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Artigos: Cuba
A 15 años de la Primavera Negra PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Lunes, 19 de Marzo de 2018 01:22

Por DIARIO DE CUBA.- 

Este 18 de marzo se cumplen 15 años de la Primavera Negra. En aquella batida contra figuras de la oposición que afectaban la imagen pública del régimen cubano fueron enviadas a la cárcel 75 personas.

A la larga, aquella jugada le costó caro al Gobierno. Evidenció la importancia que le concede a la disidencia y al periodismo independiente. También mostró su cara más represiva y su determinación de pasar por encima a los derechos civiles y políticos del pueblo cubano.

En pocos días, los detenidos fueron condenados en juicios sin garantías procesales a penas de hasta 28 años de cárcel.

El régimen los acusó de intentar subvertir la revolución y de estar al servicio de EEUU. Muchos de los condenados eran periodistas independientes.

Algunos fueron excarcelados con una licencia extrapenal por razones de salud, pero la mayoría permaneció en prisión hasta 2010, cuando el Gobierno los presionó para que aceptaran la deportación a España. Los que se resistieron fueron los últimos en salir de las cárceles, en 2011, bajo licencia extrapenal.

De aquel capítulo represivo de la historia reciente de Cuba queda el movimiento de las Damas de Blanco. Muchas esposas, madres, hermanas e hijas de los que fueron confinados continúan hoy dando batalla por la libertad de todos los presos políticos.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Jueves, 22 de Marzo de 2018 01:55
 
¿Por qué cayó Cuba en el socialismo? PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Miércoles, 14 de Marzo de 2018 11:50

Por MIGUEL SALES.- 

Para vislumbrar cómo podría Cuba salir del socialismo tal vez sea conveniente entender primero cómo llegó a caer en ese sistema. Las generaciones nacidas tras el golpe de Estado que Batistaencabezó en 1952 —quizá el 90% de la población adulta de hoy—, no vivieron el último periodo republicano y casi todo lo que conocen del asunto lo han recibido de los órganos de propaganda y adoctrinamiento del Gobierno actual.

El revolucionarismo que hizo posible la fulgurante ascensión y el triunfo final de Fidel Castro en el decenio de 1950 se nutría, en superficie, de dos ideas estrechamente vinculadas entre sí: la necesidad de remplazar al Gobierno ilegítimo y corrupto de Fulgencio Batista y la de restablecer la Constitución de 1940. Libertad, honradez y respeto al Estado de derecho parecían ser las consignas que empujaban a la insurrección.

Arriba he escrito "en superficie" porque esas ideas figuraron de manera explícita y preferente en todos los documentos suscritos por las fuerzas opositoras de la época, desde el Pacto de Montreal (1953) hasta el de Caracas (1958). Pero había un conjunto de creencias, a veces soterradas y menos evidentes, que operaban en la sociedad cubana desde mucho antes y que contribuyeron decisivamente a legitimar la lucha revolucionaria y, más tarde, a consolidar el poder del nuevo caudillo.

Quizá la más curiosa de esas creencias fue la convicción de que Cuba estaba predestinada a alcanzar un destino grandioso, sin proporción alguna con las condiciones reales del país. La geografía tuvo bastante que ver con el origen de esta superstición, porque durante siglos La Habana fue punto de reunión de las flotas españolas y tuvo gran importancia estratégica ("Llave del Nuevo Mundo, Antemural de las Indias Occidentales", la llamó en 1761 su primer historiador, José Martín Félix de Arrate). Luego el rápido enriquecimiento propiciado por la exportación de azúcar y café reforzó la impresión de que la Providencia reservaba a la Isla un porvenir excepcional.

En contraste con la decadencia de la metrópoli —la primera mitad del siglo XIX fue tal vez la etapa más caótica de la historia de España— la colonia se desarrolló de manera espectacular. Cuba dispuso de servicio de vapor marítimo, ferrocarril y telégrafo años antes de que esos inventos llegaran a la Península. Pero el progreso socioeconómico no desembocó, como muchos criollos anhelaban, ni en la independencia ni en la anexión a otro país del continente.

La larga incubación de la creencia en un destino excepcional culminó hacia mediados de siglo. Tras el fracaso de los esfuerzos anexionistas del trienio de 1848 a 1851, las elites criollas tuvieron que resignarse a seguir subordinadas a la Corona española, aunque se consideraban muy superiores a quienes les gobernaban. Para aliviar la amargura del sometimiento y la impotencia, se inventaron un mito compensatorio. Ese mito alcanzó su formulación más acabada en el Manifiesto de la Junta Cubana de Nueva York de 1855, que explicaba el origen, la evolución y las causas de la derrota de la revolución anexionista.

En sus párrafos finales, este notable documento proclamaba "la significación e importancia [de Cuba] en los destinos del universo" y su posibilidad de alcanzar "una prosperidad sin igual… y una grandeza indestructible, basadas en el equilibrio y regulación de los más valiosos intereses del mundo moderno". La Isla tenía una misión internacional grandiosa e imprecisa, que se haría realidad mediante la lucha revolucionaria. Este mito compensatorio surgió armado y perfecto, como Minerva del cráneo de Júpiter, cuando las circunstancias dieron al traste con el primer intento separar a Cuba de España.

Uno de los puntos flacos de esta cosmovisión era que la realización de un destino glorioso requería la acción de un "pueblo elegido" y era difícil imaginar que una sociedad compuesta de criollos blancos y mestizos, funcionarios peninsulares, algunos siervos chinos y casi un 50% de esclavos y libertos pudiera ser el agente providencial de este suceso. De hecho, la idea de una nacionalidad cubana distinta y separada de la española sólo cuajará en una parte significativa de la población después de varias décadas de lucha insurreccional. Lo que equivale a decir que el nacionalismo cubano surgió con retraso y lo hizo bajo el signo de la revolución.

El otro aspecto esencial de la creencia en el destino nacional grandioso solo realizable mediante la violencia política también tuvo que ver con EEUU. La influencia de este país en Cuba precedió a la formación de la conciencia de nacionalidad y la condicionó de múltiples y obvias maneras. Hasta en la idea misma de la excelsa predestinación formulada por los patriotas anexionistas resuena el eco del "destino manifiesto" que John L. O'Sullivan había proclamado para la Unión diez años antes, en la revista United States Magazine and Democratic Review.

En todos los esfuerzos revolucionarios que se desarrollaron en la Isla a lo largo del siglo XIX EEUU desempeñó una función de primer orden, ya fuera por acción o por omisión. Los insurrectos cubanos, minoritarios y mal armados, buscaron siempre la intervención de Washington en el conflicto, conscientes de que sería el único modo de librarse de España. Pero tanto la neutralidad estadounidense en 1850 y 1868 como su injerencia en 1898, que permitió finalmente la independencia, fueron motivos de crítica y frustración para las elites separatistas.

Cuando en 1902 se proclamó la nueva República, EEUU ya se había convertido en el deux ex machinade la historia insular con el que los cubanos mantendrían una conflictiva relación de odio-amor. La Enmienda Platt impuesta a la Constitución y el aumento de la inversión extranjera al amparo de la ocupación estadounidense sustentaron la acusación nacionalista de que Washington no había entrado en la guerra para ayudar desinteresadamente a los demócratas cubanos, sino para consolidar su dominio neocolonial sobre la Isla.

Los fracasos de 1855 y 1878, y la semivictoria de 1898, la muerte de los principales dirigentes independentistas y el papel que EEUU había desempeñado en cada una de esas etapas contribuyeron a forjar el mito de "la revolución inconclusa", que vino a completar la creencia en el destino nacional glorioso. Pero una revolución inconclusa con vocación planetaria no podía ser obra de un prosaico caudillo local. Necesitaba un mesías que encabezara la magna epopeya. A lo largo de la República, ese carisma mesiánico recayó sucesivamente sobre José Miguel GómezMario García MenocalGerardo Machado, Fulgencio Batista, Ramón Grau San MartínEduardo Chibás y, por último, en Fidel Castro.

La reivindicación de la revolución inconclusa, el nacionalismo tardío, la injerencia de EEUU y la espera mesiánica de un redentor fueron generando en esos años un contexto cada vez más violento y populista. Aunque el progreso económico y social del país era evidente, los intelectuales magnificaban las lacras de la República, los políticos generaban expectativas descabelladas y la población esperaba cada vez más del Estado.

Gradualmente, la vida política se fue polarizando, aumentó la intolerancia y el recurso a las armas se hizo cada vez más banal. Se popularizó el criterio de que "hacía falta una carga para matar bribones/ para acabar la obra de las revoluciones", que exaltaban los versos de Rubén Martínez Villena. Este fue el caldo de cultivo de los movimientos que depusieron a Machado en 1933 y a Batista en 1959.

A diferencia de las insurrecciones del siglo XIX, que hicieron gala de meridiana claridad tanto en sus objetivos (anexión o independencia) como en su método (el levantamiento armado en campo abierto), las revoluciones cubanas del siglo XX fueron refriegas urbanas contradictorias, entre bandas que a menudo buscaban fines imposibles de conciliar entre sí. La historiografía oficial exalta la leyenda del foco guerrillero y las épicas batallas libradas en la Sierra Maestra. Pero lo cierto es que el soborno a los mandos del ejército fue mucho más eficaz que la parte estrictamente militar de la lucha, que hasta diciembre de 1958 consistió en escaramuzas de poca monta. De no haber sido por el dinero de la burguesía nacional y la función que desempeñaron las ciudades en 1957 y 1958, los alzados castristas podrían haber pasado medio siglo en las montañas sin alcanzar la victoria, como les ha ocurrido a las guerrillas colombianas.

En otro lugar he afirmado que el triunfo de Castro en 1959 fue consecuencia de una combinación letal de terrorismo urbano, represión policial, lucha guerrillera, corrupción y desidia gubernamental, mala prensa, expectativas descabelladas, suspensión del apoyo estadounidense y desafección de las clases media y alta, que terminaron por financiar generosamente a los grupos rebeldes, y no el simple resultado de una campaña militar que derrotó al ejército nacional, como cuenta el Gobierno actual. Pero la concurrencia de esos factores no habría tenido la misma eficacia sin la vigencia previa del mito de la revolución inconclusa y la creencia en un destino nacional grandioso que allanaron el camino a la tiranía totalitaria en 1959.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Jueves, 22 de Marzo de 2018 01:49
 
De pies secos y mojados PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Sábado, 14 de Enero de 2017 11:51

Por CARLOS A. MONTANER.- 

¿Le queda alguna concesión por hacer a Barack Obama? Por lo menos una. Cuba le ha pedido encarecidamente que la víspera de abandonar la presidencia libere a la espía Ana Belén Montes, cuyas delaciones le costaron la vida a algunos agentes norteamericanos. Obama se lo está pensando.


Uno de los últimos actos de gobierno del presidente Barack Obama ha sido legitimar la repatriación a Cuba de los “pies secos”. Era una medida solicitada insistentemente por la dictadura de Raúl Castro. Obama volvió a complacerlo sin exigirle nada a cambio.

Los pies secos son los cubanos que llegaban a territorio norteamericano sin visa, ya fuera por tierra, casi siempre en los puestos fronterizos mexicanos; por mar en balsas o pequeñas embarcaciones; o por aire en aeropuertos en los que aterrizaban en tránsito, supuestamente, hacia otros países.

Los “pies mojados” –los cubanos que eran interceptados por los guardacostas en el mar– ya eran deportados desde que Bill Clinton lo decretó a mediados de los años noventa y pactó con Fidel Castro que los aceptara, a cambio de otorgar a Cuba 20,000 visas todos los años.

Por otra parte, continúa vigente, mientras el Congreso no la derogue, la Ley de Ajuste de 1966. Cualquier cubano que ingrese legalmente en Estados Unidos, al año y un día de haber entrado en el país puede solicitar la residencia.

Devolver a los cubanos que emigran por razones materiales es ignorar que la situación económica de la Isla es la consecuencia de un sistema profundamente injusto

Como la existencia de la Ley de Ajuste se debió a que Cuba se negaba a aceptar la repatriación de sus ciudadanos, y algo había que hacer con ellos para regularizar su situación, es probable que el Congreso de Estados Unidos eventualmente elimine esa legislación, en vista de que Raúl Castro ya los admite de regreso.

En todo caso, devolver a los cubanos que huyen de su país, dado que emigran por razones materiales y no porque son perseguidos políticos, es ignorar que la situación económica de la Isla es la consecuencia de un sistema profundamente injusto e improductivo impuesto a sangre y fuego a esa sociedad. En Cuba, menos los perseguidores, todos son perseguidos políticos.

Además, miles de cubanos que habían emprendido la caminata hacia la “tierra prometida” han quedado varados en las selvas de varios países latinoamericanos, ya sin esperanzas de arribar algún día a Estados Unidos. Se encuentran hoy a merced de mafias y coyotes. Muchos de ellos morirán irremediablemente.

También se anunció el fin del programa de acogida preferencial de los médicos “internacionalistas” cubanos que solicitaran la protección acogiéndose a una medida dictada por George W. Bush. La mayor parte se refugió en Colombia a la espera de que la embajada de Estados Unidos les entregue las visas, como Washington había prometido.

Estos médicos son “esclavos de bata blanca” alquilados por Cuba a otras naciones como Venezuela, Brasil, Angola o Argelia, lo que le ha ganado al régimen de la Isla el sobrenombre de “gobierno proxeneta”. La Habana se reservaba entre el 80 y el 90% de los salarios de sus “esclavos”, abonados por las naciones donde prestaban los servicios. Hasta ahora unos 8.000 han escogido la libertad.

Desde la perspectiva del régimen cubano estos profesionales tenían tres funciones: procurar grandes cantidades de divisas (una de las mayores fuentes de ingreso del Estado), servir de propaganda sobre la solidaridad de la revolución y –algunos de ellos, los “policías”– contribuir a labores de inteligencia.

Tal vez Trump restaure el programa de acogida a los médicos, basado en el reconocimiento implícito de que Cuba es un Estado enemigo

El Gobierno de George W. Bush creó el programa para contrarrestar los tres objetivos: privar de recursos a un país enemigo; neutralizar la propaganda internacionalista con las constantes deserciones; y saber exactamente lo que sucedía en las filas de la revolución, dado que los médicos que escapaban eran una fuente inagotable de información.

¿Qué hará Donald Trump a partir del 20 de enero? Probablemente –nunca se sabe con este contradictorio personaje–, no intentará restituir el privilegio de los “pies secos” cubanos, porque sería incongruente con su rechazo a los inmigrantes ilegales, pero tal vez restaure el programa de acogida a los médicos, basado en el reconocimiento implícito de que Cuba es un Estado enemigo, algo que George W. Bush y los presidentes que lo precedieron en el cargo, republicanos y demócratas, tenían muy claro.

Para los asesores de Trump, los generales y los civiles, es obvio que la Cuba de Raúl Castro es un adversario tenaz dedicado a perjudicar los intereses de Estados Unidos y como a tal lo van a tratar.

Saben que el aparato cubano de inteligencia y propaganda es el principal sostén de la Venezuela chavista y de los países del Socialismo del Siglo XXI. Tampoco ignoran que los hábiles operadores de la Dirección General de Inteligencia (DGI) cubana les han franqueado las puertas de América Latina a Irán y a los terroristas islámicos, y no olvidan los recientes envíos clandestinos de pertrechos de guerra a Norcorea o a los narcoguerrilleros de las FARC y el ELN descubiertos en un puerto colombiano.

¿Le queda alguna concesión por hacer a Barack Obama? Por lo menos una. Cuba le ha pedido encarecidamente que la víspera de abandonar la presidencia libere a la espía estadounidense Ana Belén Montes, cuyas delaciones le costaron la vida a algunos agentes norteamericanos. Obama se lo está pensando.

Última actualización el Viernes, 20 de Enero de 2017 13:06
 
LOS HEROES ESTAN FATIGADOS: DEL EXILIO HISTORICO AL FOLKLORICO PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Lunes, 12 de Marzo de 2018 17:02

Resultado de imagem para desayunos de los exiliados cubanos en miami

Por Santiago Cárdenas.- 

No molestamos. Nos hemos convertido en un exilio cultural. Los otroras  "duros"  mueven a compasión  con sus desayunos, memoriales, conferencias, peñas, lanzamientos, bloges, selfies, homenajes, publicaciones y un etcétera largo que no voy a mencionar porque no estará exento de cierta crueldad.


LOS HEROES ESTAN FATIGADOS : DEL EXILIO HISTORICO AL FOLKLORICO.

Asistimos a la muerte lenta  de los héroes. Están mas que fatigados : acabados. La  biología, el paso de los años y la involución, doblegaron  a los robles. La demencia   es patente. Ni una sola propuesta política viable en muchos años y el poco caso que en  la isla  generamos son la mejor prueba  de la nadiedad. Primero fueron los largos decenios del anodino impasse luego de la muerte de Mas Canosa;  luego   la mordida del anzuelo envenenado del pacifismo a ultranza. Ahí están los resultados.

Nada de esto desmerita la sangre, el sudor y las lágrimas de varias generaciones de cubanos  patriotas anónimos que  dejaron una impronta indeleble (una deuda nunca saldada ) en la historia con mayúscula de la Patria.

Liquidados y fuera del juego político, insensiblemente,inconscientemente, hemos  ido buscando  el  acomodo en sucedáneos pacíficos y folklóricos que hacen las delicias de la in volución cubana que ya no es retada desde el exterior. No molestamos. Nos hemos convertido en un exilio cultural. Los otroras  "duros"  mueven a compasión  con sus desayunos, memoriales, conferencias, peñas, lanzamientos, bloges, selfies, homenajes, publicaciones y un etcétera largo que no voy a mencionar porque no estará exento de cierta crueldad.

No. No es "culpa" de nadie. La falta de creatividad y de energía son propias de la senectud. Pero, lo importante : el meollo del asunto sigue siendo válido : van, vamos, a morir como buenos y de cara al sol. Con la alegría del deber cumplido.

La jubilación colectiva y los santos óleos deberían  administrarse sin demora al exilio "coherente", antiguamente  llamado : histórico, derechista,intransigente , reaccionario, combativo........... Su coherencia  continuará siendo válida  si pudiera pasar el batón simbólico, sin sobresaltos, a las nuevas generaciones que van entendiendo mejor las actuales circustancias y las maneras mas  inteligentes de afrontarlas.

Estos pinos nuevos fueron mencionados en un artículo precedente de este autor, sin  la mas mínima intención de hacer un juicio de valor de alguno de ellos, ni de todos  como un  conjunto.Rosa Payá,Orlando Gutiérrez ,Lilo Vilaplana y Marcell Felipe forman un  cuadrilátero  de notable posibilidades. Y no son los únicos.

El exilio coherente debería tenerlos muy en cuenta en el traspaso,sin fanfarrias, de  nuestras  responsabilidades hacia otra generación. Repito con candor, que no es mi intención  calificar  a algunos de los mencionados anteriormente. Sé muy bien  que  los juicios  de valor sobre los líderes son inevitables y pronto  comenzarán los murmullos.Pero, sigo siendo optimista; confío en las nuevas generaciones y conozco que el optimismo es mas contagioso que el flú.

Última actualización el Lunes, 19 de Marzo de 2018 02:00
 
La Constituyente y el ostracismo venezolano en el contexto latinoamericano PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Miércoles, 02 de Agosto de 2017 14:16

 

Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.-

Naples. Estados Unidos. Hace poco me referí a algunos acontecimientos que sacudían a nuestra región, esa que el colosal cubano José Martí llamara  –con justicia y conocimiento de causa– “Nuestra América”.

Volver a tratar el asunto regional, pudiera parecer algo así como “llover sobre mojado”. Sin embargo, al considerar la connotación del hecho más significativo de las últimas horas resulta necesario volver al escenario latinoamericano, por cuanto, el hecho en sí que pretendo tratar y los sucesos derivados de él, han repercutido sobremanera en el entorno de estas nobles tierras.

Finalmente este domingo Nicolás Maduro en un acto de total desfachatez,  dejando a un lado opiniones internacionales y los resultados de un 98.4% de los participantes en la votación convocada por la oposición en contra de la Constituyente, fue capaz de lanzar su proyecto a “votación popular” para proceder a la elección de aquellos que formarán parte de su nuevo instrumento de poder: la Constituyente.

Varios analistas y politólogos – de los respetables-, y otros que comentan y se disgregan en lo superficial y lo imaginativo han tratado el tema, y analizado, al menos los primeros, las consecuencias que sobre el pueblo venezolano podrá traer la instauración de una serie de cambios constitucionales, esto es, un nuevo poderío sobre el poder existente, lo que deja a un lado todo vestigio democrático y le permitirá al régimen actuar a su conveniencia. (Cualquier similitud con el estilo de gobierno de la mayor de las Antillas no es pura coincidencia, como suele decirse, sino una verdadera clonación que tiene su génesis en la perversidad de Castro y su séquito más ortodoxo. Cuba es pues el modelo inspirador de la Constituyente).

Así las cosas, no volveré sobre lo mojado, ni seré reiterativo por respeto a los lectores, y mucho menos me situaré del lado de los imaginativos que tanto abundan en estos tiempos; pero si insistiré en un punto crucial que marca el acontecer de las naciones del continente: el rechazo total de la mayoría de los pueblos de “Nuestra América” a la Constituyente que impone el régimen chavista-madurista en Venezuela, lo que implica su aislamiento y un estado de ostracismo que la hace desaparecer del contexto de la región junto a sus pocos aliados: Cuba, Bolivia y Nicaragua.

Unas semanas antes de la consumación de la manipulación eleccionaria, el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, durante una breve y sorpresiva visita a La Habana intentó tratar el tema venezolano con Raúl Castro, y lo hacía desde una posición firme en defensa de la democracia de la nación suramericana, y ante todo, para poner freno a la oleada represiva de las fuerzas policiales y a las múltiples muertes como consecuencia de las acciones de protesta.

Esto no funcionó, aunque el presidente Santos se ha mantenido con firmeza en su idea, por lo que el 29 de julio, a menos de 48 horas de la simulación eleccionaria de Maduro, afirmó que Colombia – país al que han llegado miles de venezolanos huyendo de la miseria y la violencia- no reconocería los resultados de la Asamblea Constituyente.  Se refirió a su origen espúreo y al oscurantismo en que se halla sumido el vecino país, y reiteró su solidaridad con su pueblo.

Al sentir del presidente colombiano se unían, aún antes de conocerse los resultados del simulacro del domingo, Perú y Argentina, cuyos presidentes se pronunciaron contra el régimen de Maduro y declararon que desconocerán los resultados de la votación en Venezuela. Kuczynski y Macri han sido enérgicos críticos de la actitud de Maduro, y de igual forma se han manifestado contra la brutal violencia existente en el país. La cancillería peruana se refirió a la violación de normas  constitucionales venezolanas y a la eliminación de la voluntad popular, lo que rompe con el orden democrático.

Chile también se ha unido a la lista de países cuyos gobiernos consideran ilegítima la elección por la Constituyente. La administración Bachelet manifestó "su profunda decepción" ante la decisión del régimen de Maduro y consideró las elecciones ilegítimas, acusando al régimen de no garantizar una verdadera votación universal y democrática, ni dar cumplimiento a los requisitos establecidos en la propia constitución vigente en el país.

Ecuador - país que está dando cambios muy positivos con su nuevo presidente, Lenín Moreno, quien considero que de manera premeditada pretende salirse de la influencia socialista- a través de su cancillería, ha publicado un breve comunicado oficial caracterizado por una sutil forma de tomar partido sin hacerse notar, con lo que esquiva un tanto las fuertes polémicas desatadas en los últimos tiempos en relación con los cambios generados por el actual mandatario, y que resultan totalmente opuestos al estilo de su predecesor Rafael Correa.

En la página del Ministerio de Relaciones Exteriores y Movilidad Humana de Ecuador apareció con el subtítulo: “El Ecuador ratifica su apoyo a todo proceso que busque la paz en Venezuela”, una nota en la que se hace mención a la idea de la no injerencia de ciertos estados en los asuntos internos de Venezuela; aunque al mismo tiempo se proyectan en pos de apoyar y acompañar “todo proceso de diálogo que busque la paz y reconciliación”, lo que se afirma justo el mismo día de las elecciones por la Constituyente, con cuyo procedimiento no se logrará la paz, ni la reconciliación, por lo que habría que cuestionarse entonces cual es el verdadero sentido de un mensaje que elude comprometerse como para no traicionar del todo al remanente que queda de la  izquierda latinoamericana. La idea de “respeto al pueblo de Venezuela y su derecho a expresar su voluntad” hablan per se.

En cambio el destacado político Jaime Nebot, líder opositor al régimen correísta y alcalde de Guayaquil expresó que “lo que ocurre en Venezuela nada tiene que ver con las ideologías. Es un brutal e inhumano abuso de poder y una descarada violación de todo concepto democrático y civilizado. Quienes creemos en la libertad y el derecho demandamos la inmediata y pertinente acción de la comunidad internacional hasta librar a los venezolanos de la miseria y tiranía”.

Otros países del continente como México, Estados Unidos – que a través de su Departamento del Tesoro sanciona a Maduro por elecciones ilegítimas-, Canadá, Brasil, Costa Rica, Panamá y Paraguay, se han unido al no reconocimiento de los resultados de la nueva madurada, a los que se unen naciones como Noruega, España, Suiza, Reino Unido, y organismos como la Organización de Estados Americanos, OEA, y de manera particular su Secretario General, Luis Almagro, así como la Unión Europea.

Desde Cuba, cuyo régimen dictatorial ha sido la cabeza pensante de la instauración del socialismo en Venezuela, se siguen apoyando las acciones terroristas del régimen de Maduro. El Dr. Machado Ventura, durante su intervención por el 26 de julio, se encargaba de atacar al gobierno norteamericano por su injerencia en Venezuela; sin embargo guardó silencio respecto al centenar de muertos por las fuerzas policiales durante las acciones de protesta que por más de tres meses tienen lugar en el país.

La Cancillería boliviana acaba de emitir un comunicado en el que se pide a la comunidad internacional el reconocimiento del proceso constituyente en Venezuela, mientras que el presidente Evo Morales ha escrito – es preferible que escriba y que no hable, dada su pésima dicción y limitadas posibilidades expresivas-  en Twitter: “Venezuela es la punta de lanza contra el imperio. La soberanía y dignidad están en la conciencia del pueblo y en el poder de la democracia”, lo que sugiere su grado de incapacidad y sus errores conceptuales en relación con lo que significa democracia, dignidad y soberanía.

Desde Nicaragua, el dictador Daniel Ortega, llamó por teléfono a su colega en las andanzas socialistas para felicitarlo por la "histórica" votación para elegir una Asamblea Nacional Constituyente (ANC), según las últimas declaraciones  del Gobierno en Managua. Para Ortega ha sido una “victoria de todos”, lo que también refleja, además del desconocimiento del contexto político regional, el grado de enajenación en el que viven los pocos remanentes de la izquierda latinoamericana.

¿Quiénes son esos “todos” que han triunfado según Ortega? Nicaragua, Bolivia y Cuba - además de Venezuela que tiene sus días contados-, las únicas naciones, cuyos gobiernos totalitaristas, apartados del contexto de Latinoamérica, han preferido hundirse en el ocaso del perdido socialismo del siglo XXI antes de abrirse al mundo a través de la democracia.

 
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