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¿Nunca el Marxismo se Ha Aplicado Bien? PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Martes, 08 de Septiembre de 2020 02:51

Karl Marx Archives - Bandera Roja

Por ROBERTO ALVAREZ QUIÑONES.- 

No aceptar el fracaso del marxismo llegado al poder conduce a fantasías brotadas de tres factores: 1) se confunde el deseo con la realidad; 2) no se conoce a fondo al Marx estratega político; 3) no se ha sufrido el totalitarismo marxista en carne propia. Hoy la izquierda radical adopta con el marxismo una posición dual. Por una parte lo toma como un dogma de fe, una especie de religión que irónicamente niega el ateísmo marxista; y por la otra lo usa como plataforma política para tratar de alcanzar el poder. Ambas corrientes apoyan a la dictadura comunista cubana, no importa lo que haga. Pero se ofenden si les llaman comunistas. Ese vocablo les huele a fracaso. ¿Se puede ser marxista y no ser comunista?


¿Nunca el Marxismo se Ha Aplicado Bien?

ROBERTO ALVAREZ QUIÑONES


No es razonable que 31 años después de haber sido sepultado en las murallas del Kremlin el experimento social diseñado por Karl Marx, que en China y Vietnam le cercenaran la parte económica (impedía el desarrollo), y Cuba y Corea del Norte, (únicos sobrevivientes ortodoxos) sueltan sus ruinosos pedazos, el marxismo cobre fuerza internacionalmente, incluso en Estados Unidos.

Cuando comento esta paradoja con algunos buenos amigos latinoamericanos me dicen que no, que ni en Cuba ni en ningún otro país ha habido nunca marxismo porque jamás se ha interpretado ni aplicado correctamente. No me precisan qué es la “revolución cubana” pero afirman que no es marxista.

La mayoría de los profesores universitarios en Occidente, particularmente en EE.UU, muchos intelectuales (Hollywood es un buen ejemplo) y la izquierda radical, aseguran que el sistema totalitario instalado en 35 países en el siglo XX no fue marxismo sino una distorsión execrable de las doctrinas de Marx, de lo cual culpan a Lenin, Stalin, Trotski, Mao, Ho-Chi Minh, Kim Il Sung, Tito, Pol Pot, Fidel Castro y todos los dictadores comunistas.

El marxismo mató más gente que las dos guerras mundiales.

Y a mí suena hasta lógico ese rechazo. Nadie quiere cargar moralmente con los 100 millones de cadáveres (ejecutados o muertos de hambre) que dejó el comunismo, según documentó un grupo de historiadores, casi todos de izquierda, en los años 90. El marxismo llevado a la práctica mató más personas que las dos guerras mundiales del siglo XX, las más letales de la historia, que causaron 90 millones de muertes, 20 millones la primera y 70 millones la segunda.

Hay también un problema semántico. Lenin y los bolcheviques calificaron de socialismo al comunismo marxista instaurado en Rusia en 1917, porque según Marx para llegar al comunismo primero hay que construir el socialismo. Pero nunca le quitaron el nombre al Partido Comunista. El socialismo marxista se construía en Rusia, y luego en muchas naciones, por partidos comunistas herederos del Partido Comunista creado por Marx, no por partidos socialistas, nombre que usan los socialdemócratas, que no son comunistas.

Les pregunto a mis amigos citados qué fue el Che Guevara, quien precisamente por su sólida formación marxista fue encargado por Fidel Castro de instalar en Cuba el sistema de economía estatal centralmente planificada, corazón de la “dictadura del proletariado”, y sus respuestas son imprecisas.


lider vietnamita Ho Chi Minh

El líder vietnamita Ho Chi Minh con marinos de la Alemania comunista en 1957. (Foto: Gobierno Federal Alemán).

Stalin era más marxista que Lenin, y el Che más que Fidel

Guevara era comunista y más que Castro, como Trotski lo fue más que Lenin porque promovía la “revolución permanente” a nivel mundial que proponía Marx. Y Stalin, a quien la izquierda acusa de haber denigrado al marxismo, también fue más marxista que Lenin pues abolió los negocios privados que permitió Lenin con la Nueva Política Económica (NEP) desde 1921. Según Marx no podía haber propiedad privada en la construcción del socialismo.

Cuando se constituyó la Liga de los Comunistas en 1848, su programa político fue redactado por Marx y Engels y titulado “Manifiesto del Partido Comunista”, que termina con un llamado a la guerra civil:

-- “Dejen a las clases dirigentes temblar en una revolución comunista. Los proletarios no tienen nada para perder, salvo sus cadenas. Ellos tienen un mundo para ganar.¡Trabajadores del mundo, uníos!

Fue una incendiaria convocatoria a las armas para “el derrocamiento de la burguesía” en todo el mundo, como reza el primer artículo de los estatutos de la Liga.

Y fue lo que hizo el Che Guevara 119 años después al llamar a “Crear dos, tres, muchos Vietnam” para acabar con el capitalismo mundialmente. Y lo hizo Fidel Castro al intervenir militarmente en 22 países con tropas regulares, o con grupos guerrilleros enviados desde Cuba, o entrenados y armados en la isla, para tratar de imponer el comunismo.

Igualmente es marxista Raúl Castro. Desde muy joven ingresó en la Juventud Socialista, ala juvenil del partido de los comunistas cubanos, el PSP. Que el dictador y su claque militar conformen una mafia interesada solo en enriquecerse mientras el pueblo pasa hambre no excluye que sean marxistas. Al contrario, hay hambre en Cuba porque hay marxismo.

Lo hay desde que en octubre de 1960 se estatizaron las industrias y se empezó a aplicar la teoría marxista al pie de la letra: se abolió la propiedad privada, se instauró la planificación central comunista, la ley del valor ya no rigió más la actividad económica. Eso sigue vigente. Hoy el Estado castrista genera el 93% del PIB (en China produce solo el 35% del PIB).

“El Moro”, incendiario y antidemocrático hasta la médula

El colmo es que muchos académicos ahora insisten en que el marxismo es una “megateoría” de ideas filosóficas, económicas, sociales e históricas imprescindibles para reformar la sociedad y hacerla más democrática y justa.

Falso. Eso es una cortina para ocultar que Marx fue antidemocrático hasta el tuétano. Fue enemigo acérrimo de la Constitución Francesa de 1795 durante la Revolución, que tuvo como preámbulo la Declaración de los Derechos y Deberes del Hombre y del Ciudadano del mismo año. Pero apoyó la Comuna de París (1871) que calificó de “primera dictadura del proletariado en el poder”. Se disponía a estatizar la economía francesa pero no tuvo tiempo, solo duró 60 días.

“El Moro”, como le llamaban sus allegados pese a que era judío (a quienes odiaba e insultaba), no fue un pacífico académico interesado en crear una “megateoría” filosófico-social para leerla tranquilamente en las biblioteca.

Cultor de la violencia, partera de la historia

En “El Capital”, Marx escribió (capítulo 24, primer tomo): “La violencia es la partera de toda sociedad vieja preñada de una nueva. Ella misma es una potencia económica”. Es una frase que sintetizada es más conocida así: La violencia es la partera de la historia.

En 1845, a los 27 años de edad, en sus “Tesis sobre Feuerbach”, ya el joven Marx presentó sus credenciales como violento agitador político iconoclasta: “Los filósofos –escribió--no han hecho más que interpretar de diversos modo el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”.

Y para transformarlo aportó su doctrina como instrumento “revolucionario” para acabar por la fuerza con el orden burgués, implantar la “dictadura del proletariado”, construir el socialismo para alcanzar el comunismo —¿1.000 años después?—, la sociedad paradisíaca sin Estado ni gobierno, ni moneda, y todos trabajando por pura conciencia, algo que perdonando la palabra me parece una “mariguanada”.

No hay varios marxismos sino uno solo, el de Marx, y es retrógrado, contrarrevolucionario, porque hace regresar la sociedad a los tiempos de las monarquías absolutas cuando el Estado lo era todo, y el individuo nada.

Otro detalle. A diferencia de las tantas utopías elucubradas a lo largo de la historia, si la marxista fue la única que se pudo llevar a la práctica y durante tanto tiempo fue porque el astuto Marx aportó los instrumentos necesarios para tomar el poder y mantenerlo: Partido Comunista militarizado, “El Capital” con su crítica al capitalismo, y tesis “revolucionarias” para movilizar trabajadores”.

No han sufrido el comunismo en carne propia

No aceptar el fracaso del marxismo llegado al poder conduce a fantasías brotadas de tres factores: 1) se confunde el deseo con la realidad; 2) no se conoce a fondo al Marx estratega político; 3) no se ha sufrido el totalitarismo marxista en carne propia.

Hoy la izquierda radical adopta con el marxismo una posición dual. Por una parte lo toma como un dogma de fe, una especie de religión que irónicamente niega el ateísmo marxista; y por la otra lo usa como plataforma política para tratar de alcanzar el poder.

Ambas corrientes apoyan a la dictadura comunista cubana, no importa lo que haga. Pero se ofenden si les llaman comunistas. Ese vocablo les huele a fracaso. ¿Se puede ser marxista y no ser comunista?

No. El marxismo es comunismo y el comunismo es marxismo, son sinónimos, la misma cosa. La palabra comunismo Marx la rescató de las comunas de Platón para diferenciarse de los demás socialistas, a quienes llamaba “parlamentaristas idiotas” porque propugnaban tomar el poder mediante elecciones y no por la fuerza.

Mientras más a fondo uno estudia a Marx, más aflora su desprecio por el pluralismo democrático moderno.

¿Es progresista el marxismo? Intentaré dar mi respuesta a esta interrogante en otro artículo.

(Alvarez Quiñones es escritor y periodista radicado en el sur de California. Durante más de tres décadas ha escrito sobre el curso de la economía mundial. Es experto en temas latinoamericanos, con énfasis en asuntos cubanos).


Tomado de CONTACTOMAGANZIN

Última actualización el Domingo, 13 de Septiembre de 2020 21:20
 

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