OBAMA, LA CRISIS ECONÓMICA Y LA REFORMA DE LA SALUD Imprimir
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Sábado, 06 de Noviembre de 2010 10:06

 

Por JORGE HERNÁNDEZ FONSECA

Cuando Barack Obama, en Diciembre de 2008 --ya presidente electo de Estados Unidos-- proclamó sus prioridades como futuro presidente (eran muy pocas tareas, cuatro o cinco a lo sumo) había dos de ellas que, para un observador de la realidad norteamericana desde Brasil, resultaban un poco extrañas, a partir de la constatación de una crisis económica en EUA de proporciones astronómicas: la reforma del sistema de salud norteamericano y el incentivo al uso energías renovables. Esta última tenía cierta explicación, si se entiende que los altos precios del petróleo extranjero hubieran sido parcialmente culpados por la mega crisis presente.

 

Claro que estos 2 puntos enumerados en aquel entonces por Obama revisten una importancia fundamental para cualquier nación. Sólo que Obama fue electo en medio de una crisis económica, doméstica y financiera de la que no se tiene precedentes desde inicios del siglo XX y la lógica simple indicaba que la principal tarea era resolver la crisis de manera perentoria.

 

Petróleo a 150 dólares el barril hace estallar cualquier economía y claramente que había que tomar medidas inmediatas, además lógicamente de iniciar un camino de desarrollar fuetes alternativas de energía, pero sólo con un efecto a medio y largo plazo. En aquel momento, las prioridades tenían que ser el corto plazo, con las familias norteamericana perdiendo sus casas. El gobierno anterior --de George Bush-- había hecho aprobar un apoyo financiero a la banca de cifras astronómicas, ayuda complementada por Obama al llegar a la Casa Blanca, deteniendo del desastre bancario y el alguna que otra gran empresa automotriz, entre las principales.

 

No obstante lo importante de la salud del sistema bancario y de las grandes empresas, los reflejos de estos problemas en la población que había elegido a Obama para resolver la crisis (los que perdían sus residencias por el accionamiento de hipotecas) no tuvieron una solución “social”, que hubiera sido deseada entonces por decenas de miles de familias estadounidenses, que vieron como ejecutivos bancarios, que los habían engañado antes, continuaban disfrutando de “primas” y privilegios, independientemente de haber (ellos) quebrado a todo el país.

 

Después de haber hecho aprobar la ayuda millonaria a los bancos, los intereses presidenciales se focalizaron en la reforma del sistema de salud, mientas miles de familias norteamericanas perdían sus casas y sus trabajos, terreno de acciones que Obama simplemente abandonó.

 

Los intereses de la gran mayoría de norteamericanos entonces eran la pérdida de sus casas y la ausencia de puestos de trabajo, muy lejos de la prioridad presidencial. Tiene que haber habido una discusión de prioridades en el seno del equipo presidencial y es evidente que alguno de sus miembros hubiera enfocado la cuestión de la manera que lo hacemos en esta. Sin embargo, alguna otra razón forzó el consenso, desviando la atención prioritaria hacia la reforma de la salud. Hay que decir que esta reforma era de interés personal de Obama, aunque no era de la mayoría de los estadounidenses atrapados en una espiral económica y residencial.

 

Conjeturando, podemos decir que una alternativa entonces hubiera podido ser el argumento siguiente, expresado en el seno del equipo presidencial: la reforma del sistema de salud pudiera adelantarse y ser resuelto en los primeros dos años del gobierno Obama, cuando contaba con mayoría en ambas casas legislativas (después sería una incógnita) para concentrase los últimos dos años en la solución de los problemas económicos y de las residencias perdidas, a lo cual el partido republicano, aunque ganara la mayoría (como lo acaba de hacer) no debería oponerse por razones obvias y le garantizaría un segundo mandato por mejora de la economía.

 

Este razonamiento sin embargo choca con una realidad palpable: dos de los más importantes asesores de Obama (y que por tanto estuvieron envueltos en las decisiones que analizamos antes) renunciaron a sus altos cargos en el Gabinete presidencial antes de la debacle de las elecciones legislativas del martes 2 de Noviembre, lo que indica que algo de lo acordado al inicio --y ejecutado en estos dos años-- no se hizo precisamente como se debería haber hecho.

 

¿Habrían estado los funcionarios renunciantes en contra de jerarquizar de inicio la reforma del sistema de salud y ahora, comprendiendo el error en la toma de decisiones quisieron dejar claro su descontento con Obama? Sólo lo sabremos en el futuro, si alguno de ellos se decide a escribir algo al respecto, después de su paso por la Casa Blanca, escrito como memorias.

 

El día después de reconocer su derrota en el Capitolio, Obama inició una ofensiva internacional saturando de dólares el mercado mundial, (dólares obtenidos sin contrapartida de ningún tipo, solamente “echando a andar la maquinita”). EUA se queja de que China no pone su moneda a flotar, vinculándola al dólar en una paridad fija, lo que le da a China fuertes ventajas competitivas. La solución de Obama ha sido inundar de dólares el mercado, para provocar una devaluación de su moneda y ganar competitividad en aquellos países que sí utilizan el mecanismo de moneda flotante, lo que Brasil ha clasificado como una “guerra de monedas”.

 

La estrategia de Obama es devaluar el dólar frente a Europa, Brasil y otros países, para de esa manera intentar vender en esos mercados productos norteamericanos de manera ventajosa (y aumentar el empleo dentro de EUA). Esta guerra de monedas provocará el proteccionismo comercial, ya que los países ven en esta estrategia de EUA la voluntad de tratar de difundir su crisis entre muchos países, para que cada cual pague una parte de lo que ahora sufre EUA.

 

De manera que, el inicio de la solución de los problemas económicos muy probablemente provocará una guerra comercial y aumentará el proteccionismo, alargando el final de la crisis, lo que dudosamente dará tiempo a Obama de resolver el problema del empleo en poco tiempo.

 

Un problema de prioridades invertidas, en medio de una crisis de grandes proporciones al inicio de su gobierno, le ha ocasionado a Obama una derrota histórica, que seguramente le hará pagar un alto precio en su segundo período de dos años al frente de la Casa Blanca. Los altos asesores del presidente que renunciaron tendrán un óptica mejor de esas consecuencias.

5 de Noviembre de 2010

 

 

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