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Artigos: Cuba
La salida de Raúl Castro, el fin de una era PDF Imprimir E-mail
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Viernes, 12 de Enero de 2018 13:15

El primer vicepresidente cubano, Miguel Díaz-Canel es uno de los candidatos a ocupar la presidencia. (EFE)

Por YOANI SÁNCHEZ.- 

Pese al hastío de los cubanos ante el relevo presidencial, el final del personalismo de los Castro traerá cambios en la forma de gobernar.

“Seis décadas son toda una vida”, sentencia Facundo, un jubilado cubano que vende la prensa oficial en La Habana Vieja para contrarrestar su baja pensión. Nacido poco antes de que Fidel Castro llegara al poder, el hombre recela del nombramiento de un nuevo presidente en abril próximo. “Eso va a ser como aprender a caminar”, asegura, mientras pregona el diario oficialista Granma.

Como Facundo, buena parte de los cubanos que residen hoy en la isla nacieron bajo el castrismo o apenas recuerdan el país antes de enero de 1959. La salida de Raúl Castro del gobierno [primero anunciada para febrero de 2018 y luego aplazada hasta abril] tiene para ellos las connotaciones del fin de una era, con independencia de la ruptura o continuidad que manifiesten los sucesores que se instalen en la sala de mando nacional.

A pocas semanas de que el traspaso presidencial se haga efectivo, la indiferencia gana terreno entre los habitantes de una nación que ha tenido la dinastía familiar en el poder más prolongada de América Latina. Un momento que debería ser de expectación y especulaciones se está diluyendo en medio de la apatía y de la complicada situación económica que atraviesa la isla.

A diferencia de otros países del continente que han vivido encendidos comicios regionales o generales en los últimos años, el proceso electoral cubano no genera encuestas para determinar la inclinación del electorado ni motiva debates en los medios de comunicación. La sensación que sobrevuela es la de una “jugada cantada” con la que se busca preservar el control en manos de un grupo.

El hastío viene también de que la ley electoral vigente prohíbe las campañas políticas y todo intento de publicación de un programa de gobierno que entusiasme a unos o escandalice a otros. Sin ese componente esencial, el proceso tiene más de confirmación que de selección; más de tácito nombramiento que de competencia.

Solo en abril, cuando se haga público el nuevo Consejo de Estado, se sabrá quiénes optan a la máxima magistratura del país. Hasta el momento, la composición de esa instancia es solo una especulación que se mueve según los medios oficiales presten más atención a un funcionario o saquen del centro de los focos a otro. La adivinación política se vuelve una práctica muy inexacta por estos lares.

Encima de eso, los candidatos a sentarse en la silla presidencial disfrutarán de su condición de aspirantes apenas durante un breve tiempo, quizá las horas o los minutos que medien entre que la Comisión Nacional de Candidaturas revele sus nombres al nuevo Parlamento y que este vote para aprobar la propuesta. Su breve carrera hacia la presidencia durará un suspiro.

Así ha sido desde que en 1976 quedó constituida la primera Asamblea Nacional del Poder Popular, momento en que Fidel Castro proclamó que cesaba “el periodo de provisionalidad del Gobierno Revolucionario” y el Estado socialista adoptó “formas institucionales definitivas”. En 1992 la nueva ley electoral modificó algunos detalles, pero mantuvo la esencia monopartidista del sistema y su blindaje contra todo tipo de sorpresas.

El fin del personalismo

Sin embargo, la novedad de las actuales elecciones no estriba en qué puede ocurrir fuera del guion, sino en que por primera vez la persona que ocupe la silla presidencial es muy probable que no lleve el apellido Castro. Son mínimas, también, las posibilidades de que pertenezca a “la generación histórica de la Revolución”, formada por un reducido grupo de octogenarios.

Junto al nuevo mandatario llegarán al Consejo de Estado figuras que sustituirán el núcleo duro de la gerontocracia. Un conciliábulo donde el exceso de años se ha justificado con el argumento de la experiencia acumulada, cuando en realidad la permanencia de estos veteranos se basa en su probada lealtad, antes a Fidel Castro y ahora a su hermano Raúl.

La biología, en su pragmático quehacer, parece haber impuesto nuevas reglas y ha llegado la hora del relevo, pero no hay señales de que la renovación de rostros implique una transición política. De hecho, todo el que se haya proyectado como un reformista no aparecerá en la fugaz lista de candidatos que, de forma previsiblemente unánime, será aprobada por el Parlamento en abril.

Como se advertía antes de accionar las cámaras del siglo pasado “el que se mueve no sale en la foto”; y todo aquel que haya mostrado rasgos de pensar con cabeza propia o querer marcar con una impronta nueva su mandato será apartado. Tal y como ocurrió en 2009 con el vicepresidente Carlos Lage y el ministro de Relaciones Exteriores, Felipe Pérez Roque, posibles benjamines defenestrados.

Si de dichos se trata, vale la pena también repetir el mítico “y sin embargo se mueve” de Galileo Galilei. Luego de seis décadas de que el país ha sido gobernado por un régimen no solo totalitario, sino además personalista, quienes asuman el mando tendrán que hacerlo de forma colegiada, ante la ausencia de una figura que aúne en sí misma ascendencia histórica, capacidad de mando y el consenso de la cúpula para que timonee sin supervisión.

Durante los casi 50 años que Fidel Castro detentó el poder en la isla, lo hizo desde el voluntarismo y el capricho. En ese tiempo apenas si se realizaron consejos de ministros y el país se gobernaba desde la puerta de un jeep soviético por donde se asomaba el máximo líder a impartir sus “preclaras orientaciones”. Su omnímodo poder lo llevaba a decidir desde el modelo de los uniformes escolares hasta la forma en que las amas de casa cocinaban los frijoles.

Cuando participaba en las sesiones del Parlamento, el único que parlaba era él y lo hacía implacablemente durante horas, malgastando en la práctica el turno de participación de los más de 600 diputados. Acaparó todas las carteras, influyó con su deseo en cada sector y vació las instituciones de cualquier posibilidad de decidir. Fidel Castro dirigió el país con la punta de su dedo índice, sin que nadie más pudiera influir en el derrotero nacional.

Son muchos los testimonios que narran las ocasiones en que se reunía con sus subalternos inmediatos, donde llovían las palabrotas y las amenazas si no se cumplían sus designios. El puñetazo sobre la mesa sepultaba toda posible discrepancia y los asentimientos o los aplausos eran la única respuesta posible. “Sí, Fidel”. “Desde luego, Jefe”. “A sus órdenes, Comandante”.

Cuando Castro enfermó y se vio forzado a retirarse de la vida pública, en julio de 2006, Raúl introdujo el hábito de consultar. Durante los 10 años que ha gobernado realizó más reuniones de los consejos de ministros y convocó a un mayor número de plenos del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC) que todos los que se realizaron por casi medio siglo.

«Un régimen dinástico no se hereda ni se delega, solo sobrevive si se mantiene anclado a un árbol genealógico»

Esa proclividad al trabajo en equipo no hace del menor de los Castro un demócrata, pero al menos dio la impresión de que, aunque no renunciaba a imponer su voluntad, estaba en la posición o en la necesidad de compartir decisiones. Sus llamados a hacer cambios “paulatinos” y “graduales” para mejorar la economía del país le granjearon una reputación contraria a la que tuvo su hermano. Aquel era como un huracán irreflexivo, este una deslucida llovizna que ni moja ni refresca.

Sin embargo, le tocó al pequeño de los Castro liderar el deshielo diplomático con Estados Unidos. El hito de su mandato y por el que pasará a la historia no fue –vaya ironía– la ansiada transición democrática en la isla, sino el haber arreglado el problema con el gran vecino del Norte. Una conquista que se disolvió en los últimos meses con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y el estallido del escándalo de los ataques acústicos que, supuestamente, sufrieron diplomáticos estadounidenses en La Habana.

Para colmo, el gran aliado venezolano también le ha enturbiado los días finales al presidente cubano. La caída en picado de las importaciones petroleras a la isla, junto al desprestigio creciente de la llamada “revolución bolivariana” y la salida del poder de varios aliados políticos en la región han hecho que el escenario del “adiós” sea muy diferente al que proyectara.

En medio de un contexto adverso, todo el peso del futuro cubano recae en la decisión que se tome a la hora de traspasar el poder. Aunque el oficialismo pretende mostrar que lo tiene todo “atado y bien atado”, un sistema tan basado en la voluntad de un clan familiar tiene serios problemas con los rostros nuevos. Un régimen dinástico no se hereda ni se delega, solo sobrevive si se mantiene anclado a un árbol genealógico.

De ahí las especulaciones sobre el posible ascenso de Alejandro Castro Espín, hijo del actual presidente y una figura oscura a la que se le atribuye el control policial del país o la gestión de la temida Seguridad del Estado. No obstante esa posibilidad, su padre está entrampado en la imagen de institucionalidad –por encima de la genética– que quiere mostrar. Sabe que un relevo sanguíneo lo protege, pero que también terminará por sepultar cualquier narrativa de la revolución, para enfatizar el carácter de dinastía familiar.

Más allá de quién asumirá el más alto cargo del país, estará obligado a ponerse de acuerdo con otros, a gobernar bajo la mirada inquisitiva de terceros. No le quedará más remedio que discutir para lograr consensos, en un escenario donde nadie tendrá el derecho de golpear la mesa con sus puños ni de lanzar una mirada amenazante al preguntar si hay discrepancias alrededor de su opinión.

¿Un futuro para Miguel Díaz-Canel?

La gran incógnita sigue siendo el nombre del agraciado, o la agraciada, aunque todas la apuestas apuntan a Miguel Díaz-Canel, actual primer vicepresidente cubano. Nacido en 1960, el posible heredero es un fiel producto del laboratorio de los cuadros políticos, alguien amamantado en las ubres del PCC y apegado al guion oficial, sin separarse ni una línea.

El delfín cubano puede ser considerado un hombre gris, sin carisma ni voluntad propia, que proyecta la imagen de un continuista. Ha llegado hasta donde está gracias a esa proyección y es poco probable que se destape como un Mijail Gorbachov ni como un Lenín Moreno, una vez que llegue a la silla presidencial. En lugar de eso, su ascenso está rodeado de cuestionamientos y suspicacias que le llueven desde la oposición.

Un sector de la ilegalizada disidencia sostiene que “hasta que no cambie lo que tiene que cambiar no ha cambiado nada” y que el traspaso de poder será una representación teatral para mostrar al mundo, aunque nada va a moverse ni un milímetro en la represión política y la falta de libertades.

Este punto de vista tiene su base en que Raúl Castro seguirá siendo el primer secretario del PCC que, según la Constitución, “es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado”. Aunque la biología apunta a que es poco probable que logre permanecer en ese cargo hasta que se realice el octavo congreso, en 2021, cuando estará a punto de cumplir 90 años.

De manera que, para continuar la tradición de los países socialistas de concentrar en una sola persona los más altos puestos gubernamentales y partidistas, resulta más que previsible que antes de que finalice su mandato al frente de la organización política convoque a un congreso extraordinario para unificar los mandos.

Puede ocurrir también que, por primera vez en décadas, la persona nombrada al frente del PCC sea otra que la que ostenta la presidencia. Una bicefalia que fragiliza al sistema y generará más de un encontronazo de autoridad.

Entre el leve optimismo de pocos, la desconfianza de la oposición y la indiferencia de la mayor parte de la población, solo falta esperar a ver qué se decide en abril. Si la fecha se convierte en un parteaguas o en un nuevo capítulo de “más de lo mismo”.

Lo que no tiene discusión es lo difícil que será para los relevistas concluir las asignaturas pendientes que deja el actual gobierno. Quizá la mayor dificultad sea la de acometer las imprescindibles reformas en la economía cumpliendo las promesas de continuidad que, como obligatoria reverencia, tendrán que hacer al asumir sus cargos.

Más complejo será introducir cambios políticos. Tal vez deban esperar a una probable reelección en la que, si todo sale a pedir de boca, tendrán que competir con las plataformas de otros candidatos, de esos posibles presidentes que laten escondidos en la realidad cubana, a la espera de un marco legal que les permita batir al viento sus programas de gobierno. ●

14 Y MEDIO

Última actualización el Domingo, 14 de Enero de 2018 22:08
 
LA GUERRA CULTURAL/2017--2018/ UN EMPATE,POR AHORA PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Lunes, 08 de Enero de 2018 20:47

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Por Santiago Cárdenas.- 

James Davison Hunter en su clásico libro (Cultural War,1990),  introdujo el término en las marquesinas  de la Academia moderna. Sitúa los inicios de las hostilidades  en  los noventa con el arribo del relativista moral mas duro  e importante de la historia a la presidencia de los EEUU. Bill Clinton, Mónica aparte, presidió, tolerando  sin chistar- tal vez apoyando- los  dos mas grandes ataques morales contra el alma de la nación : la absolución de O.J. Simpson y el gigantesco fraude de los jonrones de Sammy Sosa vs. Mark Mc. Gwire. Una herida mortal contra la integridad y la ética del pasatiempo por excelencia, nacional y patriótico, de los EEUU.


LA GUERRA CULTURAL/2017--2018/ UN EMPATE,POR AHORA.

Santiago Cárdenas

Asistimos, perplejos, al golpe de la desaparición del circo insignia de los EEUU. El Ringling no mostrará nunca mas a sus paquidermos, ni los tricolores de la bandera nacional. Pero, gozosos, porque los contragolpes no fueron uno; sino dos.Las rodillas en tierra  a lo Kaepernick durante el national anthem y el derrumbe  histórico, histérico, de las estatuas no prosperaron porque la desacralización de  los símbolos patrios no fue, no es, simpática. Por tanto,carecieron de apoyo popular.

(Abro un paréntesis.No me gustan los circos "extranjeros" . Ni el ruso  con su payaso Popov, un pujón ; ni el Cirque du Soleil con su nombre pagano, sus  guiones exóticos, su música culta incomprensible;  las tristes caras de sus acróbatas de pelucas variopintas y sus tantos  pezones teñidos de diferentes colores. Además $u$ precio$ exhorbitantes. Prefiero a payasos democráticos,la música de caballitos, los animales amaestrados y el olor a  rositas de maíz en un ambiente de alegría espontánea).

La media nacional, por supuesto, sigue aplaudiendo el cierre del espectáculo mas grande del mundo, mientras cierra su boca acerca del descalabro espóntaneo de las rodillas irredentas y la tumbadera de las estatuas de sus pedestales. Por cierto, los elefantes  han pasado a un retiro de privilegio  en un santuario verdadero cerca de Sarasota, pagado por el generoso bolsillo de los antiguos capitalistas explotadores y el aseo diario de sus cuidadores, antes llamados entrenadores- torturadores.

La guerra cultural comenzó en la post historia con el advenimiento de la beatlemanía en los sesenta .En esa década las estrellas se alinearon.Fue la colusión del feminismo,el poder negro y chicano,las escaramuzas por los derechos civiles,el gaysismo  y la antiguerra de Vietnam.

James Davison Hunter en su clásico libro (Cultural War,1990),  introdujo el término en las marquesinas  de la Academia moderna. Sitúa los inicios de las hostilidades  en  los noventa con el arribo del relativista moral mas duro  e importante de la historia a la presidencia de los EEUU. Bill Clinton, Mónica aparte, presidió, tolerando  sin chistar- tal vez apoyando- los  dos mas grandes ataques morales contra el alma de la nación : la absolución de O.J. Simpson y el gigantesco fraude de los jonrones de Sammy Sosa vs. Mark Mc. Gwire. Una herida mortal contra la integridad y la ética del pasatiempo por excelencia, nacional y patriótico, de los EEUU.

Desde entonces  la polarización se ha hecho mas evidente, dividiendo a la nación en casi dos partes  alícuotas. Ud. puede llamarlos  como desee : derechistas, conservadores,  ortodoxos o tradicionalistas en contra de progresistas, heterodoxos, liberales o izquierdistas. Ambos grupos tienen que decidir en el cercano porvenir acerca de los problemas que conformarán el rostro no sólo de nuestra nación, sino de toda la civilización occidental : el aborto; la pena de muerte; la sexualidad aberrada;la separación de la iglesia del estado y la inmigración.

El problema se complica.El ex presidente Bush se autoproclamó un "presidente de guerra" poco después del 9/11; el actual presidente lo ha hecho como un  "presidente  de la guerra cultural ",politizando el problema. Una guerra que era -- al menos en teoría-- neutral, pasa ahora  a la categoría partisana. Demócrata equivale a culturalmente  liberal y republicano como  culturalmente conservador.Peligroso,porque la "cultura",muchas veces virginal puede ser desflorada por el "poder político", siempre satánico.

Los resultados a largo plazo no los conocemos. Ya se han producido bajas reales, muertos de cementerios, heridas morales sangrantes, desfenestraciones de importancia y luchas en las calles. No hay una luz al final del tunel, que es largo.

El asunto es muy importante.....; mas allá de los cagajones de los elefantes, las rodillas en tierra  de los negros, perdón , los afroamericanos , y el desmonte transitorio de algunas estatuas insensatas de sus pebeteros.

Última actualización el Domingo, 14 de Enero de 2018 22:05
 
Señora Mogherini, aquí seguimos sin libertad PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Jueves, 04 de Enero de 2018 13:03

Federica Mogherini y Bruno Rodríguez. (EEAS)

Por Yoani Sánchez.-

¿Un barco al que se le reemplazan todas las piezas sigue siendo el mismo navío? La pregunta se conoce como la paradoja de Teseo e ilustra el dilema de la Unión Europea con Cuba: ¿una dictadura que moderó su lenguaje diplomático, intentó hacer las paces con su enemigo y perdió a su líder personalista, sigue siendo una dictadura?

Los promotores del acercamiento entre el bloque comunitario y la Plaza de la Revolución intuyen que las tablas agregadas a la nave del castrismo han terminado por cambiar su naturaleza. Esa confianza en la renovación que experimenta cualquier proceso político con el paso del tiempo, la llegada de nuevos actores y la adaptación al contexto internacional, traen a Federica Mogherini este miércoles a la Isla.

 

Sin embargo, la precipitación en estrechar relaciones y la intención de ceder primero para exigir después le pueden jugar una mala pasada al rostro más visible de la diplomacia europea

La Alta Representante para la Política Exterior y de Seguridad de la Unión Europea (UE) comienza una visita oficial de dos días para impulsar la relación bilateral tras la firma del primer acuerdo entre el bloque y Cuba. Sin embargo, la precipitación en estrechar relaciones y la intención de ceder primero para exigir después le pueden jugar una mala pasada al rostro más visible de la diplomacia europea.

Más allá del texto del acuerdo entre Bruselas y La Habana que entró en vigor el 1 de noviembre pasado, en el espíritu del acercamiento está el criterio de que solo cerca del Gobierno de Raúl Castro, con vínculos diplomáticos sólidos y un canal de comunicación fluido, la UE podrá influir en el derrotero de la vida de los once millones de personas que habitan esta nación.

Con la firma del Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación los 28 de la UE quieren retomar los programas de intercambio y la influencia que perdieron en Cuba con la aplicación a partir de 1996 de la "posición común", que condicionaba las relaciones a una mejora en la situación de los derechos humanos en la Isla.

Sin embargo, el acercamiento también puede ser leído como un gesto de legitimación, un acto de apoyo y de solidaridad cómplice con el oficialismo cubano. Al menos así lo ha difundido dentro de las fronteras nacionales la propaganda gubernamental, que no ha perdido ocasión para reiterar que discrepa de los condicionamientos en cuanto a derechos humanos y que no aceptará "injerencias de ningún tipo".

Desde entonces y hasta ahora, la "embarcación" nacional ha vivido varias transformaciones. Entre ellas el traspaso de poder entre El Comandante y su sucesor por vía sanguínea: El General. Con éste último al mando se impulsó al trabajo por cuenta propia, un eufemismo oficial con el que designar al sector privado, pero solo a la pequeña escala de un timbiriche de pizzas, un puesto de remiendo de zapatos y, en los casos más sofisticados, un restaurante.

 

La balsa cubana ha sido objeto también de algunos remiendos en cuanto a política migratoria, en especial cuando en enero de 2013 se eliminó el oprobioso permiso de salida del país

La balsa cubana ha sido objeto también de algunos remiendos en cuanto a política migratoria, en especial cuando en enero de 2013 se eliminó el oprobioso permiso de salida del país, una flexibilización que no ha terminado con las restricciones de viajes selectivas contra activistas ni ha devuelto aún los plenos derechos a los exiliados.

Hoy los cubanos pueden contratar una línea de telefonía móvil, hospedarse en los hoteles, fundar cooperativas, conectarse a internet desde las zonas wifi instaladas a lo largo del país y solicitar un trozo de tierra en usufructo.

La muerte del Gran Timonel ha puesto fin a las delirantes decisiones de un hombre enfermo de poder que era un obstáculo en el camino de la normalización de las relaciones con la UE.

No obstante, como el barco de Teseo, no solo las tablas y los accesorios de navegación conforman la "personalidad" de una embarcación. La mayor parte de las veces el nombre pintado en un costado, la bandera que ondea en el mástil, el destino trazado por el capitán y la actuación de sus marineros lo definen mejor que una quilla, unas velas nuevas o un ancla reluciente.

 

En este país al que arriba hoy Federica Mogherini sigue rigiendo una dictadura. La prueba de ello es la ausencia de pluralismo político

En este país al que arriba hoy Federica Mogherini sigue rigiendo una dictadura. La prueba de ello son la ausencia de pluralismo político, la penalización de la opinión, los arrestos arbitrarios contra opositores, las condenas de cárcel con un visible sesgo político, el monopolio partidista sobre la prensa, la impunidad con la que trabaja la Seguridad del Estado y la permanente vigilancia sobre cada aspecto de la realidad.

Todas estas herramientas de control se hacen más visibles cuando se ejercen contra activistas, recorren cada detalle de la sociedad y tocan a todos sus individuos. El miedo, la máscara de la simulación, el oportunismo y la autocensura son algunos de los tantos efectos que provoca esa permanente supervisión orwelliana sobre la vida de cada cubano.

Este miércoles, el oficialismo desplegará sus artes para que Mogherini no pueda comprobar cuánto de la vieja estructura totalitaria del castrismo sigue en pie. Harán todo lo posible para que no se asome por la borda, no mire al horizonte, no descubra que debajo de la nueva pintura y de los ajustes cosméticos, la brújula que rige este país no apunta todavía hacia la libertad.

14 Y MEDIO

Última actualización el Miércoles, 10 de Enero de 2018 14:31
 
Castrismo: 59 años de récords nefastos PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Lunes, 01 de Enero de 2018 20:22

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Por ROBERTO ÁLVAREZ QUIÑONES.- 

La tiranía castrista, que acaba de cumplir 59 años de edad, además del cataclismo que ha significado para los cubanos en todos los sentidos ha impuesto más récords al revés (nefastos) que nadie en América, y a nivel mundial.

En este amargo aniversario resulta oportuno echar un vistazo a algunas de esas plusmarcas. Aquí están los 12 principales récords de la dictadura castrista:

  1. Es la más larga en la historia de América.
  2. Fidel Castro es el dictador que más tiempo ha gobernado en la era moderna.
  3. Es la dictadura latinoamericana que más personas ha ejecutado, encarcelado, torturado, hostigado, detenido, y expropiadas sus viviendas y propiedades.
  4. Ha hecho de Cuba el país latinoamericano con más tiempo sin realizar elecciones: 70 años.
  5. Convirtió a Cuba en un país mucho más pobre hoy que hace seis décadas.
  6. Es la única dictadura latinoamericana que ha causado decenas de miles de muertos en guerras civiles, guerrillas, sabotajes y atentados terroristas fuera de sus fronteras nacionales.
  7. Es la única dictadura que ha enviado a sus ciudadanos a morir por miles en guerras africanas y en el Medio Oriente.
  8. Es la dirigencia política más anciana que se recuerde en Occidente.
  9. Es la única que ha convertido a otro país de la región (Venezuela) en neocolonia.
  10. Es el único régimen que ha tiranizado a su pueblo más de la mitad del tiempo transcurrido desde la independencia.
  11. Su economía es parasitaria, depende de subsidios extranjeros.
  12. Es la única dictadura que abolió la economía de mercado en el hemisferio occidental.

Ciertamente, la de los Castro es la más larga dictadura en la historia continental. Y Fidel Castro es el "hombre fuerte"que, sin ser rey, emperador o sultán, más tiempo ha gobernado en los tiempos modernos: 52 años, tres meses y 18 días, (hasta que cesó como primer secretario del Partido Comunista en 2011).

Al autócrata campeón mundial le siguen el norcoreano Kim Il Sung (48 años como dictador); Muammar Gadafi, de Libia (42 años); Enver Hoxha, de Albania (40 años); Jose E. Dos Santos y Teodoro Nguema, de Angola y Guinea Ecuatorial respectivamente (38 años); Robert Mugabe, de Zimbawe (37 años); Francisco Franco, de España; y Oliveira Salazar, de Portugal (36 años cada uno).

Las dictaduras latinoamericanas que le siguen en longevidad son: los Somoza en Nicaragua (43 años); Alfredo Stroessner, en Paraguay (35 años); Rafael Leónidas Trujillo, en República Dominicana; y Porfirio Díaz, en México, con intervalos (ambos con 31 años); los Duvalier, en Haití (29 años); y Juan Vicente Gómez, Venezuela (27 años).

Cuba es el país occidental que más tiempo lleva sin elecciones democráticas: desde 1948, cuando fue elegido Carlos Prío como presidente. El Gobierno cubano es el que, en América, más ciudadanos ha matado, encarcelado, torturado, hostigado, y confiscadas sus viviendas y muebles.

Es la única dictadura en América que ha oprimido a su pueblo durante más de la mitad del tiempo transcurrido desde la independencia: 59 de 115 años en total. Y la única que ha tornado a su pueblo más pobre que a mediados del siglo XX. Ni Haití está en ese caso.

El régimen cubano es una dinastía marxista. Karl Marx sabía que su experimento social generaría regímenes autoritarios y sangrientos, pero no monarquías absolutas como la de los Borbones en la Francia de los Luises, o los Rómanov en Rusia. Las dos "dictaduras del proletariado" ortodoxas que sobreviven son dinastías: la norcoreana y la cubana.

La "familia real", envidia de autócratas

La "familia real" cubana ha logrado una estabilidad política envidiable para los autócratas de vocación. Elimina toda sombra que la amenace. Quien ha levantado la cabeza ha sido defenestrado, encarcelado o fusilado. Por eso hoy en Cuba no "suena" el nombre de nadie como próximo dictador.

No es saludable destacarse mucho. Que le pregunten a Luis Orlando Domínguez, Carlos Aldana o Carlos Lage. Igual les pasó a José Llanusa y al comandante Augusto Martínez Sánchez. Al general Arnaldo Ochoa le fue peor.

Miguel Díaz-Canel podría ser el nuevo presidente del país en abril, pero no el nuevo dictador. No pertenece a la Junta Militar. Y al posponerse la entrega de la presidencia por parte de Castro II las apuestas ya no son unánimes a favor de Díaz-Canel como nuevo jefe de Estado. Puede salir del sombrero a algún "gallo tapao" militar.

Pero algo sustancial ha cambiado. Antes el dictador tenía asegurada la dinastía familiar con su hermano, también comandante de la Sierra Maestra. Ahora Castro II no sabe si podrá imponer a su hijo Alejandro Castro Espín como relevo suyo.

Al morir Fidel quedó en evidencia la falta de liderazgo y la ineptitud de su hermano Raúl como gobernante. Y peor podría ser Castro Espín. No tiene pedigrí militar ni histórico-revolucionario, ni experiencia, ni preparación suficiente, y es notoria su mediocridad intelectual.

Anacronismo en Occidente

Pese a su larga historia de caudillismo y populismo, América Latina no tiene, como Asia, una concepción confuciana del poder, que prioriza el culto a una autoridad fuerte (el Estado) y la armonía social por encima de las libertades individuales, la separación de poderes, y los derechos humanos. No es casual que cuatro de las cinco tiranías comunistas de más de 60 años de duración se instalaron en Asia. La castrista aspira a convertirse en la sexta.

Cuba está ubicada en Occidente, a 140 kilómetros de EEUU. Es decir, pese a todo, navega en medio de una cultura política en la que impera la democracia liberal tipo Locke-Montesquieu-Rousseau.

Con el rotundo fracaso de Raúl Castro para darle un poco de oxígeno, el castrismo exhibe su anacronismo y su incongruencia político-filosófica en el hemisferio, y es cada vez menos capaz de renovarse a sí mismo. La crisis terminal socioeconómica erosiona las bases del sistema.

También lo corroe la creciente oposición política, el periodismo independiente y las nuevas tecnologías, la resistencia pasiva de la población, incluso de la burocracia estatal. En la Isla hay cada vez menos miedo a opinar sobre el desastre del país y la necesidad de cambios urgentes.

La autocracia más letal y anciana

O sea, la dictadura cubana evidencia su agotamiento. Solo se sostiene por la fuerza bruta. La intransigencia estalinista no tiene futuro. Es una reliquia del siglo XX, basada a su vez en una doctrina contranatural del siglo XIX. Sin embargo, la gerontocracia se resiste a renunciar a las mieles del poder. Solo la muerte los separará de su disfrute.

La cubana es la única autocracia en América que, además de hacer sufrir a su pueblo, ha hecho sufrir a otros. En Venezuela, Centroamérica y en varios países sudamericanos, ha intervenido militar y políticamente, ha provocado crisis y guerras civiles, con decenas miles de muertos, hambre, y una dramática devastación.

La máxima dirección política de Cuba es la más anciana del planeta de que se tenga memoria. Su edad promedio es de 82 años sin incluir al coronel Castro Espín. Con Castro III (52 años) incluido, es de 78 años. En 2018 Raúl Castro cumplirá 87 años; Machado Ventura, 88; Ramiro Valdés, 86. Y los generales Joaquín Quintas Solá, 80; Ramón Espinosa, 79; Leopoldo Cintra Frías, 77; y Alvaro López Miera, 75. Esos son los principales jerarcas de Cuba.

No hay nada igual en el mundo. La edad promedio de los principales dirigentes de China, Vietnam y Corea del Norte no llega a los 70 años. Y en la Unión Soviética y demás países comunistas de Europa nunca superó los 72 o 73 años.

Tampoco se sabe de ningún ministro de Defensa que haya ocupado ese cargo durante 48 años, y a la vez el de vicepresidente, como Raúl Castro. Ni político alguno ha sido ministro por 40 años (1972-2012), incluyendo 34 años como vicepresidente. Ese es José Ramón Fernández.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Lunes, 08 de Enero de 2018 20:57
 
Los cuatro retos del castrismo para 2018 PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Jueves, 28 de Diciembre de 2017 23:02

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Por Jorge Hernández Fonseca.- 

Tanto la situación social, como económica y material de Cuba y de Venezuela, por efecto de los métodos políticos dictatoriales, pudieran llegar a la explosión social y un desenlace liberador inesperado en alguno de estos dos países que pudiera causar un efecto domino en el otro.


Cuba 2018: Los cuatro retos simultáneos del castrismo

Jorge Hernández Fonseca

28 de Diciembre de 2017

Como en años anteriores y con los elementos que nos brindan los acontecimientos actuales, quiero analizar los escenarios probables del año próximo. Para el análisis haré consideraciones en lo que estimo son los cuatro principales escenarios que hay en el futuro inmediato de la isla:

  • En el aspecto interno, el análisis de la sucesión de Castro como factor de "cambios";
  • La elección presidencial venezolana y el control de la isla de los procesos de ese país;
  • Las relaciones Cuba-EUA y la presencia de Trump presidiendo los destinos de EUA;
  • Y, finalmente, las relaciones que recomienza Cuba con antiguo aliado ruso.

En el interior de la isla, Díaz Canel será el sucesor de Raúl Castro en la presidencia formal del país, si finalmente se confirman las expectativas. Creo que este repase de autoridad es un aspecto fundamental en el probable resquebrajamiento del hasta ahora monolítico esquema de mando dentro de la dictadura cubana y la lucha por el poder --ahora interna y subterránea-- que se haría patente. Una señal importante al respecto es la posposición --innecesaria y sorprendente-- de la fecha anunciada para el retiro del dictador y la selección de su sucesor.

Esto desde luego ha desatado conjeturas asociadas a las disputas internas respecto a quien será el seleccionado para la presidencia formal y la posposición misma pone de relieve la importancia de este hecho. Personalmente creo que el sucesor será Díaz Canel y que la posposición obedece más a otros factores no relacionados con la persona que sustituirá a Raúl Castro, aunque desde luego, esta sustitución traerá a corto plazo una agudización de la lucha por el poder dentro de la dictadura, que terminara por eclodir de manera beneficiosa para la causa de la libertad y la democracia del sufrido pueblo cubano, a corto o mediano plazo.

Venezuela: Cuba depende como nunca antes de la Venezuela madurista. La principal tarea de la contrainteligencia cubana es convertir a Nicolás Maduro en el candidato presidencial del chavismo para la próximas elecciones presidenciales y que este candidato resulte electo en la caricatura electoral que se quiere montar a inicios de este ano para perpetuar a Maduro en el poder. Maduro será candidato “electo”, pero el futuro del madurismo no tendrá plazo largo.

Respecto a EUA, la Cuba 2018 disfrutará del periodo de calma que le brinda los muchos obstáculos que le han impuesto a Trump para gobernar, a pesar de este haber cambiado la política del anterior gobierno. Creo que Trump quiere solucionar el problema cubano a medio plazo, esperando que la sucesión y/o desaparición física del último Castro acabe por manifestarse como un conflicto interno entre los reformistas y la vieja guardia, para actuar.

Sin embargo, la disputa geopolítica entre EUA y Rusia, ha hecho que este último país se acerque nuevamente a la isla, comenzando a suminístrale petróleo y planeando instalar base militares (o paramilitares) en Cuba, de manera directa o encubierta, lo cual complica los planes de Trump de esperar. Este aspecto es explosivo. Pudiera sobrevenir un juego geopolítico, en función de que los rusos han comenzado a apoyar al castrismo como respuesta al apoyo militar de EUA a Ucrania. Esta relación pudiera finalmente definirse dejando --por parte de Rusia--- a los cubanos en "manos" de EUA, a cambio de que EUA deje los acontecimientos de Ucrania en "manos" rusas, con las consabidas excepciones y recomendaciones en ambos casos.

Tanto la situación social, como económica y material de Cuba y de Venezuela, por efecto de los métodos políticos dictatoriales, pudieran llegar a la explosión social y un desenlace liberador inesperado en alguno de estos dos países que pudiera causar un efecto domino en el otro.

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Última actualización el Miércoles, 03 de Enero de 2018 14:19
 
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