LA FELICIDAD. Imprimir
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Sábado, 06 de Febrero de 2010 18:58
Por JOSÉ M. BURGOS

El concepto sobre la felicidad varía de acuerdo a la persona, como varían los gustos y preferencias. Por lo tanto, lo que es agradable para un individuo, no siempre lo es para otro.
Hay personas que disfrutan practicando o viendo su deporte favorito, otra, haciendo ostentación de sus bienes materiales, para otras, la felicidad consiste en viajar y conocer diferentes culturas,  hay quienes la encuentran sintiéndose poderosos. Pero lo cierto es que nadie, absolutamente nadie, es completamente feliz durante todo el tiempo.
No puede ser feliz aquel que actúa mal y, deliberadamente, causa daño a otros para conseguir algo. Aquel dice que el fin justifica los medios, sin importarle cuáles sean los medios que lo conducen al fin que busca.
La felicidad debe estar basada en la paz que nos da tener la conciencia tranquila y, al final de la jornada diaria, poder poner nuestra cabeza sobre la almohada y conciliar el sueño sin que ésta nos acuse. La conciencia es, al fin de cuentas, nuestro juez más severo e implacable.
La felicidad es un estado de ánimo que supone una satisfacción y nadie puede estar satisfecho por causar dolor, nadie puede ser feliz, si se siente odiado, nadie puede ser feliz, si su conciencia está sucia.
Quien está feliz, se siente satisfecho, complacido y alegre. Aunque obviamente, este concepto es subjetivo y relativo, pues no existe un termómetro que mida la felicidad como se mide la temperatura, por ejemplo.
Se experimenta una sensación de bienestar y, hasta cierto punto, de felicidad cuando se alcanza un objetivo o cuando se recupera la salud perdida o cuando se reencuentra con un ser querido.
Generalmente, las personas que se sienten realizadas y llevan una vida tranquila, son más serenas y estables. Por lo tanto, más felices, en tanto que aquellas que llevan una vida cargada de responsabilidades, tienden a excitarse más y cuando no logran sus objetivos, a una frustración que conduce a la pérdida de la felicidad.
Es más frecuente ver una sonrisa espontánea en un campesino que en un alto ejecutivo, a pesar de que el primero no tiene las riquezas del segundo.
Es obvio que el dinero puede dar seguridad y que no da la felicidad, pero ayuda. No obstante, cuando el amor por el dinero se convierte en una obsesión, éstá convierte al amante de las riquezas en su esclavo.

José M. Burgos S.
Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla
6435 SW 129th PL # 102
Miami, Florida 33183
305-388-2062
Última actualización el Sábado, 06 de Febrero de 2010 19:01