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"TRUENAN" A MORATINOS EN ESPAÑA: TRINIDAD JIMÉNEZ ES LA NUEVA CANCILLER, "SALIERON DE GUATEMALA PARA IRSE A GUATAPEOR" PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Miércoles, 20 de Octubre de 2010 11:09

El presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, anunció este miércoles una “importante renovación” de su gabinete que incluye a Alfredo Pérez Rubalcaba como nuevo número dos y a Trinidad Jiménez como nueva ministra de Asuntos Exteriores.

“Ha llegado el momento de hacer una importante renovacion del gobierno”, anunció Zapatero, que añadió que el nuevo ejecutivo va a “volcarse con un esfuerzo renovado en la tarea prioritaria: completar las reformas económicas y sociales necesarias para la recuperación de la economía”.

La vicepresidenta primera del gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, en el puesto desde el primer gobierno de Zapatero, en 2004, es sustituida por el actual ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, que mantendrá su cartera y además será portavoz del gobierno, anunció Zapatero en conferencia de prensa.

Además, el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Angel Moratinos, quien ostenta el cargo desde el primer gobierno de Zapatero, en 2004, es remplazado por Trinidad Jiménez, actual ministra de Sanidad y anterior secretaria de Estado para Iberoamérica.

Los ministerios de Igualdad y Vivienda, que ostentan Bibiana Aído y Beatriz Corredor, se suprimen.

El titular de Trabajo, Celestino Corbacho, cuya salida ya estaba prevista, tiene como remplazante a Valeriano Gómez, y la número tres del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Leire Pajín, es la nueva titular de Sanidad.

Otros dos responsables del PSOE entran en el ejecutivo. Ramón Jáuregui, actualmente eurodiputado y en el pasado responsable en varios gobiernos regionales del País Vasco (norte), es el nuevo ministro de la presidencia.

Y Rosa Aguilar, ex alcaldesa de Córdoba (sur) con el partido Izquierda Unida y miembro del gobierno regional de Andalucía (sur) desde 2009, es ministra de Medio Ambiente, Rural y Marino en sustitución de Elena Espinosa, quien, como Moratinos, estaba en el puesto desde 2004.

 

Miguel Ángel Moratinos, hoy en el Congreso, ABC, España
Acabada la votación de los Presupuestos de 2011, han abandonado el hemiciclo todos los ministros, con caras más o menos alegres. Todos menos uno. En su escaño ha permanecido el titular de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, que no ha podido contener la emoción por su repentino relevo en el cargo y se le han escapado las lágrimas. Algunos diputados socialistas han acudido a su lado para consolarle y transmitirle sus ánimos, entre ellos Elena Valenciano. Moratinos no dejaba de recordar que lleva 6 años como ministro de Exteriores, el político que más ha aguantado en ese cargo después de Fernández Ordóñez. El presidente del Congreso, José Bono, comentó después en el pasillo que Moratinos es una persona muy sentida, por lo que era normal esa reacción.
Precisamente, Bono era uno de los que han mostrado más alegría esta mañana en los pasillos del Congreso. Quizás tenía que ver que la destitución de María Teresa Fernández de la Vega no supondrá la salida de él mismo como presidente del Congreso, tal y como algunos pensaban. Bono seguirá en la presidencia de la Mesa. "Es algo que no depende de mí", comentó.
Durante la mañana y en la hora que ha durado el debate presupuestario ha habido un constante movimiento de ministros en el hemiciclo. Una de las más animadas y más felicitada ha sido Trinidad Jiménez, que parece haber recuperado su alegría tras haber perdido las elecciones primarias en Madrid. Zapatero ya la premió hace años cuando también perdió las elecciones municipales en el Ayuntamiento de la capital, con la secretaría de Estado de Iberoamérica primero y el Ministerio de Sanidad, después.
Quien no ha aparecido ha sido la ministra de Igualdad, una de las grandes apuestas de Zapatero que se ha diluido como un azucarillo. Lo mismo que Beatriz Corredor, que tenía el triste honor de ser la ministra (de Vivienda) más desconocida del Gobierno de Zapatero.
Elena Espinosa, sin embargo, se ha tomado su relevo muy bien y no ha dejado de ir de escaño en escaño en el banco azul saludando, o despidiéndose del resto de ministros. La vicepresidenta De la Vega solo ha aparecido cuando tomó la palabra el portavoz socialista, José Antonio Alonso. Al final de la votación, se fundió en un sentido abrazo con Salgado, quien pareció consolar también a la vicepresidenta primera por su marcha del Ejecutivo.
El más tranquilo, aparentemente, era el ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, quien ya conocía su destitución desde hacía semanas. No dejó de sonreír y de mostrar una tranquilidad absoluta. A Rubalcaba las cámaras de televisión y los fotógrafos a punto estuvieron de arrollarle. Ha sido el personaje político del día, por el peso que adquiere ahora en el Gobierno como número dos de Zapatero.


Trinidad Jimérez

Ministra de Asuntos Exteriores

FERNANDO MAS, El Mundo Madrid, España

El sueño de Trinidad Jiménez era ser ministra de Exteriores. Sus aspiraciones políticas no pasaban, en absoluto, ni por ser responsable de Sanidad ni por luchar por el puesto de presidenta de la Comunidad de Madrid, para el que perdió las primarias ante Tomás Gómez. Pero, finalmente, su lealtad y constancia junto a Zapatero tiene recompensa.

En 2003, cuando la persona a batir era Alberto Ruiz Gallardón, de la capital no tenía ni la más mínima idea. Nunca había participado en su vida política, ni en la del partido. Era una intrusa. Y como tal fue recibida. Sus compañeros del PSOE madrileño, con Leguina (presidente de la Comunidad de Madrid dede 1983 hasta 1995) a la cabeza, la despreciaron y detestaron desde primer minuto, le hicieron la vida imposible y nunca la consideraron... «uno de los nuestros». Cuando perdió , la madrugada del 26 de mayo de 2003, estaba agotada, abatida y con el cuerpo lleno de puñales amigos. Trinidad Jiménez no pudo contener las lágrimas y se dejó ir en un llanto prolongado. Se frenaba una carrera iniciada un año atrás, cuando, de la mano de una chupa de cuero, se hizo notar, pisó fuerte, dijo aquí estoy yo y se convenció de que podía ser alcaldesa de la capital.

Había sido Rodríguez Zapatero, entonces jefe de la oposición, quien en 2002 le confió a Trinidad Jiménez (Málaga, 4 de junio de 1962) la tarea de recuperar la capital para los socialistas, en la convicción de que a Moncloa se llegaba ganando Madrid. No fue sólo un capricho del hoy presidente. Fue una apuesta personal. Y la devolución de un favor. Sí, de un favor. Dos años atrás, en julio de 2000, Trinidad cobijó en su piso de la Cuesta de San Vicente a un joven diputado leonés de ojos azules que llegó a la ciudad cargado con una maleta roja.

Se jugaba por aquéllos días el futuro del PSOE, un partido desestructurado en busca de un nuevo referente tras años de convulsiones. Las apuestas daban la victoria a José Bono, el todopoderoso presidente de Castilla-La Mancha. Optaba también a la Secretaría General la guerrista Matilde Fernández. Y Rosa Díez. Pero la llamada Nueva Vía, formada por jóvenes practicamente desconocidos, derrotó a Bono por nueve votos.

Jiménez jugó el partido del lado de Zapatero. No se limitó a acogerlo en su casa; se empleó a fondo para abrirle las puertas imprescindibles —entre ellas las de Felipe González— que le permitieran avanzar con ciertas garantías hasta la Secretaría General del PSOE. Zapatero le dio un puesto en la Ejecutiva como responsable de Relaciones Internacionales. Era su camino natural. No en vano, ella, abogada, había intentado ser diplomática y se había casado (y divorciado) de un diplomático. El camino no era ese, sin embargo. Meses después, y en contra de los intocables socialistas madrileños, el jefe la convirtió en candidata a la Alcaldía de Madrid.

Se pasó meses en la calle. Se inventó un maratón insufrible y mediático para conocer la ciudad pero, sobre todo, para darse a conocer. Se peleó más con los suyos —enemigos implacables— que con los del otro lado. Se fajó y lloró en soledad.

Perdió en 2003, pero entonces, la que decían sus compañeros que era una niña pija mimada por Rodríguez Zapatero se propuso demostrar y demostrarse que era capaz. Sólo eso: que era capaz. Trabajó, aprendió, resistió rebeliones y traiciones y aguantó tres años hasta que llegó la llamada del presidente Zapatero, que en septiembre de 2006... la mandó a recorrer América Latina.

Los mismos que antes la ninguneaban porque no tenía idea sobre Madrid ni estaba preparada para aguantar un debate en el Ayuntamiento de la capital, ahora lo hacían porque ni siquiera su jefe, su amigo, la veía capaz de ser ministra y la despachaba con una absurda Secretaría de Estado.

Orgullosa, tenaz, persistente y, sobre todo, fiel, supo esperar, convencida de que ella estaba y debía estar a las órdenes de Zapatero. El lunes 6 de abril de 2009, por la tarde, sonó su teléfono. Era el presidente. «Mañana vas a ser ministra», le dijo. Quédate en Madrid. Ella, guardó silencio. Al día siguiente, por la mañana, se enteró de que iría a Sanidad. ¿Qué sabía Trinidad Jiménez de Sanidad? Nada. Pero se defendió e incluso, en medio de la crisis de la gripe A, se convirtió en uno de los ministros más valorados. Pero Zapatero, y he ahí la clave de este nombramiento, le añadió un apellido al Ministerio: Políticas Sociales. Para eso la sacó del banquillo, porque el presidente sabía que en ese terreno se jugaba el partido. No sólo porque tuviera ganas de saldar una deuda de gratitud con ella.

Al final, el que fuera joven diputado leonés, el que la pusiera frente a Gallardón y Tomás Gomez, el que tardó en nombrarla ministra, le ha dado lo que deseaba: la cartera de Exteriores.

Última actualización el Miércoles, 20 de Octubre de 2010 12:11
 

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