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Felipe González, Leopoldo López y Antonio Ledezma PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 05 de Abril de 2015 11:08

Por

El anuncio de Felipe González internacionaliza definitivamente la crisis venezolana. Es una buena noticia, aunque cueste imaginarlo litigando en Venezuela como propuso. Por una parte porque no sorprendería que el gobierno de Maduro le impida entrar al país. O bien que le prohíba ingresar al tribunal y realizar trámites judiciales, ya sea por razones migratorias, técnicas o de cualquier otra índole. Nadie tiene la creatividad argumental del chavismo, sobre todo cuando se trata de despojar a sus opositores del debido proceso.

Por otro lado, seria improbable una defensa legal en el sentido estricto del término. La naturaleza de los juicios en marcha pertenece más bien al mundo de la ficción jurídica. Las audiencias de Leopoldo López, por ejemplo, a menudo duran más de 12 horas, finalizando a altas horas de la madrugada. Dada la inmaterialidad de la evidencia, el tribunal se ve imposibilitado de juzgar a López por sus acciones. Juez y fiscal, en equipo, entonces lo juzgan por sus palabras.

Es un proceso simplemente absurdo, con guardias armados apuntando a los asistentes, los familiares de los acusados. Puede incluir, como ha sucedido, a una profesora de lingüística testificando acerca de la verdadera intencionalidad de López en función del estudio de su discurso. La escena se transforma en un espectáculo grotesco cuando la experta analiza la presencia de violencia subliminal en el lenguaje político del reo. El carácter positivo del Derecho masacrado; Kelsen estaría retorciéndose en su tumba.

González se ofrece como abogado defensor, pero su defensa más importante será poniendo el conflicto venezolano definitivamente en la agenda europea y diciéndole al chavismo que archive su retórica de progresismo y socialismo. La intervención de Felipe González es un señalador, revela más de lo que produce, pero enhorabuena que ha ocurrido. Por supuesto que el mensaje también tiene destino interno. Como buen hombre de partido, le pasa un hierro caliente a Podemos. Sin nombrarlos, está hablando de los cheques chavistas. Pedro Sánchez, agradecidísimo.

A partir del gesto de Felipe González, el titular a reproducir en la portada de los periódicos debería decir que la causa de los presos políticos venezolanos es ahora, finalmente, la causa de la socialdemocracia europea. La ocasión es importante, porque el Secretario General electo de la OEA, Luis Almagro, dice el mismo sinsentido que Insulza decía hace más de un año: que los venezolanos deben resolver su propia crisis y que América Latina ofrece buenos ejemplos de “democracia participativa”.

La mera existencia de presos políticos, las condiciones violatorias de sus arrestos, las torturas y la falta de garantías en sus juicios deberían generar dudas acerca de la posibilidad de los venezolanos de resolver su propia crisis y sobre el carácter “participativo” de la democracia a la que alude Almagro. Y eso como mínimo, pues la OEA hace tiempo que por cada paso hacia adelante, da dos hacia atrás. Sigue presente el viejo recuerdo de la OEA enfrentándose a Videla y Pinochet, nada menos, por los derechos humanos. Eran otros tiempos.

Es que la defensa de los principios democráticos y la solidaridad de la comunidad internacional han sido insuficientes, por decir lo menos. Es una historia compleja y moralmente reprochable, por cierto, marcada por la manipulación de los principios en función de conveniencias burocráticas, subsidios petroleros o simplemente por burdo oportunismo y falta de convicción. Y no es solamente la OEA, siendo que en Venezuela la violación de derechos no empezó ayer. Piénsese que la publicación—y léase, delación—de los nombres de los firmantes del referéndum revocatorio ocurrió en 2004, once años atrás. Desde entonces, esas personas son discriminadas hasta cuando peticionan un crédito bancario.

En 2007, por ejemplo, el expresidente de Bolivia Jorge Quiroga fue de los primeros en llamar la atención sobre la alarmante situación de los derechos humanos en Venezuela y la intimidación sufrida por los opositores. Quiroga no tuvo demasiados seguidores entonces. Quizás solo en el Parlamento Europeo, cuando sus miembros comenzaron a expresar preocupación ese mismo año. El chavismo había perdido el primer referéndum constitucional para la reelección indefinida y comenzó su estrategia para revertirlo como fuera, es decir, con más intimidación.

Lo curioso es que la reticencia a denunciar los abusos del chavismo no cambió demasiado ni siquiera en 2014, a pesar de las masivas protestas, los muertos, los arrestados y los torturados. Solo un puñado de expresidentes, y casi ningún presidente en ejercicio, se animaron a expresar solidaridad con las víctimas y sus familias. Al nombre de Quiroga, se podrían agregar los de Arias, Cardoso, Hurtado, Pastrana, Toledo y no muchos más.

Lo que hoy puede brindar Felipe González es por ello enormemente valioso: los derechos humanos volviendo al tope de la agenda latinoamericana y por medio del PSOE. Hay quienes esperan una masiva declaración en apoyo a los presos políticos venezolanos en Panamá esta semana, ahora sí, firmada por decenas de expresidentes latinoamericanos. Sería un círculo virtuoso. Como en las transiciones latinoamericanas, cuando Felipe González gobernaba y los progresistas latinoamericanos, perseguidos como López y Ledezma, encontraban en España solidaridad y legitimidad.

Pero como se trata de una calle de dos vías, no puede olvidarse que este es un año electoral en España. Tal vez un poco de esa legitimidad vaya en esa dirección, Venezuela le sirva al PSOE para reafirmar el propio concepto de social democracia y, en el camino, recuperar la propiedad de un espacio político amenazado, curiosamente, por una cierta versión peninsular del chavismo. En ese caso, además de virtuoso, el círculo sería completo.

EL PAÍS; ESPANHA

Twitter @hectorschamis

 
Venezuela: ¿Puede ganar la oposición? PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Lunes, 23 de Marzo de 2015 12:01

Por Luis V. León.-

“Este es el tipo de pregunta que hace retador mi trabajo. Con unos números contundentes como los que arrojan las encuestas, todo parece indicar que la respuesta esperada sería un inequívoco sí. Sólo quedaría debatir si por mayoría simple o calificada.

(El Universal. Venezuela)-. Confieso que, aunque suelo ser alérgico a estos análisis determinísticos, este no es descabellado. La historia indica que hay una clara correlación entre evaluación de gestión del Presidente y los votos obtenidos por su partido. En el escenario más agresivo, el partido de gobierno ha obtenido un máximo de cinco puntos porcentuales por encima de la popularidad del Presidente, lo que indica que si las elecciones fueran hoy, el PSUV no debería sacar más de 30 por ciento de los votos totales.

Si consideramos, además, que la crisis económica tiende a empeorar y la respuesta del gobierno ha sido inadecuada, parece que sus opciones de recuperación de popularidad son pocas. La conclusión aparente es que si se realizan elecciones este año, la oposición debe ganar.

Pero, ¿qué cosas podrían hacer menos evidente esta conclusión?

1) El conejo del sombrero: Suelen llamarlo el “Black Swan” y se refiere a un evento extraordinario, inesperado e improyectable, que cambia la tendencia natural del mercado. No es posible predecirlo pero sería familia de las misiones que permitieron a Chávez reconectar su popularidad perdida antes del referéndum. O del Dakazo que hizo el milagro de la multiplicación del respaldo a Maduro, cuando nadie daba medio por él. O del rescate de popularidad de Samper en Colombia, luego de que EEUU le quitara su visa y unificara a los colombianos a su alrededor. Ya sé que cada circunstancia es distinta, pero ellas a su vez eran inesperadas en su momento y el fenómeno ocurrió. No creo que la probabilidad de este hecho sea la más elevada y no logro imaginarme la ruta de acción para rescatar esa popularidad en el medio de una crisis de esta magnitud, pero no se puede descartar.

2) La división: existen fuerzas divisionistas dentro de la oposición, que se acentúan paradójicamente cuando el triunfo es más probable. Las batalla por las listas y los cupos. Los nombramientos fuera de primarias (que pueden ser indispensables, pero sin duda conflictivos). Las provocaciones oficiales a los radicales que suelen comer casquillo. Todos son riesgos relevantes. Cabe señalar, sin embargo, que pese a haber sufrido estas tensiones en el pasado, la experiencia indica que los opositores son capaces de unificarse antes de la elección.

3) Si bien la brecha entre gobierno y oposición es relevante, una ruta que el gobierno podría probar es la de estimular la abstención opositora, con lo que los números reflejados en las encuestas se afectarían notablemente ya que mientras más abstención ocurra, más alta es la reconversión porcentual del chavismo, pudiendo llegar a números donde el efecto de los circuitos si funcione su favor. Una ruta para provocar esa abstención es reforzar la tesis de los opositores radicales, que plantea que es imposible ganar una elección al chavismo porque hace trampa, manipula el proceso, crea votos y si perdiera jamás entregaría. No voy a analizar la validez de esa tesis, pero es claro que si la mayoría de los opositores terminan creyéndola, su disposición a votar baja y la abstención se amplifica, con lo que el impacto negativo sobre la oposición luciría evidente.

¿Puede ganar entonces la oposición? Sí, pero sería la misma respuesta si la reformulamos al revés. Depende de cómo la juegue la oposición y si entiende finalmente una premisa fundamental: la pregunta, interesante, de si este gobierno sale por los votos es mucho menos potente que el hecho concreto que afirma que este gobierno no sale sin ellos”.

 
Venezuela, a un año de la gran represión PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Viernes, 20 de Febrero de 2015 10:55

Por Maria Teresa Romero.-

A un año de las masivas protestas de los estudiantes y líderes opositores que fueron brutalmente reprimidas por las fuerzas militares y de seguridad del Estado, resultando en 43 muertos, 800 heridos y más de 3000 detenidos -muchos de ellos torturados- de los cuales 60 aún se encuentran en prisión,  podemos percibir con mayor nitidez no solo la verdadera cara del régimen chavista -ahora en manos de Nicolás Maduro-, sino también hasta qué punto ha cambiado Venezuela en el transcurso de los últimos tres lustros.

(Infolatam).- En efecto, en el transcurso de 2014 y lo que va de 2015, el llamado proyecto bolivariano o de socialismo del siglo XXI creado por el difunto Hugo Chávez de la mano de Fidel Castro y que pretende ser continuado por el sr. Nicolás Maduro, se ha mostrado tal cual es,  nacional e internacionalmente. Ni es revolucionario, ni progresista, sino más bien retrogrado; ni es socialista ni democrático, sino neocomunista, militarista y autoritario de clara vocación totalitaria.

Por supuesto que desde sus inicios muchos sospechaban y alertaban acerca de la naturaleza y deriva antidemocrática del chavismo, pero para el pueblo venezolano en general estuvo oculto hasta hace relativamente poco tiempo, al menos hasta las elecciones presidenciales de abril de 2013. A partir de las protestas y el encarcelamiento masivo de estudiantes y dirigentes opositores como Leopoldo López y varios alcaldes en ejercicio, a la luz de las evidencias sobre la  forma ilegal, injusta y abusiva como se les trataba y perseguía, es que el carácter del régimen se revela realmente para la mayoría de la población venezolana y de la comunidad internacional, aun cuando muchos de los gobiernos extranjeros y organizaciones multilaterales se hayan hecho la vista gorda por razones diplomáticas e intereses económicos y geopolíticos.

De hecho, hoy en día la imagen y gestión de Maduro y su equipo gubernamental son rechazados por la mayoría de los venezolanos, antichavistas y chavistas también. Según la encuesta de la firma Datanalisis de enero 2015, la aprobación del presidente Nicolás Maduro cayó a un mínimo de 22%, en momentos además que debe enfrentar una recesión económica y una inflación sin precedentes por la caída de los precios del petróleo.  Por primera vez la población en general se plantea un cambio no sólo de gobierno, sino también de modelo político y socioeconómico ante el evidente fracaso del ofrecido desde hace 16 años como alternativa al modelo democrático  y civilista que prevaleció entre 1958 y 1998. En el ámbito internacional, las críticas, cuestionamientos y presiones para un cambio en el país, también estás prosperando en forma abierta.

Aún más, es ahora que se entiende en toda su terrible dimensión el estado de destrucción en que se encuentra el país y su institucionalidad democrática, su situación económica, su estructura física y social, su estado ético y moral. Es ahora también que se comprende con precisión que la Venezuela prospera económica y socialmente, en vías de desarrollo, aquella que logró instaurar por primera vez en su historia republicana  y por 40 años consecutivos un sistema de libertades, de pluralismo ideológico, de tolerancia social, y de respeto a la constitución y a los derechos humanos -pese a todas sus fallas y debilidades- , ya dejó de existir.

E igualmente es ahora, tras un año de radicalización y cierre gubernamental, que se tiene una idea clara de lo incierto y difícil que se presenta el futuro venezolano. Una buena parte de la sociedad nacional y la comunidad internacional han llegado finalmente a la conclusión de que  el régimen no solo no quiere cambiar de rumbo, y menos  dialogar  y llegar a un entendimiento con la oposición, sino que está dispuesto a mantenerse a cualquier precio, y a liquidar cualquier disidencia, utilizando toda su fuerza represiva, sin pararle mientes  a lo que digan los diversos actores internacionales.

En esta situación, las salidas más deseables tales como la  renuncia presidencial y las elecciones presidenciales se ven difíciles, al menos que un grupo de militares ejerza la presión necesaria para que se respete la voz del pueblo. Y aún si esto se logra, la transición democrática y la recuperación del país, será un proceso largo, complejo y penoso.

La Venezuela moderna y  democrática que fue en el siglo XX dejo de serlo y la que aún se espera para el siglo XXI no vendrá a corto y mediano plazo.

INFOLATAM

 
Venezuela y la teoría del golpe de estado permanente PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Lunes, 16 de Febrero de 2015 11:39

Por Rogelio Núñez.-

El chavismo, comomovimiento político, nació de un golpe de Estado (el de 1992) y, ya en el poder en 1999, recreó su propia historia convirtiendo el golpe de abril de 2002 en un hecho fundacional. Desde entonces el relato del régimen gira en torno a su lucha contra múltiples conspiraciones y complots internos y externos.

Cada vez que el régimen está en problemas (sobre todo entre 2002 y 2004 y entre 2009 y 2015), bien Hugo Chávez, cuando vivía, o bien Nicolás Maduro en la actualidad, sacan a relucir las consabidas conspiraciones obra del “imperio agresor” (EEUU) o de la oposición “fascista”.

El último ejemplo ha tenido lugar esta pasada semana cuando el presidente venezolano, Nicolás Maduro, afirmó que grupos de la extrema derecha planeaban llevar a cabo un golpe de Estado el próximo mes de junio.

“Los golpistas [...] han dicho que junio es el mes del colapso, que en junio el pueblo se va a alzar contra el Gobierno, que junio es el mes para el golpe de Estado”, indicó el mandatario.

Según Maduro, existe un “plan para llenar de violencia el país”: “Los golpistas no han renunciado a sus intenciones de destruir el país por la vía de la violencia [...] y algunos de estos perversos golpistas ‘guarimberos’ se han dado a la tarea de buscar bandas criminales dedicadas a la violencia y contratarlas”.

Un legado histórico de Chávez

Maduro sigue así una tradición histórica del régimen chavista.

El analista del diario El NacionalFernando Luis Egaña recuerda que “de este tipo de ejecutorias el oficialismo es experto. Y no me refiero sólo a las tentativas de golpe militar, sino a utilizar el tema como medio de propaganda y manipulación política, sobre todo cuando las circunstancias aprietan duro, como consecuencia de los desmanes y tropelías de la hegemonía roja. Junto con el “magnicidio”, el presunto “golpe” ha sido el expediente más manoseado de estos años; a veces juntos, a veces por separado, pero nunca faltan los referidos temitas en la palestra de la comunicación oficial. En esta oportunidad, por cierto, la notoria credibilidad del alcalde Jorge Rodríguez se suma a la cuestión. Se dirá, y con parte de razón, que se trata de un “trapo rojo” para desviar la atención sobre la catástrofe socio-económica”.

El propio Chávez, convertido en una figura nacional en 1992 a raíz del golpe de un Estado fracasado, hizo de su aventura golpista el legitimador de su posterior carrera política.

Maduro con el cuadro de Hugo Chávez detrás

Maduro con el cuadro de Hugo Chávez detrás

El que fuera presidente venezolano sostenía que el intento de golpe de Estado que lideró era una “necesidad histórica” que buscaba sacar a ese país del “abismo” en el que se encontraba por responsabilidad de los gobiernos “burgueses” que habrían beneficiado únicamente a algunas clases sociales.

Luego, ya en el poder desde 1999, sufrió en sus propia carnes un golpe de Estado que no solo no le desalojó del poder sino que le sirvió para acabar con sus enemigos dentro de las FFAA y pasar a controlar PDVSA.

Y también le dio un arma para el futuro contra sus enemigos a los que siempre podía acusar de golpistas, pues ya lo habían intentado una vez, en 2002.

Chávez, tras el golpe de 2002, señalaba que “los desesperados intentarán quebrar la revolución’ por medio de mecanismos como la convocatoria a huelgas generales, ‘jugando al quiebre de las empresas o al quiebre del país con la fuga de capitales”.

Un año más tarde, 2003, denunciaba una “masiva conspiración nacional e internacional” en su contra, en la reunión que sostuvo en Brasil el Grupo de Amigos de Venezuela.

En 2004, volvía a la carga y denunciaba que hubo un intento de golpe de Estado conocido por el Gobierno deEstados Unidos: “Ustedes han vuelto por los caminos del golpismo y si ustedes se alzan como en abril, no vana conseguir al Chávez de 2002 y van a ser tomados militarmente por asalto, cueste lo que cueste, porque aquí se debe imponer la Constitución y las leyes, y ustedes están obligados a respetarlas”.

Cuando el régimen logró estabilizarse y desplegar un gran protagonismo internacional (2005.2009), el tema de la conspiración bajó de intensidad. De todas formas, en 2007 Hugo Chávez anunció que no iría a la toma de posesión del presidente Álvaro Colom en Guatemala por la existencia de un supuesto plan para matarlo.

“Me han llegado informaciones muy recientes que nos preocupan sobre Guatemala y que ponen en riesgo mi asistencia a la transmisión de mando del presidente Álvaro Colom, nuestro amigo, que nos ha invitado”, dijo Chávez.

Nicolás Maduro junto a un retrato de Chavez

Nicolás Maduro junto a un retrato de Chávez

De nuevo un año después, en 2008, volvía a insistir en el tema.

Chávez denunció en esa ocasión la existencia de un supuesto plan de la oposición de su país para asesinarlo: “Hace unos días estaban reunidos por allí. El plan: matar a Chávez. Bueno, bien, yo no voy a esconderme”.

“Dios sabrá, nosotros nos cuidaremos. Pero si es que llegan a hacerlo se van a arrepentir 500 añosporque sé que es así. Como el 11 de abril (de 2002) el pueblo se fue a las calles y ellos se escondieron como ratas, pasaría el pueblo por encima a la oligarquía. Dios nos libre”, concluyó el líder bolivariano.

En 2009, Chávez denunciaba un plan para perpetrar en Venezuela un golpe de Estado similar al de Honduras.

En 2010, el líder venezolano aseguró que los diputados opositores planteaban “lo mismo que el 11 de abril de 2002” y buscarán “siendo minoría disolver la Asamblea Nacional. Están planteando un golpe de Estado, pero no se les ocurra, midan bien sus fuerzas verdaderas porque si se les ocurre lanzarse se van a estrellar de nuevo contra la moral de este pueblo y la Revolución Bolivariana”.

“No tenemos ninguna duda de que llegará el momento indicado en la historia de que se conforme una comisión científica que confirme que fue atacado por esta enfermedad” por “enemigos que buscaron atacarlo (a Chávez)”, dijo Maduro.

En 2011, ya enfermo, volvía a la carga. Acusaba, desde su habitación de un hospital en La Habana, a la oposición de conspirar contra su Gobierno: “Aquí relajadito, acostadito (…), asimilando bien el tratamiento… No nos van a ganar las elecciones; los vamos a noquear. Andan conspirando y detrás de ellos está el imperio”.

en 2012 Chávez no dudaba en acusar a los líderes de oposición de planear un supuesto complot para desconocer los resultados de los comicios presidenciales: “Como ellos saben que están perdiendo, estoy denunciando los planes que ellos están haciendo para tratar de generar violencia, para tratar de desestabilizar al país… hay banqueros privados que están apoyando y con mucho dinero a la oposición, tengan cuidado, señores banqueros privados… una cosa es que apoyen a un movimiento democrático… y otra cosa es que estén apoyando movimientos desestabilizadores”.

Maduro desde 2013 ha seguido por ese mismo camino que inició su maestro. Empezó cuando todavía era vicepresidente en 2013 atribuyendo a conspiradores internacionales la enfermedad del presidente Hugo Chávez.Propuso la conformación de una comisión científica para investigar este complot y acusó a Estados Unidos de buscar apoyo en las fuerzas armadas.

“No tenemos ninguna duda de que llegará el momento indicado en la historia de que se conforme una comisión científica que confirme que fue atacado por esta enfermedad” por “enemigos que buscaron atacarlo”, dijo Maduro.

Así pues, mientras que la situación venezolana siga siendo tan delicada económica y políticamente, acudir a la tesis conspirativa se convierte en el último recurso de todo régimen en dificultades.

Y el de Nicolás Maduro lo es.

INFOLATAM

 
Maduro no ha regresado con las manos vacías PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 11 de Enero de 2015 12:43

Por Huber Matos Araluce.-

Dicen las noticias que Nicolás Maduro ha regresado con las manos vacías de
su viaje a China.  Lo dudo.  No creo que los chinos hayan perdido la
oportunidad de hacerle, al atribulado venezolano, proposiciones
interesantes de corto plazo y de largo alcance.  Habrían sido malos
comerciantes y los chinos tienen fama de ser muy hábiles.  ¿Quién perdería
la oportunidad de sentarse a negociar con el representante de un país que
está en la quiebra pero tiene las reservas de petróleo más grandes del
mundo?

China tiene necesidades energéticas insaciables. En mayo de 2014 firmaron
la compra de gas a los rusos por un valor estimado de 400 mil millones de
dólares. La entrega se extendería por tres décadas a un promedio de 38 mil
millones de metros cúbicos de gas al año. En noviembre pasado firmaron otro
convenio parecido y para finales de esta década Rusia puede estar enviando
anualmente a China 68 mil millones de metros cúbicos de gas. Esto nada más
representa un poco menos del 20% de la energía que necesita China.

Ya el gobierno chino ha prestado $42 millones a Venezuela de lo que este
país ha repagado $24 millones. Los chavistas ahora tienen una emergencia de
$16 mil millones. Si esto se compara con los cientos de miles de millones
de dólares negociados con Rusia el año pasado, el monto que necesita el
régimen chavista representa un porcentaje modesto.

Pero miremos el bosque desde lejos, en Latinoamérica China tiene dos
oportunidades estratégicas que le brindarían grandes beneficios durante
este siglo.  Una es un canal en Nicaragua y la otra son las reservas de
petróleo a precio de quiebra en un país controlado por los
castro-chavistas, es decir por amigos. Por el canal de Nicaragua los chinos
podrán transportar en sus enormes barcos hacia Asia y otros lugares, el
combustible comprado a Venezuela a precios de “viernes negro”.  No nos
sorprendamos si en el futuro los maoístas y los castro-chavistas anuncian
un convenio espectacular.

Se ha filtrado en las noticias que los chinos exigieron a Maduro el control
de la Zona de Desarrollo de Guayana, puede ser una fábula pero tendría
 sentido. Siempre habría forma de plantearlo,  a fin de cuentas el canal en
Nicaragua no es un proyecto del gobierno chino sino de un empresario de
Hong Kong que parece tener las conexiones para reunir los $50,000 millones
que dicen costará la obra.  El gobierno chavista puede justificar la
negociación con una empresa china que venga a poner orden en el caos creado
por el populismo chavista.

La propuesta de los chinos puede ser otra pero cualquier otra que fuera,
Nicolás Maduro no podía aceptarla en Pekín. Maduro tenía que regresar a
Venezuela y plantearla al grupo que lo mantiene en el poder.  La decisión
se tomará entre éstos y Raúl Castro y los suyos en La Habana.  Quizás a
Raúl le guste la idea pues la participación de China en la industria
venezolana de los hidrocarburos podría ser una garantía para la dictadura
en la Isla.

China invierte a largo plazo, lo ha hecho en Rusia sin preocuparle
demasiado si Vladimir Putin permanecerá en control en las próximas décadas.
Una negociación con Venezuela estaría garantizada por el poder económico
que tiene China y por el petróleo y el gas de Venezuela. Estén o no los
chavistas en el poder los venezolanos tendrán que honrar los compromisos
que haga Maduro o el que le siga en la presidencia.  En una reciente carta
<http://images.eluniversal.com//2015/01/08/carta-mcm-pres-china-ener2015.pdf>
al
dictador Chino Xi Jinping la dirigente opositora María Corina Machado le ha
escrito:

*“Puedo afirmar con responsabilidad que al  Iograr la transición hacia Ia
democracia, el nuevo gobierno de Venezuela honrará los compromisos asumidos
con Ia República Popular de China en términos que sean beneficiosos y
justos para ambas naciones”.*

Si la oferta “secreta” de China a Maduro se acepta o se sigue conversando,
a los chinos les sobra paciencia. Estuvieron negociando 10 años con los
rusos y fue en los momentos de crisis en el Kremlin que se llegó a un
acuerdo, por cierto muy favorable para el gobierno asiático.  Maduro y el
chavismo tienen una seria situación en sus manos, pero todavía el escogido
por los Castro tiene el 22% de aprobación, tiene las fuerzas armadas que lo
respaldan y también el aparato represivo.

Mientras Raúl Castro lo apoye, la OEA siga controlada por pusilánimes y el
presidente Obama continúe su política de acercamiento y flexibilización con
el dictador cubano, no veo la razón por la cual Nicolás Maduro tenga que
preocuparse. Quisiera equivocarme.

Por Huber Matos Araluce
 
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