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Artigos: Mundo
La reaparición de Al Qaeda, otro mal trago para Obama PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Sábado, 02 de Enero de 2010 21:43

Por: Marcelo Cantelmi

El presidente norteamericano corre el riesgo de incurrir en el mismo error que sus predecesores: el de la respuesta militar y la visión simplista frente a la amenaza del terrorismo.

Una broma muy recorrida advierte que para juzgar la presidencia de Barack Obama hay que aguardar primero a que asuma el poder. El chiste es un recordatorio un tanto bizarro sobre las expectativas que la irrupción de este extraordinario político generó hace un año dentro de pocos días, cuando juró el cargo y que acabaron, muchas de ellas, en enormes frustraciones.


La lista de esas pérdidas puede ser extensa, desde el cierre que no será inmediato y quizá no lo sea nunca de la cárcel de Guantánamo; el dudoso final de la intervención militar en Irak, y el incremento de la guerra en Afganistán; o el descubrimiento ahora de un tercer frente bélico en Yemen. Los críticos de Obama listan también la ruptura de los puentes menos edificados que imaginados con América latina; el fracaso de la conferencia de cambio climático; la ausencia de una política ejecutiva para cerrar la herida crónica de Oriente Medio y la configuración de un mundo tan o más peligroso que el anterior.

En estos días del inminente primer aniversario todos los espectros de lo peor de la realidad parecen corporizarse con la misma velocidad con que se desmaterializó la mística del "yes we can" que llevó a Obama a la Casa Blanca. El atentado terrorista en el avión de Delta que une Amsterdam con Detroit, frustrado en el último minuto debido a la suerte más que a cualquier otro factor, reactivó conceptos que eran de otro reino, como Al Qaeda, guerra antiterrorista y su contraparte de la "guerra santa" de la Jihad.

El mismo Obama amaneció este primero de año en sus vacaciones de Honolulu, organizando la reconstrucción del sistema de inteligencia para enmendar los incomparables errores cometidos por los servicios que habían sido avisados con antelación de un posible atentado. E incluso les habían citado el caso de un nigeriano joven en alguna sospechosa estadía en Yemen.

El mismo individuo que compró en efectivo su pasaje en Amsterdam y que no llevaba equipaje, lo que no sorprendió a la seguridad del aeropuerto. Y que subió al avión con una carga explosiva atada en su pierna que pudo pasar porque tampoco se lo revisó en el scanner. Y eso pese a que este hombre hacia dos años que estaba en las listas de sospechosos de terrorismo de la inteligencia norteamericana.

Ese episodio no es el único que amarga las horas de Obama. En las vísperas del año nuevo, un suicida entró en una base operacional de la CIA en Afganistán y mató a ocho agentes en el mayor ataque contra la agencia en un cuarto de siglo.

El atacante logró ingresar invitado por los mismos espías que creían haber hallado a un eficiente informante. Dos de los muertos eran mercenarios de la empresa XE, que es el nombre que usa ahora la muy desprestigiada máquina de guerra privada Blackwater.

Es interesante explorar el sentido de estas fallas. Hace pocos meses esa y otras centrales de inteligencia de Estados Unidos y sus similares de Europa concluyeron que la red Al Qaeda ya no configuraba una amenaza. Para los amantes de las conspiraciones, el principal error puede haber estado en ese diagnóstico.

Pero si solo por un instante imaginamos que esa conclusión fue correcta, se develaría que lo que desafía a las tropas aliadas no son fanáticos de una red descrita desde los albores del gobierno de George W. Bush con más creatividad cinematográfica que realismo, sino partes de una resistencia con extremos desbocados y anárquicos.

El atacante nigeriano de Detroit, como los terroristas del metro de Londres, o los de la estación Atocha de Madrid, entre otros casos, fueron individuos con iguales finalidades pero desconectados entre sí. No eran células de un mismo organismo. Y si algunos reivindicaban a Al Qaeda lo hacían como se evoca a una marca cargada de símbolos explícitos.

Vale recordar que los agentes de la CIA asesinados en Afganistán operaban en ese país y en Pakistán persiguiendo, según el reporte oficial, a militantes de aquella organización sin embargo inexistente y convertida en una excusa cuya vitalidad como tal no parece ceder desde que la corporizó Bush. La inexistencia de una red con centrales, ejecutivos y un máximo responsable, en este caso el extravagante e inmaterial Osama bin Laden, es una realidad mucho mas compleja que obligaría a tomar este desafío muy fuera de lo militar. No es, sin embargo, lo que se está caminando.

La aparición de Yemen, un estratégico paso para el petróleo que se envía a Occidente, como un nuevo frente de guerra que Obama no está necesariamente heredando, recuerda, como también lo hace el complicado escenario de Afganistán, a los casi diez años en los '90 que Bill Clinton y su escudero británico Tony Blair dedicaron a bombardear a Irak con tal acierto que los misiles destruían los refugios antiaéreos donde la gente se apiñaba para intentar escapar a la muerte. Culpa de los medios como siempre, esas imágenes en las televisiones del mundo árabe multiplicaron el sentimiento anti-norteamericano en un espacio donde la mayoría es gente joven que, en muchos casos, tiene el futuro cancelado por el despotismo extendido en la región, la pobreza y la ausencia de libertad.

Esa rabia y la que produce la pesadilla interminable de Oriente Medio es semilla de casi todo. El fundamentalismo religioso, que es esencialmente reaccionario así como el terrorismo, no son causa sino consecuencia de esos desmadres. Para combatirlo es preciso modificar las condiciones que lo hacen posible. Ese es el camino no militar que vuelve a ser ignorado con los efectos que ya son visibles.

Esta elaboración implica otro aspecto inquietante. Si no hay una red de malvados que organicen a estos terroristas -como plantean con extraordinario oportunismo los halcones republicanos--, los atacantes se auto generan y amenazan crecer de modo exponencial como reacción al puño militar norteamericano y a un presidente que ha perdido enormes cuotas de credibilidad en el mundo árabe. No se equivocan allí si entienden que aun deben esperar lo peor.

Yemen, que poco a poco ocupará los títulos de los diarios, es una afrenta a los derechos humanos no solo por la tiranía que lo gobierna en alianza con Washington, sino por la junta de bárbaros de diverso origen que se han ido acomodando en esas playas a favor de la furia popular contra los poderes occidentales.

Los bombardeos en ese país contra supuestas bases y cuarteles de una red que no lo es, como sucedió con las armas de destrucción masiva iraquíes, está dejando una montaña de muertos civiles y un semillero que multiplicará con la potencia de esa furia la aparición de delirantes dispuestos a todo, como el jovencito millonario de Nigeria.

Última actualización el Sábado, 02 de Enero de 2010 21:48
 
Del valor de los polacos PDF Imprimir E-mail
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Miércoles, 23 de Diciembre de 2009 13:49

Por Víctor Llano

&quote&quoteSi visitara los escombros que rodean a las más de doscientas cárceles, que va a ser que no, y tuviera algún problema, que lo tendría, jamás pediría ayuda a los correveidiles del Gobierno español en La Habana. Me dirigiría a la embajada de Polonia.
2009-12-21

Según el presidente de los operadores de turismo de Estados Unidos, "los estadounidenses realmente quieren conocer Cuba". Lo que no nos aclara Robert Whitely es si sus preferencias responden a los prostíbulos en los que por menos de nada se prostituyen miles de adolescentes, o a las más de doscientas cárceles en las que se torturan a cien mil presos. En cualquier caso, los Castro se muestran dispuestos a satisfacer sus deseos. No por gusto insisten en engañar a algunas constructoras españolas para que pongan a su servicio los euros que jamás les devolverán.

La experiencia les enseñó que siempre encontrarán a más de un especulador sin escrúpulo que se ofrezca a perder en Isla Cárcel el capital de sus accionistas. Y no será Zapatero quien les advierta del peligro que corren si se asocian con los negreros que algún día tendrán que pagar por sus crímenes. Negreros en el más amplio sentido de la palabra. Negreros porque explotan a los trabajadores –blancos o negros– que ponen al servicio del capital extranjero. Y también negreros porque desprecian a todos los que desciendan de un negro. Por tanto, a pesar de que no es tan negro como lo son Antúnez y Biscet, nadie ha de sorprenderse de que al racista Fidel Castro no le guste la sonrisa afroamericana de Barack Obama.

Puede que algún día nos cuente qué juicio le merece la de Zapatero. Lo que ya sabemos es lo que piensa de él. Por favor, fíjense en lo que publicó el diario Granma el 17 de diciembre de 2006: "La misma guerra global. Misión única, mando único, mucho tendrá que explicar Zapatero, responsable político también, ahora, de la espantosa matanza del 11-M".

No se puede decir más con menos palabras. No obstante, a Zapatero parece no importarle que los carceleros castristas le culpen de lo que también culparon a Aznar. Insiste en no incomodarles. Sólo así se entiende que los Castro no tuvieran que amonestar a ningún diplomático español cuando amonestaron a los diplomáticos extranjeros que se sumaron a las víctimas que denuncian la violación de todos los derechos humanos en Cuba. Los españoles están allí para ayudar –no a las víctimas– a sus verdugos.

Nunca les pediré a los carceleros permiso para viajar al país en el que nací. Jamás les ayudaré a financiar su barbarie. Por no querer no quiero que me detengan después de acusarme de trabajar para la potencia enemiga o de colocar cocaína en mi maleta. Pero si visitara los escombros que rodean a las más de doscientas cárceles, que va a ser que no, y tuviera algún problema, que lo tendría, jamás pediría ayuda a los correveidiles del Gobierno español en La Habana. Me dirigiría a la embajada de Polonia. Y Zapatero me entendería. Castro no guarda en su mochila ningún dato que le pueda servir para chantajear a los polacos.
Fonte: Libertad Digital

http:www.libertaddigital.com

Última actualización el Miércoles, 23 de Diciembre de 2009 13:52
 
VIAJERA TERMINAL: Crónicas suizo-cubanas (XVII): AL CIERRE: viaje al centro de mi ser PDF Imprimir E-mail
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Domingo, 20 de Diciembre de 2009 18:04

por Iria González-Rodiles

Quienes tienen ojos para ver y llorar comprenderán;

la verdad se oculta a los que sólo tienen ojos para leer.

(Veilleur de Paris, Adrien Pasquali*)

 

Después de detenerme, continuaré mi viaje, aunque en silencio. Un silencio que tal vez se asemeje un poco al mutis hecho, en determinado momento, por Oriana Fallaci o Guillermo Cabrera Infante.  O al modo expresado por el escritor suizo Nicolas Bouvier: “Uno no viaja para adornarse de exotismo y de anécdotas como un árbol de Navidad, sino para que el camino lo desplume a uno, lo aclare, lo escurra” (1).

 

A veces las muchas palabras enredan, empañan, en vez de lograr el efecto que realmente pretenden. En silencio se ha de ir en ocasiones, porque, como escribió José Martí, “hay cosas que para lograrlas han de andar a ocultas”. Y porque hay silencios que hablan, también, mejor aún que las palabras.

 

El XVII es un buen número para detenerme. El 17 de Diciembre es el día de San Lázaro. A lo largo de una Cuba fragmentada y en ruinas por añejas reyertas políticas, celebran este día los cubanos –sin faltar ni un año—, en la intimidad o al descubierto.  Allá, San Lázaro –no importa el atributo –si el amigo resucitado por Jesús, si el mendigo de la parábola bíblica  o el Babalú-Ayé de los yorubas— une, dentro o fuera de los templos, a todos los cubanos, sin discriminatorias excepciones. Y esta armonía que la celebración propicia, difiere ampliamente de la situación que vivimos a diario, desde hace medio siglo, en Cuba.

 

En el Santuario de El Rincón, de La Habana,  durante este encuentro de los creyentes con el popular y milagroso santito, comenzará, varios días antes del señalado, la más grande y auténtica “Marcha” del Pueblo Cubano. La espontaneidad marca siempre otra gran diferencia  entre este desfile religioso y las citaciones gubernamentales. Por demás, mi primer nieto,  (Lázaro) Rafael Diego, nació ese día: una especie de simbiosis entre dos países diametralmente opuestos, Suiza y Cuba, enlazados en el presente y para el futuro, por medio de esa sangre infantil.

 

Dado un extraño designio, existen almas nómadas o sedentarias. La mía es viajera, andante.  Mi vida ha estado marcada por los viajes, por los constantes cambios, desde mi niñez: debido al trabajo de mi padre –ingeniero ilustre de la Cuban Electric Company—, quien, junto a otros, iba construyendo las plantas eléctricas que aún funcionan en Cuba. Apenas cuando yo tenía dos años de edad, mi familia partió de El Guaso guantanamero hacia Camagüey; luego, hacia Cienfuegos; tiempo después, hacia Matanzas...finalmente, hacia La Habana. Desde “el arranque” hasta “el ahora”  he recibido “toda clase de lecciones”, pero pienso que la vida es así, un eterno aprendizaje. Quién sabe si aún después de la muerte, prosigue.

 

Y cuando llegue el día del último viaje,

Y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,

Me encontréis a bordo ligero de equipaje,

Casi desnudo, como los hijos de la mar (2)

 

El periodismo televisivo también me proporcionó constantes recorridos en mi tierra natal,  con viajes por todas las provincias y la Isla de Pinos: desde distintos puntos del país, por sus montañas, llanos, playas, campos y ciudades, centros de trabajo, de estudio y culturales, reporté en numerosas ocasiones. Pero aquellos viajes de familia o profesionales eran agradables. Otros, no lo resultaron del todo,  como las dos ocasiones en que salí de Cuba, mucho antes de mi partida hacia el exilio en Suiza:

 

La primera vez,  en 1966, hacia el Norte del antiguo Vietnam dividido, en misión de trabajo, exponiéndome a que las bombas o rockets de la aviación norteamericana y los fragmentos de metralla de la artillería antiaérea vietnamita cayeran sobre mi cabeza de forma accidental. A pesar de todo, un agente de la Seguridad del Estado cubana, durante un interrogatorio,  calificó este viaje como “una oportunidad” que me habían dado. Sí, de acuerdo, “la oportunidad” de morir inútilmente a mis 22 años, como le sucedió a tantos otros jóvenes cubanos, enviados a las guerras de Angola, Etiopía, Yemen, Argelia, las guerras de guerrillas latinoamericanas...a las cuales el distinguido agente jamás tuvo “la oportunidad” de exponerse.

 

La segunda, en 1984, para reportar la vida y el trabajo de los marinos cubanos en el barco granalero Antonio Maceo, motonave que estuvo amenazada por un fuerte huracán, durante toda la travesía hacia Canadá, bordeando la costa Este de Estados Unidos. Por demás, la embarcación se escoró  peligrosamente durante la carga en el puerto de Goderich,  del Lago Urón, y  fue azotada por una galerna en el viaje de regreso a la Isla. Y yo, dentro del barco, junto a los demás, claro está. Gracias a la pericia del capitán y de la  tripulación, el barco no zozobró.

 

Pero hubo otros itinerarios que considero más traumatizantes: cuando en Cuba me convertí en una “sin techo” junto a mis dos niños, aún muy pequeñitos, pernoctando en distintas casas de algunos conocidos. O cuando rodé por los Centros de Refugiados suizos y las casas de exilados cubanos en el país helvético, dando tropezones y descubriendo un mundo extraño, desconocido, ajeno al mío. No me siento víctima, pero, a veces, si los malos recuerdos me asaltan, recurro a El Zahir que no es un gurú, babalao, monje, pastor, chamán o sacerdote, sino el libro de un escritor que posee cierto don especial para entrar al corazón humano y sanarlo con sus mensajes:

 

Según la tradición de las estepas, llamada Tengri, para vivir a plenitud era preciso estar en constante movimiento, y sólo así cada día era diferente al otro. Cuando pasaban por las ciudades, los nómadas pensaban: “pobres, las personas que viven aquí, para ellas todo es igual”. Posiblemente las personas de la ciudad veían a los nómadas y pensaban: “pobres, no tienen un lugar para vivir”. Los nómadas no tenían pasado, sólo presente, y por eso siempre eran felices –hasta que los gobernantes comunistas los obligaron a dejar de viajar, y los metieron en haciendas colectivas” (3).

 

Como la mayoría de los cubanos, yo también experimenté lo mismo que los nómadas esteparios: en Cuba intentaron ‘encerrarme’ dentro de esa Isla Prisión –aún así, tierra siempre amada— y de mantenerme sometida, dentro y fuera de mí misma, con los falsos esquemas impuestos o inoculados durante décadas. Y no lo lograron. Nadie lo impedirá ahora tampoco. Digo como dijo un poeta español: Deshago el camino andando / y salgo a mi propio encuentro.

 

Desde que me decidí a escribir con transparencia sobre la situación en Cuba –todo aquello que, dada la censura, me resultó imposible expresar de forma más directa en mis programas televisivos de corte crítico Puntos de Vista— comencé a ser blanco de rabietas políticas bilaterales. Por eso, igual que la muchacha del filme cubano Alicia en el pueblo de las maravillas –sepultado en los archivos cinematográficos de la Isla por “subversivo”—, me pregunto: ¿Qué hace aún una mujer como yo en medio de tanta basura?

 

(“Nunca empañes tu vida hablando mal de mujer”, aconsejaba José Martí, Maestro y Apóstol, líder i-ni-gua-la-ble en la historia de Cuba.  Al parecer, algunos que se autotitulan “martianos” olvidan los Versos Sencillos –o bien, la descripción de la bailarina española— de José Julián Martí y Pérez, quien, ante todo, era un caballero por excelencia, como casi ya no existen hoy en día).

 

Perretas políticas bilaterales aparte, yo, otros, hicimos lo que debíamos. Y ahora hago lo que debo, también. Pero, tal parece que, una vez más, castristas y anticastristas coinciden: ambos dan la impresión de haber preferido que yo, otros, continuáramos sometidos al sistema totalitario cubano, en vez de arriesgarnos a colaborar para que Cuba salga definitivamente de su atascamiento político y económico: Lo siento, I’m sorry, je suis désolé, entschuldigen, pero es un asunto patrio que nos ocupa y responsabiliza a todos los cubanos por igual. Sin excepciones. Y si la mayoría de los cubanos dentro de la Isla hubiesen hecho lo mismo que yo, que otros,  probablemente Cuba andaría por caminos más próximos a la democracia y el despegue económico a estas alturas, a pesar de los castristas y los anticastristas.

 

La insuperable periodista Oriana Fallaci, escribió a raíz del bestial ataque arremetido por el  terrorismo musulmán contra las Torres Gemelas, en su libro Orgullo y rabia: “(...) La Italia todavía mussoliniana, de los fascistas negros y rojos, que te inducen a exhumar la terrible agudeza de Ennio Flaiano: “En Italia los fascistas se dividen en dos categorias: los fascistas y los antifascistas.

 

Orianna, dondequiera te encuentres, cualquiera sea la dimensión, la estrella, la  galaxia, donde te halles, escúchame y acéptame esta paráfrasis: “La Cuba todavía castrista, aunque con infinitos matices y colores, ocultos tras apariencias azules o rojas de sus ciudadanos, se asemeja a la cita que exhumaste de Ennio Flaiano: “En Cuba, en el exilio, en todo el mundo, los castristas se dividen en dos categorías: los castristas y los anticastristas”. No hay que vivir en un país totalitario para dejarse corromper por el totalitarismo”: George Orwell, estoy de acuerdo contigo.

 

“(...) –todas las doctrinas me tiran en lo absurdo—;

quiero escribir amor, o libertad, o memoria, o tiempo—

todo se lo llevan los que han logrado acuerdos falsos—

(...) Me veo, y voy con miedo y con recelo hasta mi espíritu. (4)

 

Pero los dimediretes políticos bilaterales, lejos de dañarme, han logrado que, al modo del escritor suizo, Nicolas Bouvier, me desplume, me aclare, me escurra, al menos, de gran parte de toda la basura inculcada por este mundo desde mi nacimiento hasta el instante exacto en que escribo esta crónica viajera. Y sé, lo experimento: “En el momento en que empezamos a arrojar el lastre, a eliminar lo que no nos pertenece, lo que proviene del exterior, es cuando ya estamos bien encaminados” (5).

 

Guillermo Cabrera Infante, dice en Mea Cuba: “He renunciado a cualquier esquema político para conducir mi vida. Es decir, toda solución política para mi vida”. Yo también.  Pero no  renuncio a conducirla desde la óptica de los derechos humanos, porque la Declaración Universal no excluye a ninguna persona.

 

Y porque es preciso insistir en el respeto a los derechos humanos mientras existan quienes, en la Isla o en el extranjero, continuen asistiendo a las convocatorias del odio con gritos de “Fidel, Fidel”, en lugar de “Cuba, Cuba”, o vociferando “Socialismo o Muerte”, en lugar de “Cuba  y Vida”... de ese modo, seguiremos frente a la tapia de un callejón sin salida, que nuestra bella tierra natal no merece.

 

Y mientras existan cubanos en el exilio que arremetan –al estilo de los mítines de repudio y brigadas de acción rápida castristas— contra quienes no sustentan la misma opinión hacia la salida del conflicto cubano, estaremos condenados a vivir en la trampa en que hemos caído del castrismo y el anticastrismo, como las dos únicas fuerzas políticas con posibilidades de decidir sobre los destinos de la nación cubana, sin lograr, a fin de cuentas, que la Isla emerja hacia la democracia y la prosperidad.

 

A Guillermo Cabrera Infante la Europa izquierdista le gritó: “vete para Miami” ; ahora, tal vez otros me griten a mí  “regresa para Cuba”...  Pero quien me ama, como nadie puede hacerlo, quienes aún me quieren, también me gritan desde la Isla:

 

No vengas ahora (...)

Huye.

Hay días malos, días que crecen

en un charco de lágrimas.

Escóndete en tu cuarto y cierra la puerta

y haz un nudo en la llave

y mírate desnuda en el espejo, como

en un charco de lágrimas (6).

 

Además, existen otros gritos de advertencia, escritos a través de la historia de Literatura y de los testimonios del destierro: “Es peligroso dejar el país de uno, pero es más peligroso volver a él, porque entonces tus compatriotas, si pueden, te clavarán un cuchillo en el corazón”. Sobre estas palabras de James Joyce, dice Guillermo Cabrera Infante en Mea Cuba: “Como en otras ocasiones las hago mías: sólo le añado una sabiduría moderna. Donde Jota Jota pone corazón yo podría decir espalda”.

Guillermo, si tú también puedes escucharme, desde algún punto del Universo, te aseguro que todo es aún peor que lo dicho por ti o por  James Joyce, porque, a fin de cuentas, poco se diferencia en ese sentido quedarse en el exilio o irse para Cuba: te dan una puñalada trapera en cualquier lugar donde te encuentres. Así, como te cierran la puertas de salida o entrada a Cuba, también en el exilio te dan portazos frente a tu propia cara, sean de izquierda, derecha, centro, ultras...que no son lo mismo, pero resultan igual.

 

Afirman que Alejo Carpentier dijo: “Asilarme en Francia? ¡Idiota! ¡Como si yo no supiera que el escritor que se pelea con la izquierda está perdido!”. En realidad, fue Carpentier quien se perdió a sí mismo en su alianza izquierdista. Y sabiéndolo. Porque el hombre que escribió El que siglo de las luces prueba su pleno conocimiento de lo que también sucedía y sucedería en Cuba. Pues yo, Alejo, dentro de la Isla Castrada, la Isla del Diablo, la Isla Prisión, como quieran llamarla, me pelié con la izquierda y sus ultras. Y no estoy perdida. Ni me pierdo. Y ahora, en el exilio, me peleo con cualquiera...y mi alma está más a salvo que nunca:

 

Si de pronto nos encontramos desnudos, es necesario tener el coraje de contemplarse en el espejo tal como uno es” (7).

 

Pero, ¿qué cubano no quiere volver a Cuba, algún día? ¿Cómo yo no voy a querer ir a Cuba?  Allá –como dice Buena Fe— donde “un beso simple y cierto” me espera...Deseos no me faltan, nunca me han faltado, de abordar  un avión para ir a mi país y abrazar a mi hija –tras seis años sin hacerlo— y a mi segundo nieto, que sólo conozco por fotos; visitar a mis colegas del periodismo independiente –Álida, Miriam, Luis Cino, otros— y a los amigos de antes que continúan siéndolo. Pero yo ni siquiera puedo ir a Cuba de incógnito, como Oriana Fallaci iba a su amada Italia. Porque entre Italia y Cuba existe una diferencia abismal. En Cuba nadie entra de incógnito: tanto es el control, el estado de sitio permanente, de vigilancia, sobre los ciudadanos en una sociedad totalitaria, como la cubana.

 

Aclaro: No tengo miedo de ir a Cuba, aunque tampoco menosprecio los tremendos riesgos que correría, pero mis colegas y conciudadanos están allá, presos o trabajando bajo peligro, amenaza y tensión, desde hace muchos años. Mientras, en el exterior se aplauden, premian y destacan los “pañitos tibios”, los vedetismos, la última onda...que pueden ser bienvenidos, siempre que en realidad se opongan a la dictadura, como un elemento más, secundario, pero nunca convirtiéndolos en el centro –porquen no lo son—, en lo espectacular, relegando u olvidando a quienes corren riesgos mayores o sufren prisión.

 

Tanta superficialidad política y humana, espanta. Con todo, escucho la advertencia de Blas Otero, de James Joyce, de Cabrera Infante y del mismísimo Pitágoras: Nunca regreses. Así que sigo mi viaje, a mi manera, como cantaba el gran Frank Sinatra... y como Dios me trajo al mundo:

 

Desnuda, sola, indefensa,

para intentar de nuevo

el nacimiento (8)

 

El renacimiento, la metanoia, el cambio que yo, los cubanos, Cuba, precisamos con urgencia. Con todo esto y más, no me ubico al lado de nadie. Sólo estoy al lado de Cuba. Prefiero mantenerme independiente, autónoma, libre, aunque pague un precio muy alto. ¿Qué importa otro más?

 

Adiós a la Gran Escena. Quienes se pregunten “¿por qué?”, sólo tiene ojos para leer.

 

Iria González-Rodiles

Bangkok, 9 de diciembre del 2009.

 

 

BIBLIOGRAFIA:

(*) Adrien Pasquali (Suiza, 1958).

(1) Le Poisson-Scorpion. Nicolas Bouvier (Suiza, 1929-1998).

(2) Retrato, Antonio Machado (España, 1875-1939)

(3) El Zahir, Paulo Coelho (Brasil, 1947).

(4) Suceso así remoto, Ángel Escobar (Cuba, Guantánamo, Marzo 3, 1957-Febrero, 1997).

(5) Donde el corazón te lleve, Susanna Tamaro. (Italia, Trieste, 1957).

(6) En un charco, Blas Otero, (Bilbao, Marzo15, 1916-Madrid, Junio 29, 1979).

(7) Donde el corazón te lleve, Susanna Tamaro. (Italia, Trieste, 1957).

(8) Óleo, Waldo Leyva (Cuba, Las Villas, 1943).

Fonte: Identificada en el texto

http://www.cubalibredigital.com

 
Moratinos es el velo PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Domingo, 20 de Diciembre de 2009 18:25

por Luis Tornés Aguililla

Se habla en Europa de 1 300 millones de dólares.

 

Tal sería la suma que, desde hace rato, Raúl Castro y cofradía no devuelven a los empresarios españoles que operan en Cuba porque, técnicamente hablando, la dictadura cubana necesita ese dinero para intentar respirar en medio de la actual castástrofe financiera internacional.

 

Esta vez, no se trata solamente de la maldad sádica del régimen sino de una realidad objetiva y visible con toda claridad en el nivel de represión contra la población cubana en general.

 

El espectro represivo del temeroso gobierno se menea entre los puñetazos dados en plena calle hasta el arresto del pobre pescador clandestino en la bahía de Nuevitas, sin olvidar las recientes maniobras de las fuerzas armadas haciendo gala de un material bélico digno del medioevo.

 

El problema de aquella tropa habanera es no perder el control del país porque fundamentalmente saben dos cosas : que, hoy por hoy, penden como piltrafas a merced del primer disgusto coordinado de la juventud cubana y que es muy corto el trecho que separa el Capitolio de la Roca Tarpiana….

 

En semejantes lances está atrapado el gobierno español que, de Felipe González a Zapatero organizó y animó el regreso de España a la « siempre fiel » con aquella llana ilusión del tendero gallego al poner pie en Cuba antes de que llegaran  los americanos.

 

Fuera de la Unión Europea, son los Estados los que garantizan las inversiones en caso de descalabro político mayor en el país donde las empresas de la Unión hayan realizado dichas operaciones. Tal fue el caso en Irak, donde los franceses lo perdieron todo a raíz de la última guerra. El Estado galo pagó la factura.

 

En Cuba, el garante de los intereses financieros de los empresarios españoles es el Estado español.

 

En 2008, Zapatero mandó a Cuba a José Blanco, entonces n° 2 del PSOE y actual Ministro de Fomento, con la importante misión de sosegar los nervios de los empresarios españoles que hoy andan pidiéndole a Dios que a Raúl le dé una perreta cubana y los expulse « del indomable territorio nacional en las próximas 48 horas, etc » ( si fuere posible con golpes o insultos) para así poder plantarse en La Moncloa y decirle al inefable Zapatero :  ¡ venga la pasta ! pero, justamente, eso es lo que el gobierno español quiere evitar porque si tuviese que pagar a las empresas españolas lo que hipotéticamente éstas perderían en Cuba, entonces estamos hablando de un dinero que la Madre Patria no tiene ni aunque volvieren a Sevilla las siempre esperadas naos de las Indias Occidentales.

 

Los más de doscientos presos políticos en Cuba y el terror habido o por haber no provocarán en el gobierno español absolutamente ninguna reacción porque más allá del compadrazgo de ciertos españoles con la jerarquía cubana, hay una realidad financiera de alto vuelo, en la cual, Moratinos es el velo.

Fonte: Identificada en el texto

http://www.cubalibredigital.com

 
¿ESTALLARÁ CUBA COMO LO HA HECHO IRÁN? PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 20 de Diciembre de 2009 21:21


Jorge Hernández Fonseca

21 de Junio de 2009

 

¿Quién iba a imaginar que una sociedad tan cerrada como la iraní, teocrática y dictatorial, iba a estallar con a intensidad que estamos presenciando? Nadie podría imaginar que dentro de Irán --como sucede también dentro de Cuba-- la población estuviera mayoritariamente inconforme con las disposiciones limitantes impuestas por la cúpula gobernante. ¡Estábamos equivocados!

 

Aunque las ideologías que mueven a los regímenes iraní y cubano son diametralmente opuestas, hay un cordón umbilical que los une: el control dictatorial del poder, a través de un cuerpo élite represivo y policial. No importa que en Irán la cúpula gobernante haya ideado un sistema donde supuestamente se pudieran elegir libremente los políticos gobernantes. Siempre que hay dictadura (teocrática, o de partido único) los resultados electorales son controlados.

 

Ya había sucedido algo similar en el Irak de Saddam Hussein, que poco antes de su derrocada por los norteamericanos se había hecho elegir por el 99% de los votos en una pantomima de elección de partido único. En el caso de Cuba, el anciano dictador nunca tuvo esas pretensiones e implantó un sistema electoral indirecto, donde los principales cargos son “designados a dedo” por el partido, con lo que evita el riesgo que corren hoy los Ayatolas.

 

Es evidente la fragilidad del sistema dictatorial iraní al permitir el potencial acceso al poder político (incluso, siendo este poder parcial) de personas ajenas a la cúpula religiosa dominante. El candidato derrotado en las elecciones iraníes ha dado batalla al más alto nivel y ha arrasado consigo una parcela no despreciable de la población oprimida. Esta debilidad no existe en Cuba, donde los postulados, todos, obedecen a los intereses de la cúpula gobernante.

 

No obstante las diferencias entre los sistemas implantados en Irán y Cuba, la chispa para la explosión popular cubana pudiera devenir, no de un líder político fuera de la cúpula religiosa queriendo eliminar la absurda teocracia impuesta --como sucede hoy en Irán-- sino de un líder improvisado (civil o militar) que surgiría de las terribles condiciones por las que la dictadura quiere someter al sufrido pueblo cubano, a partir de las inéditas situaciones extremas por las que la dictadura castrista pretende castigar a todo el país durante el verano venidero.

 

Ya la dictadura ha dado muestras de una posible salida interna a la rebelión popular incentivando una estampida balsera (el reciente desembarco frente a la Oficina de Intereses de EUA en la Habana, es un ensayo) potenciado por las evidentes muestras de debilidad que el gobierno de Obama (comprometido electoralmente con el fin de las guerras) ha venido demostrando en los casos de Corea del Norte primero e Irán ahora (permitiendo lo impermisible) debilidad que los generales de Raúl tendrán en cuenta para sus decisiones.

 

¿Actuará Obama militarmente ante un éxodo balsero cubano incentivado (no por los generales de Raúl, sino por los hombres de Fidel para torpedear las relaciones Raúl-Obama)? Según lo que se deduce de las posiciones de Obama en conflictos más serios y peligrosos en Asia, con Corea del Norte y en el Medio Oriente, titubeante ante el fraude de Ahmadinejad, no lo hará.

 

En este hipotético caso, el peligro para la dictadura no vendría de su enemigo del norte, sino del liderazgo (civil o militar) que pudiera surgir dentro de la isla --que como en Irán-- podría enfrentar los cuerpos represivos de la dictadura de la manera que sólo sabe hacer un pueblo cansado de tantas limitaciones, afrentas y humillaciones, insurgiéndose contra sus verdugos.

 

Igual que el pueblo está luchando en Irán con dosis de heroísmo, pudiéramos despertarnos un día con una revuelta similar en la isla --de proporciones inimaginables-- que haría estallar finalmente la pesadilla castrista que se ha abatido artificialmente sobre toda la Nación cubana.

 

 
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