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Artigos: Cuba
POLÉMICA: "Dentro de la revolución todo, fuera de ella nada" PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Miércoles, 06 de Julio de 2011 10:25

Por Orlando Luis Pardo Lazo

Contrapunto de los conceptos de un viceministro cubano justificando el castrismo en la cultura cubana.

Medio siglo después, el viceministro relanza aquellas 'Palabras a los intelectuales' de Fidel Castro en 1961.

Viceministro Fernando Rojas (CLACSO)

En arte como en política, los discursos de los epígonos, libres ya de la culpa original del Mesías, empiezan intentando una relectura liberal del evangelio revolucionario y terminan siendo puro fascismo. El intelectual cubano Fernando Rojas, más allá de su alto cargo gubernamental (de cuando en cuando en el campo literario cubano circula con horror el rumor de que sustituirá a Abel Prieto), no tendría por qué ser la excepción.

Medio siglo después de un ajuste de cuentas de ocasión, Rojas relanza al futuro aquellas Palabras a los intelectuales de Fidel Castro en 1961. No quiere dejar que sean los arqueólogos los que exhumen la violencia fósil del documento. Interpretar es higienizar. Y Rojas apuesta por ideologizar lo que fue un acto tan concreto como poner la pistola sobre un buró de la Biblioteca Nacional.

Se trata, por supuesto, de una intentona de golpe de estado contra la cultura cubana. Un proceso de rojización terminal. Y ojalá que sea exitosa esta maniobra, más allá de su demagogia científica y su cadencia republicana de partido estalinista en el poder. Porque la salud plena de cualquier cultura solo se logra bajo la botaza obscena de un déspota. Porque sin censura no hay resistencia moral que devenga en creatividad límite (de ahí los bostezos primermundistas de nuestro exilio estético). Porque el futuro depende a partes iguales de la víctima y su torturador, donde Fernando Rojas ahora mismo encarna con hidalguía histórica ese segundo rol (papel protagónico y para nada segundón).

Así pues, la próxima década promete ser tan gris como luminosa en las perspectivas de Rojas. Habrá debates de corte anti-dogmático sobre los grandes errores del pasado de la Revolución. La burocracia será burocráticamente lapidada por mil novecientas cincuentinovena vez. Habrá rectificaciones de rescate, incluso para los escritores no revolucionarios que no lleguen a ser incorregiblemente reaccionarios (puede que por ahí me salve en una tablita yo). Se blanqueará la rabia de Cabrera Infante y Reinaldo Arenas, como en su momento se blanquearon la ironía inicua de Virgilio Piñera y la socarronería atroz de Lezama. Se folclorizará la barbarie de Lydia Cabrera y serán obligatorios los estridentismos de Celia Cruz. Mientras tanto, el mercado seguirá siendo una herramienta medieval en las manos momificadas del Estado: la ilusión siempre inmersa dentro de la institución. Es la teoría de la zanahoria madura versus la tiranía del latigazo verde oliva.

Aplausos, ovación cerrada: así transcribía la prensa cubana la versión de los calígrafos de Fidel Castro. Y Fernando Rojas debió rematar así mismo la gramática de Granma de su último discurso. No debió sentir pena de ese coda que nadie en Cuba, excepto yo, le concederá. En efecto, aplausos y ovación cerrada es lo menos que se merece el monolitismo que lo traiciona de párrafo en párrafo, los que supuran un desprecio anti-intelectual que le quedaría mucho mejor articulado, en tanto autor, en una de esas novelas sobre la soledad de un sátrapa antes sádico y ahora senil.

Fernando Rojas le perdona magnánimamente la vida a sus niños nuevos cautivos (hombrecitos felices que le tienen pánico o lo putean, pero en definitiva niños perdidos del bosque que, más temprano que tarde, serán corregidos por los peterpanes políticos que los atienden). No hay cómo eludir sus buenas intenciones al blandir un papel empedrado como la única Ley. Nuestro Rojaspierre en el ministerio sabe que la analfabeticidad de la audiencia cubana está en proporción directa con su alto nivel educacional. Todos quieren crear, ergo será muy fácil entonces hacerlos primero creer. Y luego ya nos pondremos de acuerdo sobre héroes y tumbas, así como sobre becas y viajes, pero siempre cómplicemente entre compañeros, pues allá afuera y aquí dentro ya afilan sus cuchillos ciudadanos esa nunca tan útil como hoy contrarrevolución inescrupulosa e insaciable.

Sin embargo, a pesar del esfuerzo iluminista de Rojas, cacarear fuera de contexto "dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada", forwardear la frasecita sin leer ni por error el resto de aquel discurso primigenio, exagerar su carácter de apartheid cultural y ningunear las sutilezas semánticas del socialismo, acaso ha sido una suerte de venganza minimal, inconscientemente transgeneracional, casi un tweet anónimo que no se recuerda bien de qué usuario salió, una línea discontinua de fuga ante el monólogo megalomaniaco de décadas y décadas del Máximo Líder en su tribuna-tribunal. Parece seer que cada cual tiene la mala cita que se merece.

 

A continuación, el enfoque oficial de Fernando Rojas, viceministro de cultura castrista.

 

Fernando Rojas: 'Toda la producción cultural de valor pertenece a la Revolución'

El viceministro reclama para el régimen incluso lo creado fuera de la Isla y defiende la política cultural establecida tras 'Palabras a los Intelectuales'.

"Toda la producción cultural cubana de valor, realizada en Cuba o fuera de ella, pertenece a la Revolución", dice el viceministro de Cultura, Fernando Rojas, en el prólogo de su libro Cuba, cultura y Revolución: Claves de una identidad, en proceso de edición.

El texto ha sido publicado por el sitio oficial en internet La Jiribilla, como parte de un dossier por los 50 años del discurso de Fidel Castro conocido como Palabras a los Intelectuales.

"Sostenemos que nos pertenecen Cabrera Infante, Lidia [sic] Cabrera y Reinaldo Arenas, entre muchos otros. A todos ellos se les ha publicado en Cuba, a pesar de las protestas desde el exterior. Defendemos el criterio de que se debe escuchar a Celia Cruz", añade Rojas sin especificar que las obras de esos autores editadas en la Isla son las que el Gobierno ha considerado menos críticas y problemáticas para sus intereses.

Tampoco dice que las obras de esos y otros escritores exiliados han sido publicadas en Cuba cuando ya —salvo algunas excepciones— habían muerto, y que las protestas "desde el exterior" se deben a que no se respetó el deseo de muchos de ellos de no publicar en la Isla mientras los Castro estuviesen en el poder.

El viceministro dedica su texto a defender el discurso de Castro a intelectuales y artistas reunidos en la Biblioteca Nacional hace 50 años y que muchos consideran el punto a partir del cual se estableció la censura como norma y se trazó una política cultural que no permite el disenso de la ideología del régimen.

A juicio de Rojas, en las interpretaciones que durante las últimas décadas se han hecho de Palabras a los Intelectuales "se omite" una "perspectiva inclusiva" de Fidel Castro que, dice, "se extiende a los contrarrevolucionarios".

"La Revolución solo renuncia a los que sean incorregiblemente reaccionarios, a los que sean incorregiblemente contrarrevolucionarios", afirma Rojas.

Agrega que los "incorregiblemente contrarrevolucionarios" son actualmente "una exigua minoría, en Cuba y fuera de ella". Para describirla utiliza el razonamiento con que el régimen clasifica a sus opositores, aunque sin mencionarlos: El "aporte de estos 'intelectuales' se reduce a pretender organizar manifestaciones callejeras, siempre fracasadas, en sintonía total con la lógica de la política norteamericana contra Cuba" que pretende "crear un escenario más mediático que real de revuelta callejera" para  "organizar la intervención militar 'humanitaria' contra Cuba", dice.

El funcionario asegura que "las instituciones de la cultura" en la Isla "trabajan con el criterio de que todo lo valioso puede y debe ser promovido".

"La exclusión se refiere solo a 'los incorregiblemente reaccionarios' y, al mismo tiempo, distingue entre la posición política del autor y la obra valiosa que puede y debe circular".

La culpa es del Quinquenio Gris

De acuerdo con el prólogo de Rojas, son los funcionarios que dirigieron la política cultural del régimen durante el llamado Quinquenio Gris, en los años setenta, los responsables de "importantes desviaciones" de la "plataforma estratégica que trazó" Castro en Palabras a los Intelectuales.

"Esas distorsiones provocaron daños significativos a una parte de los escritores y artistas. Las consecuencias de tales normas y sus secuelas de parametración en el teatro y de censura en la literatura, dejarían una huella duradera en la población, que se perdería por un buen tiempo una parte importante de la producción cultural de vanguardia", dice el viceministro.

No obstante, "las rectificaciones (…) han sido rotundas" y "la producción intelectual de aquellos años ha sido rescatada", añade.

"Sus autores gozan de prestigio y reconocimiento. Las instituciones culturales dedican ingentes esfuerzos a promover a todo el que no fue publicado en aquella época y a estrenar las obras de teatro de esos años", dice el funcionario.

Según Rojas, "una demostración de lo difícil que resultó superar el lastre de los setenta fue la incapacidad que manifestaron inicialmente las instituciones para relacionarse" con los jóvenes escritores y artistas de finales de los ochenta, muchos de los cuales acabaron en el exilio.

"Los desencuentros institucionales con esta importante hornada de creadores cubanos se expresaron en incomprensiones estéticas, en carencias de una legitimación reclamada con justicia a gritos por el propio nivel de las obras producidas y en una politización innecesaria de hechos artísticos y literarios de vanguardia. El saldo negativo más importante fue la salida del país de un grupo de esos jóvenes, en su mayoría artistas de la plástica", dice.

Rojas afirma entre fines de los ochenta y principios de los noventa se cancelaron "definitivamente las consecuencias para la promoción de la cultura cubana del llamado 'Quinquenio o Decenio Gris'".

En la Biblioteca Nacional, 50 años después

El dossier publicado por La Jiribilla recoge además intervenciones de varios funcionarios, escritores y artistas oficialistas que se reunieron el pasado 30 de junio en la Biblioteca Nacional para conmemorar el aniversario 50 de Palabras a los Intelectuales y alabar a Castro.

"Creo que los jóvenes deberían leer las Palabras a los intelectuales y percatarse de que —como en La historia me absolverá— Fidel ha cumplido con creces lo que prometió. Gozamos de una riqueza, de una libertad formal absoluta en nuestro arte, en nuestra literatura y en todas las expresiones de la cultura", dijo Miguel Barnet miembro del Comité Central del PCC y presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

El vicepresidente de esa entidad, Omar Valiño, afirmó que, "en su certero afán de unidad", Castro "prefigura" en su discurso la creación de la UNEAC.

"En nombre de la UNEAC, muy próxima a cumplir también 50 años, queremos agradecerte, Fidel, por hacernos saber lo que vale la matria y la patria, por desafiar al mundo siendo pequeños, por hacer primar el espíritu colectivo sobre el individual sin renunciar a ser nosotros mismos, por ser orgullosos aunque jamás aldeanos vanidosos, por colocar esta pequeña gran Isla en el globo terráqueo", dijo Valiño.

"Tu obra la medirá el tiempo, la historia —como una temprana vez quisiste—, porque en todo lo que se haga bien, en todo sueño cumplido estará la dimensión de la utopía que nos fijaste en el cuerpo", añadió. "Los escritores y artistas revolucionarios, te decimos, como una vez tú le dijiste a Santiago, gracias, Fidel".

El crítico teatral Jaime Gómez Triana, vicepresidente de la Asociación Hermanos Saíz dijo que las Palabras a los Intelectuales "siguen siendo una brújula que nos permite mirar el devenir dialécticamente y pensar arte y cultura desde la responsabilidad ética y desde el compromiso".

Por su parte, la poeta Nancy Morejón, presidenta de la Sección de Escritores de la UNEAC dijo que, con su discurso de 1961, Fidel Castro "creó una alfombra (…) que nos cobijó y que hizo posibles ideas como aquella de la poesía como reino autónomo en la profundidad no solo de las generaciones más jóvenes, sino de todas las generaciones que coexistieron en aquel momento".

Tomado de CUBAENCUENTRO

Última actualización el Miércoles, 06 de Julio de 2011 11:09
 
Cuba: sín Venezuela ¿el camino de China? PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Lunes, 04 de Julio de 2011 15:50

 

Por HUBER MATOS ARALUCE

Aunque el futuro de Chávez es todavía incierto y el de la continuidad de la subvención venezolana también, la tiranía castrista no puede evitar afrontar la posibilidad real de que la permanente transfusión venezolana pueda llegar a su fin en algún momento.

 

¿Qué hacer?

¿Debe Cuba tomar el camino de China?

 

Una respuesta afirmativa no implica suponer que el actual gobierno de Cuba tiene la capacidad para tomar ese camino con éxito.  Tampoco que es el mejor camino hacia el progreso del pueblo cubano.

 

Deng Xiaoping, el arquitecto de la transformación en China, desde muy joven demostró un liderazgo excepcional.  Durante toda su vida Raúl Castro, el heredero de la dictadura en Cuba, ha demostrado exactamente lo contrario.

 

La pregunta y la respuesta tendríamos que plantearla en el plano hipotético, en el cual Cuba tendría un liderazgo con la voluntad y la capacidad para realizar un cambio que: 1) en el menor tiempo posible evite el impacto del fin de la subvención venezolana y 2) en el menor tiempo posible eleve en forma sustancial el nivel de vida de sus ciudadanos.

 

Si este fuera el caso, como finalmente puede serlo en Cuba, la primera pregunta a responder es si el fenomenal desarrollo económico de China fue una excepción o no.  No lo fue.  Antes que China, Japón salió de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial para llegar a convertirse en una potencia económica mundial sin necesidad de sacrificar las libertades de sus ciudadanos.

 

Otros países como Taiwan, Malasia, Singapur y Korea del Sur, partiendo de economías muy pobres, han llegado a convertirse  en protagonistas sobresalientes  en la economía globalizada.

 

En cualquiera de estos países los niveles de ingreso per cápita son superiores a los de China continental. En cualquiera de estas naciones el respeto a los derechos humanos es superior al de China.

 

Ante esta evidencia, el camino chino no parece el ideal. También veremos que no es el más consecuente con la realidad geopolítica de la Cuba actual.  Pero antes de tratar este último tema, analicemos otras consideraciones que merecen tenerse en cuenta.

 

El primer paso a la economía de mercado en China comenzó en 1978 sin un plan estratégico.  Mucho se ha hablado y se ha escrito sobre la revolución agrícola en China, pero esto fue una respuesta inmediata a la hambruna de ese año.

 

Es cierto que las decisiones a favor del cambio por parte del Onceavo Congreso del Partido Comunista Chino en 1978 fueron precedidas de algunas medidas liberalizadoras, pero el plan maestro que se asume ha sido una conclusión posterior y no un punto de partida.

 

Cuba no tiene  por qué improvisar en el terreno agrícola como lo hizo China.  Por el contrario, el desarrollo económico de Cuba debe ser el resultado de un plan estratégico a largo plazo.  Este debe considerar la realidad nacional y los retos y oportunidades de la globalización.

 

Continuará…

Última actualización el Lunes, 04 de Julio de 2011 15:54
 
El Movimiento de "los Indignados" PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Domingo, 03 de Julio de 2011 12:08

Por Jorge Hernández Fonseca

Quien a los 20 años no piensa como marxista, no tiene corazón; pero el que a los 50 continúa pensando de esa manera, lo que no tiene es cerebro.

 

El movimiento de los Indignados, un símbolo del desajuste de nuestro tiempo

Jorge Hernández Fonseca

 

2 de Julio de 2011

 

Acá en Brasil circula un adagio que dice algo como lo siguiente: “quien a los 20 años no piensa como marxista, no tiene corazón; pero el que a los 50 continúa pensando de esa manera, lo que no tiene es cerebro”. La frase, repetida incluso públicamente por el ex-presidente Lula, encierra aquella verdad de anhelo de justicia social que siente todo joven idealista y sensible.

 

El marxismo es una filosofía que fue incubada en el Siglo XIX y que pretendió --analizando las debilidades y las injusticias sociales del primitivo capitalismo naciente-- sugerir intervenciones en el área económica para resolver problemas sociales, sin el necesario conocimiento sobre las complejas leyes sociológicas y de comportamiento humano y con un rudimento de conocimiento incipiente de las leyes que rigen la economía, donde el factor humano también juega un papel.

 

El Siglo XX despertó con una revolución marxista en un país Europeo, Rusia, que trajo de la mano de sus líderes otra categoría filosófica nueva: el leninismo. Juntos, el marxismo-leninismo, decía haber venido para resolver los problemas de “justicia social” que se evidenciaba en el escaso control que los estados nacionales podían tener sobre el poder de los capitalistas.

 

Si bien el marxismo fue analizado por hombres con formación sólida, que sentaron bases en el campo económico, la estatización de toda la economía como solución propuesta para intentar resolver los problemas de corte social vinieron a perjudicar de manera letal la propia economía, sin la cual no hubo posibilidades de dar la justicia pretendida, empobreciendo toda la sociedad.

 

El leninismo por su parte, si bien fue idealizado también por hombres con sólida formación intelectual, trató un aspecto menos científico: la política. Desde Nicolás Maquiavelo, en la Edad Media con su obra “El Príncipe”, pocos han podido hacer aportes en este campo, y todos --incluso Maquiavelo-- derrumbando preceptos éticos y morales para conseguir sus objetivos.

 

De manera que la unión de una filosofía falla en el área económica, poco probada y sin asideros reales a la sociología humana, junto a una filosofía política que hipócritamente defendió el establecimiento de una dictadura de un partido sobre el resto de la sociedad, alimentando a propósito el imaginario colectivo con las peores bajezas morales, como el odio, la división, la envidia, sólo para conseguir y mantener el poder a toda costa y a todo costo, no era difícil imaginar su fracaso en todos los países que sufrieron este deplorable experimento.

 

Sin embargo y por circunstancias socio políticas que se sumaron a los problemas sociales no resueltos que experimentaban la mayoría de estos países, muchas naciones en el Siglo XX se unieron a la propuesta marxista, conformándose mundialmente dos grandes campos de países que lucharon en la arena internacional una buena parte de pasado siglo. En el interior de los países marxistas, el bajo desempeño económico se compensaba con autoritarismo y carestía.

 

A pesar del estado de calamidad política, económica y social que ocurría dentro del denominado “campo socialista”, la propaganda procedente de estas naciones, se proyectaba hacia el exterior como siendo sociedades que habían obtenido una buena tajada de la “justicia social”, anhelo de las grande mayorías de los países del campo adversario. Este estado de cosas mantenía una cierta presión sobre los gobiernos democráticos, que se sentían en la necesidad de dar respuestas de tipo social equivalentes a las pregonadas por los “socialistas”

 

Las divergencias socialismo-capitalismo llegaron al área militar con el enfrentamiento en Corea primero y Viet Nam después, temiéndose por un cataclismo mundial con armas atómicas, precisamente por causa de la irresponsabilidad y la traición de Fidel Castro en Cuba, que sin ningún respeto con la población cubana, se sometió al imperialismo ruso al permitir instalar cohetes nucleares apuntando contra Estados Unidos como una provocación peligrosa.

 

Al interior de los países libres y democráticos se vivía un ambiente de mejoras continuas del aspecto social, fundamentalmente por dos razones: primero porque el sistema económico capitalista de mercado es el sistema más eficiente para producir bienes y servicios y eso permitía un crecimiento económico que podría ser distribuido cada vez más igualitariamente; y en segundo lugar porque existía, a nivel internacional, un campo socialista que hacía las veces de contrapunto en los aspectos sociales, presionando a los gobiernos en sentido social.

 

Dentro de los países del campo socialista era lo contrario, Las sociedades se empobrecían con las erráticas medidas de estatización forzada de sus economías, además de hacer irrespirable el ambiente leninista de falta de libertades de todo tipo y control policial. Sin embargo, con verdaderos “ejércitos deportivos” ganaban olimpiadas, propagandizándose de haber alcanzado logros en todas las áreas sociales, reforzando la presión dentro de las democracias.

 

Hubo dos factores que hicieron estallar desde dentro los países del “campo socialista”. La falta total de libertades y el acelerado empobrecimiento económico. A pesar de sus ejércitos de deportistas y su propaganda monumental, las dictaduras implantadas no dejaban respirar a la sociedad oprimida. Es bueno destacar también que los jefes de los partidos comunistas se envilecieron con el poder absoluto y no proporcionaron soluciones económicas (como si lo hicieron en China) pudiendo haber paliado el largo período de opresión y carestía.

 

Hay no obstante lo anterior un resultado negativo para las sociedades democráticas a pesar de haber ganado la lucha contra sus adversarios. La falta de un campo socialista de contrapartida ha disminuido la presión anterior --al interior de los países democráticos-- por justicia social y de alguna manera se comienzan a imponer las fuerzas retrógradas del poder económico dentro de las sociedades libres: exorbitantes precios de la energía (petróleo), acelerado descontrol de las finanzas, especulación descontrolada con todo tipo de productos, excesivo afán de lucro de los altos ejecutivos, sometimiento de los gobiernos al gran capital, entre otros males actuales.

 

Este estado de cosas deja la sociedad inerme y en manos de ejecutivos y políticos egoístas, sin frenos ni ética y sin la “esperanza” de que alguna vez se pudiera “construir una sociedad mejor”, que al menos una filosofía política anterior les prometía (aunque falsamente) comprobando desdichadamente que tampoco hay nada equivalente que futuramente permita tal solución.

 

En tesis, la sociedad humana desperdició con el fracaso del marxismo una buena oportunidad de haber encaminado al capitalismo por un mejor sendero en lo relativo a sus consecuencias sociales. El error de un análisis superficial de la naturaleza humana al intentar reformar artificialmente la economía, sumado al envilecimiento de los secretarios generales, devenidos dictadores contra sus pueblos, ha dado como resultado esta situación de orfandad social actual.

 

Esta es la verdadera razón de los “indignados”, que han estremecido la sociedad española y de otros países de Europa, sometidos ahora a un proceso de recesión extrema, producto de la especulación inmobiliaria y financiera, altos precios del petróleo que les impide continuar disfrutando del alto nivel de vida que era necesario mantener antes, para poder mostrar al campo socialista que era posible la “justicia social” con libertades ciudadanas. Como ya no hay ese peligro político, ahora manda el dinero y sus representantes. Por eso los “indignados”.

 

Dos conclusiones: primero, habría que dotar a la sociedad en general --a través de leyes-- de la posibilidad real de controlar los desajustes que se producen por al afán de lucros exorbitantes de los ejecutivos ambiciosos en todas las latitudes. En EUA Obama accedió a la presidencia de su país prometiéndolo, y hasta ahora muy poco ha cambiado. Segundo, no es necesario adoptar el fracasado marxismo-leninismo para solucionar ese escollo, aunque se corre el riesgo de un rebrote de la ideología comunista –a falta de otra-- entre los sectores “inconformes”, por no haber una salida inmediata a una situación que sufre la abrumadora mayoría de la sociedad del Siglo XXI, focalizada precisamente en los más jóvenes.

 

¿Será posible que el mundo sólo se arregle si hay una presión comunista como contrapunto?

 

 

Artículos de este autor pueden ser consultados en http://www.cubalibredigital.com

Última actualización el Domingo, 03 de Julio de 2011 12:13
 
Cuba sin Chávez PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Viernes, 01 de Julio de 2011 09:48

Por HUBER MATOS ARALUCE

La publicitada complicación de salud de Hugo Chávez y su prolongada estancia en La Habana nos obliga a prever la futura posibilidad de una Cuba sin Chávez.  El autócrata venezolano pudo haber muerto por la cirugía que se le hizo en la isla o por la enfermedad que la provocó.   Podría perder la vida o el poder por cualquier otra razón.  Es probable que en tal circunstancia  Cuba se quede sin la subvención venezolana.

 

Sin la más importante fuente de ingresos de la economía isleña, que no se limita al petróleo venezolano, el castrismo quedaría dependiente de otras dos fuentes nada seguras: a) Las remesas y los envíos de los exiliados cubanos.  b)  Las ganancias del turismo.  Los ingresos de la industria turística son relativamente modestos porque una buena parte de los insumos necesarios para atender el turismo tienen que ser importados.

 

Además, el turismo es una industria susceptible  a las conmociones sociales. Por ejemplo, la industria turística de Egipto está pasando por una situación muy difícil como consecuencia de la revuelta popular relativamente pacífica que conmocionó a ese país.  Un cambio de mando en Venezuela provocaría tensiones en Cuba que perjudicarían el turismo.   Esta industria comenzaría a sentir las consecuencias mucho antes que el petróleo venezolano dejara de llegar a Cuba y los hoteles apagaran sus unidades de aire acondicionado.

 

En estas circunstancias el gobierno cubano quedaría dependiendo de las remesas, los envíos de mercadería y lo viajes de los exiliados a la isla.  La tiranía estaría a merced de la continua generosidad de sus enemigos los exiliados, o a la política de Washington sobre los viajes y envíos de los exiliados a Cuba.   ¿Cómo actuaria sobre este asunto Obama de ser reelegido? O quizás un presidente republicano puede decidir  frenar al máximo esos ingresos.

 

Raúl Castro y sus acólitos no son ajenos a estas posibilidades.  Tienen y tendrían dos alternativas: Acelerar el proceso de reformas o empecinarse como han hecho hasta ahora atrincherados detrás de sus temores al cambio.

 

En el primer caso tendrían que llegar a un acuerdo con los Estados Unidos.  En este escenario los planteamientos de una transición hacia la democracia por parte de los exiliados difícilmente podrían pasarse por alto.

 

Lo que decidieran hacer los castristas son sus opciones, pero tenemos que tenerlas muy en cuenta.  La  oposición dentro y fuera de Cuba debe prepararse para una eventual  Cuba sin Chávez no importa cuando suceda.  Las fuerzas democráticas cubanas no han estado preparadas para el caso ni todavía lo estamos.  La confusión creada en las últimas semanas nos ha brindado la oportunidad de meditar en lo que debemos hacer si un día Chávez ya no está en el poder.   No podemos arriesgarnos a que nuestro país tome un camino de incertidumbres después del castrismo.

 
El saco de los inconformes PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Sábado, 02 de Julio de 2011 10:54

Por YOANI SANCHEZ

Una imagen endulzada muestra a Cuba como un país donde triunfó la justicia social a pesar de tener como enemigo al imperialismo norteamericano. Durante más de medio siglo, se ha alimentado el espejismo de un pueblo unido en torno a un ideal, trabajando denodadamente por alcanzar la utopía bajo la sabia dirección de sus líderes. La propaganda política y la turística, distorsionadoras de nuestra realidad, han echado a correr la voz de que quienes se oponen a la causa revolucionaria son mercenarios sin ideología al servicio de amos extranjeros. Cabe preguntarse cómo ocurrió el proceso que llevó a millones de seres en este planeta a creer que la unanimidad se había instalado —de manera natural y voluntaria— en una isla de ciento once mil kilómetros cuadrados. Qué les hizo creerse el cuento de una nación ideológicamente monocromática y de un Partido que representaba y era apoyado por cada uno de sus pobladores. En el año 1959, cuando triunfó la insurrección contra el dictador Fulgencio Batista, los barbudos llegados al poder lanzaron a sus enemigos a un saco con el rótulo “esbirros y torturadores de la tiranía”.

A lo largo de la década del sesenta y como consecuencia de las leyes revolucionarias que terminaron por confiscar todas las propiedades productivas y lucrativas, aquel reservorio inicial tuvo que ensancharse y le añadieron las etiquetas “los terratenientes y explotadores de los humildes”, “los que pretenden regresar al bochornoso pasado capitalista” y otras de igual corte clasista. Al llegar los años ochenta cayeron en el depósito de los contrarios al sistema también “los que no están dispuestos a sacrificarse por el futuro luminoso” y “la escoria”, ese hallazgo lingüístico que pretendía definir a un subproducto del crisol donde se forjaba no solo la sociedad socialista sino también el hombre nuevo, que tendría el deber de construirla y algún día el placer de disfrutarla. Los rotuladores de la opinión no hacen ninguna diferencia entre quienes se opusieron a las promesas iniciales de transformación social y los creyentes que terminaron frustrados ante su incumplimiento. Porque toda promesa tiene un plazo, sobre todo si es política y cuando caducan las prórrogas proclamadas en los discursos, se agota la paciencia y aparecen posiciones difíciles de etiquetar por esos eternos clasificadores de ciudadanos. De manera que desde hace varias décadas han aparecido en Cuba quienes sostienen que las cosas debieron hacerse de otra forma, los que llegaron a la conclusión de que toda una nación fue arrastrada a la realización de una misión imposible, un gran número que quisiera introducir algunas reformas e incluso los que pretenden cambiarlo todo.

Pero ahí está el saco con su insaciable boca abierta y la misma mano arrojando a su interior a todo el que se atreva a enfrentarse a la única posible “verdad” monopolizada por el poder. No importa si es socialdemócrata o liberal, demócrata cristiano o ecologista, o simplemente un inconforme independiente; si no está de acuerdo con los dictados del único partido permitido —el comunista—, es tomado como un opositor, un mercenario, un vendepatria, en fin, se le clasifica como un agente a sueldo del imperialismo.

Obstinadamente muchos siguen mirando la estampita edulcorada que muestra un proceso social justiciero y tratan de justificar la intolerancia que lo acompaña a partir de sus logros —ya bastante deteriorados— en la salud y la educación. Son quienes no pueden entender que los modelos usados para perfilar el retrato triunfalista del sistema cubano, se tornan muy diferentes cuando se bajan del pedestal donde posan. Paciente hospitalario y alumno de una escuela no son sinónimos de ciudadanos de una república. Cuando un hombre o una mujer de carne y hueso —con aspiraciones personales y sueños propios— se encuentra fuera de “la zona de beneficios de la revolución”, descubre que no tiene un espacio privado donde fundar una familia, ni un salario correspondiente con su trabajo, ni un proyecto de prosperidad lícito y decente. Cuando además reflexiona sobre los caminos que tiene a su alcance para modificar su situación, encuentra que solo le queda emigrar o delinquir. Si llega a meditar en como modificar la situación del país, descubrirá lleno de pánico el amenazante dedo acusador de un Estado omnipresente, el insulto descalificador, la intolerancia revolucionaria que no admite ni críticas ni propuestas. Se dará cuenta entonces que ha ido a parar al saco de los disidentes, donde por el momento sólo le aguarda la estigmatización, el exilio o la cárcel.

Yoani Sánchez La Habana Este artículo de Yoani Sánchez aparece publicado en el número 2 de la revista independiente VOCES.

 

 
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