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Artigos: Mundo
¨La ola de modernidad que recorre el mundo árabe¨ PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Viernes, 04 de Febrero de 2011 12:05


Por DARSI FERRER

Inesperadamente en todos los regímenes dictatoriales o seudodemocráticos del Magreb, del Medio Oriente y hasta en la Península Arábiga, lo que constituye una vasta región geopolítica que parecía inmune a los aires de libertad y democracia, ocurre en estos momentos un fenómeno telúrico, apasionadamente popular, extraordinariamente moderno y único en la Historia. Ni siquiera la asombrosa caída en efecto dominó de los países del otrora Campo Socialista se le asemeja en pasión popular y velocidad.

Esos acontecimientos que por estos días se presencian en el mundo árabe han convulsionado a la comunidad internacional, pero no hasta el punto de ignorar o desvirtuar sus extraordinarios medios y objetivos. El movimiento al unísono de grandes masas populares reclamando libertad y democracia desde Marruecos hasta el Yemen es consecuencia de la modernidad que traen consigo las redes sociales, los teléfonos celulares y la Internet , sin olvidar el apoyo que les resulta a todas esas naciones la comunicación en la misma lengua.

La tibieza y extremado escepticismo por parte de Occidente y Estados Unidos a la hora de apoyar abiertamente la naturaleza libertaria y moderna, completamente espontánea, de todos esos millones de ciudadanos árabes, por la preocupación del fantasma de un latente islamismo furibundo no ayuda en nada a consolidar una situación ya lanzada, y más bien contribuye a complicarla.

Principalmente Estados Unidos y la Unión Europea deberían abandonar los temores a los resultados de los valores occidentales que desde hace años fomentan por el mundo. Este acto de osadía popular es un vibrante efecto positivo de la globalización surgido de manera natural. No es una conjura de alguna siniestra agencia de inteligencia, ni un plan secreto de los illuminati, ni siquiera una operación de Al Qaeda, los talibanes o alguna camada de viejos ayatolas.

¿Cómo no identificar en todas sus dimensiones este hecho único? No apoyar abiertamente o descalificar a priori las realidades que han movido estos cambios que desean millones de individuos lo único que demuestra es una penosa y desfasada mezcla de altanera incredulidad cultural, racismo ideológico y menosprecio intelectual ¿Por qué no concebir que los árabes africanos también pueden darle una sorpresa agradable al mundo? Y entiéndase bien, no se propone un intervencionismo extranjero en esas naciones, sino la capacidad de deslindarse por la soberanía popular claramente manifiesta y espontánea frente a la tozudez de un corrompido poder dictatorial.

La falta de una enérgica respuesta de Occidente es muy frustrante para las personas que ahora reclaman democracia y libertad, y representa una mala huella en la memoria para los que en un futuro también las reclamarán.

En caso de circunstancias similares en Cuba, ¿qué podría esperar la nación antillana?  ¿Una actitud de recelo ante la acción salida del mismo pueblo? ¿O se buscaría infructuosamente una segunda amenaza oculta y latente antes de pronunciarse por apoyar los justos reclamos democráticos de la nación cubana? Una respuesta de ese tipo podría describirse como “comprar pescado y cogerle miedo a la cabeza”.

Y es que el sólo hecho de que en Egipto se haya suspendido la señal de Internet y el servicio de teléfonos celulares, intentando acallar el mecanismo de comunicación y estímulo del pueblo movilizado contra la dictadura, que motivó como respuesta inmediata la capacidad de improvisación tecnológica de las masas amotinadas para saltarse esos obstáculos, son ya prueba fehaciente de la naturaleza profundamente moderna del alzamiento popular.

Y cabe preguntarse, ¿a qué vienen las vacilaciones de importantes naciones democráticas? ¿Por qué se cree que personas que son capaces de utilizar masivamente y con mucho ingenio las herramientas modernas de las comunicaciones, van a permitir luego que las sometan a la condición de víctimas pasivas y tolerantes de un movimiento sedicioso y oscurantista de los islámicos que puedan estar al acecho, y dejarse borrar como protagonistas de los actuales procesos?

Es conocido que organizaciones como la Hermandad Musulmana, extendidas por todo el Medio Oriente, tienen un programa anti moderno de gobierno y de organización de la sociedad, apostando por teocracias intolerantes para dirigir a los pueblos. El peligro que pueden representar esos extremistas se hizo valer hace más de veinte años en Argelia. De hecho, es bueno tener en cuenta que su tipo de programa para gobernar en absoluto no significa una realidad inamovible.

La pujante capacidad de trasmisión de valores occidentales de los medios masivos de comunicación modernos sorprendió a todos. Se han extendido firmemente por amplias capas de la población árabe y musulmana, los que con entusiasmo se identifican con sus propuestas de progreso, democracia y libertades. Es probable que con estas acciones libertarias una porción significativa de una amplia masa de ciudadanos árabes de poca cultura, víctimas preferidas del oscurantismo de los extremistas islámicos, se sientan amenazados en sus tradiciones y normas de vida. Pero no son fuerzas que tengan la capacidad de movilización y firmeza ante objetivos permanentes de desarrollo que son, a su pesar, necesarios para sacar a esos países de la precaria situación económica, social y política establecida por el inmovilismo instaurado por sus regímenes decadentes y represivos.

La presente administración Obama ya debía estar más que pasada del concepto rooseveliano referido a los dictadores aliados de EEUU: “Es un H. P., pero es nuestro H. P.”  En tal sentido, no hay diferencia entre Trujillo o Mubarak. Con tristeza se recuerda la frustrante actitud pasiva y titubeante del gobierno estadounidense frente a los sucesos de rebeldía democrática ocurridos el pasado año en Irán, como resultado de las fraudulentas elecciones, hecho que debería haber dejado una lección conclusiva para la actividad e influencia exterior de ese gran país: la política  y la ética no marchan por distintos caminos.

Más lamentable aún es la miope reacción del gobierno israelí de apoyo a un tirano en caída como Hosni Mubarak, ignorando completamente los justos reclamos del pueblo egipcio. El premier Netanyahu se conduce por estrechos intereses geopolíticos mal encaminados, pese a todo lo justificado y oportuno que parezcan para los intereses de su nación. Esa decidida apuesta por Mubarak sólo puede calificarse de frustrante y nada coincidente con los valores democráticos que pretende defender para su propio pueblo.

El lastre de las indecisiones provenientes de naciones democráticas claves en la arena internacional le han dado un aire extra a Hosni Mubarak para intentar resistir y no soltar el poder. Las tropas del ejército egipcio, hacen lo posible por dar la impresión de que son testigos imparciales y garantes del orden, pero lo cierto es que por estos días están permitiendo el desplazamiento por las carreteras que controlan y el acceso a las plazas tomadas por el pueblo egipcio a fuerzas paramilitares simpatizantes del dictador, armadas con objetos contundentes y presurosamente agrupadas en sitios distantes.

Varios choques sangrientos entre esas fuerzas represoras y los manifestantes que piden la renuncia del dictador se han producido ya en determinantes centros urbanos como Alejandría, Port Said y El Cairo. Con estas acciones organizadas por el régimen se hace evidente que la dictadura egipcia se dispone a vender cara su vida, perfilando una situación de guerra civil inminente. Occidente y los Estados Unidos en particular deben convencerse de que la dilación de los disturbios e inestabilidad en la nación egipcia, que hace rato debería estar resuelta con la salida de Mubarak del poder, es justamente secuela de la poca energía al reclamar esa solución con sus medios diplomáticos y de presión económica.

Permitirle a Mubarak permanecer más tiempo en la silla presidencial sólo traerá una situación caótica, muy peligrosa para la región debido al peso geopolítico de Egipto, justamente lo mismo que ahora pretenden evitar con su desafortunada prudencia.

En lo que a Cuba toca, los acontecimientos que se desarrollan en el mundo árabe demuestran otra lección muy importante que ha quedado en claro: los pueblos de esta Era de la Internet ya no toleran dinastías familiares que pretenden pasar el poder absoluto de padres a hijos, como si se tratara de un negocio familiar. Si los Castro continúan empeñados en ese tenebroso asunto, que contemplen como en Egipto y Yemen han quedado desguazadas intenciones parecidas.

Y no es difícil deducir que el impacto liberador de los incidentes del norte africano más tarde o más temprano se propagará por otras latitudes. El efecto tremendo que traerá la caída o amansamiento de los regímenes dictatoriales árabes producirá un fenómeno de sacudidas sociales a nivel mundial. Los pueblos oprimidos serán estimulados a aprovechar cualquier migaja de Internet, cualquier espacio de modernidad comunicacional que les caiga en las manos para movilizarse y quitarse de encima a cúpulas de aberrados abusadores que se creen inamovibles. Y ocurrirán inesperados derrumbes en sitios espantosos y oscuros como Corea del Norte, Myanmar o Cuba.

Es el signo de los tiempos de libertad que nos han traído los medios modernos de comunicación y las redes sociales que se van creando. A esta Isla del Caribe también le corresponderá pronto su hasta ahora negado pedacito de cielo.
La Habana, Cuba. 3 de febrero de 2011.


Observatorio de Análisis Político, afiliado a la plataforma Consenso Cívico.


 
Mubarak ya ha caído PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Viernes, 04 de Febrero de 2011 11:54

Por ELENA VALENCIANO

Ha ocurrido ya, aunque el régimen se resista a verlo.

Los hombres y mujeres, jóvenes, niños y niñas de la plaza Tahir de El Cairo, ya han expulsado a Mubarak.

Ahora, desgraciadamente, hay y habrá violencia, extensión de la represión y mordaza a los periodistas internacionales pero, antes de eso, y sin disparar un solo tiro, millones de egipcios sepultaron la política innoble y corrupta de Mubarak.

No han sido los Estados Unidos, ni la Unión Europea ni tampoco el temido yijhadismo, ha sido la ciudadanía que un día, a saber por qué ese día, perdió el miedo y se sintió más fuerte que su opresor.

Ensancharon las calles de El Cairo y se abrieron los unos a los otros componiendo una marea de voluntades firmes, pacíficas y solidarias.

Quienes quieran poner puertas a esa gigantesca movilización contra un destino injusto, se equivocarán gravemente.

El pueblo en las calles todavía tendrá que sufrir. Lo saben pero no se van a detener y ya nada volverá a ser igual en Egipto. Ha irrumpido con fuerza el nuevo actor político que algunos creían derrotado: la ciudadanía árabe, con toda su legitimidad. Por eso, aunque no quiera escucharlo, aunque se resista y aún pueda hacer daño, el régimen no podrá sostenerse. La prensa internacional todavía no puede contarlo pero en la Plaza Tahir, todos lo saben: Mubarak ya ha caído.

Tomado de EL PAÍS

 
Egipto, ¿un aviso para todos los autoritarios? PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Viernes, 04 de Febrero de 2011 11:23

Por Chrystia Freeland

Han sido un par de malas semanas para lo que Vitali Silitski, un politólogo, llama el Autoritario Internacional. Silitski es originario de Bielorrusia, un buen antecedente para estudiar a gobernantes autoritarios, y observador de la problemática manera en que los autócratas del mundo respondieron a las revoluciones en algunas ex repúblicas soviéticas años atrás incrementando la represión en casa y formando un amplio grupo internacional de apoyo.

China es la estrella del Autoritario Internacional, con su robusto crecimiento guiado por un gobierno que aplastó las protestas en la Plaza de Tiananmen en 1989 pero ahora gana aplausos hasta de líderes occidentales que reconocen que a veces es más eficaz para lograr algo que las quejosas democracias. Pero así como el Autoritario Internacional se vio reforzado por el modelo chino y lo que inspiró, las revueltas en Egipto y Túnez han perturbado a los gobernantes no electos en el mundo.

"Cuando se ve a alguien como (presidente Hugo) Chávez en Venezuela relacionándose con alguien como (el iraní Mahmoud) Ahmadinejad queda claro que estos regímenes autoritarios están formando una alianza que les ayuda a mantener su control", dijo Aryeh Neier, presidente de la fundación Open Society. "Si yo fuera (el chino) Hu Jintao, estaría nervioso en este momento", añadió.

Si uno fuese un dictador, lo que más temor da del levantamiento de Egipto es lo inesperado. Mohamed A. El-Erian, presidente ejecutivo de Pimco, es hijo de un diplomático egipcio, tiene pasaporte egipcio y pasó gran parte de su niñez en ese país. Es un experto en mercados emergentes, donde el cambio de régimen es usual, y pasó la Navidad con su familia en Egipto. Pero, como todo el mundo, también se sorprendió. "Estos procesos no son lineales", dijo El-Erian. "No pasa nada, no pasa nada, no pasa nada y no pasa nada, y luego pasa todo. Las protestas se adelantan a los actores políticos tanto en Egipto como en Occidente", añadió.

Eso fue lo que sucedió la semana pasada en la reunión anual del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, que ignoró ampliamente los eventos en Oriente Medio en su programa oficial. Sin embargo, Egipto era el centro de las conversaciones en los corredores, cafés, y, aparte de los participantes árabes, algunos de los más fascinados eran los rusos.

Eso se debía a que, como dijo el líder opositor Boris Y. Nemtsov en una conversación telefónica desde Moscú esta semana, "muchos en Rusia están viendo similitudes entre Mubarak y Putin". Una similitud clave, según Nemtsov, un ex viceprimer ministro y gobernador provincial, es que "ambos son regímenes corruptos y ambos regímenes se han centrado en el enriquecimiento de un grupo pequeño de personas alrededor del líder".

El-Erian coincide en que la brecha entre los súper privilegiados y el resto era el talón de Aquiles del régimen de Mubarak. La debilidad era invisible, o considerada irrelevante, para muchos debido al crecimiento de la economía. Pero la lección es que los regímenes autoritarios más frágiles no son necesariamente lo más pobres. Con frecuencia son aquellos en los que la economía tiene un desempeño razonablemente bueno, pero donde los ingresos son repartidos de forma desigual. De ahí, por ejemplo, las quejas en Túnez sobre el enriquecimiento de Leila Trabelsi, esposa del derrocado presidente, comúnmente llamada "la peluquera", y su familia.

"En Egipto había un problema de distribución de ingresos, pese a que la economía había crecido muchísimo", dijo El-Erian. Los chinos son vistos por algunos como los autoritarios más inteligentes del mundo. Un ejemplo podría ser la guerra de información que China ha llevado adelante sobre los eventos en Egipto, restringiendo el acceso por Internet a noticias independientes mientras los medios oficiales enfatizan el "caos" por sobre la revuelta. Otro ejemplo es que los líderes chinos son conscientes de su vulnerabilidad a la percepción pública de que el Gobierno del Partido Comunista se centra en enriquecer a los líderes, en vez de generar prosperidad para todos.

Por ello es que una de las historias más significativas en China recientemente fue la condena de Li Qiming, hijo de un oficial de policía de alto rango, por atropellar y matar a una joven mujer. Li Qiming confiaba en que el nepotismo lo protegería, ya que se alejó del lugar del accidente gritando "¡Demándenme si se atreven. Mi padre es Li Gang!" Pese a los esfuerzos iniciales para ocultar el incidente, el alarde de privilegios no tuvo éxito. Los camaradas sentenciaron el domingo a Li a seis años de prisión.

Para el Autoritario Internacional, esa es una lección de la caída de la peluquera de Túnez. En algún momento, los rusos escucharon. Hablando en Davos antes de que la revuelta en Egipto ganara fuerza, el presidente Dmitri Medvedev dijo: "Lo que sucedió en Túnez, creo, es una lección sustancial para aprender para cualquier autoridad. Las autoridades no deben simplemente sentarse a observar sino caminar con la sociedad. Cuando las autoridades no se ponen al día con el desarrollo de la sociedad, no cumplen con las aspiraciones de la gente, el resultado es muy triste".

Nemtsov no cree que los gobernantes de Rusia necesariamente escuchen ese consejo. Rusia tiene crudo, señaló, "pero el régimen ruso es tan corrupto que requiere que el precio del petróleo suba constantemente. El crudo no salvará a Putin".

Para Occidente, una conclusión debe ser que aunque es más fácil trabajar con los plutócratas autoritarios que con los disidentes -Hillary Rodham Clinton, la secretaria de Estado de Estados Unidos, ha hablado públicamente sobre su amistad con Mubarak y su esposa, Suzanne, quien ha hecho campaña por los derechos femeninos- acercarse a los activistas no es sólo moralmente justificable, sino también pragmático.

Carl Bildt, el ministro de Relaciones Exteriores de Suecia, escribió en un correo electrónico que una consecuencia indirecta del levantamiento en Egipto será que "los Gobiernos occidentales estarán más alerta a la necesidad de acercarse a la sociedad civil en estas sociedades y llevar adelante una especie de agenda democrática". El ministro envió el mensaje desde Varsovia, donde estaba trabajando para apoyar a la oposición de Bielorrusia.

De hecho, la parte más difícil de derrocar a regímenes autoritarios es con frecuencia el día después. "Si uno mira las transiciones más exitosas -Polonia, México, Taiwán- han sido largos recorridos", dijo Lucan Way, un politólogo de la Universidad de Toronto. "Uno quiere que en esos lugares hayan oposiciones establecidas, y eso no ocurre en dos semanas", añadió.

Silitski comenta que el Autoritario Internacional fue envalentonado por los decepcionantes desempeños de los gobiernos instalados por las revueltas: la Revolución Rosa en Georgia, la Naranja en Ucrania y la Revolución de los Tulipanes en Kirguiztán. Tal vez ahora se necesitaría la Democracia Internacional para prevenir un similar decepcionante segundo acto en el mundo árabe.

Fuente: Reuters

Chrystia Freeland es editora general de la agencia de noticias Reuters desde marzo de 2010. Fue jefa de redacción del Financial Times. Trabajó en Kiev, Moscú,Londres, Toronto y en la actualidad en Nueva York. Es autora de Sale of Century (La liquidación del siglo, 2000), un sobre el pasaje de Rusia del comunismo al capitalismo.

 
Sobre Pe y Ja (el parto de Penélope Cruz) PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Jueves, 03 de Febrero de 2011 13:05


Por Alfonso Ussía

 

Se ha echado de menos un comunicado oficial anunciando la buena nueva del parto de Penélope Cruz, la Pasionaria de Alcobendas. Ha sido un niño. Enhorabuena. Ha nacido en Los Ángeles, en los Estados Unidos, y no en Cuba. Enhorabuena. De esta manera, el niño podrá optar a la nacionalidad estadounidense cuando alcance la mayoría de edad. Enhorabuena. El nacimiento ha tenido lugar en el hospital Cedars-Sinaí, uno de los más caros del mundo. Se calcula que la factura no bajará de los cien mil euros. Enhorabuena por tenerlos. En España sale más barato, pero los padres son muy dueños de decidir el lugar de acceso a la vida de sus hijos. Me aseguran mis informadores de partos ilustres que tanto el padre como la madre han luchado denodadamente contra sus ideas, y que las ideas han resultado derrotadas. De haber vencido las ideas, el parto se habría producido en Cuba, cuyo nivel médico y asistencial es altísimo, según dicen algunos. Pero no ha habido suerte. Tiene que ser muy dolorosa la militancia comunista para terminar dando a luz en el hospital más caro y exclusivo del imperio capitalista. Me estremezco cuando lo pienso. Porque el padre y la madre del niño recién nacido no son izquierdistas del montón. Forman parte de la cúpula ideológica y de agitación y propaganda del comunismo austero que todo lo comparte. En el hospital de Cuba le obligaban a la madre a compartir habitación con una camarada cubana, y hasta ahí podíamos llegar.
Alfonso USSÍA ( en LA RAZÓN)(27/01/2011)
No hay que fiarse de las jóvenes cubanas de hoy, tan alejadas de los principios básicos de la Revolución. Además, que por culpa del bloqueo, no se garantiza en Cuba la disponibilidad de determinados medicamentos. De ahí que la pareja revolucionaria española haya decidido que su hijo nazca en el hospital más caro de la nación que impone el bloqueo a los cubanos. En España no hay bloqueo que valga, pero se entiende que en las actuales circunstancias políticas, económicas y sociales por las que atraviesa nuestra nación, lo de nacer en España les haya parecido poco. El glamour rojo también existe. Y la última opción, la de tener un hijo en un campamento saharaui con Aminatu Haidar colaborando en el parto, la verdad, y en esto les doy toda la razón, no podía ser tenida en cuenta.

La militancia comunista no obliga a tanto sacrificio. Es legítimo sentirse de la más escorada izquierda y vivir como un millonario americano. Pedir ejemplaridad y coherencia entre las ideas y la realidad, o entre la teoría y la práctica, es una impertinencia muy propia de la gente de derechas, cuyas mujeres, muchas de ellas, dan a luz todos los días en las clínicas de la Seguridad Social. Y ahí está el problema. La Seguridad Social fue obra del franquismo -el propio Franco murió en uno de sus hospitales-, y un comunista que se precie de serlo no puede consentir que su hijo nazca en un hospital del régimen anterior. Sería imperdonable.

Pe y Ja han hecho muy bien. Tiempo habrá para levantar el puño, protestar contra el Gobierno del Partido Popular, llamar asesinos a sus dirigentes, volar al Aiún cuando sea necesario, descansar en Cuba como invitados del Régimen bloqueado, y seguir viviendo en la imperialista nación que bloquea a los cubanos. Tiempo habrá. Lo importante es que el niño ha nacido en Los Ángeles, que está bien, que a la madre nadie le molesta ni interrumpe, que todo marcha de maravilla y que cien mil euros por un parto tampoco es para escandalizarse.

Arriba los pobres del mundo, en pie famélica legión.

 

 




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Pedro Ramon Lopez

Última actualización el Jueves, 03 de Febrero de 2011 13:07
 
La decadencia norteamericana PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Domingo, 30 de Enero de 2011 14:18

Por CARLOS ALBERTO MONTANER

El presidente Obama está preocupado por la presunta decadencia norteamericana. Lo acaba de decir, elegantemente, en su discurso anual ante el Congreso. Le parece que la calidad de la educación se ha deteriorado notablemente. Teme que ese fenómeno disminuya el ritmo innovador de la sociedad y que, como consecuencia, su país pierda la hegemonía planetaria que ha disfrutado desde hace un siglo, tras la Primera Guerra mundial. Siente que los chinos se aproximan a paso rápido, y, tras ellos, los hindúes. Uno de cada tres terrícolas es chino o hindú. Sólo uno de cada veintitrés es estadounidense.

Es posible que Obama tenga cierta razón, pero lo curioso es que se trata de una queja casi universal. La he oído en toda Europa. El porcentaje de italianos analfabetos funcionales (que no pueden seguir instrucciones escritas complejas) es altísimo. Media España está convencida de que las jóvenes generaciones están peor educadas que sus padres. Francia hace ya más de un siglo que dejó de ser el centro de la alta cultura mundial y cada día que pasa se aleja más de la posición dominante que alguna vez tuvo. Su literatura actual es internacionalmente desconocida. Su cine se ha desvanecido. Su teatro y su música dejaron de interesar hace muchos años. Algo parecido, aunque con menor intensidad, sucede con Alemania e Inglaterra. Incluso Finlandia, que tiene los estudiantes mejor preparados del mundo de acuerdo con los exámenes PISA, tiene razones para estar intranquila: el 50% de su PIB lo genera Nokia, la gran compañía de teléfonos. Un resbalón y la catástrofe será enorme.

Por otra parte, es absurdo asustarse o quejarse de que los chinos e hindúes se estén transformando rápidamente en potencias económicas. Estados Unidos, desde su fundación, hace más de dos siglos, tiende a convertirse, voluntaria e involuntariamente, en el paradigma para las demás naciones. Los chinos post Mao y los hindúes post Gandhi --el líder hindú no creía en las virtudes del progreso ni en las ventajas del consumo-- descubrieron que, en efecto, copiar los rasgos esenciales del modelo productivo americano genera un desarrollo impetuoso. De alguna manera, el éxito de esos países es un homenaje a la civilización estadounidense.

No se trata de que Estados Unidos pierda fuelle, sino que otras naciones, cuando realmente hacen las cosas a la manera americana (que, a su vez, es una variante del modelo británico, padre y madre de la civilización moderna), obtienen resultados parecidos. Si Estados Unidos hubiera deseado preservar su supremacía, en lugar de abrir sus empresas, sus universidades y sus centros de investigación, tenía que haberlos ocultado, como los españoles escondieron las prodigiosas semillas de cacao y la fabricación del chocolate durante más de un siglo.

En todo caso, los tres elementos básicos en los que descansa el fabuloso sistema productivo norteamericano por ahora no parecen fatigados: las instituciones de derecho son fuertes y la sociedad, mayoritariamente, se somete a las reglas; las instituciones y el modus operandi del sector económico (el crédito, los mecanismos de transacción, mercadeo y gerencia, las redes de venta, los hábitos comerciales) siguen propiciando la conversión de innovaciones y hallazgos científicos en nuevos bienes y servicios que llegan rápidamente al mercado. Lo prodigioso no es que cuatro muchachos en un garaje inventen Microsoft, Apple o Facebook, sino que existan medios de transformar instantáneamente esa creatividad en empresas inmensamente lucrativas. Y tercero: con todas sus deficiencias, el sistema educativo norteamericano, al menos en las cien mejores universidades y centros de investigación con que cuenta el país, continúa estando a la cabeza del planeta.

¿Dónde está, realmente, el mayor peligro? También lo apuntó el presidente Obama, pero me temo que no hace lo suficiente por conjurarlo: si no se pone fin al desorden fiscal, y si no se cuida el valor de la moneda, evitando la inflación, a la larga no se podrá evitar un grave descalabro. Nunca debe olvidarse que lo que sostiene el vigor de la civilización americana es su aparato productivo y éste, para funcionar adecuadamente, necesita que las cuentas nacionales estén en orden y la moneda preserve su capacidad adquisitiva. Si eso falla todo se desmorona.

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