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Artigos: Latinoamérica Democrática
Brasil Elecciones: Dilma Rousseff y los retos del “lulismo” PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Sábado, 04 de Octubre de 2014 12:33

Por Rogelio Núñez.-

La hegemonía del PT y del “lulismo” se ponen en juego en estas elecciones presidenciales, con Dilma Rousseff como candidata a la reelección. Nunca antes desde 2002 el predominio del oficialismo lulista había estado tan en entredicho con el ascenso del fenómeno Marina Silva.

(Especial para Infolatam por Rogelio Núñez)-. Lula da Silva, que sabía mucho de derrotas (su asalto a Planalto fracasó en 1989, 1994 y 1999), también fue muy hábil a la hora de construir un proyecto de poder nucleado en torno a su partido, el PT, y del que formaban parte otras fuerzas brasileñas, en especial el PMDB.

Tras una gestión (2003-2010) marcada por el crecimiento económico e importantes políticas sociales, fue capaz de elegir a su sucesora, Dilma Rousseff, y hacer algo que en política es muy difícil, llevarla a la presidencia apoyada solo en el carisma de Lula.

Los talones de Aquiles de Dilma

Hasta 2013 todo indicaba que Dilma era imbatible debido a su alta popularidad y a la marcha, más o menos consistente, de la economía.

Sin embargo, desde que ese año explotaron las protestas a raíz de a celebración de la Copa Confederaciones, el gobierno de Dilma entró en una espiral de problemas y en una pendiente descendente.

Lula y Dilma en el Encuentro del PT

Lula y Dilma en el Encuentro del PT

El primero de esos problemas es su incapacidad para encontrar una vía adecuada para dar cauce al malestar ciudadano.

A su falta de carisma, une su actual poca credibilidad que escándalos como el de Petrobras no ayudan a restaurar.

La presidenta fue consciente ya en 2013 del problema (“esas manifestaciones fueron fruto de dos procesos: la democratización y el crecimiento. El crecimiento del salario, del empleo, del crecimiento de las políticas sociales que elevaron a la clase media a millones de personas. Esas personas que salieron de la miseria tenían reivindicaciones relacionadas con cuestiones de salud, de educación, de movilidad urbana”), pero no ha encontrado cómo darles respuesta.

Programas como “Más Médicos” no parecen una solución integral y la propuesta de un referendum para la reforma política está pendiente desde el verano de 2013 y no ha avanzado un milímetro.

El segundo problema que afronta Dilma es que no ha sabido construir una alternativa integral al reto de Marina Silva, algo que puede profundizarse en la segunda vuelta.

Hasta ahora solo ha sido capaz de apelar al voto del miedo y al carisma de Lula da Silva. Las alusiones a experiencias anteriores frustradas (Janio Quadros o Collor de Melo) o a caer en la ingobernabilidad son constantes en Dilma para quien “en democracia no se puede gobernar sin los partidos políticos” y que “siempre” que eso se intentó “se cayó en las más negras dictaduras”.

“Decir que se gobernará con los buenos no se sustenta frente a la realidad”, sostiene Dilma para quien “todo el mundo quiere gobernar con los buenos… en una democracia no se puede prescindir de los partidos”, pues se corre el riesgo de arrastrar al país a “otra dictadura” o “entregarlo a los más poderosos, a los más ricos”.

dilma rousseff

Dilma Rousseff es presidenta de Brasil desde 2011

La actuación de la maquinaria del PT y la apelación al voto del miedo han dañado a Marina Silva que ha caído del 34% de intención de voto al 25%, pero sigue faltando un proyecto país y un plan de reformas por parte de Dilma Rousseff.

“Al menos por ahora, la feroz ofensiva del PT contra Marina está surtiendo efecto. Habrá que esperar a ver si en la recta final la campaña del miedo de Dilma no le juega en contra”, alertó al diario La Nación de Argentina David Fleischer, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Brasil.

Además del voto del miedo, Dilma acude a un viejo conocido, su mentor, Lula da Silva.

El expresidente sigue teniendo mucho predicamento y se ha convertido casi en la única arma de Dilma para contrarrestar a Marina que en el balotaje va a atraer hacia ella el voto anti-PT que en primera vuelta se refugió en el PSDB.

“Estoy contra Silva porque ella va a terminar mostrando las inconsistencias de un programa de gobierno hecho a 500 manos por economistas que dicen muchas bobadas”, ha dicho Lula.

El reto económico

Y el tercer problema de Dilma es una economía que no ha sido capaz de hacer despegar desde que asumió la presidencia.

La economía brasileña cayó en el segundo trimestre de este año un 0,6 por ciento. Por ser el segundo período trimestral con crecimiento negativo, ya que el primero (enero- marzo) también registró un valor negativo (-0,2 por ciento), los especialistas lo califican como “recesión técnica”.

Eliane Cantanhede (analista diario Folha): “La diferencia pró-Marina en São Paulo es de 14 puntos en primera vuelta y de 25 en segunda y ella tiene a su favor los errores de Dilma en economía. No es atacando a Neca Setúbal (asesora de Marina y accionista de Itaú) como el PT va revertir eso”.

Esto ha llevado a que en plena campaña se anuncie el final de la hegemonía de Guido Mantega en Economía. La presidenta brasileña ha adelantado que no formará parte de su Gobierno si gana las elecciones. Mantega ha sido ministro 
de Hacienda desde 2006, con Lula da Silva.

La gran duda es si apelando al “voto del miedo” y al carisma de Lula, Dilma pueda parar a una Marina Silva que va a ser receptora del voto antipetista en la segunda vuelta. Hasta ahora le ha dado resultado pero en una segunda vuelta se vuelven a “barajar las cartas”.

Como señala la analista Eliane Cantanhede, “la diferencia pro-Marina en São Paulo es de 14 puntos en primera vuelta y de 25 en segunda y ella tiene a su favor los errores de Dilma en economía. No es atacando a Neca Setúbal como el PT va revertir eso”.

 
Brasil: el desafío es abrirse al mundo PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Martes, 16 de Septiembre de 2014 10:44

Por Peter Hakim.-

Los brasileños deberían estar muy contentos con la conducción de la política exterior de su gobierno en las últimas dos décadas. Brasil se ha convertido en un centro de poder regional en América Latina, desafiando el viejo predominio de los Estados Unidos. El tamaño mundial de Brasil se ha tornado impresionante. Su vieja aspiración a la condición de miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU puede estar próxima. Sus exportaciones se han más que duplicado desde 2000, un ritmo más que el doble de la media mundial. Por supuesto, el país ha cometido errores y sufrido reveses en los asuntos internacionales, pero eso pasa también a otros países.

Hoy el reto más apremiante para Brasil es la reforma de sus políticas económicas y su comercio exterior para que le ayuden, y no obstaculicen, los esfuerzos para revertir la debilidad económica actual y lograr un crecimiento económico más sólido, manteniendo baja la inflación. Los cambios en la política interna serán cruciales, pero el gobierno brasileño tiene qué decidir si no llego el momento de abrir su economía – reduciendo las barreras a las importaciones y convirtiendo a Brasil en algo más atractivo para los inversores internacionales.

El comercio exterior de Brasil ya representa alrededor del 20% de su Producto Interno Bruto (PIB), una de las proporciones más bajas del mundo. Compare esto con el 60% en México y Chile, y el 40% o más de cualquier otro país del Brics -. China, Rusia, India y Sudáfrica. Hay muchos otros indicadores de la insularidad del país. Mercosur, comercialmente disfuncional, sigue siendo su principal alianza comercial. Fuera de América del Sur, el país sólo tiene acuerdos de libre comercio con tres pequeños países de Oriente Medio. En contraste, México y Chile tienen cada uno, acuerdos de libre comercio con más de 40 países.

Brasil se mantiene al margen en cuanto su competitividad internacional se ve amenazada y mas a raíz de dos nuevos pactos de libre comercio (llamados pactos Mega debido a su tamaño, importancia y usuarios totales), uno entre la Unión Europea y los Estados Unidos y el otro que abarca a EE.UU., Japón, Corea del Sur y México, y una docena de otras naciones de Asia y América Latina. Mientras tanto, las negociaciones comerciales entre el Mercosur y la UE, iniciadas en el año 2000, permanecen estancadas.

BRASILIA (BRASIL).- 07/12/2012.-EFE/ Antonio Lacerda

Los presidentes de Bolivia, Evo Morales; de Uruguay, José Mujica; de Brasil, Dilma Rousseff, y de Argentina Cristina Fernández

Entre vecinos. Un segundo desafío para Brasil es la gestión de sus relaciones en América del Sur (y América Latina). Es evidente que cualquier noción de una mayor unidad política y económica en la región sigue siendo un objetivo lejano. Económicamente América del Sur se divide en dos bloques. Uno incluye a los siete miembros de pleno derecho, además de los miembros del Mercosur. El otro incorpora los tres países más abiertos en el continente (Perú, Colombia y Chile) que, junto con México, forman la Alianza del Pacífico. Políticamente los países están divididos por disputas históricas, diferencias ideológicas y diferentes agendas nacionales. Un pequeño número de países, encabezados por Venezuela, es abiertamente hostil a los Estados Unidos, mientras que otros se definen a sí mismos como aliados de Washington.

Brasil es claramente el jugador dominante en América del Sur, pero no asume en el día a día ese liderazgo. Por lo general, se queda al margen, permitiendo que los acontecimientos tomen su propio curso. Cuando toma la iniciativa, Brasil no siempre consigue que los demás acepten su autoridad y dirección. Mostró un interés limitado en la resolución de conflictos entre países vecinos, se abstuvo mucho de decir o hacer cualquier cosa sobre las violaciones de los derechos humanos o sobre el Estado de Derecho en la región y se negó a liderar temas como el cambio climático y cooperación energética.

Preguntas. Las preguntas son directas para Brasil. ¿Brasil puede y debe aspirar a un papel de liderazgo más ambicioso, o será apenas el primero entre iguales? ¿Hay alguna perspectiva de América del Sur de poner en marcha un genuino esquema de integración real – o incluso una forma más flexible de coordinación regional? ¿Brasil debería perseguir alguna de estas cosas?

El tercer desafío es el de Brasil en el escenario mundial, donde es considerado un actor influyente, a pesar de su modesta potencia económica y militar y su distancia de los centros de conflicto y crisis. Para sustentar su papel internacional Brasil necesita dejar clara su posición sobre temas globales críticos y comenzar a participar de manera más consistente en estos asuntos.

A pesar de su compromiso con el desarrollo de la energía nuclear con fines pacíficos, Brasil es visto internacionalmente como un defensor confiable de la no proliferación. Se resistió a las inspecciones intrusivas de sus propias instalaciones de procesamiento y continúa apoyando el programa nuclear de Irán.

Aunque Brasil ha dado grandes pasos en muchos temas ambientales, continúan las preocupaciones con respecto a su gestión de los vastos territorios inexplorados de la Amazonia y las enormes reservas de petróleo en aguas profundas del país.

La credibilidad de Brasil en temas de democracia y derechos humanos también está en cuestión. Nadie duda de su compromiso con la democracia en el país, pero Brasil a menudo parece indiferente a la represión en otros países. Aunque el país ha condenado rápidamente el derrocamiento de presidentes en Honduras y Paraguay (tal vez con exceso de celo), estuvo en general poco interesado en las continuas violaciones de la práctica democrática y de los derechos fundamentales en otras naciones latinoamericanas. Las tímidas y ambivalentes reacciones de Brasil a los acontecimientos en Siria y Crimea parecen incongruentes con su censura de los ataques israelíes en Gaza.

Por último, el malestar actual de las relaciones entre Estados Unidos y Brasil es una prueba particularmente difícil. Durante algún tiempo Brasil estuvo alejado de Washington y trató de reducir la influencia estadounidense en América Latina. No se resolvieron las diferencias. Los dos países no han firmado ningún pacto económico importante en tres décadas. Ninguno de ellos parece dispuesto a cambiar sustancialmente una relación que es generalmente amistosa pero marcada por una cooperación limitada, desacuerdos considerables y algunos encuentros desagradables.

Tensiones recientes – especialmente sobre las conversaciones nucleares de Brasil con Irán y las revelaciones de espionaje estadounidense en Brasil – paralizaron virtualmente las relaciones diplomáticas y revelaron que esta relación es frágil y problemática. Ahora es necesario tomar medidas para evitar que empeore, tratar de resolver sus diferencias y reconstruir las relaciones. Las ambiciones más grandiosas que impliquen nuevas asociaciones o alianzas estratégicas que a menudo estaban presentes en la retórica de los dos países deben guardarse para más tarde.

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Es mejor un Aecio en la mano que dos Marinas volando PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Lunes, 25 de Agosto de 2014 10:59

Por Luis Nassif.-

La apuesta por Marina Silva es de alto riesgo por varias razones. Dilma Rousseff, y Aecio Neves representan fuerzas claras y explícitas y son personalidades racionales.

Dilma defiende un neo-desarrollismo con un papel pro activo del Estado y Aecio es la vuelta al neoliberalismo de Fernando Henrique Cardoso.

En 2011, el temor acerca de la inflación fue un apoyo para Dilma. Pero ella tiene ideas claras sobre el país y sobre lo que quiere: la política industrial, la inversión en infraestructura, la profundización de lo social.

Pueden señalarse numerosos errores de gestión, pero también tiene logros, como la política del pre-sal, la construcción de la industria marina, el Pronatec, Brasil Sin Miseria y un conjunto de obras – sobre todo en el área de energía. Incluso su terquedad más arraigada no supone un riesgo de desestabilización – a pesar del terrorismo practicado por el mercado.

Con Aecio, la economía volverá a someter a una política de ajuste fiscal. Habrá un retroceso en la actuación del BNDES, el fin de las políticas de incentivos fiscales, reduciendo el énfasis en las políticas sociales, la interrupción de la modernización técnica de Estado.

Al igual que FHC, Aecio estará ausente en el día a día. Pero sin duda se rodeará de un Ministerio de primera magnitud, y hay una lógica económica detrás de sus propuestas. ¿Hasta dónde querrá llegar con el desmantelamiento del Estado de bienestar? Es una incógnita.

Pero Marina es una incógnita total. En primer lugar, por los grupos que la rodean y que quieren un pedazo de este latifundio. Habrá una dura carrera para ver quién la llevará de la mano: economistas del mercado, grandes hombres de negocios de São Paulo, ecologistas radicales, los provenientes del PSB y – si Marina se consolida-  los tránsfugas del PSDB paulista.

El segundo punto es el más difuso: la personalidad de Marina que nunca admitió ser dirigida por nadie. Los que convivieron con Marina en el gobierno refuerzan algunas características:

1.- dificultad en la comprensión de las economías industriales.

2.- Bajo perfil operacional.

Prácticamente no consiguió rematar ninguna de sus propuestas al frente del Ministerio de Medio Ambiente.

Todo esto sería superable, si no fuese un aspecto de su personalidad: terca y de un exacerbado voluntarismo. En el Gobierno de Lula era casi imposible que los ministros hicieran acuerdos con Marina. Cuando era derrotada, acostumbraba a auto-victimizarse.

Los empresarios paulistas que apoyaron su candidatura estaban detrás del símbolo político, las faldas Lula, el Avatar de los nuevos tiempos. Como Vice de Eduardo Campos era lo mejor del mundo porque el Presidente garantizaría la racionalidad de gobierno.

Colocaron como portavoces a economistas, importaron al brasilianista André Lara Resende, que encontró la mejor síntesis para casa el libre mercado con las propuestas ambientalistas de Marina: el país no puede crecer para no comprometer el equilibrio del medio ambiente mundial. Quién llegó, llegó, que no llegó no llegará.

Experiencias nacionales recientes indican que el componente personal, la psicología individual es un punto importante en el análisis de las figuras públicas. Resta por saber si el país está dispuesto a pagar para verlo. Para los financieros; es preferible un Aecio en la mano que dos Marinas volando.

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Brasil: continuidad con triunfo oficialista PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Lunes, 27 de Octubre de 2014 02:59

Por Carlos Malamud.-

(Infolatam).- “Finalmente Dilma Rousseff se impuso a Aécio Neves y acabó con todas las incertidumbres precedentes. Con casi el 100% escrutado la diferencia entre los candidatos era algo más del 3%, o de 3.000.000 de votos, sobre un total de 100.000.000 de sufragios válidos. Estas cifras revalidan a Brasil como una de las mayores democracias consolidadas del mundo.

Descontando los votos blancos y nulos Rousseff obtuvo el 51,6% del respaldo popular. Con estos resultados a la vista lo primero que se podría decir es que Brasil es un país polarizado, dividido en dos mitades irreconciliables. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja. Pese a los intentos de las dos campañas, bastante más notoria en el caso de la del PT, la sociedad brasileña afronta su futuro de forma más homogénea que la de otros países de la región, donde la diatriba permanente de los populismos gobernantes rema en esa dirección.

Un solo dato puede arrojar mucha más luz que el mapa de los estados pintados en rojo y azul, según el partido vencedor en cada circunscripción. Se trata de los resultados de las elecciones de gobernadores, tanto en la primera como en la segunda vuelta, que cuestionan bastante la imagen del norte pobre frente al sur más rico. De ahí se deduce la existencia de una realidad política y social muy diversificada, que puede condicionar la labor del futuro gobierno dada la magnitud de los desafíos que tiene por delante.

Una victoria más amplia hubiera otorgado mayor legitimidad al cuarto gobierno consecutivo del PT para desarrollar su tarea de gobierno. Pero no ha sido así y este dato se terminará imponiendo en la lógica política, en buena medida reforzado por la elección parlamentaria de tres semanas atrás, con un resultado muy atomizado y mucho más escorado a la derecha que en el pasado.

No se trata de negar la buena voluntad de Rousseff por impulsar determinadas políticas públicas. La mayor incógnita se refiere al partido que la respalda, comenzando por su principal valedor, el ex presidente Lula, que tan agresivamente participó en la campaña. Pero también al aparato de un partido que lleva más de 12 años viviendo del estado, los cargos y los recursos públicos. Por eso es conveniente insistir en que una de las grandes virtudes de la alternancia es su capacidad de sanear las estructuras gubernamentales y las instituciones, aunque respetando, obviamente, la voluntad del pueblo soberano.

Clovis Rossi señalaba en un artículo publicado dos días atrás que la palabra más repetida por ambos candidatos y sus equipos de campaña había sido la de “cambio”. Del lado opositor el cambio se refería al obvio reemplazo del partido gobernante y sus aliados, del lado oficialista era un mecanismo de defensa frente a las protestas de junio de 2013 que todavía siguen conmocionando al país.

Por eso, habrá que estar pendiente a qué, cuánto y cómo quiere reformar el nuevo gobierno de Rousseff, teniendo en cuenta las fuertes resistencias a implementar algunos de esos cambios necesarios para la modernización del sistema político brasileño. Uno de ellos, por ejemplo, la gran fragmentación que se vive en el Parlamento, tanto en el Congreso como en el Senado. La multiplicidad de partidos, partiditos y agrupaciones aún menores, junto a la gran facilidad con que los representantes del pueblo cambian de socios y se dejan calentar por el sol que mejor paga dificulta la gobernabilidad del país, la aprobación de leyes y aumenta el descrédito de la institución y de la clase política.

El otro gran frente al que deberá atender desde ya mismo la presidente electa es el económico. Allí también los desafíos son enormes. La presión de muchos sectores económicos y sociales para abrir la economía del país y reducir el nivel de intervención del estado es creciente. El malestar con el vecino gobierno argentino y otros gobiernos regionales también. Así, por ejemplo, las millonarias inversiones en el puerto cubano de Mariel se convirtieron en un argumento de polémica durante la campaña, lo que no quiere decir que el resultado de la elección se haya decidido por estas cuestiones. Obviamente fueron otros los factores que pesaron en la determinación de los electores, pero el malestar de fondo, unido a la percepción de una corrupción creciente y sin parangón en la historia nacional no facilitará las cosas.

Entre las tareas más urgentes el nuevo ejecutivo deberá reducir la inflación, aumentar la inversión, mejorar las infraestructuras y la productividad. Retos todos ellos no menores para una presidente que llegó exhausta al final de su primer mandato. Al mismo tiempo deberá recomponer unas alianzas más que necesarias y sin las cuales el PT no podrá cumplir con sus objetivos.

Los sectores más desfavorecidos apostaron por mantener las conquistas de la última década en un voto claramente conservador. Pero al mismo tiempo han comenzado a manifestar que quieren más y mejores servicios públicos y un sistema político más eficiente, limpio y transparente. Ése es el cambio que predicaba la reelecta presidente Rousseff. El problema es que si no cumple con buena parte de sus promesas la frustración se instalará en la sociedad brasileña.

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Colombia y la farsa de la reconciliación PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Lunes, 25 de Agosto de 2014 10:40

Por Carlos Alberto Montaner.-

El presidente Juan Manuel Santos ha llevado a algunas víctimas a La Habana para que se reconcilien con sus verdugos. La idea detrás de la ceremonia se origina en las terapias sicológicas. Es una extensión de los procesos de sanación de las parejas en las que se produce un agravio severo. Quien cometió la falta asume la culpa, se arrepiente, y la víctima perdona. A partir de ese punto retoman la relación y, poco a poco, se restauran los vínculos emocionales. Sin ese proceso es difícil la recuperación de la confianza en el otro.

El problema de ese modelo de terapia es que sólo funciona entre individuos, no colectivamente. Es probable que las víctimas realmente perdonen, porque se liberan de la angustia que producen el odio y el deseo de venganza. No obstante, es muy raro, casi inexistente, el arrepentimiento de quienes cometen crímenes contra “enemigos de clase” mientras luchan por causas que a ellos les parecen justas.

El Che Guevara lo expresó en una frase sincera y elocuente: “El odio como factor de lucha, el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una eficaz, violenta, selectiva y fría máquina de matar”.

¿Se imagina alguien a Guevara o a Stalin avergonzados y contritos por sus asesinatos? ¿O a Hitler, Mussolini, Franco, Pinochet o Videla? ¿Puede alguien creer que Tiro Fijo o Mono Jojoy estarían dispuestos a arrepentirse de sus crímenes “revolucionarios”? ¿Lo está Timoshenko, el actual jefe de las FARC?

La Habana tampoco es el lugar ideal para intentar la reconciliación. La Isla no es, precisamente, el cantón de Basilea. ¿Se arrepienten los anfitriones cubanos de los miles de fusilados, de la persecución a los homosexuales, de los actos de repudio? ¿Se arrepienten Fidel y Raúl Castro de haber hundido un barco cargado de refugiados en el que se ahogaron dos docenas de niños, o del derribo sobre aguas internacionales de dos avionetas desarmadas que auxiliaban balseros? ¿Se arrepienten de la muerte de Oswaldo Payá y de Harold Cepero?

Los tupamaros, los montoneros, los escuadrones de la muerte de la derecha asesina, las narcoguerrilas comunistas de las FARC y los narcoparamilitares que los combatían, todos esos grupos violentos y delirantes, a la derecha y a la izquierda, no creen que tienen nada de qué arrepentirse. Están llenos de justificaciones y coartadas ideológicas y políticas.

Hace años, intrigado por esa falta de empatía, le pregunté a una persona que había “ejecutado” a trece enemigos políticos si sentía algún remordimiento. Paradójicamente, era un hombre bueno y tierno en el ámbito familiar. Incluso, era tímido y compasivo. Los había matado unas veces por medio de atentados y otras en balaceras provocadas por los otros. Eran crímenes políticos. Me miró con asombro y me respondió sin la menor vacilación: “sí, me remuerde la conciencia por todos los que se me escaparon”. Y luego procedió a relatarme varios intentos fallidos de quitarles la vida a otros pistoleros violentos.

No se puede creer en estos procesos colectivos de reconciliación. Suelen ser una farsa. A mi juicio, las narcoguerrillas comunistas de las FARC están dispuestas a abandonar las armas, pero sólo para tratar de llegar al gobierno por la vía chavista de un proceso electoral. No han renunciado a conquistar el poder ni a crear una dictadura colectivista, sino al método hasta ahora empleado. Realmente, no piden perdón. Juegan a ello. (París, ya se sabe, bien vale una misa).

Con cien o docientos millones de dólares que les proporcionen el narcotráfico, más lo que aporte Venezuela, y agazapados tras el mascarón de proa de un rostro izquierdista potable, como hicieron los comunista en El Salvador escudados tras Mauricio Funes, van a tratar de llegar a la Casa de Nariño “legalmente”, aprovechando las divisiones y la debilidad de los grupos democráticos. Una vez ocupada la poltrona comenzaría la fiesta clientelista y prebendaria hasta reclutar a una precaria mayoría y con ella desmantelar totalmente los fundamentos de la República.

Santos lo sabe, pero  su objetivo, como el de media Colombia, es terminar la guerra a cualquier precio. Veremos si luego los colombianos consiguen mantener las libertades y ganar la partida. Ojalá que “estalle la paz”, pero que ése no sea el inicio de otra expresión del horror.

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