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Artigos: Latinoamérica Democrática
Presidentas por comisión PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Viernes, 30 de Mayo de 2014 12:00

Por Pedro Corzo-

Sin dudas que los mandatarios argentinos fueron los pioneros en una práctica que parece extenderse a todo el continente,  consistente en promover a sus esposas como candidatas presidenciales con el único objetivo, al menos así lo esperan, de perpetuarse en el poder.

Cuando en Latinoamérica la presencia femenina en la política era prácticamente nula, Eva Perón en Argentina, competía en influencia y poderío con el presidente, su esposo Juan Domingo Perón.

Argentina, en un continente donde los militares sino gobernaban tenían un predominio determinante en la vida pública de los países,  reafirmó tener la vanguardia en el protagonismo femenino cuando María Estela Martinez de Perón, también fue esposa de Perón, fue electa vicepresidenta, asumiendo la primera magistratura a la muerte del líder del movimiento Justicialista.

Durante varias décadas las mujeres argentinas estuvieron lejos del poder político pero a partir del 2003, cuando resulta electo presidente Néstor Kirchner, su esposa, la actual mandataria Cristina Fernández, asumió un protagonismo que se incrementó con los años.

En el 2007 fue elegida presidenta, en lo que la mayoría de los observadores coincidían en calificar de maniobra del matrimonio presidencial para alternarse en el poder por tiempo indefinido, pero ese probable proyecto se quebró con la muerte de su esposo.

En el 2011 fue reelegida, pero independiente a los muchos fracasos acumulados por Fernández durante su mandato, un tercer periodo demandaría una reforma constitucional muy costosa en términos políticos.

En el pasado los caciques políticos cuando querían lavar la cara del despotismo que personificaban, buscaban testaferros que interpretaban a la perfección sus intereses, un ejemplo clásico lo fue Osvaldo Dórticos Torrado un verdadero títere de Fidel Castro

Hay más ejemplos. La dinastía Somoza en Nicaragua y  Rafael Leónidas Trujillo en República Dominicana, militares que gustaban poner a civiles en la presidencia cuando la realidad ellos controlaba el poder.

En la actualidad los mandatarios que buscan gobernar por tiempo indefinido prefieren usar a sus esposas como comodines presidenciales, independiente a que algunas posean iguales condiciones y hasta superiores a las de sus maridos para dirigir los destinos del país.

Una muestra de que el ejemplo argentino tiene seguidores, aunque hasta ahora sin éxitos, se puede apreciar en la siguiente relación.

Antes de la exitosa candidatura de Cristina Fernández a la presidencia de Argentina, fue muy comentada la posibilidad que la esposa del ex presidente mexicano Vicente Fox, Martha Sahagún, aspirara a la primera magistratura de Mexico.

El ex presidente de Guatemala, Alvaro Colom, trato de imponer la candidatura de su esposa Sandra Torres Casanova, licenciada en comunicaciones y con una maestría en Política Pública, a la presidencia, a pesar que la constitución que el mandatario juro obedecer lo prohibía.

El matrimonio presidencial en un intento extremo de burlar la Carta Magna acordó un divorcio de mutuo acuerdo.

En Santo Domingo, Margarita Cedeño, cuya popularidad se incrementó gracias a los millonarios programas asistenciales que dirigió su despacho en los ocho años de gobierno de su esposo Leonel Fernández,  también aspiró a ser candidata a la presidencia. Cedeño es vicepresidenta de Santo Domingo y su esposo ha sido tres veces presidente del país.

Manuel Zelaya el depuesto mandatario hondureño, se procuró el respaldo de todas las fuerzas que se agrupan en el oscuro cuadro del Socialismo del Siglo XXI para que su esposa, Xiomara Castro de Zelaya,  accediera a la presidencia, por su parte el saliente mandatario panameño,  Ricardo Martinelli, hizo que su esposa, Marta Linares, fuera candidata a la vicepresidencia junto al derrotado candidato de su partido José Domingo Aria.

Perú es otro país donde al parecer mandatarios y ex presidentes recurren a personas muy allegadas para seguir gobernando, aunque hay que reconocer que en ese país las mujeres tienen sus propias consideraciones políticas más allá de los dictados del cónyuge o el padre.

Keiko Fujimori intentó acceder a la presidencia de Perú, y aunque es una firme defensora de su padre, no parece ser una de esas personas que pueden manipularse, otra mujer, también peruana, que aparenta tener sus propios proyectos es Nadine Heredia,  esposa del presidente Ollanta Humala, y co fundadora del partido de gobierno, quien ha sido criticada en múltiples ocasiones por no ajustarse al papel de Primera Dama.

Es evidente que América ha cambiado en numerosos aspectos y uno de ellos, entre los más relevantes, esta que varias mujeres por elección popular y lejos de la influencia de sus esposos u otros familiares han llegado a ocupar las primeras magistraturas de sus países, si Cristina Fernández llego al poder gracias a la dispensa de su esposo, Michelle Bachelet, Chile, por solo poner un ejemplo,  ha sido presidenta de su país en dos ocasiones por sus condiciones y no por padrinazgo.



Pedro Corzo

Periodista

 
Costa Rica: Un Gobierno inédito PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Sábado, 24 de Mayo de 2014 00:55

Por Constantino Urcuyo.-

El pasado ocho de mayo tomó posesión como cuadragésimo séptimo presidente de Costa Rica Luis Guillermo Solis Rivera. Por primera vez en más de sesenta años asume el Poder Ejecutivo un presidente que no proviene de los partidos tradicionales. El nuevo presidente surge del Partido Acción Ciudadana, escisión de centro izquierda del Partido Liberación Nacional (PLN).

El bipartidismo ha sido sustituido por un multipartidismo diverso que incluye desde remanentes del viejo partido comunista (17% de la votación presidencial y ocho escaños) hasta los seguidores del libertarianismo. Esta diversidad partidaria se refleja en una Asamblea Legislativa fragmentada donde ningún partido alcanza la mayoría de 29 votos en un parlamento de 57 diputados, el partido de Solís alcanza únicamente 13 escaños.

La fragmentación en nueve formaciones partidarias obliga a un permanente juego de alianzas, la primera de estas cristalizada el 1 mayo para la elección del Directorio de la Asamblea Legislativa, gracias a la unión de los votos del partido de gobierno (PAC) con los del izquierdista Frente Amplio (FA) y los votos socialcristianos (PUSC). Sin embargo, la durabilidad de esta coalición pareciera efímera, dada las diferencias político ideológicas entre los socios.

Luis Guillermo Solís llega a la presidencia apoyado por el 78% de los votos en la segunda vuelta electoral, su mandato es fuerte, pero se enfrenta a un parlamento dominado por fuerzas contrarias; la negociación permanente, en torno a proyectos de signo variado, será la tónica de su gobierno.

El PAC llega al gobierno con poca experiencia en el manejo de la administración pública y con un gabinete integrado por personalidades con buena formación académica, pero con escasa experiencia política práctica, tendrán que aprender haciendo. El gobierno de los profesores enfrenta el reto de la ejecución, más allá de los conceptos.

El presidente Solís llega al gobierno empujado por una fuerte marejada de cambio contra el continuismo del PLN, afincado en el Poder Ejecutivo por ocho años. El gran desafío consistirá en definir en concreto las múltiples facetas de ese deseo transformador, proveniente de sectores sociales muy diversos (ambientalistas, sindicatos, movimientos gay, capas medias)

El presidente entrante se ha definido como socialdemócrata: “…creo en una economía de mercado y creo en un Estado que regula, un Estado fuerte que interviene y que hace que el mercado no se coma su propia cola y termine monopolizando en detrimento de la voluntad del mayor número”.

Esta visión político ideológica fue reiterada en su discurso inaugural, al criticar:  “…una economía sustentada en un modelo que genera crecimiento, pero que al mismo tiempo, y paradójicamente, concentra la riqueza en pocas manos, creando condiciones de desigualdad y pobreza ajenas a la visión de bienestar…”.

Después de décadas de política económica centrada en la apertura hacia el exterior, la promoción de las exportaciones y la atracción de la inversión extranjera, el mandatario anuncia un nuevo énfasis en el mercado interno, particularmente la agricultura.

El combate contra el déficit fiscal, cercano al 6% del PIB, ocupará de inmediato su atención, buscando el control de la evasión fiscal, aunque no el aumento inmediato de los impuestos.

En lo concerniente a la política internacional, Solís ha mantenido el distanciamiento con Nicaragua, originado en conflictos fronterizos y que será dirimido por la Corte de la Haya el año próximo.

Solis, historiador y especialista en relaciones internacionales, ha manifestado que mantendrá las tradicionales y cordiales relaciones con los EEUU, aunque ha señalado su oposición a la militarización de la lucha contra el narcotráfico. Con respecto a la participación en la Alianza para el Pacífico, tras un entusiasmo inicial, ha dado un retroceso, a instancias de industriales costarricenses, temerosos de la competencia.

La presidencia del CELAC, a cargo de Costa Rica, ha sido vista como una oportunidad para estrechar los lazos hacia el sur.

En política interna, el presidente Solís ha anunciado un viraje hacia una concepción más participativa de la democracia, un esfuerzo por la transparencia y lucha contra la corrupción, así como una reorientación de la política económica hacia objetivos de redistribución sin descartar la promoción del crecimiento.

La ausencia de mayoría legislativa obligará a la búsqueda de acciones administrativas para el logro de sus objetivos, así como a un esfuerzo continuo por lograr alianzas parlamentarias en torno a proyectos específicos.

Diversos temas ocupan la agenda legislativa, entre ellos la banca de desarrollo, las leyes de contingencia eléctrica, la reparación de la red de carreteras, la modernización del puerto del Atlántico, la reorganización de las instituciones de la seguridad social y las contrataciones con empresas chinas para la construcción de una carretera y la modernización de la refinería.

Esta variada agenda lo obligará a cambiar de aliados con frecuencia y pondrá bajo tensión permanente sus relaciones con la mayoría de ellos.

El panorama social luce complicado, pues en los últimos años han aumentado las acciones colectivas de protesta social y Solís ha heredado una huelga de educadores al inicio de su mandato. Parte del apoyo social a su candidatura provino de los sectores sindicales, alianza que será puesta a prueba en julio cuando empiece la negociación salarial para los empleados del sector público y privado.

Aumentos desmedidos crearán fricciones con los empresarios y aumentarán el déficit fiscal. Aumentos raquíticos amenazarían con romper la alianza con los sindicatos que se han referido al nuevo presidente como un gobierno amistoso.

Las resistencias del aparato burocrático, la condición de minoría legislativa y la reducida experiencia política de su gabinete constituyen serios obstáculos para la tarea de gobierno, aunque el presidente cuenta con un amplio capital político electoral que le otorga espacio suficiente para iniciar sus tareas.

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Panamá opta por la alternancia PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Lunes, 12 de Mayo de 2014 19:52

Por Daniel Zovatto.-

Panamá acaba de vivir una histórica jornada electoral. El pasado 4 de mayo celebró las quintas elecciones generales después de la crisis de 1989, proceso en el que 2.5 millones de panameños eligieron, además de Presidente y Vicepresidente, a 71 diputados junto a numerosos cargos locales y regionales.

(Infolatam).- No obstante haber sido las elecciones más reñidas de la historia reciente, la jornada electoral se desarrolló con absoluta normalidad (situación que fue reconocida por todas las misiones de observación electoral) y con una alta participación electoral (76.7%). El clima preelectoral fue tenso, caracterizado por campañas negativas y espoleado por encuestas que anunciaban resultados muy ajustados que finalmente no se concretaron.
Resultados sorpresivos

Juan Carlos Varela, del Partido Panameñista (centro-derecha), actual Vicepresidente y ex socio de fórmula del presidente Martinelli, que figuraba tercero en las encuestas, se impuso a los otros dos grandes favoritos con 39% de los votos; mientras que el exministro José Domingo Arias, del oficialista Partido Cambio Democrático, obtuvo 31,4%, y el exalcalde de la ciudad de Panamá, Juan Carlos Navarro, del opositor Partido Revolucionario Democrático, 28%.

Con la elección de Varela, los panameños reafirmaron su preferencia por la tradicional alternancia del poder (una característica presente desde 1989), y pusieron fin a los intentos continuistas de Martinelli.

Empero, el claro triunfo de Varela en la rama ejecutiva no se vio correspondido en la Asamblea Legislativa. La alianza Unidos por el Cambio, compuesta por el Partido Molirena y el Partido Cambio Democrático, fue la que obtuvo el mayor número de curules (30), seguida del PRD (21), y en tercer lugar la coalición de Varela (Panameñista y PP), con únicamente 12 diputados, 1 de libre postulación y 7 por adjudicar (con el 95% de las mesas escrutadas). Esta distribución de las fuerzas parlamentarias obliga a Varela a buscar acuerdos de gobernabilidad al mismo tiempo que abre interrogantes acerca del papel que jugará la bancada del PRD y, sobre todo, el tipo de oposición que ejercerá Martinelli desde CD.

¿Por qué perdió Martinelli pese a su alta popularidad?

Con su voto, más que haber dirimido una disputa ideológica entre dos fuerzas políticas antagónicas, los panameños expresaron su rechazo al estilo autoritario de Martinelli. Otro factor que contribuyó a la derrota del oficialismo consistió en la grave carencia que padecen amplio sectores de la población en temas tales como el abastecimiento de agua potable, escasez de vivienda, inseguridad ciudadana y, sobre todo, el alto precio de la canasta básica. Otra razones que también incidieron fueron los intentos de Martinelli de continuar ejerciendo una gran influencia en el nuevo gobierno (pese a que la reelección consecutiva está prohibida), al imponer a su esposa, Marta Linares, como candidata a la Vicepresidencia, y las recurrentes y graves denuncias en materia de corrupción.

Y si bien, bajo la actual administración, Panamá experimentó un rápido crecimiento, la pobreza, sin embargo, disminuyó más lentamente (pasó de 33% en 2009 a 27% en 2013). Además, y aunque su PIB per cápita es el más alto de la región centroamericana (16.329 dólares en 2013), el país acusa graves carencias en materia de desarrollo humano y alta desigualdad.

Los retos de Varela

Varela hereda un país que ha venido creciendo al 8% anual (el doble del promedio regional). Para este año, la CEPAL pronostica una leve desaceleración: 7% (dos veces y media el promedio de lo que la misma CEPAL proyecta para América Latina: 2.7%). Producto de este alto crecimiento, la tasa de desempleo cayó a 4%. Sin embargo, consecuencia de la alta inversión extranjera y del alto gasto público, la inflación subió y la canasta básica sufrió un alza de 46%, lo cual constituye la principal queja de los panameños junto al problema de la inseguridad.

En sus primeras declaraciones, el presidente electo señaló que su principal legado será “dejar una democracia funcional al servicio del pueblo”. Para ello, deberá cumplir con su ambiciosa agenda de gobierno: mantener las altas tasas de crecimiento y la capacidad de ejecución que deja Martinelli como principal legado, expandir y mejorar la eficacia de los programas sociales para los más pobres, así como mejorar la cobertura y calidad de la educación, incluida la bilingüe. Asimismo, una parte central de su gobierno seguramente estará enfocada en la lucha frontal contra la inseguridad y la corrupción.

Como Varela enfatizó en su primer discurso: “La política en Panamá va a cambiar de un negocio a un servicio. Se acabó el negocio”.

También deberá reforzar la institucionalidad panameña. Existe consenso sobre el serio debilitamiento que han sufrido la mayoría de los poderes públicos durante la gestión de Martinelli. En este sentido el Presidente electo ha manifestado su interés de reformar la Constitución de 1972 (a partir del 1 de julio de 2015) y modernizar el marco jurídico político-electoral.

Mi opinión: En buena medida, esta elección constituyó una suerte de referéndum sobre la propuesta continuista de Martinelli. Varela, gracias a una campaña inteligente, logró posicionarse como su principal opositor y, beneficiándose del voto protesta, le ganó la partida a favor de la alternancia.

La tarea que tiene por delante es enorme. Su principal reto pasa por cumplir en el mediano plazo sus promesas de campaña y estar a la altura de las expectativas que existen sobre su gestión. Panamá es una de las economías más competitivas de la región (ocupa el segundo lugar después de Chile) según el Índice del Foro Económico Mundial; sin embargo, cuenta con una institucionalidad débil y poco transparente.

Un entorno internacional menos favorable y los retrasos en la ampliación del Canal exigirán a Varela, si desea mantener las altas tasas de crecimiento de los últimos años, ejercer una férrea disciplina fiscal para evitar el incremento de la deuda, que se disparó durante la gestión de Martinelli. Por otra parte, y considerando la limitada fuerza parlamentaria con que cuenta, deberá llegar a acuerdos con la bancada del PRD que le garantice la gobernabilidad suficiente para llevar adelante un programa de gobierno con fuerte énfasis social, pleno respeto a la institucionalidad democrática y lucha frontal contra la corrupción.

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A Brasil no le basta con remiendos en la política Exterior PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 27 de Abril de 2014 11:54

Por Sergio Fausto.-

“Antes, (estaba) Chávez, (que) era amigo de Lula. Cuando se encontraban, destrababan los pagos. Ahora las cosas se complicaron”. Así se expresó una fuente citada en el periódico Valor Económico, en la edición del 5 de marzo sobre los atrasos en los pagos a empresas brasileñas en Venezuela. En el caso de las grandes contratistas, la cantidad alcanzaría los US$ 2.000 millones. La complicaciones actuales derivan de la profundización de la crisis económica en el país vecino y de la pérdida del privilegiado canal político-diplomático entre los dos expresidentes. La declaración espanta, no por revelar algo que no se supiese, sino por indicar hasta qué punto llegó la mezcla de intereses políticos y empresariales en la política exterior brasileña para América del Sur en los últimos diez años.

El gobierno de Dilma maneja mal, sin estrategia alternativa, el legado de problemas heredados del hiperactivismo ad hoc de su antecesor inmediato. La influencia del gobierno brasileño en Venezuela va cuesta abajo. No logra hacerse oir de manera más asertiva por el gobierno de Maduro y es mal visto por la oposición. Lo mismo se puede decir respecto a la influencia del gobierno brasileño en Bolivia. Las relaciones entre los dos países dependían mucho de la interlocución personal entre Lula y Evo Morales. Aunque la estrecha relación directa entre ambos no impidió al primero mandar al ejército boliviano a ocupar militarmente la refinería de Petrobras ni evitó que Brasil se viese envuelto en el conflicto en torno a la controvertida construcción de una carretera que corta un parque nacional indígena.

Mejor hubiera sido que las agencias del Estado brasileño – comenzando por el BNDES, que concedió el préstamo a una contratista brasileña encargada de la obra- hubiesen evaluado el riesgo ambiental, político y financiero del proyecto, sin presiones de la “diplomacia presidencial”. También en el caso de Bolivia pasamos del hiperactivismo ad hoc, con Lula, a la vacuidad de la política externa bajo Dilma. Allí estamos sin embajador desde el incio del segundo semestre del año pasado.

Tampoco se puede decir que la influencia brasileña haya aumentado en la Argentina. Enredados en el manejo puntual de las recurrentes barreras de la relación bilateral, sin un nuevo horizonte para el Mercosur salvo en el plano retórico, Brasil y sus empresas sufrieron, como cualquier otro y a veces hasta más, las consecuencias de la gestión arbitraria de los gobiernos Kirchner, a pesar de la aceitada relación entre los presidentes de los dos países, especialmente durante la vigencia de la dupla Lula-Nestor.

La pérdida de influencia de Brasil en América del Sur no se limita a esos tres países, donde supuestamente invertimos nuestros mejores esfuerzos en los últimos diez años. En verdad, es un fenómeno generalizado en la región. El gobierno fracasó en el propósito de liderar el bloque bolivariano y, en torno a ese eje, organizar la integración sudamericana. Al mismo tiempo asistió a la formación de la Alianza del Pacífico, que comprende a tres países sudamericanos (Chile, Perú y Colombia) y a México, en contrapunto a la política exterior brasileña de estructurar la integración regional a partir de un Mercosur formalmente ampliado (pero sustancialmente empobrecido).

Sin decirlo y mucho menos admitirlo, el propio gobierno Dilma ya emite señales de que reconoce la necesidad de cambiar la política exterior, valga como ejemplo el empeño en hacer avanzar el acuerdo del Mercosur con la Unión Europea. El movimiento, sin embargo, es relativo e incompleto. El nuevo esfuerzo en dirección a los europeos resulta más del temor ante el riesgo que suponen para las exportaciones brasileñas nuevos acuerdos de la Unión Europea con grandes aliados del norte (por ejemplo con Canadá o peor aún, con Estados Unidos) que de una revisión más amplia de la política Sur-Sur que guió a Brasil en los últimos diez años.

Una nueva política exterior requiere establecer el papel de Brasil en la región en otros términos, para generar reglas estables y horizontes previsibles en las relaciones entre los Estados y no apenas entre gobiernos eventualmente afines.

En el plano regional, aunque menos dispuesto a dar cabida a las idiosincrasias de Argentina, el gobierno permanece preso en un Mercosur que ni va ni viene. La matriz del pensamiento continúa siendo la misma. Además de eso, Dilma ni delega ni asume el papel de liderazgo en el área de política exterior. El hecho es que necesitamos una nueva política exterior y no remiendos de la actual.

Una nueva política exterior requiere establecer el papel de Brasil en la región en otros términos, para generar reglas estables y horizontes previsibles en las relaciones entre los Estados y no apenas entre gobiernos eventualmente afines. Ese cambio debe hacerse mirando hacia la nueva configuración de la economía y de la geopólitica mundiales. No podemos aceptar un nuevo Tratado de Tordesillas y dejar que se profundice la división entre la Amérca del Sur del Atlántico y la del Pacífico. Va contra los intereses nacionales de largo plazo que parte importante de la región pase a girar fundamentalmente en torno a las relaciones económicas y geopolíticas, cada día más fuertes, de la Gran Cuenca del Pacífico, bajo la coexistencia competitiva de dos gigantes, China y Estados Unidos. Brasil no tiene como anular esta tendencia, pero puede hacerle contrapeso.

Como ya apuntó correctamente el experimentado embajador José Botafogo Gonçalves, es preciso avanzar de modo más radical y rápido en el derribo de las barreras arancelarias y principalmente no arancelarias, al comercio y las inversiones entre Brasil y los países sudamericanos del Pacífico. Se trata de un paso en la dirección correcta, pero no será suficiente. Debemos volver a pensar en el espacio latino-americano y dar prioridad a un amplio acuerdo de comercio e inversión con México, como parte de un proceso más amplio de inserción de Brasil en la economía internacional, lo que no implica tirar por la borda el Mercosur.

No es solamente por razones económicas que debemos hacerlo. La aproximación entre Brasil y México puede dar a ambos y a América Latina mejores condiciones para lidiar con temas relativos a la seguridad y a la política de las Américas y del mundo a partir de perspectivas y realidades distintas a las de los dos gigantes mundiales.

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Última actualización el Domingo, 27 de Abril de 2014 11:59
 
La pelea en el PAN afecta a la gobernabilidad de México PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Viernes, 25 de Abril de 2014 15:18

Por Rogelio Núñez-.

La guerra interna que vive el Partido Acción Nacional tiene repercusiones que van más allá de esta agrupación y golpea directamente el proyecto reformista que encabeza el presidente Enrique Peña Nieto.

El PAN celebra elecciones internas el próximo 18 de mayo en las que se enfrentan el ala calderonista (vinculada al expresidente Felipe Calderón) y que lleva como candidato a Ernesto Cordero y al ala maderista que lidera el actual máximo dirigente panista Gustavo Madero.

Este proceso traumático qu vive el panismo confirma la frase de que los enemigos suelen estar en el interior del partido mientras que los rivales se sitúan en el resto de fuerzas.

Madero vs Cordero

La victoria de uno u otro tendrá repercusiones directas sobre la gobernabilidad del país. Fundamentalmente porque Madero apostó a mantener una alianza con el presidente Peña Nieto para ayudarle a sacar adelante las reformas en el Pacto por México.

Cordero, y el calderonismo, nunca vieron con buenos ojos esa alianza que servía a su viejo enemigo (el PRI) y que posibilitaba sacar adelante unas reformas que trató de impulsar Calderón quien se encontró con el boicot del priismo entre 2006 y 2012.

CIUDAD DE MÉXICO (MÉXICO), 29/04/2013.- EFE/Alex Cruz

El presidente del Partido Acción Nacional (PAN), Gustavo Madero Muñoz.

Por contra, Madero se enorgullece abiertamente de esa colaboración.

Ante la pregunta del diario El Universal sobre si coogobierna con el PRI, su respuesta fue clara: “Pudimos impulsar (hoy) más que en los 12 años que gobernamos. La agenda del PAN avanzó en los 12 meses que dejamos de gobernar”.

Por contra, Cordero rechaza la vía colaboracionista con el ejecutuvo: “Queremos ser un contrapeso al PRI y no comparsa, el PAN no quiere ser comparsa del PRI. La visión de partido que queremos es lo que decidirá la militancia”.

Incluso, ha establecido una alianza de facto con la izquierda de Cuauhtémoc Cárdenas y de Andrés Manuel López Obrador, para obstaculizar las reformas de Peña Nieto.

Y esto ha sido aprovechado por Madero para lanzar una andanada contra su rival: “Criticamos a Andrés Manuel López Obrador por eso, porque no aceptó un resultado electoral, porque no aceptaba las instituciones democráticas que nos hemos dado los mexicanos. Los panistas así pensamos; creemos en las instituciones, respetamos a las instancias”.

La guerra sucia

La guerra sucia también ha estado presente en todo este proceso. Cordero habría contratado a un especialista en esas artes, como el español Aleix Sanmartín, quien estuvo detrás de un spot en el que se ridiculizaba a Gustavo Madero.

Ernesto Cordero, rival de Gustavo Madero en la elección interna

Ernesto Cordero, rival de Gustavo Madero en la elección interna

Justo en ese contexto es cuando ha estallado el caso Oceanográfica que golpea a Cordero y sobre todo a su mano derecha, el ex gobernador de Guanajuato, Juan Manuel Oliva.

Y como resultado de todo ello, el diario Excelsior informaba en abril que las diferencias políticas en el interior del grupo parlamentario del Partido Acción Nacional (PAN) en el Senado habían causado el frenazo de las leyes electorales y de competencia económica, e impidieron la instalación de la mesa especial de negociación en telecomunicaciones.

Estas pugnas -continúa el periódico- son consecuencia de la sucesión en la dirigencia nacional del PAN, de cuyo resultado depende la negociación de las reformas. El corderista Roberto Gil Zuarth desconoció los acuerdos asumidos por el maderista Héctor Larios con el gobierno, el PRI y el PRD, lo cual empantanó las negociaciones de las leyes.

Esta situación confirma que los problemas internos en el panismo acaban siendo problemas de ámbito y alcance nacional.

Como señalara el analista Ricardo Alemán, “el PAN vive una fragmentación entre tribus y una guerra entre hermanos que apunta a una ruptura inevitable en las próximas semanas. Lo peligroso es que la fragmentación del PAN no solo se da entre “calderonistas” y “maderistas” –lo cual sería una disputa saludable–, sino que los pupilos de “Calderón” y de “Madero” han involucrado en la disputa azul a las llamadas izquierdas, por un lado, y al PRI, por el otro”.

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