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El congelamiento del diálogo en Venezuela: una decisión atinada PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Sábado, 24 de Mayo de 2014 00:53

Por Maria Teresa Romero.-

Muy acertada la decisión de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) de congelar el diálogo emprendido hace un mes con el gobierno de Nicolás Maduro y bajo el acompañamiento del representante de El Vaticano, el nuncio apostólico Aldo Giordano, y de los cancilleres de  Brasil, Colombia y Ecuador.

(Infolatam).- Como bien apuntó el secretario general de la MUD, Ramón Guillermo Aveledo, la oposición no puede continuar dialogando cuando es público y notorio que el gobierno madurista no quiere llegar a acuerdos concretos ni  ha accedido a ninguna de las peticiones del grupo opositor.

El gobierno había prometido sentarse a dialogar con los estudiantes y los sindicatos, evaluar “caso por caso” los expedientes de los presos, procesados y exiliados por razones políticas, y diferir el  debate  en el Parlamento del proyecto de Ley Orgánica para la Ordenación y Gestión del Territorio, pero no lo ha hecho. Por el contrario, lo que ha recibido hasta ahora la MUD del régimen,  son agravios y desaires.

Para muchos de  los líderes políticos que cuestionaron la decisión de la mayoría de los integrantes de la Mesa de la Unidad  de ir al diálogo sin condiciones previas –en particular María Corina Machado, Leopoldo López y Antonio Ledezma-, esta decisión  era de esperarse, incluso ha debido tomarse antes,  ya que  la radicalización gubernamental hacía prever desde el inicio del proceso de diálogo que no se lo tomaría en serio; que con el mismo el gobierno sólo quería ganar tiempo y hacer creer nacional e internacionalmente que aún tiene un talante democrático y que quiere la paz en el país.

Pueden que tengan razón pero también es cierto que el haber iniciado un diálogo sin condiciones y bajo el modo escogido por el gobierno  (que fuera  sin la mediación de la OEA, sino con “el acompañamiento” de países de la UNASUR), le da ahora a la MUD más fuerza y autoridad  para presionar públicamente al madurismo y dejarlo al desnudo, que es precisamente lo que está logrando.

Esta decisión opositora, que no llega al rompimiento total del diálogo y que deja abierta la puerta a continuarlo si el gobierno cumple con hechos precisos, además neutraliza los numerosos intentos del régimen de imputarle a la MUD de ser  la responsable de patear la mesa de negociación. Con tino, los opositores han afirmado que  para reactivar las conversaciones, el gobierno deben dar las siguientes demostraciones concretas de su compromiso con el diálogo:  la medida humanitaria que libere al comisario Iván Simonovis, el sobreseimiento de las causas contra los numerosos manifestantes detenidos masivamente, el diferimiento de la discusión parlamentaria del proyecto de Ley Orgánica para la Ordenación y Gestión del Territorio, y la conformación de una Comisión de la Verdad confiable para todos.

Puede que con esta acción la MUD no logre convencer a la mayoría del sector opositor venezolano que se opone rotundamente al diálogo sobre los beneficios políticos del mismo a mediano y largo plazo, como los que ya se están observando. Seguramente la decisión tampoco cambiará de plano el rechazo opositor que hoy vive la MUD por sentarse con el gobierno y haber tomado otras acciones políticas impopulares. Sin embargo,  le ayuda  a mejorar su imagen ante una sociedad que quiere salir de inmediato de un régimen que además de hacerla vivir cada vez peor, encarcela y tortura salvajemente a los jóvenes y otros sectores que luchan pacífica y democráticamente  por un cambio gubernamental.

Ahora bien,  lo más importante de la decisión de congelar el diálogo es que pone en jaque, en primer lugar,  al gobierno  que ahora se encuentra en la tesitura de cambiar o no la actitud que hasta ahora ha mantenido en la mesa y, en consecuencia, otorgar las concesiones formuladas por la MUD.

Y en segundo lugar,  también coloca en una situación comprometida, de acción inmediata, tanto a  los gobiernos de UNASUR que acompañan el diálogo .que deberán exigir al gobierno de Venezuela el cumplimiento de los acuerdos y tomar un rol de verdaderos mediadores o simplemente retirarse de su función- como  a los gobiernos democráticos que han manifestado su decepción con la actuación autoritaria, represiva y de permanente violación de los derechos humanos de los venezolanos pero que a la hora de la verdad no hacen nada efectivo por protegerlos.

En este sentido, el caso del gobierno del presidente estadounidense Barack Obama es uno de los más significativos. Este gobierno no ha querido tomar sanciones económicas ni de otro tipo contra funcionarios del gobierno madurista implicados en abusos y violaciones a los DD.HH como le solicitan legisladores tanto del Partido Republicano como del Partido Demócrata, con la excusa de que ello podría perjudicar el diálogo entre el gobierno y la oposición venezolana, como tan desacertadamente lo expuso recientemente en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado de ese país, la subsecretaria para el hemisferio occidental, Roberta Jacobson.

Ahora con el congelamiento del diálogo la administración Obama se encuentra comprometida a hacer algo más de lo realizado hasta ahora y si aquél se cierra  definitivamente, cosa que es posible ante la terquedad de la (i) lógica radical del presidente Maduro y su equipo, entonces tendrá que sancionar a los funcionarios  régimen autocrático y meterse de lleno en la problemática del caso venezolano con la misma atención con que lo hace con los casos de Rusia-Ucrania, Israel-Palestina y Siria.

INFOLATAM

 
Siete razones para oponerse a la reelección presidencial PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Viernes, 25 de Abril de 2014 15:06

Por Carlos Alberto Montaner.-

Los Castro llevan décadas reeligiéndose con un obsceno 98% de apoyo, lo que solo demuestra la enorme violencia que se ejerce contra esa indefensa población. Rafael Correa casi seguramente intente reelegirse como presidente de Ecuador. Sostiene la supersticiosa fantasía de que es imprescindible. Es uno de los síntomas del narcisismo. Mientras más tiempo pase en Carondelet más sufrirá su imagen. Es inevitable. Ésa es una mala idea.

Pero peor fue la de Daniel Ortega en Nicaragua, quien manipuló la Constitución y el Parlamento hasta hacer posible la reelección perpetua. Seguramente imitaba al venezolano Hugo Chávez, quien en 1998 juraba que solo ocuparía el poder durante un periodo, pero cambió la reglas y se casó con Miraflores hasta que la muerte lo alejó de la poltrona, 14 años más tarde.

La reelección trae más inconvenientes que ventajas, aunque la ejerzan buenos gobernantes como el brasilero Fernando Henrique Cardoso o el costarricense Oscar Arias, dos políticos democráticos que también modificaron las normas. El primero para mantenerse en el poder y el segundo para regresar a la casa de gobierno.

La reelección ni siquiera es aconsejable en periodos alternos, como hoy sucede con Michelle Bachelet y ocurrió en el pasado con Alan García, pese a su segunda magnífica presidencia. Tampoco es útil en Estados Unidos, con sus dos gobiernos consecutivos. No tiene mucho sentido mandar pensando y actuando en función de las próximas elecciones.

Hay varias razones para desaconsejar esa práctica en los sistemas presidencialistas. Se me ocurren, al menos, siete importantes:

1. Obstruye el reemplazo generacional, la competencia entre líderes y la circulación de las élites.

2. Refuerza el caudillismo en detrimento de las instituciones.

3. Cuando se prolonga el mandato, el caudillo se va rodeando de cortesanos que lo halagan y confunden en busca de privilegios.

4. Fomenta un tipo de nociva relación mercantilista entre el poder económico y el político. Se retroalimentan mutuamente. Facilita la corrupción.

5. Los errores tienden a reiterarse por el conocido Einstellung Effect. No solemos hacer las cosas porque estén bien o mal, sino porque primero las hicimos de determinada manera y el cerebro es una máquina que aprende y repite los comportamientos.

6. Los viejos gobiernos se quedan sin ideas, se van fosilizando, se resisten a las reformas y segregan burocracias calcificadas, cada vez más incompetentes.

7. La no reelección refuerza la noción de que lo conveniente es seguir planes de gobierno a largo plazo, pensando en el país y no en periodos cortos. Se llega al poder a medio camino y se entrega a medio camino porque es un viaje que no puede o debe llegar a ninguna parte. Es una obra continua en la que el presidente es solo un factor transitorio limitado por la ley.

Si no hay reelección, ¿cuál es el periodo ideal? A mi juicio, la fórmula mexicana es la más indicada. Seis años y adiós muy buenas. Se podrá argumentar que el PRI, que gobernó 70 años con más pena que gloria, no es el mejor ejemplo, pues sustituyó al caudillo por el partido, reiterando casi todos los defectos señalados, pero probablemente hubiera sido peor un gobernante que diez, como sucedió durante los 35 años que previamente mandó Porfirio Díaz. Por eso en 1910 Francisco Madero inició la Revolución enarbolando una sabia consigna: "Sufragio efectivo y no reelección".

En todo caso, hay un vínculo muy estrecho entre los valores que existen en la sociedad y el resultado de la obra de gobierno. Los políticos no surgen en el vacío. Son parte de la misma tribu de donde salen los ingenieros, los curas, los soldados o los vendedores de corbatas. No son peores. Si los países escandinavos son los mejor gobernados del planeta, no es por las cuestiones formales sino por las virtudes que prevalecen en esas sociedades.

Tal vez el complemento ideal para esos gobiernos presidencialistas de un solo periodo, es la recuperación de una institución jurídica excelente, proveniente de la tradición romana: el Juicio de Residencia. De manera automática, sin que mediara acusación formal, todo gobernante saliente debía someterse a una gran auditoría pública de la que podían derivarse consecuencias penales. Si había mandado bien, se le honraba. Si había violado la ley, se le castigaba.

Tras pasar por el Juicio de Residencia muy pocos querían volver al poder. Incluso los buenos. Estupendo.

 
La oposición arrasa PDF Imprimir E-mail
Escrito por Tomado de INFOBAE   
Lunes, 14 de Abril de 2014 18:38

Por Carlos Alberto Montaner.-

A Nicolás Maduro le salió muy mal la primera ronda de conversaciones en el palacio de Miraflores. No sólo de consignas vive el hombre. Él, su gobierno, y media Venezuela, por primera vez debieron (o pudieron) escuchar en silencio las quejas y recriminaciones de una oposición que representa, cuando menos, a la mitad del país.

El revolucionario es una criatura voraz y extraña que se alimenta de palabras huecas. Era muy fácil declamar el discurso ideológico socialista con voz engolada y la mirada perdida en el espacio, tal vez en busca de pajaritos parlantes o de rostros milagrosos que aparecen en los muros, mientras se acusa a las víctimas de ser fascistas, burgueses, o cualquier imbecilidad que le pase por la cabeza al gobernante.

El oficialismo habló de la revolución en abstracto. La oposición habló de la vida cotidiana. Para los espectadores no dogmáticos el resultado fue obvio: la oposición arrasó.

Es imposible defenderse de la falta de leche, de la evidencia de que ese pésimo gobierno ha destruido el aparato productivo, de la inflación, de la huida en masa de los venezolanos más laboriosos, de las pruebas de la corrupción más escandalosa que ha sufrido el país, del saqueo perpetrado diariamente por la menesterosa metrópoli cubana, del hecho terrible que el año pasado fueron asesinados impunemente 25 000 venezolanos por una delincuencia que aumenta todos los días.

¿Por qué Maduro creó esa guarimba antigubernamental en Miraflores? ¿Por qué pagó el precio de dañar inmensamente la imagen del chavismo y mostrar su propia debilidad dándole tribuna a la oposición?

Tenía dos objetivos claros y no los logró. El primero era tratar de calmar las protestas y sacar a los jóvenes de las calles. El “Movimiento Estudiantil” –la institución más respetada del país, de acuerdo con la encuesta de Alfredo Keller—había logrado paralizar a Venezuela y mostrar las imágenes de un régimen opresivo patrullado por paramilitares y Guardias Nacionales que se comportaban con la crueldad de los ejércitos de ocupación y ya habían provocado 40 asesinatos.

El segundo objetivo era reparar su imagen y la del régimen. Las encuestas lo demostraban: están en caída libre. Ya Maduro va detrás de la oposición por unos 18 puntos. Lo culpan (incluso su propia gente) de haber hundido el proyecto chavista y de ser responsable del desabastecimiento y de la violencia. Casi nadie se cree el cuento de que se trata de una conspiración de los comerciantes y de Estados Unidos. La inmensa mayoría del país (81%) respalda la existencia de empresas privadas. Dos de cada tres venezolanos tienen la peor opinión del gobierno cubano.

Ese fenómeno posee un alto costo político internacional. Ciento noventa y ocho parlamentarios sudamericanos de diversos países, encabezados por la diputada argentina Cornelia Schmidt, se personaron ante la Corte Penal Internacional de La Haya para acusar a Maduro de genocidio, torturas y asesinatos.  Eso es muy serio. Puede acabar enrejado, como Milosevic.

Ser chavista sale muy caro. Lo comprobó el candidato costarricense José María Villalta. Esa (justa) acusación lo pulverizó en las urnas. En una encuesta realizada por Ipsos en Perú se confirmó que el 94% del país rechaza a Maduro y al chavismo. Eso lo sabe Ollanta Humala, quien hoy pone una distancia prudente con Caracas. Ni siquiera al popular Lula da Silva le convienen esas amistades peligrosas. Sólo Rafael Correa, quien padece una notable confusión de valores y no entiende lo que son la libertad y la democracia (en Miami se empeñó en defender a la dictadura de los Castro), insiste en su inquebrantable amistad con Maduro.

La oposición, como dijo Julio Borges, va a seguir en las calles y, por supuesto, continuará dialogando con el régimen. ¿Hasta cuando? Hasta que suelten a los presos políticos, incluidos los alcaldes opositores, restituyan sus derechos a María Corina Machado y Leopoldo López. Hasta que el régimen renuncie al tutelaje vergonzoso e incosteable de La Habana, configure un Consejo Nacional Electoral neutral y le devuelva la independencia al Poder Judicial. Hasta que el gobierno desista de la deriva comunista y admita que los venezolanos no quieren “navegar hacia el mar cubano de la felicidad”. En definitiva, hasta que celebren unas elecciones limpias, con observadores imparciales y se confirme lo que realmente quiere el pueblo: que se vayan Maduro y sus cómplices. 

 
La salida al diálogo PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Jueves, 10 de Abril de 2014 14:54

Por Jorge Sayegh.-

No es la primera vez que gobierno y oposición se sientan a negociar el ejercicio de la democracia. Hace 11 años se firmó un acuerdo bajo la asistencia del Centro Carter, PNUD y OEA para corregir, entre otros, dos puntos que todavía hoy presentan una distorsión inaceptable: grupos armados e instituciones parcializadas a favor del gobierno. ¿Por qué habríamos de creer esta vez que los acuerdos no se convertirán en letra muerta? En realidad, nada nos lo asegura pero, si queremos resultados eficaces y permanentes, sólo con métodos democráticos podremos derrotar la naturaleza totalitaria del actual régimen.

En 2005 la oposición cometió otro de los errores garrafales que nos ha traído al atolladero donde nos encontramos: decidió no participar en las elecciones parlamentarias (sólo como ejercicio de memoria recordaré que Leopoldo López y María Corina Machado lideraron esa política abstencionista suicida). A partir de entonces el chavismo, en solitario, creó todas las condiciones para poner el juego político a su favor. El actual debate intenta cambiar estas condiciones.

El diálogo podría ser el principio del fin para una crisis endémica de 15 años y es el resultado de un caos de acciones de protesta espontáneas -carentes de estrategia articulada- que exigían un improbable cambio de gobierno. Hoy el gobierno legitima a la oposición (irónicamente a quienes no alentaron la protesta), pero también la oposición al gobierno. Y el reconocimiento es el primer paso indispensable para solucionar problemas. Cuando a Isaak Ravin le increpaban por creer que podía acordarse la paz con los palestinos, respondía: "si quieres paz, tienes que negociarla con tu enemigo". Ravin no murió a manos del enemigo, sino por la bala de un judío radical que se oponía al diálogo.
EL UNIVERSAL; CARACAS
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Última actualización el Jueves, 10 de Abril de 2014 15:23
 
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Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 06 de Abril de 2014 13:40

Por MARÍA CORINA MACHADO.-

Salgo del Congreso de Brasil, emocionada por ejercer el deber y el honor de hablar, como diputada, en nombre de todos los venezolanos. Coincidía con un homenaje a parlamentarios que hace 50 años la dictadura había expulsado del Congreso, acusados de "traición a la patria por haber criticado a su país en el exterior". Esto pudo influir en el entusiasmo con que los diputados, de pie, gritaban: "Venezuela", "democracia", "valientes" y "libertad", al retirarme de la plenaria.
La operación del régimen para impedir que el mundo conozca sus crueles violaciones a los DDHH, a la soberanía popular y a la libertad de expresión, ha sido costosa e inútil. Parlamentos, periódicos y hogares de todos los continentes llaman al régimen venezolano como lo que es: una dictadura.
Hasta hace dos meses, el régimen hizo creer que nos habíamos resignado. Venezuela despertó. Las órdenes cubanas de reprimir toda "candelita", con la furia criminal de bandas paramilitares, la PNB y la GNB, provocaron mayor indignación y energía para el movimiento cívico más amplio y profundo de nuestra historia. El régimen cruzó una línea roja y ahora, para los actores extranjeros, la indiferencia es complicidad.
Un pueblo está en la calle decidido a avanzar, irreversiblemente y sin demora, en la transición hasta la democracia. Un país que exige un cambio, no sólo de políticas o de gobernantes, sino en los valores, en el modelo de sociedad y que está decidido a hacerlo por las vías democráticas que contempla la Constitución. Por ello, no admitiremos un nuevo engaño con un llamado a diálogo que pretenda desmovilizar la protesta o aparentar legitimidad. En cuanto a los poderes públicos, rechazamos la oferta de cuotas para maquillarlos. Se impone la recomposición total del CNE, la Fiscalía General, la Defensoría del Pueblo y la Contraloría, sólo para empezar.
Hace dos años, en carta pública a Fidel Castro, le dije: "Cdte. Castro, deje de intervenir en los asuntos internos de Venezuela. Hágalo de buen grado o las fuerzas democráticas de Venezuela se lo haremos entender como hace 50 años". Los Castro ya entendieron que los venezolanos lucharemos hasta conquistar la democracia, la soberanía nacional y la libertad. Como diputada y ciudadana, le digo, Sr. Maduro: ha llegado la hora de que Ud. también lo entienda: Renuncie
@mariacorinaYA

EL UNIVERSAL

 
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