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Cuba


Las debilidades ideológicas del Partido Comunista de Cuba PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Jueves, 27 de Febrero de 2020 05:47

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Por REINALDO ESCOBAR.-

Se ha acuñado el cliché de que en ese proceso denominado revolución cubana los primeros 30 años fueron los de mayor intolerancia ideológica.

Los fusilamientos, las UMAP, el ateísmo obligatorio, la Ofensiva Revolucionaria, las purgas universitarias, los parametrados del Quinquenio Gris, la imposición de un rígido molde para formar al hombre nuevo, los mítines de repudio y un fatigoso etcétera se vieron calzados por la retórica de Fidel Castro y la aplicación a rajatabla de lo que los inquisidores de entonces entendían que era el marxismo-leninismo.

La más mínima desviación del canon era mirada con sospecha. El catecismo había que recitarlo tal y como estaba escrito en los clásicos y, en el peor de los casos, como se interpretaba en los manuales, so pena de ser acusado de "debilidades ideológicas", que solían recibir como tratamiento la pérdida de la militancia, la expulsión del centro de trabajo o estudio o incluso la cárcel.

En lugar de aprovechar la ocasión para quitarse de encima el pesado fardo de un dogma fracasado, prevaleció la terquedad y se estableció que esta Isla sería el baluarte inexpugnable de las banderas socialistas

La extinción o el desmerengamiento del campo socialista, como acuñó el entonces Máximo Líder, trajo para Cuba un par de "consecuencias subjetivas". Por una parte, el descrédito sufrido por la teoría al ser desmentida por la terca realidad, y por otra, ya no había allá afuera nadie supervisando. Sin embargo, en lugar de aprovechar la ocasión para quitarse de encima el pesado fardo de un dogma fracasado, prevaleció la terquedad y se estableció que esta Isla sería el baluarte inexpugnable de las banderas socialistas.

Como si fuera una maldición, han pasado otros 30 años reincidiendo en ese estéril capricho. El marxismo-leninismo y el comunismo como meta siguen apareciendo en la conceptualización del modelo y en la Constitución de la República.

Pero algo se mueve en el tablero, más en las palabras que en los hechos. La manifiesta intención de mantenerse en el poder se ha topado con la necesidad de modificar el lenguaje.

El primer detalle es que el presidente de la República y anunciado próximo primer secretario del Partido no se cansa de repetir su mantra: "Tenemos que pensar como país", lo que da pie a la pregunta del abogado del diablo: ¿Entonces ya no hay que pensar como clase obrera?

A lo largo de aquella primera treintena, un lema de esa naturaleza le hubiera costado el carné del partido a cualquier militante de base, porque según el dogma los intereses de clase se colocan por encima de los intereses nacionalistas.

Si desde el principio hubiéramos pensado como país, se habría sopesado mejor las confiscaciones, que trajeron el embargo como respuesta; la instalación de cohetes con carga nuclear soviéticos, que estuvo a punto de desaparecernos físicamente; las intervenciones guerrilleras en América Latina, que hubo que pagar con el aislamiento; las campañas militares en África, cuyo saldo final fue que Cuba pusiera los muertos para instaurar una nueva oligarquía corrupta en Angola.

Un lema de esa naturaleza le hubiera costado el carné del partido a cualquier militante de base, porque según el dogma los intereses de clase se colocan por encima de los intereses nacionalistas

Pero en esos años había una sola persona pensando y decidiendo.

Otro detalle novedoso de los tiempos actuales es la insistencia en que hay que cambiar de mentalidad, dicho con la ligereza del que sugiere sustituir los neumáticos de un vehículo y con la vaguedad del que lanza un acertijo. Nadie sustantiva, nadie sugiere las claves para entender cuáles neuronas deben ser jubiladas.

Recientemente Ernesto Estévez, un notable científico cuyas opiniones políticas aparecen en Granma y otros sitios progubernamentales, publicó en el órgano oficial un texto desconcertante titulado Dogmas, apocalipsis y la conquista del cielo, donde advierte: "Cuba hoy está en el proceso de ruptura de un paradigma agotado". Y señala: "pero nuestra ruptura antidogmática no puede ser el retorno al capitalismo, sino a otro orden que nos permita avanzar más hacia la consecución de una sociedad más justa".

¿Cómo se llama ese "paradigma agotado" y cuándo fue que comenzó en Cuba la ruptura con él? Suponiendo que su alusión a "hoy" no se remite a 1959, sino a 2020 y si el paradigma que venerábamos ya está agotado y no se trata de "retornar al capitalismo", entonces ¿a dónde vamos?

Más recientemente, en su intervención en un evento partidista en la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI), Luis Antonio Torres, miembro del Comité Central y primer secretario en La Habana, indicaba a los militantes del centro que era necesario "aportar a la economía, pero también producir ideología revolucionaria".

En ese evento se planteó que los temas que había que llevar a las aulas eran "¿Por qué la Revolución Cubana es una sola?, ¿Por qué no hay otro Partido en la Isla?, ¿Por qué el socialismo es la única opción para un pueblo como este?". O sea, ya no hay que ir a los clásicos ni a las esencias filosóficas, sino "a la cosa práctica en sí" y las explicaciones habrá que sacarlas del concepto de revolución que Fidel Castro convirtió en dogma en mayo del año 2000.

La repetida frase de que Cuba no renunciará a sus principios, ni cederá un milímetro en ellos, deja abierta muchas interrogantes, sobre todo ahora que se propone un cambio de paradigmas

La repetida frase de que Cuba no renunciará a sus principios, ni cederá un milímetro en ellos, deja abierta muchas interrogantes, sobre todo ahora que se propone un cambio de paradigmas.

Olvidarse de que la materia es primero que el espíritu, que la clase obrera es la más revolucionaria, que cuando el modo de producción se comporta como camisa de fuerza para el desarrollo de las fuerzas productivas, es ese modo el que debe cambiar, son graves debilidades ideológicas, sin mencionar la aceptación de la propiedad privada como elemento complementario y la apertura a las inversiones extranjeras protagonizadas por empresas multinacionales.

Falta poco más de un año para la muy probable realización del VIII Congreso del Partido. En ese lapso, que es breve, habrá de producirse un notable reacomodamiento del discurso. Para ello se confía en la desmemoria de la población, el oportunismo de los que dirigen el proceso y en la ingenuidad de quienes quieran ver cambios de identidad donde solo habrá cosmética.

Las actuales y venideras "debilidades ideológicas" del único partido permitido en Cuba serán la base de la fortaleza de quienes aspiran a mantenerse en el poder, al precio que sea necesario.

14 Y MEDIO

Última actualización el Sábado, 07 de Marzo de 2020 01:22
 
Los cubanos y Trump PDF Imprimir E-mail
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Miércoles, 26 de Febrero de 2020 00:58

Bernie Sander y Donald Trump.

Por VICENTE ECHERRI.- 

Por estos días, cada cuatro años, se vive en EEUU la fiebre de las elecciones primarias para las presidenciales de noviembre, que esta vez solo le conciernen a los demócratas, pues en el Partido Republicano nadie se ha atrevido a desafiar la reelección de Trump (esta abstención es lo habitual en el partido del presidente que se reelige).

Los cubanos que vivimos en EEUU —tanto los ciudadanos que ejercemos el derecho al voto, como los simples residentes o incluso los refugiados que no pueden votar— nos sentimos motivados a opinar, con los distintos grados de vehemencia que nos son habituales. En Miami, núcleo de nuestra mayor población exiliada, el enfrentamiento entre trumpistas y sus adversarios está a diario a punto de desatar una revuelta.

Los que están por el presidente son capaces de encontrar comunista a la Caperucita Roja, y para quienes se le oponen la sola idea de que Trump pueda prolongar su mandato otro cuatrienio es una blasfemia. Si hubiera de empezar otra Guerra de Secesión en EEUU, estoy casi seguro de que una de las primeras escaramuzas sería entre cubanos de Miami, si bien el bando de los republicanos puede afirmarse que es más numeroso y hace más ruido.

Como un regalo para los republicanos —cubanos o no— el socialista Bernie Sanders empieza a llevar la delantera en las primarias. Si su posición se consolida y termina por convertirse en el candidato de los demócratas, sus adversarios de partido lo celebrarán como si se hubiesen sacado el premio gordo.  El presidente, al parecer contagiado de esta emoción, le enviaba un mensaje a Sanders en el que le decía que no dejara que los otros demócratas le robaran la candidatura (¡¡¡!!!).

Este comentario hace ver a Trump como alguien que espera, frotándose las manos, que sea Sanders quien termine siendo el ungido de los demócratas, para que los republicanos salgan a acribillarlo impunemente en el enfrentamiento del otoño. Toda la artillería republicana está lista para pulverizar a Sanders si la convención demócrata lo consagra como su campeón.

Entre cubanos es materia muy explosiva. En el día en que esto escribo se divulga en las redes sociales una opinión de Sanders justificando a Fidel Castro por los consabidos "logros" en materia de salud y educación públicas que bien sabemos constituyen un fraude. De hoy en adelante, ningún cubano del exilio se atreverá a defender a Sanders —sobre todo en Miami— so pena de ser desollado vivo. El viejo y cardíaco senador por Vermont es en este momento más tóxico para mis compatriotas del exilio que si estuviera contaminado de radiaciones nucleares o acabara de llegar de China como portador del último coronavirus que nos alarma.

Es muy pronto aún para dar por segura la victoria de Sanders en las primarias demócratas, se le oponen, entre otras cosas, los cientos de millones con que Michael Bloomberg ya ha empezado a inundar el campo de batalla. Cree este, y acaso acierta, que su falta casi absoluta de carisma lo suple una bolsa sin fondo y el antecedente de 12 años de gobierno eficaz en Nueva York. Bloomberg es gris, pero expedito; su inmensa fortuna va tornando verde —el amable color de los dólares— su grisura.

Los demás —Biden, Warren, Buttigieg, Klobuchar— parecen, hasta ahora, liados a mordiscos por un hipotético segundo lugar, y es probable que todos alcancen despedazados y desangrados ese puesto.

Entre tanto, los cubanos que tenemos derecho a ejercer el derecho al voto en este país terminaremos, mayoritariamente, por votar por Trump, aunque sea con una horquilla puesta en la nariz. El presidente carece de carisma y de empatía, es obviamente pesado (que entre los nuestros es un crimen) y da diarias pruebas de su ignorancia; pero la economía marcha bien (aunque él no sea enteramente responsable) y puede ser que, en un segundo periodo, ya sin aspiraciones reeleccionistas, decida terminar de una vez con los regímenes de Cuba y Venezuela.

Esto último es altamente improbable, pero somos muchos los cubanos que apostamos por esa quiniela —lo venimos haciendo hace 60 años—, de la misma manera y con la misma esperanza con que jugamos ciertos números a la lotería. Si alguna vez un presidente de EEUU ha de ponerle brusco fin a la revolución cubana, será un republicano —los demócratas han demostrado ser blandengues y apaciguadores con el castrismo y sus amigos—. Movidos por esa convicción, y ante el panorama desalentador de estas primarias, no dudo en creer que la mayoría de los cubanos que vota en EEUU ya está decidida a votar por Trump en noviembre, aunque tenga que sobreponerse a sus muchas reservas.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Jueves, 05 de Marzo de 2020 06:08
 
La muerte que nos cambió la vida PDF Imprimir E-mail
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Domingo, 23 de Febrero de 2020 21:02

Orlando Zapata Tamayo murió en febrero de 2010 después de una larga huelga de hambre. (Captura)

Por YOANI SÁNCHEZ.-

El teléfono sonó con un timbre apagado, como si estuviera al final de un largo pasillo. Respondí y la voz al otro lado hablaba de muerte, huelga de hambre, prisión y mencionaba un nombre que nunca había escuchado. El 23 de febrero de 2010 murió Orlando Zapata Tamayo, después de 86 días sin ingerir alimentos, y su fallecimiento dio paso a uno de los momentos más dolorosos y fecundos de la historia reciente de Cuba.

Hubo un tiempo en que las noticias viajaban lentamente, en que nos enterábamos años después de lo que había ocurrido en nuestro propio país y a pocos metros de nuestra casa. Pero esa larga era de secretismo y oscuridad informativa empezó a quebrarse un día de hace diez años, a partir de la muerte de un hombre que se negó a comer en protesta por las condiciones de su encarcelamiento.

Zapata había nacido en 1967, trabajado como albañil y en el momento de su muerte era poco conocido, pero ya había protagonizado varias acciones en la calle y aparecía en el libro Los disidentes, que el oficialismo había hecho para denigrar a los opositores. Cuando dejó de respirar, solo había un par de fotos públicas suyas, pero en pocos días su rostro de ojos hundidos y pómulos salientes se volvió familiar para millones de personas dentro y fuera de la Isla.

"Ya estaba agonizando cuando autorizaron que le dieran atención médica", me comentó una opositora a la que llamé aquella misma noche para más detalles

"Ya estaba agonizando cuando autorizaron que le dieran atención médica", me comentó una opositora a la que llamé aquella misma noche para más detalles. En ese 2010 todavía muy pocos activistas tenían un teléfono móvil y reconstruir la historia de lo sucedido era sumamente complicado. No solo había que lidiar con el miedo de las fuentes y los cercos policiales, sino también con las dificultades para comunicarse.

Así supe que la familia era de Banes y que su madre había venido a acompañarlo en la sala del hospital Hermanos Ameijeiras donde pasó su última noche. "El hospital está tomado por la Seguridad del Estado y no hay manera de acercarse", me aclaró un activista de derechos humanos que había intentado obtener más detalles sobre la hora de la muerte y de un posible funeral.

Para ese momento, hacía al menos dos años que habían aparecido en Cuba las primeras cuentas de Twitter en manos ciudadanas que se actualizaban fundamentalmente a través de mensajes de solo texto (SMS). Se trataba de mensajes a ciegas, porque solo era posible emitir contenido pero no leer respuestas ni retuitear a terceros. No obstante, la red del pájaro azul se convirtió en el principal camino para sacar noticias de la Isla.

Recuerdo que desde el mismo día de la muerte de Zapata, era muy visible el nerviosismo de la Seguridad del Estado ante la fuerza que iba ganando la noticia. Alrededor de las casas de varios líderes opositores comenzaron a montarse los primeros operativos y sus líneas telefónicas fueron inhabilitadas. Obtener información era cada vez más difícil.

Mi esposo, el periodista Reinaldo Escobar, y yo decidimos llegar hasta el Instituto de Medicina Legal de La Habana, porque intuimos que el cuerpo debía estar ahí. Era de noche y la avenida Rancho Boyeros tenía extensas zonas sin iluminación, así que avanzamos a través de las sombras. Al acercarnos vimos un operativo de vigilancia y fingimos ser una pareja que buscaba privacidad. El truco funcionó y dimos un brusco giro hacia la derecha para acercarnos a Medicina Legal.

Allí, bajo un tenue cartel lumínico, que apenas permitía distinguir su rostro, estaba Reina Luisa Tamayo, la madre del opositor. Nunca nos habíamos visto pero el dolor tiene la capacidad de tejer vínculos y nada más preguntarle comenzó a contar. Faltaban minutos para entrar a vestir el cuerpo de su hijo y todavía estaba en la fase de no creer que no volvería a verlo otra vez. Saqué mi móvil y le pedí unas palabras sobre lo sucedido.

Aquel breve mensaje, filmado en una sobrecogedora oscuridad, fue el primer testimonio directo de lo sucedido con Zapata Tamayo. Ninguna de las dos podíamos imaginar lo que aquel video iba a desatar. Para ella sería el inicio de un largo camino de reivindicaciones y denuncias, para mí un paso trascendental en mi trabajo periodístico. "Ha sido un asesinato premeditado", dijo con claridad aquella noche y todavía hoy recuerdo la mezcla de firmeza y tristeza en sus palabras.

La mujer, acompañada por una de sus hijas, detalló que en la prisión habían dejado encerrado a su hijo en una celda cuando se declaró en huelga de hambre, que como castigo le limitaron el agua y que cuando finalmente autorizaron a llevarlo al hospital ya se sabía que poco podía hacerse. Ni siquiera había logrado despedirse de él, porque lo que estaba sobre la cama de terapia intensiva era un cuerpo inerte y frío.

Nos quedamos un poco más junto a la madre y alrededor nuestro el operativo policial se estrechaba y estaban muy molestos los miembros de la Seguridad del Estado porque habíamos logrado burlar la vigilancia. Los minutos que transcurrieron entre ese momento y en que logramos  salir de allí para publicar aquel video han sido los más largos de mi vida. Dividimos fuerzas, Reinaldo logró llevarse tras de sí a la mayoría de los segurosos y yo me escabullí por una pequeña calle cercana a la Torrefactora de café.

Una hora después, desde la conexión a internet de un hotel, logramos publicar las imágenes. En pocas horas los mensajes de textos iban y venían de un móvil a otro, todo el mundo quería tener más detalles y la protesta iba en aumento. En medio de aquella vorágine surgió la primera etiqueta nacida al interior de la Isla que se hizo rápidamente viral. Eran unas simples tres letras #OZT pero se convirtieron rápidamente en una marea de rechazo

En las horas posteriores a la muerte de Zapata ocurrió uno de los procesos de unidad y cohesión de la sociedad civil independiente más inspiradores que recuerdo. Ahora, en que las críticas arrecian por la desunión de la oposición y la falta de objetivos comunes entre los grupos de la sociedad civil, no vendría mal recordar esos trascendentales momentos en que disidentes, periodistas independientes, blogueros y activistas han unido esfuerzos.

La respuesta oficial fue desproporcionada. Arrestos masivos, corte de servicio telefónico y una intensa campaña de fusilamiento de la reputación contra el fallecido se llevó a cabo en los medios oficiales. De Zapata el Noticiero de la televisión cubana aseguró que tenía un "largo historial de delincuencia" y hasta llegó a transmitir la grabación de una cámara oculta hecha a su madre en el interior del hospital, violando todo principio ético de privacidad.

Aunque el Gobierno cubano insistió en que Orlando Zapata Tamayo era solo un "delincuente", en el libro oficial "Los disidentes" ya se le mencionaba como opositor. (Captura)Aunque el Gobierno cubano insistió en que Orlando Zapata Tamayo era solo un "delincuente", en el libro oficial "Los disidentes" ya se le mencionaba como opositor. (Captura)

Pero, a pesar de la difamación y los actos represivos, no pudieron evitar que la noticia sacudiera a toda Cuba, que varios organismos internacionales condenaran lo sucedido, que los principales medios de prensa internacionales reportaran la muerte y que Orlando Zapata Tamayo se convirtiera en un punto de confluencia de las fuerzas democráticas.

Fueron días de duelo social y, al mismo tiempo, fue una pequeña victoria sobre el Partido Comunista porque logramos quitarle el monopolio de la información sobre la vida nacional. A diferencia de la muerte del líder estudiantil Pedro Luis Boitel, en 1972 tras una huelga de hambre, el fallecimiento de Zapata había podido ser contado con la suficiente inmediatez como para provocar una extensa repulsa. Meses después de su sacrificio, comenzó el proceso de excarcelación de los presos de la Primavera Negra.

Aunque la "historia oficial" ha querido darle el mérito de aquellas liberaciones a las negociaciones entre el Vaticano, el Gobierno español y la Plaza de la Revolución, lo cierto es que fue la muerte del opositor la que puso contra las cuerdas al castrismo. Su fallecimiento, unido al aumento de las protestas de las Damas de Blanco en las semanas posteriores a aquel febrero y la huelga de hambre de Guillermo Fariñas, provocaron un clima de indignación insostenible para el oficialismo cubano.

Ha pasado una década y aunque la falta de libertades sigue marcando el día a día en esta Isla, ese 23 de febrero de 2010 es sin duda la efeméride en que iniciamos una nueva etapa. Un hombre que se negó a comer y usó su propio cuerpo como arma de protesta cambió la Cuba que conocíamos y contribuyó a transformarnos en lo más profundo de nuestra esencia.

14 Y MEDIO

Última actualización el Domingo, 01 de Marzo de 2020 01:23
 
Un nuevo intento de reformar la economía cubana PDF Imprimir E-mail
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Domingo, 23 de Febrero de 2020 01:19

El «enfriamiento» de la economía cubana

Por JORGE A. SANGUINETTY.- 

La Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba (ANEC) le ha presentado a Miguel Díaz-Canel unas propuestas para renovar la economía del país. Las propuestas incluyen elementos para una futura Ley de empresas, lo cual indica que por lo menos algunos profesionales en Cuba parecen estar dándose cuenta de que las raíces de los problemas económicos que plagan la Isla son también de origen microeconómico.

Lo anterior se confirma porque las recomendaciones o sugerencias de las propuestas incluyen la separación de las funciones estatales de las empresariales y la necesidad de descentralizar el comercio exterior, además de "crear mayores incentivos financieros para la exportación y la sustitución de importaciones".

Sin embargo, el hecho de que incluyan el término "sustitución de importaciones" mientras hablan de la exportación en singular, delata que, en lo macroeconómico, el pensamiento prevaleciente en Cuba sigue atado a una concepción anacrónica y ya obsoleta de lo que debe ser la política económica de un país. Además, sugiere tácitamente una continua dependencia del Gobierno como director central de la economía, lo que contradice en parte el objetivo de las propuestas.

Pero enfoquémonos en los aspectos más positivos de esta iniciativa, la que a todas luces está encaminada a que las empresas estatales ganen más libertades de gestión para poder producir lo que el país necesita en cantidades, precios y costos adecuados.

Las propuestas incluyen "cambios en el sistema bancario que favorezcan un mayor acompañamiento de las empresas, relaciones transparentes y legítimas entre todos los actores económicos, además de una política más específica para seleccionar, formar y estimular a los directivos como hombres (sic) de negocio con competencias profesionales."

En este segmento, los redactores vuelven a contradecir sus objetivos, al proponer un sistema de tutelaje o fiscalización que reemplazaría a la burocracia actual, con una igualmente restrictiva, aunque diferente, retórica burocrática, sobrecargando los sistemas administrativos empresariales con tales requisitos de información que le restaría tiempo y recursos a la verdadera gestión productiva. Al proponer cambios en el sistema bancario, el documento expresa cierta confusión entre lo que debieran ser las funciones del sistema fiscal y el bancario, mientras invitan al diseño de unos indicadores "para evaluar el cumplimiento del plan de cada empresa".

Esto es asombroso. A los casi 60 años de una planificación económica que ha destruido la economía nacional en prácticamente todos sus aspectos, los redactores de estas propuestas pretenden atar las empresas a un plan que va a ser evaluado por algún organismo superior. ¿Todavía no se han dado cuenta de que lo que le impide a la economía cubana producir lo que el país necesita es precisamente el plan? ¿Qué les impide comprender que la autonomía que están proponiendo es incompatible con el plan?

Las propuestas buscan destrabar la economía cubana, pero lo que hay que destrabar son las mentes paralizadas con ideas fijas que no acaban de superar una concepción policíaca del manejo de una economía y sus empresas.

Mientras tanto, DIARIO DE CUBA nos recuerda que el Gobierno no está cumpliendo con los compromisos adquiridos en 2015 con el Club de París, mediante el cual este conjunto de países acreedores le conmutó a Cuba las tres cuartas parte de la deuda, que había llegado a los 11.1 miles de millones de dólares, a cambio de unos pagos regulares del monto que quedaba. Hay que reconocer que esta reestructuración de la deuda fue un verdadero éxito por parte del quien la negoció. Pero la incapacidad productiva de la economía cubana ni siquiera permite cumplir estos compromisos, lo cual hace del país una especie de indigente financiero internacional, dificultándole aún más la posibilidad de lograr los créditos adicionales que necesita urgentemente.

La solución del problema económico cubano puede empezar muy rápidamente. Me atrevo a decir que casi todos los economistas que residen en Cuba saben lo que hay que hacer. Aunque las propuestas de la ANEC no sean perfectas, pueden ser un buen comienzo, un primer paso que demuestre resolución para sacar al país del abismo económico y social. Todo, sin embargo, depende del Gobierno. ¿Qué es lo que están esperando? ¿Una debacle económica que pueda estallar en una crisis alimentaria, de salud y de desorden público? ¿Están conscientes los gobernantes cubanos de qué y cuánto se están jugando por su incapacidad de tomar las decisiones correctas?

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Martes, 03 de Marzo de 2020 01:27
 
¿Burla o embuste? PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Sábado, 22 de Febrero de 2020 01:34

cuba raúl castro agricultura alimentos escasez crisis precios manuel marrero primer ministro

Por TANIA DÍAZ CASTRO.- 

Hace apenas unos días el pueblo cubano supo una de las noticias más enrevesadas que pudieran escuchar en la prensa escrita y en la televisión: una placa en reconocimiento a la atención brindada a la agricultura del país fue otorgada al General de Ejército Raúl Castro.

Esto ocurre en medio de un gran descontento de la población ante los precios de los productos agrícolas, cada día más altos, mientras que el trabajador cubano recibe salarios miserables.

La dichosa placa le fue conferida al General en Santiago de Cuba, bastante lejos de Punto Cero, donde vive, pero ni aun disponiendo de avión o helicóptero personal para viajar cómodamente llegó el anciano dictador, tratándose de algo tan fundamental como la alimentación del pueblo.

La placa la recibió el recién estrenado primer ministro Manuel Moreno Cruz de manos de la doctora en Ciencias, señora Elizabeth Peña, directora del Programa de la Agricultura Urbana, Suburbana y Familiar.

Lo más curioso de esta noticia es que esta señora, integrante del Consejo de Estado de la nación, señaló que “aún queda mucho por hacer para poder sustentar el abastecimiento alimentario de ese municipio y la más completa soberanía alimentaria”.

Recalcó “el empeño en el que nunca ha faltado la certera indicación estratégica del compañero Raúl”.

¡Le zumba la berenjena!

Las indicaciones del General no han sido tan “certeras”, pero, aun así, la placa va a Punto Cero.

Raúl no pudo recibir la placa “solo por causa de compromisos ineludibles de trabajo”.

Supongo yo que las máximas autoridades del gobierno en la provincia, así como el ministro de la Agricultura, allí presentes, se habrán percatado del fracaso de este Programa durante sus treinta y dos años de creado, “vital para la seguridad nacional del país, que es igual, dijo, a preservar nuestra independencia y soberanía”.

Pero la historia no termina ahí. En ese mismo periódico, la página 3 está dedicada a un largo discurso del primer ministro Manuel Marrero Cruz sobre el autoabastecimiento alimentario de Cuba, aclarando que, desde la creación de dicho Programa “los avances han sido significativos”.

cuba raúl castro agricultura alimentos manuel marreroManuel Marrero recibe placa en nombre de Raúl Castro (foto: Granma)

Para el primer ministro no tiene la mayor importancia que una pequeña piña cueste quince pesos, dos pepinos treinta y diez una lechuga.
O sea que, para alimentarse malamente, una familia cubana no gana lo suficiente. Esto sin contar la carne, la leche, etc.

Señala que el país importa 1 650 millones de dólares en alimentos para el pueblo; que se necesita alcanzar los diez metros cuadrados de siembras por habitante para el próximo año; que pese a lo logrado, deben alcanzarse mayores resultados agrícolas; que nadie puede sentirse satisfecho, mientras no se recupere hasta el último cantero de tierra para el presente año, repararlos todos y ponerlos en explotación por el deterioro lógico de los años de explotación; que el empleo de la tracción animal alrededor de las ciudades debe ser una constante; que no podemos detenernos en la incorporación de áreas ociosas cubiertas de marabú y otras malezas; que hay que garantizar la producción todo el año y no descuidar el verano, bajo la excusa del clima desfavorable y potenciar la berenjena y el quimbombó, resistentes al calor; que debemos comercializar esos productos e incluso, llegar a exportar algunas producciones.

Termina el primer ministro su larguísimo discurso, al estilo del difunto dictador Fidel Castro, informando que debemos sentirnos satisfechos, porque tenemos 353 cooperativas en todo el país dedicadas a la producción de frutas, pero que hay que garantizar treinta libras mensuales de viandas y hortalizas a cada compatriota, puesto que sólo se llegó a 20 el año pasado; alcanzar cinco kilogramos de proteína animal por cada cubano mensualmente, a pesar de que sólo alcanzamos 200 gramos y que, aunque ya hemos alcanzado la total soberanía en las viandas, nuestro futuro tiene que estar dirigido a lograr la soberanía alimentaria en general.

¿Se ha entendido bien todo esto?

CUBANET

Última actualización el Sábado, 29 de Febrero de 2020 02:02
 
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