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Artigos: Cuba
LA INDUSTRIA AZUCARERA: UNA FUENTE DE RIQUEZA EN LA CUBA POST CASTRO PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Lunes, 22 de Febrero de 2010 00:39

Por JORGE HERNÁNDEZ FONSECA

La problemática cubana, 50 años después de la implantación del castrismo, se ha convertido en un complejo dilema de múltiples facetas, distorsionadas todas por una ideología equivocada. Si en la Cuba actual se puede hablar de “una revolución”, es por el hecho de que la élite totalitaria gobernante ha destruido todos los aliceres de la sociedad y la cultura occidental que existía en la llamada entonces “Perla de las Antillas”.

Las soluciones a los problemas cubanos que afectan su sociedad van desde los aspectos económicos (fundamentales, porque el castrismo no sabe como producir bienes y servicios) pasando por problemas de infraestructura, destruida en medio siglo de disfrute indolente de lo creado por “otros” antes, además de tener que enfrentar una desidia personal generalizada en el carácter deformado de cada hombre y mujer, que ha tenido la desdicha de ser educado (deformado) en un sistema que sólo valora el mantenimiento del poder total a toda costa.

El presente trabajo pretende presentar someramente una propuesta en el terreno económico, cuando la isla finalmente se libere de la élite de poder que ha destruido la Nación cubana. Se trata de la industria azucarera, desmantelada también por el vendaval fidelista, pero que posee en los hombres y mujeres de la isla (y el exilio) una cultura de conocimiento agrícola e industrial, como ninguna otra industria entre las implantadas, “antes” o “después” en nuestro país.

Uno de los problemas graves que los cubanos tendremos que enfrentar en un futuro democrático, es pensar como mantener 11 millones de personas sin necesidad de vernos ante el triste panorama en que se encuentra Haití actualmente, donde las personas mayoritariamente viven de la caridad pública. Si no preparamos desde ahora un plan adecuando de recuperación nacional, el desastre cubano pudiera ser similar al que ahora enfrenta Haití, sin recursos naturales (petróleo) ni humanos, y sin un plan efectivo a seguir.

Cualquier plan económico para la Cuba del futuro debe contemplar aquellas áreas en las que actualmente Cuba puede producir de inmediato recursos demandados comercialmente por la comunidad mundial, de manera a no tener necesidad de depender mucho tiempo de la caridad pública internacional, como de inicio parece indispensable que suceda. Un plan de restauración económica debe iniciarse desde el día siguiente de la liberación de Cuba del yugo castrista. Algunas áreas económicas pueden explotarse desde el mismo inicio de la vida democrática, como la producción de níquel (en manos de empresas canadienses) y el turismo por ejemplo, hoy en manos de empresas españolas y donde la participación del capital estatal cubano debe hacer valer desde el primer día su independencia de estos capitales extranjeros.

Otro renglón adicional al turismo, con capacidad potencial y cultura de trabajo y conocimientos es sin dudas la industria azucarera. A diferencia del turismo y el níquel, esta es una industria donde el capital discriminatorio extranjero (como lo es el turismo en manos españolas) todavía no ha “entrado”, por lo que su adecuada administración y gerencia puede organizarse desde el inicio mismo de la implantación de un gobierno provisional, que ordene y trace las nuevas líneas de desarrollo, no solamente políticas, sino también económicas (como lo sería hacer justicia con la traición que el capital español ha perpetrado con los cubanos demócratas).

Como se sabe, la “revolución” de que hablamos al inicio, ha destruido la industria azucarera; pero los hombres y mujeres que permitían al país ser el primer exportador de azúcar del mundo viven aún en nuestras ciudades y en el exilio, lo que permite proponer un plan de reactivación de la industria y la agricultura azucarera, desde el comienzo mismo del triunfo democrático.

En realidad, quedan aún en la isla muchos centrales azucareros intactos, que adecuadamente remodelados y completados con inversiones productivas, pudieran comenzar a adecuarse a un plan de inversiones para producir azúcar y sus derivados, como lo es el etanol (alcohol) y la electricidad, que hoy tienen mucha más demanda en el mercado mundial que la propia azúcar que le da origen. Sería el etanol la llave del plan sucro-alcoholero que aquí proponemos.

Toda producción debe estar respaldada por una demanda. En el caso del etanol, esta demanda provendría de los Estados Unidos. El gigante del norte está directamente envuelto en un plan energético (plan bipartidista) de manera a independizarse de los suministros del petróleo del Oriente Medio. Este plan implica el mezclar toda su gasolina con cantidades importantes de etanol, para conseguir dos objetivos: primero, cada litro de etanol que se mezcle a la gasolina, es un litro de gasolina que se dejaría importar del Oriente Medio, sea directamente, o sea en su equivalente de petróleo. Segundo, la mezcla de gasolina con etanol provocaría un efecto menos contaminante en la atmósfera, combatiendo paralelamente el calentamiento global (la combustión del etanol contamina 61% menos la atmósfera que la combustión de la gasolina).

Estados Unidos produce más de 20 mil millones de litros de etanol, derivado básicamente del maíz. Esta producción norteamericana es muy costosa y requiere subsidios importantes para su producción, por lo que no es difícil imaginar un plan norteamericano de ayuda a la Cuba democrática, que utilice una parte de la ampliación anual de los subsidios a la producción de etanol de maíz, para dedicarlos a la producción de etanol de caña de azúcar en Cuba. De esta manera EUA, sin tener que eliminar sus subsidios (y los intereses asociados) podría financiar un plan de ampliación de la mezcla de gasolina con etanol, importando de Cuba cantidades importantes de este combustible, incluso, llamando al capital privado para tales inversiones.

Con este mercado garantizado, Cuba pudiera iniciar de inmediato un plan de producir etanol, azúcar y electricidad en sus instalaciones actuales y proyectar un plan de ampliación de la producción de etanol en nuevas fábricas sucro-alcoholeras, que también producirían energía eléctrica usando el bagazo de caña. Brasil, país donde vivo, tiene toda la tecnología asociada a un plan de este tipo. Basta decir que, con similares índices productivos que en Brasil (la Cuba republicana siempre estuvo por delante de Brasil en índices) la isla pudiera iniciar un plan de producción de etanol y electricidad de varias etapas, que incluyen la instalación de destilería en los lugares donde antes había un central azucarero destruido por la “revolución”.

Entre los centrales actualmente en operación (que deben ser remodelados) y la instalación de nuevas destilerías de etanol de caña de azúcar, la isla puede producir a corto plano una mezcla de dos mil millones de litros de etanol (10% de lo que EUA produce hoy) exportados por valores del orden de los 1,500 millones de dólares. Unos dos millones de toneladas de azúcar, buenas para el abastecimiento interno y alguna exportación esporádica, por valor de unos 800 millones de dólares. Más mil Mega Watts de energía eléctrica durante buena parte del año, con ahorro de 670 mil toneladas de petróleo, valoradas en 350 millones de dólares (en una Cuba sin petróleo y sin dinero para comprarlo). Estas ventas totalizan, a precios actuales, unos 2,650 millones de dólares por año y sus valores crecerían con los precios internacionales del petróleo.

Creando valores del orden de los 2,650 millones de dólares con producciones autóctonas, comercializables fácilmente, la economía cubana sería inyectada con una fuerza que, sumada a las entradas netas de dólares por conceptos del turismo y el níquel, ambas produciendo valores similares a los del plan sucro-alcoholero, producirían el necesario efecto multiplicador que supone la construcción de viviendas, el comercio, la producción agrícola no cañera y las industrias asociadas a estos ejes productivos, creando una sólida base de desarrollo. La ventaja del plan sucro alcoholero, además de sus producciones, es la gran capacidad de crear empleo en gran escala, en una amplia gama de especialistas y oficios diversos.

Cuba produciría así, en su industria sucro-alcoholera remodelada, una tercera parte de la electricidad que actualmente consume la isla, sin quemar una sola gota de petróleo combustible. Como se sabe, la dependencia petrolera de la isla (primero de la URSS y ahora de Chávez) ha sido el “talón de Aquiles” de la isla. La producción de electricidad con bagazo, ya justificaría un plan como el propuesto, permitiendo un desarrollo social más acelerado, ya que esa producción eléctrica es muy barata, como lo demuestran las instalaciones brasileñas.

Un plan de este tipo pudiera llevarse a cabo invirtiendo unos 10 mil millones de dólares en la industria sucro-alcoholera cubana, con una taxa de retorno bruto inferior a los 4 años. La tierra cultivable necesaria para un plan de este tipo ya existe en la isla. Independientemente de que ha sido política del gobierno de Raúl Castro distribuir tierras en usufructo, el fracaso del plan ha dejado cientos de miles de hectáreas disponibles, que se organizarían como productores de la materia prima necesaria para un plan así, generando empleo y renda adicionalmente.

El plan sucro-alcoholero produciría cientos de miles de puestos de trabajo remunerados en dólares desde el inicio, incentivaría la industria mecánica, la agricultura, el trasporte e irrigaría con mucha capilaridad una buena parte de la sociedad cubana, empleando todo tipo de mano de obra, desde ingenieros, investigadores y técnicos, hasta los cortadores de caña, todos con salarios en dólares. Producir etanol así, equivale a producir gasolina y electricidad, en una cadena productiva de cientos de miles de personas trabajando coordinadamente.

En resumen, un plan sucro-alcoholero en la Cuba democrática podría, desde el mismo inicio del proceso democrático, comenzar con las inversiones para la producción de etanol, azúcar y electricidad, cuya tecnología ya está en funcionamiento en Brasil desde hace muchos años. También inicialmente, dependiendo de las condiciones de los centrales existentes y en operación, pudiera comenzar a producirse cantidades limitadas de estos tres productos, que en cinco años llegaría a producir los volúmenes planificados en un proceso inversionista de igual tiempo, dando trabajo de inicio en la construcción y montaje de las fábricas a cientos de miles de técnicos calificados para el trabajo de remodelar la nueva industria azucarera cubana.

 

21 de Febrero de 2010

 

Artículos de este autor pueden ser consultados en http://www.cubalibredigital.com

Última actualización el Lunes, 22 de Febrero de 2010 00:51
 
España y el negocio de los derechos humanos en Cuba PDF Imprimir E-mail
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Lunes, 22 de Febrero de 2010 00:35

Por HUBER MATOS ARALUCE

Con los auspicios del gobierno español se acaban de celebrar en Madrid dos actividades que, según explica el Ministro Miguel Ángel Moratinos, han servido para “consolidar la confianza y la promoción, y el respeto de los derechos humanos" en Cuba.  España ha reiterado que quiere  persuadir a la Unión Europea a cambiar su política hacia Cuba.

España sabe que no podrá lograrlo, porque varios países europeos, escépticos del régimen castrista, han expresado su oposición a suavizar aun más su política hacia Cuba.  La insistencia  española tiene otros propósitos.

Como España es uno de los socios principales de la más vieja y represiva dictadura de Latinoamérica, su actual gobierno necesita hacerle creer a los socialistas españoles que es un defensor de los derechos humanos en Cuba. Millones de televidentes, lectores de periódicos, radioescuchas y cibernautas en España y en otras latitudes, ya habrán visto los titulares anunciando el  nuevo esfuerzo español por tan loable objetivo.

Es también muy importante para España dar la impresión, en la Unión Europea, de que es en alguna forma la representante de sus ex colonias latinoamericanas.  En el caso cubano trata de hacer creer que está especialmente capacitada para entender lo que pasa en la isla. Por ejemplo, según el embajador español en Costa Rica, España es: “el país que todos los europeos reconocen como el que tiene el mejor conocimiento de la situación en Cuba.

Hasta el gobierno de los Estados Unidos se ha llegado a creer que el intermediario ideal para hablar con los Castro es Rodríguez Zapatero.  Hace unos meses el presidente Obama pidió al presidente español su mediación ante Raúl Castro para descongelar la situación entre ambos gobiernos, por cierto sin ningún éxito. Véase Cuba en el limbo y el error de Obama (2).

Con su hábil, constante e indirecta defensa de la tiranía castrista, responsabilizando a los gobiernos occidentales de practicar una política absurda hacia Cuba, España gana puntos con la dictadura de la isla.  Además del comercio, el régimen castrista ha privilegiado a los empresarios españoles con un cuasi monopolio de la industria turística de la Cuba.

Las conversaciones sobre derechos humanos entre la dictadura y el gobierno de España, en los términos favorables en que las presenta siempre Madrid, le sirven a la tiranía para demostrar a la oposición interna, a los presos, a sus familiares y al pueblo cubano que, a la hora de hablar del tema de los derechos humanos en Cuba, ninguno de ellos cuenta.

Por esta razón el gobierno español no permitió que ningún representante de la oposición democrática cubana participara en estas recientes actividades en Madrid. El mejor golpe contra un enemigo es el que lo desmoraliza, y en esto el gobierno español es un aliado ideal de la tiranía.

En Cuba los atropellos contra ciudadanos apolíticos aumentan, la represión contra la oposición democrática es incesante, las condenas a prisión son completamente injustificadas  y el trato a los presos políticos en las cárceles es brutal. El gobierno español lo sabe perfectamente. Por eso, para demostrar cuán importante es la relación entre los socialistas españoles y los castristas cubanos, de vez en cuando la tiranía le regala al gobierno español algunos presos políticos, que son exhibidos como prueba del éxito de la estrategia española hacia Cuba.

El pragmatismo español no es difícil de entender, España es uno de los socios comerciales más importantes de la dictadura cubana. Como para el gobierno de Zapatero los negocios están por encima de los principios, su conducta es completamente congruente. Es un gobierno que le hace el juego al castrismo al mismo tiempo que evita criticar a otro buen comprador, Hugo Chávez, pasando por alto que este militar autócrata está aniquilando sistemáticamente la democracia venezolana.

No hay ninguna contradicción, tampoco, en que el gobierno español retirara su embajador de Tegucigalpa y denunciara a Honduras porque sus militares, su Corte Suprema y su Congreso violaron la constitución, al tiempo que tiene magníficas relaciones diplomáticas con  la dictadura más antigua de la región y con la versión venezolana. Honduras no tiene ni petróleo ni mucho turismo; es el segundo país más pobre de Latinoamérica y por eso, y solo por eso, en lugar de guantes de seda merecía el látigo.

 

San José, Costa Rica

 

Última actualización el Lunes, 22 de Febrero de 2010 00:38
 
ESCLAVOS DEL PODER PDF Imprimir E-mail
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Sábado, 20 de Febrero de 2010 01:29

Por PEDRO CORZO

Los vínculos que existen entre los gobiernos de Cuba y Venezuela no tienen precedentes en otros países del hemisferio americano, y solo es posible apreciarlos, salvando las diferencias, en las relaciones que sostuvieron Italia y Alemania en el período previó a la Segunda Guerra Mundial y durante el propio conflicto.

Adolfo Hitler sentía veneración por Benito Mussolini. El dictador alemán después de entrevistarse con su par italiano llegó a decir que El Duce era en su opinión el hombre más importante y relevante que había nacido en los últimos mil años, una subordinación que tiene muchas semejanzas con la que Hugo Chávez práctica con Fidel Castro.

Sin embargo, Mussolini sentía un profundo desprecio por Hitler, le criticaba fuertemente y hasta entre sus mas allegado calificaba al líder alemán de histérico con inclinación al homosexualismo. Hasta el presente ignoramos la opinión personal que tiene el déspota cubano sobre el caudillo venezolano. Las apariencias aparentan una amistad sólida de ambas partes, pero recordemos que las “apariencias a veces engañan”.

El germano nunca imaginó lo que sentía realmente el italiano por él y la verdad histórica es que siempre le admiró, y le prestó, durante la segunda gran guerra, un apoyo político y militar que la parte italiana nunca compensó. Sin dudas que aquella relación fue muy peculiar, ya que el Poderoso, Hitler, dependía emocionalmente de un dictador débil política y militarmente como Benito Mussolini.

Aquí encontramos otra analogía entre Fidel Castro y Hugo Chávez. Es Venezuela quien subsidia al régimen de La Habana, pero es Caracas la que parece estar sometida a la voluntad de dictador antillano. Fidel Castro y lo que él significa ha seducido al presidente venezolano de manera vergonzosa. Las referencias constantes de Chávez al dictador cubano, y el hecho de representar las acciones y decisiones de Castro como si hubieran sido ejecutados por una divinidad, demuestran su incapacidad para actuar en base a sus propios razonamientos e ideología.

La fascinación que siente Hugo Chávez ante Castro es tan enfermiza como la que padeció Adolfo Hitler en relación a Mussolini.

Alemania como consecuencia de la incapacidad de Mussolini, se vio obligada a ocupar Italia en 1943, lo que permitió al dictador conservar el poder por un breve periodo de tiempo. El Reich envío inútilmente a la península decenas de miles de toneladas de armas y grandes cantidades de combustible que nunca fueron usados por las fuerzas italianas. Mas aun, cuando El Duce fue depuesto y arrestado, Hitler ordenó un rescate digno de una película de aventuras, bajo el comando de Otto Skorzeni. Poco después le inventó en el norte de Italia, la República de Salo, una ficción que le permitió a Mussolini imaginar que seguía gobernando, pero que no le hizo cambiar el sentimiento de desprecio que sentía por su aliado nazi.

Es interesante y si se hace referencias a las semejanzas, también hay que destacar las diferencias, El Duce nunca se sometió a Hitler, de la manera en que lo hace Chávez con Castro.

Mussolini estaba consciente que para que él y su régimen sobrevivieran tenían que aceptar la arrogancia y el poder alemán, pero en el caso cubano venezolano no es así, es el régimen de La Habana y no el de Caracas el dependiente. Cuba no puede sobrevivir con sus propios recursos y necesita los subsidios de Venezuela, pero son los cubanos los que con los bienes venezolanos han hecho acto de presencia en ese país de manera hegemónica.

El gobierno de Venezuela ha permitido prácticamente una invasión de funcionarios cubanos, civiles y militares, que según los entendidos, controlan la mayor parte de la administración, y ejercen influencia y un relativo control sobre las fuerzas de seguridad pública y los organismos armados del estado.

Desde Cuba han llegado a Venezuela miles de personas, algunos especialistas o técnicos en  ciertas  ramas del conocimiento, pero la mayoría son asesores o instructores en el dudoso oficio de imponer métodos que permitan implementar en el país sudamericano un régimen con la capacidad de sobrevivencia del cubano.

El presidente Hugo Chávez, a pesar de que el régimen de La Habana solo ha sido eficiente en la consumación del control de la información y la expresión ciudadana, junto a la constitución de una fuerza política y de espionaje de excelencia, ha supeditado a la autoridad de los Castro la soberanía de su país y tomado a Cuba como modelo de gobierno a seguir.

En un esfuerzo de objetividad es muy difícil identificar cabalmente a Hugo Chávez y Fidel Castro con cualquiera de los dos déspotas fascistas, aunque repetimos que hay semejanzas entre los cuatros, pero mas allá de esas similitudes hay una verdad ajena a cualquier especulación y es que Mussolini aceptó la ingerencia alemana por el poder con que contaba ese país, pero Chávez aprueba la cubana por una subordinación a Fidel Castro que linda con la humillación. Si lo hace por devoción o conveniencia es otra pregunta que no cambia la opinión que cada uno podemos hacernos del gobernante que deshonra la espada de Bolívar.

En fin, la relación Hugo Chávez y Fidel Castro, tendrán semejanzas y diferencias a las que sostuvieron Benito Mussolini y Adolfo Hitler, pero hay una constante invariable entre estos cuatro apocalípticos jinetes, y es que gustan del Poder por encima de todo lo demás y que para conseguirlo y conservarlo, son capaces de cualquier cosa.

Última actualización el Sábado, 20 de Febrero de 2010 01:31
 
UN ALBAÑIL CONTRA FIDEL CASTRO PDF Imprimir E-mail
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Jueves, 18 de Febrero de 2010 12:29

Por MAITE RICO

El estado de salud del preso político cubano Orlando Zapata, en huelga de hambre desde hace 75 días, se ha deteriorado a tal grado que las autoridades carcelarias decidieron el martes su traslado urgente desde el penal de Camagüey, en el centro del país, a un hospital de La Habana. Según la información recabada por la familia, su situación es crítica. Zapata, albañil de 42 años, es uno de los 75 disidentes detenidos en la Primavera Negra de 2003, tiene varias condenas que suman 36 años y engrosa la lista de prisioneros de conciencia de Amnistía Internacional.

El disidente había sido trasladado inicialmente desde la cárcel al hospital de Camagüey, donde estaba siendo alimentado contra su voluntad por vía intravenosa. El martes por la mañana, sin embargo, las cosas se complicaron.

"Fue todo sorpresivo. Lo sacaron en camilla, con sueros y oxígeno. No podía hablar", explica vía telefónica desde Cuba su madre, Reina Tamayo. La mujer, una campesina que vive en una aldea de Holguín, en el este del país, había llegado a Camagüey al saber que Orlando estaba peor. "Queríamos verle, tenía vómitos y fiebre, porque lleva 75 días a base de agua y tiene varios órganos afectados. Uno de los médicos le dijo a su hermana que se podía morir en cualquier momento".

Hoy Reina Tamayo intentaba encontrar, en la estación de autobuses de Camagüey, un transporte hasta la capital, a 500 kilómetros de distancia. "Yo les supliqué que me permitieran ir con él en la ambulancia, pero se negaron. La ocuparon toda con hombres armados. Ahora estoy pasando trabajos para poder ir. Pagaremos lo que no tenemos, porque estoy desesperada por llegar a La Habana".

Orlando Zapata es uno de los disidentes más castigados por el régimen castrista. Desde 2002, había sido detenido en varias ocasiones por su activismo en el campo de los derechos humanos. Su última captura se produjo el 20 de marzo de 2003, mientras participaba en un ayuno para pedir la libertad de varios compañeros, entre ellos el médico Óscar Elías Biscet. A la condena inicial a tres años por "desacato a la figura del Comandante [Fidel Castro]" se fueron agregando otras sentencias en cinco procesos judiciales sin garantías, que elevaron la condena a un total de 36 años. Desde entonces, Zapata ha estado sometido a constantes cambios de prisión, palizas y régimen de aislamiento. "Él siempre ha sido muy combativo, muy digno. Ha hecho varias huelgas de hambre y reivindica su condición de preso de conciencia", explica un compañero suyo desde La Habana.

Zapata participó también en el llamado Proyecto Varela, una iniciativa ciudadana para reformar la Constitución e impulsar la apertura democrática -y que acabó con buena parte de los activistas en prisión-. Para su promotor, Oswaldo Payá, premio Sájarov del Parlamento Europeo, el régimen "se ha ensañado con Orlando Zapata porque es negro, por su dignidad y porque mantiene la bandera de los derechos humanos". Payá ha lanzado un llamamiento de solidaridad internacional, "la misma que obtuvo la causa justa de la activista saharaui Aminatu Haidar. Las dictaduras no son ni de izquierda ni de derecha, sino dictaduras".

 

Tomado de EL PAÍS, Madrid - 17/02/2010

Última actualización el Jueves, 18 de Febrero de 2010 12:32
 
BARQUIN: EL CIUDADANO SOLDADO PDF Imprimir E-mail
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Martes, 16 de Febrero de 2010 12:35

Por ALFREDO M. CEPERO

 

El Coronel Ramón Barquín y López falleció el año pasado en su patria adoptiva de Puerto Rico pero nunca dejó de amar y servir a su añorada Cuba. Y aún desde la tumba la sigue sirviendo a través de su libro “Mis Diálogos con Fidel, Raúl, Camilo y el Che”. Una narración analítica y certera sobre la forma de pensar y actuar de los principales actores de la tragedia de medio siglo que ha devastado física y moralmente a la nación cubana. El libro puede ser adquirido en la Librería Universal, en Miami, o a través de Amazon.com .

 

Conocí a Ramón Barquín a principios de 1961 en Miami cuando el coronel se desempeñaba como jefe militar del Movimiento Revolucionario del Pueblo (MRP) que dirigía el Ingeniero Manolo Ray. La organización mantenía un campo de entrenamiento militar en el pueblo de Naranja, cerca de Homestead, en la Florida y allá fuimos a parar Luís Posada y yo que, a la sazón, compartíamos un cuartucho en el desaparecido Hotel Columbia de la ciudad de Miami.

 

En el campamento nos congregamos un abigarrado destacamento de abogados como Jorge Beruff y Sila Cuervo, militares rebeldes como Pepe Perez Alamo y Pepe El Toro, estudiantes como Augusto Maxwell y Ramón Barquín hijo, y campesinos como “El Guajiro Hilario”, de quién nunca llegue a saber el apellido. Así fue como, unidos por el amor a Cuba y por nuestro propósito de contribuir a su libertad, nos integramos mas tarde a la Brigada 2506.

 

Desde un principio Barquín me inspiró simpatía, confianza y respeto. Su hablar pausado, ademanes modestos y habilidad para escuchar a los demás lo sacaban completamente del estereotipo generalizado sobre los militares. Parecía más bien un diplomático que un militar. No en balde su carrera dio un giro inesperado y lo sacó del cuartel para llevarlo a lo más altos niveles de la diplomacia como Agregado Militar de Cuba en Washington y como Vice-director del Estado Mayor Conjunto de la Junta Interamericana de Defensa, durante el gobierno de Carlos Prío Socarras.

 

Cuando se produjo el fatídico golpe de estado del 10 de marzo Barquín se encontraba en Washington y se propuso renunciar a su cargo pero fue convencido por sus amigos de que, dentro del ejército, podría ser más útil a la restauración de la democracia en Cuba. En esa labor fue descubierto el 3 de abril de 1956 en un intento de derrocar la dictadura de Fulgencio Batista que pasó a nuestra historia con el nombre de “Conspiración de los Puros”. Y puros, dignos y patrióticos fueron los esfuerzos de Barquín y una docena de oficiales que se le sumaron a lo que bien podríamos considerar como una versión adelantada de los acontecimientos que tuvieron lugar recientemente en Honduras. El caso insólito en nuestro continente de militares arriesgando la vida no para llenar sus bolsillos sino para servir a su pueblo.

En el curso de su organización de la asonada militar Barquín y sus compañeros  suscribieron un documento que pudo haber sido escrito por patriotas de la estatura moral de Carlos Manuel de Céspedes o Ignacio Agramonte. Después de estipular que su objetivo era formar un gobierno integrado por personalidades civiles y convocar a elecciones en el breve plazo de seis meses, los complotados se comprometieron a no aspirar a posiciones electivas y a presentar la renuncia de sus cargos en las fuerzas armadas. Para desgracia del pueblo cubano la conspiración fue delatada por uno de los participantes y los “puros” fueron a dar a las celdas inmundas de la Cárcel de Isla de Pinos donde cumplieron dos años y medio de privación de libertad.

 

Avanzada la tarde del primero de enero, después de la fuga del dictador, Barquín se presentó en el Campamento Militar de Columbia con el objetivo de mantener el orden y prevenir baños de sangre. Sus palabras recriminatorias al General Eulogio Cantillo merecen ser citadas: “Entiendo que ustedes, los coroneles y generales, tenían que haber derrotado a los guerrilleros fidelistas en nombre del gobierno dictatorial que sostenían, o haber derrocado al dictador en nombre del pueblo que se lo pedía; pero, desgraciadamente no hicieron ni lo uno ni lo otro,  sino lo peor: proteger la fuga de Batista”

 

En ese mismo momento, el dictador sucesor, todavía en Santiago de Cuba, ignoraba las llamadas de Barquín desde la Habana para coordinar las actividades encaminadas a una transición sin violencia. Castro, como sabemos, estaba mas interesado en la consolidación de su poder absoluto que en la paz para el pueblo de Cuba. Por el contrario, declara una huelga general y manda a toda velocidad a Camilo y al Che a tomar Columbia y la Cabaña respectivamente. Ante el hecho consumado, de un Tribunal Supremo que había reconocido a Urrutia como Presidente, la euforia de un pueblo enamorado del “ídolo” y la posibilidad de más derramamientos de sangre, Barquín entrega el mando a Camilo quien había sido nombrado Jefe del Ejército por el nuevo presidente de Cuba.

 

A partir de ese momento, se inician una serie de entrevistas y conversaciones de Barquín con los personajes que aparecen en el título de su libro. Aunque siempre se negó a caer en la trampa de ser nombrado Ministro de Defensa, Barquín puso sus conocimientos al servicio de los líderes de la revolución, principalmente Camilo, en los primeros meses del proceso revolucionario. Sin dudas, con la esperanza de amortiguar el impacto sobre el pueblo de Cuba de la ignorancia, la improvisación y la maldad de los nuevos sátrapas.

 

Y cuando fue obligado a optar entre aceptar una cartera en el gabinete o salir de Cuba Barquín aceptó un cargo diplomático con objeto de sumarse a los esfuerzos que ya se realizaban en el exterior para liberar a Cuba de su nueva dictadura. Sin dudas  tenía presente un encuentro con Fidel donde el tirano le dijo: “Con usted hay que tener mucho cuidado, porque lo van a tratar de utilizar de cabeza de la contrarrevolución”. Sus relaciones con estos delincuentes pueden ser sintetizadas diciendo que mostró cautela ante Fidel, recelo ante Raúl, desprecio hacia Guevara y una cierta simpatía hacia Camilo, a quien Barquín consideró una víctima de su ignorancia y de su admiración por Fidel Castro.

Todavía desde su tumba este cubano ejemplar nos muestra el camino hacia  la creación de una nación donde cada ciudadano asuma la responsabilidad de defender la democracia sin las muletas de falsos líderes. En este sentido, nos dice: “La historia no absolverá a Fidel, pero tenemos que ver como construimos una Cuba nueva donde nunca pueda volver a surgir otro Fidel”. Y describe el papel del ejercito en una democracia diciendo: “Sigo siendo un fervoroso creyente en que las Fuerzas Armadas de una nación tienen que responder y ser obedientes al poder civil que es representativo de la voluntad popular”.

 

Los méritos y la capacidad del Coronel Barquín como militar quedan demostrados por una trayectoria que comenzó como soldado y ascendió a cabo, sargento y oficial por estudios y méritos propios. Pero por muchos que estos sean, las cualidades morales y cívicas de Ramón Barquín son muy superiores y hacen del militar un ciudadano soldado. Un ciudadano que obedece la constitución, defiende  el estado de derechos y pone sus armas al servicio de la democracia. En fin, un ejemplo para enseñarle a nuestras futuras generaciones de militares cubanos que, como dije hace algún tiempo en uno de mis versos, “Hace falta soldados/en la mano el fusil/ y en la mente el concepto de respecto al civil/ hace falta el concepto de ser buen ciudadano/el respeto a la ley y a su guarda el soldado”.

 

Miami, Florida 2-16-2010.

Última actualización el Martes, 16 de Febrero de 2010 12:36
 
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