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Artigos: Latinoamérica Democrática
CARTA ABIERTA AL CANTANTE COLOMBIANO “JUANES” PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 20 de Diciembre de 2009 21:16

Por Jorge Hernández Fonseca

7 de Agosto de 2009

 

Leo en la prensa mundial su intención de dar un concierto en la plaza de la revolución, en Cuba. El gesto suena bonito, porque sería dedicado a un pueblo oprimido por una dictadura totalitaria, bastante más opresiva que las dictaduras que sufre tradicionalmente Nuestra América.

 

Si no fuera porque aquellos que en la isla tiranizan al mártir pueblo cubano, son los mismos que todavía hoy apoyan y sustentan con armas y dinero a los guerrilleros que enlutan su precioso país –Colombia-- a Dios le pediría que bendijera su hermoso gesto.

 

Si no fuera porque miles (sí, miles) de cubanos jóvenes --como lo es Ud. hoy-- cayeron asesinados por causas políticas en los paredones de fusilamiento de la misma dictadura que le permitirá cantar en su patio, a Dios le pediría de todo corazón agradecer su arte.

 

Si no fuera por la existencia traumatizada de decena de miles de jóvenes idealistas --también con su edad, ayer-- que sufrieron largos e injustos años de terrible ensañamiento carcelario por causas políticas, a Dios le pediría por el mayor éxito posible para su presentación.

 

Si no fuera porque todo el que se arriesga a mezclar su nombre con el de un dictador soberbio y discriminatorio, sufre posteriormente del síndrome de culpa por haber sido usado como una simple herramienta, a Dios le pediría que le ayudara a organizar en mejor show de su vida.

 

Si no fuera porque la dictadura tomará las medidas adecuadas para que Ud. en su concierto no hable nada sobre libertad, democracia y tutela obligada de los carneros, a Dios le pediría que le diera coraje para hablar el lenguaje rebelde que la juventud cubana hoy quiere escuchar.

 

Si no fuera porque comprendo humanamente --desde ahora-- su sabida autocensura durante la fiesta, y su posterior justificación asociada al respeto que había que tener sobre los “asuntos internos” de un país hermano, a Dios le pediría que lo iluminara en la hora cierta.

 

Si no fuera por las balas asesinas que en su país –Colombia-- mataron y continúan matando tantos inocentes, enviadas a su tierra por las mismas manos que firmarán la autorización de su concierto, a Dios le pediría para que le diera luz durante esa noche especial.

 

Si no fuera porque la quinta parte de los cubanos no podrá asistir a su concierto en la isla, por estar desterrados lejos de su patria y su familia por razones políticas, a Dios le hubiera pedido que le diera la dicha de potenciar lo mejor de su música ante un pueblo esclavo.

 

Si no fuera porque Ud. ha invitado a su concierto a otros jóvenes artistas, que creen que Che Guevara no es un asesino sino un aventurero desinteresado y que el dictador es un libertador y no un déspota, le pediría a Dios que iluminara su pensamiento antes de subir al escenario.

 

Pero como desgraciadamente nada de esto va a ser posible, mientras haya opresión en Cuba:

 

A Dios le pido que la ignominia no lo mancille siendo genuflexo ante el tirano.

 

A Dios le pido que nunca más su patria –Colombia-- sea traicionada por la dictadura a la que servirá.

 

A Dios le pido que la terrible idea de “dictaduras buenas” sea erradicada del lenguaje universal.

 

A Dios le pido no perdonar, si la soberbia traiciona los principios.

 

A Dios le pido que el gallo cante tres veces antes de subir al escenario que lo enlodará para siempre.

 

Artículos de este autor pueden leerse en http://www.cubalibredigital.com

 

Última actualización el Domingo, 20 de Diciembre de 2009 21:28
 
EL SÍNDROME DEL VICE DEPENDIENTE PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 20 de Diciembre de 2009 21:25

Jorge Hernández Fonseca

2 de Mayo de 2009

 

A pesar de ser muy conocida, la tendencia de tratar de legar el poder a súbditos incondicionales ha ocasionado más de un fracaso rotundo en una pretendida sucesión amañada. Se trata de un fenómeno asociado a la tendencia (casi universal, tanto en la derecha como en la izquierda) de aquellos aspirantes a gobernantes vitalicios (y autoritarios) que detentan el poder central, de seleccionar candidatos a sucesor en ese poder central –cuando hay necesariamente que hacer el relevo, bien sea a través de elecciones o simplemente por sucesiones obligadas-- a personas atadas política y afectivamente al gobernante autoritario, que pretende así perpetuar su voluntad política manejando tras bambalinas los hilos del poder supuestamente “delegado”.

 

Ejemplos hay muchos, sobre todo en aquellos procesos pretendidamente “revolucionarios”, cuando no hay en la filosofía política asociada ninguna norma que los eternice en el poder como “dictadores legales”, como sucedió en la vida política mexicana durante más de medio siglo y como también sucedió con Franco en España, ejemplificando el lado de la derecha. O como hicieron Stalin en Rusia y Fidel Castro en Cuba, que sí tenían en su arcabuzo ideológico normas que justificaban la dictadura sin la necesidad de alternancia, por el lado de la izquierda.

 

Precisamente en estos momentos hay un caso --que pudiera en el futuro ser emblemático-- de una sucesión por elecciones donde el actual presidente quiere dejar un sucesor dependiente de su voluntad futura. Se trata del caso brasileño, donde el presidente Lula da Silva ha nombrado una sucesora, desconocida y poco popular, nunca antes electa a cargo púbico alguno, con el único objetivo de continuar manejando tras bambalinas las deliciosas riendas del poder.

 

Y es el caso de la sucesión obligada que por causa de la enfermedad grave del dictador cubano lo obligara a nombrar a su hermano, también impopular (aunque conocido en la isla) como sucesor designado a ocupar de forma vitalicia las riendas del poder. Otro incondicional.

 

Claro que son dos casos diferentes. En Brasil existe una democracia más o menos consolidada y un presidente popular, que ha rechazado la tentación de eternizarse por la vía constitucional en el poder, como sí lo ha hecho Hugo Chávez en Venezuela, ejemplo que pretenden seguir Álvaro Uribe en Colombia, Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador.

 

Estamos ante tres casos diferentes del mismo fenómeno analizado. En Cuba, existe una filosofía escrita y aceptada de “dictadura del proletariado” que oficial e ideológicamente endiosa al gobernante de turno, autorizándolo a definir cualquier (literalmente “cualquiera”) alternativa sucesoria sin que nadie lo cuestione. En el caso de Venezuela, Bolivia y Ecuador, se ensaya una variante de la dictadura cubana, dando un viso constitucional a la eternización del gobernante autoritario en el poder, mecanismo que quiere aprovechar Uribe en Colombia. En el caso de Brasil, lo que quiere Lula es eternizarse en el poder a través de una incondicional.

 

Lula y Uribe son presidentes populares de tendencias contrarias --el primero de izquierda y el segundo de derecha-- que han hecho excelentes trabajos al frente de sus gobiernos, pero que como humanos han probado la “miel del poder” (de la que disfruta Fidel Castro hace 50 años y por eso se ha referido a ella con propiedad) y quieren perpetuarse de manera más o menos disimulada, lo que viene a confirmar esa perniciosa tendencia de personalizar el poder político.

 

Chávez, Morales y Correa son admiradores de Fidel Castro y adorarían poder hacer en sus países lo que se hace en Cuba. Sin embargo, hay que reconocer el esfuerzo político que implica intentar implantar una “dictadura del proletariado” por las vías constitucionales, aunque esta Constitución previamente haya sufrido cambios que favorecen el autoritarismo.

 

En esto el “caso Cuba” es proverbial. Aprovechando los ejemplos anteriores y las lecciones que la historia nos brinda respecto a esta tendencia (pudiéramos decir que antropológica, casi todos los que prueban el poder quieren eternizarse en él) queremos hacer un análisis del futuro --a medio plazo-- que la decisión cubana tiene asociada a la sucesión de Raúl en lugar de Fidel.

 

En primer lugar, resulta muy claro que la sucesión cubana se dio obligado por las circunstancias de una enfermedad de gravedad mortal. Superada esa enfermedad, Fidel ha continuado mandando, no a través de Raúl (como pretende hacer Lula en el futuro, si consigue hacer su sucesora) sino directamente a través del periódico, desmintiendo a Raúl y colocándolo ‘en el lugar que le corresponde’ como segundo al mando. Ha habido con seguridad diferencias fuertes entre ambos, que probablemente haya ocasionado discusiones y distanciamientos. Pero estas diferencias han afectado muy poco la dependencia política y afectiva que Raúl tiene de su hermano.

 

No obstante lo anterior, hay sí muy serias diferencias entre los equipos de trabajo de Fidel y Raúl. Diferencias que han trascendido mediante purgas de los hombres de Fidel, que han caído en las trampas preparadas por la policía política manejada por los hombres de Raúl y que han podido ser presentadas ante el anciano dictador como verdaderas traiciones. Es evidente que la sucesión en Cuba, si se hubiera hecho (aún dentro del partido comunista) por la capacidad probada, la juventud necesaria y la meritocracia demostrada, las riendas del poder hubieran recaído en alguno de los dirigentes jóvenes recientemente purgados (precisamente por eso fueron purgados) y es en este procedimiento que va implícito el germen de la autodestrucción del poder autoritario que ahora detenta Fidel, pero que los hombres de Raúl aspiran a detentar.

 

De la misma manera que --a medio plazo-- Uribe fracasará en Colombia si insiste en perpetuarse en el poder, Chávez en Venezuela, Morales en Bolivia, Correa en Ecuador y Lula en Brasil, Fidel Castro cava su propia tumba (la suya está garantizada, cava la tumba de su ‘revolución’) con el procedimiento sucesorio rauliano, chapucero, purgador y divisionista (por el odio que se profesan los equipos auxiliares de Fidel y Raúl) que pretende continuar con una dictadura anacrónica y discriminatoria hacia los cubanos, como nunca hubo otra similar en Latinoamérica.

 

No se trata de prestidigitación ni de crítica a una ideología en bancarrota, es el proceso sucesorio de un segundón incompetente lo que marcará el fin de la dictadura cubana, como marcará el fin de todo proceso sucesorio que no sea guiado estrictamente por la meritocracia y la necesaria alternancia en el poder central, con visiones diversas y necesariamente diferentes.

 

Artículos de este autor pueden leerse en http://www.cubalibredigital.com

 

 
CUMBRE DE LAS AMÉRICAS. LUCES Y SOMBRAS PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 20 de Diciembre de 2009 21:32

Jorge Hernández Fonseca

19 de Abril de 2009

 

A pesar de la falta de unanimidad para la firma de la declaración final, acaba de concluir la V Cumbre de las Américas en Trinidad Tobago con un ribete verdaderamente histórico por la manera de comportarse el presidente de los Estados Unidos de América hacia sus homólogos de la región, así como por los resultados de los contactos entre los presidentes participantes.

 

La Cumbre, como se esperaba, tuvo dos estrellas: una presente y dialogante, contemporizadora y directa, el flamante presidente norteamericano Barck Obama, que no dudó despejar desde el principio sus intenciones de hablar directamente con Hugo Chávez. La otra, ausente, no tan dialogante o contemporizadora, pero si muy apoyada por el resto de los presidentes: Cuba.

 

El hecho que la isla haya sido el centro de debates y de las atenciones durante la Cumbre nos lleva de la mano a hacer un análisis no centrado en un punto de vista único, sino en una dualidad de puntos de referencias, por la dicotomía que implica abordar el “tema Cuba” en el contexto latinoamericano sin jerarquizar (como se debería haber hecho) los valores democráticos, la libertad y la dignidad de los cubanos oprimidos por 50 años de dictadura.

 

Obama, la otra estrella del cónclave, se vio cercado por dos maneras diferentes de abordar el tema Cuba: la primera de ellas, de mucho poder de convocatoria encabezada por Chávez --que el día anterior llamó a Caracas a los países miembros del ALBA para componer sus puntos de vista-- y otra dirigida por Lula da Silva, que previamente se había reunido con Obama en Washington para interceder por la dictadura cubana. En ambos casos, los intereses del pueblo cubano de la isla fueron ignorados y se defendió sin ambages la dictadura castrista.

 

Lula pretendió llevar a Raúl a la Cumbre de Trinidad, para provocar el primer encuentro de contendientes en un terreno propicio al diálogo. Chávez no quería un acercamiento tan abrupto, en parte por razones asociadas al antagonismo que profesa a EUA y en parte porque de esa manera, él no podría acaparar --como finalmente lo hizo-- los mejores momentos de la Cumbre al lado del presidente Obama. Las estrategias chocaron y prevaleció la voluntad de Chávez.

 

Tanto Lula como Chávez insistieron en introducir el tema Cuba colocando la isla como víctima del “coloso del norte” y sin culpar de absolutamente nada a su gobierno represivo, victimario del pueblo cubano. De ahí el enfoque doble que es necesario hacer de los resultados de una Cumbre en la que el único perdedor, por ignorado, fue el pueblo cubano, aunque el consenso generalizado es que el encuentro presidencial fue un verdadero éxito.

 

Por un lado, un Obama estructurando una nueva estrategia política de distensión hacia la Habana (llevándolo a callar ante los reclamos que Latinoamérica le hizo en defensa del gobierno castrista). Por otro lado, la ausencia de una voz digna que jerarquizara los valores democráticos para la isla y su pueblo entre los presidentes, lo que sirve adicionalmente para continuar sometiendo al pueblo de Cuba al peor ambiente dictatorial que nación alguna sufrió en toda la historia latinoamericana. En ese punto, la Cumbre fue una verdadera vergüenza.

 

Por otro lado, Obama tuvo que enfrentar un cúmulo mayúsculo de problemas acumulados por EUA con sus vecinos, los que sorteó cediendo por el flanco que más perjudicó los valores libertarios: sacrificó al sufrido pueblo cubano, que no fue siquiera mencionado dentro del cónclave (hablamos del pueblo cubano, no de su gobierno represivo). Esta Cumbre tuvo muchas luces, pero la gran sombra de no haberse solidarizado con las víctimas de la dictadura cubana, figurará (para los cubanos) como el peor baldón en la obscuridad de la larga noche que se ha abatido sobre el pueblo de la isla, distorsionando su pasado, su presente y su futuro.

 

Esta duplicidad de enfoques debe ser hecho a la luz de una verdad como un templo: Obama permitió que “el problema cubano” continuara siendo dilucidado como estando asociado al diferendo político entre Cuba y Estados Unidos. El problema cubano real es la dictadura que oprime a su pueblo y no la política exterior de los EUA. Este asunto --de nuevo-- no quedó claro en la Cumbre, en la que triunfó --aceptado por Obama-- que es EUA la esencia del problema, mientras el pueblo de la isla se mantiene oprimido por la bota dictatorial, que no sufrió en el embate de la Cúpula siquiera un arañón por parte de ninguno de los presidentes presentes.

 

Fuera de esta dicotomía respecto a lo que se discutió y lo que debería haberse discutido sobre Cuba –principal sombra del cónclave-- la Cumbre de Puerto España tuvo también sus luces evidentes: Estados Unidos retomó el diálogo con Venezuela y Bolivia y disminuyó la tensión con Nicaragua y Ecuador. Adicionalmente, la percepción de un presidente norteamericano menos estereotipado, según la difundida imagen que hace de él la izquierda, contribuyó (y en el futuro contribuirá) a disipar modelos negativos contra EUA en Latinoamérica, lo que favorece el clima internacional de la América Latina, en relación a un vecino del norte menos altanero.

 

El exilio cubano de Miami hizo llegar un anuncio pagado en la prensa escrita de Trinidad Tobago, lo que dice mucho del espíritu de lucha que subsiste en amplios sectores de la oposición cubana fuera de la isla. El Movimiento Cristiano de Liberación por su parte, también envió un mensaje dirigido a los presidentes de la Cumbre, así como numerosos opositores, presos políticos y otros valiosos luchadores pacíficos desde el interior del país.

 

No obstante lo anterior, la falta de una institución representativa de la oposición política cubana se ha hecho sentir en estos debates definitivos, donde su falta redundó en una concesión que se hace a la dictadura, porque le deja el campo expedito para que sus puntos de vistas sean los asumidos por la Cumbre y se hable de la dictadura cubana como representante de su pueblo.

 

A partir de los resultados positivos para la dictadura decurrentes de la Cumbre, se abre ahora un período doblemente perjudicial para los intereses democráticos cubanos. Por un lado, el cambio de política de Obama, que si bien no se encamina a apoyar el régimen cubano de manera directa, implican medidas y conversaciones, todas las cuales redundarán --de inicio-- en un beneficio directo a la estructura dictatorial. En este sentido la apuesta de Obama es un tanto arriesgada al hacer lo que la dictadura siempre ha pedido de EUA, con la esperanza que este cambio de política termine ayudando de manera indirecta a la democratización de la isla.

 

Por otro lado Cuba ya se encamina, totalmente reconocida en el ámbito interamericano, a un estatus de participación en todas las instituciones regionales (a pesar de ser una dictadura represiva) lo que representa un paso adelante en la consolidación del régimen raulista en la isla, en detrimento de los luchadores internos y externos por la libertad de los cubanos.

 

No caben dudas que la recién concluida Cumbre ha tenido sus luces, básicamente asociadas a la nueva atmósfera americana provocada por la actitud abierta y directa del presidente Obama, así como ha tenido sus sombras, todas ellas asociadas a la visión distorsionada que la dictadura cubana ha sabido sembrar entre los países latinoamericanos sobre la realidad interna cubana y a la puesta en práctica del cambio de política de Obama respecto a Cuba.

 

No obstante los resultados adversos analizados, la lucha del pueblo cubano debe continuar en pos de sus derechos democráticos. Este revés de la Cumbre debe servir de acicate para concientizarnos de la necesidad de luchar por tener representantes de consenso ante las instituciones internacionales, que puedan hablar a nombre de la oposición política cubana de dentro y fuera de la isla. No hacerlo, sería continuar dejándole el terreno abonado a los generales de Raúl, que a la muerte de Fidel --y ahora con el beneplácito de EUA-- continuarán la segregación política, económica y social, que ha hundido en el lodo a la Nación cubana.

 

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OBAMA, AMÉRICA LATINA Y CUBA 2009 PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 20 de Diciembre de 2009 21:38

Jorge Hernández Fonseca

8 de Abril de 2009

 

Después de su primera –y exitosa-- gira por Europa, donde brilló negociando y cediendo ante una Unión Europea escéptica frente a una crisis importada e impuesta por Norteamérica, Barack Obama enfrenta ahora el reto de reunirse con líderes latinoamericanos en la Cumbre de las Américas, a celebrase en Trinidad Tobago dentro de pocos días, coincidiendo con el cuadragésimo octavo aniversario de la invasión cubano-norteamericana de Bahía de Cochinos.

 

La fecha de la Cumbre no deja de ser una coincidencia, sobre todo en momentos que Estados Unidos prepara otra invasión a la isla, esta vez para negociar con la dictadura. Como preludio a la “invasión” en ciernes, un grupo de congresistas estadounidenses negros ha visitado la Habana entrevistándose con ambos hermanos Castro, avanzadilla de lo que se avecina.

 

Obama lo había proclamado a voces durante su campaña electoral y ahora no hace otra cosa que materializar sus promesas: establecerá relaciones más estrechas con la dictadura cubana, con lo que probablemente cesará el apoyo efectivo y moral a la oposición política cubana. Este será, con mucho, el mayor daño que se le hace a la democracia y a la libertad universal.

 

Hay dos razones poderosas para que la política norteamericana hacia la dictadura cubana cambie de dirección y sentido: por un lado, Fidel Castro y su hermano Raúl han sabido manejar los factores simbólicos de sus luchas contra “el imperialismo”, calando hondo en Latinoamérica y en grandes sectores de la intelectualidad “progresista” norteamericana, incluyendo sectores influyentes del partido demócrata de EUA; por otro lado, la crisis económica, social y moral por la que atraviesa la isla (desde hace 50 años) sumada a la crisis financiera y económica mundial actual, desaconsejan una política hostil de EUA hacia el gobierno de la isla, que pudiera provocar, a la muerte del dictador, un indeseable éxodo masivo de cubanos hacia la Florida.

 

La prensa norteamericana (y la cubana) exponen otras razones diferentes para este cambio de política estadounidense hacia la dictadura. Estas también existen, pero son colaterales; algunas de connotación política, otras económicas y el resto humanitarias. Sin embargo, los promotores del cambio de política –fuera de las dos razones antes expuestas-- son invariablemente antiguos “amigos de la dictadura en Cuba” que aprovechan para monopolizar el momento.

 

Obama enfrenta la Cumbre de las Américas precedido de un triunfo en la reunión del G-8, donde supo aceptar en consenso. De otro logro en la reunión de la OTAN, donde consiguió aumentar las tropas europeas en Afganistán. Y finalmente, de una fructífera gira por Turquía e Irak, que lo dignificó adicionalmente.

 

La problemática latinoamericana es diferente y el tema Cuba amenaza con monopolizar las discusiones de la Cumbre, precisamente en sentido contrario de cómo debería enfocarse este importante tema (no resuelto) en el subcontinente. La ideología que subsiste detrás del tema Cuba en la próxima Cumbre no es el marxismo ni la “revolución latinoamericana”. Salvo dos o tres países financiados por el chavismo, el resto de Latinoamérica es básicamente animada por el espíritu anti-norteamericano que Castro ha sabido explotar adecuadamente en su favor.

 

En lugar de debatirse en Trinidad Tobago el tema Cuba en su contexto democrático, la mayoría de los países del Cono Sur lo que pretenden es poner a la defensiva a Obama como supuesto líder de un país agresor a la soberanía de una islita “inofensiva”. El nuevo presidente de EUA no tiene compromisos con las políticas anteriores de sus pares respecto a Cuba, pero tiene un compromiso democrático, igual que el resto de la región, con la libertad y el decoro de los cubanos. Es ese el rumbo que Obama debería imprimir a las discusiones respecto a Cuba.

 

Es una verdadera lástima que los cubanos hayamos perdido interlocución con el gobierno de los Estados Unidos, como es un verdadero crimen contra los intereses de la Nación cubana, que sus mejores hijos no se hayan puesto de acuerdo respecto a un frente único tan necesario en estos momentos decisivos. Recientemente hubo de celebrase el Congreso de los ex-presos políticos cubanos, una organización potencialmente unitaria porque en la misma coexisten militantes de todas las organizaciones cubanas, lo que de haberse materializado como un “frente” pudiera haber sido un paso de calibre para hacernos de una voz única en el contexto político nacional e internacional actual.

 

Detrás de las verdaderas razones de Obama hay –claro-- muchos intereses económicos norteamericanos que hasta ahora han visto como España se reparte los despojos de sus antiguas empresas en la isla y ahora entrarán en el festín. Las cosas en este sentido cambiarán, pero los cubanos continuaremos siendo “ciudadanos de segunda” (como hasta ahora) dentro de la isla. Fuera de la misma no se vislumbran movimientos positivos adicionales.

 

Para los demócratas cubanos, claro que este movimiento estadounidense va en contra de nuestros sagrados intereses nacionales. Estados Unidos era hasta ahora, casi exclusivamente, el único país que apoyaba en la isla la lucha contra la dictadura. Obama no tiene por qué cambiar ese enfoque, aunque sus razones lo lleven a negociar con el tirano, a no ser que otros intereses políticos mayores lo lleven de la mano a compromisos contra la Nación cubana.

 

Los cubanos perderán un aliado en su lucha por la democracia para Cuba, pero probablemente no ganarán por eso necesariamente un enemigo de esa lucha. Mucho depende del tesón y la continuidad de la lucha paciente y efectiva de los cubanos dentro de EUA, en el camino de la lucha democrática. En este sentido, los congresistas y senadores cubano-americanos juegan un papel inestimable, así como las organizaciones cubanas dentro de los Estados Unidos.

 

Como es previsible un futuro de relaciones normales Cuba-EUA, también debe ser  previsible un cambio de enfoque en la lucha de los cubanos por su libertad sin dar pasos de retroceso. Aquellos pocos cubanos que vinculaban sus luchas por la democracia para la isla a la actitud de los Estados Unidos, probablemente cesarán en su empeño. Sin embargo, aquellos que llevamos a Cuba en nuestros corazones, jamás dejaremos de luchar por un futuro mejor para la Nación cubana, como sagrado compromiso por las desventuras actuales o venideras.

 

Las decisiones futuras de Obama asociadas al cambio de política de Estados Unidos hacia Cuba favorecerán sin dudas a la dictadura castrista. Es una batalla aparentemente perdida, pero para nada significa el haber perdido la guerra. Los turistas norteamericanos no llevarán la democracia a la isla, ni el comercio EUA-Cuba establecerá bases que no sean de beneficio para los generales de Raúl en su empeño por implantar su “modelo chino”.

 

Por todo eso y porque en las razones de nuestra lucha no estaba asociado al incentivo de Estados Unidos --a no ser por su ejemplo de sociedad libre-- los cubanos demócratas debemos continuar, en otro plano y con otros planes, la lucha por dignificar la Nación cubana del futuro.

 

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LA AMÉRICA LATINA QUE ENCONTRARÁ BARACK OBAMA PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 20 de Diciembre de 2009 21:53

Jorge Hernández Fonseca

21  de Diciembre de 2008

 

Acaba de concluir en El Salvador de La Bahía, Brasil, un importante cónclave múltiple con la presencia de la mayoría de mandatarios de los países sudamericanos, de la América Central y del Caribe, en la que, para continuar la contradictoria política tradicional de la región respecto al drama cubano, el dictador sustituto, Raúl Castro fue recibido como una estrella en ascenso.

 

Para el pueblo cubano de dentro y fuera de la isla que sufre las consecuencias de medio siglo de férrea dictadura, este proceder con Raúl Castro se hace inexplicable, si consideramos que a dictadores de la región, como Augusto Pinochet por ejemplo, no se hubiera siquiera convidado a la reunión. Este procedimiento vergonzoso de América Latina contra el cubano simple que sufre, dará lugar seguramente a políticas reactivas del futuro gobierno democrático de la isla.

 

No obstante lo anterior, existe la necesidad de realizar un análisis de lo sucedido, a la luz de las nuevas tendencias que se insertan en el acontecer latinoamericano de hoy. En primer lugar, la reunión de La Bahía se escenifica en medio de en una fuerte puga por el liderazgo de Latinoamérica. Por un lado, la izquierda de tendencia beligerante compuesta por Hugo Chávez (Venezuela), Evo Morales (Bolivia) y Rafael Correa (Ecuador), enfrentada a la izquierda responsable de Lula da Silva (Brasil), Michelle Bachelet (Chile) y Tabaré Vázquez (Uruguay), ante un grupo de actores indecisos, como el obispo Lugo, presidente de Paraguay y la presidenta de Argentina, Cristina Kirchner. Los actores del centro y la derecha continental, como Alán García (Perú) y Álvaro Uribe (Colombia) simplemente hicieron mutis de la reunión.

 

Existen fuertes indicios de que Raúl Castro tenía la intención de viajar directamente a Brasil sin pasar por Venezuela, como finalmente fue obligado a hacer. Ya lo había anunciado, cuando desde Caracas (y seguramente de acuerdo con el dictador cubano mayor) se escuchó “el pito” de alerta anunciando que el primer viaje suyo sería a Venezuela. Raúl reaccionó como quien no sabe lo que ocurre: “¿…que voy a Venezuela?; ¿cuándo hay que ir a Venezuela?; si mi sobrino lo dice, pues habrá que ir a Venezuela”…, palabras del propio Raúl que ratifican esta hipótesis.

 

Las razones de Raúl queriendo marcar distancia de Chávez son claras. Primero, da una nítida noción de independencia en las posiciones internacionales de su hermano Fidel; segundo, atiende a un llamado del presidente brasileño Lula da Silva, que consiente del sentido personal de independencia que necesita mostrar Raúl en estos momentos, aprovechó para darle una salida que demostrara ante la opinión pública latinoamericana sus reales deseos de “cambios”.

 

Había sin embargo dos razones, al menos, que harían imposible la ida directa de Raúl al Brasil en su primer viaje internacional: primero, el país que ha heredado de su hermano (una monarquía al estilo Corea del Norte) depende totalmente de la Venezuela de Chávez; y segundo, el hermanísimo aún con vida, no podía permitir un desaire semejante contra el que ha declarado como su sucesor político en Latinoamérica. Raúl fue obligado a ajustar su itinerario.

 

Aparentemente, Lula da Silva quiere dar soporte político y económico a Raúl, en el supuesto caso que decida hacer cambios sustanciales hacia la democracia a la muerte de Fidel. Por su parte Chávez, pretende controlar, “en nombre de un Fidel fallecido”, los cambios que los generales de Raúl programan para la isla a la muerte del dictador mayor. Esta fue la lucha que subyació en las Cumbres de La Bahía y la razón por la que Lula convidó Raúl Castro a Brasilia.

 

Hugo Chávez por su parte y mientras Raúl Castro compartía animadamente con los presidentes asistentes a las citas, demoró su llegada a los cónclaves (como él no era el hombre clave hizo mutis parte del tiempo) llegando sólo para remarcar la presencia de Cuba en el seno de las principales organizaciones regionales, aunque todas ellas fueran lideradas por Lula da Silva.

 

Fue una “jugada” insertada en la pugna Lula-Chávez. Lula conseguía la entrada de Cuba en el importante Grupo de Río, Chávez reafirmaba que “Raúl es mío”. Nada destacado, fuera de esta pugna “izquierda ‘light’ vs. Izquierda ‘hard’” se debatió en La Bahía. Mientras tanto, países tan importantes en la América del Sur, como Colombia y Perú, enviaban delegaciones insignificantes a las Cumbres, como para destacar su distancia de esa lucha entre izquierdistas.

 

En el plano general, y a pesar que en las Cumbres sólo sobresalieron las caras de Raúl y las izquierdas regionales, Chávez, Correa y Morales, junto (pero no revueltos) a Lula, Bachelet y Tabaré, Latinoamérica camina hacia el centro del espectro político.  Hace pocas semanas Chávez sufrió un revés político de proporciones amazónicas en las elecciones municipales; el partido de Lula sufrió el suyo recientemente, también en las elecciones municipales, así como el partido de la concertación de la izquierda chilena, en la mayoría de los municipios de ese país.

 

Evo Morales por su parte enfrenta una rebelión cada vez más activa, mientras no se cansa de cometer pifias que le restan popularidad y muestran su rostro de pretensiones hegemónicas. Correa en Ecuador, con el “default”, ha entrado en el embudo que conduce inevitablemente a la ruina económica de su país, castigado adicionalmente por la baja de los precios del crudo. Por otro lado, parece difícil de repetirse el triunfo izquierdista en Uruguay, mientras el obispo gobernante en Paraguay no se atreve a delinear, ante la adversidad, una política definida.

 

Mientras esto ocurre en el campo de la izquierda continental, el campo de la derecha --y el centro-- no hay virajes predecibles hacia la beligerancia, salvo en El Salvador, donde un antiguo grupo guerrillero amenaza con hacerse del gobierno, si consigue (como ya lo hizo Ortega en Nicaragua, que ha apelado a todo tipo de ilegalidades para no ser derrotado en las urnas) engañar al pueblo salvadoreño con promesas que después se tornarían imposibles de cumplir sobre todo ahora, cuando Chávez no tiene la chequera que la baja del petróleo ya le quitó.

 

En ese contexto, un país latinoamericano políticamente importante se torna cada vez menos significante: México. Acosado por la izquierda beligerante interna, Felipe Calderón --para compensar-- ha adoptado una posición “izquierdista” en su política exterior (traiciona a los balseros cubanos, enviándolos de nuevo a las manos del dictador, y propone en Brasil la creación de “una OEA sin EUA”). Esta posición mexicana, incomprensible interna y externamente, probablemente le traerá problemas a un presidente traidor por partida doble.

 

Es en el complejo panorama anterior que Barck Obama tendrá que delinear una política hacia Sudamérica. La creación de una organización política de los países del subcontinente sud y centroamericanos, será un incentivo adicional que obligará al flamante presidente de EUA a prestar más atención a la región, y esto sería ya un punto positivo. El anhelo fidelista de una organización (sin EUA) pero que compita con la OEA, al materializarse en 2010, pudiera hacerlo sin estar necesariamente en manos de la izquierda beligerante como se ha visto, y pudiera ser la “piedra de toque” para que finalmente EUA decida hacer con Latinoamérica lo que Europa ha hecho con todos los países de su región, cosa que hasta ahora EUA no había contemplado.

 

En cualquier caso, Raúl será cada vez más presionado a insertarse en el contexto de la izquierda democrática; Chávez estará anulado por la baja de los precios del petróleo, y con ello sus secuaces, como Evo y Correa, al igual que el obispo Lugo, quedarán a merced del Brasil de Lula da Silva (que tendrá un sucesor de centro, no de izquierda), configurando un panorama que abre las puertas para una integración continental sin los complejos anti-EUA de hoy día.

 

Si Barack Obama es bien asesorado y adopta las políticas adecuadas, la región podría pasar, de ser un adversario, a ser un aliado estratégico de EUA en un mundo que se une en bloques.

 

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