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Cuba


SOS: las ciencias en Cuba PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Miércoles, 17 de Julio de 2019 03:34


Por BRIAN RAMÍREZ VAL.- 

En su artículo "Conexión entre ciencia e innovación y los modelos de políticas", el profesor e investigador de la Universidad de La Habana Jorge Núñez Jover celebra que el número 93-94 de la revista Temas (enero-julio de 2018) esté dedicado a explorar diversas miradas sobre el uso social de las ciencias y las particularidades que hoy afectan al desarrollo científico y tecnológico en Cuba.

Afirma Núñez Jover: "Es curioso que, en nuestro país, donde tanta atención se ha prestado a su desarrollo, existan tan pocas publicaciones con el perfil de este volumen […] Esos estudios podrían, entre otras cosas, ayudarnos a entender mejor las virtudes y carencias de nuestras prácticas científicas y tecnológicas y el problema, muchas veces mencionado, de la insuficiente utilización del potencial de que disponemos".

Desconozco si las repercusiones de este número han sido satisfactorias, pero lo cierto es que el dossier que propone merece atención, y merece discutirse en los grupos científicos de las distintas áreas del conocimiento, tanto en centros académicos como investigativos, y por los interesados sobre el futuro científico y económico de Cuba en la actual coyuntura nacional.

Además del dossier con artículos de analistas de EEUU, Inglaterra y Cuba, la revista contiene un panel dedicado a la actual situación de la literatura cubana y otros temas de interés en la sección "Lectura sucesiva".

Del dossier, salvo el lamentable comentario de Agustín Lage Dávila (BioCubaFarma) para quien el "Periodo Especial" en Cuba terminó ya y de él emergió un pueblo "triunfante", me interesa recomendar la lectura de algunos textos que ofrecen una perspectiva crítica, ajustada al contexto insular.

El propio Núñez Jover advierte el empleo frecuente de "políticas inadecuadas" que obstaculizan la solución de problemas de la práctica social, en tanto Luis A. Montero (Universidad de La Habana), más agudo en "La ciencia y la tecnología en Cuba: una década después", encuentra un declive en la actividad científica en la Isla.

Este es, a mi juicio, el más interesante de todos los trabajos. La crítica a las políticas desajustadas, apoyándose en informaciones respecto a la Zona Especial de Desarrollo del Mariel y el más reciente anuncio del financiamiento ruso para modernizar el sistema ferroviario cubano, son algunos de los argumentos que esgrime en su trabajo.

Montero califica de confusas y contradictorias las estadísticas cubanas sobre el actual potencial científico en la Isla, datos que dificultan "cualquier análisis serio". A partir de 2014, un comportamiento negativo coloca a Cuba en desventaja, si se compara con otros países. "Eso es lo que dicen las cifras, añade, pero el que está en el día a día en su puesto de trabajo científico puede relatar una imagen más desoladora", afirma.

El autor lamenta la incapacidad de retención y asimilación de los potenciales científicos "para las metas que probablemente harían de Cuba un país envidiable por muchos". El éxodo masivo de profesionales hacia otras áreas más lucrativas ajenas a la labor científica, o a otros países, continúa siendo uno de los principales problemas en el país.

"Cada día más el potencial humano que formamos para la ciencia se convierte en una donación unilateral a otras naciones, a costa del desmembramiento, completo o parcial, de muchas de nuestras instituciones de investigación. Este es un fenómeno que también se manifiesta globalmente, pero es particularmente grave en nuestro caso, porque carecemos de política o acción alguna para recuperar ese potencial o utilizarlo desde el extranjero", reconoce Montero.

Una aplicación más competitiva de la ciencia, la tecnología y la innovación como fórmula para lograr el progreso, la incorporación de todas las esferas de la sociedad desde la iniciativa y el éxito, la retribución económica justa a la creación de conocimientos, la inventiva y la innovación rentables para alcanzar un adecuado nivel de vida, en correspondencia con el rendimiento y la restructuración de la actividad científica en el país, sobre la base de la gestión y la facilitación, son algunas de sus propuestas para paliar estas dificultades.

"La ciencia cubana a través de sus publicaciones en revistas arbitradas", de Lila Castellanos Serra, Carlos Rodríguez y Pedro Valdés, estudia la evolución de la producción de artículos científicos cubanos, la ubicación de la Isla respecto a Latinoamérica, la situación relativa de las diferentes disciplinas y ramas del conocimiento, así como la relación entre el número de doctores en ciencias y artículos publicados. Los autores manifiestan un retroceso notable de la producción de artículos nacionales, además del debate crítico de la situación acompañado de acciones que pueden revertir esas tendencias.

También "Las ciencias básicas en Cuba en el siglo XXI", de un equipo de autores cubanos, aduce las dificultades relativas a esta esfera, todavía muy subvalorada, salvo el caso de la biotecnología. La poca confianza en la capacidad de producción de nuevos conocimientos, y por otro lado, la exigencia de generar aplicaciones con beneficios económicos por encima de sus capacidades de realización son las principales problemáticas de las ciencias básicas en el país.

Los analistas coinciden con Montero en que los bajos salarios y la carencia de recursos en las instituciones para realizar las investigaciones, repercuten en la pérdida de los denominados líderes científicos que emigran con sus líneas completas de investigación, las cuales demoran muchos años en consolidarse.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Jueves, 25 de Julio de 2019 04:46
 
Un grave problema socialista: Jerarquizar Consumidores sobre Productores PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 14 de Julio de 2019 21:59

 

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Por Jorge Hernández Fonseca.- 

No hay un solo postulado socialista de como producir bienes y servicios. Se basan en preceptos de tipo hipócritamente “moral” para, por la fuerza, obligar a las personas a “beneficiarse” de los racionamientos y hambrunas que –100% de las veces—ha ocasionado en las desdichadas sociedades sometidas al experimento socialista. Este socialismo sólo defiende a los ciudadanos como “consumidores”. A aquellos que son productores, los desprecian, condenan y exterminan.


Un grave problema socialista: Jerarquizar Consumidores sobre Productores

Jorge Hernández Fonseca

14 de Julio de 2019

Los intelectuales de izquierda, los profesores universitarios filo-socialistas, así como los ciudadanos envueltos en la tomadura de pelo de lo “políticamente correcto”, no se explican el porqué de los sucesivos fracasos de los regímenes socialistas implantados en los cuatro confines del Globo --sin ninguna excepción-- aunque en este caso se confirma “la regla”.

El socialismo actual se origina en los trabajos de filósofos y economistas como Carlos Marx y Antonio Gramsci y en la práctica de políticos como Vladimir Lenin y Pol Pot. Los primeros profundizaron las condiciones económicas del proceso productivo capitalista y los segundos “inventaron” una forma cruel (la dictadura) para implantar, a la fuerza, “su” socialismo.

No hay un solo postulado socialista de como producir bienes y servicios. Se basan en preceptos de tipo hipócritamente “moral” para, por la fuerza, obligar a las personas a “beneficiarse” de los racionamientos y hambrunas que –100% de las veces—ha ocasionado en las desdichadas sociedades sometidas al experimento socialista. Este socialismo sólo defiende a los ciudadanos como “consumidores”. A aquellos que son productores, los desprecian, condenan y exterminan.

Como le dijera Fidel Castro al embajador peruano en medio de la crisis cubana con la embajada del Perú en 1980, “yo se matar y tu no”, la gran ventaja del Comandante sobre el embajador. A los productores --en ese socialismo-- simplemente se les elimina. Como Díaz Canel acaba de hacer con el mayor productor porcino de Holguín, ejemplarmente, para que nadie se atreva a “producir”. Al final, los productores son los enemigos “de clase” y para ellos solo hay desprecio.

Paradójicamente lo que hizo Carlos Marx fue estudiar el proceso de producción capitalista, pero en sus estudios le faltó –sin dudas-- estudiar las cualidades de los emprendedores que usan su capital, su crédito y talento, para guiar un proceso productivo. Este emprendimiento es un salto al vacío, que generará empleo y renta para otras muchas personas. Además de capital, hay cualidades individuales y méritos en este proceso, poco estudiado desde el punto de vista personal, que claramente le falta al socialismo para poder dar “consumo a sus consumidores”.

De la misma manera que no todos pueden ser medallistas olímpicos de algunas de las manifestaciones deportivas; que no todos tienen la voz de oro de los cantantes famosos; que no todas las jóvenes tienen las cualidades estéticas de una reina de belleza, o no tienen las condiciones para guiar exitosamente un carro de Fórmula 1, también no todos --como quiere el socialismo-- tienen posibilidades de guiar un negocio productivo y beneficioso para la sociedad.

En el socialismo, si bien la crueldad contra los adversarios es la principal “cualidad” política (saberlos “matar”) su principal error es no saber apreciar las cualidades de los empresarios y productores, que permite posicionarse al resto como consumidores. El consumo es un proceso primario y natural, mientras que la producción es un proceso artificial y complejo, para el cual es necesario esfuerzo y trabajo especializado. Es por ello que toda sociedad (menos la socialista) cuida con esmero a los que poseen el don natural de dominar el proceso de producir bienes.

Artículos de este autor pueden ser encontrados en http://www.cubalibredigital.com

Última actualización el Lunes, 22 de Julio de 2019 00:28
 
La generación histórica ya es cosa del pasado PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Sábado, 13 de Julio de 2019 02:59

Por REINALDO ESCOBAR.-

Aunque la expresión “generación histórica de la revolución cubana” se ha venido usando para definir a un grupo específico de personas, no existe una tesis oficial a través de la cual pueda determinarse quiénes merecen estar incluidos en esa lista y cuáles formalidades debe alguien cumplir para aparecer y permanecer en ella.

A partir de ahora, numerosas leyes deberán pasar al Parlamento para cumplir con los plazos previstos por la nueva Constitución. (Granma)

Si se tratara de una definición académica sin conexión con la realidad del poder político, el título en cuestión podría tratarse en su condición meramente etaria y se le podría aplicar a cualquier persona nacida durante la primera mitad del pasado siglo con un mínimo rango de error. Para los cubanos “indiscutiblemente jóvenes” nacidos en el siglo XXI, muchos de los que ostentan cargos importantes son considerados simplemente viejos.

Última actualización el Martes, 16 de Julio de 2019 04:21
 
Metafísica del 'Periodo Especial' PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Jueves, 11 de Julio de 2019 22:15

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Por MIGUEL SALES.- 

En fecha reciente, el presidente subalterno de Cuba, Miguel Díaz-Canel, declaró en la televisión nacional que el "Periodo Especial" fue "un gran acto de creación colectiva, con un liderazgo firme que no dio descanso nunca".

A pesar de las numerosas críticas que ha suscitado la metáfora empleada para caracterizar a ese periodo difuso —que oficialmente comenzó en 1990, pero cuyo final nunca se ha definido del todo—, es la primera vez que Díaz-Canel emite una idea realmente interesante, que apunta a una comprensión profunda de la naturaleza del régimen que administra. Esta capacidad conceptual es muy meritoria, porque no se supone que entre sus funciones figure la de ejercer "la funesta manía de pensar", que ya denostaban a principios del siglo XIX los partidarios de Fernando VII.

Según el sermón que Castro II pronunció el 19 de abril del año pasado, cuando designó a Díaz-Canel a la primera magistratura, el ejercicio de la presidencia del Consejo de Estado y el Consejo de Ministro consiste en aplicar ideas vetustas, transmitir órdenes nuevas y preservar sine die el monopolio político del Partido Comunista de Cuba (PCC).

En consonancia con esta definición, el nuevo presidente prometió ese día que sería fiel a las ideas de Castro I, al mando de Castro II y a la hegemonía del PCC. "Sé de la fuerza y sabiduría del pueblo, el liderazgo de Partido, las ideas de Fidel, […] y afirmo a esta asamblea que el compañero Raúl, encabezará las decisiones para el presente y futuro de la nación", declaró entonces.

Ahora, al proponer fórmulas para hacer frente a la perspectiva de un nuevo "Periodo Especial", Díaz-Canel proclama que es preciso recuperar las medidas promulgadas por Castro I en el decenio de 1990: "Son documentos que hay que desempolvar, que todo el mundo tiene que estudiar", expresó.

Quienes critican la descripción del "Periodo Especial" acuñada por Díaz-Canel toman el rábano por las hojas. Echan mano del anecdotario y recuerdan los alumbrones, los camellos, la tilapia transgénica y la cacería de gatos callejeros o denuncian la neuritis óptica y otras epidemias generadas por la desnutrición, o apuntan al más que probable aumento del número de suicidios y abortos causados por las medidas del régimen.

Pero, aunque todo eso es evidente, el sentido profundo del "Periodo Especial" hay que buscarlo en la interiorización del sufrimiento, la miseria y la sumisión como condiciones normales de supervivencia bajo el castrismo.

Hasta ese momento, el sistema se nutría de la promesa de un futuro mejor. Es cierto que el país había atravesado por algunas circunstancias difíciles, pero la ayuda soviética y la existencia de un bloque comunista en Europa del Este permitían cultivar la esperanza, por mínima que fuese, de que la situación podría mejorar. A partir de 1989 esa convicción empezó a evaporarse y desapareció por completo en 1991. Ni siquiera la aparición providencial de Hugo Chávez, ocho años después, colmaría en lo esencial esa pérdida, por más que los subsidios venezolanos hayan llegado a ser, al día de hoy, superiores a los soviéticos. La quiebra de la confianza fue de tal magnitud, que desde entonces ha huido de la Isla algo más de un millón de personas, lo que representa una corriente de 50.000 emigrantes al año.

Por supuesto, Castro I y sus secuaces tenían opciones que hubieran evitado a los cubanos ese cúmulo de sufrimientos, sin necesidad de "capitular ante el imperialismo", como argüían entonces los corifeos del Gobierno. Hubiera bastado con aplicar algunas reformas que cabían perfectamente en el marco institucional del sistema y aceptar la ayuda que muchos países democráticos ofrecieron.

Pero cualquier solución razonable y moderada hubiera contravenido el espíritu numantino de Castro I. En su cabeza, el destino de Cuba se confundía con su destino personal y aquel era su "momento Stalingrado". Fue entonces cuando anunció que "primero se hundiría la Isla en el mar antes que renunciar al comunismo" y proclamó la lúgubre consigna de "Socialismo o Muerte", que hasta hace poco sus sucesores se afanaban en olvidar. Ahora Díaz-Canel ha propuesto pasar el plumero a las viejas medidas que dormían como las notas en el arpa becqueriana y volver a aplicarlas, para conjurar el espectro de un nuevo "Periodo Especial".

Sin embargo, el tono triunfalista del análisis de Díaz-Canel hace sospechar que estima —correctamente, a mi juicio—, que el "Periodo Especial" no fue un fracaso, sino todo lo contrario. Y tiene razón. El "Periodo Especial" representa el triunfo definitivo del castrismo. Es la apoteosis de la servidumbre esclavista, apenas matizada por el Maleconazo (donde una vez más el revés se convirtió en victoria con la sola aparición de Castro I) y el éxodo de los balseros, que con el tiempo serían fuente primordial de divisas y mansos peticionarios de visados turísticos.

Y así ha sido.  El "Periodo Especial" no fue (no es) un accidente de eso que muchos todavía llaman, con delicioso arcaísmo, "la revolución", sino su misma sustancia: una fábrica de pobreza, obediencia y envilecimiento. Es el momento cumbre del castrismo, la plenitud del sistema, la victoria definitiva del modelo: los esclavos que, como en Nabucco de Verdi, cantan a coro, pero esta vez exaltando sus cadenas, transidos de adoración por el amo que los oprime. Es el "pueblo combatiente", hambreado y sin futuro, que a pesar de su condición miserable desfila, repite consignas y cava refugios para defenderse del inminente ataque imperialista.

Con el "Periodo Especial" se cumplen los objetivos fundamentales de "la revolución", que nunca fueron los que Castro I proclamó al alcanzar el poder en 1959: sumisión total de la sociedad al proyecto comunista, control policial absoluto, militarización integral, expulsión de los grupos de población menos dóciles (procedimiento que ya había comenzado a través de Camarioca, en 1965, y Mariel, 1980, pero que se perfecciona desde 1994, mediante los acuerdos migratorios con EEUU), y reducción de la economía a actividades primarias de subsistencia totalmente dependientes del Estado.

Un régimen que llevaba ya 30 años en el poder y acumulaba grandes fracasos, que había sacrificado a miles de soldados en África con resultados dudosos y acababa de perder su principal fuente de subsidios, expulsa de golpe a otros 35.000 adversarios potenciales y los arroja a las costas de su enemigo, los convierte en cimarrones teledirigidos, que a partir de entonces financiarán al mismo Gobierno que oprime a sus familiares y les autoriza o no a volver a verlos, y además coloca a quienes quedan en la Isla en un escalón inferior de miseria y obediencia.

A pesar de las pocas luces que le asisten, Díaz-Canel ha comprendido esa verdad fundamental. La esencia del socialismo en Cuba no consiste en mejorar la educación, ni ampliar la asistencia médica ni mucho menos en elevar el nivel de vida o el consumo de la población. A la larga, todas esas son gaitas populistas para entretener a la galería, avances que conducen de nuevo al capitalismo. Véase, si no, lo que ocurrió en la antigua Unión Soviética y lo que sucede actualmente en China.

Para salvar al comunismo cubano —al menos durante 30 años más— es preciso otro "gran acto de creación colectiva", que en este caso contará con su esclarecido y sólido liderazgo. Díaz-Canel agita el espantajo de un nuevo "Periodo Especial" para que las masas tiemblen ante la perspectiva de los apagones y el bisté de frazada, pero en realidad parece que a él no le disgusta la idea de afrontar y culminar la magna empresa. Otra cosa es que logre ponerse a la altura de las circunstancias.

Socialismo o muerte. Valga la redundancia.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Sábado, 13 de Julio de 2019 20:46
 
¿Mayor salario con 'chavitos' sin valor? PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Jueves, 11 de Julio de 2019 04:32

Por ROBERTO ÁLVAREZ QUIÑONES.- 

La polémica Ley de Say, del economista francés Jean Babtiste Say, postula que toda oferta genera su demanda, pero Miguel Díaz-Canel y su ministro de Economía, Alejandro Gil,  sostienen que es la demanda la que crea oferta.

Por eso han decretado una subida de salarios y pensiones por más de 7.000 millones de pesos anuales, que significa lanzar para la calle una masa de dinero que elevará sustancialmente la demanda,  para así "aumentar la producción", y  valga el absurdo.

Si muchos economistas opinan que en algunos aspectos Say no tenía razón, de los dos jerarcas castristas citados hay que decir que botaron la pelota al colocar los bueyes detrás de la carreta. Porque otra ley económica, y bien probada en la práctica, muestra que los salarios no pueden ser aumentados si no hay un incremento de la tasa de productividad laboral y un aumento de la producción y los servicios.

Es simple. El aumento de la cantidad de dinero en circulación eleva la demanda y, de no haber más producción o más importaciones, los precios se disparan, devoran los aumentos de salarios y reducen el poder de compra del dinero.

En Cuba la única forma justa y razonable de aumentar los miserables salarios socialistas y que los bueyes vayan delante de la carreta es liberando las fuerzas productivas, pero la dictadura se niega.  Además, de ninguna manera el Gobierno podrá obtener del sector productivo estatal los miles de millones de pesos adicionales necesarios para pagar el aumento salarial y de pensiones. Ello provocará un mayor déficit presupuestario y aumento de la deuda nacional.

Los países normales tienen una política monetaria. Los bancos centrales suben o bajan las tasas de interés para contraer o aumentar la liquidez del país, o sea, el cash en el bolsillo de la gente, el acceso al crédito, y el dinero depositado en los bancos que sus titulares pueden sacar en cualquier momento. Lo hacen para que haya cierto equilibrio entre demanda efectiva y oferta, y  mantener la inflación bajo control. Eso en Cuba es impensable, y ni se conoce.

El economista Pedro Monreal, residente en la Isla, pronostica que para el segundo semestre de 2019 el aumento de sueldo va a traer una demanda extra en alimentos de 2.550 millones de pesos (CUP), que forzará un aumento del 50% en las ventas de alimentos con respecto a igual período de 2018.  Para que el aumento de sueldo no genere inflación, Cuba tendría que aumentar en un 50% la producción de alimentos, o importarlos, ¿pero con qué divisas?

Populismo para aliviar descontento popular

Este aumento de sueldo suena bonito, pero es un engaño. Ocurre sin dar más libertad al sector privado. Y aunque al "presidente" le disguste la palabrita, sí es populismo. Es un recurso político-psicológico para calmar el creciente descontento popular por el nuevo "Periodo Especial".

Entre 1993 y 1995 hubo en Cuba mucho dinero en circulación sin la necesaria oferta de bienes y servicios. La pérdida de valor de compra del peso fue tan pronunciada que Fidel Castro, en julio de 1993, legalizó la circulación del dólar, reabrió los mercados campesinos, y tomó otras medidas. Recuerdo que para adquirir un "fula" (dólar), ya legal,  había que dar hasta 150 pesos o más.

Dada aquella experiencia, el propio Díaz-Canel se estuvo negando a subir los salarios. Argüía que no existía una contrapartida material para asimilar un aumento de la masa monetaria. Y ahora, por razones políticas, pone en circulación adicionalmente miles de millones de pesos en salarios y pensiones a casi tres millones de personas que no producen bienes de consumo. Y sin que el Estado tenga más divisas para la importación de alimentos y bienes, debido a la crisis en Venezuela.

La prueba de que el régimen no va a conceder más libertad económica es que mientras en La Habana se anunciaba el aumento de salarios era condenado a diez años de cárcel en Holguín uno de los mayores productores porcinos de Cuba, Bismar Rodríguez, por crecer mucho económicamente.

Para "evitar la inflación" ya el Ministerio de Finanzas publicó la lista de precios de obligatorio cumplimiento que regirá para el sector estatal y el privado. Es otra expresión de ignorancia en materia económica, que también tienen muchos en la Isla luego de tantos años de comunismo.

En general, la población en Cuba cree que poner un tope máximo a los precios es algo favorable. Falso. Los topes de precios causan el efecto contrario: agravan la escasez porque reducen la oferta  y los precios suben en el mercado informal, y a la larga también en el mercado formal.

"Pan para hoy y hambre para mañana"

Y es lógico. Los productores al ver caer sus ganancias por el tope de precios, al punto de que muchas veces no cubren  los costos, producen menos, o no producen, como arma de presión para que se eliminen los topes. Muchos esconden lo producido para comerciarlo en el mercado negro, pero más caro, pues le pasan al precio de venta el alza que pagan por sus insumos, equipamiento, materias primas, etc., y también el riesgo que corren de recibir multas, o hasta prisión. O sea, todos pierden, pues el mercado negro es el principal del país.

Este aumento del salario mínimo a 400 CUP (16.60 dólares) y el salario promedio a 1.067 CUP (44.40 dólares), que tanto ha alegrado a muchos, es "pan para hoy y hambre para mañana".

De no abrirse la mano al sector privado habrá más escasez y una elevada inflación que golpeará a todos los consumidores, pero más fuertemente a quienes tienen salarios mínimos y los pensionados. Se devaluarán el peso común y el convertible. La gente tendrá un poco más de dinero, pero apenas sin valor. Podrá comprar poco, o porque no lo hay, o porque es muy caro.

Lo peor aquí es que el nuevo salario mínimo, de 16.60 dólares mensuales, sigue estando por debajo del nivel de pobreza extrema establecido por el Banco Mundial (BM). En 2015 el BM elevó de 1.25 dólares diarios a 1.90 dólares su límite de ingreso diario para identificar la pobreza extrema. El salario mínimo cubano está por debajo de ese límite dramático.

A la par del Africa Subsahariana

El promedio salarial general de 44.40 dólares apenas bordea los 1.90 dólares diarios, y solo la canasta básica de alimentos cuesta casi el doble de esa cantidad, según periodistas independientes. En materia salarial hoy Cuba está a la par con el Africa Subsahariana, pero hace 61 años se paseaba entre las naciones con más altos salarios de Latinoamérica y del mundo, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

El salario promedio de un obrero cubano industrial en 1958 era de 130 dólares, y un dólar de entonces equivalía a casi nueve dólares de 2019, según el sitio web El dinero en el tiempo. O sea, el abuelo obrero cubano hace seis décadas ganaba unos 1.130 dólares de hoy, 25 veces más que su nieto obrero que hace lo mismo y hasta en la misma fábrica que su abuelo.

Y ni qué decir de los jubilados que en la Isla seguirán recibiendo una pensión media de diez dólares mensuales (242 pesos). La pregunta para el "revolucionario" Raúl Castro: ¿Cómo se puede vivir con diez dólares mensuales?

Todo puede agravarse. Si ya el poder adquisitivo del peso CUP es muy bajo, al aumentar ahora el dinero en circulación caerá más aún y pasará a ser un "chavito" , papel mojado sin apenas valor de compra.

Pero el general y su Junta Militar quieren ganar tiempo con esta medida del más manoseado populismo. Tienen la esperanza de que una "negociación" saque a Maduro de Miraflores pero deje el poder real en manos de militares y civiles chavistas, y que Donald Trump pierda las elecciones en 2020.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Jueves, 18 de Julio de 2019 04:26
 
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