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Artigos: Cuba
El Castrochavismo en Venezuela PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Lunes, 05 de Junio de 2017 10:08

Fernando Londoño Hoyos.- 

"Lo que pasa en Venezuela tenía que llegar y llegó, así sea que todavía falte lo peor. Por desgracia.

El Castrochavismo será recordado como autor de un milagro económico a la inversa, de los que se registran tan pocos en el devenir de los pueblos. Convertir en país miserable al más rico de América no es hazaña de todos los días. Habiendo tanta pobreza en tantas partes, en pocas tiene que pelear la gente, a dentelladas, por una bolsa de leche, por una libra de harina o por un pedazo de carne.

Convertir en despojos una de las más organizadas, pujantes y serias empresas petroleras del mundo no es cualquier tontería. Llevar a la insolvencia una nación ante las líneas aéreas, los proveedores comerciales y los que suministran material quirúrgico y hospitalario no es cosa que se vea cualquier día. Y arruinar el campo y la industria, el comercio y los servicios, la generación eléctrica, la ingeniería, la banca y las comunicaciones es tarea muy dura, cuando se recuerda que la sufre el país que tiene las mayores reservas petroleras del mundo.

En esa frenética carrera hacia el desastre, el gobierno Castrochavista tuvo que proceder a la eliminación paulatina de todas las libertades, al sacrificio del pensamiento y la conciencia, a la ruina de las instituciones, del periodismo, de los partidos, de la universidad, de los gremios, de los sindicatos. Pues todo se ha cumplido tras el designio implacable de los ancianos inspiradores del sistema, Fidel y Raúl Castro, que una vez más han demostrado su audacia, su carencia total de consideración y respeto por los valores más caros de la especie humana, pero también su falta absoluta de talento. Llevar a Venezuela a la ruina total es matar su propia fuente de subsistencia. Y es lo que han hecho, moviendo los resortes del fanatismo más imbécil, de los odios más cerriles, de los desquites más torpes. Nicolás Maduro tiene poca inteligencia y un pobre tacto político que exhibe en cualquiera de sus discursos. Pero al fin de cuentas es un pobre rehén de los intereses inconfesables de la clase corrupta que ha llevado a Venezuela a su perdición. Si ese títere fuera libre, hasta de sus menguadas condiciones de estadista pudiera esperarse algún acto de rectificación, algún gesto de apaciguamiento, alguna voluntad de comprender el desastre y de corregirlo. Pero Maduro es el primer esclavo de las pasiones atroces que dominan en Venezuela. Los saqueadores de esa gran nación no están dispuestos a que nadie ensaye el menor examen de su conducta. En los antros del delito se pierde todo, empezando por el pudor.

El régimen de Venezuela se va a caer, porque se tiene que caer. No podría subsistir sino amordazando totalmente al pueblo, imponiendo cartillas de racionamiento, levantando un paredón, como el del Che Guevara en La Cabaña. Y no están dadas las condiciones para que el mundo soporte estas afrentas. Con una Cuba le basta a América.

El pueblo está en las calles, dispuesto a hacerse matar. Y lo están matando. La juventud estudiantil, que sabe cerrados los caminos del porvenir, le apuesta a cualquier cosa, menos al continuismo cobarde. Los empresarios lo perdieron todo hace rato. No tienen cuentas para hacer. Y los paniaguados del sistema ven con horror que el sistema ya no tiene mercados para comprar sus conciencias."



Si estás de acuerdo con éste excelente documento del Dr. Fernando Londoño, escrito en el periódico el Tiempo de Bogotá, dale compartir.  El objetivo es que lo lean la mayor cantidad de Venezolanos y ciudadanos del mundo.

 
Venezuela fallida PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 26 de Marzo de 2017 12:40

Resultado de imagem para venezuela esta falida

Por CARLOS ALBERTO MONTANER.- 

El asunto es más grave. El régimen chavista de Nicolás Maduro, sin duda, ha violado todos los incisos de la Carta Democrática Interamericana de la OEA y merece ser sancionado, pero suspender a Venezuela de la Organización de los Estados Americanos es poca cosa y, tal vez, llega muy tarde. El daño que ha sufrido esa sociedad ha sido muy profundo.

Peor que tratar de convertir a Venezuela en otra Cuba, es haberla transformado en otro Congo, un país caótico y desorganizado, dominado por jefecillos locales que viven a punta de cuchillo. Venezuela, además de ser un Estado forajido que agrede a los demás, es un Estado fallido que incumple sus propias leyes e ignora sus instituciones, del que ha desaparecido el principio de autoridad, la capacidad de reprimir se ha atomizado en mil centros violentos, y el aparato estatal no responde a las órdenes de quienes, supuestamente, mandan.

Peor que tratar de convertir a Venezuela en otra Cuba, es haberla transformado en otro Congo, un país caótico y desorganizado

Maduro, un señor que dice tonterías y baila salsa, dirige precariamente uno de esos centros. “Por ahora” es el más poderoso, pero sólo provisionalmente. Está a su alcance encarcelar a Leopoldo López o a Antonio Ledezma, porque la oposición actúa dentro de unos esquemas republicanos pacíficos y predecibles, pero Maduro no puede controlar a los miles de venezolanos de rompe y rasga, los malandros a los que el chavismo armó y les dio patente de corso para que desvalijaran y aterrorizaran a lo que llaman “la burguesía”, es decir, las personas empeñadas en tener una vida decente y normal.

Es la anomia total. La absoluta falta de principios, valores y normas civilizadas. Aunque quisiera, que no es el caso, Maduro tampoco puede impedir la producción y tráfico de estupefacientes. Esa, desde la perspectiva chavista, es solo una zona más de enriquecimiento. El narcotráfico apenas es una variante del delito. Lo practican muchos generales coludidos con los capos de la droga, e incluso sus propios parientes más cercanos, como sucede con sus narcosobrinos. Hay unos ladrones de cuello blanco que roban en PDVSA. Otros crean empresas de maletín para intermediar en las compras del Estado o reciben cuantiosas coimas de compañías como Odebrecht. En el fondo, son iguales.

¿Cómo llamarlos al orden si el chavismo ha sido una inmensa máquina dedicada a delinquir? El desalmado que mata a una muchacha para robarle un teléfono celular siente que lo que él hace no es peor que aprovecharse de las relaciones personales para obtener dólares a precios preferentes y enriquecerse por medio de cambios tramposos. Cada uno rebaña lo que puede y como puede. El perraje, que es impresentable, usa la navaja o la pistola para extorsionar o matar a cualquiera y huir de la escena del crimen a bordo de una moto. El bandido sofisticado utiliza un bolígrafo de oro, tiene cuenta en un paraíso fiscal, y se prepara para abandonar Venezuela en su propia avioneta tan pronto el barco comience a hundirse. Uno y otro se hermanan en la impunidad y en el desprecio por el país en que nacieron.

Raúl Castro está dispuesto a pelear hasta el último venezolano y ordenará a Maduro que resista y se atrinchere en el discurso antiimperialista

¿Qué más puede ocurrir en Venezuela? Dada la infinita incapacidad del régimen y la creciente pérdida de autoridad, puede suceder cualquier cosa. Ya está sucediendo. El default y la consecuente desaparición del crédito para importar alimentos están a las puertas. Como resultado de ello, es previsible una hambruna que mate a miles de venezolanos o los deje en puro hueso y pellejo. La ausencia prolongada de electricidad y agua potable no es descartable. Tampoco la aparición de unas infecciones monstruosas e incontrolables. Seguirá, in crescendo, la desesperante hiperinflación que va agregándoles ceros a los precios y puede llegar a cifras incalculables, como sucedió en Alemania en los años veinte del siglo pasado o en la década de los ochenta en países andinos del vecindario como Perú, Bolivia y Ecuador.

¿Cómo se le pone fin a esta pesadilla? Es difícil creer que Maduro se acoja al sentido común y busque una solución colegiada junto a la oposición, que es la infinita mayoría del país. Raúl Castro le ordenará que resista y se atrinchere en el discurso antiimperialista. Raúl está dispuesto a pelear hasta el último venezolano. Todo lo que le interesa a La Habana es continuar con el ordeño de la vaca lechera. No veo a Nicolás Maduro perdiendo unas elecciones y colocándole la banda presidencial a Henrique Capriles, a María Corina Machado, y mucho menos a Leopoldo López.

Se cumplirá, sin embargo, un dictum propio de estas situaciones: mientras más dure, y mientras mayor sea la destrucción de los fundamentos nacionales, más dolorosa y sangrienta será la cura.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Viernes, 31 de Marzo de 2017 13:35
 
El crimen de Siria y el castigo estadounidense PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 09 de Abril de 2017 12:05

Por CARLOS ALBERTO MONTANER.-

Donald Trump dijo que lo estremecieron las imágenes de esos "niños hermosos" destrozados por el gas sarín esparcido por la aviación del dictador sirio Bashar al-Assad. Por eso, afirmó, ordenó el lanzamiento de 59 misiles contra la base de donde habían despegado los aviones. Desde el fin de la Primera Guerra Mundial está prohibido el uso de esas crueles armas químicas.

Me parece bien el castigo. La gente, incluso la peor gente, tiene que aprender que sus acciones tienen consecuencias. La crueldad de Assad merecía la muy grave sanción de los tomahawks. Estos misiles cargan unos 450 kilos de explosivos y cuestan, cada uno, aproximadamente 1.600.000 dólares. La operación le costó a EEUU, unos 100 millones de dólares y devastó la base aérea siria.

Dejó 59 cráteres, 20 aviones destruidos y unas instalaciones minuciosamente aniquiladas, aunque previamente los militares norteamericanos les avisaron a los rusos y a los sirios lo que se proponían llevar a cabo. Esta vez la guerra avisada dejó seis soldados muertos. Sin las llamadas hubieran sido muchos más. El objetivo no era matar enemigos, sino proyectar cierta imagen.

Para Donald Trump también fue un episodio de aprendizaje. Aprendió que el presidente de EEUU tiene que tomar decisiones en las que todas las opciones son malas. Para alguien acostumbrado al toma y daca de los negocios, supuestamente experto en recibir algo sustancial por lo que entrega, debió ser extraño tirar 100 millones de dólares por la borda (nunca mejor dicho) sin la esperanza de recibir a cambio otra cosa que las críticas agudas de algún sector afectado.

Si debilitaba a Assad, favorecía a ISIS y a Al Qaeda, los encarnizados enemigos de EEUU. Si se inhibía, como predicaba antes de llegar a la Casa Blanca, beneficiaba a la dictadura de Assad, a Irán y a Rusia, mientras se tensaban y perjudicaban las relaciones con Turquía, un aliado en la OTAN, y con Arabia Saudita, un incómodo amigo, despótico y errático, pero valioso suministrador de petróleo y gran comprador de productos americanos, incluidos costosos equipos militares.

Puesto en la misma tesitura, Obama prefirió pagar el precio de no actuar contra Assad, pese a haber declarado que la utilización de armas químicas era una "línea roja". Seguramente la advertencia era una fanfarronada destinada a tratar de impedir que las usara. Algo así como el bluff al que recurren los jugadores de póker. Sólo que, cuando se descubre la mentira, los enemigos saben que el jugador es débil y se envalentonan.

Probablemente Obama no ignoraba que Eisenhower pasó ocho años de tranquilidad relativa en la presidencia de EEUU recurriendo el bluff de estar dispuesto a utilizar las armas nucleares contra cualquiera que retara el poderío americano. Cuando se retiró, se supo que había utilizado un farol —traducción de bluff—que le había salido maravillosamente bien. A Obama, en cambio, no lo creyeron. Al fin y al cabo no era un general victorioso sino un inexperto Premio Nobel de la Paz.

Los sirios y, sobre todo, los rusos, estaban poniendo a prueba a Donald Trump. No necesitaban el bombardeo con armas químicas para lograr el objetivo de someter a los enemigos de Assad. Lo estaban logrando con armas convencionales. Pero la jugada les salió mal.

Al margen de las imágenes terribles de los niños asesinados, la primera motivación de Trump fue enviar el mensaje de que con él en la Casa Blanca no se puede jugar. Él no era Obama. Por eso, 24 horas antes de desatar la furia de los misiles, tuiteó, injustamente, que la culpa del uso de las armas químicas la tenía el presidente anterior por no haber actuado con contundencia tras haber trazado la imaginaria línea roja ignorada por los sirios. Era el primer síntoma de que habría respuesta.

¿Y ahora qué va a pasar? Sin duda, como dijo Netanyahu, los iraníes y los norcoreanos van a poner sus barbas en remojo. Ya saben que Donald Trump dispara desde la cintura. Solo que eso también trae serias consecuencias. La política el arte de escoger la opción menos mala. El problema es que casi nunca sabemos cuál es esa maldita opción.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Jueves, 13 de Abril de 2017 12:06
 
José Martí, el hombre que amó a la patria de Lincoln PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Jueves, 18 de Mayo de 2017 10:54

 

Por: Alberto Roteta Dorado.-

Naples. Estados Unidos.- Este 19 de mayo los cubanos recordamos el 122 aniversario de la caída en combate de José Martí, el hombre que se ganó el calificativo de Apóstol no solo por la entereza de su entrega a la causa de la nación cubana, sino por sus virtudes espirituales y éticas que lo aproximan a aquellos primeros seguidores del cristianismo, algunos de ellos mártires, a los que se les llamó apóstoles.

Resulta lamentable que su figura y su enseñanza sean utilizadas de manera tergiversada por los encargados de dirigir los designios de los cubanos de la isla. Decir una vez más que no fue un socialista sería caer en la fórmula reiterativa que pretende salvarlo de las garras de los verdaderos monstruos, aquellos que en su afán de apoderarse de su colosal imagen quisieron presentarlo cual sagrado talismán de las doctrinas proclamadas por Marx, continuadas por Lenin y asumidas en Cuba por Fidel Castro.

Ya sabemos que no lo fue, y de haber sido un socialista, tendríamos que reconocerlo y aceptarlo ante la excelsitud de su obra en pos de la amada patria; pero tenemos suficientes elementos para refutar cualquier intento de aproximación a las tendencias socialistas, y aun más, tenemos la evidencia escrita de que no solo estuvo al margen de este sistema; sino que se pronunció contra él.

Desde su tiempo fue capaz de predecir con profética mirada los peligros del gran mal de la humanidad para el siglo venidero. Su valoración sobre un texto de Herbert Spencer llamado La esclavitud futura ha sido determinante para conocer su criterio sobre esta tendencia sociopolítica. “Herbert Spencer quiere enseñar cómo se va, por la excesiva protección a los pobres, a un estado socialista que sería a poco un estado corrompido, y luego un estado tiránico”, escribió Martí hacia el final del siglo XIX, cuando aun no se había extendido como sistema dominante por parte de Europa y Asia.

Con esta opinión – y muchas más que se pueden encontrar dispersas en su inmensa obra- no hay posibilidad de declararlo aliado y defensor de aquel sistema, que según su propia caracterización, es tiránico y corrupto, por lo que los comunistas cubanos tuvieron que acudir a otros recursos en su intento de aproximar al ejemplar héroe de Dos Ríos con el líder de la revolución cubana y con el proceso transformador que se iniciaba en toda la nación.

El infinito odio del tirano Fidel Castro hacia los Estados Unidos – no solo hacia sus gobiernos, líderes, mandatarios y políticos; sino a todo lo relacionado con el “enemigo del norte”, incluida la forma de vestir, el tipo de música, su literatura, etc. – hizo que se adueñara de algunas frases escritas y pronunciadas por Martí, las que hacen referencia a ciertas imperfecciones del sistema político estadounidense en el tiempo en que vivió en esta nación, y que como periodista ejemplar y fiel cronista de su tiempo supo criticar de manera imparcial, como lo hiciera también con el socialismo que describió Spencer en su libro.

Quizás la frase que se ha llegado a estereotipar con mayor énfasis es la que aparece en la carta que Martí dirigió a Manuel Mercado, conocida como Testamento Político. Es aquí donde dice: “Viví en el monstruo, y le conozco las entrañas”, lo que ha sido manipulado por los teóricos socialistas cubanos, quienes sacaron la frase de su contexto histórico – el más grave error que se puede cometer al hacer cualquier análisis exegético de un texto-  para prolongar ese “monstruo” por más de un siglo y hacerlo coincidir con los sucesos del presente, una vez sacado de la contextualidad, con la caracterización que hiciera el Apóstol en 1895.

Hemos de analizar el por qué Martí se refirió al gobierno norteamericano de su tiempo de esa manera. En la propia carta explica que Eugenio Bryson, corresponsal del Herald, le contó acerca de un sindicato yanqui “con garantía de las aduanas, harto empeñadas con los rapaces bancos españoles, para que quede asidero a los del Norte; —incapacitado afortunadamente, por su entrabada y compleja constitución política, para emprender o apoyar la idea como obra de gobierno”-. Pero lo más extraordinario del documento es que el propio reportero le confesó que durante sus conversaciones con Martínez Campos, supo las determinaciones del gobierno español para entenderse con los Estados Unidos “a rendir la Isla a los cubanos”, de ahí la idea del monstruo, si es que sabemos lo que significaba para el héroe cubano la libertad de su patria, por la que se inmoló en gesto emancipador al inicio de la contienda del noventa y cinco.

Por supuesto que los encargados de tergiversar la enseñanza del más extraordinario de los cubanos tomaron la frase – que ya alcanzó la celebridad entresacada de su realidad- y omitieron los verdaderos motivos por los que Martí, con una justificada preocupación ante el peligro inminente de posibilidades de anexionismo, se pronunciara contra lo que consideró “la anexión de los pueblos de nuestra América”.

Su firmeza política y sus ansias de ver a su patria libre del colonialismo español, pero no dependiendo para su desarrollo de otras naciones, en este caso Estados Unidos, le llevaron a pronunciarse contra aquellos que en su tiempo fueron partidarios de un anexionismo. La consulta del documento Vindicación de Cuba nos permitirá conocer los detalles de su postura política en este sentido, pero no solo esto, sino que en sus páginas escribió: “Amamos a la patria de Lincoln, tanto como tememos a la patria de Cutting”, lo que oculta el oficialismo cubano manteniendo un silencio sepulcral de esta primera parte de sus palabras, y en cambio sobredimensionan la idea de haber vivido en el monstruo.

No obstante, e independientemente a la frase que se ha tratado de imponer fuera de su contexto y adaptada a las actuales circunstancias, José Martí, además de haber escrito que amó a la patria de Lincoln, elogió a varios presidentes norteamericanos, dedicó sendos escritos que exaltan a importantes figuras de la ciencia, la religión, la historia, la filosofía y la política de esta nación, entre los que se destacan: Washington, de quien dijo: “miraba por la unión de los Estados como hubiera mirado por la de sus hijos”; Franklin, quien según Martí, sus defectos no podían “deslucir la majestad de su intelecto y la ternura y pureza con que amó a su patria”, Webster, en quien “fue natural y constante lo grandioso” y Lincoln a quien llamó “el leñador de ojos piadosos”.

A esto jamás se hace referencia en Cuba ante el temor de que surja la duda y la incertidumbre en las generaciones de cubanos posteriores a 1959, los que crecieron bajo el adoctrinamiento de un José Martí que dejaba de ser Apóstol por la cercanía del calificativo a la idea de lo religioso, que proclamaron antiimperialista, y experimentaron poder situarlo en los cánones del socialismo, del ateísmo y del marxismo-leninismo, en lo que fracasaron ante las fuertes evidencias que demuestran lo contrario.

Haber vivido en “las entrañas del monstruo” fue verdaderamente inspirador para José Martí, lo que no destacan los medios oficialistas cubanos empeñados en hacer prevalecer absurdas ideas que han acomodado a su conveniencia. La inmensa mayoría de sus ensayos, discursos y escritos periodísticos, fueron escritos en esta tierra que lo acogió, y le permitió ser reconocido como una de las figuras más influyentes de su tiempo, tanto en el terreno social y político, como en lo literario y lo filosófico.  Aquí pasó la mayor parte de su vida, y lejos de haberse sentido deprimido, decepcionado y eclipsado, encontró el medio que le inspirara para entregarnos sus enseñanzas, llevadas a un nivel de perfección y a tan elevado sentido de profundidad como pocos en el mundo de las letras hispanoamericanas han podido hacerlo.

Que se refirió a un norte revuelto y brutal, a un monstruo, y a un sentido expansionista, es cierto: ocultarlo sería caer en el mismo plano de los comunistas cubanos; pero hacer una exaltación más allá del tiempo y lugar, esto es, sacarlo de su contextualidad histórica, constituye una tergiversación de la bendita enseñanza del Apóstol, lo que han estado haciendo aquellos que adueñándose de la palabra del más genuino de los cubanos de todos los tiempos le han manipulado, y lo peor, presentan esa imagen ante el mundo como si fuera la verdadera, a los que hemos de enfrentar agregando que  también escribió que amaba a la patria de Lincoln, en la que desarrolló la mayor parte de su genial obra.

 
¿Dónde está el pudor de los gobernantes cubanos? PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Sábado, 06 de Mayo de 2017 10:51

Por ORLANDO FREIRE SANTANA.- 

El pudor es ese sentimiento sano, anunciante de decencia, de honradez, que muchas veces nos lleva a reconocer los méritos del prójimo aunque no simpaticemos con él, o en ocasiones nos conmina a permanecer callados y no censurar una tarea que somos incapaces de acometer.

Por supuesto que el pudor suele también impedir que las personas o instituciones se apropien de celebraciones que no les pertenecen. Y he aquí, precisamente, donde no hallamos ni una pizca de pudor en los gobernantes cubanos.

Cada 10 de diciembre, por ejemplo, las autoridades montan un show para "festejar" el Día Internacional de los Derechos Humanos. Reúnen a un grupo de pioneros en un parque a entonar canciones progubernamentales, o instalan una tribuna abierta donde dirigentes de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) y otras organizaciones juveniles apéndices del Partido Comunista (PCC), pregonan a los cuatro vientos que en Cuba se garantizan los derechos socioeconómicos (a la vida, al trabajo, a la educación).

Pero, por otra parte, centenares de agentes de la Seguridad del Estado son lanzados a las calles ese mismo día con el objetivo de reprimir a cualquier persona que salga a demandar los derechos de asociación, la libertad de prensa, de reunión, así como otras libertades individuales reconocidas en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Así las cosas, este 3 de mayo, Día Internacional de la Libertad de Prensa, fuimos testigos de un acontecimiento que frisa los contornos de la desvergüenza. En vez de hacer silencio, por pudor, la maquinaria del poder en la Isla decidió celebrar la fecha, y para ello otorgó la Distinción Félix Elmuza, de la oficialista Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), a dos "personalidades" muy vinculadas con el trabajo de la prensa en Cuba durante los últimos años.

Uno de los homenajeados fue, ni más ni menos, el señor Rolando Alfonso Borges —"Alfonsito", como le decía Fidel Castro—, quien durante más de 20 años estuvo al frente del Departamento Ideológico del Comité Central del PCC. Es decir, que Alfonsito era el hombre que les decía a los directores de los diferentes medios de prensa cubanos, qué se podía y qué no se podía publicar.

Aunque parezca increíble, en el Día de la Libertad de Prensa, los gobernantes cubanos condecoraron al censor por excelencia, probablemente la persona que más odiaba el libre flujo de la información.

Según publicó el periódico Granma en su edición del jueves 4 de mayo, el señor Alfonso Borges, emocionado tras recibir la distinción, afirmó que "el periodismo en Cuba se realiza con el apoyo del pueblo y de las instituciones, con la garantía de que en 58 años de Revolución no ha sido asesinado, desaparecido o torturado ningún periodista por el ejercicio de su profesión".

Claro, el señor Alfonsito no podía aguar la fiesta de la UPEC mencionando a los periodistas independientes que son hostigados constantemente por el Gobierno, o los medios de prensa digitales cuyas páginas web están bloqueadas para que el ciudadano de a pie no pueda acceder a ellas, ni recordar el alto número de periodistas que fueron encarcelados durante la Primavera Negra de 2003.

Después de esta farsa, algunos opinan que, de existir el Premio Nobel de la Paz post mortem, las autoridades cubanas podrían postular para esa distinción al comandante Manuel Piñeiro "Barbarroja", el mismo que organizó la violencia y las guerrillas en América Latina en su condición de jefe del Departamento de América del Comité Central del PCC.

Al parecer, el pudor de los gobernantes cubanos era verde y fue a parar a un potrero repleto de chivos.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Jueves, 11 de Mayo de 2017 10:32
 
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