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Cuba


Maduro y el castrismo: dos alpinistas en la misma cuerda PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Viernes, 29 de Marzo de 2019 04:45

 


Por FABIO RAFAEL FIALLO.- 

Si Nicolás Maduro ha podido seguir usurpando el poder en Venezuela —a pesar del masivo descontento popular y la creciente presión internacional— se lo debe en gran medida a los miles de agentes castristas que, infiltrados en las fuerzas armadas y otras ramas del Estado, vigilan y espían a los cuerpos castrenses venezolanos, a los que proveen adiestramiento para reprimir, empleando la tortura, a los militares dispuestos o proclives a reconocer y sostener al presidente encargado de Venezuela, Juan Guaidó.

Por su parte, el régimen castrista podría difícilmente sobrevivir por largo tiempo, en las actuales circunstancias, sin el maná petrolero que ha venido recibiendo de Venezuela desde que Chávez llegó al poder en aquel país.

Como dos alpinistas que escalan una montaña ligados a una misma cuerda, los regímenes de Cuba y Venezuela tienen sus destinos atados el uno al otro. Así, pues, si el chavismo colapsa en Venezuela, no se puede descartar que arrastre consigo al castrismo en Cuba.

Es por ello que el desplome económico de la Venezuela chavista, unido al acorralamiento diplomático y financiero a que está sometido hoy el régimen usurpador de Caracas, es capaz de poner en jaque al régimen cubano.

Un suministro de petróleo declinante

El primer elemento a tomar en consideración en el rompecabezas que nos ocupa es el hecho que el suministro de petróleo venezolano a Cuba —algo vital, cabe repetir, para la supervivencia del castrismo— ya no puede darse por descontado. En un lapso de 11 años, la producción de petróleo venezolano ha sufrido una caída de casi 70%: de 3,2 millones de barriles diarios en 2008, la misma se sitúa en un millón en la actualidad. El abastecimiento de petróleo a Cuba llega apenas a la mitad del nivel de 2012. Y como la producción de petróleo en Venezuela continúa su vertiginoso descenso (las previsiones indican que alcanzará tan solo 750.000 barriles en 2020), los aportes de crudo al régimen castrista están llamados a descender aún más.

Añádase a ello que, con el fin de aumentar la presión en contra de la camarilla que usurpa el poder en Venezuela, el Gobierno de EEUU contempla imponer sanciones financieras a las empresas que faciliten la exportación de petróleo venezolano a Cuba.

Ese tipo de sanciones, conocidas en la jerga jurídico-económica con el nombre de "sanciones secundarias" (pues no se aplican directamente al régimen que se pretende presionar, sino a las empresas y gobiernos que negocien con el mismo) han dado muestras de su efectividad. A guisa de ejemplo, cabe recordar que no son pocas las empresas europeas que se han retirado de Irán o se abstienen de comerciar con el régimen de los ayatolas, por temor a verse afectadas por las sanciones financieras impuestas por EEUU contra los países y empresas que negocien con dicho régimen. Por su parte, las sanciones secundarias impuestas por EEUU a firmas que negocian con el régimen de Nicolás Maduro han empezado a impactar la economía venezolana. Lo mismo podría ocurrir con aquellas que transportan a Cuba el petróleo venezolano.

El Inciso III de la Ley Helms-Burton

La incertidumbre con respecto al suministro de petróleo proveniente de Venezuela no es lo único capaz de quitarles el sueño a los jerarcas del castrismo. El Gobierno de EEUU ha manifestado su intención de utilizar —en represalia por el sostén que La Habana sigue brindándole a Maduro— lo que podría transformarse en un "arma de disuasión masiva" contra el régimen castrista, es decir: poner en aplicación el Inciso III de la Ley Helms-Burton, promulgada en 1996 durante la presidencia de Bill Clinton.

El inciso en cuestión, que los presidentes anteriores a Donald Trump se abstuvieron de aplicar, permite a los ciudadanos y empresas de EEUU (incluyendo a los cubanoamericanos) reclamar indemnización, ante los tribunales de ese país, por las expropiaciones realizadas por el régimen castrista a su llegada al poder a mediados del siglo pasado.

Que quede claro: las demandas de indemnización suelen durar años antes de ser zanjadas por la Justicia. Pero no por ello es menor el efecto disuasivo inmediato de ese tipo de conflictos: si el presidente Trump llega a poner en práctica tal disposición legal, las empresas tanto de EEUU como de terceros países lo pensarían más de una vez antes de invertir en Cuba y embarcarse en costosísimos gastos judiciales en EEUU, amén de correr el riesgo de tener que pagar, en un futuro, indemnizaciones a los antiguos propietarios de empresas ligadas a las que contemplan adquirir.

El reto es considerable: se estima que existen 6.000 demandas certificadas ante la Comisión de Liquidación de Reclamaciones Extranjeras de EEUU, por un monto muy superior a 9.000 millones de dólares, y alrededor de 200.000 reclamos de indemnización están pendientes de validación.

Así, pues, en caso de que se produzca la activación del famoso Inciso III, las perspectivas de inversión extranjera —que el régimen castrista necesita y busca con un marcado desespero— se ensombrecerían considerablemente.

No tiene nada de sorprendente que, oliendo el peligro, los jerarcas de La Habana se hayan apresurado a proponerle a EEUU negociaciones con respecto a los reclamos de propiedades.

Por temores similares, las compañías españolas MeliáIberostar, que juegan un papel clave en el sector turístico cubano, han comenzado a contratar los servicios de abogados en EEUU, previendo lo que les podría venir encima si llega a ser aplicado el Inciso III de la Ley Helms-Burton.

Esta no sería la primera vez que Donald Trump activaría una disposición legal de la que habían hecho caso omiso sus predecesores. Trump ya hizo algo semejante cuando, en diciembre de 2017, llevó a la práctica una ley adoptada en 1995 —cuya aplicación había sido postergada por sus predecesores— al trasladar a Jerusalén la embajada de EEUU en Israel.

Por todo ello, los jerarcas del castrismo tendrán que hilar fino y evaluar si el beneficio (en términos de suministro de petróleo) que derivan de seguir ayudando a Nicolás Maduro es superior, o por el contrario inferior, al costo económico y financiero que tal actitud puede acarrear en términos de la aplicación del Inciso III de la ley Helms-Burton y de eventuales sanciones secundarias contra el transporte de petróleo venezolano a Cuba.

Empleando el símil del alpinismo, el régimen cubano tendrá que sopesar si no sería mejor para ellos cortar la soga que lo liga a Nicolás Maduro antes de despeñarse junto a él.

Permanecer ligado al usurpador de Miraflores o romper mediante un oportuno sálvese quien pueda las ataduras con Maduro, es la cuestión existencial, hamletiana, a la que tendrá que responder el régimen castrista y su nuevo presidente, Miguel Díaz-Canel.

Las opciones del régimen cubano

Queda la cuestión práctica clave: ¿cuáles son las cartas que podría jugar (aún) La Habana con respecto al régimen de Maduro? No muchas, a decir verdad.

El régimen castrista podría abandonarlo simple y llanamente, repatriando a Cuba a sus miles de agentes y esbirros radicados hoy en Venezuela. Ya hizo algo semejante en el caso de Granada en 1983, cuando el presidente Reagan decidió terminar militarmente con la influencia castrista en esa isla y Fidel Castro no tuvo más remedio que repatriar de prisa y corriendo a sus agentes instalados en aquel país.

El problema es que la ecuación no es la misma: a diferencia de la Venezuela chavista, Granada no aportaba nada o poco a La Habana en el plano económico. La opción de abandonar Venezuela con la cabeza baja es además harto humillante, por lo que el castrismo la evitará en la medida de lo posible.

Como segunda alternativa, el régimen castrista podría tratar de jugar el papel de mediador en la formación de un Gobierno de transición en Venezuela, papel similar al que desempeñó en las negociaciones entre la guerrilla colombiana y las autoridades de Bogotá. Aquí también surge un problema, pues el castrismo se ha comprometido tan descaradamente con el régimen de Maduro que le sería imposible pretender asumir el papel de intermediario entre el chavismo usurpador y los representantes legítimos de Venezuela.

Al régimen cubano solo le queda por explorar una tercera opción, a saber: tomar la iniciativa de promover tras bastidores la salida de Maduro y su camarilla y tratar de instalar un Gobierno de transición en el que los intereses de La Habana (en términos de suministro de petróleo) puedan ser preservados, siquiera mínimamente.

La crisis del chavismo es la primera gran prueba que confronta el flamante presidente cubano Miguel Díaz-Canel, designado a dedo por la jerarquía castrista. Nadie puede aún vaticinar la posición que frente a Maduro finalmente adoptará. Lo que sí puede darse por sentado es que de esa posición dependerá en gran medida la viabilidad económica y supervivencia política del régimen que le ha tocado presidir.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Sábado, 06 de Abril de 2019 13:48
 
Las previsiones de la economía para 2019 son un brindis al sol PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Jueves, 28 de Marzo de 2019 03:51

José Luis Rodríguez ha dado cuenta de las previsiones del plan económico para 2019, no sin antes reconocer que "este año la economía mundial enfrentará una situación más compleja aún que la que estuvo presente en el 2018".

Por ELÍAS AMOR BRAVO.-

El exministro de economía castrista, José Luis Rodríguez, ha dado cuenta en un artículo publicado en Cubadebate, de las previsiones del plan económico de las autoridades para 2019, no sin antes reconocer que "este año la economía mundial enfrentará una situación más compleja aún que la que estuvo presente en el 2018". Y tiene razón. Ya lo hemos dicho en varias ocasiones. La economía cubana en 2019 se puede encontrar ante un ejercicio muy difícil en el que puede ocurrir cualquier cosa.

Por ello, y en contra de lo que dice Rodríguez, que "esta situación incidirá en el desempeño económico de nuestro país, a lo que se añade el previsible incremento del impacto negativo del bloqueo de EE UU, tomando en cuenta las nuevas medidas adoptadas por el gobierno de Donald Trump ya en los primeros meses de este año, incluyendo la aplicación del Título III de la Ley Helms-Burton", me propongo mostrar en este post que buena culpa de la responsabilidad de un deficiente ejercicio lo tienen las autoridades encargadas de "planificar" la economía cubana.

Nos podemos orientar con el cuadro de las previsiones.

En esos años, y con datos de ONEI, las exportaciones han disminuido a una tasa media de -3,5%, con algún año desplomándose un -19,7% como ocurrió en 2016

Por ejemplo, para las exportaciones de bienes estima un crecimiento del 6%. Una cifra a todas luces excesiva, si se tiene en cuenta ese entorno de menor crecimiento de la economía mundial. Y excesiva si se compara con la evolución experimentada por esta variable desde 2012 a 2017. En esos años, y con datos de ONEI, las exportaciones han disminuido a una tasa media de -3,5%, con algún año desplomándose un -19,7% como ocurrió en 2016. No sé por tanto de donde los planificadores de la economía se inventan ese 6% en 2019 que, como todos los años, acabará siendo incumplido, con los efectos negativos que ello tiene sobre otras variables de la economía.

Otra previsión optimista en exceso, la que se hace de los ingresos turísticos que según los dirigentes del régimen deben crecer un 17,6% Otro dato incongruente, por cuanto el menor crecimiento de la economía mundial ejercerá una influencia sobre la demanda de viajes de turismo, sobre todo más acentuada en los países europeos, que constituyen los principales mercados. Pensar en ese 17,6% es un brindis al sol para calmar a los hoteleros españoles, que saben que eso no se puede alcanzar. Más prudencia habría sido lo correcto.Y seguimos.

Por cuanto atañe a las inversiones totales, tan necesarias en una economía descapitalizada que tiene una obsesión enfermiza por priorizar el gasto corriente, se planifica un crecimiento del 20,1%, hasta alcanzar 11.300 millones de pesos. Una vez más, la ONEI impone la razón. En ninguno de los 6 años transcurridos entre 2012 y 2017 la inversión superó el límite de 10.000 millones de pesos, siendo el saldo medio 7.751 millones de pesos. Pensar que pueda alcanzar 11.000 millones de pesos en 2019, con las dificultades existentes, es otro brindis al sol que resta credibilidad al diseño de la política económica castrista. Además, ese nivel de inversión de por sí elevado continúa limitando por debajo del 10% la participación de la formación bruta de capital en el PIB, con sus efectos negativos sobre el potencial de crecimiento.

Ese nivel de inversión de por sí elevado continúa limitando por debajo del 10% la participación de la formación bruta de capital en el PIB, con sus efectos negativos sobre el potencial de crecimiento

Es lo mismo que apuntan con relación a la inversión extranjera directa cuyo crecimiento se estima en un 6,2% de ese total, hasta alcanzar 700 millones de pesos, por supuesto muy lejos del objetivo de 2.000 millones de pesos que se viene señalando desde hace años para justificar el engendro de la Ley 119. Dudo mucho que se alcancen estas cifras con las previsiones de movimientos de capital a nivel internacional asociadas a un menor crecimiento global y el escaso atractivo de invertir en Cuba.

Los planificadores comunistas han establecido para las importaciones un descenso del 11,2% con respecto a lo planificado para 2018, con el objetivo de frenar como sea el endeudamiento exterior del país, que condiciona el acceso a la financiación de nuevos créditos necesarios para evitar que la economía entre en bancarrota. La incautación de divisas en los hoteles que se viene practicando desde enero es solo el primer paso de todas las actuaciones que el régimen deberá implementar para evitar la quiebra internacional. Los planificadores comunistas de Cuba siguen convencidos de la necesidad de sustituir importaciones, en una economía que necesita de forma imperativa tecnología, bienes intermedios e incluso bienes de consumo del exterior, porque su oferta productiva interna es incapaz de atender las demandas de la población. Mal año a la vista para el consumidor cubano.

Lo más curioso es que este cuadro macroeconómico, se quiere alcanzar por medio de los "cuatro encadenamientos básicos con la inversión extranjera" de los que Díaz-Canel no hace más que hablar en sus habituales reuniones de balance. A saber, "los relativos al crecimiento de la producción; al turismo; las exportaciones y con el sector no estatal, que se ha estimado aporta alrededor del 20% del PIB, aunque en sectores de baja productividad, pero que ya absorbe el 31% de la ocupación".

Con este enjuague de cifras, absolutamente increíble, los responsables de la economía estiman un crecimiento del PIB para la misma en 2019 del 1,5%, apenas 4 décimas por encima de lo alcanzado en 2018, lo que abriga pocas esperanzas de mejoría. Y se quedan tan tranquilos, porque en Cuba nadie les va a cuestionar ese escenario, ni mucho menos ofrecer otro alternativo que mejore objetivamente las condiciones de vida de la población.

Se quedan tan tranquilos, porque en Cuba nadie les va a cuestionar ese escenario, ni mucho menos ofrecer otro alternativo que mejore objetivamente las condiciones de vida de la población

Evidentemente, no puedo confiar en este diseño, como tampoco en las estimaciones cuyo rigor es cuestionable, ni mucho menos dar crédito al análisis que hacen los planificadores. Pensar que un crecimiento de las exportaciones combinado con un descenso de las importaciones puede resultar beneficioso en las actuales condiciones contractivas de la economía es un grave error. Creer que la recuperación de la agricultura o del turismo pueden incrementar la oferta y permitir el avance de las inversiones, es no entender que por las mismas razones de 2018, esas previsiones se pueden venir abajo por motivos meteorológicos o los que sea.

Otras "ideas" de los planificadores comunistas, por llamarlas de algún modo, son reducir los inventarios ociosos un 2%, para apoyar en 400 millones de dólares la producción de bienes y servicios, reducir el déficit presupuestario de un 9% con relación al PIB en el 2018 (previsiblemente superior), al 6,1% este año, con un descenso de 3.060 millones de pesos, sin afectar los servicios sociales básicos de salud pública, educación, seguridad y asistencia social, algo que es simplemente imposible y las autoridades lo saben, con lo que estrangularán más aún la liquidez interna, sobre todo para los trabajadores por cuenta propia. Financiar la construcción de 32.000 viviendas en solo un año, ciertamente complicado para la política económica, es otro brindis al sol, para no ser cumplido porque de dónde van a obtener la financiación es la pregunta. Por último, no menos importante, reducir un 2,8% el servicio de la deuda externa y un 1,5% el monto de la deuda total, es una actuación interesante, pero de efectos limitados porque el nivel de la deuda es tan elevado que su sostenibilidad es complicada. Pequeños pasos, sin compromisos ni credibilidad, no sirven de mucho.

Cuba no puede mejorar con este diseño de política económica castrista porque es anticuado, obsoleto, ineficiente y no va directamente al origen de sus problemas

La economía cubana no puede mejorar con este diseño de política económica castrista porque es anticuado, obsoleto, ineficiente y no va directamente al origen de sus problemas. Sin duda, se echan en falta actuaciones fundamentales como respeto máximo a los derechos de propiedad, flexibilidad y liberalización productiva, empresas privadas, inversión por parte de los cubanos y no solo por extranjeros privilegiados, libertad de elección y desarrollo de los mercados y la logística. Son tantas las cosas que se tienen que hacer, que creerse este diseño de la planificación comunista es como creer un cuento de hadas. Lo que pasa es que en Cuba, esos cuentos de hadas castristas siempre acaban mal. Muy mal.

14 Y MEDIO

Última actualización el Miércoles, 03 de Abril de 2019 00:03
 
La inversión extranjera: el modelo, la ideología y la nación PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Miércoles, 27 de Marzo de 2019 03:56

Por DIMAS CASTELLANOS.- 

La salida de la crisis en que está sumida la economía cubana requiere de grandes inversiones. Pero las medidas emprendidas hasta hoy para atraer capital no han dado resultado. La subordinación de la economía a una ideología y la falta de voluntad política lo han impedido.

Leyes y decretos-leyes

En 1982, cuando Cuba dependía de los subsidios soviéticos, se dictó el Decreto-Ley 50 para atraer la inversión extranjera. El carácter de esa legislación, arrogante y ajeno a los requerimientos internacionales, imposibilitó obtener los resultados perseguidos: construir el socialismo con subvenciones soviéticas y financiamiento capitalista.

En 1995, ya desaparecida la Unión Soviética, se cambió el tono. Se promulgó la Ley 77 de Inversiones Extranjeras. Y en 1996 se crearon las zonas francas mediante el Decreto-Ley 165, que permitía a los inversionistas no pagar aranceles por sus importaciones. Ambas legislaciones conservaron las principales restricciones. Y el resultado no se hizo esperar, de unas 400 empresas existentes, en 2002 la mitad había abandonado el país.

En 2013, mediante el Decreto Ley313 se creó la Zona Especial de Desarrollo Mariel (ZEDM), con el objetivo de dinamizar la economía. Ubicada geográficamente en una vía marítima por la que circula alrededor del 60% del comercio internacional, la ZEDM habría podido tener un impacto sobre la Isla similar al que tuvo en el siglo XVIII la ocupación de La Habana por Inglaterra, que completó la entrada de Cuba a la civilización occidental y la ruina de Haití, que permitió a la Isla devenir primera productora y exportadora mundial de azúcar y de café. Sin embargo, la negativa a introducir cambios estructurales y el diferendo con Estados Unidos, lo impidió.

En 2014 se promulgó la Ley 118 de Inversiones Extranjeras, más avanzada que las anteriores legislaciones, pero también con restricciones indicativas de una invisible línea roja trazada por la ideología. Los resultados no variaron.

Las causas del fracaso

Para un crecimiento sostenido del PIB del 5 al 7%, como ha planteado el propio Gobierno, se requiere un monto de inversión de entre 2.000 y 2.500 millones de dólares anuales. Lo alcanzado con la secuencia de leyes y decretos-leyes lo condensó en una frase el ministro de Economía y Planificación en diciembre de 2016: "la inversión extranjera continúa siendo muy baja".

Las causas se pueden reducir a: 1- Las confiscaciones realizadas a propietarios norteamericanos y cubanos, entre 1959 y 1968, que no han sido indemnizadas; 2- La negación del derecho de los cubanos a participar como inversionistas; 3- La primacía otorgada a la propiedad estatal a pesar de su demostrada ineficacia; 4- La limitación de los cubanos a participar en pequeños negocios, fundamentalmente de servicios, carentes de personalidad jurídica y sometidos a múltiples trabas para evitar la formación de una clase media; 5- La subordinación de los órganos judiciales al Partido-Estado-Gobierno en juez y parte, que coloca en total desventaja jurídica a los inversionistas; 6- La prohibición de la libre contratación de la fuerza de trabajo; y 7- El desconocimiento del derecho a la libre sindicalización de los trabajadores: un principio consagrado en la Constitución de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), regulada en el Convenio 87 de esa institución e incorporado en la Declaración Universal, en los pactos internacionales y en las convenciones americana y europea sobre Derechos Humanos.

La salida

Mientras no se proceda a la reparación de las injusticias cometidas con las confiscaciones y se dote a los cubanos de derechos para participar como agentes económicos; y en cambio se continúe insistiendo en que el bloqueo de los Estados Unidos es el obstáculo principal, no saldremos del estancamiento devenido retroceso.

Se requiere una dosis de voluntad política hasta ahora ausente. Una de sus manifestaciones tuvo lugar en 2014, cuando los fracasos del modelo cubano y de la política norteamericana hacia Cuba desembocaron en la reanudación de las relaciones diplomáticas. Como ese paso no resultó de la victoria de ninguna de las partes, sino del fracaso de ambas, estaban obligados a cambiar.

La implementación de varios paquetes de medidas del presidente Barack Obama no arrojó mayor resultado porque la parte cubana, en lugar de aprovechar ese contexto para introducir cambios estructurales, se limitó a permitir que los nacionales se hospedaran en hoteles reservados para turistas; compraran computadoras, DVD y líneas de telefonía móvil; vendieran su casa o su auto; y salieran del país sin tener que pedir permiso al Estado. Medidas sin verdadera voluntad política y demostrativas del retroceso sufrido en materia de derechos humanos.

La negativa a democratizar el país tiene su explicación en la subordinación a la ideología y el apego al poder. Las contradicciones externas permiten solapar las contradicciones al interior. En ausencia del diferendo, las contradicciones internas desplazarían las externas. Y eso demerita la ideología y pone en peligro al poder.

Lo anterior explica, por qué, en medio de la distención, en 2016, el Gobierno cubano presentó por vigesimosexta vez ante la Asamblea General de la ONU, un proyecto de resolución contra el embargo estadounidense.

En 1992, cuando Cuba presentó la primera resolución contra el embargo, solo 59 países la apoyaron. En 2016, con la abstención de Estados Unidos e Israel y el voto favorable del resto de los países, ese camino quedó agotado, pues las resoluciones de la Asamblea General no son de obligatorio cumplimiento, sino recomendaciones. Se imponía entonces aprovechar el ambiente de distensión para las negociaciones bilaterales, entre ellas las confiscaciones pendientes de compensación.

La subordinación de la economía a la ideología y la voluntad política de conservar el poder, han invalidado la preparación profesional de los cubanos, su carácter emprendedor y el capital que contra viento y marea han acumulado gracias a las remesas familiares y a sus pequeños negocios.

Por todo lo anterior urge la promulgación de una nueva ley de inversión sin el apellido de "Extranjera". La disyuntiva está clara: se salva el modelo y su ideología o se salva la nación. Y el modelo es insalvable.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Viernes, 05 de Abril de 2019 04:33
 
El fracaso de la “ingeniería social” marxista PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Lunes, 25 de Marzo de 2019 20:54

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Por Jorge Hernández Fonseca.- 

Es fundamental comprender que el carácter científico de una disciplina no viene asociado a aspectos voluntarísticos, como pretende el marxismo hacer con su filosofía, basado en lo cual, le es posible “diseñar” una sociedad como un ingeniero diseña una nueva máquina. Esa pretensión es una quimera mecanicista falsa y fatal.


El fracaso de la “ingeniería social” marxista

Jorge Hernández Fonseca

24 Marzo 2019

Es harto conocido como las sociedades marxistas han usado la “ingeniería social” para diseñar sociedades artificiales, obviando las complejidades de su origen natural. El marxismo y el leninismo impusieron soluciones a problemas de origen sociológico en unos casos y antropológicos en otro, sin tener los conocimientos científicos exactos en tales disciplinas. La sociología y la antropología no son ciencias exactas, por lo que no se puede hacer diseños sociales con posibilidades de éxito, sin esos conocimientos.

Para los profesionales de las ingenierías y la arquitectura por ejemplo, es común la actividad de diseño y proyecto usando la tecnología, a través de las cuales se crean nuevos artefactos y sistemas técnicos, así como modernas edificaciones que han posibilitado al hombre construir el mundo artificial y confortable que hoy disfrutamos.

Hay sin embargo otros campos del quehacer humano que no se someten todavía a las leyes de la ciencia y la tecnología, bien porque su naturaleza es de otro tipo, bien porque los conocimientos actuales todavía no han podido penetrar sus secretos: filosofía, religión, e arte son campos así, por sólo mencionar algunas áreas fuera de la ciencia, que lógicamente poseen sus importantes valores propios e inmutables.

Sin embargo, la frecuencia con que la ciencia y la tecnología irrumpen en el mundo real actual con sus nuevas realizaciones ha creado un procedimiento mediante el cual, dominando las leyes científicas correspondientes, es posible diseñar y construir formidables puentes, enormes edificios, veloces aviones, o enviar un hombre a la luna.

Otras importantes disciplinas no filosóficas, como son la sociología, la política y la economía –que son menos estructuradas en sus conocimientos que la física o la química-- el marxismo pretendió establecerlas como disciplinas “científicas” a partir de estudios y principios que continuamente se generan en estos complejos e importantes campos, pero que de manera ninguna le validan para establecerlas como “ciencias”.

Es fundamental comprender que el carácter científico de una disciplina no viene asociado a aspectos voluntarísticos, como pretende el marxismo hacer con su filosofía, basado en lo cual, le es posible “diseñar” una sociedad como un ingeniero diseña una nueva máquina. Esa pretensión es una quimera mecanicista falsa y fatal.

La filosofía marxista leninista no es ciencia, es filosofía y como tal usa como método la lógica y no el método científico, por lo tanto, no es posible considerarla como ciencia; continúa siendo filosofía y no por eso es menos importante. El hecho que las realizaciones de la ciencia hayan sobrepasado con creces a las mejores realizaciones de la filosofía en la actualidad, no significa que para ganar prestigio haya que asociarse necesariamente a la ciencia, como pretende la filosofía marxista leninista.

El marxismo leninismo parte de una interpretación de la sociedad que no tiene nada que ver con las ciencias y como tal, es puro diletantismo filosófico, aunque respetable y coherente, no es ciencia. Intentar diseñar una sociedad sin tener los conocimientos científicos sobre las leyes que rigen la misma, es como tratar de diseñar un motor sin conocer exactamente los sistemas mecánicos, energéticos, de materiales, etc.

Ese afán de “nuevos y más justos proyectos de sociedades igualitarias”, es el impulso que lleva a los intelectuales marxistas, imitando el trabajo del mundo de las disciplinas científicas o tecnológicas –pero sin verdaderamente conocer a profundidad las leyes en estos campos-- a apoyar el proyecto de verdaderos engendros sociales que fracasan, terminando en actos de repudios y sangrientos paredones de fusilamiento.

Artículos de este autor pueden ser encontrados en http://www.cubalibredigital.com

Última actualización el Jueves, 04 de Abril de 2019 11:59
 
Díaz-Canel y la prensa occidental PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Lunes, 25 de Marzo de 2019 13:30

Por MIGUEL SALES.-

El presidente subalterno de Cuba, Miguel Díaz-Canel es hombre de pocos viajes y escasas lecturas. A punto de cumplir  59 años de vida, no ha publicado nada reseñable. Si se exceptúan las visitas oficiales, tampoco ha estado muy expuesto a la dinámica de las sociedades modernas y eso se nota en su manera de expresarse.

Cuando alguien así se convierte en alcalde o jefe del Partido Comunista en una zona rural de la Isla, esos atributos pasan inadvertidos. Pero cuando llega a detentar la primera magistratura del país, sus carencias saltan a la vista y lo hacen mucho más vulnerable al escrutinio y la crítica. Eso lo coloca con frecuencia en situaciones incómodas, de las que suele escabullirse mediante la descalificación del adversario o la reiteración de consignas añejas, del tipo "la revolución es indestructible"y cosas por el estilo. Así, en las últimas semanas Díaz-Canel llamó "mal nacidos" a los cubanos que critican a su Gobierno y ha exhortado a solucionar los problemas económicos del país "con más y mejor trabajo" o "con sensibilidad".

La penúltima pifia presidencial ocurrió estos días con motivo de un artículo publicado en el diario The New York Times (NYT), en el que 16 médicos cubanos contaban sus experiencias en el desempeño de "misiones internacionalistas", que es el eufemismo acuñado por el gobierno de La Habana para designar el negocio de la explotación de mano de obra en el extranjero, en condiciones de semiesclavitud.

Los médicos coincidieron en que sus superiores les habían dado instrucciones para que usaran las prestaciones sanitarias como medio de presión sobre los pacientes, a fin de inducir el voto favorable a Maduro en Venezuela. "Médicos cubanos jamás podrán ser difamados", replicó Díaz-Canel en su cuenta de Twitter. "Su extraordinaria obra humana en tierras que el imperio llama 'oscuros rincones del mundo', desmienten al NYT y a su reportero".

Es fácil comprender la desazón del biennacido mandatario. La economía de la Isla va de mal en peor, el sistema de misiones internacionalistas ha sufrido graves reveses y su legalidad está en entredicho incluso en instancias de las Naciones Unidas, y para más inri, un icono de la prensa izquierdista les cede la palabra a unos médicos cimarrones que albergan la absurda pretensión de vivir y trabajar donde les apetezca y cobrar la totalidad de su salario.

A Díaz-Canel le molesta que los siervos de la gleba internacionalistas se emancipen y, sobre todo, le ofende que la prensa relate libremente sus vivencias. Pero la infidelidad del NYT es aún más dolorosa, porque ese diario es un elemento prominente de la mitología castrista. A principios de 1957, Herbert Matthews, enviado especial del periódico, entrevistó a Fidel Castro en la Sierra Maestra. La crónica, trufada de falsedades, marcó el lanzamiento propagandístico del futuro dictador cubano a la escena mundial.

El presidente está convencido de que el control de la información y las comunicaciones es indispensable para la supervivencia del régimen. "A nosotros nos atacan constantemente otros medios de prensa" afirmaba en una entrevista hace unos años, "y yo tengo mucha confianza en el periodismo que hemos formado, en la tradición de periodismo que se ha activado en estos años, que es distinta a la del mundo, en condiciones discímiles [sic], con un modelo propio" (Cubadebate, 4 de julio de 2013). Es obvio que, seis años después, su ideal de prensa todavía lo encarnan el Granma, el Juventud Rebelde y la Mesa Redonda de la televisión nacional.

En un contexto de pluralismo y libre debate de ideas resulta sumamente difícil aplicar las medidas necesarias para mantener el monopolio político del partido único, llámese fascista o comunista. La libertad de información y expresión es un baluarte contra el despotismo y la arbitrariedad del poder absoluto. Por eso el derecho a ejercer esa libertad  figura de manera prominente en la Declaración Universal de Derechos Humanos, aprobada por las Naciones Unidas en 1948. El Artículo 19 de la Declaración estipula que "todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión".

De ahí que en Cuba, tras la victoria de 1959, el nuevo régimen revolucionario se aplicara de inmediato la tarea de someter a la densa red de prensa plana, radio y televisión del país. Primero a través de la censura, el chantaje, la presión de las turbas y la injerencia del sindicato único controlado por el gobierno, y más tarde mediante la confiscación directa, que en la jerga orwelliana del sistema se denominó "nacionalización". En menos de dos años, todos los medios de comunicación social estaban en manos del Estado, que además se había apoderado de imprentas, teatros, salas de cines y centros educativos privados.

En ese contexto social creció y estudió El Biennacido. En su universo mental, el monopolio de la información y la comunicación sigue siendo indispensable para mantener la estabilidad del sistema. Aunque le gusta hablar del tema, le cuesta entender que  la revolución tecnológica de los últimos años ha transformado el mundo. La telefonía móvil, la televisión por satélite y el acceso a Internet, aunque limitados y costosos en la Isla, han abierto una brecha considerable en el muro de desinformación y adoctrinamiento que el gobierno levantó para preservar a sus súbditos de "la funesta manía de pensar", que ya denostaban los acólitos de Fernando VII a principios del siglo XIX.

Ahora, por primera vez en 60 años, el régimen cubano vuelve a verse expuesto a la circulación de información veraz, el contraste de opiniones y el debate de ideas sin censura ni cortapisas. La escala del fenómeno es todavía reducida, aunque las tendencias actuales indican que será muy difícil frenarlo.

Por más que se haya incorporado a las redes sociales, Díaz-Canel muestra cierta dificultad para  manejarse con soltura en el nuevo contexto. No alcanza a comprender que, ante la realidad contemporánea, el relato nacional-revolucionario sobre el que se construyó el modelo castrista ha quedado ya tan obsoleto como su empeño totalitario de control del pensamiento. Si lo entendiera, no le echaría la bronca al NYT por un texto que da voz a los médicos cubanos que escogieron la libertad.

Después del traspaso de poder escenificado en abril de 2018, las condiciones en las que el presidente jaifenado tiene que ejercer el cargo y sus declaraciones sobre los problemas nacionales no brindan muchos motivos de optimismo. Sobre todo porque el nuevo mandatario se apresuró a proclamarse heredero acrítico de las ideas y continuador de los actos de sus patrocinadores.

Pero la tarea pendiente de la nueva generación que ahora empieza a acceder (con cierto retraso) a las máximas responsabilidades de gobierno, es precisamente lo contrario: el reconocimiento del fracaso socialista y de la necesidad de cambiar de rumbo. Las reformas cosméticas y las medidas paliativas aplicadas a medias durante el decenio de "raulismo" apenas han modificado la situación que en 2006 dejara en herencia el inquilino del coprolito de Santa Ifigenia.

Cualquier esperanza de forjar un futuro mejor pasa ahora por revertir los errores de 1959: reconstruir el tejido social, reducir las funciones del Estado, privatizar la economía, desinflar el aparato militar, poner en manos de la sociedad civil los medios de comunicación, autorizar la enseñanza privada y religiosa, y devolver a los ciudadanos los derechos y las libertades confiscados desde hace 60 años.

La libertad de opinión y de expresión es un instrumento indispensable para acometer esa tarea. El ejercicio de esa libertad es condición sine qua non para restaurar la tolerancia, la concordia cívica y el respeto al derecho ajeno, y es también el fundamento de la prosperidad y el desarrollo integral.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Sábado, 30 de Marzo de 2019 07:20
 
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