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Martes, 10 de Septiembre de 2019 12:41

Por VICENTE ECHERRI.- 

Al inicio del curso escolar, en la primera semana de septiembre, se difundió en las redes sociales la foto de una maestra cubana que le daba a sus alumnos la "bienbenida" con grandes letras escritas en el pizarrón de su aula. ¿Sería posible? ¿A estos niveles de analfabetismo e incultura ha descendido la enseñanza elemental en un país que tanto ha alardeado de sus progresos en ese terreno?

Lo cierto es que la educación en Cuba viene hundiéndose, desde hace muchos años, hasta lo inconcebible, especialmente para los que, por razones de edad, somos capaces de recordar otras capacidades y otras fisonomías. La escuela pública —por cuyas aulas muchos nos sentimos orgullosos de haber pasado— hace décadas que sobrevive en nuestro país como  una maltrecha caricatura, huérfana de criterios normativos, carente de maestros competentes, institución que induce a los educandos —desde el primer día de clases— a la abyecta repetición de consignas y a la deformación del carácter, lo cual solo contribuye a crear dóciles conciencias  al servicio de un Estado crapuloso.

Una de las primeras víctimas del asalto totalitario fue la Educación Moral y Cívica, asignatura que se impartía en todas las escuelas cubanas, tanto públicas como privadas, y cuyas lecciones —que describían con detalles el papel de los poderes del Estado y de la intervención ciudadana— muchas veces servían  para cuestionar la legitimidad del propio gobierno que publicaba y divulgaba ese texto. Muchos jóvenes revolucionarios que se opusieron —a veces violentamente— al Gobierno de Fulgencio Batista, encontraron inspiración en aquel volumen elemental.

La asignatura en cuestión incluía también lecciones sobre modales y costumbres, sobre moral. Incursionaba en el terreno de la ética e impartía reglas sobre cómo debían fluir las relaciones entre personas, ya fuesen iguales, como los alumnos de una escuela, o los que, por edad, posición social o autoridad, estaban por encima. Poniendo en práctica esas enseñanzas, era lindo ver a un niño cediéndole el paso a un adulto o a toda una clase poniéndose de pie —sin que el maestro tuviera que indicarlo— cuando una persona mayor llegaba a la puerta del aula.

Me acuerdo de haber acompañado algunas veces a mi madre —en días de vacaciones— a la oficina donde trabajaba a mediado de los años 50. Más de una vez ocurrió que, al pasar frente a la estación de correos, en torno a las ocho de la mañana, coincidíamos con el momento en que izaban la bandera. De manera automática, todos nos deteníamos y los hombres que llevaban sombrero se descubrían en lo que duraba la sencilla ceremonia. Esto no se hacía en obediencia a un decreto, sino como un acto espontáneo de cortesía ciudadana hacia la enseña que nos representaba a todos. No es menester decir que, en estos tiempos de nacionalismo hipertrofiado y machacón, de esa noble costumbre no se conserva ni la memoria.

Las lecciones sobre conducta, ética y responsabilidad ciudadanas, que enseñen, además, cómo se eligen las autoridades en un régimen democrático, son imprescindibles para el funcionamiento de una sociedad libre. Este año, el recién estrenado gobierno de Andrés Manuel López Obrador en México creyó oportuno reimprimir millones de ejemplares de la Cartilla moral de Alfonso Reyes —publicada por primera vez en 1944 en apoyo a una campaña de alfabetización— para que se repartieran en todas las escuelas del país como fundamento esencial de cualquier proyecto serio de regeneración cívica.

En el mundo entero —no solo en Cuba, si bien en nuestro país el derrumbe es mayor— ha habido un notable quiebre de valores a lo largo del último medio siglo, el cual es necesario abordar con seriedad. Frente a la corriente de permisividad que se fue imponiendo en el mundo occidental a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial, es preciso volver a hablar — por reaccionario que esto pueda sonar— de modales, normas, jerarquías, derechos y deberes, sin los cuales  el buen funcionamiento y la salud de una sociedad libre y vigorosa son impracticables.

En Cuba ha habido un colapso de la educación, que es secuela directa de la gestión totalitaria, responsable del envilecimiento colectivo que ha privado a los nuestros —maliciosamente— de su condición de ciudadanos, reduciéndolos, para beneficio de los que mandan, a una tribu menesterosa que no tiene otro horizonte que el de una precaria supervivencia. Es muy improbable que el Estado intente remediar esta carencia que lo beneficia, pero corresponde a las iglesias y a las familias, así como a las agrupaciones disidentes, divulgar e inculcar los valores y principios perdidos como paso imprescindible para que los que ahora crecen y aprenden conozcan la medida de su despojo y tengan en qué afincarse  a la hora de empezar a exigir. La dignidad y el decoro, virtudes tan caras para José Martí, también pueden tener su cartilla.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Martes, 17 de Septiembre de 2019 12:58
 
Hombre mirando al Norte PDF Imprimir E-mail
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Sábado, 07 de Septiembre de 2019 12:59

Por ANDRÉS REYNALDO.- 

Hace apenas un mes murió la filósofa húngara Agnes Heller. Fue por uno de esos laberintos intelectuales que recorríamos los jóvenes de La Habana Vieja en la década del 70 que vinimos a dar con sus textos y los de otros autores y cineastas de la Escuela de Budapest.

Entonces devorábamos cualquier libro, artículo o filme húngaro, polaco o checoslovaco que tuviera un hálito de disidencia, o que por lo menos arrojara un atisbo de duda sobre la construcción del socialismo. Construcción, dicho sea, de la cual ya éramos escombros.

La nostalgia, que a mi edad tiene la misma fuerza de la ilusión, me hizo leer algunos de los recientes ensayos de Heller. No me defraudó el reencuentro. A sus 90 años, el vigor y la claridad del pensamiento estaban intactos. Me recordó también que hay lecturas con una cualidad faústica. Te permiten volver a un olvidado placer con renovado deseo.

En los últimos años, Heller estudió el fenómeno del poder autocrático obtenido a través de elecciones en los países de Europa del Este. Sus críticas al primer ministro Viktor Orbán fueron recibidas con hostilidad en los círculos de extrema derecha húngaros. A tal punto que familiares y amigos exigieron investigar las circunstancias de su muerte mientras nadaba en el Lago Balatón. Como era de esperar, murió contra la corriente.

Un ensayo publicado esta primavera en la revista Social Research reúne sus ideas sobre el fenómeno. Citando a Hanna Arendt, nos recuerda que la liberación no equivale a la libertad. Las tiranías siempre colapsan, dice Heller. Pero advierte que aún está por ver si los húngaros pudieron escapar del comunismo con la cordura necesaria para forjar una democracia liberal. (Heller se refiere al liberalismo en su acepción clásica, no a la denominación de la actual progresía norteamericana.)

Al leer, no podía dejar de preguntarme: ¿si esto es Hungría qué será en Cuba? En la transición puede estar implícita la continuidad disfrazada de pluralismo o una nueva dictadura con otro ciclo de violencia y corrupción. Los representantes de los partidos comunistas y de los nuevos partidos se sientan a una mesa, dice Heller, y deciden el futuro de la nación, el carácter de las instituciones y el ritmo de la "transición pacífica". (Las derogativas comillas son suyas.) Mientras, los ciudadanos observan con el rostro pegado a la vidriera sin las estructuras que le permitan deshacerse de los viejos conocidos y fiscalizar a los nuevos por conocer.

En ese aspecto, los escollos de una democracia cubana se agigantan a medida que pasan los años. Situándonos dentro del marco descrito por Heller, más de tres generaciones de cubanos tienen la tradición de seguir a un líder, esperar que todas las decisiones vengan desde arriba y creer o pretender creer en todo lo que se les dice, mezclado con "un género de fatalista cinismo sobre la imposibilidad de que las cosas sean de otro modo".

Respecto a los cubanos, los países de Europa del Este tuvieron la ventaja de que sus dictaduras eran una imposición imperialista, apuntaladas por las tropas de ocupación soviéticas. Bastó que Gorbachov prometiera que los tanques no saldrían de sus barracas. Lo nuestro es más complejo. El castrismo es la imposición de nuestro más retrógrado sector nacionalista. Las ideologías le sirven de máscara y herramienta.

De todas las naciones sovietizadas, Cuba probablemente sea la que menos interés concedió a la elaboración de su canon comunista. Ya se pueden escribir novelas criticando a Lenin. Guárdate de tocar a Fidel y al depurado grupo de próceres que conforman su brigada de respuesta antinorteamericana.

Una Cuba intelectual y emocionalmente anclada en el siglo XIX español se alzó y sigue alzada contra una Cuba que buscaba en el Norte de la democracia y el orden su puerta a la universalidad y la modernidad. El nacionalismo mesiánico, autocomplaciente, integrista y compulsorio, contra el modelo liberal, inclusivo y autocrítico de la nación moderna. Para esclavizar a húngaros, polacos y checos, tenían que entrar los rusos. Para esclavizarnos a nosotros tenían que irse los yanquis.

Heller insiste en que el destino de las naciones liberadas depende de su éxito o fracaso en transformar la liberación en libertad. Por lo visto, a Hungría aún le queda un largo camino por recorrer. ¿Aunque sea largo, espantosamente largo, le queda camino a Cuba?

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Sábado, 14 de Septiembre de 2019 12:26
 
Jugando con las estadísticas oficiales: mal asunto PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Viernes, 30 de Agosto de 2019 03:48

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Por Elías Amor Bravo.- 
El pasado mes de julio, la secretaria de CEPAL, doña Alicia Bárcena, presentó el Estudio Económico de América Latina y el Caribe 2019, un interesante informe realizado por este organismo especializado de Naciones Unidas en la economía de la región.
En el anexo del informe, donde se presentaban los análisis realizados en cada uno de los países, y en concreto, en el relativo a Cuba se decía, y cito textualmente, que “en 2018 la actividad económica en Cuba se desaceleró al 1,1%, en comparación con el ya modesto crecimiento del 1,8% alcanzado en 2017. Esta menor expansión se debió a la pérdida de dinamismo en los flujos de visitantes hacia Cuba, que se vieron afectados por el impacto del huracán Irma sobre la infraestructura turística a fines de 2017, por las restricciones de viaje impuestas por el Gobierno de los Estados Unidos a sus nacionales y por la realización de un ajuste fiscal moderado”.
Sin entrar en el análisis de los factores que según CEPAL explican los pésimos resultados de la economía castrista bajo el mandato de Díaz-Canel, lo que realmente llama la atención, y es objeto de este Blog es el hecho de que las autoridades de La Habana en la web de la Oficina Nacional de Estadística e Información ONEI de Cuba sostengan, en contra de lo dicho por CEPAL, que el crecimiento económico en la isla en 2018 fue del 2,2% y no se acepte el 1,1% antes citado. Ni más ni menos que el doble de la cifra estimada por la CEPAL. Alguien está equivocado, o pretende crear confusión. El asunto da para mucho porque con las estadísticas oficiales no se juega.
En efecto, en el Anuario Estadístico de Cuba, en la sección de “Cuentas nacionales” la tabla 5.1.- Resumen de indicadores económicos otorga al año 2018 un crecimiento de la economía del 2,2%, en tanto que para 2017 la cifra ofrecida es 1,8% coincidente con la que estimó CEPAL. La historia de las discrepancias estadísticas entre el régimen comunista de La Habana y la organización especializada de Naciones Unidas CEPAL ya ha tenido algunos episodios en el pasado. Recordar en tiempos de Fidel Castro cuando Cuba anunció un crecimiento de la economía del 11% allá por 2007, que contrastaba con la estimación de CEPAL. El contencioso acabó dando la razón al dirigente comunista que se encargó de dedicar no pocos insultos e improperios al organismo de Naciones Unidas por "cuestionar" sus datos.
Ahora parece que estamos ante un escenario similar, en el que los comunistas han procedido unilateralmente a revisar la tasa de crecimiento de 2018 que había sido estimada en un 1,2% aduciendo que el comportamiento del sector construcción, de la salud y de ciertas producciones agrarias obligaba a incrementar la estimación ofrecida a finales del ejercicio, lo que provocó cierta expectación y no pocas críticas entre analistas y observadores de la economía.
Los comunistas cubanos han situado el crecimiento del PIB en un 2,2% en sus publicaciones oficiales, por lo que no parece que vayan a ceder. Por su parte, CEPAL debería valorar con mucho cuidado cualquier cambio en las estimaciones del crecimiento de la economía cubana el pasado año, que pueden tener un efecto sobre lo que acabe ocurriendo durante el presente ejercicio, que se presenta, a todas luces, mucho más complicado. La credibilidad de una economía depende, y mucho, de la manipulación que realicen sus autoridades de las cifras estadísticas.
Los países solventes se caracterizan porque cuentan con organismos estadísticos profesionales, de rigor, y sobre todo, independientes de los tejemaneques de sus gobiernos. Distorsionar las cifras estadísticas de un país, puede significar un poco de pan para hoy, pero mucha hambre para mañana. No conviene olvidar que, por ejemplo, buena parte de las inversiones internacionales se deciden por algoritmos numéricos que utilizan variables como el crecimiento económico. Cuba con un 1,2% tenía poco que hacer frente a República Dominicana, con un 5%. Sin embargo, esta nunca puede ser una razón.
Pero el maquillaje y la manipulación estadística suele acabar mal. Generalmente, supone una pérdida de confianza en quién se dedica a tales manejos. Cuba, su economía, no está para aventuras. Las necesidades de financiación son acuciantes y los prestamistas, en general, no quieren datos manipulados o erróneos. La decisión de ir alterando cifras, y justificar los apaños con argumentos de poca credibilidad, acaba dando malos resultados. Mucho peores que cualquier presunto embargo o bloqueo.
Lo que está en juego es la estadística oficial de la nación, que por desgracia, deja vacíos numerosos espacios en los informes de CEPAL, lo que impide realizar un contraste entre los datos de la isla y el resto de países.Y que conste que en ningún momento estoy cuestionando el trabajo realizado por los profesionales de ONEI, a los que respeto y felicito desde este blog, porque seguro que con grandes dificultades y una presión política insoportable, se encuentran con la tesitura de realizar una misión ciertamente controvertida.
Los dirigentes del régimen deberían reflexionar sobre estas cuestiones y proceder a rectificar las cifras ya publicadas, haciéndolas coincidir con las correspondientes a CEPAL. Esa sería la mejor actuación a realizar en este caso. O en su caso, esperar las consecuencias que este tipo de comportamientos suelen tener. Nada buenas.


14 Y MEDIO

Última actualización el Sábado, 14 de Septiembre de 2019 12:27
 
Una gorra para Fernando PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Sábado, 31 de Agosto de 2019 11:59

Por ANDRÉS REYNALDO.-

Fernando Hechavarría debió haberse puesto una gorra. Usted se entierra la gorra hasta las cejas, mete la cabeza entre los hombros, agrega unos espejuelos oscuros y pasa de incógnito. Mucho más en este ajetreado aeropuerto de Miami.

Pero Fernando no se puso la gorra. A lo mejor no quería despeinarse. Además, a veces uno necesita que lo reconozcan. Sobre todo, si uno es un popular actor de un país donde la popularidad también está rigurosamente racionada por el Estado. Este mes te toca, este mes no te toca. En Miami, sin embargo, por la libre.

¿Y qué tiene que Fernando venga a Miami sin una gorra? Bueno, Fernando es el rostro de la campaña castrista "No nos entendemos", que denuncia la aplicación de la Ley Helms-Burton. A cualquiera que haya visto el guaperil monólogo de Fernando contra el imperialismo yanqui pudiera parecerle incongruente su sosegada llegada a la capital del exilio. También comprensible que cualquiera aprovechara la rara ocasión de retratar la incongruencia.

Como es sabido, la frase tiene un peso histórico. Expresa la protesta del general Antonio Maceofrente al general español Arsenio Martínez-Campos por el Pacto del Zanjón en 1878. Para muchos cubanos de entonces, y no pocos de ahora, ha marcado la posición de un independentismo intransigente frente a un independentismo light.

"No nos entendemos" viene a ser la respuesta al "No te la dejo pasar" de la Administración Trump. Sustituye lo que pudiéramos llamar el enfoque "Cuba Bella", concebido ante el fallido pronóstico de una continuidad de la política aperturista de los demócratas y el reforzamiento del diálogo con la dictadura, por la dictadura y para la dictadura del sector colaboracionista del exilio.

De "Cuba Bella", al menos, quedó el video de Orishas y otros músicos de la Isla que apenas ponen pie en Miami se declaran apolíticos, neutrales, marginales y hasta perseguidos. ¡Qué débil espina dorsal la de este Hombre Nuevo! Si la nostalgia del exilio es dolor por lo perdido, el mensaje de "Cuba Bella" proponía un vigilado reencuentro con lo que nunca ibas a recuperar, fueran las libertades o la quincalla de tu abuelo. Una oferta sadomasoquista: regresa con tus dólares, sométete y goza.

Jorge Luis Borges dijo que las dictaduras generaban el infantilismo en los pueblos. El pasaje del monólogo donde Fernando insinúa que la Ley Helms-Burton se debe a su gusto por el café, los tostones, la yuca con mojo y el mojito es propio de una mentalidad párvula.

La cosa gana solemnidad cuando Fernando pregunta: "¿Una ley porque soy cubano?", y se pone de pie, en alas de un épico crescendo. De inmediato, abre los brazos en frontal desafío, con la mirada hirviendo de furia, y exclama: "¡Entonces, chico!" Acto seguido desaparece de cámara y creemos que el monólogo tuvo un final, si no abierto, entreabierto.

Nada de eso. De súbito, el rostro de Fernando colma la pantalla en un tremendista close-up (¿no pudieron hacerle un facial antes del close-up?) con la joya del monólogo: "¿Por qué te empeñas en democratizarme?" Ese es el instante en que un director con un buen olfato dramatúrgico haría entrar al personaje del siquiatra, acompañado de forzudos enfermeros.

Tanto el mensaje de "Cuba Bella" como el de "No nos entendemos" delatan la insustancialidad ideológica de la dictadura. Puesto que la matriz martiano-castrista destruyó la nación y la matriz marxista-leninista se destruyó a sí misma, solo queda a mano el más burdo y autodestructivo argumento del nacionalismo: idiosincrasia contra democracia. Los cubanos no queremos ser libres porque somos… ¿Cómo somos, Fernando?

Para el récord, la Ley de Solidaridad con la Libertad y la Democracia en Cuba fue aprobada en 1996 por el presidente Bill Clinton, después que cazas de la dictadura derribaran en aguas internacionales dos avionetas de la organización Hermanos al Rescate. Su finalidad es castigar la hostilidad castrista hacia EEUU y el robo de propiedades a decenas de miles de sus legítimos dueños.

El asesinato de los cuatro tripulantes de las avionetas procedentes de Miami ha sido una de las más flagrantes e innecesarias agresiones por parte de un Estado contra ciudadanos y residentes norteamericanos en tiempos de paz. Frente a las cámaras de medio mundo, Raúl Castro se jactó de haber dado la orden.

No, Fernando, el imperio no quiere desgarrar tu cultura y arrasar tus sueños. Está a la vista que de eso se encargaron, a lo largo de 60 años, los mismos, los mismitos, que te han puesto a recitar ese estúpido monólogo.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Viernes, 13 de Septiembre de 2019 12:53
 
Un grave problema socialista: Jerarquizar Consumidores sobre Productores PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 14 de Julio de 2019 21:59

 

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Por Jorge Hernández Fonseca.- 

No hay un solo postulado socialista de como producir bienes y servicios. Se basan en preceptos de tipo hipócritamente “moral” para, por la fuerza, obligar a las personas a “beneficiarse” de los racionamientos y hambrunas que –100% de las veces—ha ocasionado en las desdichadas sociedades sometidas al experimento socialista. Este socialismo sólo defiende a los ciudadanos como “consumidores”. A aquellos que son productores, los desprecian, condenan y exterminan.


Un grave problema socialista: Jerarquizar Consumidores sobre Productores

Jorge Hernández Fonseca

14 de Julio de 2019

Los intelectuales de izquierda, los profesores universitarios filo-socialistas, así como los ciudadanos envueltos en la tomadura de pelo de lo “políticamente correcto”, no se explican el porqué de los sucesivos fracasos de los regímenes socialistas implantados en los cuatro confines del Globo --sin ninguna excepción-- aunque en este caso se confirma “la regla”.

El socialismo actual se origina en los trabajos de filósofos y economistas como Carlos Marx y Antonio Gramsci y en la práctica de políticos como Vladimir Lenin y Pol Pot. Los primeros profundizaron las condiciones económicas del proceso productivo capitalista y los segundos “inventaron” una forma cruel (la dictadura) para implantar, a la fuerza, “su” socialismo.

No hay un solo postulado socialista de como producir bienes y servicios. Se basan en preceptos de tipo hipócritamente “moral” para, por la fuerza, obligar a las personas a “beneficiarse” de los racionamientos y hambrunas que –100% de las veces—ha ocasionado en las desdichadas sociedades sometidas al experimento socialista. Este socialismo sólo defiende a los ciudadanos como “consumidores”. A aquellos que son productores, los desprecian, condenan y exterminan.

Como le dijera Fidel Castro al embajador peruano en medio de la crisis cubana con la embajada del Perú en 1980, “yo se matar y tu no”, la gran ventaja del Comandante sobre el embajador. A los productores --en ese socialismo-- simplemente se les elimina. Como Díaz Canel acaba de hacer con el mayor productor porcino de Holguín, ejemplarmente, para que nadie se atreva a “producir”. Al final, los productores son los enemigos “de clase” y para ellos solo hay desprecio.

Paradójicamente lo que hizo Carlos Marx fue estudiar el proceso de producción capitalista, pero en sus estudios le faltó –sin dudas-- estudiar las cualidades de los emprendedores que usan su capital, su crédito y talento, para guiar un proceso productivo. Este emprendimiento es un salto al vacío, que generará empleo y renta para otras muchas personas. Además de capital, hay cualidades individuales y méritos en este proceso, poco estudiado desde el punto de vista personal, que claramente le falta al socialismo para poder dar “consumo a sus consumidores”.

De la misma manera que no todos pueden ser medallistas olímpicos de algunas de las manifestaciones deportivas; que no todos tienen la voz de oro de los cantantes famosos; que no todas las jóvenes tienen las cualidades estéticas de una reina de belleza, o no tienen las condiciones para guiar exitosamente un carro de Fórmula 1, también no todos --como quiere el socialismo-- tienen posibilidades de guiar un negocio productivo y beneficioso para la sociedad.

En el socialismo, si bien la crueldad contra los adversarios es la principal “cualidad” política (saberlos “matar”) su principal error es no saber apreciar las cualidades de los empresarios y productores, que permite posicionarse al resto como consumidores. El consumo es un proceso primario y natural, mientras que la producción es un proceso artificial y complejo, para el cual es necesario esfuerzo y trabajo especializado. Es por ello que toda sociedad (menos la socialista) cuida con esmero a los que poseen el don natural de dominar el proceso de producir bienes.

Artículos de este autor pueden ser encontrados en http://www.cubalibredigital.com

Última actualización el Lunes, 22 de Julio de 2019 00:28
 
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