El DIARIO DE CUBA revela el trasfondo de la turbia negociación original entre la dictadura cubana y

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El patrón se siente ofendido PDF Imprimir E-mail
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Jueves, 15 de Noviembre de 2018 05:20

Jair Bolsonaro condicionó la permanencia de los cubanos en Mais Medicos a que recibieran el total de su salario, entre otras medidas (EFE)

Por Reinaldo Escobar.-

Lo más significativo del comunicado del ministerio cubano de salud donde se anuncia la retirada del programa Mais Medicos en Brasil es que no menciona con claridad las verdaderas causas de tan dramática decisión.

La airada reacción se suscitó luego que el señor Bolsonaro, presidente electo del gigante suramericano, anunciara que las nuevas condiciones para que Cuba se mantuviera en el programa de colaboración serían la de revalidar el título de cada participante atendiendo a los estándares brasileños; que los colaboradores reciban íntegramente el salario que les corresponde y que tengan derecho a venir acompañados de sus familiares.

El comunicado oficial del ministerio de salud pública cubano solo menciona la exigencia de revalidar el título, algo que se interpreta como una falta de respeto y lo recalca con esta palabras: “No es aceptable que se cuestione la dignidad, la profesionalidad y el altruismo de lo colaboradores cubanos que, con el apoyo de sus familias, prestan actualmente servicio en 67 países”.

Otra de las razones no confesadas para dar por terminada esta colaboración es que el Gobierno cubano no se siente motivado a que un gobernante de derecha pueda exhibir logros en la salud de sus ciudadanos. Esa era una ventaja que Cuba le ofrecía al Partido de los Trabajadores como parte de las prácticas del clientelismo político que incluye cuotas para que jóvenes latinoamericanos vengan a Cuba a estudiar la carrera de medicina.

 

Cuba tiene hoy en Brasil unos 8.300 médicos a quienes se les ha asignado un salario de $3.300 pero que en realidad solo reciben el 25 por ciento

Cuba tiene hoy en Brasil unos 8.300 médicos a quienes se les ha asignado un salario de $3.300 pero que en realidad solo reciben el 25 por ciento porque el resto va a parar a las arcas del Gobierno cubano. Esa es la razón por la cual a muchos médicos les ha molestado que en el comunicado donde se anuncia la retirada de la misión se diga que “A los colaboradores se les ha mantenido en todo momento el puesto de trabajo y el 100% de su salario en Cuba” sin aclarar que están hablando de una mensualidad que pocas veces supera el equivalente de 60 dólares, algo insignificante cuando se compara con los casi 2.500 dólares que el estado recibe por cada médico en Brasil.

En el noticiero del mediodía de la televisión nacional, donde se le dio lectura íntegra al comunicado se añadió que “La colaboración médica de Cuba en el mundo sirve para costear inversiones o programas que llegan a todos en la Isla, generan ingresos que contribuyen al desarrollo económico y social y burlan el bloqueo de Estados Unidos".

Desde agosto de 2013 cuando Dilma Rousseff organizó este programa en colaboración con la Organización Panamericana de Salud se le advirtió a los médicos cubanos que no podían hacer contrataciones “por la libre” por lo que desde entonces les estaba prohibido presentarse a exámenes de revalidación.

 

Los desobedientes sorprendidos en esta “falta de disciplina” eran inmediatamente devueltos a la Isla como castigo

Los desobedientes sorprendidos en esta “falta de disciplina” eran inmediatamente devueltos a la Isla como castigo y si osaban salirse de la misión eran tomados como desertores y en consecuencia se les prohibía volver a su país al menos durante ocho años.


De hecho, la gran ofensa que Bolsonaro ha propinado al Gobierno cubano es la de abrir las puertas de su inmenso país a los médicos que quieran trabajar allí. Hasta ahora la primera reacción a la decisión cubana fue un mensaje en la cuenta de twitter del señor Bolsonaro donde lamenta la retirada de Cuba del programa Mais Médicos; la segunda fue la promesa dicha en una conferencia de prensa  de darle asilo a los médicos que quisieran quedarse en Brasil.

En estos momentos críticos para la economía cubana los 11.500 millones anuales que recibe el país por concepto de prestación de servicios profesionales pueden verse notablemente reducidos con la abrupta terminación de la presencia en Brasil, pero también los médicos que tengan que volver se verán perjudicados.

A pesar de las difíciles condiciones que se derivan de establecerse en sitios donde ningún otro profesional de la medicina quería  estar y a pesar de lo lastrado del salario, Brasil era una de las plazas más apetecidas por los médicos cubanos quienes, más allá de su espíritu solidario y altruista, anhelaban cumplir allí una misión para solucionar al menos una parte de sus carencias.

Si algo ha quedado claro es que entre las prioridades del Gobierno cubano, antes que la vocación humanitaria de salvar vidas, estaba mejorar la imagen de un partido de la izquierda ante su electorado y de paso ganar dinero a expensas de la explotación del trabajo profesional.

Es un indiscutible derecho soberano de Brasil exigir a cualquier profesional que revalide sus títulos para ejercer en el país. Es un derecho de los médicos recibir íntegramente el salario que les fue asignado y luego pagar los impuestos que la ley disponga. También es un derecho estar acompañados de sus familiares si así lo desean.

¿Dónde está la ofensa?
14 Y MEDIO
Última actualización el Miércoles, 21 de Noviembre de 2018 00:27
 
Médicos cubanos en Brasil: Esclavos de Bata Blanca PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Jueves, 15 de Noviembre de 2018 05:25

Por Jorge Hernández Fonseca.-

Cuando la prensa brasileña habla de “médicos cubanos contratados en régimen de esclavitud” no están hablando de “propaganda anti-cubana”, como lo caracteriza el castrismo internacional, ni siquiera de figuras literarias del Siglo XIX ya desaparecidas, sino de la caracterización real de lo que el contrato formal de trabajo a que son sometidos los médicos cubanos en las eufemísticamente llamadas (por la isla) “misiones internacionalistas”.


Médicos cubanos: Esclavos de Bata Blanca

Jorge Hernández Fonseca

23 de Agosto de 2013

Brasil, igual que Cuba, ya tuvo un sistema de producción rural basado en la esclavitud --básicamente de negros-- literalmente cazados en África como animales y traídos a América para largas horas de trabajo obligado en el campo. Cuba por su parte fue un país en el qué, producto de sus guerras de independencia, el negro esclavo asumió en su momento un papel ciudadano sumándose como soldado --y a veces como jefe-- a las tropas independentistas cubanas.

De esa manera, el negro cubano se igualó al blanco en coraje y sacrificio de guerra. Muchos negros comandaron las tropas cubanas en sus esfuerzos bélicos, siendo su general más insigne el general Antonio Maceo, un negro en toda la línea. Así, los negros cubanos surgieron de la guerra contra España igualándose socialmente al resto de la población blanca, aunque subsistió --y todavía subsiste en Cuba-- cierto grado de discriminación por el color de la piel.

Como Brasil no tuvo la experiencia de guerra por su independencia, sus negros esclavos ganaron la libertad de manera burocrática y formal. No existen héroes negros en el gigante sudamericano, como sí existen muchos en Cuba. Parcialmente por eso, la discriminación en Brasil con sus antiguos esclavos, además de racial, es de tipo social.

La producción esclavista era mayoritariamente rural, por lo que mucho después de la proclamación de la libertad para todos los esclavos en Brasil, una gran mayoría de ellos continuaron viviendo en sus barracones tradicionales y continuaron trabajando para sus antiguos amos de una manera muy similar a como lo hacían cuando eran esclavos.

En las grandes haciendas brasileñas la costumbre traspasó el siglo XIX y entró en el siglo XX con un sistema de relaciones en el campo muy similar a la esclavitud. De hecho, en las zonas rurales del Brasil profundo actual, subsisten hasta hoy formas de producción agrícola de tipo esclavista, contra lo cual todavía se lucha en ese enorme país.

Debido a lo anterior, aparecen continuamente en la prensa del coloso  sudamericano noticias de “liberación de trabajadores agrícolas sometidos a régimen de esclavitud” en algunas de las grandes haciendas del norte amazónico del país donde hoy se desbrava todavía la selva virgen en lugares apartados.

En función de lo anterior, para la opinión pública brasileña la esclavitud no es un cuadro del siglo XIX que nos llega como un recuerdo lejano de injusticias de época asociados únicamente al color de la piel, o trabajando solamente en labores agrícolas. Es un cuadro contemporáneo de la explotación que todavía se hace con personas humildes, analfabetas, en busca de un trabajo donde ganar el pan de cada día, que caen en trampas preparadas al efecto.

Esta realidad brasileña ha hecho que jurídicamente se haya caracterizado lo que se denomina en lenguaje del derecho civil como “trabajo esclavo”. No es un recuerdo lejano de lo que ocurrió con los africanos en los siglos XVIII y XIX, sino, una figura jurídica real y actual, que se ejecuta contra personas desposeídas que recurren a mayorales desalmados, los cuales brindan hospedaje y alimentación, a cambio del trabajo de largas horas en los campos del Amazonas brasileño, o en las calurosas factorías de San Pablo, fundamentalmente con inmigrantes indocumentados, sin esperanzas.

De manera que, cuando la prensa brasileña habla de “médicos cubanos contratados en régimen de esclavitud” no están hablando de “propaganda anti-cubana”, como lo caracteriza el castrismo internacional, ni siquiera de figuras literarias del Siglo XIX ya desaparecidas, sino de la caracterización real de lo que el contrato formal de trabajo a que son sometidos los médicos cubanos en las eufemísticamente llamadas (por la isla) “misiones internacionalistas”. Eso mismo, en el Brasil del Siglo XXI es esclavitud, caracterizado como una figura jurídica penalizada.

¿Cuáles son las características del trabajo esclavo para la legislación actual de Brasil? En principio, el artículo 149 del Código Penal brasileño caracteriza el "trabajo esclavo" y coloca como características principales el “someter a la persona a un trabajo obligado, en jornadas exhaustivas, con remuneración incomparablemente menor que la labor realizada, basado en deudas contraídas con el patrón”, colocando como definitorio el hecho de que “a las personas les está prohibido dislocarse del sitio o lugar de trabajo”. Cualquier perecido con el régimen de los médicos cubanos en el exterior, no es pura coincidencia. Hacen trabajo esclavo.

Probablemente en Venezuela, donde hubo y todavía hay muchos médicos cubanos trabajando como esclavos, no existan los antecedentes de Brasil y en ese país no haya una caracterización legal para el trabajo esclavo, por lo que la población venezolana no se pronunció en ese sentido, al menos de la manera masiva como lo está haciendo la sociedad brasileña actualmente con los “esclavos de bata blanca” que Brasil quiere importar de Cuba por razones ideológicas, para subsidiar a la dictadura castrista por el envío de sus esclavos de bata blanca.

Así las cosas, la sociedad brasileña ya han comenzado acciones en el sentido de denunciar ante los tribunales el contrato de trabajo esclavo que el gobierno federal quiere llevar a delante con los médicos cubanos, de manera que no sería muy descabellado que la justicia (en Brasil es independiente del gobierno) declare nulo e ilegal el contrato firmado con Cuba para esclavizar médicos cubanos.

De manera que calificar como trabajo esclavo lo que hacen los médicos cubanos en sus “misiones” no es pura propaganda política contraria a la dictadura castrista, sino simple caracterización de sus procedimientos contra los médicos cubanos, en su afán de “vender mano de obra barata”.

La dictadura cubana justifica el régimen de esclavitud a que somete a su pueblo argumentando que los médicos cubanos han sido formados en universidades financiadas por el estado socialista y que por tanto, el diploma de médico se lo deben parcialmente al gobierno comunista.

Esta justificativa en Brasil vuelve a chocar contra la realidad del país sudamericano, donde la casi totalidad de los médicos formados estudiaron en universidades públicas --y en algunos casos en centros privados-- estudios que son financiados --en ambos tipos de universidades-- por el estado democrático (en universidades privadas hay becas que pagan las mensualidades para estudiantes carentes) que lógicamente no les reclaman nada a cambio al terminar sus estudios, porque la educación se reconoce como un derecho y no como una dádiva que el gobierno les ofrece, en función de que el financiamiento que hace el estado brasileño con la educación, pública o privada, sale de los impuestos que todo el pueblo paga.

Con los médicos cubanos el razonamiento debe ser similar. El financiamiento de los estudios de medicina en Cuba no se hace con el dinero del partido comunista, ni de la familia Castro Ruz, sale de la diferencia entre el salario de 4 mil dólares mensuales que pagará Brasil a cada médico (y que es lo mínimo que debería pagarse a los médicos en Cuba, o cualquier otro lugar del mundo) y los miserables 30 dólares mensuales que el castrismo les paga en la isla.

Se comprueba con esta paradoja que no solamente en Brasil los médicos cubanos trabajarían en régimen de esclavitud, sino que en Cuba lo que hace la dictadura es someternos a un régimen esclavista, sin ninguna base financiera, legal y mucho menos moral. Este razonamiento es válido para el resto de los profesionales cubanos y puede extenderse a toda la sociedad de la Cuba de hoy.


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Última actualización el Miercoles, 14 de Noviembre de 2018 21:25

Última actualización el Miércoles, 21 de Noviembre de 2018 00:25
 
Tovarich Raúl, Rusia no es la URSS PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Martes, 06 de Noviembre de 2018 05:53

Por ROBERTO ÁLVAREZ QUIÑONES.- 

Al parecer el dictador y la elite militar y civil de Cuba padecen un mal que bien pudiéramos llamar el síndrome del Quijote. Confunden el deseo con la realidad.

Sorprende que desde la troika suprema del país, integrada por Raúl Castro, Machado Ventura, el administrador Díaz-Canel, hasta el último de los grandes jerarcas de la nación crean que los lazos de "solidaridad" que había con la Unión Soviética pueden ser restablecidos, en parte o totalmente, con la Rusia de hoy.

Saben que no habrá subsidios, pero tienen la esperanza de que la exmadre patria del castrismo haga generosas concesiones en materia comercial, financiera y militar. Falsas ilusiones. La URSS "proletaria" de Marx y Lenin yace sepultada en las rojizas murallas del Kremlin. Y allí mismo brotó la otra Rusia, igualmente con ínfulas imperiales, pero nacionalistas y capitalistas de pies a cabeza: el dinero por delante, o no hay negocio.

Una buena muestra ha sido el reciente viaje del presidente designado, Díaz-Canel, a Rusia, a donde llegó con la misión de mendigar ayuda económica y militar. Rápidamente el segundo jefe del Gobierno ruso, Yuri Borísov, aclaró en el canal televisivo Rossía que la ayuda que su Gobierno prestará a Cuba no será en perjuicio de los intereses económicos de Rusia. Dijo que actuar de ese modo sería "insensato, inconveniente y podría repetirse la experiencia viciosa de la Unión Soviética".

"Por ello", remató, "al ayudar a Cuba y a otros países no perdemos de vista nuestros propios intereses".

Quizá algunos piensen que Borísov lo dijo para tranquilizar a los rusos, que rechazan que Moscú pueda regalar a Cuba el dinero que ellos pagan en impuestos. Pero no, Borísov envió un claro mensaje al jefe de Díaz-Canel: "Tovarich Raúl, Rusia no es la URSS".

Tal vez las ilusiones de La Habana se basan en que Putin es un exmayor de inteligencia, espía de la KGB en Dresde, Alemania Oriental, y todavía pudiera conservar un poco de su "corazoncito" soviético y darle una mano al castrismo.

No. Putin en suelo alemán vio desplomarse el Muro de Berlín y se dispararon sus ambiciones de poder y riqueza personal. Tenía magníficos contactos, y uno de ellos era Boris Yeltsin, quien en 1999 lo dejó como sustituto suyo. Desde entonces Putin es el hombre fuerte de un país de autocracias sinfín que jamás ha conocido la democracia moderna de Montesquieu, Locke, y Rousseau.

Gigante atómico con pies de barro, economía "emergente"

También la elite castrista supone que con las ínfulas imperiales de Putin y su antagonismo con EEUU Moscú puede desafiar cada vez más a Washington. Error doble: 1) Rusia tiene 7.000 ojivas nucleares pero Putin sabe hasta dónde pueden llegar sus atrevimientos geopolíticos, y 2) Rusia es un gigante atómico con pies de barro. No es parte del Primer Mundo.

La economía rusa es clasificada en la ONU como emergente, en un grupo especial llamado BRICS, que integran también China, Brasil, México, India y Sudáfrica. Pero como emergente es prima hermana de Turquía, Chile, Argentina, Colombia, Polonia, Indonesia, Malasia y Tailandia, por debajo de Corea del Sur y Taiwán, integrantes del Primer Mundo.

En 1991, al perder Rusia las 14 colonias que completaban la URSS, los rusos se enteraron asombrados de que su país no era una potencia económica, sino que el Producto Interno Bruto (PIB) era inferior al de Brasil, igual al de México, y tres veces más bajo que el de la India. Y sigue siendo así. En 2017 el PIB de Brasil fue de 2,1 billones de dólares y el de Rusia fue de 1,6 billones. El de EEUU fue de 20 billones.

Como consecuencia de 74 años de comunismo, Rusia aún está atrasada con respeto a Europa Occidental. Sigue siendo un país exportador de materias primas, igual que en los últimos 200 años. Hoy los ingresos totales del Estado dependen en un 50% de esas exportaciones, sobre todo de petróleo, espina dorsal de la economía rusa, que 27 años después sufre aún las consecuencias devastadoras del "socialismo real". Últimamente su capacidad para satisfacer las necesidades económicas y sociales de la población no aumenta, sino disminuye.

Por su agresividad geopolítica Rusia sufre de sanciones económicas de EEUU y Europa. Encima tiene problemas de productividad que arrastra de la URSS. Según el Ministerio de Desarrollo Económico, el PIB en 2018 solo crecerá en un 1%, y hasta 2024 no logrará un 3%. La inflación subirá en 2019 a un 5%, algo fatal para el consumo y las inversiones. Y se estima que el barril de petróleo bajará a 56 dólares en 2019 y a 42 dólares en 2020.

La URSS fue un imperio con 15 repúblicas propias, verdaderas colonias soviéticas rusas a las que les succionaba sus riquezas, y otros seis países de Europa del Este y uno de Asia (Mongolia) bajo su total control político. Lenin y sus herederos formalizaron con carácter comunista el antiguo imperio iniciado por Iván el Terrible, primer zar ruso (César en ruso), en el siglo XVI, y ampliado por Pedro el Grande en el siglo XVIII.

Ese eso es lo que añora Putin, pero resulta inalcanzable en el siglo XXI. La URSS tenía 22,4 millones de kilómetros cuadrados, una superficie mayor que los 22,2 millones de toda América Latina. Y el doble de la superficie de un continente, Oceanía.

Si Moscú logró tener cohetes intercontinentales nucleares y naves espaciales fue porque aquella URSS colonialista dedicaba el 17% de su PIB a la esfera militar, mientras el promedio mundial era de 1,1% en 1990, y un 5% en EEUU, según la organización Rand.

Ni modernización militar, ni más comercio

En fin, Rusia no está en condiciones de dar "ayuda fraternal" ni a Cuba ni a nadie. Lo que puede hacer es apoyar al castrismo políticamente, y de forma limitada coadyuvar a cierta reposición del obsoleto parque militar de la Isla, siempre que La Habana lo pague mediante ciertos créditos, como el concedido recientemente por 50 millones de dólares. Baste un detalle: si un avión ruso MIG-35 cuesta 40 millones de dólares, ¿qué modernización militar puede lograr Cuba con solamente 50 millones?

Tampoco es posible aumentar en grande el comercio bilateral. Cuba no tiene ni cash ni casi nada que venderle a Rusia. Ya ni azúcar produce. Hace poco importó 40.000 toneladas de azúcar de Francia. La zafra 2017-2018 fue tan desastrosa que se dejaron de producir 300.000 toneladas que ya estaban vendidas.

Rusia tiene interés en Latinoamérica. Por eso apoya a cuanto gobierno se opone a EEUU. Pero esa ambición tiene el handicap de los pies de barro. Solo intervendrá en Latinoamérica si saca claras ventajas económicas, como hace con el petróleo y el gas en Venezuela. Y aspira a seguir ocupando espacio económico y comercial en Sudamérica si las empresas estadounidenses no se espabilan. Rusia tiene aspiraciones hegemónicas de mayor alcance en el Medio Oriente y Asia Central porque es su entorno inmediato.

El experto militar ruso Igor Korótchenko declaró a la revista Sputnik que Rusia debe volver a Cuba e instalar allí tres bases militares, una de inteligencia electrónica para espiar a EEUU, una base para submarinos nucleares, y hasta desplegar allí sistemas de misiles.

Todo indica que fue un bluff para presionar al Gobierno de EEUU a que no salga del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio firmado por Gorbachov y Reagan en 1987 —que Rusia viola— y para presionar a Washington a que deje las sanciones a Rusia. Putin se ha endiosado con su ambición de gran potencia, pero no al punto de perder el contacto con la realidad.

Moscú no va a provocar una grave crisis con EEUU ni por Cuba ni por ningún otro país lejos de sus fronteras. Políticamente Moscú es aliado de Cuba, pero no ideológicamente. En Rusia el vocablo socialismo es una mala palabra. Ya en la patria de Stalin están vacunados.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Jueves, 15 de Noviembre de 2018 05:41
 
Los efectos económicos del largo viaje de Díaz-Canel PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Jueves, 01 de Noviembre de 2018 11:19

Por ELÍAS AMOR.- 

Largo viaje de 11 días el que acaba de emprender Miguel Díaz-Canel rumbo a una serie de países, como Rusia, China, Vietnam, Corea del Norte y Laos. El Socialismo del Siglo XXI en América Latina no da para más, y la búsqueda de fuentes financieras y socios comprometidos con la "revolución" está en la agenda del dirigente castrista.

La cuestión es si tendrá éxito o no. Que fuera el mismo Raúl Castro a despedirlo al aeropuerto de Rancho Boyeros da una idea bastante concreta del interés del viaje. El sistema está cerrado, bajo llave.

Los analistas y observadores de la política castrista se han sorprendido de este viaje. No suele ser frecuente que los dirigentes comunistas de Cuba salgan al exterior. Fidel lo hizo en contadas ocasiones, Raúl prácticamente ninguna. Al margen del temor a una orden de detención internacional cursada por Interpol, los hermanos Castro tenían poco que hacer fuera de la isla de su propiedad. Como buenos dictadores, su ámbito más próximo colmaba sus aspiraciones. Para qué iban a salir del país si todo lo que deseaban estaba al alcance de sus manos.

La cosa ahora ha cambiado. Díaz-Canel da la sensación de una hiperactividad contagiosa, en un intento por demostrar que está ahí, y que algo tiene que ver con el poder. Durante las últimas semanas, su agenda en la Isla ha sido descomunal, acercándose a todos los sectores y organizaciones sociales. Ahora toca salir al exterior con objetivos concretos basados en lo que llaman en Cubadebate "asuntos bilaterales internacionales de interés común".

Si suponemos que el viaje tiene un marcado contenido económico, los datos disponibles ofrecen algunas evidencias. Según la información oficial de ONEI, en 2017 las exportaciones cubanas a estos cinco países alcanzan 391 millones de pesos, lo que representa alrededor del 16% de las ventas totales del país en el exterior.

China se destaca en primera posición, con 364 millones que supone casi el 94% del total, Corea del Norte o Laos por ejemplo no recibieron exportaciones cubanas en 2017. Además, con respecto a 2012, la dinámica de las ventas de Cuba en estos países no se puede considerar favorable. En aquel año la cifra alcanzó 562 millones de pesos, por lo que en el último lustro se ha producido un descenso del 30% en las exportaciones cubanas a los cinco países y la culpa obviamente no es del "bloqueo".

Difícil lo tiene Díaz-Canel con este balance para que le concedan financiación. Porque lasimportaciones de estos países, lo que les compra Cuba, parece otra cosa. En efecto, estos cinco países vendieron a Cuba en 2017 por valor de 2.353 millones de pesos, que representan el23% del total de las importaciones. Un peso claramente superior en el comercio, donde China ocupa una clara posición de liderazgo. Además, con relación a 2012, las compras que hace Cuba a estos países han aumentado un 40%, a pesar del "bloqueo y del embargo", un dato que contrasta con la disminución que en el mismo período experimentan las importaciones totales de la Isla, que fue un 27%.

Por lo tanto, las compras hacia estos países han aumentado, en concreto con Rusia un 65%, con Vietnam un 47% más, y con China, a pesar de sus abultadas cifras, también ha aumentado un 34% sus importaciones a Cuba. A resultas de lo anterior, la economía de la Isla mantiene un considerable y abultado déficit comercial con estos países. En concreto, de los 1.123 millones de pesos de 2012 se ha pasado a 1.962 millones en 2017, prácticamente el doble.

No es extraño, a la vista de esos datos, que Raúl Castro haya ido al aeropuerto a despedir a Díaz-Canel y desearle suerte en sus gestiones. Le hará falta.

Desarrollar el comercio entre dos países requiere apostar por un cierto equilibrio en las cuentas a medio plazo, lo que en su caso, cuando no existe, obliga a practicar generosas políticas de aseguramiento de las operaciones por parte del país que vende más de lo que compra, como ocurre con los cinco países de este viaje.

La notable descompensación en el comercio de bienes entre Cuba y esos cinco países tiene que ser corregida de alguna manera, porque la economía exige equilibrios. En ausencia de mecanismos adecuados para el ajuste en el ámbito financiero, lo normal es que déficits tan abultados de año en año acaben generando endeudamientos descontrolados de los que no se tiene información oficial, pero que de buen seguro, irán bien calculados en la carpeta que acompaña a Díaz-Canel en sus visitas.

Por supuesto, la prensa oficial del régimen ha glosado con la tradicional propaganda los acuerdos y convenios que se espera que se firmen en esta ronda de contactos del viaje. Así ha hablado de la "declaración conjunta entre Rusia y Cuba sobre los temas de la agenda internacional"; la visita a la primera feria internacional de importación de China en Shanghai (de la que podría obtener información para aplicarla en la Fihav el año próximo); los acuerdos en las áreas del comercio, las energías renovables, el turismo, la tecnología y la cooperación en el marco de la iniciativa de la Franja y la Ruta de la Seda con el gigante asiático; o la visita a ciudad Ho Chi Minh, donde radican importantes empresas vietnamitas con presencia en Cuba, para firmar un nuevo acuerdo comercial bilateral entre los gobiernos de ambos países.

A pesar de todo, considero que el balance final no va a dar excesivos motivos de alegría. Va a ser difícil que este viaje sirva para compensar las enormes pérdidas que para el régimen comunista de Cuba se derivan de la pérdida de los contratos en Brasil (y la exigencia inmediata del pago de deudas por la nueva administración presidencial) y de la disminución del fuelle de Venezuela, cada vez más sin futuro. Los turistas pueden venir tal vez de Rusia o de China, pero nunca serán los que en mayor número lleguen a la Isla. Según datos oficiales de ONEI, los procedentes de Rusia rara vez superan el 7% del total en los mejores años, y los de China menos del 2%. Es evidente que los mercados de suministro están más cerca.

Por lo tanto, creo que este viaje no tendrá grandes beneficios para el régimen de La Habana, a pesar de las expectativas abiertas. En Vietnam deberían informarle de los efectos positivos del Doi Moi, y su impacto dinamizador sobre una economía de hambrunas estructurales que se despojó de la herencia ideológica comunista. En Corea del Norte, donde las relaciones económicas con Cuba son insignificantes, tan solo la foto con Kim Jong-un podrá quedar para la posteridad. En China o Rusia ya están hartos de no cobrar a tiempo, y es posible que le aprieten las clavijas. Hasta los socios más atentos pierden la paciencia en algún momento.

En todo caso, cada país tiene derecho a decidir con quién quiere relacionarse (Cuba siempre lo ha hecho con sus pares ideológicos) y qué tipo de relaciones desea mantener. Díaz-Canel ha entrado fuerte con este largo viaje hacia el incierto Laos, que constituye una novedad para la diplomacia castrista.

Lo dicho, el círculo de relaciones del Socialismo del Siglo XXI toca a su fin, y hay que identificar nuevos socios dispuestos a aceptar deudas incobrables y otras majaderías. La cuestión es ganar tiempo como sea para no implementar las únicas medidas que pueden mejorar la productividad de la economía cubana y permitir la superación de su actual marasmo, clavada en ese fatídico 1,1% de crecimiento del PIB que le atribuye la CEPAL.

No veo a Kim, el de Corea del Norte, comprando médicos, maestros o entrenadores cubanos. No es Evo Morales. Tal vez, a Díaz-Canel no le han asesorado bien.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Sábado, 10 de Noviembre de 2018 01:41
 
Consecuencias de la victoria de Bolsonaro en Brasil PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 28 de Octubre de 2018 07:14

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Por Jorge Hernández Fonseca.- 

La victoria de Bolsonaro en Brasil significará el fin operativo del funesto “Foro de San Pablo”, creado por el difundo Fidel Castro y el actualmente encarcelado Lula da Silva, ambos sostenes e incentivadores operativos del accionar de la izquierda latinoamericana.


Consecuencias de la victoria de Bolsonaro en Brasil

Jorge Hernández Fonseca

28 de Octubre de 2018

El extraordinario margen de ventaja de las encuetas electorales brasileñas al momento de escribir estas líneas, auguran una victoria apabullante de Jair Bolsonaro contra un desconocido militante de la izquierda del partido de Lula da Silva, el que se dio a la tarea de designar “a dedo” --como se hace en las dictaduras de izquierdas conocidas—“su” candidato presidencial.


La segura victoria de Bolsonaro contra el partido de Lula en Brasil, tendrá consecuencias que extrapolan la simple y saludable presencia al frente del gobierno del Coloso Sudamericano de un nuevo gobierno, con un programa político liberal, de derechas, para nada “ultra”. A nivel continental significa la declaración final de derrota del socialismo del Siglo XXI acuñado por Fidel Castro y Hugo Chávez en Nuestra América. Acá, el viraje político comenzó con la apabullante victoria de Mauricio Macri sobre Cristina Kirchner en Argentina. Se continuó con el triunfo de Piñera sobre los socialistas-comunistas chilenos. Fue sucedido por el formidable triunfo electoral de Iván Duque sobre el exguerrillero izquierdista Gustavo Petro y es coronado por el notable triunfo de Jair Bolsonaro contra el candidato de Lula da Silva. ¡Derrota total!


La victoria de Bolsonaro en Brasil significará además el fin operativo del funesto “Foro de San Pablo”, creado por el difundo Fidel Castro y el actualmente encarcelado Lula da Silva, ambos sostenes e incentivadores operativos del accionar de la izquierda latinoamericana. El triunfo del Bolsonaro será de un acicate adicional al cerco democrático que actualmente existe contra la dictadura narco-comunista de Nicolás Maduro y quién sabe si el hecho de Bolsonaro ser un militar en retiro, ve con buenos ojos una acción militar humanitaria en Venezuela, apoyando el intento de su homólogo de EUA para apaciguar el carácter narco de la dictadura de Maduro.


La victoria de Bolsonaro además, significará un apoyo al repudio de la represión de Daniel Ortega contra su pueblo en Nicaragua y significará, por sus dimensiones continentales, un freno al probable futuro expansionista de López Obrador al frente de México y quien sabe también si un entendimiento por parte del centroamericano de que no habrá tolerancia con la izquierda latinoamericana de parte, ya no sólo de los EUA de Donald Trump, sino tampoco de parte del Brasil del capitán del ejército en retiro, Jair Bolsonaro. La democracia tienderá a imponerse.


Para la Cuba castrista significa el fin de la entrada fácil de cerca de mil millones de dólares por año debido a la explotación indiscriminada, abusadora y esclavista que hace el dictador cubano con su médicos en Brasil, a los que les extrae la mayor parte de su salario para llenar sus arcas dictatoriales. Significará sin dudas el fin del esclavismo médico cubano en Brasil.


La presencia de un renombrado economista brasileño de la “Escuela de Chicago” (la misma escuela económica que contrató Pinochet en Chile para mejorar su economía) al frente del área económica del futuro gobierno Bolsonaro, augura una mejora en ese importante rublo del gobierno, que por su importancia, tiene la necesidad, para toda Nuestra América, de hacer un trabajo que ayude a superar los problemas económicos, políticos y sociales que deja en herencia maldita la administración, incompetente y cleptómana de Lula da Silva y su partido.


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Última actualización el Sábado, 03 de Noviembre de 2018 02:19
 
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