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Artigos: Latinoamérica Democrática
Brasil: razones para el triunfo de Dilma Rousseff y sus consecuencias PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Martes, 28 de Octubre de 2014 11:34

Por Peter Hakim.-

La primera mujer presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores (PT), ha sido elegida para un segundo mandato fundamentalmente porque realizó una campaña más eficaz que su oponente, el ex gobernador de Minas Gerais, Aecio Neves, del Partido Socialdemócrata (PSDB). Ella había comenzado con una base más amplia de votantes, que fue capaz de mantener en casi en su totalidad. Aecio partió con una considerable mayoría de votantes de alto nievel de ingresos y Dilma arrastró a los votantes de bajos ingresos con un margen similar, mientras que la parte media del espectro se dividió casi a partes iguales. Dilma triunfó porque el 40 por ciento de la población de Brasil es pobre o casi pobre, mientras que menos del 30 % gana lo suficiente como para pertenecer a los estratos superiores del país.

(Infolatam).-Muchos – en particular los partidarios de Aecio – consideran la campaña presidencial de este año como la más dura de los últimos tiempos. Ha sido principalmente una campaña negativa, con gran cantidad de verdades parciales, mentiras descaradas y ataques personales. Esto, sin embargo, es la norma a la que se ha llegado en las elecciones de Estados Unidos, por lo que no fue especialmente impactante para el autor que esto escribe.

La presidenta y sus asesores eran sensibles al hecho de que los índices de aprobación eran bajos,  el rechazo de los votantes era alto y que Dilma era vulnerable por muchas razones, entre ellos por los retos de una economía estancada, por el aumento de los precios y un alto nivel de escándalos de corrupción. Además, Dilma tenía pocas novedades o cambios drásticos que ofrecer a los votantes. Así que el único camino claro para obtener la victoria era tener éxito en socavar a la oposición, cosa que hizo con gran habilidad, – aunque no siempre con civismo- , e intentar defender lo mejor posible la mediocre gestión del país bajo su liderazgo. Tuvo suerte al contar con la asistencia de su predecesor y mentor, el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, el político más popular de Brasil, y con la eficiente maquinaria del Partido de los Trabajadores para movilizar al electorado.

La campaña de Dilma tenía el mensaje más fácil de transmitir. Y ella lo transmitió mejor que su oponente, con una mayor disciplina y un menor número de meteduras de pata. La esencia de lo que tenía que decir a los brasileños era:  “usted está hoy mejor de lo que estaba hace doce años, gracias a nosotros (es decir, Dilma misma, Lula y el PT). Y vamos a seguir trabajando duro para usted. No confíe su futuro a cualquier otra persona. Eso pondría sus logros y su futuro en riesgo”.

El trabajo de Aecio ha sido mucho más duro. Tenía que convencer a los votantes de que Dilma era responsable de la recesión económica de Brasil, y de que él tenía las ideas, la experiencia y la capacidad para renovar el crecimiento y mantener la inflación bajo control – sin dejar por ello de expandir la extraordinaria red de programas sociales del país. Una de las dificultades era convencer a muchos votantes de que ciertamente la economía tenía serios problemas. Sí, es cierto que el crecimiento había caído a casi cero, pero estaba por encima del dos por ciento en la mayoría de las áreas más pobres del país (donde viven la mayoría de los votantes de Dilma). El desempleo en Brasil está en un mínimo histórico y la inflación no es superior a la prevista.

La tarea de Aecio era aún más difícil por la necesidad de criticar frontalmente a Dilma sin menospreciar a Lula, adorado por todo el mundo, que había dirigido el gobierno durante ocho años antes de escoger a Dilma como su sucesora. Peor aún, el apoyo a Dilma apareció inalterable a pesar de la noticia de primera plana sobre el escándalo de corrupción masiva en Pertrobras,  de la que se benefició a su partido. Dilma trató de contrarrestar el escándalo acusando a su rival y su partido PSDB de varios episodios de corrupción y culpando al gobierno del PSDB de Sao Paulo de no hacer frente a la extrema escasez de agua en ese Estado, provocada por la sequía. Pero ha podido ocurrir simplemente que los votantes brasileños cínicamente hayan visto la corrupción como una parte inevitable de la política y crean que todos los políticos y los partidos están involucrados.

MINAS GERAIS (BRASIL), 26/10/2014.- EFE/ Paulo Fonseca

Tal vez un error de campaña aún más grave fue el esfuerzo de Aecio para lanzarse a sí mismo el agente del cambio. MINAS GERAIS (BRASIL), 26/10/2014.- EFE/ Paulo Fonseca

El hecho de que, según las encuestas, Dilma haya incrementado su intencion de voto durante el ultimo mes en todos los niveles de ingresos y no sólo entre sus votantes de base, – la parte mas baja de la pirámide de ingresos- , sugiere que la eficacia de la campaña de Aecio no cumplió las expectativas. Hubo errores en su campaña; al reaccionar a la defensiva a los ataques y con la auto-identificación de sí mismo como una víctima de Dilma, apareció débil, tal vez no muy preparado para los rigores de la presidencia. Se refirió a Dilma con términos a menudo denigrantes para las mujeres, lo que pudo llevar a un aumento significativo de los votos femeninos hacia ella.

Tal vez un error de campaña aún más grave fue el esfuerzo de Aecio para lanzarse a sí mismo el agente del cambio. En primer lugar, nunca dejó claro de qué manera los cambios que proponía cambiarían Brasil y la vida de los brasileños. Y se olvidó tener en cuenta que mientras que el cambio podría atraer a muchos que estaban descontentos con los servicios en crisis, los reveses económicos y la corrupción generalizada, muchos otros, -como los que habían salido de la pobreza por primera vez-, estaban asustados ante la perspectiva de un cambio de dirección. Dilma recalcó que la idea de cambio de Aecio suponía un retorno al pasado, recortes en el bienestar y en los salarios sociales, y un giro de la riqueza de Brasil de nuevo hacia los banqueros, abogados y otras personas del grupo superior de la escala de ingresos.

No eran tantas las diferencias programáticas entre Dilma y Aecio

Mientras que los brasileños fueron tratados con una amarga campaña combativa que enfatizó las diferencias entre los candidatos y sus visiones de Brasil, el hecho es que las propuestas y agendas de las dos partes coincidieron casi en la mayoría de los temas. Las dos partes no estaban divididas por diferencias ideológicas fundamentales. Ambas están comprometidas con una baja inflación y un mayor crecimiento. Ambas ven la necesidad de un papel activo tanto para el gobierno y el sector privado, para la inversión extranjera, y la expansión del comercio en todo el mundo. No se discute sobre la amplitud del gobierno. Ambos quieren un gobierno activo que tenga un papel inteligente en el desarrollo económico y social. El crecimiento, la estabilidad, el empleo y la protección social son los objetivos de ambos partidos.

Sí; Dilma prefiere más bien una economía dirigida por el gobierno, mientras que Aecio pide un papel más importante para los mercados. A pesar de que ambos quieren frenar la inflación, Dilma dice que quería hacerlo de manera más gradual, Aecio más rápidamente. Ninguno propuso desmantelar o reducir la compleja red de servicios sociales y los logros que Brasil ha desarrollado. Ambos señalaron su continua expansión. Aunque Dilma, siguiendo el ejemplo de Lula, haya expresado el compromiso de las relaciones Sur-Sur, dentro de América Latina y con África y Asia – y específicamente con el grupo Brics de  las cinco economías emergentes clave (que, junto a Brasil, incluyen a China, Rusia, India y Sudáfrica). Sin embargo el hecho es que, durante los doce años de gobierno del PT, Brasil ha mantenido un admirable y diverso conjunto de socios comerciales. Hoy la mayor parte del comercio de Brasil se realiza con grandes naciones comerciales de todo el mundo y ha crecido de manera constante.

China es el principal socio comercial de Brasil, hoy en día, lo que representa alrededor del 16% del comercio internacional del país.  EE.UU. está en segundo lugar, con cerca del 12% del comercio de Brasil, mientras que los 28 países de la Unión Europea tienen un 20% del total, sólo un poco más que las otras naciones latinoamericanas. Es falso sugerir que Brasil ha rechazado el comercio con los países ricos del mundo para ejercer el comercio con las naciones más pobres. Además, aparte de China, Brasil no ha generado lazos económicos con los otros países BRIC.

Votacion a la presidencia de Brasil por Estados. 26 octubre 2014 (Grafico Folha de Sao Paulo)

Votacion a la presidencia de Brasil por Estados. 26 octubre 2014 (Grafico Folha de Sao Paulo)

Vistas desde la distancia, las diferencias políticas e ideológicas entre los partidos PT y PSBD parecen pequeñas, comparables a la división dentro del Partido laborista británico entre Tercera vía de Blair y el izquierdismo más tradicional. Un conocido columnista brasileño sugirió que la campaña llegó a ser tan agresiva y amarga, precisamente porque había tan poco que separase a las dos partes. Y dada la amplia convergencia de las plataformas de los partidos, los votantes en Brasil se quedaron con el partido y el candidato que mejor conocían y con el que se identificaban. Como se ha señalado, las preferencias de voto estaban fuertemente relacionadas con el nivel de ingresos, el nivel de educación, y el lugar de residencia (las regiones más pobres del Nordeste y del Norte votaron abrumadoramente a Dilma, mientras que Sao Paulo y otras zonas más ricas en el Sur y Centro del país votaron por Aecio).

Así que, ¿qué significan las elecciones de Brasil? Lo que hay ahora es un alto grado de incertidumbre y especulación acerca de lo que va a traer un segundo gobierno de Dilma. La comunidad empresarial de Brasil (que apoyó fuertemente Aecio, como se había previsto) ha desarrollado dos escenarios para la economía brasileña: uno supone que Dilma prosiga el mismo camino económico que tuvo en su primer mandato; el segundo pretende suponer un gobierno Dilma que busque seguir un curso económico más ortodoxo, similar al propuesto por Aecio.

¿Y qué va a pasar ahora?

Muchos de sus partidarios desean claramente un alto grado de continuidad. Quieren mantener lo que ellos creen que aportaron Lula y Dilma: el pleno empleo con salarios razonables y ajustados periódicamente, además de subsidios en efectivo suficientes para mantener a las familias por encima del umbral de la pobreza. Pero muchos otros, en particular los votantes de Aecio, procedentes de grupos de altos ingresos, se preocupan porque la continuidad significa un prolongado estancamiento económico y una inflación alta y persistente, así como la corrupción generalizada.

Dilma, economista cualificada, es sin duda consciente de que la economía brasileña está en serios problemas y que se requieren medidas urgentes para evitar un mayor deterioro en varios aspectos. Como política,  sabe además que el deterioro tendrá un alto potencial político capaz de socavar su autoridad y disminuir su apoyo. La pregunta sin respuesta es cómo va a hacer frente a estos desafíos. ¿Podrá seguir lo que parecen ser sus instintos naturales y volver a las aportaciones de gasto público y la inversión para reactivar la economía, con sus consiguientes riesgos de aumento de la inflación y el crecimiento de la deuda? ¿O mirará hacia enfoques más ortodoxos, incluyendo un ajuste fiscal serio (tanto impuesto y gasto) y una serie de reformas microeconómicas pendientes para abrir la economía, eliminar las barreras comerciales, atraer la inversión extranjera y aumentar la competitividad de la nación?

En las próximas semanas vamos a tener la primera indicación de su probable rumbo económico – cuando se designe al Ministro de Finanzas. El hecho de que Dilma se haya comprometido a sustituir el actual Ministro ya es visto positivamente por las comunidades empresariales y financieras. Pero será difícil que ella coincida con la elección de Aecio para el puesto, Arminio Fraga, un economista formado en US, que fue el jefe del Banco Central bajo el gobierno del presidente Cardoso.

Pero podría acercarse. Un ministro de finanzas bien elegido enviaría pronta señal de gran alcance para los inversores nacionales e internacionales. Y más todavía si se ve reforzado por los nombramientos en otros ministerios cruciales, como agricultura, comercio e industria, y energía. Todo ello daría seguridad a los socios económicos más importantes de Brasil en todo el mundo – incluyendo EE.UU, Europa, China, Japón, y muchas naciones latinoamericanas. Entre otras razones, porque se acabaría con la especulación de que Brasil lleva la misma dirección que Argentina y Venezuela.

Quedan muchas preguntas sin respuesta sobre otros aspectos, no económicos, de la política exterior. Por ejemplo, ¿cuánto va a dedicar Dilma para tratar de reparar la relación con los EE.UU. que fue gravemente dañada por las declaraciones Snowden y sigue languideciendo? ¿Cómo hará Brasil, seriamente, para seguir la iniciativa puesta en marcha por Chile para estrechar lazos entre el Mercosur y la Alianza del Pacífico? ¿Va a encontrar la manera de liberarse de las restricciones del Mercosur y buscar Brasil, por si mismo, un acuerdo con Europa? ¿Continuará Brasil con un papel activo y la influencia expansiva en los asuntos mundiales o va a girar más bien hacia sus relaciones y liderazgo regionales? ¿Qué temas de fondo tendrán prioridad a nivel regional y mundial? ¿Asumirá la propia Dilma un papel más asertivo?

Ninguna de estas preguntas se plantearon o respondieron durante la campaña, que no puso prácticamente de manera efectiva ninguna atención a los asuntos exteriores. Además, un nuevo equipo de política exterior será creado a principios del próximo año, incluyendo los nuevos ministros en Itamarty, Defensa y nuevos embajadores en los EE.UU. y en la ONU. En la mayoría de los casos, las decisiones políticas no dependerán de Brasil solamente, sino que dependerán de las decisiones y reacciones de los otros países. Por ejemplo, Brasil no gana mucho con su actual enfrentamiento hacia los EE.UU. y probablemente le gustaría relacionarse de forma más productiva con Washington – pero eso requerirá algunos cambios y concesiones por parte de los EE.UU. Un pronto esfuerzo para reprogramar la visita de Estado que se canceló previamente merece la pena, pero ambos países tendrán que acordar el calendario y la agenda.

El hecho es que con la reelección de Dilma es improbable que Brasil cambie mucho. Brasil rara vez cambia de rumbo de forma rápida. Contrariamente a lo que creen muchos que se opusieron a su elección, Dilma no conducirá Brasil al desastre económico y social. Pero nadie debe esperar un rápido retorno a un modelo sólido de crecimiento de la actividad económica.

INFOLATAM

Última actualización el Viernes, 31 de Octubre de 2014 10:23
 
Uruguay: la fuerza de la izquierda PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Martes, 28 de Octubre de 2014 12:24

MONTEVIDEO (URUGUAY), 26/10/2014.- EFE/Iván Franco

Por Nelson F. Salvidio.-

La fuerza de la izquierda uruguaya estaba a prueba. En los indicadores económicos, políticos y sociales, su ventaja parecía inalcanzable. Por eso es que hace un año atrás, había un consenso en que la elección sería de fácil victoria para el Frente Amplio. Que con Tabaré Vázquez, que dejó la Presidencia en 2010 con un 75% de aprobación popular, y con el apoyo del carismático José “Pepe” Mujica, que tiene más de 55% de aval a su gestión, la izquierda seguiría de largo por otro quinquenio.

(Especial Infolatam).- Pero en los últimos meses cambió la percepción porque diputado del Partido Nacional, de 41 años lo que para Uruguay es muy joven, arrancó su campaña con firmeza y captación de voluntades. Y logró generar la idea de que ponía en jaque a Tabaré y a todo el Frente.

La izquierda lo subestimó, consideró que era un producto de marketing con poco contenido, pero el tiempo pasaba y la elección quedaba con una incertidumbre sorprendente.

Las encuestas de las principales consultoras presentaron hasta último momento un panorama durísimo para el Frente Amplio.

Pero la proyección de escrutinio que se conoció en la noche de este domingo electoral, mostró un panorama muy diferente. Que el Frente mostraba su fuerza electoral con todo, que no perdía la mayoría parlamentaria, sino que estará cerca de mantener el control legislativo, al menos en el Senado. Los números más finos mostrarán si también eso pasa en Diputados.

Los vaivenes de encuestas y de proyección de apertura de votos, obligan a cautela. Porque en definitiva las encuestadoras dieron malas fotos del sentir de la opinión pública.

Pero el clima político cambió drásticamente en la noche de este domingo.

El Partido Nacional había preparado una fiesta, porque su pasaje al balotaje lo veía en una senda de triunfo, coaligado a su tradicional adversario, el Partido Colorado. Pero votó por debajo de sus expectativas, y su eventual socio sufrió una durísima derrota. No sólo los colorados votaron muy por debajo de sus expectativas y de su última votación, sino que también perdieron el plebiscito por una enmienda constitucional. Ésta era para bajar la edad de imputabilidad penal. Doble derrota en una noche.

Tabaré Vázquez habló anoche como presidente. Recordó por enésima vez en el día que tiene experiencia de cinco años como jefe de gobierno de Montevideo (1990-5) y como jefe de Estado (2005-2010), para demostrar su ventaja comparativa con Luis Lacalle Pou, cuya experiencia política es de 15 años de diputado.

Habló sereno, confiado. Sabía que le había ganado no sólo a la oposición esta primera pulseada, sino también a muchos de sus camaradas que últimamente lo cuestionaban y lo veían con poca fuerza. Así fue.

Un senador de la bancada oficialista recordaba en la sede del Frente Amplio que el único que confiaba en una votación como la que tuvo, era el propio Vázquez. “Me saco el sombrero con Tabaré”, admitía en las conversaciones de corrillos, en medio de euforia.

No hubo hecho alguno en los últimos días que hiciera torcer la voluntad de uruguayos para un resultado como el que asomó anoche. Eso significa que los políticos, los analistas, los medios de prensa, tuvieron una foto mala de la realidad y una película que no se compadece con lo que estaba en la cabeza de los uruguayos.

La izquierda se unió en 1971 en una coalición que debutó con 18% ese año y que fue creciendo. Que es el lema partidario mayoritario, con la mitad del electorado, lo que confirma por tercera vez a nivel nacional, en estos últimos 15 años.

Tiene los dirigentes más populares, tiene la adhesión de la mayoría de artistas, de figuras públicas que expresan su filiación política, tiene los sindicatos de trabajadores, tiene una fuerza potente que parecía dormida, y que se sentía apagada. Pero apareció, mostró su fuerza.  Y aunque debe ir a un balotaje, anoche sintió que había ganado, que la elección se acabó.

Falta un mes y pico para saber a quién eligen los uruguayos como su presidente de la República, pero Tabaré se presentó anoche mismo como presidente.

Habrá que esperar que la gente se exprese en las urnas. Ya muchos han sufrido por festejar por anticipado. Pero la contundencia de los números muestran que Vázquez quedó en la puerta de su segunda presidencia.

INFOLATAM

Última actualización el Viernes, 31 de Octubre de 2014 10:25
 
Brasil: continuidad con triunfo oficialista PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Miércoles, 29 de Octubre de 2014 11:15

Por Carlos Malamud.-

Finalmente Dilma Rousseff se impuso a Aécio Neves y acabó con todas las incertidumbres precedentes. Con casi el 100% escrutado la diferencia entre los candidatos era algo más del 3%, o de 3.000.000 de votos, sobre un total de 100.000.000 de sufragios válidos. Estas cifras revalidan a Brasil como una de las mayores democracias consolidadas del mundo.

(Infolatam).- Descontando los votos blancos y nulos Rousseff obtuvo el 51,6% del respaldo popular. Con estos resultados a la vista lo primero que se podría decir es que Brasil es un país polarizado, dividido en dos mitades irreconciliables. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja. Pese a los intentos de las dos campañas, bastante más notoria en el caso de la del PT, la sociedad brasileña afronta su futuro de forma más homogénea que la de otros países de la región, donde la diatriba permanente de los populismos gobernantes rema en esa dirección.

Un solo dato puede arrojar mucha más luz que el mapa de los estados pintados en rojo y azul, según el partido vencedor en cada circunscripción. Se trata de los resultados de las elecciones de gobernadores, tanto en la primera como en la segunda vuelta, que cuestionan bastante la imagen del norte pobre frente al sur más rico. De ahí se deduce la existencia de una realidad política y social muy diversificada, que puede condicionar la labor del futuro gobierno dada la magnitud de los desafíos que tiene por delante.

Una victoria más amplia hubiera otorgado mayor legitimidad al cuarto gobierno consecutivo del PT para desarrollar su tarea de gobierno. Pero no ha sido así y este dato se terminará imponiendo en la lógica política, en buena medida reforzado por la elección parlamentaria de tres semanas atrás, con un resultado muy atomizado y mucho más escorado a la derecha que en el pasado.

No se trata de negar la buena voluntad de Rousseff por impulsar determinadas políticas públicas. La mayor incógnita se refiere al partido que la respalda, comenzando por su principal valedor, el ex presidente Lula, que tan agresivamente participó en la campaña. Pero también al aparato de un partido que lleva más de 12 años viviendo del estado, los cargos y los recursos públicos. Por eso es conveniente insistir en que una de las grandes virtudes de la alternancia es su capacidad de sanear las estructuras gubernamentales y las instituciones, aunque respetando, obviamente, la voluntad del pueblo soberano.

Clovis Rossi señalaba en un artículo publicado dos días atrás que la palabra más repetida por ambos candidatos y sus equipos de campaña había sido la de “cambio”. Del lado opositor el cambio se refería al obvio reemplazo del partido gobernante y sus aliados, del lado oficialista era un mecanismo de defensa frente a las protestas de junio de 2013 que todavía siguen conmocionando al país.

Por eso, habrá que estar pendiente a qué, cuánto y cómo quiere reformar el nuevo gobierno de Rousseff, teniendo en cuenta las fuertes resistencias a implementar algunos de esos cambios necesarios para la modernización del sistema político brasileño. Uno de ellos, por ejemplo, la gran fragmentación que se vive en el Parlamento, tanto en el Congreso como en el Senado. La multiplicidad de partidos, partiditos y agrupaciones aún menores, junto a la gran facilidad con que los representantes del pueblo cambian de socios y se dejan calentar por el sol que mejor paga dificulta la gobernabilidad del país, la aprobación de leyes y aumenta el descrédito de la institución y de la clase política.

El otro gran frente al que deberá atender desde ya mismo la presidente electa es el económico. Allí también los desafíos son enormes. La presión de muchos sectores económicos y sociales para abrir la economía del país y reducir el nivel de intervención del estado es creciente. El malestar con el vecino gobierno argentino y otros gobiernos regionales también. Así, por ejemplo, las millonarias inversiones en el puerto cubano de Mariel se convirtieron en un argumento de polémica durante la campaña, lo que no quiere decir que el resultado de la elección se haya decidido por estas cuestiones. Obviamente fueron otros los factores que pesaron en la determinación de los electores, pero el malestar de fondo, unido a la percepción de una corrupción creciente y sin parangón en la historia nacional no facilitará las cosas.

Entre las tareas más urgentes el nuevo ejecutivo deberá reducir la inflación, aumentar la inversión, mejorar las infraestructuras y la productividad. Retos todos ellos no menores para una presidente que llegó exhausta al final de su primer mandato. Al mismo tiempo deberá recomponer unas alianzas más que necesarias y sin las cuales el PT no podrá cumplir con sus objetivos.

Los sectores más desfavorecidos apostaron por mantener las conquistas de la última década en un voto claramente conservador. Pero al mismo tiempo han comenzado a manifestar que quieren más y mejores servicios públicos y un sistema político más eficiente, limpio y transparente. Ése es el cambio que predicaba la reelecta presidente Rousseff. El problema es que si no cumple con buena parte de sus promesas la frustración se instalará en la sociedad brasileña.

INFOLATAM

 
El dedo de Lula PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Sábado, 25 de Octubre de 2014 12:59

Por Pedro Corzo.-

Brasil enfrenta unos comicios importantes. Sus instituciones son fuertes y aparentemente están preparadas para soportar grandes tensiones, pero también es evidente que un amplio sector de ciudadanos de ese país están hartos de la corrupción y los malos manejos de los gobiernos del Partido de los Trabajadores que capitanean Luis Inacio Lula da Silva y la actual mandataria Dilma Rousseff.

No es de esperar que un cambio de residentes en el Palacio de  Planalto afecte sustancialmente la política económica y de desarrollo social del país, pero sí se supone una mayor transparencia en la administración y también una política hacia América Latina más comprometida con la democracia y el respeto a los Derechos Humanos.

El gobierno de Rousseff sufrió las mayores protestas sociales de los últimos veinte años. La ciudadanía exigía servicios de mayor calidad, pero además rechazaba el gasto de miles de millones en la construcción de infraestructura para el Mundial de Fútbol, y la corrupción asociada a muchos de los proyectos del magno evento.

La economía brasileña solo ha crecido este año un 0.29% y la inflación está cerca del 6.5% que aprueba el Gobierno, no obstante la administración mantiene su política de inclusión social y lucha contra la pobreza.

Un camino antidemocrático

Por otra parte, en política exterior Rousseff, al igual que su predecesor Lula da Silva, ha guardado un silencio bochornoso ante  las violaciones a los Derechos Humanos en los países de la Alianza Bolivariana de Las Américas y a las frecuentes faltas a las prácticas democrática en esos países.

Con relación a Cuba su conducta ha sido todavía de más complicidad que la que desplegó su mentor. En el puerto de Mariel el estado brasileño ha invertido $640 millones y contratado a 11,400 médicos cubanos a los que les paga menos de una cuarta parte de su salario, enviando el resto del dinero al Gobierno de Raúl Castro, una acción fuertemente criticada en Brasil por diferentes instituciones, incluidas las de profesionales de la salud.

Recientemente el diario brasileño O Globo informó que el Gobierno Rousseff por medio del Banco Nacional para el Desarrollo, facilitó al de La Habana un crédito secreto superior a los $1.000 millones, este aspecto fue abordado por el candidato Aecio Neves en uno de los debates a la Presidencia.

Lula da Silva, el gran elector, controla el Partido de los Trabajadores y su influencia es evidente, porque fue su decisión que Dilma Rousseff fuera la candidata del partido en los comicios del 2010, cuando su favorito José Dirceu, fue atrapado en un multimillonario escándalo de corrupción.

Este vicio también ha estado presente en el mandato de Rousseff, porque hace unas semanas Paulo Roberto Costa declaró que el partido de Gobierno se quedaba con el 3% del valor de los contratos que firmaba la empresa petrolera del estado, Petrobras.

Esta denuncia es avalada porque hace dos años la Corte Suprema de Brasil condeno a altos dirigentes del PT por haber llevado una contabilidad paralela que tenía como fin comprar el apoyo de legisladores aliados del oficialismo para proyectos del Gobierno. Este fue el escándalo por el que Dirceu fue sancionado a casi once años de cárcel, junto a otros 24 colegas del Partido de los Trabajadores, entre ellos José Genoino, ex presidente de la agrupación y Delubio Soares, ex tesorero del organismo.

Aunque Lula da Silva no estuvo involucrado en el famoso proceso del Mensalon, sí fue mencionado.

La realidad es que Lula da Silva sigue siendo el gran elector. Cuando Rousseff estaba cayendo vertiginosamente la rescató, interviniendo activamente a su favor y atacando a su rival Marina Silva, la  candidata del opositor Partido Socialista Brasileño y favorita en las encuestas. Silva había acompañado por 24 años a quien fuera junto a Fidel Castro, co-fundador del Foro de Sao Paulo, organismo que agrupa a subversivos y terroristas de muchas banderas, pero que tienen en común ser enemigos de la democracia.

Fue Lula quien sacó de la campaña a Da Silva, al igual que promovió a Dirceu como su sucesor y posteriormente a Rousseff cuando su primer elegido resultó convicto. De nuevo en el 2014 ha vuelto a apoyar a su discípula, por lo que hay espacios para muchas preguntas entre ellas, intereses del Partido o de Da Silva.

Evidentemente, Lula es poderoso, tanto que lleva a recordar el característico "dedazo" del Partido Revolucionario Institucional de México y, por supuesto, a evocar los dos dedos más enérgicos del PRI, Plutarco Elías Calles y Lázaro Cárdenas, de quienes al parecer Lula heredó su energía, porque la candidata y presidenta Rousseff dijo que le apoyaría en los comicios del 2018 si decide ser candidato.

MARTINOTICIAS


Pedro Corzo

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Pedro Corzo, Santa Clara, 1943. Trabaja en Radio Martí desde 1998. Conferencista y escritor. Residió en Venezuela durante doce años y colaboró allí en varios medios de información.

Es presentador del programa Opiniones de WLRN, Canal 17 y columnista de El Nuevo Herald. Ha producido varios documentales históricos entre ellos Zapata, Boitel y Los Sin Derechos.

Entre sus libros se cuentan Cuba, Cronología, Perfiles del Poder, La Porfía de la Razón, Guevara Anatomía de un Mito,  Cuba, Desplazados y Pueblos Cautivos y El Espionaje Cubano en Estados Unidos.

 
La corrupción y el voto del miedo marcaron la campaña para la segunda vuelta en Brasil PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Viernes, 24 de Octubre de 2014 10:56

Por Rogelio Núñez.-

La campaña para la segunda vuelta en Brasil ha estado marcado por las acusaciones de corrupción y las apelaciones al voto del miedo. Una campaña que estuvo caracterizada en sus primeros días por las alianzas y la búsqueda de apoyos. Luego se inició un periodo mucho más duro, el de la “guerra sucia”, las acusaciones mutuas de corrupción y los llamamientos al voto del miedo.

Dilma Rousseff y Aécio Neves pusieron sus respectivas miras en el 21% de votos que se inclinaron por Marina Silva. Dilma apelando a que en parte puede ser un voto de izquierdas y Aécio en que es la expresión de un voto anti-PT y favorable al cambio.

En esa pelea por conquistar el voto del PSB y de Rede, las dos fuerzas en las que se sostenían a Marina Silva, Aécio tuvo más éxito: el PSB se sumó a otras tres agrupaciones que ya anunciaron su apoyo a la postulación de Neves, entre ellas el Partido Popular Socialista (PPS), que integró la coalición que respaldó la candidatura de Silva.

Idéntica decisión anunciaron dos de los candidatos derrotados en la primera vuelta electoral -Eduardo Jorge, del Partido Verde (PV), y Pastor Everaldo, del Partido Social Cristiano (PSC), quienes recibieron sumados el 1,36 por ciento de los votos.

El ex candidato socialista a vicepresidente, Beto Albuquerque, afirmó que el restablecimiento de la alianza con el PT resultó imposible después de los ataques lanzados por Rousseff a Marina Silva durante la campaña hacia la primera ronda de las elecciones. “Ver los desperfectos de los demás es una costumbre del PT. En la campaña, lo único que hizo el partido fue mentir, ofender y lanzar calumnias contra nosotros desde el inicio”.

Fue una durísima campaña

Una vez construido el campo de batalla, comenzó una guerra que ha sido más dura que la que tuvo lugar en 2006 y en 2010, e incluso que en 2002, cuando el PT desalojó del poder al PSDB de Fernando Henrique Cardoso.

RÍO DE JANEIRO (BRASIL), 30/09/2014.- EFE/Ichiro Guerra/CAMPAÑA DILMA 13/SOLO USO EDITORIAL

Dilma Rousseff, en busca de la reelección

¿Por qué ha sido tan dura?

Porque el oficialismo, en este caso el PT, nunca había partido en una segunda vuelta con tan poca ventaja: en 2006 Lula da Silva reunió el 48% del respaldo en primera vuelta y en 2010 Dilma Rousseff el 46 con 14 puntos de ventaja sobre José Serra.

La presidenta partió con solo el 41%, con Aécio a ocho puntos y el electorado de Marina Silva mayoritariamente partidario de apostar por el líder del PSDB y no por el PT.

Por esa razón, y porque el ataque frontal contra Marina Silva le fue muy bien a Dilma en la primera vuelta, desde el inicio comenzó por parte del PT un guerra sin cuartel. Guerra que SE SOSTUVO en varios pilares en el caso del oficialismo:

En primer lugar, una apelación al voto del miedo traducido en que Aécio Neves y el PSDB, herederos de Cardoso, van a acabar con los planes sociales puestos en pie por el lulismo y van a privatizar Petrobras.

Dilma, para atraer el voto del Nordeste, donde ella arrasa, ha acusado al PSDB y a Aécio de “elitista”, y además recuerda que “el otro candidato habla que va a mejorar las cosas. ¿Por qué no lo hicieron antes?  Es mi pregunta. Y porque cuando pudieron hicieron u programa Bolsa Familia muy pequeño, así de pequeño”.

En segundo lugar, la maquinaria del PT no solo ha movilizado a su electorado como lo hizo en primera vuelta y ha tratado de demostrar que la corrupción es también una característica de la oposición. Ha hecho así referencia al llamado “mensalao” (compra de votos) en Minas Gerais, de donde fue gobernador Neves o a la construcción de un aeropuerto en terreno de la familia del candidato presidencial.

SAO PAULO (BRASIL), 07/10/2014.-EFE/Aaron Cadena Ovalle

Aécio Neves, líder del PSDB

En una entrevista reciente Clovis Rossi apuntaba que Marina Silva “cayó porque fue atacada salvajemente por la campaña de Dilma. El debate parece haber sido inocuo para todos los candidatos. Si el ataque frontal funcionó, ¿por qué cambiar?”.

Y en tercer lugar, Lula ha lucido en esta segunda vuelta mucho más que en la primera.

Al expresidente le resultaba difícil atacar a una exministra de su gobierna con una vida admirable de lucha y penalidades. Pero atacar a la “derecha” le es más connatural.

Como señala Peter Hakim en Infolatam, “además de su ventaja de ocho puntos, Dilma llega con una lista de otras ventajas. La mas inestimable es el apoyo del ex presidente Lula da Silva – el político más popular de siempre, de Brasil. Incluso las personas a las que no gusta Dilma son reticentes a votar contra de la heredera política escogida a dedo por Lula. Además, su equipo de campaña ha sido agresivo y eficaz. Rápidamente identificó las debilidades de Marina Silva en la estrategia electoral, en el programa, y en la retórica, y sistemáticamente la atacaron, a menudo con una crítica exagerada y a veces con acusaciones patentemente falsas (que hoy parecen ser características de las campañas para ganar)”.

Los movimientos de Aécio

Aécio, por su lado, ha enfilado sus baterías contra un gobierno rodeado de escándalos de corrupción (desde el mensalao de 2005-2006 al actual de Petrobras) y que se ve golpeado por una situación de parálisis económica (alta inflación y recesión técnica).

SAO PAULO (BRASIL), 17/10/2014.- EFE/Sebastião Moreira

Aécio Neves con Marina Silva

Quizá por esas razones, al inicio de la carrera hacia Planalto, Aécio empezó por delante en las encuentas y recogió el voto por el cambio, que encarnara Marina Silva, y el antilulista que tradicionalmente ha sostenido el PSDB.

Además, hizo movimientos muy inteligentes, sobre todo acercándose a Marina Silva hacia la que ha tenido gestos muy significativos y ha conseguido encarnar el voto por el cambio.

Neves aceptó la mayoría de las propuestas formuladas por la ecologista Marina Silva como condición para brindarle su apoyo en la segunda vuelta.

Así Neves, que ya había obtenido el respaldo de la familia de Eduardo Campos (clave para arrastrar votos en Pernambuco),  asumió los compromisos que le pedía Silva (protección a los indios, el mantenimiento de los programas sociales, el impulso de una reforma política y el ‘cuidado de la naturaleza’, mantener los programas de asistencia a los pobres desarrollados por el Gobierno de Rousseff).

Eso y ser no solo el candidato del cambio sino también el de la reactivación económica le han mantenido en lo más alto de las encuestas o bien superando a Dilma o pegada a sus talones.

 
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