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Artigos: Latinoamérica Democrática
CUMBRE DE LAS AMÉRICAS. LUCES Y SOMBRAS PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 20 de Diciembre de 2009 21:32

Jorge Hernández Fonseca

19 de Abril de 2009

 

A pesar de la falta de unanimidad para la firma de la declaración final, acaba de concluir la V Cumbre de las Américas en Trinidad Tobago con un ribete verdaderamente histórico por la manera de comportarse el presidente de los Estados Unidos de América hacia sus homólogos de la región, así como por los resultados de los contactos entre los presidentes participantes.

 

La Cumbre, como se esperaba, tuvo dos estrellas: una presente y dialogante, contemporizadora y directa, el flamante presidente norteamericano Barck Obama, que no dudó despejar desde el principio sus intenciones de hablar directamente con Hugo Chávez. La otra, ausente, no tan dialogante o contemporizadora, pero si muy apoyada por el resto de los presidentes: Cuba.

 

El hecho que la isla haya sido el centro de debates y de las atenciones durante la Cumbre nos lleva de la mano a hacer un análisis no centrado en un punto de vista único, sino en una dualidad de puntos de referencias, por la dicotomía que implica abordar el “tema Cuba” en el contexto latinoamericano sin jerarquizar (como se debería haber hecho) los valores democráticos, la libertad y la dignidad de los cubanos oprimidos por 50 años de dictadura.

 

Obama, la otra estrella del cónclave, se vio cercado por dos maneras diferentes de abordar el tema Cuba: la primera de ellas, de mucho poder de convocatoria encabezada por Chávez --que el día anterior llamó a Caracas a los países miembros del ALBA para componer sus puntos de vista-- y otra dirigida por Lula da Silva, que previamente se había reunido con Obama en Washington para interceder por la dictadura cubana. En ambos casos, los intereses del pueblo cubano de la isla fueron ignorados y se defendió sin ambages la dictadura castrista.

 

Lula pretendió llevar a Raúl a la Cumbre de Trinidad, para provocar el primer encuentro de contendientes en un terreno propicio al diálogo. Chávez no quería un acercamiento tan abrupto, en parte por razones asociadas al antagonismo que profesa a EUA y en parte porque de esa manera, él no podría acaparar --como finalmente lo hizo-- los mejores momentos de la Cumbre al lado del presidente Obama. Las estrategias chocaron y prevaleció la voluntad de Chávez.

 

Tanto Lula como Chávez insistieron en introducir el tema Cuba colocando la isla como víctima del “coloso del norte” y sin culpar de absolutamente nada a su gobierno represivo, victimario del pueblo cubano. De ahí el enfoque doble que es necesario hacer de los resultados de una Cumbre en la que el único perdedor, por ignorado, fue el pueblo cubano, aunque el consenso generalizado es que el encuentro presidencial fue un verdadero éxito.

 

Por un lado, un Obama estructurando una nueva estrategia política de distensión hacia la Habana (llevándolo a callar ante los reclamos que Latinoamérica le hizo en defensa del gobierno castrista). Por otro lado, la ausencia de una voz digna que jerarquizara los valores democráticos para la isla y su pueblo entre los presidentes, lo que sirve adicionalmente para continuar sometiendo al pueblo de Cuba al peor ambiente dictatorial que nación alguna sufrió en toda la historia latinoamericana. En ese punto, la Cumbre fue una verdadera vergüenza.

 

Por otro lado, Obama tuvo que enfrentar un cúmulo mayúsculo de problemas acumulados por EUA con sus vecinos, los que sorteó cediendo por el flanco que más perjudicó los valores libertarios: sacrificó al sufrido pueblo cubano, que no fue siquiera mencionado dentro del cónclave (hablamos del pueblo cubano, no de su gobierno represivo). Esta Cumbre tuvo muchas luces, pero la gran sombra de no haberse solidarizado con las víctimas de la dictadura cubana, figurará (para los cubanos) como el peor baldón en la obscuridad de la larga noche que se ha abatido sobre el pueblo de la isla, distorsionando su pasado, su presente y su futuro.

 

Esta duplicidad de enfoques debe ser hecho a la luz de una verdad como un templo: Obama permitió que “el problema cubano” continuara siendo dilucidado como estando asociado al diferendo político entre Cuba y Estados Unidos. El problema cubano real es la dictadura que oprime a su pueblo y no la política exterior de los EUA. Este asunto --de nuevo-- no quedó claro en la Cumbre, en la que triunfó --aceptado por Obama-- que es EUA la esencia del problema, mientras el pueblo de la isla se mantiene oprimido por la bota dictatorial, que no sufrió en el embate de la Cúpula siquiera un arañón por parte de ninguno de los presidentes presentes.

 

Fuera de esta dicotomía respecto a lo que se discutió y lo que debería haberse discutido sobre Cuba –principal sombra del cónclave-- la Cumbre de Puerto España tuvo también sus luces evidentes: Estados Unidos retomó el diálogo con Venezuela y Bolivia y disminuyó la tensión con Nicaragua y Ecuador. Adicionalmente, la percepción de un presidente norteamericano menos estereotipado, según la difundida imagen que hace de él la izquierda, contribuyó (y en el futuro contribuirá) a disipar modelos negativos contra EUA en Latinoamérica, lo que favorece el clima internacional de la América Latina, en relación a un vecino del norte menos altanero.

 

El exilio cubano de Miami hizo llegar un anuncio pagado en la prensa escrita de Trinidad Tobago, lo que dice mucho del espíritu de lucha que subsiste en amplios sectores de la oposición cubana fuera de la isla. El Movimiento Cristiano de Liberación por su parte, también envió un mensaje dirigido a los presidentes de la Cumbre, así como numerosos opositores, presos políticos y otros valiosos luchadores pacíficos desde el interior del país.

 

No obstante lo anterior, la falta de una institución representativa de la oposición política cubana se ha hecho sentir en estos debates definitivos, donde su falta redundó en una concesión que se hace a la dictadura, porque le deja el campo expedito para que sus puntos de vistas sean los asumidos por la Cumbre y se hable de la dictadura cubana como representante de su pueblo.

 

A partir de los resultados positivos para la dictadura decurrentes de la Cumbre, se abre ahora un período doblemente perjudicial para los intereses democráticos cubanos. Por un lado, el cambio de política de Obama, que si bien no se encamina a apoyar el régimen cubano de manera directa, implican medidas y conversaciones, todas las cuales redundarán --de inicio-- en un beneficio directo a la estructura dictatorial. En este sentido la apuesta de Obama es un tanto arriesgada al hacer lo que la dictadura siempre ha pedido de EUA, con la esperanza que este cambio de política termine ayudando de manera indirecta a la democratización de la isla.

 

Por otro lado Cuba ya se encamina, totalmente reconocida en el ámbito interamericano, a un estatus de participación en todas las instituciones regionales (a pesar de ser una dictadura represiva) lo que representa un paso adelante en la consolidación del régimen raulista en la isla, en detrimento de los luchadores internos y externos por la libertad de los cubanos.

 

No caben dudas que la recién concluida Cumbre ha tenido sus luces, básicamente asociadas a la nueva atmósfera americana provocada por la actitud abierta y directa del presidente Obama, así como ha tenido sus sombras, todas ellas asociadas a la visión distorsionada que la dictadura cubana ha sabido sembrar entre los países latinoamericanos sobre la realidad interna cubana y a la puesta en práctica del cambio de política de Obama respecto a Cuba.

 

No obstante los resultados adversos analizados, la lucha del pueblo cubano debe continuar en pos de sus derechos democráticos. Este revés de la Cumbre debe servir de acicate para concientizarnos de la necesidad de luchar por tener representantes de consenso ante las instituciones internacionales, que puedan hablar a nombre de la oposición política cubana de dentro y fuera de la isla. No hacerlo, sería continuar dejándole el terreno abonado a los generales de Raúl, que a la muerte de Fidel --y ahora con el beneplácito de EUA-- continuarán la segregación política, económica y social, que ha hundido en el lodo a la Nación cubana.

 

Artículos de este autor pueden leerse en http:www:cubalibredigital.com

 

 

 
OBAMA, AMÉRICA LATINA Y CUBA 2009 PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 20 de Diciembre de 2009 21:38

Jorge Hernández Fonseca

8 de Abril de 2009

 

Después de su primera –y exitosa-- gira por Europa, donde brilló negociando y cediendo ante una Unión Europea escéptica frente a una crisis importada e impuesta por Norteamérica, Barack Obama enfrenta ahora el reto de reunirse con líderes latinoamericanos en la Cumbre de las Américas, a celebrase en Trinidad Tobago dentro de pocos días, coincidiendo con el cuadragésimo octavo aniversario de la invasión cubano-norteamericana de Bahía de Cochinos.

 

La fecha de la Cumbre no deja de ser una coincidencia, sobre todo en momentos que Estados Unidos prepara otra invasión a la isla, esta vez para negociar con la dictadura. Como preludio a la “invasión” en ciernes, un grupo de congresistas estadounidenses negros ha visitado la Habana entrevistándose con ambos hermanos Castro, avanzadilla de lo que se avecina.

 

Obama lo había proclamado a voces durante su campaña electoral y ahora no hace otra cosa que materializar sus promesas: establecerá relaciones más estrechas con la dictadura cubana, con lo que probablemente cesará el apoyo efectivo y moral a la oposición política cubana. Este será, con mucho, el mayor daño que se le hace a la democracia y a la libertad universal.

 

Hay dos razones poderosas para que la política norteamericana hacia la dictadura cubana cambie de dirección y sentido: por un lado, Fidel Castro y su hermano Raúl han sabido manejar los factores simbólicos de sus luchas contra “el imperialismo”, calando hondo en Latinoamérica y en grandes sectores de la intelectualidad “progresista” norteamericana, incluyendo sectores influyentes del partido demócrata de EUA; por otro lado, la crisis económica, social y moral por la que atraviesa la isla (desde hace 50 años) sumada a la crisis financiera y económica mundial actual, desaconsejan una política hostil de EUA hacia el gobierno de la isla, que pudiera provocar, a la muerte del dictador, un indeseable éxodo masivo de cubanos hacia la Florida.

 

La prensa norteamericana (y la cubana) exponen otras razones diferentes para este cambio de política estadounidense hacia la dictadura. Estas también existen, pero son colaterales; algunas de connotación política, otras económicas y el resto humanitarias. Sin embargo, los promotores del cambio de política –fuera de las dos razones antes expuestas-- son invariablemente antiguos “amigos de la dictadura en Cuba” que aprovechan para monopolizar el momento.

 

Obama enfrenta la Cumbre de las Américas precedido de un triunfo en la reunión del G-8, donde supo aceptar en consenso. De otro logro en la reunión de la OTAN, donde consiguió aumentar las tropas europeas en Afganistán. Y finalmente, de una fructífera gira por Turquía e Irak, que lo dignificó adicionalmente.

 

La problemática latinoamericana es diferente y el tema Cuba amenaza con monopolizar las discusiones de la Cumbre, precisamente en sentido contrario de cómo debería enfocarse este importante tema (no resuelto) en el subcontinente. La ideología que subsiste detrás del tema Cuba en la próxima Cumbre no es el marxismo ni la “revolución latinoamericana”. Salvo dos o tres países financiados por el chavismo, el resto de Latinoamérica es básicamente animada por el espíritu anti-norteamericano que Castro ha sabido explotar adecuadamente en su favor.

 

En lugar de debatirse en Trinidad Tobago el tema Cuba en su contexto democrático, la mayoría de los países del Cono Sur lo que pretenden es poner a la defensiva a Obama como supuesto líder de un país agresor a la soberanía de una islita “inofensiva”. El nuevo presidente de EUA no tiene compromisos con las políticas anteriores de sus pares respecto a Cuba, pero tiene un compromiso democrático, igual que el resto de la región, con la libertad y el decoro de los cubanos. Es ese el rumbo que Obama debería imprimir a las discusiones respecto a Cuba.

 

Es una verdadera lástima que los cubanos hayamos perdido interlocución con el gobierno de los Estados Unidos, como es un verdadero crimen contra los intereses de la Nación cubana, que sus mejores hijos no se hayan puesto de acuerdo respecto a un frente único tan necesario en estos momentos decisivos. Recientemente hubo de celebrase el Congreso de los ex-presos políticos cubanos, una organización potencialmente unitaria porque en la misma coexisten militantes de todas las organizaciones cubanas, lo que de haberse materializado como un “frente” pudiera haber sido un paso de calibre para hacernos de una voz única en el contexto político nacional e internacional actual.

 

Detrás de las verdaderas razones de Obama hay –claro-- muchos intereses económicos norteamericanos que hasta ahora han visto como España se reparte los despojos de sus antiguas empresas en la isla y ahora entrarán en el festín. Las cosas en este sentido cambiarán, pero los cubanos continuaremos siendo “ciudadanos de segunda” (como hasta ahora) dentro de la isla. Fuera de la misma no se vislumbran movimientos positivos adicionales.

 

Para los demócratas cubanos, claro que este movimiento estadounidense va en contra de nuestros sagrados intereses nacionales. Estados Unidos era hasta ahora, casi exclusivamente, el único país que apoyaba en la isla la lucha contra la dictadura. Obama no tiene por qué cambiar ese enfoque, aunque sus razones lo lleven a negociar con el tirano, a no ser que otros intereses políticos mayores lo lleven de la mano a compromisos contra la Nación cubana.

 

Los cubanos perderán un aliado en su lucha por la democracia para Cuba, pero probablemente no ganarán por eso necesariamente un enemigo de esa lucha. Mucho depende del tesón y la continuidad de la lucha paciente y efectiva de los cubanos dentro de EUA, en el camino de la lucha democrática. En este sentido, los congresistas y senadores cubano-americanos juegan un papel inestimable, así como las organizaciones cubanas dentro de los Estados Unidos.

 

Como es previsible un futuro de relaciones normales Cuba-EUA, también debe ser  previsible un cambio de enfoque en la lucha de los cubanos por su libertad sin dar pasos de retroceso. Aquellos pocos cubanos que vinculaban sus luchas por la democracia para la isla a la actitud de los Estados Unidos, probablemente cesarán en su empeño. Sin embargo, aquellos que llevamos a Cuba en nuestros corazones, jamás dejaremos de luchar por un futuro mejor para la Nación cubana, como sagrado compromiso por las desventuras actuales o venideras.

 

Las decisiones futuras de Obama asociadas al cambio de política de Estados Unidos hacia Cuba favorecerán sin dudas a la dictadura castrista. Es una batalla aparentemente perdida, pero para nada significa el haber perdido la guerra. Los turistas norteamericanos no llevarán la democracia a la isla, ni el comercio EUA-Cuba establecerá bases que no sean de beneficio para los generales de Raúl en su empeño por implantar su “modelo chino”.

 

Por todo eso y porque en las razones de nuestra lucha no estaba asociado al incentivo de Estados Unidos --a no ser por su ejemplo de sociedad libre-- los cubanos demócratas debemos continuar, en otro plano y con otros planes, la lucha por dignificar la Nación cubana del futuro.

 

Arículos de este autor pueden leerse en http://www.cubalibredigital.com

 

 
LA AMÉRICA LATINA QUE ENCONTRARÁ BARACK OBAMA PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 20 de Diciembre de 2009 21:53

Jorge Hernández Fonseca

21  de Diciembre de 2008

 

Acaba de concluir en El Salvador de La Bahía, Brasil, un importante cónclave múltiple con la presencia de la mayoría de mandatarios de los países sudamericanos, de la América Central y del Caribe, en la que, para continuar la contradictoria política tradicional de la región respecto al drama cubano, el dictador sustituto, Raúl Castro fue recibido como una estrella en ascenso.

 

Para el pueblo cubano de dentro y fuera de la isla que sufre las consecuencias de medio siglo de férrea dictadura, este proceder con Raúl Castro se hace inexplicable, si consideramos que a dictadores de la región, como Augusto Pinochet por ejemplo, no se hubiera siquiera convidado a la reunión. Este procedimiento vergonzoso de América Latina contra el cubano simple que sufre, dará lugar seguramente a políticas reactivas del futuro gobierno democrático de la isla.

 

No obstante lo anterior, existe la necesidad de realizar un análisis de lo sucedido, a la luz de las nuevas tendencias que se insertan en el acontecer latinoamericano de hoy. En primer lugar, la reunión de La Bahía se escenifica en medio de en una fuerte puga por el liderazgo de Latinoamérica. Por un lado, la izquierda de tendencia beligerante compuesta por Hugo Chávez (Venezuela), Evo Morales (Bolivia) y Rafael Correa (Ecuador), enfrentada a la izquierda responsable de Lula da Silva (Brasil), Michelle Bachelet (Chile) y Tabaré Vázquez (Uruguay), ante un grupo de actores indecisos, como el obispo Lugo, presidente de Paraguay y la presidenta de Argentina, Cristina Kirchner. Los actores del centro y la derecha continental, como Alán García (Perú) y Álvaro Uribe (Colombia) simplemente hicieron mutis de la reunión.

 

Existen fuertes indicios de que Raúl Castro tenía la intención de viajar directamente a Brasil sin pasar por Venezuela, como finalmente fue obligado a hacer. Ya lo había anunciado, cuando desde Caracas (y seguramente de acuerdo con el dictador cubano mayor) se escuchó “el pito” de alerta anunciando que el primer viaje suyo sería a Venezuela. Raúl reaccionó como quien no sabe lo que ocurre: “¿…que voy a Venezuela?; ¿cuándo hay que ir a Venezuela?; si mi sobrino lo dice, pues habrá que ir a Venezuela”…, palabras del propio Raúl que ratifican esta hipótesis.

 

Las razones de Raúl queriendo marcar distancia de Chávez son claras. Primero, da una nítida noción de independencia en las posiciones internacionales de su hermano Fidel; segundo, atiende a un llamado del presidente brasileño Lula da Silva, que consiente del sentido personal de independencia que necesita mostrar Raúl en estos momentos, aprovechó para darle una salida que demostrara ante la opinión pública latinoamericana sus reales deseos de “cambios”.

 

Había sin embargo dos razones, al menos, que harían imposible la ida directa de Raúl al Brasil en su primer viaje internacional: primero, el país que ha heredado de su hermano (una monarquía al estilo Corea del Norte) depende totalmente de la Venezuela de Chávez; y segundo, el hermanísimo aún con vida, no podía permitir un desaire semejante contra el que ha declarado como su sucesor político en Latinoamérica. Raúl fue obligado a ajustar su itinerario.

 

Aparentemente, Lula da Silva quiere dar soporte político y económico a Raúl, en el supuesto caso que decida hacer cambios sustanciales hacia la democracia a la muerte de Fidel. Por su parte Chávez, pretende controlar, “en nombre de un Fidel fallecido”, los cambios que los generales de Raúl programan para la isla a la muerte del dictador mayor. Esta fue la lucha que subyació en las Cumbres de La Bahía y la razón por la que Lula convidó Raúl Castro a Brasilia.

 

Hugo Chávez por su parte y mientras Raúl Castro compartía animadamente con los presidentes asistentes a las citas, demoró su llegada a los cónclaves (como él no era el hombre clave hizo mutis parte del tiempo) llegando sólo para remarcar la presencia de Cuba en el seno de las principales organizaciones regionales, aunque todas ellas fueran lideradas por Lula da Silva.

 

Fue una “jugada” insertada en la pugna Lula-Chávez. Lula conseguía la entrada de Cuba en el importante Grupo de Río, Chávez reafirmaba que “Raúl es mío”. Nada destacado, fuera de esta pugna “izquierda ‘light’ vs. Izquierda ‘hard’” se debatió en La Bahía. Mientras tanto, países tan importantes en la América del Sur, como Colombia y Perú, enviaban delegaciones insignificantes a las Cumbres, como para destacar su distancia de esa lucha entre izquierdistas.

 

En el plano general, y a pesar que en las Cumbres sólo sobresalieron las caras de Raúl y las izquierdas regionales, Chávez, Correa y Morales, junto (pero no revueltos) a Lula, Bachelet y Tabaré, Latinoamérica camina hacia el centro del espectro político.  Hace pocas semanas Chávez sufrió un revés político de proporciones amazónicas en las elecciones municipales; el partido de Lula sufrió el suyo recientemente, también en las elecciones municipales, así como el partido de la concertación de la izquierda chilena, en la mayoría de los municipios de ese país.

 

Evo Morales por su parte enfrenta una rebelión cada vez más activa, mientras no se cansa de cometer pifias que le restan popularidad y muestran su rostro de pretensiones hegemónicas. Correa en Ecuador, con el “default”, ha entrado en el embudo que conduce inevitablemente a la ruina económica de su país, castigado adicionalmente por la baja de los precios del crudo. Por otro lado, parece difícil de repetirse el triunfo izquierdista en Uruguay, mientras el obispo gobernante en Paraguay no se atreve a delinear, ante la adversidad, una política definida.

 

Mientras esto ocurre en el campo de la izquierda continental, el campo de la derecha --y el centro-- no hay virajes predecibles hacia la beligerancia, salvo en El Salvador, donde un antiguo grupo guerrillero amenaza con hacerse del gobierno, si consigue (como ya lo hizo Ortega en Nicaragua, que ha apelado a todo tipo de ilegalidades para no ser derrotado en las urnas) engañar al pueblo salvadoreño con promesas que después se tornarían imposibles de cumplir sobre todo ahora, cuando Chávez no tiene la chequera que la baja del petróleo ya le quitó.

 

En ese contexto, un país latinoamericano políticamente importante se torna cada vez menos significante: México. Acosado por la izquierda beligerante interna, Felipe Calderón --para compensar-- ha adoptado una posición “izquierdista” en su política exterior (traiciona a los balseros cubanos, enviándolos de nuevo a las manos del dictador, y propone en Brasil la creación de “una OEA sin EUA”). Esta posición mexicana, incomprensible interna y externamente, probablemente le traerá problemas a un presidente traidor por partida doble.

 

Es en el complejo panorama anterior que Barck Obama tendrá que delinear una política hacia Sudamérica. La creación de una organización política de los países del subcontinente sud y centroamericanos, será un incentivo adicional que obligará al flamante presidente de EUA a prestar más atención a la región, y esto sería ya un punto positivo. El anhelo fidelista de una organización (sin EUA) pero que compita con la OEA, al materializarse en 2010, pudiera hacerlo sin estar necesariamente en manos de la izquierda beligerante como se ha visto, y pudiera ser la “piedra de toque” para que finalmente EUA decida hacer con Latinoamérica lo que Europa ha hecho con todos los países de su región, cosa que hasta ahora EUA no había contemplado.

 

En cualquier caso, Raúl será cada vez más presionado a insertarse en el contexto de la izquierda democrática; Chávez estará anulado por la baja de los precios del petróleo, y con ello sus secuaces, como Evo y Correa, al igual que el obispo Lugo, quedarán a merced del Brasil de Lula da Silva (que tendrá un sucesor de centro, no de izquierda), configurando un panorama que abre las puertas para una integración continental sin los complejos anti-EUA de hoy día.

 

Si Barack Obama es bien asesorado y adopta las políticas adecuadas, la región podría pasar, de ser un adversario, a ser un aliado estratégico de EUA en un mundo que se une en bloques.

 

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LULA DA SILVA Y EL PT EN EL NUEVO PANORAMA POLÍTICO BRASILEÑO PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 20 de Diciembre de 2009 21:56

Jorge Hernández Fonseca

29 de Octubre de 2008

 

En Brasil acaba de concluir el proceso electoral municipal. Más de 5,500 municipios fueron a las urnas a elegir prefectos (alcaldes) y sus correspondientes vereadores (concejales) en un proceso de dos turnos de votaciones, en fechas diferentes, hasta obtener mayoría absoluta de votos. Algunos de los municipios del gigante sudamericano --como San Pablo por ejemplo-- tiene más habitantes que una buena parte de las repúblicas latinoamericanas y un presupuesto superior al de la mayoría de los países de la región, lo que les otorga fuerte influencia política.

 

El PT (Partido de los Trabajadores) del cual Lula da Silva es presidente de honor, es el mayor partido de la izquierda latinoamericana. Es uno de los cuatro grandes partidos brasileños, en el que internamente conviven a su vez cinco grandes estructuras organizadas en las llamadas “corrientes”, que son verdaderas organizaciones (con nombre y todo) diferenciadas una de otra por sus posiciones políticas. Esta característica (que aparece en casi todos los partidos políticos, pero sin que esta división llegue al grado que existe dentro del PT) lo hace proclive a no actuar externamente de manera coordinada, por existir posiciones bastante diferentes.

 

Lula da Silva pertenece a la “corriente mayoritaria” por lo que cuando se celebra un congreso interno, puede imponer sus puntos de vista globalmente. Ya algunas “corrientes” internas del PT han salido del partido, creando una nueva agrupación política, cosa que ocurrió al inicio del primer mandato de Lula da Silva en la presidencia del Brasil, cuando una de las “corrientes” salió del PT para formar un nuevo partido, más a la izquierda que el PT en el espectro político.

 

El PT en realidad no es el mayor partido político brasileño. Este galardón cabe a un partido de centro, creado durante la dictadura militar brasileña para hacer oposición a los gobernantes militares, el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB). Existe también en Brasil un gran partido de centroizquierda, el Partido Socialdemócrata Brasileño (PSDB) y el partido de la derecha carioca, el Partido Demócrata (DEM), antiguo Partido del Frente Liberal (PFL).

 

En las elecciones municipales salió muy fortalecido el partido de centro, PMDB, que contradictoriamente carece de figuras nacionales capaces de discutir la presidencia de la república, convirtiéndolo en el fiel de la balanza para las futuras elecciones presidenciales, en función de que Lula da Silva no puede disputar un tercer mandato sin cambiar la Constitución.

 

El PT, a pesar de haber obtenido más prefecturas que en las elecciones anteriores, perdió las elecciones en su reducto principal de origen, San Pablo, además de perder en otras dos grandes capitales emblemáticas, Porto Alegre (donde siempre el PT organizó su conocido “Foro Social Mundial” o “Foro de Porto Alegre”) y en Salvador, capital del estado de la Bahía. De manera que, si bien pudiera decirse que el PT no salió derrotado de las elecciones municipales, se considera que salió muy debilitado para la futura contienda electoral presidencial.

 

En efecto, el PT no tiene personalidades de calibre nacional para presentar como candidato a la sucesión de Lula da Silva. Una de las posibles candidatas a suceder a Lula fue derrotada en las elecciones para la prefectura de San Pablo de manera apabullante. Por otro lado, Lula da Silva ha confiado en privado su intención de lanzar candidata presidencial a su ministra más cercana, Dilma Russef, una funcionaria eficiente y trabajadora, pero que nunca ha disputado cargos electivos y en apariencias carece del carisma necesario; esta intención de Lula, ya provoca dentro de las diferentes ”corrientes” del PT, las consabidas desavenencias internas.

 

El potencial candidato a suceder a Lula surgido como resultado de las elecciones municipales de este año es José Sierra, ex-candidato presidencial derrotado por Lula da Silva en 2002; actual gobernador del Estado de San Pablo y artífice de la victoria del prefecto recién electo en la capital del estado. Sierra milita en el PSDB, y ya estructura una gran alianza contra el PT, que aspira a unir en coalición a los otros dos grande partidos brasileños, el PMDB y el DEM.

 

Un ex-ministro de Lula da Silva --y ex-presidente del PT en la época que Lula resultó electo presidente del Brasil-- José Dirceu, hubiera ahora tenido oportunidad de disputar la presidencia, a no ser por un sonado escándalo de corrupción en que estuvo envuelto años atrás y que le ocasionó la sanción de pérdida de derechos civiles por parte del Parlamento. Otra personalidad del PT y ex-ministro de economía, Antonio Palocci, también tenía estatura y posibilidades de disputar la presidencia por el PT en 2010, pero también fue sancionado en un obscuro escándalo en el que se vio obligado a abandonar su cargo de ministro. Eliminados Dirceu, Palocci y la ex-ministra derrotada en San Pablo, Marta Suplicy, no hay otras figuras nacionales de relieve dentro del PT para disputar la elección presidencial, fuera de la mencionada Russef.

 

En Brasil se ha hablado de la posibilidad de dar un tercer mandato a Lula da Silva, tal y como se promueve en Colombia, Ecuador y Bolivia, y ya se ha hecho en Venezuela. Sin embargo, el actual presidente de Brasil se ha pronunciado varias veces --y muy enfáticamente-- contrario a la institución de la re-elección, como siendo “contrario al espíritu democrático”. Por otro lado, el empeño de Lula da Silva de llevar una candidata inexpresiva de su propio partido a la contienda electoral presidencial, apunta probablemente a la discontinuidad del PT en la presidencia de Brasil después de Lula da Silva, porque ya existen candidatos mucho más fuertes que Russef.

 

Las elecciones presidenciales brasileñas serán disputadas en el 2010. El panorama que surge de las actuales elecciones municipales es adverso a las pretensiones del PT para suceder a Lula da Silva por lo que, de no haber cambios en las reglas del número de mandatos en la presidencia del país, muy probablemente será un social-demócrata el sucesor de Lula. Tampoco caben dudas en que, si se autorizara un tercer mandato para el actual ocupante del Palacio de Planalto, Lula da Silva será ampliamente electo en 2010 como presidente de Brasil.

 

Esta debilidad relativa del PT surgida del proceso electoral municipal brasileño, se suma a la victoria de la derecha en las elecciones municipales en Chile, otro país sudamericano en el que, como en Brasil, gobierna actualmente un partido de la izquierda democrática no chavista. De alguna manera, estos resultados municipales en Chile y Brasil, si bien no ocasionarán cambios inmediatos en el espectro político continental --e inclusive tampoco en el nivel nacional-- auguran un futuro desplazamiento de la política sudamericana hacia el espectro político de centro, lejos de las pretensiones chavisto-fidelista de continuar expandiendo su “revolución” por la vía electoral, porque ni en Chile ni en Brasil, Chávez tiene candidatos para apoyar.

 

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FIDEL, GUSTAV Y LA INCAPACIDAD DEL SOCIALISMO CUBANO PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 20 de Diciembre de 2009 22:14

Jorge Hernández Fonseca

1 de Septiembre de 2008

 

Cuba está ante un desastre natural. Acaba de pasar por Pinar del Río, atravesando la isla de Sur a Norte (geográficamente casi en la misma posición que ocupó la histórica “Trocha de Mariel a Majana” de otro comandante de triste recordación, Valeriano Weyler) el huracán Gustav, que antes de acercarse a la Isla de Pinos por el sur, había adquirido la máxima categoría posible en estos fenómenos atmosféricos. Un verdadero desastre, que sumado al fidelismo, se constituye en una verdadera catástrofe para el sufrido pueblo cubano.

 

El dictador desde su retiro acaba de escribir sus reflexiones sobre el caso, quejándose de la posibilidad de que se agoten las reservas de alimentos, en momentos de incrementos exorbitantes de sus precios internacionales. Se quejó también de la atención que la prensa internacional prestó a la deserción de un importante artista cubano, restándole --según él-- importancia a lo que sucedía en la isla con el paso de Gustav, cuando en realidad periodistas norteamericanos reportaron en vivo desde el lugar de los hechos el paso del huracán.

 

Sobre lo que si tuvo buen cuidado en no escribir el dictador, fue la odisea del roquero Gorki Ávila, que por primera vez ha hecho escenificar al gobierno cubano un papelazo memorable, no se sabe todavía bajo que circunstancias, pero fue inexplicablemente puesto en libertad.

 

Los destrozos de Gustav se suman al problema de falta de viviendas, endémica en la isla desde los inicios de la “revolución” castrista. Según se reporta preliminarmente, hay una afectación calculada en más de 100 mil casas destruidas. Esta cifra alarmante se suma al déficit provocado por otros huracanes de años anteriores, hasta conformar una situación que el fidelismo no tiene (ni sabe) como resolver. No es que no exista la voluntad de hacerlo, es que no existe la libertad empresarial necesaria para resolver la situación, al nivel que ha llegado.

 

Los métodos centralizados en el estado para la solución de los problemas, en la agricultura por ejemplo, ya demostraron su ineficacia, reconocida hasta por el gobierno castrista. A punto estaba el gobierno de similar reconocimiento en el área de viviendas. Sucesivos incumplimientos en los planes de fabricación de casas, planes que nunca fueron prioridades en la isla, han creado una situación explosiva en esta área, que se suma a la falta de alimentos de manera alarmante. ¿Será el fidelismo capaz de tirar al país de la situación calamitosa en que la naturaleza y la ineficiencia gubernamental han colocado la isla, sin sacrificar al pueblo cubano?

 

No es posible afrontar un plan de reconstrucción de viviendas, o de obtención de alimentos para las víctimas del desastre, basado en los resortes económicos comunistas que han empobrecido el país. El pueblo cubano está agotado psicológica y humanamente y lo que pudiera sobrevenir en medio de la hambruna y la desesperanza generalizada es una estampida masiva desde la isla a la Florida, como nunca antes los gobiernos de EUA y Cuba han imaginado.

 

Nadie cree ya en Cuba en “incentivos morales”. Ninguna familia que ha perdido su casa y lo poco que tiene --ahora o antes-- será capaz de dar crédito a las promesas de ayuda, que no sea dentro en un plan que eche por tierra los principios que hasta ahora han primado en la sociedad de mendigos que el castrismo implantó en la isla. La situación es sumamente grave.

 

Bajo estas circunstancias se favorecen los planes raulistas de implantar en la isla el sistema copiado de China, a pesar del dictador retirado. No hay como hacerle frente a una situación tan grave en la isla aplicando los ineficientes métodos fidelistas en la economía. En la política, por desgracia, Raúl continuará tratando de mantener la dictadura a un nivel incluso superior, sobre todo si sus generales consiguen resolver la compleja problemática que ahora enfrentan.

 

Veremos si verdaderamente el equipo de Raúl tiene voluntad de poner las necesidades de los cubanos por sobre el tradicional fidelismo fracasado. En momentos como este es que pueden surgir soluciones similares, en la economía, a aquellas por las que hemos esperado medio siglo. En medio de la penuria provocada por la incapacidad gubernamental (y una ideología fracasada) la naturaleza pone a prueba el sentido común de los gobernantes actuales, porque es claro que el fidelismo no resolverá esta dura y triste situación sin un cambio radical y profundo. El modelo chino quizá sea implantado de golpe ahora, liberando la economía del control del estado. Sería el inicio de un camino que conduce inexorablemente a la democracia política que tanto necesita y añora el pueblo cubano; lástima que para llegar a comprender el fracaso fidelista, haya habido que pasar por una situación tan extrema como esta.

 

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