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Artigos: Mundo
La decadencia norteamericana PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Domingo, 30 de Enero de 2011 14:18

Por CARLOS ALBERTO MONTANER

El presidente Obama está preocupado por la presunta decadencia norteamericana. Lo acaba de decir, elegantemente, en su discurso anual ante el Congreso. Le parece que la calidad de la educación se ha deteriorado notablemente. Teme que ese fenómeno disminuya el ritmo innovador de la sociedad y que, como consecuencia, su país pierda la hegemonía planetaria que ha disfrutado desde hace un siglo, tras la Primera Guerra mundial. Siente que los chinos se aproximan a paso rápido, y, tras ellos, los hindúes. Uno de cada tres terrícolas es chino o hindú. Sólo uno de cada veintitrés es estadounidense.

Es posible que Obama tenga cierta razón, pero lo curioso es que se trata de una queja casi universal. La he oído en toda Europa. El porcentaje de italianos analfabetos funcionales (que no pueden seguir instrucciones escritas complejas) es altísimo. Media España está convencida de que las jóvenes generaciones están peor educadas que sus padres. Francia hace ya más de un siglo que dejó de ser el centro de la alta cultura mundial y cada día que pasa se aleja más de la posición dominante que alguna vez tuvo. Su literatura actual es internacionalmente desconocida. Su cine se ha desvanecido. Su teatro y su música dejaron de interesar hace muchos años. Algo parecido, aunque con menor intensidad, sucede con Alemania e Inglaterra. Incluso Finlandia, que tiene los estudiantes mejor preparados del mundo de acuerdo con los exámenes PISA, tiene razones para estar intranquila: el 50% de su PIB lo genera Nokia, la gran compañía de teléfonos. Un resbalón y la catástrofe será enorme.

Por otra parte, es absurdo asustarse o quejarse de que los chinos e hindúes se estén transformando rápidamente en potencias económicas. Estados Unidos, desde su fundación, hace más de dos siglos, tiende a convertirse, voluntaria e involuntariamente, en el paradigma para las demás naciones. Los chinos post Mao y los hindúes post Gandhi --el líder hindú no creía en las virtudes del progreso ni en las ventajas del consumo-- descubrieron que, en efecto, copiar los rasgos esenciales del modelo productivo americano genera un desarrollo impetuoso. De alguna manera, el éxito de esos países es un homenaje a la civilización estadounidense.

No se trata de que Estados Unidos pierda fuelle, sino que otras naciones, cuando realmente hacen las cosas a la manera americana (que, a su vez, es una variante del modelo británico, padre y madre de la civilización moderna), obtienen resultados parecidos. Si Estados Unidos hubiera deseado preservar su supremacía, en lugar de abrir sus empresas, sus universidades y sus centros de investigación, tenía que haberlos ocultado, como los españoles escondieron las prodigiosas semillas de cacao y la fabricación del chocolate durante más de un siglo.

En todo caso, los tres elementos básicos en los que descansa el fabuloso sistema productivo norteamericano por ahora no parecen fatigados: las instituciones de derecho son fuertes y la sociedad, mayoritariamente, se somete a las reglas; las instituciones y el modus operandi del sector económico (el crédito, los mecanismos de transacción, mercadeo y gerencia, las redes de venta, los hábitos comerciales) siguen propiciando la conversión de innovaciones y hallazgos científicos en nuevos bienes y servicios que llegan rápidamente al mercado. Lo prodigioso no es que cuatro muchachos en un garaje inventen Microsoft, Apple o Facebook, sino que existan medios de transformar instantáneamente esa creatividad en empresas inmensamente lucrativas. Y tercero: con todas sus deficiencias, el sistema educativo norteamericano, al menos en las cien mejores universidades y centros de investigación con que cuenta el país, continúa estando a la cabeza del planeta.

¿Dónde está, realmente, el mayor peligro? También lo apuntó el presidente Obama, pero me temo que no hace lo suficiente por conjurarlo: si no se pone fin al desorden fiscal, y si no se cuida el valor de la moneda, evitando la inflación, a la larga no se podrá evitar un grave descalabro. Nunca debe olvidarse que lo que sostiene el vigor de la civilización americana es su aparato productivo y éste, para funcionar adecuadamente, necesita que las cuentas nacionales estén en orden y la moneda preserve su capacidad adquisitiva. Si eso falla todo se desmorona.

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Raúl Castro y Otmar Issing PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Domingo, 23 de Enero de 2011 12:31

Por MOISÉS NAÍM

Raúl Castro y Otmar Issing no podrían ser más distintos. El primero es un militar caribeño y el segundo un economista europeo. Castro es uno de los padres fundadores del régimen comunista de Cuba e Issing es uno de los padres del euro. Mientras que Castro luchaba por exportar la revolución cubana, Issing trabajaba por la integración de Europa y es uno de los arquitectos del sistema monetario europeo. Castro está por cumplir 80 años e Issing tiene 75. No sé si se conocen, o si alguna vez hayan hablado, pero lo dudo.

El presidente cubano y el padre del euro coinciden en reconocer el fracaso de sus proyectos

A pesar de que no tienen nada en común, recientemente ambos sorprendieron al mundo con estridentes declaraciones acerca del inminente fracaso de los muy distintos proyectos a los cuales dedicaron sus vidas. La sorpresa no termina allí. Una aún mayor es que a pesar de las inmensas diferencias entre Cuba y Europa ambos recetan la misma medicina para evitar el colapso de su proyecto.

"O rectificamos o ya se acabó el tiempo de seguir bordeando el precipicio, nos hundimos", dijo el presidente Raúl Castro en un importante discurso a finales del año pasado. "Mi conclusión a comienzos del 2011 es sombría. Aún no hemos llegado a la hora de la verdad para el sistema monetario europeo. Solamente ha sido pospuesta", escribió Otmar Issing en esos mismos días. Según él, si los países europeos no hacen profundos cambios, el euro no sobrevivirá. Y a buen entendedor, pocas palabras: el fracaso del euro sería un devastador golpe para el proceso de integración europeo. El artículo de Issing tuvo un gran impacto debido a las credenciales de su autor, quien fuera miembro tanto del directorio del Banco Central de Alemania como del Banco Central Europeo, donde también fungió como su economista principal. Issing enfatiza que las transferencias financieras de los que llama "países disciplinados" a los que no lo son crean tensiones políticas que amenazan el futuro de la Unión Europea. Un modelo en el cual los países viven (y gastan) más allá de sus posibilidades es insostenible y está condenado al fracaso, reitera Issing.

A esa misma conclusión llegó el presidente cubano. Por tanto, en su reciente discurso anunció que a partir del 2011 "se irán introduciendo cambios estructurales y de conceptos en el modelo económico cubano". Y Castro tiene ideas muy claras acerca de lo que esto significa: cortar el gasto público, reducir los subsidios, flexibilizar el mercado laboral, disminuir el número de empleados públicos, aumentar la productividad, la producción y las exportaciones, disminuir restricciones a la actividad económica y promover las inversiones extranjeras. Issing no podría estar más de acuerdo. De hecho, esto mismo es lo que él recomienda para Europa.

Otro aspecto en el cual ambos coinciden es en que estas reformas son políticamente difíciles y que encontrarán mucha oposición. Anticipando las resistencias, Castro aclaró en su discurso cuál es su posición a quienes se opongan a los cambios: cualquier funcionario que "no esté convencido de nuestro programa de Gobierno, que renuncie", dijo Castro. También insistió en la imperante necesidad de "cambiar la mentalidad de los cubanos y de la dirigencia ante los nuevos escenarios económicos que vienen".

El presidente echó mano de ejemplos para ilustrar la necesidad de los cambios: "el pueblo vietnamita nos solicitó que le enseñáramos a sembrar café, y allá fuimos; se le enseñó, se le trasladó nuestra experiencia. Hoy Vietnam es el segundo exportador de café del mundo. Y un funcionario vietnamita le decía a su colega cubano: '¿Cómo es posible que ustedes que nos enseñaron a sembrar café, ahora nos estén comprando café?' No sé qué le habrá contestado el cubano. Seguro que le dijo: 'El bloqueo". Oír a Raúl Castro ironizando sobre el uso del bloqueo como excusa para justificar el fracaso económico cubano es, por decir lo menos, una ironía. Otra ironía es oírle decir que sus reformas no implican que haya dudas sobre la validez de la ideología del régimen: "Las medidas que estamos aplicando están dirigidas a preservar el socialismo, fortalecerlo y hacerlo verdaderamente irrevocable".

Recientemente, Fidel Castro escribió: "[En Cuba] nunca hemos escogido la ilegalidad, la mentira, la demagogia, el engaño al pueblo, la simulación, la hipocresía, el oportunismo, el soborno, la ausencia total de ética, los abusos de poder, incluso el crimen y las torturas repugnantes". Esta afirmación es tan creíble como la de Raúl cuando aclara que las reformas que está implementando no significan realmente ningún cambio ideológico en Cuba.

En todo caso, no sería malo que Raúl Castro converse con Otmar Issing. Después de todo, parece tener más ideas en común con él que con Fidel.

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Tomado de EL PAÍS, ESPAÑA

 
La riqueza cambiante de las Naciones PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Domingo, 09 de Enero de 2011 12:58

Por MANUEL DE LA ROCHA

Un aspecto ampliamente conocido de la economía global del siglo XXI es el surgimiento de los llamados países emergentes. Pero el realineamiento económico mundial de las dos últimas décadas va mucho más allá y representa una transformación de importancia histórica, comparable a la revolución industrial, de la que destacamos los siguientes aspectos:

Existen aún diferencias entre las opciones de progreso y las conservadoras

1. El centro de gravedad de la economía internacional se desplaza rápidamente hacia Oriente y el Sur: aún más dramático, más de la mitad del crecimiento económico a nivel mundial en los últimos 15 años ha sido generado por los países emergentes y en desarrollo. Como consecuencia, las economías que no son miembros de la OCDE ya representan el 49% del PIB global, que según las proyecciones llegará al 57% en 2030. La crisis económica que ha golpeado fundamentalmente a los países de la OCDE ha acentuado estas tendencias.

2. La división tradicional entre países desarrollados y países en desarrollo ya no es tan significativa. Las enormes divergencias entre países requieren de una nueva clasificación que defina mejor su evolución económica. La OCDE

[Shifting Wealth: Perspectives on Global Development. 2010] propone una descripción dinámica del mundo, dividido en cuatro categorías basado en el crecimiento de las dos últimas décadas: países prósperos: los de la OCDE; países convergentes, con tasas de crecimiento per cápita que doblan las de la OCDE; países con dificultades (struggling), con tasas de crecimiento per cápita solo ligeramente superiores a la OCDE y; países pobres, que sufren bajas tasas de crecimiento y renta per cápita por debajo de los 950 dólares al final del periodo. Esta categorización va más allá de la tradicional división entre Norte y Sur, y proporciona una visión mucho más completa de la evolución dinámica del desarrollo global. Así, se muestra claramente que un grupo importante de países en desarrollo, entre los que destacan casi toda Asia, parte de Latinoamérica y amplias zonas de África, van convergiendo hacia niveles de riqueza de los países prósperos, otros están luchando para penetrar en ese selecto club, mientras que unos 25 países siguen sufriendo bajo el peso de la pobreza extrema, esencialmente en África Occidental y Central.

Muchas de las causas de este cambio estructural de la economía internacional son bien conocidas, otras no tanto. Primero, la apertura exterior de economías, anteriormente cerradas, como China, India y la URSS entre otras, produjo una sacudida en la oferta del mercado laboral mundial. Cerca de 1.500 millones de trabajadores se incorporaron a la economía de mercado en la década de 1990. Esto redujo el coste de numerosos bienes y servicios comerciados, posibilitando el despegue de varios países convergentes, principalmente en Asia. Segundo, el crecimiento en los países emergentes alimentó la demanda de materias primas y energía, lo que produjo una transferencia de riqueza hacia los países exportadores de estos productos, impulsando así el crecimiento en África, Latinoamérica y Oriente Próximo. Y tercero, muchos países emergentes han pasado de ser deudores a acreedores netos, acumulando grandes cantidades de divisas, especialmente China, lo que ha permitido mantener bajas las tasas de interés en los países desarrollados.

3. La creciente importancia del Sur para el Sur: la intensificación extraordinaria de los flujos económicos y financieros entre los gigantes emergentes y los países pobres, a través del comercio y la inversión extranjera directa, es una de las grandes novedades de esta nueva era. Es probable que esta tendencia continúe. En 2009 China se convirtió en el principal socio comercial de Brasil, India y Sudáfrica. Los países en desarrollo ahora mantienen cerca del 37% del comercio mundial, y el comercio intrasur representa alrededor de la mitad de ese total, constituyéndose potencialmente como el gran motor del crecimiento mundial en la próxima década.

4. La pobreza extrema se ha reducido en términos absolutos, pero ha aumentado la desigualdad al interior de los países. El realineamiento de la economía mundial ha permitido reducir el número de pobres en 120 millones durante los noventa y aproximadamente 300 millones en la primera mitad de la década del 2000. Solo en China, por ejemplo, entre 1990 y 2005 la pobreza extrema disminuyó del 60% al 16% de la población. A pesar de la reducción de la pobreza absoluta, la desigualdad a nivel global no se ha reducido. El aumento gigantesco de la desigualdad en países como China o India ha surgido de estructuras económicas duales, por la incorporación de muchos millones de trabajadores desde zonas rurales de bajísimos ingresos a los sectores urbanos impulsados por los servicios y las manufacturas. El aumento de la desigualdad también se ha producido en las grandes economías del norte, como EE UU o Reino Unido, y está en el origen estructural de la crisis financiera del 2008. Por el contrario, otros países como Brasil o Sudáfrica han sido capaces de crecer vigorosamente y reducir los niveles de desigualdad.

De la evolución descrita se desprende que la velocidad y magnitud de los cambios han sido más profundas de lo que se pensaba hace 30 años, cuando la ideología neoliberal comenzaba su dominio y se destacaban las oportunidades que la globalización ofrecía para el crecimiento y el desarrollo, y por tanto la necesidad de abrirse y adaptarse para aprovecharlas. Pero mientras las transformaciones han sido de mayor calado que el inicialmente previsto, las políticas de reforma y redistribución en los países de la OCDE no han sido a menudo suficientes para compensar los desafíos de la globalización, y la desigualdad y vulnerabilidad social han aumentado.

Veinte años después, los mercados financieros globales imponen su dictadura, muchos Gobiernos nacionales se ven impotentes y la ciudadanía apenas percibe diferencias en las salidas a las crisis entre Gobiernos progresistas y conservadores. Y es que aunque los problemas siguen siendo locales, las soluciones pasan por propuestas y políticas globales. En este sentido, se señalan tres áreas claves para un programa socialdemócrata de alcance global:

La primera prioridad es el establecimiento de una nueva gobernanza global: si los problemas del planeta cada vez son más globales, la responsabilidad y las soluciones deben compartirse entre todos. Pero la reforma de las instituciones internacionales no ha estado a la par con los cambios que se requieren para mejorar la gobernabilidad mundial. El resultado ha sido una pérdida de legitimidad profunda y una crisis en cuanto a su eficacia. La aparición del G-20 y los acuerdos que de ahí han surgido son pasos positivos, pero quedan todavía lejos de conformar un sistema de gobernabilidad global realmente democrático e inclusivo, y que debe incluir la reforma de la ONU.

En segundo lugar, hay que lograr instrumentos de fiscalidad internacional. La protección y promoción de los bienes públicos internacionales (cambio climático, investigación contra enfermedades de transmisión, lucha contra la pobreza, etcétera), requieren de fondos suficientes y predecibles para financiarlos. El establecimiento de figuras impositivas internacionales representa de mejor manera la búsqueda de soluciones globales a problemas de todos y debe ser un ámbito diferenciador para la socialdemocracia. El debate ha comenzado con los impuestos al carbono, a los bancos o a las transacciones financieras. Además, una nueva fiscalidad internacional debe llevar a la erradicación de los paraísos fiscales.

En tercer lugar, cuando las líneas divisorias entre países ricos y pobres se difuminan, también lo hacen las trayectorias de las migraciones humanas. Ya no es solo a los países de la OCDE donde emigran los trabajadores de los países pobres, sino que los flujos migratorios sur-sur se han vuelto casi tan importantes como los anteriores. Por eso, es necesario un acuerdo migratorio global, que considere a los emigrantes fundamentalmente como seres humanos protegidos por derechos elementales, al mismo tiempo que se aprovechan sus capacidades productivas en beneficio de todos.

Las tres propuestas mencionadas, junto a otras como el reforzamiento de la regulación de los mercados financieros, el establecimiento de un mínimo social global o un nuevo orden para el comercio internacional, deben constituir el eje de una agenda global socialdemócrata renovada, que muestre a los ciudadanos que dos décadas después, en la era de la globalización acelerada multipolar, existen aún diferencias entre las opciones de progreso y las conservadoras.

Manuel de la Rocha Vázquez es coordinador del área de economía internacional de la Fundación Alternativas.

 
¿DÍA DE PAZ? PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Miércoles, 29 de Diciembre de 2010 12:18
Por Zoé Valdés

 

Alguien me dejó este comentario ayer en el blog mientras yo cenaba con algunos amigos y con mi familia, luego me fui a la Misa del Gallo, y a mi regreso, después de conversar un rato con ellos me fui a dormir. No revisé el blog hasta hoy por la mañana, y me encuentro con este mensaje alarmante:

“SI QUIEREN HACER UNA NAVIDAD DE VERDAD, VAYAN (o manden a alguien) AL HOTEL PRINCESA DE MÓSTOLES A VER AL DESTERRADO CASTRISTA JUAN CARLOS HERRERA Y SU FAMILIA, LOS UNICOS CASTIGADOS POR ZP Y CRUZ ROJA QUE SIGUEN EN EL HOTEL Y QUE HOY NO VAN A CENAR, Y LLÉVENLE ALGO DE LOS MANJARES DE TODA CASA NO HUNDIDA POR LA CRISIS….

Y SI NO ENVIÉNLE A ELLOS ALGO BUENO DE COMIDAS POR DOMICILIO que paguen por internet…., ACABO DE HABLAR CON ÉL Y ESTE PAÍS ES UNA MIERDA Y VERGÜENZA, LA JEFA DE CRUZ ROJA MADRID LE HA DICHO HACE POCO QUE ES UN INMIGRANTE MÁS Y QUE SI NO LE GUSTA LO QUE HAY QUE SE VUELVA A CUBA (DESPUÉS DE PASAR DOCE AÑOS EN SUS PRESIDIOS!!! DE REPRESIÓN SOCIAL). JUAN CARLOS ES MUY CREYENTE CATÓLICO.

SUS DATOS, JUAN CARLOS HERRERA ACOSTA, HAB. 126 HOTEL PRINCESA, MÓSTOLES -MADRID. TLF 91-6476072.

SÓLO LLAMARLE Y COMPADECERLE SERÍA ALGO, PERO MÁS VALE UN BOCADO DE ALGO ESPECIAL, TRAS MESES EN ESE ANODINO HOTEL Y SU MÍSERO BUFET.

UN SALUDO.”

Lo firma Felicio, como podrán comprobar si revisan en los comentarios dejados ayer en este blog.

Yo me pregunto cómo puede un gobierno demócrata, que ha prometido a excarcelados del castrismo una vida en absoluta libertad abandonar de este modo a personas sin ningún tipo de defensa, que acaban de salir de una cárcel; a los que han sacado directamente de la prisión hacia el destierro.

Cuando asistí a la llegada de los primeros presos en el aeropuerto de Barajas, que reclamé en voz alta que no se les abandonara, el representante del gobierno se volteó hacia mí y me hizo un gesto como diciendo: “Por favor, cómo te atreves…” Bien, por lo visto, no han cumplido su palabra. Así que ahora la que le pregunta “¿qué han hecho?”, soy yo

Creo que Juan Carlos Herrera Acosta debería protestar por escrito, dirigir una carta o varias al gobierno, y otra a la iglesia católica española. No cejar en su lucha, y en esa lucha por recibir la atención que se merece debemos apoyarle. Estoy segura que muchos de sus compatriotas en España no saben en la situación en la que se encuentra y lo llamarán aunque sea para que reciba unas palabras amistosas.

Hoy, 25 de diciembre del 2010, a pocos días de que el militar y ex dictador argentino Videla haya sido condenado a cadena perpetua en su país todavía muchas personas –entre ellas Cristina Kirchner, presidenta de Argentina- son insensibles ante los crímenes de los hermanos Castro, frente a sus 52 años de dictadura, y el abandono al que son expuestas sus víctimas y los héroes que han luchado y luchan por la libertad del pueblo cubano.

Aquí, al final de este texto, les colgaré un video-audio de algunas declaraciones importantes de Juan Carlos Herrera Acosta desde la prisión donde compartió con Orlando Zapata Tamayo, tal como oiremos en sus palabras.

Exijo además al gobierno de Zapatero que cumpla su palabra con este y otros presos cubanos, y asuma –tal como prometió- el derecho a que este hombre, que fue preso político cubano de una de las más crueles dictaduras que existe todavía en el planeta, y que es un héroe cubano y un exiliado político, pueda vivir una existencia normal y digna en el exilio en España, que no es cualquier exilio, porque España tiene deudas y compromisos de sangre con todos los cubanos.

Zoé Valdés.

Última actualización el Miércoles, 29 de Diciembre de 2010 12:19
 
Wikileros, grafiteros y la nueva guerra mundial PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Domingo, 12 de Diciembre de 2010 10:13

By CARLOS ALBERTO MONTANER

Estalló la guerra en el mundo virtual. Los partidarios de Julián Assange han bloqueado a Visa, MasterCard y otros gigantes norteamericanos. Ya hasta cuentan con denominación de origen: son los wikileros. Se vengan de su detención en Londres por un extraño delito sexual que quedará probado cuando el jurado examine con mucho cuidado un condón inoportunamente roto en el momento exacto del suspiro.

Los wikileros mañana pueden paralizar al Banco de Londres o a la Volvo de los suecos. Como todas las operaciones financieras o industriales complejas hoy pasan por Internet, el costo potencial de estos conflictos es asombrosamente alto. ¿Cuánto le costaría a Estados Unidos el cierre de Wall Street durante ocho horas laborables? ¿Cuánto si la central eléctrica más importante de New York queda fuera de combate por un tiempo? Los blancos potenciales y el daño que es posible infligirles son infinitos.

Estamos ante la primera guerra mundial cibernética y vale la pena estudiar el fenómeno. El dato más urgente que surge de las trincheras consiste en la naturaleza de los guerreros de internet. Físicamente, están más cerca de Woody Allen que de Rambo. Suelen ser tipos taciturnos, nerds, que no responden al patriotismo convencional. No están atados a banderas ni a naciones. Crecieron en el territorio salvaje de internet, donde todo es posible, donde (afortunadamente) no hay leyes ni controles.

Esa experiencia de Lejano Oeste los ha marcado. Los ha hecho rabiosamente individualistas. Pertenecen a la tribu de los cibernéticos, una especie totalmente nueva, postmoderna, que ha roto con los lazos gregarios convencionales y sólo le tienen lealtad a su propia fratría, a su etnia hecha de gigas y megabits. Sus héroes son los hackers famosos, los tipos que han logrado entrar en las computadoras del Pentágono o que han desvalijado los archivos de un banco poderoso. Adoran la transgresión y viven para ella. Por eso disfrutan de un placer tan raro como fabricar un virus para echarle a perder el disco duro a un señor que vive en Filipinas.

Hay algo curiosísimo en la psicología de muchos de estos jóvenes que los acerca a otra extraña tribu: los grafiteros. Los grafiteros salen por las noches armados de una lata de spray y una docena de creyones en bandolera. El objetivo aparente es embadurnar con letreros y dibujos la fachada de una casa inocente, pero el propósito real es disfrutar de la transgresión, ese momento delicioso en que rompen todas las normas y acaban con el orden aseado de la burguesía. A veces los detienen o las víctimas los descubren, se rebelan y los decoran con el mismo spray, pero ya han tenido su trallazo de adrenalina y están felices.

Los wikileros son contadores de secretos. Despiertan la curiosidad morbosa de los paparazzis, esos fotógrafos salvajes que suelen retratar a la gloriosa señora de Sarkozy sin sujetador o a Berlusconi mientras explora sus fosas nasales con el dedo índice. Era muy feo que entraran en el correo privado de la señora Sarah Palin, como ocurrió hace unos meses, pero medio planeta quería saber qué cosas decía la dama en su correspondencia personal. Los wikileros tienen ese encanto: revelan secretos y nada les interesa más a los seres humanos que la información prohibida, el chisme. Assange dispone de 250,000 y se los está regalando a la humanidad a cuentagotas, como Sherezada a su sultán implacable. De pronto su inquieta vida sexual se convirtió en otro chisme, pero esas revelaciones no estaban en sus planes. Fue un acto de justicia poética.

s una ingenuidad del gobierno norteamericano tratar de impedir la divulgación de estos documentos. No supieron custodiarlos y ahora eso no tiene remedio. Si hay un claro delito es el del soldadito que los diseminó (otro miembro de la tribu de los cibernéticos), pero más culpables aún son los especialistas en informática que se ganan el pan poniendo candados en la guarida de la señora Clinton y no hicieron bien su trabajo. Eso se llama negligencia y es un delito tipificado en todos los códigos. Mientras más se esfuerce Washington en silenciar a Assange, más vida tendrán estas historias y más guerreros de internet saldrán a recoger la antorcha. Lo único sensato, a estas alturas, es aprender a pelear en el espacio cibernético. La guerra del futuro ya llegó.

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