimación de todos sus actos, algo que conseguirán a través de un simulado apoyo popular que lo hará irrevocable. Ya se sabe que las multitudes por temor, por falsedad o por lo que sea, aprobarán su nueva Carta Magna, con lo que el gobierno tendrá un amparo legal para salirse del eje central de la filosofía política, esto es, que todos los gobiernos sean legítimos.

Pero se trata de la demostración de una verdadera legitimidad, y esto no es posible en Cuba donde la propuesta de Carta Magna no procede de la voluntad popular, como debe ser, al menos teóricamente, para poder afirmar que una Constitución sea legítima – téngase en cuenta el caso de la Constituyente venezolana como paradigma de violación de esa condición de legitimidad–. La democracia debe ser ampliada a través de un debate público enriquecedor con la mayor cantidad de perspectivas posibles, cuyas perspectivas deberán ser además representativas del sentir popular nacional, y no impuestas.

No es admisible que pueda existir una democracia exclusivista. Toda forma de democracia excluyente es una pseudodemocracia, algo que se demuestra en la mayoría de los artículos del “nuevo” documento cubano. Si el único fundamento posible de una buscada legitimidad es el consenso, no puede admitirse una democracia que discrimine, que sea excluyente y que justifique la agresión “popular” contra aquellos que piensen de otra manera diferente a los cánones de la llamada sociedad socialista: “Los ciudadanos tienen el derecho de combatir por todos los medios, incluyendo la lucha armada, cuando no fuera posible otro recurso, contra cualquiera que intente derribar el orden político, social y económico establecido por esta Constitución”, lo que contradice la esencia de una verdadera Constitución y la convierte en algo ilegítimo bien distante del objeto único del nuevo panfleto cubano.

Última actualización el Lunes, 20 de Agosto de 2018 12:47
 
Facilitar la inversión extranjera... pero no demasiado PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Viernes, 10 de Agosto de 2018 01:14

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Por EUGENIO YÁÑEZ.-

Ante la incuestionable evidencia de que la inversión extranjera no fluye hacia Cuba ni en la cantidad imprescindible ni con la celeridad requerida, el Gobierno ha decidido modificar las normas y procedimientos establecidos.

Sin embargo, como de costumbre, las medidas terapéuticas adoptadas para superar esta grave crisis, no públicamente reconocida del todo, resultan incompletas.

En un proceso serio de toma de decisiones de cualquier tipo es indispensable identificar claramente cuál es el problema y cuáles son sus causas, para intentar encontrar soluciones adecuadas y definitivas, y no limitarse a curitas de mercurocromo o una declaración de intenciones.

Cuando se aprobó la nueva ley de inversión extranjera en 2014 se declaró públicamente que el país requeriría unos 2.500 millones de dólares anuales de capital extranjero para que el producto interno bruto (PIB) creciera alrededor del 5% cada año, con la intención de avanzar hacia un socialismo próspero y sustentable que debería alcanzarse en algún momento, quién sabe cuándo.

 

Más vale tarde que nunca, es cierto, pero si lo que llega tarde además llega mal, escapar del nunca resulta más difícil todavía

Esas cifras continúan en el reino de lo imposible en agosto del 2018, y de ahí las nuevas medidas. Más vale tarde que nunca, es cierto, pero si lo que llega tarde además llega mal, escapar del nunca resulta más difícil todavía.

Además del absurdo prácticamente exclusivo para Cuba de ser quizás el único país del mundo cuyo Gobierno privilegia la inversión extranjera sobre la de sus nacionales -se cierra así la posibilidad de recibir millones y millones de dólares frescos de una diáspora que constituye un porcentaje importante de la población-, no ofrece suficientes facilidades a los potenciales inversionistas extranjeros para que arriesguen su dinero en la Isla.

De nada valen las Carteras de oportunidad que año tras año se ofrecen en cuanta feria, foro o evento para promover la inversión extranjera en la (¿todavía?) Perla de las Antillas, o las recientes medidas para agilizar trámites y simplificar procedimientos, que aunque acelerarán el proceso no eliminarán la trabazón, mientras no se acaben de resolver dos problemas fundamentales:

El primero sería la imperiosa necesidad de que exista y funcione un tribunal realmente independiente a donde puedan acudir los inversionistas para dirimir sus litigios y reclamaciones con la parte cubana, como normalmente sucede en los países democráticos entre inversionistas extranjeros y autoridades nacionales, sin que signifiquen agresiones imperialistas, ni guerras o peleas a golpes o disparos, sino diferentes interpretaciones de requerimientos legales o procedimientos y reglamentaciones que es necesario aclarar y definir para poder funcionar día a día.

 

El primero sería la imperiosa necesidad de que exista y funcione un tribunal realmente independiente a donde puedan acudir los inversionistas para dirimir sus litigios y reclamaciones con la parte cubana

Para eso, es imprescindible que los jueces de tales tribunales se subordinen a su conciencia y a las leyes establecidas, para decidir conforme a la letra y el espíritu de la legislación. Subordinarse al Partido Comunista antes que a la ley, aunque el Gobierno lo considere justo y necesario y lo avale la Constitución, en el comercio y las relaciones económicas internacionales, en todo el mundo es absolutamente inaceptable.

El segundo requerimiento que necesita solución es la absurda presencia de una empresa estatal dedicada a imponer al inversionista extranjero los trabajadores que deberá utilizar en sus negocios en Cuba.

Dejando a un lado el aspecto ético de que parte del dinero que el inversionista extranjero pagaría por el trabajador contratado queda en manos de una empresa estatal que no hace más que eso, y aunque el inversor no tuviera reparos morales ni legales en participar en ese contubernio, queda el evidente problema de que cada persona que pone en riesgo su dinero en cualquier negocio desea poder controlar en qué y cómo lo gasta.

Naturalmente, si una empresa de Cuba le facilitara al inversionista opciones de trabajadores de acuerdo a lo que necesite para su negocio, podría ser un gran servicio. Si el inversionista, proveniente de cualquier país, necesitara tres ingenieros para la planta de montaje que pretende establecer en la Isla, no rechazaría que la contraparte cubana le presentara un listado de ingenieros con la calificación requerida para que él pudiera entrevistarlos y seleccionar los que considere más apropiados.

Con el sistema en vigor, si una empresa extranjera necesita tres trabajadores, el Gobierno escoge a tres personas y se los manda, sin dejar al inversionista la posibilidad de hacer una selección en función de sus propios criterios.

 

Es intrascendente si el Gobierno flexibiliza regulaciones y aligera la carga burocrática que asumen los inversionistas extranjeros para arriesgar su dinero en Cuba, simplificando problemas de segundo orden

Cuando se le comunica que no tiene más opciones que las que le presenta la agencia empleadora estatal cubana, ese inversionista extranjero comienza a preguntarse, con todo su derecho, si no podría ser mejor negocio establecer su planta de montaje en República Dominicana, Costa Rica, Panamá, o Jamaica.

Entonces, es intrascendente si el Gobierno flexibiliza regulaciones y aligera la carga burocrática que asumen los inversionistas extranjeros para arriesgar su dinero en Cuba, simplificando problemas de segundo orden, aunque sea importante hacerlo, si frente a las dos cuestiones críticas que frenan la voluntad del inversionista, no se modifica nada y hay que seguir dependiendo de las veleidades y humores del Gobierno.

Mientras las cosas sean así, sin soluciones verdaderamente reales, los problemas se mantendrán. Aunque se tomen medidas para ilusionar... o entretener.

Porque los gobiernos no están para entretenerse, sino para resolver problemas.

14 Y MEDIO

Última actualización el Sábado, 18 de Agosto de 2018 01:20
 
Cuba, Trump y Putin PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Viernes, 25 de Noviembre de 2016 22:42

Por Jorge Hernández Fonseca.- 

Pensar que a Trump no le interesa la influencia norteamericana en Cuba es darle muy poca valía al presidente electo y a su equipo y es pensar que la historia entre EUA y Cuba no existe. Hay sangre norteamericana derramada en tierra cubana para tirar a España de la isla y hay mucha sangre norteamericana y latinoamericana derramada durante los espasmos hegemónicos castristas en toda Latinoamérica. Ni Trump, ni ningún otro presidente que respete a Norteamérica cometería la locura de dejar la isla en manos de la familia Castro, o de los rusos.

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Con relación a la presidencia de Donald Trump hay muchas conjeturas, pero un aspecto se tiene como real: las relaciones de EUA y Cuba regresarán al campo de la defensa norteamericana de sus intereses en el área, sin providenciar a la dictadura cubana la posibilidad de continuar oprimiendo con dinero estadounidense, de regreso al compromiso que Estados Unidos ha tenido siempre con la independencia de la isla. Por eso nos dieron libertad en 1902.

Última actualización el Domingo, 27 de Noviembre de 2016 12:19
 
No es una “nueva” Constitución lo que necesitan los cubanos, sino un nuevo sistema sociopolítico PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Viernes, 03 de Agosto de 2018 02:13

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Por Dr. Alberto Roteta Dorado.- 

¿Se aparta realmente Cuba del “comunismo” con su “nueva” Constitución? Antes de analizar brevemente el asunto merece explicarse el porqué de las comillas que significan la duda de los términos comunismo y nueva sin que nos apartemos del tema en cuestión.


No es una “nueva” Constitución lo que necesitan los cubanos, sino un nuevo sistema sociopolítico.

Por el Dr. Alberto Roteta Dorado.

Santa Cruz de Tenerife. España.- Por estos días los que nos dedicamos al análisis del acontecer cubano y del mundo hemos puesto nuestra mirada en los llamados cambios constitucionales, los que recién aprobó como proyecto la Asamblea Nacional de Cuba para luego ser “debatidos” entre el 13 de agosto y el 15 de noviembre, amén de “someterlo” a referéndum, cuyos resultados podrían ser manipulados para legitimar dichos cambios constitucionales a partir de una aparente aprobación popular, así como puestos de nuevo a “consideración” de dicha Asamblea Nacional, quien supuestamente dará el veredicto final del gran simulacro en pos de lo que el castrismo cree que es la democracia.

Luego de los análisis profundos de algunos estudiosos y politólogos – solo incluyo a los que de verdad lo son y sustentan sus criterios en opiniones con conocimiento de causa– me va quedando pues muy poco nuevo que abordar, por lo que considerando esto último y por respeto hacia aquellos de los que aprendo cada día, me limitaré a unos breves apuntes en torno al polémico tema de la futura Constitución que pronto entrará en vigor en la mayor de las Antillas.

¿Se aparta realmente Cuba del “comunismo” con su “nueva” Constitución? Antes de analizar brevemente el asunto merece explicarse el porqué de las comillas que significan la duda de los términos comunismo y nueva sin que nos apartemos del tema en cuestión.

No puede plantearse bajo ningún concepto la idea de que ciertas sociedades como la cubana se encausen hacia las vías del “comunismo”, por cuanto jamás ha existido el comunismo en el orden práctico, esto es, como acto concretado y puesto en marcha aunque sea de modo experimental. Las absurdas ideas de Karl Marx, generalmente respaldadas por su entrañable compañero Federico Engels, aunque este último hacia el final de su existencia  – una vez que Marx ya no estaba entre los vivos– intentó rectificar algunas concepciones que más tarde fueron ocultadas ante la posibilidad de un escándalo teórico entre los comunistas de su tiempo, jamás se han llegado a consumar, y esto es suficiente como para que cualquier posible especulación acerca de una fase considerada aun superior al socialismo marxista pueda someterse a ser susceptible de desarrollarse a plenitud, excepto por aquellos dejados llevar por la enajenación que con frecuencia acompaña a los partidistas socialistas empeñados en hacer realidad lo inexistente.

Tampoco podemos hablar de una constitución “nueva” toda vez que solo se trata de remiendos y retoques al decadente engendro que proporcionó al dictador Fidel Castro su posicionamiento definitivo en el poder de manera oficial a partir de la legitimación del panfleto constitutivo de 1976, aun vigente en la isla hasta que entre en vigor el actual. Recordemos que es de esta etapa la aparición del omniabarcante cargo de Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros y la desaparición del cargo de Presidente de la República. De modo que la novedad es solo tras la apariencia formal para dar la imagen de cambios con la nueva figura presidencial y la retirada parcial – permanece al frente del Partido Comunista de Cuba, la “fuerza superior dirigente”, ratificado en la nueva constitución– del octogenario Raúl Castro.

Una vez precisado esto retomemos la idea acerca de si se aparta o no Cuba del comunismo con los cambios de la “nueva” Carta Magna. El hecho de que se “actualicen” ciertos conceptos que se encuentran en total estado de caducidad no significa que el régimen esté cediendo en su empreño por perpetuarse en el poder desde su obsoleta perspectiva socialista.

Es un grave error pensar y creer que al suprimirse la idea de que Cuba se prepara para avanzar hacia la sociedad comunista, las cosas pudieran experimentar cierto giro que la aproxime a las concepciones capitalistas, de derecha o de centro derecha. Según se expone en el capítulo I, Fundamentos políticos, sociales y económicos del Estado, artículo 5 de la Constitución de 1976: “El Partido Comunista de Cuba, vanguardia organizada marxista-leninista de la clase obrera, es la fuerza dirigente de la sociedad y del Estado, que organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia los altos fines de la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista”.

Según la modificación actual se suprimió lo referente al avance hacia la sociedad comunista añadiéndose otra descabellada idea, por cuanto el partido único jamás podrá desarrollar valores éticos, morales y cívicos en los cubanos. El artículo 5 queda pues de esta forma: “El Partido Comunista de Cuba, único, martiano, fidelista y marxista-leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, sustentado en su carácter democrático y la permanente vinculación con el pueblo, es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado. Organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia la construcción del socialismo. Trabaja por preservar y fortalecer la unidad patriótica de los cubanos y por desarrollar valores éticos, morales y cívicos”. (Se destaca en negra lo añadido)

Téngase en cuenta que el socialismo se caracteriza, al menos teóricamente y de acuerdo con los preceptos clásicos marxistas, no solo por la posesión por parte del proletariado de los medios de producción, esto es, la supresión de la propiedad privada, sino la negación del pluripartidismo, algo que la Constitución cubana de 1976 deja bien precisado en su artículo 5, y se ratifica en la actual al reafirmar la concepción de que “El Partido Comunista de Cuba, único, martiano, fidelista y marxista-leninista, vanguardia organizada de la nación cubana…”

De modo que no queda lugar para la participación de otros partidos políticos legalizados, o sea, con personalidad jurídica que les permita competir en procesos eleccionarios junto al eterno partido oficialista, lo que no se resuelve en las “reformas” actuales. Esto significa que si bien el término comunismo no fue utilizado – algo muy bien pensado para que el decadente régimen y su partido único no sigan siendo el hazmerreír de aquellos que aún piensan en el mundo con un mínimo de decoro– no es sinónimo de un distanciamiento de los cánones socialistas que durante varias décadas ha estado exponiendo el régimen ante el mundo.

Para replantearnos el concepto de salida del comunismo hemos de considerar ciertas pautas, entre las que no pueden ser omitidas el derecho a la libertad de expresión, la posibilidad de elegir al presidente del país de manera democrática y no a través de una complicada simulación preconcebida de modo premeditado, la legalidad del pluripartidismo, así como la plena libertad de los medios de comunicación y no en manos del partido único como órganos oficiales de sus fechorías, entre otras tantos aspectos que, en última instancia, son los que hablan a favor de la instauración de una democracia , independientemente que en lo económico se restablezca la propiedad privada sobre los medios de producción.

Así las cosas, los cambios constitucionales – como todo lo que hasta el presente ha estado haciendo el régimen  cubano– no son más que modificaciones mínimas que solo van a operar desde una apariencia de apertura democrática tan solo creíble en el seno de los que se creen comunistas, los que seguirán extrayendo al corrupto sistema todo lo posible para su satisfacción personal con el término comunismo o sin él, igual da.

En Cuba no habrá cambios toda vez que no es una nueva Constitución lo que se necesita, sino un nuevo sistema sociopolítico que sea capaz de renovarla en todo sentido y apartarla definitivamente del socialismo.

Última actualización el Martes, 14 de Agosto de 2018 05:19
 
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Escrito por Indicado en la materia   
Sábado, 03 de Diciembre de 2016 13:00

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Por Jorge Hernández Fonseca.- 

Comandante:

Que clase’problema le ha busca’o a Raúl muriéndose precisamente ahora, cuando Trump ganó la presidencia de loj’estados Unidos. Ni se imaginan el 20 de Mayo que les va a caer encima. Dicen las malas lenguas que es todo lo contrario, que de’sa manera Raúl está con las manos libres pa’negociar con el imperialismo. Yo ya ni sé que es mejor pa’la isla.


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Jorge Hernández Fonseca

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Sent: Viernes, 2 de Diciembre de 2016

Subject: “”

Comandante:

Que clase’problema le ha busca’o a Raúl muriéndose precisamente ahora, cuando Trump ganó la presidencia de loj’estados Unidos. Ni se imaginan el 20 de Mayo que les va a caer encima. Dicen las malas lenguas que es todo lo contrario, que de’sa manera Raúl está con las manos libres pa’negociar con el imperialismo. Yo ya ni sé que es mejor pa’la isla.

Dicen por ahí que la discusión suya con San Pedro fue de ampanga cuando lo mandó pal infierno y que no le importó la cartica de recomendación que le llevó de Francisco, “otro que bien baila” le habría dicho San Pedro, comenzando el altercado. Ahí vinieron a la puerta del cielo tos los cubanos que Ud. había mandado a fusilar y ahí se acabó el pleito.

Por acá el comemierda de Raúl, como siempre, la caga a cada rato. Mandó a poner la urna con sus despojos en edificio del ejército y orientó a la plebe a adorar un retrato suyo de cuando el Morro era de tablas. Después, mandó de avión pa’Santiago la urna con los restos reales y está paseando por la provincias una urna de mentiritas. Eso no se hace!

Me dijeron también que Lenin, Stalin y Pol Pot, se juntaron a Pinochet, Somoza, Trujillo pa’recibirlo como Ud. merece en el Quinto Infierno y que eso fue tremendo! Me dijeron también que como no había llegado la pipa de cerveza, tuvieron que tomar chispa’e tren. Desde allí imagino vio la fiestaza de los cubanos de Miami celebrando. Eso fue tremendo!

Por la TV vimos a su viuda y sus herederos llorando a moco tendido. Lo hacían mucho más porque sin Ud. Raúl los va a multiplicar por cero, que por la pérdida que significa su desaparición, que no cabe dudas los alivia de soportarlo con sus sandeces del día a día. Esté vigilante por allá con la venganza de Ochoa y Abrahantes, que se la quieren cobrar!

Ahora Comandante, mucho cuidado con la Mafia de Miami y Donald Trump, porque se dice por ahí que no es lo mismo “morirse de viejo en su cama de punto cero dejándole el negocio cubano a Raúl, burlándose de Miami y el imperialismo” que “el imperialismo poner en su punto a Raúl multiplicándolo por cero, para dejarle el negocio cubano a Miami”. Mucho cuidado con eso, porque el orden de los factores sí altera el producto!

Su admirador

Ciudadano de Segunda

Última actualización el Jueves, 08 de Diciembre de 2016 11:40
 
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