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Artigos: Mundo
El comunista manifiesto PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Martes, 15 de Noviembre de 2011 11:10

Por IVÁN DE LA NUEZ.-

Uno. Un fantasma se cierne sobre Europa... es el fantasma del comunismo. Han pasado más de 20 años desde de la debacle del imperio soviético. Siglo y medio largo desde que Marx y Engels lanzaran esta alarma, nada más empezar el Manifiesto Comunista, la madre de todos los panfletos. Pero es precisamente ahora -cuando se da por muerto y enterrado- que el comunismo sale de ultratumba y consigue afianzar la frase en su sentido más estricto.

La noticia en otros webs

Transparencia, solidaridad, reconstrucción son un espectro plausible que "se cierne sobre Europa"

China expande un modelo siniestro que mezcla el partido único con el estalinismo de mercado

Si lo propio de los fantasmas, según los diccionarios, es aparecer después de la muerte, entonces no es antes del comunismo -época en la que Marx y Engels despliegan la metáfora- cuando podemos hablar, en propiedad, de ese espíritu amenazante, sino a posteriori. (A fin de cuentas, la mayor capacidad aterradora de un fantasma es post mortem).

Solo después del derribo del muro de Berlín el comunismo se ha convertido en un fantasma que recorre Europa; el espectro de un mundo muerto que insiste, con ardides muy dispares, en tirar de los pies a los que le han sobrevivido.

Ese fantasma inicia su andadura en 1989, año que cifra la caída de un PC (Partido Comunista) y el advenimiento de otro PC (Personal Computer), con la expansión de Internet y la era digital. Justo en la frontera entre el ocaso de aquellas sociedades que se decían basadas en el proletariado -el trabajo manual- y el apogeo de la época actual, determinada por el mundo virtual -¿espectral?- de la sociedad informatizada.

En la actualidad, este comunismo de baja intensidad no tiene, como en la época del antiguo PC, un baluarte estatal en el que fijar su estrategia y su meta, habida cuenta que las dictaduras del bloque soviético ya no aguardan al otro lado del telón de acero. Sí está conectado, sin embargo, a los movimientos y eslóganes que echaron abajo aquellas tiranías. Es posible percibir los ecos de la glásnost (la política de transparencia que inició el deshielo de la Unión Soviética) en Wikileaks. Las movilizaciones de los indignados evocan a Solidarnosc, el sindicato surgido en Gdansk que apeló a la solidaridad para subvertir el régimen polaco (Lech Walesa acaba de resurgir brindando su apoyo a los manifestantes de Occupy Wall Street). Y la convocatoria a refundar la democracia nos remite a la perestroika (aquella reconstrucción invocada por Gorbachov como única posibilidad de salvar el antiguo sistema).

A todo esto podemos añadir las pulsiones por la gratuidad en Internet o el impacto de las nuevas tecnologías sobre los criterios de propiedad que han regido, hasta hace muy poco, nuestro modo de vida; el despliegue de formas comunales de asociación o el renacimiento del panfleto como libro-resorte; la puesta en solfa del capitalismo o la sublimación del Este como fantasía de la cultura occidental.

Dos. En la época de eufemismos que siguió al desplome de los regímenes del campo socialista, el capitalismo, así tal cual, apenas se nombraba: nos valíamos de términos como era global, mundializa-ción, sociedades poshistóricas, economía de mercado, mundo libre... Asimismo, y puesto que el comunismo había quedado bajo los escombros del Muro y de su propia historia represiva, las alternativas críticas preferían calificarse como antisistema, antiglobalización y un largo anti-todo hasta arribar al estatuto de indignados.

Pero esos eufemismos ya han rebasado, con creces, su fecha de caducidad. Y es, en semejante circunstancia, cuando emergen con intensidad estos indicios que alternan el comunismo primitivo y la democracia participativa, el socialismo utópico y la autogestión colectiva, las pulsiones igualitarias y las posibilidades totalitarias.

Tan lejos del PCUS y tan cerca de Blanchot, estos usos comunistas parecen devolver la palabra maldita a su semántica primigenia: "comunismo", afirmaba el escritor francés, no es otra cosa que "crear comunidad". En esa cuerda, aparecen pensadores como Ranciere o Badiou, Groys o Jean-Luc Nancy. (Una antología, Democracia en suspenso, editada por La Fabrique, en Francia, y por Casus Belli, en España, aborda el asunto desde esta perspectiva).

Tal vez por todo esto, el más extravagante de los autores neocomunistas, Slavoj Zizek, ha intentado rebajar la tensión a los manifestantes de Occupy Wall Street: "¡No somos comunistas!". Así habló desde su tribuna.

Si bien estos destellos comunistas, ya lo hemos visto, no tienen como referentes a los regímenes de corte soviético (ni al actual modelo chino o los comunismos periféricos supervivientes a 1989: Vietnam, Cuba, Corea del Norte), se da el caso de que tampoco pueden mirar hacia la socialdemocracia (el Estado de bienestar ha sido el segundo damnificado en la escala de demoliciones posteriores al derrumbe del Muro). Es más, crece la sensación de que la socialdemocracia solo funcionó, en la guerra fría, como un capitalismo de rostro humano para enfrentar al sistema comunista, de modo que ahora resulta innecesaria.

Más bien, las sociedades occidentales parecen vivir, a nivel doméstico, lo que hace un par de décadas se concebía como un conflicto geopolítico. Tratamos con una segunda guerra fría en la que ni el Estado puede realizar su dominio en la sociedad, ni la sociedad quiere realizar su alternativa en el Estado. Cada parte juega en su campo y su único punto de encuentro no son las instituciones políticas sino el mercado. Un mercado que, dicho sea de paso, es salvado, pero no intervenido, por sus garantes; y es utilizado, pero no demolido, por sus críticos. Un mercado que ha roto su binomio con la democracia como el tándem idóneo del liberalismo.

Tres. Más que como un fantasma, durante los primeros años de la posguerra fría el comunismo sobrevoló Occidente como un zombi. Derrotado en lo político, se refugió de forma paulatina en una cierta rentabilidad estética. Con su aura de mundo perdido y exótico, fue ganando terreno en centenares de exposiciones, películas, libros, publicidades varias, hasta el punto de convertirse en una especie de parque temático de Occidente; el museo virtual dedicado a un antiguo enemigo por redescubrir. Todo ello forjó un género cultural que he llamado Eastern (con subgénero incluido, como la Ostalgia).

Pero ya no se trata de una exposición, un thriller de espías, un boom editorial, o la expansión del Este como gran plató de un Hollywood que parece haber transitado desde la caza de brujas hasta el embeleso. Todo eso forma parte del qué y de la estética. Ahora lidiamos con un fenómeno más complejo que forma parte del cómo y de la política.

Quizá valga la pena añadir que esta "presencia" del fantasma comunista no nos sobrevuela exclusivamente desde el horizonte de la izquierda. Algunos de nuestros derechistas más insignes provienen del marxismo y aun el estalinismo. Sin entrar en los censores menores que han actuado en nombre de ambas causas, es pertinente recordar que un politburó como Borís Yeltsin encaminó a Rusia hacia el neoliberalismo o un KGB como Putin conduce hoy los destinos de ese mismo país en el tiempo de los oligarcas. Mientras, China expande, all over the world, un modelo siniestro que mezcla el partido único con el estalinismo de mercado que marca la pauta de estos tiempos.

En un escenario como este, ya no parece demasiado hiperbólica aquella frase de Vázquez Montalbán, avisando de que la batalla final sería entre comunistas y excomunistas.

El capitalismo contemporáneo no puede garantizar los principios inscritos en su fundamento: Libertad, Igualdad, Fraternidad. Y la alternativa no está, desde luego, en las dictaduras comunistas que se vinieron abajo por el peso de su propia ignominia. Ahora bien, hay algo pendiente en la tríada disidente que hizo posible su demolición. Transparencia, Solidaridad, Reconstrucción constituyen un espectro plausible que hoy "se cierne sobre Europa" como recordatorio y, asimismo, como hoja de ruta.

Para la izquierda de toda la vida esto es, obviamente, un problema, pues siempre ha preferido maquillar el Gulag a escuchar a la disidencia al comunismo. Para la derecha de toda la vida, es indigerible que la alternativa a nuestra crisis provenga del "más allá", de aquellos derrotados doblemente por la guerra fría que no han visto cumplidas sus demandas en nuestras democracias menguantes. Para unos, es una ironía. Para los otros, una deuda.

Iván de la Nuez es escritor cubano.

Tomado de EL PAÍS, MADRID, ESPAÑA

 
La latinoamericanización de Europa PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Martes, 08 de Noviembre de 2011 14:32

Por

Hace unas semanas asistí a una reunión en Bruselas que, casualmente, coincidió con la cumbre en la cual los líderes europeos acordaron un plan para estabilizar sus economías. También por casualidad, mi reunión tuvo lugar en el mismo hotel donde se alojaban varias de las delegaciones a la cumbre. Así, al final del día, o durante el desayuno, resultaba natural conversar con amigos economistas de distintos Gobiernos que apoyaban con sus propuestas la negociación entre sus líderes. Sus historias, angustias y agotamiento (vienen trabajando sin parar durante meses dominados por emergencias, malas noticias y frustraciones) me trajeron muchos recuerdos.

En una carrera anterior, a inicios de los años noventa, fui ministro en mi país, Venezuela, cuando el Gobierno tampoco podía pagar sus deudas y la economía estaba postrada. Después trabajé en el Banco Mundial y estuve cerca de negociaciones similares en otros países. En muchas de estas experiencias, los fracasos fueron más frecuentes que los éxitos. Y sabemos que los fracasos enseñan mucho.

En las conversaciones informales con mis amigos europeos, los parecidos de su crisis con las que sacudieron a otros países resultaban obvias. Pero tan sorprendente como esos parecidos era la poca disposición de mis interlocutores a reconocer que en las experiencias y errores de América Latina hay lecciones importantes para el manejo de la crisis europea. “Europa es diferente”, era su reacción casi automática. “Tenemos el euro, nuestras economías y sistemas financieros son diferentes, así como nuestras instituciones y cultura”, me insistían. Todo esto es cierto. Pero hay otras realidades que también son ciertas.

Entre los años 1980 y 2003, América Latina sufrió 38 crisis económicas. La región, sus autoridades, sus políticos y hasta su opinión publica han aprendido de la experiencia de estos dolorosos episodios. Tal vez la lección más importante es lo que se podría llamar "el poder del paquete". El paquete es un conjunto de medidas económicas que es completo, coherente, creíble y políticamente sostenible en el tiempo. Además, y esto es muy importante, no sólo ofrece recortes del gasto público y austeridad, sino también una justa distribución de los costos del ajuste económico entre diferentes grupos sociales, el fortalecimiento de las redes de seguridad social para los más vulnerables, reformas estructurales que generen más empleo y, sobre todo, esperanzas para un futuro mejor.

Lamentablemente, tan potente como el efecto curador de un paquete amplio y coherente es la tentación de evitarlo. El error más recurrente en América Latina fue tratar de atender las crisis con medidas parciales y fragmentadas y pensar que es posible posponer indefinidamente las decisiones más impopulares. Esto es lo que ha venido pasando en Europa. Basta ver lo que está sucediendo en Italia o en Grecia para reconocer la experiencia de Argentina, por ejemplo. Pero más temprano que tarde, la realidad se impone y las medidas parciales fracasan. Esto allana el camino para hacer esfuerzos simultáneos en las áreas enfermas de la economía: deudas excesivas y gasto público desenfrenado, bancos poco capitalizados y mal regulados, políticas fiscales y monetarias descoordinadas, baja competitividad internacional y leyes que inhiben la inversión y la creación de empleo. Atacar uno o varios de estos males dejando intactos a los demás no funciona. Y prometerle a un país austeridad casi perpetua para pagar las deudas a los extranjeros tampoco.

Cuando algunos críticos afirman despectivamente que Europa se está pareciendo a América Latina tienen en mente la América Latina del pasado, la que estuvo plagada de crisis económicas. Pero hay otra manera de verlo: lo mejor que le puede pasar a Europa es parecerse a la América Latina de hoy. La que ha sabido navegar por la crisis mundial sin descarrilarse, que maneja sus finanzas públicas con prudencia y sabe regular sus bancos. Los mejores países de la región, como Brasil, Chile, Colombia y otros, vienen creciendo, generando empleo y ampliando su clase media en los últimos años. Además, y para sorpresa de muchos, “América Latina tiene hoy el sistema financiero más solido del mundo”, según afirma José Juan Ruiz, economista del Banco Santander y agudo observador de la escena financiera mundial.

No se trata de que Europa tienda hacia la pobreza, desigualdad, corrupción y violencia tan comunes en Latinoamérica. Se trata de que aprenda de los errores y aciertos de una región que sabe más que ninguna otra de crisis económicas, hundimientos bancarios, shock externos y los efectos del despilfarro, el alto endeudamiento y las vacías promesas del populismo. Ojalá que Europa maneje su crisis como lo aprendió a hacer la nueva América Latina. En este sentido, la latinoamericanización de Europa es un buen deseo.

Estoy en Twitter @moisesnaim

 
Los desaparecidos de Irán PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Domingo, 06 de Noviembre de 2011 11:24

Por Haleh Esfandiari.-

A raíz de la disputada reelección del presidente Mahmoud Ahmadineyad en 2009, el mundo entero contempló cómo decenas de miles de iraníes salían a protestar a las calles, donde fueron reprimidos por la fuerza, arrestados o algo peor. Aunque ahora hay mucha menos información sobre Irán -a pocos corresponsales extranjeros se les permite entrar en el país- la represión se ha mantenido e incluso intensificado desde esos eventos, con arrestos generalizados, depuración del personal docente en universidades, cierre de publicaciones y fuertes restricciones a la actividad política. Empero, los seguidores del Movimiento Verde no han sido silenciados por completo, como deja en claro Zahra's Paradise, una potente novela gráfica ambientada en el Irán contemporáneo.

 

La novela inició su vida en forma de blog de un activista iraní estadounidense anónimo y un artista argelino -que se llaman a sí mismos Amir y Khalil-, que se valieron de personajes ficticios para narrar la historia de la represión. Mediante un diálogo áspero y dibujos en blanco y negro de estilo historieta -a veces dramáticos, otras irónicos-, los autores se propusieron exponer el funcionamiento represivo del Estado y la tragedia que significa en la vida de los individuos. El blog tuvo tanto éxito que fue traducido a varios idiomas y ahora acaba de publicarse en inglés, en forma de libro.

 

La historia se inicia el 16 de junio de 2009, inmediatamente después de las protestas electorales. Una mujer, Zahra, está buscando a su hijo Mehdi, de 19 años de edad. Al igual que muchos otros manifestantes jóvenes, él desapareció durante las protestas; la última vez que lo vieron se dirigía con su hermano a participar en una manifestación en la Plaza de la Libertad de Teherán, vestido con una camiseta de Bob Marley. En la búsqueda, Zahra recibe la ayuda de su hijo mayor, Hassan, bloguero activo y miembro del activo mundillo juvenil iraní. Mehdi y Hassan fueron parte de las decenas de miles de jóvenes que se congregaron bajo el estandarte de dos líderes de la oposición, Mir Hossein Mousavi y Mehdi Karrubi. En muchos sentidos, Mehdi es representativo de los hombres y mujeres jóvenes del Irán actual que tratan de hacerse un lugar en las grietas que se han formado en los estrictos códigos políticos y sociales del régimen islámico. Practica karate, escucha rap iraní e idolatra a Zinedin Zidane, la estrella del fútbol francés de origen argelino. Estaba preparando sus exámenes de ingreso en la universidad cuando desapareció.

 

La madre y el hermano empiezan a buscar a Mehdi la tarde de su desaparición y esa búsqueda se convierte en una odisea. En la Plaza de la Libertad, donde iniciaron la búsqueda, Zahra y Hassan sólo encuentran a los barrenderos recogiendo los escombros que quedaron después de que la policía y sus matones atacaron a los manifestantes: un zapato abandonado por aquí, manchas de sangre con forma humana por allá. En los hospitales de la ciudad, encuentran las camas llenas de los heridos. "Tantos chicos y chicas de la edad de Mehdi, como atacados por una plaga", piensa Zahra la madre. Los Guardias de la Revolución irrumpen en el hospital para sacar a rastras de las camas a los heridos y llevárselos en camionetas sin ventanas. A las puertas de la prisión de Evin, un funcionario de aspecto importante se muestra indiferente ante Zahra, que le suplica información sobre su hijo. Ante las rejas, otras personas recuerdan la suerte corrida por la fotógrafa de prensa canadiense-iraní Zahra Kazemi, que murió en Evin, presuntamente a causa de una hemorragia cerebral provocada por el golpe que le asestó el juez Mortazavi. "Piensan que pueden silenciar a nuestras mujeres, derribar a golpes a nuestras Zahras o borrar su memoria", señala uno de los presentes.

 

Camino a la morgue, Zahra y Hassan ven los cuerpos de los manifestantes ejecutados colgados de grúas. Finalmente terminan en Behesht-e Zahra (el Paraíso de Zahra), el vasto cementerio de Teherán, de donde el libro toma su irónico título (Zahra es también el nombre de una de las hijas del Profeta). En Behesht-e Zahra están enterrados no sólo los iraníes ordinarios de Teherán sino también los "mártires" de la revolución, los caídos durante los ocho años de guerra contra Irak y, ahora, también las víctimas de los escuadrones de ejecución de la República Islámica.

 

La gente con la que Zahra y Hassan se encuentran en su búsqueda les cuenta su propia historia: parientes desaparecidos, propiedades confiscadas, ejecuciones y demás. Hassan, por ejemplo, visita en su casa a un joven que compartió la celda con Mehdi y otros en la prisión de Kahrizak, el centro de detención en Teherán donde se dice que los prisioneros, tanto hombres como mujeres, fueron golpeados y torturados durante las protestas de 2009. Describe estos horrores: "¡Fui violado! ¡Violado en nombre de su dios, en nombre de su Irán! Violado en nombre del Profeta... ¡Es su República Islámica, no yo, la que está cubierta de mugre!" Los dibujos de Khalil reconstruyen el evento conforme lo recuerda el joven: sus inquisidores lo obligaron a pararse ante la pared; le bajaron los pantalones; el documento que fue obligado a firmar después, presuntamente para declarar que había sido tratado bien.

 

Los dibujos de la novela gráfica (ver fotos relacionadas) revelan esta terrible ironía. Representan un sentido del humor característicamente iraní, una forma de desinflar las pretensiones y el poder. El guía supremo de Irán, el ayatola Khamenei, es representado como un califa en un harén de puros hombres, eligiendo a sus favoritos entre políticos y clérigos que compiten por su atención. El tribunal revolucionario es presentado como un laberinto kafkiano de escaleras, que van de arriba a abajo y de un lado a otro, al parecer sin llegar a ningún lado.

 

El sistema judicial iraní está representado por unos enormes muláhs con las mandíbulas abiertas. Unas escaleras eléctricas, que transportan a una hilera interminable de acusados, entran en las mandíbulas por un lado y salen por las fauces del muláh, después de haberse desviado por las cámaras de tortura y las salas de confesión; los detenidos llevan un letrero con su sentencia de cárcel: "10 años", "2 años", "17 años".

 

Los protagonistas de Zahra's Paradise en muchos sentidos son personajes prototípicos. Zahra es igual a miles de madres que en el Irán actual insisten en seguir buscando a sus hijos desaparecidos y que valientemente se manifiestan ante los centros de detención y en los parques públicos, envían cartas abiertas a las autoridades pidiendo la libertad de sus hijos encarcelados. A la fecha, numerosas madres como ella se siguen reuniendo los sábados en un parque de Teherán con ese propósito, muchas veces arriesgándose a ser detenidas. Estas reuniones aparecen en el libro y la policía es presentada en el momento en que dispersa a las mujeres. El hermano Hassan permite echar un vistazo al mundo de la irreverente cultura juvenil iraní: habitaciones cubiertas de carteles, horas interminables en Internet, intensa camaradería y la furtiva pero fácil interacción entre hombres y mujeres en los cafés Internet. El taxista que lleva a Zahra y Hassan a hacer sus rondas, abandona su auto en medio del tráfico de Teherán, eternamente enmarañado, para ir a conseguir un vaso de jugo de sandía para él y sus pasajeros. Como lo muestran debidamente los dibujos, su ausencia difícilmente tiene importancia pues el tráfico no se mueve para nada.

 

A lo largo de todo el libro, los autores quieren mostrar la capacidad del pueblo de resistir y aguantar: ayudándose unos a otros y haciendo causa común. El mundo de Zahra's Paradise, de hecho, es un mundo de gente ordinaria alineada en contra de un régimen cruel. El propietario de un café Internet le da refugio a un manifestante y después imprime sin costo mil copias de la foto de Mehdi, para que Hassan pueda distribuirlas y pegarlas por toda la ciudad. Una acaudalada y bien relacionada mujer se hace amiga de Zahra y le presenta a su vecino, un amable clérigo de edad que puede ayudarla: un acto de generosidad que no es poco común en Irán.

 

La pausa en la búsqueda de Mehdi se produce a través de un encuentro fortuito en un café Internet, entre Hassan y la joven y bella Sepideh, amante de un hombre del que después se nos dará a entender que es un alto funcionario, quizá en el ministerio de los servicios secretos o en los Guardias de la Revolución. A Sepideh le gusta Hassan, coquetea con él un poco en el café Internet y, al salir, se lleva a casa una foto de Mehdi.

 

En las escenas en las que Sepideh y el matón de su amante hacen el amor con particular entusiasmo podemos ver que los tabúes sociales se rompen en esta república supuestamente "islámica". Una joven de clase media no siente ningún remordimiento por ser la amante de un funcionario casado, que puede darle buena vida, comprarle ropa y joyas caras y llevarla de viaje a Dubai. Pero, cuando Sepideh encuentra fotos de él entre los jóvenes protestantes que están siendo torturados en la prisión, se da cuenta de cómo él se gana la vida. Ella logra deslizarle a Hassan un disco de datos con archivos secretos que su amante descuidadamente dejó en su departamento. Archivos que, a fin de cuentas, confirmarán que Mehdi murió en prisión.

 

La intercesión del clérigo amable les permite recuperar el ataúd de Mehdi de la sección de tumbas anónimas del ministerio de Inteligencia en Behesht-e Zahra. Es a la madre de Mehdi, otra Zahra, a quien los autores le dan la última palabra. Ella llora la muerte de su hijo pero también la muerte del Irán y del islam que ella ama. Dirigiéndose a su difunto Mehdi, ella dice: "Habla del final de los tiempos, del final de la vida; habla del final de Irán, del final del islam. Di que el mundo puede saber que todos los hijos de Irán han muerto y yacen muertos dentro de ti. Yo no soy Zahra ni éste es mi paraíso."

 

La desesperación de Zahra está bien fundada. De acuerdo con el reporte de Naciones Unidas sobre Irán, que fue dado a conocer a fines de septiembre, más de 300 ejecuciones secretas se realizaron en la prisión de Vakilabad en 2010, y en 2011 se han llevado a cabo 146 ejecuciones secretas más. El Comité para la Protección de los Periodistas señala que para fines de 2010, 34 periodistas habían sido detenidos. Uno de ellos, Mohammad Davari, fue sentenciado a cinco años de prisión por haber recogido una serie de testimonios en video de los prisioneros en el centro de detención de Kahrizak, que decían haber sido maltratados, torturados y violados.

 

Entre las activistas por los derechos de la mujer, Bahareh Hedayat, activista de la Campaña por el Millón de Firmas (movimiento para recabar un millón de firmas para pedir la igualdad de las mujeres conforme a la ley), fue sentenciada a nueve y medio años en prisión, por "reunión y connivencia contra el régimen" y por insultar al guía supremo y al presidente.

 

La lista sigue y sigue y en ella aparecen sentencias de prisión a directores de cine, a miembros de la fe Bahai y a defensores de los derechos humanos. Según Shirin Ebadi, laureada con el Nobel de la Paz, el gobierno ha acusado a 42 defensores desde 2009.

 

En el epílogo de 13 páginas, Zahra's Paradise da los nombres de los 16,901 hombres y mujeres asesinados por la República Islámica. Recabada por la Fundación Abdorrahman Boroumand, la lista parece el monumento de Vietnam, que rinde homenaje a los caídos por la simple mención de sus nombres. La letra es tan pequeña que no se puede descifrar nombre por nombre.

 

Tomado de INFOBAE

 
Linchar no es justicia PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Miércoles, 02 de Noviembre de 2011 11:35

Por Pedro Corzo.-

Si dudas, lo justo y decoroso  es respetar la dignidad del individuo  y sus derechos, mas allá de la conducta y depredaciones en las que pueda haber incurrido el sujeto.

La muerte de Muanmar Gadafi en mano de sus propios captores y los  evidentes abusos de que fue objeto, se aprecian en los videos mostrados, merece el repudio de todos los que están a favor de respetar la dignidad humana.

No es equitativo demandar que se respeten los derechos y no hacerlo cuando se  accede a la fuerza, y se está en capacidad de restablecer las prerrogativas que fueron conculcadas.

Las razias, persecuciones y asesinatos en masa son acciones propias de dictadores y no de quienes se les oponen. No se deben repetir los crímenes de los déspotas y sus esbirros, ni justificar los excesos, esgrimiendo los abusos en los que ellos incurrieron.

En una palabra, no debe haber licencia para un crimen, pero tampoco es apropiado responsabilizar del asesinato del dictador al Consejo Nacional de Transición Libio y en consecuencia, evaluar esa entidad como incapaz de conducir al país al establecimiento de un estado de derecho

Las severas críticas al Consejo Nacional de Transición  no son objetivas porque mas allá de las condiciones morales que asistan a sus dirigentes,  sería mucho más que un milagro que ellos logren imponer en unos pocos días, menos aun en plena guerra cuando fue muerto Kaddafi,  su autoridad sobre facciones que a través los meses del conflicto demostraron en muchas ocasiones  que el denominador común que los identificaba era el asesino asesinado.

Militares estadounidenses capturaron a Saddam Hussein y le respetaron la vida. Fue enjuiciado y ajusticiado después de un debido proceso, pero no se puede asegurar que eso mismo hubiera ocurrido si facciones iraquíes contrarias a Hussein lo hubieran capturado.

Numerosos analistas y representantes de organismos internacionales rechazan con sólidos argumentos el asesinato de Kaddafi y sus partidarios, que de victimarios pasaron a víctimas,  porque al parecer consideran que las injusticias padecidas les facultaba convertirse en abusadores,  lo que inicia una peligrosa espiral de violencia, porque el odio solo cosecha odio y la venganza genera nuevos vengadores.

Pero la conciencia de esta espiral de abusos debería alertar a la comunidad internacional a ser más responsable en sus relaciones con regímenes que violan sistemáticamente los derechos de sus ciudadanos.

Las personas con responsabilidades políticas, influencia internacional, junta a los organismos internacionales y gobiernos, deberían darse cuenta que la mejor manera para evitar crímenes, es que no haya asesinos en masa gobernando naciones.

Si los compromisos morales tuvieran más importancias en las relaciones entre los gobiernos que los intereses económicos o las conveniencias ideológicas,  déspotas  como fueron Saddam Hussein,  Muanmar Kaddafi,  o siguen siendo Mahmud Ahmadineyad, Bachar al Asad, Ali Abdullah Saleh, Hugo Chávez y los hermanos Castro, por no hacer esta lista demasiado larga, no estarían gobernando.

El asesinato de Gadafi está contra el derecho ,  pero cómo se sentirían los libios cuando leyeron en el informe del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas del año 2010 que decía en una de sus partes. " En el diálogo interactivo formularon declaraciones 46 delegaciones. Varias de ellas encomiaron a la Jamahiriya Árabe Libia por la preparación y presentación de su informe nacional, y destacaron el amplio proceso de consultas con los interesados en la fase de preparación. Varias delegaciones asimismo observaron con satisfacción el compromiso del

país de respetar los derechos humanos sobre el terreno".

Un informe de Amnistía Internacional refiere que varios gobiernos europeos, entre ellos  España, Alemania, Bélgica, Francia, Italia y Reino Unido, concedieron licencias de suministro de armas, munición y equipos al Gobierno de Gadafi a partir del año 2005. Entre ellas bombas de racimo. Otro importante suministrador de armas a Libia fue Rusia.
Occidente al parecer estuvo dispuesto a olvidar el atentado al avión de PanAm sobre Lockerbie, los otros atentados que auspicio, y el desarrollo de armas biológicas, químicas y nucleares por renunciar a esa gestión, pero los libios nunca pudieron olvidar los numerosos asesinatos que ordeno ni las personas ahorcadas en plazas públicas.

El primer paso para evitar el asesinato de un dictador, es impedir que detenten el poder.  Si se estableciera un compromiso de no callar, denunciar y no bendecir a cambio de favores, los abusos de los déspotas, el mundo se vería libre del horror de que un grupo de ciudadanos se tome la justicia por su mano como ocurrió en Libia.

 

Pedro Corzo

 
ETA entra en campaña PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Sábado, 29 de Octubre de 2011 12:18

Por Federico Ysart

El fenómeno del terrorismo desarrollado en el País Vasco español desde 1960 –su primera víctima fue una niña de 22 meses- no se comprende sin tener en cuenta que forma parte de una organización multiforme, el Movimiento de Liberación Nacional Vasco,  del que los pistoleros de ETA son su brazo armado, el instrumento para obtener poder. En el MLNV se integran decenas de grupos, desde organizaciones juveniles hasta servicios de propaganda, satelizados en torno a los tres principales: KAS, Coordinadora Patriótica Socialista; HB, Unidad Popular, y ETA, País Vasco y Libertad.

La infiltración de las fuerzas de seguridad y la cooperación internacional comenzaron a diezmar sus filas. Hoy hay 572 detenidos en prisiones españolas y 172 en cárceles francesas por asesinato, colaboración, financiación o encubrimiento de banda armada. Esas fueron la razón fundamental de varias de las treguas que anunció, unas de carácter temporal, quince días, dos o seis meses, y cuatro con carácter indefinido. La primera en el año 98, “tregua indefinida y sin condiciones”; la de 2006 la denominaron “alto el fuego permanente”, aunque dentro de él mataran a dos ecuatorianos; el 10 de enero de este mismo año, otro “alto el fuego permanente, general y verificable”, y hoy, la llamada “fin de la lucha armada”.

Para llegar a este último paso el MLNV ha armado una estrategia compleja, basada en dos pilares: la internacionalización de su causa a través de una comisión de conocidos mediadores, y el lanzamiento a la arena política de un nuevo partido vasco, nutrido desde HB. Bildu consiguió en las elecciones locales celebradas esta primavera el gobierno de ayuntamientos como el de San Sebastián.

El Gobierno saliente de Rodríguez Zapatero ha acompasado la tradicional política represiva frente al terrorismo con un diálogo largo y discreto con el MLNV; directamente, por medio de militantes socialistas del País Vasco principalmente, y a través de fundaciones como la suiza que lleva el nombre de Henry Dunant, cuyo Centro para el Diálogo Humanitario preside honoríficamente el español Javier Solana, ex secretario general de la OTAN y ministro en los gobiernos socialistas de González.

Con la noticia que hoy han comunicado tres encapuchados etarras se ha producido lo esperado. La solución del terrorismo queda en el aire; para los etarras, pendiente de ulteriores negociaciones, y de la disolución y entrega de armas, para los demócratas. Pero el Gobierno y su candidato lo han celebrado mostrando lágrimas de emoción ante las cámaras. Era la única buena noticia que han podido lucir en mucho tiempo, una especie de clavo ardiendo al que agarrarse en la debacle que anuncian las encuestas preelectorales. De ella saldrá ganando en las elecciones Bildu, brazo político del movimiento. Y pocos más. Para el conjunto de los españoles, el terrorismo había pasado hace muchos meses a ser la octava preocupación en sus vidas.

INFOLATAM

 
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