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Artigos: Cuba
El partido único, una reliquia que (casi) nadie se atreve a denunciar en el debate constitucional PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Sábado, 27 de Octubre de 2018 00:40

Castro recibe la más alta condecoración civil soviética

Por REINALDO ESCOBAR.-

Muchas veces, detrás del ropaje de la soberanía y de la independencia, en realidad se esconden elementos calcados o impuestos desde otras latitudes. La reforma de la Constitución que se lleva a cabo actualmente en Cuba no está exenta de esas contradicciones al dar como si fueran "nuestros" varios puntos que han sido copiados a terceros.

Uno de los casos más emblemáticos de este mimetismo es el Artículo 5 del proyecto de Carta Magna donde el Partido Comunista de Cuba (PCC) queda descrito como "la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado". Aunque éste ha sido uno de los puntos más rechazados desde la oposición política, pocos se han atrevido a cuestionarlo en los debates públicos.

Esta definición del suprapoder del PCC en la sociedad se introdujo en la primera versión del anteproyecto de la Constitución de 1976 que una comisión encargada de su redacción entregó a Fidel Castro el 24 de febrero de 1975. Aquel texto quedó aprobado por el Buró Político del Partido en abril de ese mismo año, en un contexto de gran aproximación a la Unión Soviética.

 

La sintonía con el Kremlin se reflejó en la Constitución que nacía, cuyo cuerpo principal ha llegado hasta nuestros días.La sintonía con el Kremlin se reflejó en la Constitución que nacía, cuyo cuerpo principal ha llegado hasta nuestros días.

En ese momento, el texto del artículo sufrió leves modificaciones desde el anteproyecto a la versión final. La más llamativa fue el cambio de definición del PCC que pasó de ser la "vanguardia organizada marxista-leninista de la clase obrera" al "martiano y marxista-leninista, vanguardia organizada de la nación cubana", para darle un toque más local que apenas logró esconder su profunda esencia foránea.

El 15 de febrero de 1976 se realizó un referendo donde votaron más de cinco millones de electores de los cuales solo el solo el 1% (54.070 personas) se atrevió a marcar el No en la boleta. El artículo 5 fue visto entonces por la inmensa mayoría de los ciudadanos con derecho al voto como la definición formal de lo que todo el mundo daba como un hecho consumado, que no valía la pena intentar refutar.

El fracaso de la zafra de los 10 millones, el descalabro de la economía nacional y la visita de Leonid Brezhnev a la Isla, en 1974, habían cerrado el abrazo del oso ruso alrededor del modelo cubano. Aquel acercamiento se tradujo en el envío de cuantiosos recursos pero con la obligación por parte de la nomenklatura isleña de crear estructuras, modelos de gestión y de administración claramente compatibles con la URSS.

La sintonía con el Kremlin se reflejó en la Constitución que nacía, cuyo cuerpo principal ha llegado hasta nuestros días y sigue presente en varios de los artículos que se debaten en los barrios y centros laborales.

Aquel "copia y pega" no era un secreto para nadie y, en un folleto de circulación interna para cuadros del Partido, publicado en edición limitada en abril de 1975, se ofrecen los elementos que permiten hacer un estudio comparativo entre los artículos propuestos en el anteproyecto cubano y otras constituciones de diversos países de lo que entonces se llamaba "el campo socialista".

En el estudio comparativo que circuló entre los militantes se explicaban las afinidades entre la naciente Carta Magna cubana y sus primas cercanas de la Unión Soviética, Albania, Polonia, Vietnam, Mongolia, Checoslovaquia, Rumanía, República Democrática Alemana, Bulgaria, Hungría y Corea del Norte. En esa época China no era considerada en Cuba como un país socialista y no gozaba del favor de la Plaza de la Revolución, por lo que no fue incluida en el volumen.

La concordancia del artículo 5 de la Constitución de la Isla con las definiciones aparecidas en la ley de leyes de esos países refleja la similitud conceptual para expresar más o menos con las mismas palabras que el que manda en el país no es otro que el partido de los comunistas.

 

En un folleto de circulación interna para cuadros del Partido, publicado en edición limitada en abril de 1975, se ofrecen los elementos que permiten hacer un estudio comparativo entre los artículos.En un folleto de circulación interna para cuadros del Partido, publicado en edición limitada en abril de 1975, se ofrecen los elementos que permiten hacer un estudio comparativo entre los artículos.

El modelo cubano entró así en un ajustado corsé, que contrastaba con los primeros 16 años posteriores a 1959, en que el país careció de una adecuada Constitución que lo rigiera. El Partido empezó a organizar su primer congreso y solo nueve meses después de la visita de Brezhnev a La Habana se creó la comisión encargada de redactar el anteproyecto de Constitución, presidida por Blas Roca, un hombre de confianza de Moscú.

Con la presencia de Roca al frente de la tarea quedaban aseguradas las semejanzas entre la Carta Magna cubana y sus gemelas de Europa del Este. Las tradiciones criollas en temas constitucionales fueron reducidas a la nada y la tantas veces ponderada soberanía, disminuida a la condición de símbolo.

Hoy, el único país de la lista con el que Cuba mantiene concordancias constitucionales es Corea del Norte. El resto ha dejado en el pasado las pretensiones de liderazgo obligatorio del Partido Comunista. Los artículos que blindaban el sistema no sirvieron de mucho para detener el empuje democratizador que vivieron esas naciones. Cuando la Carta Magna quiso frenar la realidad fue -simplemente- derogada.

Sin embargo, la propuesta de reforma constitucional cubana en lugar de buscar similitudes con las leyes democráticas de países de América Latina, basadas en la competitividad de diferentes partidos políticos, se mantiene aferrada a la idea de imponer por ley la prevalencia de un único partido. Está atada a preceptos que ya demostraron su fracaso.

Las malas copias traen peores resultados y este caso no será la excepción.

14 Y MEDIO

Última actualización el Viernes, 02 de Noviembre de 2018 01:43
 
Venezuela: Un chavismo en crisis y dividido PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Sábado, 01 de Abril de 2017 19:35

Por Jorge Hernández Fonseca.- 

Los acontecimientos se precipitaron en Venezuela cuando el tribunal supremo chavista dictaminó --de un plumazo-- la disolución de una de las tres principales Instituciones del Estado.

Resultado de imagem para el chavismo se divide

 

En la Venezuela de hoy se observan tres focos de poder. El foco de Nicolás Maduro, detrás del cual está Cuba; el foco del general Vladimir Padrino, Ministro de las Fuerzas Armadas, que es fiel de la balanza; y el foco del vicepresidente Tareck Aissami, asociado al terrorismo islámico. Diosdado Cabello, un anterior foco remanente de poder, ha pasado a un segundo plano después del choque con Padrino por oponerse a la elección del Congreso opositor y por la acusación formal de EUA de ser un capo narco, jefe del “Cartel de los Soles” dentro del ejército.

Última actualización el Domingo, 09 de Abril de 2017 12:08
 
La destitución del jefe del FBI PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Sábado, 03 de Junio de 2017 12:52

Por Jorge Hernández Fonseca.-

Comey había fallado demasiado en un tema tabú para la organización que dirigía: la conversión de un aparato investigativo profesional en una policía política. Esto, para la primera potencia democrática mundial, es simplemente insoportable.


La destitución del jefe del FBI

Jorge Hernández Fonseca

11 de Mayo de 2017

Finalmente Donald Trump destituyó a James Comey de su responsabilidad al frente del FBI. Ya era esperado, la sorpresa fue “cuando”. Comey había fallado demasiado en un tema tabú para la organización que dirigía: la conversión de un aparato investigativo profesional en una policía política. Esto, para la primera potencia democrática mundial, es simplemente insoportable.

Comey convirtió el FBI en una policía política cuando vino a público a expresar criterios subjetivos sobre una aspirante a la presidencia de EUA bajo una importante investigación, en medio de la campaña. De forma inusual, culpó a la candidata por haber cometido “delitos”, pero la exculpó porque no lo había hecho sin “malas intenciones”. Nunca antes un jefe del FBI había respaldado tan vigorosamente un político en campaña electoral para la presidencia de EUA.

Comey volvió a convertir al FBI en una policía política cuando, pocos días antes de la votación, vino de nuevo a público para “decir Digo, donde antes había dicho Diego”. El FBI es una Institución demasiado prestigiosa –aun siendo una Institución policiaca-- como para que su jefe máximo se dé el lujo de dar criterios políticos que nunca le ha correspondido a la policía darlos.

Los peores enemigos de EUA han hablado --y todavía hablan-- horrores de la CIA. Sin embargo, sobre el FBI han mantenido --y aún mantienen-- el silencio propio del respeto por el trabajo profesional que lo ha caracterizado históricamente. Los que como yo estamos acostumbrados a conocer la “pata peluda” de la policía política cubana, nos sorprendimos de que el jefe del FBI viniera a público a politizar su labor. Era simplemente inconcebible.

Donald Trump acaba de cortar por lo sano un tumor maligno --en el que hubiera podido haberse convertido el FBI-- si hubiera continuado por el camino político, y es de esperar que se nombre a un profesional de las investigaciones en semejante alto cargo. Así, ni por asomo, se podría futuramente atrever a dar puntos de vista de exculpación, que sólo corresponden a los tribunales competentes por un lado, o a políticos actuantes por otro, nunca a la policía, cuya responsabilidad sabidamente es investigar, dar datos probados y hechos, no opiniones.

Artículos de este autor pueden ser encontrados en http://www.cubalibredigital.com

 
La elección presidencial norteamericana, el voto cubano y la victoria PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 11 de Diciembre de 2016 12:47

Por Jorge Hernández Fonseca.- 

Relativo al debate sobre el voto electoral o el voto por colegio electoral, debo decir que de las más de 3,100 ciudades norteamericanas, Trump ganó en más de 3,000 de ellas, siendo que Clinton solamente ganó en 57 de las mismas. No pueden las 57 ciudades superpobladas en las que ganó Clinton imponerse a las más de 3,000 ciudades tan norteamericanas como ellas.

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Trump superó en la Florida a Clinton por 131,625 votos solamente. El total de votos de cubano-americanos en la Florida a favor de Trump fue 597,065, es decir, los cubanos-americanos aportaron 4.5 veces más votos para Trump que los votos necesarios para ganar Florida. Los votos cubanos fueron los que le dieron la victoria a Trump.

Última actualización el Martes, 13 de Diciembre de 2016 11:43
 
La impunidad dictatorial de izquierda PDF Imprimir E-mail
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Miércoles, 12 de Septiembre de 2018 05:01

Por ROBERTO ÁLVAREZ QUIÑONES.-

Ante el éxodo de proporciones bíblicas de millones de venezolanos huyendo de su país como consecuencia del cataclismo social, económico, político y existencial causado por la dictadura chavistacastrista, los gobiernos de Latinoamérica hasta ahora tratan de mitigar los efectos de esa crisis humanitaria, pero no ayudan a los venezolanos a eliminar las causas que la han provocado. O sea, juegan con la cadena, no con el mono.

En Guayaquil, Ecuador, se reunieron 14 países. Sus representantes gubernamentales hicieron buenas propuestas sobre cómo dar asistencia a los venezolanos migrantes, pero no tomaron medidas concretas contra el régimen de Nicolás Maduro. Nada dijeron de aislarlo diplomáticamente, ni de exigirle que se vaya del poder con sus apandillados. Le pidieron que acepte ayuda humanitaria para que no se vaya tanta gente del país.

Si ya quedó atrás la oleada de gobiernos populistas de izquierda, que llegaron a ser 13 en total en 2011, y hoy América Latina es dirigida mayormente por gobernantes demócratas liberales, ¿por qué no se actúa contra la tiranía chavista, o la nicaragüense, o la castrista, como se hizo contra la de Pinochet, quien sufrió un gran aislamiento internacional?

Quedan en la región solo cinco gobiernos populistas o comunistas: Nicaragua, Bolivia, Venezuela, El Salvador y Cuba, con 46 millones de habitantes, un 7% de los 635 millones de la región.

¿Por qué los restantes gobiernos no mencionan siquiera al castrismo, madre de todas las autocracias de izquierda en la región? La inteligencia y la contrainteligencia militar cubanas en Venezuela son las que impiden la necesaria sublevación militar contra Maduro. Sin la intervención castrista militar y política en Venezuela, ya Maduro y su narcogobierno habrían sido derrocado. No habría crisis humanitaria. ¿Son tan ingenuos los gobernantes latinoamericanos que no saben eso?

Complacencia con la izquierda radical castro-chavista

Como he expuesto en ocasiones anteriores, a mi modo de ver tal pasividad regional se debe a dos factores: 1) el temor de los gobiernos al agresivo poder movilizador de los partidos y organizaciones de la izquierda radical, en buena medida manejado por el castrismo, cuyo brazo desestabilizador opera a nivel continental con el concurso entusiasta de militantes locales; y 2) los presidentes y líderes políticos lejos de buscarse problemas con esa izquierda extremista lo que hacen es complacerla para que no se movilice, y para así de paso arrancarle algunos votos en los procesos electorales.

O sea, el regreso a los valores democráticos liberales luego del dominio populista en Latinoamérica durante años no se ha traducido en un enfrentamiento firme a los regímenes que niegan y aplastan esos valores.

Expresión de ello fue la VII Cumbre de las Américas en Lima, en abril de 2018, a la que fue invitada la dictadura de Raúl Castro. Sus delegados en Lima se dedicaron a sabotear el cónclave y a insultar a gritos al secretario general de la OEA, el excanciller uruguayo Luis Almagro, un hombre de izquierda, pero no castrochavista. La cumbre no llamó al rompimiento de relaciones diplomáticas con Caracas, no aprobó sanciones.

En la OEA al remanente populista y las dictaduras se suman algunos gobiernos caribeños. Por sugerencia de Fidel CastroHugo Chávez utilizó su chequera y la entrega de petróleo muy barato a países del Caribe para comprar lealtades políticas. La estrategia funcionó.

Hoy esas pequeñas naciones, sumadas a las dictaduras y conexos, impiden que en la OEA se alcancen los dos tercios de los votos necesarios para aplicarle a Venezuela la Carta Democrática, el instrumento de la OEA para proteger la democracia en la región. Se necesitan 23 votos de los 34 miembros activos (Cuba está suspendida desde 1962). Lo más que se logran son 19 votos.

Pero en junio de 2009 cuando el chavista Mel Zelaya intentó maniobrar ilegalmente para perpetuarse en el poder en Honduras y fue destituido constitucionalmente por el Parlamento, en la OEA sobraron los votos para expulsar a Honduras de la organización. Y no fue readmitida hasta 2011, dos años después.

Las dictaduras no se sienten amenazadas

Las actuales dictaduras latinoamericanas no se sienten amenazadas. Perciben que muy poco harán contra ellas la OEA, la ONU, la Unión Europea (UE) y el resto del mundo. Pese al valiente empuje de Almagro, la OEA de hecho está paralizada. Es algo parecido a lo que sucede en el Consejo de Seguridad de la ONU, que por el veto de Moscú y Pekín, dos de los cinco miembros permanentes, no se logra allí casi nada edificante para la humanidad.

De hecho, los gobiernos dictatoriales o populistas junto con los países caribeños beneficiarios de petróleo venezolano barato tienen poder de veto en la OEA. Sin el voto de ellos nada importante se puede aprobar.

Eso explica por qué hace unos días Almagro anunció la creación de un Grupo de Trabajo dedicado a la migración de Venezuela. Fue lo más que pudo hacer. Es algo positivo pero insuficiente. Es como una aspirina: alivia el dolor, pero no cura.

Según fuentes diversas ya son casi tres millones los venezolanos que se han ido de su país, el más rico del mundo en petróleo. Y seguirán emigrando mientras se mantenga en el poder el narcochavismo. Washington ha dado pasos efectivos contra la dictadura chavista, pero tampoco han sido suficientes. Y además, nadie se suma.

A la pasividad latinoamericana se suma la actitud de la UE. Para empezar, la actual jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini, es una militante comunista italiana para quien la dictadura de Raúl Castro es "una democracia de partido único".

Un diálogo con Maduro que no hubo con Pinochet o Videla

Y como dijera el mariscal prusiano Hindenburg, "para muestra basta un botón". España, por razones culturales e históricas, tiene una influencia decisiva en la UE en cuanto a la política hacia América Latina. Pues bien, el actual presidente español (sin haber sido elegido en las urnas), el socialista Pedro Sánchez, quien se niega a calificar de dictadura al régimen de Maduro, dijo en Bogotá que lo que hace falta en Venezuela es un "diálogo" entre venezolanos.

¿Habría pedido Sánchez a los chilenos que dialogaran con Pinochet, o a los argentinos que conversaran con Jorge Videla? ¿Esos sí eran dictadores porque eran de derecha?

En los organismos internacionales, los medios de comunicación y en las relaciones políticas en general es ostensible el poder que tienen ciertas fuerzas de una izquierda radical que es complaciente con las dictaduras y regímenes del mismo signo ideológico.

En el sistema de Naciones Unidas es habitual que se elogie al régimen castrista en la OMS, la UNESCO, la FAO, la CEPAL, etc. El actual secretario general de la ONU, el portugués Antonio Guterres, fue presidente de la Internacional Socialista entre 1999-2005 y acaba de nombrar a la también socialista expresidenta de Chile, Michelle Bachelet, como alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, el segundo cargo más importante de la ONU, con rango de secretario general adjunto.

Bachellet, fanática de Fidel Castro y el Che Guevara, se niega a llamar dictadura al régimen chavista, y considera que Raúl Castro no es un dictador. Muy poco, o nada, hará Bachelet contra las dictaduras latinoamericanas. No importa que asesinen, torturen y hambreen a sus pueblos. Son de izquierda, y punto.

Lo peor no es la falta de solidaridad internacional, efectiva y no oral, que necesitan los pueblos de Venezuela, Nicaragua y Cuba, sino la "tibieza" latinoamericana, cosa que quizás podría empeorar en diciembre con el nuevo presidente de México, Andrés Manuel López Obrador.

La región no está actuando en correspondencia con la nueva correlación de fuerzas favorables a la democracia. Las autocracias hacen y deshacen, con una impunidad ya inadmisible en el siglo XXI. De hecho, Latinoamérica sigue afectada por el populismo que se supone dejó atrás.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Jueves, 20 de Septiembre de 2018 11:54
 
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