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Artigos: Cuba
La nomenclatura en el “periodo especial”. Apuntes para un ensayo de revisión histórica (IV) PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Martes, 21 de Diciembre de 2010 10:54

Por Huber Matos Araluce y Juan F Benemelis

 

Como es común en el acontecer humano, las principales características de una época no irrumpen en una fecha específica sino que ésta sirve para delimitar, lo menos arbitrariamente posible, un tiempo de otro.  A veces no así, sino que un hito es el catalizador de tendencias que cristalizan explosivamente y abren un nuevo capítulo.

El “periodo especial” (1990) con que el castrismo bautizó la nueva realidad de una Cuba sin subvención soviética ni mercado socialista, no puede enmascarar la precaria realidad de la década anterior. La historia de la nomenclatura en esta etapa todavía está por escribirse, pero su perfil empezó a forjarse con anterioridad.

Si bien es cierto que la subvención soviética había permitido al pueblo cubano vivir un nivel de vida que no correspondía con la ineficiencia de la economía de la isla, también lo es que a pesar del cuantioso ingreso anual de recursos que enviaba Moscú, una buena parte de estos fueron mal invertidos, derrochados o malversados.

El estado de la economía cubana anterior al “periodo especial” fue tan crítico que condujo a una  suspensión de pagos de la deuda externa a mediados de los ochentas, muy anterior a la desaparición de la URSS.

En el orden político la admisión de Fidel Castro el 26 de diciembre de 1986 de que: “Ahora sí vamos a construir el socialismoˮ fue una respuesta al descontento popular por el fracaso del régimen. Lo peor estaría por venir como ahora todos sabemos.

La situación económica y política de Cuba tuvo su repercusión en la moral de la nomenclatura.  Su episodio más revelador fue el fusilamiento del General Arnaldo Ochoa en 1989.  Ochoa y un grupo de altos oficiales fueron acusados de participar en el narcotráfico.

Pareciera insólito que Ochoa, un general condecorado como héroe de la Republica de Cuba fuese el líder de una pandilla de narcotraficantes de la que formaban parte importantes hombres del gobierno.  Pero ya en esa época el nivel de corrupción en las altas esferas era muy grave.

Si estos miembros de la cúpula del poder estaban involucrados en el narcotráfico a espaldas de Fidel y Raúl Castro, tenemos que asumir que el servicio de inteligencia castrista, considerado uno de los mejores del mundo, no era tan bueno o se estaba haciendo de la vista gorda.

Como esta organización de espionaje es reconocida como uno de las mejores, es difícil creer que estuviera  informada de los que sucedía.  Los hermanos Castro probablemente estaban al  tanto de lo que pasaba.  ¿Por qué lo toleraban?

Nos pueden ayudar a explicarlo las declaraciones de narcotraficantes latinoamericanos confesos sobre que los Castro han cooperado en el tráfico de drogas, el laberinto de implicaciones es un reto para el historiador.  Nadie debe sorprenderse ¿No han colaborado en el narcotráfico Daniel Ortega y Hugo Chávez?

El caso Ochoa es un indicador del nivel de corrupción que ya corroe a la nomenclatura.  Corrupción que seguirá creciendo durante los noventa hasta convertirse en un modus vivendi de quien en Cuba tiene alguna cuota de poder y como veremos, de quien no la tiene también.

Continuará…

 
CUBA: UN DRAMA SIN SOLUCIÓN A CORTO PLAZO PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Domingo, 19 de Diciembre de 2010 18:10

Por Jorge Hernández Fonseca

 

Raúl, igual que su hermano Fidel, están convencidos de que en Cuba --desde la tribuna y con discursos apocalípticos-- resuelven los problemas que ellos mismo crearon. Ahora Raúl apela al gastado método de hablar sandeces impactantes: “El país de hunde…”, como si hubiera alguna parte de la isla todavía a flote. El recado llega tarde; en Cuba ya no hay nada fuera del agua, la hundieron los mismos que reclaman del pueblo “un cambio de mentalidad”, como si fueran las masas las culpables del mayor descalabro económico, político y moral de la Nación cubana.

Cualquier grupo gobernante en el poder en la isla hubiera percibido que la revolución cubana fracasó hace ya muchos años. Sólo Fidel y Raúl insisten en culpar a sus conciudadanos de un descalabro que es sólo culpa suya. Desapareciendo Fidel y Raúl (probablemente cuando desaparezca Fidel solo) acabará el “cuentecito” gastado de la “revolución eterna”. Es claro que el equipo gobernante que rodea a Fidel y Raúl se percata que nos son los cubanos los que tienen que cambiar “su mentalidad”, son los hermanos Castro los “totalmente equivocados”.

En las circunstancias actuales, la isla carga solitaria su tormento de más de medio siglo, en el seno de un mundo indiferente al drama cubano. Una Latinoamérica omisa frente al castro-chavismo agresivo de siempre, cierra sus ojos ante la dictadura más cruel que jamás haya sufrido la región. Unos Estados Unidos proclives a una solución de continuidad para Cuba, usando la misma caterva gobernante actual, al desaparecer Fidel y Raúl. Una España propulsora del acercamiento con Cuba, “a pesar de los pesares” que ya excede lo imaginable.

De Estados Unidos hemos recibido recientemente la peor evaluación que podría hacerse a la oposición interna. WikiLeaks nos trajo la noticia: una pésima nota para los patriotas cubanos de dentro de la isla, nada menos que “por viejos, desunidos e interesados”. Es un indicador de por donde irá la política norteamericana a la muerte de los Castro. Un verdadero desastre, sólo compensable con la designación de Ileana Ros-Liehtinen al frente de la poderosa Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes. Una demócrata comprometida.

No importa que la dictadura no haya permitido a Guillermo Fariñas salir de Cuba a hacerle honor a su Premio Sajarov del Parlamento Europeo; ni a Yoani Sánchez viajar para recoger otros dos Premios en Europa. La dictadura prepara su contrapartida: liberar para las fiestas de Navidad y Fin de Año a los presos políticos que deberían haber sido liberados mucho antes.

Hay un convencimiento unánime entre los observadores del problema cubano. Los “cambios” impuestos por Raúl empeorarán la situación de indefensión de los cubanos en el interior de la isla y no resolverán ninguno de los problemas endémicos de la sociedad desigual que surgió del engendro castrista, calificado eufemísticamente ahora como “errores” (¿u horrores?).

No habrá solución de continuidad al castrismo dentro de la sociedad cubana. Sólo subsistirá (si subsiste) por el empeño español de mantener sus privilegios explotadores, aunado al empeño norteamericano de una solución de continuidad con la fuerza gobernante actual, a la muerte de los Castro. El pueblo cubano y su oposición política --errónea y oportunistamente mal evaluado por diplomáticos estadounidenses-- dará sin dudas una respuesta a la caricatura semi-democrática que preparan de conjunto los laboratorios políticos de España y EUA para “los cubanos” a la muerte de los Castro. Si ahora no hemos podido con la dictadura castrista, ¿será que podremos contra las fuerzas conjuntas de EUA y Europa queriendo sojuzgarnos?

19 de Diciembre de 2010

 

Artículos de este autor pueden ser consultados en http://www.cubalibredigital.com

 
Assange y yo PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Domingo, 19 de Diciembre de 2010 14:01

Por CARLOS ALBERTO MONTANER

Ha surgido una nueva teoría conspirativa. La gran paradoja de las teorías conspirativas es que suelen comenzar por conspiraciones reales. Por ejemplo, en 1903 apareció en Rusia un libro ferozmente antisemita que describía una supuesta confabulación de rabinos y judíos prominentes para destruir los fundamentos de la sociedad y conquistar el planeta. La obra se titulaba Los protocolos de los sabios de Sión y en realidad era una fabricación de la policía política rusa, la temible Okhrana, encaminada a darle sustento a los pogromos y a los ataques a la izquierda antizarista, en la que figuraban algunos rusos de origen judío.

Sin embargo, había una conspiración, pero no la de los sabios de Sión, sino la urdida por la policía política rusa. La obra era un plagio de un panfleto escrito varias décadas antes por el periodista Maurice Joly contra Napoleón III, titulado Diálogo en los infiernos entre Maquiavelo y Montesquieu. La policía política tomó el texto, lo adaptó a sus propósitos antisemitas, y lo puso en circulación hasta el día de hoy, dado que continúa reeditándose para consumo de un buen número de personas que viven convencidas de que detrás de cualquier suceso (la creación de Israel o el notable éxito de los judíos, por ejemplo) existe una oscura conspiración.

Pues bien, a otra escala, ahora ha vuelto a suceder lo mismo con relación a la prisión en Londres del señor Julian Assange. Súbitamente, la detención del señor Assange, luego puesto en libertad bajo fianza, dejó de ser un extraño pleito en torno al uso de condones, y se convirtió en una diabólica operación de la CIA. ¿Quiénes lo dicen? Lo afirman Israel Shamir, un judío ruso convertido al cristianismo que coincide con Ahmadineyad en desear la desaparición de Israel; Alexander Cockburn, el editor de Counterpunch; Keith Olbermann, un tal profesor Michael Seltzer de Oslo y otro parecido lunático de New York University llamado Mark Crispin Miller. Pero esos son sólo varios nombres de los cientos que repiten esta teoría en el mundo insondable de Internet o en periódicos de papel y tinta.

¿Cómo se originó esta nueva conspiración? Todo comenzó con Granma, el diario del Partido Comunista de Cuba. En ese periódico, que es el gran vocero de la tiranía, uno de sus empleados, el francocanadiense Jean-Guy Allard, refugiado en Cuba desde hace muchos años, publicó la mentira original: Anna Ardin era ``una cubana anticastrista'' que vivía en Suecia y escribía contra la revolución en una página de Internet de otro cubano, Alexis Gainza. Todos estaban al servicio de la CIA porque tenían relaciones con un connotado agente de ese organismo, que era yo. Ahí estaba la prueba de que Assange era víctima de una oscura trama de espías de Estados Unidos y sus aliados los exiliados cubanos. Anna Ardin había acusado a Assange de un delito sexual como parte de sus tareas como espía cubana de la CIA.

Todo, naturalmente, era falso y delirante. Se trataba de la utilización estratégica de un hecho notorio (Assange y los WikiLeaks) para atacar a los demócratas enemigos de la dictadura cubana. Esta era la crónica número 32 que Allard publicaba en mi contra como parte de la campaña sistemática de descrédito montada por la policía política en la Isla. El era el brazo ejecutor, el peón encargado del trabajo sucio. Si mañana se muere o se jubila, otro escribidor tomará su lugar.

n realidad ni Anna Ardin era cubana, ni Alexis Gainza recibe apoyo de Washington para sostener su página web (lo ayudan los liberales suecos), ni conozco a la señorita Ardin, ni he cruzado palabra con Assange, ni jamás he sido agente de la CIA ni de ningún cuerpo de inteligencia, primero porque mi vocación no es ésa, y, segundo, porque ni siquiera podría, aunque quisiera, dado que desde hace muchas décadas la ley norteamericana le prohíbe a la CIA reclutar a periodistas que trabajen en medios norteamericanos y puedan influir en Estados Unidos, como es mi caso.

Hay varias lecciones que deben extraerse de este episodio. La más importante es que no es posible tomar en serio ninguna información oficial proveniente de una dictadura, como es el caso de Granma. La segunda, que antes de suscribir las teorías conspirativas, es necesario analizar cuidadosamente el origen de estas construcciones motivadas por odios políticos o por visiones ideológicas. Cuando los periodistas olvidan esto último, acaban por traicionar a su público y por hacer el ridículo. Es lo que acaba de suceder.

www.firmaspress.com



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La tala de los robles PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Domingo, 19 de Diciembre de 2010 14:03

Por PEDRO CORZO

Fueron pinos nuevos como hubiera dicho José Martí, pero el sacrificio continuado, la entrega a una causa que defendieron hasta el último aliento los transformó en robles, en símbolos de una resistencia que ha superado toda expectativa e infinidad de vicisitudes.

Los robles están cayendo. Hace años que la oscuridad se viene cerniendo sobre un bosque de hombres y mujeres que en los mejores momentos de sus vidas escogieron el camino más difícil, que como es sabido es el del deber.

La guadaña está haciendo una cruda cosecha de muerte e inexorablemente, según transcurran los días, ya no son años, serán más los que integrarán el pasado, aunque los que sobrevivan quieran seguirlos viendo en presente.

Más de medio siglo de confrontación, tenacidad y perseverancia han impuesto un precio. Nunca imaginaron los que estrenaron la adolescencia en la lucha contra el totalitarismo y sobrevivieron sus brutalidades, que el proceso iba a ser tan despiadado y cruento. La realidad contrarió sus sueños y esperanzas. No importaron sacrificios ni esfuerzos. El resultado les superó la vida.

La vida la recorrieron conscientes del camino que les correspondían. La adversidad fue vencida por las convicciones. Cierto que tomaron el descanso de la familia, los hijos y los nietos, pero nunca dejaron la ruta. Permanecieron comprometidos. No fueron seducidos por una existencia en las que sus obligaciones con la tierra en la que habían nacido, no estuvieran presentes.

Las frustraciones y los desencantos no impidieron que continuaran hasta el último suspiro mirando el sol de frente y exigiendo para los demás lo que anhelaban para ellos. Escogieron su destino y la manera de vivir, una condición que demanda una entereza moral extrema.

Fue Cronos, no la dictadura y sus feroces esbirros, quien venció a hombres como Gustavo ``El Coronel'' Rodríguez Pulido, Reinaldo ``El Chino'' Aquit Manrique, José ``Pepe'' Fernández Vera o Rigoberto ``El Látigo'' Acosta y los muchísimos que le precedieron y los innumerables que seguirán sus pasos.

Gustavo Rodríguez Pulido era un cubano sin tachas. Su sentido de la amistad y la fidelidad a la familia, se igualaba con sus deberes con la Patria. En el Presidio, en Venezuela después, y en Estados Unidos más tarde, siempre trabajó a favor de la libertad de Cuba y los cubanos. El determinó cuándo morir, enfrentó el final de frente, sin claudicar, como hizo siempre en vida.

Reinaldo Aquit estaba hecho de la madera de los héroes y mártires. Luchó contra la dictadura y vio morir en el paredón a varios de sus compañeros. Uno de los caídos fue su hermano Diosdado, asesinado en el presidio de Isla de Pinos.

En el exilio no le ganó el descanso y menos el retiro. Estudió, trabajó. Paralelo a la vida de hogar continuó la lucha por la democracia en Cuba. Constituyó agrupaciones contrarias al castrismo y fueron solidarios con todos los que asumieron la confrontación como medio para derrocar la dictadura.

Rigoberto Acosta fue un campesino sin estudios, que supo defender sus derechos con más coraje que el mejor de los letrados. Enfrentó simulacros de fusilamiento, cumplió largos años de cárcel y practicó con sus compañeros de cautiverio una fraternidad ilimitada.

La crueldad del enemigo no endureció su alma. Atendía a los amigos enfermos, era capaz de alimentarlos, de velar sus sueños, y cuidarlos como el más comprometido de los enfermeros.

Su lucha contra el castrocomunismo no se circunscribía a Cuba, por lo que no dudó en viajar a Nicaragua para con las armas en las manos combatir el sandinocomunismo. Viajó a escondidas, sin ayuda de ningún gobierno, y siempre pagó el precio por defender sus ideales.

a primera quebradura del corazón de Rigoberto Acosta tuvo lugar en Nicaragua. Allí le falló por primera vez un corazón que le quedó chico a la grandeza de su alma.

``Pepe'' Fernández Vera fue pionero en la lucha contra el castrismo. Un conversador infatigable, porfiado hasta agotar a sus rivales. Seguro de sí mismo. Firme en sus convicciones. Dotado de una memoria prodigiosa y de una simpatía contagiosa. Sus ``guajiros'' no tenían defectos y los alzados del Escambray eran los hombres más valientes que habían nacido en Cuba.

Después de estar preso muchos años, fue desplazado a los Pueblos Cautivos. Jamás se dio por vencido y la muerte para derribarlo tuvo que tomarlo por sorpresa.

Muchos robles han caído. Eusebio Peñalver, Mario Chanes de Armas, Rafael Cabezas, el infatigable Rolando Borges. Muchos han partido. La muerte les ganó la partida pero no el decoro. ¿Quién será el próximo en partir sin haber sido nunca vencido?



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¿Está Cuba al borde de una explosión popular? PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Miércoles, 15 de Diciembre de 2010 11:00

Por HUBER MATOS ARALUCE

Es posible.  Hace unos días en Santa Clara –centro de la isla– cientos de jóvenes frustrados por no poder ver la transmisión de un partido de futbol por el que habían pagado gritaron consignas contra el gobierno.  La policía reaccionó con cautela.   Casi simultáneamente en Bayamo –extremo oriental de Cuba– el transporte se paralizó por una huelga de cocheros que protestaban por los nuevos impuestos.   Días después la dictadura cedió a sus demandas.  En Marianao –La Habana– el pasado 7 de septiembre los vecinos salieron de sus casas a insultar a la policía que estaba arrestando a los miembros del CID (Cuba Independiente y Democrática), que en forma pacífica fundaban la delegación del barrio.  Los policías demostraron nerviosismo.

 

Estos y otros acontecimientos hacen creer a muchos que el fin del régimen castrista se acerca.  Otros insisten en que el régimen aplastará brutalmente cualquier rebelión.  Los “expertos” especulan que  son síntomas  de descontento apolítico que no se sabe a dónde pueden conducir. Quizá todos tengan un poco de razón.

 

Responder si Cuba está al borde de una explosión popular no es fácil.  Para intentarlo hay que poner freno a las emociones y esperanzas.  Luego analizar las experiencias del fin del comunismo en otros países; indagar sobre los elementos que determinan  la conducta colectiva de los grupos y estar al tanto de lo que se conoce sobre el totalitarismo, su ascenso y su decadencia.

 

Jean Kirkpatrick en su libro “Dictatorship and Doble Standards” señaló que al llegar al poder el objetivo prioritario del totalitarismo es convertir la ideología en cultura.  Los métodos para lograr este fin van desde la sutileza del adoctrinamiento, al arresto y  el aniquilamiento o exilio de los portadores de la cultura que hay que destruir.  En la medida en que el totalitarismo logra su fin, el individuo se reprime a sí mismo. En esas circunstancias la violencia estatal toma formas más sutiles.

 

La historia ha demostrado que el proceso es reversible.  Ante sus crisis de legitimidad, las dictaduras comunistas han tomado caminos diferentes.  Mao orquestó una “revolución cultural”, lanzando a las calles a millones de jóvenes para purgar a los revisionistas. Las turbas persiguieron a los enemigos dentro y fuera del partido hasta su sumisión o su muerte; en muchos casos, el arrepentimiento no evitó el asesinato. Corea del Norte ha preferido la represión permanente.

 

Mao pudo desatar una purga masiva porque tenía el control de la juventud china.  Quienes conocen de cerca a Raúl Castro saben que no dudaría un segundo en provocar un baño de sangre.  Pero en Cuba el régimen no cuenta con los jóvenes; por el contrario, son sus acérrimos enemigos.  Además, una purga maoísta o el modelo represivo norcoreano son incompatibles con la industria turística de la que depende el castrismo para sobrevivir.

 

Otros regímenes comunistas descartaron la economía del comunismo por la del capitalismo, sin construir una democracia.  Es el  caso de Rusia y el de la China postmaoísta; no es el de Polonia, Hungría y otras naciones donde la empresa privada y la democracia han progresado simultáneamente.

 

Alguna variante de este fascismo capitalista parece ser la preferencia de Raúl Castro y su pequeño grupo. Mientras van dando tumbos en el intento, quieren evitar una explosión popular.  Esto explica la dosificación represiva con que manejan el descontento del pueblo y las actividades de la oposición.  Temen que la represión desmedida pueda provocar una reacción que se vuelva incontrolable.  Si el régimen fuese  hábil en colocarle el nuevo lazo al pueblo, la dictadura prolongará su existencia.  Si fracasa, una explosión popular no puede descartarse.  Su éxito dependerá en gran parte en que el exilio cubano y la oposición  hayan cumplido su tarea.

 

 

 

 
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