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Por qué Maduro no entregará el poder PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Lunes, 14 de Mayo de 2018 12:04

Pese a la caída de su popularidad, Maduro afirma que según las encuestas que posee podría tener hasta el 60% de votos. (NicolasMaduro)

Por CARLOS ALBERTO MONTANER.-

Mike Pence, VP de Estados Unidos, ha pedido alto y claro que no se reconozca el resultado de las elecciones venezolanas del próximo 20 de mayo. Ése es un tipo de declaración que no se hace sin el visto bueno de Donald Trump y sin consultar a Mike Pompeo, Secretario de Estado.

Dice el senador Marco Rubio que los tribunales nacionales e internacionales perseguirán a los delincuentes chavistas hasta el fin de los tiempos. Tiene razón. La impunidad no existe y algunos de los delitos cometidos por la banda chavista no prescriben nunca. 

Los asesinatos de opositores, las torturas que les han infligido –muy bien documentadas por la abogada Tamara Sujú, especialista en la defensa de los derechos humanos- no dejan espacio a la duda. Y por si eso fuera poco, ahí están las pruebas y los testimonios del narcotráfico que ha enriquecido a los generales del Cártel de los Soles, y del principal delito vinculado a esas actividades: el blanqueo de capitales.

Estados Unidos tiene la capacidad de rastrear, abierta o clandestinamente, todos los depósitos bancarios en el 90% de las instituciones del planeta

 

Estados Unidos tiene la capacidad de rastrear, abierta o clandestinamente, todos los depósitos bancarios en el 90% de las instituciones del planeta, y posee el músculo para imponer sus reglas. Como cuenta con el 22% del PIB planetario y una moneda en la que se realizan casi todas las transacciones importantes; como posee el mayor mercado abierto del mundo, y los mejores centros de atención médica, basta con que amenace a las empresas internacionales con represalias cuantiosas o con privar de la visa a sus ejecutivos para sembrar el pánico. (He visto sudar la gota gorda a venerables bancos suizos colocados en esa tesitura, hasta que han colaborado con la fiscalía norteamericana en contra de sus dudosos clientes). 

Nada de esto lo ignoran Nicolás Maduro, Diosdado Cabello, los hermanos Jorge y Delcy Rodríguez, y el resto del clanmafioso, como les llaman los venezolanos. Por eso se disponen a cerrar filas en las elecciones del 20 de mayo. No quieren acabar tras la reja. Como no creen en la democracia liberal, ni en las virtudes de la alternabilidad, no les importa disponer de apenas un 15% del apoyo popular, frente a un 85 que los rechaza. 

Para eso disponen del relato revolucionario. Nadie lo cree (ni ellos mismos), pero lo repiten como un mantra porque la función de ese discurso es articular una justificación que sustituya a la verdad. Dicen que Venezuela es un país asediado por el imperialismo yanqui decidido a quedarse con el petróleo de la nación. Afirman que el desabastecimiento de comida y medicinas es la consecuencia de que la oposición, dirigida por la CIA, ha desatado una cruel guerra económica. Ocultan las cifras reales de la economía para “no darles armas a los enemigos”. Declaran que el rechazo internacional –el Grupo de Lima, la Unión Europea, la OEA y Luis Almagro, el Secretario General- es un clamor orquestado por Washington.  

Los chavistas son las víctimas, no los culpables. A los estudiantes los asesinó la oposición o algunos policías descarriados ya castigados. No hay torturados. La inflación aumenta porque la revolución ha abierto los diques del consumo y el pueblo salió por primera vez a comprar. Nada que cambiar. Nada de qué avergonzarse. Las revoluciones tienen un precio y hay que pagarlo.

Tras ese amargo trago, cuando Maduro, sonriente, se declare vencedor, se copiará la ley electoral cubana que permite filtrar y tamizar los candidatos, de manera que el prefraude haga innecesario el postfraude



Como la población venezolana conoce todo esto, no saldrá a votar el 20 de mayo. ¿Votar para qué, si sabe que los resultados serán los que el gobierno desee, como ya adelantó la empresa creadora y administradora de las máquinas de votación? Por medio de elecciones jamás acabará esa pesadilla. Incluso, se rumora que estos son los últimos comicios con la ley electoral vigente. Tras ese amargo trago, cuando Maduro, sonriente, se declare vencedor, se copiará la ley electoral cubana que permite filtrar y tamizar los candidatos, de manera que el prefraude haga innecesario el postfraude. (Miguel Díaz-Canel sustituyó a Raúl Castro con sólo un voto en contra, presumiblemente el suyo).

La posible manera de salir de esa terrible banda pirata es prometerles indulgencia a quienes los ayuden a salir del pozo en el que se encuentran. Es así como funciona la ley penal en muchos sitios. Quienes colaboran con la Justicia tienen 100 años de perdón. Recuerdo un país centroamericano en el que jubilaron en dólares a unos generales que se oponían al proceso de paz. Era indecoroso, pero fue práctico. Se hizo la paz.

14 Y MEDIO

Última actualización el Domingo, 20 de Mayo de 2018 04:56
 
¿Habrá una chispa en Cuba como la hubo en Nicaragua? PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Miércoles, 09 de Mayo de 2018 05:07

Por Jorge Hernández Fonseca.- 

Una de las tareas reservadas “con alevosía y premeditación” al nuevo “presidente” Díaz Canel es nada menos que la unión monetaria, que implicaría un cambio de moneda en la isla, con su consiguiente herida en el corazón del pueblo cubano. Esta pudiera ser sin dudas la chispa que incendie la pradera en Cuba, porque la dictadura nunca ha respetado al pueblo de la isla y pudiera, aprovechando ese proceso, dejar a los cubanos “sin dinero”, para comenzar de cero.

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Sí los planes de los burócratas cubanos al proceder a la esperada unión monetaria, implican intentar “quitarle a los ‘ricos’ el dinero” (que suponen que tienen) ---basado en lo anunciado por Raúl Castro: “nadie en Cuba puede tener dinero”-- ¡mucho cuidado! que ese pudiera ser la chispa de la pradera cubana, de consecuencias poco predecibles. ¡Un nuevo maleconazo! pero sin Fidel Castro vivo para controlarlo y con todo la rabia contenida por el pueblo de la isla.

Última actualización el Domingo, 20 de Mayo de 2018 04:58
 
La extinción de la raza cubana PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 13 de Mayo de 2018 05:38

Ancianos en un hogar para personas de la tercera edad de Cienfuegos. (EFE)

Por Miguel Sales.- 

El título de esta columna puede sorprender y quizá ofender a algunos lectores. ¿Existe una raza cubana? El problema no radica en el gentilicio, sino en el sustantivo "raza", que ha asumido significados muy diversos a lo largo de la historia. Es cuestión de polisemia.

En la escuela primaria de la década de 1950, los manuales de Geografía explicaban que en el mundo había cinco o seis razas: blanca, negra, amarilla, etc. Raza era entonces sinónimo de biotipo, es decir, de un conjunto de características hereditarias compartidas por determinado grupo humano.

Esa clasificación ya estaba un poco en desuso, tras el descrédito de la política de exterminio practicada por el nazismo en la Segunda Guerra Mundial, que se fundamentaba en la creencia de la superioridad de la "raza aria". Poco después, la UNESCO decidió que era preferible dejar de usar la palabra raza y recomendó el empleo del término "etnia", que tenía un empaque más científico.

Hasta hace poco, en algunas zonas de España los ancianos solían emplear el término "raza" para referirse a los demás grupos nacionales europeos. Para ellos existía una "raza húngara" o una "raza italiana", como para mi profesor de Geografía hubo una raza amarilla y otra cobriza. En la España de posguerra "raza" había sido sinónimo de nacionalidad.

En cambio, a finales del siglo XIX, en el mundo hispanoamericano había prosperado la idea de que la lengua y la religión de los colonizadores, mezcladas con el sustrato indígena, dieron origen a una "raza hispana". Así, desde principios del siglo XX empezó a celebrarse el 12 de octubre, fecha del Descubrimiento, como Día de la Raza, fiesta que todavía se conmemora hoy bajo el rótulo de Día de la Hispanidad. Por entonces se hablaba también de "raza latina", casi siempre por oposición a la "germánica". En ese contexto, raza era sinónimo de cultura.

Pero mucho antes, en la Edad Media, era frecuente que los cronistas se refirieran a la "raza cristiana", la "raza judía" o la "raza mahometana o sarracena". Así reza en los epitafios de innumerables reyes y príncipes que yacen enterrados por toda la Península. Raza era entonces sinónimo de religión.

De manera que en lengua española y a lo largo de la historia el término raza ha servido para designar la religión, la cultura, la nacionalidad o el biotipo, de manera sucesiva o incluso a veces simultánea.

Me acojo, pues, a esa labilidad del concepto para afirmar que existe una raza cubana y que está en vías de extinción. Alguien preguntará, ¿y por qué no llamarle nación en vez de raza? Pues porque el término nación entraña un sentido de proyecto colectivo ampliamente compartido, capaz de situarse por encima de las divergencias políticas, étnicas, religiosas o culturales, y de agrupar a la gran mayoría de la población de determinado territorio en un empeño común de concordia y progreso. De ahí que Ernest Renan definiera a la nación como "un plebiscito cotidiano". Ese es también el sentido del apotegma martiano que reclamaba una República "con todos y para el bien de todos", principio tan incómodo de interpretar para los medios propagandísticos del castrismo.

Ese plebiscito diario o proyecto común, que quizá existió en Cuba al inicio de la República, empezó a resquebrajarse a mediados del siglo pasado y ahora se ha desmoronado del todo. Es precisamente ese fracaso colectivo lo que está en la base de la extinción de la cubanidad y de sus portadores, los cubanos de carne y hueso, los de dentro y los de fuera, amnésicos y memoriosos por igual.

Los estudios demográficos de los últimos años contribuyen a esclarecer el fenómeno y aportan proyecciones poco optimistas de cara el futuro. El desplome de la fecundidad, el auge de la emigración y la prolongación de la esperanza de vida, combinados con la evolución de la economía nacional, componen un cuadro de envejecimiento y pauperización realmente siniestro. Los índices de abortos y suicidios, cuyo monto real el Gobierno maquilla celosamente, no contribuyen a mejorar el panorama.

El 20% de la población de la Isla tiene hoy más de 60 años y la proporción de jóvenes sigue disminuyendo. El número de hijos por mujer (1,6) está muy por debajo de la tasa de remplazo y la emigración no cesa.

Hacia mediados de siglo, Cuba será uno de los países más envejecidos del mundo y solo tendrá dos adultos activos por cada jubilado. Con la esperanza media de vida situada en torno a los 80 años y la jubilación a los 65 (60 para las mujeres), a los viejos les aguardan entre 15 y 20 años de existencia miserable: a los achaques propios de la edad se sumarán pensiones de 10 ó 12 dólares mensuales, viviendas deterioradas y pésima alimentación. El sistema actual no ofrece ninguna esperanza razonable de que esta situación vaya a mejorar.

Según los expertos, el fenómeno se acelera. En fecha reciente varios organismos internacionales señalaron que hoy se han alcanzado ya cifras inicialmente previstas para 2020 o 2025. En realidad, la demografía no ha hecho más que empeorar a partir de 1972, cuando la tasa de natalidad se desplomó de manera espectacular y en solo nueve años pasó de 28 a 14 nacidos vivos por cada mil habitantes, índices jamás registrados en ninguna parte, salvo en épocas de guerras o grandes epidemias.

Es preciso subrayar la fecha inicial de la crisis, porque entonces todavía no se había derrumbado el socialismo en Europa ni había desaparecido la Unión Soviética. Pero en el ánimo de la mitad de los cubanos germinaba ya la convicción de que el régimen castrista había fracasado y que la única vía de salvación era escapar del país. Solo que en esos años el Gobierno multiplicaba las trabas para impedir una oleada migratoria que lesionaría la imagen del nuevo paraíso proletario del Caribe.

El pistoletazo de salida lo dio en abril de 1980 un policía cubano que montaba guardia ante la embajada del Perú en La Habana, al disparar contra un autobús lleno de candidatos al asilo político que trataban de forzar las verjas del recinto. Desde entonces, 900.000 marielitos, balseros, pies secos y mojados, nietos putativos o reales de abuelos españoles exhumados a toda prisa, jineteras y pingueros con parejas de la tercera edad, militares condecorados, atletas raudos, médicos exhaustos, espías bizcos, músicos errantes, escritores trémulos y miembros de cualquier otra categoría social imaginable han huido de la Isla, en una estampida solo comparable al éxodo que suele generar un conflicto bélico particularmente cruel y prolongado. En efecto, era la guerra de todo el pueblo, como vaticinaba la propaganda castrista que ocurriría tras la siempre inminente invasión yanqui. Aunque, en realidad, se trataba de la guerra que libraba una mitad de la población, la que apoyaba al régimen, contra la otra mitad, que solo trataba de fugarse. Era una guerra civil decidida de antemano.

Hoy es evidente que los ganadores de esa contienda incivil lograron una victoria pírrica. Expulsaron del país al enemigo, confiscaron sus propiedades, humillaron a los parientes que se quedaron y condenaron a los prófugos al ostracismo y el olvido. Con ejemplar maniqueísmo, estaban seguros de que la Historia tenía un sentido ascendente y que ellos, los ganadores, se hallaban en el lado correcto, en el bando de quienes harían posibles los amaneceres gloriosos del socialismo triunfante, que se extendía inexorablemente por el Tercer Mundo: Angola, Etiopía, Nicaragua, Yemen, Vietnam. El comunismo parecía una fuerza irresistible y Cuba, bajo la clarividente orientación del Comandante en Jefe, era la punta de lanza de la expansión soviética por "los cinco puntos cardinales", como diría años después Nicolás Maduro.

Pero la ilusión apenas duró una década. En 1989 los alemanes derrumbaron el Muro de Berlín y en 1991 desapareció la Unión Soviética. Precisamente en esos diez años terminó de instalarse en Cuba la sequía de natalidad que preludiaba la crisis demográfica actual. Combinada con la estampida migratoria, esa extraordinaria "huelga de vientres vacíos" avisa hoy al régimen de que es urgente cambiar la estructura política y económica del país.

Algunos especialistas vaticinan que, de mantenerse la tendencia actual, hacia 2100 la población cubana habrá pasado de 11 a algo menos de cuatro millones de habitantes. En ausencia de inmigración (pocos quieren irse a vivir a un país que se empobrece a ojos vista), será cada vez más difícil revertir esa espiral de envejecimiento, pauperización y muerte. Es decir, que en algo menos de un siglo la Isla tendrá una población similar a la que había en la década de 1920, pero sujeta a un decrecimiento demográfico irremediable y con una productividad inferior aún a la que muestra ahora.

Si no ocurre un milagro (léase: el cambio antes mencionado) que frene pronto esa decadencia y permita la repoblación, la raza cubana se extinguirá, tanto en términos físicos como culturales. Se habrá consumado un genocidio a cámara lenta, con impunidad, a la vista de todo el planeta. (Genocidio: "Exterminio o eliminación sistemática de un grupo humano por motivo de raza, etnia, religión, política o nacionalidad". RAE)

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Viernes, 18 de Mayo de 2018 02:50
 
La Muerte del Marxismo PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 29 de Abril de 2018 08:08

Por Jorge Hernández Fonseca.- 

En la actualidad los únicos países marxistas remanentes son Corea del Norte y Cuba. El fracaso del marxismo que sintió China en los años 70 del siglo pasado al abandonar el marxismo en la economia, también se materializa en la Cuba castrista mediante una economía racionada de bienes y servicios hace más de medio siglo y en Corea del Norte, donde sucesivas hambrunas han matado de hambre a miles de sus ciudadanos.

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Por eso, no es descabellado que los comunistas chinos insistan en convencer a los norcoreanos y cubanos nada menos que de ¡las bondades del capitalismo! Las cosas en Corea del Norte se encaminan, en Cuba todavía es una incógnita.

Última actualización el Lunes, 07 de Mayo de 2018 12:54
 
China, Corea del Norte, Estados Unidos y Cuba PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Sábado, 28 de Abril de 2018 07:58

Por Jorge Hernández Fonseca.- 

Se puede conjeturar que los comunistas cubanos estarían considerando muy seriamente ir a la economía de mercado por varias razones: primero, algunas garantías, no sólo de capital, como también de tipo político llevaría en su cartera el líder vietnamita en su viaje a la Habana.

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Segundo, Raúl Castro hubiera querido hacer reformas hacia el modelo chino, pero su hermano Fidel se lo impidió en vida. Ahora sin Fidel y aprovechando el nuevo gobernante desechable es más fácil aplicar esta fórmula, antes tabú en Cuba.

Última actualización el Viernes, 04 de Mayo de 2018 02:29
 
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