Las diez grandes lecciones de la crisis europea Imprimir
Domingo, 11 de Diciembre de 2011 11:08

Una mala apreciación de la dramática coyuntura lleva a un tratamiento inadecuado. Y hay un abismo entre la velocidad de reacción de los mercados y la lentitud con la que se negocian las soluciones

1)         El mayor error estratégico de los lideres europeos comandados por "Merkozy" (*), frente a la profunda reticencia de los mercados a comprar los bonos soberanos de deuda de los países de la eurozona, es tratar la crisis como si fuese de origen fiscal cuando todo indica que se está ante una severa crisis deflacionista derivada de la gran debacle financiera originada en los Estados Unidos en el 2008. El salvataje en gran escala de los bancos llevado adelante por los gobiernos de las grandes potencias de Occidente incrementó de manera brutal y velocísima el gasto público y por ende el déficit fiscal, además de aumentar también otras erogaciones, como los subsidios por desempleo, la ayuda a grupos económicos en riesgo de quiebra por la falta de financiamiento y la reducción de la  demanda interna y externa.

2)         De este extraordinario fallo de apreciación acerca de las causas del deterioro fiscal, se deriva otro gran error: tratar a un anémico como si fuese un obeso. Este último necesita de una severa dieta alimentaria para bajar de peso por el riesgo de que su organismo colapse; el anémico en cambio necesita con urgencia el suministro de alimentos y vitaminas para evitar el mismo resultado pero en este caso por falta de energía vital. Europa está anémica pero no obesa, porque todos los indicadores apuntan a fuertes pérdidas de producción, ingresos y empleos.

3)         La tercera gran lección es que no se puede lograr una reducción sustancial del déficit, el gasto y la deuda públicos en un escenario dominado por una importante y creciente contracción económica y un extendido desempleo. Cuanto mayores sean las medidas de ajuste, más reducción de los niveles de actividad se producirá, con lo cual los ingresos no podrán subir en la medida que reclaman los ajustadores. De ahí los continuos fracasos en lograr que se cumplan las metas reduccionistas. El restablecimiento del equilibrio fiscal sólo puede lograrse en el contexto de una economía dinámica, no en medio de un escenario deflacionista.

4)         El efecto-dominó en el conjunto de la eurozona, o sea un fenómeno de contagio contractivo, terminará por abarcar no sólo a las 17 naciones que integran la eurozona, sino también a las 27 que forman la Unión Europea. El ejemplo más elocuente será Alemania, cuyas exportaciones -un tercio de su PIB- hacia los 26 países restantes representan más del 50 % de sus ventas totales al mundo. La canciller Angela Merkel, con su insistencia absurda de más y más medidas de ajuste fiscal, está hundiendo las bases económicas de su propio país, lo que no ha pasado inadvertido a los inversores mundiales, que dejaron de ofertar en medida significativa por los últimos bonos emitidos por su gobierno pese a la calificación crediticia AAA.

5)         Frente a una crisis de gran envergadura, el Banco Central Europeo (BCE) tiene severas limitaciones para actuar en forma decisiva en respaldo de los bonos de los distintos países de la eurozona, agravando así la propia crisis fiscal que pretenden combatir. Es un típico caso en el que los objetivos fiscales chocan abiertamente con los dogmas vinculados a la autoridad monetaria central. La autoridad, la decisión y el poder de fuego de un gran Banco Central es un factor decisivo en una crisis de esta magnitud, porque evita que los intereses de la deuda pública a emitir sean tan elevados que destruyan de entrada todo intento de sanidad fiscal. Esto es exactamente lo opuesto a lo que dice Mario Draghi, el presidente del BCE, quien condiciono una acción enérgica en materia de intervención en el mercado al logro de un severo pacto fiscal. Es  realmente poner el carro delante de los bueyes.

6)         Otro error es pedir a los bancos que se recapitalicen incluso en medida superior a la etapa pre-crisis, cuando tienen que actuar en un escenario macroeconómico dominado por políticas deflacionistas, las que crean una verdadera maquina de default cuyo resultado son serias pérdidas patrimoniales para los bancos, por lo que necesitan nuevos aportes de capital, generándose de este modo un creciente círculo vicioso. Así como no se puede lograr el equilibrio fiscal en la recesión, tampoco se puede lograr la recapitalización de los bancos. Debería ser el Banco Central de Europa el que estructurase una política para lograr ese objetivo, pero está atado de pies y manos por el dogmatismo monetario de la dirigencia alemana, revelándose una vez más el profundo conflicto entre la ideología y la realidad que ha sido siempre a lo largo de la Historia el signo inequívoco de las grandes crisis.

7)         La séptima lección de la conmoción por la que atraviesa la eurozona es tomar nota de la aguda diferencia entre la velocidad fulminante con la que reaccionan los mercados y la exasperante lentitud con la que se desenvuelven las negociaciones internacionales cuando se trata de llegar a acuerdos satisfactorios para todas las partes. Nuevamente la impotencia estatutaria del Banco Central Europeo le impide  salvar esa enorme brecha de velocidad entre los mercados y los procesos institucionales, haciendo visible el disloque estratégico en que está envuelto el pensamiento dirigencial europeo, principalmente el de Alemania y Francia, que parecen resueltas a arrastrar a Europa al abismo, al subestimar la potencia destructiva de mercados en pánico.

8)         Es notable la falta de realismo de Alemania y Francia al sostener que la crisis se resuelve con más integración económica, principalmente  fiscal, por lo que propugnan que las naciones que adoptaron el euro, cediendo su soberanía monetaria, cedan también su soberanía fiscal a un ente supranacional que determinaría cuánto déficit se puede tener, con la facultad de aplicar sanciones a los países que no cumplan con las metas fijadas. La integración no es una panacea, ni para el crecimiento, ni para la solvencia fiscal, ni para el equilibrio  macroeconómico. El factor verdaderamente decisivo es siempre y en todos lados la aptitud de los dirigentes para acertar con el diagnóstico de la problemática que enfrentan, así como la voluntad política de llevar adelante las medidas que las circunstancias reclaman.

9)         También hay una lección que extraer de la masacre electoral que vienen sufriendo los gobiernos que tomaron medidas deflacionistas en una situación macro ya contractiva o los que, anticipándose a severas derrotas en las urnas, abandonaron el poder para dejarlo en manos de "tecnócratas". Hay sin duda un profundo conflicto entre el voto democrático que se decide por mayoría y la adopción de medidas de austeridad para una sociedad ya castigada por los efectos de la crisis financiera del 2008. Nicolas Sarkozy en el 2012 y Merkel en el 2013 pueden muy bien ser derrotados en sus intentos de reelección, porque todas las sociedades europeas están padeciendo por una dirigencia política cuya orientación estratégica central está totalmente fuera de la realidad económica y social que padece la inmensa mayoría de la población.

10)       La crisis puede poner fin al objetivo final de gran importancia geopolítica de constituir los Estados Unidos de Europa, pasando los Estados nacionales a convertirse en estados al estilo norteamericano, con un poder central unificado que detenta la autoridad máxima de esa entidad unificada. Es evidente que el Reino Unido jamás  formará parte de un esquema semejante, mientras que Alemania y Francia, en ese orden, sólo lo apoyarían si se convierten de facto en los poderes dominantes de Europa. Un proyecto semejante, que tiene su puntapié inicial en el esquema de integración fiscal, sembrará el terreno para el surgimiento de fuerzas políticas de un intenso nacionalismo, que verán en la profundización de la integración un intento de dominación imperial por parte de las naciones más  poderosas de la región, esta vez no por medios militares sino políticos, económicos y financieros. La sucesión de derrotas electorales abriría el camino a formas autoritarias de poder ya conocidas. La impresión es que Europa vuelve a repetir los trágicos  errores de la década de 1930, especialmente Alemania, cuyo canciller de entonces -Bruning- aplicó duras medidas de austeridad en 1932 en un país con 6 millones de desocupados. En 1933, Hitler subió al poder con un enorme apoyo popular, portando la simple fórmula de terminar con el desempleo masivo. Ya se sabe en qué terminó.

(*) Así bautizó la prensa europea a la dupla Angela Merkel - Nicolas Sarkozy