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Artigos: Cuba
Violencia y no violencia en Cuba PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Domingo, 21 de Noviembre de 2010 11:58

Por PEDRO CORZO

Las estrategias utilizadas por la oposición contra el régimen cubano han sufrido una severa metamorfosis durante estas cinco largas décadas; no obstante, a pesar de los cambios, los rumbos originales del accionar político se mantienen.

Los descontentos con el derrotero que tomaba la Revolución, que en su mayoría provenían de esas mismas filas, intentaron por medios políticos no violentos impedir el establecimiento de una nueva dictadura.

La protesta del presidente Manuel Urrutia Lleo, las denuncias del comandante Pedro Luis Díaz Lanz y la carta denuncia del comandante Húber Matos son hitos entre los muchos esfuerzos no violentos y cívicos por impedir el control totalitario, que concluyeron públicamente ese año con el rechazo de los dirigentes de la CTC a la titulada candidatura unitaria que otorgaba una representación inmerecida a la minoría marxista.

Los centros universitarios fueron escenarios de protestas pacíficas contra el comunismo. Pedro Luis Boitel intentó mantener la independencia de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU); otro tanto hizo en Las Villas Porfirio Ramírez, hasta que no tuvo otra alternativa que partir a las montañas para más tarde ser fusilado. Los estudiantes que protestaron pacíficamente en el Parque Central, dirigidos por Alberto Muller y Manuel Salvat, lo hicieron contra el comunismo y no contra la Revolución.

Las credenciales cívicas, entre otros, de José Ignacio Rasco, Antonio José Varona, Roberto Agramonte, Luis Conte Agüero y José Miró Cardona, los primeros dirigentes de la oposición en 1959, son indiscutibles, y si en un momento decidieron asumir otro método de lucha fue consecuencia de que el espacio para el tipo de confrontación que preferían, la electoral, había sido eliminado.

La Iglesia Católica cubana emitió numerosas pastorales que criticaban el rumbo del gobierno. Monseñor Eduardo Boza Masvidal fue particularmente firme en la defensa de la libertad religiosa. La respuesta gubernamental fue la deportación de más de 100 sacerdotes y la persecución abierta o encubierta de los fieles.

El régimen, según transcurría el tiempo, estableció un control sobre toda la sociedad que impidió cualquier acción política y social independiente. La violencia ejercida por el Estado impulsó a la oposición a la violencia. La sociedad se asfixiaba y como supremo derecho, señalado en el preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, ``Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión''.

Un aspecto marginal, pero a tener en cuenta, era que entre las tradiciones cubanas más lamentables estaba la lucha armada. La primera reacción de la oposición, incluyendo la de los partidos políticos al golpe militar del general Fulgencio Batista, fueron los atentados personales, sabotajes y la lucha guerrillera y terrorista que dirigió Fidel Castro. Un epítome de esa tradición.

La lucha fue dura y cruenta. Murieron cubanos de ambas vertientes ideológicas. Montañas y llanos conocieron, como nunca antes en nuestra historia republicana, la confrontación armada. La lucha en la clandestinidad fue dolorosa. El paredón, los atentados personales, muertos en combate, desaparecidos, la cárcel y el exilio.

El régimen logró imponer su voluntad a sangre y fuego. El país se dividió. El ciudadano se convenció de que el nuevo orden era inmutable. La percepción de un estado omnipotente y omnipresente impregnó la conciencia individual y colectiva. El fatalismo de que todo estaba preescrito y diseñado caló muchas mentes.

La intensidad de la confrontación disminuyó y aunque la pax castrista extendió su sombra por todo el país, nunca pudo extirpar de raíz la voluntad de cambio de un grupo de irredentos, que dentro o fuera de la isla, continuó luchando de diferentes formas, aunque siempre primó la violenta, particularmente desde el exterior.

partir de finales de la década de los 70 en Cuba surgió y se fortaleció con los años un activismo que en principio se identificó con el respeto a los derechos humanos pero que ha evolucionado hasta reclamar reivindicaciones políticas que se fueron radicalizando en el marco de la no violencia.

Por otra parte en el exterior, aunque hay organizaciones que favorecen la confrontación armada, siempre han operado otras agrupaciones que rechazan la violencia y creen en otras vías para resolver el drama nacional.

Por todo lo antes expuesto se puede afirmar que la oposición al castrismo es plural ideológica y políticamente, diversa en sus orígenes, diferentes las estrategias y distinta la historia personal de cada uno de sus actores que aunque genera muchas contradicciones coinciden en el más importante objetivo: derrocar el totalitarismo.



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Los supuestos subsidios del estado “revolucionario” cubano PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Viernes, 19 de Noviembre de 2010 12:08

Por Jorge Hernández Fonseca

 

Ahora, que la dictadura castrista ha echado a andar su máquina de propaganda con el próximo Congreso del Partido, junto a un documento escrito con cambios en la economía, considero importante resaltar un punto sobre el cual los alabarderos del castrato martillan a diario y que en el caso de los materiales de construcción ha salido con destaque en estos días: los subsidios que supuestamente el estado “revolucionario” cubano daría para financiar aquellos productos racionados que la población compra “por la libreta” de racionamiento.

 

Aunque la noticia de actualidad es que la dictadura eliminará “los subsidios” a los materiales de construcción, tan necesarios en una sociedad abandonada, son los alimentos racionados los que más se insiste en decir que son “subsidiados” por el ‘estado revolucionario’. Cuba, desde luego, y a partir de la implantación del sistema socialista en su economía, ha dejado de producir, tanto materiales de construcción como alimentos, y los tiene que importar en divisas.

 

Lo primero a ser aclarado es que la economía de cada país es un sistema organizado con bases relativas a lo que sucede dentro del propio país, habiendo, desde luego, mecanismos de traducción, transferencia y equivalencias con otras sociedades con las cuales se relaciona.

 

Es por eso que determinado producto --el “Big Mac” por ejemplo-- que es un tipo de sandwish bastante normalizado internacionalmente en sus ingredientes (y que por tanto tendría similar precio en todos los países) tiene un precio diferente según sea el país donde sea comprado, aún llevando rigurosamente a dólar el valor pagado en cada país, según las tasas de cambio.

 

No hay un precio único. Cada país tiene su nivel de vida y eso es lo que determina el valor de cada producto. El precio de la carne es diferente, de la lechuga, la salsa, etc. Igual sucede con el precio de los carros nuevos. Cada país impone sus precios, que tienen en cuenta los factores asociados a lo descrito anteriormente con los alimentos y otros específicos de estos productos.

 

En este contexto, ¿Cual es el nivel de vida existente dentro de la Cuba castrista? Resulta lógico suponer que en la isla, donde un médico gana 20 dólares por mes, un sandwish no puede valer sino centavos. No hay que subsidiar nada. Si el médico gana 20 dólares por mes, el campesino gana 8 dólares por mes, los jubilados ganan 5 dólares por mes, la economía se ajusta sola.

 

En realidad la dictadura cubana proclama un socialismo, que realmente es un capitalismo de estado, donde existe sólo una única empresa (el país) de un único dueño y donde el resto son empleados. ¿De dónde saca la dictadura castrista el embuste que “subsidia” los alimentos o los materiales de construcción? La dictadura concentra todas las ganancias y con ellas compra lo que necesita el país para continuar moviendo su pobre economía, en la que el asalariado se lleva una parte insignificante del valor real que crea con su trabajo, explotado doblemente.

 

Continuando en esta línea de razonamientos, parte de lo que sucede en la isla con su fracasada economía es decurrente de un criterio fuertemente arraigado en la mentalidad explotadora de los hermanos Castro, que nunca quisieron pagar por el trabajo que se hacía dentro de la isla, creando un sistema económico que, como se paga poco, se produce poco. En eso no hay misterios. Cuba ha ido involucionando económicamente, sin aumentos sensibles de salarios durante casi 50 años, mantiene una productividad de hace medio siglo. Involucionó.

 

La ausencia de la iniciativa privada --como fuente probada de riquezas-- es una fuerza a la que el castrismo renunció por prejuicios ideológicos. No puede una sociedad, competitivamente, avanzar sin la participación individual de cada ente económico de su tejido social, que es lo que permite el avance, la innovación y la capacidad emprendedora de cada uno de sus hijos.

 

Sin embargo, lo que tiene que hacer Raúl para tener producción, en el campo o en la ciudad, es pagar bien por el trabajo. Que aquellos que trabajan sientan que ganan dinero y que los límites sean aquellos propios de su esfuerzo y no del ojo ambicioso de dos hijos de un gallego tacaño.

 

Como que la isla tiene que comprar en Estados Unidos 80% del alimento que consume, este alimento tiene que pagarlo en dólares. Probablemente, la cuenta por concepto de alimentos que la dictadura tiene que enfrentar, es mayor que la totalidad de lo pagado como salarios en pesos cubanos (debido a la distorsión salarial, 15 dólares por mes). Es esta diferencia que le hace decir a la dictadura que “subsidia” la alimentación de su pueblo. Un verdadero embuste.

 

Si Cuba produce por ejemplo, azúcar en un central azucarero pagando 10 dólares por mes a sus trabajadores agrícolas e industriales, es lógico que la tonelada de azúcar producida tenga un costo de producción insignificante, en fábricas viejas y un mínimo de inversiones. Sin embargo, esa azúcar es vendida en el mercado mundial a 400-500 dólares por tonelada, dólares que pasan a manos del dictador (que se adueña como si fuera de él) y con esos dólares “subsidia” los alimentos de los trabajadores de la industria azucarera.

 

Así sucede con el turismo, el níquel, la agricultura, la pecuaria, la producción de cemento y en general, en toda la economía. Los cubanos producen los valores en dólares (y reciben una miseria por mes, en pesos). Esos dólares van a manos del gobierno, que después dice usarlos para “subsidiar” los productos de consumo interno. ¡Cuentas de bodegueros es lo que hacen!

 

Todos los que hemos trabajado en la isla sabemos que la economía funciona como vasos no comunicantes. Los negocios que generan dólares llevan una contabilidad individual que no se mezcla con otros sectores, De esa manera, la industria azucarera, el níquel, el turismo, el tabaco y un largo etc. tiene su propia e individual contabilidad, que termina en las manos del dictador mayor, que es el que concentra los dólares. Los pesos cubanos no cuentan y para ello hay funcionarios de segunda, que simplemente “echan a nadar la maquinita” de hacer pesos.

 

Dentro de esa economía dupla se ha movido la isla en los últimos 50 años. La miel del panal va a manos del zángano y los detritos son para los trabajadores. Como nadie trabaja y se produce poco, hay que usar parte de la miel para “subsidiar” el consumo de los trabajadores.

19 de Noviembre de 2010

 

 

Artículos de este autor pueden ser consultados en http://www.cubalibredigital.com

 

Última actualización el Viernes, 19 de Noviembre de 2010 14:52
 
Los Lineamientos del VI Congreso PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Miércoles, 17 de Noviembre de 2010 09:35

Por Yoani Sánchez

Cuando se crece descifrando cada línea aparecida en los periódicos, se logra encontrar en medio de la retórica el grano de información que la motiva y la pizca de novedad que ésta oculta. De ahí que los cubanos seamos sabuesos de lo no expresado, peritos en descartar la palabrería y hallar --muy en el fondo-- las razones que la mueven. El Proyecto de Lineamientos para el VI Congreso del Partido Comunista es un buen ejercicio con el que afinar nuestros sentidos, un ejemplo para evaluar la práctica de decir sin decir, que se ha constituido aquí en discurso de Estado.

En más de treinta páginas el texto sólo contiene propuestas de tipo económico, más adecuadas para un Ministerio de Finanzas que como brújula de un partido político. Es cierto que carece de ese lenguaje de barricada que lo resuelve todo a base de consignas; sin embargo, peca de ser el edulcorado listado de lo que podría llevarse a cabo si el sistema realmente funcionara. Para los que creen que exagero en mi escepticismo, échenles una ojeada a los puntos del congreso pasado y comprueben cuántos de ellos realmente se materializaron.

Separando la hojarasca, es positivo que vaya a retirársele peso al sector presupuestado, a esa colosal sanguijuela que se alimenta de mí, de ti, de todos nosotros. Ampliar el escenario para el trabajo por cuenta propia también es reconfortante, pero siempre que le pregunto a alguien si sacará una licencia, me responde que no piensa ``morder la carnada'' de comenzar a tributar. La desconfianza es difícil de vencer y si un gobierno hunde una economía nacional con su voluntarismo y sus descabellados programas, tiene poca credibilidad al anunciar que quiere salvarla. Decepciona que ni una línea refiera a la ampliación de derechos civiles, entre los que se incluye la erradicación de las limitaciones migratorias que sufrimos los cubanos para entrar y salir de nuestro propio país. Tampoco hay una palabra sobre la libertad de asociación o de expresión, sin las cuales las autoridades se seguirán comportando más como los capataces de una fábrica que como los representantes de su pueblo.

El PCC se reunirá en abril, se aprobarán unos lineamientos muy parecidos a estos del folleto y en un año o dos, nos preguntaremos qué pasó con tanta tinta sobre el papel.



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Discurso personal con ayudantías PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Domingo, 14 de Noviembre de 2010 23:52

Por RAUL RIVERO

El tiempo, que es honrado y no deja de pasar, le viene a dar la razón a quienes vieron una decisión unilateral del gobierno de Cuba en lo que se quiso presentar, en el verano pasado, como un acuerdo con la Iglesia y España para poner en libertad a los prisioneros políticos que permanecían en las cárceles de la Isla desde la llamada Primavera negra del 2003.

Es verdad que han salido deportados hacia Europa 39 de aquellos hombres y decenas de personas de sus familias, pero el plazo anunciado inicialmente se venció esta semana y 13 de los opositores pacíficos siguen en sus celdas como si el pacto, anunciado y comentado en la prensa durante meses, no tuviera que ver con ellos y sus vidas.

La salida de los presos se recibió con alegría y respeto dentro de la oposición interna y en el exilio. Lo que deja al descubierto la esencia de la operación es que el gobierno se niegue a abrir los candados de las celdas de un grupo de cubanos que, después de siete años en las galeras, el hambre y el peligro, quieren regresar libres a sus casas y se niegan a viajar al extranjero.

El acuerdo original establecía unos límites de tiempo para las liberaciones. Y se ve que quienes no quieren salir de Cuba --disposición recibida también respetuosamente-- han dejado clavados en sus posiciones de auxiliares a la Iglesia y a España porque, en vez de negociar con su socio principal las fechas de la libertad de los presos, están obligados, ante los reclamos de las Damas de Blanco, a pedir paciencia, fe y esperanza.

Dicen los que saben de estos asuntos que no hubo nunca una intención del gobierno de reconocer la torpeza y el crimen de condenar a hombres inocentes hasta a 28 años de cárcel por trabajar con decencia por sus ideas.

La puesta en marcha del supuesto acuerdo y las deportaciones se debieron a que la muerte de Orlando Zapata en una huelga de hambre en una celda, las manifestaciones públicas (los acosos, las golpizas) de las Damas de Blanco, el ayuno prolongado del periodista Guillermo Fariñas, y la posición de firmeza de los prisioneros, le indicaron al grupo de poder que debía buscar una vía que los sacara del centro de las críticas de los medios de prensa y de los organismos internacionales de derechos humanos.

Todo eso en un mar de marabú, en medio de una economía devastada y bajo un desconcierto ideológico en el que Lenin se parece cada día más a Hugo Chávez.

Como se ha dicho que el gesto original fue dictado por una necesidad del gobierno, ahora pueden, sin contar con nadie, alargar las fechas de liberación de los presos para presionarlos y forzar a sus familias para que acepten salir de Cuba, y no puedan regresar a sus casas, a sus barrios, a sus pueblos.

Se sabe que no están bien de salud Arnaldo Ramos Lauzerique, Félix Navarro y Pedro Argüelles Morán. Me quedo con este mensaje que envió desde la cárcel hace unas horas, otro de los 13, Angel Moya Acosta: ``Mi espíritu es el mismo, es de alegría porque estoy preso por luchar por la dignidad y el derecho del pueblo de Cuba, porque no soy un asesino, ni un terrorista, ni un delincuente, ni un ladrón. Estoy preparado desde el punto de vista físico, moral y espiritual''.



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Cuba: otra reforma, otro fracaso PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Domingo, 14 de Noviembre de 2010 23:50

Por CARLOS ALBERTO MONTANER

Raúl Castro está empeñado en que el comunismo cubano sea eficiente y productivo. Sus reformas no están encaminadas a crear libertades políticas y económicas, como esperaban los más ilusos, sino a salvar y relanzar el modelo socialista de economía planificada, dirigido por los sabios y bienintencionados burócratas del Partido, donde predomine la propiedad estatal de los medios de producción, ahora acompañado de cooperativas y de un tenue tejido microempresarial privado, también sujeto a los objetivos generales del Estado y bajo la estricta vigilancia del gobierno para que la acumulación de riquezas no sea excesiva. O sea, el mismo monstruo, pero ligeramente mutado.

Para lograr sus propósitos, Raúl ha puesto en circulación un documento de 32 páginas titulado ``Lineamientos de la política económica y social'', que será el foco de las discusiones hasta llegar al VI Congreso del Partido Comunista convocado para abril del 2011. Nada de exámenes políticos de fondo. Nada de cuestionamientos esenciales al sistema dictatorial que mantiene a los cubanos en una creciente miseria desde hace más de medio siglo. La discusión se limita al tema estrictamente económico.

Era previsible. Raúl no es un ideólogo. Ni siquiera se considera un político. Se ve como un gerente. Se considera un tipo pragmático, organizado, capaz de armar un equipo de trabajo, asignar responsabilidades, establecer calendarios y hacer cumplir las metas con mano dura. Siempre ha percibido a su hermano como un ser superior, genial, más inteligente que él, pero caótico, arbitrario, torpe en la elección de sus subalternos e incapaz de desarrollar planes a largo plazo. Piensa que sin Fidel no hubiera habido revolución, pero estima, como muchos cubanos, que por culpa de Fidel y de sus arrebatos anarcolocos la revolución es un desastre.

Raúl cree que él puede arreglar ese desastre. Sería su gran victoria personal en la secreta competencia que mantiene con su hermano mayor. Durante toda su vida ha sido un segundón, un apéndice a veces humillado del Máximo Líder (a Raúl le llaman, en voz baja, el Mínimo Líder), pero ésta es su oportunidad histórica de ganarle esa batalla íntima y dolorosa y demostrar que él es capaz de triunfar donde el otro fracasó estrepitosamente.

Aunque la reforma es económica, el objetivo de medio y largo plazo es de carácter político. Raúl sabe que el fracaso material del gobierno es de tal magnitud que difícilmente el régimen sobreviva cuando él y Fidel no estén al frente de los cuarteles. Ya casi nadie cree en el sistema porque, como se le escapó a Fidel, ``no funciona''. Para poder transmitir ordenadamente la autoridad dentro de las instituciones del Partido y evitar el derrumbe post mortem, hay que legitimar a la clase dominante aportando comida, vivienda, agua potable, comunicaciones, electricidad, transporte, ropa, salud, educación y un mínimo de diversión.

Hasta ahora han podido sobrevivir gracias a la caridad soviética, primero, y luego a la venezolana, pero Hugo Chávez es un tipo impredecible que puede desaparecer mañana, como ocurrió con la URSS. El sistema comunista cubano tiene que ser autosuficiente, especialmente si se mantiene el propósito de entronizar la dinastía dejando en el poder a Alejandro Castro Espín, coronel de los servicios de inteligencia e hijo y mano derecha de Raúl.

ero todo eso es una fantasía. Su reforma del aparato productivo fracasará, como ocurrió con las otras seis anteriores que ha implementado el gobierno a lo largo de más de cincuenta años. Raúl cree que el sistema se salva si las empresas en poder del Estado se vuelven eficientes y rinden beneficios. Las va a operar con métodos comunistas, pero va a juzgar sus resultados con categorías del capitalismo. Eso es un disparate. Quiere que las empresas produzcan cada vez más con cada vez menos, que es la esencia de la productividad capitalista, y por eso en el plazo de dos años va a lanzar al desempleo a un millón trescientas mil personas, una cuarta parte de la fuerza laboral, incapaz de advertir que el pecado original del modelo comunista está, precisamente, en la propiedad estatal de los medios de producción y en la existencia de un poder central planificador manejado por burócratas que determinan los precios artificialmente y aplastan la creatividad y el espíritu emprendedor de la sociedad.

Raúl supone que el modelo comunista se basa en ideas correctas hasta ahora mal ejecutadas. Morirá sin entender que las enormes deficiencias del comunismo real son la consecuencia natural de las ideas disparatadas de Marx, Lenin y el resto de los corifeos. Ya está muy viejo para aprender nada.

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