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Escrito por Indicado en la materia   
Lunes, 31 de Julio de 2017 12:44

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Por CARLOS ALBERTO MONTANER.- 

Venezuela se rompe en pedazos y las FARC van a crear un partido político. Lo anunciaron a bombo y platillo. ¿Para qué? Para repetir la agonía venezolana. Para las FARC la política es la guerrilla por otros medios. Es esa cosa electoral que se hace cuando fracasan los empeños violentos. En Colombiase habían hundido. Siguen la lección que les dejó Hugo Chávez. Se renuncia a la táctica, pero no a los objetivos.

Solo que hay que responder tres preguntas más inquietantes aún. Primero, ¿pueden las FARC llegar al poder? Segundo, ¿cómo? Y, tercero, ¿qué harán si lo logran?

Comencemos. Por supuesto que pueden llegar al poder. La cocaína es una mina de oro y las FARC disponen de una colosal fortuna. Siembran, producen, distribuyen la droga localmente y la exportan. Dominan toda la cadena. La negociación con Juan Manuel Santos les ha servido para duplicar la superficie de siembra en los últimos 18 meses. El informe de Washington, basado en los ojos implacables de los satélites, asegura que hoy existen 180.000 hectáreas despiadadamente cultivadas. Probablemente son más, dada la habilidad de las FARC para esconderlo todo: los laboratorios para procesar la coca bajo la frondosa vegetación, el dinero en la banca internacional, las tropas y las armas en Venezuela, y por supuesto, sus intenciones.

En cambio, no hay interés en ocultar los vínculos internacionales y las zonas de apoyo. Eso se airea. Todos los partidos comunistas del planeta son solidarios con las FARC, y por ende sus brazos armados, como el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, de Chile, asesino del senador Jaime Guzmán tras la llegada de la democracia.

Entre los respaldos, se incluye, en primer lugar, el de Cuba, orquestado por Raúl Castro.  El de Podemos, la formación del español Pablo Iglesias y de sus cómplices Juan Carlos Monedero e Íñigo Errejón. También, muchos de los partidos rojos y verdes, agavillados en el Grupo Confederal de la Izquierda Unitaria Europeadel Parlamento Europeo. El PSUV de Nicolás MaduroDiosdado Cabello, y todos los grupos, movimientos y adláteres presentes en el Foro de Sao Paulo. Son muchas siglas y saben hacer ruido. Menuda tropa.

¿Cómo llegarían las FARC al poder en un país como Colombia? Tal vez sería más fácil que en Venezuela. La compra de votos, sobre todo en la costa, posee una larga tradición, y las FARC, para su flamante partido, tendrán muchos cocadólares disponibles. Solo necesitarán un candidato idóneo, "progresista y moderno", joven y carismático, cuyo nombre no se asocie con hechos terribles de sangre. Junto a él, para que obedezca y no se desvíe, situarían a un comunista duro procedente de la guerrilla.

Sería la misma fórmula empleada por el FMLN en El Salvador en 2009: Mauricio Funes, un periodista muy conocido como presidente, y el comandante de la guerrilla comunista, Salvador Sánchez Cerén, como su vice. Las FARC lo aportaría todo: la plata, los cuadros, los parlamentarios. El candidato a presidente se limitará a poner su cara sonriente en los pasquines. Hoy Funes está en Managua refugiado, acusado de corrupción, mientras gobierna Sánchez Cerén, tras ganar las elecciones en 2014.

La campaña se hará criticando certeramente todo lo que el país percibe como negativo: la pobreza, la desigualdad, la corrupción, los pésimos sistemas públicos de salud y educación, el desalmado comportamiento de las multinacionales y la entrega de tajadas de soberanía a EEUU. El guion está claro.

Lo que no comentarán es cómo combatirán esos males. Lo harán, como siempre, aumentando brutalmente el gasto público para crear un ejército de estómagos agradecidos. Será la fase de gestar la clientela política y de la gran inflación. De ahí saldrán las bayonetas para sostener el poder. Como creen en la lucha de clases, una superstición esencial de los marxistas, echarán a pelear a unos colombianos contra otros, y no les importará arruinar en el camino a cientos de miles de empresarios, grandes y pequeños, o terratenientes de todas las dimensiones, aunque disloquen la economía. Eso no importa.

Es la fase de crear la revolución. Es la etapa ilusionada de la demolición de la vieja Colombia, de enterrar a la burguesía arcaica y procrear a la nueva sociedad, feroz y combativa, con cuadros económicamente dotados por el Estado nuevo que surgirá de las cenizas en la desgastada patria de Santander.

¿Por qué las FARC tropezarán con la misma piedra? Sencillo: porque la evaluación de la catástrofe es otra. Carece de sentido llegar al poder para atraer capitales, fomentar el mercado, controlar los factores macroeconómicos (inflación, gasto público, corrupción) e imitar a las 25 naciones más exitosas del planeta, todas ellas regidas por la existencia de empresas privadas y sujetas a una legislación que garantiza la existencia de derechos humanos, gobierno limitado y alternancia en el poder. Lo suyo es hacer la revolución, no la paz social y el progreso sosegado. Para las FARC sería absurdo llegar al Palacio de Nariño para repetir lo que hacen, por ejemplo, los holandeses o los suecos. El grito será "¡Viva Chávez!". Lo de siempre.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Jueves, 03 de Agosto de 2017 18:54
 
LA DOCTRINA TRUMP-TILLERSON ; EL DESENREDO DEL BOLLD'GATA EN EL MEDIO ORIENTE. PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Lunes, 10 de Julio de 2017 13:40

Por Santiago Cardenas.-

Al fin, luego de ocho años de  indefiniciones de una política  (o la ausencia de la misma) en el Levante, el área más explosiva del planeta, la doctrina Tillerson- Trump (TT) ha desembrollado la madeja de los pueblos semitas de una manera sencilla, paradójicamente muy compleja. El juicio final de la misma quedará a la historia.

Hay que agradecer  a la actual administración que el pueblo y el gobierno estadounidenses tengan a partir de ahora una guía para la acción que resumo a continuación en el llamado cuadrilátero de  Cárdenas. Paso a describirlo de una manera sencilla.

1- ESTAMOS EN GUERRA ( ASIMETRICA ), PERO REAL.

2- EL ENEMIGO ES EL TERRORISMO ISLAMICO DE ISIS. IDENTIFICABLE, COMBATIBLE Y DERROTABLE

3-LOS PRINCIPALES RESPONSABLES DE  EJECUTAR ESTO, SON LOS PAISES MUSULMANES SUNNIES.

4- ISRAEL ES NUESTRO ALIADO.

Este polígono se explica por sí mismo y tiene una claridad meridiana.

El más dramático cambio resulta en la traspolación de la responsabilidad de ganar la guerra caliente  desde el occidente cristiano , católico u ortodoxo,-- encabezado por los Estados Unidos de América,  y la Federación Rusa, hacia las  varias capitales  sunnitas, no democráticas, especialmente el Cairo y Riad. Siendo ISIS una agrupación también sunnita ,el discurso del presidente Trump ante los mandatarios de decenas de esos países alcanzó dimensiones históricas. Semejante a lo que  le planteó a la OTAN: actúen por uds mismos; no dependan de occidente. El terrorismo también es vuestro problema.  Este es su gran reto del siglo XXI.

La guerra fría en contra del Irán chiíta , por contraste, continuará a pesar de  sus recientes elecciones  transparentes aplaudidas por los que saben que  la balística nuclear  pesa más que los derechos humanos.

La otra guerra , un poco mas calurosa , la de Siria ,-- donde la minoría chii es muy influyente y apoyada desde Irán , --  se mantendrá  con sus altas y bajas de espectáculos horripilantes hasta que el expansionismo putinesco adquiera  su acceso oficial - mas o menos validado internacionalmente --  a  una base militar en el territorio sirio que es en definitiva lo único que le interesa  al oso ruso : bañarse en el Mediterráneo. Lo demás es "paisaje".

En otro aspecto del final de  esta historia , la del cuadrilátero cardenense : es lo que ya sabemos. Con Israel  no se juega y no es negociable.


DR SANTIAGO CARDENAS.

 
Corrupción e historia PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Lunes, 26 de Junio de 2017 11:42

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Por CARLOS A. MONTANER.- 

Michel Temer, el presidente de Brasil, teme acabar en la cárcel acusado de corrupción. Pudiera ser. Es la hora de la justicia y los Odebrecht de ese mundo están cantando La Traviata para reducir sus penas. La fantasía popular se imagina a Temer, Lula da Silva y Dilma Rousseff en la misma celda aportada por la operación policiaca Lava Jato.

Veamos, a brochazos, los antecedentes familiares-culturales de los tres expresidentes.

Uno, Temer, profesor de Derecho Constitucional, hijo de un matrimonio libanés, católico maronita, inmigrado a Brasil para escapar del desbarajuste turco generado tras la Primera Guerra mundial. La familia, como suele ocurrir con los católicos maronitas, descendientes de los míticos fenicios, tuvo un buen desempeño económico en la tierra de acogida.

Otro, Lula, un líder sindical del sector metalúrgico, cuyo padre fue un alcohólico perdido, brasileño-portugués por los cuatro costados, formalmente poco instruido, pero muy listo y perseverante. Ha sido el más pobre de todos los gobernantes brasileños de los últimos cien años y, sin duda, el más popular, pese a su notable incapacidad para fijar la atención y entender asuntos complejos.

Y la tercera, Dilma Rousseff, una economista proveniente de una familia enriquecida en los negocios inmobiliarios, hija de un abogado búlgaro comunista llegado a Brasil huyendo de la represión. Su madre era una maestra brasileña y Dilma, en su juventud, se incorporó a los grupos radicales violentos que adversaban a la dictadura militar.

Brasil y casi toda América Latina (y Portugal y España, que las desovaron en el Nuevo Mundo) son territorios culturalmente corruptos

Tres personas de muy distinto origen unidas en la corrupción. ¿Por qué? Porque Brasil y casi toda América Latina (y Portugal y España, que las desovaron en el Nuevo Mundo), son territorios culturalmente corruptos.

Más todavía: las tres cuartas partes del planeta –toda África, casi la totalidad de Asia, el sur y suroeste de Europa– están formadas por naciones cuyas sociedades han practicado diversas formas de corrupción desde que, lentamente, hace diez mil años, comenzaron a surgir los Estados tras la revolución agrícola.

Lo novedoso, lo extraño, es la no-corrupción, y ésta fue la consecuencia no prevista de una audaz máxima que acabó instalándose en las Constituciones y en los códigos de conducta, aunque casi nunca se respetara: “todos los ciudadanos son iguales ante la ley”, lo que también quería decir que “todos los ciudadanos estaban obligados a colocarse bajo la autoridad de la ley”. Pero, si todas las personas tienen los mismos deberes y derechos, y si el abolengo no concede privilegios, ¿cómo se establece la jerarquía social?

Idealmente, por tres vías.

La respuesta política se sustenta en la democracia, basada en la regla de la mayoría, aunque con limitaciones constitucionales para evitar el atropello de las minorías. Se accede al privilegio de ser mandatario por la gracia del pueblo en comicios concebidos para designar a los servidores públicos.

La respuesta social es la meritocracia. Los puestos se ocupan no por la prosapia sino por la preparación. Ser el marqués o su hijo no sirve para dirigir la guerra o para no servir en la milicia. No puede invocarse el linaje para acceder o para rechazar responsabilidades.

“Todos los ciudadanos son iguales ante la ley”, lo que también quería decir que “todos los ciudadanos estaban obligados a colocarse bajo la autoridad de la ley”

La respuesta económica es el mercado. Los consumidores eligen con sus preferencias los bienes y servicios que desean adquirir. Esta selección hace ricos a unos, destruye a otros y aumenta las diferencias sociales. Es imperfecta, pero mejor que la escogencia arbitraria de “ganadores” y “perdedores”, a cargo de funcionarios y burócratas generalmente en busca de coimas o comisiones ilegales.

En el mundo moderno esto comenzó a ocurrir a fines del siglo XVIII en Estados Unidos, precisamente por el desamparo con relación a Inglaterra en que los dejó el éxito de la Revolución americana.

El resultado de este experimento social fue una república exitosa, parcialmente interrumpida por la Guerra Civil (1861-1865), iniciada con cuatro millones de estadounidenses, federados en trece estados semiindependientes, trenzada con instituciones sólidas, que ha resistido durante 230 años, contados a partir de la aprobación de la Constitución de 1787.

¿Se puede imitar ese modelo? Sí, pero sólo si se comprende la extrema importancia de la premisa inicial: todas las personas son iguales ante la ley… pero todas deben obedecerla.

Por supuesto que se puede emular el ejemplo norteamericano: lo han hecho, paulatinamente, las 25 naciones más prósperas y felices del planeta, en las que no suele haber tolerancia con la corrupción. Pero todo comienza con tomar en serio el punto de partida. Eso es lo que no se comprende bien en casi todo el mundo.

14 Y MEDIO

Última actualización el Sábado, 01 de Julio de 2017 12:31
 
Ecuador, fin de la tenebrosa década correísta PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Viernes, 30 de Junio de 2017 12:49

Dr. Alberto Roteta Dorado.-

Naples. Estados Unidos.- En todas las naciones en las que sus gobernantes establecieron sistemas socialistas como modelo político, social y económico, en realidad lo que prevaleció fueron regímenes dictatoriales y totalitaristas. Los casos de la desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, Polonia, Rumanía, Hungría, entre otros países de Europa Oriental, Cuba y Corea del Norte, y más reciente Venezuela, Ecuador y Bolivia, en Latinoamérica son ejemplos más que convincentes.

La nacionalización, con el consiguiente paso colectivo de los medios y fuerzas de producción al estado, ha sido un denominador común en todos los intentos de socialismo, aún en los que precedieron a Marx. Toda vez que se hacen modificaciones – por muy necesarias que sean o por muy renovadoras que puedan parecer– que se aparten de este patrón común, que desde el punto de vista teórico establecieron aquellos que de manera especulativa – en el verdadero significado del término desde la óptica de la filosofía y de la antropología social– diseñaron en sus concepciones, el modelo deja de ser socialista.

Ya me he referido en un escrito titulado: El “nuevo” modelo económico “socialista” cubano, vía definitiva hacia el capitalismo, muy publicado hace solo unas semanas, a la imposibilidad de estar en puntos medios. Nos situamos con firmeza en la senda de los jóvenes hegelianos de la Alemania del siglo XIX, o asumimos definitivamente una posición en la línea de la derecha.

De modo que los engendros que adquirieron cierta popularidad en Latinoamérica durante la última década en realidad tienen muy poco de socialismo; aunque mucho de totalitarismo y de carácter dictatorial. Se destaca sobremanera en este aspecto la llamada Revolución Ciudadana, el eslogan que a modo de clonación de la Revolución Bolivariana quiso asumir Rafael Correa para la instauración del Socialismo del siglo XXI en Ecuador.

Pero sucede que en la pequeña nación andina la privatización jamás pudo eliminarse a pesar de que el mandatario, quien por más de una década manipuló el poder a su manera, trató de asfixiar al sector privado, algo que no es sinónimo de nacionalización – fenómeno que si se dio en Cuba, al menos  en las cuatro primeras décadas de comunismo–. En Ecuador se han entrelazado un estado popular o ciudadano, en el nivel político, con un capitalismo social, en el nivel económico, lo que lo distancia del modelo clásico marxista, y por lo tanto no es socialismo, aunque se empeñen en proclamarlo ante el mundo, y hasta investigadores muy serios de la respetada Pontificia Universidad Católica del Ecuador admitan que la modalidad establecida reconoce y valida a la teoría de Marx como fundamento histórico; pero una cosa es aceptar teóricamente una concepción y otra bien diferente es consumarlo como acto, algo que jamás ocurrió en la tierra de los enormes volcanes.

Según los teóricos Juan J. Paz y Miño Cepeda: “El nuevo socialismo articula, en definitiva, empresa privada con inversión pública e intervencionismo económico y regulador del Estado, amplias políticas sociales y firmes medidas para redistribuir la riqueza; pero, además, se basa en la captación del Estado, para desplazar los intereses de las burguesías/oligarquías e imponer la hegemonía del poder de los ciudadanos y sectores populares”.

Así las cosas, aunque el odiado y despreciado expresidente Rafael Correa tuvo siempre a flor de labios su eslogan de Revolución Ciudadana y sus errados conceptos socialistas, a pesar de su licenciatura en economía – téngase en cuenta que el socialismo, además de sistema político es un modelo económico, y que las investigaciones de Marx están fundamentadas en aspectos económicos, más que filosóficos, en la tierra del general Eloy Alfaro jamás ha existido el socialismo propiamente dicho. En su lugar un sistema dictatorial se impuso durante una tenebrosa década, que sin duda, ofreció cierta calma y estabilidad política a una nación con un historial de presidentes que “dejan mucho que desear”, como suele decirse en Cuba, y como me han expresado decenas de ecuatorianos.

Como contrapartida de esta condición se impusieron prohibiciones de todo tipo, quedando limitadas las libertades de expresión y de pensamiento. Correa modificó unas leyes, enmendó otras, y estableció otras tantas. Ninguna para beneficiar las libertades y los derechos mínimos, y si para perpetuarse en el poder y perjudicar a aquellos que más allá del promedio de la nación lograron construir un mínimo de capital  a los que llamó pelucones y despreció públicamente.

Su excluyente tónica provocó el malestar no solo de los amplios sectores de la oposición; sino de la propia cúpula militar, del gremio de maestros, de estudiantes universitarios, y hasta de las comunidades indígenas que protagonizaron sendas marchas de protestas y acciones que intentaron paralizar al país.

Pero en Ecuador las cosas van tomando un matiz diferente. Desde el 24 de mayo Lenín Moreno asumió oficialmente la presidencia del país, y aunque en realidad estamos en un caso de continuismo político – algo que preparó el dictador Rafael Correa y logró a partir de la consumación de uno de los más grandes fraudes de la historia continental, el nuevo presidente ha comenzado muy bien su mandato, tan bien que de manera un tanto sutil, aunque con firmeza y conocimiento de causa, está estableciendo límites precisos entre el correísmo y su nuevo estilo, que es el de la inclusión y el diálogo, a diferencia del de su predecesor, que fue el de la exclusión, la confrontación, la agresión y la maleficencia. “Estoy aquí para gobernar, y para gobernar primero debo escuchar”, acaba de declarar el nuevo presidente.

Moreno, apartándose de los estereotipos de aquel decadente socialismo predicado por Correa con lo que suprime toda alusión a la Revolución Ciudadana, a modelos socialistas de nuevo tipo, y a un enemigo que desde el imperio está al asecho pretende diferenciarse del arrogante y excéntrico camarada de los Castro, y lo está logrando con creces a pesar de que sabe perfectamente que se expone a los ataques de aquel que le preparara el camino para su mandato, con lo que se estimó que se mantendría la continuidad política de Alianza PAIS, que hasta el momento solo ha conservado el nombre y una simbólica fachada.

Una serie de transformaciones radicales han sido emprendidas por el nuevo presidente, lo que ha estremecido a los más conservadores defensores del correísmo, y al propio Correa que no se hizo esperar y ya arremetió con su ironía característica. Hasta el presente, y con solo un mes en la presidencia, el nuevo líder ha determinado:

1.- Inicio de una campaña anticorrupción que incluye sendas revisiones de procesos y acciones que durante la década tenebrosa tuvieron lugar. Moreno ha creado el Frente de Transparencia y Lucha contra la Corrupción. De manera particular se destacan la intervención que el propio vicepresidente del país ha tenido que hacer ante la Asamblea Nacional Ecuatoriana debido a las fuertes sospechas que sobre el recaen en el sonado caso de Odebrecht, así como la destitución del contralor Carlos Pólit, por no presentarse a comparecer y por incumplimiento de sus funciones.

2.- La puesta en marcha de un gran diálogo nacional, instrumento para concretar acuerdos que permitan el fortalecimiento del mandato popular y la construcción de políticas que mejoren la gobernabilidad. “Un diálogo que no llega con condicionamientos, ni amenazas”, según acaba de afirmar el presidente al evocar la enseñanza de Gandhi, algo que está asumiendo desde una perspectiva puramente democrática, sin imposiciones, con aceptación de las posibles diferencias, incluyendo a todos para “construir este país en donde todas la voces sean escuchadas y valoradas por igual". “Aunque pensemos distinto vamos a dialogar”, precisó Moreno, “no vale la pena pelearse por cuestiones políticas”.

3.- Eliminación del enlace ciudadano, una especie de tribuna abierta según el vocabulario comunista cubano, en los que el exmandatario invirtió elevadas cifras de dinero, por cuanto, estas citas tenían un carácter itinerante, y había que llenar grandes espacios para demostrar una aceptación popular que las encuestas desmentían luego. Un noticiero semanal, breve, conciso, con algunas de las acciones más importantes de la semana en las diferentes provincias del país, ha sustituido a los enlaces o sabatinas correístas.

4.- Reforma de la Ley de Comunicación establecida en la etapa correísta y que ata a los periodistas, reporteros, analistas y empresarios de los medios a los cánones de la Revolución Ciudadana, la que con su aplicación y el soporte de otras leyes contribuyó a cerrar varias emisoras radiales provinciales, el diario Hoy y la revista Vanguardia.

5.- Campaña de valores y personajes emblemáticos, con la que se suprime el retrato del presidente en instituciones y lugares públicos, dejando atrás el culto a la personalidad tan promocionado por su antecesor que se creía rey de reyes. En su lugar se retomarán las imágenes de personajes emblemáticos de la historia del país, comenzando con Manuela Espejo, los que al propio tiempo representarán un valor.

En fin, que si teóricamente jamás existió un verdadero socialismo en la nación andina, y ahora el nuevo mandatario intenta transformar lo emprendido por Correa a nombre del llamado Socialismo del siglo XXI, no habrá dudas para admitir la idea de que Ecuador sale de las garras del comunismo, a Venezuela le queda ya muy poco, Nicaragua y Bolivia no cuentan para nada, y Cuba a solo un paso del establecimiento de su economía de mercado, el retorno a la privatización y la marcada diferencia de clases de su nueva sociedad aunque sus anquilosados gobernantes digan lo contrario –, se salió hace ya mucho del paradigma del modelo socialista, lo que significa que en Latinoamérica estamos sepultando definitivamente el socialismo, el peor de los males de estos tiempos.

 

 
La beca, el exilio y el hombre nuevo PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 25 de Junio de 2017 11:57

Por FRANCISCO ALMAGRO DOMÍNGUEZ.- 

En recientes declaraciones a la radio extranjera y en relación a quienes emigran de la Isla, la hija de uno de los líderes de la revolución cubana ha dicho que "a pesar de haber elevado el nivel cultural del pueblo cubano, todavía hay gente ingenua que se cree los cantos de sirena". Continúa argumentando contra los emigrados que los de la Isla piensan que al llegar a EEUU, Ley de Ajuste mediante, van a alcanzar el sueño americano de manera expedita. Y concluye con esta joya de inconsciente acusador: "Es una cosa impresionante cómo pueden confundirse todavía algunas personas con esto".

Sucede que el pueblo cubano de nuestros días no es un pueblo culto. Podría ser una población altamente instruida, pero no culta. La cultura no se posee, se ejerce. Es un proceso de decantación de saberes, no una sumatoria de estudios. El ejercicio de la cultura implica absoluta libertad para buscar información, reproducirla, y propagarla sin más limitación que la cordura y los medios para hacerlo. En pleno siglo XXI Cuba está prácticamente desconectada de internet, la población solo tiene acceso a periódicos oficialistas, canales de televisión y radios nacionales, y sus bibliotecas públicas están desactualizadas, en ruinas. Del mismo modo, tampoco tener todas esas condiciones hace per se, culto a un pueblo: EEUU es un buen ejemplo de ello.

Es precisamente del Norte desde donde la hija del guerrillero refiere los cantos de sirena. Omite el detalle de que tales coros vienen de los cuatro puntos cardinales del planeta, y no engañan a nadie: Ítaca ya no existe más. La mayoría de los retenidos en la isla-nave se destaparían los oídos y saltarían gustosos al agua, así mismo, "incultos" y "confundidos"; ellos quisieran, también, ser como esta Odisea viajera que miente a medio mundo: "átenme al mástil revolucionario… pero por favor déjenme oír esa música que tan bien suena".

La rebelde por herencia nos recuerda una época que ella misma vivió, cuando miles de adolescentes llenaron las becas —ESBEC, IPUEC, Lenin, y Camilitos— de la Isla. Para favorecer la entrada a estas escuelas, lejos de la familia y del barrio, se diseñaron uniformes elegantes; las aulas, los teatros, laboratorios y predios deportivos fueron proveídos con todo lo necesario; a los maestros se les hicieron tentadoras ofertas de salarios.

Aun así, el rigor de estudio y trabajo, y la separación de los padres por una semana, fueron mucho para aquellos semi-niños. Entonces tuvo que ser la coerción: el que se iba de la beca para una escuela de la calle era un traidor, un blandengue; en la escuela de la calle no se estudiaba bien, el nivel de los maestros era inferior, y los planteles carecían de libros e instrumentos. Para colmo, decían que las carreras universitarias estaban reservadas para los becarios. La beca lo era todo; la calle, garantía del desastre.

Pero quienes dejamos las becas porque nos expulsaron o nos arriesgamos a "perderlo todo", sufrimos una suerte de choque: cuánta falacia y mala intención hubo en aquella propaganda que limitaba escoger los propios pasos. Sí, "la calle" podía ser más dura. Pero ningún guía te levantaba para ir al campo o a las clases, nadie chequeaba las tareas, los profesores faltaban, y a veces lo libros escaseaban. Ser responsable del futuro propio tenía, para cualquier adolescente, una motivación superior: el inconfundible y al mismo tiempo ambiguo aroma de la libertad.

Algo parecido sucede al dejar la beca-isla y llegar al exilio-calle. Tras una propaganda mendaz, los "desertores" de la isla-beca pueden sufrir un colapso inicial: hay matices, tonos, sombras y luces. Y a veces la realidad es demasiado dura como para renunciar a conquistarla.

Del lado de acá no hay sindicato para defenderte, ni expediente laboral, ni dirigente del Partido a quien rendir cuentas. No hay carros "asignados" ni cuota de gasolina. No hay vanguardias, ni asambleas para otorgar televisores, ventiladores, casas en la playa. En la Calle-Exilio tienes trabajo hoy, y mañana puede que no. El nivel de salud y de instrucción, así como la cultura y el deporte depende de cada individuo, de cada familia. Pero mientras trabajes y obtengas el salario que mereces y deseas, puedes tener acceso a todo lo que han prometido y jamás han cumplido o cumplirán.

Curiosamente, una parte importante del llamado "hombre nuevo" cubano vive hoy fuera de la Isla, en Miami, Madrid, Ciudad de México, Estocolmo y Luanda. Las becas, paradójicamente, formaron hombres desobedientes, con muchos recursos para sobrevivir en cualquier escenario gracias a tener pocos valladares emocionales y éticos. Son sus fortalezas y al mismo tiempo sus debilidades, aprendidas desde temprano en las madrasas comunistas: no hay confusión posible cuando se sabe qué es la libertad y cómo luchar por ella.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Viernes, 30 de Junio de 2017 12:45
 
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