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Artigos: Cuba
Facilitar la inversión extranjera... pero no demasiado PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Viernes, 10 de Agosto de 2018 01:14

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Por EUGENIO YÁÑEZ.-

Ante la incuestionable evidencia de que la inversión extranjera no fluye hacia Cuba ni en la cantidad imprescindible ni con la celeridad requerida, el Gobierno ha decidido modificar las normas y procedimientos establecidos.

Sin embargo, como de costumbre, las medidas terapéuticas adoptadas para superar esta grave crisis, no públicamente reconocida del todo, resultan incompletas.

En un proceso serio de toma de decisiones de cualquier tipo es indispensable identificar claramente cuál es el problema y cuáles son sus causas, para intentar encontrar soluciones adecuadas y definitivas, y no limitarse a curitas de mercurocromo o una declaración de intenciones.

Cuando se aprobó la nueva ley de inversión extranjera en 2014 se declaró públicamente que el país requeriría unos 2.500 millones de dólares anuales de capital extranjero para que el producto interno bruto (PIB) creciera alrededor del 5% cada año, con la intención de avanzar hacia un socialismo próspero y sustentable que debería alcanzarse en algún momento, quién sabe cuándo.

 

Más vale tarde que nunca, es cierto, pero si lo que llega tarde además llega mal, escapar del nunca resulta más difícil todavía

Esas cifras continúan en el reino de lo imposible en agosto del 2018, y de ahí las nuevas medidas. Más vale tarde que nunca, es cierto, pero si lo que llega tarde además llega mal, escapar del nunca resulta más difícil todavía.

Además del absurdo prácticamente exclusivo para Cuba de ser quizás el único país del mundo cuyo Gobierno privilegia la inversión extranjera sobre la de sus nacionales -se cierra así la posibilidad de recibir millones y millones de dólares frescos de una diáspora que constituye un porcentaje importante de la población-, no ofrece suficientes facilidades a los potenciales inversionistas extranjeros para que arriesguen su dinero en la Isla.

De nada valen las Carteras de oportunidad que año tras año se ofrecen en cuanta feria, foro o evento para promover la inversión extranjera en la (¿todavía?) Perla de las Antillas, o las recientes medidas para agilizar trámites y simplificar procedimientos, que aunque acelerarán el proceso no eliminarán la trabazón, mientras no se acaben de resolver dos problemas fundamentales:

El primero sería la imperiosa necesidad de que exista y funcione un tribunal realmente independiente a donde puedan acudir los inversionistas para dirimir sus litigios y reclamaciones con la parte cubana, como normalmente sucede en los países democráticos entre inversionistas extranjeros y autoridades nacionales, sin que signifiquen agresiones imperialistas, ni guerras o peleas a golpes o disparos, sino diferentes interpretaciones de requerimientos legales o procedimientos y reglamentaciones que es necesario aclarar y definir para poder funcionar día a día.

 

El primero sería la imperiosa necesidad de que exista y funcione un tribunal realmente independiente a donde puedan acudir los inversionistas para dirimir sus litigios y reclamaciones con la parte cubana

Para eso, es imprescindible que los jueces de tales tribunales se subordinen a su conciencia y a las leyes establecidas, para decidir conforme a la letra y el espíritu de la legislación. Subordinarse al Partido Comunista antes que a la ley, aunque el Gobierno lo considere justo y necesario y lo avale la Constitución, en el comercio y las relaciones económicas internacionales, en todo el mundo es absolutamente inaceptable.

El segundo requerimiento que necesita solución es la absurda presencia de una empresa estatal dedicada a imponer al inversionista extranjero los trabajadores que deberá utilizar en sus negocios en Cuba.

Dejando a un lado el aspecto ético de que parte del dinero que el inversionista extranjero pagaría por el trabajador contratado queda en manos de una empresa estatal que no hace más que eso, y aunque el inversor no tuviera reparos morales ni legales en participar en ese contubernio, queda el evidente problema de que cada persona que pone en riesgo su dinero en cualquier negocio desea poder controlar en qué y cómo lo gasta.

Naturalmente, si una empresa de Cuba le facilitara al inversionista opciones de trabajadores de acuerdo a lo que necesite para su negocio, podría ser un gran servicio. Si el inversionista, proveniente de cualquier país, necesitara tres ingenieros para la planta de montaje que pretende establecer en la Isla, no rechazaría que la contraparte cubana le presentara un listado de ingenieros con la calificación requerida para que él pudiera entrevistarlos y seleccionar los que considere más apropiados.

Con el sistema en vigor, si una empresa extranjera necesita tres trabajadores, el Gobierno escoge a tres personas y se los manda, sin dejar al inversionista la posibilidad de hacer una selección en función de sus propios criterios.

 

Es intrascendente si el Gobierno flexibiliza regulaciones y aligera la carga burocrática que asumen los inversionistas extranjeros para arriesgar su dinero en Cuba, simplificando problemas de segundo orden

Cuando se le comunica que no tiene más opciones que las que le presenta la agencia empleadora estatal cubana, ese inversionista extranjero comienza a preguntarse, con todo su derecho, si no podría ser mejor negocio establecer su planta de montaje en República Dominicana, Costa Rica, Panamá, o Jamaica.

Entonces, es intrascendente si el Gobierno flexibiliza regulaciones y aligera la carga burocrática que asumen los inversionistas extranjeros para arriesgar su dinero en Cuba, simplificando problemas de segundo orden, aunque sea importante hacerlo, si frente a las dos cuestiones críticas que frenan la voluntad del inversionista, no se modifica nada y hay que seguir dependiendo de las veleidades y humores del Gobierno.

Mientras las cosas sean así, sin soluciones verdaderamente reales, los problemas se mantendrán. Aunque se tomen medidas para ilusionar... o entretener.

Porque los gobiernos no están para entretenerse, sino para resolver problemas.

14 Y MEDIO

Última actualización el Sábado, 18 de Agosto de 2018 01:20
 
Comienza la campaña electoral en Brasil. Análisis y Pronósticos PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Viernes, 10 de Agosto de 2018 01:09

Por Jorge Hernández Fonseca.- 

Las encuestas de opinión dan a Lula Da Silva el primer lugar con el 30-33% de las preferencias, un porcentual que es el tope de las preferencias izquierdistas en Brasil. En segundo lugar --un fenómeno nuevo en Brasil-- aparece un candidato de la derecha local, Jair Bolsonaro, un ex militar activo durante la dictadura militar brasileña. De ahí en adelante un grupo grande, hasta hacer un total de 14 candidatos.


La izquierda de Lula (PT) por motivos diversos, ha quedado también aislada del resto de la izquierda brasileña, que lleva otro importante candidato, Ciro Gómes, lo que provocaría --incluso Lula siendo autorizado a ser candidato-- que le sería difícil ir al segundo turno. Se pronostica un segundo turno entre Bolsonaro y uno de los candidatos siguientes: del PSDB Alckimin, o del PMDB Miereles. Geraldo Alckimin es el más probable.

Última actualización el Viernes, 17 de Agosto de 2018 00:42
 
No es una “nueva” Constitución lo que necesitan los cubanos, sino un nuevo sistema sociopolítico PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Viernes, 03 de Agosto de 2018 02:13

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Por Dr. Alberto Roteta Dorado.- 

¿Se aparta realmente Cuba del “comunismo” con su “nueva” Constitución? Antes de analizar brevemente el asunto merece explicarse el porqué de las comillas que significan la duda de los términos comunismo y nueva sin que nos apartemos del tema en cuestión.


No es una “nueva” Constitución lo que necesitan los cubanos, sino un nuevo sistema sociopolítico.

Por el Dr. Alberto Roteta Dorado.

Santa Cruz de Tenerife. España.- Por estos días los que nos dedicamos al análisis del acontecer cubano y del mundo hemos puesto nuestra mirada en los llamados cambios constitucionales, los que recién aprobó como proyecto la Asamblea Nacional de Cuba para luego ser “debatidos” entre el 13 de agosto y el 15 de noviembre, amén de “someterlo” a referéndum, cuyos resultados podrían ser manipulados para legitimar dichos cambios constitucionales a partir de una aparente aprobación popular, así como puestos de nuevo a “consideración” de dicha Asamblea Nacional, quien supuestamente dará el veredicto final del gran simulacro en pos de lo que el castrismo cree que es la democracia.

Luego de los análisis profundos de algunos estudiosos y politólogos – solo incluyo a los que de verdad lo son y sustentan sus criterios en opiniones con conocimiento de causa– me va quedando pues muy poco nuevo que abordar, por lo que considerando esto último y por respeto hacia aquellos de los que aprendo cada día, me limitaré a unos breves apuntes en torno al polémico tema de la futura Constitución que pronto entrará en vigor en la mayor de las Antillas.

¿Se aparta realmente Cuba del “comunismo” con su “nueva” Constitución? Antes de analizar brevemente el asunto merece explicarse el porqué de las comillas que significan la duda de los términos comunismo y nueva sin que nos apartemos del tema en cuestión.

No puede plantearse bajo ningún concepto la idea de que ciertas sociedades como la cubana se encausen hacia las vías del “comunismo”, por cuanto jamás ha existido el comunismo en el orden práctico, esto es, como acto concretado y puesto en marcha aunque sea de modo experimental. Las absurdas ideas de Karl Marx, generalmente respaldadas por su entrañable compañero Federico Engels, aunque este último hacia el final de su existencia  – una vez que Marx ya no estaba entre los vivos– intentó rectificar algunas concepciones que más tarde fueron ocultadas ante la posibilidad de un escándalo teórico entre los comunistas de su tiempo, jamás se han llegado a consumar, y esto es suficiente como para que cualquier posible especulación acerca de una fase considerada aun superior al socialismo marxista pueda someterse a ser susceptible de desarrollarse a plenitud, excepto por aquellos dejados llevar por la enajenación que con frecuencia acompaña a los partidistas socialistas empeñados en hacer realidad lo inexistente.

Tampoco podemos hablar de una constitución “nueva” toda vez que solo se trata de remiendos y retoques al decadente engendro que proporcionó al dictador Fidel Castro su posicionamiento definitivo en el poder de manera oficial a partir de la legitimación del panfleto constitutivo de 1976, aun vigente en la isla hasta que entre en vigor el actual. Recordemos que es de esta etapa la aparición del omniabarcante cargo de Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros y la desaparición del cargo de Presidente de la República. De modo que la novedad es solo tras la apariencia formal para dar la imagen de cambios con la nueva figura presidencial y la retirada parcial – permanece al frente del Partido Comunista de Cuba, la “fuerza superior dirigente”, ratificado en la nueva constitución– del octogenario Raúl Castro.

Una vez precisado esto retomemos la idea acerca de si se aparta o no Cuba del comunismo con los cambios de la “nueva” Carta Magna. El hecho de que se “actualicen” ciertos conceptos que se encuentran en total estado de caducidad no significa que el régimen esté cediendo en su empreño por perpetuarse en el poder desde su obsoleta perspectiva socialista.

Es un grave error pensar y creer que al suprimirse la idea de que Cuba se prepara para avanzar hacia la sociedad comunista, las cosas pudieran experimentar cierto giro que la aproxime a las concepciones capitalistas, de derecha o de centro derecha. Según se expone en el capítulo I, Fundamentos políticos, sociales y económicos del Estado, artículo 5 de la Constitución de 1976: “El Partido Comunista de Cuba, vanguardia organizada marxista-leninista de la clase obrera, es la fuerza dirigente de la sociedad y del Estado, que organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia los altos fines de la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista”.

Según la modificación actual se suprimió lo referente al avance hacia la sociedad comunista añadiéndose otra descabellada idea, por cuanto el partido único jamás podrá desarrollar valores éticos, morales y cívicos en los cubanos. El artículo 5 queda pues de esta forma: “El Partido Comunista de Cuba, único, martiano, fidelista y marxista-leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, sustentado en su carácter democrático y la permanente vinculación con el pueblo, es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado. Organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia la construcción del socialismo. Trabaja por preservar y fortalecer la unidad patriótica de los cubanos y por desarrollar valores éticos, morales y cívicos”. (Se destaca en negra lo añadido)

Téngase en cuenta que el socialismo se caracteriza, al menos teóricamente y de acuerdo con los preceptos clásicos marxistas, no solo por la posesión por parte del proletariado de los medios de producción, esto es, la supresión de la propiedad privada, sino la negación del pluripartidismo, algo que la Constitución cubana de 1976 deja bien precisado en su artículo 5, y se ratifica en la actual al reafirmar la concepción de que “El Partido Comunista de Cuba, único, martiano, fidelista y marxista-leninista, vanguardia organizada de la nación cubana…”

De modo que no queda lugar para la participación de otros partidos políticos legalizados, o sea, con personalidad jurídica que les permita competir en procesos eleccionarios junto al eterno partido oficialista, lo que no se resuelve en las “reformas” actuales. Esto significa que si bien el término comunismo no fue utilizado – algo muy bien pensado para que el decadente régimen y su partido único no sigan siendo el hazmerreír de aquellos que aún piensan en el mundo con un mínimo de decoro– no es sinónimo de un distanciamiento de los cánones socialistas que durante varias décadas ha estado exponiendo el régimen ante el mundo.

Para replantearnos el concepto de salida del comunismo hemos de considerar ciertas pautas, entre las que no pueden ser omitidas el derecho a la libertad de expresión, la posibilidad de elegir al presidente del país de manera democrática y no a través de una complicada simulación preconcebida de modo premeditado, la legalidad del pluripartidismo, así como la plena libertad de los medios de comunicación y no en manos del partido único como órganos oficiales de sus fechorías, entre otras tantos aspectos que, en última instancia, son los que hablan a favor de la instauración de una democracia , independientemente que en lo económico se restablezca la propiedad privada sobre los medios de producción.

Así las cosas, los cambios constitucionales – como todo lo que hasta el presente ha estado haciendo el régimen  cubano– no son más que modificaciones mínimas que solo van a operar desde una apariencia de apertura democrática tan solo creíble en el seno de los que se creen comunistas, los que seguirán extrayendo al corrupto sistema todo lo posible para su satisfacción personal con el término comunismo o sin él, igual da.

En Cuba no habrá cambios toda vez que no es una nueva Constitución lo que se necesita, sino un nuevo sistema sociopolítico que sea capaz de renovarla en todo sentido y apartarla definitivamente del socialismo.

Última actualización el Martes, 14 de Agosto de 2018 05:19
 
El impacto de López Obrador en el contexto latinoamericano PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Sábado, 04 de Agosto de 2018 01:24

Por Jorge Hernández Fonseca.- 

López Obrador ha echado a andar una escenificación que los cubanos y venezolanos conocemos muy bien. Procura vestirse de oveja, cuando la “pata peluda” se le nota a distancia. Ya el cuento del izquierdista “no” comunista y “bueno” lo viví en Brasil cuando Lula da Silva. También fui engañado por el discurso “redentor, pero prudente” que ahora ensaya Obrador. “No hay almuerzo gratis”, aunque es claro que el inicio será de “paz y amor”, como lo fue el de Lula.

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Hay circunstancias que probablemente propicien un “buen gobierno” del izquierdista de estreno, pero lo que si no será aceptable es la materialización de su política exterior apoyando a Ortega en Nicaragua, Maduro en Venezuela y Castro-Canel en la Habana. “La cabra siempre tira al monte” y la pata peluda de Obrador se verá con más claridad cuando su política exterior comience (de inmediato) el salvataje del desastre izquierdista de Latinoamérica.

Última actualización el Lunes, 13 de Agosto de 2018 11:46
 
La reforma constitucional cubana es “el cambio frade” que habló Payá PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Viernes, 27 de Julio de 2018 04:33

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Por Jorge Hernández Fonseca.- 

Una reforma constitucional se hace normalmente para mejorar las relaciones en la sociedad, hacerla más eficiente, efectiva y mejorar el desarrollo de toda la nación. Nunca debe hacerse para mantener un grupúsculo ineficiente y parásito en el poder, como lo han hecho Raúl Castro y sus secuaces.


La reforma constitucional cubana es “el cambio frade” que habló Payá

Jorge Hernández Fonseca

26 de Julio de 2018

El dictador cubano, Raúl Castro, acaba de redondear un proyecto de constitución (la constitución de Raúl, para diferenciarla de la anterior constitución de Fidel). Raúl con su reforma tiene un objetivo bien definido: mantenerse en el poder. La misma no persigue --como debería-- enmendar la fracasada sociedad comunista implantada 60 años atrás, sino persigue abrir la economía para mantenerse en el comando. Sin embargo --como señuelo-- elimina la palabra “comunismo”, con lo cual --contradictoriamente -- acepta el fracaso de la ideología que detenta.

Tomando la experiencia de dos países comunistas remanentes, China y Viet Nam, Raúl formula los cambios en la economía de la isla para intentar ir a la economía de mercado, con vistas a finalmente poder producir bienes y servicios (el socialismo no sabe cómo producir bienes y servicios). Todo en medio de un cambio generacional, intentando una mejora en el nivel de vida de la sociedad de la isla, para incentivar la aceptación de los nuevos dictadores por venir.

La dictadura cubana cree que la economía de mercado se implanta por decreto y que no es necesario eliminar las limitaciones que hoy cercenan el emprendimiento de los potenciales empresarios cubanos (cuentapropistas). En realidad, antes de anunciarse los cambios que se pretenden en la economía, la dictadura castrista tuvo a bien “apretar las tuercas” precisamente en la base fundamental en la que se apoya una economía de mercado, limitando alcances empresariales, incrementando los impuestos y decretando la “imposibilidad de ganar dinero”.

“El panadero no se levanta a las tres de la madrugada pensando sólo en satisfacer sus clientes, sino pensando también en el dinero que ganaría si esta satisfacción fuera óptima”. Hasta que Raúl Castro no comprenda este principio natural, expresado por Adam Smith hace cientos de años, o como comprendió en su tiempo Deng Xiaoping, que “hacerse rico es glorioso”, la economía de la isla nunca tendrá economía de mercado, sino una caricatura voluntarista.

Una reforma constitucional se hace normalmente para mejorar las relaciones en la sociedad, hacerla más eficiente, efectiva y mejorar el desarrollo de toda la nación. Nunca debe hacerse para mantener un grupúsculo ineficiente y parásito en el poder, como lo han hecho Raúl Castro y sus secuaces. Claro, la cúpula gobernante cubana piensa aplicar estos nuevos principios capitalistas adoptados en la reforma económica, pero para extranjeros. ¡Discriminación pura!

De manera que, en la Cuba castrista se hacen reformas solamente en el área económica (nada de mejoras políticas, o en derechos humanos, civiles, o sociales, que son los que demanda el sufrido pueblo cubano). Además, reformas sólo para extranjeros, ya que autorizar los cubanos a “hacerse ricos” (como se hacen los chinos y vietnamitas) es poco menos que imposible.

Si la dictadura autorizara a los cubanos a encabezar su economía de mercado, probablemente habría una mejora material, pero eso no sería suficiente para cambiar la sociedad cubana, que necesita además del “pan nuestro de cada día” (que hoy no tiene), la libertad política, social y moral que la nueva constitución no garantiza, aunque haya eliminado la palabra comunismo.

Artículos de este autor pueden ser encontrados en http://www.cubalibredigital.com

Última actualización el Jueves, 02 de Agosto de 2018 02:58
 
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