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Artigos: Mundo
OJO CON SERGUEI PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Viernes, 05 de Febrero de 2010 11:18

Por MARZO FERNÁNDEZ

El proximo 11/13 febrero visitara Cuba el canciller ruso
Serguei Lavrov, segun nos informan, los temas a tratar,
estan relacionados con pagos de la deuda con la extinta
Union Sovietica y posteriormente con Rusia, asuntos
de caracter migratorios, intercambio de informaciones
sensibles en el area y en especial asuntos de caracter
militar.  Aunque no se ha hecho publica la relacion de funcionarios que acompanan al canciller ruso, se sabe
que lo acompana una nutrida delegacion militar.

Se tiene previsto,  un encuentro especial entre la delegacion rusa y  el coronel Lopez Callejas [yerno de Raul] presidente del Grupo Empresarial del Ministerio
de las Fuerzas Armadas, GAESA.  Segun la fuente
informativa, el objetivo de la reunion es estrechar lazos
de colaboracion y empresariales entre Rusia y Cuba,
en el sector militar.

Los rusos estan muy interesados en incrementar su
presencia en America Latina, en particular en todos los
aspectos relacionados con las ventas de armas.  La carrera armamentista iniciada en tiempos pasados por
Cuba y fortalecida por Venezuela con la compra en solo
4 anos de mas de 5 mil millones de us/d crea un potencial mercado en la America Latina; los rusos y los cubanos, estan muy interesados en jugar un papel
preponderante en este mercado.

Cuba esta en disposicion de poner su base material militar en futuras negociaciones de armamentos en el
area. Cuba cuenta con gigantescas bases de reparacion
de tanques y de armamentos en general.  Ademas posee
una moderna fabrica de fusiles AK, centros de entrenamiento muy especializados y de tecnologia avanzada.
Ademas Cuba cuenta con personal altamente tecnico,
que domina perfectamente el equipamiente de origen
ruso, el idioma , la cercania, lo cual facilita al maximo
el adiestramiento y el dominio del armamento.
Tambien es un objetivo del gobierno de Cuba, la venta
a los paises mas pobres del armamento de obsolencia
tecnologica y sustituirlo por equipamiento de tecnologia
mas avanzada.
Ya Cuba le esta prestando servicios integrales a Venezuela en todo lo relacionado con el mantenimiento
y conservacion de los medios de combate adquiridos
por ese pais.
Posteriormente el canciller ruso tiene previsto viajar
a Nicaragua el 14 de febrero, a Guatemala el 15, y concluir su gira en Mexico el 16.
En mi opinion, este viaje se debe seguir muy de cerca
la carrera armamentista esta en pleno desarrollo, las
politicas incendiarias de Chavez y estimuladas por Evo
Morales y Daniel Ortega esta surtiendo efectos.

Mucho ojo con Serguei.

Marzo fernandez
02/04/2010.

Última actualización el Viernes, 05 de Febrero de 2010 11:20
 
Estados Unidos: la derrota que cambió el eje del sistema político PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Domingo, 31 de Enero de 2010 18:05

Por JORGE CASTRO

No fue victoria republicana. Massachusetts marca una rebelión popular antielitista y antiestatal y la ruptura entre la clase educada y la menos educada.


Hay una crisis de representatividad en Estados Unidos. Sólo 25% de los norteamericanos confía en sus gobernantes; y eran 60% o más con Franklin Delano Roosevelt, Lyndon Johnson (antes de Vietnam) y Ronald Reagan. También 62% de los estadounidenses cree que el país está en un rumbo errado (NBC News/WSJ). No hay un giro a la derecha tras la derrota demócrata en Massachusetts (19/01/2010), sino una ruptura creciente entre la clase educada y la menos educada.


Toda idea de la primera es rechazada por la segunda (cambio climático, reforma de salud, aborto, control de armas). Lo mismo ocurre en política exterior: hay rechazo al internacionalismo y la multilateralidad. Los estadounidenses se vuelcan a las preocupaciones internas, lo que se denomina históricamente "aislacionismo". El partido que hoy tiene el mayor nivel de respaldo es el insurgente "Tea Party" (41%); lo sigue el Demócrata (35%); y último -lejos- el Republicano (28%).


Massachusetts no fue una victoria republicana. Sólo 12% de los votantes que le dieron el triunfo a Scott Brown (52 % a 47%) son afiliados republicanos. Los independientes lo votaron 3 a 1. Entre la victoria de Obama (4/11/2009) y el triunfo de Brown hay 43 puntos de diferencia en el más demócrata de los 50 estados norteamericanos.


En Massachusetts irrumpió una rebelión popular en la línea de Thomas Jefferson y Andrew Jackson, antielitista y antiestatal, que rechaza la resolución de los problemas del país desde arriba, y a partir del Estado central. Esta corriente viene desde el origen de la civilización estadounidense y se encuentra en el núcleo de su cultura cívica.


El sistema norteamericano fue construido desde abajo hacia arriba, y consolidado a través de una revolución. La legitimidad está en el "pueblo", y no en el Estado. Por eso, cuando irrumpe esta insurgencia obliga a los actores sociales y políticos a aceptar sus reivindicaciones básicas.


¿Por qué la violencia de la rebelión populista contra Obama? Está en relación directa a la ambición y radicalidad de su programa de transformación, el más drástico intento de reestructuración de los tres pilares de la sociedad norteamericana -salud, educación, energía- desde el New Deal en la década del 30. La rebelión Jefferson/Jackson es la base del excepcionalismo norteamericano, el eje en que se funda la ideología que constituye el rasgo decisivo de la identidad estadounidense.


"El país más avanzado económicamente muestra a los menos desarrollados la imagen de su futuro", dijo Karl Marx. Significa que la cultura estadounidense expresa la lógica de una sociedad capitalista situada en la frontera del sistema. EE. UU. tiene el mayor nivel de productividad del mundo porque su cultura y su política expresan los valores capitalistas de vanguardia.


Más allá de la división de poderes y de la vigencia irrestricta de la Constitución, el núcleo del sistema político norteamericano reside en la insurgencia popular de Massachusetts. En EE. UU. ocurren revoluciones como en todas partes del mundo, sólo que -éste es uno de los elementos centrales de su excepcionalidad- dentro de las instituciones, y no a través de su ruptura o destrucción (Douglas C. North).


Marx tenía razón: el país "sin pasado feudal" es el prototipo de la vanguardia de las sociedades capitalistas; y las insurgencias populares, que discuten en su legitimidad todas las medidas de gobierno, se convierten en un componente virtualmente permanente de todo sistema político del capitalismo avanzado.


La advertencia de Marx también vale para China: el poder pasa del Estado al pueblo; y es cada vez menos administrativo y más representativo, esto es, político. Tocqueville le podría recordar a Hu Jintao: "EE. UU. es el país del mundo donde el futuro llega primero".

Última actualización el Domingo, 31 de Enero de 2010 18:10
 
Obama traza un nuevo rumbo bipartidista PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Jueves, 28 de Enero de 2010 12:27

Por ALBERTO MULLER

Después de resonantes derrotas electorales demócratas en New Jersey, Virginia y Massachusetts, el presidente Barack Obama en su mensaje a la Nación, convocó a los dos partidos del Congreso a trabajar juntos para recuperar el empleo, superar la crisis económica y devolver la decencia a las instituciones políticas en Washington. Obama prometió luchar para reducir la gigantesca deuda que golpea la economía estadounidense y garantizó que proseguirá en su objetivo de reformar el sistema sanitario.

Obama enfatizó su solidaridad con los ciudadanos desempleados e hizo un reclamo a los dos partidos para que se unan en la misión de crear empleos.

‘Lo que el pueblo norteamericano espera y lo que merece de nosotros, demócratas y republicanos, es que seamos capaces de trabajar juntos pese a nuestras diferencias’, manifestó el presidente, cuyo proyecto político se ha visto seriamente amenazado por la pérdida de su popularidad y la victoria republicana en Massachusetts.

El presidente anunció, la congelación del gasto público no dedicado a defensa, aunque reiteró que el presupuesto educacional no será afectado.

El objetivo del mensaje del presidente a la Nación fue acercarse con humildad a la clase media del país y dar confianza a los republicanos para regresar el bipartidismo tradicional que ha hecho posible la fortaleza de los Estados Unidos.

También el presidente pidió disciplina y honradez en el manejo de la economía, exigió rigor  en la seguridad para derrotar el terrorismo y proclamó sin tibieza mucha firmeza ante el desafío que representa Irán.

Última actualización el Jueves, 28 de Enero de 2010 12:37
 
LA FELICIDAD. PDF Imprimir E-mail
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Sábado, 06 de Febrero de 2010 18:58
Por JOSÉ M. BURGOS

El concepto sobre la felicidad varía de acuerdo a la persona, como varían los gustos y preferencias. Por lo tanto, lo que es agradable para un individuo, no siempre lo es para otro.
Hay personas que disfrutan practicando o viendo su deporte favorito, otra, haciendo ostentación de sus bienes materiales, para otras, la felicidad consiste en viajar y conocer diferentes culturas,  hay quienes la encuentran sintiéndose poderosos. Pero lo cierto es que nadie, absolutamente nadie, es completamente feliz durante todo el tiempo.
No puede ser feliz aquel que actúa mal y, deliberadamente, causa daño a otros para conseguir algo. Aquel dice que el fin justifica los medios, sin importarle cuáles sean los medios que lo conducen al fin que busca.
La felicidad debe estar basada en la paz que nos da tener la conciencia tranquila y, al final de la jornada diaria, poder poner nuestra cabeza sobre la almohada y conciliar el sueño sin que ésta nos acuse. La conciencia es, al fin de cuentas, nuestro juez más severo e implacable.
La felicidad es un estado de ánimo que supone una satisfacción y nadie puede estar satisfecho por causar dolor, nadie puede ser feliz, si se siente odiado, nadie puede ser feliz, si su conciencia está sucia.
Quien está feliz, se siente satisfecho, complacido y alegre. Aunque obviamente, este concepto es subjetivo y relativo, pues no existe un termómetro que mida la felicidad como se mide la temperatura, por ejemplo.
Se experimenta una sensación de bienestar y, hasta cierto punto, de felicidad cuando se alcanza un objetivo o cuando se recupera la salud perdida o cuando se reencuentra con un ser querido.
Generalmente, las personas que se sienten realizadas y llevan una vida tranquila, son más serenas y estables. Por lo tanto, más felices, en tanto que aquellas que llevan una vida cargada de responsabilidades, tienden a excitarse más y cuando no logran sus objetivos, a una frustración que conduce a la pérdida de la felicidad.
Es más frecuente ver una sonrisa espontánea en un campesino que en un alto ejecutivo, a pesar de que el primero no tiene las riquezas del segundo.
Es obvio que el dinero puede dar seguridad y que no da la felicidad, pero ayuda. No obstante, cuando el amor por el dinero se convierte en una obsesión, éstá convierte al amante de las riquezas en su esclavo.

José M. Burgos S.
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6435 SW 129th PL # 102
Miami, Florida 33183
305-388-2062
Última actualización el Sábado, 06 de Febrero de 2010 19:01
 
Marxistas y liberales: respuesta al economista Haroldo Dilla PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Martes, 26 de Enero de 2010 10:56

Por CARLOS ALBERTO MONTANER 

He leído con mucho interés, como suelo hacer, la respuesta de Haroldo Dilla. No sabía que era un experto en historia haitiana. La bibliografía de él que conozco no permite adivinar esa faceta suya. Me parece admirable.

Mi conocimiento sobre Haití, en cambio, es más bien precario. He leído lo que cuentan las historias generales de América Latina, algunos ensayos biográficos aislados y varias docenas de artículos especializados. Apenas he visitado el país media docena de veces, y sólo en dos de ellas me aventuré a recorrerlo junto a líderes haitianos que entonces estaban vinculados a la Internacional Liberal. Fue de labios de ellos que escuché muchas historias del cochero Toussaint L´Overture, un personaje dotado de cierto talento como guerrero, de Henry Christophe, sirviente en un hotel con bastante de psicópata sanguinario, cuya Citadelle recorrí con una mezcla de admiración y horror, y de Dessalines, tan desdichado que era esclavo de otro negro, lo que, curiosamente, no disminuyó su odio feroz contra los blancos, actitud de la que los dominicanos todavía guardan cierta memoria.

Mi visión de las relaciones entre Haití y República Dominicana la adquirí en los magníficos libros de mi amigo Frank Moya Pons y en larguísimas charlas con tres de los dominicanos más inteligentes que he tratado en el país: Federico Henríquez Gratereaux, Frank Marino Hernández y José Israel Cuello. Frank Marino, lamentablemente, ya murió.

Los escuchaba con gran atención porque, al fin y al cabo, era una historia que, en alguna medida, me resultaba cercana. Una rama de mi familia materna llegó a Santo Domingo en el segundo viaje de Colón, allí se mantuvo cuatro siglos, y desciende directamente de Rodrigo Bastida y de su yerno Gonzalo Fernández de Oviedo. Mi abuela (Lavastida Landestoy) ahí nació y emigró a Cuba a principios del siglo XX. A lo largo del XIX, generalmente huyendo de la guerra y de la invasión haitiana, muchos de sus parientes ya se habían instalado en Cuba. Mi abuela, por cierto, estaba emparentada, con dos ilustres domicanos-cubanos: Máximo Gómez Báez (por los Báez) y José María Heredia (por los Heredia).

Nada de esto, naturalmente, tiene que ver con el intercambio de ideas (no lo llamaría debate) con el amigo Dilla, pero supuse que a algunos lectores cubanos avecindados en República Dominicana les interesaría conocer estos curiosos detalles familiares escasamente relevantes, salvo para mi propia tribu.

Voy al grano.

Repito el corazón de mi argumentación: Haití, paulatinamente, se convirtió en un estado fallido porque saltó del barracón a la casa de gobierno, sin experiencia en la administración y con una élite tan frágil y tan poco densa  que no fue capaz de crear instituciones republicanas sólidas y no supo transmitir la autoridad de una manera racional.

En última instancia, lo que afirmo es que el estado haitiano fracasó por razones endógenas y no por causas externas. Ni la deuda impuesta por los franceses como indemnización por la pérdida de la colonia, ni la ausencia de reconocimiento internacional (que no impedía el comercio), ni el trato áspero de las grandes potencias causaron la progresiva pauperización y crisis del Estado haitiano. Fue la élite haitiana, salida del seno de esa convulsa sociedad, la que tomó los caminos equivocados para el conjunto.

Con el objeto de demostrar que las cosas hubieran podido ser de otro modo, destaqué el caso de la vecina isla de Barbados, reseñada en el Índice de Desarrollo Humano que anualmente publica Naciones Unidas como la sociedad más exitosa de América, exceptuados Estados Unidos y Canadá. Y si apelé a ese ejemplo, fue para demostrar que una sociedad de orígenes muy parecidos a los de Haití (una terrible plantación de esclavos cruelmente maltratados por sus amos) podía triunfar si contaba con las instituciones adecuadas, extremo que fue posible en ese país por la honda huella civilizadora y la experiencia en autogobierno que dejó Gran Bretaña en la Isla.

La reacción de Dilla a este argumento me parece sorprendente. Dilla se rió cuando la leyó y hasta buscó a Marx en su ayuda (entiendo que con esas apoyaturas se equivoque frecuentemente). Precisamente, por el hecho de ser un “microestado” desovado por el peor colonialismo esclavista, con sólo 431 kilómetros cuadrados y unos 300,000 habitantes —una densidad poblacional parecida a la haitiana—, es la demostración de que no hay estados “inviables”, sino estados pésimamente gobernados.

Si los barbadienses, en el mismo escenario caribeño, en un espacio mucho más reducido, con peores condiciones naturales que Haití, han logrado crear suficientes riquezas (US$17,000 de PIB anual medido en poder de compra) y constituido una sociedad educada y decente, con sólo una décima parte de la población por debajo de los límites de pobreza, eso demuestra que tanto los problemas como las soluciones dependen del comportamiento interno de la sociedad y no de las circunstancias exteriores.

Me imagino que a Dilla también le parecerá risible el caso del Principado de Andorra, de tamaño similar a Barbados, pero con un milenio de historia exitosa y pacífica en medio de dos países que se destripaban frecuentemente.  Y seguramente se reirá de Singapur, otro microestado que comenzó su andadura independiente en 1966, en medio de una crisis política y económica enorme, exactamente cuando las supersticiones marxistas demolían el aparato productivo cubano.

Como los resultados de ambos países —Cuba y Singapur—, al cabo de varias décadas están a la vista, ni siquiera me tomo el trabajo de contrastar qué ha ocurrido en el microestado asiático frente a lo sucedido en la pobre Cuba, porque estoy seguro de que Dilla, además de conocer profundamente la historia haitiana, maneja la información adecuada sobre la economía contemporánea. La diferencia, además, no es para reír sino para echarse a llorar.

Por otra parte, fui yo quien encontró cómica la explicación de Dilla del catastrófico desempeño haitiano: “Yo remito esa caída —dice— a la manera como Haití quedó inserto en la economía regional/mundial en el siglo XX, como proveedora de mano de obra barata y desprotegida para la acumulación capitalista en Cuba y República Dominicana (…)”. O sea, para el amigo Dilla la Teoría de la Dependencia, pese a la experiencia de la segunda mitad del siglo XX, continúa vigente. Como suelen decir los españoles, hay gente “inasequible al desaliento”. Cuanto lo siento.

Dilla no ha leído las declaraciones de Fernando Henrique Cardoso (autor del mejor resumen de ese disparate, escrito junto a Enzo Faletto), en las que pide que olviden cuanto escribió basado en la absurda premisa de la Teoría de la Dependencia, desmentida una docena de veces por casos como los de Taiwán, Corea del Sur, Singapur, etc., países de la supuesta “periferia” que pasaron a formar parte del “centro” con la colaboración y no la oposición de las naciones desarrolladas.

Dilla no ha tomado en cuenta las humildes rectificaciones de la CEPAL a las elucubraciones equivocadas de los economistas estructuralistas que le dieron vida, ni siquiera las del propio Raúl Prebisch, apóstol del desaguisado a mediados del siglo pasado. Dilla, cuando ve el ejemplo del Estado de Israel, un pequeño gigante brotado en el desierto, no es capaz de comprobar que nada ni nadie impide que una sociedad progrese y prospere en las peores circunstancias. Empantanado en la visión victimista de la Teoría de la Dependencia, el amigo Dilla es indiferente a la realidad.

Como Dilla, además, no sabe qué es la modernidad ni cómo se forjó, pero tiene la gentileza de recomendarme lecturas (que buscaré ávidamente), me permito proponerle que lea con mucho cuidado la obra de Douglass North, el Premio Nobel de Economía (1993), para que pondere el peso de las instituciones en el desarrollo económico, y en especial sus finas disquisiciones sobre las “sociedades de acceso abierto y acceso limitado”, porque probablemente eso contribuirá a ampliarle sus horizontes de análisis, tal vez muy constreñidos por la pobreza sin remedio del pensamiento marxista.

Otros autores que seguramente no eran populares en Cuba, pero que le recomiendo vivamente para que entienda mejor cómo las sociedades crean o destruyen la riqueza, además de North, son F. Hayek, James Buchanan, Gary Becker, Robert Fogel, Milton Friedman —los cinco obtuvieron el Nobel de Economía, y dos que no lo recibieron, pero lo merecían: L. von Mises e Israel Kirsner. La ventaja que tiene este selecto grupo de pensadores liberales es que abordan el tema desde diversas perspectivas: culturalistas, institucionalistas, monetaristas, fiscalistas y empresarialistas.

Tampoco entiendo muy bien (salvo si tomo en cuenta los estereotipos absorbidos por Dilla en Cuba tras medio siglo de distorsiones de la percepción) que me incite a “dar un paso adelante respecto a los dogmas liberales y la retórica del discurso seguro que le acompañan”.

¿Qué debo abandonar del pensamiento liberal? Me encantaría que me lo señalara. Los principios básicos que defendemos los liberales, y las medidas de gobierno que solemos recomendar, son estos: defensa de las libertades individuales, límites a la autoridad, separación y equilibrio de poderes,  respeto por los derechos humanos, laicismo del sector público, tolerancia con la diversidad, supremacía de la sociedad civil, exigencia de transparencia y rendición de cuentas en los actos de gobierno, igualdad ante leyes neutrales, pluralismo político, consultas democráticas periódicas, descentralización del Estado, economía libre que respete la propiedad privada y que deje al mercado, y no a la arbitrariedad de los comisarios, la asignación de recursos o la fijación de los precios (como sucede en Cuba), comercio libre, control del gasto público y de la inflación, equilibrio fiscal, competencia entre las empresas y meritocracia entre las personas.

Francamente, me intriga saber cuáles son los principios o las medidas de gobierno que le resultan equivocadas o contraproducentes al economista Dilla.

¿Se da cuenta el amigo Dilla que las treinta naciones más felices y desarrolladas del planeta son las que se conducen con arreglo a esos principios y medidas liberales, unas veces bajo la gerencia de socialdemócratas, y otras bajo democristianos, conservadores o los que nos llamamos liberales, hijos todos de una misma familia procreada, en los tiempos modernos, por Locke, Smith, Montesquieu y una larga cadena de pensadores que desde la Ilustración hasta nuestros días han ido refinando incesantemente las ideas originales que dieron origen a la democracia liberal?

Me temo, en cambio, que es el amigo Dilla quien debe revisar sus lecturas y premisas, porque lo que no encaja en la tradición liberal de Occidente es el marxismo, con su receta odiosa de lucha de clases, dictadura del proletariado, intolerancia, y desaparición de las libertades y de la propiedad privada, inevitablemente conducentes a los mataderos y el empobrecimiento.

¿Cómo se puede ser marxista tras la horrenda experiencia del siglo XX? Realmente, lo ignoro. ¿Se ha percatado Dilla de que el marxismo, convertido en discurso legitimador del gobierno, siempre ha terminado erigiendo paredones y calabozos en medio de la miseria? ¿Cómo se puede ser marxista tras los ejemplos de las dos Alemania y las dos Corea? ¿Cómo se puede ser marxista y conocer a fondo lo sucedido en nuestra desdichada Cuba? ¿Cómo se puede ser marxista cuando se comprueba, invariablemente, que en la construcción de los estados comunistas han fracasado germanos, eslavos, turcomanos, latinos, latinoamericanos, asiáticos, católicos, ortodoxos, protestantes, todos, porque, como me confesara con humildad Alexander Yakolev, el padre de la Perestroika, en su despacho de Moscú (que antes había sido de Suslov), la sangrienta utopía marxista no tenía en cuenta la naturaleza humana.

En fin: tal vez la diferencia esencial entre ser liberal y marxista es ésta: un verdadero liberal, si no está dispuesto a traicionar los valores que perfilan su conciencia, tiene la obligación moral de respetar a un marxista aunque piense que está equivocado; un marxista, en cambio, en nombre de la revolución se siente justificado para perseguir a un liberal, encarcelarlo, matarlo si es necesario y, en definitiva, extirparlo de la faz de la tierra porque los adversarios de sus ideas son, en realidad, despreciables enemigos del pueblo. Es lo que han hecho siempre cuando han ocupado el poder.

Enero 22, 2010

Última actualización el Martes, 26 de Enero de 2010 10:58
 
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