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Artigos: Cuba
La resistencia pasiva PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Jueves, 24 de Diciembre de 2009 00:48

Por Fernando Ravsberg BBC Mundo

Esta navidad trajo a los cubanos un cambio que transformará sus vidas.

El gobierno acaba de descentralizar las finanzas, con lo que muchas de las empresas ineficientes podrían desaparecer si no son capaces de autofinanciarse.
Hasta ahora el país funcionaba con la política del "gran saco", en el que todos metían sus utilidades y pedían luego de acuerdo a sus necesidades. El Estado, como gran administrador, repartía según una lista de prioridades, políticas, sociales e incluso económicas.

Este mecanismo adolece de muchos inconvenientes pero el peor de todos es que apuntala a las empresas ineficientes con los dividendos que aportan los sectores verdaderamente rentables. A pesar de esto la llaman "economía planificada".

El Parlamento aprobó por unanimidad (lo cual no sorprendió a nadie) una reorganización en la que los sectores que producen más divisas -níquel, turismo, tabaco, biotecnología, etc- podrán reinvertir los beneficios en el desarrollo su actividad.
Aunque el excedente será entregado al Estado, el nuevo mecanismo les permitirá operar sin tantos sustos. Es que en ocasiones, después de meter cientos de millones en el "gran saco", no encuentran los miles que necesitan para pagar a sus proveedores.

El dinero desaparece subvencionando empresas no rentables para evitar su quiebra. Estas viven como parásitos, son las que aportan poco y nada al presupuesto y después retiran todo el dinero que les hace falta para seguir produciendo...pérdidas.

Un empleado de una gran fábrica, totalmente ineficiente, me contó que además "inflan" sus gastos para poder extraer más dinero. De todas formas, en estas "economías planificadas" los costos no parecen ser demasiado importantes.

Nadie me supo decir el valor de la Operación Milagro, que le devolvió la vista a casi 2 millones de personas en América Latina y la dirección de la Escuela Latinoamericana de Medicina tampoco sabe cuánto le cuesta al país sus 10 mil alumnos extranjeros.

Podríamos pensar que el humanismo no les permite sacar cuentas de los gastos en Salud Pública pero el problema es más general. Recién llegado a Cuba aluciné en una fábrica de plásticos donde invertían $ 1,15 para producir $1.

El pasado año visitamos otra empresa que produce techos livianos de cemento y poliespuma para los damnificados de los ciclones. La jefa económica no sabe cuál es el costo del metro cuadrado pero dice que "por lógica" tiene que ser más barato que el concreto.

Otro directivo me explica que lo importante es resolver la necesidad del pueblo. Le respondo que podrían existir techos más baratos pero no me hace mucho caso. Se sienten "cruzados" levantando casas a los que las perdieron, ¡qué importa el costo!.


Claro que a veces si importa, sobre todo para no pasarlo mal por gusto. Durante décadas los cubanos bebieron café mezclado con chícharos para ahorrar. Hasta que un día alguien consultó los costos y descubrió que ese grano es más caro que el café.

En el nuevo sistema financiero las empresas que no dispongan de suficiente capital para operar tendrán que pedir préstamos bancarios y devolver después el dinero. "Las que no puedan pagar se fusionarán", me dijo un diputado muy ligado al tema.

Estas "fusiones" implican una reducción de puestos de trabajo y por ende mayor desocupación. Sin embargo, un economista me aseguró que resulta más barato pagar seguros de desempleo indefinidos que mantener abiertas empresas improductivas.

No dudo que la cuenta sea exacta pero eso no soluciona el problema social derivado. Es que un trabajador cubano no vive solo de su salario, sus ingresos se completan con lo que se lleva de la empresa para vender en el mercado negro.

Si los mandan para sus casas, incluso recibiendo el salario, les será imposible subsistir. Para evitar que estas personas deriven en el delito será imprescindible flexibilizar el modelo, abriendo nuevas espacios y posibilidades laborales.

Raúl Castro dijo en el Parlamento que "la actualización" del modelo económico debía realizarse sin "apresuramiento" y "con un enfoque integral". Muchos cubanos coinciden con él en que los cambios van lentos pero dudan de que se desarrollen de forma "integral".

Mientras desaparecen subvenciones y gratuidades, el 75% de los trabajadores continúan sufriendo los Topes Salariales, las licencias para trabajo por cuenta propia se dan con cuentagotas y las cooperativas obreras no salen del cajón de los proyectos.

El propio Presidente reconoció que uno de los problemas más difíciles que enfrenta es "la resistencia pasiva de los cuadros intermedios". Seguramente es cierto, pero es difícil que pueda restarle poder a esa burocracia sin transformar el modelo que la creó y la alimenta desde hace décadas.

Última actualización el Jueves, 24 de Diciembre de 2009 17:32
 
Reflexiones sobre los Dictadores PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Martes, 22 de Diciembre de 2009 19:38

Por Pedro Corzo

 

Es posible que muchos se pregunten,  que es un dictador, que factores definen a un gobernante con un calificativo que deshonra y por qué hay pueblos que soportan dictaduras cuando otros nunca las han padecidos.

 

También es razonable indagar por que un dictador disfruta de apoyo popular y lo que es mas alarmante todavía; por que causas un mandatario que accedió al poder violentando la institucionalidad puede conquistar de nuevo el gobierno con el apoyo electoral de una mayoría ciudadana.

 

Sin duda son preguntas complejas que probablemente no tengan respuestas precisas, pero si es evidente que hay culturas que tienen una fuerte propensión al gobierno fuerte, el liderazgo indiscutido, a la aceptación de una autoridad que asuma responsabilidades que aparentemente la mayoría ciudadana prefiere evadir.

 

Por supuesto que no todos los dictadores son iguales en propósitos y métodos y aunque entre ellos hay diferencias existen factores comunes que les identifican sin que importe la época, cultura, geografía, educación, ciudadana e ideología, si es que el dictador en cuestión se considera abanderado de alguna.

 

Dictador, puede ser quien asume por decisión propia o por delegación una autoridad ilimitada que no esta sujeta a cuestionamiento. El poder que detenta no esta en discusión ni es sujeto de debate. El dictador es figura y genio de un propósito de gobierno cualquiera que este sea.

 

Los dictadores no admiten retos a su autoridad pero no todos responden a los desafíos con igual brutalidad ni soportan con igual entereza las presiones de que son objetos por parte de la oposición.

 

El dictador se identifica más por su carácter que por el hecho de ocupar un poder político, religioso o económico. El dictador demuestra un profundo desprecio por la opinión ajena. Ignora el derecho que asiste a los que les rivalizan. El dictador es intolerante, sectario, y hasta paternalista en sus abusos.

 

El dictador gusta del elogio, de la adulación, de la sumisión a su voluntad. Disfruta de la historia y por lo regular esta convencido que con sus acciones esta escribiendo los capítulos más gloriosos de la misma.

 

Para el dictador envilecer a los que le apoyan, a los que se le oponen y hasta a los indiferentes es un mandato que garantiza su perpetuidad. El envilecimiento ciudadano es su carta de triunfo y eso lo logra con los premios y castigos que dispensa al capricho de su voluntad.

 

Los dictadores son taimados, inescrupulosos, vendedores de promesas y hacedores de castillos en el ai5re pero muy en particular, desconfiados, porque para ellos la lealtad es proporcional a los privilegios que otorgan.

 

Creen en los comentarios sin fundamentos y en ocasiones ellos mismos los promueven. El dictador es un mentiroso con talento, un hombre que conoce la gente que gobierna, que sabe de debilidades y grandezas. Cuenta  con un aguzado sentido del que hacer en los momentos de crisis porque conoce mejor que ningún otro conductor, que su poder se asienta  tanto en  su capacidad de  evaluar el entorno, como en lo oportuno de sus decisiones y en las contradicciones de quienes se le oponen.

 

El dictador no es un cobarde por naturaleza como algunos gustan calificar. Puede ser un miserable pero su valor personal puede estar por encima del promedio del de sus conciudadanos. No es atinado confundir en un dictador la cobardía con su sentido de la prudencia o la perdida de la motivación para gobernar. Los dictadores son victimarios por naturaleza, pero eso no implica que sean pusilánimes ni cobardes.

 

El valor personal de muchos dictadores es incuestionable porque la mayoría de ellos acceden al gobierno gracias a su disposición a correr riesgos, por su audacia y temeridad.

Las motivaciones que sostienen e impulsan a los dictadores pueden ser múltiples y complejas y responden a varios patrones por lo que a pesar de posibles semejanzas en la forma de dispensar su autoridad y ejercer el liderazgo, las diferencias entre ellos son fácilmente apreciables por un observador aplicado.

 

Hay dictadores sumamente carismáticos, verdaderos seductores de masas e individuos. Personajes que poseen una capacidad excepcional en atribuirse los éxitos y distribuir las culpas. Son individuos agradables, obsequiosos y comprensivos cuando las circunstancias lo requieren. Con tales habilidades para intimar que su interlocutor puede llegar a creer que el dictador esta bajo la influencia de su ingenio.

 

Este tipo de dictador es extremadamente peligroso por que su mesianismo es contagioso, y su afán de redención afecta la roca más insignificante de su reino. Ellos pueden dividir la sociedad y llevarlas a puntos de confrontación tan agudos que la comunidad puede llegar a resentir sus valores más trascendentes y abarcadores.

 

Bajo estos líderes los pueblos sufren metamorfosis alienantes. El rebaño es objeto de la voluntad de su conductor pero se cree sujeto en la personalidad de este. El individuo se hace infinitesimal ante el ardor de quien maneja sus miedos, frustraciones, aberraciones y sueños. Estos líderes son como los agujeros negros del cosmos, tienen tal capacidad de atracción que consumen  todas las luces e individualidades que le rodean.

 

Dichos líderes pueden estar inspirados por una especie de religiosidad. Se consideran elegidos e infalibles y cuando tienen el sostén de una ideología su capacidad de contaminación y destrucción se acrecientan. Crean una mística en su entorno y tienen la capacidad de generar sentimientos transcendentes en sus propuestas y hacer creer a sus seguidores en la constitución de un nuevo mundo y de un hombre diferente. Estos personajes por lo regular acceden al poder por medio de un proceso insurreccional, o a través de gestas populares que favorecen una especie de sacralización laica.

 

Pero también hay dictadores de naturaleza burocrática y aunque estos pueden responder a una casta u oligarquía y disfrutar de un poder omnímodo, rara vez llegan a disfrutar de la simpatía y el apoyo popular.

 

Estos dictadores son eficientes en controlar la maquinaria del poder y son tan trabajadores y crueles como requieran las circunstancias. Detentan  el poder por su indiscutible capacidad para intimar y privilegiar al mismo tiempo.

 

En ocasiones este tipo de hombre fuerte hereda el mando ya sea por designación o por vencer en  luchas internas  por el poder; y no pocas veces su autoridad  es balanceada con la existencia de una contraparte que es quien en realidad designa a quien ostenta el liderazgo.

 

Por supuesto que hay dictadores de opereta. Individuos que han llegado al máximo liderazgo prácticamente sin proponérselo. Estos pueden ser tan crueles como el más iluminado de los líderes, pero son fácilmente influenciables, y sus propósitos pueden ser modificados sustancial y regularmente.

 

Hay dictadores que a través de las instituciones del estado instauran  un férreo control sobre las actividades públicas. Ellos controlan las Asambleas Legislativas  y los Poderes Judiciales a través de sinecuras,  y violencias de terceros si las condiciones lo demandan.

 

Este tipo de dictador gusta de elecciones y hasta permite ciertas libertades de expresión, aunque no cesa de amenazar ese derecho y conculcarlo cuando lo estima pertinente.  Su afán por el poder, a pesar de que lo renueve con el voto popular, le permite ver su cola de cercenador de libertades. Algunos ejemplares de estos dictadores tienen una fuerte propensión a obras materiales faraónicas a través de las cuales espera n perpetuarse.

 

También, y es posible que olvidemos alguna especie de estos vertebrados que causan tanto daño a la humanidad,  existe el dictador capaz de sintetizar todos los atributos antes mencionados, y son los que no solo hacen historia para sus pueblos si no que como Supernovas aberradas irradian oscuridad durante siglos en la historia Universal.

 

Pedro Corzo

Diciembre 2009

Última actualización el Martes, 22 de Diciembre de 2009 20:21
 
¿Ejército de los Castro o de la República?, PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Lunes, 21 de Diciembre de 2009 01:53

por Pedro Corzo

Sin lugar a dudas el régimen cubano se ha sostenido más en el aparato militar y en la policía política que en cualquier otro organismo del estado, incluyendo al inefable Partido Comunista.

Más del 65% de la alta dirigencia isleña es de extracción castrense y un número considerable de miembros del Comité Central del Partido también lo son. Los Castro, son más evocado como militares (comandantes) que como líderes político y en las purgas que se produjeron en el gobierno en el verano y otoño de 1989 la estructura que salió más favorecida fue la militar y sorpresivamente el equipo que se suponía leal y ortodoxo, el ministerio del interior, fue el gran perdedor.

Todo el cuerpo de dirección del Ministerio del Interior fue removido y la mayoría sancionado a fuertes condenas de cárcel, incluyendo al último ministro del ramo antes de la purga, José Abrahantes, quien murió en el marco de una gran interrogante en una celda castrista.

En los albores de la Revolución fue la policía política con su tenebroso G-2; los sangrientos L.C.B. y sus crueles Guardafronteras los mejores cancerberos del sátrapa. Las milicias parecía que iban a sustituir al ejército, ya que las dictaduras con pretensiones faraónicas, en Castro se veían esas inclinaciones, habían utilizado fuerzas paramilitares (Adolfo Hitler los Camisas Pardas y las S.S.; Benito Mussolini, Las Camisas Negras; Mao Tse Tung, los Guardias Rojos, etc.) no solo para la toma del poder político y su conservación, sino también como agentes de penetración y desestabilización en las fuerzas regulares del estado para  lograr su total control.

En 1959 se apreciaba que el rumbo que conducía a la dictadura política había sido asumido con plena conciencia por la nomenclatura. El ejército como institución del estado, no participó en el conflicto interno que padeció el país, a excepción de las grandes operaciones militares contra los alzados en armas.

La represión, el trabajo sucio de todos los días se lo dejaron a la Seguridad del Estado, pero no nos engañemos, esos represores también habían formado parte del ejército rebelde. Era una nueva versión del policía bueno y el policía malo.

Pocos se dieron cuenta de la militarización de la sociedad. Los comandantes se convertían en ministros, la sociedad cada día parecía más un cuartel y  en cada crisis el militar se vestía de civil y ocupaba el puesto del funcionario que había sido defenestrado.

En 50 años de dictadura, el ejército ha tenido una línea de mando sin quebrantos visibles (posible excepción caso Ochoa) lo que expresa una estabilidad y fidelidad no igualada en otros organismos, incluyendo el ministerio del Interior.

Los apetitos imperiales de los Castro siempre fueron satisfechos por los militares que de manera encubierta o actuando como gendarmes internacionales intervinieron en tres continentes sin que se produjeran cuestionamientos a los dictados del tirano. Siempre han mostrado disciplina, deseo de servir, una mística de gloria, u otro sentir que cohesionaba e impedía trágicas fracturas.

Las fuerzas armadas del régimen de los Castro aparentan una inquebrantable lealtad. En ellas habrá quienes lo hagan por devoción al “máximo líder”; otros por la pasión que les embargó cuando cumplían funciones pretorianas a miles de millas de las costas de Cuba, y por supuesto debe haber quienes lo hacen por convicciones políticas.

Pero el tiempo ha pasado, las medallas han perdido brillo y los vientres se han extendido junto a las artritis físicas, pero también morales que debe causar el haber construido un edificio que se derrumba y cada día se parece menos a lo que muchos de sus constructores, particularmente los militares, proyectaron.

Es de suponer, que en Cuba, solo por el conocimiento de lo que ha sucedido en otros cuerpos militares que se identificaron con dictaduras y que en un momento determinado fueron factores fundamentales en su democratización o que por lo menos intentaron  remover la jerarquía, haya un grupo de militares con sentido común que se percate que de no impulsar cambios  el país se hundirá mas en el tremedal en que se encuentra y en consecuencia ellos perderán sus privilegios.

No obstante no debemos perder de vista que los ejércitos formados en los desaparecidos países socialistas no intervinieron en la caída de los gobiernos del bloque, si exceptuamos el fugaz episodio del golpe de estado contra Mijail Gorvachov. Hay que tener en consideración que el actual aparato militar fue creado en 1959, por los Castro, a diferencia de los ejércitos ya constituidos que encontraron Hitler, Mussolini, Khomeyni, etc., es lógico creer en la galvanización de las fuerzas militares alrededor de sus lideres,  gracias a lo cual en la isla se ha establecido un régimen político-militar sin antecedentes en el hemisferio.

Sin embargo, los fracasos subvierten valores y fidelidades al igual que se producen “fatigas” en los metales, y en Cuba, indudablemente los fiascos han hipotecado el presente y futuro del individuo y la sociedad.

En otros ejércitos, caudillistas o profesionales, situaciones como la de la isla han originado crisis terminales en las dictaduras. Ejemplo como el derrocamiento del portugués Marcelo Caetano en abril de 1974, después de servir al gobierno de Oliveira Salazar por más de 30 años; en Egipto fue el ejercito el que derrocó al rey Faruk I, Mussolini tuvo serios problemas con las Fuerzas Armadas en los últimos años de su gobierno, pero sin dudas la expresión más genuina de que la totalidad de una fuerza armada no es absolutamente leal a su comandante en Jefe aunque aparenten lo contrario, fue el sector de los militares germanos que aunque servían al Tercer Reich, según pasaba el tiempo tenían mas reservas sobre la obediencia que debían rendirle a Adolfo Hitler, lo que se mostró a plenitud el 20 de agosto de 1944 cuando altos oficiales de la Wehsmarcht en la persona del conde Staumferberg, protagonizaron un atentado contra el jerarca nazi.

Ejemplos hay de obediencia y rebeldía a través de la historia, por lo que cabe preguntarse, enfrentaran los Castro una operación Walkiria, que haga temblar la dictadura hasta destruirla, o los militares cubanos continuaran actuando  en contra de sus propios intereses al persistir en apoyar un régimen que no cuenta con el respaldo de su pueblo.

 

Pedro Corzo

Diciembre 2009

Fonte: PenhadeCuba

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CUBA: LOS ESCUADRONES DE LINCHAMIENTO PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Martes, 15 de Diciembre de 2009 11:56


 

14 de Diciembre de 2009

 

Cuando en los años 60 y 70 del siglo pasado Fidel Castro impuso una innecesaria y sangrienta  guerra civil en toda América Latina, las dictaduras existentes (y algunos gobiernos democráticos) reaccionaron erróneamente organizando milicias armadas “fuera” del ejército. Eran paramilitares con la misión de “eliminar” a los fidelistas que hacían la guerrilla urbana (o rural). Un remanente actual de aquella práctica lo constituyen las auto-tituladas “milicias de autodefensa” colombianas, que hacen una guerra irregular contra las guerrillas comunistas.

 

Cuba --que provocó esta calamitosa situación continental de guerra civil-- no se cansó de criticar la existencia de esas milicias irregulares. Sus laboratorios de propaganda subversiva encontraron entonces un nombre asociado al trabajo de esas brigadas, cuya actividad era deshacerse ilegalmente de sus enemigos, llamándolas como “Escuadrones de la Muerte”.

 

La práctica usada contra la guerrilla latinoamericana insurgente --irregular y sucia-- es ahora usada por Fidel Castro y su hermano Raúl, en Cuba, intentando sobrevivir al fracaso de una dictadura repleta de penurias y vicisitudes. Han instaurado en la isla una variante represiva y cruel del Escuadrón de la Muerte, que podemos calificar como “Escuadrones de Linchamiento”.

 

La práctica fidelista --por ahora-- no es matar (pero están preparados y autorizados para hacerlo llegado el caso) ya que los luchadores contra los que actúan son pacíficos, muchas veces mujeres y ancianos, que protestan por la prisión arbitraria de un familiar, esposo, hijo o nieto.

 

No existe ninguna diferencia substancial entre los Escuadrones de la Muerte de la derecha latinoamericana y los Escuadrones del Linchamiento inventado por Castro en Cuba: la misma convicción de “aplastar al enemigo” ilegalmente. Sin embargo, en Latinoamérica los Escuadrones de la Muerte enfrentaron (y aún enfrentan) un enemigo armado y dispuesto a morir luchando, mientas que los Escuadrones de Linchamiento de los hermanos Castro en Cuba enfrentan personas pacíficas e inermes, haciendo más detestable e impune su miserable acción. ¡Cobardes!

 

Los recientes y casi sucesivas acciones de los Escuadrones de Linchamiento escenificados en la Cuba de los hermanos Castro, primero contra un periodista pacífico y solitario; después contra indefensas “Damas de Blanco” por partida doble, en dos días seguidos; y finalmente contra la esposa del preso político Darsí Ferrer y varios de sus seguidores que conmemoraban el Día de los Derechos Humanos. No hay diferencias en los métodos usados por los Escuadrones de la Muerte y los Escuadrones del Linchamiento.

 

De la misma manera que en el oeste norteamericano, sin ley, una turba de hombres linchaba un ciudadano sin darle posibilidades de defensa, en la Cuba de Castro las personas son linchadas física y moralmente, usando la misma turba cobarde e indecente de los países sin ley ni orden.

 

Aquel viejito que se esconde tras una barba blanca, en ropa deportiva, con cara de abuelo inocente, es el mismo que en privado organiza su policía política, vistiéndola de civil para que participe directamente de los progrones que se ejecutan contra la inerme sociedad civil cubana.

 

La infantil pretensión que hacer creer que es “el pueblo airado” quien ejecuta y participa de los “Escuadrones de Linchamiento” cubanos, es la misma de los participantes del Escuadrón de la Muerte que tenía organizado Rolando Masferrer en la época de Batista (los tigres) torturando y asesinando jóvenes luchadores clandestinos. No hay la menor diferencia entre las torturas a que se sometían los jóvenes a manos de los esbirros de Batista, de las torturas proferidas contra los luchadores cubanos a manos de un Escuadrón de Linchamiento castrista en acción.

 

Un régimen que tiene que apelar a la misma práctica que tanto criticó en el pasado, no puede merecer más que la condena de los hombres y mujeres civilizados. El mundo ha podido ver las imágenes de mujeres pacíficas siendo agredidas física y moralmente por una muchedumbre vociferante y agresiva, a la que sólo le falta la cuerda y la horca para ejecutar sus verdaderos objetivos fascistas, en fase con las órdenes emanadas directamente del anciano dictador.

 

El dedo acusador del mundo libre, junto con el de los agredidos --víctimas de esa infamia-- debe levantarse acusadora y fuertemente en los organismos internacionales de Derechos Humanos contra los que así proceden, calificándolos de esbirros, linchadores y sicarios.

 

¡Dios ha de querer que la mano de la justicia democrática muy pronto les cobre bien caro su cobardía!

 

Otros artículos de este autor, pueden leerse en www.cubalibredigital.com

Fonte: cubalibredigital.com

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Última actualización el Martes, 15 de Diciembre de 2009 11:58
 
Las damas en el blanco PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Domingo, 20 de Diciembre de 2009 17:59

por RAUL RIVERO

Los golpes técnicos, las llaves, las artes del acoso, la histeria que se contagia como una mala fiebre y las consignas desinfladas y muertas de la dictadura no han podido acallar el mensaje de las damas de blanco que --esta semana-- pedían libertad para los presos políticos en La Habana, repartían Declaraciones de los Derechos Humanos y se escudaban en estos dos símbolos frágiles de la fortaleza humana: flores y lápices.

Las escenas de fuerza, los empujones, la agresividad convocada por los organizadores de ese linchamiento verbal a medio centenar de mujeres que luchan por liberar a sus familiares de la prisión se han visto en el mundo entero. Y la violencia, la exactitud matemática y la saña con que se les persiguió después hasta la casa de su presidenta, Laura Pollán, acentuaron las líneas del retrato en primer plano de la cara del régimen.

Las damas de blanco, que llevan ya casi siete años (desde la primavera del 2003) en el empeño pacífico, pero firme, de sacar a sus esposos, hijos, padres y hermanos de las cárceles, han aprendido a resistir la represión creciente del régimen. No hay claudicaciones ni abandonos porque no tienen la ambición de mantenerse en el poder o conquistarlo. Ellas trabajan para que alguien, a quien arrancaron a la fuerza de su casa, vuelva y recupere la vida con su familia.

En los últimos años, mientras la economía, la sociedad, la existencia misma se deprime y se agota, el régimen lo único que ha hecho crecer es la violencia contra las damas de blanco y ha subido también el hostigamiento contra 206 prisioneros políticos. Ellos y sus defensoras representan el más auténtico poderío y la reserva moral de esa sociedad.

Los hombres obstinados y peligrosos que pueden organizar una maniobra militar con miles de soldados en los escombros del país, no tienen capacidad para impedir que las integrantes de la asociación femenina salgan a la calle a protestar.

Ahora bien, el escandaloso ejercicio de las fuerzas armadas --el llamado Bastión 2009-- y la movilización de las brigadas de respuesta rápida para asediar a medio centenar de mujeres tienen un mismo objetivo: atemorizar a la población. Repartir nuevas oleadas de miedo para prolongar la agonía de los cubanos.

Ellas han demostrado que su entrega a la libertad de los presos está blindada ante esas maniobras. Los mítines de repudio, se sabe hace mucho tiempo, son un invento de los represores profesionales en el que el temor que se trata de imponer a las víctimas se instala también en el pecho de los verdugos. Eso se ve reflejado en la rabia gratuita de sus coreografías y se oye en la clave patética de los coros.

Las salidas de las damas de blanco en la víspera del Día de los Derechos Humanos (y su regreso a las calles 24 horas después), con sus respectivos episodios de violencia prolongada que organizó la dictadura enseñan la esencia de los dos grupos.

Lo grave del asunto es que ha pasado otro año. Las mujeres que vemos en las fotos bajo los ataques de la brigadas que pastorea la policía son las mismas personas que estaban allí hace doce meses. Y los que están en los calabozos, enfermos y acosados, son también los mismos, y entran en la conclusión de una década detrás de la reja porque quisieron, quieren libertad para todos. Y el tiempo es como los ríos, aunque nadie lo ve llegar al agua azul.

Fonte: El Nuevo Herald

http:www.elherald.com

Última actualización el Domingo, 20 de Diciembre de 2009 18:00
 
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