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Artigos: Mundo
La estructura internacional en transición PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Jueves, 07 de Julio de 2011 15:10
Por JESÚS E. MAZZEI ALFONZO

La configuración de una estable estructura internacional se encuentra en una etapa de transición compuesta por una realidad extremadamente compleja e interconectada que no da pie a esquematizaciones simplistas. Por ello, siguiendo el análisis y las tesis planteadas por el profesor José Augusto Ghuillon Albuquerque, de la Universidad de São Paulo, nos encontramos en un mundo en medio de una gobernanza inestable ya que de lo inmediato de la posguerra fría viene manteniendo gran parte de las instituciones que podrían consolidar un likemined del nuevo orden. Por eso, la estructura internacional de la posguerra fría aún no ha sido substituida por un orden estructurado sino estamos en un momento de construcción y de transición, que dibuja un panorama difuso, complejo y lleno de muchas incertidumbres.

Ahora bien, el análisis de la actual estructura internacional apunta hacia cinco procesos o tendencias en desarrollo, de acuerdo a las tesis de Albuquerque a saber: despolarización, disociación hegemónica, transnacionalización, descontención y nueva vulnerabilidad del Estado.

Veamos someramente cada uno de estos procesos o tendencias. En primer lugar, la despolarización significa el desmonoramiento del imperio soviético, con el consecuente fin de la guerra fría el cual no significó la creación de un nuevo polo, ni la aparición de un nuevo orden mundial basado en la igualdad entre las naciones desde el punto de vista de las realidades del poder mundial tanto desde un punto de vista militar como político. La existencia de una potencia política y militar, a saber Estados Unidos, que ya no detenta la primacía de la competitividad económica-comercial, la cual comparte y compite con otros países emergentes como China, Japón y la UE.

En segundo lugar, la hegemonía disociada, trae consigo dos elementos implícitos en el proceso de despolarización. Por un lado Estados Unidos ya no tienen la supremacía económica, hay potencias capaces de rivalizar financieramente y comercialmente con este país, pero estas potencias emergentes muchas veces no pagan el costo de ejercer el liderazgo político y la capacidad de decisión militar que una disputa por la hegemonía global en el actual sistema internacional. Al contrario, origina una convergencia entre superpotencias políticas, militares, con diferentes potencias económicas. Entramos en presencia de una disociación entre esas dimensiones, algunos competidores económicos no pagan en forma plena, el costo de los conflictos militares donde están involucrados como cooperantes del sistema internacional por razones domesticas (Japón por las labores de reconstrucción luego del terrible terremoto de inicios de año para citar un caso).

El tercer proceso es la transnacionalización, es un fenómeno permanente de la historia del mundo civilizado que hoy toma otros ribetes ya que los procesos se tornan instantáneos, rápidos y que influyen en la actuación de los Estados nacionales y la trasnacionalización de los procesos de formación de opinión pública, organización de intereses y circulación de ideas en otros ámbitos o esferas como lo social, lo económico entre otros y es lo que se conoce hoy en día como la globalización.

El proceso de descontención que es el cuarto aspecto, significa que, con el fin de la guerra fría, la política de mutua contención asegurada entre las potencias, garantizaba cierta estabilidad en las relaciones internacionales, cosa que hoy pierde relevancia y con eso desaparece un importante sustento de la estabilidad y equilibrio del sistema, o como diría Albuquerque "lo que podemos llamar descontención en una cierta euforia que sucedió en parte del liderazgo y opinión pública internacional: si el riesgo de confrontación global no es más el principio regulador de las relaciones internacionales, entonces, todo está permitido".

Por último, la inversión de la vulnerabilidad de los Estados y los actores sociales, significa que aun concentrado todo el poder en términos de recursos económicos, de violencia que el individuo y los mismos actores colectivos de la sociedad están delante de una relación de vulnerabilidad cuasi absoluta. Ahora bien, en la preeminencia de la transnacionalización, individuos, grupos u organizaciones pasan a concertar una capacidad de destrucción desproporcional a la capacidad de la sociedad o del Estado a defenderse; ejemplo de ello es hoy en día el crimen organizado, el tráfico de inmigrantes, el terrorismo.

Debe señalarse que, esto nos dibuja una estructura internacional en transición, compleja y se quiere, en construcción en la redes de relaciones y reacomodos que se dan, lo cual no nos permite efectuar un análisis simplista de la realidad contemporánea. De allí que, debemos tratar de comprender y entender, qué está aconteciendo en las relaciones internacionales de hoy.
| EL UNIVERSAL

jueves 7 de julio de 2011 03:36 PM


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Última actualización el Jueves, 07 de Julio de 2011 15:12
 
El Movimiento de "los Indignados" PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Domingo, 03 de Julio de 2011 12:10

Por Jorge Hernández Fonseca

Quien a los 20 años no piensa como marxista, no tiene corazón; pero el que a los 50 continúa pensando de esa manera, lo que no tiene es cerebro.

 

El movimiento de los Indignados, un símbolo del desajuste de nuestro tiempo

Jorge Hernández Fonseca

 

2 de Julio de 2011

 

Acá en Brasil circula un adagio que dice algo como lo siguiente: “quien a los 20 años no piensa como marxista, no tiene corazón; pero el que a los 50 continúa pensando de esa manera, lo que no tiene es cerebro”. La frase, repetida incluso públicamente por el ex-presidente Lula, encierra aquella verdad de anhelo de justicia social que siente todo joven idealista y sensible.

 

El marxismo es una filosofía que fue incubada en el Siglo XIX y que pretendió --analizando las debilidades y las injusticias sociales del primitivo capitalismo naciente-- sugerir intervenciones en el área económica para resolver problemas sociales, sin el necesario conocimiento sobre las complejas leyes sociológicas y de comportamiento humano y con un rudimento de conocimiento incipiente de las leyes que rigen la economía, donde el factor humano también juega un papel.

 

El Siglo XX despertó con una revolución marxista en un país Europeo, Rusia, que trajo de la mano de sus líderes otra categoría filosófica nueva: el leninismo. Juntos, el marxismo-leninismo, decía haber venido para resolver los problemas de “justicia social” que se evidenciaba en el escaso control que los estados nacionales podían tener sobre el poder de los capitalistas.

 

Si bien el marxismo fue analizado por hombres con formación sólida, que sentaron bases en el campo económico, la estatización de toda la economía como solución propuesta para intentar resolver los problemas de corte social vinieron a perjudicar de manera letal la propia economía, sin la cual no hubo posibilidades de dar la justicia pretendida, empobreciendo toda la sociedad.

 

El leninismo por su parte, si bien fue idealizado también por hombres con sólida formación intelectual, trató un aspecto menos científico: la política. Desde Nicolás Maquiavelo, en la Edad Media con su obra “El Príncipe”, pocos han podido hacer aportes en este campo, y todos --incluso Maquiavelo-- derrumbando preceptos éticos y morales para conseguir sus objetivos.

 

De manera que la unión de una filosofía falla en el área económica, poco probada y sin asideros reales a la sociología humana, junto a una filosofía política que hipócritamente defendió el establecimiento de una dictadura de un partido sobre el resto de la sociedad, alimentando a propósito el imaginario colectivo con las peores bajezas morales, como el odio, la división, la envidia, sólo para conseguir y mantener el poder a toda costa y a todo costo, no era difícil imaginar su fracaso en todos los países que sufrieron este deplorable experimento.

 

Sin embargo y por circunstancias socio políticas que se sumaron a los problemas sociales no resueltos que experimentaban la mayoría de estos países, muchas naciones en el Siglo XX se unieron a la propuesta marxista, conformándose mundialmente dos grandes campos de países que lucharon en la arena internacional una buena parte de pasado siglo. En el interior de los países marxistas, el bajo desempeño económico se compensaba con autoritarismo y carestía.

 

A pesar del estado de calamidad política, económica y social que ocurría dentro del denominado “campo socialista”, la propaganda procedente de estas naciones, se proyectaba hacia el exterior como siendo sociedades que habían obtenido una buena tajada de la “justicia social”, anhelo de las grande mayorías de los países del campo adversario. Este estado de cosas mantenía una cierta presión sobre los gobiernos democráticos, que se sentían en la necesidad de dar respuestas de tipo social equivalentes a las pregonadas por los “socialistas”

 

Las divergencias socialismo-capitalismo llegaron al área militar con el enfrentamiento en Corea primero y Viet Nam después, temiéndose por un cataclismo mundial con armas atómicas, precisamente por causa de la irresponsabilidad y la traición de Fidel Castro en Cuba, que sin ningún respeto con la población cubana, se sometió al imperialismo ruso al permitir instalar cohetes nucleares apuntando contra Estados Unidos como una provocación peligrosa.

 

Al interior de los países libres y democráticos se vivía un ambiente de mejoras continuas del aspecto social, fundamentalmente por dos razones: primero porque el sistema económico capitalista de mercado es el sistema más eficiente para producir bienes y servicios y eso permitía un crecimiento económico que podría ser distribuido cada vez más igualitariamente; y en segundo lugar porque existía, a nivel internacional, un campo socialista que hacía las veces de contrapunto en los aspectos sociales, presionando a los gobiernos en sentido social.

 

Dentro de los países del campo socialista era lo contrario, Las sociedades se empobrecían con las erráticas medidas de estatización forzada de sus economías, además de hacer irrespirable el ambiente leninista de falta de libertades de todo tipo y control policial. Sin embargo, con verdaderos “ejércitos deportivos” ganaban olimpiadas, propagandizándose de haber alcanzado logros en todas las áreas sociales, reforzando la presión dentro de las democracias.

 

Hubo dos factores que hicieron estallar desde dentro los países del “campo socialista”. La falta total de libertades y el acelerado empobrecimiento económico. A pesar de sus ejércitos de deportistas y su propaganda monumental, las dictaduras implantadas no dejaban respirar a la sociedad oprimida. Es bueno destacar también que los jefes de los partidos comunistas se envilecieron con el poder absoluto y no proporcionaron soluciones económicas (como si lo hicieron en China) pudiendo haber paliado el largo período de opresión y carestía.

 

Hay no obstante lo anterior un resultado negativo para las sociedades democráticas a pesar de haber ganado la lucha contra sus adversarios. La falta de un campo socialista de contrapartida ha disminuido la presión anterior --al interior de los países democráticos-- por justicia social y de alguna manera se comienzan a imponer las fuerzas retrógradas del poder económico dentro de las sociedades libres: exorbitantes precios de la energía (petróleo), acelerado descontrol de las finanzas, especulación descontrolada con todo tipo de productos, excesivo afán de lucro de los altos ejecutivos, sometimiento de los gobiernos al gran capital, entre otros males actuales.

 

Este estado de cosas deja la sociedad inerme y en manos de ejecutivos y políticos egoístas, sin frenos ni ética y sin la “esperanza” de que alguna vez se pudiera “construir una sociedad mejor”, que al menos una filosofía política anterior les prometía (aunque falsamente) comprobando desdichadamente que tampoco hay nada equivalente que futuramente permita tal solución.

 

En tesis, la sociedad humana desperdició con el fracaso del marxismo una buena oportunidad de haber encaminado al capitalismo por un mejor sendero en lo relativo a sus consecuencias sociales. El error de un análisis superficial de la naturaleza humana al intentar reformar artificialmente la economía, sumado al envilecimiento de los secretarios generales, devenidos dictadores contra sus pueblos, ha dado como resultado esta situación de orfandad social actual.

 

Esta es la verdadera razón de los “indignados”, que han estremecido la sociedad española y de otros países de Europa, sometidos ahora a un proceso de recesión extrema, producto de la especulación inmobiliaria y financiera, altos precios del petróleo que les impide continuar disfrutando del alto nivel de vida que era necesario mantener antes, para poder mostrar al campo socialista que era posible la “justicia social” con libertades ciudadanas. Como ya no hay ese peligro político, ahora manda el dinero y sus representantes. Por eso los “indignados”.

 

Dos conclusiones: primero, habría que dotar a la sociedad en general --a través de leyes-- de la posibilidad real de controlar los desajustes que se producen por al afán de lucros exorbitantes de los ejecutivos ambiciosos en todas las latitudes. En EUA Obama accedió a la presidencia de su país prometiéndolo, y hasta ahora muy poco ha cambiado. Segundo, no es necesario adoptar el fracasado marxismo-leninismo para solucionar ese escollo, aunque se corre el riesgo de un rebrote de la ideología comunista –a falta de otra-- entre los sectores “inconformes”, por no haber una salida inmediata a una situación que sufre la abrumadora mayoría de la sociedad del Siglo XXI, focalizada precisamente en los más jóvenes.

 

¿Será posible que el mundo sólo se arregle si hay una presión comunista como contrapunto?

 

 

Artículos de este autor pueden ser consultados en http://www.cubalibredigital.com

Última actualización el Domingo, 03 de Julio de 2011 12:12
 
En defensa de Obama PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Jueves, 16 de Junio de 2011 10:27

Por HUBER MATOS ARALUCE

 

El debate de los candidatos republicanos a la nominación de su partido, el lunes 14 de junio, fue interesante.  Todos demostraron que son políticos hábiles e inteligentes.  Discutieron por dos horas. No creo que hubiera un minuto de aburrimiento.  Los temas  principales fueron el gran problema del desempleo y la inmensa deuda del gobierno federal.  Según todos, el culpable es el presidente Obama.

 

Pero hubo un asunto que debe haber causado preocupación a mucha gente.  La acusación de Ron Paul a Barak Obama de haber intervenido en Libia.  Argumentó que en Libia  los Estados Unidos no tenían  ningún interés estratégico.  Lo mismo había afirmado el entonces Secretario de Defensa Robert Gates cuando se discutía si se intervenía o no en defensa de los civiles de esa nación.

 

En aquellas circunstancias el senador  republicano John McCain y el senador Joe Lieberman (independiente) apoyaron la participación de los Estados Unidos en Libia.  Obama se decidió por la intervención.  Susan Price, la embajadora de los Estados Unidos en la ONU, pudo concertar una coalición en el Consejo de Seguridad que le dio el visto bueno a un esfuerzo multilateral para defender militarmente a los libios.

 

En un periodo preelectoral en los Estados Unidos lo prudente habría sido que  Obama siguiera las recomendaciones su Secretario de Defensa.   No hacerlo era arriesgarse a sufrir un daño político. Una guerra se sabe cuándo comienza pero nunca cómo ni cuándo termina. Por solo esta razón la decisión de Obama fue muy valiente; pero además fue inteligente.

 

Contrario a los argumentos de Robert Gates y del precandidato que ayer expresó la misma opinión, la guerra en Libia es importante para los Estados Unidos. Ante una ola de rebeldía de jóvenes árabes que quiere vivir en libertad, la solidaridad de los Estados Unidos es de importancia estratégica.

 

La derrota del extremismo musulmán en el siglo XXI será el producto de la transformación de esas sociedades.  En esa guerra contra el terrorismo las nuevas generaciones árabes son los mejores aliados de Occidente. El terrorismo es producto de la desesperación y el adoctrinamiento fanático.  Este prospera mejor en las dictaduras que frustran a los jóvenes por su  corrupción y violencia.   Dictaduras que en muchos casos han sido aliadas de los Estados Unidos.

 

El apoyo de los Estados Unidos a las revueltas populares por la libertad es la mejor garantía contra el terrorismo.  Riesgos los hay. Cuando las protestas en Egipto estaban en su apogeo había voces que alegaban que el país sería controlado por los musulmanes radicales.  No ha sido así.  Tampoco tiene que serlo en el caso de Libia.   Pero en cualquier eventualidad, es mejor tener a la mayor parte de la juventud árabe admirando a los Estados Unidos por su solidaridad moral, política y armada, que odiándola por su pasado o por su indiferencia.

 

 

 

 
Strauss Kahn, víctima de la tiranía de lo urgente PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Lunes, 16 de Mayo de 2011 19:11

Por Jacques Attali

La terrible acusación que pesa sobre Dominique Strauss Kahn (DSK) es la ocasión para recordar que nuestra sociedad, que se ha vuelto sin fronteras, vive ahora en cuatro escalas de tiempo simultáneas. De ello se desprende que reglas de juego contradictorias se entrechocan, calendarios distintos se superponen, ritmos diferentes se penetran unos a otros.

La primera escala de tiempo es la del derecho, la de la investigación policial y la del procedimiento judicial; su ritmo está a discreción de los investigadores y de los jueces. Se impone a priori sobre todos los demás.

La segunda escala de tiempo es la de la política, que obedece a un calendario electoral preciso, en general inmutable.

La tercera escala de tiempo es la de los mercados y los medios de comunicación: obedece a la exigencia de la respuesta inmediata, de la novedad permanente, de la impaciencia y de la competencia; más aún desde la aparición de Internet.

La experiencia demuestra que la escala de tiempo más rápida impone su ley a las otras. Así, los mercados y los medios imponen sus soluciones a los otros espacios; pueden destruir en pocos instantes una reputación económica, política y ética construida a lo largo de una vida: la realidad de un pasado no vale nada comparada con la apariencia de un presente.

El tiempo de los medios lleva, entonces, a considerar que todo defecto de los políticos, incluso no demostrado, merece ser denunciado y los excluye de la vida pública. Esto lleva a buscar hombres cada vez más perfectos para ejercer funciones cada vez menos importantes, en las cuales por otra parte son cada vez más fácilmente reemplazables.

Los mercados son los últimos beneficiarios de este fracaso de lo político.

Dominique Strauss Kahn es víctima de estas contradicciones: los medios quieren, respecto a su caso, obtener y dar respuestas inmediatas a interrogantes que la justicia tardará meses en resolver, lo que lo excluye de las instancias políticas por venir.

Incluso si un día es disculpado, en el plano judicial, del terrible crimen del cual se lo acusa, habrá sido ya irreversiblemente condenado en el terreno político. En detrimento de la causa por la cual DSK ha luchado siempre: un estado de derecho planetario y una gobernancia mundial democrática y justa que domine a los mercados.

Esta tiranía de lo inmediato se manifiesta también en otras circunstancias y explica ampliamente la anarquía de la mundialización. Así, en materia financiera, las exigencias de respuestas mediáticas renovadas sin cesar lleva a los políticos a descuidar las soluciones de fondo, a rechazar la puesta en marcha del derecho y de las instituciones jurídicas planetarias necesarias, en provecho de las fotos que permite el G20 para gran beneficio, aquí también, de los mercados financieros.

Más allá de este caos, una última escala de tiempo viene siempre, al final, a sacudir a las otras tres y a darles todo su sentido irrisorio: la de la enfermedad o la muerte. El destino del hombre es el de olvidar esto, para no pensar más que en actuar en el interior de los otros espacios, bajo la tiranía de lo urgente.

A menos que se tenga la audacia de proyectarse fuera de las rutinas, de pensar el mundo más allá de todo calendario y de atenerse, con obstinación, a sus sueños.

(Traducción de Infobae América)

Jacques Attali es un economista y escritor francés. Cofundador y editorialista de Slate.fr y columnista de la revista L'Express. Preside Planet Finance y es autor de numerosos libros, siendo uno de sus últimos títulos Crisis, ¿y después?

 
Siria: la apuesta por la libertad PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Sábado, 14 de Mayo de 2011 15:00

Por Dr. Darsi Ferret

Pese al ejército disparando con tanques, cañones y francotiradores, y a la acción de la policía política haciendo constantes razias en los hogares y secuestrando a conocidos opositores o sospechosos de participar en las manifestaciones contra el régimen, el valiente pueblo sirio continúa manifestándose cada viernes de oración, pidiendo el fin del régimen asadita.
La brutalidad de la represión se ha sostenido en parte por la ausencia de una decidida condena internacional, y las más que acostumbradas dubitaciones de un Consejo de Seguridad de la ONU que todavía está atenazado por el fiambre de la realpolitik de la Guerra Fría. Los cálculos de conveniencias geopolíticas y las componendas de pasillo se vuelven más infortunados ante la masacre de una revolución verdaderamente popular, pacífica y que clama por el triunfo de los valores occidentales de libertad y democracia.
La persistente brutalidad de la cúpula gobernante de Siria parece haber domeñado el pánico de Bashar al Asad, el que hace apenas unas semanas se apresuró a firmar por decreto el fin del Estado de Emergencia que implantara su padre. Envalentonado por las facciones recalcitrantes en el poder, y por la falta de enérgica condena unánime en la arena internacional, la que deberían encabezar EEUU y la Unión Europea con sanciones drásticas de corte político-económico, el dictador sirio se ha lanzado a por todas contra su propio pueblo.
El mundo árabe, revuelto por las mismas premisas libertarias que protagonizan el verdadero principio del siglo XXI, está pendiente de esa lucha desigual. ¿Hasta que punto podrá mantenerse el conflicto en suelo sirio sin una ruptura en uno u otro sentido? Por un lado el ejército está ante la contradicción de estar matando a sus propios coterráneos que juraron defender, y por el otro el pueblo es masacrado a mansalva y la comunidad internacional no lo apoya con decisión abrumadora.
Los argumentos de “defensa del Estado ante la agresión de extremistas islámicos” que blande la dictadura siria para justificar su barbarie no se sostienen como creíbles. Al igual que en todos los casos recientes en el mundo árabe e islámico, la presencia masiva de la población en las calles lo que clama es libertad y democracia, no la ley islámica ni un estado teocrático.
Todo indica que el punto de quiebra del pueblo avasallado de Siria ya quedó atrás. Lo estimula la lucha a brazo partido que sostienen en las calles y plazas contra el feroz dictador. No se puede concluir otra cosa al valorar la corajuda decisión popular de afrontar la feroz represión y muertes, y hacerlo incrementando la intensidad y participación en las protestas.
Y es que lo que está ocurriendo es una acción de la sociedad civil, que se multiplica cada vez en más ciudades, a pesar del incremento de la violencia gubernamental que intenta aplastarla. Con la matanza, ahora en el pueblo prima la justa cólera y en ella se ha galvanizado la decisión de quitarse de encima el odiado régimen. Su admirable resistencia va provocando grietas irreversibles en el ejército. Y  ante la heroica resistencia de la ciudadanía es probable que en la institución armada estén ocurriendo purgas y que empiecen a abundar las ejecuciones sumarias, anotándolas como víctimas de unos supuestos “terroristas” que actúan contra el Estado. Pero ni siquiera la teoría de la fidelidad a toda prueba del ejército de corte personalista puede salvar las contradicciones abismales a las que está siendo arrastrado por la dictadura.
El aparato de la policía política siempre resulta el más cruelmente comprometido con un régimen dictatorial. La tradicional  brutalidad represiva de la que hacen gala se dirige contra todo el que se oponga o dude. Sin embargo, su estructura interna es frágil para sostenerse en esa posición. La caída de todos sus iguales casi intactos en el derrumbe del llamado Campo Socialista dejó al descubierto cuáles son los puntos débiles de estas temidas estructuras de poder.
La resistencia a manos descubiertas de la población siria va a tener un límite de control. De persistir la represión, el pueblo se va a lanzar a una desgastante guerra civil, tal como ocurre en Libia. Entonces los sueños de “estabilidad en la región”, que han guiado a los diplomáticos interesados en frenar cualquier acción de enérgica condena a la dictadura de Al Asad se quebrarán con la sangre y la violencia.
El régimen de los hermanos Castro debe mirarse bien en ese espejo y meditar. Los tiempos son de cambios, pero no atenazados con remiendos inútiles y convenientes desde y para la cúpula. Los pueblos son los que dictan las condiciones de su futuro, no las llamadas “élites revolucionarias”, mucho menos cargadas con ancianos que representan un  poder envilecido.

La Habana, Cuba. 12 de mayo de 2011.

 
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