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Venezuela nuevamente "olvidada" por OEA PDF Imprimir E-mail
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Jueves, 10 de Junio de 2010 11:23

Por IGNACIO J. ÁLVAREZ

La Asamblea General de la OEA que acaba de concluir en Lima no discutió ni emitió pronunciamiento respecto al reciente informe especial de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) sobre la situación de la democracia y los derechos humanos en Venezuela.

Se trata de un problema estructural de la OEA. Los pronunciamientos y decisiones de la CIDH y de la Corte Interamericana de Derechos Humanos no son objeto de consideración apropiada por los órganos políticos de la organización. Tal situación tiene un impacto negativo en la efectividad del sistema interamericano de derechos humanos y en la credibilidad de la OEA.

De acuerdo a la Convención Americana sobre Derechos Humanos, la CIDH se encuentra facultada para elaborar los informes especiales que considere convenientes para el desempeño de sus funciones. A diferencia de su informe anual, que recibe al menos una consideración formal por el Consejo Permanente de la OEA y una presentación ritual a la Asamblea General, los informes especiales de la CIDH por lo general no son presentados, y menos discutidos, en los foros políticos de la OEA.

La Asamblea General es el máximo órgano de la OEA. Se reúne de manera ordinaria una vez al año, y se esperaría que en ella fuesen considerados los asuntos más importantes ocurridos recientemente en la región. Hace pocos meses la CIDH hizo público su informe especial sobre Venezuela, y concluyó que el Gobierno viola la libertad de expresión; que inhabilita políticamente a candidatos antes de las elecciones; que desconoce los resultados de procesos electorales adversos; que se restringen los derechos políticos a quienes mantienen una línea crítica contra el gobierno y se les somete a represalias, intimidación, persecución judicial y cárcel en algunos casos; que "la falta de independencia y autonomía del Poder Judicial frente al poder político constituye uno de los puntos más débiles de la democracia venezolana", y que la vigencia de los derechos humanos se encuentra seriamente limitada.

Tal informe, emitido por un importante órgano de la OEA, tuvo enorme repercusión nacional e internacional y, sin embargo, la Asamblea General de la OEA miró a un costado, revelando una vez más que la situación de la democracia y los derechos humanos en Venezuela no es prioridad para los órganos políticos de la organización.

Lamentablemente, las inaceptables y recurrentes omisiones de tales órganos políticos respecto a la situación venezolana justifican con creces el desencanto nacional con la organización y la pérdida de respeto y credibilidad que la OEA sufre en nuestro país.

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Última actualización el Jueves, 10 de Junio de 2010 11:25
 
La necrofilia ideológica PDF Imprimir E-mail
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Domingo, 06 de Junio de 2010 17:43

Por MOISÉS NAÍM

La necrofilia es la atracción sexual por cadáveres. La necrofilia ideológica es el amor ciego por ideas muertas. Resulta que esta patología es más común en su vertiente política que en la sexual. Encienda su televisión esta noche y le apuesto que verá a algún político apasionadamente enamorado de ideas que ya han sido probadas y han fracasado. O defendiendo creencias cuya falsedad ha quedado demostrada con evidencias incontrovertibles.

Hay líderes que veneran ideas que ya se probaron, con trágicas secuelas de atraso y corrupción

Como todas, esta patología tiene casos más leves, y hasta cómicos, y otros más extremos y peligrosos. Tomemos a los seguidores de Mao, por ejemplo. "El comunismo es el sistema más completo, progresivo, revolucionario y racional en la historia de la humanidad... Solo el sistema ideológico y social comunista está lleno de juventud y vitalidad", escribía Mao Zedong en su célebre Libro Rojo. Durante más de medio siglo, la Revolución Cultural entusiasmó a millones de seguidores en todo el mundo. Ya conocemos los resultados. El Partido Comunista Chino emitió en 1981 su diagnóstico final sobre la gestión de Mao: "Cometió errores de enorme magnitud y larga duración (...) y lejos de hacer un análisis acertado de muchos problemas, confundió lo correcto con lo incorrecto y al pueblo con el enemigo. En esto se centra su tragedia". Unos 55 millones de chinos pagaron con su vida los "errores" de Mao. En vista de todo esto, cabría suponer que el maoísmo es una ideología muerta. Pues no.

Mientras China repudia a Mao y alcanza éxitos que él jamás imaginó, en otros países siguen surgiendo políticos que se enamoran con fervor suicida del maoísmo.

En Nepal, por ejemplo, hace tan solo dos años el Partido Maoísta consiguió los votos para tener gran peso en el Parlamento y llegó a controlar temporalmente el poder. En India, a finales de 2004, se anunció la creación del Partido Comunista (maoísta) como resultado de la fusión de tres agrupaciones políticas con un objetivo común: derrocar al Gobierno. Con presencia en 20 de los 28 Estados indios y el control de zonas ricas en minerales, donde la extorsión a las empresas les brinda 300 millones de dólares al año, los maoístas se han convertido en una importante fuerza política y militar. Manmohan Singh, el primer ministro, los considera "la principal amenaza para la seguridad interna". En Perú, Sendero Luminoso, otro movimiento maoísta que le costó a ese país decenas de miles de muertos y que se creía extinguido, ha vuelto a reaparecer de la mano de los traficantes de cocaína.

Pero no es solo el maoísmo. Hay líderes que veneran ideas económicas que ya se probaron en sus propios países, con trágicas secuelas de atraso, miseria y corrupción. En Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Venezuela, por ejemplo, es sabido que los funcionarios bien formados y capaces de desempeñar su trabajo con eficiencia y honestidad son muy escasos. Sin embargo, los presidentes de esos países están enamorados de un modelo que supone la existencia de una superabundancia de empleados públicos probos y competentes. Y cada vez que nacionalizan empresas, las ponen en manos de burócratas que no tienen ni la más remota idea de cómo gestionarlas y que las acaban haciendo naufragar, alimentando el círculo de destrucción de riqueza y pobreza crónica. Su amor por las ideas muertas es más poderoso que las pruebas que les llegan a diario de cómo ese amor le está haciendo daño a su país.

La necrofilia ideológica no solo afecta a las izquierdas. También es fácil encontrarla entre los fundamentalistas del libre mercado. Ni siquiera el cataclismo económico que estamos viviendo les hace cuestionar su convicción de que los mercados son eficientes, tienden naturalmente al equilibrio y que, por ello, la intervención de los Gobiernos para estabilizar las economías es innecesaria o contraproducente. O que los bancos pueden autorregularse y no requieren de mayor control estatal o que, por sí solo, el mercado generará los incentivos necesarios para proteger el medio ambiente.

La economía no es el único terreno fértil para la necrofilia ideológica. Basta recordar a los políticos que niegan la validez de la teoría de la evolución biológica y luchan por limitar la enseñanza del darwinismo en las escuelas, o a los defensores de la mutilación genital femenina o del uso del burka para apreciar cuán esparcida e intensa es la pasión por ciertas malas ideas.

El amor es ciego y el amor por ideologías que además ayudan a mantenerse en el poder no es solo ciego, sino también muy conveniente. En el fondo, los necrófilos políticos aman más el poder que las ideas con las que manipulan a sus ingenuos seguidores.

06/06/2010

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Última actualización el Domingo, 06 de Junio de 2010 17:58
 
De Noriega a Chávez PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Domingo, 06 de Junio de 2010 12:35

Por OSCAR HAZA

Invité a Rafael Poleo hace algún tiempo a mi casa para mostrarle los videos que conservo de mi época como corresponsal de guerra de la crisis panameña que derrocó al general Manuel Antonio Noriega. Quedó pasmado con las similitudes que vio entre los procesos del país istmeño y su querida Venezuela.

Noriega nació en medio de la pobreza en Chiriquí, fronterizo con Costa Rica. Chávez en Barinas, también en medio de una pobreza alimentada por la lejanía y la soledad que impone el llano.

Un Noriega que empezó su carrera como policía de tránsito y un Chávez que atendía las fiestas en los cuarteles y administraba una cafetería, nos muestran los niveles académicos y jerárquicos de dos guardias que hicieron del resentimiento su combustible para el ascenso vertical.

Panamá y Venezuela fueron para Estados Unidos dos países estratégicos, el primero por el canal y el segundo por sus reservas petroleras. Por esas poderosas razones era imposible en el marco de la guerra fría salir del carril de la potencia hegemónica. Ahí estuvo el error de cálculo de Noriega, pensó que vendiendo información a todos sobreviviría cuando Washington lo llamara a contar sobre sus manejos en el submundo del narcotráfico, en la guerra de Centroamérica y en su relación con Cuba.

Panamá era, y sigue siendo hoy, una nación integrada de manera inamovible a Estados Unidos, así lo quiere y lo concibe el pueblo panameño.

El rompimiento inicial de Noriega con los sectores de izquierda dentro del gobierno y de los grupos militares que se habían enriquecido con los cubanos y los carteles colombianos, se vio fortalecido con la caída en desgracia de dos protectores de Noriega, Oliver North y John Poindexter. Tony se dio cuenta de que el fin estaba cerca. Aun así, quería aparentar que todo estaba bajo su control. Horas antes de la invasión, me contó su asesor de prensa internacional, Luis Manuel Martínez, que Fidel Castro en persona llamó a Noriega y le dijo: ``Tony, nuestros servicios de inteligencia nos informan que cada minuto despega un avión de las bases de Fort Benning y de Fort Braga, eso quiere decir que las divisiones aerotransportadas 82 y 101 iniciaron una invasión contra Panamá``. Respuesta de Noriega: ``Fidel, eso es para asustarme, yo conozco mejor que tú a los gringos''. Fin de la conversación y fin de Noriega.

En el caso de Chávez, pocos piensan que habrá una invasión contra Venezuela, los tiempos son otros y Washington no necesita una intervención directa para salir de Chávez. El teniente coronel llanero sabe que no podrá contra Roma, le teme al encausamiento al estilo Noriega o Pinochet, miedo que no sentía el panameño por ignorante. El desconocimiento de Chávez es de otro tipo, cree que Venezuela es una potencia en embrión, se cree un enviado de de la Providencia, está convencido de que contará con miles de internacionalistas que defenderán su revolución bolivariana. Lo mismo decía Noriega de los Machos de Monte de Veraguas. Pero Noriega no peleó y Chávez tampoco peleará.

Otras marcadas diferencias entre los dos personajes radica en su modus operandi. Chávez cerró Radio Caracas Televisión y no envió al exilio a Marcel Granier; Noriega no cerró el diario La Prensa pero mandó a Miami a Roberto Eisenmann, su propietario. El venezolano encarceló a sus antiguos compañeros de armas desafectos; el panameño los fusiló de manera sumaria. Hugo interviene los negocios de lo que él llama la oligarquía. Tony incendió la mansión Dante, uno de los negocios emblemáticos de los Eisenmann. Chávez llama a sus opositores, escuálidos. Noriega bautizó a los suyos como rabiblancos.

¿Por qué escribo hoy sobre estos dos personajes que por muy diferentes razones continúan ocupando titulares? Quizá porque como una mueca de la historia el fin de ambos será el mismo, Noriega y Chávez son los émulos de Francisco de Miranda, no de Bolívar y mucho menos de Fidel Castro.



Read more: http://www.elnuevoherald.com/2010/06/06/736134/oscar-haza-de-noriega-a-chavez.html#ixzz0q4l8DBgm
Última actualización el Domingo, 06 de Junio de 2010 12:37
 
Venezuela democrática vs. Venezuela autoritaria PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Jueves, 03 de Junio de 2010 13:11

Por IGNACIO J. ÁLVAREZ

La destitución de José Albornoz de la segunda vicepresidencia de la AN y la renuncia de Henry Falcón al PSUV son ejemplos de divisiones internas en el oficialismo, y ofrecen posibilidades para repensar prioridades y estrategias en el contexto decisivo que vive el país.

La división actual de Venezuela está planteada en términos de izquierda contra derecha, "quinta república" contra "cuarta república", socialistas contra imperialistas, y pobres contra ricos. Esa división beneficia electoralmente al oficialismo.

Sería mejor plantear una división diferente: Venezuela democrática contra Venezuela autoritaria.

El postulado central de Venezuela democrática sería preservar la democracia en el país y buscar la reconciliación nacional a través del diálogo y de alianzas políticas entre los sectores democráticos del país, de cualquier tendencia política. Los valores determinantes de esa opción incluirían la búsqueda del progreso social en el marco del estado de derecho, la separación efectiva de poderes, el respeto a la Constitución Nacional, a los tratados internacionales, a la libertad de expresión, a la propiedad privada y a los demás derechos humanos, la instrumentación de políticas efectivas de seguridad ciudadana, la transparencia y la eficacia en la gestión pública, la eliminación constitucional de la reelección presidencial y el rechazo al comunismo. Este sector debería estar abierto a la participación y aportes de los estudiantes, de las organizaciones de derechos humanos y de otras instituciones de la sociedad civil.

Venezuela democrática podría visualizarse como una bandera tricolor en donde, en un marco de reconocimiento y respeto a las diferencias, puedan coexistir pacíficamente los amarillos, los azules y los rojos, siempre que cada uno sea democrático.

Venezuela autoritaria plantea en contraste un presidente vitalicio, autoritarismo, ausencia efectiva de Estado de Derecho y de separación de poderes, irrespeto a la Constitución Nacional, a los tratados internacionales y a los derechos humanos, inseguridad jurídica, índices alarmantes de criminalidad, falta de transparencia y de eficacia en la gestión pública, e imposición del comunismo. Tomando en cuenta otras experiencias internacionales, esta alternativa lleva implícita la posibilidad de disolución de la Asamblea Nacional, de persecución, cárcel, tortura y fusilamiento a líderes opositores, y de violaciones generalizadas de derechos humanos. Venezuela autoritaria es una bandera roja, en donde no caben ni matices ni otros colores.

Una división en esos términos podría contribuir a salvar nuestra democracia. Ello partiría por cesar la estigmatización por chavista, ex chavista o de oposición, reconocer mutuamente que en todos los sectores hay personas valiosas y genuinamente preocupadas por la democracia, y propiciar puentes de diálogo, de trabajo conjunto y de alianzas políticas en el próximo Parlamento.

Un siguiente paso podría darse en las elecciones presidenciales. Un buen candidato ex chavista y un buen candidato de la oposición o independiente podrían conformar oportunamente una fórmula electoral Presidente/Vicepresidente que ofrezca, de ganar, un ejercicio compartido del poder entre los sectores democráticos del país, signado por el dialogo y por los valores democráticos. Tal fórmula podría contribuir a generar entusiasmo y confianza en el electorado, y a salvar nuestra democracia.

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Última actualización el Jueves, 03 de Junio de 2010 13:13
 
Las "tomas" de empresas PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Lunes, 31 de Mayo de 2010 00:42

Por JUAN MARTÍN ECHEVERRÍA

Entre la inseguridad y las "tomas" de empresas por las autoridades estamos como los gladiadores en el Coliseo, cuando expresaban al Emperador "los que van a morir te saludan". Hay miedo en la oposición y también temor y angustia en las filas socialistas y ello se acentúa en el sector radical, mientras sigue el desgaste del régimen, porque como lo hemos dicho reiteradamente en las guerras prolongadas sólo hay perdedores.

Lo grave de los radicalismos es que tienden a un mecanismo de aceleración, donde se pierde el sentido de la realidad: cualquier cosa puede ocurrir sin fórmula de juicio y hasta tú lector puedes ser víctima de un asesinato jurídico o físico, aunque sea simplemente la sombra de una sospecha lo que flote en el escenario. Llegará un momento en que una imagen proyectada en el espejo podrá ser nacionalizada o destruida, por eso, Elías Canetti desarrolló la tesis del alivio del superviviente, ¿pero por cuánto tiempo?

Es como una maldición gitana, si no hay suficientes dólares para las importaciones la responsabilidad es de la burguesía y no del régimen, que las reparte a diestra y siniestra, además de adquirirla a 2,60. Los jóvenes quieren mayoritariamente una transformación que convierta a Venezuela en un país avanzado y el Gobierno nos prefiere igual a Cuba; ¿para qué resolver las enormes contradicciones sociales, si las autoridades se distraen en la corrupción y las agresiones al aparato productivo?

Hay un gradual desmoronamiento interno, por esa visión represiva que rompe de manera dramática el equilibrio político, lo esencial no es cuánto ingresa por el petróleo sino a qué se destina, ya que si ingresan 70 dólares por barril, y la mitad se regala o se pierde en los intersticios de las triangulaciones, en la práctica el ingreso real es mucho menor. El nudo de las decisiones no está en el capitalismo o en el socialismo, sino en una clase oficialista que opte por la gobernabilidad y renuncie a la gestión de la incertidumbre.

La nación no puede depender únicamente de objetivos políticos que estén por encima de los intereses y necesidades de la economía y la sociedad, a través de un gobierno espectáculo donde lo que cuenta es la duración del show y la argumentación de que si fracasa el capitalismo es culpa del capitalismo y si fracasa el socialismo es también responsabilidad del capitalismo. En conclusión, disminuye la calidad de vida, se acentúan las desigualdades y se reducen las libertades, definitivamente la maldición gitana.

Es un suicidio la conseja de que mientras el régimen no sea eficiente le conviene la violencia, eso no es verdad, porque el proyecto ideológico no es popular y subsiste en base a responsabilizar a terceros de sus propias fallas, mandando en base a un gobierno paralelo y una estrategia de dominación. En las encuestas el 63% de los ciudadanos manifiesta que esto va por mal camino, al dejar a un lado las instituciones, divinizar al líder, despreciar los valores fundamentales y sostener una ficción que trata de rechazar la ultrarrealidad mediante un aparato de propaganda.

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Última actualización el Lunes, 31 de Mayo de 2010 00:44
 
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