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Cuba


Castro, la disidencia, los esbirros, el exilio, el pueblo, los turistas y la explosión social PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Sábado, 24 de Septiembre de 2011 10:24

Por JUAN VALER

Por estos días, nos han llegado noticias de dos actos concretos de la disidencia del interior de Cuba, ambos realizados en puntos sensibles a nivel propagandístico en uno de los casos y el otro, en una barriada de La Habana, donde la depresión económica y por diferentes factores, se ceba en la población en mayor medida de lo que afecta a otros municipios de la capital.

Sin entrar a considerar la finalidad perseguida en el segundo de los actos, ya que esta no ha sido voceada por las protagonistas, habremos de centrarnos en las pretensiones de las manifestantes de las escalinatas del Capitolio, las que si que han admitido abiertamente, su pretensión de excitar "la explosión social" y siempre teniendo en cuenta que, ambas actuaciones, parecen seguir las mismas o parecidas pautas y se percibe en ambos casos, la persecución de los mismos fines.

Hasta la fecha, siempre hemos tenido conceptuada a la práctica totalidad de la disidencia interna, dentro de lo que han venido auto denominando como, oposición o disidencia pacífica, lo mismo que, hemos visto participar de los actos de esa oposición pacífica, a las integrantes de las dos manifestaciones objeto del análisis.

Sin duda que, estas mujeres se han visto influenciadas por las recientes explosiones sociales en algunos países árabes del norte de África, las cuales han venido precedidas de manifestaciones de corte mas o menos pacífico, así como del uso de la violencia en su represión, lo cual ha excitado explosiones sociales, seguidas de la consiguiente guerra civil, o cuando menos, de unos conflictos armados, de considerables dimensiones.

En definitiva, cuando hablamos de la EXPLOSIÓN SOCIAL, estamos hablando de desencadenar una violencia tan incontrolada, como la que se está dando en Libia en este preciso momento, en un conflicto que, pese a estar participando activamente la OTAN, todo el mundo es consciente de a quien se pretende derrocar, pero nadie puede manifestar, a quien diablos se está apoyando, lo que nos ofrece una visión de lo incontrolado de ese conflicto en concreto que, si bien es cierto, se está intentando controlar, en la certeza de la participación de la OTAN, nadie puede afirmar a ciencia cierta si, lo que se apresta para sustituir a Gadafi, no será la mismísima Al Qaeda.

Entiendo que, aquí todo el mundo está legitimado para cualquier cosa, por barbaridad que se nos antoje a los ojos de unos u otros. Ni los unos ni los otros, ni mucho menos lo de enfrente, estamos ofreciendo una salida a toda la desesperación y frustración, acumulada por la ciudadanía cubana. De uno, otro lado y de enfrente, llevamos más de 50 años, lo mismo que los judíos se tiraron cerca de un milenio, todos los años emplazándose para el siguiente en Palestina y parece justo que, los cubanos de dentro no tengan que aguantar la de los judíos, ni nadie está legitimado para pedirles tamaño sacrificio.

A nadie se le escapa que, la tiranía en Cuba, se sustenta con el uso y el abuso de la violencia. Todo el mundo es consciente de que, la violencia engendra violencia, lo mismo que, en aplicación de esa misma máxima, podemos afirmar que, la violencia, solo se combate con violencia luego, podemos establecer que, la pretensión de provocar una explosión social, es una respuesta justa y adecuada, para combatir la violencia, con la que se sustenta la tiranía. No voy a afirmar que, la explosión social sea una fórmula proporcional en el combate a la violencia, ya que nadie puede predecir cuales van a ser las consecuencias últimas de poner en funcionamiento una fórmula de tan difícil control, en cualquier caso, el uso de la violencia, en contra violencia, siempre ha de ser desproporcionada, a fin de evitar y disuadir de la respuesta, por parte del agresor.

La explosión social, tiene sus propias pautas, tanto en la génesis, como en su desarrollo. Como hemos visto en las recientes explosiones sociales en algunos países árabes, el detonante son unas manifestaciones solicitando cambios en el ámbito político, protagonizadas por algunos grupos concretos y definidos y la adhesión de otros grupos y ciudadanos sin ninguna filiación política, tras las primeras "detonaciones", las cuales y como hemos mencionado con anterioridad, vienen dadas por la respuesta policial y represora de los regímenes contra los que se focaliza el descontento popular, donde los regímenes autoritarios o totalitarios, bajo los que viven estas sociedades, sirven de saco de arena, donde los ciudadanos descargan su ira, la cual habitualmente emana mucho más de frustraciones de índole personal, que las que se pueden constatar de orden político.

Una característica propia del ser humano, es el pretender achacar a otros, las frustraciones propias de sus carencias personales. Todos pretendemos buscar explicación a nuestras carencias en la situación general del País e incluso del mundo, pero sabiendo que, en el mundo existen diferentes calidades de vida, en función de la situación geográfica y abducidos en cierta manera por los medios de comunicación, tenemos cierta tendencia a achacar nuestros males a nuestros dirigentes más cercanos, ya que entre otras cosas, ellos aparentan tener esa calidad de vida que todos anhelamos.

En los sistemas democráticos, las elecciones plurales y periódicas, ejercen la función de "válvula de escape" para esas frustraciones humanas, en la ilusión de que, el cambio de gobierno y la consiguiente "patada en el culo" a los gestores actuales, nos va a llevar a un cambio en nuestra situación personal y va a aliviar nuestras frustraciones.

En aquellos regímenes que, se sustentan indefinidamente por la violencia, no queda otra que aguantar heroicamente, o proceder a darles "la patada en el culo" mediante el uso de esa misma violencia, por la que se sustentan, si bien es cierto que, se puede pretender eso mismo, mediante el uso "violento" de presiones jurídicas, políticas, diplomáticas, económicas o comerciales y siempre subyaciendo en estas medidas, el peligro de una explosión social, la cual no tiene que venir necesariamente y como vemos en estos países árabes, de la acción de grupos políticos aislados, pudiendo producirse por una reacción en cadena, en la defensa popular de un ciudadano aislado y sin filiación política alguna.

La explosión social, es como vemos, la suma de multitud de frustraciones, tantas y tan dispares, como ciudadanos participan el ella, donde se focaliza la culpabilidad de todas y cada una de ellas, sobre la figura o figuras de los máximos dirigentes, los cuales pueden ser culpados por los ciudadanos de problemas tan dispares y personales, como pueden ser, la gandulería, la impotencia sexual, la falta de recursos económicos, la dificultad de alimentar a su prole, o cualquier otra que pueda devenir de comparar su calidad de vida, con la de cualquier otro ciudadano, de cualquier otro lugar o país.

En el caso concreto de Cuba, a todos nos gustaría poder afirmar que, las frustraciones de la población en la esfera política, son las que predominan en el grueso de la población, pero la realidad es que, la población en su conjunto, siquera tiene una idea genérica de lo que es la democracia, salvo en la percepción general de que, en la democracia se vive mejor, se come mejor, se compra carro todo el mundo y no hace falta ahorrar todo un año, para comprar un miserable par de zapatos. La percepción general es que, un humilde plomero español, en Cuba es un potentado, con el bolsillo cargado de divisas, esa es la única propaganda anticastrista efectiva y consecuentemente, la principal posible "carga" de una hipotética explosión social, donde las frustraciones personales de los ciudadanos, actuarían como "multiplicadores" de dicha carga.

El caso es que, tanto la carga como el multiplicador, llevan mucho tiempo instalados en "la carcasa" a falta del "detonador" y liberar el explosivo de sus mecanismos de seguridad. En cuanto al detonador, acciones aisladas, bien planificadas y ubicadas correctamente, como las realizadas en el Mercado de Cuatro Caminos y El capitolio, podrían servir, si previamente se desactivan los elementos de seguridad. Como elementos de seguridad, el más importante, sin duda es el miedo de la población a ser identificados y represaríamos, por cuanto están sujetos a algo que podemos definir como "asedio preventivo" donde el enemigo raciona fuertemente los suministros vitales, a fin de impedir un almacenamiento, con el que poder afrontar una "crisis".

En cuanto a los mecanismos de seguridad a desactivar, el principal es el miedo a ser identificados y represaríados. A día de hoy, existe un arma de doble filo, a la hora de propagar y reprimir una manifestación, estos son los numerosos medios digitales que, plasman y dejan constancia de las acciones y los protagonistas, ya sea desde las populares cámaras fotográficas o los más populares todavía teléfonos celulares que, cuentan entre sus elementos de serie, con alguno de estos instrumentos o herramientas.

En cualquier caso, la principal herramienta, para lograr que la gente se sume a las manifestaciones, es proveer a estas de garantías en cuanto a la impunidad, de cara a los actores y llegados a este punto, no es difícil establecer que, si las manifestaciones se realizan dentro del ámbito nocturno, van a lograr sin duda un número de adhesiones infinitamente mayor que si se realizan a plena luz del día, no en vano, la nocturnidad, es una agravante a cualquier acción ilegal, ya que en si misma, supone un trabajo extra y un considerable aumento del peligro, para las fuerzas del orden público.

Es importante así mismo, el establecer los grupos sociales, en los que la explosión social va a conseguir un mayor arraigo. Si nos fiamos de las escasas encuestas realizadas dentro de territorio cubano, en cuanto a las pretensiones políticas de la ciudadanía y los grupos sociales, con una mayor propensión a dar y darse muestras de valor, mas allá de lo que la cordura aconsejaría, podemos establecer que, los grupos donde se debería sembrar el germen de la explosión social, deberían estar conformados mayoritariamente por varones, entre los 17 y 40 años. Otro grupo social, que si bien no es "nacional" convive habitualmente con la sociedad cubana y que se puede estimular su participación, son los turistas, los cuales carecen de los miedos de la población cubana y que, además no están sometidos al asedio de la tiranía, lo mismo que, cuentan con la protección de sus embajadas, en el caso de ser detenidos por su participación en alguna manifestación contra el castrismo. La participación de este colectivo, avivaría la confrontación, por cuanto resultaría humillante para el pueblo, el que tengan que venir de fuera a resolver sus problemas, al margen incluso del respeto que este colectivo provoca en la población cubana, al haber interiorizado que "ellos si que saben hacer bien las cosas".

Ante una hipotética explosión social, los primeros en ser llamados por el castrismo a combatirla, son sus esbirros de la Seguridad del Estado, los cuales en un primer momento, se hacen apoyar por los miembros de la PNR que, en muchos casos se puede constatar que se hace a regañadientes, por parte de los mandos de estos últimos puesto que, vocacionalmente no se han alistado en el cuerpo de policía para combatir ese tipo de "delitos" y si para combatir los asimilables, a los que les obliga a cometer la SE, en su represión. El caso es que, a regañadientes o no, se encuentran en primera línea y se hace precisa su neutralización y si llega el caso de que hagan lo que tienen que hacer, procederán sin duda a arrestar a los miembros de la SE, entre tanto y lamentablemente, son un blanco a abatir.

En una segunda fase y siempre contando que, no hayan sido desbordados por los acontecimientos en un primer momento, ya conocemos por anunciado, lo que va a suceder, esto es que, van a ser llamados los reservistas del MNIN, CDRs y las Juventudes, a establecer un escudo humano y desarmado, para intentar contener a la turba, enfrentándolos a "los suyos". Llegados a este punto y si desde los detonadores de la explosión social, se procede a dejarse reclutar entre los reservistas y actuar desde dentro, para desmontar el operativo, neutralizando a los "mandos" y mandando al resto de la gente a sus casas o dejando que se sumen a la turba.

Si se consiguen desmantelar las primera y segunda fases de la respuesta de la tiranía a una explosión social, no sería desdeñable que, Castro activase la conocida planificación, en cuanto a intentar contener la explosión, mediante el uso del ejército, pero llegados a este punto, de una u otra manera, la guerra ya estaría ganada, es imposible que Castro logre que el ejército cumpla la orden sin fisuras, donde es conocido que, solo sería necesaria la sublevación de una sola guarnición, para que se le viniese abajo todo el entramado. La certeza de una catástrofe humanitaria, ameritaría la intervención internacional, la de USA en concreto, forzada tanto por la crisis humanitaria, como por la presión política y social del exilio, donde las guarniciones que no se sumasen al alzamiento, habrían de ser bombardeadas con toda seguridad, en unas pocas horas, eso sin contar que, el grueso del ejército, está conformado por ese grupo social anteriormente referenciado, como de alto potencial, en cuanto a protagonizar una explosión social y que por su parte, tan bien podría estar infiltrado por el movimiento detonador, pudiendo actuar como en la segunda fase, neutralizando a sus mandos y procediendo de igual modo, respecto de los efectivos.

Siempre, se ha de tener en cuenta que, la tiranía va a poner en marcha toda su maquinaria represora y que esta maquinaria, siempre funciona mediante el uso y abuso de la violencia, luego, desde el primer momento, se ha de planificar una contestación violenta, con la que contrarrestar la violencia castrista, lo mismo que, para ser efectiva, la contra violencia, ha de ser desproporcionada, para resultar disuasoria, en la desproporción y que la percepción de la victoria, venga de contrastar el número de bajas, lo mismo que, la forma de producirse las bajas, tan bien puede aumentar esa percepción, lo mismo que puede incidir positiva o negativamente, en la moral del enemigo donde, desmoraliza mucho más un enemigo quemado vivo y que salga vivo del hospital que, uno muerto tras un aséptico disparo, con un arma de fuego.

En definitiva, si se pretende una explosión social, se ha de tener en cuenta que, es preciso hacer una buena provisión de cócteles molotov, armas blancas, venenos, o cualquier otra arma accesible a las manos de los civiles, para continuar por intentar la detonación nocturna, en un lugar frecuentado, por turistas y jóvenes cubanos (el Malecón de La Habana un Sábado por la noche por ejemplo) una vez que se consiga, se debería proceder a neutralizar la primera fase de la contestación de la tiranía y si puede ser, esa misma noche, intentar dirigir a la turba a tomar algunos edificios oficiales, observar el despliegue de la SE cuando acceda al lugar, neutralizar y desarman a los agentes aislados, atacar desde retaguardia el operativo de contención, chequear los centros de mando e identificar a los efectivos que se desplieguen, para proceder a neutralizarlos.

Si se actúa correctamente, si se le mete candela a todo lo que salga al paso, si se genera un caos "preocupante", sin duda se va a activar una junta militar de inmediato que, valorarán la situación y sopesarán la eliminación inmediata de los Castro, antes de tener que actuar bajo la presión nacional e internacional y con ello pierdan toda oportunidad de "participar" en el alzamiento, para verse relegados de sus acomodadas posiciones actuales, si consolidan su apoyo a la tiranía. Se verán forzados a decidir entre, una solución a la egipcia, o una a la Libia y existen en Cuba demasiados militares, como para que unos, otros o todos, no pongan en funcionamiento una solución a la egipcia.

Última actualización el Sábado, 24 de Septiembre de 2011 10:37
 
SOLIDARIDAD Y OPRESIÓN PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Miércoles, 21 de Septiembre de 2011 11:13

Por Pedro Corzo

Armando de Armas, escribió hace unos pocos años el libro Mitos del Anti exilio, un ensayo que los que acusan al exilio militante deberían leer, para que aprecien que el denominado exilio duro es más solidario y comprometido con el bienestar de los cubanos de la isla, que la generalidad de los que se rasgan las vestiduras manifestando preocupación por los perjuicios que el pueblo de la isla enfrentaría, si se ponen en vigor  las restricciones que demandan los expatriados que procuran el fin de la dictadura.

 

En primer lugar el Exilio no es una identidad homogénea, conducida por un liderazgo único o colegiado. La conducta de los exiliados puede ser contradictoria y responder a las diferentes estrategias y tácticas que interpreten el compromiso político o ideológico de los  grupos que lo integran.

 

No obstante y a pesar de esta condición, la mayoría de ese  exilio ha expresado de manera constante un sentimiento de solidaridad humana hacia sus compatriotas que difícilmente, salvo la asistencia internacional de los hebreos hacia Israel, encuentra  paralelo en el mundo moderno.

 

El exilio no solo ha mantenido viva la causa política que lo llevó al destierro y fortalecido el concepto de nación a través de nuestras expresiones culturales, sino que la idea “familia” como pueblo y núcleo social, ha sobrevivido los largos años de separación, la distancia, las ideas políticas y hasta las ofensas e injurias que en no pocos casos sufrieron muchos exiliados cuando un inquisidor de su entorno se enteraba que él o ella se iría del país.

 

En los años de gloria, cuando el castrato y sus acólitos se creían poseedores del presente y futuro, los funcionarios, militares y hasta simples ciudadanos eran coaccionados a “olvidar al amigo o pariente” que se marchaba. Cierto que muchos resistieron la presión y la represión subliminal que contrariar tal mandato implicaba, pero no pocos se prestaron gozosos para hacer público su repudio. Su fe revolucionaria tenía un slogan abominable “Yo sí no creo en nadie, ni en mi familia cuando de la Revolución se trata”.

 

La dictadura penetró la casa. Dividió la familia y parte de ésta se prestó al juego, y es justo aclarar  que en aquellos tiempos el juego no se practicaba para sobrevivir sino para vivir mejor. No es difícil recordar padres, hermanos y hasta hijos que proclamaban que sus allegados eran unos traidores por el solo hecho de haber salido de Cuba. Presente estaba, cuando un joven de unos veinte años le dijo a su padre, mi amigo, “Si te vas, hazte la idea de que estoy muerto”. Hoy el hijo está aquí, y el padre que lo acogió a su llegada, muerto.

 

Eran tiempos que comunicarse con un pariente en el extranjero no era políticamente conveniente. En fin, todo el que se iba era para un sector del país un desertor o traidor.

 

Es bueno no olvidar, no para incriminar, sino como experiencia, que mientras unos envilecieron, otros hicieron del amor a la familia y a la amistad una peligrosa virtud. Mientras unos intentaban destruir la familia,  otros atesoraban la raíz, allá y acá, sin importar tempestades, hasta lograr su presente fortalecimiento.

 

Por suerte, el concepto familia sobrevivió, al igual que la religiosidad. Los que nunca repudiaron el vínculo de sangre o la amistad y los que siempre hicieron de su fe religiosa un soporte para su existencia, han triunfado.

 

La solidaridad del exilio se ha expresado en estos 52 años en forma diversa: casa de asistencia a cubanos en España, Estados Unidos, Venezuela, etc. En la Florida funcionó por varios años un  Hogar de Tránsito en Cayo Hueso y la Casa del Balsero en Miami. Actuaron varias agrupaciones de detección aérea, aunque la más conocida es Hermanos al Rescate, que lamentablemente cuenta con cuatro mártires por la información suministrada por agentes de la Red Avispa a la dictadura de los Castro.

 

También funcionario unidades de rescate naval. La  ayuda económica y refugio  a cubanos en  Venezuela, Sto. Domingo, Méjico, Jamaica y otros países fue un éxito.

 

Pero hay otra más íntima y sentimental que es la ayuda a la familia en la isla. Durante años, a pesar de saber que la dictadura explota sus sentimientos el exiliado ha enviado  paquetes de ropa, alimentos, medicinas, y dinero. Las restricciones las impone la dictadura con los altos costos de los servicios de pasaje, remesas y envíos de paquetes.

 

Muchos de esos exiliados están consientes que indirectamente ayudan al régimen pero consideran que la familia es parte esencial de la Patria, de ahí

 

Tal vez en el futuro se cuestione la efectividad política de los exiliados, es posible que cuando reposen los tiempos se vean mejor nuestros errores en el proyecto de derrocar la dictadura y en otras actividades, pero en algo sí podemos estar tranquilos, y es en nuestro sentir de pueblo, porque nunca hemos negado nuestras raíces y que la familia sigue siendo nuestra, aunque estemos en tierra ajena.

 

Pedro Corzo

 
Corrupción en Brasil: Un análisis PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Domingo, 18 de Septiembre de 2011 19:29

Por Jorge Hernández Fonseca

Detrás de la denuncias de corrupción en Brasil, hay intereses vinculados al castro-chavismo interesados en que la actual presidenta, Dilma Rousseff, no haga un buen gobierno y no pueda cristalziar como una opción para un segundo mandato enla presidencia


Corrupción en Brasil: Un análisis

Jorge Hernández Fonseca

 

18 de Septiembre de 2011

 

La corrupción, como se sabe, no es una característica exclusiva de los países sub-desarrollados, como tampoco es un atributo endémico de los países en desarrollo. La actual crisis económica mundial, focalizada básicamente en Estados Unidos y Europa, se debe --en lo fundamental-- a “decisiones inapropiadas” (para no mencionar la palabra corrupción) del alto mando de grandes empresas financieras del Primer Mundo, que tuvo necesidad de mandar para la cárcel a verdaderos canallas, que simplemente estafaron a sus clientes basado en la confianza de que disfrutaron grandes bancos y empresas del sector financiero en EUA y la UE.

 

En este sentido, Brasil no escapa del uso abusivo del poder económico y sobre todo, del poder político que se concentra en determinados funcionarios en todos los niveles de decisión con acceso a las finanzas. Adicionalmente, los políticos, como categoría de funcionarios públicos con acceso a fuentes casi inagotable de recursos, se caracterizan --a lo largo y ancho del mundo (desarrollado y menos desarrollados)-- como siendo foco potencial de corrupción.

 

Una vez hechas estas salvedades, se pretende analizar un fenómeno que viene ocurriendo en Brasil desde la toma de posesión de la actual presidenta Dilma Rousseff. El fenómeno se conoce interna y externamente como “limpieza ética”. Esta ‘limpieza’ es caracterizada por la sustitución de ministros (ya son 5 los ministros sustituidos en menos de 9 meses) acusados de corrupción o de violaciones de la ley, inadmisibles en funcionarios con un alto cargo público.

 

Sin embargo, determinados padrones en el procedimiento general seguido en cada una de las sustituciones ejecutadas, sugiere la intervención de factores ajenos al entorno cercano de la actual presidenta, interesados en el accionar de la misma contra determinados ministros, todos militantes de los partidos que forman la coalición gobernante, pero ninguno de ellos ¡sorpresa! del Partido de los Trabajadores, ‘PT’, o de alguno de los partidos menores de izquierda.

 

La coalición que gobierna Brasil actualmente tiene dos grandes partidos que llevan el peso fundamental en el soporte político del gobierno: el PT, ya mencionado, de la presidenta Dilma Rousseff y el PMDB, Partido del Movimiento Democrático Brasileño, de tendencia centrista. Fuera de estos dos partidos, otras agrupaciones políticas menores con tendencias de centro o de centro izquierda. Los partidos de la extrema izquierda brasileños están en la oposición, porque argumentan que tanto Lula como Dilma “vendieron el Brasil al capital internacional”.

 

Históricamente, desde el gobierno de Lula da Silva (donde también la coalición gobernante era soportada por el PT y el PMDB) existía una lucha interna entre sectores del PT y los ejecutivos del PMDB y de otros paridos de la coalición que ocupaban cargos en gobierno. Esta lucha ocasionó una gran crisis política en el primer mandato de Lula da Silva, que le costó el cargo al principal ministro de Lula y a toda la cúpula del PT, acusados entonces de corrupción.

 

Esta lucha hoy continúa, sobre todo por parte de sectores de la extrema izquierda dentro y fuera del PT, en parte como revancha por lo ocurrido en el episodio mencionado antes, en parte inconformes con la designación de Dilma Rousseff para encabezar la elección presidencial representando al PT, decidido en la época por Lula y cuestionado por estos sectores rebeldes. En este análisis se supone que los sectores mencionados antes son los que, aprovechando las características éticas de la actual presidenta, siembran en la gran prensa brasileña acusaciones fundamentadas, colocando a Rousseff ante hechos consumados, que no le dejan alternativas.

 

Entre los grupos interesados en torpedear el accionar actual de la presidenta brasileña están los representantes informales en Brasil del Socialismo del Siglo XXI, amigos de Hugo Chávez y partidarios del patrono de todos ellos, Fidel Castro. No es difícil ver la mano peluda de estos sectores revanchistas, interesados en que la actual administración sea vista como siendo eminentemente corrupta, encabezada por una presidenta inexperta y extremista.

 

Es evidente que los que se benefician con el estado de cosas inestable dentro del gobierno pretenden inviabilizar desde ahora la posible candidatura de Dilma Rousseff a la presidencia de Brasil dentro de 3 años, trabajando un tema que simultáneamente perjudica al PMDB –que es presentado como un partido “corrupto”-- y por decantación, permite al PT posicionarse como el “representante ético” dentro del gobierno, (cosa difícil, por el escándalo que barrió su cúpula).

 

La oposición política brasileña, si bien se beneficia con este estado de cosas, no se presenta como promotor de las acusaciones de corrupción contra los ministros de Rousseff. Trata de mover mecanismos para intentar crear comisiones de investigación que pondrían al gobierno en evidencia, pero sin la señal característica de quien ha provocado la complicada situación actual.

 

La corrupción lógicamente es un tema sensible a la población de todos los países. Es por eso que ha sido el tema escogido para torpedear a la actual presidenta, sabiendo además que es una mujer “durona” y que difícilmente va a transigir con lo mal hecho. Rousseff no se ha cansado de decir públicamente que el objetivo de su gobierno “no es la lucha contra la corrupción”, aunque aclara que debe ser “una tarea diaria de todo gobierno”. Sin embargo, las denuncias de fuentes no identificadas continúan en la prensa del gigante sudamericano con sospechosa selectividad y con la frecuencia típica de un plan maestro detrás del procedimiento.

 

Este mismo mecanismo se viró como boomerang contra sus ejecutores durante el primer gobierno Lula, costándoles caro. Actualmente, pudiera repetirse la historia con consecuencias más devastadoras para el gobierno del PT, si finalmente el PMDB se aleja de la coalición gobernante y decide apoyar otro candidato que no sea del PT en las próximas presidenciales, cosa que ya comienza a materializarse parcialmente en la próxima elección para alcaldes. Sería una victoria de los sectores que ahora torpedean a Rousseff, restándole apoyo. Pero sería el fin de los gobiernos del PT, porque sin el PMDB la izquierda brasileña no regresa a la presidencia.

 

Algunos de los sectores interesados en no dejar gobernar a Dilma Rousseff serían partidarios de la presencia (nuevamente) --en la próxima boleta presidencial del PT-- de Lula da Silva en las elecciones presidenciales del 2014. Como se sabe, Lula durante sus mandatos apoyó la dictadura de Fidel Castro en Cuba y fue muy permisivo con los desmanes contra la democracia de Chávez en Venezuela, cosa que Dilma Rousseff no ha hecho. Sin embargo, la práctica de desprestigiar al PMDB es la peor manera de llamar a Lula da Silva a una candidatura presidencial en lugar de Rousseff, porque ni Lula ni Dilma alcanzarían el alto escalón sin el apoyo del mayor partido de la escena política brasileña, blanco de ataques en esta estrategia.

 

Internamente no está clara la posición de Lula da Silva respecto a este tema. Da Silva cuando gobernó se mostró mucho más “político” con los ministros de otros partidos y más “permisivo” con ciertos procedimientos, lo que ahora no muestra Dilma Rousseff. Parece claro que Lula no forma parte de este grupo de francotiradores, interesados más en desestabilizar la administración Dilma, que en luchar verdaderamente contra la corrupción de “los otros”.

 

Toda lucha contra la corrupción siempre es bienvenida. En Brasil sin embargo, es la máscara tras la cual se ocultan intereses que pretenden crear una atmósfera de inestabilidad con vistas a catapultar a la presidencia del mayor país latinoamericano –quien sabe-- si a uno de los representantes del castro-chavismo --o como mínimo-- imponer a Lula de nuevo, admirador del dictador cubano y de Hugo Chávez. Esta dupla no se ha cansado de intervenir en otros países del área, para asegurar el triunfo de la izquierda carnívora latinoamericana creada por ellos.

 

 

Artículos de este autor pueden ser consultados en http://www.cubalibredigital.com

Última actualización el Domingo, 18 de Septiembre de 2011 21:19
 
Mientras OZT agonizaba PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Domingo, 18 de Septiembre de 2011 19:27

Por HUBER MATOS ARALUCE

En enero de 2010 el preso político Orlando Zapata Tamayo se encontraba en su segundo mes de huelga de hambre.  La tiranía le había suspendido el agua con el propósito de conducirlo a la muerte.  Su madre y la oposición denunciaban la situación con desesperación.  Ante tan grave circunstancia era difícil entender por qué  Washington reaccionaba con tanta moderación

 

Ahora se ha conocido que en esos precisos momentos el gobierno de Barak Obama negociaba con la tiranía castrista un trato para administrar en conjunto una clínica en Haití.  Ante la muerte premeditada del mártir cubano a finales de febrero Washington reaccionó con similar  moderación.

 

Dos meses antes, en diciembre de 2009 la tiranía había arrestado al Ingeniero estadounidense Alan Gross en La Habana.  A pesar de esto las negociaciones para el proyecto en Haití habían continuado.  Estos datos fueron revelados por el periodista  Damien Cave en un artículo en The New York Times el pasado 15 de septiembre.

 

En el Damien Cave señala que a pesar del arresto de Gross en diciembre de 2009 las relaciones entre el régimen castrista y el gobierno de Obama en enero de 2010 seguían siendo bastante buenas.  Dice así:

 

De hecho, las relaciones seguían siendo suficientemente buenas un mes más tarde para sentar las bases de lo que algunos funcionarios ven ahora como una oportunidad perdida: una clínica médica administrada de manera conjunta en HaitíSegún funcionarios y ex funcionarios estadounidenses, las discusiones progresaron con suavidad a lo largo de varios meses y casi estaban completas cuando surgieron viejas susceptibilidades”.

 

En realidad quien parece haber sido el obstáculo principal para materializar el acuerdo fue la dictadura castrista.  Los Castro no se dieron cuenta de que el acuerdo los habría beneficiado dentro y fuera de Cuba.

 

La alianza con Washington les hubiera servido para demostrarle al pueblo cubano que independiente del descontento popular que existía en la isla el régimen era su representante legítimo ante los Estados Unidos.  Similar mensaje habría recibido el mundo entero.

 

 

Obama parece haber estado convencido de que un acuerdo con el gobierno castrista para administrar en conjunto una clínica en Haiti sería considerado un éxito de su nueva política exterior.  Una prueba irrefutable de que el uso de la diplomacia de confrontación que habían puesto en práctica todos los presidentes estadounidenses anteriores era un error.

 

Durante su campaña presidencial Obama habia planteado que la  estrategia correcta a la hora de entenderse con una dictadura anti estadounidense era e dialogo.  Concretamente en los casos de Irán y Cuba.

 

En el caso de Orlando Zapata Tamayo no podemos afirmar que una actitud enérgica de Washington le habría salvado la vida, pero es muy probable que hubiera sido así.  El interés de un popular presidente de los Estados Unidos por la vida de un preso político en huelga de hambre habría provocado múltiples presiones al régimen castrista desde muchas capitales del mundo.  Por ejemplo, el gobierno de Zapatero se habría visto completamente obligado ante Obama en este asunto.

 

Si Obama no hubiera ido a Miami a pedirle a los cubano americanos su voto no habría estado obligado con una comunidad para la cual e asunto de  Orlando Zapata era muy importante.   el tiempo ha demostrado que su hipótesis del dialogo con las dictaduras era ingenua.   Orlando Zapata Tamayo fue asesinado y el Ingeniero Alan Gross es un rehén de la dictadura, condenado a 15 años de prisión.

 

Última actualización el Domingo, 18 de Septiembre de 2011 19:29
 
Que se repita otra vez la repetida… PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Jueves, 15 de Septiembre de 2011 22:09

Por HUBER MATOS ARALUCE

 

El pasado 10 de septiembre  el periódico castrista Juventud Rebelde publicó un artículo de José Alejandro RodríguezEn el cambio está la fuerza. Dos días después en El Nuevo Herald apareció otro de la agencia France Presse:  Diario cubano llama a profundizar reformas.  En este se repetía el argumento del primero.

 

Repetir lo que dice la dictadura es una práctica frecuente de los representantes de la prensa extranjera en Cuba.  En estos casos actúan como cajas de resonancia de la propaganda oficial.

 

El título del artículo en su versión cubana es sugestivo de cambio.  El de El Nuevo Herald lo es aún más. Invita a pensar de que en Cuba un diario puede “llamar” a reformas.  ¿Habrá llegado el Glasnost  a la isla y nosotros no nos hemos enterado?

 

El artículo de Juventud Rebelde dice qué los cambios que ha prometido Raúl Castro no se han materializado  porque los frena el burocratismo.

 

No es esta la primera vez que se esgrime esta excusa.  Nos recuerda el pegajoso estribillo mexicano: “Que se repita que se repita que se repita otra vez la repetida, que se repita que se repita…”

 

Repetir mentiras da resultado.  Es la clave de la propaganda demagógica.  Confunde a quien lee los titulares nada más.  O a quien no conoce del asunto cubano. También al que quiere dárselas  de que sabe sin saber mucho o no saber nada.

 

El burocratismo puede hacer cualquier cosa. Si le pagan o se beneficia acelera los trámites; si se siente perjudicado o ignorado, los frena.  El burocratismo opera en cualquier parte del mundo.  En las democracias cede ante las demandas, denuncias y cambios.  En las dictaduras es casi inamovible.

 

El articulista de Juventud Rebelde intenta excusar a Raúl Castro con lo que escribió Lenin sobre el tema, pero en realidad  tergiversa al viejo dirigente comunista.

 

Dice así: “No olvidemos que esa deformación inmovilista fue una de las costras que dieron al traste con el socialismo real en latitudes nevadas de la vieja Europa, a despecho de los alertas de los clásicos del marxismo, de su primer gran practicante: Vladimir Ilich Lenin”.

Es lamentable que France Presse o El Nuevo Herald no hayan hecho la distinción histórica.  Marx tuvo en cuenta los perjuicios del burocratismo. Lenin, Rosa Luxemburgo  y Bujarin, entre otros, también alertaron sobre el tema.  El burocratismo usurpaba la revolución proletaria.

 

Lo que permitió el crecimiento canceroso del burocratismo en el sistema comunista fue la falta de libertades dentro y fuera del círculo revolucionario.  Mientras pudieron hacerse críticas entre ellos mismos hubo la posibilidad de corregir algunos errores, no los peores.

 

Una vez que se impuso la dictadura dentro de de la dictadura, en el gobierno y en el partido, el burocratismo creció como una espuma tóxica.  Esta situación había sido prevista por  Engels:

 

"para no perder de nuevo su dominación recién conquistada, la clase obrera tiene que precaverse contra sus propios diputados y funcionarios, declarándolos a todos sin excepción revocables en cualquier momento".

En Cuba el burocratismo nació con el castrismo.  Nunca hubo partido comunista ni gobierno, lo que había era una burocracia al servicio del mandamás y mandatodo.  Fidel Castro, su fundador, fue también el más incompetente de los burócratas.

 

El heredero de esa maraña de incondicionales fue otro burócrata, Raúl Castro; quien hace pocos años fue alabado por las agencias noticiosas y periódicos extranjeros como el gran administrador, el pragmático, el reformador.  Ha resultado tan incompetente como su hermano mayor.

 

Si Raúl no puede hacer cambios porque su burocracia no se lo permite, es porque no tiene la capacidad, el carisma y la legitimidad  para dirigirla. El problema no es el burocratismo de la burocracia sino el jefe que la heredó.  O que lo que ha propuesto es estúpido y no funciona, o no quiere hacer cambios porque tiene miedo. Que se repita que se repita que se repita otra vez la repetida…

 

 
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