La dictadura castrista prohíbe a Berta Soler salir de Cuba

El Gobierno ha impedido este martes salir del país a Berta Soler, ...

OEA aprueba celebrar su Asamblea en Ciudad de México entre el 19 y 21 junio

La Organización de Estados Americanos (OEA) aprobó hoy por consenso celebrar su ...

El chavismo pide al Supremo anular el apoyo del Parlamento a la Carta Democrática

El bloque parlamentario del chavismo solicitó el miércoles al Tribunal Supremo de ...

El ministro de Defensa vincula el ataque en Londres al ‘terrorismo islamista’

El ministro británico de Defensa, Michael Fallon, dijo el jueves que el ...

Senado chileno apoia proposta de suspensão da Venezuela na OEA

O senado do Chile apoiou nesta quarta-feira a proposta de suspender a Ve...

Artigos: Cuba
Socialismo el peor error de Fidel Castro PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 18 de Diciembre de 2016 17:56

Un joven Fidel Castro dirigiéndose a una multitud (CC)

Por Alberto Roteta Dorado.- 

La muerte del dictador cubano Fidel Castro ha sido el suceso más comentado de los últimos días. Por suerte para la humanidad del futuro, dentro de unos años solo será recordado como lo que fue, uno de los dictadores más malvados de la historia.

Cuando la idolatría desmedida sea vencida por un pensamiento renovador impregnado por los nuevos bríos de la libertad y la democracia, todos aquellos atributos a través de los cuales se le veneraba, como el del ser “invicto”, el “eterno comandante”, el “líder histórico”, el “gran estadista”, y hasta “el caballo”, quedarán sumidos en el total silencio que merecen.

Por estos días aparecen decenas de escritos, vídeos, fotos y comentarios que intentan mostrar los grandes errores cometidos por el delirante dictador durante medio siglo. Sin embargo, hay un hecho que en mi opinión resulta determinante para desencadenar la serie secuencial de crímenes, prohibiciones, violaciones de derechos y de leyes, y todas las conocidas acciones por las que debió ser sentenciado, y lamentablemente no lo fue.

El establecimiento de un estado socialista en la isla, tomando como referencia las “dictaduras del proletariado” impuestas en países como la URSS, Alemania, Polonia, Hungría y la antigua Checoslovaquia, entre otros, fue tal vez, el más grave de los errores del viejo comandante que ya no está entre nosotros.

No podemos demostrar categóricamente si Castro tenía previsto de manera premeditada que la revolución que el protagonizara tendría un sentido socialista, o si solo se trató de una hazaña para asumir el poder, y luego, ante determinadas circunstancias declararla socialista e imponer el comunismo como sistema imperante en toda la nación.

A solo dos años de haber asumido el control total de la isla, el 16 de abril de 1961, ante una multitudinaria concentración, en la esquina habanera de 23 y 12, en las cercanías del cementerio de Colón, Fidel Castro pronunciaba un extensísimo discurso, luego de los ataques que precedieron a la invasión de Playa Girón.

Es justamente aquí cuando el naciente líder se fue adueñando de la emoción y de los sentimientos de esa parte de su pueblo allí reunida para manipularles a través de exaltadas ofensas a los “imperialistas”, frases de desprecio hacia los clérigos y humillaciones a unos y elogios a otros: “El imperialismo proyecta el crimen, organiza el crimen, arma a los criminales, entrena a los criminales, paga a los criminales, vienen los criminales y asesinan a siete hijos de obreros, aterrizan tranquilamente en Estados Unidos, y, aun cuando el mundo entero sabía sus andanzas, declaran entonces que eran pilotos cubanos, (…) y después vienen los arzobispos, bendicen y santifican la mentira”.

Fue así creando las condiciones, de manera premeditada y con alevosía, para declarar abiertamente y sin consenso previo alguno,  el carácter socialista de la revolución. Recordemos que las masas humildes, para quien el líder dijo haber hecho la revolución, son manipulables. Lo han sido siempre a través de la historia. Los casos de Stalin y Hitler, quienes fueron venerados por las multitudes en su momento, son paradigmas en este sentido.

Fidel Castro fue penetrando en el pensamiento de sus seguidores valiéndose de su encendida palabra, de sus exagerados ademanes y de su imagen guerrillera, hasta tenerlos envueltos en una atmósfera hipnotizadora. En ese instante, de una manera sutil introdujo los conceptos de carácter marxista, combinándolos con los fuertes insultos al “imperialismo” a través de la emotiva retórica que lo caracterizó en los convulsos tiempos iniciales de la revolución.

Una vez en pleno clímax del kilométrico discurso y con los pobres y los humildes metidos en el bolsillo, expresó por vez primera la idea del socialismo en el proceso revolucionario cubano: “Compañeros obreros y campesinos, esta es la revolución socialista y democrática de los humildes, con los humildes y para los humildes.  Y por esta revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes, estamos dispuestos a dar la vida”.

Pero el delirante comandante olvidó muy pronto la idea de la humildad, virtud que no cabía un ser egocéntrico, prepotente, autosuficiente, narcisista y megalomaníaco; y se fue apoderando de los bienes más preciados de la nación.

Así las cosas, quedaba declarado el sentido socialista de la revolución cubana, y por consiguiente la práctica inmediata del marxismo-leninismo, a solo dos años de haber asumido el poder y el mando absoluto del país.

Tal vez los agitados días de aquellos tiempos, entre nacionalizaciones, intervenciones,  levantamientos de los opositores, los fusilamientos masivos y el sonado ataque invasor por Playa Girón, contribuyeron a atenuar el protagonismo de este hecho que hoy solo se recuerda a través del documento que recoge sus palabras, aun cuando este es el acto que realmente determinó los infaustos designios del pueblo cubano.

No es justo atacar a Marx, a pesar de no compartir su pensamiento, por el hecho de que Fidel Castro utilizara a su conveniencia su doctrina social. Prefiero acudir a la enseñanza del apóstol y maestro cubano, quien con mucha delicadeza dijo que el hombre del mundo del trabajo —refiriéndose a Marx— anduvo de prisa y en la sombra.

Las concepciones del teórico alemán son bien fundamentadas, pero carecen de sentido práctico. De ahí que el socialismo será siempre una utopía. No obstante, todos los líderes con ansias de poner en práctica reformas que beneficien a los desposeídos se han inspirado en la doctrina de Marx, solo que al poco tiempo de su instauración en el poder comienzan a olvidar las promesas a los desposeídos, despreciados y marginados, para quienes hicieron promesas que luego no cumplieron jamás.

En cambio, comienzan a enriquecerse con aquello que el hombre ha entregado colectivamente al Estado. Según lo anticipó José Martí: “De ser siervo de sí mismo, pasaría el hombre a ser siervo del Estado (…) En ese sistema socialista dominaría la comunidad al hombre, que a la comunidad entregaría todo su trabajo”.

Finalmente, entre gritos, aplausos y consignas, el histérico dictador, concluyó con varias exhortaciones y vivas, entre las que sobresalieron: “¡Viva la clase obrera! ¡Vivan los campesinos! ¡Vivan los humildes! ¡Viva la Revolución socialista!” , con lo que ratificaba los rasgos definitorios de lo que recién comenzaba en la Cuba de los sesenta, y que ha sido el peor de los errores de Fidel Castro.

Justamente por esto, aunque algunas fuentes lo desmienten, fue excomulgado por el Papa Juan XXIII  el 3 de enero de 1962, quien fundamentó su decisión basado en el decreto de Pío XII, de 1949, que establece la pena de excomunión para todo el que difundiera el comunismo, y Cuba fue expulsada de la OEA en 1962 mediante la Resolución VI, tras declarar que su adhesión al marxismo-leninismo es incompatible con el sistema interamericano, y sus relaciones con los gobiernos comunistas de Europa oriental irían en contra de la unidad y solidaridad continental.

CUBANET

Última actualización el Lunes, 26 de Diciembre de 2016 13:42
 
Fracaso socialista: La planificación pierde otra vez frente al mercado PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Martes, 20 de Diciembre de 2016 11:50

Por ORLANDO FREIRE SANTANA.- 

El acápite 102 de la Conceptualización del Modelo Económico y Social Cubano de Desarrollo Socialista señala que el Estado combinará los instrumentos de dirección directos o administrativos, y los indirectos o económicos como modo de actuar sobre la sociedad.

Al inicio de los cambios económicos implementados por el gobernante Raúl Castro parecía que el péndulo se inclinaría hacia los métodos indirectos o económicos, sin dudas los menos traumáticos, y los que mejor se avenían con el espíritu de una reforma que, aun en un plano secundario, le reconocía determinado espacio al mercado. Al menos así lo contemplamos en lo referido a la comercialización de los productos agropecuarios.

El Gobierno, sobre todo en la capital, amplió la red de mercados agropecuarios estatales con precios topados, de manera que estuvieran en condiciones de competir con los mercados de oferta-demanda —operados por comercializadores privados—, y hacer que estos últimos bajaran sus precios. En ese primer momento, los elementos reformistas de la nomenclatura lograron que no se toparan los precios de los mercados de oferta-demanda, ni que se tomaran medidas administrativas contra ellos.

Sin embargo, la actitud gubernamental ha cambiado en los últimos tiempos. ¿La razón fundamental? Una vez más han perdido la competencia. De una u otra manera se aprecia una escalada oficial contra los mercados de oferta-demanda, e incluso no han faltado declaraciones en el sentido de que todos serán eliminados.

Primero le correspondió al mercado agropecuario de Cuatro Caminos, quizás el más importante de La Habana. Lleva cerrado alrededor de dos años, y es actualmente un misterio lo que piensan hacer en la manzana que ocupa ese local.

Más para acá en el tiempo fue cerrada la Plaza de Marianao, otro notorio mercado de oferta-demanda que le aportaba un destaque adicional a la zona más céntrica de ese municipio capitalino. Al parecer, el local se acondiciona para un nuevo mercado, esta vez estatal y con precios topados.

Y ahora se anuncia el cierre, el próximo 31 de diciembre, del mercado de la calle Egido, en La Habana Vieja. Un recorrido por sus áreas permite apreciar la incertidumbre de la mayoría de los comercializadores que allí ofertan los productos, los cuales no han recibido otras propuestas de empleo, y por tanto podrían ir a la calle. También el descontento de muchos clientes que encontraban en el mercado de Egido productos de calidad y a menudo ausentes de las tarimas de otros establecimientos.

Semejante accionar de las autoridades es presentada por el discurso oficialista como una protección a los consumidores de los altos precios que imponen los "elementos inescrupulosos" en los mercados de oferta-demanda.

Según ese razonamiento, los precios topados devendrían la solución del problema.

Pero la vida ha demostrado que no sucede así. Porque el tope de precios, más tarde o más temprano, ocasiona la desmotivación de alguno de los elementos que forman la cadena producción-comercialización, lo que redunda en una disminución de la oferta. Por tal motivo, la mayoría de los mercados estatales de precios topados, apenas unos meses después de su inauguración, ya son presas del desabastecimiento, y a los consumidores no les queda otra opción que acudir a los de oferta-demanda.

Sin embargo, lo anterior no es importante para los elementos de línea dura de la nomenclatura, los que, al parecer, han adquirido cierta preponderancia. Ellos solo piensan en conservar sus privilegios, y por tanto le temen a hipotéticos cambios políticos que una mayor presencia del mercado pudiese provocar en la sociedad.

Lo cierto es que cada vez que el Gobierno debe acudir a los instrumentos administrativos (cierres, prohibiciones, topes de precios) en detrimento de los instrumentos económicos, como esta ocasión en la que el Estado ha sido incapaz de competir con los particulares, asistimos a un capítulo de una trama mucho mayor: la planificación sucumbe ante el mercado.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Sábado, 24 de Diciembre de 2016 13:04
 
ETECSA, internet y el abandono de 'los principios de la revolución' PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Jueves, 22 de Diciembre de 2016 12:21

Por ELÍAS AMOR.- 

Ya no saben que inventar. O tal vez sí. Ahora nos acabamos de enterar que la empresa estatal y monopolio estatal de las telecomunicaciones ETECSA anunció que en los próximos días va a empezar la prueba de acceso a internet desde los hogares, con un total de 2.000 usuarios de los consejos populares Catedral y Plaza Vieja, en La Habana Vieja.

La decisión de la empresa coincide, igualmente, con un anuncio de rebaja de las tarifas de conexión a internet, que a partir de este lunes costará 1,50 CUC por hora, una rebaja de 50 centavos con respecto al precio anterior, pero que sigue siendo un precio muy elevado para el salario medio en la Isla, del equivalente a unos 27 dólares al mes. Y, en principio, solo para acceder a los contenidos de las páginas web del régimen comunista.

Lo más sorprendente del anuncio de ETECSA es que, aunque no se ofrece información de cuál va a ser el coste de navegar desde casa, si que se ha anunciado que "el servicio podrá ser pagado desde el exterior".

Sí. Lo hemos leído correctamente. Los cubanos podrán conectarse a internet en Cuba, navegar por la red de redes, y pagar desde el exterior el servicio. La eventual contratación por los cubanos de compañías de servicios en el extranjero parece una cuestión controvertida, y sin embargo, ETECSA, a la primera de cambio, ya ha conseguido autorización del régimen para romper el embargo. Las perspectivas de negocio empiezan a dominar a la ideología. Y eso, a pesar de que Fidel Castro lleva muerto menos de 15 días. La transición del poder económico empezó antes de lo que muchos pensaban que iba a ocurrir.

Si los planes de ETECSA se llevan a cabo —y ya nada parece que pueda aparcar esta medida—, los cubanos de la diáspora pagarán el coste de la conexión de sus familiares en la Isla. Además, lo harán de buen grado. No me extraña. Cualquiera que tenga a su madre o hermanos en Cuba y se encuentre en Berlín, Praga o Miami, descubrirá que no existe nada más placentero que ese contacto y relación continuos con los suyos que, durante más de cinco décadas, el régimen de Fidel Castro impidió a los que eligieron la vía de la libertad y el exilio.

Hay que tener en cuenta que estamos ante un acontecimiento novedoso en la Isla, en la que este tipo de prácticas eran impensables hace pocos años. Además, está fuera de toda racionalidad económica. Lo normal es que ocurra lo contrario. Por ejemplo, lo normal es que los padres de los jóvenes españoles en estancias del programa Erasmus en universidades europeas paguen desde España los servicios de telefonía e internet de sus hijos en el exterior.

En Cuba, para estar conectado por internet se exige un pago, un peaje al monopolio estatal comunista, para comunicarse con padres, hermanos y demás familia en la isla. ETECSA se lucra así a partir de una situación desgraciada para todos los cubanos, que es la separación y la distancia.

Lo preocupante es que esta decisión de ETECSA puede estar abriendo camino para otras empresas estatales del régimen que pueden encontrar así una vía para expandir sus ventas de bienes y servicios a partir de los ingresos que las familias residentes en Cuba perciben de las remesas enviadas desde EEUU o cualquier país europeo. Ya se vio el resultado de esta medida al autorizar a los cubanos el acceso libre a los hoteles y restaurantes que se habían reservado para el turismo extranjero. Deslindar las necesidades del poder de compra, es una aventura que el mercado terminará por castigar, a largo plazo. Para empezar, ¿dónde hará las campañas de marketing ETECSA?¿En Cuba, tal vez en Miami o Madrid, por ejemplo?

Esto quiere decir que el régimen vuelve a poner en marcha, aunque ello suponga alguna cesión a los "principios revolucionarios de Fidel Castro", un mecanismo para tener acceso al gran botín de los ingresos de los cubanos en el exterior. Con ello, la llamada revolución se distancia de su paradigma histórico de la equidad y la justicia, y va a sentar notables diferencias y desigualdades sociales que ya existen y que se van a agrandar.

Los cubanos que tengan la posibilidad de pagar el coste de acceso a internet podrán tener acceso a la búsqueda de sitios webs de interés cultural, informativo y de investigación de contenidos nacionales y paquetes de datos para el uso del correo electrónico en equipos móviles, y como es difícil poner puertas al campo, a la información de la aldea global. Los cubanos que no puedan pagar ese peaje, no tendrán garantizado el acceso a esa información. La dualidad está servida, una más de las muchas que existen en el régimen castrista, y no tardará en ser un foco más de malestar social. Tiempo al tiempo.

Al final la cuestión a dilucidar es que Cuba tiene poco menos de cuatro millones de usuarios de internet en 2015, al sumar más de 864.000 en ese periodo, según datos de la Oficina Nacional de Estadística e Información  (ONEI). No hay datos de lo sucedido en 2016, pero la realidad es que los datos sectoriales de la economía castrista muestran un notable dinamismo del sector de las telecomunicaciones. Con tan solo 348 usuarios conectados por cada 1.000 habitantes. Cuba es uno de los países con las tasas de penetración de internet más bajas del mundo, pero precisamente por ello, ofrece grandes perspectivas de desarrollo.

DIARIO DE CUBA


Este artículo apareció en el blog Cubaeconomía. Se reproduce con autorización del autor.

Última actualización el Sábado, 24 de Diciembre de 2016 13:02
 
La disyuntiva de Raúl Castro PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 11 de Diciembre de 2016 12:58

Raúl Castro habla durante la ceremonia de despedida a Fidel Castro este sábado en la Plaza de la Revolución Antonio Maceo de Santiago de Cuba. (EFE)

Por CARLOS ALBERTO MONTANER.- 

Raúl Castro se quedó solo. Se le fue su mentor, su figura paterna, el hombre que le moldeó la vida y lo llevó a tiros, literalmente, desde la insignificancia hasta la cabecera del país, pero lo hizo bruscamente, haciéndole ver, a trechos, que lo despreciaba por sus limitaciones intelectuales. Eso nunca dejó de dolerle.

Desde hace muchos años Raúl sabía que Fidel era el problema esencial de la revolución -su arbitrario voluntarismo, sus tercas necedades, sus improvisaciones, su odiada manera de perder el tiempo en conversaciones y peroratas interminables-, pero también sabía que sin él no habría habido revolución. Lo admiraba, por una parte, y por la otra lo rechazaba. Había algo monstruoso y fascinante en una persona que hablaba ocho horas consecutivas sin hacerle la menor concesión a la vejiga propia o a la del indefenso interlocutor.

No obstante, la vida le había enseñado a Raúl que existía un problema aún de mayor calado: el marxismo-leninismo, en el que creyó a pie juntillas en su juventud, y por el que mató sin limitaciones, era un planteamiento equivocado que conducía al empobrecimiento progresivo.

Si Fidel hubiera sido diferente, o si las relaciones con Washington hubiesen sido mucho mejores, nada esencial habría cambiado

Si Fidel hubiera sido diferente, o si las relaciones con Washington hubiesen sido mucho mejores, nada esencial habría cambiado. La improductividad del sistema no dependía de los errores o del carácter del líder, ni del embargo económico, sino de la inadaptación del sistema a la naturaleza humana. Siempre fracasa.

Lo mismo había ocurrido en la URSS, en Alemania oriental, en Checoslovaquia, en Polonia. Daba igual que los sujetos fueran eslavos, germánicos o latinos. Rumania tenía “trato de nación más favorecida” por Estados Unidos.

No importaba que el comunismo se ensayara en sociedades de raíces cristianas, islámicas o confucianas: fallaba inevitablemente. Tampoco dependía de la calidad o de la formación de los líderes. Los había de diferentes plumajes: abogados, sindicalistas, profesores, maestros, incluso obreros encumbrados. Ninguno servía.

A Raúl le era sencillo, además, confirmar que la economía de mercado, con su modo simple de premiar a los emprendedores y castigar a los abúlicos daba grandes aunque desiguales frutos. Su propio padre, el gallego Ángel Castro Argiz, era un vivo ejemplo: llegó a la república  cubana sin un centavo, muy joven, incluso sin estudios, pero cuando murió en 1956 dejó una fortuna de ocho millones de dólares y un negocio agrícola organizado en el que trabajaban decenas de personas. Dejó una familia rica educada en buenos colegios católicos.

El asunto que se le plantea a Raúl es cómo desmontar el disparate generado por su hermano y por él mismo hace casi sesenta años sin que lo sepulten los escombros del sistema inservible. A estas alturas, sabe que sus “lineamientos”, que es como les llaman en Cuba a sus reformas tímidas, a veces pueriles, son unos parches mal colocados en un insalvable sistema socialista agravado por la gerencia militar en todas las actividades económicas importantes del país, pero ha dicho, una y otra vez, que no sustituyó a su hermano para enterrar el socialismo, sino para salvarlo.

Supongo que ya sabe que el comunismo no tiene salvación. Hay que enterrarlo. Fue lo que descubrió Mijail Gorbachov cuando se empeñó en rescatarlo desplegando sus reformas drásticas -la  Perestroika-, dotándola de una atmósfera transparente de discusión sin miedo -la  Glasnost-, convencido de que podía ser el mejor sistema productivo creado por los seres humanos.

En pocos años su operación de salvación hundió el comunismo, pero no por la torpeza de los gestores, sino por la insolvencia del sistema y por la mala formulación teórica del marxismo-leninismo. La planificación centralizada era un disparate. La condena de los mecanismos de producción en manos privadas era contraproducente. Los comités de asignación de precios no tenían la menor relación ni con las necesidades de las gentes ni con la realidad. La presencia constante de la policía política destruía la convivencia y generaba todo tipo de malestares psicológicos.

Cuando Raúl Castro leyó Perestroika, el libro de Gorbachov, se entusiasmó tanto que ordenó una edición privada para sus oficiales

Cuando Raúl Castro leyó  Perestroika, el libro de Gorbachov, se entusiasmó tanto que ordenó una edición privada para sus oficiales. Fidel se enteró, lo regañó de forma humillante y mandó recoger los ejemplares. A Fidel no le interesaba el bienestar material del pueblo sino la permanencia en el poder. El  gorbachevismo -dijo-  conduciría a la desaparición del comunismo.

Tuvo razón, pero a medias. Raúl está ante la misma disyuntiva que enfrentó Gorbachov, pero con el agravante de que hoy casi nadie, menos los idiotas profundos, piensa que el comunismo es rescatable. Al menos, ninguno de los pueblos que ha conseguido abandonarlo ha reincidido. Aprendieron su amarga lección. Por ahora, los síntomas son de que Raúl mantendrá el mismo rumbo estalinista trazado por su hermano, pero hay una diferencia: Fidel ya no está vivo. Lo enterró en un enorme pedrusco en el cementerio de Santa Ifigenia. Si no rectifica es un cobarde.

14 Y MEDIO

Última actualización el Domingo, 18 de Diciembre de 2016 18:00
 
La UE miente y calla PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Viernes, 16 de Diciembre de 2016 12:53

Por ROBERTO ÁLVAREZ QUIÑONES.- 

El Consejo de la Unión Europea (UE) miente cuando afirma que el acuerdo firmado con la dictadura de Raúl Castro en Bruselas, el 12 de diciembre, que pone fin a la Posición Común de 1996, tiene el propósito de ayudar a "reforzar la democracia y el respeto de los derechos humanos" en Cuba, tal y como declaró la  alta representante de Política Exterior y Seguridad Común de la UE, Federica Mogherini.

Tampoco dice toda la verdad cuando declara que servirá como "plataforma común para la inversión bilateral y para cooperar más estrechamente en desafíos globales". Cuba es un país en ruinas que no puede invertir ni cooperar con nadie en este mundo.

El objetivo en verdad es que los europeos quieren invertir en Cuba y explotar la mano de obra más barata de Occidente (el salario promedio en Haití, 59 dólares mensuales, duplica el de Cuba), y comerciar no con los "emprendedores" cuentapropistas, como prometió el presidente Barack Obama y nunca se cumplió, sino con las fuerzas armadas, que controlan ya el 80% de la economía cubana.

Se trata de realpolitik y la UE debería admitirlo sin hipocresía diplomática. El interés aquí no es el de coadyuvar a que el régimen militar cese la represión, se democratice y respete los derechos ciudadanos, sino ganar dinero.

La UE sigue los pasos de la Administración Obama y legitima a la tiranía caribeña, pero tardíamente. Este acuerdo llega cuando la política norteamericana de "ablandar" al castrismo con concesiones ha sido un fracaso. Solo logró darle oxígeno político al régimen.

El embargo impidió a Obama ir más lejos, y presionaba al Congreso. Incluso ya se perfilaba una corriente bipartidista favorable a poner fin al embargo. Pero esa posibilidad parece alejarse. La Administración Trump probablemente va a cambiar las reglas del juego y exigirle a la elite político-militar cubana que, o mueve ficha, o se congela el "deshielo", y valga el absurdo semántico.

El general quiere cash

No obstante, seguramente la UE considera que sin la presencia norteamericana tiene el campo libre para apoderarse económicamente de la Isla, junto con chinos y rusos. Craso error. El cataclismo económico y social sufrido por Cuba es de tal magnitud que su economía resulta incapaz de asimilar inversiones masivamente. Carece de infraestructura y de todo lo necesario para ello. Lo que sí necesita el general Castro es que le regalen o presten mucho cash, y no para el desarrollo, sino para la reconstrucción de la devastada Isla, y de paso enriquecerse un poco más.

A la señora Mogherini —italiana de sólida formación marxista— y demás autoridades de la UE, hay que preguntarles: ¿Es justo y democrático que la UE invierta en Cuba y acepte que el régimen se apropie del 92% del salario de los empleados cubanos como si fuesen esclavos de su propiedad?

Por otra parte, la UE sabe bien que el castrismo jamás hace concesiones de ningún tipo. No cede nunca en ningún terreno. Obama legitimó políticamente a la dictadura, abrió el mundo a Cuba, le hizo concesiones y mimos incontables, y La Habana no dio nada a cambio.

Aunque este acuerdo UE-Cuba debe ser ratificado todavía por los parlamentos nacionales y el Parlamento Europeo, donde podría haber cierta resistencia —según le dijeron algunos eurodiputados al líder opositor Guillermo Fariñas—, ya el espaldarazo político del viejo continente al dictador Raúl Castro se ha producido.

El documento firmado tiene tres capítulos: "Diálogo Político", que incluye los derechos humanos; "Cooperación y Desarrollo"(léase concesión a Cuba de créditos, productos y tecnología); y "Economía y Comercio". Provisionalmente se aplicará la cooperación económica y el comercio.

El tema político y de derechos humanos se tratará "más adelante", por separado. ¿Y para hablar de qué? El régimen sostiene que solo hay derechos humanos de carácter social y rechaza los derechos civiles, políticos y los individuales, que califica de patrañas imperialistas. Tal concepción es fascista de pies a cabeza y debiera ser rechazada por la UE.

Derechos humanos: "propaganda enemiga"

El colmo es que si se leen los 30 artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, proclamada por la ONU en París en 1948, la dictadura castrista no cumple ni uno solo. Ni siquiera los de carácter social que dice reconocer. ¿Ignora la UE que en Cuba quien lleva encima esos artículos puede ser condenado a 20 años de cárcel por "propaganda enemiga"?

El canciller castrista, Bruno Rodríguez, tuvo la desfachatez de declarar en Bruselas que su Gobierno está dispuesto a analizar con la UE la violación de los derechos humanos en Europa y EEUU. La respuesta de Mogherini a Rodríguez fue que se "abre una etapa promisoria entre la UE y Cuba".  

La UE pisotea así uno de los pilares globales de la modernidad, el respeto de los derechos humanos como fuente de legitimación política.

Lo más indignante de este acuerdo es que Raúl Castro exigió, y la UE aceptó, separar el tema político y de derechos humanos, para aislarlo y acceder por separado a la ayuda financiera, tecnológica y comercial de la UE como institución. La Posición Común (desde 1996), ahora derogada, condicionaba la cooperación con Cuba al respeto de los derechos humanos.

Se trata claramente de una victoria política castrista, cuando, al amparo de la impunidad mundial otorgada por Obama, el régimen incrementa la represión política. En 2015 fueron arrestados unos 8.000 opositores políticos, y hasta principios de diciembre la cifra se acercaba a las 11.000 detenciones, con palizas y vejaciones incluidas.

En cuanto a ganar dinero, asombra el optimismo de la UE. Van a tropezar con la misma piedra. Durante más de 30 años las naciones europeas concedieron créditos comerciales y préstamos al castrismo por decenas de miles de millones de dólares. El régimen no devolvió un solo centavo. Y desde 1985 ni siquiera pagó los intereses (la ganancia de los acreedores).

Un informe de la UE reveló en 2012 que Cuba debía al Club de París —integrado por 21 naciones de América, Europa y Asia— un total de 31.681 millones de dólares, la mayor suma de cualquier deudor en proporción al tamaño de su economía. La deuda externa global cubana era de 59.681 millones de dólares, para un per cápita de 5.328 dólares, el mayor del Tercer Mundo.

La propia UE reveló en 2010 que Cuba le debía 3.200 millones de dólares a España, 3.170 millones a China (en divisas convertibles), 2.775 millones a Japón, 1.967 millones a Argentina, 1.856 millones a Francia, y miles de millones de dólares a otros 22 países. Al compás del "deshielo" el régimen logró que le perdonasen buena parte esas deudas. Pero ahora la UE quiere reincidir. Cuba no va a pagar nada porque simplemente no tiene cómo.

La Isla produce muy poco y lo importa casi todo, incluyendo el 80% de los alimentos que consume. Es un país en ruinas. Y si de inversiones se trata, el "hombre nuevo" castro-guevarista es el trabajador más improductivo y negligente de las Américas. La responsabilidad es de la "revolución", que le paga una miseria y le confisca casi todo el salario a quienes trabajan con firmas extranjeras.

Pero la UE calla. Quiere aprovecharse de los esclavos desprotegidos, y apoyarlos con obreros extranjeros bien calificados, como los importados de la India por la compañía francesa que construye un hotel en la habanera Manzana de Gómez.

No importa que en Cuba no se acate siquiera la primitiva Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, proclamada hace 227 años en París, cinco semanas después de la toma de la Bastilla.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Domingo, 18 de Diciembre de 2016 17:58
 
«InicioPrev12345678910PróximoFin»

Página 10 de 269