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Artigos: Cuba
Sin corrupción el castrismo no sobrevive PDF Imprimir E-mail
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Lunes, 26 de Abril de 2010 19:19

Por HUBER MATOS ARALUCE

En Cuba todo el que puede le roba al Estado; por eso la campaña para erradicar la corrupción no llegará muy lejos.  Ni arrestando a millones podrán detenerla.  Además, el castrismo no va a suicidarse… moriría sin la corrupción.

El círculo vicioso comienza con el Estado, que es el primer ladrón, el que impuso la ley de la selva; si no eres más rápido o más fuerte que el otro, te conviertes en su alimento. El Estado les arrebató  todo a todos.  Les hizo creer que los protegía del imperialismo y del egoísmo capitalista.

En su estudio sobre la corrupción en Cuba, Ricardo Puertas señala que: “Desde que la dirigencia revolucionaria llegó al poder en 1959, manejó los recursos del Estado cubano en forma patrimonial. Usó y se apropió de bienes públicos para beneficio personal”.

Así el sistema facilitó a sus incondicionales el hurto de los bienes públicos.  El ejemplo se contagió a todos los niveles sociales.  Eran los tiempos en que todos podían robar porque el gran ladrón había aprendido a timar a la URSS. Casa, comida, medicina gratis y educación.  El maná llegaba en abundancia de la Unión Soviética.

La Nueva Clase disfrutó de privilegios estimulados y tolerados por Fidel Castro. Esta casta fue en Cuba una consecuencia inevitable de la dictadura marxista-leninista, como ya había sucedido en todos los países donde se impuso esa ideología.  En Yugoeslavia, expulsaron a Milovan Djilas del Comité Central del Partido Comunista en 1953, por haber denunciado públicamente las  prebendas de la élite gobernante.

Las cosas cambiaron en los noventas. La URSS desapareció y, a falta de garante, las democracias occidentales dejaron de dar préstamos al castrismo.  Entonces el gran ladrón comenzó a sustraerle recursos a Venezuela y, aunque ya no había maná para tanta gente, los viejos hábitos del robo, del desperdicio y de la improductividad continuaron galopantes, en una economía cuya infraestructura  era ya obsoleta.

Cuándo ya no queda mucho a quién robarle,  ¿qué hacer?   ¿Cómo justificar el desastre y la pobreza?  Una alternativa es culpar a los corruptos: hacer propaganda para  entretener a los ingenuos que quedan todavía en Cuba y en el exterior; de paso, eliminar a quien estorbe o se le tema, entre ellos a algunos viejos miembros de la Nueva Clase y a sus socios capitalistas extranjeros.

Según Marx, la última etapa del socialismo debiera ser el comunismo.  En Cuba la última etapa del castrismo es la corrupción, descontrolada y generalizada y, ¡sálvese el que pueda!  Raúl lo sabe, pero tiene que seguir repartiendo plata para los amigos y plomo para los enemigos. Por eso la guerra contra la corrupción es un truco al descubierto que no engaña a nadie.

Las tiranías gobiernan con represión y con corrupción. La corrupción solo se puede combatir con posibilidades de éxito en un verdadero Estado de Derecho, nunca en un Estado ladrón.

San José, Costa Rica

Última actualización el Lunes, 26 de Abril de 2010 19:21
 
PARAPETADOS SIN SALIDA PDF Imprimir E-mail
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Jueves, 22 de Abril de 2010 11:25

Por OSWALDO YÁÑEZ

En el cónclave de mandos que se produjo en el Palacio Presidencial hasta altas horas de la madrugada se evaluó la irresoluble coyuntura que enfrentan los disímiles mandos y cargos de la revolución castrista, ninguna solución sino apretar más la garra que oprime al pueblo. Los dirigentes, uniformados o no, fueron informados de que si era preciso todos correrían la suerte del General Ochoa y sus cómplices. La advertencia de discreción, honradez y fidelidad fue recibida con miradas que iban desde el asombro hasta el odio, todos se creían en posesión del derecho a hacer de su guerrera un sayo como prebenda por cerrar filas contra el enemigo y miraban al tuerto sabiendo que era la causa de las investigaciones y sonsaques que se han venido produciendo últimamente.

Última actualización el Jueves, 22 de Abril de 2010 11:27
 
Carta al cardenal Ortega PDF Imprimir E-mail
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Miércoles, 21 de Abril de 2010 19:40

Por JOSE AZEL

Eminencia Cardenal Jaime Lucas Ortega: Todos estamos de acuerdo en que Cuba se encuentra en una crisis donde se necesitan cambios de carácter urgente y que el sentimiento de que el cambio es necesario se ha convertido en un consenso nacional. Pero insistir que el gobierno respete las libertades individuales y los derechos humanos no es, como usted afirma, ``comenzar por el final''.

La Cuba de hoy puede ser descrita como ``un país imposible'', con estructuras económicas y sociopolíticas insostenibles, en el que para la mayoría de los cubanos, el trabajo ha dejado de ser la fuente principal de sus ingresos. Como usted sabe, los cubanos, imposibilitados de vivir del resultado de sus legítimos trabajos, han desarrollado una ética, que lo justifica todo. Esta es una manera de vivir con la incoherencia de la vida en Cuba, donde para escapar de un futuro absurdo sin posibilidades, la sociedad civil ha cometido una especie de suicidio filosófico y ético. Estos son elementos que, estoy seguro, le preocupan a usted profundamente.

Pero la salida a la problemática cubana no radica solamente en combatir las deplorables condiciones económicas. Las potencialidades de Cuba como nación dependerán más de las libertades individuales y la autonomía personal que de un determinado conjunto de reformas económicas. Como Santo Tomás de Aquino nos enseñó: ``La mayor manifestación de la vida consiste en esto: que un ser humano gobierne sus propias acciones''.

Los derechos políticos y libertades civiles no son, como sugieren sus declaraciones, lujos superfluos para ser añadidos al fin de un programa de reformas económicas. Ellos son la esencia misma del progreso que le otorga a una ciudadanía el poder para corregir errores, expresar descontento, y provocar cambios en el liderazgo de la nación. Insistir en derechos políticos y libertades civiles no es, Su Eminencia, ``comenzar por el final''. Cualquier esfuerzo reformista que pretenda dejar a la sociedad civil inarticulada e incapaz de responsabilizar a sus funcionarios está ignorando que una sociedad moderna no puede funcionar en el mejor interés de los ciudadanos sin un sistema eficaz de controles y equilibrios.

La libertad, como Juan Pablo II señaló, consiste en tener el derecho de hacer lo que debemos. Y así, la libertad debe ser el primer paso para el cambio real y efectivo, que coincidimos los cubanos quieren porque es una condición necesaria para revertir la apatía política. La libertad, se destaca a la vez como un medio y un fin. La reconstrucción espiritual, sociopolítica y económica de la nación cubana no puede tener lugar en un ambiente totalitario, no puede tener lugar sin restaurar las libertades civiles y derechos políticos que permitan la práctica de la tolerancia heroica y sabiduría política.

Como usted señala, el cambio es necesario rápidamente. El Papa Juan Pablo II también nos enseñó que ``la experiencia histórica de los países socialistas ha demostrado tristemente que el colectivismo no acaba con la alienación, sino que la aumenta, añadiéndole una falta de necesidades básicas y eficiencia económica''. Para tener éxito, el proceso de reforma cubano deberá ser de base amplia, completo y llevado a cabo rápidamente. Tiene que tener como base una filosofía que faculte el sentimiento ciudadano para recuperar las energías individuales e iniciar la restauración de la responsabilidad individual sobre el colectivismo asocial y las ineficiencias que Juan Pablo II señaló. Por otra parte, Su Eminencia, las libertades individuales y el empoderamiento ciudadano no se deben descartar con la indiferencia con la que usted aparentemente lo hace al insistir en que deben ser considerados como meta final. Las libertades individuales son esenciales para vivir vidas dignas y plenas. Son fundamentales para otorgar dignidad a la existencia humana.

Los cambios económicos aislados que usted parece preferir, no se enfocan en las libertades individuales y el empoderamiento ciudadano, y condenarían a la sociedad cubana a vivir una existencia provisional de límite desconocido. Esta es una condición que lastima el espíritu humano y no promueve el desarrollo de valores espirituales o sociopolíticos. Su Eminencia, el cambio exitoso de que usted habla requiere, necesariamente, una visión convincente de esperanza para todos los cubanos; una realización irrefutable de una de las enseñanzas de la Iglesia: que la vida siempre puede recuperar su significado a pesar de sus aspectos trágicos. Requiere una visualización del futuro que no equipare la dignidad de una sociedad con sus ganancias económicas, o como el Señor nos ha enseñado, que ``no sólo de pan vive el hombre''.

Analista investigador del Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos de la Universidad de Miami.

Última actualización el Miércoles, 21 de Abril de 2010 20:10
 
Una mentira y unos ladrones PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Lunes, 19 de Abril de 2010 10:11
Última actualización el Lunes, 19 de Abril de 2010 10:13
 
GRANMA CONTRA SILVIO RODRÍGUEZ PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Lunes, 19 de Abril de 2010 01:13

Por CARLOS ALBERTO MONTANER

Granma ha atacado dos veces a Silvio Rodríguez. Esta gente no tiene límites. La primera fue con una caricatura ambigua (podía ser, además, Pablito Milanés) en la que aludía a la traición a los intereses de los pobres, ahora que el cantautor era rico y poderoso. Pero el ataque más crítico y humillante, el más serio y peligroso, apareció el viernes y, aparentemente, iba dirigido contra mí. Se titulaba: Al agente Montaner, “ni un tantico así”. La expresión “ni un tantico así” proviene de una frase del Che Guevara sobre Estados Unidos. A los enemigos, nada. Ni una concesión. Nada.

Era un tiro por elevación. Yo aparecía como diana, pero realmente le estaban disparando a Silvio por haber tenido la iniciativa de polemizar conmigo en un tono firme, aunque educado, intentando razonar sus posiciones. Silvio había concedido “un tantico así” y lo estaban llamando al orden. No pidió permiso para empezar y continuar nuestro intercambio de cartas y a la Seguridad del Estado no le gusta esa independencia de criterio. Por eso ordenaron el fin abrupto de la discusión.

Según los esquemas del aparato, los artistas en Cuba, a cambio del sustento del Estado, que a veces acarrea gloria, fama y ciertos privilegios,  deben limitarse a repetir consignas y seguir fielmente las pautas de la dirección ideológica. No se les paga para pensar por cuenta propia y mucho menos para expresar sus dudas. Los buenos revolucionarios no dudan. Aplauden y sonríen.

El artículo, escrito por la policía y firmado por cualquiera (esta vez le tocó a un patético franco- canadiense), repite las obscenas falsedades de siempre: supuestamente soy un terrorista, un siniestro agente de la CIA, y mi malvada intención es procurar la anexión de Cuba a Estados Unidos. Últimamente me acusan de asesinar curas y no sé de qué otra absurda barbaridad. Pronto demostrarán la incuestionable presencia de mi mano peluda en el secuestro del hijo de Lindbergh.

Da igual. Ellos saben que nadie cree esas mentiras, pero el propósito de repetirlas no es exactamente tratar de  desacreditarme,  sino construir artificialmente una descalificación que me deshumanice para hacer imposible cualquier trato. El mensaje al interior de Cuba a los intelectuales y a los políticos es muy claro: los adversarios de la dictadura cubana no son personas. Son monstruos y con los monstruos no se habla, se les denigra y aplasta.

Cada día que pasa a la dictadura cubana le resulta más difícil mantener el control sobre sus intelectuales. Hace cierto tiempo varios de ellos se atrevieron a criticar abiertamente la represión de los años setenta en el mundo cultural. Centraron sus críticas (un largo y áspero intercambio de mensajes por Internet) en dos ex funcionarios que habían perdido el favor popular, Luis Pavón y Jorge “Papito” Serguera, pero todo el mundo sabía que los verdaderos culpables eran los Castro y la férrea satrapía que han instaurado.

Tras la muerte de Orlando Zapata Tamayo la cosa fue más allá: varios valiosos escritores y artistas plásticos radicados en Cuba y vinculados a la UNEAC, el organismo oficial que reúne a numerosos intelectuales, se sumaron a los demócratas de la oposición interna y externa y se atrevieron a suscribir una carta pública en la que se acusaba al gobierno de la muerte del disidente. El documento, firmado por numerosas personas de izquierda, centro y derecha, ya se acerca a las cincuenta mil firmas y puede suscribirse en: orlandozapatatamayo.blogspot.com

Tengo la certeza de que el 80% de la intelectualidad cubana quiere cambios profundos que abran los cauces de participación para que los cubanos expresen lo que realmente desean sin tener que hablar o escribir al dictado de la policía. Algunos, cuando han salido al exterior, me lo han dicho con toda claridad: están cansados de ser peones al servicio de una tiranía torpe y cruel. Se sienten mal con el país, con ellos mismos y con sus familias. No quieren seguir siendo cómplices de un régimen que detestan.

Un viejo amigo, profesor universitario en La Habana, me lo acaba de reiterar a propósito del debate con Silvio: “Sabes que tú y yo discrepamos en muchas cosas, pero me parece estupendo que discutas con Silvio. Hay que demoler este cuarto oscuro en que nos tienen encerrados. Esto ya no hay quien lo soporte”.

Sí, hay que demolerlo, pero para ello tienen que sobreponerse al miedo, como acaba de hacer Silvio por unos días, y abandonar esa penosa docilidad en la que han vivido hace ya medio siglo. Si no se atreven a ignorar a la policía política jamás podrán vivir como personas libres y responsables. Aunque Granma ladre ustedes pueden quitarse la mordaza. Este es el momento. Tienen que arriesgarse “un tantico así”.

Última actualización el Lunes, 19 de Abril de 2010 01:15
 
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