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Artigos: Cuba
El Fanatismo, en la Historia y en la actualidad PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 29 de Enero de 2017 13:14

Por Raúl Fernández Rivero.-

Significado de fanatismo

“El sufijo ismo hace referencia a una doctrina, a una creencia en particular. Por otra parte, el término fan hace alusión a un seguidor más bien entusiasta de una persona o cosa en particular. Por ende, fanatismo significa el seguimiento y defensa vehemente de una persona, doctrina o religión de una manera extremadamente pasional, al perder así cualquier sentido crítico sobre lo que se es fanático.

El fanatismo es sin duda uno de los mayores peligros con los que se encontraron todas las sociedades, incluyendo la actual. Desde el fanatismo religioso y político al deportivo o musical, el fanatismo ha sabido movilizar las pasiones e instintos más profundos de los individuos.
Cuando una persona sustituye su conciencia, y deja de funcionar como sujeto único, por una ideología o creencia, despoja al enemigo de su condición humana. Ve, reflejado en su vecino o su compatriota, al enemigo que en su imaginación, le crea el fanatismo.

La obsesión de un fanático puede ser muy peligrosa ya que no se valoran otras formas de pensar que no sea la suya, y eso puede arreglarlo de manera moderada o violenta. Los obsesos de una idea confunden lo que imaginan con la realidad.

Esta adhesión tiene grados, su extremo es la adhesión incondicional a una causa, religiosa, política, de pasión por un equipo deportivo, por un figura pública actor, músico, deportista o político.  La mencionada ceguera puede llevar al apasionamiento extremo, que conduce al fanático a comportamientos, en ocasiones de manera violenta o irracional.

Todos somos o hemos sido “fanáticos” de algo o de alguien. Por ejemplo el fanatismo deportivo es muy común. Tanto por el base ball, el Futbol Soccer, el futbol Americano o el rugby, el básquet ball. En ellos vemos casos extremos

Los casos de los Hooligans europeos han sido públicos motivos de preocupación por la violencia de sus acciones antes, durante y después de estupendos encuentros futbolísticos y han sido demasiados. Peleas y destrucciones provocadas por Barras Bravas de equipos latino americanos han sido trasmitidas por TV generando la severa crítica de las comunidades. Hace solo unos días, exaltados “fanáticos” impidieron la continuación de un partido de Base ball en Venezuela. Estas manifestaciones generan víctimas y costos materiales.

También hemos visto muchos fanáticos de un estilo musical en especial. Recordamos a los fanáticos del rock and roll en los años 50, bailando en los pasillos de los cines o a personas actuando con violencia para entrar a un concierto. Así mismo jóvenes esperando con llantos y gritos a su artista preferido, teniendo que ser controlados por agentes de seguridad.

El fanatismo tiene antecedentes históricos de muy larga data. Bíblicos por ejemplo, y no hace falta retrotraerse al antiguo testamento. Piensen sólo en los que gritaban ¡crucificadle!, a un Jesús coronado de espinas, ensangrentado, azotado cruelmente,  cuando los líderes políticos religiosos del Sanedrín llevaron a Jesús ante Poncio Pilatos. Eran fanáticos religiosos que, estimulados en su fanatismo por sus líderes, llegaron a lanzarle piedras camino al Gólgota. Y sí de guerras religiosas habláramos teníamos para hacer todo un largo tratado.

No puede reducirse el fanatismo a personas de baja condición económica o educación mínima. El fanatismo no es propio de raza, sexo, educación o estado social particular. Es un estado posible en todos los seres humanos, cuando en un momento de preocupación, de crisis o de duda, alguien con un mensaje bien preparado y con las condiciones físicas o el lenguaje estudiado y apropiado sabe mover a los ciudadanos, con el propósito sublime de mejorar su calidad de vida, solo desordenan el orden social y ocasionan todo lo contrario.

El pueblo alemán es conocido por su alto nivel de educación y cultura. Allí, un individuo, de evidente de rasgos psicóticos, llevó la nación al colapso y cometió, con seguidores fanáticos, hechos de un carácter increíblemente cruel, como el holocausto. En esa Europa donde nació, creció y se difundió la democracia y la civilidad, líderes mesiánicos formaron y arrastraron a miles de fanáticos del fascismo en España, Italia, Austria, Hungría etc.  Conduciendo a las naciones a guerras sangrientas.

El fanatismo religioso, es usado en grupos islámicos, con resultados sangrientos sorprendentes, hasta por personas con grado universitario. Y debemos recordar los casos de líderes mesiánicos cristianos que, como en el caso de Guyana, provocaron suicidios masivos, o el caso de 82 seguidores del fanático religioso David Koresh que murieron en un irracional enfrentamiento con las autoridades. Pero también hay grupos de ateos fanáticos que se reúnen para hacer ritos supuestamente satánicos. No solo en USA, en todos los continentes, han existido casos horribles de fanatismo religioso, no ya de los extremistas del Islán, sino de  otras religiones. Claro que el caso de los herederos del hoy ya desaparecido, mesiánico líder islamista Osama Bin Laden y los mulá de Afganistán, el DAESH o ISIS, es de una fiereza repelente y bárbara, que los coloca en lo alto de la pirámide de los fanatismos.

Lo terrible de nuestros días es que el populismo político genera fanáticos, no solo en Latinoamérica, esto es universal. No únicamente de izquierda los hay, también y muy buenos, de la derecha. Tuve la ocasión de ver en vivo y directo el fanatismo que acompañaba a Fujimori en Perú. Digo, aunque algún amigo a lo mejor se moleste, que también lo viví en Panamá con  Noriega, aclamado por las gentes  en la Plaza  pública. En la Europa de hoy, populistas ilustrados están en puertas a ser electos.

Sobresale el populismo de izquierda, basado según cada país en un tema actualizado, como en Bolivia con la defensa de la población autóctona, o en Venezuela con la corrupción de la política tradicional, que se convirtió en un reclamo de todo el continente  y obligado  paso al fanatismo de la anti política. Un salto al vacío que le ha costado al continente millones de dólares en políticas erradas, pintadas de intenciones sociales, que al decolorarse están tomando los nuevos tonos de la persecución, la censura, la condena sistematizada a la prensa libre, el nacionalismo exagerado -más de discurso que de sentimiento-  y un proteccionismo que termina estatizando empresas y acabando con las reservas de la nación.

Ese fanatismo es una amenaza, pues genera un contra, tan o más fanático que el propiciante.  Exactamente de eso es de lo que debemos preocuparnos y ocuparnos. Las ideas se defienden con ideas y no con insultos. Las propuestas con mejores propuestas, pero solo el diálogo sano evita caer en el enfrentamiento, pues cuando éste se instala, ya no hay posible sana confrontación, sino la amenaza y las armas. Y  el poder del más fuerte, usado en contra de las ideas, es el que triunfa.

Preocupa que posiciones defendidas con violencia se hagan titular de prensa y preocupa que esas ideas generen reacciones exageradas de quienes no las comparten. La democracia no es solo obtener el poder por el voto popular, es mantenerlo por la vigilancia y la contraloría popular. Toda idea tiene opositores, o disconformes,  pero eso no es motivo para que se actúe con la misma fanática obsesión con que se plantean los  proyectos. Alguien tiene que llevar cordura al medio del conflicto. Y esa cordura, que se acompaña de moderación –que no significa renuncia a los principios- permite que el conjunto encuentre una vía de satisfacer las esperanzas de todos y una mayor clarificación de las ideas de los unos y de los otros. Así se combate el fanatismo, que jamás ha llevado a nadie por el buen camino.

Raúl Fernández Rivero

 
Cien años del señor del mambo: Dámaso Pérez Prado PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 18 de Diciembre de 2016 17:47

Dámaso Pérez Prado (CC)

Por Raúl Rivero.- 

Dámaso Pérez Prado (Matanzas, Cuba, 1916), que cumple esta semana sus primeros 100 años, está vivo y presente en la música porque inventó una manera delirante y sensual de hacer bailar a los hombres y las mujeres. Sí, él descubrió el mambo enmascarado en lo hondo del danzón clásico de su país y lo puso en su piano y en sus orquestas para que se alcanzara una forma especial de felicidad.

Hijo de un periodista y una maestra, el niño matancero aprendió piano enseguida y ya en ese universo artístico comenzó a desarrollarse también como arreglista, apareció el compositor y el director.

Hacia 1940, Pérez Prado se mudó para La Habana y comenzó a trabajar con grupos musicales que actuaban en los principales clubes de la ciudad ubicados en las cercanías de la playa habanera de Marianao o en las peligrosas y atractivas esquinas que rodean el puerto.

La historia rigurosa suele decir que Pérez Prado, a partir de un ritmo que habían comenzado a ensayar y a popularizar los hermanos Cachao y Orestes López, configuró la estructura del mambo tal y como se conoció después y se hizo mundialmente famoso. Pérez Prado le añadió los cambios que quiso y lo comenzó a montar en la programación de la orquesta Casino de la Playa de la que era director y arreglista, hasta que luego, en 1945, fundara su conjunto.

La polémica sobre la paternidad del mambo nunca se ha terminado, pero lo que nadie duda es que Pérez Prado contribuyó a hacerlo más bailable y lo difundió por el mundo entero.

En México, su segunda patria donde murió en 1989, por estos días volverán con más frecuencia a los salones y a las reuniones de amigos nostálgicos algunas de las piezas clásicas de Pérez Prado como Cerezo rosaPatriciaMambo número 5El ruleteroNormaLa de GuadalajaraLa chula lindaMambo en trompeta.

También en Cuba lo recordarán algunos conocedores y amantes de su música, porque el hombre del mambo fue tratado con distancia siempre por los burócratas de su país porque aunque se había ido a ese país vecino en 1948, mucho antes de la llegada de Fidel Castro a La Habana, nunca volvió.

Algunos amigos aseguran que en los últimos años de su vida, ya retirado y encerrado, quizás, en los recuerdos de sus días de gloria, Pérez Prado leía (o veía) fotonovelas. Sus preferencias literarias, como puede entenderse, eran bastante elementales, pero algunos de los grandes escritores de América Latina sí eran fanáticos de su música y así lo escribieron.

En 1951, un Gabriel García Márquez muy joven le dedicaba este párrafo: «Cuando el serio y bien vestido compositor cubano Dámaso Pérez Prado descubrió la manera de ensartar todos los ruidos urbanos en un hilo de saxofón, se dio un golpe de Estado contra la soberanía de los ritmos conocidos».

El pianista de Matanzas no había leído al colombiano que, al igual que él, halló refugio para trabajar y crear en Ciudad de México. A lo mejor lo había visto en los diarios y no podía saber lo que pensaba de su música el autor de Cien años de soledad.

También es seguro que Pérez Prado no leyó una página de su compatriota Alejo Carpentier, pero el novelista, ensayista y musicólogo habanero sabía mucho sobre el matancero. «Hay mambos detestables», escribió, «pero los hay de una invención extraordinaria, tanto desde el punto de vista instrumental como desde el punto de vista melódico. Pérez Prado, como pianista de baile, tiene un raro sentido de la variación, rompiendo con esto el aburrido mecanismo de repeticiones y estribillos que tanto contribuyó a encartonar ciertos géneros bailables antillanos».

Ahora sí, el que lo dejó clavado con un sobrenombre que lo acompaña en estos cien años fue su amigo el cantante Benny Moré, el Bárbaro del Ritmo. Moré era conocido por su capacidad de improvisación y en una actuación en Ciudad de México, en la década del 40, entró en el controvertido asunto de la paternidad del mambo y se preguntó: «¿Quién inventó el mambo que me sofoca?/ ¿Quién inventó el mambo que a las mujeres las vuelve locas?/ ¿Quién inventó esa cosa loca?/ Un chaparrito con cara de foca».

Eternidad y memoria para ese chaparro lleno de música.

CUBANET

Última actualización el Miércoles, 28 de Diciembre de 2016 13:45
 
¿Quiénes, cómo y cuándo vamos a construir el socialismo? PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Viernes, 30 de Diciembre de 2016 12:26

Por FRANCISCO ALMAGRO DOMÍNGUEZ.- 

Un viejo chiste cuenta que a un difunto le ofrecen el infierno en sus dos versiones: socialista y capitalista. Contra toda lógica, escoge la condenación socialista, despreciando el infierno de mercado donde, supuestamente, habría menos sufrimiento. A la pregunta de por qué tan rara elección, el finado responde: "En el infierno capitalista todo funciona: el combustible, los fósforos, el tipo que debe quemarte. Pero en el socialista si hay petróleo no hay fósforos, y si hay combustible y chispa no ha venido a trabajar el que debe prender el fuego… en fin, nunca te pueden quemar".

La broma vino a mi mente tras leer los informes en la clausura del VIII Periodo Ordinario de Sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular en la VIII Legislatura, en el Palacio de Convenciones, el 27 de diciembre de 2016. En una secuencia de intervenciones que pudiesen desmenuzarse en sus intrínsecas y muy visibles contradicciones, las informaciones de los Ministerios de Economía y Planificación y de Finanzas y Precios tratan del más o el menos de los fósforos y el petróleo, poco del hombre que debe encender el fuego.

Así, Ricardo Cabrisas Ruiz, vicepresidente del Consejo de Ministros y ministro de Economía y Planificación tiene una frase de una falta de originalidad antológica: "somos de la opinión que tendremos una solución definitiva a estos ya tradicionales déficits en nuestros planes, solo si producimos más mercancías y servicios, tanto para el mercado nacional como para el externo y reducimos los gastos en todo lo que sea posible". Al estilo más propio de Tres Patines que del experimentado oficial de inteligencia y diplomático Cabrisas, concluye: "El plan que presentamos hoy a esta Asamblea es tenso y no sin riesgos, con gestiones en marcha aún pendientes de definición, pero estimamos que lo podemos cumplir".

La intervención de Lina Pedraza, ministra de Finanzas y Precios es titulada por Juventud Rebelde como "La exigencia del deber y el control, allí, en cada puesto de trabajo". En su informe, esta frase que parece no haber sido suficientemente entendida en toda su implicación futura: "la inversión extranjera continúa siendo muy baja en su participación respecto a la inversión total, representando solo el 6,5% del Plan… no se logra que la inversión extranjera desempeñe un papel fundamental en el desarrollo económico del país, según el Lineamiento 78".

A pesar de eso, las comisiones de Asuntos Económicos y Asuntos Constitucionales y Jurídicos, refrendaron como positivos ambos informes y para sellarlos con frases harían las delicias del mejor Cantinflas, por ininteligible, promulgan: "El proyecto que se presenta, expresa los avances programados en el proceso de perfeccionamiento del Sistema de Administración Financiera del Estado en correspondencia con el pronunciamiento de esta Asamblea Nacional, el mismo está compatibilizado con los niveles de actividad planteados en el Plan de la economía y garantiza la sostenibilidad de las políticas públicas que se aplican en la actualización del modelo económico. Se planifica a partir del incremento de la eficiencia empresarial, en el uso de los inventarios como fuentes del plan y su mayor control y gestión".

El caso cubano era sui géneris hasta la llegada de Venezuela, quien emula ser peor ejemplo porque allí no se sabe ni qué sistema gobierna. Nuestra idiosincrasia latina, aderezada con esa brisa de suave tropicalidad, tiende al choteo, a la falta de profundidad que muy bien describió Jorge Mañach. A ello se suma el tradicional irrespeto por las instituciones y la idolatría del caudillo, típico rasgo del continente socialmente inmaduro que habitamos. Nos volvemos mansos e improductivos en ambientes de excesivo control, de institucionalidad programática, de la misma manera que somos creativos y luchadores en ambientes de libertad y de oportunidades.

No era necesario —aunque fue muy sano— que Obama lo dijera en la misma Habana: "En una economía global, impulsada por las ideas y la información, el mayor recurso de un país es su gente. En Estados Unidos, tenemos un claro monumento a lo que el pueblo cubano es capaz de construir: se llama Miami. Aquí en La Habana, vemos ese mismo talento en los cuentapropistas, las cooperativas, los autos antiguos que todavía ruedan… El cubano inventa del aire".

Los documentos y aprobaciones unánimes de la Asamblea Nacional pueden ser recortados y pegados en diciembre del 2006, 1996, o 1976. Tienen la virtud de la no obsolescencia, de no tener fecha de caducidad. Y los nombres de los ministros podrían ser cambiados por Humberto PérezJosé Luis Rodríguez o  Francisco Soberón.

No se trata de que el modelo socialista de economía planificada sea el fracaso que ha demostrado ser en todo lugar y toda época, por inoperante, anticientífico e inaplicable. Es que es inhumano. No tiene en cuenta la naturaleza cambiante y particular de cada cultura, de cada sociedad. El hombre está pensado para el modelo, y no el modelo para el hombre.

Y ese parece ser el mayor fracaso. No solo que no haya fósforos o petróleo, sino que el hombre que debe prender el fuego no existe, no ha existido, ni existirá porque no es esa la naturaleza humana. A pesar de eso, el presidente cubano ha alertado en la Asamblea Nacional de que "no vamos ni iremos al capitalismo, eso está totalmente descartado". Ante esa máxima, cualquier cubano de a pie diría okey, pero por fin… ¿quiénes, cómo y cuándo vamos a construir el socialismo?

DIAIRO DE CUBA

Última actualización el Viernes, 06 de Enero de 2017 12:29
 
Steiners cubanos PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 01 de Enero de 2017 12:37

Por JOSÉ PRATS SARIOL.- 

Reafirmé mi certeza de que no todo lo que George Steiner escribía eran nueces cuando leí el artículo de hace años de Mario Vargas Llosa contra sus "inepcias" —así las llama el Nobel peruano—. Acabo de releerlo a propósito de ciertos intelectuales cubanos —no solo oficialistas, como Pedro de la Hoz, musicólogo que ejerce de inquisidor cultural—, que resbalan con la misma cáscara que les hace creerse duchos en casi todo: aptos para disertar "profesionalmente" sobre economía política y abstraccionismo, antropología y música concreta, historia y poesía, arte narrativo y filosofía...

Lectura para "nuevos cultos" —definición que tomo de las caracterizaciones de  los "nuevos ricos"—, cierto ensayo-conferencia del profesor inglés irritó al novelista del Boom, aunque le concede algún piropo para limar el filo de sus críticas contra la ilusión del sabelotodo.  Igual nos pasa —mutatis mutandis— con algunos intelectuales cubanos —sean oficialistas o insubordinados—; aunque quizás en el caso de los exiliados se prefiera el silencio, para evitar acusaciones de provocar "fuego amigo". O por algo tan sencillo como que los autores son tan "buena gente" que a uno le da pena...

Y no se trata —desde luego— de casos patológicos como el del difunto Fidel Castro, siempre dispuesto a descargar —¿reflexionar?— sobre los más disímiles temas y personajes cubanos o no, culturales o no. Imposición que debió servirnos como antídoto —por contraste— para que ningún intelectual rodara peligrosamente a la definición de diplomático que diera un iconoclasta italiano: "El diplomático es un caballero capaz de hablar animadamente dos minutos sobre cualquier tema. Dos minutos. Tres resulta calamitoso".

Vargas Llosa no edulcora su juicio de valor contra el  infundado catastrofismo de Steiner. Desde el primer párrafo discrepa del afamado políglota judío nacido en Francia, aunque elogia lo estimulante que a veces resulta. Dice: "Pero, desde hace algún tiempo, tengo la sospecha de que comienza a sucumbir a esa tentación en la que suelen caer grandes talentos, la del facilismo frívolo, o aptitud para demostrar, con una prosa elegante y lo que parece sólida erudición, cualquier cosa, incluso algunas inepcias".

No puedo evitar pensar en que ese sayo —¿el "síndrome Steiner"?— le sirve a cubanos que conozco, sin la justificación de que la abrumadora mayoría de los políticos no tienen ningún pudor en opinar sobre cualquier cosa...

Porque desde luego que derecho nos sobra para opinar hasta sobre los aguacates de Catalina de Güines o las narconovelas; lo que no profesionalmente, lo que no desde el  buen o regular prestigio ganado en nuestros respectivos ámbitos. Porque doy por cierto que no nos gusta confundir al público no especializado, caer ocasionalmente en el facilismo frívolo, en inepcias transitorias, como he padecido en historiadores metidos a críticos literarios, periodistas que en programas televisivos hablan más que sus invitados, demógrafos metiendo la cuchareta en pronósticos sobre Cuba...

Recientemente llegué a escribir una crítica sobre una comedia de Alexis ValdésOficialmente gay— que vi representada en un teatro de Miami. Antes de enviarla para publicar tuve el pudor de llamarme al orden, decirme que no soy crítico teatral. La borré enseguida de mi ordenador, apenas conversé después con uno de los actores, Orlando Casín, pero ya como simple espectador...

Ahora que la brutal trivialidad mediática tiene como norma entrevistar a cantantes, actores y deportistas para que opinen hasta sobre la galaxia Andrómeda, con más razón debe evitarse saltar hacia precipicios exegéticos sin paracaídas. De ahí el alto nivel de exigencia que debe primar, sobre todo con aquellos que por su prestigio tienen una mayor responsabilidad.

Por eso el autor de La casa verde arremete contra "la artillería estadística que dispara Steiner" al vaticinar la muerte de la literatura, y de ahí la burla al invocar a Casandra. Le critica el "airecillo superior y socarrón", su "alegre masoquismo", la "innecesaria truculencia", la "delirante provocación" que olvida denunciar la subcultura con que se nos bombardea a diario, "de una estupidez vertiginosa"; y de la que indirectamente forma parte la frivolidad de hablar sin ton ni son sobre temas que uno no domina, disfrazado de intelectual omnisciente y gastando fama adquirida en otros menesteres.

Supongo que el brillante autor de Grammars of Creation recibiera la advertencia del talentoso novelista de La guerra del fin del mundo, bajo la certeza de que la crítica a veces ayuda más que el aplauso. Así quisiera que  se reciba la mía, porque algo de verdad está en la advertencia. Donde sí no hay nada que buscar  es en el "facilismo frívolo".

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Viernes, 06 de Enero de 2017 12:27
 
La Segunda Guerra Fría PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Domingo, 25 de Diciembre de 2016 13:39

Por Carlos Alberto Montaner.- 

MIAMI, Estados Unidos.- Hace exactamente un cuarto de siglo desapareció la Unión Soviética. La hecatombe ocurrió el 25 de diciembre de 1991. Fue la consecuencia directa del previo y fallido golpe de agosto de ese año. Vladimir Putin cree que se trata de la peor desgracia que le ha sucedido a su país, pero entonces la mayor parte de los rusos lo percibió como algo conveniente.

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Lo recuerdo nítidamente. Por aquellas fechas yo visitaba Moscú con cierta frecuencia para participar en actos académicos encaminados a discutir la conveniencia de terminar con el costoso subsidio al belicoso satélite cubano.

Última actualización el Martes, 03 de Enero de 2017 11:22
 
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