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Cuba


De Raúl, por vía de Shakespeare PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Sábado, 20 de Abril de 2019 19:35

Por ANDRÉS REYNALDO.-

Al paso que vamos, este pudiera ser el annus horribilis del castrismo. Las medidas anunciadas el miércoles en Miami por John Bolton, asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, cancelan los últimos vestigios de la apertura de la Administración Obama y da luz verde a las demandas contra compañías que se beneficien de propiedades confiscadas después de 1959. Para Raúl y su mafia vasalla se va cerrando la brecha entre la posibilidad de gobernar contra EEUU y la imposibilidad de sobrevivir sin EEUU.

La situación tiene ese matiz de teatro isabelino en que la euforia, el exceso y la ilusión conducen irremisiblemente a la tragedia. A finales del 2015, la dictadura estaba a punto de alcanzar su definición mejor. Era un gran momento político en que comenzaban a cosecharse los frutos de una larga y meticulosa estrategia. Veamos:

  • Solvencia energética, así como un determinante nivel de subsidios en otras áreas, garantizados por Venezuela. El acceso incondicional a los recursos del Estado venezolano permitía proyectar la influencia castrista sobre América Latina como nunca antes.
  • Disfrute de un sorprendente grado de respetabilidad entre las elites de Europa y EEUU, con una creciente credibilidad ante organismos internacionales.
  • Condonación y/o favorable renegociación de abrumadoras deudas con Occidente.
  • Establecimiento de un tácito concordato con la Iglesia, que facilitaba el control incluso de aspectos de evangelización y asistencia, además de cooptar a un sector de la jerarquía eclesiástica como una rama del servicio exterior.
  • Disminución de la asistencia económica y el apoyo político a la oposición dentro y fuera de la Isla por parte de Washington y la Unión Europea.
  • Exclusión de la lista del Departamento de Estado de EEUU sobre naciones que patrocinan el terrorismo.
  • Arreglos en la política inmigratoria de EEUU que satisfacían el doble requisito castrista de decidir quién abandonaba la Isla sin cerrar los canales para mantener una constante corriente de inmigrantes.
  • Penetración de los medios, la política, la academia y la esfera artística en Miami, eje del esfuerzo anticastrista. A través de la prensa escrita, la televisión, presentaciones de artes plásticas, encuestas, foros, espectáculos populares y declaraciones de intelectuales tramitados en pose de intelectuales contestatarios, se construía un pujante discurso para desactivar la memoria histórica, desacreditar las instituciones y figuras del exilio, negar el papel de la disidencia e igualar moralmente a víctimas y victimarios.
  • Favorable expectativa en EEUU y el resto del mundo ante un triunfo electoral casi seguro de Hillary Clinton que abriría paso a inversiones, préstamos y un masivo turismo norteamericano. Tanto empresarios cubanoamericanos como banqueros suizos hablaban del renacer de una economía en una situación geográfica privilegiada y con un Gobierno capaz de ofrecer estabilidad política y acceso a una mano de obra barata y disciplinada.

Raúl lo tenía todo. (Para mayor holgura, Fidel estaba en sus últimos días). EEUU había tirado la toalla. Un presidente de lo que era entonces el ala más liberal del Partido Demócrata, asistido por un equipo incapaz de ocultar su complacencia con la dictadura y su desprecio por la oposición interna y los exiliados, les había arrojado una tabla de salvación. Ni siquiera se les pedía que hablaran de reformas democráticas. Culminada con todo éxito la transición dinástica, era cuestión de esperar con los bolsillos abiertos. El 2017 pudo haber sido un annus mirabilis. Pero llegó Donald Trump a la Casa Blanca.

Este es el momento, digamos, en que Macbeth ve avanzar el bosque de Birnam hacia la alta colina de Dunsinane. Mientras un grupo de cubanoamericanos ayuda a perfilar en la nueva administración un radical cambio de política hacia la dictadura, Venezuela va entrando en una profunda crisis y el bloque bolivariano se deshace como un castillo de naipes.

En Brasil, Ignacio "Lula" Da Silva entra en la cárcel. El ecuatoriano Rafael Correa huye a Bélgica. Compungida y despeinada, Cristina Fernández de Kirchner va de un juzgado a otro acumulando cargos como una reincidente carterista. A su vez, la elección de presidentes conservadores en Bogotá, Brasilia, Buenos Aires y Santiago de Chile conforma de hecho una coalición democratizadora con una inequívoca posición de condena a Cuba.

De particular importancia en el contexto latinoamericano es la posición del secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, un prestigioso hombre de izquierdas que cataloga al castrismo como "una revolución jinetera".

Si Hugo Chávez encarnó la providencia que ayudó a Fidel a sobreponerse a la caída de la Unión Soviética, ahora Nicolás Maduro encarna la catástrofe que arrastra a Raúl a un incierto período de aislamiento regional, penuria económica y confrontación con Washington. La sangre que se derrama en las calles de Venezuela ante los ojos del mundo acusa también la injerencia y el saqueo castristas.

Millones de latinoamericanos han visto en el noticiero de la tarde que de la mano de los asesores cubanos no llega el progreso sino la miseria, no el derecho sino la tortura, no la fraternidad sino el odio. La imagen de una revolución heroica y altruista pintada y repintada a lo largo de seis décadas se hace trizas en Instagram.

En la segunda parte de Enrique IV, Shakespeare hace deambular al rey, insomne de preocupación en tanto los súbditos duermen. "Incómoda yace la cabeza que lleva una corona", dice el atormentado Enrique. Ignoro si Raúl siente el peso de su corona totalitaria. Pero las medidas anunciadas por Bolton son como para quitarle el sueño.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Domingo, 28 de Abril de 2019 13:02
 
Pánico en La Habana PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Jueves, 18 de Abril de 2019 23:13

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Por Elías Amor.- 
El modelo económico no da para más. Las autoridades han entrado en pánico. Es como si la explicación de Thomas Kuhn para las revoluciones científicas, se aplicase de forma contundente a la revolución castrista, que tiene poco de científica, pero mucho de dogmática.


La economía cubana está en bancarrota. Necesita importar bienes y servicios del exterior que no puede pagar, porque su economía controlada por el estado, es incapaz de satisfacer las necesidades de la demanda interna, por ejemplo, la alimentación, pero también el suministro de energía, los bienes intermedios o los bienes de capital. Las autoridades se han dado cuenta que la sustitución de importaciones es inviable a corto plazo, y además, anacrónica. La tasa de cobertura del comercio de bienes (la relación en porcentaje entre las exportaciones y las importaciones) se situó en 23 en 2017 y según estimaciones por debajo del 20, en 2018, siendo de las más bajas del mundo, y por debajo del 42 alcanzado en 2011. En el Cuadro 1 se presentan los datos disponibles y se observa cómo la tasa de cobertura va en caída libre.
Cuadro 1.- La tasa de cobertura del comercio de bienes y mercancías en Cuba
Fuente: ONEI
Se insiste que el problema no está en la importación de bienes y servicios. Otros países para superar el atraso económico se vieron en la necesidad de realizar compras en el exterior de equipamientos, tecnologías y materias primas. Lo importante es contar con capacidad para obtener recursos del exterior. Bien sea porque se cuenta con sectores competitivos o fuentes de ingresos estables y crecientes. Esto es lo que falla en la economía cubana, básicamente porque desde 1959 vive en un sueño ideológico absurdo que desprecia estas prioridades fundamentales para una economía.
Cuba no puede cumplir con el pago de sus importaciones, porque su capacidad de generación de ingresos en el exterior es limitada, y porque la financiación que puede obtener del exterior (por ejemplo, la factura petrolera de Venezuela viene bajando de forma continua desde 2016) es igualmente escasa. Por ello, debe recurrir al endeudamiento, lo que no siempre resulta fácil ya que el régimen castrista desprecia las normas y procedimientos que aplican los organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional, o el Banco Mundial para la seguridad de las transacciones y movimientos de capital.

El incumplimiento de los compromisos con los importadores, en ausencia de financiación y de créditos frescos, lleva al régimen a reducir sus compras al exterior de forma sistemática. Esa penosa tarea, que tiene un impacto negativo sobre la economía, corresponde al ministro del ramo, que suele empezar reduciendo las compras de bienes intermedios y de capital que representan el 79% de las importaciones. A partir de ahí, las máquinas y piezas de las empresas estatales se rompen y no hay repuestos, no aparece papel en la isla, y escasea el combustible y empiezan los apagones y el caos se empieza a generalizar.

Y si grave es la situación para el cubano de a pie, por muy acostumbrado que esté a pasar necesidades, los productores extranjeros que habían comprometido sus ventas a la isla y que reciben el mensaje, a medio año, que no se van a materializar las operaciones, todavía lo pasan peor. Incluso los acreedores que temen por su deuda también se ven penalizados. A nadie le gusta que le dejen con un pedido sin realización. Como consecuencia de ello, al año siguiente no habrá acuerdo comercial, y el régimen castrista culpará al embargo, pero tendrá que aprovisionarse en otros mercados. Su credibilidad y confianza irá descendiendo por culpa de los impagos y falta de compromiso. Nadie querrá vender, y mucho menos prestar. Es lo que tiene depender del exterior. Ya pueden echar la culpa a EEUU y al embargo o lo que se les antoje.
Las autoridades comunistas saben lo qué tienen que hacer, pero no son capaces de resolver el problema por motivos ideológicos. Si la economía necesita compras del exterior por 5.000 millones de dólares o posiblemente más, la única forma de pagar es exportar más. Pero las ventas al exterior no tienen el comportamiento esperado, porque los motores dejaron de funcionar, o son insuficientes para obtener ingresos. Con una tasa de cobertura en el comercio de bienes en 2018 por debajo de 20, la capacidad de financiación no se puede negociar. Además, falla la previsión de inversión extranjera, el turismo se estanca y las remesas pueden flexionar a la baja en cualquier momento. Es decir, los motores de la economía se colapsan por la falta de alternativa de un modelo económico que ha sido finalmente derrotado.
La derrota llega por el frente externo de la economía, justo en el momento en que los créditos no se vuelvan a conceder a quién es insolvente y no se comprometa a pagar. La deuda externa del régimen comunista se benefició hace unos años de generosos acuerdos de condonación y exención de intereses, así como una reordenación a plazos más largos. Nada se ha sabido desde entonces. Solo que la posición externa es cada vez más complicada, y que los créditos se han ido acumulado volviendo a incrementar el monto de la deuda externa.
Según las autoridades, la deuda impagada con proveedores a corto plazo a renegociar ascendía a 1.500 millones de dólares al cierre de 2018. Un importe que, de ser cierto, no debería estar planteando problemas a la economía si la balanza corriente superase los 1.500 millones de dólares. Lo más normal es que la deuda sea muy superior. Y asumir esa deuda, tarde o temprano, va a exigir decisiones de respaldo financiero con la venta de activos, actualmente en manos del estado, que se tendrán que realizar para afrontar los pagos.
Alguien se ha dormido en los laureles. Hacer depender la economía de la “empresa estatal socialista”, considerada clave en el sistema económico, no da resultado. Los avances en el trabajo por cuenta propia tampoco, por insuficientes. Los números no salen. La empresa estatal comunista no sirve para sacar al país del atolladero. Su dueño es insolvente. Las autoridades han informado la intención de revisar en profundidad las operaciones de importación autorizadas a las empresas estatales para que las sustituyan por compras internas. Es una situación de crisis que recuerda, y mucho, al “período especial”.Es un círculo vicioso del que resulta muy difícil salir.
Las autoridades mienten cuando afirmar que la economía está más diversificada que en los años 90 cuando se produjo el derrumbe del muro de Berlín. Ni siquiera la amenaza de la aplicación del Título III de la ley Helms-Burton está en el origen de los problemas actuales de la economía. Desde hace más de un año, se podía anticipar fácilmente el escenario actual que amenaza con llevarse por delante el régimen comunista. No es extraño que Raúl Castro en un discurso reciente en la Asamblea Nacional pidiera a los cubanos prepararse para tiempos difíciles. Lo peor no ha llegado aún.

 

Última actualización el Martes, 23 de Abril de 2019 04:25
 
EEUU aplica el título III de la Ley Helms-Burton: ¿y ahora qué? PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Jueves, 18 de Abril de 2019 14:32

Por DIMAS CASTELLANOS.- 

Hace unos días, el ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez, en respuesta a la decisión del Gobierno norteamericano de suspender por dos semanas el Título III de la Ley Helms-Burton, escribió en un tuit: "esa Ley es una aberración, jamás debió existir, viola el Derecho Internacional, daña a toda Cuba, a cada familia".

Las acusaciones, los lamentos y el empleo de la violencia física o verbal nada aportan y en nada atenúan los daños ocasionados. Separados por seis décadas del inicio del embargo y más de 20 años de la promulgación de la Helms-Burton, lo sensato no es acusar y echar más leña al fuego, sino asumir la responsabilidad correspondiente, dialogar y negociar su solución, que es precisamente lo que ha estado ausente.

Desde 1996 —con el objetivo de evitar litigios con corporaciones extranjeras que tienen negocios con propiedades confiscadas— la aplicación del Título III de la Ley Helms-Burton fue aplazada cada seis meses. Recientemente la Administración Trump redujo ese tiempo a 45 días, luego a un mes y por último a dos semanas, hasta ejecutarlo hoy. Con este giro los cubanoamericanos, afectados por las confiscaciones, pueden demandar a las compañías que hacen negocios con empresas de las Fuerzas Armadas de Cuba (FAR). No así con el resto de las firmas extranjeras que continúan exentas de las reclamaciones.

La inminente aplicación del Título III constituye un freno a las inversiones extranjeras, lo que demuestra que tanto la negociación sobre las compensaciones, como la democratización de Cuba, se imponen. Entre otras cosas, porque forman parte de las garantías que reclaman los inversionistas y del bienestar de los cubanos.

El Gobierno de EEUU mantiene una observación sobre las condiciones de los derechos humanos en Cuba y sobre el apoyo cubano al Gobierno de Nicolás Maduro. Así lo expresó el asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, John Bolton, en un tuit del pasado 2 de abril.

En cuanto a responsabilidades, es innegable que las confiscaciones en Cuba comenzaron por las grandes empresas extranjeras, pero no se detuvieron hasta liquidar al último puesto de fritas en manos cubanas. La promesa de que las propiedades confiscadas pasarían al pueblo se incumplió. Primero faltó la voluntad del Gobierno, medio siglo después se desaprovechó el giro de la política norteamericana hacia Cuba durante el Gobierno de Barack Obama, quien sin exigir una democratización previa, flexibilizó el embargo y planteó su eliminación.

Ahora, ante la inminente aplicación del Título III, el Partido-Estado-Gobierno recaba el apoyo del pueblo. Sin embargo, en lugar de publicar íntegramente el texto de la Ley Helms-Burton para que se conozca de primera mano y/o someter a consulta popular si los cubanos quieren participar como propietarios o prefieren que el Estado siga siendo el dueño absoluto, se ha optado por azuzar el miedo. Como puede verse en la "Declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba" del pasado 4 de marzo:

"El Título III de la Ley Helms-Burton dispone que el derrocamiento del Gobierno Revolucionario, la posterior tutela del país a cargo de un interventor estadounidense, el ulterior establecimiento de un Gobierno contrarrevolucionario y subordinado a Washington... Por consiguiente, los cubanos estarían obligados a devolver, restituir o pagar a reclamantes de EEUU por la casa donde viven, el terreno donde se edifican sus comunidades, la tierra agrícola donde cultivan y producen, la escuela donde se educan sus hijos, el hospital o el policlínico donde reciben servicios médicos, donde está su centro de trabajo, donde tienen un negocio particular..."

O en un artículo de Granma del pasado 26 de marzo:  "Las sanciones económicas, las demandas judiciales arbitrarias, así como la expulsión de los cubanos de sus propiedades no cesarán hasta tanto la Casa Blanca no considere todo en orden […] Imagine usted el escenario, se encuentra sentado en la acera de su casa, o vuelve a su vivienda al culminar la jornada diaria, para encontrarse un sello en la puerta y varios extraños que se dicen cubanos expropiados y dueños del inmueble".

Además, pasando por alto la experiencia de Vietnam, se insiste en que la Ley Helms-Burton es el principal obstáculo para el desarrollo y causas fundamental del retroceso sufrido. También se habla del peligro de perder la independencia, como si un país sin economía propia pudiera serlo. "La independencia de un pueblo consiste en el respeto que los poderes públicos demuestren a cada uno de sus hijos", escribió José Martí.

Si en lugar de azuzar fantasmas se implementaran cambios estructurales para que los cubanos puedan crear pequeñas y medianas empresas en todas las ramas de la economía y participar como sujetos activos en el destino de su nación, el crecimiento económico y el bienestar tendrían un impacto positivo. Y esa posibilidad no depende de la derogación de ninguna ley extranjera, ni favorecería a nadie más que al pueblo cubano. Depende de voluntad política y de colocar a Cuba antes que la ideología.

Se impone dejar atrás el esquema bilateral del diferendo entre Cuba y EEUU para otorgarle carácter trilateral. Estas deberían ser las tres partes a considerar:

  1. EEUU, que debe apoyar pero no desempeñar la función de agente directo en los cambios.
  2. El Partido-Estado-Gobierno, que detenta las riendas del poder tiene que dar los pasos correspondientes.
  3. El pueblo cubano, aunque desarmado de mecanismos e instituciones cívicas, pero preparado para asumir los cambios, como lo demuestra la eficacia de las pocas actividades privadas que le han permitido.

Si en lugar de acusar al otro, el Partido-Estado-Gobierno implementara los Pactos de Derechos Humanos, como fundamento de la incorporación ciudadana en la solución de los graves problemas que nos aquejan, no serían necesarios tantos discursos, descalificaciones ni asustar a un pueblo, que a estas alturas tiene muy poco que perder y mucho que ganar con la democracia, el diálogo y las negociaciones.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Martes, 23 de Abril de 2019 21:47
 
LA ESCASEZ, LA CRISIS Y EL LENGUAJE PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Lunes, 15 de Abril de 2019 02:46

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Por DAGOBERTO VALDÉS HERNÁNDEZ.- 

Cuba vive una nueva etapa de su crisis de siempre. El modelo económico de la empresa estatal socialista y los planes centralizados no funciona y sigue siendo la trinchera escogida para “resistir”. Cuba no tiene liquidez para cumplir sus compromisos financieros internacionales cuya deuda va de negociación en condonación y volver a empezar a incumplir, lo que quiebra la confiabilidad y la inversión extranjera. La falta de libertades y derechos, no solo políticos y cívicos, sino también económicos, sociales y culturales, bloquean internamente a las fuerzas vivas de la sociedad: las productivas y las espirituales.

Junto a esto que se ha llamado “continuidad” que, por otro lado debía tener apellidos como: en el fracaso, en la ineficiencia, en el desastre… concurren, además, las críticas situaciones de los aliados del gobierno cubano: Venezuela, Nicaragua, Argelia, Corea del Norte, entre otros pocos. América Latina ha dado el vuelco a la derecha y al centro. Unasur, Celac y Alba quedan casi desmanteladas.

En esta etapa de crisis gravísima, la escasez es el síntoma más alarmante. Todo escasea, todo aparece y desaparece. El Gobierno y algunos ciudadanos ingenuos echan la culpa de la escasez a los acaparadores, a las paladares y a los intermediarios, cuando la raíz del problema está en que el modelo económico no funciona. Lo ha demostrado ya por demasiado tiempo: 60 años. No hay dudas. Ningún gobierno ha tenido seis décadas con el poder absoluto en la mano y lo que ha conseguido es destruir el país y retrotraerlo a dónde nunca estuvo. Y si a alguien le cupiera alguna duda sobre la causa y la razón de esta crisis que miren a Venezuela, el país de mayor reserva de petróleo del mundo, con todo los recursos naturales y humanos para ser un país desarrollado. Y todo esto regresando o cultivando los mismos vicios del pasado y la misma desigualdad, y la misma inflación y la misma escasez de todo, y la misma angustia cotidiana, y la misma ganas de huir, de escapar, de fugarse a cualquier rincón del planeta.

Esto puede ocurrir en cualquier país y con cualquier sistema, ninguno es perfecto. Lo terrible y amargo es que cuatro generaciones de cubanos hemos perdido los derechos y libertades fundamentales en un experimento con humanos que tenía como objetivo cambiar el sistema, disminuir las desigualdades, desarrollar el país de forma humana y armónica, edificar un modelo de justicia social y fraternidad. Lo triste es que eso nunca llegó, que millones de cubanos han sufrido, llorado y muerto, esperando ver ese día. U otro día en otro sistema en que se lograran esas metas. Todo está peor que antes, pero no que el antes de hace 60 años sino, incluso, que el antes de los años 70 u 80. Es increíble lo peor que se puede poner “la cosa”, cuando ya uno cree que ha tocado el fondo de la crisis.

Pero lo más trágico e irónico de esta crisis profundizada es la represión del lenguaje. Hay un problema de semiótica y filología en el socialismo real: lo que es no es. Y si lo es, no puede llamársele como lo que es. Se inventa un metalenguaje.

Yo diría que para no decir crisis profunda y estructural se impone un eufemismo. Pero esta palabra tampoco es muy adecuada porque según el diccionario “eufemismo proviene de la palabra griegaeuphemo que significa “favorable/bueno/habla afortunada” y que se deriva a su vez de las raíces griegas eu (εὗ), “bueno/bien” + pheme (φήμί) “habla(r)”. Eupheme era originalmente una palabra o frase usada en lugar de una palabra o frase religiosa que no debía pronunciarse en voz alta; etimológicamente, eupheme es el opuesto de blasfemia (habla endemoniada).” Y crisis estructural no es ni buena, ni favorable, ni afortunada ni religiosa. Es un desastre. Quizá se acerque más a la realidad la “blasfemia”.

En efecto, en asamblea reciente de un organismo provincial una persona que estaba dirigiendo “bajo” claramente la orientación: “Compañeros, a esto no se le puede llamar “período especial”. Vamos a tener dos o tres años muy duros, pero hay que resistir.” De modo que no se puede usar el eufemismo inventado en los 90 que ya llamaba especial a un período crítico. Tampoco se puede mencionar estas dos palabras, hay que inventar otras: “situación compleja”, “coyuntura internacional”, guerra de cualquier cosa: económica, eléctrica, mediática… pero guerra. Pero no “período especial”. Así fueron de terribles aquellos años de los 90. Así fue de insufrible e indescriptible aquel período calificado por la manipulación semántica como “especial”. Si tan especialmente inhumano que se convirtió en una palabra maldita aún la inventada como paliativo lingüístico. Ya sabemos, estos sistemas cambian el lenguaje y le tuercen la nuca significante. Y ya en esa asamblea no solo se niega que haya un período de crisis sino que se prohíbe llamarle “especial”. Se miente por partida doble: escondiendo la realidad que todo el mundo desmiente al salir de la placita o de la largas y violentas colas; y se miente no llamando a las cosas por su nombre propio: crisis humanitaria, desastre económico, fracaso político, desintegración social.

Me pregunto: Entre “período especial”, “situación compleja” y desastre socio-económico-político, cual describe mejor la tozuda realidad que vivimos y que proclama todos los días que regresa la agudización de la crisis porque cayó la indestructible Unión Soviética y no escarmentamos. Seguimos buscando metrópolis de la cual depender, y apareció la Venezuela del socialismo del siglo XXI (que es idéntico al del siglo XX) y mientras duró allí el proceso de desintegración, vivimos nosotros aquí otra vez de una economía dependiente del petróleo ajeno. Otra vez fracasó el experimento en el siglo XXI y otra vez Cuba cae en la crisis del dependiente, del que no quiso ser independiente o mejor, interdependiente en un mundo globalizado en el que nadie, ningún país o bloque regional pueden vivir aislados.

Esconder lo que nos confiesa la cruda realidad es peor que la misma crisis. Porque no hay nada más injusto e inhumano que mentir para mantener una tranquilidad falsa y mediática que solo se puede vivir dentro del televisor porque ya se descubre y asoma nuevamente en las reducidas hojas de los periódicos del Partido. Y cuando la crisis llega a la propaganda y sus medios, entonces la crisis es más profunda y grave de lo que podemos sospechar. Así lo expresa Martí: ¨ ¿A qué palabras, en tiempos de hechos? Lo que se hace es lo que queda, y no lo que se dice. La lengua es fofa, y el brazo es membrudo.” (El Diario de la Marina. New York. 1894, noviembre 10. Tomo 3. p. 352)

El remedio está en vivir en la verdad. En que la palabra informe los datos de la realidad, porque esconderla supone dos serios problemas políticos: uno, no se confía en que el pueblo pueda asimilar otro “período especial” y dos, no se puede contar con el trabajo, el sacrificio consciente y la creatividad de los ciudadanos que es la única fórmula para salir de este callejón oscuro.

O quizá, no se sea aguantable ya pedir otra vez más sacrificios. O quizá, abrir esa brecha supone la pérdida del poder que se llama ahora, en un entuerto semántico mezclado con error gramatical como: “somos continuidad”.

Continuidad de qué, de poder o de la crisis. Del problema o de las soluciones. De los cambios que nunca fueron reales o del atrincheramiento de la plaza sitiada. Lo único que levanta el sitio es levantar la represión de los derechos, levantar el bloqueo de la iniciativa y las libertades económicas, políticas y culturales de todos los cubanos y no tener miedo a que nosotros, todos los cubanos, no vayamos a “saber” cómo reconstruir el país, o lo que es peor nos dejemos “manipular” por el “enemigo” externo. El verdadero enemigo es no confiar en los talentos, capacidades y patriotismo de los cubanos. Ese si es el enemigo y los que no confían lo saben.

Ya lo expresó el apóstol de nuestra libertad plena: “La palabra no es para encubrir la verdad, sino para decirla.” (“Ciegos y desleales”. Patria. New York. 1893, enero 28. Tomo 2.  P. 216)

Y Martí también nos dice en la Carta de New York. La Opinión Nacional. Caracas. 1882, marzo 4. Tomo 9. p. 271: “…la palabra tiene alas, y vuela caprichosa, y se entra en mundos ignorados e imprevistos, y aquel que habla en nombre del pueblo, ha de poner rienda doble y freno fuerte a su palabra alada.”

Rienda a la palabra, solución a la crisis, cambio estructural, esa es la salida de la perenne escasez material y espiritual. Cuba puede si puede sacar fuera, a la calle, a la empresa, a las instituciones, la libertad que sufre dentro. Hagámoslo.

Hasta el próximo lunes, si Dios quiere.

MARTINOTICIAS

Última actualización el Sábado, 20 de Abril de 2019 03:41
 
Análisis económico del discurso de Raúl Castro en la Asamblea PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Sábado, 13 de Abril de 2019 02:15

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Por Elías Amor Bravo.- 
Finalmente, Raúl Castro en su discurso en la Asamblea Nacional, con motivo de la proclamación de la constitución comunista ha reconocido, lo que en este Blog se viene diciendo desde hace un año más o menos. La economía cubana no da para más. Los motores que la venían sosteniendo se han apagado, y una cierta sensación de sálvese quién pueda, comienza a extenderse en amplios sectores de la sociedad. Las protestas sociales cada vez son mayores y más extendidas, y esto no ha hecho más que empezar.
Castro, vestido de traje azul y corbata roja (se olvidó todo el mundo de la guayabera) ha dicho, según cita Granma, “que enfrentamos dificultades adicionales y que la situación pudiera agravarse en los próximos meses. No se trata de regresar a la fase aguda del período especial de la década de los años 90 del siglo pasado; hoy es otro el panorama en cuanto a la diversificación de la economía, pero tenemos que prepararnos siempre para la peor variante”.
Claro que no se puede regresar al “período especial”, porque ya no estamos en 1994. El reloj del tiempo solo va en una dirección. Eso lo debería saber alguien que tiene tantos años y que ha visto ya tantas cosas en su vida. Pero si algo tiene que tener claro es que las dificultades que afronta la economía cubana no son adicionales, son las mismas de siempre, las que todos los cubanos conocen y han experimentado durante 60 años, y además tienen mucho que ver con las raíces torcidas de la naturaleza del modelo económico impuesto por la fuerza a los cubanos. La realidad es que, aun cuando el panorama es distinto, la situación puede ir a mucho peor, porque no se adoptan las medidas necesarias para salir del círculo vicioso de la economía. Eso es lo más grave.
Ya no se puede esconder o disfrazar el desastre de la gestión de la economía. Se reconoce públicamente, y además, se pide, y vuelvo a citar, “es necesario que estemos alertas y conscientes de que enfrentamos dificultades adicionales y que la situación pudiera agravarse en los próximos meses”. Un mensaje que parece ir más dirigido a los inversores extranjeros locales que al pueblo cubano, que ya conoce de esta situación, porque la ha vivido en muchas otras ocasiones.
Según el dirigente comunista, la receta que quieren poner en marcha es la misma de siempre “es preciso redoblar los esfuerzos por incrementar las producciones nacionales, en particular la de alimentos, revisar todos los gastos para suprimir los no imprescindibles, elevar la eficiencia en el uso de los portadores energéticos, especialmente los combustibles, lo que incluye acabar con el robo existente y asumir el ahorro como una firme línea de conducta de los dirigentes desde la nación hasta la base y los compatriotas en general”. Todo muy básico y muy genérico, sin ir al origen del problema y a las soluciones que son necesarias y urgentes.
Que diga cómo se pueden “redoblar esfuerzos” en una economía en que los agentes económicos carecen de motivaciones para hacer las cosas mejor. El trabajador por cuenta propia o el botero al que suben los impuestos o las penalizaciones, ¿qué esfuerzos va a redoblar?. Que diga públicamente que gastos del presupuesto va a suprimir, tal vez las inversiones en infraestructuras, que son las más bajas de América Latina, o los gastos en educación y sanidad. Porque los gastos del presupuesto militar, los de defensa, policía y seguridad no se reducen, sino que aumentan. Y que diga cómo se puede elevar “la eficiencia de los portadores energéticos” cuando la economía es intensiva en el consumo de derivados del petróleo, que pronto tendrá que comprar a precios internacionales y no subvencionados de Venezuela. Que diga, en definitiva, cómo pueden los cubanos ahorrar en un país con los salarios y pensiones más bajos del mundo, y en el que el poder adquisitivo de la población apenas da para medio pollo por persona al mes.
Lo peor de todo es que no se ha escuchado en el discurso de Raúl Castro ningún reconocimiento de los graves errores cometidos por la llamada “revolución” en la dirección económica del país. Al contrario, en un determinado párrafo de la intervención reivindica y hace suyos, como fuentes de derecho, las atrocidades cometidas por el comunismo contra la sociedad y la economía cubana. Y cito otra vez, textualmente, sus palabras“la revolución fue fuente de derecho, fue ella quien les dio la tierra a los campesinos, la que garantizó el acceso gratuito y universal a la educación, la que puso la salud pública al servicio de los ciudadanos, la que garantizó la igualdad de los cubanos, la que nacionalizó con el respaldo popular las grandes propiedades en manos de compañías extranjeras que explotaban a nuestros compatriotas".
¿Fuente de qué? La revolución trastocó y llevó a la indigencia a centenares de miles de personas que perdieron sus activos, sus planes de ahorro, sus depósitos, sus tierras, sus empresas y negocios, después de una larga vida de trabajo y esfuerzo. Unas decisiones que trasvasaron todo el capital productivo de la nación al estado totalitario comunista, que a partir de ese momento, por medio de la planificación central y la ausencia de mercado en la asignación de recursos, hizo y deshizo a su antojo. Esa es la “fuente de derecho” de la miseria comunista de la economía cubana que ahora quieren sancionar con una constitución que bloquea cualquier cambio hacia la racionalidad y la modernización de la economía. Una miseria económica de la que nunca se podrá recuperar, que no se puede atribuir a bloqueo ni embargo alguno, como reivindica Castro en uno de los apartados más lamentables de su discurso.
Y dicho y hecho, se despidió diciendo “eso es todo por ahora”. ¿Pero es que hay más?

 

14 Y MEDIO

Última actualización el Jueves, 18 de Abril de 2019 23:22
 
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Por GUILLERMO FARIÑAS.-  La Junta Militar que detenta el poder ejecutivo en la Isla no quiere siquiera que se mencione el término "Periodo Especial". Un eufemismo acuñado por el difunto Fidel Castro Ru...

Inversores cubanos sí, pero solo si vive

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Por MARIO J. PENTÓN.- La prensa oficial cubana aclaró este viernes que "no existe ningún impedimento" para que la diáspora invierta en la isla. Eso sí, bajo la Ley de Inversión Ex...

¿Adoptará Cuba el modelo chino?

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Por ROBERTO ÁLVAREZ QUIÑONES.-  Algunos lectores del artículo titulado "Cuba, a la tercera va la vencida", publicado recientemente en este diario, expresaron en el espacio para los comentarios que no están de ac...

Por qué fracasan las conversaciones Madu

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  Por Jorge Hernández Fonseca.-  En la Venezuela de hoy, hay dos posibilidades: 1) Negociar con Cuba. EUA, el Grupo de Lima y Europa negociar con la Habana. 2) Organizar una fuerza ...

El fracaso de las conversaciones Maduro-

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Por Jorge Hernández Fonseca.-  En estos encuentros se garantizarían los objetivos de Guaidó, pero el chavismo quedaría intacto y los intereses cubanos podrían encaminarse adecuadamente, además de resolver sus graves problemas in...

La mano de Cuba en las conversaciones ve

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Por Jorge Hernández Fonseca.-  Desde las fallidas negociaciones de la oposición venezolana con altos mandos de la dictadura madurista, ya se vio más o menos claro que los planes de la Ha...