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Artigos: Cuba
La croqueta soberana: 40 años después PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Viernes, 11 de Septiembre de 2020 23:40

Fábrica de croqueta en Cuba.

Por FRANCISCO ALMAGRO DOMÍNGUEZ.-

Hace unos días en este sitio apareció un resumen de la comparecencia del ministro de la Industria Alimentaria de Cuba. Para los que ya tenemos nietos, la información del servidor —es lo que quiere decir ministro— pudo provocar un flashback a otros tiempos.

Los de la llamada pizza napolitana cubana (las recetas originales siempre llevan "algo" encima: anchoas, alcaparras, albahaca, lonchas de tomate) y la croqueta de "carne".

Ambos alimentos emergían por toda la ciudad, salvándole la vida a más de un peatón cubano. La croqueta fue aún más socorrida, a pesar de que el caminante casi podía morir de asfixia al taponarse el cielo de la boca. Era la época de los Marinit, Fruticuba, Coppelita, después los frozen y otras ofertas gastronómicas, los cuales languidecieron a finales de los 60 y regresaron en los 80 del pasado siglo para volver a desaparecer para siempre en pleno siglo XXI.

La pizza y la croqueta, sin embargo, han sobrevivido. La pizza pudo capear el temporal del llamado "Periodo Especial" con quesos de leches insospechadas, y salsas de remolacha mezcladas con puré de tomate rancio. Los más listos derritieron condones encima. Pero es la croqueta el alimento insignia, si cabe el término, de la culinaria revolucionaria. La croqueta soberana o la soberana croqueta tiene la virtud de ser esa masa intangible e indescifrable, casi exotérica, capaz de aceptar cualquier elemento de la naturaleza siempre que la sazón y la sal le den categoría de comestible.

Lo mejor escrito sobre la croqueta cubensis fue obra de Héctor Zumbado, hará ahora unos 40 años. Ni siquiera ese maestro del humor inteligente podía prever que la croqueta sobreviviría al agudo ensayo tragicómico cuatro lustros después. Menos todavía hubiera imaginado el autor de Riflexiones a un ministro hablando de la croqueta como parte de la "soberanía alimentaria y cultura nutricional". El rollizo encargado de alimentar diez millones de personas lo expresó muy serio, sin asomo de broma: la sobreproducción de croquetas respecto al año anterior es un logro en la estrategia de lograr la independencia en la alimentación del pueblo.

La infinidad de chistes y motes sobre la croqueta no tiene para cuando acabar. Repetirlos es empanizar cuartillas. Lo cierto es que la croqueta cubana asoma su mofada masa cada vez que aprieta el hambre en la Isla. Nitza Villapol diría que se debe a su fácil elaboración e ingredientes: enseñó en televisión que era lo mismo hacerla con chícharos que, en época prerrevolucionaria, de jamón ibérico.

Ahora el ministro no muestra la proporción de carnes y otros elementos en la neocroqueta del Periodo Especial II. Solo explica que unas provienen de las industrias cárnicas —sin decir la porción de carnes, pezuñas y crestas usadas en la masa— y que la croqueta de la pesca —¿agua dulce o salada?— la dobla en cantidad.

Lo curioso y doloroso a la vez no es la croqueta en sí y para sí, filosóficamente hablando, sino el lenguaje futurista usado por los funcionarios como si los productos ya estuvieran en la mesa. Lenguaje, por cierto, que está más cerca más de lo teológico, del quiera Dios, que, de lo real, del aquí y el ahora.

Aunque ha sido una regularidad en el discurso prometedor del régimen, no deja de ser preocupante que se siga hablando de lo que será, y no de lo que es, hambre, excepto por la producción excedida de neocroquetas. Así, tenemos frases como "se trabaja en esto", "se prevé tal cosa", "se desarrolla este proyecto", "en cartera tenemos tal negocio", "se incrementará la producción de…".

La generosa y vilipendiada croqueta también se vino al exilio. Es raro el timbiriche de Miami sin varios tipos de croquetas. No hay fiesta cumpleañera ni convite de amigos en la Habana del Norte sin croqueticas, pancitos con pasta y pastelitos de guayaba. Donde quiera que habite un cubano, la croqueta seguirá estando entre sus manjares más preciados. Eso nos dice que la croqueta, un invento francés que quiere decir crujiente, no es un asunto de soberanía alimentaria sino de soberanía individual y cultural.

No puede haber independencia en la alimentación de un país si las personas no tienen libertad para producir, vender y consumir por su cuenta. Es el hombre y no el Partido, el ministro o el administrador quien hace posible la autonomía alimentaria y no al revés. No ha existido una sociedad en la historia que haya logrado alimentar bien a todos los ciudadanos administrando desde una oficina lo que tienen que comer y cuándo. Eso es una locura. O una maldad. Una violación al derecho humano de elegir cómo y de qué alimentarse aun cuando no tenga con qué.

Eso es válido, incluso, para aquellos países desarrollados con bolsones de miseria, y líderes populistas que escogen alimentos de fácil elaboración y productos de dudosa procedencia para llenar estómagos agradecidos y acallar bocas insubordinadas. Como diría el refrán, en todas partes se cuecen croquetas; solo que en unos lugares se consumen por placer, y en otros, por dura necesidad.


Este texto apareció originalmente en Habaneciendo, blog del autor. Se reproduce con autorización del autor.

Tomado de DIARIO DE CUBA

Última actualización el Sábado, 19 de Septiembre de 2020 00:06
 
¿Dónde está la responsabilidad en Cuba? PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Jueves, 10 de Septiembre de 2020 04:25

Manuel Marrero (izq.) y Miguel Díaz-Canel en una reunión sobre el Covid-19

Por DIMAS CASTELLANOS.- 

Después del repunte del Covid-19, ocurrido en Cuba a fines del mes de julio, la prensa oficial y altos funcionarios han empleado reiteradamente el término "responsabilidad" para señalar a los supuestos culpables del retroceso.

Por su etimología, responsabilidad designa la calidad de la persona responsable. Se forma a partir del vocablo responsum, proveniente del verbo latino respondere, que significa dar correspondencia a lo prometido. El término denota una cualidad y un valor de la persona capaz de comprometerse con algo o alguien y actuar en consecuencia. Por tanto, la  responsabilidad implica la capacidad de la persona para decidir con independencia y voluntad propias, para lo cual hay que ser libre.

En los regímenes democráticos el pueblo —el soberano— delega mediante elecciones libres el poder en un Gobierno, a la vez que sus derechos quedan refrendados en una Constitución redactada por delegados elegidos libremente. En los regímenes totalitarios el pueblo no ejerce la soberanía. La persona se convierte en una pieza de la maquinaria del Estado, que carece total o parcialmente de libertades y derechos. Por esa diferencia en las democracias hay ciudadanos y en el totalitarismo súbditos.

Existe una relación indisoluble entre responsabilidad, libertad y participación. No se puede ser responsable si se carece de los derechos y libertades para participar. Ni las autoridades tienen potestad para exigir responsabilidad por carecer de la legitimidad que otorga el pueblo en elecciones libres y democráticas.

Desde esa tesis, en las siguientes líneas respondo sintéticamente cinco de los múltiples planteamientos publicados en la prensa oficial cubana acerca de la responsabilidad:

Dos periodistas de Granma preguntaron: "¿Dónde estaba la gente del barrio que no advirtieron un posible foco de contagio? ¿Por qué no se denunció el hecho ante el Ministerio del Interior? Sencillo: Sucede que todos vemos el virus de lejos, pero pocos advierten el peligro real de tan contagiosa enfermedad... De la responsabilidad cívica individual depende el bienestar colectivo" (domingo 2 de agosto de 2020).

¿Dónde estaba la gente? Pues estaba ahí, los que no estaban y no podían estar porque no existen, eran los ciudadanos.

El primer ministro, Manuel Marrero Cruz "consideró que los eventos que han ocurrido en las provincias de La Habana y Artemisa, han sido ocasionados por el actuar irresponsable de unos pocos que han violado el cumplimiento de lo establecido para el actual momento en que nos encontramos" (Granma, viernes 7 de agosto de 2020).

No puede haber actuación irresponsable, porque para ello primero hay que comprometerse, no levantando la mano en una asamblea, sino asumiendo un compromiso libremente asumido, lo cual implica libertades y derechos. Por tanto no hay tal violación.

El presidente Miguel Díaz-Canel dijo: "Puede diseñarse la mejor de las plataformas de enfrentamiento, pero como esto solo se hace realidad es con la participación del pueblo, si casi su totalidad no actúa de manera disciplinada, todo ese trabajo se echa por tierra" (Granma, sábado 8 de agosto de 2020).

Verdad absoluta, la participación del pueblo es imprescindible, pero el sistema que él representa impide dicha participación; por tanto, lleva razón cuando dice que el trabajo se echa por tierra.

"Para controlar ese problema —aseguró Miguel Díaz-Canel— tiene que haber una gestión de gobierno y una gestión ciudadana, una participación de la población..." (Granma, martes 1 de septiembre de 2020).

De nuevo Díaz-Canel lleva razón. Lo doloroso consiste en que la gestión ciudadana no existe porque no hay ciudadanos, sin los cuales no habrá control.

"Por el actuar de unos pocos. La Habana retornó a la fase de transmisión autóctona limitada, que implica el cierre de casi todas las actividades productivas y de servicio, el alargamiento en el tiempo de la epidemia y también de la recuperación económica del país, así como el posible atraso del reinicio del curso escolar, planificado para septiembre" (Granma, martes 11 de agosto de 2020).

Es decir, el retorno, el cierre de las actividades, el alargamiento de la epidemia, la recuperación económica y el atraso en el reinicio del curso escolar, es responsabilidad de un grupo de cubanos. No es una conducta nueva. Me decía un amigo hace unos años que el Gobierno cubano todo lo hace bien, pero casi todo está mal. Los culpables son EEUU, los fenómenos atmosféricos o el pueblo.

El 16 de enero de 2020 la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la alerta epidemiológica. En Cuba, por su condición de isla, se imponía el cierre inmediato de las fronteras. Cuando la pandemia estaba extendida a 114 países y había provocado más de 4.000 muertos, autoridades cubanas, no el pueblo, seguían ofreciendo seguridad al turismo.

El 15 de marzo, cuatro días después de que el Covid-19 irrumpió en Cuba, la directora de Calidad del Ministerio de Turismo, aseguró que el país seguía siendo un destino seguro para los turistas. Y la subdirectora de Operaciones y Calidad de ese ministerio, reiteró que, los clientes que decidieran venir a Cuba serán bien recibidos, pues el país estaba listo para detener y controlar ese flagelo al contar con un sistema de salud competente (Juventud Rebelde, domingo 15 de marzo de 2020). No fue hasta el 20 de marzo que se anunció la regulación de la entrada por las fronteras del país. Cuando tres de los turistas italianos arribados en esos días presentaron síntomas que resultaron positivos. Y esto no es responsabilidad del pueblo.

La existencia de irresponsabilidad en algunos cubanos es un hecho, pero se trata de un efecto, no de una causa. ¿Por qué? Porque faltan dos instituciones básicas de la modernidad para la participación responsable del pueblo: el ciudadano y la sociedad civil independiente. El primero, como sujeto de derechos y obligaciones refrendados en las leyes; la segunda, como entramado de asociaciones, espacios públicos, medios de expresión y otros recursos, autónomos respecto al Estado.

Esas dos instituciones existieron en Cuba hasta 1959, pero fueron eliminadas. La sociedad civil sustituida por un conjunto de organizaciones creadas o subordinadas al poder y el ciudadano desaparecido de la escena; mientras las libertades fueron circunscritas, constitucionalmente, a la defensa del sistema totalitario.

Papá Estado decidió ocuparse de todo y de todos, lo único que necesitaba era de un  hombre "nuevo" formado al calor de las consignas y la obediencia para cumplir órdenes y  librar batallas. La culpa no es, pues, de los soldados.

Como resultado, el modelo implantado, ajeno a la naturaleza humana, no funcionó. Cuba es un país de cultura occidental, con una rica historia de libertades y derechos refrendados en las constituciones republicanas.

La gran responsabilidad, no solo del repunte de la pandemia, sino también de las deficiencias que han conducido a la incapacidad productiva, a la generalización de la corrupción, al desabastecimiento, y a las interminables colas, está en los que acusan a una parte del pueblo de irresponsables. Lo ocurrido demuestra una vez más que el funcionamiento de la sociedad requiere de componentes ausentes en Cuba, los cuales tienen que ser reemplazados.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Jueves, 17 de Septiembre de 2020 04:53
 
'Cambio bolsa de leche por picadillo' PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Martes, 08 de Septiembre de 2020 23:53

Una bodega en Cuba o Mesopotamia.

Por ROBERTO ÁLVAREZ QUIÑONES.-

"Por esas seis canastas llenas de trigo te doy esta cabra que da una leche estupenda."

"Cambio bolsa de leche por picadillo."

La primera de las frases anteriores era común entre los amorritas hace 4.600 años en la antigua Mesopotamia, unos 2.000 años antes de que se conociera el dinero. La de abajo es de una mujer en La Habana de hoy, 46 siglos después.

Tanto amorritas (o amorreos), como arameos, asirios, sumerios, acadios y otros pueblos que formaron parte de la civilización mesopotámica, incluida Babilonia, estaban lejos de imaginarse lo cómodo que iba a ser con el tiempo comerciar pagando con pedacitos de metal o de papel. Eso se hizo realidad en el siglo VII A.C. cuando en Lidia (hoy parte de Turquía)  los griegos acuñaron las primeras monedas en la historia, una aleación natural de oro y plata conocida como electro. En esa misma centuria, un poquito después, en China vio la luz el papel moneda.

Desde entonces, mucho antes de la era cristiana, ya nadie tuvo que ir al mercado con una vaca o un par de ovejas, a ver cuántas ánforas de vino o cestas de trigo le daban por ellas.

Remontados al Medio Oriente anterior al Génesis de la Biblia

Ese ancestral tipo de trueque de los tiempos babilónicos ha vuelto a la vida en pleno siglo XXI en una soleada isla del Caribe donde se construye  la "sociedad superior" socialista. Allí los habitantes han sido lanzados atrás en el tiempo y practican el intercambio comercial que existía en el Medio Oriente antes de que se escribiera el Génesis de la Biblia.

En Cuba hoy cambiar una "bolsa de leche por picadillo" es cosa cotidiana. Caridad Acea lo hace frecuentemente en La Habana. A sus 73 años se ha adiestrado en el manejo de las redes sociales para amortiguar la crisis alimentaria que la agobia.

A fines de agosto pasado dos periodistas independientes reportaron desde la capital cubana que Caridad antes de salir a la calle a "batirse" en las interminables y estresantes colas revisa Cambio y Trueque,  el chat de Telegram (su sede principal  está precisamente en el Medio Oriente, en Dubai) para saber si puede intercambiar con otra persona algo de lo que le dan en la bodega.

"Otra opción —explicó la anciana—  es que si tú tienes el picadillo que yo quiero, y pides una bolsa de leche, y yo sé quién la vende,  salgo, compro la leche y hago el trueque".

Las ofertas para el trueque son múltiples: "Cambio bolsa de leche de un kilogramo, sellada, papel sanitario, detergente y natilla de un kilogramo. Quiero perritos negros (color de la envoltura), jamonada de pollo, picadillo (pavo) Golden Maple. Centro Habana, sin transporte, pero me acerco a un punto medio" O "Cambio juguete súper héroe Spiderman Iron (15 CUC), necesito leche amarilla sellada, tres kilos".

En Argentina, durante la recesión más prolongada de su historia (1998-2002), hubo también trueques porque el Gobierno redujo drásticamente la masa de dinero en circulación (fue el llamado "corralito"), pero país capitalista al fin, al finalizar la crisis el comercio regresó a la normalidad moderna.

La "revolución" empuja hacia el atraso

En Cuba, en cambio, la crisis económica y multifacética, mucho más devastadora que la argentina, no termina nunca. Lleva ya 61 años agobiando a los cubanos y ahora se agrava a diario, al punto de que amenaza a la nación una hambruna.

La escasez extrema de todo, la falta de dinero por los miserables salarios, los exorbitantes precios vigentes en proporción a ese bajísimo ingreso per cápita, la dolarización con precios abusivos del comercio minorista medianamente abastecido, y otros factores, han remontado a los cubanos a Babilonia.

En este tipo de trueque milenario cubanizado, al igual que ocurría en Mesopotamia (hoy Irak, Kuwait, y partes de Turquía, Siria e Irán), el valor de cambio de cada producto lo fija su grado de escasez.

El cambio solo se realiza si el interesado se desprende  de alimentos y productos igualmente escasos y valiosos como carne de res, de puerco, pollo, aceite, leche, harina, frijoles, huevos, arroz, café, así como jabón,  detergente, pasta dental, papel sanitario y muchas otras cosas a veces inimaginables.

Lo más dramático es que muchas personas con enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión, problemas cardiovasculares, hepáticas, neurofisiológicas, o cáncer, ya están cambiando  alimentos por ciertos medicamentos que están en falta en las farmacias estatales y que necesitan o corren el riesgo de morir.

Muchos de los enfermos crónicos son jubilados mayores de 65, 75 u 80 años que reciben pensiones que no sobrepasan los 16 dólares (400 pesos) mensuales y no les alcanzan ni para comer. Al tener que cambiar alimentos por medicinas cuidan de su padecimiento pero gravan su desnutrición crónica, que es también potencialmente mortal.

Como es lógico, el  regreso en la isla caribeña al trueque casi cavernario se está extendiendo a otras provincias y va a seguir creciendo a medida que se agudice la escasez de todo en la Isla.

Va a seguir  expandiéndose por  cuatro razones: 1) economistas calculan que entre un 50% y un 55%  de los cubanos de la Isla no reciben remesas del  extranjero y prácticamente no tienen acceso a las tiendas que solo venden en dólares; 2) muchas personas disponen de tarjetas bancarias o dólares, pero los precios son demasiado altos, o no encuentran en las shopping  lo que necesitan; 3) las tiendas que admiten CUC están desabastecidas; 4) los salarios son tan miserables que a muchas familias no les alcanza ni para adquirir la canasta básica de alimentos.

El futuro pertenece por entero…" al trueque primitivo

Sin duda estamos ante otro "logro de la revolución" del cual estarían orgullosos Marx, Lenin, Gramsci, Mao, Pol Pot, Fidel Castro y el "Che" Guevara. Ellos no se imaginaron que el comercio sin necesidad del dinero, que tanto aborrecían Pol Pot y Guevara, se adelantaría tanto al comunismo que ellos aseguraban vendría  luego de construir el socialismo.

Y de haber creído alguien en la consigna ideológico-delirante-poética de "El futuro pertenece por  entero al socialismo", que tanto repetía el finado comandante en jefe, ya sabe con plena seguridad que cambiar leche por picadillo es parte de ese futuro.

Fue ese el "futuro luminoso" prometido por Fidel en abril de 1961, en la esquina de 23 y 12 en el Vedado, al quitarse la careta y proclamar el carácter comunista de "su" revolución. Un futuro en virtud del cual hoy los cubanos son más pobres que nunca antes en toda su historia, disponen cada vez de menos alimentos, medicinas y productos fundamentales, y ven angustiados cómo les acecha el hambre masiva.

El colapso de la economía es inevitable si el general Castro no desmantela el modelo económico estalinista-centralista y abre la economía, en grande, al sector privado y a las inversiones extranjeras. Pero como el dictador  y su familia son millonarios y degustan las  exquisiteces que les preparan sus chefs particulares, no se ve la luz al final del túnel.

Encima, la prensa estatal ataca a este intercambio primitivo que obligadamente es de primaria subsistencia, mediante el chat ya citado. Lo califica en plural de "huecos negros del comercio en Cuba".

No, el único "hueco negro" en Cuba, y monstruoso, es el crimen de lesa humanidad que comete a diario contra todo el pueblo cubano la dictadura militar comunista y neofascista que encabeza Raúl Castro, quien hace mucho tiempo debió ser llevado ante el Tribunal Internacional de La Haya.

DIARIO DE CUBA

 

 

En este tipo de trueque milenario cubanizado, al igual que ocurría en Mesopotamia (hoy Irak, Kuwait, y partes de Turquía, Siria e Irán), el valor de cambio de cada producto lo fija su grado de escasez.

El cambio solo se realiza si el interesado se desprende  de alimentos y productos igualmente escasos y valiosos como carne de res, de puerco, pollo, aceite, leche, harina, frijoles, huevos, arroz, café, así como jabón,  detergente, pasta dental, papel sanitario y muchas otras cosas a veces inimaginables.

Lo más dramático es que muchas personas con enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión, problemas cardiovasculares, hepáticas, neurofisiológicas, o cáncer, ya están cambiando  alimentos por ciertos medicamentos que están en falta en las farmacias estatales y que necesitan o corren el riesgo de morir.

Muchos de los enfermos crónicos son jubilados mayores de 65, 75 u 80 años que reciben pensiones que no sobrepasan los 16 dólares (400 pesos) mensuales y no les alcanzan ni para comer. Al tener que cambiar alimentos por medicinas cuidan de su padecimiento pero gravan su desnutrición crónica, que es también potencialmente mortal.

Como es lógico, el  regreso en la isla caribeña al trueque casi cavernario se está extendiendo a otras provincias y va a seguir creciendo a medida que se agudice la escasez de todo en la Isla.

Va a seguir  expandiéndose por  cuatro razones: 1) economistas calculan que entre un 50% y un 55%  de los cubanos de la Isla no reciben remesas del  extranjero y prácticamente no tienen acceso a las tiendas que solo venden en dólares; 2) muchas personas disponen de tarjetas bancarias o dólares, pero los precios son demasiado altos, o no encuentran en las shopping  lo que necesitan; 3) las tiendas que admiten CUC están desabastecidas; 4) los salarios son tan miserables que a muchas familias no les alcanza ni para adquirir la canasta básica de alimentos.

"El futuro pertenece por entero…" al trueque primitivo

Sin duda estamos ante otro "logro de la revolución" del cual estarían orgullosos Marx, Lenin, Gramsci, Mao, Pol Pot, Fidel Castro y el "Che" Guevara. Ellos no se imaginaron que el comercio sin necesidad del dinero, que tanto aborrecían Pol Pot y Guevara, se adelantaría tanto al comunismo que ellos aseguraban vendría  luego de construir el socialismo.

Y de haber creído alguien en la consigna ideológico-delirante-poética de "El futuro pertenece por  entero al socialismo", que tanto repetía el finado comandante en jefe, ya sabe con plena seguridad que cambiar leche por picadillo es parte de ese futuro.

Fue ese el "futuro luminoso" prometido por Fidel en abril de 1961, en la esquina de 23 y 12 en el Vedado, al quitarse la careta y proclamar el carácter comunista de "su" revolución. Un futuro en virtud del cual hoy los cubanos son más pobres que nunca antes en toda su historia, disponen cada vez de menos alimentos, medicinas y productos fundamentales, y ven angustiados cómo les acecha el hambre masiva.

El colapso de la economía es inevitable si el general Castro no desmantela el modelo económico estalinista-centralista y abre la economía, en grande, al sector privado y a las inversiones extranjeras. Pero como el dictador  y su familia son millonarios y degustan las  exquisiteces que les preparan sus chefs particulares, no se ve la luz al final del túnel.

Encima, la prensa estatal ataca a este intercambio primitivo que obligadamente es de primaria subsistencia, mediante el chat ya citado. Lo califica en plural de "huecos negros del comercio en Cuba".

No, el único "hueco negro" en Cuba, y monstruoso, es el crimen de lesa humanidad que comete a diario contra todo el pueblo cubano la dictadura militar comunista y neofascista que encabeza Raúl Castro, quien hace mucho tiempo debió ser llevado ante el Tribunal Internacional de La Haya.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Miércoles, 16 de Septiembre de 2020 00:37
 
¿Nunca el Marxismo se Ha Aplicado Bien? PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Martes, 08 de Septiembre de 2020 02:51

Karl Marx Archives - Bandera Roja

Por ROBERTO ALVAREZ QUIÑONES.- 

No aceptar el fracaso del marxismo llegado al poder conduce a fantasías brotadas de tres factores: 1) se confunde el deseo con la realidad; 2) no se conoce a fondo al Marx estratega político; 3) no se ha sufrido el totalitarismo marxista en carne propia. Hoy la izquierda radical adopta con el marxismo una posición dual. Por una parte lo toma como un dogma de fe, una especie de religión que irónicamente niega el ateísmo marxista; y por la otra lo usa como plataforma política para tratar de alcanzar el poder. Ambas corrientes apoyan a la dictadura comunista cubana, no importa lo que haga. Pero se ofenden si les llaman comunistas. Ese vocablo les huele a fracaso. ¿Se puede ser marxista y no ser comunista?


¿Nunca el Marxismo se Ha Aplicado Bien?

ROBERTO ALVAREZ QUIÑONES


No es razonable que 31 años después de haber sido sepultado en las murallas del Kremlin el experimento social diseñado por Karl Marx, que en China y Vietnam le cercenaran la parte económica (impedía el desarrollo), y Cuba y Corea del Norte, (únicos sobrevivientes ortodoxos) sueltan sus ruinosos pedazos, el marxismo cobre fuerza internacionalmente, incluso en Estados Unidos.

Cuando comento esta paradoja con algunos buenos amigos latinoamericanos me dicen que no, que ni en Cuba ni en ningún otro país ha habido nunca marxismo porque jamás se ha interpretado ni aplicado correctamente. No me precisan qué es la “revolución cubana” pero afirman que no es marxista.

La mayoría de los profesores universitarios en Occidente, particularmente en EE.UU, muchos intelectuales (Hollywood es un buen ejemplo) y la izquierda radical, aseguran que el sistema totalitario instalado en 35 países en el siglo XX no fue marxismo sino una distorsión execrable de las doctrinas de Marx, de lo cual culpan a Lenin, Stalin, Trotski, Mao, Ho-Chi Minh, Kim Il Sung, Tito, Pol Pot, Fidel Castro y todos los dictadores comunistas.

El marxismo mató más gente que las dos guerras mundiales.

Y a mí suena hasta lógico ese rechazo. Nadie quiere cargar moralmente con los 100 millones de cadáveres (ejecutados o muertos de hambre) que dejó el comunismo, según documentó un grupo de historiadores, casi todos de izquierda, en los años 90. El marxismo llevado a la práctica mató más personas que las dos guerras mundiales del siglo XX, las más letales de la historia, que causaron 90 millones de muertes, 20 millones la primera y 70 millones la segunda.

Hay también un problema semántico. Lenin y los bolcheviques calificaron de socialismo al comunismo marxista instaurado en Rusia en 1917, porque según Marx para llegar al comunismo primero hay que construir el socialismo. Pero nunca le quitaron el nombre al Partido Comunista. El socialismo marxista se construía en Rusia, y luego en muchas naciones, por partidos comunistas herederos del Partido Comunista creado por Marx, no por partidos socialistas, nombre que usan los socialdemócratas, que no son comunistas.

Les pregunto a mis amigos citados qué fue el Che Guevara, quien precisamente por su sólida formación marxista fue encargado por Fidel Castro de instalar en Cuba el sistema de economía estatal centralmente planificada, corazón de la “dictadura del proletariado”, y sus respuestas son imprecisas.


lider vietnamita Ho Chi Minh

El líder vietnamita Ho Chi Minh con marinos de la Alemania comunista en 1957. (Foto: Gobierno Federal Alemán).

Stalin era más marxista que Lenin, y el Che más que Fidel

Guevara era comunista y más que Castro, como Trotski lo fue más que Lenin porque promovía la “revolución permanente” a nivel mundial que proponía Marx. Y Stalin, a quien la izquierda acusa de haber denigrado al marxismo, también fue más marxista que Lenin pues abolió los negocios privados que permitió Lenin con la Nueva Política Económica (NEP) desde 1921. Según Marx no podía haber propiedad privada en la construcción del socialismo.

Cuando se constituyó la Liga de los Comunistas en 1848, su programa político fue redactado por Marx y Engels y titulado “Manifiesto del Partido Comunista”, que termina con un llamado a la guerra civil:

-- “Dejen a las clases dirigentes temblar en una revolución comunista. Los proletarios no tienen nada para perder, salvo sus cadenas. Ellos tienen un mundo para ganar.¡Trabajadores del mundo, uníos!

Fue una incendiaria convocatoria a las armas para “el derrocamiento de la burguesía” en todo el mundo, como reza el primer artículo de los estatutos de la Liga.

Y fue lo que hizo el Che Guevara 119 años después al llamar a “Crear dos, tres, muchos Vietnam” para acabar con el capitalismo mundialmente. Y lo hizo Fidel Castro al intervenir militarmente en 22 países con tropas regulares, o con grupos guerrilleros enviados desde Cuba, o entrenados y armados en la isla, para tratar de imponer el comunismo.

Igualmente es marxista Raúl Castro. Desde muy joven ingresó en la Juventud Socialista, ala juvenil del partido de los comunistas cubanos, el PSP. Que el dictador y su claque militar conformen una mafia interesada solo en enriquecerse mientras el pueblo pasa hambre no excluye que sean marxistas. Al contrario, hay hambre en Cuba porque hay marxismo.

Lo hay desde que en octubre de 1960 se estatizaron las industrias y se empezó a aplicar la teoría marxista al pie de la letra: se abolió la propiedad privada, se instauró la planificación central comunista, la ley del valor ya no rigió más la actividad económica. Eso sigue vigente. Hoy el Estado castrista genera el 93% del PIB (en China produce solo el 35% del PIB).

“El Moro”, incendiario y antidemocrático hasta la médula

El colmo es que muchos académicos ahora insisten en que el marxismo es una “megateoría” de ideas filosóficas, económicas, sociales e históricas imprescindibles para reformar la sociedad y hacerla más democrática y justa.

Falso. Eso es una cortina para ocultar que Marx fue antidemocrático hasta el tuétano. Fue enemigo acérrimo de la Constitución Francesa de 1795 durante la Revolución, que tuvo como preámbulo la Declaración de los Derechos y Deberes del Hombre y del Ciudadano del mismo año. Pero apoyó la Comuna de París (1871) que calificó de “primera dictadura del proletariado en el poder”. Se disponía a estatizar la economía francesa pero no tuvo tiempo, solo duró 60 días.

“El Moro”, como le llamaban sus allegados pese a que era judío (a quienes odiaba e insultaba), no fue un pacífico académico interesado en crear una “megateoría” filosófico-social para leerla tranquilamente en las biblioteca.

Cultor de la violencia, partera de la historia

En “El Capital”, Marx escribió (capítulo 24, primer tomo): “La violencia es la partera de toda sociedad vieja preñada de una nueva. Ella misma es una potencia económica”. Es una frase que sintetizada es más conocida así: La violencia es la partera de la historia.

En 1845, a los 27 años de edad, en sus “Tesis sobre Feuerbach”, ya el joven Marx presentó sus credenciales como violento agitador político iconoclasta: “Los filósofos –escribió--no han hecho más que interpretar de diversos modo el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”.

Y para transformarlo aportó su doctrina como instrumento “revolucionario” para acabar por la fuerza con el orden burgués, implantar la “dictadura del proletariado”, construir el socialismo para alcanzar el comunismo —¿1.000 años después?—, la sociedad paradisíaca sin Estado ni gobierno, ni moneda, y todos trabajando por pura conciencia, algo que perdonando la palabra me parece una “mariguanada”.

No hay varios marxismos sino uno solo, el de Marx, y es retrógrado, contrarrevolucionario, porque hace regresar la sociedad a los tiempos de las monarquías absolutas cuando el Estado lo era todo, y el individuo nada.

Otro detalle. A diferencia de las tantas utopías elucubradas a lo largo de la historia, si la marxista fue la única que se pudo llevar a la práctica y durante tanto tiempo fue porque el astuto Marx aportó los instrumentos necesarios para tomar el poder y mantenerlo: Partido Comunista militarizado, “El Capital” con su crítica al capitalismo, y tesis “revolucionarias” para movilizar trabajadores”.

No han sufrido el comunismo en carne propia

No aceptar el fracaso del marxismo llegado al poder conduce a fantasías brotadas de tres factores: 1) se confunde el deseo con la realidad; 2) no se conoce a fondo al Marx estratega político; 3) no se ha sufrido el totalitarismo marxista en carne propia.

Hoy la izquierda radical adopta con el marxismo una posición dual. Por una parte lo toma como un dogma de fe, una especie de religión que irónicamente niega el ateísmo marxista; y por la otra lo usa como plataforma política para tratar de alcanzar el poder.

Ambas corrientes apoyan a la dictadura comunista cubana, no importa lo que haga. Pero se ofenden si les llaman comunistas. Ese vocablo les huele a fracaso. ¿Se puede ser marxista y no ser comunista?

No. El marxismo es comunismo y el comunismo es marxismo, son sinónimos, la misma cosa. La palabra comunismo Marx la rescató de las comunas de Platón para diferenciarse de los demás socialistas, a quienes llamaba “parlamentaristas idiotas” porque propugnaban tomar el poder mediante elecciones y no por la fuerza.

Mientras más a fondo uno estudia a Marx, más aflora su desprecio por el pluralismo democrático moderno.

¿Es progresista el marxismo? Intentaré dar mi respuesta a esta interrogante en otro artículo.

(Alvarez Quiñones es escritor y periodista radicado en el sur de California. Durante más de tres décadas ha escrito sobre el curso de la economía mundial. Es experto en temas latinoamericanos, con énfasis en asuntos cubanos).


Tomado de CONTACTOMAGANZIN

Última actualización el Domingo, 13 de Septiembre de 2020 21:20
 
Elecciones en los Estados Unidos: ¿Trump o Biden? PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Martes, 01 de Septiembre de 2020 23:43

Por Jorge Hernández Fonseca.- 

De manera poco usual en los Estados Unidos, la elección presidencial de este 2020 se ha tornado mucho más antagónicamente excluyente que de costumbre. Los partidarios de Biden acusan a Trump y sus simpatizantes de tener métodos y objetivos “fascistas” y los partidarios de Trump acusan a los simpatizantes de Biden de “socialistas”. Una polarización muy peligrosa.


En las condiciones actuales, que los factores pandemia y violencia social han emparejado la disputa, otros factores inherentes a la elección serán los que decidirán. Biden ha expresado su intención de aplicar la política de Obama hacia Cuba. Su compañera de fórmula ha dicho que “levantaría el embargo a la isla”. Además, la Cuba castrista ha manifestado su simpatía hacia Biden. Todo lo anterior, para el exilio, decantaría mayoritariamente el voto cubano hacia Trump.

Última actualización el Jueves, 10 de Septiembre de 2020 05:06
 
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