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Artigos: Cuba
METAS OPUESTAS, ¿IDÉNTICOS CAMINOS? PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Lunes, 11 de Julio de 2011 11:55

Por Orlando Fondevila

En los últimos tiempos, estos “felices” e increíbles tiempos en que ha sido posible que un hombre llamado Barack Hussein Obama sea el presidente de los Estados Unidos y otro llamado Raúl Castro sea jaleado como un gran reformador, se ha producido –en lo que a Cuba se refiere- una pasmosa ola de coincidencias entre fuerzas que, a simple vista, podrían parecer antagónicas. Se trata de una ola envolvente de “amor cristiano”, de buenismo reconciliador, de esperanza tan entusiasta como engañosa. Coincidencias en estrategias, en deseos, en proyectos, y también en odios y diatribas. A veces con distintas palabras, y a veces con las mismas. Y lo más curioso, explayando fines distintos, metas opuestas a las que, sin embargo, se pretende llegar por el mismo camino.

Desde la llegada al poder de Barack Hussein Obama se han ido imponiendo, progresivamente, políticas de acercamiento con el régimen de La Habana. Apertura, flexibilización le llaman. Acercamiento, dicen, para favorecer los cambios democráticos en Cuba. Igualmente, el castrismo, ahogado en su propia ineficacia y horror, se ha lanzado a un llamado proceso de “reformas”. Reformas que ningún observador medianamente formado e informado, tanto dentro como fuera de la Isla, sea cubano o extranjero, considera que realmente estén enfocadas a la solución del desastre económico que ha significado el castrismo. Amén de que se quedan sólo en la minucia económica. Ni un solo paso en las reformas políticas. A no ser que se quieran  aceptar como tales las recientes excarcelaciones de presos políticos, la mayoría posteriormente deportados, como nos ha querido vender el Gobierno español y la Iglesia cubana. Una auténtica operación de lavado de cara del régimen y de limpieza política. Sin que, por otra parte, se clausuren las puertas rotatorias de las prisiones políticas cubanas, como ha apuntado acertadamente Sylvia Iriondo.

. La tiranía castrista se propone, ¿alguien lo duda?, eternizarse en el poder. Es la pretensión de siempre. Solo que ahora se halla ante una situación mucho más compleja que nunca antes. Hace rato que no puede contar con el maná que caía en aquellos venturosos tiempos de la URSS, en los que se pitorreaban del embargo yanqui, que por entonces no era tanto “el criminal bloqueo”. Por otro lado, China nunca ha sido fiable. No lo fue la del “viejo chocho” Mao (Castro dixit), ni lo es la actual de los mandarines- mercaderes. ¿Y cómo estar seguros con el locuaz payaso venezolano, tan inestable, impredecible y que además se les ha enfermado?

Los Castro son cualquier cosa, menos tontos. Saben que su única salvación pasa por la aquiescencia de los Estados Unidos. Turismo norteamericano en primer lugar, añadiendo todos los negocios que sean posibles. Así, de empresario a empresario-comisario, en condiciones de “igualdad”. Pero, como no son tontos, saben que para conseguir este billete a la eternidad dictatorial, necesitan, de modo imprescindible, anular al exilio cubano que se ha mantenido militantemente hostil a la tiranía. Por eso el castrismo ha inundado de emigrantes, de diaspóricos desideologizados a lo que llaman la “comunidad cubana en el exterior”. A montones los vemos en Miami, en Madrid y en casi cualquier país del mundo. No se trata de castristas propiamente, sino de cubanos que, hijos de aquel sistema que les ha apabullado éticamente, nada saben ni quieren saber de patriotismo, ni de ideales de libertad, ni de decoro ciudadano. Seres que,  en tanto desarmados ética y políticamente, constituyen el caldo de cultivo propicio para todos los manipuladores.

Lo cierto es que Castro ha movido por años, vía chantaje emocional , vía engaños, o por el simple trámite de la estimulación de la codicia, a una importante masa de sus exiliados, incluyendo algunos de los líderes de su oposición. Así, convenientemente preparado el terreno, y con la circunstancia favorable de la presidencia de Barack Hussein Obama, el castrismo ha logrado que la “emigración” en Estados Unidos se haya convertido hoy, por el procedimiento de visitas de cubanos y de remesas, en el principal sostén de su precaria economía. Pero no es suficiente, necesita desmotar el embargo, o lo que queda de él, en su totalidad. Lo quiere todo, sin por supuesto ofrecer nada sustancial a cambio. Quiere todo el turismo americano. Quiere negocios de todo tipo, con todo el mundo, pero singularmente con exiliados o emigrados cubanos. De forma que, con intereses económicos en la Isla (siempre controlados por la tiranía) pasarían de ser, de opositores o candidatos a opositores, a cómplices o, en el mejor de los casos, mansos ciudadanos. En fin, colaboradores.

Y aquí se presentan las extrañas coincidencias. Pretendidos líderes e intelectuales del exilio quieren lo mismo que la tiranía, pero según afirman, por razones contrarias. Melosos llamados a reconciliar a la familia cubana, política de tendido de puentes, turbios intercambios culturales, reclamos infantiloides de que no somos como ellos, que nada es peor que el aislamiento, etc.,etc. No me refiero únicamente a personajes y personajillos como Carlos Saladrigas, o Max LesniK, o Alejandro Armengol,o Arturo López Callejas (alias López Levy), o Ed(in)mundo García y tantos otros que hacen legión. No, estos son secuaces o emisarios del castrismo, los más de ellos sin disimulo. No, lo peor es que son muchos aquellos que desean realmente que las cosas mejoren en Cuba y que, o obstante, sucumben a los cantos de sirena del pensamiento débil. Aquellos que creen, a estas alturas, en Alicia en el país de las maravillas.

De lo que se trata es de una construcción intelectual que Hannah Arendt  denominó como la banalización del mal. Son los que no ven la verdadera naturaleza totalitaria del régimen castrista. No tienen conciencia de que la tiranía castrista es el mal absoluto. Son aquellos que conceden la posibilidad de que el régimen, o algunos dentro de sus estructuras de poder, puedan estar interesados en llevar a cabo una transición democrática. Aquellos que ven reformistas por todas partes. Reformistas que, caso de haberlos, sólo asomarán la cabeza cuando no vean otra salida. Lo que yo llamo proto-reformistas. O también los que, en una rara ilusión conceptual cercana al marxismo, consideran que el inicio de reformitas económicas, por rácanas que estas sean, conducirán inevitablemente, allá en el final de los tiempos, a las libertades y derechos político- sociales.

Nos llaman a la reconciliación de la familia cubana, sin condenar explícita y claramente a quienes la han destruido, más allá aún que separado. Reparten culpas, todos -hemos -cometido -errores, señalan. Es como si se le pidiera a los judíos a reconciliarse con los nazis, o a los rumanos represaliados y hambreados a reconciliarse con Ceacescu y la Securite. Es decir, reconciliación entre víctimas y verdugos, olvidando agravios y crímenes, y que sigan mandando los victimarios. Pues no.

Se enternecen algunos y defienden poéticamente la idea de “tender puentes”. Pues no. Que sepamos, en una guerra lo que se hace es volar puentes, no tenderlos.

Y se nos ponen humanistas y cristianos radicales y dicen que no se puede presionar al régimen porque quien más sufre las consecuencias es el pueblo, como si hubiera mayor sufrimiento que soportar por más de medio siglo un régimen totalitario. Y lo que falta si triunfan las ideas de los conciliadores.

Estos extraños enemigos del castrismo afirman querer la desaparición del régimen, aunque coinciden con las vías y métodos de quienes quieren salvarlo. Por eso no se alarman con las políticas de apaciguamiento de Barack Hussein Obama y José Luis Rodríguez Zapatero, sino que por el contrario, les exigen más gestos. No se irritan con el Senador John Kerry y su política de obstrucción a que se destinen recursos a la oposición democrática cubana. Y por eso se indignan y montan en cólera con la propuesta del Congresista Mario Díaz Balart para que se limiten los medios financieros que recibe el régimen.

En fin, que son muchos los que no entienden que en política no todos los caminos conducen a Roma. En otras palabras, que no cualquier vía sirve para alcanzar la libertad.

Última actualización el Lunes, 11 de Julio de 2011 11:58
 
Batista y el comunismo en Cuba PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Lunes, 11 de Julio de 2011 12:06

Por Gabriel Astengo

(Despues del bochornoso acto de sumision a favor de la tirania castrista efectuado en Miami, por parte de un pequeño grupo compuesto por asalariados de esa misma tirania, entre los que se encontraban los conocidos agentes Xiomara Almaguer, Edmundo "Inmundo" Garcia y Elena Freyde, es hora de poner los puntos sobre las "ies". Bajo la hipocrita agenda del "amor a sus familiares en Cuba", este grupuzculo de inmorales, ademas de agredir con violencia a algunos de los cubanos patriotas que se oponian a su miserable actitud colaboracionista con el regimen de La Habana, tuvieron la desfachates de gritarle a estos el injustificado mote de "batistianos", ignorando o tratando de desvirtuar la verdadera historia de los vinculos de Batista con los comunistas en Cuba.

LA HISTORIA QUE LOS ALABARDEROS DE LA TIRANIA CASTRO-COMUNISTA NUNCA PODRAN BORRAR

"LOS VINCULOS DE BATISTA CON LOS COMUNISTAS EN CUBA"

Esta es la innegable historia y estas son las pruebas:

El Partido Comunista de Cuba apoyó a Fulgencio Batista, a cambio el PC fue legalizado durante la dictadura e incluso tuvo dos ministros en el gabinete en 1942. A continuación una documentación adicional referente a las relaciones entre Batista y el Partido Comunista de Cuba
En noviembre de 1940 los comunistas apoyaron a los candidatos de Batista para la Asamblea Constituyente en las elecciones.

A cambio de su apoyo, Batista permitió que el Partido Comunista organizara y controlara la Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC), el sindicato obrero auspiciado por el gobierno. (Lázaro Peña, Secretario General entonces, tuvo el mismo cargo en el régimen de Fidel Castro).
A cambio de estos favores los comunistas le garantizaron a Batista tranquilidad laboral. De acuerdo con la política del “Frente Popular contra el Fascismo” del Partido Comunista la alianza del Partido con Batista quedó oficialmente consumada cuando el Partido se unió al gobierno de Batista.

Los líderes del Partido Comunista Carlos Rafael Rodríguez y Juan Marinello (que tuvieron altos cargos en el gobierno de Castro) se convirtieron en ministros sin cartera del gabinete de Batista.
Para ilustrar mejor la conexión íntima entre los comunistas y Batista, citamos parte de una carta de Batista dirigida a Blas Roca, Secretario del Partido Comunista: “Junio 13 de 1944

“Estimado Blas:
“Referente a la carta que me enviaste y que nuestro mutuo amigo, el Dr. Carlos Rafael Rodríguez, ministro sin cartera, me entregó, me siento feliz una vez más al expresarte mi firme e inquebrantable confianza en la cooperación que el Partido Socialista Popular [entonces nombre oficial del Partido Comunista de Cuba] , sus líderes y sus miembros me han dado y continúan dándome a mí y a mi gobierno.
Créeme, como siempre, tu cordial y afectuoso amigo
Fulgencio Batista”.

En la campaña electoral, diez candidatos comunistas ganaron asientos en el Congreso y más de cien cargos en los concejos municipales.

Más tarde, los comunistas se unieron a Batista en la condena del ataque perpetrado por Fidel Castro al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953. Asi opinaban los comunistas criollos con respecto a dicho ataque.… "la vida del Partido Socialista Popular (comunista)… ha sido combatir… y desenmascarar las actividades golpistas y aventureras de la oposición burguesa contra los intereses del pueblo…"
(Reportado el 10 de agosto de 1953 en el Daily Worker , órgano del Partido Comunista de Estados Unidos).

 

Es ademas muy justo señalar, que a partir del golpe militar que cerceno el orden constitucional del pais el 10 de Marzo de 1952 y en lo siete años que durara la dictadura de Fulgencio Batista, jamas cayo combatiendo contra esta un solo militante comunista. Muy por el contrario, servian de "soplones" a esa dictadura, como fue el caso de la cobarde delacion y asesinato de cuatro dirigentes universitarios, el 20 de Abril de 1957 en Humboldt 7, en La Habana, donde Marcos Rodriguez, un militante comunista, delatara a las fuerzas policiales de Batista, el escondite de estos. Marcos Rodriguez fue por años apañado en su crimen por Joaquin Ordoqui y Edith Garcia Buchaca, ambos conocidos dirigentes comunistas, que solo fueron "juzgados" cuando se develo toda la verdad sobre dicho caso.

 

http://www.youtube.com/watch?v=v-R-DvYn5tk&feature=channel_video_title

 
Cuba: Sin Venezuela ¿el camino de China? (II) PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Sábado, 09 de Julio de 2011 09:46

Por HUBER MATOS ARALUCE

 

El futuro de Cuba hoy depende de si Hugo Chávez se muere o sobrevive.  Si muere dependerá entonces  de  si quien lo sustituye en Caracas va a seguir sosteniendo al régimen castrista en el poder.  La tiranía en la isla parece tener prevista una alternativa.  Si es el modelo chino están equivocados.  Estas son algunas de las razones:

 

Desde hace más de tres décadas la estrategia de China a partir del liderazgo de Deng Xiaping fue abrir las puertas al capitalismo a un paso acelerado sin que el Partido Comunista cediera el control del poder.  La estrategia castrista pretende tomar el mismo camino en cámara lenta, sin comprender que el contexto histórico y geopolítico de Cuba es completamente diferente.

 

China era y es muy importante para el mundo capitalista. Cuba no lo es. Guangzhou, la tercera ciudad de China tiene 12 millones de los 1300 millones de habitantes de China.  En toda la isla de Cuba viven un poco más de 11 millones de personas.

 

Hace tres décadas China despertó un gran interés en el mundo capitalista. Entonces con una población de 1200 millones de habitantes, con un extenso territorio y una posición estratégica privilegiada se podía abrir un inmenso mercado.  China dentro de la economía de mercado podía transformar el mapa comercial del mundo.  Lo ha logrado.

 

Cuba, ni comunista ni capitalista,  no tiene ni tendrá remotamente esa importancia.   Nuestro país puede seguir en la miseria por otro medio siglo o prosperar bajo una democracia sin que esto represente ninguna ventaja o desventaja estratégica de importancia para ninguna otra nación.

 

El error de Raúl Castro y su grupito ha sido creer que la Cuba que ellos controlan es algo así como el ombligo de  Latinoamérica o del mundo.  Los castristas parecen no haberse dado cuenta de que la guerra fría ya es historia.  En su  subconsciente siguen creyendo tener el apoyo de una potencia como lo tuvieron por tres décadas de la URSS.  Los Migs soviéticos en Cuba debían estar en un museo y sus tanques también.

 

Por esa prepotencia los castristas perdieron la oportunidad que les Obama  les brindó.  Sin conocerlos, el presidente estadounidense al principio de su gobierno les tendió la mano casi incondicionalmente.  Lo rechazaron.  Ahora el Presidente está ante una difícil reelección y no le queda tiempo ni capital político para arriesgarlo con Raúl Castro.

 

Ya no es la URSS la que los sostiene en el poder en Cuba sino la subvención venezolana,   pero Caracas no es Moscú.   Venezuela es un país en permanente agitación y, aunque Chávez no muera, nadie sabe hacia adonde va.

 

La verdadera importancia de Cuba para los Estados Unidos no se debe a sus once millones de habitantes ni a sus 114,000 kilómetros cuadrados, se debe al exilio cubano. El poder político y económico de los exiliados cubanos en los Estados Unidos se toma en cuenta en la compleja aritmética política de ese país.   Además, los cubanoamericanos  han establecido extensas relaciones en los Estados Unidos durante medio siglo.

 

La importancia de la relación es a la inversa.  Los Estados Unidos son sumamente importantes para Cuba.  El despegue económico de la isla dependerá totalmente de su acceso al mercado de los Estados Unidos.  En consecuencia son los Estados Unidos los que pueden condicionar esa relación de acuerdo con el respeto a los derechos humanos en Cuba.

 

El interés esporádico del mundo actual está principalmente relacionado con lo que puede pasar en la pintoresca isla de Cuba.   Un país que está en la quiebra después de que por medio siglo el régimen se pasó alardeando de sus éxitos y al mundo le pareció bien creérselos.

 

La China tendrá a Taiwan y Cuba tendrá a Miami, hasta ahí las coincidencias.  El castrismo en Cuba como el comunismo en Corea del Norte son anacronismos en un mundo que está al mismo tiempo diseñando y construyendo un nuevo Renacimiento cinco siglos después de aquel que transformó a la humanidad.

 

Continuará…

Última actualización el Sábado, 09 de Julio de 2011 09:59
 
La salud de Chávez y el "Plan B" de Raúl Castro PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Jueves, 07 de Julio de 2011 11:27

Por Eugenio Yáñez/Cubanalisis

Los acontecimientos de los últimos días relacionados con la salud del presidente venezolano han disparado muchas alarmas, tanto en Venezuela como en la prensa internacional


Se repite casi axiomáticamente que esta enfermedad de Chávez y cualquier desenlace que pudiera apartarlo del poder pondría en juego la supervivencia misma del régimen cubano, que elabora apresuradamente un “Plan B” para lidiar con ese escenario.

Buena parte de la propaganda y la atención pública se concentra en los detalles del ahora Médico en Jefe para con el ilustre paciente bolivariano, se habla de tilapias que son criadas personalmente entre reflexión y reflexión, de cenas con corderitos, de diccionarios que son enviados a Chávez con el toque personal de Fidel Castro, de las desorganizadas manifestaciones de religiosidad y confusión del presidente venezolano. Pero esa cortina de humo “informática” no deja traslucir cómo es que el neocastrismo, con Raúl Castro y los generales cubanos, está manejando la situación estratégica que supone la enfermedad de Chávez.

Por otra parte, si algo ha demostrado el círculo de poder cercano a Chávez es que no va más allá de un patético coro de ineptos, por su absoluta incapacidad, desorganización, demagogia, falsedades, irresponsabilidad y falta de ética para elaborar mensajes coherentes, creíbles y movilizadores, capaces de orientar a los venezolanos y merecer legitimidad tanto en Venezuela como en el exterior. Con tales “dirigentes”, el futuro del chavismo sin Chávez parecería que debe durar menos que el clásico merengue en la puerta de un colegio.

Puede afirmarse que el razonamiento de la elaboración a la carrera de un supuesto “Plan B” por el régimen cubano para enfrentar todo lo que se derivaría de la situación actual es mesurado, y el sentido común indicaría que sería lo más apropiado teniendo en cuenta las circunstancias y sus posibles repercusiones.

Más aun si se tiene en cuenta que el poder chavista no es ni nunca ha sido una institución monolítica ni se basa en instituciones, sino en un caudillismo extremo, unipersonal, divisivo y polarizador, y donde no se conocen eventuales sucesores definidos, sino más bien una rebatiña “revolucionaria” a espaldas de los venezolanos, para poder quedarse con el premio gordo si faltara el comandante-presidente. Los presuntos herederos parecen desconocer, por otra parte, que sin la aprobación de La Habana sus posibilidades reales son iguales a cero.

Sin embargo, el razonamiento de que se ha tenido que elaborar por el neocastrismo, sobre la marcha y a la carrera, un supuesto plan de contingencia, no tiene en cuenta un factor fundamental que, sin embargo, debería estar presente en todos los análisis sobre Cuba, con independencia del tema de que se trate: Cuba no es un gobierno latinoamericano “típico”, ni tampoco una vulgar satrapía tercermundista.

El neocastrismo es un gobierno militar, organizado, previsor y coherente con relación a sus objetivos -no a los nuestros-, dirigido en estos momentos por quien durante casi medio siglo organizó y forjó sus actuales fuerzas armadas.

Alguien que, con independencia de la complejísima situación económica y social que atraviesa ahora mismo el país, ha demostrado en su gestión un mínimo de visión y raciocinio para mantenerse cinco años en el poder sin demasiados sobresaltos o situaciones que hayan puesto verdaderamente en peligro el control que ejerce la cúpula militar.

No hay que confundirse: Raúl Castro es cómplice de todos los caos y desastres gestados por su hermano mayor, pero también sabe perfectamente hasta dónde puede llegar con su “perfeccionamiento” del modelo económico, conoce las insuficiencias y peligros que conlleva, la mentalidad inmovilista de muchos “cuadros” partidistas, administrativos y gubernamentales, y todos los problemas que podrían derivarse del empantanamiento de su proyecto de reformas.

Tal limitado proyecto no es resultado de carencias intelectuales de sus funcionarios ni del desconocimiento por ellos de las ciencias económicas -aunque esto no significa sugerir que sean lumbreras ni mucho menos. La “actualización” es una decisión estratégica conciente y arriesgada, con la que se apuesta a conseguir el tiempo suficiente en el poder para tener la posibilidad de organizar la transición post-castrista desde un neocastrismo revitalizado y fortalecido, con una peculiar mezcla de actividades de mercado fuertemente reguladas por una omnipresente centralización estatal, y un sofisticado mecanismo represivo que no da muestras de debilitarse, pero sí de adaptarse a las nuevas realidades.

En otras palabras: la acción de Raúl Castro durante casi cinco años al frente del país -a pesar del lastre que representa la presencia de Fidel Castro- no ha dado muchas muestras de la improvisación y el caos que caracterizaron la gestión de su hermano mayor, sino, por el contrario, de acciones pensadas y planificadas con base en un objetivo muy claro y bien definido, al menos para él y su equipo, aunque no siempre lo podamos discernir desde el primer momento, lo que podrá ser discutible y discutido en sus alcances sociales, legitimidad moral y conveniencia para el país, pero que no debe ser ignorado o subestimado si se pretende mantener la coherencia en el análisis sobre las realidades cubanas.

Todo lo anterior tiene que ver con estas preguntas elementales que no siempre nos hemos sabido plantear a la hora de analizar las realidades cubanas: ¿es lógico que los militares que están en el poder trabajen sin planes de contingencia? ¿es lógico qué no se hayan planteado “variantes” y escenarios diferentes mirando hacia el futuro, cuando es algo que hacen diariamente en los ejercicios de preparación operativa y en las decisiones de los planes reales de defensa? ¿es lógico tener que improvisar cuando se presentan situaciones imprevistas, cuando la cultura del estamento militar en todas las épocas y todas partes del mundo es precisamente tener previstos todos los posibles escenarios para que no haya sorpresas y, por lo tanto, contar con alternativas?

No parece lógico que no haya habido previsiones y el consiguiente “Plan B” desde hace mucho tiempo. Raúl Castro y el verdadero poder -los “históricos” y los generales- sabían perfectamente, desde que tuvieron que hacerse cargo a la carrera de la dirección del país tras la grave enfermedad de Fidel Castro, que el suministro de petróleo venezolano a precios preferenciales -por no decir prácticamente regalado- dependía de la estabilidad de Hugo Chávez y su gobierno “bolivariano”, que no tenía ni la fortaleza ni la consolidación del régimen castrista.

De tal manera, continuaron la tarea -comenzada desde tiempos del Comandante en Jefe- de fortalecer al gobierno venezolano en los puntos más sensibles para su estabilidad -los servicios de  seguridad y defensa- y además dónde Chávez tendría mejores oportunidades de ganar puntos populares a su favor con los servicios sociales: salud pública, educación y deportes.

Al contrario de lo que comúnmente se piensa superficialmente, que el régimen cubano solamente logra subsistir gracias al apoyo de Venezuela, se crearon las condiciones para que tuviera que ser el gobierno venezolano quien dependiera del apoyo cubano.

Estratégicamente, fue una decisión clave que casi nunca ha sido entendida del todo en muchos análisis, pues lejos de tener que estar el gobierno cubano a la deriva y rezando porque Hugo Chávez se pudiera mantener por largo tiempo en el poder, para que el régimen pudiera continuar recibiendo el generoso subsidio venezolano, el neocastrismo se concentró en estabilizar y garantizar el funcionamiento operativo de su “retaguardia” estratégica, consolidando al teniente coronel “bolivariano”.

Independientemente de las veleidades públicas sobre la solidaridad y la eterna hermandad de ambas naciones, tanto por parte de Ricardo Alarcón como de los ahora defenestrados Carlos Lage y Felipe Pérez Roque, los verdaderos amarres para “Cubazuela” estuvieron a cargo de militares de alto nivel: los generales de Cuerpo de Ejército Abelardo Colomé Ibarra (“Furry”), Ministro del Interior, y Julio Casas Regueiro, entonces Viceministro primero de las Fuerzas Armadas y actualmente Ministro, así como el Contralmirante Julio César Gandarilla, jefe de la Contrainteligencia Militar.

Ellos tuvieron a su cargo el diseño e implementación de los servicios de seguridad “bolivarianos”, la reorganización de una nueva Fuerza Armada “bolivariana”, y la organización del entrenamiento operativo de los altos mandos militares venezolanos en la nueva doctrina militar “revolucionaria”.

Ese trabajo ha sido complementado en la actualidad por el General de División Leonardo Andollo, segundo jefe del Estado Mayor General y encargado en Cuba de los planes contra las sublevaciones populares que serían organizadas por “el imperialismo yanki”, quien ha asesorado a los militares venezolanos en esa tarea represiva.

LOS ESCENARIOS

¿Qué “variantes” y escenarios tiene que haber previsto el neocastrismo –analizados, discutidos y coordinados previamente con Hugo Chávez- en lo que podría llamarse el “teatro de operaciones” venezolano, para garantizar simultáneamente la estabilidad del gobierno cubano y de la “revolución bolivariana” en las disímiles circunstancias que pudieran presentarse?

Al menos cuatro:  
§         Permanencia indefinida en el poder de un Hugo Chávez fortalecido y sin las “incómodas” limitaciones de una sólida democracia venezolana y un Estado de derecho funcional

§         Permanencia indefinida de Chávez en el poder en medio de continuas crisis económicas y sociales -inflación, inseguridad ciudadana, huelgas y protestas, descenso de los precios del petróleo en el mercado mundial, calamidades naturales, deslegitimación, gran presión de los opositores

§         Permanencia limitada y mucho más débil de Hugo Chávez en el poder por cualquier circunstancia, tales como enfermedad, tratamiento médico, incapacidad, accidente, avance arrollador de la oposición, o un nuevo “chavista” en el poder

§        Salida de Hugo Chávez y la “revolución bolivariana” del poder, por fallecimiento, enfermedad terminal, discapacidad, revuelta popular victoriosa, o pérdida de las elecciones sin posibilidad de un golpe de fuerza que las ignore.
Para cada uno de estos eventuales escenarios tienen que haberse previsto cuidadosamente variantes de actuación:

El primer escenario de la permanencia indefinida en el poder de un Hugo Chávez fortalecido y sin las “incómodas” limitaciones de una sólida democracia venezolana y un Estado de derecho funcional sería el ideal para el neocastrismo, pero aún así es evidente que el régimen cubano nunca lo dio por definitivo, permanente, estático o inamovible.

Son públicas las gestiones de acercamiento y el cuidadoso ajuste de las relaciones internacionales cubanas con diferentes países productores de petróleo en todo el mundo, muy pocos de los cuales se caracterizan por su carácter marcadamente democrático: Rusia, Brasil, Angola, Irán, Argelia, Libia, Guinea Ecuatorial, y varias relativamente pequeñas ex-repúblicas soviéticas.

Naturalmente, las circunstancias económicas en que se desarrollarían las relaciones comerciales con estos países suministradores alternativos serían mucho menos favorables que las que ofrece Hugo Chávez al régimen cubano, pero a pesar de eso sería una alternativa para impedir un brusco colapso para el poder de Raúl Castro.

En el segundo escenario, con Chávez en el poder en medio de una situación de crisis cada vez más crecientes en el país, podría seguirse contando con el suministro regular del petróleo, aunque tal vez otros campos de la “colaboración” venezolana se verían más limitados, pero de cualquier manera la labor de asesoría de los cubanos se concentraría en un mayor fortalecimiento y desarrollo de los servicios de seguridad y defensa, para garantizar que en cualquier circunstancia se mantenga en el poder la “revolución bolivariana” y continúen las excelentes relaciones intergubernamentales entre los dos países.

De igual forma, se acelerarían al máximo los trabajos comenzados de prospección y extracción de petróleo, tanto en tierra como en la cuenca submarina del Golfo de México.

Si bien es cierto que los resultados económicos de estos esfuerzos, por muy prominentes que sean, demorarían unos cinco años en comenzar a convertirse en dinero para las arcas del neocastrismo, no puede desconocerse que la potencialidad relativamente segura de la riqueza petrolera en territorio cubano podría permitirle al régimen algunas acciones de conjunto con capitales internacionales de riesgo, que le posibilitaría acceso, descontado por la primea de riesgo, claro está, a los futuros ingresos.

Seríamos demasiado ingenuos si consideramos que tal opción sería imposible de lograr si las circunstancias obligaran a decisiones de este tipo: al fin y al cabo, al neocastrismo no le interesa el futuro del país ni la suerte de los cubanos, sino su permanencia en el poder.

Sin dejar de atender las relaciones estratégicas con los eventuales suministradores de petróleo alternativo, ni la marcha acelerada de las exploraciones y prospecciones tanto en tierra como en el mar, este escenario de crisis venezolana con Chávez en el poder resulta, en cierto sentido, parecido al primero e ideal, con la diferencia de que el neocastrismo tendría que concentrar más atención y recursos -fundamentalmente humanos- en la represión sofisticada y neutralización de posibles alternativas de poder, incluso -y esto no debe desconocerse, porque es de extrema importancia- dentro de las mismas filas del chavismo.

El tercer escenario, de un Chávez mucho más limitado en el poder -tal vez forzado por las circunstancias a actuar más mesuradamente y sin desconocer olímpicamente las leyes y el Estado de derecho, como ha hecho hasta ahora- o de un nuevo “chavista” en el poder, sería mucho más complicado para el neocastrismo, pero no insuperable.

Y la variante de un nuevo “chavista” en el poder tiene que haberse analizado desde hace mucho tiempo con el mismo Chávez, para disponer de candidatos “aceptables” y a la vez con posibilidades reales de asumir el poder y mantenerse en él. Eso supondría que cualquier candidato a “la herencia” bolivariana tendría que contar con la aprobación de Hugo Chávez y el visto bueno de La Habana, sin alternativa, y que debe conocer perfectamente las reglas del juego con relación al papel y lugar de los cubanos en Venezuela, o estos se encargarán de que lo entienda explícita y rápidamente.

En esta situación jugaría un papel mucho más importante el trabajo de adoctrinamiento y propaganda sobre venezolanos y cubanos en el país, se endurecería la actuación de los “bolivarianos” y la polarización se extendería hasta los mayores extremos y circunstancias. El gobierno cubano debería poner mucho más énfasis que hasta ahora en la “protección” y “seguridad” de sus más de cuarenta mil trabajadores civiles en el país -fundamentalmente médicos, profesores y entrenadores deportivos, pero también los asesores civiles ubicados en prácticamente todas las instituciones- que hasta ahora son relativamente controlados por mecanismos tradicionales de contrainteligencia y control político, que en ese caso serían militarizados, como se hizo en Angola y Nicaragua.

Esa variante tiene que haber considerado una merma significativa en el monto de la colaboración de Venezuela en los sectores y rubros no petroleros (proyectos de alimentación, tecnología, salud, pesca, transporte, cultura, turismo, ganadería, agricultura, y empresas mixtas en industria, comunicaciones, transporte, y azúcar), y tal vez alguna disminución, quizás hasta el 50%, en los suministros petroleros, para ubicarse en las primeras cifras de colaboración petrolera: unos cincuenta y cinco mil barriles diarios.

Sería una situación más compleja y difícil, pero no para asustar demasiado a quienes ya previeron desde fines de los años ochenta del siglo pasado, cuando el “socialismo real” comenzó a desmerengarse y Hugo Chávez ni siquiera era conocido más allá de su familia y su cuartel, la llamada “opción cero” para el período especial, que suponía no recibir ninguna cantidad de petróleo de la Unión Soviética.

Ciertamente, las realidades de estos momentos son diferentes por muchas razones, pero no parece sensato considerar que quienes ya pasaron por una situación como esa y lograron mantenerse en el poder, a cambio de destrozar al país y “haitianizar” la sociedad cubana, no lo volverían a intentar.

Queda el cuarto escenario, el más complejo, que supondría la salida de Hugo Chávez y la “revolución bolivariana” del poder, por fallecimiento, enfermedad terminal, discapacidad, sublevación popular victoriosa o pérdida de las elecciones sin posibilidad de un golpe de fuerza que las ignore, es decir, el surgimiento de un gobierno post-chavista que pretenda retornar al Estado de derecho y la legalidad democrática en Venezuela y, por lo tanto, no se sienta comprometido con los mentores “revolucionarios” de La Habana y pretenda cortar la dependencia que Chávez le impuso a su país al aliarse tan estrechamente con el régimen castrista.

¿Qué podría suceder en un escenario como este?

El gobierno cubano no tendría más remedio que aceptar la realidad en caso de que Hugo Chávez y los suyos no estuvieran presentes o no puedan violentar la voluntad popular, aunque si intentaran hacerlo, en un caso como ese, de seguro que contarían con el apoyo del gobierno cubano.

El régimen podría manejar determinadas variables, desde intentar mantener el status quo de tiempos de Chávez -misión casi imposible, dicho así para no ser absolutos- hasta negociar diversas variantes de salida que no resultaran demasiado traumáticas para el poder cubano, como sería el corte inmediato y total de los suministros petroleros.

Esto supondría que nuevas autoridades democráticas venezolanas facilitarían al gobierno cubano la posibilidad de una retirada relativamente honrosa, escalonada y organizada, no de forma precipitada, como tuvieron que hacerlo en el Chile del general Pinochet el mismo día del derribo del presidente Salvador Allende.

¿Mucho pedir? De ninguna manera. Así ocurrió en la Nicaragua sandinista cuando ganó la presidencia la señora Violeta Chamorro con la Unión Nacional Opositora, y comenzó a desmantelar el fallido experimento del sandinismo: los gobernantes cubanos perdieron casi todo su protagonismo e influencia, pero no tuvieron que salir ni a la carrera ni expulsados. En definitiva, al enemigo en retirada, puente de plata.

¿Seremos tan ingenuos de pensar que el neocastrismo no ha previsto esta opción? ¿Es que no podrían incluso haber hablado de estos temas con opositores de Chávez que podrían ser eventuales poderes en el post-chavismo?

Atención: esto no se haría a espaldas del )comandante-presidente bolivariano ni tendría por que ser así. Tal vez Chávez no lo entienda completamente o no le haga mucha gracia una situación como esa, pero el neocastrismo siempre alegaría razones de fuerza mayor, “de Estado” o de “la revolución”, para un pragmatismo concreto de este tipo.

¿Por qué tendrían que aceptar esta variante nuevas autoridades venezolanas? En términos morales, naturalmente, no sería lo mejor, pero cuando un gobierno, cualquiera que sea, tiene que negociar con los ocupantes de su país -y aquí se trata de más de cuarenta mil cubanos, muchos de ellos en posiciones estratégicas y sensibles- debe tener la visión y la flexibilidad para comprender que si los ocupantes “se atraviesan” en sus proyectos y programas de democratización, pueden haber consecuencias imprevisibles y resultados muy pocos deseados. Así ocurre con esos viejos guerrilleros cubanos, maestros de la subversión: tratar de acorralarlos es correr un grandísimo riesgo de inestabilidad.

“Nada personal, asunto de negocios”, diría el neocastrismo. “No nos hagan muy difícil el retirarnos”. “Naturalmente, queremos respetar la voluntad de los venezolanos, pero eso no puede ser a cambio de poner en peligro nuestra seguridad nacional”. “¿Por qué no se va a poder encontrar una solución mutuamente satisfactoria?”.

Para poder sacar hacia Cuba a más de cuarenta mil colaboradores civiles y quién sabe cuantos militares y funcionarios de “la seguridad”, se necesita determinado tiempo. ¿Qué tal un arreglo de que el nuevo gobierno legítimo de Venezuela mantenga el suministro de petróleo a los niveles actuales, pero a los precios del mercado mundial o tal vez un poco más barato (a crédito, por supuesto), a cambio de lo cual el gobierno cubano garantizaría no ser en manera alguna obstáculo a las nuevas autoridades venezolanas? Al fin y al cabo, somos latinoamericanos todos, los hijos de la misma Patria Grande, ¿no?

Sinceramente, un nuevo gobierno venezolano no chavista tendría que ser demasiado torpe y enajenado para no darle curso a una solución de ese tipo, que no sería ni la más justa ni la más decente, pero tal vez resultaría la más práctica y menos problemática.

La de Cuba no sería la única “herencia” preocupante que le dejaría el chavismo a nuevas autoridades venezolanas: tendrían que enfrentar también los préstamos e inversiones firmados por el gobierno “bolivariano” con China y Japón y garantizados con el petróleo venezolano, más todos los proyectos “solidarios” con los socios y aliados del ALBA. Se trata de compromisos muy difíciles de ignorar.

De manera que, lejos de creer que el neocastrismo anda corriendo pensando como se va a resolver la situación con la salud del presidente Hugo Chávez -factor que está mucho más allá de las posibilidades y las voluntades humanas- sería más sensato considerar que en estos momentos está actualizando -si es que no ha terminado todavía- sus planes de contingencia, eso que llaman en todas partes el “Plan B”.

Nada de lo anterior significa que el neocastrismo no corra peligro alguno con los actuales acontecimientos en Venezuela y la salud de Hugo Chávez, o que no deba preocuparse. El presidente venezolano padece de cáncer, aunque no se conozca públicamente su ubicación, alcance, grado de desarrollo y tratamiento específico. Un mal que en cualquier momento puede escapar al control de los más sofisticados controles, medicamentos y tecnologías, por lo que no puede descartarse un desenlace fatal, ni tampoco preverse un tiempo prudente para que se produjera. Pero, comoquiera que sea, el eventual final biológico de Hugo Chávez no significa automática y necesariamente el final del neocastrismo, ni mucho menos.

Considerar que la situación ha tomado por sorpresa a los poderes en La Habana no es realista. Independientemente de todas nuestras consideraciones morales y políticas sobre los valores éticos e ideológicos del neocastrismo, sería un grandísimo despiste considerar que sus principales personeros son tontos ni muchos menos, o que no están preparados para situaciones imprevistas.

Si se prepararon concienzudamente para el fallecimiento o una grave enfermedad del Comandante en Jefe, y han logrado capear el temporal durante cinco años, nada hace pensar que hubieran considerado a Hugo Chávez inmortal o eterno: esa sería, sin dudas, la única variante que nunca se analizó.

Tontos son quienes consideren que en esa camarilla cubana de ancianos y generales -al final son los mismos- no se piensa ni se analizan detalladamente los temas estratégicos, o que se vive improvisando.

Al menos, no será aquí, en Cubanálisis-El Think-Tank, donde se caiga en esa tontería.

Última actualización el Jueves, 07 de Julio de 2011 11:32
 
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Escrito por Fuente indicada en la materia   
Miércoles, 06 de Julio de 2011 15:06

Por Jorge Hernández Fonseca.-

La lucha ahora es básicamente política ante una dictadura en bancarrota, sin prestigio ni legitimidad dentro y fuera de Cuba, que es lo que nos dará la fuerza para que el mundo comprenda que una Cuba democrática es necesaria.

 

Cuba no es Venezuela

Jorge Hernández Fonseca

 

6 de Junio de 2011

 

Los inesperados acontecimientos políticos que se derivaron del anuncio repentino de Hugo Chávez sobre la índole cancerígena de su intervención quirúrgica en la Habana, han llenado nuestros medios informativos del exilio cubano de profusos y detallados análisis asociando la enfermedad del caudillo venezolano --con fuertes razones y argumentos-- al futuro de Cuba.

 

No sería escribir en exceso si aquí se pretendiera abundar sobre un tema fundamental al futuro económico y quizá político de la isla. Si el infortunio personal del principal mantenedor de la dictadura cubana llegara a traducirse en una pérdida de poder político en Venezuela, que llegara a cortar el lazo que permite mantener a la dictadura castrista oprimiéndonos, sería providencial.

 

Voy a referirme sin embargo --como se anuncia en el título de este análisis-- a aspectos también importantes del acontecer político actual dentro de la isla, fuera del incidente sufrido por Chávez. Acabamos de recibir desde Cuba un patético llamado firmado por Oswaldo Payá, líder de uno de los principales movimientos opositores dentro y fuera de la isla (siendo él mismo uno de los principales dirigentes activos contra la dictadura). Se trata de una convocatoria importante a establecer una “posición común” de todas las fuerzas opositoras de dentro y fuera de Cuba, en la que personalmente veo tres elementos básicos fundamentales:

 

En primer lugar, no se trata de un pedido de “unidad” hecho por alguno de los analistas políticos observadores de la política cubana --como lo ha hecho ya varias veces quien estas líneas redacta-- y como lo han hecho también la casi totalidad de los formadores de opinión cubanos. Se trata del llamado de un político actuante en la isla y por tanto conocedor de las situaciones e informaciones que circulan y se presentan en el difícil proceder de un opositor dentro del enrarecido ambiente dictatorial que vive. Algo sabe Payá que lo impele a hacer este llamado.

 

En segundo lugar, esta convocatoria se inscribe en un momento importante de la situación política interna cubana. La dictadura --a través de Raúl en persona-- ha proclamado la derrota del socialismo (en la economía al menos) y ha iniciado un grupo de cambios en esta área, que probablemente serán continuados con alguna ‘carta’ en el área política. La nueva situación de Venezuela con un Chávez con cáncer, sumado a la experiencia cubana manejando la oposición venezolana dentro de ese país, quizá inste a Raúl a ser un poco más “abierto” y experimente internamente en Cuba con una “oposición” controlable, ya preparada como sabemos.

 

En tercer lugar, si la información que impele a Payá para redactar semejante llamado fuera del conocimiento del resto de las organizaciones opositoras dentro y fuera de la isla, se crearía una sinergía propia que podría culminar en algún tipo de evento u agrupación sabidamente opositora, que realmente haga frente a la potencial pantomima que quizá el castrismo prepara, con la anuencia seguramente de sectores en Latinoamérica, la Unión Europea y de los Estados Unidos. Esta agrupación podría identificarse plenamente por encima de la atomización actual y facilitaría la lucha democrática por ser la “realmente” reconocida como opositora comprobada.

 

Quiero señalar la importancia de este asunto, porque si bien la salida de Chávez del poder en Venezuela representaría un golpe económico importante para la dictadura que nos oprime, es importante no subestimar a nuestros opresores, que supieron “capear el temporal” de la desaparición de la antigua URSS. Ese evento fue de complejidad comparable con el escenario que se presentaría sin el petróleo de Venezuela --con sus grados de dificultados mayores o menores-- porque la dictadura volvería a sacrificar sin mayores problemas al cubano "de a pie" para mantener el poder.

 

Por otro lado, sin una lucha política en la isla, como ya lo hacen nuestras organizaciones opositoras, no habrá cambios hacia la democracia en Cuba. La estrategia no puede centrarse solamente en cercenar a quienes ayudan desde el exterior a oprimirnos, como ya lo hizo la Rusia comunista y ahora lo hace la Venezuela chavista. La lucha ahora es básicamente política ante una dictadura en bancarrota, sin prestigio ni legitimidad dentro y fuera de Cuba, que es lo que nos dará la fuerza para que el mundo comprenda que una Cuba democrática es necesaria.

 

 

Artículos de este autor pueden ser consultados en http://www.cubalibredigital.com

 

Última actualización el Miércoles, 06 de Julio de 2011 20:41
 
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