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Artigos: Latinoamérica Fidelochavista
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Escrito por Fuente indicada en la materia   
Domingo, 20 de Diciembre de 2009 17:44

por Huber Matos Araluce

San José, Costa RicaCon cuatro horas de discursos concluyó, el lunes 14 de diciembre, la VII Cumbre del ALBA (Alianza Bolivariana de Nuestra América) en La Habana.  El ALBA está compuesta por Venezuela, Cuba, Nicaragua, Bolivia, Ecuador, San Vicente y las Granadinas, Dominica y Antigua y Barbuda. Fundada hace cuatro años por Fidel Castro y Hugo Chávez, el ALBA ha sido una tribuna de ambos. Su íntima relación personal le ha puesto el sello a este instrumento de agitación política.

El gran ausente fue el anciano dictador de Cuba, del que se proyectó un video con imágenes viejas.  Chávez dijo que había visitado a Fidel y que, cuando se despedían, casi se lo trae; pero, aunque con los ojos Fidel le decía que quería, no se montó en el auto[i]. Teniendo en cuenta la obsesión escénica de Castro: ¿Quién o qué evitó que asistiera a la Cumbre del Alba?

Chávez[ii] dijo que, como Fidel lo calcula todo “científicamente”, no quiso entregarle a él en ese momento - el de la visita - la carta que Chávez leería en la Cumbre.  Fidel le dijo que se la enviaría.  Chávez aclaró que Fidel no le entregó la carta para que él no se enterara con anticipación de su contenido y eso, según Chávez, fue un cálculo científico de Fidel. Así son las cosas  del ALBA, donde la desconfianza entre aliados es una ciencia.

El encuentro fue una repetición de demagogia antimperialista y de la desprestigiada teoría de la explotación de los países ricos contra los pobres; los ricos son ricos porque les roban a los pobres; la pobreza no se debe al mal manejo de sus gobiernos.  Ni Raúl Castro ni Hugo Chávez tuvieron la capacidad escénica para convertir el evento en algo atractivo para la prensa internacional, salvo CNN.  La Cumbre del ALBA también competía con la XV Conferencia sobre el Cambio Climático en Copenhague y una ola de golpizas y arrestos a disidentes en Cuba, que incluían hasta a las Damas de Blanco.

Los asistentes a esta cumbre tenían poco de qué alegrarse y bastante de qué preocuparse.  La popularidad de Hugo Chávez va en decadencia, los petrodólares no alcanzan y el escándalo de los bancos lo salpica.  Raúl Castro se refirió en su discurso a la Alianza Bolivariana de Norteamérica en lugar de la Alianza Bolivariana de Nuestra América, –el nuevo nombre del ALBA. ¿Qué tendría en mente? Además, inventó un nuevo tipo de compañía: la “grannacional”, o tal vez trató de decir transnacional y no pudo porque no puede [iii].

La cara de Daniel Ortega parecía reflejar que en la última encuesta el 57% de los nicaragüenses rechaza su labor de gobierno y el 25.8% lo respalda[iv], y la de Patricia Rodas, que fue representando a Manuel Zelaya como Ministra “constitucional”, era pura amargura; el único que dejó entrever alguna tranquilidad fue el boliviano Evo Morales.

Está fresca la herida por el fracaso del ALBA en Honduras. La reelección de Daniel Ortega en Nicaragua es cuestionable. El Salvador no ingresará en el  ALBA.  Hillary Clinton ha advertido que quienes coquetean con Irán en la región lo harán por su propia cuenta y riesgo.  Chávez y Raúl deben estar preocupados por sus elucubraciones contra Colombia, un juego que se sabe cómo empieza pero no cómo termina.

Hace cuatro años, con el precio del petróleo por las nubes, el binomio Chávez/Fidel parecía temerario. Pero el desastroso gobierno de Chávez, sus atropellos contra la democracia en Venezuela y sus extravagancias, insolencias e intromisiones contra otros países han demostrado, sin duda, quién es el heredero de Fidel Castro. Durante este tiempo  ha quedado al descubierto el fracaso de medio siglo de estatismo castrista y de represión totalitaria.

El  ocaso del ALBA quedó a la vista con su fiasco en Honduras, donde un pueblo pobre prefirió proteger lo poco que tiene antes que embaucarse con cantos de sirena.

El desprestigio de sus dos fundadores fue demostrado el 12 de diciembre de 2009: Según esta última encuesta de Latinbarometro, la popularidad de ambos es la peor en Latinoamérica, de una escala de 1 a 10: Chávez un 3,9 y Fidel un 4 [v].  La VII Cumbre del Alba fue su velorio anticipado y el réquiem político de Fidel Castro.

Fonte: Identificada en el texto

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Última actualización el Domingo, 20 de Diciembre de 2009 17:45
 
El socialismo mata PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Domingo, 20 de Diciembre de 2009 17:56

por CARLOS ALBERTO MONTANER

Swaminathan Aybar es un notable economista hindú que ha sacado una cuenta muy incómoda. Se le ocurrió medir el enorme precio que pagó la población de la India por no haber hecho antes la reforma económica que hoy mantiene en su país un ritmo de crecimiento que excede el 7% anual, reduce vertiginosamente el porcentaje de pobres y mejora sustancialmente la calidad de vida de los más necesitados. Los números son impresionantes: no haber hecho la reforma con antelación provocó la muerte de 14.5 millones de niños, mantuvo a 261 millones en el analfabetismo y a otros 109 por debajo de los límites de la pobreza. El estudio lo acaba de publicar el Cato Institute de Washington y se titula El socialismo mata.

Los latinoamericanos deberían aprender de esta experiencia. No hacerlo, además de un crimen, es una estupidez casi perfecta. El ejemplo es muy claro: en la India ha habido dos grandes modelos de desarrollo. Entre 1947 y 1981 se ensayó la fórmula de la economía estatizada, dirigida por una enorme burocracia gubernamental, intensamente proteccionista, hostil a la empresa privada y a las inversiones extranjeras, convencida de las ventajas del desarrollo hacia dentro. El resultado de esa etapa socialista fue un crecimiento anual promedio de 3.5 que, cuando se descontaba el aumento de la población, quedaba reducido al 1.49.

Mientras los hindúes seguían esa senda socialista, tan parecida a los ensayos latinoamericanos, desde el peronismo hasta el chavismo, otros pueblos asiáticos --primero Taiwan, Corea del Sur, Hong-Kong, Singapur, luego Tailandia, Malasia e Indonesia-- tomaron el camino contrario: abrieron sus economías, alejaron al gobierno del aparato productivo y fomentaron la iniciativa privada. En otras palabras, liberalizaron decididamente sus economías. Al cabo de apenas una generación, los resultados que exhibían eran pasmosos: disminución drástica de la miseria y la ignorancia, mejora en todos los índices de desarrollo humano y surgimiento de unos robustos sectores sociales medios.

Presionados por esa inocultable realidad, los hindúes hicieron su reforma y abandonaron las fallidas supersticiones del socialismo, primero tibiamente, y luego con mayor ímpetu comenzada la década de 1990, hasta llegar a convertirse hoy en un actor de primer rango internacional que compite en precio y calidad con la China, a la que comienza a disputarle la condición de gran fábrica del mundo. (No olvido la sorpresa de unos amigos que necesitaban contratar un servicio de ventas telefónicas en América Latina y acabaron pactando con la sucursal de una compañía hindú radicada en Cochabamba, Bolivia.)

Es importante que los economistas latinoamericanos saquen la cuenta de cuánto nos cuestan los experimentos socialistas en sangre, sudor y lágrimas. Cuánto han pagado y pagan los argentinos por los tercos experimentos del peronismo. Cuál fue la inmensa factura pagada por la sociedad peruana durante la locura de Velasco Alvarado, la nicaragüense con el sandinismo o Cuba con su medio siglo de estalinismo.

a medición podía hacerse a partir de la experiencia chilena: ¿qué hubiera pasado en toda América Latina si los pueblos de nuestra cultura hubieran hecho una reforma económica como la llevada a cabo por los chilenos, iniciada durante la dictadura de Pinochet, pero sabiamente mantenida por los gobiernos de la democracia? En 1959, por ejemplo, Cuba tenía un tercio más de ingreso per cápita que Chile y más o menos la misma población. Hoy Chile triplica el ingreso de los cubanos, su población es un treinta por ciento mayor, y el país sudamericano se ha convertido en la secreta meta y destino de miles de cubanos que han conseguido instalarse allí, incluidos unos cuantos hijos de la clase dirigente convencidos de que el barco de los hermanos Castro se va a pique a corto o medio plazo.

¿Somos capaces los latinoamericanos de aprender en cabeza ajena? Con algunas dificultades, parece que sí. Perú, por ejemplo, es hoy el país que más crece en el continente, y eso se debe a que, de manera creciente, los últimos tres gobiernos peruanos han tenido el sentido común de inspirarse en el vecino Chile y abandonar paulatinamente las viejas prácticas del socialismo estatista. Eso significa menos pobreza y mejores estándares de vida para la inmensa mayoría de la sociedad. Sin embargo, lamentablemente, la racionalidad sigue siendo un bien escaso en nuestro mundo. Mientras los peruanos, como los chilenos, se mueven en la dirección que dicta la experiencia, Hugo Chávez y sus cómplices del socialismo del siglo XXI reinciden en el disparate. Insisten en hacerles daño a sus conciudadanos, convencidos de que los guían en la dirección de la gloria. No se han enterado de que el socialismo mata.

www.firmaspress.com

Fonte: El Nuevo Herald

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Última actualización el Domingo, 20 de Diciembre de 2009 17:58
 
Honduras y el plan secreto para legitimar a Raúl Castro PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Domingo, 20 de Diciembre de 2009 18:20

Huber Matos Araluce

San José, Costa RicaUn inesperado acontecimiento político en Honduras trajo a la superficie realidades ocultas y puso en relieve verdades convenientemente pasadas por alto. En Honduras el incipiente imperialismo brasileño sacó sus garras.   Hugo Chávez demostró hasta dónde puede llegar.  José Miguel Insulza hizo encallar a la OEA. La política latinoamericana mostró su incoherencia y hasta la paloma de Obama perdió algunas plumas. En Honduras naufragó el plan secreto para legitimar a Raúl Castro en Cuba.

Pocos en la región hubieran imaginado que detrás del presidente brasileño había otro personaje esperando su turno. Lula da Silva sorprendió con sus contradicciones. Reclamó con prepotencia el regreso de Zelaya a la presidencia para salvar la democracia en Honduras, mientras llenaba de abrazos y cordialidades a sus entrañables amigos, el dictador de Cuba y su hermano Raúl. Con similar deferencia es aliado de la teocracia iraní, que acaba de robar una elección reconocida como legítima por Lula da Silva. Irán es promotor del terrorismo internacional, su régimen reprimió con brutalidad a quienes protestaron por el robo de la elección y trató con increíble crueldad a quienes fueron arrestados. Lula no está por la democracia en Honduras ni por la tiranía en Cuba o en Irán.  Lula está por lo que cree que le conviene a Brasil en su camino a la hegemonía regional. El imperialismo brasileño ya enseñó sus uñas; hispanoamericanos, tomemos nota.

A Hugo Chávez le faltó todo lo que le sobró a Micheletti.  El venezolano demostró que con petrodólares no pueden comprarse ni inteligencia ni  coraje. Con ambas cosas hay que nacer.  La estrategia del castro-chavismo en Honduras fue primitiva, insolente y estúpida.

José Miguel Insulza demostró que no se pude servir a dos amos, el ALBA y la OEA.   En una entrevista inmediatamente después de la expulsión de Zelaya, declaró a CNN que sobre el caso de Honduras lo único que podía hacer la OEA era una denuncia moral.  Pero inmediatamente después de encontrarse en Managua con el cuate de Hugo Chávez, se lanzó como un miura contra la clase política hondureña.  Con amenazas, prepotencia y promesas incumplidas, Insulza ha escrito una triste página en la historia del organismo regional.

Los sucesos en Honduras descarrilaron el plan secreto para legitimar el poder de Raúl Castro en Cuba, en el cual la diplomacia brasileña y la venezolana trabajaron intensamente. El objetivo era que Latinoamérica, con el respaldo del gobierno español, presentara a Obama un frente unido apoyando a Raúl Castro en Cuba, con el argumento de que una transición ya estaba en marcha y que requería de la dirección de Raúl para garantizar la estabilidad del proceso. Presionado por la comunidad internacional, pues España se haría cargo de convencer a la Unión Europea, el presidente estadounidense suspendería incondicionalmente el embargo. Como compensación, el capital estadounidense entraría en Cuba con inversiones que le permitirían una buena tajada de la economía cubana.

El primer paso consistía en el levantamiento de las sanciones a la dictadura castrista.  Así sucedió por decisión unánime de las naciones latinoamericanas en Tegucigalpa a principios de junio.  No fue un hecho aislado ni fortuito.  Con toda intención, ni uno solo de los presidentes latinoamericanos mencionó la falta de un estado de derecho en Cuba. Con anterioridad presidentes latinoamericanos habían viajado a Cuba a saludar al convaleciente Fidel Castro y a su escogido sucesor Raúl. Persuadida por Brasil, Costa Rica había anunciado su decisión de restablecer relaciones diplomáticas con Cuba tres meses antes. Arias alegó la existencia de nuevas realidades.  El Departamento de Estado en Washington no era ajeno ni se opuso a estas maniobras.

El Secretario General fue entrevistado por CNN inmediatamente después de que la OEA levantó las sanciones a la dictadura castrista, abriendo la puerta a un ingreso a la OEA por iniciativa de Raúl, después de la muerte de Fidel.  En esa entrevista Insulza anunció eufórico que estaba seguro de que hasta el embargo estadounidense también se levantaría, e insinuó que, en el caso de Cuba, la OEA podría ser flexible en la interpretación de la Carta Democrática. Con toda razón, la Carta Democrática jamás se ha usado para defender la democracia en Venezuela. ¿Por qué aplicarla en Cuba?

Menos de 30 días después, Manuel Zelaya perdía la presidencia y la democracia se pondría inusitadamente de moda en la OEA y en la ONU.  La presión de Hugo Chávez a Insulza fue decisiva.  Nadie en este continente, ni fuera de él, quiso perder la ocasión de redimirse.  Honduras les daba la oportunidad de lavarse el pecado de haber guardado un silencio cómplice, y en otros casos cobarde, ante el estrangulamiento de la democracia en Venezuela.

La consecuencia no calculada fue que, al resaltar la virginidad democrática de cada uno de los enemigos del “golpe de estado”, y al utilizar todo tipo de sanciones contra quienes sacaron a Zelaya del poder, convencidos de que podrían doblegar a Roberto Micheletti y su gobierno, el esquema para colar por la puerta de atrás al nuevo dictador castrista en la OEA se ha convertido en una tarea casi imposible.  Después de Honduras y su aislamiento internacional, para ingresar en el organismo regional Raúl Castro tendría que hacer en Cuba elecciones debidamente supervisadas por todos sus miembros, incluyendo los Estados Unidos.

En Honduras ha triunfado el derecho del pueblo a escoger a su gobernante, que era en esta crisis lo prioritario, en lugar de encasquillarse amedrentando y humillando a la mayoría del pueblo y a sus representantes, culpándolos por errores y exigiéndoles acciones que ninguno de los actores internacionales exige a los Castro y a Hugo Chávez, transgresores brutales de los derechos humanos y la democracia en este continente.  En Honduras los grandes perdedores han sido la hipocresía y la demagogia latinoamericana, y se descarriló el plan para legitimar el fraude raulista. La OEA ha sufrido una innecesaria pero merecida lección y la paloma de Obama tendrá que aprender a volar menos errática y con menos plumas.

 

Fonte: Identificada en el texto

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Las lecturas equivocadas de "Itamaraty" PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Domingo, 20 de Diciembre de 2009 17:52

por José Luis Martínez

La política exterior del presidente Luiz Inácio Lula da Silva ha sido pautada por el esfuerzo consistente de ampliar cada vez más la presencia de Brasil en el mundo.

Por José Luis Martínez, 14 de Diciembre de 2009

Itamaraty

Palacio de Itamaraty en Brasilia, sede el Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil

Como potencia regional emergente ha actuado activamente en la esfera de la diplomacia internacional para poner a Brasil en el centro de estructuras de poder internacional. Incluso, David Rothkopf, analista de la revista Foreign Policy de Estados Unidos, nombró a Celso Amorim como el mejor ministro de asuntos exteriores del mundo por la diplomacia que desarrolla Itamaraty.

Sin embargo, en los últimos tiempos ha cometido algunos desaciertos, en su tradicional y sólida política exterior, que demorarán las aspiraciones de esa potencia regional para convertirse en un actor de primer orden en la geopolítica mundial.

 

El presidente Lula, su asesor principal en política exterior, Marco Aurélio García, el ex vice ministro de Exteriores, Samuel Pinheiro Guimaraes, -considerado uno de los intelectuales cuyas ideas influyen en la política externa del actual gobierno-, hicieron una lectura equivocada de la crisis hondureña cuando decidieron involucrarse de lleno y apoyar, hasta las últimas consecuencias, la restitución del presidente constitucional Manuel Zelaya.

La ofensiva política exterior brasileña no fue suficiente y no logró acuerdos ni unanimidades en la OEA y ni en la Cumbre Iberoamericana, y fracasó en su intención de restituir al mandatario centroamericano depuesto por un por un heterodoxo golpe de Estado. Y por el contrario, tras elecciones presidenciales que tuvieron una alta participación, muchos de los países de la región comenzaron a aceptar los resultados de las urnas, como parte de un proceso para que Honduras vuelva a la democracia plena.

El error fue tan evidente que en Itamaraty, varias voces cuestionan el cambio de la política exterior brasileña al romper con el principio de no intervención, y califican las decisiones como erradas y costosas para los intereses de la diplomacia de la potencia subregional.
El ex canciller mexicano Jorge Castañeda, en una extensa entrevista en O Estado de Sao Paulo, decía que Brasil se estaría comportando como un “enano” más que como un gigante diplomático al asumir batallas menores por un país poco decisivo. Ello tampoco se correspondería, sostuvo, con las aspiraciones de Brasil a ser miembro permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

La política tradicional de Itamaraty, establecida por el Barón de Río Branco en la primera década del siglo pasado, y continuada durante años posteriores, con gobiernos de distinta orientación ideológica, establecía que, en Centroamérica y el Caribe, Brasil reconocía la primacía de Estados Unidos en la resolución de las crisis y conflictos de la región, mientras que el sur del continente quedaba baja la influencia de la poderosa cancillería brasileña.

“Brasilia está en el hemisferio Sur. Washington está en el hemisferio Norte. Es natural que las cosas, a veces, sean vistas de forma diferente”, sostiene el canciller Celso Amorim, que sin embargo justificó la implicación de su país en Honduras. El viejo pacto no escrito entre Brasilia y Washington se rompió con la crisis hondureña.

En círculos diplomáticos ven esta situación como consecuencia de una jugada política de Venezuela, que colocó a Brasil ante un hecho consumado y con poca posibilidad de maniobra, pero también en forma paralela cuestionan la creciente influencia del izquierdista PT, que de la mano de Marco Aurélio García y Samuel Pinheiro Guimares -amigo del presidente, Hugo Chávez, y tachado como representante del antiimperialismo en Itamaraty- dirigen la política exterior brasileña hacia América Latina. Algunos diplomáticos temen que la tradicional política de Estado de Itamaraty, se convierta en una política que responda únicamente al izquierdista PT.

No son pocos dentro de la cancillería brasileña que ya empezaron a hablar de flexibilizar la posición ante los hechos consumados en Honduras, tras el pronunciamiento de las urnas. Incluso hablan de preparase a darle el asilo político a Zelaya, que ya anunció que formará un grupo político para aglutinar a sus seguidores. Incluso, Itamaraty le solicitó a México que recibiera Zelaya como forma de buscar una salida del atolladero en el que se metió, algo que en principio desechó el propio presidente depuesto.

Claro está, que si Itamaraty hubiera logrado con su intervención resolver la crisis de Honduras estaría festejando su éxito, y Brasilia habría comenzado a asumir el tipo de liderazgo regional de una potencia. Pero eso no sucedió y las consecuencias de decisiones precipitadas que no tuvieron el final que Brasil quería, ya dejaron algunas consecuencias para su política exterior.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, fue claro y directo en una carta enviada a su colega brasileño, más allá de los elogios mutuos que tiempo atrás de habían prodigado. La Casa Blanca decidió aceptar el resultado de las elecciones hondureñas como forma de avanzar en la normalización democrática, mientras que Brasil no las reconoce y sigue sosteniendo a Zelaya que está refugiado en su embajada en Tegucigalpa.

La controvertida visita del presidente iraní Mahmoud Ahmadineyad a Brasil fue también otro de los hechos que le valieron varias críticas al presidente Lula, no solo al interior de su país sino también en el exterior, ya que el gobierno brasileño le dio el oxígeno que buscaba el régimen de los ayatolás cada vez más cuestionado y sancionado por su carrera nuclear. Teherán, logro avanzar un casillero en América Latina luego de afianzar su alianza estratégica con los países del ALBA. La penetración diplomática iraní se consolida con el abrazo de la nación más influyente de la región.

La carta de Obama llegó al presidente Lula el domingo 22 de noviembre, precisamente un día antes que Lula recibiera para una reunión al líder de Irán, Mahmud Ahmadinejad. Mientras que Washington cuestiona al régimen iraní, Lula le dio el apoyo y el espaldarazo que la teocracia necesita, ante las sanciones mundiales y ante una sociedad iraní cada vez más critica por la represión a la oposición.

El asesor de Lula para asuntos internacionales, Marco Aurélio García, dijo que la posición de Estados Unidos ante las elecciones en Honduras era “equivocada”, y sostuvo que Brasil “ve con preocupación algunos síntomas y algunas posturas de Estados Unidos que, sobre la situación en Honduras, es de nítido desacuerdo con los países suramericanos”, dijo. Brasil ya había criticado a Washington por el uso de las bases colombianas ante el temor que su liderazgo en América del Sur se viera cuestionado.

Pero además el asesor de Lula, reconoció explícitamente el derecho de Teherán a desarrollar un programa de generación de energía nuclear. Mientras que por abrumadora mayoría, la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) condenaba la política de Irán en este campo, lo que abrió el camino para que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas apruebe nuevas sanciones en su contra, Brasil se abstuvo de votar la sanción. Samuel Pinheiro Guimares, justificó a los países subdesarrollados que procuran fortalecer su poderío militar y atómico.

A cambio de la generosidad recibida de Brasil -Lula fue uno de los primeros gobernantes en felicitar la cuestionada reelección de Ahmadinejad el 12 de junio pasado-, el presidente iraní respaldó las pretensiones brasileñas de ocupar un asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU.

La crisis en Honduras y la reciente visita del presidente iraní, sumado a las otras diferencias políticas que mantiene con Washington, perjudicará las ambiciones brasileñas de tornarse un actor relevante en la escena internacional, al menos en el mediano plazo. Brasil seguirá buscando ocupar espacios de poder e influencia, pero el fracaso de su política exterior en Honduras y el entusiasta apoyo de Lula a Ahmadinejad, no pasaron desapercibidos en la comunidad internacional.

Tomado de: http://spanish.safe-democracy.org/2009/12/14/las-lecturas-equivocadas-de-itamaraty/

Fonte: Identificada en el texto

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Última actualización el Domingo, 20 de Diciembre de 2009 17:54
 
SOCIALISMO, CAPITALISMO Y NATURALEZA HUMANA PDF Imprimir E-mail
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Domingo, 20 de Diciembre de 2009 22:06

Jorge Hernández Fonseca

20 de Septiembre de 2008

 

Fidel Castro acaba de publicar una de sus reflexiones, en la que abunda sobre la esencia del socialismo que defiende para Cuba, sobre todo, en los aspectos que pudiéramos denominar como “asuntos morales”. Por el contenido teórico-práctico de esta reflexión, pudiéramos decir que este artículo suyo puede considerarse como el testamento político-ideológico del dictador.

 

Castro trata de la situación de calamidad ética y moral que se abate sobre la isla después del paso de los huracanes Gustav e Ike, criticando los robos, desfalcos, desvíos de recursos y otros males propios del sistema de escasez que ha implantado. Tal debe ser el nivel de corrupción imperante en todos los niveles del sistema de mando castrista, que les ordena “mano dura”.

 

Sin embargo, y a pesar de reconocer la podredumbre imperante dentro de su propio partido comunista ante la desgracia cubana, comenta introductoramente aspectos de la “naturaleza humana”, en lo que él estima que es el capitalismo y lo que él quisiera que fuera el socialismo.

 

Claro que el dictador cubano caricaturiza al socialismo como siendo “el bueno” mientras que al capitalismo le deja el papel del “malo”. Es el tradicional enfoque maniqueo “blanco-negro” lo que resalta cuando escribe sobre la desmoralización de una sociedad socialista empobrecida.

 

Por considerar importante desentrañar lo que pasa por la cabeza del dictador cubano en su postrer momento --asociado al análisis del desbarajuste y la corrupción dentro de su propio partido-- quiero exponer en extenso todo el párrafo introductorio al desastre que después critica, comenzando por la tradicional zanahoria, con la que promete “el futuro luminoso” de siempre:

La lucha es el único camino de los pueblos en la actualidad para alcanzar una comunidad en la cual vivir con justicia social y decoro, la antítesis del capitalismo y los principios que rigen el odioso e injusto sistema. En la dura batalla por esos objetivos, el peor enemigo es el instinto egoísta del ser humano. Si el capitalismo significa la constante utilización de ese instinto, el socialismo es la batalla incesante contra tal tendencia natural. Si otras veces en la historia la alternativa era volver al pasado, hoy tal alternativa no existe. Se trata de una batalla que corresponde librar fundamentalmente a nuestro glorioso Partido.”

Varias consideraciones deben hacerse ante semejantes aseveraciones:

 

En primer lugar, Fidel Castro mezcla aspectos éticos y morales --temas típicos para ser abordados (con un enfoque personal y voluntario) por las religiones, o las asociaciones fraternales-- con los objetivos de un partido político que profesa la filosofía y la práctica marxista-leninista, sabidamente contrarios a ética y la moral occidental, a la que denominan despectivamente como “moral burguesa”, defendiendo a cambio una “moral clasista”, que especialmente en Cuba tiene un postulado ético único: “con Fidel todo, contra Fidel nada”.

 

En segundo lugar, el hecho de tomar como elemento clave lo que el dictador denomina como “el instinto egoísta del ser humano” sobre el cual el socialismo debe librar una “batalla incesante contra tal tendencia natural”. Notemos que el dictador no describe defectos “egoístas” del capitalismo y los achaca sin ambigüedades “al ser humano” --capitalista o comunista-- por considerarlos una “tendencia natural” contra la cual debe librase “una batalla que corresponde al partido”. Sin embargo, no es difícil demostrar que no es precisamente el “egoísmo” lo que hace progresar a las empresas capitalistas, todo lo contrario, cuando una empresa capitalista está compuesta de manera notable por personas “egoístas”, difícilmente la empresa progresa.

 

De manera que, lo que mueve la sociedad capitalista no es precisamente el “egoísmo”. El motor del progreso humano es un “instinto natural”, antropológico, de progreso individual (o familiar) que el socialismo tanto rechaza en su afán de ‘unanimidad’, contra el cual un partido político muy poco puede hacer (salvo anularlo a la fuerza) y que cuando por excesivo perjudica el convivio social, ha sido ‘campo’ de las religiones. ¿Es acaso el marxismo leninismo una religión que pregona el sometimiento de la naturaleza humana a los caprichos de un dictador, como hizo Chauchescu en Rumania, Stalin en Rusia, Mao en China o Fidel Castro en Cuba?

 

En tercer lugar, el pensamiento expuesto deja claro que “el socialismo es una batalla incesante contra una tendencia natural”, lo que viene a corroborar –dicho por el máximo responsable del desastre socialista cubano-- la imposibilidad de cualquier tipo de triunfo en esa batalla. Es sabido --según el filósofo y economista inglés David Hume-- que “todo programa político, que tenga como objetivo cambiar la naturaleza humana, es francamente fantasioso”.

 

En cuarto lugar, el capitalismo no significa “la constante utilización de ese instinto…”. El capitalismo es un sistema económico para generar bienes y servicios de manera eficiente (pudiéramos decir que es el sistema económico más eficiente en nuestro grado actual de estadío económico-histórico-social) del cual nadie es directamente responsable y se debe a la materialización de lo mejor que la sociedad humana en su conjunto ha adoptado naturalmente para producir bienes y servicios y donde los desvíos de conducta ética o moral son corregidos.

 

La esencia del socialismo estatizante es otra. La invención de un sistema económico artificial (no creado por la sociedad humana, sino imaginado en una mente febril, una noche de verano) y puesto en práctica como la manera de “modificar la conducta humana” a través de un partido político, que como el partido comunista de Cuba ahora --ante la desgracia natural del dos ciclones-- roba, desvía, traiciona y hace barbaridades, después de medio siglo de “lucha incesante contra las tendencias naturales”. Esa es la ideología íntima del dictador cubano y es el drama del pueblo de la isla, sometido a un experimento para cambiar “su tendencia natural”.

 

En esta ‘reflexión’, tenemos por escrito una declaración inequívoca de lo que el socialismo marxista pretende con la sociedad humana, sea en Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador o Paraguay: cambiar la naturaleza de las personas a través de una dictadura, encabezada por un partido elitista que, cuando sucede alguna desgracia, roba, desvía, aprovecha, sin aparecer por ningún lado el “cambio de naturaleza” a que el dictador ha querido obligar a los cubanos.

 

Con relación a los desvíos de los aspectos éticos y morales, la sociedad occidental lucha contra el desvío egoísta del ser humano a través de las religiones y las leyes, cada vez más severas. Capitalismo no es sinónimo de egoísmo. En realidad los hombres que individualmente han amasado las mayores fortunas históricamente, son personas de una capacidad individual de sacrificio y frugalidad ejemplares, carentes de la ostentación que por el contrario abunda en personeros comunistas como Hugo Chávez, Rafael Correa, Evo Morales y Fidel Castro.

 

El capitalismo no es un sistema social, es un sistema económico que no es perfecto y como demuestran los problemas por los que atraviesa la sociedad norteamericana de hoy día, es totalmente perfeccionable. Su esencia es admitir errores y enmendarlos, con vistas a continuar esa lenta (pero continua) lucha de perfeccionamiento natural de un sistema que carece de postulados inamovibles, fuera de los estrictamente asociados a la naturaleza humana.

 

No es posible además admitir juicios morales o éticos sobre el sistema occidental, --como los emitidos por el dictador cubano en su ‘reflexión”-- cuando en el mismo escrito es capaz de decidir (como si nada) sobre el fusilamiento (o no) de quienes ahora en Cuba roban, saquean y desvían dentro del partido comunista que él dirige, “para cambiar la naturaleza humana”.

 

El socialismo es un fracaso en toda la línea precisamente porque pretende modificar lo que estima como un defecto de esa naturaleza humana, cuando en realidad incentiva lo peor que hay en el hombre, eliminando la religión, adoptando filosofías materialistas y eliminado los valores morales de la sociedad para sojuzgarla, en pos del mantenimiento férreo de una dictadura personal, verdadero objetivo escondido en todo andamiaje marxista leninista.

 

Artículos de este autor pueden leerse en http://www.cubalibredigital.com

 

 
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