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Cuba


Cuba en el limbo y el error de Obama (2) PDF Imprimir E-mail
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Miércoles, 06 de Enero de 2010 01:04

Por HUBER MATOS ARALUCE

Los mensajes entre Raúl y Obama.

San José, Costa Rica.

Pasada la euforia inicial sobre la nueva era entre la administración de Obama y el castrismo, a la primera señal de desacuerdo que se le dio cierta importancia fue a una rectificación del enfermo dictador, que a unas declaraciones de Raúl Castro y su disposición de negociar con Obama sobre cualquier tema, definió públicamente lo que, según él, había querido decir Raúl.  Castro demostraba su desagrado por la posible conciliación entre ambos gobiernos.

Sin embargo, para observadores más atentos al comportamiento del castrismo las declaraciones de Castro no eran más que un evento, precedido por otras acciones nada alentadoras que indicaban que el régimen en lugar de flexibilizarse se endurecía, entre ellas: purgas a funcionarios que no se consideraban incondicionales del raulismo; el ascenso de Ramiro Valdés, represor por excelencia, miembro de la vieja guardia y jefe del Ministerio del Interior en sus épocas más siniestras;  la ausencia de medidas que respaldaran los cambios implícitos en las críticas de Raúl Castro al sistema; la eliminación de elementos moderados del régimen, que simbolizaban por su juventud y sus experiencias promesas hacia menos estatismo; la sistemática negativa del gobierno a comunicarse con la oposición democrática, la insistencia de medidas represivas contra la disidencia y –en una presunta antesala a la apertura- la inexplicable persecución de cubanos que recibían señales de televisión vía satélite.

Pero  los nuevos inquilinos de la Casa Blanca, convencidos de que podían cambiar el mundo con su nueva política de conciliación con tirios y troyanos, ya habían tomado la iniciativa respecto a Cuba.  La eliminación de restricciones a los viajes de los cubanos en el exilio y a los envíos de remesas representaban beneficios económicos por centenares de millones de dólares que, para una economía ruinosa, eran una bendición y el inicio de ventajas adicionales sin tener que corresponder con nada por ellas.

Se eliminó la restricción a la conexión de banda ancha de Internet entre compañías norteamericanas y Cuba; aunque el régimen se ha negado a hacer uso de esa ventaja. Se restringieron algunas facilidades a los disidentes en la Oficina de Intereses de los Estados Unidos en Cuba,  que ya no podían hacer copias fotostáticas  ni recibir libros desde el exterior por esa vía.

Pasaban los meses, y de la contraparte castrista no había la reacción esperada. Por el contrario, el régimen parecía actuar más sincronizadamente con Hugo Chávez y su retórica antiimperialista. Se seguía machacando en el tema del “bloqueo” con una demagogia superada por la realidad y por la nueva disposición y las acciones del gobierno estadounidense.

El gobierno de Obama no admitía la futilidad de su nueva política hacia Cuba hasta que el 13 de octubre el presidente de los Estados Unidos recibió al presidente del gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero. Entre los temas que conversaron estuvo el de Cuba.  Unos días después, el 25 de ese mes,  el periódico español El País filtra parte de la conversación que sostuvieron ambos presidentes.  Lo que publica el periódico es tan importante como lo que se infiere del  contenido.  Veamos:

El Nuevo Herald comienza refiriéndose a la información de “El País” con este párrafo: “El presidente norteamericano Barack Obama solicitó a España que mediara ante las autoridades cubanas para que éstas hagan más esfuerzos en mejorar las relaciones con Estados Unidos, sostiene el diario español El País en su edición del domingo”.

El País informó que Barack Obama le pidió al presidente José Luis Rodríguez, durante su visita a la Casa Blanca, que le mandara este mensaje a Raúl: “Decidle a Raúl que si él no da pasos tampoco yo podré darlos‘‘.

Según El País, Obama insistió en el tema de los pasos: "Nosotros estamos dando pasos, pero si ellos no dan pasos también, será muy difícil que podamos continuar''.

En el mismo artículo se cita a Obama pidiéndole a Rodríguez Zapatero: "Que les diga a las autoridades cubanas que comprendemos que no se puede cambiar las cosas de la noche a la mañana, pero que, pasados unos años, cuando se mire hacia atrás, debe quedar claro que éste fue el momento en el que empezaron los cambios’’.

Es obvio que las citas contienen la clave de un intercambio de mensajes entre ambos gobiernos:

Obama le dice a Raúl: “comprendemos que no se pueden cambiar las cosas de la noche a la mañana, pero que, pasados unos años, cuando se mire hacia atrás, debe quedar claro que éste fue el momento en el que empezaron los cambios'' .

Si dudas,  Obama está respondiendo a un mensaje de Raúl Castro en que este le dice que en Cuba no pueden hacerse cambios rápidos. A lo que Obama  le responde que comprende que “no se pueden cambiar las cosas de la noche a la mañana”.

Por lógica ese mensaje de Raúl Castro tiene que obedecer a uno inicial de Obama,  en el cual le planteaba el tema del cambio en términos rápidos, tan rápidos como para que Raúl respondiera que no se pueden hacer los cambios de la noche a la mañana.

Por su grado de comprensión y aceptación, la respuesta de Obama a Raúl es casi “conmovedora”.  No obstante, Obama pide al dictador que dé algunos pasos para que por lo menos quede claro para la posteridad que dentro de unos años, recibirán (ambos) reconocimiento histórico y el mundo sabrá que el cambio en Cuba comenzó ahora.

Pero en sus conversaciones con Rodríguez Zapatero, Obama parece haber ido más allá, hasta considerar un entendimiento con España para tratar de sustituir la “posición común” Europea respecto a Cuba, tema que trataremos más adelante.

Ahora analizaremos la evaluación del Departamento de Estado sobre la política de conciliación y pasos hacia Cuba.  En las declaraciones de Arturo Valenzuela, Subsecretario de Estado para Latinoamérica no hay una admisión explícita del fracaso, ni se plantea formular un nuevo enfoque.  Parecen una cortina de humo detrás de la que se esconde el fracaso, la ausencia de un nuevo enfoque o una determinación acerca de la que no se quiere hablar para no tener que pagar un precio político antes de las próximas elecciones en los Estados Unidos.

Continuará…

 

Última actualización el Miércoles, 06 de Enero de 2010 01:10
 
El Mundo Nuevo del Castrismo PDF Imprimir E-mail
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Martes, 05 de Enero de 2010 01:50

Por PEDRO CORZO

Recuerdo que en el ya lejano 1959, en una modesta casa de la ciudad de Santa Clara  nos reunimos un grupo de estudiantes para ofrecerles una fiesta de despedidas a dos amigos que partían hacia Estados Unidos. La mayoría de los jóvenes allí reunidos no considerábamos   el festejo como un acto político porque  en nuestra opinión era simplemente una familia  que se disponía a iniciar una nueva vida.

Pero a los pocos minutos más de un centenar de personas nos despertó y abrimos  los ojos ante la nueva realidad que vivía el país. Gritos de gusanos, váyanse todos, ustedes son basura  cargaron el ambiente. De las ofensivas palabras aquella turba enfurecida pasó a la acción y hubo más de una cabeza rota al ritmo que marcaban los también destruidos  instrumentos musicales de la banda que había amenizado el festejo.

Con el pasar del tiempo las cosas se complicaron más. No se podía escuchar música americana, Glenn Miller, era pecado mortal. Una casa de donde se escaparan los acordes de Bill Halley y sus Cometas, o de Elvis Presley, era un antro de perdición que tenía que ser exorcizado con el violento actuar del hombre nuevo. Hubo que dejar de celebrar las ya frecuentes despedidas ante la violencia e impunidad con la que actuaban  los titulados Jóvenes Rebeldes, sin embargo  a las turbas divinas no le faltaron cabezas que romper ni pelo que cortar. Su sed justiciera era hábil en descubrir un enemigo de pelo largo o de un vestir que faltase a las perturbadas normas de la nueva sociedad.

El tiempo mandó y nuestra generación cumplió  el imperativo de diversas maneras: Clandestinaje y  policía política,  alzamientos y las milicias,  exilio, cárcel y paredón .El país fue sesgado por la guadaña del odio y la intolerancia. Muy pocos pudieron agacharse lo suficiente para no ser advertidos. Eran los tiempos sagrados de “Con la Revolución todo, Contra la Revoluciona nada.” No había medias tintas, asumían el papel de Torquemada o Savaranola. Sin remordimientos. Profilácticamente. El que se iba era un traidor, el  que conspirara debía ser ejecutado.

Así fueron marchando las cosas. El egoísmo revolucionario prendió en los conversos y en los oportunistas. Salvo contadas excepciones la mentalidad del  hombre nuevo se hacía eco de la consigna oficial de aislar a los descontentos y aplastar a los contrarrevolucionarios. La unidad familiar sufrió. A mas de uno le escuchamos con pavor  “yo no creo ni en mi madre, si hace contrarrevolución yo mismo la fusilo”.

La delación asumió características de epidemia. El preso se convertía en una no persona que solo podía ser visitado por sus padres, esposas e hijos. El familiar de un fusilado era un apestado que no merecía ser asistido  porque su pariente había traicionado  la Revolución. Los bienes de los presos eran confiscados. Sus parientes podían ser concentrados en áreas inhóspitas y remotas  con la misión de colonizar esas regiones.

Desde la aurora revolucionaria el término antisocial se  uso para  identificar a las personas desafectas a la Revolución. El calificativo era suficiente para que un individuo fuese purgado y separados de sus familiares y amigos, como si padeciera una enfermedad contagiosa. Primero el Servicio Militar Obligatorio, mas tarde  la Unidad Militar de Ayuda a la Producción, UMAP,  simultáneamente las Brigadas Jhonson  o las Jacqueline, donde según el caso ubicaban a las personas que se suponía eran contrarias al proceso, o habían presentado documentos para abandonar el país.

Las cartas que provenían del extranjero no eran contestadas. Un familiar fuera del país era un lastre en el justo empeño de hacer carrera en la Revolución. Eran tiempos en que las convicciones o la vileza, según el caso,  primaban sobre los sentimientos. Tener una creencia religiosa o estar asociado a alguna organización fraternal convertía al individuo en desafecto de la Revolución y de ahí al infierno, el camino era muy corto.

Han  transcurrido cincuenta y un años del castrismo en el poder. La herencia del totalitarismo es sumamente dolorosa. Primero robó la esperanza de un futuro mejor de una parte considerable de la población, mas tarde ejecutó, encarceló y obligó al exilio  a un número importante de ciudadanos. Después subvirtió el orden político hemisférico causando más muertes y conflictos. Envió a miles de sus partidarios a la muerte para satisfacer su voluntad imperial, destruyo la economía  del país, pero el daño mas devastador se ha producido en los valores mores y espirituales de la nación en su conjunto.

Nuestro ser nacional ha quedado profundamente afectado y la recuperación va a demandar el mayor de los esfuerzos, mucha solidaridad y comprensión. La tarea será ardua, difícil, pero no queda otra alternativa que aceptar el reto y andar juntos con nuestras respectivas culpas y errores si queremos reconstruir una Cuba en la que todos tengamos el espacio que podamos merecer.

Pedro Corzo

Última actualización el Martes, 05 de Enero de 2010 01:56
 
Rafael Correa, recetario para un desastre PDF Imprimir E-mail
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Domingo, 03 de Enero de 2010 17:23

Por CARLOS ALBERTO MONTANER

Rafael Correa, el presidente de Ecuador, acaba de publicar un libro. Lo llamó Ecuador: de Banana Republic a la No República. Supone que el país, bajo su mando, dejó de ser una república bananera, gobernada arbitrariamente en beneficio de una oligarquía deshonesta y del capital extranjero, para convertirse en otra cosa que no es, tampoco, una república tradicional con su separación y equilibrio de poderes, su constitución neutral y sus instituciones abiertas que propician los cambios suavemente al amparo tranquilo del Estado de Derecho.

En la solapa del libro Correa aporta sus notables credenciales académicas y declara su filiación ideológica. Dice ser un seguidor de la doctrina social de la Iglesia y de la hoy muy de-

sacreditada teología de la liberación. Pero es en el texto, compuesto por artículos previamente publicados, donde encontramos las claves de su visión de los problemas de Ecuador. Es ahí donde comparece una abultada lista de malos a los que fustiga junto a los buenos a los que cita elogiosamente.

La lista de los villanos es muy extensa: prácticamente todos los presidentes que lo precedieron en el poder, los organismos internacionales de crédito, ``la nefasta burocracia internacional y sus corifeos'', el mercado y ``la mano invisible'' que lo guía, el Consenso de Washington, la independencia del Banco Central, la dolarización del país, el comercio libre internacional (el ALCA), la privatización, lo que llama ``la larga y triste noche neoliberal'', las concesiones de los servicios a la empresa privada y la ``tercerización'' o contratación a terceros para evitar cargas fiscales o presiones sindicales. En la página 64 manifiesta una intención que me parece encomiable: ``Liberar al Estado de los grupos de poder que lo controlan''.

Sus héroes son el Estado, la teoría de la dependencia, la planificación, el gasto público, el dirigismo desarrollista, una moneda nacional que sirva para encajar las crisis y compensar la improductividad del país, Raúl Prebisch, J. M. Keynes, James Petras --un disparatado economista marxista radical--, las protecciones arancelarias para desarrollar la industria nacional, cierta conveniente inflación y hasta Facundo Cabral y Eduardo Galeano, como para poner cierta nota folclórica a un texto que es semiacadémico.

El libro tiene algunos errores impropios de un economista formado en Estados Unidos como, por ejemplo, afirmar que el gobierno de F. D. Roosevelt revocó el patrón oro en 1933, algo que sucedió, realmente, durante la administración de Richard Nixon varias décadas más tarde. Roosevelt lo que hizo fue devaluar el dólar con relación al oro: de 20 dólares la onza a 35, medida que, en su momento, fue considerada por muchas personas como una violación de los derechos de propiedad.

Estamos, pues, ante un gobernante que posee cierta visión ideológica perfectamente calificable como estatista (``tercermundista'', le llamaba Carlos Rangel), acompañada por una acendrada desconfianza en la economía de mercado y en las intenciones de las grandes democracias desarrolladas. Lamentablemente, a esta equivocada forma de entender cómo debe gobernarse, cuarenta veces fracasada en América Latina a lo largo del siglo XX, se une un temperamento claramente autoritario, según su propio hermano, y la perniciosa arrogancia intelectual de quien no conoce la duda y se mantiene indiferente ante una realidad que desmiente constantemente las premisas de las que parte.

Si, de acuerdo con el análisis de Correa, la clase política ecuatoriana es totalmente venal e ignorante, y está rodeada por un ejército de funcionarios indolentes, ¿por qué cree que el Estado va a solucionar los problemas de la sociedad mejor que la sociedad civil? Si el sector público ecuatoriano es un minucioso desastre y su propio gobierno naufraga en medio de la corrupción y la ineficacia (según también opina su hermano) y ni siquiera pudo prever el anunciado colapso de la distribución de energía eléctrica, ¿qué le hace pensar que dándole más poder y entregándole más recursos ese Estado va a hacer mejor su trabajo?

En lugar de mirar hacia Venezuela, que es el modelo perfecto de cómo no debe gobernarse a una sociedad, el señor Correa debería observar cuidadosamente el tipo de Estado que los chilenos han construido a partir de los años ochenta, y luego, inteligentemente, han conservado y profundizado los posteriores cuatro gobiernos de la democracia, como hará el que salga electo en las próximas elecciones. Es verdad que los chilenos hacen lo contrario de lo que Correa prescribe, pero parece aconsejable imitar los ejemplos exitosos, no los fallidos.

Al final de su libro, Correa cita a dos economistas que, probablemente, no ha leído o, peor aún, no ha entendido, Ronald Coase y Douglas North, y asume con ellos que la prosperidad, el desarrollo y la estabilidad dependen de la calidad de las instituciones y del carácter predecible de las reglas. Exactamente lo opuesto a lo que hace su gobierno. Eso se llama cultivar la esquizofrenia intelectual.

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Última actualización el Domingo, 03 de Enero de 2010 17:34
 
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Domingo, 03 de Enero de 2010 17:20

Por RAUL RIVERO

Madrid -- En Madrid, bajo un recado de frío, lluvia y alguna nieve porfiada que llega a España, puedo saber que la semana pasada se robaron en La Habana un teléfono público. Y que en la cárcel de Boniato, en Santiago de Cuba, se ahorcó en su celda de castigo, un muchacho que se llamaba Lenin Pérez.

Son noticias de una realidad, de una parte del latido de la vida en la Cuba profunda. Esa existencia que discurre al margen de la crónica de la televisión oficial en la que aparecen las mismas papas y los plátanos verdes, salvajes y abundantes, en los planes especiales de utilería como los discursos, las reuniones y los llamados al combate y a apretarse el cinturón mientras se cierran, con mano firme, los cinturones de seguridad de los Mercedes Benz.

Las notas de la calle, las del suicido y el teléfono arrancado de la pared las escribe la periodista Aini Martín, en el riesgo y la precariedad del periodismo independiente. La otra es pura crónica social que paga la gente para que los jefes se crean que los cubanos se lo creen, cuando unos y otros saben que no se lo cree nadie, pero que si se deja de fingir que se cree se pueden quedar ciegos los pozos.

Ellos, los reporteros de la sociedad marginada, los cronistas de un país que estuvo oculto bajo las montañas temblorosas de la propaganda, son los que le dan a conocer el pulso real del país, por encima de la información tramitada por unos mecanismos descubiertos ya, y petrificados en los museos. Observados ahora con el mismo desdén con que el mundo civilizado conoció los resortes de la gangarria del nazismo.

Son los comunicadores independientes --algunos de los cuales llevan más de una década en ese trabajo-- quienes permiten que se sepa, día a día, lo que pasa con la vida de los presos políticos. De allí sale el inventario de arbitrariedades, el plano general de la ruina del país que la burocracia local y una cofradía multicolor de extranjeros trata de disimular, de disfrazar como si el planeta Tierra fuera el mismo que fue el siglo pasado.

Las decenas de periodistas que informan sin mandatos desde Cuba son hombres y mujeres que decidieron un día escribir la verdad. No conozco a ninguno que aspire a ser heroico. Conozco a muchos que se hicieron libres por cuenta propia y comenzaron a trabajar con modestia y tenacidad en condiciones muy difíciles y allí están, en las calles, con sus libretas de notas llenas de apuntes de las pequeñas historias de la vida.

Hablo de reporteros de toda la nación. De cubanos que informan y opinan, gente de todas las edades y de origen diverso que escriben en un mundo en el que hay 136 periodistas en prisión (24 de ellos en Cuba), bajo el fuego cruzado de los represores y de los insultadores profesionales que hacen maromas por terrones de azúcar o por el puro placer de la cabriola.

El periodismo independiente --sus profesionales-- con sus reportes y sus piezas diarias nos ayuda a recordar con respeto y decencia a los periodistas y escritores que esperarán el año 2010 en las cárceles de Cuba. Estos son algunos nombres: Ricardo González Alfonso, Normando Hernández, Rolando Arroyo, Regis Iglesias, Héctor Maseda, Adolfo Fernández Saíz, Pedro Argüelles Morán y Jorge Luis García Paneque.

Los que están presos y los que siguen en las ciudades y en el campo con la policía a unos metros de sus sombras, sacaron a la superficie --y mantienen en un plano visible--, la Cuba que necesita enterrar los discos de los himnos de guerra. Esas piezas se rallaron y suenan fuera de revolución. Los conflictos verdaderos tienen otros escenarios en progreso. Y allí ya están acreditados los enviados especiales.

 

Última actualización el Domingo, 03 de Enero de 2010 17:32
 
Cuba 2010: Año sin nombre PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Domingo, 03 de Enero de 2010 11:53
Reunión de la Asamblea Nacional de Cuba.
Contrario a la tradición de bautizar cada año con un lema que simbolice el plan a seguir, el 2010 sólo será el año 52 de la revolución. Sin más nombre.
(Martí Noticias, P. Alfonso) -

El anuncio, hecho ante la Asamblea Nacional por Raúl Castro la pasada semana, es un reflejo de la incertidumbre que espera a los cubanos en 2010; a quienes el gobierno ha pedido que se aprieten más el cinto mientras aprieta las tuercas de la represión política.

Los cubanos se preguntan por qué 2010 será el año 52 de la revolución si acaban de celebrar el 50 aniversario. La curiosidad es tanta que el órgano oficial del Partido Comunista publicó el miércoles 30 su explicación.

"Para esclarecer esas inquietudes debemos decir que el nombre utilizado es correcto, pues efectivamente a partir de este Primero de Enero nuestro proceso revolucionario comenzará a vivir el año 52 de su existencia, aunque el cumpleaños cerrado lo celebre en igual fecha del 2011… Esta lógica indica que en el transcurso del 2010 estamos en el Año 52 de la Revolución", aseguró Granma.

Disquisiciones teóricas aparte, Raúl Castro hizo dos advertencias básicas para el 2010: Dijo que será un año "difícil" y que no está dispuesto a correr riesgos de "improvisación" al introducir cambios. La tarea principal del gobierno será reanimar la moribunda economía del país.

"Una hazaña podría considerarse revitalizar una economía como la cubana", afirmó el último número del semanario económico Opciones, que se edita en La Haban, en un extenso artículo dedicado a las perspectivas económicas de 2010.

Las expectativas oficiales fueron esta vez más modestas que en años pasados. Para 2010 se propone 1,9 % de crecimiento económico, anunció el ministro de Economía y Planificación, Marino Murillo, al presentar el Plan Económico y Social y la Ley del Presupuesto del Estado para 2010 ante la Asamblea Nacional.

Los cuatro pilares que sostienen la endeble economía cubana seguirán siendo las exportaciones de níquel, de servicios médicos, las remesas del exterior y el turismo.

El objetivo económico apunta a reducir la importación de alimentos y ajustar los gastos; para lograrlo será necesario aumentar la producción agropecuaria y alcanzar mayor eficiencia empresarial.

"El problema es que para eso el factor humano es imprescindible y con una productividad de apenas 1.1% y un exceso de trabajadores en plantilla, la solución no es fácil", afirmó a Martí Noticias, Mario González Corzo, profesor de Economía de Lehman College en New York.

Corzo, quien se ha especializado en el estudio de la economía cubana, asegura que el reto principal del gobierno es el mercado laboral, porque los resultados demuestran que los estímulos salariales y los planes de incentivar la producción han sido insuficientes.

Mario González Corzo, profesor de Economía de Lehman College en New York.

El propio Raúl Castro reconoció en días pasados que uno de los problemas más difíciles que enfrenta el gobierno es "la resistencia pasiva de los cuadros intermedios".

A pesar de que el pasado mes de junio entró en vigor una ley que permite, por primera vez, trabajar a estudiantes de bachillerato y universitarios y autoriza el pluriempleo sólo unos 50,000 trabajadores tenían más de un empleo a finales de año.

"A seis meses de aplicado ese instrumento esa cifra resulta realmente discreta", comentó el noticiero de la televisión oficial.

El viceministro de Trabajo y Seguridad Social, José Barreiro, dijo a la televisión que el 97 por ciento de las personas que se acogieron al pluriempleo están vinculadas a la docencia. Alegó que la cifra es aún baja debido a que hay un "exceso de fuerza laboral" en algunas esferas que impide ampliar las ofertas de trabajo.

Con una población de cinco millones de personas económicamente activas, la tasa de desocupación del 2009 fue del 1,7 por ciento, según cifras oficiales.

"Es una contradicción evidente citar cifras de casi pleno empleo y al mismo tiempo reconocer que hay un exceso de fuerza laboral", afirmó González Corzo. "El mensaje es claro: el gobierno tendrá que reubicar ese exceso de fuerza laboral hacia sectores que más lo necesiten y eso se llama agricultura, producción de alimentos", añadió.

El 2010 verá un retorno a los métodos de economía planificada. Está previsto que para marzo que el Consejo de Ministros apruebe el plan 2011-2015.

Esa planificación incluye un elemento novedoso. La Asamblea Nacional aprobó descentralizar las finanzas, con lo cual las empresas estatales tendrán que autofinanciarse.

Dicho de otra manera, las empresas ineficientes se verían obligadas a fusionarse o sencillamente desaparecer.

"Eso también tiene repercutirá en el mercado laboral, pues toda fusión implica exceso de mano de obra que casi seguro será reubicada en la agricultura, la gran prioridad del 2010", indicó González Corzo.

En el terreno de la política interna el gobierno ha trazado una línea que no permitirá sobrepasar a sus opositores: cero expresiones publicas de protesta. La consigna de "la calle es de la revolución", aplicada en 2009 con el hostigamiento y la represión a los opositores y activistas de derechos humanos, será la constante en el nuevo año.

"Otra de las prioridades en este año ha sido continuar el proceso de fortalecimiento de la institucionalidad en el país. Los órganos superiores del Partido, Estado y Gobierno sesionan periódicamente y se colegian las decisiones principales", dijo Raúl Castro ante la Asamblea Nacional.

Vista general de la sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular (parlamento), a la que asistió el presidente Raúl Castro, en la Habana (Cuba).

Por lo pronto "el fortalecimiento de la institucionalidad" no parece incluir al máximo órgano del Partido. El Congreso del Partido Comunista de Cuba, que fija los alineamientos políticos y económicos del país, seguirá esperando en el 2010 un mejor momento para su celebración.

El VI Congreso, cuya convocatoria se anunció para la segunda mitad de 2009, fue pospuesto de nuevo, esta vez sin fecha determinada. La sorpresiva decisión, fue anunciada por Raúl Castro el pasado 29 de julio durante el VII Pleno del Partido, alegando que "este no puede ser un evento más" ya que "son cosas muy serias las que estamos analizando".

"Primero se impone concluir la preparación del Partido, después analizar con la población en su conjunto y sólo realizar el Congreso cuando ese gran proceso haya terminado", dijo Raúl. "Lo más probable es que, por ley de la vida, sea el último que encabece la dirección histórica de la Revolución", agregó.

Alcibíades Hidalgo, ex- miembro del Comité Central, quien fuera Jefe de Despacho de Raúl Castro considera que esa decisión obedece a dos razones fundamentales.

"Raúl Castro se toma en serio todo ese andamiaje partidista, yo creo que él es un convencido de que el Partido puede sustituir en un futuro a los dirigentes históricos de la revolución", afirmó.

El último Congreso del Partido se realizó hace doce años, a pesar de que sus estatutos establecen que deben celebrarse cada cuatro años. Esa reunión, explican los estatutos, "examina y señala las vías para la solución de los problemas más importantes de la construcción del socialismo y aprueba los lineamientos y programas estratégicos para el desarrollo económico, social y cultural de la nación".

"Dentro de las condiciones actuales no hay posibilidades de celebrar un Congreso porque el gobierno no tiene un plan integral a largo plazo para enfrentar los problemas, las decisiones se toman casi día a día", indicó Hidalgo. "El proyecto actual es de sobrevivencia", subrayó.

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