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Cuba


Menos comida y más represión para los cubanos PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Lunes, 08 de Junio de 2020 13:26

En escalada la represión contra opositores en Cuba a dos años del ...

Por ORLANDO FREIRE SANTANA.- 

De acuerdo con cifras divulgadas por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), Cuba gasta anualmente cerca de 2.000 millones de pesos en la importación de alimentos, una cantidad considerada muy elevada por las autoridades de la Isla. Esta es una de las razones por las que el castrismo insiste en la estrategia de sustituir importaciones, y producir en el país la mayor cantidad de alimentos y otros bienes que precise la población.

Ciertamente, no se podría afirmar que abrir la economía a las importaciones resulte necesariamente una política equivocada. Todo lo contrario, pues si analizamos las naciones donde la población cuenta con altos estándares de vida, en la mayoría de ellas observaremos elevados niveles de importación de mercancías, lo que redunda en mercados abastecidos, productos de mayor calidad, y casi siempre a precios más asequibles.

Claro que para sustentar esas importaciones hay que contar con rubros exportables de calidad que cuenten con buena demanda en los mercados internacionales, o que penetren preferencialmente —como sucede en el contexto de los tratados de libre comercio— en determinado mercado. Premisas inexistentes en la Cuba de hoy.

Para corroborar lo anterior no hay que ir muy lejos. Porque la propia Cuba, antes de 1959, siempre mantuvo su mercado abierto a las importaciones, especialmente a las procedentes de EEUU, pero las cuantiosas exportaciones de azúcar posibilitaban que la Isla mantuviera generalmente un saldo positivo en su intercambio comercial.  Es decir, exportaba más que lo que importaba.

Ahora, en medio de la pandemia del coronavirus, se reducen las capacidades de importación de Cuba, que ya se tornaban diezmadas desde mucho antes. Con la abrupta paralización del turismo no se avizora otro renglón exportable  que pueda apoyar las importaciones que se necesitarían para mantener un abastecimiento adecuado de los mercados.

Es por ello que las altas esferas del poder ya manifiestan explícitamente la imposibilidad de importar. José Ramón Machado Ventura dijo que será muy difícil seguir importando alimentos, especialmente la leche en polvo.  Por su parte, el presidente Díaz-Canel aseveró que el país no podía importar más café.

Ante semejante situación, lo más juicioso sería crear un clima de confianza entre todos los actores de la economía encargados de la producción y comercialización de alimentos con vistas a mitigar la hambruna que parece venírsenos encima. Sin embargo, las acciones de la maquinaria del poder se alejan de ese necesario clima de confianza.

Durante la más reciente reunión del Consejo de Ministros, el primer ministro Manuel Marrero Cruz alabó las denuncias que a diario se hacen y que posibilitan los operativos policiales contra aquellos actores no estatales que poseen niveles de inventario superiores a los admitidos por el Gobierno.

Tras exponer que tales acciones —calificadas por medios independientes como una especie de cacería de brujas— no se limitarían al contexto de la pandemia, y que habían llegado para quedarse, el premier apuntó: "Cuando se tiene como aliado en esta batalla al pueblo, las posibilidades de éxito se multiplican. Con el actuar nuestro tenemos que corresponder a esa confianza, y que se sepa que cuando ellos denuncian nosotros actuamos en consecuencia, aplicamos la justicia y ponemos las cosas en su lugar" (Granma, 1 de junio).

Una vez más, el pueblo funge  como pantalla para encubrir la represión.

Bueno, podrían preguntarse algunos, ¿y qué quedan de aquellos debates durante el VII Congreso del PCC y las sesiones para  dar el toque final a la Conceptualización del Modelo Económico y Social Cubano de Desarrollo Socialista, en los que se discutió acaloradamente acerca de si se les permitía o no  a los actores no estatales de la economía acumular cierto nivel de riqueza?

Al parecer, Díaz-Canel y su equipo de gobierno ya tienen la respuesta a tan sensible asunto: no habrá ninguna posibilidad de que ello ocurra.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Lunes, 15 de Junio de 2020 00:09
 
Díaz-Canel contra dólar y cañón PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Viernes, 05 de Junio de 2020 00:59

Ilustración.

Por FRANCISCO ALMAGRO DOMÍNGUEZ.- 

El socialismo totalitario no admite reformas. Y esperar a que el menor de los Castro muera en Birán puede ser demasiado tarde para enviar un emisario a la Casa Blanca.

Ellos lo saben: están embarcaos. De no hacer cambios radicales hacia una economía descentralizada, allí donde el productor individual, privado, desarrolle toda su inventiva y capacidad de producir bienes y servicios, reinará el caos y con él se irán los días gloriosos que han vivido. Con prisa y alguna pausa, el régimen autorizó la reinserción del dólar en el mercado minorista, y el CUC podría estar de salida antes de fin de año. El Designado reclama en todas sus apariciones públicas con antifaz, bozal, o ese nombre horroroso, nasobuco, producir más y mejor sin decir cómo ni cuándo.

El regreso del dólar era una jugada cantada por todos los que, afines o que desafían al régimen, sabían era la única salida viable. Hubo una resistencia inútil durante muchos años a admitir el fatalismo financiero: no se puede vivir como si fueras dueño del billete con la imagen de Washington y al mismo tiempo pagar con el de José Martí. Esa contradicción de símbolos y patriotas alguna vez estuvo resuelta. Pero se fajaron con el cocinero que imprimía el dinero con el héroe de Saratoga y de Yorktown.

La contradicción en las alturas es evidente debido a la pandemia de Covid-19. Un día anuncian la derrota del coronavirus y al otro cierran Varadero para los cubanos. En una aparición pública el Designado proclama la ofensiva final contra la infección, se ufana de no tener fallecidos, y a la mañana siguiente ordena no abrir ninguna empresa o escuela hasta concluir las trasmisiones autóctonas. Ante un auditorio amordazado más por los miedos que por la precaución de contagio, nadie se atreve a decirle lo incoherente que resulta.

Es fácil adivinar de donde viene la cañona: de quienes tienen los cañones. La elite nonagenaria sospecha que, como un barril repleto de agua, un pequeño orificio terminará por dejar vacío el tonel. En parte tienen razón: el socialismo totalitario no admite reformas. Es un edificio de naipes al cual sustraerle una de las barajas, lo derrumba. La rigidez aplicada en los últimos diez o quince años para sobrevivir a la ausencia del Difunto —sin duda un Houdini político, capaz de zafarse de cualquier conflicto— les ha hecho una camisa de fuerza que ata las manos a las generaciones más jóvenes.

Quienes tienen todavía algunos años por vivir, y también poseen los cañones de dinero y relaciones, saben que pueden perderlo todo. Esperar a que el menor de los hermanos muera en Birán cuando se le antoje puede ser demasiado tarde para enviar un emisario a la Casa Blanca, pactar una transición pacífica a una economía de mercado, y restablecer la credibilidad financiera para traer inversiones serias.

Aunque parezca un absurdo, toda la esperanza del régimen hasta ahora radica en la derrota de Donald Trump por los demócratas. El presidente norteamericano no ha logrado muchas concesiones del Palacio de la Revolución, salvo poner el dólar nuevamente en circulación. Saben, por sus agentes de influencia y sus colaboradores anónimos, que una administración demócrata empezaría por revertir, como ha dicho el candidato Biden, todas las medidas coercitivas del actual ejecutivo.

El problema para la gerontocracia es que son porfiados hasta para morir. Comen y no dejan comer. Y el dilema para los encargados, quienes deben dar la cara, es tener que seguir sus instrucciones cuando de sobra saben que cada medida que toman, como los llamados "juicios ejemplarizantes", ponen la cosa mala hasta para resolver. No debía ser un secreto para nadie que la única vía efectiva e histórica del socialismo, para perdurar, es el robo y la corrupción. No ha existido ni existirá otra.

¿Qué buscan los bisabuelos? ¿Qué la gente se tire pa’ la calle? ¿Negar el apotegma raulista y que los cañones sean más importantes que los frijoles? ¿Prefieren los venerables morir con las botas puestas defendiendo su palacete en Nuevo Vedado y el reparto Kholy y no en la Sierra, que los ha complacido más que el Mal?

La pregunta que desde acá debemos hacernos no es si el régimen cambiará. Eso es inevitable y el regreso del dólar así lo presagia. La pregunta es si el exilio cubano y sus líderes estarán a la altura de esos cambios y sabrán responder con mesura y cautela, misericordia sin olvidar la justicia, sin humillaciones a quienes, vencidos, aceptan el diálogo. Una transición pactada con quienes hoy reciben órdenes y no tienen delitos de sangre ni compromisos afectivos con la generación del desastre parece la única posible para evitar heridas perdurables.

Al Escogido le ha tocado la difícil tarea, como le sucedió a Elpidio Valdez, de traer dólares del enemigo para continuar la guerra, no contra España, sino contra su propio pueblo. Hasta ahora, la gestión ha sido fallida. Encañonado por sus propios gestores, un día dice una cosa tan simpáticamente cruel como que el jugo de limón es la base de todo, como al otro habla con ácida alegría de dar el golpe final al Covid-19 en la Isla.

El Designado, "Gallo Tapao", o "Dedazo" recuerda la parábola aborigen norteamericana de quién prevalecería en un futuro cercano, si será el dólar, para salvar a todo el pueblo, o el cañón, para terminar de destruirlo. La respuesta es sencilla: depende de a quien alimenten aquellos que hoy tienen el poder real y absoluto.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Sábado, 13 de Junio de 2020 00:20
 
¡Qué vuelva el pescado a Cuba! PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Jueves, 04 de Junio de 2020 04:34

El viejo y el mar (Spanish Edition) (Anotado): Amazon.co.uk ...

Por OSMEL ALMAGUER / LEONEL RODRÍGUEZ.- 

A pesar de ser una isla, en Cuba escasea el pescado. La familia Tartabull lleva más de una década sin probarlo, aunque reside en el poblado capitalino de Cojímar, cuya tradición pesquera fue incluso inmortalizada por el escritor norteamericano Ernest Hemingway.

Eugenio Tartabull, padre de dos hijos y esposo de Estela, reconoce que el pescado no falta en el mercado negro, pero su salario de obrero no le permite pagar el precio que piden los pescadores. "Tres CUC por una libra de ajuga, emperador u otra de las especies que habitualmente se capturan en esta zona", dice.

Sin embargo, el mercado negro tampoco satisface la demanda. La pesca comercial para los cubanos ha sido ilegal durante décadas, lo que, unido a la escasez de peces en el mar, hace que la oferta sea poca y excesivamente cara.

El diario Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, en un artículo titulado "Ordenar la actividad pesquera", informó que el consumo anual per cápita de pescado en Cuba se redujo de 16kg en 1989, a 4,3kg en 2014, cifra muy por debajo de los 12kg que recomienda la Organización Mundial de la Salud.

Según ese artículo, el promedio de consumo mundial por persona es de 18kg, mientras que en América Latina y el Caribe es de 9kg; también por debajo de lo recomendado pero más del doble de lo consumido en Cuba.

No obstante, dicho valor podría no reflejar realmente la carencia del pescado en la Isla. Si en este 4,3kg per cápita se contempló el concepto de "pollo por pescado", la cifra real podría ser mucho más baja.

Distribuir pollo en lugar de pescado fue una medida tomada por el Estado cubano entre los años 1990 y 2017, para sustituir las seis onzas de pescado asignadas a cada cubano a través de la libreta de racionamiento por seis onzas de pollo. "Era como si nos dieran pescado, pero en realidad no lo veíamos", comenta Estela.

"Ya el pollo por pescado no viene desde hace años. Hace poco estuvieron vendiendo jurel a 15 pesos la libra, pero para nosotros continúa siendo demasiado caro", apunta su esposo.

El año pasado, el Gobierno de Miguel Díaz-Canel dispuso la venta de jurel a 20 pesos la libra, de manera racionada. Al podrirse varias toneladas del producto debido al bajo consumo de esta oferta, pues al parecer el precio seguía siendo demasiado alto en relación a la cantidad y calidad del producto, decidió liberarlo y bajar el precio a 15 pesos. El coste aproximado de su importación —según el periódico Escambray— fue de unos 2.10 pesos cubanos por libra. Esta oferta desapareció con la llegada del nuevo año.

El salario mínimo fue fijado en 2019 en 1.067 pesos, unos 43CUC (moneda que el Gobierno cubano equipara al dólar). Para una familia humilde, que depende de lo que paga el Estado cubano, la única opción son las escasas ofertas en moneda nacional de la red estatal Mercomar.

En esos establecimientos el surtido se limita, muy ocasionalmente, a ejemplares de río como la tenca, la tilapia y la claria. Más esporádicamente y a mayor precio, hay pescados de mar como la rabirrubia, el patao y el bonito. En todos los casos, se trata de ejemplares demasiado pequeños. A menudo, lo que puede encontrarse en Mercomar son croquetas con un lejano sabor a pescado.

Los Tartabull son víctimas de la severa escasez que ha padecido el país durante décadas respecto a la producción pesquera. Durante muchos de esos años ha existido la tendencia a culpar a los pescadores locales de la merma de peces en la mar. Como resultado, su actividad está perseguida por las autoridades.

Con el objetivo de aliviar la escasez y de multiplicar las posibilidades para los pescadores, a principios de este año se puso en vigor una Ley de Pesca (129/2020). Pero la normativa ha llegado en medio de la pandemia de Covid-19, que entorpece su aplicación.

¿Dónde está el pescado de la televisión?

El Sistema Informativo de la Televisión Cubana (estatal) ha mostrado imágenes de cómo se mantienen las tareas de pesca en tiempos de cuarentena, pero no ha explicado claramente a dónde va a parar el pescado de primera calidad que antes del cierre de fronteras era destinado al turismo.

En su lugar, habla sobre la captura de pescado pequeño que se utiliza en la confección de croquetas. El precio de estas últimas se mantiene a 0.50 pesos por unidad, y las colas, como sucede con todo producto alimenticio en estos tiempos, suelen ser inmensas.

Por otra parte, la pesca individual, más allá del marco legal aprobado, continúa realizándose.

"Recientemente compré un paquete de pescado a los particulares. Fue en la zona de Baracoa (en La Habana). Yo sé que no cumplían con las medidas de seguridad contra el coronavirus, pero todo el mundo está comprando lo que encuentra. De hecho, los compradores le estaban arrebatando el pescado de las manos. Tanto, que no atiné ni a preguntar de qué especie se trataba", dice Jorge Luis, vecino del municipio Playa.

La escasez del pescado en Cuba comenzó a hacerse visible a partir de los años 90, cuando el ya extinto Ministerio de la Industria Pesquera canceló sus contratos de pesca en aguas foráneas, y vendió gran parte de su flota por temor a perderla, oxidada en los muelles.

No obstante, diversas fuentes ubican el origen de la actual crisis en la sobreexplotación que el Estado hizo de la plataforma insular cubana entre las décadas de los 60 y los 80, de la cual la fauna marina no se ha podido recuperar.

Según la agencia IPS, solo en el año 1985 la flota cubana capturó 78.000 toneladas en la plataforma, una cantidad casi diez veces mayor al promedio de importaciones anuales en el último lustro.

El impacto llega hasta hoy. El diario Granma asegura que la pesca de plataforma ha reducido sus capturas en un 70 por ciento en los últimos cinco años, con respecto a la etapa 1984-1988 (únicos años con datos disponibles).

IPS señala también como causas de la crisis el sobrecalentamiento y salinización de las aguas; además de la pesca ilegal, que no siempre se realiza con los medios adecuados.

Contaminación y turismo

Un estudio publicado por el Departamento de Geociencias de la Universidad Tecnológica de La Habana José Antonio Echeverría establece como mayores responsables de contaminación a las industrias azucarera, alimentaria, a los hospitales y los asentamientos humanos, así como la actividad minero-metalúrgica. Todos tienen un nivel deficiente de gestión del impacto ambiental.

Asimismo, la agricultura y la ganadería son responsables, según el propio estudio, de la salinización en áreas costeras e incluso de las aguas dulces en la desembocadura de algunos de los ríos más importantes de Cuba. Estas industrias tienen además el agravante de considerarse insostenibles, pues no siempre los volúmenes de entrega responden a las necesidades del país.

La nueva Ley de Pesca se fundamenta en la necesidad de regular la actividad pesquera para propiciar una recuperación de los recursos marinos, lo que contribuiría a una futura soberanía alimentaria del país. Pero tal soberanía es cuestionable si no se produce lo básico para satisfacer las necesidades de la población.

Datos oficiales fijan en 8.000 toneladas —como promedio anual— las importaciones de pescado en los últimos cinco años. Esa cantidad representa aproximadamente un cuarto de lo que se importaba hasta 2007, según el propio Granma.

La distribución del pescado por parte del Estado ha sido cuestionable, ya que, aunque se oculta convenientemente la cifra exacta de toneladas destinada anualmente al turismo, la casi absoluta ausencia de este producto en puntos de venta asequibles para la población sugiere su traslado casi exclusivo a hoteles, restaurantes y centros administrativos estatales.

Una gran mayoría del pescado que se captura en mar abierto, o se produce en la acuicultura, es procesado y convertido en croquetas. Por citar un ejemplo, el director del Departamento de Industria en la División Pesquera vaticinaba en 2014 el procesamiento de 10.000 toneladas de pescado. ¿Por qué la población cubana debe comerse el pescado en forma de croquetas?

Para el turismo y otros clientes extranjeros las opciones se abren, como muestran slogans publicitarios del tipo "Vive la aventura de la pesca deportiva en Cuba" y "La pesca en Cuba es simplemente única".

Si bien es cierto que los cubanos ya podían pescar antes de la puesta en vigor de la Ley 129 sin necesidad de licencias, esta actividad se reducía al uso de medios simples como varas, carretes, cordeles, anzuelos, en botes pequeños, y no se permitía vender las capturas.

La única modalidad autorizada mediante licencia, que entregaba el desaparecido Ministerio de la Industria Pesquera, era la pesca deportivo-recreativa, que también prohibía la comercialización del pescado capturado. La pesca comercial era permitida solo a las personas jurídicas cubanas y extranjeras, así como a los turistas.

Mercado negro y pesca ilegal

En cuanto al suministro a personas de mayores ingresos —ya sean cuentapropistas, artistas internacionales, deportistas importantes o cubanos que cuenten con la ayuda de algún familiar en el extranjero—, se encargan los pescadores ilegales.

Estos usan principalmente artes de pesca mayor, como el palangre y el trasmallo, que permiten capturas masivas perjudiciales para el lecho marino, además de no discriminar entre pescados de mayor o menor tamaño. Los pescadores ilegales también usan métodos que consisten en el uso de explosivos, cloro y otras sustancias tóxicas.

Según cifras oficiales, en todo Cuba hay alrededor de 2.500 pescadores ilegales. Estos destinan sus capturas principalmente a los restaurantes privados y a ese sector de la población que puede pagar los precios del mercado negro.

"Yo no puedo vender barato —dice Aramis Sánchez—. Pescar así es muy molesto y cansón, aunque te guste. Es difícil salir todos los días porque no se aguanta, así que cuando te decides tienes que meterle duro, tratar de entrarle con todo porque estás pescando para ganancias de cuatro o cinco días y además debes compartirlo con los que te acompañan".

Para el pescador ocasional Juan Carlos Obregón, el problema está en la pesca irresponsable, la utilización de palangres, trasmallos, nasas y redes de arrastre, así como en la actitud de pescadores estatales que, "bajo el manto de la legalidad", capturan especies protegidas y especímenes demasiado jóvenes.

Pero los pescadores ilegales se autoproclaman víctimas del sistema. Han elegido la pesca como un modo de supervivencia y, al ser una ocupación fuera de la ley, a menudo se presentan situaciones que generan violencia.

"A veces uno se busca una bronca porque cuando vas a revisar te encuentras que hay alguien metido abajo llevándote la carga. Tienes que ponerte guapo, porque todo aquí es dinero. Por eso hay gente que se dividió las zonas, pero no te creas, es a ojo de buen cubero, y cuidado con trocarte con la zona, robar carga o hacer un levante que no es tuyo, te puede costar una jodienda fuerte, incluso de golpes y cuchillos", explica Aramis Sánchez.

Este pescador ubica las principales zonas de pesca ilegal en los barrios capitalinos de Baracoa, El Salado, Bahía Honda y Cabañas, aunque no duda que en Santa Fe también ocurra. Se trata de localidades pertenecientes al municipio Playa, uno de los más solventes de la capital cubana.

Los cambios de la nueva ley

Entre los cambios de mayor relevancia que incluye la nueva ley están la autorización a cubanos a participar en la pesca comercial, la reorganización de las categorías de pesca autorizadas, los órganos encargados del control de esta actividad, etc. En opinión de Ariel Seijas, exasesor jurídico del antiguo Ministerio de la Industria Pesquera, el 164 era un decreto ley "bastante completo". El abogado achaca a su incumplimiento la mayoría de problemas con el pescado en Cuba. "El tema de la pesca ilegal se distorsionó tanto en Cuba, que se le fue de la mano al Estado", dice.

Respecto a la nueva Ley de Pesca, Seijas piensa que trata de poner coto a lo que se ha tornado ilimitado: la ilegalidad. "Considero que esta ley llega atrasada, puesto que de por sí no hará magia. Tendrá resultados si logra echar a andar otras legislaciones que sustancien lo que ella misma regula".

Aunque aún es temprano para un diagnóstico de los efectos de la nueva Ley de Pesca cubana, algunas de las condiciones que generaron el actual estado de crisis persisten. Además, el país deberá superar la depresión económica que previsiblemente seguirá a la pandemia, después de tantos meses sin producción sostenida.

Dicha situación constituye un doble reto para el Estado cubano, que deberá garantizar la alimentación de la población y, a la par, perseguir las ilegalidades que se cometan en materia de pesca. Esto abarca también las embarcaciones estatales y el accionar de sus funcionarios.


DIARIO DE CUBA

En alianza editorial con CONNECTAS

Última actualización el Jueves, 11 de Junio de 2020 05:17
 
Es hora de dar la cara PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Martes, 02 de Junio de 2020 23:53

Yanelys Núñez, Nonardo Perea, Amaury Pacheco, Iris Ruiz, Luis Manuel Otero, Soandry del Río y Michel Matos en una acción de protesta contra el Decreto 349. (Facebook)

Por ILEANA FEBLES (GUAMACARO).-

Hace algunos años fui a Miami. Allí encontré a un cubano con el que compartí algunas frases que nos unían, por ser hermanos de patria.

Minutos después de nuestro primer intercambio de ideas banales, me confesó que la "dictadura de Cuba" era lo peor que le había pasado en su vida y que se alegraba de que yo hubiese podido "escaparme" también. Añadía a su reflexión dos o tres frases demasiado fuertes para mis oídos, pues yo había sido "sacada" de la Isla por mi madre, cuando todavía no conocía yo, de la Cuba real, ni un ápice.

Él se percató de que la expresión de mi rostro se modificó al oír su discurso y me interpeló rápidamente: "Qué crees tú de todos los abusos de la dictadura cubana? ¿Cómo te afectó a ti?".

Le respondí que entendía que él hubiese sufrido cosas que yo desconocía, pero que mi experiencia no había sido igual a la suya y nunca sufrí lo que él contaba

Le dije mi verdad. Mi única verdad en aquel momento: Le respondí que entendía que él hubiese sufrido cosas que yo desconocía, pero que mi experiencia no había sido igual a la suya y nunca sufrí lo que él contaba.

No le agradó mi respuesta.

Con toda la energía que tenía aquel joven, de unos 30 años, me acusó de todos los crímenes de Castro en el espacio de tres minutos, como si yo los hubiese cometido todos.

Recuerdo sus gestos en medio de mi silencio atónito. Su ceño fruncido e indignado cuando me cuestionó sobre el remolcador 13 de marzo, preguntándome seriamente si yo estaba de acuerdo también con que todos aquellos niños hubiesen fallecido como lo hicieron, con la crueldad con que los agredieron los militares de Fidel Castro, unos hechos que yo desconocía por completo.

Cuando terminó de hablar, mi corazón latía demasiado de prisa para poder pronunciar palabra alguna.

Sus ojos azules cruzaron los míos en medio de un silencio sepulcral. Y se marchó calmadamente de aquel lugar.

Nunca en mi vida me había sentido tan agredida, sin estarlo realmente. Tan culpada. Sin que realmente esa situación ameritase que me defendiese. Y la razón fue que su reproche hacia mí no constituía verdaderamente un ataque: había sido un grito reclamando mi empatía.

Y la razón fue que su reproche hacia mí no constituía verdaderamente un ataque: había sido un grito reclamando mi empatía

Ese suceso caló profundo dentro de mí, como un puñal que se clava no para hacer daño, sino para sacar el vidrio de dentro de la piel. El vidrio que nos puede matar.

Su grito tuvo un eco demasiado fuerte en mi cerebro. Su reclamo se ha consolidado en mí al acercarme a la realidad cubana durante mis posteriores visitas a la isla.

En 2018 me robó el sueño -literalmente- el decreto 349, considerado una ley mordaza por los artistas. No podía imaginarme, sin que me afectase, la posibilidad de que a uno de mis hijos le pudieran confiscar su guitarra si decidiese tocar en las calles de mi ciudad natal, que también es suya.

Tampoco me dejaba tranquila el hecho de que le arrebatasen las maracas a ese viejito de La Habana que se sienta a tocar en cualquier quicio de la ciudad para ganarse el pan porque no tiene protección estatal.

Luego vino el infame proyecto de Constitución. Confieso que en los días anteriores y posteriores a la votación, ya en 2019, estuve a punto de enfermar. No podía conciliar el sueño, apenas podía ingerir alimentos. Protesté, a mi manera y de forma anónima, en este diario .

Una angustia bastante fuerte me invadió días después, al ver el resultado inexplicable de aquel complot fabricado para esclavizarnos a todos bajo el yugo del Partido Comunista. Aquella votación tuvo lugar sin mi opinión como cubana, pues las autoridades de mi país me impedían, injustamente y sin motivo fundamentado, a mí y a muchos otros, el voto.

Me estaban, de aquella manera, amordazando. Y supongo que no hay más que taparle la boca a alguien, para que se decida a gritar. Los ojos azules que crucé un día en Miami me rondaban el espíritu. Aquel sentimiento de injusticia ya lo estaba haciendo mío. Muy mío.

Finalmente, hace relativamente poco tiempo, rompí todas las cadenas que me ataban a aquella mentira. A aquellos chantajes. Al silencio. Y avisé a toda mi familia de mi decisión. No callaría más

Finalmente, hace relativamente poco tiempo, rompí todas las cadenas que me ataban a aquella mentira. A aquellos chantajes. Al silencio. Y avisé a toda mi familia de mi decisión. No callaría más.

¿Por qué muestro mi cambio públicamente en este medio? Porque, simplemente, este grito lo tengo atravesado en mi garganta. Me tortura un grito apagado desde que me di cuenta del peligro que representa para toda una sociedad, el hecho de no tener voz. De no oponerse a las injusticias como individuos.

Hoy resulta que necesito expresarlo bien fuerte y multiplicar el grito de aquellos ojos azules que un día me interpelaron en Miami.

Mi familia no es solamente aquella que defiende al régimen, como la de muchos otros. Mi familia está integrada por muchísimas personas que lo apuntalan, día a día, para que no se derrumbe. Y todos ellos conocen muy bien hoy mi posición.

Este artículo está dedicado a ese cubano que me hizo despertar lanzándome un grito desesperado que estuvo rondando en mi cabeza durante 10 largos años.

Solo espero que al resto de los dormidos, no les tome mucho tiempo ponerse de pie. Pues llegó la hora de dar la cara por todos los caídos y por todos los que sufren.

14 Y MEDIO

Última actualización el Lunes, 08 de Junio de 2020 13:53
 
Acopio y el hambre en Cuba PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Martes, 02 de Junio de 2020 23:45

CUBA A DIARIO . Por Humberto Herrera Carlés : 24/11/14

Por ROBERTO ÁLVAREZ QUIÑONES.- 

Imaginemos que a un estadounidense, un holandés, un brasileño, un japonés y un australiano les preguntan si creen que sería "revolucionario" y beneficioso para ellos, como consumidores, que el Estado expropiase las tierras a los agricultores privados y se encargase de sembrar, cosechar y distribuir en los mercados los productos del campo.

¿Qué responderían? Seguramente tomarían la pregunta como un buen chiste y se reirían. Y si les dicen que no es una broma exclamarían espantados que es un absurdo, el mayor disparate escuchado jamás.

Hay que tener un gran poder de abstracción para visualizar en EEUU, Holanda (con poco territorio es el segundo exportador mundial de productos agrícolas por el extraordinario desarrollo de su agricultura), Brasil, Japón o Australia, grandes centros de acopio estatales para concentrar  los productos agrícolas del país y distribuirlos centralmente, luego de haberse prohibido por ley que lo hagan los propios productores y los comerciantes mayoristas y minoristas que lo han hecho durante siglos.

No obstante, ese disparate  existe. Se comete en Cuba y agrava la escasez de alimentos que sufre la población desde que se implantó el comunismo hace seis décadas. Y es una de las razones por las que Cuba hoy no parece una nación de este planeta. Es muy distinta a las otras 195 existentes, con la excepción de su hermana gemela, Corea del Norte.

Los centros de acopio hacen más penosa la desgracia de haber dejado como propiedad privada en el campo cubano solo el 23% de las tierras cultivables, pese a las promesas que hizo Fidel Castro desde la Sierra Maestra, reiteradas al asaltar el poder y días antes de promulgar la Ley de Reforma Agraria. Juraba que entregaría las tierras confiscadas a los campesinos, y lo que hizo fue estatizarlas.

¿Resultado? El Estado posee la mayor superficie agrícola y las mejores tierras, y con el mayor equipamiento tecnológico y de suministro de insumos produce apenas el 10% o el 12% de los alimentos del país, mientras que el 90% u 88% lo generan los campesinos y los 242.000 usufructuarios particulares de tierras estatales que estaban ociosas y cubiertas de marabú y han sido arrendadas a ellos por el Gobierno para que las reactiven.

La tapa al pomo son los llamados centros de acopio, agravantes permanentes del drama de cada familia a la hora del desayuno, el almuerzo y la comida.

Los privados tienen que entregar sus cosechas a Acopio

Resulta que en Cuba todos los agricultores del país tienen la obligación de entregar los productos cosechados a esos centros estatales, que los almacenan y luego los van distribuyendo poco a poco, cuando pueden.

El Grupo Empresarial de Acopio (GEA), que así se llama la entidad estatal en cuestión, es una maquinaria burocrático-comercializadora-interventora del Estado formalmente subordinada al Consejo de Ministros, pero que en la práctica dirige y controla el Partido Comunista en cada municipio y provincia. Lo integran 13 empresas de acopio con instalaciones en toda la isla.

Llamado simplemente Acopio, este aparato estatal les contrata a los campesinos y cooperativistas el 80% de sus cosechas, les dice lo que tienen que sembrar y fija los precios de antemano, escandalosamente bajos.

Toda la parafernalia de la infraestructura técnica y operacional que tiene Acopio significa un gasto colosal que erosiona innecesariamente el presupuesto del país. Incluye grandes almacenes, cientos de camiones,  grúas, montacargas, talleres de todo tipo, naves mayoristas, plantas de beneficio y empaquetado, básculas, pesas, plantas de envase, y un ejército de trabajadores y burócratas. Con ese dinero el Estado podría hacer muchas cosas sumamente necesarias.

Los centros de acopio estatales fueron una de las razones por las que 33 de los 35 países en los que fue impuesto el sistema económico  comunista finalmente lo tiraron a la basura.

Pagan una miseria a los campesinos

Lo peor de ese sistema centralizado de distribución es que le paga una miseria a los campesinos y usufructuarios de tierras estatales. Tan poco les paga que ellos se quejan constantemente de que apenas cubren sus costos. Y estamos hablando de 430.000 agricultores privados que generan nada menos que el 90% de la producción agropecuaria del país.

De hecho lo que hace Acopio es desestimular en forma perenne la producción del campo cubano. Si los agricultores privados pudieran vender directamente sus productos al precio fijado por ellos, según las leyes del mercado, habría más comida en Cuba.

Y para desincentivar aún más la producción, ahora el Gobierno envía inspectores a las cooperativas para asegurarse de que los agricultores privados entreguen a Acopio todo lo pactado y no se queden con nada para comercializarlo privadamente, a mejor precio.

Ello expresa la ignorancia de la cúpula castrista acerca de las leyes naturales que rigen la economía. Con  esos nuevos controles in situ, al ya no poder vender "por la izquierda" parte de su cosecha para compensar la miseria que les paga Acopio, los campesinos y cooperativistas simplemente producirán menos. Habrá menos alimentos en la Isla. Toda la nación sale perdiendo.

Se evidencia cada vez más que en Cuba no hay cómo evitar el hambre,   ahora con menos divisas que nunca para importar alimentos, si el Estado sigue a cargo de la agricultura y  distribuyendo la producción agropecuaria.

Se pudren miles de toneladas de alimentos

El GEA subdivide la distribución de productos en cinco prioridades llamadas "gamas". Según Granma la primera es la de los alimentos frescos. La segunda y tercera incluyen conservas, mermeladas, viandas y vegetales picados en pedazos. La cuarta, productos envueltos en bolsitas de plástico, y la quinta abarca productos ya cocinados, llamados "almuerzos sencillos".

Todo muy bonito, pero es pura pantalla. Cada año se pudren alevosamente en los almacenes de Acopio miles de toneladas de productos agrícolas que son fundamentales en la dieta básica cubana, lo mismo en el campo porque no los recogen a tiempo, que en los almacenes estatales porque no son distribuidos, por mil razones.

Acopio no tiene camiones suficientes, o están rotos, o no hay gasolina. Según reportó el 6 de febrero de 2020 la prensa estatal en la provincia de Pinar del Río, la Empresa Comercializadora Acopio dispone de solo 13 camiones activos, de 30 que tiene el parque de transportación. Y esos pocos que funcionan tienen más de 40 años de explotación, se rompen constantemente y no tienen piezas de repuesto.

Por otra parte, en cada centro de acopio pulula el robo de viandas, frutas, vegetales, arroz, frijoles, papas, etc, para venderlos "privadamente" a quien lo pague, incluyendo parientes, amigos y comerciantes clandestinos.

Pero en Cuba todo es tan irracional que paradójicamente esos robos en los centros de acopio al final resultan  positivos, pues esos productos  "desviados" ya no se pudrirán y abastecerán el mercado negro, el único que de veras funciona en la Isla, pues cubre la dieta de 20 días de cada mes en cada hogar, luego de los diez días  que a duras penas cubre la "libreta".

En pocas palabras, el sistema estatal de Acopio es otro crimen del castrismo, y en particular del general Raúl Castro, quien pese al rotundo fracaso mundial del socialismo se sigue negando a liberar las fuerzas productivas y persiste, contra viento y marea, en mantener un modelo económico probadamente inservible e inhumano que solo causa hambre, pobreza, infelicidad y atraso social.

El dictador tiene la obligación impostergable de desmantelar ese engendro nefasto  y contrario a la naturaleza humana misma, llamado Acopio, y dejar que los agricultores privados vendan al mercado libremente sus productos al precio fijado por ellos. Y eso, como paso previo para la liberación total del campo, como en todo país normal.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Miércoles, 10 de Junio de 2020 00:49
 
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