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Artigos: Mundo
El posible triunfo de Obama PDF Imprimir E-mail
Escrito por Tomado de INFOBAE   
Sábado, 29 de Septiembre de 2012 11:24

Por Jorge Castañeda.-

Las últimas encuestas permiten vaticinar un triunfo relativamente holgado de Obama el 6 de noviembre. Muchas cosas pueden cambiar de aquí a entonces, sobre todo por los debates de octubre. Pero tres elementos parecen apuntar a la victoria de Obama.

Primero, gracias al voto adelantado un buen porcentaje, quizás el 40%, sufragará antes. Esto ya ha comenzado en muchos estados y la semana que entra se precipitan las fechas de apertura de este tipo de votaciones. Esto significa que el universo de votantes sobre el cual todavía pueden influir los candidatos es menor. No desaparece del todo, pero la mayoría de los especialistas considera que casi la mitad de los ciudadanos habrá votado antes del 6 de noviembre.

Segundo, las elecciones se juegan en pocos estados por el peculiar sistema norteamericano del Colegio Electoral, una especie de segunda vuelta. Como se recordará, en este país no gana el que sacó más votos populares, sino el que sacó más votos en el Colegio Electoral, compuesto por los 538 electores repartidos por cada estado. En cada uno todo o nada: el que gana California se queda con los votos electorales de California; el que gana Vermont, el estado más pequeño, se lleva todos sus votos en el Colegio.

Como algunos estados siempre votan igual -como California, Nueva York, Massachusetts, por los demócratas; Texas, Alabama, Utah, por los republicanos- la elección en el fondo se juega en ciertas entidades. Se llaman estados ”swing’’ o ”battleground’’ y son pocos: Florida, Virginia, Pennsylvania, Ohio, Colorado, Nevada y Wisconsin, quizás Michigan.

En la encuesta de ayer del NY Times, Obama tiene una ventaja de entre 7 y 10 puntos en Ohio, Florida y Pennsylvania; otras encuestas le dan ventajas más pequeñas pero significativas en Virginia, Colorado y Wisconsin. Si Romney no vence por lo menos en dos de los tres primeros estados mencionados, no hay cómo tenga los 270 votos electorales necesarios para ganar. Por esta razón, un número creciente de analistas empieza a dar por descontada la victoria de Obama.

El tercer elemento reside en los resultados de las encuestas nacionales sobre el desempeño de cada candidato en distintos ámbitos de la gestión presidencial. Obama se acerca o supera el 50% en la mayoría de las encuestas; la sabiduría convencional reza que el candidato arriba del 50% a un mes de las elecciones no puede perder. Pero además, en el tema de mayor importancia, a saber quién pueda conducir mejor la política económica, Obama empieza a rebasar a Romney, aunque sin gran entusiasmo de los votantes.

Si esto se confirma la próxima semana, va a resultar difícil que pierda la elección.

Permanecen tres dudas. Los pares americanos de los ”pejezombis’’ en Estados Unidos, a saber la ultraderecha, ha inventado ahora un sitio en internet (www.unskewedpolls.com) donde sostienen que las encuestas publicadas son falsas, que buscan generar la sensación que el triunfo de Obama es inevitable, para restarle fondos a Romney. Dicen que si las encuestas estuvieran bien hechas, mostrarían una ventaja del republicano. En todas partes se cuecen habas.

En segundo lugar, la gente más cercana a Obama, directamente vinculada con la participación electoral, teme lo que se ha llamado la ”disuasión electoral’’: los intentos republicanos por impedir el voto de negros, latinos y jóvenes, al exigir una identificación oficial con foto para poder sufragar. Conviene recordar que en Estados Unidos no hay Carnet de Identidad Nacional como en Europa o Chile, ni credencial del IFE como en México.

Tercera duda: ¿hasta dónde puede llegar la ola obamista? Lo más probable es que los demócratas conserven la mayoría en el Senado, ganando uno o dos escaños, y que los republicanos mantengan su mayoría en la Cámara de Representantes. Pero si la ventaja de Obama alcanza 6 puntos, no resulta imposible que los demócratas reconquisten la mayoría que perdieron en 2010. Todas estas son magníficas noticias para Estados Unidos y para México.

(Distribuido por The New York Times Syndicate)

 
Romney, Obama e Israel PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Miércoles, 26 de Septiembre de 2012 09:08

Por Daniel Pipes.-

"El presidente Obama ha sacrificado a aliados como Israel". Eso es lo que dijo Mitt Romney en su discurso de aceptación de la candidatura republicana para las elecciones presidenciales. De igual forma se había manifestado ya en mayo de 2011 y enero de 2012, por ejemplo.

No es el primer aspirante a la Casa Blanca en decirlo. Ya lo hicieron Herman Cain en mayo de 2011 y Rick Perry en septiembre de 2011; y Newt Gingrich en enero y Rick Santorum en febrero de este año.

De las múltiples cuestiones relacionadas con Oriente Medio, Israel y solamente Israel tiene una importancia permanente en la vida electoral estadounidense. Influye en el voto de cifras significativas de votantes, y no sólo de aquellos que son judíos; también de árabes, musulmanes, cristianos evangélicos, conservadores y progresistas.

Por otro lado, las posturas sobre Israel sirven como indicador de qué ideas se manejan sobre Oriente Medio. Sabiendo la opinión de alguien sobre Israel se puede tener una idea de qué piensa sobre la política energética, el islamismo, las guerras de Irak y Afganistán, la Turquía de Erdogan, la proliferación nuclear iraní, la intervención en Libia, la presidencia de Mohamed Morsi en Egipto o la guerra civil siria.

Las críticas republicanas a Obama apuntan un cambio sustancial en las actitudes hacia Israel. Hubo un tiempo en que la filiación religiosa era el factor clave: los judíos eran ardientes sionistas y los cristianos estaban menos comprometidos. Hoy, sin embargo, lo que prima es la orientación política. Para saber qué opina alguien sobre Israel, la mejor pregunta no es "¿Qué religión practica usted?", sino "¿Quién quiere usted que salga elegido presidente?".

Por lo general, los conservadores son más proclives a Israel que los progresistas. Los sondeos demuestran que los republicanos conservadores son los más fervientes sionistas, seguidos por los republicanos en general, los independientes, los demócratas y, por último, los demócratas progresistas.

Sí, tamvbién el exalcalde de Nueva York Ed Koch dijo, en septiembre de 2011, que Obama sacrificaba a Israel; pero Koch, de 87 años, representa a la evanescente vieja guardia del Partido Demócrata. Las diferencias entre demócratas y republicanos en lo relacionado con el conflicto árabe-israelí se están agravando, así como en los ámbitos económico y cultural.

A medida que Israel se convierta en un motivo de fricción entre demócratas y republicanos, preveo que el menguará apoyo bipartidista al Estado judío, que ha procurado a Jerusalén un estatus único en la política norteamericana. También preveo que Romney y Paul Ryan, como conservadores convencionales que son, encabezarán la Administración más próxima a Israel de toda nuestra historia, más de lo que lo fueron las de Bill Clinton y George W. Bush. Si, por el contrario, sale reelegido Obama, Washington dispensará a Jerusalén un trato más frío que nunca.

La ejecutoria de Obama en estos tres años y medio en cuestiones como las relacionadas con los palestinos y con Irán me permiten sostener tal vaticinio; pero también lo que sabemos de su peripecia previa a su llegada al primer nivel de la política (2004), en especial su vinculación con antisionistas radicales. Así, Obama escuchó con deferencia a Edward Said en mayo de 1998, y en 2003 asistió discretamente a una fiesta de despedida organizada en honor al ex portavoz de la OLP Rashid Jalidi, mientras Israel era acusado de practicar el terrorismo contra los palestinos. (En cambio, Romney es amigo de Benjamín Netanyahu desde 1976).

También revelador es lo que escribe Alí Abunimah, extremista antiisraelí afincado en Chicago, de su última conversación con Obama, a principios de 2004, estando el segundo en mitad de unas primarias demócratas para el Senado. Obama le recibió con calidez y le dijo: "Lamento no poder decir algo más sobre Palestina en estos momentos, pero es que estamos en medio de unas primarias muy reñidas. Espero poder ser más claro cuando las cosas se calmen". Más aún: en referencia a unos ataques vertidos por Abuminah contra Israel en el Chicago Tribune, Obama le alentó diciendo: "¡Sigue trabajando igual de bien!".

Cuando pone uno esto en relación con lo que dijo le Obama –fuera de micro– el pasado marzo al entonces presidente ruso, Dmitry Medvedev: "Son mis últimas elecciones. Cuando resulte electo, seré más flexible", y con la antipatía que aquél profesa por Netanyahu, tiene todo el sentido asumir que, si gana el 6 de noviembre, las cosas se calmarán para él y podrá ser, por fin, "más claro" sobre la sedicente Palestina. Entonces será cuando verdaderamente empiecen los problemas de Israel.

Tomado de LIBERTAD DIGITAL

 
¿Son los musulmanes nuestros enemigos? PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Martes, 25 de Septiembre de 2012 21:38

Por Huber Matos Araluce.-

Las recientes manifestaciones contra los Estados Unidos pueden conducir a conclusiones inexactas, como que la Primavera Árabe ha fracasado o, que los musulmanes odian a Occidente. En realidad sucede todo lo contrario, la Primavera Árabe es una de las  manifestaciones de un movimiento histórico hacia la dignidad, la libertad y el progreso en el mundo árabe que difícilmente tendrá retroceso.

El repudio y la agresividad contra Occidente debe que ser evaluado en su contexto geográfico y demográfico.  En el planeta hay mil seiscientos millones de personas que profesan el islamismo.  Entre ellos hay una pequeña minoría radical y violenta que está en guerra contra sus correligionarios moderados y contra los valores democráticos. Ese conflicto no comenzó ayer y no terminará mañana, durará mucho tiempo, quizás una buena parte de este siglo.

Después de la muerte del profeta Mahoma en el año 632 se produjo un cima que dividió a los fieles  en dos sectas principales: sunitas y chiitas. Las variantes religiosas en el islamismo son a veces manipuladas por grupos políticos, creando rivalidades que en algunos países  conducen al terrorismo como sucede en Iraq y en Siria.

La Primavera Árabe le ha dado fuerza al sector moderado del mundo islámico y ha debilitado a los extremistas, que solo pueden prosperar en un ambiente violento.  Desde el ataque del 11 de septiembre del 2001 Al Qaeda está siendo diezmada en forma sistemática.  Este grupo, que cautivó la imaginación de un sector del islamismo, ha dejado de ser una opción para la toma del poder.

Nunca se debió esperar que la Primavera Árabe fuera democracia instantánea, ni se debe ser pesimista en cuanto al futuro. Libia, que se describía como un “no país” de clanes rivales, pudo celebrar elecciones con una amplia y entusiasta participación popular.  El pueblo libio sabe lo que quiere y lo que rechaza. En Iraq,  a pesar de la sangrienta confrontación, sus ciudadanos no quieren regresar a un pasado dictatorial. Egipto, un país que desde los faraones ha sido gobernando por la fuerza, está experimentando una transformación lenta, incierta, pero revolucionaria.

El éxito de las fuerzas seculares, religiosas y democráticas en esa parte del  mundo depende en buena parte del apoyo económico y político que los Estados Unidos y sus aliados les presten. Es lógico suponer que los radicales tratarán de debilitar la voluntad de Occidente para evitar que continúe brindándoles respaldo.  El terrorismo y las manifestaciones callejeras son sus tácticas preferidas.

Las próximas elecciones en los Estados Unidos son una oportunidad para los islamitas radicales de cobrarle a Washington su incesante y eficaz guerra contra el terrorismo. Muchos de los líderes históricos de Al Qaeda han muerto, entre ellos su jefe principal, Osama Bin Laden. Para los terroristas este es el momento de castigar al presidente estadounidense.

Los cambios que están sucediendo en el Oriente Medio tienen la posibilidad de elevar el nivel de vida y el respeto de los derechos humanos a sus pueblos, en una escala histórica.  Dejarse influir por la violencia callejera y el terrorismo de grupos minoritarios es dejarse vencer por las fuerzas que solo con su desaparición harán posible que una buena parte de la humanidad pueda alcanzar  el progreso y la libertad sin miedo al terrorismo.

 
El Mazo de la justicia turca cae sobre los golpistas PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Sábado, 22 de Septiembre de 2012 12:07

Por: Jesús A. Núñez.-

Veinte meses después de que se hiciera pública existencia de un plan golpista contra el gobierno del Partido Justicia y Desarrollo (AKP), la justicia turca acaba de dar a conocer su sentencia contra los 365 implicados en la fracasada intentona de 2003. Los hechos difundidos en enero de 2010 por el periódico liberal Taraf hacían referencia a una operación liderada por el entonces jefe del I Ejército, el general Çetin Dogan, para provocar la caída del gobierno de perfil islamista que había ganado las elecciones de noviembre de 2002. La operación se ha conocido indistintamente desde su arranque como Bayloz o Sledgehammer (Mazo).

De la documentación filtrada entonces y de las investigaciones subsiguientes se deduce que altos mandos militares (pero también algunos periodistas y altos funcionarios del Estado) estaban dispuestos a reventar dos mezquitas en Estambul durante la siempre concurrida oración de los viernes, a derribar algún avión militar (responsabilizando a Grecia), a arrestar a periodistas desafectos y a cerrar organizaciones y empresas vistas como enemigas. Todo ello, según sus planes, provocaría un estallido social que desbordaría al entonces novel gobierno y permitiría a la casta militar turca recuperar un poder que ha considerado propio desde la creación de la Turquía moderna por parte de Mustafa Kemal (1923).

La sentencia condena al general Dogan a veinte años de cárcel (reduciendo la cadena perpetua inicial por considerar que los golpistas no lograron su propósito), junto al entonces jefe del Estado Mayor de la Armada y al jefe del Estado Mayor del Ejército del Aire. Otros acusados- entre los que hay varios generales- han sido condenados a 18 años de cárcel y un total de 175 implicados más han recibido penas de 13 años de prisión. Por el contrario, un total de 34 acusados, que han reconocido explícitamente la subordinación del poder militar a las autoridades civiles, han resultado absueltos.

Sorprende positivamente, por un lado, la celeridad de la justicia turca para rematar un asunto de enorme complejidad como este. Pero también hay que considerar que se trata de un proceso que ha estado sometido a una fuerte polémica desde su arranque. Para unos, con el AKP a la cabeza, se ha visto como un golpe definitivo para doblegar a un estamento militar reacio a aceptar la voluntad popular, aferrado a su papel de garante de la secularidad impuesta por el padre fundador. Para otros, no solo los propios militares sino también algunos partidos de oposición parlamentaria, ha sido desde el principio un plan de Erdogan para laminar la resistencia de los secularistas y para allanar la imposición de una supuesta agenda oculta de perfil netamente islamista en todos los órdenes de la vida nacional. No hay que olvidar tampoco los elementos económicos en juego, derivados de la emergencia de una pujante clase empresarial afín a los postulados del AKP, frente al poder de un holding militar que ha gozado de enormes privilegios prácticamente hasta hoy.

En mitad de este delicado debate, y a pesar del desgaste que siempre supone el ejercicio del poder, cabe recordar que los votantes turcos han vuelto a revalidar en junio de 2011 la victoria del AKP, por tercera vez desde noviembre de 2002, con un porcentaje de votos aún mayor al que había cosechado en los comicios de 2007.

Visto desde el exterior, hay que volver a insistir en que las deficiencias del AKP- entre las que destaca su afán persecutorio contra la libertad de expresión y sus déficits en el ámbito de los derechos humanos- no pueden llevar a contemporizar con un rancio golpismo que nunca podrá ser la solución a los problemas que pueda tener una Turquía cuyo destino debería estar en la Unión Europea.

Tomado de EL MUNDO, MADRID ESPAÑA

 
Atrapados en la blasfemia PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 16 de Septiembre de 2012 11:14

Por José Ignacio Torreblanca.-

No deja de ser una casualidad pero es revelador que la película “La vida de Brian”, una sátira sumamente irreverente sobre la vida de Jesús dirigida por Terry Jones, se estrenara en 1979, exactamente el mismo año en el que el Ayatollah Jomeini tomaba el poder en Irán y ponía en marcha una teocracia islámica.

Los caminos recorridos en estos 34 años no pueden ser más marcadamente diferentes pues mientras que Terry Jones fue acusado de blasfemo y fuertemente criticado por herir la sensibilidad de millones de cristianos pero pudo proseguir su carrera artística con éxito y sin temor, Salman Rushdie, recibió una condena a muerte del mismo Jomeini por su libro “Los versos satánicos” (1988), obligándole a vivir recluido y protegido el resto de su vida. La sima se abrió aún más con el asesinato del cineasta holandés, Theo Van Gogh (2004), por su película “Sumisión”, las viñetas danesas publicadas por el Jyllands Posten (2006), los incidentes en torno a la quema del Corán protagonizados por el Pastor Terry Jones (2011), curiosamente, homónimo del director de Monthy Python, y la violencia generada estos días en torno a la película “Inocencia de los musulmanes”.


La muerte del Embajador Stevens y otros tres diplomáticos estadounidenses, junto con los incidentes a los que asistimos en otras partes del mundo, demuestran que el debate sobre la tolerancia religiosa, la blasfemia y la libertad de expresión ha dejado de ser posible ya que se ha convertido en un elemento más en una estrategia de confrontación compartida por los extremistas a ambos lados.


Para los que se han marcado como objetivo demostrar la naturaleza violenta y fanática del Islam, las reacciones que vemos en el mundo musulmán no sólo son una confirmación de sus tesis, sino un acicate para seguir por una senda de conflicto que se está demostrando increíblemente fácil y enormemente fructífera. Por su parte, para muchos en el mundo árabe y musulmán, estos hechos tienden a confirmar que Occidente utiliza su marco de libertades para amparar ataques continuados contra sus principios y valores más sagrados.


Por esa razón, mientras que en tiempos de Theo Van Gogh y las viñetas danesas tuvo sentido hablar de tolerancia, defender firmemente la libertad de expresión y recordar que el Tribunal Supremo de Estados Unidos considera que la Primera Enmienda de su Constitución ampara la quema de la bandera como una forma de libertad de expresión, ese debate ha dejado ahora de tener el mismo sentido.


Eso no quiere decir que debamos renunciar a nuestros principios ni valores. Limitar la libertad de expresión sería un tremendo error. Pero el hecho de que una sencilla cámara de video, una conexión a Internet y una cuenta en Youtube pueda provocar una crisis internacional de tal calibre significa que nuestras relaciones con el mundo musulmán están a merced de los fanáticos y los provocadores. Ellos actúan, tienen la iniciativa, marcan la agenda. Nosotros sufrimos las consecuencias, contenemos daños, somos arrastrados al conflicto. La frustración de EEUU, que se vio involucrado en Libia en un conflicto en el que no quería participar, lo dice todo: vidas, esfuerzos diplomáticos, recursos económicos, todo dilapidado a cambio de nada.


¿Qué hacer a partir de ahora? ¿Cómo tejer las relaciones diplomáticas que permitan romper esta espiral? Eso sólo sería posible si los desgraciados incidentes de Bengasi sirvieran para tejer una complicidad entre todos los que en unos y otros países se muestran asqueados por este nivel de violencia e intolerancia y, en paralelo, entre los gobiernos que tienen que gestionar esta crisis a un lado y a otro si fueran capaces de  entender cuán frágiles son y qué inermes están si no se unen y actúan en consecuencia para sofocar conjuntamente estas crisis y blindarse contra otras futuras. Hoy por hoy, encontrar ese camino parece enormemente difícil. Sin embargo, es el único posible.

Tomado de EL PAÍS; MADRID, ESPAÑA

 
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