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Artigos: Cuba
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Escrito por Fuente indicada en la materia   
Viernes, 22 de Octubre de 2010 11:58

Por JORGE HERNÁNDEZ FONSECA

Comandante:

Me ha extrañado mucho su reciente ausencia de los medios de prensa cubanos y de las tribunas en la isla, que desde Agosto pasado disfrutan de sus inesperadas y frecuentes visitas. Yo sé que después de una carrera frenética en pos del Nóbel de la Paz, formando un ‘escarceo’ dentro de la isla contra la “guerra nuclear”, ‘le ronca’ haber sido ignorado.

 

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Jorge Hernández Fonseca

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Sent: Domingo, 18 de Octubre de 2010

Subject: “Un Nóbel pa’Ud.”

 

Comandante:

 

Me ha extrañado mucho su reciente ausencia de los medios de prensa cubanos y de las tribunas en la isla, que desde Agosto pasado disfrutan de sus inesperadas y frecuentes visitas. Yo sé que después de una carrera frenética en pos del Nóbel de la Paz, formando un ‘escarceo’ dentro de la isla contra la “guerra nuclear”, ‘le ronca’ haber sido ignorado.

 

Realmente no ha habido un estadista de la talla suya que haya alertado con más vehemencia sobre la guerra atómica que se nos viene encima, con la participación de Irán y Corea, unidas, contra Estados Unidos y Europa queriendo acabar con ellos. Los jurados del Premio Nóbel no deberían haber ignorado sus esfuerzos de última hora para merecer el galardón, sobre todo que antes se lo habían dado a Obama sin hacer hecho nada de’so.

 

Es triste y doloroso también que el Premio que Ud. merecía por su lucha contra la guerra atómica venidera, fuera a parar a manos nada menos que de un disidente chino. Eso debe haber sido programado a propósito, como diciendo que Ud. realmente lo merecía y que se lo daban a un disidente contra el comunismo, para que Ud. “llevara carta”.

 

Otra detalle que también señala que era Ud. el hombre para el Nóbel de la Paz este año fue el hecho que también le dieran el Nóbel nada menos que a Vargas Llosa. Ese intelectual pedante y contrarrevolucionario, asalariado del imperialismo y abanderado de las causas contra las dictaduras del proletariado, que no se cansa de criticarlo a Ud.

 

Nuestro aguerrido y sacrificado pueblo trabajador nunca perdonará a los jueces del Nóbel de este año por esa triple canallada: no darle a Ud. el Nóbel de la Paz; dárselo a un disidente y darle el Nóbel de Literatura a Vargas Llosa. Son tres aspectos de un mismo mensaje contra Ud. y contra su justa lucha en pro Irán y la futura guerra nuclear.

 

Ahora Comandante, no por eso debe dejar de salir en público, aunque sea aguanta’o por uno de sus nietos, mire que todos se van a dar cuenta que las frenéticas salidas en Agosto y Septiembre tenían como objetivo influir en las decisiones de los jurados del Nóbel. La gente ej’muy mal’pensá así que llénese de orgullo y vuelva a salir pa’la calle.

 

Fíjese que ni Vargas Llosa ni el chino disidente tienen lo que a Ud. le sobra en Cuba: el apoyo de toda la prensa nacional, encabezada por el periodista más premiado de la TV Cubana, Randy Alonso, (premio nacional, por mantener un programa que nadie ve, sin cuestionamiento del jefe de la emisora) y eso tiene que hacerlo sentir muy orgulloso.

 

Sin embargo Comandante, mucho cuida’o con la Mafia de Miami que anda diciendo que no es lo mismo, “El problema de no darle el Nóbel de la Paz como cura, pa’dárselo a un disidente chino, pese a que un médico del pueblo de Cuba lo salvó pa’luchar”, que, “El problema que Ud. tiene es con el disidente pueblo de Cuba, y no lo cura ni el Nóbel, ni el médico chino”

 

Su víctima

Ciudadano de Segunda

Última actualización el Viernes, 22 de Octubre de 2010 12:02
 
El Comandante que denunció la traición de la revolución cubana PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Jueves, 21 de Octubre de 2010 10:44


Por ROBERTO MARTÍNEZ

Hoy hace 51 años, el 21 de octubre de 1959 en Camagüey, desde muy temprano en la madrugada en las estaciones de radio de la capital provincial los capitanes Orestes Valera y Jorge Enrique Mendoza Reboredo (1), voceros de Fidel Castro, arengaban a la población acusando a la tropa del Ejército Rebelde en el Regimiento Agramonte. Los acusaban de haberse sublevado contra la revolución. Los llamaban “traidores, hijos de perra, canallas, mercenarios etc.” Los soldados estaban indignados.

El Comandante Huber Matos, jefe militar de la provincia, escuchaba los insultos consciente de que el propósito era provocar una reacción de parte de la tropa y los oficiales bajo su mando.

Los aproximadamente 300 hombres de la policía de Camagüey y una compañía de 100 hombres que custodiaba el aeropuerto habían sido manipulados por Fidel, que se encontraba en La Habana, para lanzarlos contra el Regimiento Ignacio Agramonte.

El Comandante Matos fue de compañía en compañía advirtiéndoles a sus hombres que: “esto es una trampa, no podemos caer en el error de dejarnos provocar. Yo soy el objetivo principal, pero lo que quieren provocar es una confrontación para que haya muertos y así justificar una sublevación.” Los soldados rebeldes y sus oficiales obedecieron las órdenes.

Temprano en la mañana el doctor Miguelino Socarras,(2) ex oficial rebelde, llegaba a la casa del comandante del regimiento que se encontraba dentro del complejo militar. El doctor Socarras le pidió a Huber que huyera con él de Cuba. Le dijo que él tenía un avión y un piloto listo a minutos de allí. Que había que evitar que lo lincharan. Huber se negó a huir diciéndole: “Me arrastrarán ahora, pero tal vez esto salve al país.”

Unas horas después llegó el Comandante Camilo Cienfuegos(3) y conversó con Huber sobre el problema de la infiltración comunista que preocupaba a ambos. Castro llegó cautelosamente a Camagüey y acompañado de una turba se dirigió al Regimiento Agramonte donde nadie opuso resistencia. Huber fue arrestado. Veintiuno de sus oficiales exigieron que se les detuviera con él, y fueron arrestados también.

El Capitán José Manuel Hernández, jefe militar en el pueblo de Florida fue a la estación de radio del pueblo, protestó por las acusaciones contra su jefe Huber Matos, regresó a su puesto de mando, escribió una carta donde decía que ya no valía la pena seguir viviendo y se disparó un tiro y murió.

Otro oficial, el teniente José León García del Central Vertientes, protestó por las calumnias contra sus compañeros y su jefe, y también se suicidó.

Los estudiantes, los trabajadores y campesinos camagüeyanos reaccionaron con incredulidad y descontento ante aquellas acusaciones. Las operadoras de las centrales telefónicas de la provincia respondían a cualquier llamada con la consigna “Huber Matos no es traidor.”

En este enlace podrá encontrar la carta renuncia y una explicación de las circunstancias. En TeleCID podrá encontrar varios videos sobre el tema. El libro “Cómo llegó la noche” tiene un relato detallado de estos y otros acontecimientos.

Huber Matos cumplió una condena de veinte años de cárcel, vive en Miami con su esposa María Luisa y es el Secretario General de Cuba Independiente y Democrática, el CID.

Roberto Martínez
Comit
é de Asistencia al Partido Cuba Independiente y Democrática (CACID)


(1) Orestes Valera murió de cáncer en Hialeah. Jorge Enrique Mendoza Reboredo intentó suicidarse y luego murió.

(2) El doctor Socarras salió al exilio donde practicó la medicina por más de veinte años y falleció.

(3 El Comandante Cienfuegos desapareció el 28 de octubre, una semana después del arresto del Comandante Huber Matos, pero su desaparición no fue reportada[informada] por la prensa cubana hasta el día 30 de ese mes.


 
Deng Xiaoping Castro (III) PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Lunes, 18 de Octubre de 2010 11:40

Por HUBER MATOS ARALUCE

En la década de los sesenta - cuando en Cuba el castrismo iniciaba la colectivización de la agricultura - en China el fracaso de esa misma política había provocado el colapso de la producción agrícola.  Lo que Mao bautizó como el “Gran Salto Adelante”  fue un salto al cementerio para 40 millones de chinos que murieron de hambre.  

Durante los primeros treinta años, el desastre de la agricultura estatizada en  Cuba fue atenuado por el subsidio soviético, luego por el venezolano; pero el fracaso era inevitable y hasta ahora ha sido irreversible.

Volvamos a China: ante la tragedia provocada por la hambruna, Deng Xiaoping recomendó en 1962…“adoptar cualquier método que fuera más apropiado por  zona para la recuperación rápida y el desarrollo de la producción agrícola; cualquiera que sea el método que las masas quieran adoptar, entonces ese es el método que hay que adoptar, y si no está en línea con las regulaciones, entonces hay que cambiar las leyes.” (Sun and Li)

Años después, bajo la guía de Deng,  el Comité Central en su tercera reunión plenaria sentó las bases para una verdadera transformación agrícola.  Esta consistía de tres etapas; la primera fase, de 1979 a 1984  logró éxitos inmediatos.

El fracaso agrícola cubano no ha llegado al extremo del de los camaradas chinos porque, soviéticos,  venezolanos y las remesas del exilio cubano lo han evitado, pero se evidencia por el hecho de que Cuba, un país con cuatro millones de hectáreas cultivables tiene que importar el 85% de los alimentos que consume la población.  

Ante esta crisis,  Raúl Castro viene hablando y tratando de poner en práctica  soluciones desde hace tres años.  Hasta ahora lo único que ha logrado es una disminución en la producción de alimentos.  

Una política de producción de alimentos, como la propuesta por Raul, orientada al mercado interno limita a los agricultores cubanos a la demanda de una población trabajadora con un ingreso promedio de menos de 66 centavos de dólar por persona al día para cubrir todas sus necesidades y obligaciones. En otras palabras  los trabajadores cubanos tienen una limitada capacidad de compra de aproximadamente 1000 millones de dólares al año.

Este serio problema se acentúa con las medidas anunciadas por el régimen de despedir un millón de trabajadores estatales, lo que resultará en un aumento de la pobreza y a la vez en una reducción de la demanda de productos agrícolas.

Los riesgos inherentes a la agricultura, los costos de producción y de transporte, para venderles a quienes ganan un salario equivalente a $17 mensuales pueden no valer la pena. Al  agricultor le conviene producir nada más para aquellos que tienen un nivel de ingreso mucho mayor.

Estos son los cubanos que reciben remesas del exterior y aquellos que en la isla tienen ingresos por actividades independientes.   Esta situación existe en Cuba desde hace mucho tiempo.  Para la mayoría de la población la adquisición de alimentos es precaria, para otros es más fácil.

La aparente respuesta del régimen ha sido entregar tierras ociosas a cien mil nuevos agricultores, lo que equivale a duplicar el número de ellos en el país.  Esta medida es contraproducente por tres razones:

Primero,  la mayoría de estos nuevos agricultores no tienen experiencia ni tienen ayuda alguna para poder producir.

Segundo, ahora 200,000 agricultores tendrán que competir por los escasos recursos que antes de una u otra forma utilizaban los cien mil campesinos privados que ya tenían una productividad 3.5 superior a la producción estatal.

Tercero, los cien mil campesinos privados con experiencia pueden suplir las necesidades alimentarias de un poco más de once millones de habitantes si contaran con los medios necesarios.  En  Estados Unidos un 1% de la población alimenta al otro 99%.  

Estas consideraciones exponen otro error de la presunta reforma agrícola castrista.  La clave no es tratar de que un sector de la economía produzca más comida para alimentar a un pueblo que no tiene con qué comprarla, sino que aumenten los ingresos de la población para estimular la oferta de la producción agrícola.  Esto solo puede hacerse en un plan de restructuración total que también implica un cambio de las leyes del país.

Además, en Cuba una reforma agrícola no puede tener como objetivo solamente la producción para consumo nacional.  En la isla hay tierras y mano de obra suficiente para exportar alimentos, lo que representaría un ingreso importante y un estímulo indispensable para el despegue.  

En un mundo globalizado esto exige, entre otras cosas,  una verdadera apertura interna que permita a los productores cubanos competir en el mercado mundial.

La reforma agrícola ha sido la más importante propuesta de Raúl Castro y lo único que ha demostrado es un nivel de  improvisación e incompetencia asombrosa. Además esa reforma parece ser otro mal orquestado engaño al pueblo cubano.

Continuará…

 
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Escrito por Fuente indicada en la materia   
Domingo, 17 de Octubre de 2010 10:12

Por RAUL RIVERO

Hace muchos años que la sabiduría popular cubana --esos filósofos bisiestos de las tertulias en los portales despejados, las esquinas y los patios amables-- lanzó al aire una sentencia, proveniente más que de sus sesiones de altos estudios o lecturas fervorosas de textos clásicos, de la experiencia personal. La frase estalló rotunda en la calle. Es esta: En Cuba, lo que está prohibido primero, después es obligatorio.

En su momento, se ponía como ejemplo de ese juego de valores, el caso de la moneda extranjera. La gente comprendió que si te sorprendía la guardia con un billete de 100 dólares podías ir a parar a la cárcel por algo así como tenencia ilegal de divisas, como pasó en centenares de familias.

Una vez que el gobierno autorizó la circulación de ese dinero, se convirtió en una obligación tenerlo para encontrar unas vías --clausuradas y pecaminosas hasta ese momento-- de conseguir un poco de alivio para las mesas y los escaparates de las casas. En definitiva, una serventía enmarañada para la supervivencia.

Se hablaba de un caso similar de cierre y obligatoriedad en los casos de algunos músicos y cantantes. En los tiempos de sus primeras apariciones se sospechó de los contenidos de sus mensajes y los funcionarios salieron enseguida a desconectarles los micrófonos.

Después, cuando en las alturas se decidió que los recados melodiosos no resultaban perjudiciales se bajó a toda velocidad la orientación de que se difundieran aquellas obras. Así es que de la prohibición pasaron a ser la banda sonora oficial de los actos políticos, los bautizos secretos, las bodas, los cumpleaños, las navidades encubiertas, los velorios de santos, las peleas de gallos clandestinas, las romerías y las serenatas.

Las noticias que llegan en las últimas horas, con todas las distancias éticas y dramáticas, revelan una obsesión gubernamental por permitir, conceder y obligar a salir de Cuba de manera definitiva a decenas de opositores que estuvieron años bajo la negativa tajante a que se les dejara viajar al exilio.

Lo de siempre. Ayer no había tarjeta blanca para ninguno de ellos. Hoy, los citan para que se vayan, y convidan a abandonar su país a personas que no quieren moverse de ahí. El mecanismo que usaron para cerrar lo desatan ahora para que se marchen los presos políticos y sus familiares las Damas de Blanco y otras personas que son símbolos de la oposición pacífica.

esde muchos ángulos esta línea de trabajo se percibe como parte de esa herencia de prohibir y obligar a voluntad. Y ahora, como un afán, una necesidad de minimizar el movimiento interno de resistencia cívica.

Como ha pasado siempre, de la observación del camino inalterable del tiempo se sirven también los sabios sin doctorados.

Se trata de una necesidad y una exigencia de la ciudadanía. Los hombres y las mujeres de los grupos opositores, de derechos humanos, de la nueva sociedad civil, del periodismo independiente, de los artistas y blogueros jóvenes no se eliminan por decretos, leyes y disposiciones. Saldrán al exilio y permanecerán en Cuba los que quieran. Ese es su derecho.

A la oposición pacífica la renueva la esencia misma de la dictadura y los flecos derrotados del totalitarismo.



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Última actualización el Domingo, 17 de Octubre de 2010 10:13
 
Decretos para el desastre PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Viernes, 15 de Octubre de 2010 12:12

Por VICENTE ECHERRI

El 13 de octubre de 1960, hace exactamente medio siglo en el momento en que esto escribo, se promulgaron en Cuba las leyes Nos. 890 y 891 mediante las cuales el Estado revolucionario --arguyendo utilidad pública e interés nacional-- expropiaba forzosamente todas las grandes empresas industriales, comerciales y bancarias del país. Poco más de un año antes, con la primera ley de reforma agraria, se habían ``nacionalizado'' las haciendas y, ya en 1960, la Ley No. 851 del 16 de julio legalizaba la incautación de las principales compañías norteamericanas. Las leyes de octubre, que afectaban fundamentalmente a personas y entidades nacionales, venían a culminar la incautación masiva de la gran propiedad. A partir de entonces, el medro legítimo, motor de cualquier sociedad sana, habría de ser en Cuba una ficción.

Aunque Castro no llevaba dos años en el poder y aún no había declarado oficialmente el ``carácter socialista de la revolución'', los decretos del Consejo de Ministros (que usurpaba las funciones del poder legislativo) mostraban un inconfundible sesgo totalitario, al tiempo que inauguraban la ruina de la economía cubana: un proceso de depauperación que, sin solución de continuidad y con acentuado declive, llega hasta el día de hoy. Si quisiera precisarse el momento exacto del quiebre de esa economía --que había mostrado un cierto índice de pujanza en la década que antecede a la revolución--, tendríamos que apuntar a ese 13 de octubre en que un despotismo entusiasta termina de apoderarse de los grandes bienes del país y, en respuesta a ello, los empresarios --sin los cuales no puede funcionar la economía-- hacen sus maletas y se van. Todo lo que vino después fue secuela.

El castrismo se ha esforzado a lo largo de todo este tiempo en querer demostrar que la nacionalización masiva de las grandes empresas (después le tocaría su turno a las medianas y a las pequeñas, a las cuales la propia ley 890 prometía amparar) era un acto de soberanía respaldado por el derecho internacional y, en ese empeño, llega incluso a citar un fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos de 1964 (Banco Nacional de Cuba vs Sabbatino) en que la máxima instancia judicial norteamericana parece favorecer a Cuba en base a la doctrina del ``acto de Estado''. Si bien el derecho internacional reconoce la prerrogativa de un Estado soberano de confiscar propiedades (extranjeras y nacionales) para fines de utilidad pública, esto siempre se contempla --y es así de sentido común-- como una medida excepcional y en casos particulares. La sola idea de que un Estado pueda confiscar la totalidad de las empresas que medran en su territorio (a la que, por el contrario, es su obligación proteger) y pretenda justificarlo como un acto ajustado a derecho es una grosera aberración legal, aberración que el régimen de Castro ha tenido la desfachatez de defender.

Pero si la libertad de las personas (y no sólo de las que se vieron directamente afectadas por estos abusivos decretos) sufrió un profundo menoscabo con las confiscaciones de hace 50 años, el perjuicio mayor recaería sobre la economía. Al decapitar a toda una clase empresarial --una de las más inteligentes e industriosas de América Latina-- y sustituirla por gerentes improvisados e ineptos (entre los que se destacaba el Che Guevara, acaso el líder de más probada ineptitud de cuantos produjo la revolución castrista), el comunismo cubano cometió un error capital que, por otra parte, al igual que el escorpión de la fábula, no podía dejar de cometer porque estaba en su naturaleza. Y, tal como ha sucedido dondequiera que se haya ensayado este sistema, el resultado fue estancamiento, ineficiencia, bajo rendimiento o cese absoluto de la producción, burocracia, ausentismo laboral, creciente deterioro de la calidad de productos y servicios y, finalmente, quiebra.

A la distancia de medio siglo, el panorama de la economía cubana es desolador. De las empresas que aparecieron listadas en el número de la Gaceta Oficial del 13 de octubre de 1960 como objeto de la rapiña oficial, la mayoría no existe y las pocas sobrevivientes son unos fantasmas haraposos. Cuba está infinitamente más pobre y endeudada de lo que se encontraba entonces, con una población que vive en condiciones mucho peores --peor alimentada y peor vestida--, reducida casi a niveles de subsistencia, con uno de los índices salariales más bajos del mundo y víctima de un pavoroso déficit de viviendas; un país donde todo está podrido o en vías de corromperse: casas y empresas, instituciones y personas, moral y medio ambiente, y del cual ha desertado la esperanza.

Cuando se habla de la catástrofe del castrismo --y se apuntan las causas de su fracaso-- es pertinente insistir en que no pudo haber sido de otra manera, porque sin libertad de lucro y sin una clase empresarial ninguna economía es viable. En ese contexto, el embargo comercial de Estados Unidos puede haber hecho alguna mella en la economía cubana, pero resulta insignificante si se le compara con la agresión directa generada por la acción estatal que tiene sus hitos en estas expropiaciones masivas de octubre de 1960 y en las de los meses que le anteceden, cuando unos aprendices de brujo, empeñados en un proyecto absurdo, se adueñaron con codiciosa arrogancia de lo que nunca aprenderían a manejar.



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