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La unificación monetaria en Cuba es un truco de magia para esconder un robo monumental PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Viernes, 23 de Octubre de 2020 10:18

Ilustración: la magia de la 'unificación monetaria'

Indefectiblemente, el imaginario colectivo cubano usa como herramientas mentales los conceptos que el Gobierno impone mediante su monopolio comunicacional. El modo en que se conduce el actual debate sobre las reformas económicas es una lamentable muestra de la eficiencia con que las autoridades controlan el cómo y el qué hablamos, moviendo como magos nuestra atención hacia donde les interesa, mientras lo realmente importante pasa desapercibido.

El acto de prestidigitación actual comenzó hace años, cuando impusieron el concepto de "unificación monetaria". Los economistas más mediáticos, ya sean los habituales voceros del PCC, ya sean los que viven en la relativa libertad del exilio, asumieron el discurso de la unificación monetaria y lo transmitieron tanto a la prisionera población isleña, como a la rehén población emigrada. Si se hablaba de economía cubana, la unificación siempre estaba en el diálogo.

Hemos llegado obnubilados hasta hoy, cuando al fin el Gobierno, tras lustros de retraso justificándose con los movimientos telúricos que aparentemente provocarían la unificación,  acomete lo que denomina "Tarea Ordenamiento": una serie de ajustes que se suponen necesarios para acomodar la economía a una unificación monetaria.

El punto rojo de nuestro colimador se centra en la unificación, los demás ajustes pasan casi sin debate, como si fuesen naturales. Por lo menos es así a nivel popular, y quizás sea tarde para que los especialistas intenten sacar a la población de esa ceguera a la que ellos mismos contribuyeron, al asumir acríticamente los términos del discurso gubernamental.

La unificación monetaria ya ocurrió

Detrás del big show a lo David Copperfield hay una simple e importante realidad: en Cuba no habrá ninguna unificación monetaria, no puede haberla porque no hay dos monedas.

Nos hemos acostumbrado a pensar en el CUC y en el CUP como si fuesen monedas independientes, pero no lo son, ambas componen lo que podríamos llamar "Moneda Nacional", un circulante compuesto por dos tipos de billetes: uno (el CUP) con un poder de compra expresado nominalmente —lo que pone el billete es lo que vale—, y otro (el CUC) cuyo poder liberatorio es 24 veces superior al nominal. Es indiferente para un cubano recibir 240 CUP o 10 CUC, puede hacer exactamente lo mismo con eso. La diferencia es simple numismática.

En su origen, el CUC sí era algo diferente. Fue introducido en 1994 para detener la debacle devaluatoria del peso, pero sobre todo como mecanismo para que el Estado centralizase las divisas del país. En aquel entonces las emisiones de nuevas cantidades de CUC dependían de la circulación de divisas, funcionando como un "Patrón Oro", siendo el oro en este caso el dólar estadounidense, USD. En 2004 remataron la faena sustituyendo totalmente la circulación del USD por la del CUC, extrayendo así los dólares que quedaban en manos privadas.

La cuestión a destacar es que, a causa de malos manejos financieros, la necesidad crónica de inflar la moneda para subsidiar las empresas estatales, más un incontrolable mercado negro internacionalizado por "las mulas", hace tiempo que la emisión de CUC no tiene respaldo en divisas, no funciona la Caja de Conversión. El "patrón oro" se abandonó y las emisiones de CUC son totalmente político-administrativas, del mismo modo que se hace con el CUP.

Para el cubano de a pie la unificación sucedió hace mucho, lo que quedaban eran barreras artificiales que algunas empresas estatales —normalmente comercializadoras minoristas— ponían al uso de uno u otro de los billetes de la Moneda Nacional en sus establecimientos, cosa que con una simple resolución ministerial obligando la aceptación generalizada de ambos billetes se podía solucionar.

Pero si lo que querían era eliminar uno de los dos tipos de billetes, como están haciendo ahora con el CUC, lo único que tenían que hacer sin tanto aspaviento mediático, era ir sustituyéndolo por CUP, que como ven, es realmente lo mismo.

Si mantienen el esquema de tipo de cambio fijo, cosa que ya confirmaron, el verdadero ordenamiento que urge es el intraempresarial, donde el Gobierno creó un enorme desorden para financiar sus empresas sin que esto se reflejase en la Contabilidad Nacional. Las autoridades camuflaron los subsidios vía tipos de cambios, los que llegaron a ser ad hoc para algunas empresas.

Lo que oficialmente denominan "Tarea Ordenamiento" —título cargado de reminiscencias del Socialismo Real— y que popularmente se entiende cómo "unificación monetaria", podían hacerlo con simples ajustes de contabilidad, que eso sí, alumbrarían la verdad de cuán ineficiente e insostenible es la economía planificada centralmente.

Lo importante a entender es que la tan mediatizada "unificación" no requería la caterva de medidas que han anunciado como un paquete corrector de sus efectos. De hecho, más que corrigiendo efectos, están acometiendo un importante cambio de modelo, cambio que está pasando desapercibido bajo el manto de la "unificación". Ese es el truco.

China imperial o Egipto faraónico

Esos cambios anunciados como colaterales son el verdadero meollo de lo que pretenden hacer. Apuntan a la conversión de una economía socialista —donde el pueblo es propietario de los bienes de producción y el rol del Estado es administrar y distribuir igualitariamente las riquezas creadas por la propiedad colectiva— en un sistema parecido al de la China imperial o el Egipto faraónico, donde el Estado es propietario único y reparte según los servicios que obtenga de cada individuo.

Comenzaron hace años criticando fuertemente el igualitarismo, acentuando que el problema de la inveterada improductividad de la economía no era debido al modo de propiedad, sino a defectos en la repartición de incentivos. Ya nadie recuerda los muy guevarianos incentivos morales, y se han asumido pragmáticamente los estímulos materiales como motor económico, repartiendo beneficios entre los trabajadores según el resultado particular de cada empresa.

Aclaremos que incentivar la producción por diferencias salariales es correcto, y no es un problema mientras el salario es solo una de las formas de distribución de las riquezas de una sociedad socialista. Pero una vez que se intenta, como están haciendo, valorizar el salario a costa de eliminar otros modos de distribución equitativa, este se convierte en la forma principal de repartición, lo que rompe el principio de propiedad colectiva, se acaba el socialismo, lo que no equivale a acercarse al capitalismo de libre empresa.

Además, utilizando su monopolio informativo, el Gobierno ha insertado en el imaginario popular los conceptos de "gratuidades y subsidios", implantando como real una inexistente división entre los que trabajan para el Estado y los que no, quienes aparentemente estarían recibiendo del Estado "gratuidades y subsidios". Esto es una falacia, en un país socialista de propiedad colectiva por definición lo que hay es reparto igualitario del beneficio, creado mediante la propiedad colectiva que es de todos por igual, trabajes o no para el Estado.

Un robo monumental

Tras el capote de la "unificación", se está concluyendo un giro copernicano en la economía cubana, que tristemente pasa desapercibido para muchos analistas. Nadie denuncia lo que puede considerarse un robo monumental.

Aunque el total a repartir ha estado achicándose desde que se acabaron los dineros soviéticos, el razonamiento imperante era que como individuos recibíamos menos, porque había menos, pero recibíamos equitativamente la riqueza que se generaba con nuestros medios de producción.

Ahora, en vez de anunciar que el país es tan pobre que queda cada vez menos a repartir tras los gastos de salud y educación —de por sí bastante deprimidos— están diciendo, presentándonoslo como una lucha contra el igualitarismo, las gratuidades y los subsidios, que en Cuba se acabó la equidad para siempre, y que fuera del mínimo Seguridad Social, Educación y Salud, cada cual recibirá según aporte a las empresas estatales.

Dejar de repartir equitativamente lo que se logre, para repartir según la aportación individual al resultado de las empresas estatales, puede considerarse un cambio en la titularidad de los medios de producción, que pasan así a ser no estatales, sino del Estado, siendo a su vez el Estado una élite muy bien definida e inaccesible.

Los cambios anunciados como ajustes a la unificación —recuerden, ese es el truco que esconde lo demás— son cambios hechos por un dueño buscando mayor productividad dentro de sus empresas, un dueño que será cada vez menos responsable de aquellos que no participen dentro de su economía, pero que, a la vez, impedirá desarrollar una economía autónoma, sin él. Es un dueño que no quiere competencia en su territorio, prefiere mantener cautiva la masa mano de obra.

Entonces, la "unificación" que no es tal, pero que ha servido como distractor perfecto tanto para legos como para especialistas, esconde el remate a toda una transición no en el modo de producción de la economía cubana, sino en el modelo de propiedad, que deja de ser colectiva y de rendir frutos colectivos para ser privativa de una élite gobernante. Esta repartirá frutos —más allá de los servicios básicos necesarios para mantener a la sociedad disponible para trabajar— según cada individuo le rinda.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Jueves, 29 de Octubre de 2020 00:06
 

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